Haciendo un preámbulo, se debe precisar que la Economía Social de Mercado,
nacida de la Doctrina Social de la Iglesia, incorpora el concepto de dignidad
humana como eje de todo sistema económico; desde allí se desprende la
necesidad de respetar la iniciativa privada y las libertades propias de la
persona, tanto como la urgencia doctrinaria de reducir la pobreza mediante la
enérgica acción social de empresas y del Estado.
El Artículo 115 de la Constitución de 1979 establecía que “La iniciativa privada
es libre. Se ejerce en una economía social de mercado. El Estado estimula y
reglamenta su ejercicio para armonizarlo con el interés social.” La Constitución
de 1993, en su Artículo 58 establece que “La iniciativa privada es libre. Se
ejerce en una economía social de mercado. Bajo este régimen, el Estado orienta
el desarrollo del país, y actúa principalmente en las áreas de promoción de
empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura.”
Ambas constituciones establecen que la iniciativa privada es libre y se ejerce en
una economía social de mercado. Sin embargo, mientras la Constitución de
1979 establecía que el Estado estimula y reglamenta el ejercicio de la iniciativa
privada libre para armonizarlo con el interés social, en la Constitución de 1993
se da al Estado el carácter de orientador del desarrollo del país y le asigna
ciertas áreas de actuación que tienen que ver con asuntos sociales esenciales
[…] . En esta Constitución el Estado no interviene en la libre iniciativa.”
La Constitución del 1979, a diferencia de la del 1993, si recogía los principios de
la Economía Social de Mercado. El papel fundamental del mercado como
mecanismo asignador de recursos y la necesidad de un ordenamiento social
que garantice la efectividad de los derechos económicos y sociales de la
persona se encontraban presentes en ella.
Asimismo, la Constitución de 1979, sin pretender configurar una imitación del
sistema económico alemán, recogía los principios fundamentales que lo
definen: la libertad y la solidaridad, y varios de sus componentes esenciales.
Dentro de estos últimos podemos mencionar a la Seguridad Social, la
Cogestión, la Estabilidad Monetaria y al necesario marco del sistema: el Estado
Social de Derecho.
Ahora bien, a Constitución de 1979 en su modelo económico resalta
constitucionalmente lo siguiente:
1. Proclamación constitucional de un régimen de economía social de mercado
en el que la iniciativa privada, que era libre, había de ser estimulada y
reglamentada por el Estado con la finalidad de armonizar su ejercicio con el
interés social.
2. Reconocimiento del pluralismo económico garantizado por el propio Estado,
es decir, que la economía nacional se sustentaba en la coexistencia de diversas
formas de propiedad de empresa.
3. Consagración constitucional del Estado como empresario y como interventor
de la vida económica en determinados sectores por causa de necesidad
nacional.
4. Se recurría a los planes de desarrollo para que el Estado formulara, a través
de estos, la política económica y social; planes que habían de regular la
actuación del sector público y orientar en forma concertada la actividad de los
demás sectores, siendo la planificación, una vez concertada, de cumplimiento
obligatorio.
5. Prohibición de los monopolios, oligopolios, acaparamientos, prácticas y
acuerdos respectivos en la actividad industrial y mercantil.
6. Rechazo constitucional del monopolio y oligopolio en materia de medios de
comunicación, circunstancia que se explica por los frecuentes abusos
producidos en la época militar, al capturar el Estado diarios y canales de
televisión.
7. Se otorga un papel fundamental en el ámbito socio-económico del Banco
Central de Reserva, considerado como una especie de motor del sistema
económico por cuanto no solo le corresponde emitir billetes, sino que era de su
competencia, asimismo, la regulación de la moneda, de los intereses, del
mercado de divisas y de la actividad importadora y exportadora.
8. Se norman otros aspectos vinculados al tema económico dentro del Título
Tercero, tales como los recursos naturales, la propiedad, la empresa, la
hacienda pública, la moneda y la Banca, el régimen agrario y las comunidades
campesinas nativas.
Sin perjuicio de lo señalado, lo que busca la Economía Social de Mercado es el
logro de un crecimiento económico permanente que promueva el pleno empleo
de manera sostenida, a través del cual cada individuo, mediante su esfuerzo,
encuentre la posibilidad de obtener el ingreso que necesita para sí, y por sí
mismo atender sus necesidades. Aquí el Estado debe velar por el bien común y
corregir las desigualdades sociales, con el fin de que todos, y no unos pocos,
sean partícipes de los resultados del progreso.
Conforme a la pregunta planteada en el foro, debo precisar que la Constitución
Política del Perú de 1993, es un documento acertado, que brinda soluciones al
marco económico del país, puesto que, en su artículo 58, la Economía Social de
Mercado, incentiva la iniciativa privada siendo ésta libre, el Estado va a orientar
el desarrollo del país y va a actuar en las áreas de promoción de empleo, salud,
educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura; asimismo, el artículo
59 determina el Rol Económico del Estado, precisando que el Estado estimula la
creación de riqueza, garantiza la libertad de trabajo y la libertad de empresa,
comercio e industria. (…). El Estado brinda oportunidades de superación a los
sectores que sufren cualquier desigualdad; en tal sentido, promueve las
pequeñas empresas en todas sus modalidades; siendo ello así, y conforme a lo
estructurado en los artículos antes citados, no se requiere “un cambio de timón
para los próximos 30 años”.
Del mismo modo, la Economía Social de Mercado (ESM) es un sistema
económico que combina la necesidad de libertad económica, con la justicia
social. Este sistema reconoce que un mercado altamente eficiente, que
satisface todas las necesidades de una sociedad no es suficiente. Le atribuye al
Estado el derecho y la obligación de intervenir cuando se produzca una pérdida
de intereses sociales legítimos reconocidos.
Finalmente, la economía social de mercado parte de la aceptación del mercado
como el mejor sistema para propiciar el progreso de los pueblos, por
considerarlo superior a todos los otros en la medida en que promueve el
despliegue de las iniciativas de los seres humanos, incentiva la competencia
creadora e impulsa las innovaciones; asimismo, a la autoridad pública le
corresponde crear condiciones para que las actividades económicas privadas se
desarrollen de manera libre y competitiva, requisito necesario para que puedan
ser eficientes.