Dignidad Humana en la Doctrina Social
Dignidad Humana en la Doctrina Social
MODULO 3
Sociedad
Aristóteles dice en su "Política" que "El hombre, por su naturaleza, es un animal social".
Siguiendo esta línea de pensamiento, la Doctrina Social de la Iglesia afirma que vivir en sociedad
no es para el ser humano una opción posible sino una necesidad impuesta por su propia
naturaleza.
La sociedad no sólo constituye para el hombre un adecuado sistema para proteger su vida, o el
modo de resguardar su libertad, o la forma más segura de proteger su propiedad. La sociedad es
para el hombre el único medio para alcanzar el pleno desarrollo de su personalidad. Sólo en
sociedad puede el ser humano encontrar el modo de satisfacer plenamente sus objetivos vitales.
Sin sociedad el progreso se minimizaría, el hombre no podría compartir los descubrimientos e
invenciones de los demás hombres, ni tendría acceso al legado técnico y cultural de las anteriores
generaciones.
Como signos e índices de la natural tendencia del ser humano a la sociabilidad se señalan su
lento desarrollo biológico, que exige largos años de cuidados y enseñanzas, y su singular aptitud
para el lenguaje.
El hombre y la sociedad
Origen de la autoridad
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El problema de la autoridad se plantea cuando se piensa de dónde surge la facultad asignada a
un ser humano para que los demás le deban obediencia, dentro de límites razonables, en la
sociedad que integran.
Para los cristianos toda autoridad viene de Dios. Con respecto a la autoridad política, que
gobierna a la sociedad civil, a partir de Francisco Suárez (1548-1617) se considera que si bien
proviene de Dios, reside en el pueblo, de quien la recibe el gobernante.
Santo Tomás sostiene que la autoridad es querida por Dios pues de otro modo no hubiese
hecho al hombre de tal modo que requiriese necesariamente de la sociedad, ya que ésta necesita
forzosamente de la autoridad. Dios, al dar origen al hombre
dio, por consiguiente también origen a la autoridad.
A la sociedad civil se la llama también sociedad perfecta porque cuenta con todos los medios
necesarios para lograr su fin específico: el bien común público.
De ella se afirma que es natural y necesaria, porque es exigida por la misma naturaleza del
hombre, quien la necesita
para su pleno desarrollo.
El socialcristianismo propicia entusiastamente la existencia de sociedades menores, mientras
su acción no esté orientada en contra del bien común.
Estas sociedades tienen la doble ventaja de que amplían las posibilidades de desarrollo de la
personalidad humana y contribuyen a aliviar la tarea del Estado, que puede así concentrarse en
aquellos aspectos donde su intervención es indispensable.
La relación del Estado con las sociedades menores debe ser regulada por el principio de
subsidiariedad que veremos oportunamente.
Organizaciones profesionales
Sindicación
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Los fines complementarios, que se refieren a la asistencia social, turismo, vivienda,
recreación, capacitación, asistencia jurídica, etc.
Dentro del fin propio se considera que el fin esencial es el de representar a los trabajadores en
la negociación y suscripción de los convenios colectivos de trabajo.
Juan Pablo II,en su encíclica "Laborem exercens", ha afirmado la necesaria participación de
los sindicatos en la creación del nuevo orden mundial.
Condiciones de sindicación
Cuatro son las condiciones que, según la enseñanza social de la Iglesia, debe reunir el
sindicalismo para cumplir cabalmente su misión: pluralidad, representatividad, libertad y
apoliticismo partidista.
Pluralidad: El derecho natural de asociación obliga a aceptar la existencia de distintos
sindicatos para un mismo sector gremial. El gobierno debe admitir la pluralidad sindical. Sin
embargo es cierto que el sindicato único permite una mejor defensa de los intereses gremiales y
es aceptable siempre que se constituya en forma voluntaria y no coercitiva.
Libertad: No puede obligarse a los obreros a afiliarse a un determinado sindicato ni a
ninguno de ellos. La afiliación debe ser optativa y producto de la convicción que de ella se
obtendrán beneficios.
Representatividad: Dentro de los sindicatos debe existir un sistema que permita a los afiliados
elegir a sus auténticos representantes.
Existe una triple amenaza en contra de la verdadera representación sindical:
1) La influencia del gobierno, que propicia el copamiento de los sindicatos por elementos del
partido oficialista.
2) La presión empresaria, que propicia el triunfo de aquellos sectores que considera más
conciliables con el propio interés.
3) La acción de grupos sindicalistas que mediante el fraude o la fuerza obtienen el poder para
gozar de sus privilegios.
Apoliticismo partidista: La acción política de los sindicatos es legítima en la medida en que
expresa el punto de vista de un sector en la búsqueda del interés común. No deben, en cambio,
los sindicatos enrolarse en un partido político determinado.
Si se identifica el término clase con el de sector o estrato social, puede afirmarse que la
existencia de las clases sociales es inevitable, pues se ha dado en todas las sociedades en todas
las épocas y en todas las latitudes. Ello es consecuencia de las distintas funciones y
responsabilidades que cada cual asume en toda sociedad jerárquica.
La doctrina social cristiana considera que las clases sociales no constituyen un problema de
por sí mientras no amparen la injusta vigencia de privilegios y mientras permitan el fluido
trasvasamiento de una a otra.
La integración moral y funcional de las clases es requerida por el bien común de la sociedad
total.
Conclusión
La filosofía cristiana es la que más exalta la dignidad del ser humano -imagen de Dios en lo
espiritual- pero a la vez reconoce la debilidad de la naturaleza humana y es poco optimista en
cuanto a sus posibilidades de transformación.
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La Doctrina Social de la Iglesia coincide con el liberalismo en la defensa de los derechos
humanos y con el marxismo en la búsqueda del pleno desarrollo humano.
Cuestionario de autoevaluación
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Unidad 3: Matrimonio y familia
VISION LIBERAL
Puntos principales:
La familia tiene por finalidad dar crianza, educación y bienestar a los hijos. El liberalismo, tan
sensible a los valores del progreso económico, no hubiese podido dejar de apreciar que la
educación de los hijos requiere no sólo un marco afectivo sino una simultánea cuota de bienestar.
El hombre debe ser el jefe de la familia. El divorcio es legítimo por acuerdo de partes. Entre los
autores de la Ilustración hay discrepancias en cuanto a la jerarquía natural entre los sexos. La
mayoría se inclina por señalar como natural la subordinación de la mujer al hombre. No cabe
duda de que esta alternativa prevaleció en los hechos y fue incorporada a todos los códigos
liberales de derecho civil. En cuanto al divorcio, es fácil comprender que cuando deja de
aceptarse el carácter religioso del compromiso matrimonial desaparece un elemento importante
que contribuye a su indisolubilidad.
La inmoralidad femenina es un mal social. La natalidad debe limitarse en función del bienestar
familiar. El ambiente de las cortes en el siglo XVIII, cuando los principales autores del
Iluminismo publicaban sus escritos, se caracterizaba por sus costumbres licenciosas. Contra este
estilo de vida alzaron sus voces defendiendo la fidelidad conyugal, aunque refiriéndola
exclusivamente a la mujer. En lo referente a la procreación, debe comprenderse que,
independizada su moral de las normas de la Iglesia Católica, los matrimonios burgueses decidan
regular el número de hijos en función de la propia situación económica.
La familia debe subordinarse al interés de la sociedad civil, la que debe respetar la estructura
de aquélla. El pacto social compromete no sólo a los individuos sino al propio grupo familiar.
Fuera de lo que naturaleza determina es a la sociedad civil a la que corresponde dar pautas a las
familias que la integran.
VISION MARXISTA
Ella está contenida casi íntegramente en el libro de Engels "El origen de la familia, la
propiedad privada y el Estado". En esta obra, Engels pretende demostrar que la familia es una
institución cuya estructura evoluciona con el tiempo en función de las condiciones económicas
existentes. Como ocurre en toda la cosmovisión marxista, el análisis del tema de la familia se
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centra sustancialmente en una crítica a la familia burguesa, de la sociedad capitalista, y sólo traza
un leve esbozo sobre cómo habrá de ser la familia en la sociedad comunista.
Puntos pricipales:
El amor libre debe rechazarse por sus consecuencias sociales. La natalidad debe regularse para
beneficio social. La doctrina marxista condena la promiscuidad sexual por el problema que a la
sociedad le plantea la procreación extraconyugal. Cree que cuando se socialicen los medios de
producción y los matrimonios sean por amor y no por interés, no va a haber infidelidad conyugal.
VISION SOCIALCRISTIANA
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Son dos: unidad e indisolubilidad.
La unidad implica monogamia, esto es, la relación de un solo hombre con una sola mujer. El
régimen monogámico es el único que asegura al matrimonio la plena realización de sus fines
porque logra crear en la pareja humana lazos afectivos y racionales intensos y duraderos.
La unión poligámica -de reducida difusión en la sociedad humana- ofrece dos alternativas: la
de una mujer con varios hombres o poliandria y la de un hombre con varias mujeres o poliginia.
La indisolubilidad es una exigencia de orden natural para la Iglesia Católica, que sólo admite
la separación personal, sin nuevo matrimonio. Casi todas las demás iglesias cristianas aceptan el
divorcio. Los principales argumentos de orden natural que se esgrimen en favor de la
indisolubilidad matrimonial, son los siguientes:
Amor conyugal
El amor conyugal se centra primariamente en el amor carnal pero no se limita a él. El ser
humano está destinado al amor pleno, que es a la vez físico y espiritual.
En la elección del cónyuge debe prevalecer la apreciación del valor de su persona por encima
de las cualidades físicas o de su nivel social.
La unidad de los cónyuges se acrecienta con el nacimiento de los hijos, que dan un objetivo
común a sus vidas, lo que estrecha más su amor. Debe tenerse presente que la educación de los
hijos requiere no solamente del amor de los padres hacia ellos sino también el de los padres entre
sí.
La fidelidad conyugal es un elemento esencial de la moral conyugal. Ella debe ser recíproca al
margen de que en general se considera más grave la de la mujer que la del hombre porque
involucra un compromiso afectivo más intenso.
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Familia y educación
Dignidad de la mujer
El ser humano sólo encontrará la felicidad si usa la función sexual siguiendo la ley natural y
conforme la recta razón.
La moral del "derecho al amor", a la que ya nos referimos, se limita a liberar en el hombre sus
más primitivos instintos y llega a transgredir la propia ley natural. Comienza legitimando el
divorcio, luego el amor libre, después el aborto y finalmente defiende la homosexualidad. No
quiere aceptar que el sexo sin amor animaliza al ser humano.
Frente a ella, la doctrina cristiana sustenta la moral del respeto al amor. El amor es un impulso
profundo que tiene por finalidad fundamental asegurar la perpetuación de la especie y que,
asumido noblemente, brinda al ser humano la más importante y gratificante razón de su
existencia.
Parece innecesario destacar, siguiendo este criterio, que la infidelidad conyugal -tanto por
parte de la mujer como del varón - es una de las peores lacras de la sociedad.
El amor no es un juego. Para quien respete el amor, ¿qué sentido tiene la búsqueda del placer
sexual morboso, el erotismo, la pornografía, la irresponsabilidad en asumir las consecuencias del
uso del sexo?
La felicidad del hombre no está en la liberación sino en el dominio del instinto, lo que,
lógicamente, exige sacrificios como todos los altos objetivos de la humanidad.
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Paternidad responsable
Cuando un ser humano es concebido es al mismo tiempo creado su espíritu. En ninguna otra
actividad de orden natural se ha comprometido de tal manera la cooperación divina. Esta
consideración lleva a la paternidad responsable. La procreación debe ser racional. Como norma
general puede decirse que deben tenerse todos aquellos hijos que puedan alimentarse y educarse
adecuadamente.
En favor de este criterio debe decirse que la familia numerosa, cuando cuenta con los recursos
materiales y morales necesarios, crea mayor unión entre los cónyuges y facilita la mejor
educación de los hijos.
Conforme la doctrina católica es ilícito separar artificialmente el amor de la procreación. Es
por ello que:
Son ilícitos el empleo de anticonceptivos, la esterilidad voluntaria, la inseminación artificial y
el aborto.
Es lícito regular los nacimientos mediante la continencia periódica y el uso de los períodos
agenésicos de la mujer cuando existen razones graves que así lo aconsejen.
Conclusión
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Hay, finalmente, una tesis en la que la doctrina socialcristiana enfrenta a las otras dos, en
especial a la marxista: la sociedad debe estar al servicio de los fines de la familia y no
inversamente.
Cuestionario de autoevaluación
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Unidad 4: Propiedad privada y destino universal de los bienes
VISION LIBERAL
Propiedad
Puntos principales:
La propiedad privada de los medios de producción es un derecho personal absoluto que no debe
ser limitado por su función social. Con respecto al tema de si la propiedad privada también
desempeña una función social no hay generalmente desacuerdo. Lo que ocurre es que el
liberalismo considera que el medio de producción cumple espontáneamente su función social si
se deja al propietario manejarlo a su criterio.
Trabajo
Puntos principales:
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El trabajo tiene por objeto procurar la subsistencia y el bienestar. Esta afirmación del
liberalismo describe objetivamente la finalidad del trabajo sin indagar en sus alcances filosóficos.
El marxismo y la D.S.I., como se verá, consideran que compromete muy profundamente la
existencia humana.
El precio del trabajo humano debe regirse, como el de cualquier otra mercadería, por la ley de
la oferta y la demanda. Los economistas liberales son conscientes de que este criterio, aplicado a
una mano de obra sobreabundante, termina por fijar el salario en el nivel de subsistencia. Sin
embargo no creen que sea posible tomar medidas que busquen paliar esta situación sin correr el
riesgo de perjudicar aun a aquéllos a los que se pretende proteger.
La huelga es una medida de fuerza abusiva y dañosa que debe ser sancionada penalmente. Para
la sociedad liberal, durante muchas décadas, a organización de una huelga constituyó un delito
punible con varios años de prisión.
Empresa
Puntos principales:
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producción los que por su cuenta y riesgo montan la empresa, se comprende que al empresario le
preocupe prioritariamente el interés del capital.
El Estado no debe actuar como empresario. Su acción debe limitarse a combatir el monopolio y
promover la libre empresa. Adam Smith sólo admite la actividad empresaria del Estado en
circunstancias excepcionales. Es igualmente terminante en afirmar como obligación del Estado
la lucha contra el monopolio.
VISION MARXISTA
Propiedad
Puntos principales:
La propiedad de los medios de producción debe ser social. Esta tesis no necesita comentarios. Se
trata de la propuesta fundamental de la doctrina marxista. La única solución que terminará con
las injusticias del capitalismo.
Trabajo
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Para el marxismo, el trabajo es la actividad central del hombre. El trabajo provocó el
surgimiento de la raza humana y el trabajo la conducirá hacia su perfeccionamiento. Engels
dedica uno de los capítulos de su obra "Dialéctica de la naturaleza" a desarrollar "El papel del
trabajo en la transformación del mono en hombre". Sostiene allí que el trabajo fue el elemento
determinante en la antropogénesis.
En torno a la organización del trabajo cree Marx descubrir la explicación del desarrollo de la
historia humana y es mediante el trabajo que el hombre logra su realización. La penosa condición
del trabajador asalariado en la sociedad capitalista no estaría dada sólo por el bajo nivel de sus
ingresos sino por el despojo del fruto de su trabajo del cual es objeto.
Puntos principales:
El trabajo es la actividad vital primaria que tiene por objeto la autorrealización del hombre.
Para el marxismo el trabajo humano no tiene una finalidad determinada. El trabajo es la vida del
hombre. El hombre vive para trabajar porque así lo exige su naturaleza.
Empresa
El marxismo toma como preferente objetivo de sus ataques a la empresa capitalista. Ya se dijo
que su tesis central es que debe eliminarse la propiedad privada de los medios de producción.
Para Marx, el régimen de salariado es absolutamente condenable porque permite que el
empresario retenga para sí, mediante el beneficio de su empresa, parte del producto del esfuerzo
laboral de cada obrero. No se trata de que el salario sea mayor o menor. Es el sistema el que debe
desaparecer porque implica la "explotación del hombre por el hombre".
Considera el marxismo que cada vez que el dueño de los medios de producción contrata
asalariados en el mercado laboral, paga por sus servicios su valor de cambio, que está dado por
su nivel de subsistencia. Pero cuando el obrero trabaja produce un valor de uso superior al valor
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de cambio. Esta diferencia o plusvalía es el fruto de trabajo, realizado pero no reconocido en el
contrato laboral.
Luego de la inevitable revolución del proletariado los medios de producción pasarán a poder
del Estado socialista, lo que bastará para incrementar enormemente su rendimiento. Cuando se
llegue a la sobreabundancia de bienes se entrará en la sociedad comunista.
Puntos principales:
La empresa capitalista tiene por finalidad explotar el trabajo ajeno. La empresa socialista,
lograr la expansión de la producción. El empresario capitalista, ávido de ganancias, ha
descubierto en el mercado una mercadería que al usarse, da un beneficio material al usuario: la
fuerza de trabajo del obrero.
El Estado burgués protege al empresario. Los medios de producción deben pasar al Estado
socialista. En los escritos marxistas se destaca la necesidad de recurrir, durante un período no
determinado, a la acción empresaria monopólica del Estado socialista, la que en definitiva se
extinguirá y la conducción económica pasará a manos de una asociación de productores.
VISION SOCIALCRISTIANA
Propiedad
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incrementar sus bienes materiales para poder exhibirlos y sentirse así superior a los demás. Esta
actitud parece incompatible con el espíritu evangélico.
Finalmente conviene aclarar que, según la doctrina cristiana, la pobreza es un estado que
facilita la perfección espiritual pero la miseria es una situación malsana y degradante.
El hombre debe poder atender por sí mismo las necesidades presentes y futuras, suyas y de su
grupo familiar. En otras palabras debe buscar seguridad para él y su familia.
También es muy conveniente para su desarrollo personal que acreciente su iniciativa y
ejercite su responsabilidad.
Debe, finalmente, contar con los medios más adecuados para poder gozar y conservar su
libertad.
Todos estos objetivos contribuyen al respeto de la dignidad humana y la propiedad privada de
los medios de producción es el instrumento más eficaz para alcanzarlos.
La sociedad necesita un sistema económico que, respetando los valores morales en juego,
facilite la multiplicación de los bienes disponibles para el bienestar de la comunidad. La
propiedad privada de los medios de producción asegura la plena dedicación del propietario con
lo que se logra para ellos la mejor administración.
También debe buscarse que los miembros de la sociedad tengan bienes durables a los que
quieran defender, razón por la que contribuyan a la paz social.
En tercer lugar es conveniente, en defensa de los derechos de sus miembros, que en la
sociedad no exista excesiva concentración de poder en manos de quienes ejercen el poder
público. Es por eso que, como la propiedad privada de los medios de producción otorga a los
propietarios un cierto poderío, contribuye a una más equilibrada distribución del poder.
La D.S.I. defiende la existencia de la propiedad privada de los medios de producción con los
argumentos que se acaban de consignar. Es, sin embargo, importante distinguir de que tipo de
propiedad privada se trata, porque los méritos de los distintos tipo de propiedad privada
existentes no son iguales.
No es lo mismo si se trata de una parcela de campo que un jefe de familia cultiva, que de una
importante industria que pertenece a miles de accionistas.
La propiedad privada de los medios de producción no es exigida por el derecho natural pero
tampoco contraria a él. Se considera que se crea por razones de conveniencia práctica, de orden y
de utilidad. Los argumentos dados en su defensa así lo reconocen.
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La D.S.I. afirma que sólo Dios es el dueño absoluto de todo lo creado. Los bienes de la tierra
están destinados al uso y sustento de todos los hombres. El derecho de los hombres a la
propiedad privada es legítimo mientras colabore con el plan providencial, al que debe estar
subordinado. Por eso deben organizarse las cosas de tal modo que esos bienes estén al alcance de
todos aquellos que quieran trabajar. (Destino universal de los bienes).
El derecho a la existencia es superior al derecho de propiedad. Por eso, en caso de extrema
necesidad, aquéllos que han realizado siempre todo lo posible de su parte para subsistir, tienen
derecho al auxilio de la comunidad.
También debe subordinarse el derecho de propiedad al derecho de uso de los bienes terrenos.
Nadie está autorizado, esgrimiendo su título de propiedad, a demorar o dificultar el mejor uso de
los bienes existentes, cuando la sociedad los necesita.
La D.S.I. acepta como algo evidente la función social de la propiedad privada de los medios
de producción. Ello implica que él o los propietarios pueden administrar y explotar su propiedad
teniendo en cuenta sus propias necesidades y su propio beneficio pero sin dejar de tener presente
la utilidad de todos.
Nadie es dueño absoluto de su propiedad. Nadie tiene derecho a usarla con menosprecio del
bien común. El que es propietario de un medio de producción debe procurar su plena
productividad. En caso contrario, extremo y evidente, puede ser forzado a ello.
Corresponde hacer notar aquí que, para que los bienes materiales puedan ser explotados de
modo productivo, deben, en general, estar distribuidos equitativa y racionalmente.
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Hemos visto que la propiedad privada de los medios de producción tiene una finalidad muy
amplia y trascendente que cumplir en favor del hombre y de la sociedad humana, pero que
arriesga no cumplirla por causa de su escasa difusión. Urge pues difundirla. Para ello se
aconsejan las siguientes medidas:
- Dar apoyo a las empresas medianas y pequeñas.
- Facilitar la subdivisión de la propiedad del capital de las grandes empresas.
- Incorporar a los asalariados al contrato de sociedad.
De cualquier modo, debe tenerse presente que esta crítica al sistema capitalista, que es válida,
puede ejercerse con más dureza sobre el sistema socialista, en el cual nadie es propietario y en el
cual el poder político y el económico están concentrados en las mismas manos.
Derecho a la herencia
Conclusión
Trabajo
Finalidad
El hombre trabaja para satisfacer sus propias necesidades y las de su grupo familiar y al
trabajar también contribuye, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, a
satisfacer las necesidades de la sociedad. Se dice por ello que el trabajo tiene un doble carácter:
individual y social.
Pero el trabajo humano tiene también objetivos espirituales. Una errónea interpretación del
relato bíblico lleva creer que el trabajo es consecuencia del pecado original. Esto no es así. Según
el Génesis, antes del pecado original ya debía el hombre trabajar: "Púsole en el paraíso para que
lo cultivase y guardase." ("Génesis" 2,5). Con el trabajo el hombre estaba y está llamado a
colaborar con Dios en su obra creadora.
Consecuencia, sí, del pecado original es que el trabajo requiera esfuerzo y produzca
fatiga:"...maldita sea la tierra por tu causa, con grandes fatigas sacarás de ella el alimento en el
curso de tu vida." ("Génesis" 3,17-19). A partir de aquel momento el hombre, con su trabajo,
colabora con la redención.
De lo dicho se concluye que, para el creyente, el trabajo tiene una doble finalidad: natural y
sobrenatural.
Deber de trabajar
El cristiano tiene el deber de trabajar, tanto por la finalidad natural como por la sobrenatural
del trabajo.
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Messner destaca que el mejor modo de motivar al trabajador es hacerle conocer el significado
de su trabajo en el conjunto social. Para este prestigioso autor la reforma social necesita que
todos los sectores reconozcan el recíproco condicionamiento entre sus intereses particulares y el
interés común.
El deber de trabajar implica automáticamente el derecho al trabajo, que no se limita solamente
al derecho de gozar de libre iniciativa en el campo económico sino que incluye el derecho de
obtener ocupación justamente retribuida.
Si el trabajador cuenta con la debida aptitud, corresponde satisfacer este derecho, en primer
lugar, a la iniciativa privada empresaria, que suele ser la fuente natural de puestos de trabajo.
Subsidiariamente, para aquéllos que a pesar de su deseo no pueden conseguirlo, el Estado tiene
obligación de procurárselo. Esta obligación se funda en que la desocupación atenta contra la
propia supervivencia humana y amenaza el orden y la paz sociales.
Normalmente la acción del Estado debe orientarse a promover las condiciones económicas
más aptas para lograr el pleno empleo. En algunas circunstancias excepcionales -guerra,
catástrofes- el Estado puede imponer, a los hombres aptos, determinados tipos de trabajos.
La D.S.I. reconoce que la productividad que la sociedad necesita sólo puede obtenerse
mediante la inteligente utilización de los recursos materiales y humanos disponibles, pero pone
su acento en el necesario respeto a la dignidad del trabajador, cuya personalidad humana no sólo
no puede resultar degradada sino que debe gozar de las máximas posibilidades de desarrollo.
A dicho Juan Pablo II, en "Laborem exercens": "Las fuentes de la dignidad del trabajo deben
buscarse principalmente no en su dimensión objetiva sino en su dimensión subjetiva."(6)
El trabajo puede perfeccionar al hombre o contribuir a su desarrollo psíquico y físico, pero, la
dignidad del hombre le viene de Dios y radica en su naturaleza y por ello no puede ser elevada
esencialmente por ninguna actividad material.
Durante la ejecución del trabajo coexisten en el trabajador una pena y una alegría. La pena
ocasionada por el esfuerzo y la alegría por el avance logrado.
Existen trabajos que son pesados y rutinarios en los que la pena se acentúa por el agotamiento
de las fuerzas físicas y morales y en los cuales el único factor gratificante es ver acercarse la
fecha estipulada para el consiguiente cobro de la remuneración convenida.
En cambio hay tareas que implican escaso esfuerzo físico y que ejercitan permanentemente la
creatividad del ejecutante; desarrollan su iniciativa y su imaginación y le van dando en todo
momento la satisfacción de ir volcando en el trabajo una traza de su personalidad.
La D.S.I. ha expresado su preocupación por los efectos malsanos que el trabajo fabril, pesado
y rutinario, puede tener sobre el trabajador. Reconoce, en cambio, al trabajo creador favorables
efectos en el desarrollo de la personalidad humana.
Salario
La crítica marxista al régimen de salariado, al que califica de "explotación del hombre por el
hombre", ha llevado a dudar de su legitimidad. En el capítulo sobre la empresa, al hablar de la
plusvalía, se hará la crítica a esta teoría.
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Para la D.S.I. el régimen de salariado no es de por sí ilegítimo ni injusto pero puede prestarse
a posibles abusos.
La concepción liberal ve al salario como "precio del trabajo prestado" medido conforme la ley
de la oferta y la demanda en el mercado laboral. La D.S.I. considera el salario como "ingreso del
trabajador", quien, si ha trabajado con empeño, debe poder percibir una remuneración que le
permita alcanzar a satisfacer las necesidades vitales propias de su condición.
En la determinación del salario deben ser considerados los siguientes aspectos:
1) Nivel de vida digno del trabajador y su familia:
Deben incluirse aquí no sólo las necesidades de alimentación, vestido y vivienda, sino la
educación de los hijos, la recreación, el ahorro y posibilidades de perfeccionamiento cultural.
2) Situación de la empresa:
La prosperidad de la empresa impone obligaciones de justicia hacia los que han contribuido
con su esfuerzo al éxito empresario. Cuando, pese a la dedicación consciente a la empresa, un
empresario no logra obtener beneficios, los obreros y empleados no tienen derecho a presionarlo
para obtener mejoras.
3) Exigencias del bien común:
Dentro de la política laboral que desarrolla el Estado -que en este caso actúa como empresario
indirecto- debe procurarse que la ocupación sea lo más plena posible y que no existan sectores
privilegiados.
4) Aporte del trabajador con su trabajo:
Este es un punto en el cual no existe otro criterio que el del mercado. Se paga más un trabajo
en función de su mayor dificultad (capacitación, habilidad, esfuerzo); desagrado (riesgo,
insalubridad, repugnancia); responsabilidad (vida, honor, bienes) y mejores perspectivas
(estabilidad, ascenso).
Es obvio que el empresario tiene una ventaja abusiva para negociar sobre el salario con el
trabajador aislado que busca y necesita trabajo.
La creación de los sindicatos permitió llevar la discusión de los convenios laborales al
acuerdo bilateral. Como se dijo, la misión específica de los sindicatos es la negociación de los
contratos de trabajo. Por otra parte tampoco es justo que los sindicatos utilicen su poder político
para obtener beneficios que deberán ser costeados por otros sectores políticamente más débiles.
Es por eso que el Estado debe intervenir subsidiariamente en la fijación de los salarios
coordinando las tratativas y actuando como árbitro.
Paro de actividades
Para que una huelga se considere moralmente lícita debe reunir ciertos requisitos:
1) Existencia de un objetivo laboral legítimo.
2) Agotamiento previo de las negociaciones.
3) Empleo de recursos lícitos y proporcionados.
4) Respeto a la libertad de trabajo.
Salvo circunstancias muy excepcionales, no se consideran legítimas las huelgas que afectan
servicios públicos porque perjudican a terceros ajenos al conflicto.
Conclusión
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en la forma de determinar el salario y con el marxismo en su utópica expectativa sobre el cambio
de la naturaleza humana por el trabajo.
Empresa
El juicio de la D.S.I. sobre la empresa se dirige más que a la eficiencia de las distintas
propuestas técnicas relativas a su organización, a la superación de los problemas éticos que en su
interior se plantean. La D.S.I. sostiene que la empresa es una comunidad de personas y que por
lo tanto debe darse a todas participación en la gestión.
Destaca que debe superarse la antinomia entre capital y trabajo procurando que ambos se
integren pero sin olvidar que es al trabajo al que le corresponde la primacía: "El trabajo es
siempre una causa eficiente primaria, mientras el capital es sólo un instrumento o la causa
instrumental." (Juan Pablo II: "Laborem exercens")(12)
Las empresas artesanales son vistas con especial simpatía por la D.S.I. porque facilitan la
consolidación del grupo familiar y contribuyen a la independencia y seguridad económica de sus
integrantes. También propicia a las empresas cooperativas porque estimulan el espíritu de
colaboración y solidaridad y desarrollan la iniciativa y responsabilidad de sus miembros. Ambos
tipos de empresa facilitan la difusión de la propiedad privada de los medios de producción, lo
que tiene repercusiones sociales, económicas y políticas favorables.
Con respecto a las empresas estatales, la D.S.I. aplica la doctrina de la acción subsidiaria del
Estado frente a la iniciativa privada. No se opone a ellas basándose en su ineficiencia, sino
acusándolas de asumir indebidamente funciones que deben contribuir al desarrollo de valiosas
cualidades de la persona humana, cuales son la iniciativa, la responsabilidad y la capacidad de
enfrentar el riesgo.
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La participación de los trabajadores en los beneficios de la empresa, si está pactada
previamente, constituye un compromiso de justicia conmutativa. De no estar pactada, y frente a
la producción de beneficios extraordinarios, constituye una obligación moral.
La participación obrera en la gestión de la empresa no surge del derecho natural. Tiene el
propósito de reconocer la dignidad del trabajador y respetar su iniciativa y responsabilidad.
Tiene, en cambio, el riesgo de producir debilitamiento en la autoridad y demora en la toma de
decisiones.
La participación de los trabajadores en la propiedad del capital de la empresa incrementa su
bienestar y seguridad. Es por ello aconsejable aunque sólo lo sea bajo la forma del accionariado.
La D.S.I. afirma la licitud moral del beneficio del empresario siempre que se haya hecho
acreedor a él por algunos de los siguientes motivos:
- Creatividad: Es decir, aptitud para imaginar y proyectar la ejecución de una empresa.
- Iniciativa: Capacidad organizativa para materializar el proyecto.
- Eficiencia: Habilidad para lograr el objetivo propuesto con el mejor uso de los recursos
disponibles.
- Responsabilidad: Decisión para asumir los compromisos contraídos y los perjuicios emergentes
de un posible fracaso.
Obviamente, es condición ineludible para la legitimidad del beneficio la honesta conducción
de la empresa y la justa retribución a los asalariados.
Para la D.S.I. la posición del Estado frente a la empresa debe ubicarse en una situación
intermedia entre los que propician la intervención del poder público en la vida de las empresas o
los que simpatizan con la actuación empresarial del Estado y aquellos que niegan toda
intromisión del Estado en ese campo.
El Estado tiene por principal misión estimular la iniciativa privada, contribuir a crear las
mejores condiciones para la actividad productiva y fiscalizar su desarrollo.
Por su parte, la empresa tiene la obligación de adaptarse a la política económica del gobierno.
Conclusión
La D.S.I. es consciente de que la solución marxista es ineficaz. La superación de los errores del
liberalismo debe buscarse en la corrección de los defectos de la empresa privada y no en su
supresión. Lo esencial es lograr la integración de propietarios, administradores, técnicos y
trabajadores en la gestión de la empresa.
Cuestionario de autoevalación
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8) Doble finalidad de la propiedad.
9) ¿Qué hacer frente a la "crisis de la propiedad privada"?
10) ¿Por qué el trabajo es un deber y un derecho?
11) Finalidad natural y sobrenatural del trabajo.
12) ¿Qué criterios deben tenerse en cuenta para determinar el salario justo?
13) ¿Es legítima la huelga?
14) ¿Cuál debe ser la finalidad de la empresa?
15) ¿Es legítimo el beneficio empresario?
16) ¿Es justo el régimen de salariado?
17) Significado y conveniencia de la participación de los trabajadores en la empresa.
18) Estado y actividad empresarial según la DSI.
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Unidad 6: El Estado
VISION LIBERAL
Con respecto al origen y misión del Estado, el pensamiento liberal se basa en "El contrato
social" de [Link], quien a su vez toma la idea clave del "Ensayo sobre el gobierno civil",
de John Locke.
Se afirma que el Estado como poder público nace como consecuencia inmediata del pacto
social, acuerdo por el cual los hombres deciden asociarse en defensa de sus propios derechos.
Rousseau sostiene que el modo de asegurar una participación sin sujeciones es que cada
miembro de la sociedad se comprometa libremente a hacer suya la voluntad de la mayoría. De
esta manera ella se convierte en voluntad general.
Los gobernantes, que tienen el poder que el pueblo les delega, actúan como mandatarios para
hacer cumplir la voluntad general. Es así como el pueblo es a la vez soberano y súbdito.
La doctrina liberal centraliza la competencia del Estado en el orden jurídico y lo desliga
prácticamente de intervenir en el campo económico.
Puntos principales:
La autoridad política surge como consecuencia del pacto social. El contrato social da origen a la
sociedad civil la que va a ser conducida por los mandatarios designados por la voluntad general.
El Estado tiene por objeto asumir la defensa de los derechos de los miembros de la sociedad.
Esta tesis liberal coincide en buena parte con la correspondiente tesis socialcristiana. Para la
D.S.I. el objeto de la autoridad política es el logro del bien común y éste lleva a garantizar el
libre ejercicio de los derechos humanos.
El sujeto de la autoridad política son los representantes del pueblo, que es el soberano y quien
les delega su autoridad. Esta tesis expresa el debatido principio de la soberanía popular. Nótese
que el pueblo no transfiere la autoridad a sus representantes sino que sólo se la delega.
El gobernante debe ajustarse a las leyes dictadas por la voluntad general. Para prevenir abusos
de autoridad el poder público debe dividirse. Para el liberalismo el poder público debe
conducirse entre límites muy estrechos. El gobernante es sólo un mandatario de la voluntad
general. La división del poder público en tres poderes es una propuesta de Locke que asume
vigorosamente Montesquieu, quien separa el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.
VISION MARXISTA
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Sin embargo, a partir del momento en que la revolución proletaria haya despojado del poder a
la burguesía, habrá un período intermedio en el que deberá imponerse una autoridad dictatorial
(la dictadura del proletariado) basada en la fuerza y no en la ley. Este poder tendrá por misión
exterminar los restos de resistencia de la burguesía y poner en marcha el sistema de producción
socialista.
El Estado socialista, en la práctica, se caracterizó por:
- Existencia de un partido único.
- Autoridad ilimitada de los gobernantes (libres de todo control institucional).
- Carencia de libertad de los gobernados (víctimas de la indefensión jurídica).
Puntos principales:
La autoridad del Estado es ejercida por representantes de la clase propietaria de los medios de
producción. Según la ideología marxista, quienes detentan el poder público están
inevitablemente subordinados a la clase dominante, cuyos intereses representan.
Los límites de la autoridad están dados por las necesidades de represión. En una sociedad sin
clases el Estado desaparecerá espontáneamente. Se comprende esto porque al no haber
antagonismo de clases no hace falta la represión. .
VISION SOCIALCRISTIANA
Según la filosofía política cristiana, el Estado es una consecuencia necesaria del instinto social
del hombre y tiene por principal finalidad crear las condiciones que faciliten su desarrollo
temporal. Como es fácil de observar, existe entre los hombres una tendencia a procurar el
máximo provecho personal, aunque sea en menoscabo de los intereses ajenos. Esto hace evidente
la necesidad de imponer dentro de la sociedad un orden jurídico coactivo. De lo contrario no
sería posible obtener la justa y equilibrada colaboración de todos en la búsqueda de los objetivos
comunes. Así nace el Estado, como poder público, al que puede definirse como: "Supremo
organismo jurídico-político que, basándose en el derecho y en el poder, procura el bien común."
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Resulta indispensable precisar el alcance del concepto "bien común", de permanente
aplicación en la Doctrina Social Cristiana. Según Juan XXIII, es el: "Conjunto de condiciones
sociales que favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de la propia personalidad."
("Pacem in terris",58)
Messner propone una definición en la que agrega dos notas importantes: destaca que el bien
común no es sólo obra del poder público sino de toda la sociedad y que no es algo que se impone
sino algo que se ofrece: "Conjunto de condiciones que se crean por medio de la cooperación
social,que hacen posible a los miembros de la sociedad el cumplimiento de sus actividades
vitales esenciales en libre actuación". Messner destaca que el bien común es la ley suprema del
orden social.
Se ha definido al bien común como un medio que facilita a los seres humanos el
cumplimiento de sus propios fines. Este medio debe crear un conjunto de condiciones a las que
nos vamos a referir:
- Bienes suficientes
Se trata tanto de bienes materiales como morales y culturales, tendientes a lograr el máximo
bienestar.
- Distribución justa
Debe procurarse que no haya desigualdades injustas entre individuos, estratos sociales o
regiones geográficas.
- Organización social adecuada
Toda sociedad necesita un orden jurídico, político, económico y educacional.
- Condiciones sociales favorables
Orden y paz dentro de la máxima libertad posible.
En síntesis, lo que se procura es crear un orden de bienestar que pueda disfrutarse en armoniosa
convivencia. El pleno goce de los derechos humanos es el mejor indicador de su obtención.
Dentro de las condiciones integrantes del bien común, la D.S.I. asigna especial importancia a
que el orden social garantice a sus miembros el ejercicio de su legítima libertad.
Para el socialcristianismo la libertad es un valor decisivo para el hombre. Debe darse cuanta
libertad sea posible aplicando sólo las restricciones necesarias. Pero debe destacarse que la
doctrina cristiana afirma que el hombre sólo es libre para el bien. Si se inclina al mal abusa de su
libertad.
Según Messner, la libertad se funda en el derecho de cumplir con las propias obligaciones
morales. Ser libre significa estar en condiciones de poder cumplir con la propia responsabilidad.
Todos los miembros de la sociedad son sujetos del bien común y agentes de éste. Los que
tienen más poder político, económico, cultural o moral en sus manos son los que tienen más
responsabilidad en la consecución del bien común. Como ya se ha dicho, el gestor específico del
bien común es el Estado.
Es presumible que cada miembro de la sociedad procure alcanzar sus propios objetivos con
prescindencia de los efectos sociales de su conducta, por lo que debe obligárselo para que
subordine la búsqueda de su bien particular al bien común de la sociedad.
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Es que el bien común público es previo y superior al bien particular en cuanto el bien del todo
es un supuesto necesario para el bien de cada uno de sus miembros. A esta norma se la llama ley
de preeminencia y su alcance se limita a bienes de un mismo género. (Por ej.: la salud del pueblo
es superior a la salud de uno cualquiera de sus habitantes, la riqueza conjunta más merecedora de
cuidado que la de un particular).
Dentro de la búsqueda del bien común, el gobierno debe tener muy presente la necesidad de
lograr que el interés individual coincida con el interés público. De lo contrario le resultará muy
difícil conseguir la necesaria colaboración de los particulares.
Autoridad política
Principio de subsidiariedad
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- Supletoriedad: Cuando un individuo o una sociedad menor carecen de toda posibilidad de
cumplir con un objetivo vital esencial (Por ej.: defensa, justicia, educación, caminos), el Estado
debe tomar la tarea a su cargo.
En síntesis, dentro de lo posible, el Estado debe limitarse a facilitar, coordinar, impulsar,
fiscalizar y completar la acción de los individuos y de las sociedades menores.
Obligaciones civiles
Educación pública
El derecho primario a determinar la educación de sus hijos (sobre todo la moral y religiosa)
corresponde a los padres. Sin embargo ellos deben adaptar su criterio a las normas que el Estado
determine con el objeto de velar por la identidad nacional.
El Estado no puede pretender el monopolio de la enseñanza y por ello, con el objeto de
facilitar a los institutos privados el cumplimiento de su misión, debe asignarles la cuota
proporcional de recursos para educación que les corresponda.
Estado y religión
La libertad religiosa comprende el derecho al ejercicio público y privado del propio culto y por
eso las religiones minoritarias deben gozar de libertad de reunión y propaganda en favor de su
credo.
La Iglesia Católica acepta que entre ella y el Estado haya una clara separación de
jurisdicciones, lo que resulta necesario en una sociedad pluralista en materia religiosa. Pero
considera indispensable que entre ella y el Estado haya una colaboración armoniosa para
beneficio de los fieles.
Conclusión
Cuestionario de autoevaluación
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3) ¿Por qué existe el Estado según la DSI?
4) ¿Qué es el bien común?
5) ¿Qué elementos integran el bien común temporal?
6) Si la sociedad está al servicio de la persona, ¿por qué el bien común es superior al bien
particular?
7) ¿Qué dice el principio de subsidiariedad?
8) ¿Por qué este principio implica una crítica al individualismo y al estatismo?
9) ¿Cuál debe ser la relación entre el Estado y la Iglesia?
10) Juicio de la DSI sobre la democracia.
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