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Indignidad en la Sucesión: Conceptos Clave

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2) Indignidad

Concepto.

La indignidad es la exclusión de la sucesión de quien ha sido

culpable de faltas graves contra el difunto y su memoria, que configuran

ofensas contra el causante y como tales son pasibles de una sanción civil

que priva de la herencia a los sucesores mortis causa (herederos o

legatarios) que hayan incurrido en ellas.

Se funda en la voluntad presunta del causante de excluir al indigno.

Se ha sostenido también que el fundamento es el buen orden y la moral

social. Sin embargo, la posibilidad del perdón por parte del testador (art.

2282) descarta tal postura.

La indignidad es una anomalía de la vocación sucesoria que se

traduce o puede traducirse en ineficacia de ésta, porque, si bien la

indignidad depende solamente de circunstancias determinadas por la ley, el

reconocimiento y declaración de su existencia no puede producirse sino en

virtud de una acción o excepción que pertenece exclusivamente a ciertos

sucesores.

Al respecto, la doctrina ha coincidido al manifestar que "la

indignidad es una sanción legal operada mediante una sentencia judicial a

requerimiento de los legitimados activos en virtud de la cual se excluye de


la herencia al heredero o legatario que haya inferido al causante alguna de

las ofensas tipificadas por la ley ".

Los nuevos dispositivos legales establecidos como causas que

contrarían la vocación sucesoria, producidas por conductas que el

legislador ha considerado disvaliosas, atienden toda causa de ofensa directa

o indirecta al de cujus, de acuerdo con lo que la doctrina había alertado al

respecto.

El indigno, según lo establece la ley, no tiene mérito que corresponda

a la circunstancia de recibir gratuitamente de otro o de continuarlo. La

norma en análisis ha salvado aquello que en los textos del Código Civil

derogado había necesitado la necesidad de especificar que la capacidad

para suceder que tienen las personas humanas y las jurídicas (art. 2279) no

debe ser confundida con la vocación sucesoria. La primera se refiere a la

aptitud para ser sujeto pasivo en la transmisión de los bienes por causa de

muerte, en cambio la vocación es el llamamiento de la ley o del causante

para que aquéllas reciban la herencia o alguno de los objetos que la

componen. De allí que, no obstante la capacidad para recibir una

transmisión hereditaria, la vocación puede estar afectada por circunstancias

que la convierten en ineficaz y que, en consecuencia, impiden que alguien,

habiendo investido la calidad de sucesor, la retenga.


Acción de Indignidad. Oportunidad: la acción de indignidad recobra una

relevancia especial, ya que al ser suprimida la desheredación de la sucesión

testamentaria en el Código Civil y Comercial, la exclusión del heredero

solo puede lograrse a través de la acción de indignidad.

La indignidad no opera de pleno derecho y requiere un pronunciamiento

dictado por el juez civil de la sucesión del último domicilio del difunto.

Así, el art. 2283 del Código Civil y Comercial regula diversos aspectos del

ejercicio de la acción de indignidad:

La exclusión del indigno solo puede ser demandada después de abierta la

sucesión, a instancia de quien pretende los derechos atribuidos al indigno.

También puede oponerla como excepción el demandado por reducción,

colación o petición de herencia. La acción puede ser dirigida contra los

sucesores a título gratuito del indigno y contra sus sucesores particulares a

título oneroso de mala fe. Se considera de mala fe a quien conoce la

existencia de la causa de indignidad.

Lógicamente, debe iniciarse luego de la apertura de la sucesión, es

decir, de la muerte del causante. Como la indignidad implica una sanción

muy grave, como lo es la exclusión del heredero, deberá deducirse por el

trámite que posibilite un amplio debate.


Hay que tener en cuenta que mientras no sea declarada la indignidad,

el posible indigno ostenta la calidad de heredero y, como tal, puede realizar

válidamente actos de disposición sobre los bienes hereditarios. El actor de

la acción de indignidad puede reclamar la adopción de medidas cautelares

tendientes a impedir la realización de actos que puedan menguar los bienes

de la herencia.

La sentencia que hace lugar a la declaración de indignidad provoca la

exclusión del demandado de la sucesión del causante. El accionante acrece

su porción hereditaria si concurre con el indigno, o recibe la totalidad de la

herencia si lo desplaza. En consecuencia, deberá modificarse la declaratoria

de herederos, o bien dejarse sin efecto la aprobación del testamento.

Legitimados activos para plantear la acción

a) El cónyuge, pues por su calidad de heredero legitimario que concurre

condescendientes y ascendientes y desplaza a parientes colaterales, podría

pretender los derechos del indigno.

b) Los descendientes por idénticas razones a las del supuesto anterior.

c) Los ascendientes al igual que los descendientes.

d) Los herederos instituidos, para proteger la porción que pudiera

corresponderles.
e) Los legatarios, haciendo mención a que en este punto la doctrina no era

unánime a la hora de decidir si éstos tienen legitimación activa para

interponer causal de indignidad conforme la redacción del anterior art.

3304 de Vélez. Muchos autores (Borda, Fornieles, Salas, Maffía, Goyena

Copello) preferían atenerse a una interpretación restrictiva del texto de

dicha disposición. Otra parte de la doctrina, con la que coincidimos

(Machado, Prayones, Llerena, Rébora, Bibiloni, Ferrer) entiende que puede

ser opuesta cuando se pretenda evitar la reducción de la liberalidad que se

le ha hecho. Machado amplía esa legitimación a los donatarios cuando

afirma que "todo donatario o legatario, aun particular, puede provocar la

indignidad, si hay interés para evitar la reducción de la liberalidad que se le

ha hecho".

f) Respecto del Fisco, considero que se encuentra legitimado y puede

demandar la indignidad, si por falta del indigno tiene que recibir los bienes

hereditarios, pues aun cuando no es propiamente un heredero, recibe los

bienes como si lo fuera. Autores como Machado, Rébora, Medina, Pérez

Lasala, y Zannoni, admiten su legitimación. Este último sostiene que el

Fisco siempre tiene un interés legítimo para controvertir la vocación de

sucesores cuando tal controversia lleva a la vacancia de la herencia. En este

supuesto, el Estado adquiere los bienes del causante no como heredero,

sino en virtud de su dominio eminente, como establecía la nota al 3588 de


Vélez, pues no es un sucesor en el sentido técnico de la palabra, ya que él

adquiere los bienes del muerto, precisamente en virtud de un título que

supone que no existen otros.

En las XXII Jornadas Nacionales de Derecho Civil, celebradas en

Córdoba en 2009, se recomendó por mayoría reconocer legitimación activa

a los herederos, legatario de cuota, legatario particular, y los demandados

por reducción, quienes podrían a su vez oponer la indignidad del actor.

Respecto de los herederos con vocación eventual, le reconocieron su

legitimación activa por unanimidad.

Por otra parte, recomendaron excluir a los acreedores sucesorios y

los acreedores personales del heredero, también por unanimidad.

En cuanto a la legitimación del Fisco, las opiniones estuvieron

divididas. La posición mayoritaria entendió que el Fisco no tiene

legitimación activa para demandar la indignidad, mientras que la posición

minoritaria entendió justamente lo contrario.

Legitimación pasiva

La segunda parte del art. 2283 del CCyC dispone: “La acción puede

ser dirigida contra los sucesores a título gratuito del indigno y contra sus
sucesores particulares a título oneroso de mala fe. Se considera de mala fe a

quien conoce la existencia de la cusa de indignidad”.

Se mejora la redacción y se amplían los legitimados pasivos que

establecía el derogado art. 2233 del Código Civil. En efecto, dicho artículo

estableció que la acción de indignidad podía dirigirse contra los herederos

del indigno y contra sus sucesores particulares a título gratuito.

La norma actual engloba en sucesores a herederos y sucesores

particulares a título gratuito e incorpora a los sucesores particulares a título

oneroso de mala fe, conceptualizando que obra con mala fe quien conoce la

existencia de la causa de indignidad.

Una cuestión debatida era si una persona jurídica, por el hecho de sus

administradores, podía ser demandada por indignidad. La característica de

pena civil que implica el instituto impide que sea aplicable a una persona

jurídica. Pero cabe declarar la indignidad de la persona jurídica si se

demuestra que ella no es más que una pantalla que cubre a los verdaderos

herederos, quienes han incurrido en la causal de indignidad y se valieron de

la apariencia de la persona jurídica.

Prueba
No hay limitación alguna en materia de prueba, por lo que cualquier

medio puede resultar idóneo para acreditar la existencia de la causal

invocada.

Competencia. Procedimiento

Al considerar la situación del indigno se ha visto que él no está

incapacitado para adquirir la herencia, y que solo será excluido mediante la

correspondiente sentencia que así lo declare.

El pronunciamiento, solicitado por aquellos a quienes la ley les

confiere legitimación exclusiva, será dado por el juez civil del ultimo

domicilio del difunto. La acción deberá deducirse en juicio ordinario, y no

puede eludirse este aunque haya sentencia criminal condenatoria pasada en

autoridad de cosa juzgada.

La acción de indignidad deberá tramitar por el proceso de

conocimiento ordinario porque la exclusión del heredero merece un amplio

debate y además porque no tiene otra forma específica de procedimiento

establecida en los códigos respectivos.

En cuanto a la competencia, es preciso remarcar que el juicio de

indignidad deberá tramitar ante el mismo juez que interviene en el proceso


sucesorio conforme resulta del artículo 2336 puesto que esta acción no es

más que una variante de la petición de herencia.

Prueba

No hay limitación en cuanto a la prueba a producir por lo que, a fin

acreditar la causal invocada podrá recurrirse a los medios que resulten

idóneos.

Hay que tener en cuenta que algunas de las causales se producen

luego del fallecimiento del causante como su homicidio, el atentado contra

la memoria, la omisión de la denuncia de la muerte dolosa o los referidos al

testamento.

Otras causales pueden acreditarse con la misma sentencia

condenatoria dictada en el proceso penal, si este se ha llevado a cabo.

Sentencia

La sentencia que hace lugar a la demanda produce la exclusión del

indigno de la herencia del causante. Para hacer efectiva esta sentencia


deberá modificarse la declaratoria de herederos que se hubiese dictado a

favor del indigno, o bien dejar sin efecto la aprobación del testamento en el

que hubiera sido instituido y resolverse lo que corresponda para asignar la

calidad de heredero a quien ha vencido en la acción de indignidad.

Mientras no sea decretada la indignidad, el posible indigno ostenta la

calidad de heredero y puede realizar actos de disposición sobre los bienes

hereditarios.

Por ello, el actor en la acción de indignidad se encuentra habilitado

para requerir la adopción de medidas cautelares que impidan o restrinjan

los actos que el indigno pueda realizar sobre los bienes hereditarios.

El fundamento legal para solicitar estas medidas precautorias se

encuentra en el artículo 213 del Código Procesal Civil de Misiones, porque,

o bien se trata de un coheredero, o bien al pretenderse la exclusión del

indigno, se está entablando una acción de petición de herencia, por lo que

queda comprendido este supuesto tanto en el inciso 1° como en el 4° de la

norma citada.

Si bien ese artículo alude a la posibilidad de requerir el embargo

sobre los bienes hereditarios, es posible que se adopte todo tipo de medidas

cautelares que sean idóneas para impedir que se disponga o se perjudique

los bienes hereditarios.


Causales de indignidad

Las causales de indignidad se encuentran enunciadas en el artículo

2281 del CCyC y se han mantenido esencialmente las que ya traía la

legislación anterior, con un mejoramiento en su texto para evitar las

dificultades interpretativas que las normas derogadas ocasionaban, se han

incorporado nuevos hechos y requisitos a causales ya existentes y se han

agregado nuevas conductas que encuadran en la indignidad.

Además, se ha eliminado la causal periodista en el anterior artículo

3294 del CC derogado referido al condenado en juicio por adulterio con la

mujer del difunto por no tener posibilidades de aplicación práctica al

haberse derogado por la ley 24.453 el art. 118 del Código Penal que

tipificaba el delito de adulterio.

Todas las causales de indignidad se configuran en conductas del

heredero que afectan gravemente la integridad física, la moral, los derechos

personalísimos del causante o bien de sus familiares directos. De este modo

es el legislador quien presume que, ante tales comportamientos, queda

desvirtuada la voluntad implícita en la ley del llamamiento a los herederos

en base a los afectos del causante.

1) Delito doloso contra el causante y sus familiares


El art. 2281 del CCyC comienza estableciendo: “Son indignos de suceder:

a) los autores, cómplices o participes de delito doloso contra la persona,

el honor, la integridad sexual, la libertad o la propiedad del causante, o

de sus descendientes, ascendientes, cónyuge, conviviente o hermanos.

Esta causa de indignidad no se cubre por la extinción de la acción penal

ni por la de la pena”.

Se ha ampliado notablemente el tipo de actos que encuadran esta

causal, ya que en la legislación derogada solo se hacía referencia al delito o

tentativa de homicidio.

Ahora quedan cubiertos todos los delitos contra la persona, los

delitos contra el honor, la integridad sexual, la libertad y la propiedad. Esta

enumeración coincide con los capítulos respectivos del Código Penal de la

Nación.

Por ello, quedan excluidos los delitos contra el estado civil, contra la

seguridad pública, contra el orden público, contra la seguridad de la

Nación, contra los poderes públicos y el orden constitucional, contra la

administración pública, contra la fe pública y contra el orden económico y

financiero.

La actuación que configuró la causa se amplía, ya que no solo abarca

a los autores y cómplices que ya estaban previstos en las normas derogadas,


sino que alcanza también a los partícipes. No se ha incluido el

encubrimiento porque se trata de un delito diferente a los mencionados.

Tiene que haberse tratado de un delito doloso con lo que se excluyen

las acciones culposas o preterintencionales.

En la legislación anterior se comprendía la tentativa de homicidio,

pero en la redacción actual no se ha incluido ese accionar por lo que debe

tratarse de delitos consumados.

Sin embargo, la tentativa contra la vida o la persona queda

contemplada porque el inciso i) del artículo 2281 del CCyC encuadra

dentro de la indignidad a los que incurrieron en las causales de revocación

de las donaciones por ingratitud y el art. 1571, inciso a) del CCyC dispone

que ello tiene lugar: “… si el donatario atenta contra la vida o la persona

del donante, su cónyuge o conviviente, sus ascendientes o descendientes”.

Otra diferencia es que antes se requería la condena penal, mientras

que la última parte del art. 2281 dispone: “… En todos los supuestos

enunciados, basta la prueba de que al indigno le es imputable el hecho

lesivo, sin necesidad de condena penal”.

Esto significa que si existió sentencia penal condenatoria no habrá

duda acerca de la configuración de la causal, pero que si no se ha llegado a

esa instancia o la sentencia ha sido absolutoria, de cualquier manera, el juez


civil podría considerar que el demandado ha incurrido en la causa de

indignidad.

La emoción violenta o la legitima defensa que podrían excluir la

condena penal deberían ser consideradas en sede civil para determinar si

existió el accionar doloso que exige la disposición en cuestión.

Todos estos delitos constituyen una afrenta contra la persona del

causante, pero también puede haber recaído en otros miembros de la

familia del fallecido.

Antes se contemplaba el accionar sobre el cónyuge o sus

descendientes, mientras que la nueva norma alude a los descendientes,

ascendientes, cónyuge, conviviente o hermano del causante, cubriendo todo

un ámbito de familiares directos del muerto.

La doctrina había criticado la omisión anterior de los ascendientes y

la reforma se ha hecho eco de esa observación incluyéndolos en forma

expresa y al mismo tiempo ha incorporado al conviviente y al hermano del

causante como sujetos sobre los que puede recaer el accionar de quien va a

ser declarado indigno.

Finaliza la disposición aclarando que esta causa no se cubre por la

extinción de la acción penal ni por la de la pena ya que, en el primer caso

por aplicación del último párrafo del art. 2281 no se requiere la condena
penal y en el segundo supuesto, porque ya hubo condena y si la pena no se

cumple es intrascendente a los efectos de la indignidad.

2) Maltrato al causante u ofensa a su memoria

El inciso b) del art. 2281 establece: “Los que hayan maltratado

gravemente al causante, u ofendido gravemente su memoria”.

Se trata de una incorporación que hace el CCyC porque este

comportamiento no estaba previsto con anterioridad como causa de

indignidad.

En este caso se contempla un accionar directo contra la persona del

fallecido o bien contra su memoria, por lo que una acción similar contra

alguno de sus familiares no permite la declaración de indignidad.

No se aclara si el maltrato tiene que haber sido físico o mental por lo

que cabe concluir que ambas conductas quedan incluidas.

Se lo ha calificado como grave y esto significa que no todo

comportamiento permite la exclusión hereditaria sino que tiene que haber

afectado sensiblemente a la persona del causante.


La determinación de la gravedad del maltrato dependerá de las

circunstancias de personas, tiempo y lugar que quedarán sujetas a la

apreciación judicial.

La falta de atención del causante ya mayor o de contacto con él

durante una enfermedad puede llegar a configurar esta causal, dependiendo

de la valoración que se haga de esa conducta en el momento de dictarse la

sentencia.

Lo mismo puede decirse de la ofensa a la memoria del causante, ya

sea porque se lo ha difamado públicamente o se le ha imputado la comisión

de delitos u otras conductas disvaliosas.

La sanción es razonable porque si hubo maltrato o bien si se ofendió

su memoria, no es posible que su autor se beneficie recibiendo la herencia

del causante.

Habrá que tener en cuenta que en el último supuesto la causa se

configura después del fallecimiento y no en vida del causante.

3) Acusación criminal o denuncia contra el causante por un delito

El inciso c) dispone: “Los que hayan acusado o denunciado al

causante por un delito penado con prisión o reclusión, excepto que la

víctima del delito sea el acusador, su cónyuge o conviviente, su


descendiente, ascendiente o hermano, o haya obrado en cumplimiento de

un deber legal”.

La norma guarda una gran similitud con la misma causa prevista

anteriormente, con la sola diferencia de la forma de individualizar el delito

y de los motivos por los que a pesar del accionar previsto no se incurre en

indignidad.

La conducta que puede provocar esa sanción consiste en involucrar

judicialmente al causante por un delito que tenga prevista una posible

condena grave como es la prisión o la reclusión.

La disposición derogada lo identificaba como un delito merecedor de

prisión o trabajos públicos por cinco años o más, por lo que la nueva

redacción es más precisa en la determinación de los delitos que quedan

involucrados.

Se configura la causal tanto con la acusación (o sea querellar) como

con la denuncia que consiste en poner en conocimiento de las autoridades

un delito y el posible responsable sin constituirse en parte dentro del

proceso penal. No importa el resultado de la acción penal; si ha mediado

sobreseimiento provisional o definitivo, falta de mérito, absolución o

condena, porque la causa se configura con la acusación o denuncia.

No hay indignidad cuando el delito respecto del cual se promueve la

acción penal ha tenido como víctima al propio acusador o a su cónyuge o


conviviente, su descendiente, su ascendiente o su hermano. Con esta

incorporación la reforma ha receptado el cuestionamiento que se había

hecho desde la doctrina sobre esta situación.

Sería disvalioso que si se ha ejercido un derecho como es la denuncia

o la acusación criminal por haber sido víctima de un delito, tanto el propio

heredero como un familiar suyo, aquel quede privado, por ese mismo

hecho, de su condición de tal.

En ese supuesto, a pesar de ser voluntaria la acusación o la denuncia

no se puede interpretar que se lo ha hecho para perjudicar al causante sino

como el ejercicio de un derecho en defensa de su integridad personal.

La legislación anterior incluía el requisito del accionar voluntario

para promover la acción penal y la nueva norma no lo ha reproducido. Sin

embargo, se excluye la declaración de indignidad cuando se ha obrado en

cumplimiento de un deber legal y en tal supuesto no hay voluntariedad.

Por ese motivo, aunque no se haya explicitado que la acusación o

denuncia tiene que haber sido voluntaria, del contexto de la norma se

infiere que esta es la situación contemplada.

4) Omisión de la denuncia de la muerte dolosa del causante


El inciso d) se refiere a: “Los que omiten la denuncia de la muerte

dolosa del causante, dentro de un mes de ocurrida, excepto que antes de

ese término la justicia proceda en razón de otra denuncia o de oficio.

Esta causa de indignidad no alcanza a las personas incapaces ni con

capacidad restringida, ni a los descendientes, ascendientes, cónyuge y

hermanos del homicida o de su cómplice”.

Lo que sanciona esta causa de indignidad es que ante el homicidio

doloso del causante, su heredero no ponga en funcionamiento el accionar

de la justicia para que se investigue el hecho.

Anteriormente, la obligación de denunciar pesaba sobre el heredero

mayor de edad y ahora se alude a que no alcanza la causal a los incapaces o

con capacidad restringida, por lo que recaerá este deber en las personas

plenamente capaces.

Tambien la legislación anterior se refería al heredero por lo que se

entendía que el legatario no podía incurrir en esta causal, mientras que la

nueva norma en forma impersonal se refiere a los que omiten la denuncia y

esto incluye tanto a herederos como a legatarios.

Otra modificación es que antes se aludía a “la muerte violenta del

autor de la sucesión” y ahora se menciona a “la muerte dolosa del

causante” poniendo a la persona obligada a denunciar en el compromiso de


tener que calificar la forma en que se ha producido el fallecimiento, lo que

no parece razonable.

El plazo para hacer la denuncia es de un mes desde que se produjo la

muerte sin dar alternativa en caso que el sucesible ignorara esa

circunstancia. Lo lógico hubiera sido mantener la exigencia anterior que

regia desde que sabía de la muerte violenta, porque con la redacción actual

puede llegar a sancionarse el desconocimiento y no el accionar omisivo.

No se aclara ante qué autoridad debe realizarse la denuncia, pero es

posible inferir que se trata del funcionario que pueda poner en acción una

investigación judicial.

El denunciante debe informar el homicidio doloso del causante, pero

no está obligado a aportar datos para su esclarecimiento ni a comunicar el

nombre del autor del homicidio aunque lo conozca.

No se incurre en la causal aunque no se haya hecho la denuncia

cuando el homicidio ha sido denunciado por otra persona o se ha procedido

de oficio.

Esta circunstancia circunscribe notablemente el ámbito de aplicación

de esta causa de indignidad porque si la muerte ocurrió en la via pública

debe intervenir la autoridad policial e informará al juez, y si el

fallecimiento tuvo lugar en un entorno privado, el médico certificante de la


defunción tiene el deber de denunciar a las autoridades la muerte no

natural.

Tampoco hay obligación de efectuar la denuncia cuando el autor del

homicidio o su cómplice es descendiente, ascendiente, cónyuge o hermano

de quien pretende ser heredero del causante.

Esta situación puede presentar una verdadera paradoja porque, ante

la omisión de la denuncia del homicidio doloso se promueve la acción de

indignidad, el heredero para defenderse debería argumentar que el autor o

el cómplice de ese homicidio fue su descendiente, ascendiente, cónyuge o

hermano y con ello estaría poniendo de manifiesto lo mismo que la propia

norma lo autoriza a guardar en reserva.

5) Falta de suministro de alimentos o falta de asistencia al causante

El inciso e) alude a: “Los parientes o el cónyuge que no hayan

suministrado al causante los alimentos debidos, o no lo hayan recogido

en establecimiento adecuado si no podía valerse por sí mismo”.

Se han fusionado, con algunas modificaciones, dos de las

disposiciones que contemplaba la legislación derogada, ya que engloba al

pariente que dejaba abandonado al causante cuando estaba demente y la

obligación alimentaria respecto de los menores de edad.


La nueva normativa sanciona con la indignidad no solo al pariente

sino también al cónyuge que no haya cumplido con el deber alimentario o

con la asistencia que corresponde.

El deber alimentario derivado del parentesco pesa sobre los

descendientes, ascendientes, hermanos bilaterales y unilaterales, parientes

por afinidad en línea recta (arts. 537 y 538 CCyC) y entre cónyuges durante

la vida en común y la separación de hecho e inclusive después del divorcio

(arts. 432 y 434 CCyC).

No se ha especificado el momento en que se incurre en la causal de

indignidad. No hay duda que si hubo una condena a pasar alimentos que

fue incumplida dolosamente, tal comportamiento encuadra en la presente

norma.

Pero si no hubo reclamo ni condena no se puede presumir la

necesidad y, por ello, no tendría que configurar una conducta que deba ser

sancionada.

Tampoco podría haber declaración de indignidad cuando hubo

condena a pasar alimentos pero se demuestra la imposibilidad de hecho de

cumplirla.

La norma puntualiza que no se han suministrado al causante “los

alimentos debidos” y ello solo puede ocurrir luego de una sentencia que

imponía el cumplimiento de ese deber.


No se ha previsto la situación que tiene lugar cuando ha mediado un

incumplimiento parcial del deber alimentario y en tal supuesto quedará a

criterio del juez determinar si corresponde la exclusión hereditaria.

Tampoco se ha considerado el momento en que pudo haber ocurrido

la falta de alimentos ni el tiempo de su duración. Puede suceder que se

incumpla durante un lapso y luego se satisfaga esa obligación; en tal

supuesto se presentan dudas acerca de si se ha configurado o no la causal,

quedando también este caso sujeto a la interpretación judicial.

Otro tanto ocurre respecto del tiempo de la duración del

incumplimiento, ya que puede haber sido tan solo de un período o haberse

extendido en el tiempo. La trascendencia de esta situacion de hecho deberá

ser determinada judicialmente.

Al referirse a los alimentos en general la causa tiene lugar, ya sea que

se incumpla con la obligación alimentaria entre parientes o entre cónyuges,

como así también con el que surge respecto de los hijos en virtud de la

responsabilidad parental.

Tampoco se requiere que el causante se tenga que haber encontrado

en un estado de indigencia, ya que sus necesidades pudieron haber sido

cubiertas por otros obligados o terceros. Lo relevante es que haya mediado

un incumplimiento objetivo de la obligación alimentaria.


La otra conducta considerada en la norma se configura cuando el

heredero no ha recogido al causante en un establecimiento adecuado si no

podía valerse por sí mismo.

La conducta sancionada es el desinterés que ha tenido el sucesible

respecto del causante que no se puede valer por sí mismo, dejándolo en una

situación de abandono, con el consiguiente riesgo para su integridad física.

Para que se configure esta causa de indignidad no es requisito que se

haya declarado la incapacidad del causante ni siquiera su capacidad

restringida sino que se encuadra en la norma cualquier situación en la que

se encuentre necesitado de asistencia y el heredero no la suministre por sí o

bien haciéndolo internar en un establecimiento asistencial.

La legislación derogada preveía dos situaciones; una que lo recogiera

el propio heredero o bien que lo hiciera recoger en un establecimiento

público. La nueva disposición le impone al heredero el deber de obrar para

internar al causante en un establecimiento adecuado. No se le exige que lo

tome a su cargo, sino que, tan solo, se preocupe de ponerlo al cuidado de un

establecimiento operado por terceros, ya sean estos privados o públicos.

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