COLEGIO DE ESTUDIOS UNIVERSITARIOS DEL MAYAB
Profesora: Nasaria Rejón
Investigación: LA COVEMAR
Alumno: Saul Chan Cauich
Turno: Matutino
Cuarto Semestre
Grupo:B
El 16 de noviembre de 1994 entró en vigor la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Derecho del Mar, resultante de la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, firmada por 117 estados el 10 de
diciembre de 1982 en Montego Bay, Jamaica. Nunca un instrumento jurídico
internacional había recibido el primer día tantas firmas y menos un documento
que abarca materias diversas sobre mares y océanos que cubren dos terceras
partes del globo terráqueo que, por cierto, debería llamarse “Agua” y no Tierra.
Entre la ceremonia de firma y la entrada en vigor de la Convención pasaron
doce años, en virtud de que se requería la ratificación de sesenta estados, más
un año adicional con el fin de que se comenzara su vigencia. Este arco de
tiempo es más amplio en realidad si nos remontamos a diciembre de l973
cuando se iniciaron los trabajos formales de la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar o si nos remontamos más atrás, a
1970, año en el que la Conferencia fue convocada. Estamos hablando de un
cuarto de siglo de actividad, sin tomar en cuenta el tiempo de las revisiones y
de los regímenes particulares generados en las relaciones internacionales
desde hace décadas y que fueron pibotes fundamentales de lo que los
especialistas dimos en llamar el nuevo derecho del mar: la zona económica
exclusiva y los fondos marinos y oceánicos.
La magnitud y la complejidad de la temática son formidables. Los capítulos
incluidos en la Convención, subdivididos a su vez en secciones particulares,
son:
a) El mar territorial y la zona contigüa
b) Estrechos utilizados para la navegación internacional
c) Estados archipelágicos
d) La zona económica exlusiva
e) La plataforma continental
f) El alta mar
g) El régimen de las islas
h) Mares cerrados o semiderruidos
i) Derecho de acceso al mar y desde el mar de los estados sin litoral y
libertad en tránsito
j) La zona de los fondos marinos y oceánicos
k) Protección y preservación del medio marino
l) Investigación científica marina
m) Desarrollo y transmisión de tecnología marina
n) Solución de controversias
Además de éstos capítulos torales, la Convención se acompaña de nueve
anexos que son considerados parte integrante de la Convención y comprenden
los rubros siguientes:
a) Especies altamente migratorias
b) Comisión de límites de la plataforma continental
c) Disposiciones básicas relativas a la prospección, exploración y
explotación (de los fondos marinos y oceánicos)
d) Estatuto de la empresa (de los fondos marinos y oceánicos)
e) Conciliación
f) Estatuto del Tribunal Internacional del Derecho del Mar
g) Arbitraje
Los puntos abordados están sujetos a un cruce metodológico y a una
interrelación temática, con el propósito de darle congruencia al todo normativo.
Es entendible que cuando un tema es desplazado por otros de la atención
prioritaria de los especialistas, se termina por desconocer aun las cuestiones
elementales de su contenido. Ello acontece hoy con la Convemar, en su
momento calificada como la más importante de la historia de las relaciones
internacionales, en razón del tiempo que llevó la negociación, de las materias y
espacios cubiertos y del número de estados e instituciones participantes. La
entrada en vigor de la Convención es oportunidad propicia para repasar la
vasta regulación. A los interesados recomiendo remitirse a la rica y abundante
bibliografía elaborada por internacionalistas mexicanos, madurada con
antelación al inicio de la Tercera Conferencia. Destaco a los autores Alonso
Gómez Robledo, Alejandro Sobarzo, Jorge Vargas, Alberto Székely, y, entre
ellos, me incluyo con mi libro de 1974 El mar patrimonial en América Latina.
Ante la imposibilidad de hacer la reseña detallada de la Convención, plasmo
algunas reflexiones de orden general. Destaco primeramente la existencia
ahora de varios regímenes sobre el derecho del mar. Fueron 60 los estados
que ratificaron en 1993 la Convención para lograr que iniciara su vigencia un
año después; gradualmente se incorporarán nuevo estados al régimen general
de Montejo Bay. Sin embargo, al momento son 184 los estados del mundo;
consecuentemente, estamos hablando de sólo una tercera parte de los estados
que se encuentran obligados por la Convención de Jamaica.
En el derecho de los tratados, tal como lo contempla la Convención de Viena
de 1969, existe la obligación de los estados firmantes de no frustrar las
disposiciones de un Tratado firmado que no ha sido ratificado; no obstante,
prevalece un buen número de estados firmantes de la Convemar que son parte
de las convenciones de Ginebra de l958. Adviértase que la Convemar retoma
material de las de 58 pero éstas contienen puntos importantes que
necesariamente se oponen al nuevo régimen, por decir algo, en lo relativo a la
extensión máxima de la plataforma continental que en 58 se sujetó al criterio de
la explotabilidad y en 82 se limitó a un espacio máximo de 350 millas náuticas
contadas a partir de la costa. La tendencia de la colaboración interestatal
apunta en dirección a la aplicación de la Convención de 82 pero emergerán
contradicciones inevitables.
Prevalece no obstante la entrada en vigor de la Convención una formidable
heterogeneidad de regímenes internos sobre cuestiones marítimas. Los
arquetipos normativos, según se ha enfatizado, son las cuatro convenciones de
Ginebra de 1958 y la de Montego Bay de 1982, pero entre estas dos fechas
hubo desarrollos en legislaciones internas que desbordaron a las convenciones
de 1958 y que se apartan de los resultados compromisorios firmados en 1982.
En lo que respecta a la zona económica exclusiva nos topamos con estados, la
mayoría, que la aceptan con arreglo a lo pactado, pero algunos introducen
salvedades de su conveniencia, verbigracia en especies anádromas y
altamente migratorias. Otros, una minoría, se aferran a la noción del mar
territorial y, uno que otro, incorpora exóticamente las 200 millas como zona
exclusiva de pesca, es decir, sin reclamar derechos sobre suelo y subsuelo
marítimos. Esta polivalencia se aprecia igualmente en la anchura del mar
territorial. Logro sobresaliente de la III Conferencia y de la Convención fue
saldar la irresuelta discusión sobre el límite máximo del mar territorial. Hubo
pronto consenso sobre una anchura de 12 millas náuticas, extensión
generalmente aceptada; sin embargo, también se encuentran anchuras que
van de las tres millas náuticas, a las seis, a las nueve, a las veinticinco, a las
cincuenta y hasta las doscientas. En realidad el análisis de las legislaciones se
inclinan por éstos límites revela que son instrumentos legislativos añejos,
anteriores incluso a 1982, y que poco a poco se adecuarán al patrón de
regulación de la Convemar.
Emergerán problemas de naturaleza disímbola. En 1986 el Reino Unido de la
Gran Bretaña adoptó para el Archipiélago de las Malvinas la zona económica
Exclusiva. La mayor parte de los estados la incluyeron dentro de su jurisdicción
antes de la entrada en vigor de la Convención en 1994, toda vez que
prevalecía una aceptación consuetudinaria de los trazos generales de la
institución. Lo desconcertante es que la zona económica exclusiva para las
Malvinas rije en función de un territorio que se encuentra en disputa dentro de
la agenda de Naciones Unidas. Habría que observar con recelo estos
movimientos que pudieran alterar la balanza de la polémica diplomática, más
aún por que, según se informa, podrían encontrarse yacimientos de petróleo en
los fondos marinos adyacentes al Archipiélago.
En el campo de la contaminación el esquema de la Convemar demanda
urgentemente nuevos diseños normativos y esfuerzos redoblados de
cooperación pues los reportes científicos muestran un panorama espeluznante,
el descenso dramático de las poblaciones de peces en distintas regiones
debida a varias causas, la sobreexplotación o los cambios climáticos que
acontecen en buena medida por la mano del hombre.
La Convención de Jamaica constituye un caso interesante de relación entre
derecho consuetudinario y derecho convencional. Entró en vigor formalmente
en noviembre de 94 pero es dable sostener que grandes rubros de su
contenido ya tenían vigencia con anterioridad, bien por que se encontraban en
las convenciones de 58 o por que consuetudinariamente habían alcanzado
reconocimiento general, al margen de las formalidades de la ratificación. Sin
duda el caso notable lo era, lo es todavía, para los países que no han
ratificado, la figura de la zona económica exclusiva. Con todo, la afirmación no
puede esgrimirse con ligereza, puesto que es difícil suponer que la totalidad de
la reglamentación de la zona económica exclusiva goce de consenso. Por
ejemplo, los Estados Unidos y Canadá han reclamado jurisdicción más allá de
las doscientas millas en lo relativo a las especies anádromas (El salmón que
migra desde el alta mar a los ríos para su reproducción) o el surgimiento de
previsiones normativas en varias legislaciones posteriores a 1982 que han
impuesto limitaciones a la navegación no contempladas en la Convención, con
miras a impedir la pesca ilegal por embarcaciones de terceros estados. En este
tenor sobresale el régimen de los fondos marinos y oceánicos. Desde que Arvid
Pardo propuso en 1967 que la Asamblea General de las Naciones Unidas
declarara a los fondos marinos y oceánicos “Herencia común de la humanidad”
se aceptó el principio, proclamado como Patrimonio común de la humanidad
por la Asamblea en 1970. Hoy por hoy, nadie osa objetar el principio pero
siguen latentes los antagonismos sobre los métodos para implementarlo.
Intentar resolverlos fue una de las razones que movió a la III Conferencia a una
tardanza de nueve años, aunque al final, el estira y afloja diplomático, los
regateos entre los países de los inversionistas y los países en desarrollo,
probaron ser infructuosos. En la ceremonia de firma de la Convención en
Montego Bay se abstuvieron de firmar el texto los Estados Unidos y otros
países afiliados a su postura, Japón, Reino Unido de la Gran Bretaña, Italia,
Bélgica y la República Federal de Alemania. A pesar de que la Comisión
Preparatoria de los Fondos Marinos, creada por la Convención, empezó a
trabajar desde 1983 en Kingston, Jamaica, la distancia trazada por los Estados
Unidos contraría severamente al régimen y, a decir verdad, le resta
operatividad. Es sabido que existe un documento en poder de la Secretaría de
las Naciones Unidas que propone un régimen alternativo para ser sometido a
consideración de los estados miembros, lo que significa un nuevo intento
compromisorio que atiende a los intereses norteamericanos. Quizás lo positivo
de ésta gestión es que los estados opuestos al régimen de Jamaica no se han
aventurado a desconocer el principio del Patrimonio común de la humanidad y
que pretenden alcanzar un acuerdo favorable por vía de la renegociación. Lo
cierto es que no es dable sostener de golpe que la Convención incluya una
regulacion general de naturaleza consuetudinaria. Por otro lado, salta a la vista
que, en el momento de entrar en vigor la Convención, se abre la revisión de
uno de sus capítulos torales, evidencia no nada más de las oposiciones
insalvables sino del dinamismo de la materia.
Una cuestión igualmente a ponderar es que el magno esfuerzo de negociación
de más de 150 estados durante casi una década de trabajos formales e
informales pudo coronarse exitosamente merced a compromisos redactados
vagamente, a la adopción de fórmulas que eluden la solución real de
numerosos problemas y que la trasladan a la negociación particular entre los
estados. En varios preceptos de la Convención se alude a la “equidad” como
recurso para dirimir las controversias, pero la equidad tiene una fuerte carga
subjetiva y los intereses de los estados se esconden bajo su ropaje. Son
recetas convencionales genéricas que mal esconden una conflictividad
punzante. Así acontece con la delimitación de la zona económica exclusiva
entre estados vecinos o el acceso a la misma de los estados sin costas. Entre
México y Estados Unidos, está pendiente precisamente la delimitación en el
Golfo de México. Así mismo, la generalidad de las disposiciones sobre
especies altamente migratorias provocó una diferencia enojosa sobre el atún
en los años que van de 1980 a 1986, también entre Estados Unidos y México.
Con respecto a nuestro país conviene destacar que antes de que concluyeran
las negociaciones de la III Conferencia, adoptó en l976 la zona económica
exclusiva, de la que había sido promotor a través de la figura del mar
patrimonial, lanzada en la Conferencia de Santo Domingo de 1972. Una de las
bases de la política exterior mexicana ha sido el apego al derecho
internacional. De ahí que México hubiera mantenido reserva sobre la adopción
de la zona económica exclusiva y que hubiera optado por negociar la figura con
el grupo de países “patrimonialistas” en la región latinoamericana y del Caribe.
La figura del mar patrimonial arribó al modelo de la zona económica exclusiva
en la III Conferencia y obtuvo rápido beneplácito. De modo que a dos años
escasos de haberse iniciado los trabajos de fondo, México proclamó su
jurisdicción sobre la zona de las 200 millas. Una de las consecuencias de la
adopción de la zona económica exclusiva fue la incorporación del Mar de
Cortés o Bahía de California, bajo éste régimen, a la jurisdicción de México. La
delegación mexicana en la III Conferencia jugó un papel espléndido.
Reconocimiento especial merece el jefe de la Delegación, el internacionalista y
excanciller Jorge Castañeda. México, por supuesto, se encontró entre los
países que el 10 de diciembre de 1982 firmaron la Convención en Montego Bay
y fue el segundo país que ratificó la Convención. En virtud del régimen, y toda
vez que las islas disponen de mar territorial y de zona económica exclusiva,
México ocupa el octavo lugar en territorio marítimo, con la ventaja singular de
que sus mares son notablemente ricos para la vida y el desarrollo de las
especies. Sigue planteado el desafío histórico de explotar esos recursos en
beneficio de la población y de salvaguardarlos de la depredación y del deterioro
ecológico
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar fue adoptada
en 1982. Establece un exhaustivo régimen de ley y orden en los océanos y
mares del mundo, emanando reglas que rigen todos los usos posibles de los
océanos y sus recursos. La Convención agrupa en un solo instrumento las
reglas tradicionales para los usos de los océanos y, al mismo tiempo, introduce
nuevos conceptos jurídicos y regímenes y aborda nuevos retos. El Convenio
también proporciona el marco para el desarrollo futuro de áreas específicas del
derecho del mar.
La División de asuntos oceánicos y del derecho del mar (DOALOS) de la
Oficina de asuntos jurídicos de las Naciones Unidas funciona como secretaría
de la Convención sobre el Derecho del Mar y proporciona información, consejo
y asistencia a los Estados. El objetivo es lograr una aceptación más amplia y
un mejor entendimiento de la Convención y los Acuerdos relacionados, y
conseguir una aplicación consistente y uniforme, y una implantación efectiva de
los mismos. La División vigila todos los desarrollos relacionados con la
Convención, el derecho del mar y los asuntos oceánicos e informa anualmente
a la Asamblea general de las Naciones Unidas acerca de esos desarrollos.
También ayuda, en la revisión de tales desarrollos, al Proceso abierto de
consultas oficiosas de las Naciones Unidas sobre los océanos y el derecho del
mar.
La CONVEMAR fue adoptada como un “paquete” que debía ser aceptado
como un todo, con todas sus partes, sin reserva alguna. La firma de la
CONVEMAR por un gobierno implica no tomar ninguna acción que pueda ir en
contra de sus objetivos y propósitos. La ratificación o adhesión a la convención
de un Estado expresa en consentimiento del mismo a todas las provisiones de
la Convención. México la firmó el 10 de diciembre de 1982 la ratificó el 18 de
marzo de 1983. La Convención entró en vigor el 16 de noviembre de 1994, un
año después de que el Estado número 60 se adhirió.
UNICPOLOS. El Proceso Abierto de Consultas Oficiosas de las Naciones
Unidas sobre los Océanos y el Derecho del Mar (UNICPOLOS por su sigla en
inglés) fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas, en 1999,
mediante la Resolución A/RES/54/33, para facilitar la revisión anual de la
Asamblea General con respecto a los asuntos marinos y de los océanos y la
Ley del Mar; basado en el informe del Secretario General sobre la problemática
de los océanos y la Ley del Mar y sugiriéndose temas en particular para ser
analizados; con énfasis en identificar áreas para la coordinación y cooperación
intergubernamental y con agencias internacionales.
Convenios y otros instrumentos multilaterales internacionales de la
Organización Marítima Internacional. México se constituyó en miembro de la
OMI el 17 de marzo de 1958.
Acuerdo del 95.
El Acuerdo de 1995 fue adoptado el 4 de agosto de 1995 por la Conferencia de
Naciones Unidas sobre poblaciones de peces transzonales y altamente
migratorios y abierta a firma el 4 de diciembre de 1995, hasta el 4 de diciembre
de 1996. Entró en vigor el 11 de diciembre de 2001 después de 30 días de
haberse depositado el instrumento número 30.
Es un instrumento multilateral jurídicamente vinculante para la conservación y
la ordenación de las actividades de pesca en alta mar, su objetivo es velar por
la conservación y el aprovechamiento sostenible a largo plazo de las
poblaciones de peces transzonales y la poblaciones de peces altamente
migratorios, mediante la aplicación efectiva de las disposiciones pertinentes de
la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar
(CONVEMAR), establece los principios para la conservación y manejo de estas
poblaciones y un manejo basado en el principio precautorio y la mejor
información científica disponible; y como principio fundamental la cooperación
de los Estados para asegurar la conservación y promover la optimización de los
recursos pesqueros tanto en la zona económica exclusiva de los Estados como
más allá de esta zona. México formó parte del comité de redacción de la
Tercera Confemar. En el marco de esta conferencia contribuyó particularmente
a la confirmación del régimen de la zee, encabezando al Grupo de Estados
Costeros En este tema. Durante la segunda ronda de negociaciones, celebrada
en Caracas (Venezuela) en 1974, presentó una propuesta conjunta al respecto
Con otros siete países (Canadá, Chile, India, Indonesia, Mauricio, Noruega Y
Nueva Zelandia). Esta propuesta fue la base para la conformación del régimen
que constituye la zee según la Convemar. Nuestro país tuvo también Un papel
relevante en la conformación del régimen para la realización de icm, Previsto
en la Parte XIII de la Convemar. Por medio de este régimen se Logró un
balance entre la libertad de todos los Estados para realizar la icm, Y las
prerrogativas del Estado ribereño para autorizarla cuando se lleva a Cabo en
su mar territorial y zee, así como para beneficiarse de los resulta- Dos que ella
genere. Una tercera contribución significativa de México fue la Inclusión del
artículo 300 de la Convemar, relativo a la buena fe y el abuso De derecho.
México firmó la Convemar el 10 de diciembre de 1982 y depositó su
Instrumento de ratificación el 18 de marzo de 1983. Fue el tercer país en
Hacerlo tan sólo detrás de Fiji y Zambia. En congruencia con su intención De
instrumentar plenamente este tratado, el 8 de enero de 1986 publicó En el
Diario Oficial de la Federación la Ley Federal del Mar, la cual procura Regular
todo lo relativo a los océanos, imitando tanto el esquema como, en Ocasiones,
el texto de la Convención. La Convemar entró en vigor el 16 de noviembre de
1994. Desde esa Fecha, México se ha involucrado constantemente en su
instrumentación,
Conclusión
De manera general como se ha visto en la investigación anterior la
CONVEMAR nace de la creación más serie de los regímenes del mar para
tener un control exacto y sobre todo en el marco establecido de forma
internacional por los países participantes todo esto de forma colectiva entre las
naciones podríamos mencionarla como semejante a las naciones unidas el cual
tratan temas de relevancia internacional así es como funciona este Organismo
solamente que tratando temas de los océanos y los mares de todos los
territorios en base a el desarrollo de fuentes sustentables de las zonas
marítimas así pueda tratarse de temas pesqueros, industriales nauticos entre
otros pero siempre en el marco de la legalidad y la conservación de la misma,
esto para poder preservar los recursos en los cuales se esté explotando. De
manera Jurídica también se trabaja para la legislación de leyes, normas y
tratados para tener de forma extensiva un poder inquebrantable por los países
miembros de esta manera ser fuente independiente de las zonas de aplicación
y sean incorrectibles. De esta manera es como la COVEMAR es fundamental
para el territorio dónde se aplica ya que trata de buscar el bienestar de los
mares, océanos pero en base al desarrollo de la zona.
Fuentes consultados
[Link]
el-derecho-del-mar-asamblea-general-de-la-organizacion-de-las-naciones-unidas-derecho-del-
mar
[Link]
[Link]
el-derecho-del-mar-asamblea-general-de-la-organizacion-de-las-naciones-unidas-derecho-del-
mar
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