Informe pedagógico sobre la unidad de
práctica final
Institución educativa Escuela Normal
Superior de Montería
Programa de Formación Complementaria
Cristian Doria López
Código 099
Docente de práctica pedagógica: Martha
Puche Agámez
Fecha: 18 de Noviembre de 2024
En la unidad de práctica pedagógica investigativa final fue asignado en
la institución educativa Escuela Normal superior de Montería en la
jornada a la mañana en grado 5°D, la institución cuenta con niveles de
preescolar, nivel de básica primaria conformado de grado 1° a grado 5°,
básica secundaria de grados 6° a grado 9°, media de grado 10° y 11° y
el PFC (Programa de Formación Complementaria) que consta de cuatro
semestres para los estudiantes normalistas y se añade un semestre a los
egresados de instituciones educativas externas; el aproximado de la
cantidad de estudiantes que se encuentran en un aula de clase es de 30
a 40 estudiantes, para esto se tiene en cuenta el manejo de los grupos
por medio de un perfil docente que se caracteriza por ser profesional
que promueve el desarrollo reflexivo y la adquisición de conocimientos,
colabora en la formación integral de los estudiantes, es innovador,
solidario y practica valores, inspira confianza y liderazgo, está
comprometido con la justicia y la participación en la comunidad
educativa, tiene conocimientos en pedagogía y realidad sociopolítica, es
comprensivo, exigente y participativo y tiene capacidad de liderazgo y
relaciones humanas efectivas. La misión de esta institución es formar
personas integras autónomas capaces de desempeñarse en el ejercicio
de la docencia en los niveles de preescolar y básica primaria, en un
ámbito regional y nacional, con alto nivel de desempeño en
competencias comunicativas, articulando la formación pedagógica, la
investigación, las manifestaciones socioculturales de la región,
interrelacionando escuela, familia y comunidad dando paso a su visión
que es ser reconocida como una institución que lidere procesos
pedagógicos investigativos de evaluación formativa y proyección social
asumiendo una actitud crítica como participativo e innovadora, que
permite la transformación de la realidad sociocultural de los diferentes
contextos en que se desempeña el futuro docente.
En cuánto a condiciones de los estudiantes el ámbito académico los
niños desarrollan conocimientos y cumplen con tareas según los
estándares y los DBA establecidos por el Ministerio de Educación. Sin
embargo, en cuanto a las disciplinas relacionadas con el
comportamiento, las emociones y la salud, estos aspectos se reflejan en
la gestión administrativa de la Escuela Normal Superior de Montería.
Esta institución se destaca por su liderazgo, permitiendo a docentes y
directivos impartir sus clases conforme a las directrices de la Ley 115 de
1994. Dicha ley proporciona pautas a los docentes sobre la disciplina, el
comportamiento y las evaluaciones psicológicas y físicas que deben
realizarse regularmente bajo la supervisión de un orientador psicológico.
La comunicación entre los docentes cooperantes, la coordinación y los
docentes en formación de la Escuela Normal Superior de Montería fue
esencial para el buen funcionamiento del proceso de enseñanza y
aprendizaje. Los canales de comunicación fueron claros y efectivos,
fomentando un ambiente de confianza y apertura. Esto permitió que los
docentes cooperantes expresaran sus ideas, preocupaciones y
necesidades de manera franca y directa a los docentes en formación, lo
cual fue crucial para el éxito del proceso formativo. Además, se
evidenció un trabajo en equipo en la planificación de actividades
curriculares y complementarias. Es importante destacar el uso adecuado
de los indicadores y comportamientos de los grupos. Algunos elementos
clave para alcanzar estos objetivos incluyeron la resolución de conflictos
en el aula y la flexibilidad para adaptarse a las necesidades de los
grupos.
Durante un recreo, observé una situación preocupante, dos niños
comenzaron a pelear debido a burlas que se intensificaron, provocando
enojo en ambas partes. Al percatarme de lo que sucedía, junto con mi
compañero, intervenimos rápidamente para separarlos y los llevamos a
la coordinación. Allí, tuvieron la oportunidad de hablar con la psico-
orientadora. Asistí a parte de la charla y fui testigo de cómo los niños
lograron reconciliarse, reconociendo sus errores y comprendiendo lo
inapropiado de su comportamiento.
Motivado por esta experiencia, decidí organizar una actividad la cuál fue
la creación de un adorno navideño en forma de estrella, ya que la
estrella simboliza la luz, y su color amarillo representa cualidades como
el respeto y el valor de cada persona. El jueves 14 de noviembre, se
llevó a cabo esta actividad con los niños. Se comportaron de manera
ejemplar, trabajando juntos para crear la estrella. Aunque algunos no
trajeron todos los materiales necesarios, el compañerismo se hizo
evidente cuando compartieron e intercambiaron útiles, ayudándose
mutuamente para completar la tarea. Si alguien se quedaba atrás, otro
le ayudaba; si alguien no entendía una instrucción, otro se la explicaba
de manera más clara. Fue impactante y gratificante ver cómo el grupo
se unió, trabajando en equipo y mostrando un comportamiento positivo,
especialmente aquellos niños que solían ser más desordenados. Estaban
emocionados porque sentían que cada uno aportaba algo valioso. La
actividad fue un éxito, logrando el objetivo de unirlos y hacerles
comprender el valor del compañerismo y la amistad, reforzando así los
valores que nos unen y nos hacen mejores personas.
Mi experiencia durante esta actividad fue que me llenó de una emoción
y me conmovió profundamente. Ver a todos los niños trabajando juntos,
capaces de valorarse mutuamente, me permitió comprender que
cualquier objetivo es alcanzable si se pone empeño y dedicación en lo
que se hace.
La actividad no solo fue un ejercicio de manualidades, sino una lección
de vida tanto para los niños como para mí, como docente en formación.
La estrella, se convirtió en un catalizador para el cambio positivo en el
aula. Los niños, que inicialmente habían tenido conflictos, demostraron
que podían superar sus diferencias y colaborar de manera armoniosa.
Este cambio de actitud me hizo reflexionar sobre el poder de la
educación y el impacto que puede tener un enfoque centrado en valores
como el compañerismo y la amistad.
A través de esta experiencia, pude observar cómo los niños, al sentirse
valorados y respetados, respondieron con entusiasmo y compromiso;
esta vivencia reafirmó mi convicción de que, como futuros educadores,
tenemos la responsabilidad de fomentar un ambiente donde los
estudiantes se sientan seguros y valorados. La dedicación y el empeño
que pongamos en nuestras actividades pueden marcar una diferencia
significativa en su desarrollo personal y académico. En definitiva, esta
experiencia me enseñó que, con el enfoque adecuado, es posible
transformar el aula en un espacio de crecimiento y aprendizaje
compartido, donde cada niño pueda brillar con luz propia, al igual que la
estrella que creamos juntos.