SESION 4 – VALIENTE
Introducción
A veces en la Biblia, la gente parece escuchan a Dios claramente. Leemos, "Dios
dijo esto, Dios dijo lo otro". Yo me pregunto, ¿cómo lograron un oído espiritual tan
agudo? Eso le sucedió a Josué. Cuando toda la generación de israelitas que
escaparon de Egipto hubo muerto vagando por el desierto, Dios finalmente le dijo
a Josué que cruzara el Jordán y tomara la tierra que les había prometido. La tierra
no estaba vacía, estaba llena de gente que no quería marcharse. Algunos de ellos
eran muy grandes, daban miedo y tenían un terrible arsenal de armas.
Dios dice (Efesios 2:10). Aún si sientes que has estado vagando sin rumbo por el
desierto durante años.
Al igual que los israelitas, Dios tiene cosas preparadas para ti. ¿Cómo te sientes
cuando te digo eso? Creo que nos hacemos una idea de cómo se sintió Josué por
lo que Dios le dijo a continuación: "Así como estuve con Moisés, así estaré
contigo. No te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente". Y Dios repite:" Solo
sé fuerte y muy valiente. Y Dios le da instrucciones, "procura hacer todo lo que
esta escrito en la ley que Moisés mi siervo, te mandó, no te apartes de ella ni a
diestra ni a siniestra, para que tengas éxito donde quiera que vayas". Dios repite
una tercera vez: "Sé fuerte y valiente". Josué 1:1-9
¿Qué nos dice Dios a nosotros? en Hebreos 13:5
Nosotros también podemos fijar nuestros ojos en la verdad que él nunca nos deja
ni nos abandona. De hecho, es muy poderoso en el idioma original - nunca jamás
te dejaré, nunca jamás te abandonaré. Así de fuerte es.
Pero, ¿cómo lo ponemos en práctica?
En esta sesión veremos cómo Dios nos da su gracia para liberarnos del temor que
nos impide vivir por fe en el amor de Dios.
Echemos un vistazo a lo que es el temor. En su esencia, el temor es una reacción
emocional que desencadena una respuesta física en nuestros cuerpos. Proviene
de la percepción de un peligro o daño inminente. Se activa cuando nos
enfrentamos a algo que parece ser peligroso o perjudicial. Lo que sucede
entonces es que nuestro cerebro evalúa rápidamente si es mejor quedarse y
pelear o huir (lo que se denomina la reacción "lucha o huida"). Luego envía una
señal a nuestras glándulas suprarrenales, las cuales envían hormonas a todo el
cuerpo para reaccionar rápidamente y así protegernos del peligro.
En realidad, el temor no es necesariamente malo. Necesitamos tener un temor
sano
hacia las cosas que nos pueden hacer daño. El temor saludable es el temor que
tiene sentido.
Pero también hay un temor malsano. Ese temor no es una respuesta razonable a
las circunstancias.
Los temores malsanos nos roban la paz y ahogan nuestro gozo. Nos comprimen
como los anillos de una boa constrictora o de una pitón.
Los temores funcionan así, reduciendo poco a poco el mundo de sus víctimas. Por
ejemplo, alguien con temor a las alturas puede tomar una ruta alternativa al trabajo
para evitar cruzar un puente. O si eso no es posible, deja ese trabajo y toma otro
más cerca de casa para no lidiar con las alturas. Los que sufren de temor a las
alturas, por ejemplo, evitarán ciertos lugares si implica pasar por un puente o no
van de turismo a las montañas y así sucesivamente. Su vida se verá cada vez
más restringida.
Los temores más severos se conocen como fobias. Suelen ser el resultado de un
trauma o de ejemplos negativos de los padres o, a veces, son mentiras del
maligno que se han creído
En realidad los temores pueden ser tan asfixiantes que sus víctimas desarrollan
agorafobia, que es literalmente, el "temor al mercado". Temen ir a cualquier sitio
por
miedo a sufrir un ataque de pánico. Con el tiempo, su mundo puede reducirse a su
casa o habitación.
¿Qué ves cuando observas el terreno que Dios
quiere que tomes; ¿las cosas que Dios quiere que hagas?
temor de hablar de Jesús,
temor a Satanás y a sus demonios,
tememos no tener dinero.
temor al fracaso
Puede que esos temores se vuelvan parte de nuestra vida y llegamos a creer que
somos así. Pero ellos nos impiden ser lo que Dios quiere que seamos. La buena
noticia es que todo temor malsano, por muy severo que sea, puede resolverse con
la gracia y la verdad de Cristo.
2 Timoteo 1:7 dice: «Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de
poder, de amor y de dominio propio». Poder, amor y dominio propio. Estos tres
dones (regalos) de Dios -dones de su gracia- son justo lo que necesitamos para
asestar un golpe mortal a los temores malsanos.
Primeramente, observa que el versículo está en tiempo pasado. Dios ya nos ha
dado este espíritu de poder, amor y dominio propio. Si eres cristiano, no necesitas
orar para recibirlo; es algo que necesitas aprender a usar. El temor nos quita el
poder. Nos debilita y nos inmoviliza.
El temor también impide que el amor nos motive. Por definición, el amor se centra
en los demás, pero cuando el temor te amenaza, sólo puedes pensar en ti mismo,
tu propia seguridad, tu propia protección. Y el temor afecta nuestro dominio propio.
Nos confunde, nos impide pensar con claridad y nos abruma. Terminamos
pensando
únicamente en el objeto de nuestro temor. Pero recuerda, Dios no nos ha dado un
espíritu cobarde. Nos ha dado un espíritu valiente y cuando actuamos bajo el
temor, no actuamos de acuerdo con la verdad de quienes somos.
El valor, por cierto, no es la ausencia de temor. No es pecado sentir temor, es
humano. El valor es hacer lo correcto incluso cuando tenemos temor. El problema
viene cuando permitimos que ese temor nos controle y nos restrinja.
Tener valor frente al temor es lo correcto. A la luz de 2 Timoteo 1:7, vemos
brevemente el poder, amor y dominio propio que Dios en su gracia nos ha dado y
cómo utilizarlos. Ante todo, Dios nos ha otorgado, por su gracia, el don del poder.
Piensa en el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos. ¡Eso sí que es
poder! El acto más poderoso del universo y de la Biblia. Nos asegura que el
mismo poder que resucitó a Cristo de entre los muertos vive en nosotros por el
Espíritu Santo.
El segundo regalo que la gracia de Dios te ofrece es el amor.
1 Juan 4:17-18, "En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el
temor. El que teme espera el castigo, por lo que no ha sido perfeccionado en el
amor".
El temor a no ser amado por Dios, a perder el amor de Dios, o a no ser amado
nunca por otros nos lleva al egocentrismo. Y nos impide extender gracia a los
demás porque no podemos dar lo que no tenemos.
Además del poder y el amor, está el dominio propio, a veces traducido como
«buen juicio». Todos nos encontramos en una batalla espiritual. Básicamente es
una batalla entre la verdad y la mentira. Pero ¿cuál es el campo de batalla? Es
nuestra mente.
Para que un temor sea sano y legítimo, el objeto de temor debe tener dos
atributos. Tiene que estar presente. Tiene que ser poderoso. En otras palabras,
tiene que estar cerca y debe ser capaz de hacernos daño.
El punto al que quiero llegar es este: si neutralizas uno de esos atributos, solo uno,
eliminas el temor. ¿Cómo rompes el dominio de un temor malsano sobre tu
mente? Tienes que eliminar uno de esos dos atributos, ya sea su presencia o su
poder.
Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Si quieres ser liberado
de un temor, pídele a Dios que te revele la mentira que hay detrás de él.
Pablo dice: "Sed transformados mediante la renovación de vuestra mente".
Veamos cómo ponerlo en práctica.
temor a la muerte
temor a los demás
temor al hombre
temor a la enfermedad.
Si resolvemos esos temores creo que resolveremos también una cantidad de otros
temores. ¡Manos a la obra!
El temor a la muerte es el segundo temor más común.
¿Sabes cuál es el primero? El temor a hablar en público.
Hebreos 2: 14,15 dice que Cristo murió «… para anular, mediante la muerte, al
que tiene el dominio de la muerte, -es decir, al diablo- y librar a todos los que por
temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida». La muerte
ha sido derrotada y con ella el temor a la muerte. El temor esclaviza pero conocer
la verdad marca la diferencia.
1 Corintios 15: "La muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh
muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte
es el pecado y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la
victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!"
declaración sorprendente de Pablo sobre la muerte: «Porque para mí el vivir es
Cristo, y el morir es ganancia».
Detrás de cada temor malsano hay una mentira. Con "mentira" queremos decir
todo lo que contradice lo que Dios dice en la Biblia.
¿No es estupendo saber que los temores malsanos que nos controlan pueden
vencerse en Cristo? Veamos el otro temor que mencionamos, el temor a los
demás o el "temor al hombre". ¡Aunque hay mujeres bastante aterradoras! Muchos
tememos levantar la voz, compartir nuestra fe, posicionarnos ante los demás, ser
nosotros mismos.
Proverbios 29:25 dice: "Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que
confía en el Señor sale bien librado".
Queremos decir que si eres un buen empleado y tu jefe empieza a exigirte que
hagas algo indebido o inmoral, entonces debes obedecer a Dios antes que a los
hombres. "Lo siento. No puedo mentir por usted". "Pues encontraré a otro que lo
haga". "Esa es su decisión. Yo quiero ser un buen empleado pero no mentiré por
usted". Sí, puede que te despida, pero puedes confiar que Dios cuidará de ti, y lo
hará. Porque hay un jefe por encima de tu jefe, que tiene el control. Tu Padre
celestial.
Entonces, ¿esa amenaza de ser rechazado por los demás es tan poderosa como
creemos? Dios no quiere que nos aislemos de los demás. Él quiere que nos
involucremos activamente con la gente, que seamos sal y luz en este mundo.
Jesús dijo: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a
su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida,
no puede ser mi discípulo». (Lucas 14:26). Elegiremos hacer lo correcto.
En el Salmo 56:11, David se pregunta, «¿Qué puede hacerme un simple mortal?»
Su respuesta es «nada». Y lo interesante es que en ese momento él no estaba
sentado como rey en la comodidad de su lujoso palacio.
Es un hecho que todos tenemos que luchar con temores malsanos. Es parte de la
vida. Ser valientes significa que optamos actuar según la verdad y no de acuerdo
a lo que dictan nuestros sentimientos. Veamos un plan de acción para hacerles
frente. Será emocionante si luchas con el temor.
En primer lugar, tenemos
que resolver los asuntos
relacionados al pecado.
Es bueno darnos cuenta de que cometer un error o incluso pecar no nos hace
malas personas, nos hace humanos. Y cuando reconocemos nuestros errores y
pecados, Dios nos perdona y otorga gracia a otros para perdonarnos, porque
somos humanos al igual que ellos.
1 Juan 1: 9. El pasaje dice: "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y
justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad". ¿Te das cuenta? ¡Fíjate en lo
que dice aquí! Que cuando confesamos, Dios nos perdona. Ese es su antídoto
para la culpa. Pero también nos limpia. Ese es su antídoto para la vergüenza. ¿No
es genial? Vivir en la culpa y la vergüenza producirá temor en nuestra vida.
Entender y vivir en la gracia de Dios, en su presencia todopoderosa, es el antídoto
contra la culpa, la vergüenza y el temor.
En 2do lugar, reconoce que solo existe
un temor que es siempre saludable
y es el temor de Dios.
Romanos 8: 14-15 «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son
hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu que de nuevo os esclavice
al miedo, sino el Espíritu que os adopta como hijos y os permite clamar: — ¡Abba!
¡Padre!» ¿Eso te suena a un temor de Dios estremecedor y desconfiado? ¡De
ninguna manera!
En Cristo no hemos recibido un espíritu que nos esclavice y atemorice. Estamos
bajo la gracia de Dios. Somos sus hijos e hijas, y el Espíritu Santo nos impulsa a
gritar como un niño pequeño cuando su papá llega: "¡papá!".
"Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán. Mi alma se
gloría en el Señor; lo oirán los humildes y se alegrarán. Engrandece al Señor
conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y él me respondió y me
libró de todos mis temores." Salmo 34:1-4
El temor a Dios comienza al reconocer quién es él. Y ese también es el antídoto
más poderoso ante todo temor malsano: comprender la verdad de que ese Dios
de gracia, omnisciente, omnipresente, omnipotente y amoroso está aquí con
nosotros y, en nosotros. Y la mejor manera de agradecerle es adorarle. Piensa en
la última vez que experimentaste el gozo de alabar y adorar a Dios. ¿Tenías
temor? ¡Claro que no! Estabas tan concentrado en él que no había lugar para el
temor, ¡solo para la fe! David dijo:" Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios
siempre lo alabarán." Desarrollar un estilo de vida de alabanza y adoración nos
ayudará a superar el temor.
3er paso para resolver los temores
malsanos es descubrir
la mentira detrás de ellos.
Recuerda, lo hemos dicho varias veces, que detrás de cada temor malsano hay
una mentira. Para erradicar el temor, debemos identificar la mentira. Y no es
simplemente un ejercicio psicológico o académico, es un ejercicio espiritual en el
que le pedimos sabiduría a Dios.
Obtener esa sabiduría puede generar oposición del enemigo. Nos guste o no,
todos libramos una batalla espiritual con Satanás, a quien la Biblia llama «el padre
de la mentira». Hará lo posible para mantenernos atrapados en sus mentiras.
Puede que a la mera mención del nombre de Satanás se te ponga la piel de
gallina.
Efesios 2:6 explica que estamos sentados con Cristo. ¿Y dónde está Él? A la
diestra del Padre, muy por encima de todo poder y autoridad.
Santiago 4:7 dice que si nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, él huirá de
nosotros. No se marchará tranquilamente. ¡Saldrá corriendo!
Descubrimos cuál es la mentira comparándola con lo que Dios dice que es verdad
en su Palabra. Recuerda, sin embargo, que al principio la mentira, te parecerá
verdadera a nivel de sentimientos. Por lo tanto es bueno pedir ayuda con esto.
El paso final es
renovar tu mente.
En Romanos 12:2 Pablo dice que esto producirá
transformación en nosotros -una palabra fuerte. Imagina por un minuto, cómo
sería tu vida si los temores malsanos no te controlaran o limitaran. ¿Lo llamarías
una transformación? Casi todos responderíamos que sí. Cuando una mentira se
arraiga
profundamente, se convierte en una fortaleza, un bastión; una forma habitual de
pensar que contradice lo que Dios dice en su palabra. Es como una muralla en tu
mente que te impide seguir el camino que Dios quiere. Pero si lo atacas
repetidamente con la fuerza de la palabra de Dios, colapsará. Y serás
transformado.
Una fortaleza es todo lo que tiene control sobre ti y los temores caen en esa
categoría. Y ¿cómo renuevas tu mente en la práctica? Tenemos una estrategia
llamada 'Demoledor de Bastiones o fortalezas', para experimentar la gracia de
Dios, pero ahora te daré una idea. En primer lugar, debes encontrar la mentira
detrás del temor o la mentira que te lleva a pecar o todo pensamiento erróneo.
Puedes describir el efecto de esa mentira en tu vida para estimularte a perseverar.
Terminemos esta charla con un relato en el que los discípulos aprendieron a no
temer a pesar de circunstancias bastante aterradoras. Jesús pasó un día entero
enseñando y cuando oscureció, subió a un bote con sus discípulos y dijo:
"Pasemos al otro lado".
Así que navegaron por el mar de Galilea, unas aguas muy traicioneras. Como
solía ocurrir en ese lago, un viento feroz se desató sobre ellos. Jesús estaba en la
popa del bote, dormido, y lo despertaron. Estoy seguro de que lo sacudieron y le
gritaron:
— ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?
Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar:
— ¡Silencio! ¡Cálmate!
El viento se calmó y hubo tranquilidad.
— ¿Por qué tenéis tanto miedo? —Dijo a sus discípulos—. ¿Aún no tenéis fe?
Espantados, se decían unos a otros: — ¿Quién es éste, que hasta el viento y el
mar le obedecen? (Marcos 4: 38-41)
Los discípulos eran pescadores profesionales pero incluso ellos temieron
ahogarse.
Habrá sido una tormenta feroz. ¿Por qué les reprendió Jesús por su falta de fe?
Recuerda lo que Jesús dijo antes de cruzar el lago: "Pasemos al otro lado".
Cuando Jesús dice que vamos a hacer algo, va en serio. Como una promesa.
Jesús estaba en efecto diciéndoles "¿No confiáis en mi palabra? ¿No creéis lo que
digo?" En Hebreos 13:5 Dios nos dice de forma firme y clara: «Nunca te dejaré ni
te abandonaré». Esas palabras de Dios se ponen a prueba cuando nuestras
circunstancias y sentimientos nos gritan todo lo contrario.
Te planteamos la pregunta: "¿Vas a creer lo que dice la Palabra de Dios acerca de
ti? ¿O vas a creer lo que tus experiencias pasadas dicen de ti?" Bueno, hagamos
una pregunta similar en relación al temor: "¿Vas a creer lo que la Palabra de Dios
dice acerca de ti? ¿O vas a creer lo que te dicen tus circunstancias? "No asumas,
por cierto, que si tus circunstancias son difíciles, algo va mal. A menos que las
circunstancias difíciles que enfrentamos sean resultado de nuestro pecado,
probablemente estén ahí para ayudarnos a crecer.
«No dudes en la oscuridad lo que Dios te mostró en la luz». En otras palabras,
cuando surjan dificultades, no asumas que escuchaste mal a Dios. Confía en lo
que te dijo cuando las cosas iban bien y persevera. La madurez que desarrollas en
esos momentos es seguramente lo que necesitarás en el lugar al que Dios te ha
llamado.
El temor es lo opuesto a la fe y la fe es simplemente la decisión de creer que lo
que Dios nos ha dicho en su palabra es verdad.
Pero él hubiera muerto por ti si hubieras sido el único que lo necesitaba. Tanto le
importas a Dios. Dios está contigo y no importa lo que el mundo te haga, tienes a
Jesús de tu lado. Entonces no hay que temer. Sal y haz las cosas que él ha
preparado para ti. ¡Toma la tierra que él quiere que tomes! "Sé fuerte y valiente.
¡No
tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará
dondequiera que vayas». (Josué 1: 9)