Románico en Ávila: Historia y Arquitectura
Románico en Ávila: Historia y Arquitectura
ÁVILA
Dirección
Miguel Ángel García Guinea
José María Pérez González
Coordinación
José Luis Gutiérrez Robledo
AGUILAR DE CAMPOO
2002
00. Primeras 11/2/08 12:49 Página 6
Agradecimientos
El equipo de la Enciclopedia del Románico en Castilla y León quiere dejar constancia de su agradecimiento a todas las personas e
instituciones que han hecho posible su trabajo, y de modo particular a los siguientes:
Con el patrocinio de
Con la colaboración de
OBISPADO DE ÁVILA
Si por período románico se entiende el tiempo durante el cual se construyeron unas determi-
nadas obras, sobre todo de carácter religioso, de acuerdo con unos criterios formales simila-
res y con suficiente coherencia como para poder ser abarcadas todas ellas bajo la misma deno-
minación, parece seguro que aquél se prolongó en el conjunto europeo occidental, con todos
los matices y desfases que se quiera, desde las décadas inaugurales del segundo milenio hasta
bien entrado el siglo XIII. Una fase histórica, por otro lado, trascendental para territorios como
el abulense durante la cual éstos dejaron de ser tierras de nadie y sin control por parte de
musulmanes o de cristianos para convertirse en unos espacios fronterizos y de vanguardia,
anclados en el mundo cristiano y que experimentaron cambios muy profundos, en los cuales
hunden sus raíces los actuales paisajes y tramas urbanos y rurales y algunas arquitecturas toda-
vía hoy visibles. En otras palabras, aunque en ciertos casos se puedan rastrear orígenes muy
remotos para algunas poblaciones abulenses, no hay duda de que fue durante este período
medieval cuando la mayoría de éstas fueron fundadas o lograron consolidarse.
Aunque siga siendo objeto de controversia la existencia de demasiadas fisuras que rom-
pen en muchos casos la supuesta homogeneidad que se pretende indicar con el artificio con-
ceptual que implica el empleo de la palabra románico, está claro que la utilización de este
vocablo remite a un estilo artístico relativamente unitario, sobre todo en las más habituales de
sus manifestaciones arquitectónicas, que se extendió y aplicó, con sustanciales modificaciones
regionales y locales, por todas las áreas europeas y cristianas bajo influencia romana. En defi-
nitiva, hablar de románico es tanto como referirse a una fase plurisecular e internacional de
creación y utilización de unos parámetros artísticos, y en especial arquitectónicos y ornamenta-
les, mediante los cuales se dieron respuestas bastante novedosas a unas exigencias colectivas
y demandas espirituales de una sociedad nueva y diferente respecto a su inmediato pasado.
En el caso abulense no cabe duda de que tales transformaciones sólo fueron posibles tras unos
cambios sociales radicales.
En el territorio medieval abulense, considerando como tal los tres arcedianatos que desde
antes de mediados del siglo XII ya constituían el espacio de la nueva diócesis, tales novedades
artísticas lo son, mucho más que en otras zonas castellanas más septentrionales, también desde
el punto de vista histórico. Si las manifestaciones arquitectónicas, reflejadas todavía hoy con el
comienzo de la construcción, en la capital episcopal, de las cabeceras de las iglesias románi-
cas de San Vicente y San Pedro en torno al año 1120, suponen un cambio profundo en cuanto a
formas de expresión y de ordenación de espacios religiosos, es evidente que éstas responden
no sólo a la difusión y aceptación de unos modelos formales propios de un estilo entonces en
boga, sino también a unos hechos sociales que la definitiva conquista cristiana y la inclusión de
la tierra conquistada en la órbita del Reino castellano-leonés hicieron posibles. En este senti-
do, un rápido repaso de la situación anterior y la sucinta explicación de fenómenos como
los de la conquista militar, con espectaculares avances castellanos a costa de los musulmanes,
y los de colonización y repoblación, al lado del de feudalización, resultan imprescindibles
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 20
para intentar comprender muchas de las peculiaridades del románico abulense, tanto en piedra
como en ladrillo, su distribución geográfica y el relativo retraso en su aplicación.
A pesar de lo que una cierta literatura, excesivamente localista, ha pretendido hacer
creer, no es cierto que en nuestro territorio entre las primeras décadas del siglo VIII y las últi-
mas del XI, es decir, entre el súbito final del Reino visigodo de Toledo, como consecuencia de
la invasión islámica, y la entrada en esta ciudad de las tropas castellanas en 1085, se sucedie-
ran varios siglos de pérdidas y efímeras reconquistas por parte de los cristianos. Esta imagen
de Ávila y de sus comarcas, sufriendo toda clase de vejaciones a causa de las alternativas de la
guerra y viéndose a cada paso perdidas y reconquistadas, es mera fantasía que desde que Cian-
ca en 1595 y Ariz en 1607 publicaran sus conocidas obras no ha dejado de repetirse hasta con-
vertirse en un tópico, gracias a su interesada aceptación y difusión por muchos eruditos loca-
les. Según una de las más acabadas versiones de este tipo de descripciones –la que ofreció
Méndez Silva en 1645–, que como el resto de las mismas debe ser desechada de inmediato,
durante este largo período altomedieval, calificado por el benedictino Ariz como de “calami-
dades”, nuestra ciudad, que “era colonia en tiempos de romanos y, estando desierta, la mandó
habitar el rey Alonso Sexto al conde don Ramón año 1083 ó 1089, acabándose 1093... cinco
vezes se ganó de moros, primera Alonso el Católico año 748, segunda Alonso Tercero 864,
tercera Ramiro Segundo, quarta el conde Garci Fernández 981, quinta el conde don Sancho
992”. Así pues, de acuerdo con esta clase de interpretaciones, una cierta estabilidad del pobla-
miento, acompañado del mantenimiento de viejas estructuras sociales, que irían evolucionan-
do, habría marcado la tónica durante varios siglos. Pero nada más lejos de la realidad.
A este respecto, se debe prescindir también de toda una serie de datos carentes del más
mínimo fundamento, mediante los cuales supuestos estudiosos del pasado abulense pretenden
que la ciudad del Adaja, durante este prolongado período, contó con una población de cris-
tianos que pagarían regularmente tributos a los musulmanes y tendrían centros de culto per-
manente en las iglesias de Santa María la Vieja y de San Segundo, donde además perviviría,
no obstante las múltiples adversidades, la antigua sede episcopal, con un prelado abulense de
nombre Pedro, que participaría en el 825 en la supuesta batalla de Clavijo, y de otro, llamado
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 21
Vicencio, quien firmaría el año 934 el famoso privilegio de los votos concedidos por el conde
castellano Fernán González al monasterio riojano de San Millán y durante cuyo pontificado,
en acción de gracias por la victoria cristiana en la batalla de Simancas, se mandaría construir
una primitiva iglesia dedicada a San Salvador, donde más tarde y con la misma advocación se
levantaría la catedral abulense. La fabulación, como se observará sólo con los ejemplos cita-
dos, puede llegar a extremos insospechados. Y en la misma línea de elucubraciones sin senti-
do, y por tanto como disparatadas e indemostrables, cabe colocar las afirmaciones, también
de sendos eruditos locales, según las cuales El Barco –donde la imaginación llevó incluso a
situar la temprana construcción de una mezquita– y sus alrededores permanecieron varias cen-
turias bajo dominio islámico ininterrumpido, mientras que, por el contrario, Arévalo, en cuyos
muros se habrían refugiado segovianos y abulenses huyendo del terror agareno, sería rescata-
da por Alfonso I en el año 746 no volviéndose a perder jamás.
Lo único seguro es que ningún lugar de la zona, en el transcurso de tantos siglos, fue obje-
tivo militar importante ni de los leoneses ni de los musulmanes. Las profundas incursiones
contra el enemigo, comenzando por la que Ordoño II dirigió en el 915 contra Saktan, lugar
fortificado y situado cerca de Talavera, que al parecer fue abandonado entonces por sus pobla-
dores beréberes, el ataque realizado en el 942 por un conde salmantino, llamado Bermudo
Núñez, contra la misma fortaleza, siendo repelido en alguno de los puertos de Gredos, o la
ocasional presencia en Ávila del también conde Fernando Flaínez, cuando en el año 975 se
preparaba para atacar Toledo, no pueden, en ningún caso, considerarse como ejemplos de
otras tantas reconquistas cristianas.
Las expediciones organizadas por el bando musulmán tampoco tuvieron como propósito
su recuperación. El itinerario seguido por el ejército del primer califa cordobés, Abderramán III,
en dirección a Simancas en el año 939, no prestó ninguna atención a nuestra ciudad; sus tropas,
tras franquear el puerto de Tablada, se dirigieron directamente al norte, pasando por Villacas-
tín, Arévalo, Olmedo y Alcazarén, y, ya de retirada, fueron remontando el curso del Duero sin
volver a pisar de nuevo ningún punto de llanura situada al norte de Ávila. Ni siquiera en la larga
lista de lugares atacados por Almanzor en las campañas que durante varias décadas organizó
casi todas las primaveras y veranos aparece alguna localidad correspondiente a la geografía
medieval abulense. La noticia, según la cual hacia el año 994 las tropas del caudillo amirí
“vinieron correr tierra de cristianos et prisieron a Ávila, que se poblava estonces, et destruyé-
ronla”, sólo es recogida por una fuente castellana tardía y ha de ser puesta en tela de juicio. En
definitiva, los indicios sobre continuidades sociales e institucionales, sólo afectadas e inte-
rrumpidas de manera ocasional por la constante alternancia entre musulmanes y cristianos en
cuanto a su dominio político y militar de la zona, son demasiado débiles.
Pero negar la total continuidad no significa afirmar la ruptura completa con el pasado.
Los matices son importantes. La tesis sobre la creación de un desierto estratégico en el valle
del Duero a mediados del siglo VIII por parte de los primeros reyes astures, con el premedi-
tado fin de entorpecer las acometidas islámicas, origen de las diversas interpretaciones que
han insistido hasta hace muy poco en la despoblación absoluta de la mayor parte de la cuen-
ca de dicho río –pese a lo que se ha imaginado tantas veces a primera vista y, consecuente-
mente, se dio por válido– carece de argumentos sólidos. Sobre todo los registros filológicos
y arqueológicos, junto con algunos textos, no dejan lugar a dudas acerca de las pervivencias
demográficas y del mantenimiento de bastantes núcleos de población durante tan larga etapa
como la altomedieval.
En la lista de nombres medievales de los pueblos que integraban el obispado abulense se
reconocen muchos topónimos cuya introducción tiene que remontarse necesariamente a perío-
dos anteriores a los de la definitiva conquista cristiana. A una etapa muy antigua correspon-
den nombres del tipo de Arévalo o Cantiveros, parecen latinos de la etapa de romanización
Constanzana y Baterna, son germánicos Ataquines, Palacios de Goda y Pozáldez, de filiación
norteafricana deben ser Magazos, Adaja y Ajates, tal vez sean de etimología árabe Alcazarén,
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 22
Almar y Almenara y mozárabes autóctonos son Muriel, Bercimuel y Zapardiel. Por otra parte,
las escasas excavaciones realizadas han exhumado ya suficientes restos materiales como para
confirmar una clara continuidad de la ocupación y los asentamientos humanos, por lo menos
desde época tardorromana, en especial en diversos rincones de la llanura norte. Las tumbas
rupestres antropomorfas, que probablemente datan del período altomedieval –aunque su cro-
nología está siendo sometida a una interesante revisión–, aparecen un poco por todas partes
y de modo concentrado, como es lógico, en las zonas de contacto entre el llano y las sierras.
En todo caso, estos y otros testimonios, que pueden interpretarse en el sentido de un pobla-
miento continuado, no demuestran la perduración secular de determinadas estructuras socia-
les ni de ninguna clase de instituciones. La ruptura, en consecuencia, aunque incompleta, sería
decisiva y duraría demasiado, teniendo consecuencias tal vez distintas a ambas vertientes de las
sierras del Sistema Central.
La parte sur, acaso con una población prácticamente insignificante, quedó dentro del área
islámica. Las montañas del centro de la Península –los durub de las fuentes árabes– fueron el
límite político y militar de los musulmanes frente a los cristianos, incluso en las fases de máxi-
mo esplendor y mayor poderío de aquéllos. Lo expresa de forma muy gráfica el geógrafo al-
Bakri, cuando escribe: “la ciudad de Talavera es el punto más lejano de las marcas de los musul-
Rasueros manes, y una de las puertas de entrada a la tierra de los
politeístas”. Así pues, cuando las tropas islámicas sobre-
pasaron los desfiladeros serranos no pretendieron nunca
conquistar o controlar de modo duradero ninguna zona
situada al norte de las montañas centrales.
El endémico problema planteado por las constantes
revueltas toledanas frente al poder central cordobés, junto
a las cada vez más frecuentes incursiones cristianas hacia
la vega media del Tajo, debieron terminar por definir lo
que luego sería el espacio meridional abulense como una
zona fronteriza, erizada de pequeñas fortalezas y atala-
yas, con escaso número de aldeas y habitadas mayorita-
riamente por poblaciones arabizadas, tanto de muladíes
como mozárabes. Los nombres de los ríos Alberche y
Gaznata, de ascendencia arábiga, o Tiétar y Guadyerbas,
con tratamientos fonéticos típicamente mozárabes, así
lo acreditan. Pero hay más. Según una crónica cristiana
en el año 910 el rey García, de regreso tras una correría
contra los musulmanes toledanos, pasó por Altrémulo, nom-
bre de etimología mozárabe que se mantiene en la actua-
lidad, apenas alterado, en el del pueblo abulense llama-
do aún El Tiemblo. En todo caso, la decisión califal del
937-940 para reabastecer y rearmar con guarniciones
permanentes el tramo comprendido entre Atienza y
Talavera debió ser definitiva a la hora de la conversión del
sector en escenario fronterizo. Una sólida línea defensiva,
frente al peligro de los ataques cristianos y como cordón
sanitario capaz de hacer más difíciles los apoyos de éstos
a los rebeldes toledanos, se consolidó al sur y sureste de
las tierras abulenses.
Por el contrario, las comarcas de la vertiente sep-
tentrional, situadas entre el curso del Duero y la sierra de
Gredos, nunca formaron parte de los dominios islámicos
y se acabaron convirtiendo desde fechas tempranas en
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 23
se encaminó Fernando I, hacia el año 1063, para recoger las reliquias de San Vicente y sus her-
manas, que los indígenas mozárabes debían venerar, procediendo a su inmediato traslado
hasta lugares más seguros del norte de sus reinos. Un cronicón lo relata con detalle: rex Frede-
nandus... fecit translationem sanctorum martyrum Vicentii, Sabinae et Christetae ab Abela, Vicentii in Legionem,
Sabinae in Palentiam et Christetae in Sanctum Petrum de Arlanza.
Incluso en vísperas ya de la conquista definitiva, durante el reinado de Fernando I (1037-
1065), casi todo debía continuar como en siglos anteriores. La vieja capital quizá se encon-
traba en un estado ruinoso y gran parte de los territorios que tal vez cayeran bajo su radio de
acción en las postrimerías de la época visigoda –período durante el cual sabemos de la existen-
cia de una sede episcopal en ella y conocemos los nombres de sus sucesivos titulares– carecían
aún de cualquier clase de aparatos de dominio ideológico, institucional o político. La inesta-
bilidad y la desorganización social todavía estaban vigentes, es decir, se daría una situación
que palabras como “despoblada” y “yerma”, repetidas en fuentes escritas posteriores, parecen
querer destacar. Por lo tanto, aunque no se produjo un vacío total, está claro que la anterior
organización social e institucional había desaparecido por completo. Unos grupos segmenta-
rios, con fuerte fragmentación territorial y apenas articulación social, daban la tónica.
Sólo en los límites septentrionales del posterior obispado, en una franja de terreno pró-
xima al curso del Duero, una ordenación social y del poblamiento con asentamientos fijos y
organizados ya se había consolidado. El incremento demográfico, quizá acelerado por una
silenciosa emigración popular que cada vez con mayor facilidad iría desbordando la línea de
dicho río, había hecho posible la aparición de nuevas aldeas, hacia las cuales los poderes esta-
blecidos muy pronto empezaron a echar sus miradas. De ejemplo ha de servir el pueblo de
Sieteiglesias, en la confluencia del Adaja con el Eresma, lugar concedido por el monarca San-
cho el Mayor en el año 1037 a la recién restaurada diócesis palentina.
Así pues, será la conquista cristiana de Toledo en 1085 el acontecimiento y fecha que
abrirán las puertas a cambios espectaculares e irreversibles en el territorio abulense. Con el
desplazamiento de la frontera entre musulmanes y cristianos, lo que a la vez permitió el con-
trol definitivo de las tierras situadas más al norte, daba comienzo una etapa histórica nueva.
La zona no sólo cambió de manos desde el punto de vista militar sino que toda ella quedó
integrada, ahora sí, en un reino feudal y cristiano. La agresión castellana a costa de los musul-
manes permitió y exigió realizar tareas de reconstrucción demográfica y de ordenación polí-
tica, de repoblación y colonización, que pusieron las bases de una sociedad nueva, en la cual
apenas si se mantuvo un vago recuerdo de su pasado romano, gótico o altomedieval. De otro
lado, el traslado de la línea de hostilidades hasta el valle del Tajo y la formidable reacción
almorávide, con las victorias de éstos sobre los castellanos en Sagrajas el año 1086 y Uclés en
1108 y su recuperación de Talavera al año siguiente, sirvieron para definir un nuevo espacio
fronterizo, para dar un extraordinario valor social a quienes dispusieran o tuvieran una fun-
cionalidad militar y para marcar un desfase secular entre las comarcas ya aseguradas del norte,
la Extremadura del Duero, y las tierras situadas al sur de las montañas y expuestas a las incur-
siones enemigas, la llamada Transierra.
Dado que ya no se trataba de una simple razzia, resuelta mediante la captura de un deter-
minado botín o con el cobro de alguna clase de tributo, sino de una verdadera conquista o
reconquista –lo de menos es el término que se emplee–, la agresión feudal, en el sentido de
ampliación territorial y de integración en el reino vencedor, llevó aparejada la inmediata repo-
blación y ocupación de las zonas conquistadas. Si muchas comarcas abulenses habían per-
manecido durante varios siglos con poblaciones residuales y al margen de cualquier tipo de
articulación duradera, la creación de unos espacios sociales nuevos sólo era posible mediante
la puesta en marcha de una dinámica de reconstrucción demográfica capaz de generar unas
redes de poblamiento jerarquizadas y permanentes que sirvieran de soporte para generar unos
excedentes regulares, básicos para la producción y reproducción de la vida social. La monar-
quía castellana quizá fue la primera interesada. El obispo Pelayo de Oviedo en su crónica
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 25
homónima, redactada antes de mediados del siglo XII, alude a ello, cuando, hablando del rey
Alfonso VI, dice: populauit etiam totam Strematuram, castela et ciuitates Salamantica, Abelam, Cocam,
Areualo, Olmedo, Medinam, Secobicam, Iscar, Collar. Y un texto medieval extraordinario, cual es la
Crónica de la población de Ávila, lo cuenta con todo detalle en relación con la capital abulense:
“quando el conde don Remondo, por mandado del rey don Alfonso (que era su suegro) ovo
de poblar a Ávila, en la primera puebla vinieron gran compaña de buenos omes de Cincovi-
llas e de Lara e algunos de Covaleda. E los de Covaleda e de Lara veníen delante... E entre-
tanto vinieron otros muchos a poblar a Ávila, e señaladamente infançones e buenos omes de
Estrada e de los Brabezos e otros buenos omes de Castilla... E, porque los que vinieron de Cin-
covillas eran más que los ottros, la otra gente que era mucha que vino poblar en Ávila llamá-
ronlos serranos”. Por lo tanto, parece segura la directa participación del soberano y de sus
familiares en los tempranos comienzos de la repoblación.
Sin embargo, todo indica que se trató de un proceso secular básicamente popular, aun-
que quizá casi siempre estuvo fomentado y apoyado por los sucesivos monarcas. Los popula-
tores, según los últimos párrafos reproducidos, pero echando mano también de otros tipos de
testimonios –que no sólo se refieren a la ciudad sino a las áreas rurales–, fueron sobre todo
grupos completos de parientes y segmentos familiares que procedían del norte peninsular. La
participación de riojanos de la comarca de Cincovillas, situada en los cursos altos de los ríos
Najerilla e Iregua, de castellanos instalados en los bordes occidentales del Sistema Ibérico, en
concreto de las zonas de Lara y Covaleda, de gentes del primitivo solar castellano, de terri-
torios vascos o vasconizados y de las áreas asturianas más orientales, está fuera de dudas. El
cronista Ayora, que en 1519 publicó una pequeña historia local por encargo, recogiendo
datos de la tradición urbana, escribía: “Ávila tornó a ser poblada de muchas gentes nobles por
mandado del rey don Alonso el Sesto, que ganó a Toledo, el qual la ganó, y fueron sus pri-
meros pobladores de Lara, cabeça de Burgos, y de Castilla la Vieja, e assimismo vinieron gen-
tes de Covaleda y de las Cincovillas e algunos infançones, conviene a saber, hombres hijos-
dalgo que eran de Asturias, del linaje de los Estrada, y de los Bravojos, de antigua y noble
sangre, y los serranos generación muy señalada y hazañosa en las armas”. Naturalmente dicho
cronista exageraba en cuanto a la alcurnia noble e hidalga de los primeros repobladores, pero
no así en cuanto a sus orígenes.
Pero a todos éstos han de añadirse grupos humanos de otras procedencias. Es el caso de
los llegados desde el extremo noroccidental de la Península que dieron nombre a pueblos
como Hernangallego y Gallegos de Sobrinos, de palentinos que bautizaron a lugares como
Palenciana, de navarros que, rememorando sus lugares de salida, nombraron a las nuevas
aldeas donde ellos se terminaron asentando o que por ellos fueron fundadas con las expresi-
vas denominaciones de Narros del Castillo, Narros de Saldueña o Narros del Puerto, de ara-
goneses que llamaron a un pueblo abulense Berrocalejo de Aragona; asimismo, gentes de los
altos valles pirenaicos tuvieron que ser quienes impusieron sus actuales nombres a los pue-
blos de Bernúy de Zapardiel o Bernúy Salinero. No cabe duda de que todas estas naturas estu-
vieron presentes, con predominio de castellanos y riojanos y elevados porcentajes también
de asturleoneses, gallegos y vasconavarros, en el complejo proceso de la reconstrucción
demográfica y de reordenación social, que, sobre las poblaciones preexistentes, comenzó
antes de terminar el siglo XI y prosiguió, casi siempre en dirección norte-sur y con diversos
avatares, a lo largo de muchas décadas de la centuria siguiente. El resultado de tales flu-
jos migratorios acabó siendo un muy abundante número de pueblos de dimensiones diminu-
tas al norte de las primeras alineaciones montañosas, en los territorios de Olmedo y de Arévalo
y en el sector llano del abulense.
Asimismo, dado el carácter familiar de la emigración, muchas de las nuevas aldeas crea-
das en esta fase fueron conocidas por los nombres personales de sus fundadores. Entre los
numerosos ejemplos que podrían traerse a colación, baste con citar los de Blasconuño, Don-
jimeno, Gómez Román, Hernansancho, Blascomillán o Muñopepe. De otro lado, este abun-
dante tipo de antropónimos, usado tan a menudo para designar a los establecimientos rurales
que se levantaron a lo largo de esta etapa repobladora, permite entrever, en algunos casos, la
identidad de quienes dirigieron estos movimientos migratorios; un villicus in Castella, llamado
Gutierre Muñoz, se debió instalar después del año 1097 en el pueblo arevalense homónimo y
un senior in Ibriellos, conocido por Diego Álvaro, que figura en la documentación riojana entre
1073 y 1089, quizá jugara un papel esencial a la hora de bautizar con su nombre personal a la
aldea abulense así llamada. Y al carácter esencialmente familiar de esta migración, en relación
directa con los cabezas de grupo que se instalaron en la capital, se refiere un manuscrito inédi-
to de finales del siglo XVI, que conocemos como Segunda leyenda de Ávila, cuando dice que los
protagonistas de la repoblación urbana, que atendieron con prontitud a la llamada que reali-
zó el rey Alfonso VI, fueron Jimén Blázquez y su hermano Fortún, originarios de Salas, el bur-
galés Álvar Álvarez, el asturiano Sancho de Estrada, el navarro Juan Martínez de Abrojo y el viz-
caíno Sancho Zurraquines.
También hubo familias ultrapirenaicas que participaron tempranamente en la repoblación.
Aunque su porcentaje en el conjunto de naturas debió ser bajo desde el punto de vista cuanti-
tativo, revelando su presencia algunos nombres de pueblos como Marlín y Sanchofranco, su
importancia social e ideológica, formando parte del séquito del conde Raimundo de Borgoña,
quizá fue bastante grande, sobre todo por su asentamiento concentrado en los núcleos urbanos.
En el caso de Ávila el arrabal del norte, donde se levantó la iglesia de San Martín y se hallaba
la calle medieval conocida como de los Gascos, fue su establecimiento preferido.
Más problemática resulta la afluencia de mozárabes, mudéjares y judíos en fechas excesi-
vamente tempranas. Sólo del lado de las leyendas caen las afirmaciones de quienes sostienen
esta clase de hipótesis. La minoría hebrea, sin que podamos saber su procedencia, tuvo un asen-
tamiento exclusivamente urbano y sin duda ya estaba presente en la capital de la sede antes de
1145, año en que Alfonso VII donó a la nueva jerarquía diocesana la décima parte de ciertos
impuestos que le pagaban de manera regular tanto los cristianos como los grupos judíos abu-
lenses. En cuanto al resto de las minorías –sin duda llegadas desde el sur, aunque desconoce-
mos la cronología y el volumen de su emigración–, es indudable que los mozárabes perdieron
sus señas de identidad rápidamente y que las poblaciones islámicas, en su mayoría descendien-
tes de cautivos, apenas si sobrepasaron en su asentamiento los límites de los espacios urbanos.
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 27
Pero, si los restos románicos, en cualquiera de sus tipos, tamaños y trazas, tienen un de-
sigual reparto geográfico dentro del espacio diocesano, fruto del desfase cronológico en el
proceso secular de colonización y repoblación del territorio, es evidente que aquéllos cobran
su sentido pleno sólo cuando se tienen en cuenta ciertas peculiaridades de la simultánea diná-
mica histórica de su organización y desarrollo feudales. Las modalidades y ritmos de la repo-
blación acabaron consolidando la hegemonía de los pequeños productores directos e inde-
pendientes, de quienes en gran medida dependieron el crecimiento material, la obtención de
excedentes y la realización de la renta, haciendo insignificantes las prácticas jurídicas serviles.
La solidez de derechos de dominio útil sobre la tierra y otros medios de producción, con posi-
bilidades casi ilimitadas de enajenar, donar y cambiar su patrimonio por parte de sus titulares,
impidió la extensión de las formas clásicas de servidumbre. Sin embargo, no debe malinter-
pretarse este tipo de carencias, imaginándolo como indicio de un mundo idílico de libertad e
igualdad. El encauzamiento jerárquico de la población y la producción, los rígidos desniveles
sociales, las desigualdades legales y otros elementos propios de una sociedad feudal desde los
mismos comienzos de las emigraciones masivas y de la ocupación efectiva del territorio se fue-
ron afianzando a través de fórmulas multiformes que, aunque ensayadas antes más al norte de
los reinos cristianos peninsulares, cobraron aquí un dinamismo y una importancia extraordi-
narios. Para comprobarlo, nada mejor que pasar revista al proceso de creación y consolidación
de unos determinados aparatos feudales –caso de los concejos urbanos y del cabildo catedra-
licio–, y de los marcos territoriales específicos donde éstos, mediante procedimientos muy
diversos, hicieron efectiva su dominación social e ideológica, la cual por extensión se trasla-
dó también a niveles fiscales y políticos.
Si en términos históricos se puede decir que la lógica de la colonización resultó ineludi-
ble, es igualmente evidente que el proceso de feudalización del territorio conquistado fue
necesario. La conversión de un antiguo espacio abierto e inseguro en un sector integrado en
el Reino castellano-leonés, del cual ya siempre formó parte, exigió el desarrollo de unas for-
mas concretas y propias de la sociedad feudal para encauzar en un sentido determinado a la
población y la producción generada por ésta. Por otro lado, la perduración secular de la fron-
tera en el extremo meridional del término jurisdiccional abulense, sin apenas lograr sobrepa-
sar hasta la tercera década del siglo XIII el río Tajo por la presión militar de los almorávides,
primero, y de los almohades, después, además agravada con la apertura de un nuevo frente de
conflictos por sus bordes occidentales, con motivo de la separación de los Reinos de León y
de Castilla entre los años 1157 y 1230, sirvió desde muy pronto para dar un empuje definiti-
vo a la funcionalidad militar y de control ideológico, lo cual se tradujo en un encumbramien-
to social relativamente rápido de algunos grupos locales dedicados, al menos en teoría, a
defender a los demás o dotados de una capacidad de sanción ideológica y, por lo tanto, inte-
grados en las nuevas cúpulas religiosas diocesanas.
La incapacidad de la monarquía y de la vieja aristocracia de magnates para garantizar la
seguridad de la población, en paralelo con el simultáneo afianzamiento de las nuevas formas
de organización eclesiástica a partir de las parroquias y dentro de unos bien definidos límites
diocesanos –que la coetánea reforma gregoriana no dejó de estimular–, activaron mecanismos
bastante novedosos respecto a la discriminación interna y la jerarquización social desde el
momento mismo de la puesta en marcha del proceso de repoblación. El temprano desarrollo
de los concejos urbanos y de las mesas capitulares, que acabó cercenando cualquier tipo de
expansión de la nobleza magnaticia, consolidada desde mucho antes y con sustanciosos inte-
reses en el norte peninsular, así como la de los grandes monasterios, tan importantes en
comarcas situadas en la otra orilla de la cuenca del Duero, fue el fenómeno de mayor calado
y con más repercusiones posteriores. El mantenimiento de los rasgos característicos de fron-
tera durante tanto tiempo sirvió para ahondar, en el seno de las comunidades surgidas con
motivo de las repoblaciones, las originarias diferencias de fortuna hasta quedar transformadas en
desigualdades funcionales que acabarían recibiendo unos refrendos sociales, fiscales y legales.
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 29
Los guerreros-pastores, es decir, los caballeros villanos con fuertes intereses ganaderos, fueron
el grupo más favorecido, siendo ellos quienes terminarían controlando de hecho las decisivas
atribuciones que poco a poco pasaron a radicar en los órganos concejiles de los principales
núcleos cabeceros.
La Crónica de la población de Ávila, en el contexto de la urgente necesidad de organizar la
defensa de la ciudad y de las zonas que se estaban colonizando, destaca el importante papel
jugado por los guerreros, a los que llama serranos, aclarando cómo fueron éstos quienes “traba-
járonse en pleyto de armas e en defender a todos los ottros” y también cómo fue el propio
conde don Raimundo quien reconoció a los llamados serranos el monopolio de los cargos
concejiles, el control de los portillos, garantizándoles además la propiedad y la libre disposición
del botín capturado a los enemigos, a salvo del quinto que correspondía y debía entregarse al
rey o a quien éste determinara. Al margen de las dataciones y otros detalles recogidos en
la citada fuente narrativa –que llegan a extremos insospechados e increíbles en otros textos,
cual sería el caso de la Segunda leyenda de Ávila–, todo permite aventurar que desde fechas muy
tempranas y próximas a la conquista se comenzaría a dar prioridad a la función militar, con la
compensación del botín, y a las actividades ganaderas, destacando socialmente quienes se
dedicaban a esto. Del mismo modo, todo apunta hacia un decisivo papel desempeñado pron-
to por estos grupos de serranos en las instituciones concejiles, surgidas en el seno de las pro-
pias comunidades urbanas. En definitiva, superadas las primeras inseguridades y avanzadas las
fases iniciales de ocupación agraria y de reconstrucción demográfica, con nuevos núcleos de
población que acabarían por dibujar una estable red de poblamiento, la permanencia de la
frontera en los bordes meridionales del espacio controlado por la ciudad de Ávila permitió y
facilitó el ascenso social de una minoría de guerreros dentro del conjunto social y puso las
bases del rápido desarrollo y con fuerte contenido político de los concejos.
Sin embargo, los concejos urbanos tardaron en desplegar todas sus capacidades y tam-
poco los milites locales consiguieron el completo y excluyente monopolio de sus decisio-
nes desde el principio. El período que abarcan los reinados consecutivos de Urraca y de su
hijo Alfonso VII, desde 1109 hasta 1157, debió ser clave en el avance de tales cambios. En
efecto, cuando en el año 1103 –de acuerdo con un documento que parece interpolado– el
conjunto de vecinos de la capital abulense realiza una importante donación al monasterio de
San Millán de la Cogolla, centro religioso de las estribaciones de la sierra de la Demanda, muy
cerca, por tanto, de la comarca de Cincovillas, de donde eran originarios muchos de los serra-
nos instalados recientemente en Ávila, el concilium tiene todavía unos rasgos bastante simples,
asamblearios y arcaizantes, pudiendo actuar sólo tras recibir el beneplácito y la confirmación
del conde borgoñón. Y no deja de tener interés, en el mismo sentido, el hecho de que San-
cho III, durante su breve reinado (1157-1158), se viera obligado, al parecer, a revalidar el ejer-
cicio de las alcaldías y de otros oficios concejiles a la gente dedicada a defender al resto de los
pobladores, frente a las pretensiones y protestas de menestrales y ruanos. La consolidación
hegemónica de la caballería villana, de su control respecto a la toma de decisiones de los con-
cejos urbanos y de la enorme capacidad política adquirida por éstos, a costa del escaso des-
arrollo de los concejos rurales que quedaron completamente subordinados a aquéllos, es, en
consecuencia, el resultado de un largo proceso, sin duda fomentado y acelerado por la per-
manencia de la inseguridad fronteriza.
Los cambios de todo tipo que tal consolidación comportó, expresados mediante las fór-
mulas institucionales que los historiadores hemos convenido en llamar “comunidades de ciu-
dad o villa y tierra”, con selección del propio personal concejil por parte de los caballeros
locales, con la aparición de una fiscalidad y de unas atribuciones autónomas –al lado de las
regias y las eclesiásticas–, con un dominio efectivo sobre los numerosos pueblos dependien-
tes de la ciudad y de las villas y con una delimitación estable de los términos de actuación con-
cejiles, son ya evidentes durante el reinado de Alfonso VIII (1158-1214). Este monarca fue
quien confirmó a los caballeros abulenses “los previllegios que tienen del emperador su agüe-
lo y del rey don Sancho su padre” y en su tiempo desapareció para siempre la presencia de los
delegados regios en la ciudad. Si varios miembros del linaje de los Lara habían sido sus senio-
res o domini entre 1133 y 1158, ya en el año 1183 se documenta el último tenente regio en la
zona, prueba clara de que el concilium había logrado desarrollar un papel tan multiforme y
poderoso que hacía innecesaria la vigencia del palatium, es decir, el nombramiento de unos
agentes directos por parte del monarca castellano. Además, la plantilla de cargos municipales
se amplió y escalonó, colocándose en su cúspide un juez y varios alcaldes y por debajo de estas
magistraturas y del adalid, que era quien dirigía a las milicias locales, como oficios subalter-
nos, existían algunos jurados, sayones, fieles y otros aportellados. En la ciudad de Ávila en el
año 1146 se documentan, por lo menos, un juez, cuatro alcaldes, tres justicias y un portero y
en 1225 un juez, seis alcaldes y otros tantos jurados.
De manera simultánea se produjo la definitiva demarcación de los mojones y del perí-
metro del territorio concejil. Se conocen, al menos, cinco sucesivas concesiones o confirma-
ciones del amplio término abulense realizadas por Alfonso VIII en los años 1172, 1181, 1193,
1205 y 1209. Las tres últimas no son sino otras tantas mermas de su extensísima área primiti-
va de influencia, dado que en la de 1193 se estableció de modo oficial el desgajamiento del terri-
torio placentino, fijándose el límite entre los alfoces y diócesis de Ávila y Plasencia, en la de
1205 el rey quitó al concejo abulense la comarca de La Vera, que pasó a depender de la nueva
ciudad del Jerte y, por último, en 1209 reconoció la independencia del territorio de Béjar, que
se hallaba bajo el radio de acción abulense. Con este cierre definitivo del espacio de domina-
ción concejil las variadas instrucciones y exigencias adoptadas por el órgano municipal de la
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 31
capital se dejaron sentir cada vez más y con todo su peso en el conjunto de localidades que
integraban su ámbito jurisdiccional.
Así pues, en las primeras décadas del siglo XIII los núcleos cabeceros, que al igual que el
resto de las aldeas se mantenían dentro del realengo –testimonio de la imposibilidad de la vieja
nobleza de sangre de reproducir aquí sus formas de dominio y de aumentar sus señoríos–, con-
taban ya con unos organismos con un enorme potencial político y con unos conocidos y reco-
nocidos marcos territoriales donde quienes en la práctica controlaban sus decisiones podían
hacerlo efectivo. La desaparición de las circunstancias derivadas de la frontera en 1230 y los
avances cristianos por las mismas fechas terminaron por fijar de hecho las transformaciones
que se habían venido produciendo. La incipiente fiscalidad concejil se convirtió en algo regu-
lar y consistente, las aldeas, tal como reconociera Fernando III en el año 1222, quedaron en
una posición de total subordinación respecto a las capitales y sus concejos, los términos juris-
diccionales de éstos comenzaron a organizarse en sexmos y los antiguos guerreros, sobre todo
en época de Alfonso X, vieron reconocidos por parte de la monarquía su situación privilegia-
da –mediante su exención personal y de sus parientes y la excusa de sus dependientes– y su
monopolio de los concejos. Desde antes de 1222, según recordó por carta el propio monarca
al concejo de Ávila, aun cuando el conjunto de los vecinos de la ciudad podía participar en las
asambleas concejiles, en los corrales de alcaldes, y en la renovación anual de los cargos conceji-
les, los oficios municipales principales sólo podían ser desempeñados por quienes, teniendo
su casa poblada, dispusieran además de caballo y armas. Incluso es posible que a estas alturas
ya careciera de vigencia el desaparecido fuero abulense, un texto cuyo contenido conocemos
gracias a varias cartas forales portuguesas posteriores y que no recogía las discriminaciones y
desigualdades sociales que, cada vez con mayor fuerza, se estaban produciendo en la comar-
ca, razón que, por lo menos en parte, explicaría su prematuro abandono.
En toda esta compleja dinámica es evidente que jugaron un papel esencial las cabalgadas,
realizadas año tras año por los grupos minoritarios dedicados a la guerra y a la obtención de
botín, quienes además, desde muy pronto, se constituyeron en grandes propietarios de ganado.
En la citada crónica particular abulense y en otras muchas fuentes, incluidas las musulmanas, se
Mancera de Arriba
relatan los pormenores de las correrías que tantas veces llevaron a cabo las milicias urbanas y
algunos de sus adalides. Durante el siglo XII personajes como Nalvillos Blázquez, Zurraquín
Sancho, Sancho Jimeno y Gómez Jimeno, como jefes de los serranos abulenses, figuran en
múltiples ocasiones atacando a los musulmanes, realizando por libre razzias en los espacios
fronterizos o participando en huestes al lado de las tropas encabezadas por los reyes. Por lo
tanto, los repetidos fonsados y las menos numerosas huestes se manifiestan como otros tantos
actos de captura de importantes botines, procedimiento básico y temprano a la hora de com-
prender el enriquecimiento familiar de quienes participaban en las batallas y saqueos de cam-
pos y poblaciones, pero también como mecanismo fundamental, aunque irregular, de acumu-
lación de riqueza en los núcleos cabeceros donde aquéllos residían. De otra parte, tales fuentes
de ingresos materiales, que debieron actuar como acicate de las cada vez más pronunciadas
desigualdades sociales, se prolongaron y acentuaron en la zona con la apertura de una nueva
línea de hostilidades frente los territorios concejiles que en 1157, formando parte del Reino de
León, quedaron del otro lado de la nueva frontera. Los jefes de las milicias abulenses llegaron
a adueñarse de varios lugares próximos de las tierras de Salamanca y Alba en el contexto de la
guerra castellano-leonesa de 1196-1197, y durante las dos primeras décadas del siglo XIII, tanto
arevalenses como abulenses, hicieron frente a incursiones violentas provenientes del otro lado
de la raya indecisa que por entonces separaba a los dos reinos cristianos. En cualquier caso, es
segura la importancia de los ingresos particulares y generales así conseguidos, gracias a la pres-
tación de unos determinados servicios militares o a la posibilidad, siempre real, de prestarlos.
En el año 1219 el rey Fernando III ratificó un acuerdo alcanzado por el concejo de Arévalo con
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 33
sus aldeas, según el cual, cuando los caballeros locales atendieran la llamada del monarca para
ir en hueste, los vecinos de las aldeas debían pagarles sus soldadas, y en la misma fecha eximió
a los guerreros abulenses del pago del quinto del botín –que por tradición se debía entregar
siempre al rey–, cuando participasen en afortunadas acciones militares durante las cuales no
estuviera presente el soberano.
Del lado eclesiástico la evolución, tanto en su ritmo como en sus manifestaciones, fue
semejante, a pesar de las lógicas singularidades. Las coincidencias cronológicas y otros para-
lelismos son a menudo sorprendentes, y desde luego fruto y reflejo de la misma dinámica his-
tórica. La restauración diocesana, recordando la existencia durante el período visigodo de una
sede episcopal en su territorio y en tanto que respuesta a las nuevas necesidades generadas por
los comienzos de la repoblación de una extensa zona recién conquistada y que había pasado
a formar parte del orbe cristiano, no se hizo de golpe ni fue inmediata tras producirse la con-
quista. Tanto la memoria histórica de la ciudad –elaborada mediante sucesivas crónicas escri-
tas a lo largo de los siglos XVI y XVII– como algunos eruditos que, sin ningún filtro crítico, se
hacen eco de ella se equivocan, cuando afirman que hubo un obispo llamado Domingo desde
1080 hasta 1087, que la catedral se construyó entre los años 1091 y 1107 o que el obispo ove-
tense Pelayo llevó a cabo un trabajo primordial en la configuración de la diócesis abulense.
El tema de la restauración eclesiástica, en sus momentos iniciales, está lleno de complica-
ciones, en buena medida debido a las numerosas afirmaciones carentes de cualquier tipo de
prueba que se han vertido sobre el asunto, pero sobre todo porque los escasos testimonios
documentales disponibles son, en unos casos, sospechosos y, en otros, están claramente falsifi-
cados. El citado documento de 1103, por el cual el concejo abulense donaba al monasterio rio-
jano de San Millán las iglesias de San Pedro, San Vicente, San Juan y San Martín y donde es
nombrado don Gerónimo como su prelado, probablemente haya sido reelaborado; al menos su
texto conocido. La concesión el 23 de diciembre de 1121 por dicho obispo a la Orden de San
Juan de Jerusalén de las tercias decimales de Fresno el Viejo, en la cual figuran como testigos,
entre otros, un tal Hugo, arcediano de Ávila, y un Raimundo, prior de la iglesia de San Salvador,
y que se conserva en una copia tardía, o es una cuidada falsificación o tiene equivocada la
fecha, dado que, según sabemos por otras fuentes, el famoso prelado había fallecido el año
anterior. Las actas del Concilio de Oviedo de 1115, suscritas por el obispo abulense Sancho,
lo mismo que por otros prelados de diócesis limítrofes, son una evidente interpolación pela-
giana, del bien conocido falsario don Pelayo, obispo de Oviedo. Por último, el más antiguo
documento conservado en los fondos procedentes del archivo catedralicio abulense, una
generosa donación regia de hacia 1130, por la que Alfonso VII disponía la entrega a la iglesia
titulada de San Salvador en Ávila de la tercera parte de cuantos derechos y posesiones le per-
tenecían en la diócesis, alegando que una donación semejante había sido realizada por su
padre don Raimundo de Borgoña a la iglesia salmantina, tiene párrafos de dudosa autentici-
dad. La falta de intitulación del diploma, la omisión del nombre del titular de la sede, por
entonces Sancho, entre los destinatarios y la referencia a los treinta años –y no a los tres-
cientos, como se lee en diplomas semejantes de otras diócesis–, que llevaría el territorio abu-
lense sin “pastor y ovejas”, no tienen explicación. Por otro lado, no tiene sentido que, si fue el
conde borgoñón quien fundó dicha iglesia, tal como se dice en el documento que comenta-
mos, se olvidara de dotarla económicamente.
Pero todos estos problemas no impiden conocer algunos hechos concretos que ponen
de manifiesto las dificultades y retrasos que sufrieron la jerarquía eclesiástica y la nueva dió-
cesis hasta su total establecimiento. Parece seguro que su primer titular fue don Jerónimo de
Périgueux, a la postre un francés del círculo regio quien, siendo prelado salmantino, exten-
dió su autoridad espiritual por tierras de Ávila y de Zamora. Por lo tanto, antes de 1120
–fecha de la muerte del citado obispado– la restauración eclesiástica abulense todavía no se
había producido. Es más, no hay duda de que las iglesias de las villas y aldeas de Olmedo y
de Arévalo, donde la colonización debió comenzar y completarse antes, pertenecieron al
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 34
obispado palentino al menos desde el año 1095 hasta después de 1130. Es bastante probable
que un tal Pedro Sánchez Zurraquines, pariente de uno de los primeros jefes de la repoblación
–tal vez primero en connivencia con el arzobispo toledano Bernardo y más tarde con la asis-
tencia interesada del metropolitano compostelano– intentara algún tipo de independencia dio-
cesana. Y está fuera de dudas que el primer titular abulense, de nombre Sancho, surgió de la
propia comunidad urbana y fue elegido por un procedimiento anticanónico, lo que no fue
óbice para que en 1121, atendiendo a la convocatoria del legado pontificio, cardenal Bossón,
y tras jurar “sumisión, reverencia y obediencia” al arzobispo compostelano Gelmírez fuera con-
sagrado por éste junto a la tumba del Apóstol. Así pues, la recuperación de la vieja sede gótica
se produjo con cierto retraso y tras muchos titubeos, siendo de importancia capital para con-
seguirlo el poder cada vez mayor de algunos grupos de repobladores que se asentaron en Ávila.
En cualquier caso, en el año 1121 existe ya un prelado abulense reconocido, lo que es a
la vez indicio de la existencia de una nueva diócesis con unos clérigos privilegiados y autó-
nomos. Las novedades relacionadas con la consolidación de la lista episcopal abulense, con el
mapa del recién creado obispado, con la definitiva separación de mesas y con la aparición de
los primeros problemas entre los sucesivos prelados y el cabildo catedralicio cobran su senti-
do pleno si se observan en el contexto fronterizo en que se hallaba inmerso el territorio por
estas fechas y durante varios decenios más. El afianzamiento de un obispado independiente
–integrado como sufragáneo desde 1120, por bula del papa Calixto II, en la provincia ecle-
siástica compostelana– es una muestra más del gran protagonismo que estaba alcanzando
Ávila y, dentro de ella, algunos grupos locales. Si las extraordinarias dificultades del reinado
de doña Urraca fueron aprovechadas por los abulenses para la independencia de la sede y para
la dotación de su cabildo, diversos indicios revelan la importancia jugada por los guerreros
locales en tales cambios. Los nombres de los tres primeros prelados, Sancho I, Íñigo y Sancho
II, confirman el entronque familiar y de procedencia entre éstos y la milicia local, relación a
la que se aludía en el desaparecido fuero de Ávila, donde se decía que clerici vero habeant mores
militum. Y, de todos modos, es indudable, durante esta etapa, la presencia de laicos dentro de
la jerarquía diocesana, así como su activa participación en las elecciones de obispos.
Villar de Matacabras
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 35
Arévalo
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 36
clérigos y laicos subalternos, como, por ejemplo, los arciprestes, capellanes y sacristanes. En
definitiva, todos estos cambios en la cúspide diocesana ocurrieron al unísono, porque obede-
cieron a la misma lógica de articulación vertical de la sociedad, con las modificaciones que ya
hemos observado al repasar la evolución de los concejos.
Pero este paralelismo es aun más claro, si se revisa el proceso de delimitación territorial
y de reordenación del nuevo obispado. Dada la eficacia de los marcos concejiles, los contor-
nos diocesanos copiaron sus límites de los poderes laicos y, con el paso del tiempo, se adap-
taron a los cambios introducidos en aquéllos. Por un mecanismo que desconocemos, la mitra
abulense en torno al año 1140 logró englobar dentro de su obispado los territorios de Olme-
do y Arévalo –que pertenecían a la silla episcopal de Palencia– y ya en 1148, por bula del papa
Eugenio III, sabemos que todas las parroquias que había en los términos jurisdiccionales de
Olmedo, Arévalo y Ávila se encontraban ya bajo la autoridad del obispo abulense. Los poste-
riores problemas sobre límites con las diócesis de Segovia y Toledo, algunos de los cuales
motivaron enconadas disputas que exigieron la intervención pontificia, se acabaron resol-
viendo y sólo los desgajamientos que más tarde sufrió el concejo abulense en sus partes occi-
dental y meridional se trasladaron a nivel diocesano. Los más importantes fueron los deriva-
dos de la independencia civil y eclesiástica de Plasencia, donde, no obstante los denodados
esfuerzos de la clerecía abulense y del metropolitano de Compostela, una política de hechos
consumados en el contexto de separación de los reinos cristianos, que contó con el apoyo de
Alfonso VIII y del arzobispo de Toledo, consiguió imponer, a costa del abulense, un nuevo
obispado que pasó a integrarse en la provincia eclesiástica toledana. Y el último cambio tras-
cendental del mapa diocesano de Ávila, en relación también con la independencia religiosa
placentina, se hizo definitivo en 1235, año en que Gregorio IX, tras una decisión en el mismo
sentido adoptada por el monarca Fernando III en 1221, confirmó el paso de las iglesias de
Béjar y su término al recién creado obispado de Plasencia.
Dentro de las fronteras resultantes de tales cambios –sin que durante siglos se produjeran
otros– es indudable que la clerecía privilegiada abulense, a cuyos miembros alcanzaron tam-
bién y desde las mismas fechas las exenciones y excusas, con los titulares de su sede al frente,
ejerció su autoridad. El cabildo catedralicio contó entre sus dignidades con tres arcedianos
permanentes, cada uno de los cuales se encargó de la dirección particular de uno de los tres
arcedianatos que formaban la diócesis, correspondiendo el territorio de éstos con los térmi-
nos concejiles de Olmedo, Arévalo y Ávila, capitales donde los clérigos residentes de sus
parroquias fundaron desde finales del siglo XII asociaciones en defensa de sus intereses –por el
nombre de cabildo de San Benito se conocería después la asociación que fundaron los clérigos de
las parroquias de la capital del obispado–, en especial frente a posibles pretensiones de diver-
sos tipos por parte de los curas de aldeas. A la vez se nombraron arciprestes con capacidad
de intervención en varias agrupaciones de pueblos en que se dividieron, a efectos pastorales
y fiscales, todos los arcedianatos, recibiendo estas pequeñas comarcas –con frecuencia coin-
cidentes con las subdivisiones de los términos concejiles– los nombres de cabildos y tercios.
Sin embargo, es posible que lo más trascendental corresponda al fenómeno de afirmación
de la autoridad episcopal y del cabildo como otro poder más en el interior de la diócesis. La
carta de hermandad que en 1173 firmaron los canónigos abulenses con los salmantinos,
poniéndose a resguardo de las vicisitudes que se derivaban de los enfrentamientos fronterizos
con el Reino de León es quizá una de sus mejores manifestaciones. Y también debe serlo el con-
siderable retraso y el escaso desarrollo de los centros monásticos en todo el ámbito diocesano
abulense. En este aspecto, no deja de ser ilustrativa la bula de Alejandro III del año 1179 recor-
dando a los monasterios de Santa María de Gómez Román y de Santa María de Burgohondo
la plena potestad del obispo sobre ellos, no obstante su alto grado de autonomía respecto a la
organización de su vida interna y a la gestión de su patrimonio. Y el mismo sentido, en clave
explicativa, parece tener la tardanza en consolidarse los conventos de premonstratenses de
Sancti Spiritus y de monjas cistercienses de San Clemente, en los arrabales de la capital dio-
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 37
cesana; tal vez el retraso y las enormes dificultades por las que atravesaron, en especial si se
comparan sus dominios y señoríos con los que lograron tener los obispos y capitulares abu-
lenses, obedezcan a motivos semejantes.
Pero la muestra más segura del afianzamiento de una clerecía urbana privilegiada, capaz
de mantener secularmente en una posición de subordinación a nivel diocesano a las aldeas
estriba en la generalización temprana del cobro de diezmos y en la forma concreta de repar-
tirlos entre sus beneficiarios. Aunque se trataba de un tributo extendido por todos los territo-
rios cristianos, no dejan de tener interés las modalidades que aquí se aplicaron en cuanto a su
exigencia y distribución. Las negativas de los laicos a pagarlos fueron cortadas de raíz median-
te interdictos y excomuniones, cuando no mediante exhortaciones y amenazas de algunos
pontífices, y por lo menos desde el año 1199 estaba extendida la práctica de exigirlos también
a los musulmanes que habitaban en el obispado. Por otra parte, el reparto de los ingresos pro-
venientes de tal concepto ya en el último cuarto del siglo XII aparece sólidamente establecido
y con un sentido claramente discriminatorio y siempre favorable para la jerarquía diocesana.
Con lo obtenido en cada una de las parroquias –que en este caso actuaban como unidades fis-
cales de recaudación– un tercio íntegro, llamado prestimonio, o sea, beneficio, debía ir a parar a
las arcas del obispo o de los capitulares, otro tercio servía para pagar a los clérigos que aten-
dían el culto –de donde había que descontar el porcentaje que correspondía al arcediano–,
mientras que el tercio restante se quedaba para la fábrica de la iglesia, para sufragar los gastos
de su mantenimiento y reparación –de donde se sustraían varias porciones que había que
entregar al arcipreste y a quienes realmente recogían los diezmos en cada parroquia–. Si se
tiene en cuenta que el diezmo era sólo uno de los tributos de toda una amplia lista de impues-
tos eclesiásticos, entre los cuales cabe recordar las primicias, los catedráticos y las procuraciones,
junto con la frecuente obligación de los parroquianos, sobre todo los de las aldeas, de hacer
llegar a su costa hasta las villas y la capital los diezmos que correspondían a los clérigos pri-
vilegiados o cómo, tras la autorización del papa Inocencio IV en 1247, la monarquía fue
receptora de las denominadas tercias reales, equivalentes a dos terceras partes del tercio del diez-
mo que antes pertenecía a la fábrica de cada iglesia, quizá resulte más fácil de entender las
escasas iglesias románicas que han resistido el paso del tiempo, así como las graves dificulta-
des que para la financiación de las obras necesarias para mantenerlas en pie han atravesado
muchas de ellas. La tendencia a enajenar determinadas iglesias, puesta en práctica ya en 1181
por el obispo Sancho y contando con el beneplácito del cabildo, cuando donó a la Orden de
San Juan de Jerusalén una parroquia de Olmedo, sin duda reforzaba la autoridad del prelado,
pero a su vez conllevaba siempre la pérdida de unos porcentajes elevados –por lo habitual dos
tercios del total– de los ingresos decimales. Sólo la generosidad de los feligreses, movidos por
fines espirituales que tenían como meta esencial la salvación del alma, debió servir en muchas
ocasiones de contrapeso material, gracias al cual se levantaron edificios de culto y se evitó a
menudo la caída de iglesias.
Bibliografía
[Link].: Guía del románico de Ávila y primer mudéjar de La Moraña, Ávila, 1982.
AL-BAKRI: Geografía de España, traducción de E. Vidal Beltrán, Zaragoza, 1982.
ÁLVAREZ, Luis: Grandezas, antigüedad y nobleza del Barco de Ávila y su origen, Madrid, 1625.
ANÓNIMO: Segunda leyenda de Ávila (manuscrito en varias copias de ca. 1600).
ARIZ, Luis: Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, Alcalá de Henares, 1607.
AYORA, Gonzalo de: Epílogo de algunas cosas dignas de memoria pertenecientes a la muy ylustre é muy magnífica e muy noble e muy
leal ciudad de Ávila, Salamanca, 1519.
BARRACA DE RAMOS, Pilar: “La ciudad de Ávila entre los siglos V al X”, en IV Congreso de Arqueología Medieval Española,
t. II, Alicante, 1993, pp. 39-46.
03. A. Barrios Garcia 11/2/08 13:45 Página 38
BARRIOS GARCÍA, Ángel: Documentación medieval de la catedral de Ávila (Col. “Documentos y Estudios para la Historia del
Occidente peninsular durante la Edad Media”, 6), Salamanca, 1981.
— “Modelos de poblamiento en la Extremadura castellana a mediados del siglo XIII”, SH, 1983, pp. 113-148.
— Estructuras agrarias y de poder en Castilla: El ejemplo de Ávila (1085-1320), 2 vols., Ávila-Salamanca, 1983-1984.
— “Documentación del monasterio de San Clemente de Adaja (siglos XIII-XV)”, Cuadernos Abulenses, 1, 1984,
pp. 91-135.
— “Repoblación de la zona meridional del Duero. Fases de ocupación, procedencias y distribución espacial de
los grupos repobladores”, SH, III ,1985, pp. 33-82.
— “Repoblación y feudalismo en las Extremaduras”, en En torno al feudalismo hispánico, Ávila, 1989, pp. 417-433.
— “Una tierra de nadie: los territorios abulenses en la Alta Edad Media”, en Historia de Ávila, II. Edad Media
(siglos VIII-XIII), Ávila, 2000, pp. 193-225.
— “Conquista y repoblación: el proceso de reconstrucción del poblamiento y el aumento demográfico”, en His-
toria de Ávila, II. Edad Media (siglos VIII-XIII), Ávila, 2000, pp. 227-270.
— “Repoblación y colonización: la dinámica de creación de paisajes y el crecimiento económico”, en Historia de
Ávila, II. Edad Media (siglos VIII-XIII), Ávila, 2000, pp. 271-335.
— “Colonización y feudalización: el desarrollo de la organización concejil y diocesana y la consolidación de
las desigualdades sociales”, en Historia de Ávila, II. Edad Media (siglos VIII-XIII), Ávila, 2000, pp. 337-410.
BARRIOS GARCÍA, Ángel y MARTÍN EXPÓSITO, Alberto, “Demografía medieval: modelos de poblamiento en la Extre-
madura castellana a mediados del siglo XIII”, SH, 1983, pp. 113-148.
CHAVARRÍA VARGAS, Juan Antonio: “El Valle del Tiétar en la marca media de Al-Andalus”, Trasierra. Boletín de la Socie-
dad de Estudios del Valle del Tiétar, 2, 1997, pp. 95-112. Chronicón de don Pelayo, ed. de H. FLÓREZ: España Sagrada,
XIV, Madrid, 1758, pp. 466-475.
CIANCA, Antonio de: Historia de la vida, invención, milagros y traslación de San Segundo, primer obispo de Ávila y recopilación de
los obispos sucessores suyos..., Madrid, 1595 (ed. facsímil, Ávila, 1993).
GÓMEZ-MORENO, Manuel: “Crónica de la población de Ávila”, BRAH, CXIII, 1943, pp. 11-56.
GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Julio: El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII. Estudio y documentos, 3 tomos, Madrid, 1960.
— “La Extremadura castellana a mediados del siglo XII”, Hispania, 127, 1974, pp. 265-424.
— Reinado y diplomas de Fernando III, 3 tomos, Córdoba, 1980-1986.
GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis: Las iglesias románicas de la ciudad de Ávila, Ávila, 1982.
LUIS LÓPEZ, Carmelo y SER QUIJANO, Gregorio del: Documentación medieval del Asocio de la extinguida universidad y tierra
de Ávila, t. I, Ávila, 1990.
MANZANO MORENO, Eduardo: La frontera de al-Andalus en época de los Omeya, Madrid, 1991.
MARTÍN MARTÍN, José Luis: “Cabildos catedralicios del occidente español hasta mediados del siglo XIII”, en Homenaje
a Fray Justo Pérez de Úrbel, t. II, Abadía de Silos, 1977, pp. 125-136.
MÉNDEZ SILVA, Rodrigo: Población general de España, Madrid, 1645.
MONSALVO ANTÓN, José María: Los concejos de Castilla, siglos XI-XIII, El Burgo de Osma, 1991.
PÉREZ DE URBEL, Fray Justo: Sampiro, su crónica y la monarquía leonesa en el siglo X, Madrid, 1952.
PÉREZ-EMBID WAMBA, Javier: Hagiología y sociedad en la España medieval. Castilla y León (siglos XI-XIII), Huelva, 2002.
RICO CAMPS, Daniel: “Clerici vero habeant mores militum. Notas en torno al primer proyecto de San Vicente de Ávila”,
en La cabecera de la catedral calceatense y el tardorrománico hispano, Logroño, 1999, pp. 419-449.
RODRÍGUEZ ALMEIDA, Emilio: Ensayo sobre la evolución arquitectónica de la Catedral de Ávila, Ávila, 1974.
RUIZ ASENCIO, José Manuel: “La provincia de Valladolid en la Alta Edad Media, siglos VIII-IX”, en Historia de Valladolid,
t. II, Valladolid, 1980, pp. 9-63.
SÁNCHEZ ALBORNOZ, Claudio: Despoblación y repoblación del valle del Duero, Buenos Aires, 1966.
SOBRINO CHOMÓN, Tomás: Documentos de antiguos cabildos, cofradías y hermandades abulenses, Ávila, 1988.
— Documentación medieval del cabildo de San Benito de Ávila, Ávila, 1991.
VILA DA VILA, María Margarita: “Repoblación y estructura urbana de Ávila en la Edad Media”, en La ciudad y el mundo
urbano en la historia de Galicia, Santiago de Compostela, 1988, pp. 137-153.
— Ávila románica: Talleres escultóricos de filiación hispano-languedociana, Ávila, 1999.
VILLAR CASTRO, Julio: “Organización espacial y paisaje arquitectónico en la ciudad medieval”, CA, 1, Ávila,
1984, pp. 69-89.
VILLAR GARCÍA, Luis Miguel: La Extremadura castellano-leonesa. Guerreros, clérigos y campesinos (711-1252), Valladolid, 1986.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 39
Románico y mudéjar
en las tierras de Ávila
José Luis Gutiérrez Robledo1
ROMÁNICO
– Santa Trinidad también pagaba como uno. Fernández Valencia dice de ella que fue fun-
dada en 1254 y que su edificio “muestra más antigüedad según la opinión general de los
vecinos de esta ciudad”. Fue demolido en 1837 para con sus materiales fortificar la
muralla ante la amenaza carlista.
– San Silvestre que paga como treinta, para Fernández Valencia tenía lábaro, una capilla
mayor y dos laterales. Era lugar de enterramiento de los nobles y luego pasó a ser con-
vento de carmelitas calzados en1378 y la parroquia se unió a Santo Domingo. Tras la
desamortización pasó a cárcel y recientemente se ha convertido en sede del Archivo
Provincial. Cuando se demolió la cárcel apareció un muro con sillares de labra y mate-
rial románico que fue desmontado.
– San Cebrián pagaba como cero. Sabemos que en 1258 ya no era parroquia, que esta-
ba en obras a mediados del siglo XV y debió de desaparecer antes del XIX. No consta
su ubicación.
– San Román también pagaba como cero; consta que en 1258 ya no era parroquia, que
en 1580 fue vendida por Gaspar Daza y en 1803 aún hay noticias de su fuente y pilón.
Estaba al cabo de la plaza de la Feria.
– San Pedro pagaba ciento veinte.
– Santo Tomé pagaba treinta.
– Santo Domingo también pagaba como treinta, fue muy reformada en el siglo XVI y de-
sapareció tras la última guerra civil, para con su solar ampliar el picadero de la Acade-
mia de Intendencia. Sus restos fueron posteriormente utilizados para construir la igle-
sia del Inmaculado Corazón de María y algunos otros edificios de la capital.
– San Bartolomé que pagaba como dos y que es el actual templo de Santa María de la
Cabeza.
A ellas hay que unir los monasterios de La Antigua, San Clemente (fundado antes de
1148) y Sancti Spiritus, el hospital de La Magdalena, y las ermitas de San Miguel de la que
conocemos un documento de 1278, que estaba en la plaza de su nombre, tenía delante una
plazuela, había sido reedificada en 1703 y fue derruida en 1860, San Leonardo y San Lázaro,
que ya existía en 1146 y se reproduce en el dibujo de Ávila de Wyngaerde, antes de su refor-
ma en el siglo XVII. Con la catedral el total es de 27 templos románicos en la ciudad. Como
ya hemos indicado algunos luego trocaron sus fábricas en góticas, otros cambiaron de uso,
pasando a ser iglesias conventuales, y desaparecieron simplemente otros.
Los que conservan su fábrica románica permiten aventurar una tipología de iglesia de
una a tres naves, con ábsides en función de las naves, con una sola torre salvo en el caso
Restos de los muros de San Silvestre de San Vicente y la catedral y con tres puertas que
en muchos casos, siguiendo el modelo establecido aquí
en San Vicente a mediados del siglo XII, se abrían en
paños salientes de los muros que les daban una mayor
prestancia.
Con un pequeño zócalo de granito, los muros cons-
tan de un núcleo de mampostería entre sillares de piedra,
granito ocre generalmente, que se disponen con un apa-
rejo pseudoisódomo, y en los que se aprecian las marcas
de cantería de modo desigual, ya que unas han desapa-
recido por la erosión y otras por las reparaciones y res-
tauraciones. Este granito ocre es, también en Ávila, señal
del románico. En los zócalos de torres, ábsides y muros
románicos, en algunos casos como resultado de repara-
ciones, ya se había empleado el granito gris que comen-
zó a ser el material único en la catedral y luego en los
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 42
ábsides de San Bartolomé y en Sancti Spiritus, pasando este granito gris a ser el distintivo del
gótico abulense.
En los muros, las ventanas y puertas se abrían mediante arcos de medio punto decrecien-
tes que forman un abocinamiento y descansan sobre columnas y jambas dispuestas en el derra-
me, o a veces directamente en el muro. En los capiteles de esas columnas, ya con el collarino
unido a ellas, se desarrollará un programa iconográfico en el que lo naturalista y lo catequéti-
co se mezclan a partes iguales. Los ábacos, de gran altura, suelen decorarse también y nor-
malmente se van a prolongar fuera de los capiteles en impostas que siguen el derrame de los
huecos y sobre las que descansan las arquivoltas o arcos decrecientes de esas puertas y venta-
nas y que luego articulan los muros. Una variante de las ventanas serán los arcos ciegos o
arquerías murales, que con un valor meramente decorativo recorren parte de las cabeceras de
San Vicente, San Pedro, San Andrés y San Isidoro.
En el alzado general se destacan las diversas alturas de cada una de las naves y ábsides.
Más altas lógicamente las centrales que las laterales, se iluminan ambas por ventanas como las
descritas, que en el caso de las de la nave mayor se disponen sobre las laterales.
Los pilares son cruciformes, con semicolumnas adosadas y soportan arcos doblados de
medio punto que hacen de formeros y perpiaños o fajones, y que no tienen decoración en sus
dovelas. Apoyan los arcos del templo en estos pilares y en semicolumnas adosadas a las res-
ponsiones de los muros. Contrafuertes de sección rectangular manifiestan al exterior los empu-
jes de los fajones.
Íntimamente unida a los edificios se va a desarrollar toda una decoración escultórica cen-
trada en capiteles, ábacos, impostas y arquivoltas. Hay también una estatuaria, cada vez más
exenta, que se caracteriza formalmente por estar estrechamente relacionada con el edificio, e
ideológicamente por tener esa finalidad catequética ya aludida.
Ciñéndonos a las iglesias que han llegado hasta nosotros o de las que conocemos su estruc-
tura, sabemos que, salvo San Esteban y San Isidoro, todas son de tres naves y que dos de ellas,
San Pedro y San Vicente tienen un crucero muy marcado. Tenían triple ábside San Vicente, San
Pedro, San Andrés, San Segundo, Santo Tomé, Santa María de la Cabeza y la desaparecida San
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 43
Silvestre. Los ábsides laterales de San Andrés son muy desiguales. San Segundo tenía la cabece-
ra desviada del eje y Santo Tomé ha perdido totalmente uno de sus ábsides. San Esteban, San
Isidoro, San Nicolás, San Martín, La Magdalena y quizá Santo Domingo tenían un solo ábside,
de la misma profundidad que el central de San Andrés los conservados. Arquitectónicamente se
cubren todos ellos con bóveda de horno en el tramo curvo y de medio cañón en el tramo recto.
Todas tienen sus capiteles labrados con mayor o menor riqueza, y su repertorio decorativo es
vegetal y animalístico preferentemente, existiendo algunos –pocos– capiteles historiados. Sal-
vando impostas y arquivoltas solo aparecerá una escultura monumental de cierta importancia en
San Vicente, y la cabecera de la catedral, más San Juan de Arévalo. Al exterior estos ábsides mar-
can todos ellos con codillos el paso del tramo recto al tramo curvo, pero en el caso del ábside
central de San Vicente, éstos son pequeños machones. Sólo en el exterior del tramo recto del
ábside central de San Andrés hay arquerías decorativas. En el tramo curvo hay ventanas romá-
nicas en San Andrés, San Vicente, San Pedro, San Isidoro y San Segundo. Tienen todas los arcos
decrecientes de lisas dovelas, que descansan en el interior sobre los capiteles de dos columnas y
el exterior en el mismo muro. Salvo en San Andrés impostas taqueadas bordean este último arco.
Tres series de impostas, con rosetas de cuatro pétalos en círculos entrelazados, taqueados y
baquetas decoran el exterior de estos ábsides, dispuestas unas sobre las ventanas, otras bajo ellas
y las últimas como continuación de los ábacos de los capiteles. En estas iglesias con ventanas en
los ábsides y en la de San Esteban, dos semicolumnas recorren los ábsides terminando en capi-
teles que junto con canes, decorados con figuras y modillones, sujetan el alero.
En el interior repiten los ábsides la organización de ventanas e impostas que vimos al exte-
rior, y se cubren con bóvedas de horno en el tramo curvo, y en el tramo recto de medio cañón
sobre arcos fajón y toral, que apoyan unas veces en semicolumnas y otras sobre ménsulas. Las
cubiertas serán de medio cañón y horno en los ábsides, y de medio cañón en las naves y en los
brazos del crucero, y estarán ceñidas por arcos fajones. En las naves laterales pueden aparecer
bóvedas de arista con ligera plementería (San Vicente –reconstruidas– y San Pedro). En la
mayor parte de las iglesias las naves tenían cubiertas lignarias, que si bien eran más ligeras y
baratas, eran menos resistentes y que sin duda recogen influencias del mundo mudéjar.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 44
Un elemento característico del románico abulense son las portadas salientes que derivan de
las laterales de San Vicente. Allí la portada se estructura entre los dos contrafuertes y organizan
sus abocinadas arquivoltas alternando en sus roscas, baquetones que descansan en columnas y
rosetas en aros que apoyan en los esquinales. Este modelo pasará al resto de los templos,
donde, aun cuando no existan contrafuertes, la portada se dispondrá en un cuerpo saliente de
los muros que servirá para dar una mayor profundidad a la entrada. En San Andrés y San Isido-
ro las dos arquivoltas del centro descansan sobre columnas y las de los extremos sobre jambas.
En San Vicente y San Segundo se alternan jambas y columnas, y en San Pedro son tres las arqui-
voltas centrales que descansan sobre columnas. Los templos últimos, como Santo Tomé y Santo
Domingo, vuelven a la solución de San Andrés, pero introducen entre sus arquivoltas unas más
pequeñas que apoyan sobre los esquinales de las jambas y ambos templos tienen una arquivol-
ta con triple baquetón que hermana sus canterías. Las arquivoltas se decoran con baquetones y
con rosetas en círculos de variado número de pétalos, y se protegen con una imposta taqueada
que bordea el último arco. En San Andrés y en San Isidoro serán tres los arcos con rosetas, y
uno –el segundo desde el interior– se decorará con baquetón. En San Vicente y en San Segun-
do alternan baquetones y rosetas, al igual que en la puerta norte de San Pedro y luego en la
oeste. En la puerta sur de esta parroquia todos los arcos de decoran con baquetones. En las últi-
mas iglesias los baquetones llegarán a disponerse –ya se ha dicho– tres en un solo arco, y entre-
lazados y taqueados decorarán las arquivoltas. Los ábacos de los capiteles de estas puertas se
decoran con rosetas de cuatro pétalos, palmetas, lacerías y hojas de yedra (estas últimas en San
Nicolás y en Santo Domingo). Las únicas arquivoltas que escapan al esquema apuntado son una
con zigzag en la portada norte de San Pedro y otra con figuras de disposición radial en la por-
tada de Santo Tomé y las portadas de La Antigua y San Nicolás que tienen rollos.
Todas estas iglesias, aquí definidas como románicas, conocieron retrasos en sus fábricas o
profundas reformas que generalmente afectaron a sus naves, y ya hemos visto que únicamente
Ábside de San Esteban de Ávila pueden definirse como románicos los cañones que cubren
los cruceros de San Vicente y San Pedro (éste algo apun-
tado), siendo muy distintos los sistemas de cerramiento
de las naves de todos estos templos. San Vicente y San
Pedro tendrán una cubierta en su nave central de aristo-
nes, que ya es de los inicios del gótico y en las naves
laterales se cubrirán con bóvedas de aristas (en San
Pedro reforzadas por nervaduras). El resto de las iglesias
reciben en distintas épocas cubiertas de madera de par
y tirantes en la central y de colgadizo en las laterales,
que han sido múltiples veces reparadas. En el grupo de
iglesias de tres naves hay que señalar que San Andrés,
aunque tiene pilares cruciformes y formeros, nunca vol-
teó ni sus fajones ni sus bóvedas, como indican la falta
de contrafuerte y contrarrestos y alguno de los huecos
de sus ventanas; y que Santo Tomé, San Segundo y
Santo Domingo vieron sus naves profundamente trans-
formadas en el siglo XVI, cuando sustituyeron sus forme-
ros románicos por otros más amplios, que les dieron un
aspecto de iglesia salón. Lo mismo ocurre en el XVII en
San Nicolás. Dado que en los muros de ninguno de estos
templos, ni en los de tres ni en los de una nave, aparece
contrafuerte alguno, se puede concluir que, salvo los dos
templos mayores, todos los demás que han llegado hasta
nosotros (incluido Santo Domingo) recibieron cubiertas
de madera.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 45
Únicamente San Andrés, San Nicolás, San Pedro, la catedral y San Vicente y quizá Santo
Domingo, tienen torres que en alguna manera se relacionan con el románico. Sus estructu-
ras, fechas de construcción y ubicación en el templo son tan dispares que nos hacen desistir
de estudiarlas unitariamente, de ellas nos ocuparemos al tratar de cada templo. La catedral y
San Vicente plantean en el último cuarto del XII dos torres en su fachada occidental, con nár-
tex al modo borgoñón, San Pedro, San Nicolás y San Andrés sitúan las torres en distintos
lugares del templo y todas parecen levantadas al final del proceso constructivo. San Esteban,
San Segundo, San Isidoro y la Cabeza tendrían espadañas románicas que se transformaron en
las actuales.
La cronología general de los templos, apuntada ya por Gómez-Moreno y recogiendo las
rectificaciones de los últimos años sobre la cronología del románico hispano, puede situarse
entre 1130 y 1230. Aquel estudio de Gómez-Moreno, que permaneció años y años inédito,
que hay que situar en su tiempo y en el estado de los estudios del románico en 1900, propu-
so una cronología que arrancaba con el siglo XII, basándose también en documentos que cita-
ban los templos en esos primeros años y que hoy se consideran no eran exactos o que se refe-
rían a unos edificios anteriores a los actuales. Pero también adelantó una visión general del
desarrollo del románico abulense que en líneas generales se ha revelado acertada, y que es la
seguida luego por quienes sobre el tema hemos tratado (en la mayor parte de los casos sin
citar la fuente). A las razones que en cada caso se dan para este retraso cronológico hay que
sumar la constatación de que en los primeros años los “repobladores” se asentaron sobre el
Ventana de San Pedro de Ávila
terreno, utilizando las construcciones existentes y se
dedicaron a organizar el territorio.
San Vicente será la primera iglesia que empiece a
construirse y tras sus huellas se levantarán las de San
Pedro y San Andrés. San Vicente tarda casi todo el XII en
construirse (pórtico sur y cimborrio son ya del siguiente
siglo) y San Pedro retrasa su fábrica hasta el XIII, San Se-
gundo, San Isidoro y San Esteban marcan un momento
intermedio y las restantes corresponden al final del esti-
lo en Ávila. Respecto a estas últimas se recogen las lápi-
das fundacionales descritas por Luis Ariz que tras la rea-
parición de la de Santo Domingo en el museo de Ávila
merecen un nuevo crédito (quizá la de San Nicolás esté
bajo la reforma barroca, la de San Bartolomé o Santa
María de la Cabeza esté empotrada en los muros y la de
San Isidoro aparezca en algún museo). Caso aparte es la
catedral románica que es obra datable en las cuatro últi-
mas décadas del XII. El más reciente estudio sobre el
románico abulense, debido a Margarita Vila da Vila,
mantiene la evolución cronológica apuntada y así para
ella hay la siguiente sucesión de talleres en lo que deno-
mina escultura hispano-languedociana: 1.º taller de la
cabecera de San Vicente, 2.º taller de la cabecera de
San Pedro, 3.º talleres de la cabecera y naves de San
Andrés, 4.º primer taller de San Segundo, 5.º taller de
San Isidoro, 6.º taller de San Isidoro, 7.º el segundo
taller de San Vicente, 8.º taller de las portadas de San
Andrés y San Segundo, 9.º talleres de Santo Tomé el
Viejo, 10.º talleres de San Nicolás, 11.º Talleres del
románico tardío: Antigua, Magdalena, Santo Domingo
y San Bartolomé, 12.º talleres de la segunda campaña de
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 46
San Pedro. A ellos habría que añadir, a partir 1160-1170, el taller borgoñón de la última
campaña de San Vicente, cuya influencia llega a la catedral, San Nicolás y Santo Tome, más
Espinosa de los Caballeros, La Lugareja y a San Martín de Arévalo. Para ella las primeras
campañas de San Vicente y San Pedro, más San Andrés, San Isidoro y San Esteban son del
episcopado de Íñigo 1133-1158.
Partiendo del análisis escultórico quizá sea posible aventurar filiaciones más precisas,
establecer hilos conductores que lleven desde un templo hasta otro templo, pero a nuestro
parecer son éstos caminos forzados, dado que son muchos los hilos que faltan, o por decirlo
de otra forma los edificios que han desaparecido. En este campo es sumamente meritorio el
estudio de los primeros talleres escultóricos del románico abulense de Margarita Vila da Vila,
en un pormenorizado trabajo que en parte y desde nuestros presupuestos se incorpora a este.
De modo sumamente resumido diremos que para ella la escultura románica abulense no es
modelo homogéneo, ni en las manos, ni en las técnicas, ni en las formas. Esta diversidad viene
motivada por la ausencia de lo que generalmente se conoce como “escuela”, “taller”, presen-
tando más importancia la idea de “maestro”, que la autora relaciona con obras concretas en
lugares concretos, por tanto se estaría hablando de un grupo de personas reducido, que apa-
recen en determinadas obras y a las cuales se puede volver a ver o no. Esta forma de trabajar
es la causa de la ausencia de un estilo propio, ya que se reciben influencias, tanto de manera
directa como indirecta, que producen unas obras con una gran carga ecléctica.
Vila da Vila identifica al menos cinco corrientes en la escultura abulense. La primera des-
tacada es la leonesa, centrada casi completamente en San Isidoro, y que se hace notar en los que
se consideran templos de fábrica más antigua: San Vicente, San Pedro y San Andrés. Esta
corriente estaría impregnada de aires languedocianos y tendría mucha repercusión no sólo en
Ávila, sino también en la zona de influencia segoviana. La corriente silense se localizaría en San
Andrés, en el lado izquierdo del ábside central para ser más precisos, y se caracterizaría por
una cierta torpeza a la hora de llevar a cabo la reproducción de anatomías y el movimiento.
Presenta a su vez ciertos aires procedentes de la zona cántabra. Destacada es la presencia del
denominado “Maestro del Génesis”, que pertenece a la corriente aragonesa. Interviene en la
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 47
cabecera de San Pedro, donde deja muestras de sus semejanzas con obras de San Esteban de
Sos del Rey Católico o Santa María la Real de Sangüesa. Por motivos desconocidos este
autor desaparece, no continuando nadie su “escuela”. Corriente abultada es la cántabra, tanto
por el número de edificios como por el de “maestros”. En San Pedro, San Andrés y San Isi-
doro vemos el trabajo del conocido como “Maestro de Sansón”, caracterizado por unas obras
de aspecto desmañado y torpe. Diferentes son las figuras de canon corto y escaso relieve que
realiza el “Maestro de la cabecera de San Segundo”, del cual la autora propone que pudo
haber trabajado como ayudante en la cabecera de San Pedro. Es un estilo más cuidadoso y
hábil. Mano distinta es también, dentro de esta misma corriente, la del “Maestro de San Este-
ban”, que influirá en el de la cabecera de San Nicolás, con una marcada tendencia a la geo-
metrización y simplicidad en la talla. Volviendo a San Vicente encuentra al “Maestro de la
portada sur” y al segundo taller de la fábrica. Éstos hay que incluirlos en la corriente aquitano-
bearnesa. Su trabajo ocupa las portadas laterales (con recuerdos a lo francés: Camino, Lan-
guedoc, Borgoña...) y el interior (donde se observa una evolución no traumática con el pri-
mer momento). Una última corriente sería la citada borgoñona de la última campaña de San
Vicente y de la catedral.
Todas estas corrientes y “maestros” de época temprana, dejan para Vila da Vila como
resultado una herencia desigual en la ciudad, pero son los responsables de la aparición de unos
Ávila. San Pedro
talleres de formación local, que evolucionarán de mejor
o peor manera a partir de lo visto en el primer momen-
to. Pervivirán influencias francesas, con otras zamora-
nas, se tenderá a una diversidad de modelos y técnicas
que, en muchos casos, desencadenará una decadencia de
las formas.
Advirtiendo que la nuestra es una interpretación
que –lógicamente– trata de llevar el agua a nuestro pro-
pio molino, anotamos que lo más atractivo del que para
ella es un primer románico se reduce a las fábricas de las
tres primeras iglesias (San Vicente, San Pedro y San
Andrés) y a su reflejo en San Isidoro fundamentalmen-
te, más San Segundo, San Esteban y San Nicolás. Las
filiaciones no son, no pueden ser, muy precisas por fal-
tar los eslabones intermedios de los templos perdidos,
por ser muchos los modelos repetidos, por ser la mayor
parte de las piezas obras de no muy alta calidad, y por
supeditarse la labor escultórica a la arquitectónica. Ano-
tamos también que los modelos leoneses, silenses y ara-
goneses lo son igualmente de la arquitectura (aquí con-
viene apuntar lo conocido de la diversa procedencia de
los repobladores), que se constatan las relaciones y
préstamos con lo segoviano, zamorano y salmantino, y
que la segunda época de San Vicente se proyecta en el
románico final de la ciudad. Sugerente, pero muy forza-
da e indemostrada e indemostable, es su propuesta de
hacer coincidir en el plano de la ciudad repobladores y
templos de una misma precedencia. Propuesta que siem-
pre quedará condicionada por el carácter de la Crónica
y por sus muchas imprecisiones, por la cronología y por
ser difícil hacer coincidir un doble itinerario que por un
lado lleva a lo languedociano y por otro hacia los orí-
genes de los repobladores.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 48
Respecto al paisaje urbano de la ciudad creemos que en líneas generales también es válida
para la segunda mitad del siglo XII la descripción que Barrios hace en el Caserío en el siglo XIII:
Queda como cuestión final de esta introducción el tema de la ubicación de estos templos
en el plano de la ciudad. Hay que recordar que la muralla medieval de Ávila tiene, en compa-
ración con otras de la época, una traza regular que seguramente tenga un origen preexistente,
que no surge como un cinturón irregular que tiene que abrazar a las colaciones, es decir parro-
quias, ya existentes. También debe recordarse que los historiadores han contestado rotunda-
mente la teoría de la despoblación total del valle del Duero, especialmente en su zona más
meridional, teoría que desde nuestro punto de vista y en el caso de Ávila se confirma con la
pervivencia de los lugares de culto hasta la época de la reorganización o repoblación del terri-
torio. Como pervivencia de lugares de culto entendemos literalmente el significado de tal
expresión, en ningún caso estamos afirmando que el edificio que conocemos sea el del siglo IV,
el del siglo VIII o el de los siglos X u XI, únicamente indicamos que pervivió el lugar en el que
se asentaron los sucesivos templos y también la advocación de los mismos. Esto es clara señal
de que no hubo largos períodos de abandono de la población, ya que casi se puede hablar de
un culto continuado y se constata que no hay pérdida de la memoria histórica.
Si repasamos la nómina de iglesias existentes a mediados del siglo XII (prescindiendo de
San Cebrián, cuyo emplazamiento desconocemos, y de la catedral que es caso singular), sólo
cuatro de los veinticinco están dentro de los muros: San Esteban, Santo Domingo, San Juan
y San Silvestre (esta última estaba muy cercana a los muros, junto a la Puerta del Carmen). E
incluso sabemos que San Esteban es de mediados del siglo XII y que Santo Domingo ya es del
principio del XIII, y respecto a San Silvestre no puede aventurarse con rigor ninguna fecha de
Detalle del ábside de Barromán inicio de la desaparecida fábrica. Suele también aceptar-
se por todos los historiadores que San Juan debe estar
levantada en la zona del antiguo foro romano, que luego
fue parroquia de los serranos y que también estuvo hasta
el siglo XVI especialmente relacionada con el concejo que
se convocaba en su corral. Esta situación de los templos,
con sólo cuatro de ellos dentro de los muros e incluso
con tres de éstos fuera de lo que podemos considerar la
acrópolis fortificada medieval, pensamos puede deberse,
además de a la pervivencia de lugares de culto de la época
romana, cuando –lógicamente– los templos de la nueva
religión se establecieron extramuros, a algunas de las
razones que ya apuntamos en 1978: en primer lugar a una
falta material de espacio para que en la parte alta de la ciu-
dad se estableciese una parroquia y la colación que lleva
anexa, en segundo lugar a que los concejos no viesen con
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 49
agrado que se levantasen dentro de los muros edificios religiosos ya que la iglesia no tributa-
ba, y en tercer lugar al interés aristocrático por que no se estableciesen, dentro de la zona que
ellos controlaban con sus palacios adosados a los muros, unos edificios que en manos enemi-
gas supusiesen un peligro para la defensa de su ciudad. No parece razonable aducir razones
militares al hecho de estar algunos de ellos extramuros y cerca de las puertas: atribuir a tem-
plos tan alejados de los muros y pequeños como San Martín, San Segundo o San Bartolomé,
un carácter de defensa adelantada no parece justificado. Pronto olvidaron en la zona alta y
noble de la población aquella ley de Las Partidas que obligaba a dejar un espacio de quince
pies entre los muros y las casas, dejando desembarazadas y libres las carreras que están cerca
de los muros e incluso la iglesia de San Silvestre se levanta junto a los muros. Se hace refe-
rencia de nuevo a las ya comentadas relaciones que se establecen entre los distintos grupos
sociales, entre los repobladores de diversa precedencia, así como a la organización que tenía
la ciudad sobre la base de sus parroquias (a ello volveremos al analizar el amurallamiento). Se
puede decir que se trataba de grupos desconectados entre ellos, alrededor cada uno de su igle-
sia, organizados en las cuadrillas que luego son una de las bases de la organización del con-
cejo abulense. Tanto es así que aún en tiempos posteriores se sigue distinguiendo una zona
con características propiamente urbanas (terrenos de intramuros y arrabal oriental) de otras
todavía muy vinculadas al mundo rural (barrios del norte, sur y oeste). Manifestación de esto
son los distintos tipos de actividad económica y profesional que vemos en cada zona o el
modelo de vivienda. Sin entrar a especificar estos modelos, sí que conviene destacar la pre-
sencia de una arquitectura popular de materiales pobres y pragmatismo evidente, que bien
podría ganarse el calificativo de arquitectura de lo orgánico, tanto por el material como por
el planteamiento. Arquitectura que podemos conocer gracias al Becerro de Visitaciones cate-
dralicio de 1303, texto que sirvió a Torres Balbás para definir la casa medieval castellana.
De modo casi telegráfico conviene apuntar como final de esta introducción al románico
que la monografía primera y aún muy válida para acercarse al románico abulense es el Catálogo,
ya centenario en su redacción, de Gómez Moreno (adelantado en su El románico español) y que
luego sólo han tratado con alguna extensión del mismo Goldschmidt, Pita Andrade, Gutiérrez
Robledo, y Vila da Vila (a la lista habrá que añadir pronto a Daniel Rico).
MUDÉJAR
Sin entrar profundamente en la polémica entre los conceptos del románico de ladrillo y
mudéjar, debe plantearse también una reflexión previa sobre el mudéjar que aparece en la pro-
vincia (capital incluida), muy próximo en el tiempo, y a veces coincidente, con el románico
capitalino. Se trata fundamentalmente de aquel mudéjar que construye en ladrillo y con un
repertorio y estructuras mudéjares edificios cercanos a las formas del románico, lo que tam-
bién se podría llamar un primer mudéjar, un mudéjar del XII y primeras décadas del XIII, pero
no un mudéjar románico.
En la zona norte de la actual provincia de Ávila, al sur de la capital, en La Moraña y en la Tie-
rra de Arévalo, se configura en los años del románico y siguientes un estilo nuevo y distinto, que
hemos venido a llamar mudéjar y que aún hoy da pie a múltiples discusiones terminológicas. A
modo de introducción difícilmente se encuentren unas palabras mejor hilvanadas, más sentidas,
que las que hace ya casi cien años dedicó don Manuel Gómez-Moreno, entonces un joven pro-
fesor granadino, a unos edificios que sin duda alguna le impresionaron profundamente:
“Entre la Moraña y las serranías de la provincia hay una perfecta distinción de suelo, de clima,
de raza, de trajes y también de arte. La Moraña tiene su arquitectura especial, no sabemos si ori-
ginaria o importada, pero sí que constituye un centro, irradiando hacia Salamanca, Zamora,
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 50
Valladolid y Segovia: arquitectura impuesta por la naturaleza del suelo, arquitectura popular,
semimoruna, semicristiana, reflejo de la vida nacional frente al elemento avasallador francés
apadrinado por la Corte y por los monjes, que representan las arquitecturas románica y oji-
val. Arquitectura menospreciada y sin estudiar apenas todavía, pues así como las crónicas sólo
hablan de las grandezas y de las ambiciones que flotan sobre pueblos, olvidando su vida ínti-
ma, sus verdaderos intereses, sus vicisitudes sociales, así las ciudades sólo se enorgullecen con
sus monumentos de piedra, catedrales, conventos, iglesias aristócratas, debidas, no a las con-
veniencias e iniciativa del pueblo y del bajo clero, sino a las rentas de una corporación, a las
prodigalidades de un rey, a las larguezas que, a cuenta de sufragios y en descargo de sus con-
ciencias, otorgaban los ricos y los señores. El pueblo había de contentarse con poco, aho-
rrando todo lo posible su esfuerzo y sus dispendios, como que su fuente de ingresos era el tra-
bajo, no saqueos ni opresiones; él no podía traer materiales de grandes distancias ni labrarlos
con primor; no podía hacer venir arquitectos famosos; tampoco el pechero de entonces sabía
gran cosa de ciertas artes, pues al cabo era conquistador y soberbio también, y he aquí que a
estas circunstancias obedecía el descargar su trabajo sobre el siervo de los pecheros, el moro
laborioso y sobrio que lo aguantaba todo con tal que le dejasen vivir a su manera: en vez de
piedra de sillería, empleaba los materiales ordinarios del país; y en vez de edificios según el
patrón francés, dejaba al moro mudéjar que se las compusiese a su gusto. La gran meseta de
Castilla la Vieja y León carece en su mayor parte de buena piedra: el material indicado es,
pues, el ladrillo, o el tapial de cantos esquistosos y graníticos, trabajados con mortero de cal”.
Estos edificios del mudéjar abulense escriben uno a uno y en conjunto una de las páginas
más singulares del mudéjar hispano. Perdidas entre campos de cereal, en el centro de peque-
ños pueblos “muy venidos a menos”, se alzan las humildes fábricas de ladrillo, argamasones de
chinarro, mampuestos, adobe y madera. Con tan limitados materiales y con una sabiduría
constructiva que aún sobrecoge, levantaron monumentos singulares y bellos, en los que a
pesar de la economía de materiales y de la repetición de un repertorio decorativo de sobra
conocido (esquinillas, sardineles, verdugadas, de encofrados de cal y canto o de mamposte-
ría...), se siente el pálpito de unos artistas que hicieron, como nunca, de la pobreza de medios
y de la necesidad virtud, que unieron espléndidamente los repertorios formales de aquella
amalgama de culturas que eran las tres religiones del libro y que está en la base de la Edad
Media española.
Es largo el número de edificios que, desde Narros del Puerto en el Valle Amblés, Burgo-
hondo en el del Alberche y Piedrahita en el del Corneja, pasando por la ciudad de Ávila y lle-
gando al límite norte, existen en la actual provincia de Ávila. Los conocidos son unos 150:
fundamentalmente templos, pero también algunos puentes, casas, murallas y castillos. Al tra-
tar de comprender todo el conjunto, fundamental es recordar algo obvio, que es propio adver-
tir en toda historia local, ello es que la división decimonónica de España en provincias no es
la adecuada para acercarse al mudéjar. Que sería más adecuado incluir en el campo de este
estudio al menos toda la zona sur de lo que fue el obispado medieval abulense, incluyendo los
arcedianatos de Olmedo y Arévalo y la zona comprendida entre Ávila y Arévalo (La Moraña
y Tierra de Arévalo). Más razonable aún sería acometer su estudio conjunto, saltando los lími-
tes provinciales decimonónicos y los sucesivos límites de un obispado que fue perdiendo terri-
torio, y juntar en un foco regional el mudéjar del sur del Duero, un foco que Pérez Higuera
propuso agrupase junto al abulense de La Moraña y Tierra de Arévalo, la segoviana Tierra de
Pinares, la vallisoletana zona de Medina del Campo y Olmedo, más Toro y su zona, y La
Armuña y Campo de Peñaranda salmantinos. Sobre los focos mudéjares en general conve-
niente es señalar que no son estancos y que su delimitación es muchas veces producto más de
los procesos y ámbitos de investigación que de una unidad formal. A modo de ejemplo debe
indicarse que templos como Camarma de Esteruelas (Madrid), San Lorenzo de Sahagún
(León), Galisteo de Cáceres..., y otros muchos, son perfectamente comprensibles dentro del
foco mudéjar del Duero.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 51
Tanto por precisar que el componente étnico musulmán no es imprescindible para que con-
sideremos hoy que un edifico es mudéjar, como por precisar los postulados de quien esto escri-
be es necesario establecer qué entendemos por mudéjar y de qué mudéjar se trata aquí. Recien-
temente hemos hecho un recorrido por la historiografía del término, siguiendo a Borrás Gualis
fundamentalmente, al que remitimos. En resumen y como es sabido los historiadores han dis-
crepado largo y tendido sobre si estamos ante un arte cristiano con vestiduras islámicas, o ante
de convivencia de la España cristiana medieval, siendo, por tanto, la más genuina expre-
sión artística del pueblo español, una creación cultural radicalmente hispánica, que no
encaja en la historia del arte islámico ni en la del occidental porque se halla justamen-
te en la frontera de ambas culturas.
De esta manera lo que comenzara siendo una herencia islámica, al quedar desvinculada
del mundo cultural islámico, desgajada del dominio político-religioso del Islam, se con-
vierte en una manifestación artística nueva, que caracteriza a la cultura hispánica desli-
gándose paulatinamente del soporte étnico musulmán que la posibilitó, para sobrevivir
a fenómenos culturales tan drásticos como la conversión forzosa de las minorías mudé-
jares, primero, y la expulsión de los moriscos más tarde. El mudéjar se había convertido
en una expresión artística característicamente hispánica, superando incluso, las referen-
cias religiosas de origen”.
Finalmente conviene recordar que, a partir de 1981 y en los Simposios Internacionales de
Mudejarismo de Teruel, se han aceptado las directrices propuestas por Borrás y se ha insisti-
do en la conveniencia de seguir utilizando en la Historia del Arte el término mudéjar que
desde un punto de vista histórico era el que definía “a aquel a quien se ha permitido quedar-
se, sometido, tributario”, precisando que lo mudéjar puede ser definido históricamente por un
componente étnico, pero que el término artístico no depende del origen de la mano de obra,
que no todos los edificios mudéjares son obra de mudéjares. Artísticamente el término com-
pete al uso de unos determinados materiales y formas artísticas y al empleo de unas técnicas
de trabajo de tradición musulmana. Para Borrás se produce “una unidad de materiales, técni-
cas y formas artísticas que, si teóricamente es posible e incluso necesario deslindar, en la rea-
lidad práctica del trabajo mudéjar andan inseparablemente unidos”. El uso de esos materiales,
formas y técnicas no fue privativo de mudéjares o moriscos.
Valga esta algo larga introducción para insistir en que se utiliza aquí el término mudéjar
para definir una arquitectura popular, que aparece en un territorio de clara ascendencia islá-
mica (el término Moraña para nosotros alude a una tierra de moros), que no puede utilizar
masivamente un material como la piedra que allí no existía ni en cantidad suficiente, ni de cali-
dad apropiada, que emplea en sus construcciones monumentales las mismas técnicas de tra-
bajo basadas en la utilización de dichos materiales que se han seguido utilizando hasta nues-
tros días, y que presenta múltiples y señeros ejemplos de edificios que nunca podrán analizarse
haciendo su disección con ningún tipo de bisturí, que tienen una decoración que no es nin-
gún ornamento occidental, que es estructura oriental y unas estructuras y formas que no son
esencialmente románicas. Utilizando la expresión –que no compartimos– románico-mudéjar,
José Jiménez Lozano ha intuido lúcida y precisamente lo que ocurre al afirmar que en Casti-
lla se da también una romanidad europea, pero que “ha seguido verterá ese novum en los pro-
pios moldes orientales, y, aquí, habrá un románico-mudéjar islámico sencillamente…, un
románico mudo, que no cuenta historias…, un románico de ladrillo y madera. Lo mudéjar quie-
re decir sencillamente que lo islámico está ahí, que tiene algún tipo de presencia. Es decir, que
no es que los que construyen estos edificios sean ellos mismos mudéjares o islámicos que viven
entre cristianos y son alarifes y albañiles, sino que, aunque los constructores sean cristianos o
judíos –para las sinagogas–, han aprendido las técnicas islámicas y son igualmente fieles a la
estética de la que esas técnicas son expresión.
Sin duda alguna, hay razones socioeconómicas para que se abra paso este tipo de cons-
trucción de románico pobre y ello hace que se prodigue extraordinariamente allí donde no hay
canteras de piedra, ni grandes recursos económicos y abundan los de carne de pollo o minoría
aplastada: mudéjares con oficio de constructores y carpinteros y ofreciendo una mano de obra
barata. El clero secular, incluso el de las pequeñas aldeas, puede así convertirse en patrón de
esas construcciones. Y la concepción del edificio sigue siendo románica, teológica, claro está;
pero el alarife y el carpintero la traducen necesariamente en estética –que es a la vez teología
inevitablemente– islámica: los espacios vacíos y umbrosos, los mirabs ahora de ladrillo, los arcos
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 54
Aquí trataremos del mudéjar situable en la segunda mitad del XII y en el siglo XIII, el que
exteriormente se manifiesta en ábsides semicirculares o poligonales y en torres, recorridas por
series y registros de arquerías. Si se quiere es un mudéjar popular como diría Borrás. Estudiados
sus modelos debe huirse de una simplificación según la cual se dan primero los edificios de
arquerías superpuestas y después los de una única y alta arquería, o al revés, como hace, ponien-
do ella misma los reparos a su tesis, Sánchez Trujillano para quien “en las iglesias más antiguas
(siglos XII y XIII), la arquería es única de 5, 7,9 u 11 arcos en el tramo curvo ocupando toda la
altura del ábside aunque descansan en un basamento o zócalo liso... Aunque es muy difícil esta-
blecer una cronología precisa para estas iglesias por la continuidad y repetición de las formas,
consideramos de época más avanzada, dentro del pleno gótico, los ábsides con arquerías super-
puestas de dos o tres hiladas”. Creemos –no obstante– que un dato apoya la tesis de Sánchez
Trujillano: los ábsides de planta poligonal tienen varios registros de arquerías.
No puede precisarse que siempre fuese así o al revés y apuntamos que más adecuado pare-
ce el datar estos ábsides por la forma del arco toral de la capilla mayor, prescindiendo de las
arquerías externas, ya que no siempre coinciden los arcos torales de medio punto con los de
varias arquerías, ni los torales apuntados son siempre los de única arquería.
A modo de estado de la cuestión debe indicarse que, prescindiendo de algún artículo
monográfico, el estudio sobre el mudéjar abulense se limitó durante muchas décadas al Catá-
logo Monumental que Gómez-Moreno redacta a principios de siglo y que no se publica hasta
1983. Luego, olvidados algunos artículos sobre La Lugareja, hay que esperar a los estudios de
Fernández Prada en 1962, de Frutos Cuchilleros en 1975, de Revilla Rujas y Gómez Espinosa
en 1982, de Lavado Paradinas en el mismo año, los más interesantes son los de Sánchez Tru-
jillano publicados en torno a esos mismos años y en los que es patente el minucioso conoci-
miento de los templos que tenía su autora que entonces elaboraba el catálogo monumental de
la zona sur del obispado que incluía la capital y toda la zona sur del obispado, e incompren-
siblemente permanece inédito desde hace más de 20 años, aunque circulan copias piratas de
los inventarios de algunos templos. Los de Pérez Higuera y Manuel Valdés que también son
de esa década. Incluso debe apuntarse que Valdés para nada trató de lo abulense en su estudio
general sobre el mudéjar en Castilla y León y que en las obras de Pérez Higuera y la reciente
Historia del Arte de Editorial Ámbito dedicada a Castilla y León, poco es lo que sobre el mudé-
jar de Ávila se suma a lo que sus autores habían dicho en sus anteriores artículos. Deben aña-
dirse a la lista los estudios de Borrás y López Guzmán por lo que suponen de interpretación
de lo abulense dentro del núcleo general del mudéjar, el de Gutiérrez Robledo en que se basa
este texto y el de Isabel López Fernández que hemos podido leer antes de entrar en imprenta,
y del que se incorporan textos e ideas.
Difícil es establecer una clasificación y una cronología definida de todo este arte, del que
ya se avanza que sólo podrá indicarse con precisión alguna fecha en muy señalados casos. Res-
pecto a su clasificación hay también que indicar que son muchos los templos que se han per-
dido y que los que han llegado hasta nosotros están considerablemente alterados tanto por la
pobreza de los materiales como por las sucesivas transformaciones, y muchas veces lo que
debió ser todo un templo mudéjar se reduce a la cabecera de un templo y una torre unidos por
un cuerpo de naves en tapial de ladrillo claramente posterior, cubierto por una armadura más
o menos sencilla, que casi siempre es del XVI, de mediados.
Todos estos edificios han sido clasificados, en un pionero análisis formalista que no
podemos compartir en su totalidad, por Valdés Fernández en tres modelos distintos:
– El modelo vallisoletano que utiliza seriadamente los elementos decorativos, es decir, que
el esquema “se define por la superposición de tres arquerías de proporciones diferentes
y disposición constante, en simetría bilateral”. Utiliza friso de esquinillas y el sardinel
en el remate del alero del ábside y en el tramo recto tiene un esquema singular super-
poniendo a las arquerías una retícula de ladrillo. Se daría en Santa María la Mayor de
Arévalo y Villar de Matacabras y en la segunda mitad del siglo XIII en Palacios Rubios y
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 57
Fuente el Sauz. Lo que él denomina la evolución de este modelo hacia una fase manie-
rista se da en los ábsides de Santa María y San Nicolás de Madrigal (con arquerías des-
mentidas) y luego en Bernuy de Zapardiel y Narros del Puerto, que considera relacio-
nables con Íscar, Aldealuenga y Villar de Gallimazo.
– El modelo zamorano que se define en los edificios de Toro, que está basado en “una per-
fecta adecuación de la decoración a las estructuras arquitectónicas” y tiene arcos de
medio punto muy peraltados. Se da en las iglesias de Donvidas (1220), La Lugareja
(1237), Constanzana, Fuentes de Año, Blasconuño de Matacabras y Santo Domingo de
Arévalo. Para él es del mismo modelo el ábside de Pedro Rodríguez, que tiene una gran
riqueza decorativa (las fechas son de Valdés Fernández).
– El modelo que él llama sahagunino, que está basado en la superposición de combinaciones
de elementos decorativos, arcos, recuadros y esquinillas de una forma modular y que
según él se da en la iglesia de Narros del Castillo. Indica que el ábside se estructura con
la superposición de tres registros horizontales, que se decoran los dos primeros con la
combinación arco-recuadro y el último se remata con un friso de esquinillas (se verá que
Narros, más que un modelo es una excepción, y que se debe más a la influencia toledana).
Ciertamente el meritorio esfuerzo de Valdés Fernández permite sistematizar la mayor
parte de los ábsides mudéjares abulenses, e incluso esta sistematización es sin duda más com-
pleta que la que realizó Pavón Maldonado en 1975 y la de Lavado Paradinas en 1978 para Tie-
rra de Campos. Nuestra disconformidad va más allá del mero señalar que el análisis se cir-
cunscribe a las arquerías externas de los ábsides y se olvidan elementos tan singulares como
los áticos (Orbita, Constanzana, Pedro Rodríguez, Barromán), o los zócalos y sus clases, que
hay edificios que faltan o que no encajan en el modelo, que se prescinde de los interiores
–especialmente de la forma de los fajones– y de las plantas de los ábsides (nos parece que debe
insistirse en la diferenciación entre ábsides con planta de perfil externo semicircular y de per-
fil externo poligonal) y que por otro lado se olvida de la relación de estos ábsides con las
torres, con los templos y con las armaduras. Incluso hay modelos decorativos que no entran
en su clasificación: Santa María de la Vega, la parte superior de Orbita, el ábside de Burgo-
hondo y otros similares, el enmascarado de Moraleja de Matacabras... Es difícil aceptar que el
modelo de arquerías sumamente peraltadas tenga que ser el modelo zamorano y no el segoviano
o morañego, que el modelo de arquerías superpuestas tenga que ser vallisoletano y no abulense o
segoviano. Los nombres propuestos se basan en la primacía en acuñar el término, no en ningu-
na clase de prelación cronológica o en ningún tipo de filiación. Incluso debe indicarse que
buena parte de las iglesias vallisoletanas se levantaron en el obispado abulense e insistir en que
es más lógico estudiar todo este arte dentro de su marco geográfico, el sur del Duero, que
Donvidas. Detalle del ábside poner sus arquitecturas en forzada relación con Saha-
gún, con el Reino de León.
Una característica especial de alguna de estas
cabeceras es la de tener ábsides divergentes, ábsides
que no tienen paralelos los lados de su tramo recto,
que se abren hacia las naves, así ocurre en Santa María
del Castillo de Madrigal, Villar de Matacabras, Bernuy
de Zapardiel, San Miguel de Arévalo y Narros del
Puerto. Incluso en la última los ábsides laterales diver-
gen del central.
El perfil externo de la mayoría de los ábsides es
semicircular, pero algunos pocos ejemplos presentan un
perfil netamente poligonal: Narros del Castillo, Santa
María de Madrigal, San Juan de Arévalo, Fuente el
Sauz... Y además, no siempre coinciden el perfil interno
y externo del ábside.
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 58
ten también escaleras de madera adosadas a los muros de caja y alguna de caracol en torres
ya muy tardías. El sistema de construcción de esas torres es en la mayoría de los casos de
cajones de mampostería entre verdugadas de ladrillo, habiendo sido algunos posteriormente
cubiertos con esgrafiados. De este esquema general sólo se despega la de Santa María de Aré-
valo por tener un pasadizo bajo el que trascurría una calle al modo de Teruel; las de Santa
María de Adanero (en realidad espadaña), Espinosa de los Caballeros y San Nicolás de Madri-
gal que tenían en su cuerpo bajo una entrada al templo; la de San Martín de Ávila que se levan-
ta sobre un fuerte zócalo de sillería y las dos de la iglesia arevalense de San Martín –de Aje-
dreces y Nueva–, que se prolongan respectivamente en las fábricas de Rasueros y Horcajo de
las Torres. En muchos casos las torres se levantaron forzadamente sobre edificaciones ante-
riores, ya sean ábsides (Matacabras, Barromán), ya sean torres militares (Palacios de Goda,
Villanueva del Aceral, San Esteban de Zapardiel), ya sean espadañas (Flores de Ávila que tiene
arquerías como las de la espadaña de Cabezas del Pozo). Caso especial es el de San Juan de
Arévalo cuya torre se incorporó a la muralla como original torreón y fue en parte reformada
para permitir después el paso del cinturón de ronda.
Si los ábsides se cubren con las consabidas bóvedas de horno y medio cañón, reforzadas
por fajones de medio punto (Santa María de Arévalo, Narros del Puerto, San Cristóbal de Tra-
bancos...) y apuntados (Vega de Santa María, San Miguel de Arévalo, Narros del Castillo,
Palacios Rubios, Pedro Rodríguez...), las naves –cuyas cubiertas casi siempre son posteriores–
se cubren con armaduras de par y nudillo atirantadas con los almizates decorados, que como
ya hemos indicado deben fecharse en su mayor parte en el siglo XVI, hacia 1550 para precisar
más. Aquí únicamente se señalará la existencia de armaduras singulares en los edificios que tie-
nen restos arquitectónicos mudéjares, sin citar siquiera las muchas armaduras de inspiración
mudéjar que aparecen en otros templos.
Respecto a la situación de las torres con relación al templo es imposible establecer una
sistematización. En la mayor parte de los casos aparecen a los pies o en el lado sur pero hay
ejemplos de todas las situaciones posibles (incluso hay que señalar la remota posibilidad de
que San Miguel de Arévalo tuviese en algún momento dos torres, como San Martín).
Un tema especialmente interesante es de las puertas mudéjares de estos edificios, que
corresponden a variaciones de un único modelo en el que el arco está protegido por un alfiz
y rehundido. Las variaciones vendrán en función del número de arquivoltas de la puerta
(dos o tres normalmente), de la riqueza de adornos del cuerpo superior del alfiz, y de la
traza del arco. En algunos casos podremos encontrarnos con arcos de herradura (Flores de
Ávila y Mamblas), y en otros muchos sospecharemos que han sido rozados (especialmente
Donvidas, Noharre y Jaraíces), otros serán apuntados como San Nicolás de Madrigal, San
Cristóbal de Trabancos, Blasconuño de Matacabras, Fontiveros, Palacios Rubios, el castillo
de Arévalo, las puertas de las murallas de Madrigal y Arévalo y los puentes de esta última
ciudad. La mayoría son hoy arcos de medio punto: Moraleja y Villar de Matacabras, Pedro
Rodríguez, Cabezas del Pozo, Villanueva del Aceral, Constanzana, San Miguel de Arévalo,
Castellanos de Zapardiel, la puerta de la arruinada iglesia de Villaverde (cerca de Bularros)
y Sinlabajos. Insistimos en que nada sería más inapropiado que trasladar al mudéjar la dialéctica
medio punto versus apuntado y hablar de románico versus gótico, y para nosotros forman este
primer mudéjar los edificios que aún no incorporan sistemas de cerramiento con nervaduras que
aún no necesitan contrafuertes en muros y cabeceras.
El material, como ya se ha indicado tantas veces, es la mampostería menuda, es decir enco-
frado de cal y canto (chinarro lo llamaremos a veces) y el ladrillo. Se construye con lo que hay
a mano, caliza y sillarejo, los bloques son de grandes dimensiones y se realizan por el sistema de
bandas entre verdugadas de ladrillo o mampostería encintada y también en cajones. En muchos
casos se emplea el aparejo toledano. Las llagas entre los mampuestos se marcan con incisiones,
cubren buena parte del mampuesto, y además rebosan en parte de la cinta, como repitiendo tími-
damente lo que ocurre con las junturas de los ladrillos. El ladrillo aparece en verdugadas, en las
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 60
momento del amurallamiento. Pienso que la zona sur de la misma, con torres cuadradas, con
pasadizos y con barbacana de la que aún queda un resto preciso en el nombre de calle Entre-
castillos, corresponde a un momento final de la cerca, fechable siempre después de la iglesia de
San Juan y antes de 1230 cuando ya se sabe de arrabales fuera de los muros (se dice que la igle-
sia de San Salvador est in suburbio eisdem villae). A ella corresponde la Puerta de Alcocer que en
realidad es un potente torreón bajo el cual se organiza un túnel de entrada de carácter plena-
mente musulmán, con sucesivas defensas. Se cree que sobre él estuvo el alcázar y que luego fue
concejo, y posteriormente ha sido cárcel. No debió ser ajeno a este reforzamiento de la cerca
la organización a principios del siglo XIII de la Universidad de la Tierra de Arévalo, una de esas
Comunidades de Villa y Tierra que estructuraron la vida de la Edad Media, mediante la cual el
concejo de Arévalo tendría medios suficientes para acometer las nuevas obras del amuralla-
miento. En 1250 existían doce templos en Arévalo, de ellos mantienen aún su fábrica románi-
ca y/o mudéjar Santa María, San Martín, San Miguel, San Nicolás, San Juan, Santo Domingo,
y el Salvador, está totalmente transformado San Nicolás y han desaparecido San Pedro, San
Esteban y el Almocrón.
Este Arévalo mudéjar se manifiesta arquitectónicamente no sólo en los templos y muros
de la ciudad. Sumamente importantes fueron los puentes que aseguraron el paso de los ríos. El
de San Pedro o Valladolid, también conocido como la Puente Llana tenía hasta siete ojos de
apuntados arcos, algunos con alfiz a modo de recuadro y con varias roscas en sus arcos. Salvo
los dos ojos centrales, los demás parecen aliviaderos destinados a impedir que el puente se
convirtiera en un pantano. El sistema constructivo es el mismo de bandas de mampostería
entre verdugados de ladrillo que hemos visto en las iglesias y en la muralla. El puente de Medi-
na cruza ya el río Arevalillo y tiene tres grandes arcos de perfil apuntado, más alto el central
que los laterales y dos aliviaderos también apuntados en los lados. En sus dos machones cen-
trales tiene escaleras embutidas que permitían acceder al nivel inferior y que es posible algo
tuvieran que ver con la defensa del mismo puente. El puente denominado de Los Barros, tiene
un único arco inscrito dentro de un recuadro a modo de alfiz. El arco está ligerísimamente
apuntado, y el puente se construye con la misma técnica constructiva de los otros. Apúntese
finalmente que el perfil de Arévalo, una ciudad jalonada de esbeltas y variadas torres, es el de
una ciudad marcadamente mudéjar, el de una ciudad torreada.
Madrigal de las Altas Torres (el rotundo topónimo es del XIX y más parece poema) es la
otra Villa mudéjar del norte de la provincia. Tiene dos grandes templos mudéjares y un
amplio recinto amurallado con planta irregular (un plano que guarda el Ayuntamiento, dibu-
jado por José Jesús de la Llave y la copia de éste por Coello, han dado pie a la teoría de un
recinto fortificado perfectamente circular, mas basta con subir a la torre de San Nicolás para
comprobar que no es así). En el muro se abrían cuatro
Arévalo. Vista general puertas denominadas de Cantalapiedra, Arévalo, Medi-
na y Peñaranda, que se correspondían tanto con los
caminos como con el trazado de la población, con
calles que se encaminaban hacia el centro de la misma.
El recinto tenía grandes dimensiones (2.300 metros de
longitud y más de 80 torres) y es en ello comparable
con el de Ávila. Prácticamente todo el caserío estaba
dentro de la cerca en un callejero que aún permite ver
calles tortuosas, encuentros forzados, todo ello con
algo de islámico.
El sistema constructivo es similar al de las de Aréva-
lo, Cuéllar y Olmedo. Un documento real de 1302, en el
que a petición de los vecinos de Arévalo se les ordena a
los de Madrigal destruir los muros, sirve para fechar cerca
de aquel año el amurallamiento, y es esta fecha que cua-
04. J. L. Gutierrez 11/2/08 14:42 Página 62
dra con la estructura de las Puertas de Medina y Cantalapiedra, con torres albarranas pentago-
nales con ladroneras en sus frentes y altas cámaras artilleras abiertas hacia la población. La últi-
ma es, sin duda, la estructura más interesante de la muralla a pesar de su lamentable restauración.
Los ejemplos conocidos del románico y mudéjar son los que se relacionan a continuación
siguiendo un orden alfabético y geográfico sólo roto al empezar por las murallas y al seguir los
templos de la capital un posible orden cronológico. Se incluyen aquí monumentos y obras
románicas y las mudéjares que consideramos datables en el XII y primeras décadas del XIII y cer-
canas a las formas del románico (se advierte –una vez más– que no asumimos esa cesura drás-
tica entre románico y gótico por la diferenciación entre arco de medio punto/arco apuntado).
Las obras viajeras se estudian en su actual emplazamiento y las obras dispersas se estudian en
conjunto (así todos los capiteles de San Vicente en San Vicente y los elementos de la de Santo
Domingo en la actual del Inmaculado Corazón de María). Termina el catálogo con un con-
junto de monumentos que fueron románicos y de los que apenas quedan restos (Aldeavieja,
Mancera de Abajo y Mironcillo) y con poco más que un listado de pinturas y tallas románicas.
Bibliografía
[Link]., 1982, pp. 7-20; GÓMEZ-MORENO, M., 1943, pp. 11-46; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 17-30;
GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1999a, pp. 11-34; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 481-482, 549-558; GUTIÉRREZ
ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 3-16; JIMÉNEZ LOZANO, J. 1984, p. 92; LAMPÉREZ Y ROMEA, V., 1930, pp. 479-579; LAVA-
DO PARADINAS, P., 1978, pp. 427-454; LAVADO PARADINAS, P., 1986, pp. 529-545; LOJENDIO, L. Mª y RODRÍGUEZ, A.,
1966 (1979), pp. 283-287; MÉLIDA, J. R., 1897, pp. 73-89; PÉREZ HIGUERA, Mª T., 1984, pp. 289-295; SÁNCHEZ
TRUJILLANO, Mª J., 1984, pp. 365-372; VALDÉS FERNÁNDEZ, M., 1996, pp. 17-112; VILLAR CASTRO, J., 1984, pp. 69-
89; VILA DA VILA, M., 1999, pp. 29-65.
NOTA
1
Este texto, el del siguiente artículo y los de arte del Catálogo son textos “autointertextualizados” que recogen,
actualizan, amplían o resumen la mayor parte de mis escritos anteriores sobre el románico, especialmente Sobre
las iglesias..., Sacras Moles, los dos capítulos que redacté en el t. II de la Historia de Ávila, y el librito Sobre el mudéjar...,
más algunos artículos dispersos. En la búsqueda de textos, en su organización y en la redacción nueva de los
apartados dedicados a la localización y estudio del entorno de los distintos monumentos del Catálogo, más la
minuciosa tarea de buscar, seleccionar y realizar las ilustraciones y de ordenar la bibliografía he contado con
la valiosísima colaboración de Ignacio Hernández García de la Barrera.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 63
1. INTRODUCCIÓN
toria y sus ritos y todas las historias que en ellas se basan. Su imagen potente condiciona todas
las imágenes históricas abulenses y sus mil y un reflejos.
Es necesario resaltar que Ávila es un emplazamiento largamente habitado por las especiales
condiciones que el lugar ha ido presentando a lo largo de los siglos. Es el origen de Ávila un
tanto incierto. La falta de evidencias o pruebas documentales ha provocado una singular pervi-
vencia de historias paralelas, apócrifas, mucho más relacionadas con la fábula, el mito, que con
realidades constatables. Así, se vincula el nacimiento de la población a personajes como Hércu-
les o Alcídeo que no pueden resistir un análisis crítico, científico. Los primeros restos hay que
relacionarlos con la Edad de Piedra, pero no será hasta la Edad del Hierro cuando aparezcan
núcleos de importancia y verificables. Se trata de la denominada “cultura de los castros”, que tuvo
buenos ejemplos en Ulaca o Las Cogotas y lleva a suponer la existencia en la capital de otro
núcleo de entidad similar. Era esta zona tierra de vettones y si comparamos las características
geográficas de Ávila con las de los castros conocidos notamos paralelismos en dos cuestiones
fundamentales: existencia de defensas naturales y cercanía de agua. El problema que encontra-
mos es la ausencia de restos de las estructuras que se supone podrían formar el castro, no así de
piezas sueltas en distintos parajes (Cercanías de la actual ermita de Sonsoles, Cerro Hervero...)
que nos hablan de zonas habitadas pero no sabemos hasta qué punto. Destaca el gran número
de “verracos” hallados en las proximidades de la ciudad, muchos de ellos localizados y visibles.
Esta carencia de datos llega hasta el siglo II a. de C. en que se produce la llegada de los
romanos y el establecimiento de su estructura campamental que morfológicamente se mantie-
ne en la actualidad. Consta desde entonces Ávila en diferentes documentos, habitualmente
incluyéndola en la provincia de la Lusitania. Aparte, la existencia de cementerios, calzadas y,
de especial importancia, murallas (tan relacionadas con la medieval) se convierte en el mejor
testimonio del pasado romano. Sin embargo, como bien apunta María Mariné, son escasos los
restos encontrados in situ, y si a ello añadimos la ausencia de una investigación continuada y
profunda, el resultado será el actual vacío en el conocimiento de esta época. Tradicionalmen-
te se ha aceptado la teoría de la existencia de un recinto amurallado romano en el que incluso
se marcan los dos conocidos ejes perpendiculares, el cardo de norte a sur y el decumanos de este
a oeste, ejes que se cruzaban en el forum que precedió a la Plaza Mayor del actual Mercado
Chico y en cuyos extremos debían abrirse las puertas principales de cada lienzo. Estaríamos
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 65
la fatalidad derivada de una larga experiencia de dominio y poder de unos pocos”. No pertene-
ce esta cita a la época que aquí tratamos, está tomada del estudio de Eduardo Cabezas sobre la
sociedad abulense en torno a 1900, pero la traemos aquí porque, a pesar del tiempo transcurri-
do, la situación parece no haber cambiado demasiado y los “serranos” de la Crónica medieval se
consolidaron en el poder. A mediados del siglo XIII ya se puede hablar de unas “estructuras muni-
cipales perennes” por parte de familias que ocupaban cargos en los distintos poderes, poseían la
mayor parte de la fuentes de riqueza (tierras, ganado...) y practicaban lo conocido como “soli-
daridad entre caballeros”, que perpetuaba a la mayoría dominada en su situación. Se debía
recomponer la ciudad y para ello era necesaria la llegada de los protagonistas que con su pre-
sencia y su trabajo lograrían revitalizar el núcleo. No fue éste un proceso homogéneo y parece
que se produjo en oleadas de distinta intensidad. La mayoría llegó del norte, desde la zona de
La Rioja, Cantabria, Burgos, Soria, el País Vasco o Asturias y sus diferentes asentamientos darán
lugar a una nueva estructura de barrios, quizá, como más tarde veremos, esto provoque un aspec-
to disperso, más de núcleos separados que de una única ciudad. Una de las grandes tareas que
hubieron de llevar a cabo es la obra que aquí nos ocupa, las murallas.
La muralla de Ávila es el único recinto peninsular de la arquitectura militar cristiana de
grandes dimensiones de época medieval que se mantiene en lo esencial tal y como fue cons-
truido. La imagen de la muralla es la de la ciudad, y los muros son el monumento que, sin
duda, mejor identifica la ciudad, y también el que configura su organización y el que mejor
explica su historia, pero sorprende la escasez de documentos, imágenes y planos que sirvan
para facilitar la interpretación y análisis del monumento y el que, aunque en múltiples textos
se hayan producido acercamientos valiosos a la muralla, únicamente tengamos un conoci-
miento parcial de la fortificación. Quienes sobre ella hemos tratado coincidimos en manifes-
tar su importancia histórica y artística y en sus dimensiones (en líneas generales), pero discre-
pamos en todo lo demás: datación, trazado, estructura, conexión con la catedral, coincidencia
con el trazado romano...
Tres concretos textos, múltiples veces citados, de las Partidas VII, III y II, de Alfonso X,
indican la importancia que el amurallamiento tiene en el mundo medieval:
– “Ciudad es todo aquel lugar que es cercado de los muros, con los arrabales e los edificios
que se tienen con ellos”.
– “Santas cosas son llamados los muros et las puertas de las cibdades et de las villas”.
– “Honor debe el rey facer a su tierra, et señaladamiente en mandar cercar las cibdades, et
las villas et los castiellos de buenos muros et de buenas torres, ca esto le face seer más
noble, et más honrada et más apuesta”.
Todo ello quizá se resume en el conocido apotegma latino: extra civitatem nulla securitas.
La Edad Media europea e hispana es una historia de ciudades amuralladas. En Castilla,
entre otras, estaban cercadas Soria, Segovia y Salamanca en lo que hemos dado en llamar la
Extremadura castellana, más Valladolid, Burgos, Zamora, Palencia y León (esta última con una
traza regularizada de origen romano, que es la única que es algo semejante al trazado de la
cerca abulense). En lo que hoy es la provincia de Ávila fueron amuralladas en la Edad Media y
aún conservan restos de sus murallas Arévalo, Bonilla de la Sierra, Madrigal de las Altas Torres,
El Barco de Ávila y Piedrahita. En realidad todas las ciudades castellanas de cierta importancia
estaban cercadas en la Edad Media haciendo bueno el aserto de Pirenne cuando dice que “no
se puede concebir en esta época una ciudad sin murallas [...], es éste un privilegio que no puede
faltar a ninguna de ellas”. Obviamente en el mundo islámico ocurría lo mismo.
La muralla será –claro está– un edificio militar, pero además configura la ciudad, se con-
funde con ella y con sus más singulares edificios (catedral, alcázar y palacios nobles). La imagen
literaria de la ciudad es la del recinto murado, desde el castillo interior de Teresa de Cepeda y
el aire de la almena de Juan de Yepes, al redondo espinazo/rosario de cubos almenados de
Miguel de Unamuno.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 68
(1519), de Gonzalo Ayora de Córdoba. Ya a finales del XVIII y en el siglo XIX hay noticias o
imágenes sobre la muralla en Antonio Ponz, Viaje de España (1783); en Alejandro Laborde en
su Itinerario descriptivo de las provincias de España (1826), Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Esta-
dístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1848); en las dos ediciones del estudio de
Quadrado, en Juan Van Halen, España Pintoresca. Castilla-La Vieja: Ávila (1884); José Mayoral,
Recuerdos de Ávila en romance (1883), Grandezas de Ávila (1888); Juan Martín Carramolino, Histo-
ria de Ávila, su provincia y obispado (1872) o Enrique Ballesteros, Estudio histórico de Ávila y su terri-
torio (1896). Ya en el siglo XX, Manuel de Foronda, Crónica inédita de Ávila (1913); Antonio de
Veredas, Ávila de los Caballeros. Descripción artístico histórica de la capital y pueblos más interesantes de la
provincia (1935); Federico Bordejé con la única monografía dedicada a la muralla, más el siem-
pre acertado e incisivo Manuel Gómez-Moreno que a principios de siglo redacta un Catálo-
go que hasta 1984 no sale de la imprenta, en 1980 Emilio Rodríguez Almeida recoge sus estu-
dios sobre la cerca romana en Ávila romana, el capítulo que en 1982 redactó Carmelo Luis
López en Guía del románico de Ávila y del Primer Mudéjar de La Moraña, un sugerente artículo de
María Cátedra y Serafín de Tapia y los dos tomos de la historia de Ávila de la Institución
Gran Duque de Alba, especialmente el estudio de Gutiérrez Robledo que ahora se amplía.
Señalemos también que las imágenes antiguas del monumento son escasas: el magnífico
dibujo de Wyngaerde de 1570, el grabado francés de principios del XIX que aquí se reprodu-
ce, un cuadro de Sánchez Ramos que guarda el Ayuntamiento y las imágenes de Laborde,
Van Halen y Parcerisa, junto a contadas fotografías. Conste además que hasta llegar las res-
tauraciones únicamente eran conocidos dos planos poco precisos del recinto, el de José Jesús
de la Llave de 1837 y el de Coello de 1858.
Ante un panorama como el descrito en el que es patente la pobreza documental y biblio-
gráfica sobre la muralla abulense y defendiendo que en la historia de la arquitectura siempre
el monumento es el mejor documento, y más cuando existe un gran vacío documental, vamos
a realizar un minucioso recorrido y examen de muros, torreones, lienzos, puertas, poternas y
adarves; recorrido en el que nos detendremos en temas que adelantamos ahora.
Tiene una arquitectura sumamente sencilla, como señala el profesor Chueca Goitia
cuando dice que “el conjunto no puede ser más sobrio y desornamentado y aquí radica su
grandeza”. La técnica constructiva es también elemental. La construcción busca el apoyo en
la roca madre, se hace con materiales sacados a pie de obra y reutilizados, alzando dos paños
con mampostería a espejo enripiada en cubos y muros que parece reinterpretar el aparejo
toledano y con sillería en esquinas y arcos. Entre los paños se levanta un núcleo de argama-
sa en el que se utiliza todo tipo de material, seguramente parte de él procedente de cons-
trucciones arruinadas. Rematando el conjunto, el camino de ronda o adarve tiene como pavi-
mento una solera pobre de canto y argamasa, y sobre él se levanta el parapeto con el
correspondiente almenado. No hay constancia de que existiese paradós o parapeto hacia el
interior. Existían antedefensas en el frente este y es posible que también existiesen en la
Puerta del Carmen. Quedan ladroneras o sus restos en la Puerta de Montenegro, en la de la
Catedral (parece indicar que había una puerta que funcionó cuando se cerró la del obispo y
antes de abrir la de la Casa de las Carnicerías), en la zona de San Vicente y hacia el norte.
La descripción, que utiliza como base el plano levantado por Jesús Gascón y Santiago
Herráez (los números entre paréntesis remiten a la numeración de tal plano), debe comenzar
en el ángulo sureste y seguir un sentido contrario al de las agujas del reloj, ajustándose al orden
de construcción de los muros tradicionalmente aceptado desde el libro de Luis Ariz:
“E la primera tela, fue la de Oriente, a la parte onde fueron martirizados los hermanos san
Vicente, Sabina, e Cristeta [...]. E por ende mandó el señor Conde, se fabricasen las telas de
los muros del Setentrión, e la tela del Poniente, non era tan luenga como las otras dos: e vos
digo, que en todas tres telas fabricavan por la parte de afuera, e por la de adentro, más de
1.900 hombres”.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 70
Plano de Ávila, según Jesús Gascón Bernal, con indicación numérica de los torreones
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 71
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 72
Perímetro
Torreones
de tener arco de entrada (los torreones 37, 49 y 50 mantienen aún una sobrepuerta mudéjar de
ladrillo con alfiz y doble rosca), y tienen o solían tener parapetos almenados hacia el interior de
los que quedan algunos ejemplos y muchas señales, tienen una altura considerablemente supe-
rior a la de los torreones del lado meridional del recinto, cuya planta sólo tiene tramo curvo: (los
primeros suelen tener una altura entre 15 y 17 m y los segundos una altura entre 11 y 12 m en
la mayor parte de los casos). Entre la catedral y el alcázar los castilletes quedan reducidos a la
mínima expresión seguramente por la existencia de estructuras voladas de madera a las que lla-
maban cimorros, término que pasó al potente sistema defensivo de la catedral. Tenían y aún en
parte tienen los cubos de los frentes este, norte y oeste una decoración variada conseguida
mediante la inclusión de un friso de ladrillo decorado con motivos de inspiración mudéjar
(esquinillas, sardineles, espigas, encintados...), sobre el que se levantaba el parapeto almenado.
Se observan desde el arco de San Vicente hasta el torreón contiguo (54) al del ángulo SE, pero
en algunos casos el friso está mutilado o ha desaparecido durante las restauraciones decimonó-
nicas. En el frente este no se ven en las zonas del alcázar, catedral y palacio Viejo, quizá porque
estos torreones han conocido muchas reformas y restauraciones.
Los torreones del frente sur, salvo los extremos, no sólo presentan una menor altura y
dimensiones, sino que tienen exclusivamente un tramo curvo con planta de arco de medio punto
con mínimo peralte. En altura apenas superan y en algunos casos enrasan con los lienzos conti-
guos a ellos y están construidos a la par con los lienzos de ese frente. Estas diferencias apunta-
das (falta de castilletes, casi igual altura que los lienzos, planta semicircular y construcción enjar-
jada con los muros, junto con el menor grosor de los muros) testimonian un segundo momento
constructivo en la muralla, un momento en el que se aprovecha el promontorio rocoso en el que
se alzan los muros para fortificar naturalmente a la ciudad y se plantea una fortificación que ya
puede tener una finalidad preartillera al permitir fácilmente la comunicación entre el adarve de
los lienzos y la plataforma de los cubos, también debe apuntarse que estos cubos no sobresalen
más en altura y en planta de los muros porque al estar construidos sobre un escarpado roquedal
no parecía necesario proteger su base del ataque de máquinas guerreras.
Volviendo a los frentes este, norte y oeste, hay que recordar que tradicionalmente se ha
acordado que son éstos los primeros construidos y que incluso el orden de la construcción es
el ya dicho y a él parecen ajustarse las diferentes plantas indicadas; y también hay que recor-
dar ya que el tramo de murallas situado frente a San Vicente, desde la catedral hasta el ángu-
lo noreste corresponde a una zona en la que debió darse un recrecimiento de los lienzos hasta
la altura de los cubos, hecho datable de la segunda mitad del siglo XV y relacionable con la
fortificación del cimorro catedralicio y con el uso masivo de la artillería.
Lienzos
Puertas
Las nueve puertas son también muy distintas y así tenemos tres puertas con torreones con
tramo recto y tramo curvo asociados muy directamente a la defensa del vano (San Vicente,
Alcázar y Adaja), otras dos con simples puertas abiertas a los muros sin torreones asociados a
Lienzo occidental de las murallas ellas (la Puerta del Mariscal y la Puerta de Malaventura),
las tres ya citadas con torreones cuadrados que deben
datarse dentro del programa de reformas del siglo XVI
(Carmen, Rastro y La Santa), otra puerta del siglo XVI de
extraña configuración, la del Peso de la Harina, que en
1591 vino a sustituir a la Puerta del Obispo que se abría
junto al cimorro.
Las del Alcázar y San Vicente se configuran como
las puertas arquetípicas de la cerca abulense. Parecen dos
puertas gemelas, pero los planos indican claramente que
mientras los tramos rectos de los torreones de la del
Alcázar son rectangulares, los de San Vicente son isós-
celes. Sus salientes torreones están unidos en lo alto por
un puente o adarve volado, que en ambos casos arranca
de las grandes ménsulas que debieron soportar la cimbra
de madera necesaria para construir el puente, y tienen
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 79
Las tres poternas que hoy existen son la del Alcázar (aún practicable) y las aún cegadas
del palacio de los Dávila o de Las Navas y del antiguo palacio de Navamorcuende (hoy pala-
cio episcopal), pero hay constancia documental de al menos otras dos, situadas en la desapa-
recida barbacana a la que daban servicio frente a la catedral una y la otra en la zona del ángu-
lo sureste del monumento.
La del Alcázar se abría junto al torreón del homenaje (88), era de pequeñas dimen-
siones y tenía las embocaduras y dovelas de la misma sillería granítica que el resto de los
muros. Servía como comunicación entre el interior del alcázar y la barbacana defensiva
que se situaba ante él, aproximadamente en lo que hoy es el inicio del Paseo del Rastro.
Más reducida es la del palacio de Navamorcuende, situada bajo el torreón principal del
actual palacio episcopal. Está burdamente tapiada y aún se manifiesta al exterior con un
enfoscado en el que se ha simulado un despiece de sillería. En la zona del palacio del mar-
qués de las Navas, tapiada con tosca mampostería de granito, está la poterna de ese pala-
cio, con embocadura y rosca de ladrillos. Debió tener algún sistema de acceso (escalones
o rampas) desaparecido, y su cierre se relaciona siempre con la arrogante inscripción
abierta a mediados del XVI en una nueva puerta del palacio: DONDE UNA PUERTA SE CIERRA,
OTRA SE ABRE.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 81
Almenas
3. ANTECEDENTES Y FUNCIONES
blos, para asegurar la subsistencia en caso de un posible cerco, y a usos industriales insalubres,
que a finales del XV se trasladan extramuros, a las riberas del Adaja.
La misma muralla determinó la especialización del tejido urbano en sus funciones y el
asentamiento de los pobladores según su etnia, religión, oficio y clase social. El trazado de la
muralla condicionó la distribución de las instituciones ciudadanas y de los templos. La mura-
lla como fortificación tenía una estructura defensiva mucho más compleja que la que ha lle-
gado hasta hoy e incluía antepuertas, fosos y contrafosos que con el transcurso de los tiempos
fueron incorporándose al viario (el ejemplo más señalado es la transformación de la barbaca-
na en la antigua calle de Albardería, hoy San Segundo).
Para una mejor comprensión de la importancia de los muros deben apuntarse dos hechos:
en primer lugar que la muralla también actuaba de alguna forma hacia el interior y en segun-
do lugar la ausencia casi total de edificaciones religiosas en el interior de los muros en el pri-
mer momento de la repoblación. Ambos hechos se explican desde la peculiar estructura de
poder de la ciudad medieval. Superponiendo los palacios de los nobles al interior de la cerca
se aseguraba el dominio aristocrático sobre el exterior e interior de la ciudad: el palacio de los
Dávila o de Las Navas es el mejor exponente de lo apuntado y presenta su carácter fortifica-
do tanto hacia el paseo del Rastro como hacia el interior de la ciudad, hacia la plaza de los
Dávila. La ausencia de templos en el interior de la ciudad, a la que volveremos, puede expli-
carse recordando el interés aristocrático porque no existiesen, intramuros, edificios en los que
la plebe pudiera encastillarse. A la función militar del amurallamiento se le superponen fun-
ciones de policía (las puertas de los muros se cerraban por las noches), funciones fiscales (casi
hasta hoy día ha llegado el fielato de la Puerta del Puente y hay testimonios fotográficos que
sitúan la alhóndiga junto a la Puerta del Mercado Grande) y funciones sanitarias, actuando
como última barrera ante las epidemias de peste (conocemos algún caso en el que la muralla
fue protegida con tal fin por una empalizada exterior). Esporádicamente, en fiestas y procla-
maciones, y por la reseñada presencia de galerías, la muralla tiene también algo de mirador,
función que por mor del turismo creciente va camino de convertirse en la esencial el día que
finalice la recuperación del adarve de la muralla que fue de la ciudad y la tierra de Ávila.
4. DATACIÓN Y AUTORÍA
Como ya hemos adelantado, según sea la fuente utilizada, distintas son las fechas y teo-
rías apuntadas para la construcción de esta muralla románica y algunas, las más admitidas y
repetidas, no alcanzan ni la categoría de historieta, aunque son la base de la leyenda de Ávila,
recogida por el padre Ariz, que da los datos más repetidos, pero más inexactos. Pocos años
antes, en 1595, Cianca había adelantado lo más razonable de esos datos legendarios en un
texto precedido de una buena descripción de los muros:
“Toda esta cerca y muros es de una piedra risqueña, assentadas a espejo por ambas hazes, y
lo maçizo argamassado de piedra menuda y cal, con las almenas y antepechos dellas de
tapiería de argamassa, de piedra menuda, y cal, y toda de una labor y traça, y con un mismo
ser; por el qual se muestra y juzga auer sido toda esta cerca hecha en un mismo tiempo y
sazón: no obstante que los muros del lienço que miran al Mediodía no son tan gruessos
como los demás; pero esto bien se echa de ver auer sido a causa de que por esta parte la
muralla está en sitio más alto, y con gran terrapleno, y cuesta natural, y se vee por ella ser
labor moderna, y a la similitud de la que en tiempo del Rey don Alonso sexto se labraua,
como por otras obras de su tiempo se hallan: y porque se verifica muy bien ser labor ésta de
la muralla de Ávila, que agora permanece labor y fábrica, hecha después que España se recu-
peró de los Moros, porque en el un lienço desta muralla en el que mira adonde el sol nace,
desde la torre alta que llaman del esquina y fortaleza real, hasta la torre que llaman de la mula,
que en el mismo lienço haze la otra esquina, se hallan en diversas partes piedras de piedra
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 85
berroqueña labradas de sillería, y en algunas, letras de tiempo de los Romanos, y algunos tori-
llos de la misma piedra, de que los mismos Romanos usauan: y en otras letras Arábigas: y en
algunas medias lunas y estrellas, diuisas de que los Moros usan (alguna ha aparecido en la últi-
ma restauración en los lienzos de la Casa de Carnicerías): y unas y otras piedras muy dife-
rentes de las risqueñas de que está formada la muralla: y assentadas aquellas berroqueñas, y
en que están aquellas letras y caracteres sin orden, y como a caso les cupo su assiento, y algu-
nas del reués. De manera que por su assiento se conoce muy claro auer sido despojos de otros
antiguos edificios de los tiempos que los Romanos, y los Moros a Áuila possehían. Y porque
después que el Conde don Ramón fortificó y pobló a Áuila no se halla en ella auerse hecho
otra fortificación en la muralla: y entonces es de creer la principal fortificación que los pobla-
dores y habitantes en Áuila auían de tener era su cerca y muralla, por ser (como queda dicho)
plaça puesta en frontera de los Moros del Reyno de Toledo, y Estremadura”.
Más compleja resulta la misma historia en el texto de Luis Ariz. Olvidando todos los
aspectos mitológicos que salpican su versión, conviene apuntar que junto a fabulaciones sobre
el número exacto de moros que intervienen en la construcción, nombres de los autores y las
fechas exactas de comienzo y fin de obra, aporta noticias provechosas sobre lo que fue la
construcción de la muralla medieval de la ciudad (mano de obra islámica, reutilización de
materiales de anteriores muros, primacía temporal de los muros sobre la catedral y el que los
medievales no están sobre los cimientos de los romanos):
“E queriendo el Señor Conde dar principio a la tal fábrica mandó a Casandro maestre de Geo-
metría, Romano, e a Florín de Pituenga, maestre Francés, que viajassen ante él, e les mandó
fabricasen la obra. E bien que avíe otros maessos de Geometría, ca vinieran de Vizcaya, e de
León, e otras comarcas, todos obedecían, a los dichos Casandro, e Florín de Pituenga. Ca vos
digo de verdad, que ovo en los primeros días, más de ochocientos homes de labor, en la fábri-
ca cada día. E la primera tela, fue la de Oriente, a la parte onde fueron martiriçados los her-
manos san Vicente, Sabina, e Cristeta: e se dio el principio, el año de nuestro Señor, de mil
y noventa, e fue fenecido el año de mil y noventa y nueve.
Con Fernán López viajaban 22 maestros de piedra tallar y 12 de geometría.
[...] con Fernán de Llanes viajaban 200 moros encadenados, para fabricar en la obra de la
población [...]”.
“El señor conde pidió al obispo que fincase en la ciudad algunos días [...] y que bendijese todo
el contorno donde se fabricasen los muros de la ciudad [...] ca avíe asaz piedra de los muros
que ficiera Alcideo, y de la que los romanos, godos y moros, carrejaron en lueñes tiempos,
[...] e si la piedra oviera de ser tallada e carrejada a duro, fuera bastante ningún Rey, a fabri-
car tales muros”.
“Que la de la ciudad ovo principio antes que las del santo templo, e las del santo templo en
pos de la ciudad.
Es cosa muy manifiesta ser estas cercas que hoy tiene la ciudad las que el Rey Don Alonso
mandó hacer a su yerno el conde Don Ramón, mas no sobre los cimientos de las primeras, si
no en más alto lugar”.
Los datos cronológicos, de exactos y cortos, son poco creíbles. La construcción de las
murallas debió ser algo menos homogénea y algo más tardía. Durante la primera mitad del
siglo XII, los primeros pobladores se defenderían con las cercas que habían llegado desde el
mundo romano y que habrían sido reparadas por los visigodos y los árabes, y que quizá
fueron mínimamente reforzadas. No parece razonable pensar que en los primeros años fuera
posible acometer a la vez las tareas de organizar el territorio, construir casas y palacios, ree-
dificar los templos..., y levantar tan colosales defensas. Ninguna constancia documental hay
de obras nuevas en los muros en la primera mitad del siglo, y la existencia de un denominado
portero en el 1146 puede no indicar otra cosa que la reutilización de las antiguas defensas. Tal
norma parece que fue la seguida en el caso de otras fortificaciones coetáneas y anteriores.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 86
El nuevo amurallamiento se levantará entre la mitad del siglo XII y el final del siglo, tesis
que ya defendimos en 1982. A mediados de esa centuria un geógrafo musulmán que eviden-
temente escribe de oídas pero con buenos informadores, Al-Idrisi, dice que “Ávila, no es más
que un conjunto de aldeas cuyos habitantes son jinetes vigorosos [...] Segovia, que tampoco
es una ciudad, sino muchas aldeas próximas”. Indica también que las aldeas que forman ambas
ciudades están próximas unas a otras hasta tocarse sus edificios. Con ello hace patente– dejan-
do a un lado la cuestión de su fiabilidad– tanto la dispersión del caserío, como la falta de un
amurallamiento de envergadura.
También situaría en la segunda mitad del siglo la construcción de los muros el hecho de
ser el momento de máxima tensión tanto en la frontera con el Islam como en la frontera con
León y el que además ése es el momento en el que tanto el alfoz abulense, como el obispado,
ya están plenamente configurados. Los datos fundamentales a tener en cuenta son que el obis-
pado de Ávila debe constituirse hacia 1120 y que a partir de 1140 se integran en el obispado:
Olmedo, Arévalo, Alcazarén y, a partir de 1142, Coria con Béjar, Segura y Plasencia, configu-
rando un extensísimo obispado (cierto es que Alcazarén pronto y, a final de siglo, los tres últi-
mos citados dejarían de pertenecer al obispado). Desde el punto de vista político hay que
recordar que la muerte de Alfonso VII en 1157 supuso el reparto del Reino entre sus hijos y un
período de inestabilidad durante su minoría de edad (hasta 1170) que alteró el vivir castellano
y que supuso tanto injerencias aragonesas como enfrentamientos con el cercano mundo musul-
mán y con los habitantes de la nueva frontera leonesa. Dos batallas de las más conocidas del
medievo supondrán un cambio de rumbo y en ellas participaron activamente los nobles abu-
lenses con sus obispos: Alarcos que en 1195 supuso una derrota para los castellanos y las Navas
de Tolosa que en 1212 representó el adelanto definitivo de la frontera.
Un hecho de cierta importancia y que ha motivado no pocas discusiones teóricas vendrá a
confirmar esta datación. Me refiero a la construcción de la cabecera de la catedral y su vincula-
ción con la muralla. Ya la legendaria Historia de Ávila que recopila Ariz indica que las obras del
templo fueron en pos de las de los muros. La planta de la muralla, si reconstruimos en ella el
desaparecido torreón número 88 (el demolido para edificar la capilla de San Segundo) muestra
claramente que la cabecera catedralicia se construye sobre lo que habría sido el pequeño torre-
ón 1 y los lienzos colindantes con él. Creemos que en cierto momento, hacia 1170, coinciden
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 87
la obra de fortificación y la de una nueva catedral, sin duda alguna más amplia que la primera a
la que englobaría, y que se optó por incorporar a la muralla aquella cabecera con múltiples absi-
diolos, como uno de los más fuertes torreones de los muros. Si se construyó o no el torreón de
la muralla y sus lienzos colindantes sólo se podrá saber tras una concienzuda excavación arqueo-
lógica de la cabecera catedralicia, y una gran oportunidad se ha perdido durante la última y
torpe reforma de la misma. Claro está que aquella primera cabecera, con absidiolos, luego forra-
da y protegida por una barbacana exterior, no tendría la potencia artillera del cimorro con una
triple línea de almenado que hoy conocemos y que es fruto de reformas del siglo XV.
La única referencia documental explícita a la construcción de la muralla indica que se está
construyendo a finales del siglo XII. En 1193 un documento que se guarda en el Archivo del
Asocio, incomprensiblemente ignorado y cuyo valor ya puso de manifiesto Margarita Vila Da
Vila, libera a los caballeros de la ciudad del pago del quinto del botín si lo aplican a la forta-
leza defensiva que están construyendo:
Et insuper dono sibi perheniter et concedo quod illi milliti qui civitatem istam ex manu patris rregie tenuerit in
christianorum exercitu, nisi ipse presens in expedicione cum eis fuerit , quintam sibi rredere non cogantur, eo nan-
que fiducia fundantur opida et turres fortissime, ut, cum ad sumum lapidem et conssumacionis gloriam Deo dan-
tem pervenerit, ab inimicorum incursibus ipsorum pressidio laboris participes defendantur
Dicho en castellano de hoy y resumido, que los caballeros e hidalgos hacían la ronda, los
pecheros urbanos velaban, los campesinos reparaban adarves y cavas (fosos) y suministraban
la piedra, la cal y la arena, los judíos ponían el hierro (que era lo más costoso) y los moros
ponían la mano de obra; moros y judíos también velaban. Aceptado este testimonio, que cier-
tamente es el de mayor rigor histórico que poseemos, deberemos constatar que estos alarifes,
–musulmanes al menos– algunos de ellos– levantaron muros cristianos, con estructura y téc-
nicas constructivas cristianas mezcladas con las musulmanas, y la única concesión a su estéti-
ca estará en los frisos de esquinillas que en los muros septentrionales y occidentales preceden
al coronamiento, frisos que desaparecieron o fueron conscientemente ignorados por los res-
tauradores del pasado siglo, y en las puertas de acceso a esos castilletes, de las que han llega-
do hasta hoy las tres ya citadas, con alfiz y roscas de ladrillo.
Surge así una vez más el autor anónimo tan querido de los románticos (que en tan incier-
ta formulación escondían en muchos casos la pobreza de sus conocimientos), no hay ningún
alarife, ni ningún noble o rey, la muralla aparece como la obra colectiva de la ciudad y la tierra
de Ávila, una obra en la que lo musulmán está presente tanto en la mano de obra, como en las
técnicas y materiales.
sí que se hacen con trazas de Juan Campero. En el arco del Carmen, la reforma fue grande,
forrándose todo con sillería de granito y haciéndose nueva la puerta de entrada. A continua-
ción acometerá Campero, por indicación del corregidor Bernal de Mata, obras en el arco de
San Vicente y en el de San Pedro, que en líneas generales debieron afectar a los parapetos y
almenados, siendo de entonces los elementos de sillería y especialmente las almenas dentadas
que coronan dichas puertas. En las obras intervino también el cantero Pedro de Viñegra, encar-
gado de poner las armas reales en las puertas. También se ponen cadenas que pueden ser indi-
cio de la existencia aún de un puente levadizo (se llegó a pedir que los artesanos que habían
hecho mal la obra fuesen encarcelados). Durante todo el siglo, y especialmente los siguientes,
las actas testimonian, ya se ha dicho, la constante preocupación por los muros y por encontrar
alguien que los repare. De la segunda mitad del siglo XVI es la polémica que aparece en el deno-
minado Pleito de la Albardería sobre las casas situadas entre la barbacana y los cimorros de los
muros, en el que consta un interés municipal por dejar las defensas libres de edificaciones aña-
didas. Interés que casa mal con la construcción de la alhóndiga y las carnicerías reales, obras
que ya se ha visto son del período. También de este momento son las muchas obras realiza-
das entonces en el alcázar, en las que constan intervenciones de Felipe II y de Francisco de
Mora. La obra, que afectó tanto al alcázar como a la barbacana del mismo, está reseñada en
la inscripción que hay sobre la puerta de la muralla.
De 1570 es la conocida vista de Ávila de Antón Van den Wyngaerde que reproduce todo el
caserío abulense visto desde el ángulo suroeste. Una vista en la que con precisión se pueden ver
las cortinas oeste y sur (hasta la Puerta de los Dávila) de la muralla. El dibujante recoge los muros
con cierto detalle, incluso los frisos de esquinilla que remataban las torres, y aporta los nombres
del momento de algunas puertas: la porto de Dayzo, de Malanontuera, Montanegro y del Mar-
qués de las Navas. Una de ellas, la de los Dávila, aparece ya con la galería que actualmente tiene
y la de Montenegro tiene ya las torres cuadradas. En el interior, la ciudad está colmatada de edi-
ficios en su parte baja, pero el dibujo da la impresión de tener algo de seriado, de repetitivo. Res-
pecto a los exteriores se reproducen los barrios extramuros y con bastante detalle la zona artesa-
nal que se abría delante de la Puerta del Puente, en un primer plano para el dibujante.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 92
Durante los siglos XVII y XVIII, los de la gran decadencia de la ciudad, pocas obras van a
realizarse en sus muros, ni siquiera las de mantenimiento. Las únicas de cierta importancia se
realizarán una vez más en el alcázar, durante el reinado de Felipe V.
Llegado el siglo XIX la muralla parece volver a ser competencia del concejo. Esto se debe
en primer lugar a la presencia en la ciudad o los alrededores del ejército francés, de absolu-
tistas y carlistas, lo que vuelve a dar una cierta utilidad a los muros, y en segundo lugar a la
llegada a la ciudad de una serie de arquitectos municipales que tratarán de llevar a la prácti-
ca el espíritu del artículo 177 de las Ordenanzas Municipales de 1850 que indicaba que “la
buena conservación de los monumentos antiguos [...] debe ser atendida escrupulosamente,
pues en ella se interesa el buen nombre de los pueblos, y aun el honor nacional” y también
el artículo 187 en el que se precisaba que “las reparaciones de la muralla se harán por quien
corresponda sin pérdida de tiempo, conservando en lo posible el monumento que más contri-
buye a la nobleza del aspecto exterior de la capital”. Parecía que ya se habían olvidado aque-
llos momentos en los que los muros se habían convertido en un obstáculo al desarrollo de la
ciudad y en los que el Ayuntamiento se había planteado la demolición de la muralla, siguiendo
las modas urbanísticas de la época y el parecer de Madoz (1845-1850) que escribió “que esta
fortificación sería inexpugnable en su época; en el día es perjudicial a la mejor y mayor parte
de la población que se halla fuera de su recinto”. Sólo la pobreza de la ciudad, que no tenía
medios para derribar el monumento y no encontró quién quisiera encargarse de su derribo a
cambio de los materiales, salvó a las murallas abulenses de aquella operación llamada eufemís-
ticamente del “salto de la cerca”, que Pedro Navascués ha definido como el momento del
“¡abajo las murallas!”, grito que se lanza en Barcelona en 1840 y que recorre toda la Península.
Operación contra la que se alzó la voz, cargada de razones y dolorida, de Torres Balbás, dicien-
do que las “murallas no caen de vejez ni las arruinan los temporales, derríbanlas los municipios
como cosas viejas, inservibles y molestas... Estos restos de fortificaciones se habían ido que-
dando olvidados, eran como despojos que una marea viva deja en los límites de la playa y que
luego el mar no vuelve a recoger, hoy parecen demasiado molestos, lo mismo en las villas muer-
tas que en aquellas otras florecientes, en pleno crecimiento. Van derribándose las antiguas cer-
cas de bellas piedras amarillentas; se derrocan y allanan las torres por voluntad unánime de los
pueblos que las poseen. No faltan pretextos para la destrucción: necesidades de higiene, de
urbanización, o el supuesto estado de ruina en que se encuentran, aunque luego tengan que
volarlas con dinamita para luego hacerlas desaparecer. En el fondo todo ello es nada más que
cuestión de incultura y mal gusto, ignorancia del pasado entraña de todo lo que vive, cuyo
conocimiento presta existencia espiritual a los viejos monumentos, prurito lugareño de copiar
en la corte y las grandes poblaciones: las anchas calles rectas, las plazas dilatadas, las casas altas
de profusa decoración. Así van cayendo en nuestras viejas villas murallas y puertas fortificadas,
rúas pintorescas, soportales tan gratos para pasear en todo tiempo; es decir, lo que les propor-
ciona sugestiva belleza”. La cita, que puede parecer larga, creemos que se ajusta a la situación
que sobre la muralla se ceñía en el siglo XIX. Si los muros se salvaron de la destrucción no se
libraron luego del afán necio por dejar sus paramentos libres de todas las construcciones ado-
sadas, y así cayeron todos los edificios que entre sus cubos se acogían, en un afán ñoño e incul-
to por conseguir una imagen de tarjeta postal.
En 1884, una Real Orden de 24 de marzo va a declarar la muralla Monumento Nacional.
Sorprende ver la alegría que la noticia causa en el Ayuntamiento, a la que no es ajeno el con-
vencimiento de que la declaración llevaba consigo el que a partir de entonces sería el Minis-
terio de Fomento el que acometiese las restauraciones necesarias. Comienza entonces también
Poterna del Alcázar la política de liberar el monumento a toda costa de las
edificaciones adheridas al mismo, siguiendo el parecer
municipal de que “por ningún concepto se permita repa-
rar edificios adosados a ella, y mucho menos conceder
licencias para nuevas edificaciones”.
Lo más singular de las actuaciones realizadas desde
finales del XVIII a mediados del siglo XIX en las murallas
puede dividirse en reparaciones, fortificaciones y restau-
raciones. El carácter utilitario-funcional que tienen las
intervenciones en la muralla se pone de manifiesto en la
primera mitad del siglo XIX. Se dan dos tipos de actua-
ciones: las reparaciones continuas de cubos, lienzos,
puertas y almenado y las obras encaminadas a reforzar
las defensas ante los temores a distintos ataques. Separa-
remos ambos tipos de intervenciones, que se mezclaban
cronológicamente, en esta exposición.
Reparaciones
orden, comunicada por el Sr. Intendente de esta Capital, del Excmo. Sr. Conde Vlant, Capi-
tán General de Zamora, en que manifiesta se ha dignado S.M. conceder su permiso para que
puedan demoler los dos cubos de la Muralla del Quartel que mira del convento de Gracia y
que con su piedra se reedifiquen otros...”. El municipio dice que se acuerde “la mejor ejecución
de esta obra a fin de que por la parte de dichos cubos quede decente y con la seguridad que
corresponde”, hace copiar la orden, que aún precisaba más el permiso para “hacer demoler los
dos cubos de la muralla de aquella ciudad que han empezado a arruinarse, advirtiendo que con
la mejor piedra que se saque de ellos ha de repararse la muralla donde lo necesite y los otros
dos cubos que dice el Intendente, y el resto de la piedra podrá venderse en beneficio de la obra
o destinarse para la recomposición del cuartel”. En resumen se demuelen dos cubos de las for-
tificaciones de la muralla y del alcázar y se utilizan sus materiales para reparar otros dos cubos
o lo que sea necesario. Respecto a la situación de estos cubos no resulta difícil suponerlos
incrustados en el muro entre los torreones del homenaje y la esquina de la muralla. (El 22-2-
1794 se concede la piedra de los cubos al intendente).
1792. Mal estado de la muralla frente a la casa del sargento mayor de Milicias en El Rastro.
1793. Arruinado un “pedazo” de fachada del Arco de San Vicente, el 17 de agosto se ordena que
se repare.
1793. Se manda componer las almenas del Pozo de la Nieve (estaba en la tela sur de los muros,
frente a la ermita de la Cabeza).
1796. El Maestro de Ciudad Joseph Pérez Zaracos presenta
Poterna de los Dávila
memoria “de los reparos de las almenas que se hallan
descompuestas al peso de la Harina y de la que se halla
próxima a la casa de Don Andrés Corvino y muro del
Dómine de Menores”. Se acuerda su reparación y “que
las almenas han de ser de piedra y no de ladrillo”.
1798. El cubo y muro próximos al Arco de la Santa están
“prontos a reventar”. Se saca a subasta el arreglo, derri-
bando lo arruinado. En junio ya estaba reparado por
Camargo.
1798. Se ordena a los administradores de las casas que tienen
posesión sobre las murallas que “reparen en el término
preciso de ocho días todo cuanto les corresponda y no
cumpliendo así se ejecuten a su costa”.
1799. Derruir un antepecho levantado sin permiso bajo la
muralla.
1801. Ruina del arco del Rastro.
1802 y 1803. Arreglos y terraplenados al Peso del Harina.
1804. Juan de Mendina y Josef Benito Martínez arreglan la
pared y antepecho del paseo que sube al Arco del
Mariscal.
1816. Los comisarios de obras y maestro de ciudad recono-
cen y mandan deshacer la obra hecha por Ramón Rujas
en la muralla.
1820. Una real orden interesa “si hay algunos arbitrios
impuestos, que en el día se cobren, para la reparación
y conserbación de la muralla”. Se contestó negativa-
mente.
1822. Memorial de Librada Abad sobre ruina el lienzo que
domina su casa morada.
1822. Desprendimientos en el Arco del Carmen.
1822. Reparos en el Arco del Cuartel.
1822. Reparos en la bóveda del Arco del Carmen. Este año
y los siguientes se hacen también muchas obras de
fortificación.
1830. Ruina en el Arco de la Harina.
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 96
La larga relación explica el estado de incipiente ruina de la muralla abulense. Los arreglos
y demoliciones son constantes. Generalmente obras pequeñas que rara vez dejan un preciso
y abundante rastro documental que permita una exacta valoración, pero el conjunto de las
citadas –más la que sufrirá cuando se intente volver a fortificar la ciudad– permiten pensar en
una serie continuada de intervenciones en las que, desde cubos y lienzos enteros hasta alme-
nas y matacanes, son transformados, es decir, reparados.
Fortificaciones
Entre 1792 y el final del siglo, las obras se hacen contando con la autorización del ejér-
cito francés y las más importantes se realizan en la zona exterior del alcázar. En los últimos
años de la dominación francesa se tapiaron las Puertas de La Santa, El Carmen y Mariscal y se
efectúan pequeñas fortificaciones en otras zonas de la muralla: garitas y rastrillo y además
baterías en las Puertas de San Vicente y El Rastro. Todo ello fue demolido en julio de 1812.
Otro período de fortificaciones se acomete entre 1822 y 1823, para defender la ciu-
dad de lo que se denominaban facciosos armados, es decir, los absolutistas. Las fortifica-
ciones se limitaron a poner puertas en los arcos, a cerrar de mampostería las Puertas de El
Carmen y El Matadero y a poner rejas en las del Puente y el Alcázar. Se demolió lo forti-
ficado en 1823.
Entre 1836 y 1837 se vuelven a acometer obras de refuerzo de los muros motivadas por
la presencia del ejército carlista. Son obras que en líneas generales parecen deberse a la pre-
sencia en la ciudad de José Velaustegui, un hombre con cierta experiencia militar que trabaja-
rá con el arquitecto José Jesús de la Llave. Fueron muchas las obras acometidas, como siem-
pre menos que las proyectadas, y de alguna de ellas aún quedan restos en los muros y memoria
gráfica en los planos y dibujos del momento. Se levantaron puentes levadizos utilizando las
cadenas de la cárcel y de los leones de San Pedro, se demolieron las ermitas de San Lorenzo,
San Mateo, San Benito y la Trinidad para utilizar sus materiales en las fortificaciones; se demo-
lieron igualmente el pretil de San Vicente, la aduana vieja contigua a la Puerta del Rastro y las
boyerías contiguas a la de San Vicente, y además se reparó y fortificó todo el circuito supe-
rior de la muralla con parapetos, aspilleras, escaleras y enrases, rectificándose y reforzándose
las Puertas del Peso de la Harina, Rastro, La Santa, Puente y Matadero. Se fortificaban tam-
bién las dependencias de la capilla de San Segundo en la catedral y se abrieron otra vez fosos
al menos en San Vicente y la catedral. Todo ello aparece en buena medida en el plano de la
ciudad y sus fortificaciones que levanta en 1837 José Jesús de la Llave. Allí constan las siguien-
tes actuaciones:
– En la zona este se refuerza la Puerta del Alcázar, se convierte la catedral en el fortín con
un polvorín en su torre, se cierra la Puerta de San Segundo y se fortifica la del Peso de
la Harina cerrando y aspillerando todas sus ventanas, además se reforzaron las puertas
norte y oeste del templo, incluyendo un puente levadizo. En la Puerta de San Vicente
se construye una tosca tenaza con foso y un puente levadizo.
– En el frente norte se cerraba la puerta del Mariscal con algo que podíamos llamar un
tenazón adaptado al terreno y se hacía una gran línea de fortificación en la zona más
occidental con una tenaza ante el Arco del Carmen y adelantando una especie de cora-
cha que se prolongaba hasta un baluarte avanzado.
– En la zona oeste, hacia el río, se proponía cerrar la puerta con otra tenaza y construir
una línea interior de defensa que iría desde San Esteban hacia los muros. No me consta
se realizase esta fortificación interna.
Se citan aquí estas reformas no por su valor arquitectónico, que fue nulo, ni por lo que
aporten a la ciencia de la fortificación, sino por ser un ejemplo de una interpretación tosca de
las teorías de Vauban y por ser la prueba de que la fortificación aún tenía un cierto valor mili-
tar (incluso en la Guerra Civil del 36 volvió a ser la muralla un elemento militar-policial
cerrándose o reforzándose algunas de sus puertas).
Restauraciones
Si durante la primera mitad del siglo XIX las intervenciones en la muralla están motivadas
por temor a reales o potenciales enemigos (franceses, absolutistas y carlistas), las de la segun-
da mitad del siglo se inscriben ya en los inicios de la restauración monumental, y tienen nor-
malmente como autores a los arquitectos municipales de la ciudad: Hernández Callejo, Váz-
quez de Zúñiga, Juan Bautista Lázaro y Félix Aranguren, antes de la declaración como
Monumento Histórico Artístico de 1884, y Repullés y Vargas en los treinta años siguientes a
la declaración. Las ordenanzas municipales de 1949 ya promulgaban que debían conservarse
los monumentos antiguos, y entre ellos las murallas eran el único citado.
La intervención de Hernández Callejo se centra en pequeñas reparaciones en un lienzo
del arco de La Santa y en otro del Arco del Carmen y en la defensa del mantenimiento de la
plaza de armas del alcázar y del segundo de sus arcos. Vázquez de Zúñiga propondrá una
intervención más activa sobre la muralla y así acomete el derribo de almenas entre el Peso de
la Harina y la catedral y su posterior restauración y propone un reconocimiento general de la
coronación del monumento, que en algunos casos estaba en el mal estado que recoge el óleo
que en 1864 pintó Antonio Bernardino Sánchez. La única reparación de cierta importancia
que hace Zúñiga y Cossín se realiza en las zonas de La Santa y El Rastro. La presencia de Juan
Bautista Lázaro en el cargo de arquitecto de la ciudad, 1876-1879, va a suponer el abordar las
reparaciones con un enfoque técnico y económico muy distinto. En sus memorias aparecen
referencias claras al mimetismo historicista que es propio de una restauración: “la piedra, en
cuanto sea posible, procederá de construcciones antiguas para que no desentone, [...], el mor-
tero con alguna mezcla colorante [...] que puede ser detritus de piedra berroqueña, ladrillo
[...], con objeto de que las juntas y enjarjes presenten aspecto de antigüedad y no desdiga la
restauración”. Desde el punto de vista económico se logrará la primera subvención del Estado
para las murallas al considerarlas “como un monumento que caracteriza y da cierto realce a la
ciudad”. Son numerosas las intervenciones de Lázaro en el almenado, constando algunas en el
ángulo noroeste, en el lienzo oeste, en las zonas del palacio episcopal y San Vicente y en las
zonas que dependían de los palacios vecinos. Tenemos constancia documental de la contrata-
ción de decenas de almenas por el Ayuntamiento y puede suponerse que otras cuantas se ha-
rían con fondos particulares. Lázaro, en los años que estuvo en la ciudad, puso en valor las
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 99
ciudad, que estarán a su cargo desde la declaración de monumento y en las que va a realizar
tres campañas restauradoras en casi 40 años, hasta el final de sus días (1922). En mayo de 1884
ya se comunica al Ayuntamiento el nombramiento de Repullés, que entonces ya trabajaba en
Ávila como arquitecto y como restaurador. El propósito del arquitecto es restaurar todo el
monumento, para lo que está levantando planos de cómo estaba y de la restauración. Debió
de realizar para este proyecto la serie de fotografías que recogen varios aspectos de los muros
en esa época, y que demuestran el penoso estado de cubos y lienzos a pesar de las reparacio-
nes y restauraciones anteriores. Corresponden la mayoría a la zona comprendida entre la
Torre de la Mancebía y la Puerta del Matadero. Dos años después de la declaración de Monu-
mento, es decir en 1886, la Dirección General de Instrucción Pública le encarga estudiar un
proyecto general de reparación y restauración de toda la muralla. Pero antes de realizar el pro-
yecto tuvo que acometer con urgencia la reparación del tramo comprendido entre las Puertas
de La Santa y El Rastro que se encontraba ruinoso, sufriendo los efectos de una anterior res-
tauración (la había realizado Marcoartu en 1870). En 1891, la zona sobre la que se llama repe-
tidamente la atención es la comprendida entre las Oficinas del Gobierno y La Santa, ya que
según el arquitecto municipal F. de Sala “se halla la pared en tal estado de descomposición que
exige la inmediata demolición de lo que está en ruina inminente...”. El 20-9-1893 redacta el
proyecto de restauración de la zona comprendida entre la torre de la Mancebía (ángulo SO) y
la Puerta del Matadero. En ambas restauraciones Repullés se acomodó estrictamente al severo
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 101
historicismo que caracterizó toda su actuación monumental. Como resume Muro García-Villal-
ba, demolió el muro adosado por Marcoartu, reconoció el lienzo medieval, reparó lo reparable
y construyó lo que según él no era salvable, y en esta reconstrucción imitó lo mejor que pudo
la forma y tamaño del original, buscando una piedra que fuera idéntica a la primitiva. Especial
cuidado tuvo en la reconstrucción de un cubo y del almenado correspondiente a esa zona. El
proyecto del que se guarda una buena copia en el archivo de la Institución Gran Duque de
Alba explica hasta dónde llegaba el empeño historicista de Repullés, que a continuación y con
idéntico criterio restaurará el tramo comprendido entre el Arco de La Santa y el Arco de los
Dávila y prepara la restauración de toda la zona de El Rastro.
La tarea era ingente, en 1898 se comunicará al Ministerio y al Ayuntamiento la ruina del
almenado de tres cubos del Mercado Grande, en 1899 es el Arco de San Vicente el que está
en ruinas según el arquitecto municipal y en 1902 la prensa se preocupa por el estado ruino-
so de la muralla. En 1900 se están reparando, por Antonino Prieto bajo la dirección de Repu-
llés, las Puertas de San Vicente y El Rastro, pidiéndose para la última piedras del Palacio Viejo,
para dar a la reconstrucción un sello de antigüedad.
En 1900 restaura la Puerta de San Vicente dedicándose fundamentalmente a rehacer las
embocaduras y dovelas de los arcos y a reponer el almenado. En 1905 aprobará la Academia un
proyecto suyo para arreglar el arco del Alcázar. Dos fotografías, una anterior y otra posterior a
la restauración, permiten apreciar el alcance de su actuación. Repullés, olvidando los vestigios
del antiguo almenado que quedaban en el lienzo de la puerta, prefirió recuperar un hipotético
estado ideal, que para el restaurador era el del Arco de San Vicente que él mismo había restau-
Torreones del Alcázar antes de la rado. Al decir de A. Veredas los merlones de San Vicente eran falsos, se reconstruyeron en 1517
restauración. Repullés y Vargas por Bernal de la Mata, y los originales eran “de ripio y
remate piramidal”. La primera restauración se hizo entre
abril y marzo, siendo el contratista Antonino Prieto y
aceptando Repullés hacer el encargo sin sueldo. Luego se
retrasó la continuación hasta junio/julio de 1908.
Aunque la restauración se iba acometiendo, casi
eran tantas las nuevas ruinas como los arreglos, y así en
1906 se desmoronó buena parte de un cubo del lienzo
oeste de las murallas, que tardará mucho más en ser res-
taurado y en 1908 se concede un nuevo presupuesto
para la muralla, esta vez de 26.092 pts., restaurándose la
parte de El Rastro y también la zona de la Mala Ventu-
ra, sobre la que dio un informe el mismo año la Acade-
mia de San Fernando.
En 1907 se centra su restauración en el arco del Alcá-
zar y en el Torreón del Homenaje, en ambos procedió a
una general reposición de parapetos y almenado, pero fue
especialmente agresiva su actuación en el Torreón del
Homenaje, que levantó una controversia en los ámbitos
especializados y en la ciudad, dado que, siguiendo con
total fidelidad los postulados de Viollet, realizó una
reconstrucción del monumento que en volumen, material
y textura es a todas luces excesiva y que le lleva a recons-
truir un hipotético estado ideal del monumento, repo-
niendo todo el almenado, su antepecho y los caminos de
ronda de la fortificación. Las fotografías definen perfecta-
mente la dureza de una intervención en la que el arqui-
tecto no intentó falsificar la parte restaurada buscando
piedras de igual coloración y textura, muy al contrario,
05. J. L. G. Robledo 11/2/08 15:03 Página 102
utilizó –¿conscientemente?– un granito totalmente distinto que aún hoy es perfectamente dife-
renciable. Es un modo de restaurar que resulta muy sorprendente en él y podríamos decir que
–por las causas que fueran– Repullés adelantó aquí algunos de los actuales postulados de las teo-
rías restauradoras. Veredas dará su opinión claramente contraria a la actuación de Repullés: “ha
sido caprichosamente desfigurada con merlones de sillería que nunca tuvo, y destruida su expre-
sión arqueológica mediante grandes parches de impecables piedras”.
Repullés siguió trabajando en el monumento, que no conocerá otra reforma de impor-
tancia hasta que en 1930 hubo que actuar en la zona del alcázar tras su demolición.
Desde entonces las actuaciones restauradoras de la muralla son constantes, pero de poca
envergadura, dado que eran otros los problemas de España y de Ávila. En el Archivo del
Ministerio de Cultura hay constancia de las siguientes:
1929. Reparación del lienzo de poniente por el interior (Moya Hiedo).
1929. Reparación del lienzo de poniente por el exterior (Moya Hiedo).
1933. Reconstrucción del antiguo solar del alcázar (Moya Lledó).
1934. Jardín del recinto arqueológico (Moya Lledó).
1940. Reconstrucción de parte del lienzo en el patio de la Delegación de Hacienda (Fiter Clavé).
1955. Puerta de San Vicente (Arenillas Álvarez).
1956. Obras generales (Arenillas Álvarez).
1957. Reconstrucción de la Puerta de la Santa (Arenillas Álvarez).
1958. Adecentamiento de paramentos exteriores (Arenillas Álvarez).
1959. Reparaciones varias (Arenillas Álvarez).
1961. Lienzo bajo palacio episcopal y otros (Arenillas Álvarez).
1962. Puerta del Carmen, lienzo en la parte de El Rastro, Puerta de San Vicente (Arenillas Álvarez).
1966. Reparación de averías en la Puerta de San Vicente (Arenillas Álvarez).
1966. Humedades en los cubos laterales y en el mismo lienzo de la Puerta de San Vicente (Arenillas
Álvarez).
1968. Reparaciones (Arenillas Álvarez).
1970. Palacio episcopal y tramo de la muralla que sirve de apoyo (González de Vega y Soto y
García Gil).
1972. Recomposición del muro interior caído en el trasdós de la Puerta del Carmen (García Gil).
1973. Obras urgentes en el Arco del Alcázar (Sánchez-Monge Milano).
1973. Humedades en la Puerta de San Vicente (Merino de Cáceres).
1973. Consolidación del arco sobre el que descansa la estructura de la Puerta del Alcázar (Lavesa
Díaz).
1974. Obras urgentes en el tercer cubo del lienzo norte (Sánchez-Monge Milano).
1974. Obras urgentes en el lienzo sur y en el tramo comprendido entre el segundo y tercer cubos
a partir del Arco del Rastro en dirección saliente.
1978. Arco del Mariscal (Merino de Cáceres).
1981. Obras generales (Eduardo Navarro. Arq. Cols.: Espejel, Merino de Cáceres y Pico).
1982. Obras de emergencia en medianerías y tramos (Navarro Pallarés).
En los últimos 20 años la muralla está siendo nuevamente restaurada, primero cuando se
procedió a demoler todas las casas de la calle San Segundo y fue preciso restaurar los parape-
tos de todos los lienzos y almenas que eran nuevamente visibles y finalmente cuando se ha
planteado el facilitar el acceso turístico a todo el adarve y ha sido preciso comenzar una res-
tauración general del mismo. Las restauraciones que conocemos de estos años en los que el
monumento depende de la Junta de Castilla y León, son las siguientes:
1990/1992. Adecuación de las murallas para la visita publica. Adecuación del tramo comprendido
entre la catedral y el palacio episcopal, y reposición de almenas en los lienzos y cubos de la calle
de San Segundo. Pío García Escudero Márquez
1994. Iluminación de las murallas de Ávila. Iluminación general del exterior de las murallas y de
los entornos próximos a las puertas de acceso. Pedro Feduchi Canosa.
1998/2000. Proyecto de actuación integral de la muralla de Ávila y su entorno. Adecuación del
tramo de adarve comprendido entre la catedral y el Arco del Carmen, con pavimentación y pro-
tección del adarve, restauración de la Casa de las Carnicerías con eliminación de la planta añadi-
da y nueva comunicación con el adarve de la muralla. Pedro Feduchi Canosa, Santiago Herráez
Hernández y Jesús Gascón Bernal.
2000/2002. Proyecto (2.ª fase) de actuación integral de la muralla de Ávila y su entorno. Adecua-
ción de la zona de la Puerta del Carmen con pavimentación y protección del adarve, reforma de
la plaza de Concepción Arenal y creación de una nueva zona de acceso a la muralla desde el arco del
Carmen. Pedro Feduchi Canosa y Santiago Herráez Hernández.
Es patente que en las dos últimas décadas la mayor parte de las restauraciones se han debi-
do a dos motivos: primero a la adecuación de la zona del alcázar y de la calle San Segundo
debida a la demolición de las casas adosadas y luego al loable interés municipal en permitir el
recorrido completo del adarve, con la doble finalidad de acondicionar el mismo y facilitar la
visita turística. Respecto a estas últimas intervenciones preciso es advertir que el buen propó-
sito municipal ha tropezado, a nuestro parecer, con una restauración en buena parte desafor-
tunada, una de esas restauraciones de diseño al uso en las que el restaurador tiene más empe-
ño en dejar la huella de su supuesto genio, que en conservar y recuperar el monumento: el
pavimento puesto, especialmente las innecesarias canales, los pretenciosos cerramientos de los
huecos de escaleras, el descuido en los detalles, más las empalizadas toscas y inapropiadas cer-
tifican lo dicho.
Por encima de todas estas historias de restauraciones la muralla sigue siendo el elemento
más singular de la ciudad y de su paisaje. El que explica la historia de Ávila, de los abulenses
y de sus arquitecturas. Una fortificación que, en comparación con otras murallas urbanas, ha
llegado hasta nosotros auténtica y plena de vida, intervenida fundamentalmente por los abu-
lenses y para satisfacer sus necesidades en cada momento. Han sido nuestros muros, como
pocos, unos muros evidentemente ciudadanos.
Bibliografía
[Link]., 1982, pp. 23-44; [Link]., 1989, pp. 279-280; CABEZAS ÁVILA, E., 2000, XXIX; CARRAMOLINO, J. M., 1872
(1999), pp. 430-434; CÁTEDRA, M. y TAPIA SÁNCHEZ, S. de, 1997, pp. 151-183; CERVERA VERA, L., 1987, pp. 401-
417; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 48-52; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 59-64; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
1982, pp. 20-23; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1990b, pp. 217-231; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1999a, pp. 11-34;
GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1999b, pp. 112-113; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 481-514; GUTIÉRREZ ROBLE-
DO, J. L., 2001, pp. 20-24; LOJENDIO, L. M.ª de y RODRÍGUEZ, A., 1966 (1979), pp. 283-287; LÓPEZ FERNÁNDEZ,
M.ª I., 1998, pp. 221-230; MURO Y GARCÍA-VILLALBA, B., 1990, pp. 233-243; NAVASCUÉS PALACIOS, P., 2000, pp.
116-118; QUADRADO, J. M.ª, 1884 (1979), pp. 443-462; TAPIA SÁNCHEZ, S., 1990, pp. 245-252; TORRES BALBÁS, L.,
1922, p. 75; VILLAR CASTRO, J., 1984, pp. 69-89.
07. Adanero 12/2/08 07:45 Página 107
ADANERO / 107
ADANERO
Está situado a unos 40 km de la capital, lindando con la provincia de Segovia, con una alti-
tud de más de 900 m muy próximo a una vía de comunicación tan importante como la actual
N-VI que le ha permitido convertirse, desde tiempos pasados, en un núcleo relevante de la
comarca. Condición que a duras penas sigue manteniendo hoy. Para Madoz: “En una planicie,
circundada por algunos lagos, de clima sano, horizonte despejado y más propensa a fiebres
intermitentes que a otras enfermedades”.
Aparece tanto en el documento de Gil Torres, como en el Becerro de comienzos del si-
glo XIV, y, en opinión de Tejero Robledo, su nombre significaría “heredamiento o propiedad
de Adán”, atribuyendo al sufijo –ero/a el contenido de “propiedades, terrenos”. En la actuali-
dad pertenece al arciprestazgo de Arévalo. La importancia de este enclave queda plasmada
tanto en el siglo XVIII, en época de Felipe IV, cuando obtiene el título de Villazgo, como algo
más de cien años después, bajo el reinado de Felipe V, en que se le reconoce jurisdicción pro-
pia. Aunque quizá sea a partir de 1691, momento en el que surge el condado de Adanero vin-
culado a la familia Núñez de Prado, cuando el pueblo queda realmente ennoblecido. Del siglo
XVI es el edificio conocido como palacio de los Condes, con el dintel y columnas, frontón,
volutas, flameros y escudos característicos.
L
A IGLESIA, DEDICADA A LA ASUNCIÓN de Nuestra
Señora, se encuentra en la plaza, en mitad del case-
río, protegida alrededor por un murete a modo de
pretil, marcando la transición entre espacios, modelo éste
muy repetido, como veremos. Del edificio mudéjar del si-
glo XII o principios del XIII, apenas quedan restos. Una
capilla con cañón apuntado bajo la torre y la misma torre
que en su primer piso tiene las escaleras embebidas en los
muros, la puerta a los pies (hoy tapiada), formada por un
doble arco apuntado y enmarcada por un recuadro rehun-
dido, arcos perpiaños del presbiterio muy retocados, y las
arquerías ciegas de medio punto de su tramo recto (falta
una del norte), así como la armadura de par y nudillo, con
limas, cuatro dobles tirantes y cuadrantes en los ángulos.
En el siglo XVI se voltearon los nuevos formeros de sus
naves y se hizo la armadura ochavada y en 1702, derroca-
do previamente el tramo curvo de su cabecera, se constru-
yó la nueva, ya decididamente barroca, dejando el tramo
recto mudéjar como conexión entre las naves y la capilla
mayor.
108 / ADANERO
Presbiterio
07. Adanero 12/2/08 07:45 Página 109
ADANERO / 109
Planta
Torre Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 184-189; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
pp. 165-166; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 143-144; GÓMEZ-
MORENO, M., 1983, pp. 299-302; GUERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA,
R., 1993, pp. 180-181; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P.,
1845-1850 (1984), p. 29.
OTROS VESTIGIOS / 345
OTROS VESTIGIOS
Quizás alguno de los anteriores deberían estar en este apartado por la mínima entidad de sus
vestigios románicos y/o mudéjares (Berrocalejo, Sinlabajos, San Esteban y Castellanos de
Zapardiel...), pero optamos por situar aquí éstos por ser sus restos mínimos y dudosamente
románicos.
Aldeavieja
Iglesia de San Cristóbal
A
LDEAVIEJA ES PEQUEÑA entidad próxima a la capital, falta de documentos que hagan referencia a su origen y el
a unos 20 km por la carretera que une Ávila y Sego- de su fábrica. Todo indica que ya estaría terminada en
via, de azaroso pasado, que no perteneció a la dió- 1148, siendo el más antiguo templo de Aldeavieja, y que
cesis abulense hasta bien entrado el siglo XX. Actualmente gozó de carácter parroquial, con consentimiento de
pertenece al municipio de Santa María del Cubillo y llama Párraces. En 1540 se derriba el campanario, del que todo
la atención el hecho de encontrarse a más de 1.200 m de parece indicar que se trataría de una estructura indepen-
altitud. Tenemos constancia de su existencia como entidad diente, y empieza su desmantelamiento general: parte de
local ya en 1148, casi siempre incluida en la provincia de las piezas irán a la nueva iglesia de San Sebastián, otras al
Segovia, concretamente en el sexmo de Posaderas de la Cubillo y parte se abandona. Quedaron en pie la capilla
Diócesis de Ávila. mayor y parte de los muros laterales, que fueron elimina-
La iglesia de San Cristóbal se encuentra en la parte dos en su totalidad poco después, dejando únicamente la
nororiental del pueblo, alejada un tanto del núcleo, en lo capilla (le salvó el hecho de tener bóveda). Curiosamen-
más alto de una pequeña colina. Una vez más destaca la te muy poco tiempo después, la iniciativa y el fervor
popular hicieron posible su reconstrucción, dejando
claro el importante vínculo sentimental que les unía a la
Cabecera de Aldeavieja ahora ermita. Sin embargo el proceso de degradación
volvió a producirse, y un nuevo abandono provocó otra
vez la ruina del edificio, estado en el que llegó a finales
del siglo XX. Pasó posteriormente a manos privadas y en
2002, tras una larga intervención, ha sido convertido en
centro cultural.
Antes de esto, la iglesia presentaba planta de dos
naves con cabecera poligonal de cinco tramos, al exte-
rior marcados por contrafuertes de sillería, y profundo
tramo recto. Las numerosas intervenciones fueron difi-
cultando la lectura original de sus muros, de los que –a
lo sumo– perduran como muestra unos canecillos de la
cabecera sin decoración alguna, en un muro de base poli-
gonal que en lo alto es semicircular y que quizá esté
forrado o reutilizado.
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 111
A R É VA L O / 111
ARÉVALO
Iglesia de El Salvador
S
E SITÚA EN UNA PLAZA que lleva su nombre, extramu- para tal aserto), en terrenos extramuros dentro de la jude-
ros, atravesada por el que fue camino de Madrid, ría. Cierto es que los linajes repobladores otorgaron a esta
hoy carretera, y compartiendo protagonismo con etnia unos lugares para que habitaran y desarrollasen sus
otros edificios de relevancia como son el palacio de Cár- actividades (en el campo y en la artesanía principalmente),
denas, el convento de las Montalvas o las Bodegas de llegando a finales del siglo XIII a constituir una judería de
Perotas. gran envergadura, como vemos en el “padrón de judíos” o
Una tradición del todo apócrifa atribuye el origen de la “padrón de Huete” donde se hace referencia a alrededor de
iglesia de El Salvador al emperador Constantino, en la era cuatrocientos miembros.
336. Cervera Vera, siguiendo a Montalvo, propone que el Anteriormente, en 1230, encontramos una referencia a
lugar sería el mismo que había ocupado una sinagoga (nin- la parroquia de El Salvador en un documento de Fernando III.
gún apoyo documental, arqueológico o monumental hay También lo encontramos en la relación de Gil Torres,
haciéndose eco del templo primitivo, porque en el siglo
XVI aparecen los testimonios de la nueva consagración que
Fachada meridional se produjo después de la gran reforma que sufrió.
Es templo que tuvo un primer momento románico y
mudéjar al que respectivamente corresponden la capilla
del evangelio con bellos capiteles con monstruos en el
toral (hoy, desprovistos de columnas, parecen ménsulas),
y la torre de hechura mudéjar, con cajas y verdugadas que
luego recibieron distintas capas de revocos y esgrafiados,
pero que aún se señalan en los paramentos. Valiosas las
escaleras embutidas en los muros y dos salas intermedias
con interesantísimas bóvedas (muy baja la más alta), espe-
cialmente la primera con cúpula sobre trompas que casi
son pechinas y arrancando de un anillo de facetas. La dis-
posición de la torre sobre la capilla románica retrasa su
datación hasta el siglo XIII. En el XVI y XVII el resto del tem-
plo fue muy transformado incorporando capillas y bóve-
das y destruyendo el templo y una cabecera triple que
tenía ábsides románicos y mudéjares, que aún se adivina
en la planta de la iglesia.
Bibliografía
CERVERA VERA, L., 1992, pp. 335-347; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp.
72-74; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 114-115; GÓMEZ-MORENO,
M., 1983, pp. 239-240; GUERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993,
pp. 62-66; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, p. 561; GUTIÉRREZ ROBLE-
DO, J. L., 2001, pp. 38-39; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MONTAL-
VO, J. J., 1928 (1983), pp. 110-112.
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 112
112 / A R É VA L O
Planta
Sección transversal
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 113
A R É VA L O / 113
114 / A R É VA L O
E
STE TEMPLO ESTÁ SITUADO extramuros, en la zona de Santo Domingo lo vemos ya en el documento de Gil
los arrabales. En origen estos terrenos estarían ocu- Torres, haciendo referencia a su fábrica antigua, siendo
pados por las clases humildes y las minorías étnicas, más abundante la documentación que se refiere a las refor-
gentes que también hay que relacionar con el proceso mas que ha ido sufriendo a partir del siglo XVI. Especial
repoblador, pero que no pertenecían a las élites ni a los importancia desde el punto de vista devocional tiene la
linajes nobles que encabezaban áquel. Esto provoca que a presencia en este templo de la imagen de la Virgen de las
partir de aquí se desarrollen barrios como la judería y la Angustias, patrona de Arévalo y su tierra. Conserva su
morería y que las actividades más destacadas sean la arte- actividad como parroquia.
sanía, el comercio, la industria, aspecto éste importante Es templo con una portada con triple arquería, de jam-
para comprender el carácter que aún pervive en la plaza, bas y roscas almohadilladas, espejos y bolas de corona-
tradicional sede del mercado. Todas estas circunstancias ción del modelo escurialense, reconstruido en el último
motivan que las características de este espacio sean dife- cuarto del siglo XVI, tras las reformas y ampliaciones que
rentes a las que se ven en la plaza de la Villa o en la del años antes se hacen en el templo. Del edificio original
Real, notándose especialmente en el modelo de vivienda y mudéjar aún está en pie y es visible el muy esbelto ábside
la densidad de éstas. con altos registros de arquerías dobladas de un solo piso
que le confieren una traza ligeramente poligonal. En su
interior aún puede rastrearse la estructura mudéjar de la
Ábside
cabecera, confirmarse la existencia de arquerías en las
naves e incluso comprobar que sobre los actuales forme-
ros existen más vestigios mudéjares. También son mudé-
jares el cuerpo bajo de la torre (tiene pinturas murales de
hacia 1500 y fue rehecha en el siglo XVIII) y un cuerpo a
modo de cimborrio cuadrado que se levantó sobre el
tramo central del ábside.
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 137-138; CERVERA VERA, L., 1992, pp. 235-243,
277-278; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 53-56; GARMA RAMÍREZ, D. de
la, 1999, p, 114; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 238; GUERRA, R.; OVIE-
DO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 70-76; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000,
p. 574; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 65-66; LÓPEZ FERNÁNDEZ,
M.ª I., 2002b; MONTALVO, J. J., 1928 (1983), pp. 108-110.
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 115
A R É VA L O / 115
Planta
Alzado este
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 116
116 / A R É VA L O
S
E UBICA ENTRE LA PLAZA DEL REAL, sede del poder con- La coincidencia de sus muros con los de la muralla ha
cejil, y la del Arrabal, centro económico indiscuti- dado lugar a toda suerte de interpretaciones. Cervera,
ble desde antiguo, en la zona oeste de la villa, pró- siguiendo a Montalvo, indica que “primitivamente fue una
ximo ya a la caída que lleva al cauce del Arevalillo. Es el pequeña ermita románica de ladrillo adosada a la muralla,
único templo, junto a Santo Domingo, que se mantiene cuya fábrica, posteriormente, se convirtió en la actual
como parroquia. cabecera de la iglesia”. La interpretación no es tan fácil
En torno a la iglesia de San Juan sigue existiendo una dado que la relación entre ambas fábricas es muy conflic-
serie de dudas de difícil solución acerca de su origen, tiva: por un lado la torre de la iglesia está construida sobre
estructura primitiva o relación con los muros de la cerca. lo que fue un torreón de la muralla y por otro lado en lo
Cierto es que consta en la relación de Gil Torres, pero hay alto existe una clara separación entre los muros y la facha-
una gran ausencia de datos documentales hasta los siglos da septentrional del templo que se decora con una serie de
XV y XVI, donde ya vemos una sucesión de intervenciones arquerías en recuadros que son de difícil visión y recuer-
que irán ocultando la fábrica original, hasta bien entrado dan las fachadas de muchos templos mudéjares de la actual
el siglo XX. Este templo está vinculado al linaje de los provincia de Valladolid (desde Aldea de San Miguel hasta
Sedeño, concretamente a Gómez Sedeño, que en este lugar Fresno el Viejo), existiendo un pasadizo militar y un mira-
estaba encargado de la defensa del castillejo de San Juan dor desde el que se podía presenciar el culto (como en
(afirma Cervera Vera con influencia de Montalvo). Melque, Rapariegos y La Asunción de Pinarejos), y aun
Torre Ábside
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 117
A R É VA L O / 117
Planta
118 / A R É VA L O
Alzado norte
son visibles desde el adarve de los muros tanto la conti- con sus toques a la judería extramuros), y con una estruc-
nuación de las arquerías de la cabecera poligonal, como la tura distinta de la que presentan las torres de San Martín,
cornisa de rica decoración que remataba la fachada meri- Santa María y El Salvador (aquí se reorganizó el cuerpo
dional del templo. Este muro meridional adornado con bajo, desmontándose la bóveda de su primera cámara para
arquerías y con rica cornisa creo que sirve para afirmar la permitir el funcionamiento del camino de ronda). Tam-
existencia de la iglesia de San Juan antes del amuralla- bién obligó ello a continuar el adarve de la muralla con un
miento de esa zona, y pensar que luego su torre se trans- trazado muy forzado, casi con una estructura de pasadizo
formó en uno de los torreones del nuevo amurallamiento debida a que el templo tenía en su nave meridional mayor
(distinto y más amplio), con un emplazamiento sumamen- altura que el adarve (esto último puede interpretarse como
te forzado y anómalo (no parece lógico pensar en una una demostración más de la mayor antigüedad del tem-
torre parroquial dominando una fortificación y llamando plo). Rematando el hastial de la fachada occidental se dis-
ponen ventanas superpuestas con doble rosca.
Detalle de la fachada occidental Su cabecera, apenas visible desde la plaza y desde un
segundo piso de la sacristía accesible desde el adarve, tenía
varios registros de arquerías (dos al menos, ya que del cuer-
po inferior nada puede verse), con una traza marcadamente
poligonal y unas esquinillas de remate, sobre las que parece
verse el arranque de un ático desmontado, sin que sea posi-
ble precisarse más de su análisis dado que es poco lo visible
de la misma. El interior fue reformado y ampliado a finales
del XV y cubierto con bóvedas barrocas en el XVIII.
Dentro del templo, en una capilla, se guarda una magní-
fica escultura de alabastro, que lo razonable es suponer del
templo, correspondiendo a la decoración de una puerta
meridional desmontada al construirse la muralla, sin que
pueda precisarse más el origen. También abona el que sea de
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 119
A R É VA L O / 119
Bibliografía
[Link]., 1982b, p. 139; CERVERA VERA, L., 1992, pp. 283-292; DÍAZ DE
LA TORRE, J., 1999, pp. 69-72; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 116;
GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 237; GRAU LOBO, L. A., 1996 (2001), p.
210; GUERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 121-126; GUTIÉ-
RREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 569-570; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
2001, pp. 56-57; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MONTALVO, J. J.,
1928 (1983), p. 115.
S
La iglesia de San Miguel, destacando sobre el caserío IGUIENDO LA DIRECCIÓN de la muralla desde San Juan
hacia el castillo, se encuentra el templo de San
Miguel. Se sitúa por tanto intramuros, muy cerca
de los muros, en la zona que constituye el núcleo medie-
val primitivo, caracterizado por la densidad de las edifica-
ciones y la morfología de sus calles y trazado. Parece que
fue el linaje de los Montalvo el encargado de defender esta
área, centrándose en el río Arevalillo y el puente de Medi-
na, fundando la iglesia que ahora nos ocupa. Este linaje
procede de Hernán Martínez de Montalvo, luce por armas
un águila en el centro de un campo de plata y estaría rela-
cionado con la nobleza de la capital.
Es de los templos que perdió su carácter parroquial, a
pesar de haber sido en el pasado el lugar de reunión del
cabildo eclesiástico mayor de Arévalo. Hoy su interior
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 120
120 / A R É VA L O
Planta
Alzado este
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 121
A R É VA L O / 121
Fachada septentrional
permanece vacío, con el gran retablo ocupando la capilla toral “(que se haga un gran arco en la capilla mayor por
mayor, y habilitándose temporalmente como espacio cul- manera que se abra todo lo que fuera posible para dar vista
tural y auditorio. Consta documentalmente en la relación a los que oyen misa desde fuera de dicha capilla)”, tirando
de Gil Torres. arcos y haciendo la nueva gran armadura mudéjar, obra de
Es iglesia de difícil lectura arquitectónica, sobre la que Diego López. Antes de estas reformas San Miguel debió
se ha fantaseado hablando de un culto compartido cristia- ser una iglesia con pequeña cabecera con tramo recto y
no y judío que se nos antoja increíble y de la que María curvo (desde el interior de su desmochada torre norte se
Jesús Ruiz Ayúcar ha publicado los datos fundamentales de ve parte del primitivo alero del tramo recto con un friso de
las reformas del siglo XVI. En 1506 se reforma el presbite- esquinillas similar al grande del ábside de La Lugareja).
rio elevando el altar. Entre 1507 y 1508 Marcos de Pinilla Con lo que los documentos y el monumento dicen parece
hace un retablo que parece apropiado a un testero plano y que la primera reforma de la cabecera se hizo pronto sobre
que hoy parece de reducidas dimensiones en su emplaza- los divergentes muros del tramo central (desde el exterior
miento. Entre 1530 y 1550 la iglesia es profundamente aún pueden verse el formero de arranque remetido en la
reformada, alterando el presbiterio, abriendo un gran arco fachada este), y que sobre el tramo curvo se amplió el tem-
plo con una cuadrada cabecera que tiene en su exterior
Cabecera (que parece inacabado) una serie de arcos ciegos que alter-
nan sus dimensiones y formas con los cajones de mam-
postería, y dos de ellos, estrechos y alargados, se cegaron
para poner el retablo, mejor dicho para volver a poner el
retablo. En ambos casos son de 1506 o anteriores (se indi-
ca que los arcos ciegos de los costados de la cabecera cua-
drada aparecen cegados desde el primer momento de la
construcción).
La torre que incorpora material reutilizado romano,
corresponde a lo primitivo del templo y originariamente se
accedía al campanario desde una puerta abierta en el pres-
biterio que daba paso a una escalera embutida en el muro
que permitía subir al primer nivel. Cuando en las reformas
del siglo XVI esta puerta fue cerrada al reorganizar los ente-
rramientos, se preparó un acceso a ese nivel vaciando par-
cialmente el relleno de barro y cal del primer cuerpo de la
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 122
122 / A R É VA L O
Alzado norte
Sección longitudinal
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 123
A R É VA L O / 123
124 / A R É VA L O
U
NA VEZ MÁS hay que referirse al momento de la cional, pero fue perdiendo parte de su actividad en favor
repoblación, ya que tanto la historia como la ubi- de otros espacios como la plaza del Arrabal o la del Real,
cación de este templo no podrían entenderse sin convirtiéndose la calle Santa María en el eje que las comu-
aquella. La monarquía, que en el caso de Arévalo se había nica. Como muestra de su importancia en época medieval
decantado por la caballería más o menos local para llevar hay que decir que eran los toques de su torre los que mar-
a cabo tal misión, autoriza al linaje de los Briceño para caban el cierre de la cerca.
construir la torre y la iglesia de Santa María, así como esta- Su emplazamiento es singularmente mudéjar, con alta
blecer allí su lugar de enterramientos y de “juntas”. Para torre que se levanta sobre un arco de medio punto con
ello se tenía en cuenta que este linaje era el encargado de sucesivas roscas que cruza la calle (algunas fuentes quieren
proteger la cercana zona del castillo. Se encuentra por ver en este arco la puerta central de un recinto amurallado,
tanto en terrenos intramuros. El lugar elegido se convirtió una hipótesis carente de todo fundamento), y que recuerda
posteriormente en cierre occidental de la que se conoce sobremanera a las turolenses. En su interior tiene dos cáma-
como plaza de la Villa, espacio típicamente castellano con ras superpuestas, abovedadas y con los ejes cruzados y un
edificios bajos porticados y suelo empedrado, donde ade- sistema de escaleras embutidas en los muros y cubiertas
más estuvo ubicada la primitiva sede del poder concejil. con bóvedas escalonadas de cañón, que se ilumina median-
En la actualidad esta plaza mantiene su aspecto tradi- te pequeñas saeteras de ladrillo y permite llegar a un cam-
A R É VA L O / 125
Planta
Alzado este
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 126
126 / A R É VA L O
Alzado sur
Sección longitudinal
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 127
A R É VA L O / 127
Escaleras de la torre
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 128
128 / A R É VA L O
E
Plaza de la Villa, con la iglesia de San Martín S UNO DE LOS EJEMPLOS más representativos de todo
el conjunto monumental de Arévalo. Esta iglesia se
sitúa en la zona este del núcleo, prácticamente en
el inicio de la gran pendiente que concluye en el cauce del
río Adaja. Su disposición hace que sus dos fachadas prin-
cipales se conviertan en los referentes de las plazas a las
que se abren. Así el conjunto formado por la fachada
norte, con la presencia de sus dos torres, constituye el
colosal cierre de la plaza de la Villa, completada por toda
una serie de edificios porticados y el magnífico ejemplar
mudéjar que es Santa María la Mayor. Al sur, San Martín
presenta un imponente pórtico con un amplio atrio (en
estos momentos lleno de restos de fábrica), al que se llega
desde Santo Domingo siguiendo la parte más meridional
de la Villa, junto al amurallamiento.
Su fundación se atribuye al linaje de los Tapia, uno de
los cinco que protagonizaron la repoblación de estas tie-
rras, estableciéndose así su lugar de enterramiento y reu-
nión. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 129
A R É VA L O / 129
130 / A R É VA L O
Alzado este
Alzado norte
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 131
A R É VA L O / 131
132 / A R É VA L O
Alzado oeste
Sección longitudinal
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 133
A R É VA L O / 133
134 / A R É VA L O
subir al último cuerpo, que aparece sin cubierta en las foto- [Link]., 1982b, pp. 132-137; CERVERA VERA, L., 1992, pp. 122-135;
grafías de Gómez-Moreno, y que hoy tiene una debida a la DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 57-60; FRUTOS CUCHILLEROS, J. C.,
1995, pp. 417-425; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 122-124;
última restauración (ejecutada –el término no es fortuito–
GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 233-237; GUERRA, R., s.f.; GUERRA, R.;
en 1953 por Anselmo Arenillas Álvarez que en 1951 había OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 80-84; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
reparado el atrio). Es torre que por su raro emplazamiento 2000, pp. 559-560; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 34-38; LÓPEZ
y decoración a veces se ha querido considerar alminar, teo- FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MONTALVO, J. J., 1928 (1983), pp. 103-105.
C
ARÉVALO, a unos 2 km por la carretera que
ERCA DE siguientes: la primera referencia documental es una bula
sale hacia el sur, en lo que hoy es un caserío en 1178 en el que es citado como Monasterium Sancta Marie
conocido como el Lugarejo, está la cabecera del de Gómez Román y era monasterio de monjes, en 1210 se da
que fue el monasterio de Santa María de Gómez Román, su primera reglamentación, en 1237 sigue siendo masculi-
conocido como La Lugareja. Sus datos históricos, resumi- no y ya en 1245 es monasterio femenino y de la orden
dos últimamente por Guerra, Oviedo y Hungría, son los benedictina, siguiendo las monjas en él hasta la década de
1520, en que se trasladaron al que fue el Palacio Real que
La Lugareja antes de la restauración, alrededor de 1910 Enrique II de Trastámara construyó en Arévalo (este últi-
mo fue derribado en 1976 y sobre su solar se acaba de
construir uno de esos edificios pseudo neomudéjares al
uso). Interesa detenerse en esa primera reglamentación
(1210) de un monasterio con pocos monjes: un abad, un
prior, un sacristán, un camarero, un enfermero y dos canó-
nigos. Acuerdan en sus estatutos que “el monasterio debe-
ría albergar como máximo a un abad, 12 canónigos los
cuales elegirían a mayordomo y 12 infantes; constaría de
una obra de fábrica, una mesa abacial y otra común que
daría vestido y calzado a los monjes, y dispondría de una
enfermería y una sacristanía” y a cada una de ellas se le
asignan bienes suficientes. El nuevo monasterio tenía
grandes proyectos y uno de ellos debe ser continuar la
iglesia.
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 135
A R É VA L O / 135
Planta
Alzado este
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 136
136 / A R É VA L O
Alzado norte
Sección longitudinal
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 137
A R É VA L O / 137
Sección transversal
Fachada occidental
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 138
138 / A R É VA L O
Ábsides
Sobre su fundación, existe una lápida en el cemente- caso de la central con un singularísimo remate formado
rio del actual convento de bernardas con la siguiente ins- por un primer friso de esquinillas y luego por una corni-
cripción: los cuerpos que yazen en el lucillo / de la capilla mayor sa que arranca de una hilada de ladrillos moldurados y
entre dos altares / son de Gomez y Roman hermanos fundado / res i remata con otro potentísimo friso de esquinillas. Las
dotadores del monasterio y hazienda de Gomez Roman / deste con- laterales no tienen en la cornisa este último friso y su
vento mia es la fiesta / que se celebra el segundo dia del Espiritu / modelo se repite en el frente del tramo recto del ábside
Santo fueron trasladados a este templo de Santa Maria la real año de la epístola.
de 1548. Sobre el espacio del tramo recto del ábside central, apo-
Con los restos que nos quedan es difícil hacerse una yando en los machones de los arcos torales de los tres ábsi-
idea de la importancia que este monasterio tuvo para la des, en los del toral de ingreso a la capilla mayor, y en los
comarca, pero, en caso similar a lo ocurrido en Burgohon- muros que cerraban los profundos tramos rectos de los tres
do, no se puede olvidar el protagonismo que estas institu- ábsides, se construyó un espléndido cimborrio, cuadrado
ciones tuvieron en la época repobladora, siendo titulares en su exterior, que se decoró con una serie de siete arcos
de gran número de propiedades y ejerciendo un poder más doblados por lado que repiten el modelo de los ábsides.
allá de lo estrictamente religioso. Arcos ciegos todos, salvo el central en el que se abrió una
Del gran monasterio que debió ser La Lugareja sólo ventana de menor altura para iluminar el interior. Apoyan-
queda en pie la magnífica cabecera, que se considera deri- do y rematando estas arquerías del cimborrio, corren frisos
vada de Sahagún. Tiene ésta triple ábside, un cimborrio de esquinillas, más potente el superior, que se interrumpen
–que no torre– sobre el tramo recto del ábside central y en las esquinas. Explica este cimborrio la incomunicación
los arranques de un edificio más grande cuya existencia de sus tres capillas, separadas por los gruesos muros que
han demostrado las últimas excavaciones arqueológicas, y sustentan el templo.
del que no podemos precisar el momento en el que des- En el interior nos sorprende la belleza de un espacio
aparecieron sus tres naves. Los ábsides tienen sus tramos arquitectónico desnudo y singular. Aquí se amalgaman
curvos organizados con una única faja de altos y esbeltí- influencias mudéjares, influencias del románico y unas in-
simos arcos doblados, emparentables con los de Cuéllar fluencias cistercienses que han llevado a Jiménez Lozano
y Toro, con pilastras anchas que son directamente rela- a afirmar que estamos ante un románico que no cuenta
cionables con la cabecera del Cristo de las Batallas de historias.
Toro. Arrancan las pilastras sobre un potente zócalo de En planta, una primera sorpresa proviene de la apari-
mampostería con verdugadas de ladrillo y rematan en el ción en los tramos curvos de una tímida forma de herra-
08. Arevalo 12/2/08 09:19 Página 139
A R É VA L O / 139
140 / A R É VA L O
Cúpula
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 141
ÁVILA / 141
ÁVILA
S
E ENCUENTRA ESTA BASÍLICA en terrenos extramuros, templo cumplirá –como mucho– funciones de torre alba-
en la zona noreste, pero muy próxima a la cerca, a rrana y de vigía. No parece San Vicente edificio más fuer-
apenas sesenta metros de la muralla, precisamente te que otros románicos, y no abonan el carácter militar la
frente a la puerta que lleva su mismo nombre, y a la zona tribuna abierta en la fachada, ni la estructura de las torres,
que tradicionalmente se consideraba cementerio romano tanto si estaban abiertas, como si estaban cegadas, sin
(hoy jardines). Este emplazamiento ha sido justificado hueco, ni saetera alguna. Más cierto es que el templo per-
tradicionalmente por causas bélicas. Se decía que desde petúa un lugar de culto y se alza sobre el solar de uno ante-
las torres de la iglesia dos familias, Palomeques y Orejo- rior, de carácter martirial que guardaba los restos de tres
nes, contribuirían a defender la puerta y los muros en caso santos allí martirizados. La tradición y las crónicas que en
de asedio. Más lógico parece suponer que ambas familias ella se inspiran cuentan que, después de su martirio, los
se dedicasen a evitar que dichas torres pasasen a manos cuerpos de los santos fueron depositados en una cueva.
enemigas, que desde allí pudieran atacar a la ciudad y el Allí los intentó profanar un judío que, como por ensalmo,
142 / ÁVILA
Planta
Alzado este
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 143
ÁVILA / 143
144 / ÁVILA
Alzado sur
Alzado norte
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 145
ÁVILA / 145
146 / ÁVILA
Alzado oeste
ÁVILA / 147
148 / ÁVILA
delicados en los que predomina la hoja de acanto, y al la tribuna es netamente compostelano y que en el alzado
incorporarse nuevas impostas que abrazan de distinta forma a la nave es de traza mucho más pobre, mezquina al decir
a los pilares y sustituyen las molduraciones vegetales y la de Gómez-Moreno.
roseta característica del templo por otras más sencillas, de Cronológicamente el proceso constructivo del templo,
perfiles similares a las coetáneas de la catedral abulense. tras analizar sus muy restauradas fábricas, creemos que pue-
Cambio que en lo arquitectónico se plasmará en la distin- de dividirse en dos fases y sintetizarse así: una primera
ta estructura de la ventana de la tribuna y en los formale- fase, entre 1120 ó 1130 y 1150, en la que Vila da Vila
tes que marcan las bóvedas (del nártex y de los primeros apunta, además de la conocida influencia de San Isidoro
tramos), y en la construcción de las dos torres, la monu- de León, la presencia de maestros influenciados por Ara-
mental fachada oeste con tribuna hacia el interior y su nár- gón, Bearn y Poitou, organizados en un primer taller que
tex (su bóveda octopartita está directamente relacionada hace la escultura de la cabecera y un segundo taller que hace
con la cabecera de la catedral) y la nueva cubierta de la la cornisa absidal, la del crucero, la cornisa de la nave de la
nave central con bóvedas nervadas. El proceso esbozado epístola y las dos puertas laterales que crean escuela en
plantea grandes interrogantes cuando se establece el Ávila y los obispados cercanos. En esta primera fase se
orden constructivo, se analizan las torres, escaleras, nártex trazó la planta hispano languedociana y se construyeron la
y fachadas por un lado y por otro las reducidas y peculia- cabecera, crucero y naves laterales (quizá el tramo más
res tribunas, con un triforio que en el alzado al interior de occidental tenga –simplificando– los muros de la primera
fase y los formeros de la siguiente). La segunda fase, que
se desarrolla entre 1150/1160 y 1180, es aquella en la que
Arquivoltas de la portada oeste
llegan influencias borgoñonas y del románico tardío espa-
ñol, preferentemente de Santiago de Compostela, se pro-
longa la planta y se levantan las torres, nártex y portada
occidental, más las tribunas y las bóvedas de la nave
mayor. Es la fase en la que el proceso constructivo de la
basílica se mezcla con el de la catedral y en la que o llega
hasta la fábrica Fruchel, o llega su influencia directísima
(más nos inclinamos por esto último).
Primeramente se trazó la caja general de la iglesia, que
como ya se ha dicho llegaba hasta la línea de la actual
puerta oeste, y se construyeron la cripta con acceso desde
el exterior y de muy incómoda comunicación posterior
con el interior (las escaleras son de 1733, luego reforma-
das), las capillas absidales con arquerías murales (éstas y la
evidente relación con San Isidoro de León hacen que opte
por la fecha de 1130 para el inicio de las obras), el marca-
do crucero que por su desarrollo y el fuerte desnivel que
salva no tiene puertas en sus dos hastiales (como en San
Isidoro), ni capillas en el muro de poniente (como en
Santo Domingo de Silos), el primer cuerpo del cimborrio
con muros cerrados en los que se abren huecos que presu-
ponen un templo con tribuna a los pies (desde ella se
puede ver y comprender el magnífico Crucificado gótico);
además se trazó la caja general hasta la actual portada
oeste y se construyeron de ellas los cuatro tramos cerca-
nos al crucero (del sexto al tercero) y el comienzo del
segundo, con los muros de caja y formeros necesarios para
voltear las bóvedas de aristas de las naves laterales.
El cambio, importante en los muros, pilares y naves
laterales, se produce al llegar desde el crucero a las venta-
nas del primer y segundo tramo, donde aparece ya un
nuevo taller escultórico fácilmente identificable por los
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 149
ÁVILA / 149
capiteles de delicadas hojas de acanto (los capiteles de los los citados formaletes que marcan la bóveda del segundo
formeros de las naves centrales, que entregan en los muros tramo. Se alzaron también en el segundo momento borgo-
de caja y separan el segundo del primer tramo, manifiestan ñón las dos torres que actúan a modo de contrarresto de los
claramente el cambio y si el del lado sur incorpora una hoja empujes del templo, el nártex con una bóveda octopartita
central nueva, el del lado norte se hermana formal y técni- que tendremos que relacionar tanto con Vézelay, como
camente con alguno de los de las capillas de las torres). Los con la catedral de Ávila (si la abacial explica la bóveda sex-
muros de cerramiento del primer tramo de las naves latera- partita y la organización de la capilla mayor catedralicia,
les están abiertos a toda clase de hipótesis, siendo posible también de allí arranca la organización de las torres y nár-
que sean obra de la hecha en la segunda fase, siguiendo las tex de San Vicente, que luego –quizá a la par– veremos en
pautas de la primera fase, utilizando materiales ya labrados el primer templo de la ciudad). Torres, nártex y portadas se
y otros conformes con los nuevos aires que llegaban a la arrancan de un nivel que está cuatro pies sobre el de la basí-
fabrica. El cambio también se constata en las molduras del lica, nivel que también es de la puerta sur. Lambert dice que
pilar del formero más cercano a la torre, que abraza todo el el pórtico oeste “resume las disposiciones de los grandes
pilar y presenta un perfil geométrico carente de rosetas, y nártex borgoñones, sobre todo el de Vézelay, añadiéndole
más claramente en las ventanas de la tribuna, que en el pri- el perfeccionamiento de una bóveda de ojivas..., y que una
mer tramo tienen una configuración muy distinta a la de galería colocada en el primer piso, a lo largo del muro de
los demás, incorporando columnas, arquillos y jambas y en la fachada, comunica hacia el interior de la iglesia con una
tribuna en la que había un altar”. Levantado ya el tramo de
entrada con las dos torres, ya un séptimo tramo, se cerra-
Nave
ron las naves laterales del primero (las últimas en cons-
truirse) y sobre él su triforio, levantando luego el cuarto de
cañón deprimido de las tribunas laterales, y el cerramiento
de la nave mayor con bóvedas de aristones. Si las naves
laterales se construyeron de levante a poniente, las tribunas
sobre ellas y el cerramiento de la nave mayor se hizo en
sentido inverso (anotamos que Vila da Vila propugna que
la tribuna se construyó de inversa manera).
Esta última fase borgoñona requiere una más detenida
aproximación. Proponemos el orden constructivo descrito,
aún siendo conscientes de que ya en la primera traza de la
iglesia se organizaban en la confluencia de los muros del
crucero con los de las naves laterales escaleras de caracol
que parecen indicar que siempre se pensó en levantar unas
tribunas a las que darían acceso (conste que no hay restos
de sus puertas y que es más lógico pensar que primordial-
mente sirvieran para el acceso a las zonas superiores del
crucero y cimborrio), y de que las grandes ventanas de las
naves laterales también certifican que siempre se pensó en
organizar unas tribunas sobre ellas y en cubrir la nave
mayor con un cañón opaco. Quizá incluso antes de la fase
borgoñona ya se habían comenzado a trazar –no a cons-
truir– los muros interiores de las tribunas y de ahí que,
como ya he dicho, el alzado interior sea tan distinto del
exterior. Aquella primitiva traza de los vanos era similar a
la de Compostela (también recuerda mucho a la torre de
San Pedro de Tejada, por poner un ejemplo) y esta traza
tan airosa fue mantenida con menores dimensiones en los
otros tramos del interior, pero cambiada hacia la nave por
otra más sencilla, con un amplio baquetón que recorre toda
la ventana de arcos deprimidos, y también permanece en
los alzados hacia la nave mayor (no puede aventurarse la
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 150
150 / ÁVILA
ÁVILA / 151
152 / ÁVILA
ÁVILA / 153
154 / ÁVILA
follaje de medio punto, entre torrecillas, veintiséis extraor- jinetes, águilas, hombres con túnicas y serpientes con
dinarias figuras pequeñas de hombres y mujeres (jubilosas cabeza humana. Repiten el resto de los capiteles los moti-
figuras de resucitados para Vila da Vila), semivestidas con vos citados, pero entre ellos hay que destacar una sirena
túnicas de muchos pliegues y en grupos de dos, asoman sus con doble cola que decora muchos y uno con felinos con
cabezas en las más variadas actitudes. Lacoste ha puesto de gran plasticidad que se descuelgan desde el ábaco a la
manifiesto el carácter arcaizante de tan deliciosa cornisa en columna, que está en la hilera sur de arcos formeros. La
la que desde Borgoña habría una suerte de vuelta al hele- figura humana tiene también presencia destacada en esta
nismo romano. Una imposta, con los motivos vegetales de zona, con representaciones de la vida cortesana o de
las arquivoltas, corre sobre el alero. escenas bíblicas como los temas de Sansón y de Isaac.
Parte destacada de la decoración escultórica del tem- Entre los de la tribuna destacan los decorados con pája-
plo pertenece a los capiteles. Es tal la variedad, que su ros, piñas sobre un carnero, y arquillos y columnillas.
mera enunciación ya resulta muy extensa, por lo que úni- Además de estos capiteles historiados hay otros vegetales
camente citaré los más interesantes, olvidando los que que reproducen acantos finamente labrados y hojas picu-
representan motivos comunes en el estilo: grifos, arpías, das con escotaduras embebidas.
centauros, felinos, quimeras, sirenas... En la capilla mayor El conjunto más conocido, y quizá de más valor artísti-
destacan uno con un castillo, otro con un elefante que co del templo, es el cenotafio dispuesto bajo el cimborrio
soporta otro castillo, y uno con los felinos arqueados con y semitapado por el baldaquino orientalizante al que antes
la cabeza entre las patas que se repite en las puertas late- hicimos alusión y que se ha relacionado –un tanto forzada-
rales, y en la capilla del evangelio. Entre los ocultos por mente– con San Dionisio de París y con el arca de los
el retablo que en 1710 hizo Manuel Escobedo, están el Reyes Magos de la catedral de Colonia y otros del valle del
Sacrificio de Isaac, dos mujeres mesándose los cabellos, Mosa. Conceptualmente está más cerca del naturalismo
músicos y saltimbanquis, una hermosa despedida entre gótico, que de la abstracción románica. De planta rectan-
caballero y dama, la pareja de leones arqueados que se gular, semeja en su estructura un edificio de tres naves,
repite por toda la primera etapa del templo... Esta serie de soportado por columnas de fuste lisos, estriados, sogueados
capiteles que no han conocido ninguna restauración, pre- y perlados, agrupadas en algunos casos, y con una serie de
sentan una imagen más real de lo que fue la escultura de figuras sobre sus capiteles. Sobre las columnas de los ángu-
la basílica, una imagen que incluye también el yeso y la los, dos a dos, se disponen los apóstoles y en las centrales
pintura de estos capiteles, los sillares labrados en cortes monjes leyendo, escribiendo o músicos. Sobre estos capi-
diagonales por el trinchante medieval y la pátina del teles y sobre arcos polilobulados (también son polilobula-
tiempo, elementos todos que se llevaron por delante los dos los arcos ciegos de las altas ventanas del nártex) se
restauradores del XIX. En la del evangelio sobresalen uno organiza un tejado con escamillas circulares que sostiene
con palomas dándose el pico y otro con dos cigüeñas con un cuerpo central con otro tejado de escamillas, éstas rom-
la cabeza entre las patas. En la capilla de la epístola está boidales. Tiene este cuerpo torres cilíndricas (semejantes a
uno de los capiteles más originales de la iglesia, con tres las de la cornisa del pórtico oeste) rematando los ángulos
hombres en cuclillas y con los pies atados, y otros con y separando los relieves con la historia de los titulares del
templo. En el lado norte, entre columnillas y bajo arcos
Capitel con centauro y sirenas trebolados se desarrollan las siete escenas previas al marti-
rio: interrogatorio del Santo por Daciano, milagro de la
huella en la piedra, el cónsul organizando la persecución y
los hermanos “huyendo tranquilamente”. En el lado sur los
arcos que cobijan los relieves son escarzanos y las torres
están más simplificadas. Las escenas que se narran sucesi-
vamente son la preparación al martirio, el descoyunta-
miento y lapidación de los Santos, la serpiente atacando al
judío, y éste construyendo la iglesia/sellando los féretros.
Las gradaciones espaciales y dramáticas, una adecuada
composición, una minuciosa labra y una difícil economía
de datos, configuran una obra de gran riqueza narrativa y
didáctica, que agotaría el caudal de adjetivos encomiásti-
cos. En el testero oeste se representa un Cristo en Majes-
tad, con mandorla y el león y el toro del Tetramorfos.
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 155
ÁVILA / 155
156 / ÁVILA
que marcan la mitad de la centuria) y cerrando el ciclo el de alcantarillados, pavimentaciones, fuentes, escuelas, edifi-
la basílica, que es probable que sea la causa de los desper- cios de viviendas, plazas, puentes, ayuntamientos, restaura-
fectos del templo que hay que reparar en 1279. Sobre los ciones de todo tipo, expedientes de ruina, ordenanzas
dos últimos volveremos más adelante. sobre edificación... Tras abandonar Ávila, en 1862 fue nom-
También en el siglo XIII, en la primera mitad precisamos, brado arquitecto provincial de Salamanca y en 1868 arqui-
debió de construirse el pórtico meridional de granito, tecto director de la restauración de la catedral de León,
cubierto y enlosado, cuyas molduras y capiteles se herma- cargo en el que apenas permaneció un año (sólo 4 meses
nan con las obras de la catedral en ese período, especial- efectivos) y en el que organizó un considerable revuelo,
mente con los pilares fasciculados de la cabecera (hoy par- que le enfrentó con todo León.
cialmente ocultos tras el retablo y por el sepulcro del Prácticamente toda la arquitectura de la época en la
Tostado) y que fue posible por relacionarse con la falta de ciudad girará alrededor de su persona, sus proyectos, opi-
grandes ventanas hacia el exterior en la tribuna meridio- niones y decisiones. De su carácter fuerte, o mejor rudo,
nal. Está formado por cuatro tramos de tres arcos de dan buena idea la documentación municipal relativa a los
medio punto, más un arco al oeste y otro al norte en una expedientes de ruina y normas estéticas, sus conflictos
prolongación del pórtico. En el intradós de los arcos de estéticos y económicos con el mismo Ayuntamiento y,
medio punto vemos una decoración de seis baquetones, señaladamente, con algunos de sus concejales. Existe un
elemento que también vemos en los pilares en los que des- punto de contradicción en su pensamiento, que hay que
cansan los arcos. El conjunto se remata con una sencilla situar en el ambiente académico del momento, que por un
cornisa y una cubierta de madera que cubre tres de los cua- lado hace encendidas defensas de los monumentos artísti-
tro tramos. Es éste un pórtico que reinventaba y estilizaba cos y por otro propugna con múltiples denuncias de ruina
el modelo de los pórticos meridionales del Duero, y que la demolición de edificios antiguos. Venía esto a definir el
en el siglo XIX y aún en estos días, ha dado pie a todo tipo concepto de conservación que existía en la época, donde
de propuestas que desde un marcado historicismo –que la arquitectura no monumental quedaba al margen. Parece
hoy está totalmente fuera de lugar– han tratado de supri- claro que Hernández Callejo tiene como modelo la arqui-
mir total o parcialmente tan elegante arquería. tectura histórica y que la que no tiene ni sus proporciones,
Con las citadas obras el templo quedaba prácticamente ni sus rasgos estilísticos, ni sus dimensiones o materiales,
concluido y a partir de ahí las únicas obras importantes de no es igualmente apreciada por él.
reforma van a ser las de la sacristía y la culminación de la En cuanto a su trabajo en San Vicente, dos muy distin-
torre norte. El templo había andado el camino desde el tos aspectos deben valorarse en la publicación de la memo-
románico al gótico y comenzaba una fase de reformas, que ria de la restauración de la basílica: por un lado estamos
culminarán en los siglos XIX y XX con una serie de profun- ante el primer estudio histórico impreso sobre el templo y
das restauraciones debidas a Andrés Hernández Callejo por otro se imprime la memoria de restauración del monu-
(fundamentalmente en la década de 1850) y a Enrique mento, con valiosos datos sobre su estado y con someras
María Repullés y Vargas en los últimos 20 años del siglo XIX indicaciones de carácter teórico. De la publicación interesa
y los 20 primeros años del siguiente (entre ellos hay que analizar el contenido y plantear el problema de su autoría.
situar a Vicente Miranda y Bayón, el Breve). Son restaura- Publicada en Madrid, en 1948, tiene el largo título de
ciones hechas desde el más riguroso historicismo, que Memoria Histórico-Descriptiva / sobre / la Basílica de los Santos
alteraron por ello la lectura del edificio, cambiando Mártires / Vicente, Sabina y Cristeta / en la / Ciudad de Ávila. / Pre-
muchos paramentos arquitectónicos y sustituyendo la torre sentada / al Gobierno de S.M. con el proyecto de restauración de la
meridional y la cornisa del mismo lado, elementos que nave colateral de la / derecha del mismo templo. Consta el trabajo
sería mejor calificar como neo-románicos. de una dedicatoria y seis capítulos, de los cuales el prime-
Hernández Callejo fue protagonista, casi único, de la ro es una introducción, los cuatro siguientes narran la his-
arquitectura de Ávila entre 1848 y 1862. Un protagonista toria del templo y lo describen, y el último sintetiza su
polifacético y de complicada personalidad. Profesional- evolución hasta llegar al análisis del estado del edificio y
mente, además de su innovadora función como restaurador, los problemas de su restauración. En la introducción hay
será arquitecto municipal de Ávila y honorario de Talavera dos aspectos a destacar: la cita de los trabajos de la Comi-
de la Reina, arquitecto provincial de Ávila con múltiples sión Central de Monumentos y la referencia a las restau-
obras en toda la provincia, escuelas, fuentes y puentes prin- raciones de Saint-Denis, la poética de Nuestra Señora de
cipalmente, y ejercerá privadamente su profesión. Entre sus París y tantos otros. En el último apartado, tras afirmar que
actuaciones encontramos la continuación de los proyectos ya se interesó por el templo en 1837, cuando empezó sus
de Ventura Rodríguez y Cuervo para el Mercado Chico, estudios, describe la ruina de la nave sur, con la tercera
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 157
ÁVILA / 157
capilla sin bóveda, la cuarta en completa ruina y resentidas clasificación arqueológica de la basílica y su reducción his-
las inmediatas. El arquitecto, que dice ha levantado los tórica: al cabo resolvime, para abreviar, á ejecutar yo
planos de la planta, las cuatro fachadas y dos cortes, ana- mismo lo que para él se hacía cada vez más irrealizable, y
liza el edificio y concluye –seguro de sus cálculos– que es la Memoria histórico-descriptiva de la Basílica de los San-
la cubierta de la tribuna, el semicañón que él llama arbo- tos Mártires de Ávila llegó por fin á término y remate”.
tante acertadamente, el culpable de la ruina, y redacta Aún hecha al calor de la polémica sobre la restaura-
todo el proyecto encaminado a sustituir ese arbotante ción de León y por parte interesada (J. A. de los Ríos es
continuo por otra cubierta. La obra propuesta consistiría uno de los firmantes del razonado informe académico que
en desmontar el arbotante y la zona superior de las capi- provocó la destitución de Hernández Callejo), la acusa-
llas laterales, y sus bóvedas, para volver a montarlo todo ción es sumamente grave, y es difícil precisar hasta qué
sin la cubierta (debió hacer otra de colgadizo, apoyada en punto es cierta. Los capítulos 2.º, 3.º, 4.º, 5.º y parte del
una especie de arbotantes-fajones de ladrillo), montando 6.º de la monografía, los que se dedican a describir sus edi-
un murete sobre el muro de la nave lateral para hacer la ficios y narrar su historia, tienen como fuente documental
armadura de madera, elementales colgadizos que Repullés principal un manuscrito, Memorias y privilegios de San
sustituirá por otros de hierro. Vicente, de Fernández Valencia, que también manejó
El problema de la autoría se ha presentado ante nosotros Repullés. Las descripciones del edificio, a veces no muy
al conocer un escrito posterior, las Cartas al arquitecto D. claras, están hechas por alguien que lo conoce, por su res-
Andrés Hernández Callejo. De ellas interesa aquí la de José taurador. La clasificación estilística y terminología (que
Amador de los Ríos, que tras narrar las visitas que el joven son las de la época) más parecen propias de un historiador
arquitecto le hacía, contándole su proyecto para la basíli- del arte que de un arquitecto. En resumen que, mientras no
ca de Ávila, dice “Aconsejele que procurara ilustrarlo con aparezca documentación más concluyente, se podrá pen-
una verdadera Memoria histórico descriptiva, donde no sar que Hernández Callejo recogió los materiales y José
sólo diese á conocer el valor histórico y el mérito artístico Amador de los Ríos (que aparece citado dos veces en el
de la basílica, sino también su estado y los medios que texto) los organizó y dio la redacción definitiva.
debían emplearse para llevar a feliz término la restaura- Previa a la restauración, Hernández Callejo, hombre
ción, pues que los apuntes que me había presentado, por de gran facundia a decir de los tres autores de las cartas,
informales, inconexos y exiguos, no llenaban aquellos inició una campaña de recogida de donativos para la res-
fines, y deseoso de ayudarle eficazmente, atrevime á tra- tauración que se desarrolló, en 1851 en la Corte, Andalu-
zarle el plan de la expresada memoria. Ensayó el joven sus cía y Navarra, principalmente, llegando a reunir 200.000
fuerzas en aquel inusitado trabajo, mas hízolo en verdad reales. Callejo, que tras el derrumbe de una capilla meri-
tan desmañadamente y con tan poca fortuna, que bien se dional el 21 de febrero de 1848 acometió el estudio del
mostró luego no ser aquellas bastantes á darle cima. Una edificio y levantó siete planos, pensaba que, no sólo debía
y muchas veces corregí lo hecho por mi amigo, explanele de realizar la restauración, además estaba obligado a lan-
las ideas indicadas desde el principio, y repetile hasta la zar una campaña nacional, para ensalzar la basílica (y de
saciedad las observaciones capitales, en que se fundaba la paso su obra en ella). Ya con algunos de los fondos reco-
gidos, empezaron las obras, que van a conocer tres épocas:
Sepulcro de los santos
I Época. 1850-1853. Restaura la nave meridional y su
pórtico.
II Época. 1856-1857. Arreglos en el interior.
III Época. 1859-1861. Restaura la torre sur.
158 / ÁVILA
trabajo en la escultura, que incluye las arquivoltas de todas Histórico Artístico por R.O. del 26-VII-1882, con la
las ventanas y la primera de la puerta, toda la imposta y correspondiente alegría municipal, tomarán nuevo impul-
toda la cornisa del muro lateral sur. El presupuesto incluye so sus obras de restauración, encargadas ahora a Vicente
la sustitución de cientos de sillares, incluso en el muro de Miranda y Bayón, que encontró los problemas de la basí-
la nave central, por otros sacados de las canteras de La lica agravados por la construcción de una nueva carretera,
Colilla o labrados aprovechando los antiguos. De los que pasaba junto a su fachada septentrional. Su actuación
dibujos del proyecto sólo conozco uno, sacado del Archi- la resume su sucesor, Repullés y Vargas: “Formuló varios
vo General de la Administración, fechado el 25-IX-1852, proyectos parciales, construyendo el muro de contención
marcado con el n.º 28. En él puede verse la alteración de la por la parte del Norte y Occidente (1883) y comenzando
tribuna sur por parte de Hernández Callejo: se sube la altu- la reparación de los ábsides, hasta Octubre de 1885, en
ra de la cubierta sobre los antiguos vierteaguas, cegando en que por motivos de salud pidió su traslado a Madrid”.
parte las ventanas de la nave central, y se oscurece la tribu- Amable como siempre, olvida Repullés referirse a los dos
na al desaparecer finalmente los lucernarios. aspectos más controvertidos del proyecto de Miranda: la
En la segunda etapa, las obras que conozco se desarrolla- desaparición del pórtico y la reforma de la puerta sur
ron en la capilla mayor, reponiendo el pavimento y las esca- suprimiendo las esculturas y que la salida de Miranda de
leras, y además se reformó la tribuna del órgano, haciendo San Vicente fue cualquier cosa menos un traslado por
sus celosías y se compuso el tabernáculo del altar mayor. motivos de salud.
En la tercera etapa, entre 1859-1861, la restauración se Conocemos algunas imágenes en litografías, dibujos, e
centró en la torre sur. Hernández Callejo practicó en ella, incluso fotografías que nos permiten conocer el aspecto
una vez más, su expeditivo método de desmontar y recons- exterior de San Vicente tras la intervención de Hernández
truir que ya fue duramente criticado por Gómez-Moreno: Callejo y antes de la de Miranda. La fachada sur del monu-
“Parece hoy toda nueva, más un grabado de 1842, anterior mento es el motivo de una lámina de Parcerisa fechable en
a toda restauración, prueba que la funesta habilidad del Sr. 1865 y de una fotografía fechable en los primeros años de
Callejo se cifró en remozarla toda y hacer nuevos los capi- la década de 1880. Ambas reproducen un templo a medias
teles de su ventanería”, pero los antiguos quedaron almace- de restaurar, con una gran ventana adintelada en el tramo
nados, por fortuna, en la capilla de su base, desde donde recto del ábside de la epístola y con el transepto meridio-
pasaron unos al Museo Provincial (desde allí pasaron a la nal y especialmente su hastial a medio de restaurar. La
catedral cuando el claustro fue provisional sede del museo, zona superior tiene todos los sillares repuestos y el resto,
luego unos creo que pasaron a la nueva sede del museo y especialmente el zócalo tienen un estado lamentable. Las
otros quedaron en la catedral) y otros a la ermita del Humi- molduras están rozadísimas y los sillares dispuestos con
lladero, donde sirvieron de soportes a una mesa de altar. una irregularidad que desaparecerá tras las restauraciones
Este último año con algunos de ellos se ha realizado la de Miranda y Repullés. Otra litografía de Parcerisa recoge
nueva mesa de altar de la basílica. las fachadas occidental y septentrional del templo. Ésta y
Repullés y Vargas, el arquitecto que realizará la defini- la vista desde el noroeste de Street dejan ver una iglesia
tiva restauración del monumento, tiene elogiosas y ama- colgada sobre el terreno, arrancando directamente de la
bles palabras para la actuación de su predecesor: “En 1849, cimentación en la zona del transepto norte y rodeada de
en que estando de Arquitecto de la ciudad el ilustrado D. taludes mal dispuestos en la zona sur.
Andrés Hernández Callejo, ya difunto, entusiasmado ante El proyecto general de Miranda tiene una memoria his-
la belleza del monumento y por su brillante historia, aco- tórica inspirada en la de Callejo y pasa después a explicar
metió con gran fe y por puro amor al arte la restauración sus propuestas respecto al pórtico, que indica “está lleno
del insigne templo, que fuera durante toda su vida su cons- de sepulturas, y que aunque de buen estilo, no solamente
tante preocupación. Movió los ánimos, inflamó el amor desarmoniza con la iglesia, sino que cubre por decirlo así
patrio, solicitó dádivas desde el Monarca hasta el pobre, toda la fachada sur que es preciosa y que presentará un
dio conferencias, emprendió finalmente una especie de bello aspecto cuando esté desembarazada de los sepulcros
cruzada y peregrinación por los pueblos, pidiendo limos- y del pórtico”.
na para tan meritoria obra, y, aunque no en la medida de Sobre la puerta sur indica que “la han desfigurado al
sus deseos, halló eco y recursos para restaurar la torre del quererla ensanchar rozando sus jambas, quitando algunas
Sur y levantar su segundo cuerpo y para hacer otras obras columnas y adaptando allí de mala manera unas escultu-
de consolidación muy importantes”. ras de época posterior”. Por lo tanto lo que va a propo-
A pesar de esta primera restauración, en San Vicente ner es quitar las esculturas y rehacer una hipotética puer-
quedaban muchas obras por hacer. Declarado Monumento ta ideal.
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 159
ÁVILA / 159
160 / ÁVILA
y buena información. Cualidades que Repullés escritor y finalidad de una Casa Consistorial, logrando aunar en
derrama por artículos en prensa y revistas especializadas y el proyecto la funcionalidad con la representatividad,
por varios libros. Si bien referirnos a sus valiosísimos e siendo esta última la que justifica el aire salmantino del
innumerables artículos es punto menos que imposible, no edificio.
quisiéramos dejar de resaltar por su interés los que en for- – Proyecto de la Basílica teresiana a Santa Teresa, en Alba de Tor-
mes. A la aún inacabada basílica albense, dedica una de
mas de Necrológicas de los más ilustres arquitectos del
sus más acabadas monografías en 1900. Aparece el histo-
momento ocupan los Boletines de los años en que fue aca- riador riguroso, el arquitecto minucioso que justifica la
démico de Bellas Artes (en la bibliografía adjunta incluimos elección del gótico como estilo arquitectónico.
todas las obras que de Repullés conocemos). De sus escri- La nueva Catedral de Nª Sra. de la Almudena, en Madrid, en
tos (cuya relación ya hemos publicado), destacan: 1916. Escrita al encargarse de continuar las obras que ini-
ciara el marqués de Cubas, está en la misma línea que la
– Disposición, construcción y mueblaje de las Escuelas Públicas de
monografía anterior.
Instrucción. Sencillas normas que vinieron a sistematizar
los problemas que planteaban las construcciones escola-
res, y marcaron la pauta de las escuelas de Alfonso XII. En 1894 publicó en Madrid su monografía La basílica de
Álvarez Capra dice que en 1882 fue premiado este libro los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta en Ávila, que en
publicado cuatro años antes. 1997 publicamos en facsímil y que se inscribe en la serie
– “El obrero en la Sociedad”. Un folleto que ve la luz en 1892, citada de estudios publicados por él sobre sus obras y res-
y tiene un doble interés, literario y sociológico. Su ideolo- tauraciones. Formaba parte de la Biblioteca del “Resumen
gía que ante nuestros ojos resulta paternalista y en gran de Arquitectura”, dependiente de la revista homónima de
parte retrógrada (basta pensar en sus teorías sobre la pro- la Sociedad Central de Arquitectos y estaba editada por
piedad o sobre las asociaciones de obreros), está en los Antero de Oteyza y Barinaga. De los ocho números publi-
escritos de León XIII –entonces recientísimos– que en su cados Repullés fue el autor de cuatro, coautor con Caste-
época, y por el sólo hecho de producirse quizá sea pro-
llanos de uno más, y los otros fueron escritos por Lázaro,
gresiva. También recoge los estatutos y diversa informa-
ción sobre las varias sociedades de protección de obreros. de los Ríos y por Pulido y Díaz. Divide su obra en tres
– “La casa-habitación moderna desde el punto de vista artístico”, apartados dedicados uno a una aproximación historio-
1896. Es su discurso de entrada en la Academia de Bellas gráfica al románico, el segundo a una historia de la basíli-
Artes, y no deja de sorprender que el ya insigne escritor ca y el tercero a una minuciosa descripción del templo.
aborde en él un tema de “tan poca altura” si le compara- Repullés prácticamente edita la memoria de la restaura-
mos con el de otros discursos de ingreso. El doble enfo- ción de la basílica, ilustrada con la planta y secciones del
que que Repullés plantea del tema, constructivo y socio- proyecto, con las buenas fototipias del templo ya citadas
lógico, hace que junto con “El obrero en la Sociedad” sea (aunque están firmadas por Laurent es posible que el
vital para el conocimiento de la arquitectura española en arquitecto, que era un buen fotógrafo, interviniese en su
su época.
realización) y con magníficas ilustraciones debidas a D.
Resta para finalizar esta rápida visión de sus publica- Molina y a Manuel Sánchez Ramos (la mayor parte y las
ciones, citar las impecables, claras y razonadas monogra- mejores son obra de este fenomenal artista abulense).
fías en que el laborioso escritor recogió los más importan- Desde el punto de vista de la historiografía artística se
tes proyectos del activo arquitecto: basa en las obras de Ponz, Llaguno, Viollet, Caveda, Durand
y Martín Contreras, y los datos locales provienen básica-
– La restauración del templo de San Jerónimo el Real en Madrid. mente del manuscrito de Fernández Valencia, del Episco-
Escrita en 1883. Traza en ella el esquema que utilizará pologio de Tello y Martínez, la memoria de restauración
siempre: hace primero una aproximación estilística y un de Hernández Callejo, de Cuadrado y de Martín Carra-
estudio histórico razonado, al que sigue una pormenori- malino. Estudia además detenida y parcialmente (no hay
zada descripción del estado en que estaba el edificio y contradicción) la documentación parroquial y son de gran
del alcance de las obras a realizar, acompañadas por una valor la detenida lectura que hace del monumento y el
información gráfica inmejorable. estado actual del templo en 1894, que puede deducirse del
– La nueva Bolsa de Madrid en 1894. La edición es una muy
texto y de las fototipias.
resumida versión de una mayor y con gran número de
Además de los datos cronológicos sobre la fábrica, múl-
fotografías (Repullés fue casi un pionero de la fotografía
arquitectónica) que hoy guardan en ejemplar único sus tiples veces repetidos desde entonces, da por primera vez
descendientes. una aceptable historia constructiva del templo en la que ya
– Proyecto de casa consistorial para Valladolid, de 1899. En él indica que el templo es románico, pero que está concluido
hace un estudio sobre cuáles deben ser las características en ojival (es sorprendente y difícilmente aceptable su teoría
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 161
ÁVILA / 161
162 / ÁVILA
ÁVILA / 163
164 / ÁVILA
do, sustituir todas las piedras descompuestas y respecto a ro, Fernando Arbós y Rodríguez Ayuso, protagonistas
todas las tallas que sea preciso hacer nuevamente se copia- todos ellos del historicismo neomedievalista, y hay que
rán exactamente por puntos los dibujos existentes, sujetán- añadir que Repullés seguirá al pie de la letra las teorías res-
dose a ellos no solamente en el trazado, también en la tauradoras de Viollet le Duc, y por ello siguió el camino
manera de hacer. También hizo un zócalo con tres hiladas de Hernández Callejo, reconstruyendo buena parte del
de sillería de granito, similares a las del resto del edificio. templo y remozando el resto. Tras su obra, precisar lo que
La última obra de Repullés en la basílica de San Vicente es medieval y lo que es del siglo XIX, sin conocer los datos
es la realizada en la escalera de La Soterraña en 1920. Indi- documentales, es aventurado en muchos casos.
ca que se hace toda nueva, desmontando lo que hoy existe Tras las restauraciones de Callejo, Miranda y Repullés, el
y haciendo nuevos todos los pasos pues ninguno puede templo permanecerá largos años sin conocer profundas
aprovecharse. Éstos serán en el mismo número que hay en intervenciones, ya que la constante y minuciosa actuación
la actualidad para conservar una tradición (se refiere a la sobre su fábrica permitió solucionar, al menos, los problemas
recogida en su monografía que iguala el número de escalo- constructivos del templo. Hoy, cuando más o menos han
nes con el de versos de una oración popular a la Virgen). pasado cien años desde las restauraciones, los sillares pulidos
Valorar hoy la restauración de Repullés en “su basílica”, que los restauradores dejaron en el exterior del edificio están
exige reconocer el papel que V. Miranda jugó previamente, empezando a deteriorarse, y todo parece apuntar a la nece-
advirtiendo que fue él quien marcó la pauta de muchos de sidad de una pronta restauración de la restauración. La polé-
los trabajos de Repullés, y exige situar al restaurador en su mica, la disputa, sobre qué criterios seguir para restaurar
época. Navascués ha precisado la figura de Repullés, mar- tanto historicismo violetiano, promete ser ardua.
cando las influencias que debe a Aníbal Álvarez y al mar- Tras Repullés, San Vicente conoció tres reparaciones
qués de Cubas y situándole en su promoción de la Escuela parciales y una general. Las primeras en modo alguno pue-
de Arquitectura, junto a Lázaro Capra, Juan Bautista Láza- den considerarse restauraciones y la última fue una cuida-
da revisión general del edificio.
Arquillo de la cornisa sur. Original, hoy en el Museo Provincial
1929. Moya Lledó. Pavimentación y reja de cerramiento.
1953. Arenillas Álvarez. Arreglo de cubiertas
1955. Arenillas Álvarez. Capilla Soterraña
1980. Fernández Suárez. Obras generales.
ÁVILA / 165
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 72-98; [Link]., 1989, pp. 278-279; AJO GONZÁ-
LEZ, C. M.ª, 1954, pp. 153-164, 335-342; ÁLVAREZ CAPRA, L., 1886;
CABELLO LAPIEDRA, L. M., 1992, 89-119; CARRAMOLINO, J. M., 1872
(1999), pp. 480-494; CHUECA GOITIA, F., 1965 (2001), pp. 216-217;
CONANT, K. J., 1982, pp. 181-229; FÁBREGA, Á., 1953-1955, pp. 165-
167, 358-363; FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992, pp. 187-313; FLÓREZ, E.,
1786, pp. 27-35; GAILLARD, G., 1956, 85-91; GARCÍA GUINEA, M. Á.,
1961, 158-167; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 60-79; GOLDSCH-
MIDT, W., 1935, pp. 259-273; GOLDSCHMIDT, W., 1936, pp. 161-170;
GOLDSCHMIDT, W., 1937, pp. 110-123; GÓMEZ-MORENO, M., 1983,
pp. 132-147; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 45-89; GUTIÉRREZ
ROBLEDO, J. L., 1985a, pp. 103-137; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1990b,
pp. 217-231; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 530-537; LAMBERT,
É., 1931 (1977), pp. 51-54; LAMPÉREZ Y ROMEA, V., 1901, pp. 1-5;
LÁZARO, J. B., 1894, pp. 253-256; LOJENDIO, L. M.ª de y RODRÍGUEZ, A.,
1966 (1979), pp. 313-327; MARTÍN BALDÓ, J., 1885, pp. 115-116; MAR-
TÍN GONZÁLEZ, J. J., 1961, pp. 168-172; MÉLIDA, J. R., 1897, pp. 73-89;
MÉLIDA, J. R., 1899, pp. 20-21; MIRÓ, G., 1952, pp. 65-72; MURO Y
GARCÍA VILLALBA, B., 1990, pp. 233-243; RAMOS DE CASTRO, G., 1975,
pp. 189-198; REPULLÉS Y VARGAS, E. M.ª, 1894a; RODRÍGUEZ ALMEIDA,
E., 1962, pp. 781-797; VALLE PÉREZ, J. C., 1984, pp. 291-326; VALLERY-
RADOT, J., 1962, pp. 74-75; VILA DA VILA, M.ª M., 1989a, pp. 255-268;
VILA DA VILA, M.ª M., 1999, pp. 71-96; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp.
597-606; VILLAR CASTRO, J., 1984, pp. 69-89.
S
Fachada occidental E ALZA FRENTE A LA PUERTA del Alcázar de la muralla y
configurando uno de los espacios más atractivos de
la ciudad: el Mercado Grande, la gran plaza extra-
muros del arrabal oriental que definió Torres Balbás. Re-
sulta problemática su situación en las cercanías del mo-
nasterio benedictino de Santa María la Antigua, llama-
do también en la documentación Santa María la Vieja,
dado que sus fábricas son casi colindantes e incluso el
brazo meridional del transepto de San Pedro apoya en al-
guna de las sepulturas del cementerio de Santa María la
Vieja, hecho que resulta muy anómalo. Puede suponerse
que la anterior iglesia de San Pedro era de pequeñas
dimensiones y que cuando, en los inicios del segundo ter-
cio del siglo XII, se comenzó el actual templo, el monas-
terio apenas tendría vida y por ello la parroquia se levan-
tó tan cerca de la iglesia monástica. Luego este último
templo fue reconstruido a finales del XII tal como indican
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 166
166 / ÁVILA
Planta
Alzado este
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 167
ÁVILA / 167
Arquivoltas
de la portada oeste
su portada con una arquivolta de rollos y su ábside, en meridional, quizá cuando se prescindió de organizar una
cuya fábrica se atisban mudejarismos similares a los de los fachada torreada o una torre sobre el cimborrio –aquí muy
ábsides de la abadía de Santa María de Burgohondo y dudosa– y siempre antes de construir el brazo norte del
Santo Domingo de Piedrahita. transepto, y el que la misma dependencia con San Vicen-
También existe una gran escasez documental en torno te se aprecie en la cubierta de la nave central, que aquí
a San Pedro, y más cuando lo que se buscan son datos cambia sus capiteles por unos más sencillos que en la nave
específicos del desarrollo de la fábrica, por lo que la pri- mayor reciben a los lados dos elementales cul de lampe simi-
mera referencia de valor, posterior a algunas citas vagas, no lares a ejemplos de la catedral y de Galicia, y simplifica los
es otra que la relación de parroquias de 1250. A San Pedro, nervios de su crucería. La decoración escultórica tiene
que disputará tradicionalmente a San Vicente el puesto de muchos puntos en común con la de la primera fase de San
decana entre las parroquias abulenses, le correspondían Vicente, pero falta el esplendor de toda la segunda fase de
ciento veinte morabetinos, mínima cantidad, confirmados escultura borgoñona de la basílica. Además, gran parte de
por la concordia de 1254. Era ya una de las parroquias más los detalles ornamentales (capiteles, canecillos y cornisas)
vinculadas a las élites ciudadanas, cuestión que queda de han sufrido en demasía el “paso del tiempo” y aparecen
manifiesto al ver cómo todavía en siglos posteriores reci- limados, rozados o simplemente sustituidos.
be muchas intervenciones de mejora y adecentamiento La planta (sin cripta y con los ábsides laterales de des-
(atrio, campanario...) o es elegida como lugar de enterra- iguales dimensiones), repite el modelo de la basílica,
miento de familias relevantes. Fue declarado Monumento incluso si se acepta que delante de su actual fachada pudo
Nacional en 1914. haberse proyectado el citado cuerpo de torres y nártex,
San Pedro es, como ya indicó Gómez-Moreno, iglesia estamos en un modelo idéntico al de ese primer proyec-
gemela de la de San Vicente, pero de más larga construc- to de San Vicente que apuntó Merino de Cáceres. En la
ción, por lo que no llegó a levantar sus proyectadas tri- planta se marcan sendas escaleras en el crucero que indi-
bunas (por ello las naves laterales son más altas, más es- can que en un primer proyecto se pensó en dotar al tem-
beltas) y fue rematada al oeste por un gran rosetón plo de tribunas siguiendo el modelo de iglesia de pere-
cisterciense, en todo similar a uno que permanece cegado grinación vicentino. Las portadas laterales se disponen
en el brazo sur del crucero catedralicio (muchas otras son aquí en el mismo tramo y los únicos añadidos a la planta
las relaciones entre la última fabrica románica de este originaria son una sacristía gótica y una torre que, ya se
templo y la catedral). Este retraso constructivo motivó el ha dicho, puede ser la respuesta posterior a la falta de
que la torre se adosase tardíamente a uno de los ábsides, torres en la fachada, si es que no se construyó cuando se
el septentrional que es de menores dimensiones que el olvidó la construcción de una sobre el cimborrio que nunca
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 168
168 / ÁVILA
Alzado sur
Alzado norte
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 169
ÁVILA / 169
pasó de la fase de proyecto. Ciertamente es torre remeti- Los muros, del granito ocre típico del románico abu-
da de cualquier manera en los muros, construida sobre un lense y levantados sobre zócalo de grandes sillares de
zócalo de sillería de granito que nunca se utilizaría en el granito gris, son más opacos que los de San Vicente, es
XII (el material también se utiliza en el arranque del brazo decir, sus ventanas apenas pasan de pequeñas y altas sae-
sur del transepto), anterior al brazo norte del transepto y teras, tanto en la nave mayor, como en las laterales. Las
torre con sucesivos recrecimientos (se nota un hueco portadas del templo son tardías y cercanas a la desorna-
cegado en el lado este y un forzado cambio de plan en las mentación de la estética cisterciense (de manera eviden-
escaleras), y a la que hace veinte años se le ha mudado el te en la oeste).
campanario de ladrillo por otro de sillería en una restaura- La fachada de la nave norte se organiza en cinco paños
ción que vista con los criterios actuales es excesiva. Por escalonados, cortados por contrafuertes de tres escarpas
todo ello es difícil aventurar nada exacto sobre ella. que se corresponden con los tramos del interior. Las ven-
Al exterior, los capiteles muestran aves explayadas, sire- tanas de cuatro de estos lienzos tienen dos arcos decre-
nas y centauros alados y la ornamentación vegetal (hojas cientes, el interior con baquetón que descansa sobre
con escotaduras unos y otros casi acantos clásicos) que columnas con capiteles de sección circular, y el exterior
había en la basílica. En los casi destrozados canecillos aún –sin decorar– bordeado por una lisa imposta. Dispuesta
se distinguen figuras y modillones de cuatro, cinco y seis sobre ésta, la fachada de la nave mayor presenta análogas
lóbulos. Entre las molduras, además de las rosetas y pal- características, pero tiene los machones reformados con
metas, hay una con palmetas curvas inscritas en círculos granito y las ventanas aparecen semitapadas en las seccio-
que en Ávila sólo se da en San Segundo y también en un nes de hace casi cien años que recogen una mayor pen-
ábaco que se guarda en el Ayuntamiento y que parece pro- diente de la cubierta de la nave lateral, reformada en las
cede de Santo Domingo. ultimas restauraciones. Ello es indicio o de un último pro-
yecto de pequeñas tribunas o de una cubierta plana, y lo
honesto es indicar que ninguna de las alternativas nos con-
Portada sur
vence y optamos por creer estamos ante uno de tantos bal-
buceos que se producen en la construcción de un edificio,
balbuceo que quizá sea reflejo del paso desde una cubier-
ta románica a una gótica. Las cornisas de estas fachadas
son de granito y con una molduración ajena al románico.
En el cuarto tramo, al norte, entre dos gruesos machones
y protegida por un alero con grandes y deteriorados cane-
cillos, se abre una puerta con cinco arquivoltas decoradas
con baquetones, rosetas rehundidas de variado número de
pétalos y decoración quebrada en doble zigzag, que siem-
pre se ha relacionado con el triforio de la catedral. Una
imposta de rosetas sirve de ábaco a los capiteles de acan-
to de los tres pares de columnas en los que descansan las
arquivoltas mediales. Los fustes de las columnas, graníti-
cos y monolíticos y sus basas son ajenos a la puerta. Una
imposta con puntas de diamantes bordea la rosca externa
del arco.
La fachada sur presenta una estructura análoga a la
norte, sin refuerzos de granito en los contrafuertes, sin
escarpas, y con una de sus ventanas, la del primer tramo de
la nave central con una imposta de puntas de diamante. La
portada tiene gran similitud con la norte, pero decora con
un baquetón en sus tres arquivoltas externas, como en
Santo Domingo. Las columnas se apoyan en una alta basa
y la imposta que rodea al baquetón externo se decora con
palmetas en círculos entrelazados. Su altura desproporcio-
nada y poca anchura hacen destacar esta portada por su
esbeltez entre todas las del románico abulense.
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 170
170 / ÁVILA
Alzado oeste
Sección longitudinal
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 171
ÁVILA / 171
Sección transversal
En la fachada oeste, reforzada por cuatro contrafuertes, ocurre con los brazos del crucero, pero la zona del cruce-
se abren dos óculos, una portada y un gran rosetón. En la ro correspondiente a las naves laterales ya se cubre con
portada, muy reparada, hay que destacar los capiteles cali- soluciones góticas, con bóvedas de crucería semejantes a
zos de campana invertida, la imposta que rodea la última las que luego cubrirán los tramos de la nave central. Sigue
arquivolta, moldurada con puntas de diamante muy evolu- en la nave mayor el modelo marcado en la iglesia de San
cionadas, y la serie de arquillos ciegos que anuncia el cuer- Vicente, aunque aquí las ménsulas gallonadas en las que
po superior de la fachada. En éste, cobijado bajo un gran apean los nervios recuerdan claramente a la estética que
arco de medio punto que viene a ser el primer perpiaño de en la catedral aparece en el siglo XIII. Los capiteles de la
la nave central, se abre un gran rosetón cisterciense que capilla mayor, groseramente embadurnados y dorados,
sólo conserva de lo original un gran baquetón liso y otro repiten los ya vistos de vegetales del exterior; y entre
en zigzag, y tres cabezas en piedra que lo decoran. En estos del interior –además del de las palomas dándose el
1967 se procedió a desmontar “con premeditación y ale- pico y el de los leones con la cabeza entre las patas, que
vosía”, cambiando el diagnóstico que en 1914 hiciera Sen- había en San Vicente– aparecen uno con hombres senta-
tenach de que el rosetón estaba girado, por el de que el dos y grifos que vuelven violentamente la cabeza, otro
rosetón tenía “cáncer de piedra”; y dispuestos a curarle sus- con tres figuras en actitud de marcha y uno muy curioso
tituyeron por moldes de hormigón las piedras centenarias con dos figuras ofrendando a otra central (Vila da Vila ha
y por cristal esmerilado las vidrieras, que por lo que se ve relacionado estos capiteles historiados con narraciones de
también se contagiaron del cáncer de piedra (algunos temas bíblicos: Caín y Abel, Sansón...). Los capiteles del
pobres restos quedan en el Museo Provincial, cuidados y ábside sur se decoran con grifos, hombres montando leo-
valorados). Esta fachada, a pesar de las reformas, tiene una nes y sirenas de doble cola. En el ábside norte más palo-
configuración general en todo similar a muchas iglesias mas dándose el pico, más grifos, más felinos y más leones
cistercienses y hace suya la ausencia de monumentalidad con la cabeza entre las patas como los ya vistos, y uno
estructural y la transposición de la organización interna original que mezcla aves explayadas y cabezas humanas.
del templo que Valle Pérez define en las fachadas de la Rosetas y palmetas decoran también las cornisas y ábacos
Orden de Cîteaux (manifiesta es la similitud con Sacrame- del interior, junto con ellas hay entrelazos cercanos a los
nia, Armenteira, Meira...). de San Andrés.
Las capillas laterales y la mayor se cubren con bóvedas Para Vila da Vila son varias las campañas y talleres
de horno y cañones al modo de San Vicente y lo mismo escultóricos que trabajan en San Pedro. Una primera cam-
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 172
172 / ÁVILA
ÁVILA / 173
Bibliografía
Capitel historiado
L
Vista general desde el suroeste EVANTADA EN EL SEGUNDO CUARTO del siglo XII en el
barrio que tradicionalmente se considera de los
canteros abulenses, en la zona norte de extramuros
y teniendo ya que salvar un importante desnivel con res-
pecto a los lienzos de la muralla. Situada en una pequeña
plaza, mantiene todavía cierto aislamiento urbano, con-
tando las fachadas occidental y meridional con amplios
espacios a los que abrirse, no así la cabecera, algo enca-
jonada entre construcciones cercanas o el flanco norte
que presenta aspecto de cierto abandono. Parece sin em-
bargo que en este aspecto ha mejorado, ya que a finales
del siglo XIX, Enrique Ballesteros define la zona de San
Andrés como “miserable arrabal en el que subsiste”.
De su origen no tenemos ningún tipo de constancia. El
primer documento en el que aparece es la citada carta del
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 174
174 / ÁVILA
Planta
Alzado este
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 175
ÁVILA / 175
Cabecera
Fachada oeste
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 176
176 / ÁVILA
Alzado sur
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 177
ÁVILA / 177
178 / ÁVILA
ÁVILA / 179
y dos leones a su lado en el otro (propone, con reser- Sobre las ventanas una imposta decorada con rosetas
vas, Vila da Vila la posibilidad de que represente a de cuatro pétalos en círculos y entrelazos variados, y bajo
Santa Tecla). ellas otra con la triple baqueta que había en los aleros del
– Capiteles del arco fajón: En uno sólo se distinguen exterior. En el lado izquierdo del tramo recto, una puerta
tres figuras humanas entre leones y en otro dos hom- tapiada, con arco conopial orlado de bolas, es el único
bres enfrentados entre hojas emboladas. Les faltan recuerdo que queda de la sacristía del siglo XV.
los brazos. En el interior, los ábsides laterales se reducen a simples
– Capiteles de las dos columnas geminadas que dan hornacinas. El de la izquierda, el menos pequeño, tiene un
entrada al tramo curvo: En los dos hojas y en uno de altar barroco. El de la derecha presenta el ya citado arco
ellos hay, además, piñas intercaladas en las ramas de con cinco lóbulos sobre capiteles a los que les faltan las
un árbol. columnas. Sobre las hojas de éstos hay una cabeza de lobo
– Capiteles de las arquerías, lado izquierdo: Dos con entre dos cuadrúpedos en uno, y grandes círculos y entre-
leones (uno de ellos con dos leones con una sola lazos en el otro.
cabeza), otro con dos caballos, de los que uno muer- Arcos doblados que apoyan en pilares cruciformes
de el cuello del otro, y otro con un hombre acompa- separan las naves. Ni las semicolumnas que en estos pila-
ñado de felino que introduce su pata en la boca de res arrancan hacia unos inexistentes fajones, ni los cane-
una de las máscaras que hay a los lados del hombre. cillos que quedan en el muro, son pruebas suficientes de
– Capiteles de las arquerías, lado derecho: Uno con que esta iglesia tuviese primitivamente una cubierta de
lacerías de tres cabos, simples hojas lisas en otro, y cañón, ya que no quedan restos de contrafuertes que
en los dos que faltan, quizá los más delicados del aguantasen el empuje de la bóveda de piedra. Los capi-
conjunto, jinete frente a un monstruo (Vila da Vila teles de los arcos formeros, salvo uno con león y ser-
plantea que podría tratarse de San Jorge) y un hom- pientes, son de pencas rebordeadas de iguales caracterís-
bre sujetando en cada mano un águila. ticas que las que se desarrollan en los monumentos de
– Capiteles de las tres ventanas del tramo curvo: En la toda la ciudad.
central uno con lobos y otro elegantísimo con dos Su escultura ha sido analizada por Margarita Vila para
zancudas mordiendo una serpiente, que a su vez quien su absidiolo meridional recoge influencias de las
muerde a una de ellas; y en los de las laterales, leo- iglesias leonesas de San Isidoro y Santa María del Merca-
nes solos, un león devorando hombres, hombre y do y por ello debe fecharse a partir de 1130, fecha que
cuadrúpedo, y uno con una cabeza entre hojas. cuadra a una capilla mayor en la que aprecia dos manos
distintas, trabajando por mitades, el principal en la zona
Bolas, roleos y animales en distintas actitudes decoran de la derecha y el secundario en la de la izquierda. La
los ábacos de algunos de estos capiteles; en otros hay labor del maestro principal se extiende también al absi-
billetes, rosetas de cuatro pétalos en círculos, palmetas y diolo polilobulado. Un tercer maestro, que ella relaciona
toda suerte de lacerías de tres y seis cabos que recuerdan con la catedral de Santiago, San Isidoro de León, la cabe-
técnicas árabes. cera de San Pedro y las naves de San Vicente es el autor
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 180
180 / ÁVILA
Bibliografía
E
Vista desde el sur N LA ZONA MÁS OCCIDENTAL de la ciudad, a la vez que
la más baja, extramuros y junto al río, se encuentra
el templo dedicado hasta 1521 a San Sebastián y
Santa Lucía y desde entonces hasta hoy a San Segundo,
uno de los varones apostólicos y primer obispo abulense
según una tradición alejada totalmente de la historia cono-
cida. Dentro de esas reformas y con fecha de 1521 se rea-
liza el “descubrimiento” de unos restos humanos que inte-
resada y torticeramente se convirtieron en reliquias de San
Segundo, un primer obispo de Ávila que a lo sumo y muy
benevolentemente se puede situar en los terrenos de lo
legendario. Basándose –suponemos– en tal tradición,
nunca en la lectura del monumento, afirma Martín Carra-
molino que “pocas, poquísimas habrá, no digo en España,
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 181
ÁVILA / 181
pero ni en toda la cristiandad, que le aventajen en años”, y No debe extrañar que la primera referencia documen-
Fernández Valencia asegura “es la más antigua y primera tal sea, una vez más, de 1250, en que aparece aportando
de Ávila”, con lo que queda de manifiesto el carácter de la doce morabetinos. Esta cantidad, mínima, por decirlo de
obra de ambos autores. alguna manera, indica el escaso el peso social de una igle-
La proximidad del río ha hecho que estos terrenos sia, que tan sólo con el cambio de titular y la vinculación
estuviesen dedicados, entre otras cosas, a zona de huertas sentimental con la Historia de Ávila que éste lleva consi-
(posiblemente trabajadas por moros) que todavía hoy go, pudo gozar en los siglos XVI y XVII de una destacada
podemos contemplar, y, aguas abajo, a oficios como las presencia en la vida abulense, siendo objeto de múltiples
tenerías. En un primer momento de repoblación estas tie- intervenciones destinadas a reverdecer laureles de anta-
rras las ocuparon, según la Crónica de la Población de Ávila, las ño. Pasaría posteriormente a una etapa de pérdida de
gentes procedentes de Covaleda (que aún mantiene su actividad, de olvido silencioso, roto parcialmente por su
presencia en el callejero de la ciudad) y Lara, posterior- declaración de Monumento Nacional en 1923 y por la
mente serán los judíos los que aquí se asienten, por sus tra- devota celebración que cada año recuerda su patronazgo
bajos en telares y curtidurías. En la actualidad, las inter- sobre la ciudad.
venciones realizadas alrededor de la muralla y el proyecto Es templo que en planta marca una cabecera desviada
de un “paseo” que lleve hasta la otra orilla, concretamente que a veces se ha relacionado con la inclinación de la
hasta los Cuatro Postes, han motivado que San Segundo cabeza de Cristo en la cruz, pero más lógico es pensar en
haya visto urbanizados sus accesos y entorno, recuperan- alguna desconocida dificultad del terreno, algún fallo de
do las antiguas edificaciones y tinas. replanteo o hasta en algún culto anterior. Si se observa la
suma irregularidad de la planta del templo, aun sabiendo
Portada que conoció fuertes reformas, se opta por atribuir la plan-
ta girada a la falta de pericia de sus constructores. Del
momento románico únicamente conserva la cabecera
triabsidal, la portada meridional y los muros de caja, pero
debe advertirse que la cabecera fue reformada al abrirse
una comunicación entre las capillas y que los muros han
sido múltiples veces reformados. Tradicionalmente se ha
relacionado con la iglesia de San Andrés y últimamente
Vila da Vila la relaciona con la de San Pedro. Tanto la
cabecera como la portada, y especialmente esta última,
deben de ser coetáneas de San Andrés, por lo que se pue-
den considerar obras construidas entre 1130 y 1160, sin
que se pueda precisar cuándo se terminó el resto de un
templo que, como ya se ha dicho, luego fue muy reforma-
do. Abonaría las fechas propuestas la creencia general en
un fin de las obras de los templos pequeños de la ciudad a
mediados del siglo XII, hacia 1160.
Sobre un zócalo de grandes sillares de granito, se alzan
sus curvas hiladas de granito ocre hasta formar tres senci-
llísimos ábsides que rematan en un alero formado por un
filete sobre canecillos de nacela. La cabecera carece de
vanos y en su parte norte se adosaron posteriormente una
serie de edificaciones que nos impiden la visión completa
de la misma. Interiormente se estructuran estos ábsides
con los consabidos tramos recto y curvo, con bóvedas de
cañón y horno, y estaban incomunicados hasta que en la
reforma de 1519, llevada a cabo por Lázaro de la Peña y
Pedro de Huelmes, se abrieron grandes arcos en los muros
que les separaban. Marcando el inicio del cañón corre una
imposta decorada en entrelazos como los de San Andrés y
con palmetas curvas en círculos como las de las capillas
09. Avila capital 12/2/08 11:44 Página 182
182 / ÁVILA
Planta
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 183
ÁVILA / 183
absidales de San Pedro. La imposta se prolonga hasta abar- otro para la portada y las obras se realizarían en el segun-
car los ábacos de los capiteles que soportan los arcos de do tercio del siglo XII.
entrada. Tres de los capiteles, “rudísimos” al decir de Gó- En la reforma citada, además de abrirse la comunica-
mez-Moreno, se decoran con hojas retalladas a bisel (lo ción entre los arcos, se construyó la pequeña sacristía y se
mismo ocurre en uno escondido tras el retablo) y los otros hicieron los grandes arcos que hoy separan las naves y
tres tienen estos motivos: soportan una armadura, que es de colgadizo en las latera-
les, y forma un gran artesón sujeto con dobles tirantes en
– Capitel izquierdo de la capilla mayor: Tres figuras la central. Quizá como terminación de esta reforma se
vestidas con túnicas de amplias bocamangas y ojos hizo la edificación adosada a la fachada norte de la que
almendrados, la central con una toca ajustada. Tam- hoy, arruinado el interior, tan sólo quedan los muros exter-
bién una cabeza asomando entre hojas con bolas. nos y la cubierta, y en la que en el 1600 los carmelitas cal-
– Capitel derecho de la capilla mayor: Un grifo tra- zados van a tener su primera casa abulense. Antes, en
tando de devorar al niño que sujeta una persona con 1573, se enriqueció el templo con una extraordinaria esta-
una cruz potenzada en el pecho. tua de San Segundo, obra de Juan de Juni. En la fachada
– Capitel derecho de la capilla de la epístola: León con oeste, una puerta con un gran arco carpanel y un óculo
la cabeza de su cachorro en la boca y una sirena. sobre ella, ambos de granito, están ya en la órbita del ba-
rroco, y se puede datar en el siglo XVII. En 1793 y 1803
La puerta sur, abocinada y de medio punto, tiene la Juan de Mendina reconstruye el muro sur, cuyos sillares
organización ya conocida: alternan arquivoltas de rose- aparecen hoy muy desordenados.
tas y de baquetón que descansan respectivamente sobre
Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR - Planos: MIFR - Fotos:
jambas y sobre columnas lisas; grifos, hojas como las de IHGB/JLGR/JRS/García Recio y Fernández Martín
San Andrés y un ave con las alas explayadas decoran los
capiteles, y sobre éstos, ciñendo el derrame del arco, los
ábacos se adornan con rosetas de cuatro pétalos inscritas Bibliografía
en doble círculo, y con un perfecto entrelazo de cordón
perlado. [Link]., 1982b, pp. 62-64; CARRAMOLINO, J. M., 1872 (1999), pp. 550-
Para Vila da Vila, San Andrés y San Pedro, y una direc- 553; FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992, pp. 90-91; GARMA RAMÍREZ, D. de
la, 1999, pp. 88-91; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 156-159; GUTIÉ-
ta relación con las colegiatas cántabras de Santillana del
RREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 129-134; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
Mar, San Martín de Elines, o Cervatos, –que nosotros no 2000, p. 540; LOJENDIO, L. M.ª de y RODRÍGUEZ, A., 1966 (1979), p.
vemos– están en el origen de la escultura de San Segundo. 383; RUIZ AYÚCAR, E., 1964 (1985), pp. 28-30; VILA DA VILA, M.ª M.,
Los talleres escultóricos serían dos, uno para la cabecera y 1999, pp. 124-133; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp. 614-616.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 184
184 / ÁVILA
L
A IGLESIA DE SAN PELAYO (advocación primera del narraciones legendarias cargadas de simbolismo. Así, la
templo, la última fue la de San Isidoro si prescindi- titularidad de San Pelayo viene atribuida a un mártir que
mos del hecho de que últimamente es frecuente padeció en Córdoba antes del año 1000. Se aceptaba tam-
que la denominen de San Isidro, tanto en sus últimos años bién que el templo había cobijado los restos de San Isidoro
abulenses por ser propiedad de esa cofradía, como ahora en cuando la comitiva que los trasladaba a León, encabezada
Madrid en homenaje no premeditado al patrón de la Villa) por Fernando I, pasó por la ciudad y de allí puede derivar-
estaba situada extramuros, frente a la Puerta de la Mala- se el cambio de titularidad. Se produce también en ese
ventura, desde donde pasó tras una vergonzosa desamorti- momento la decisión del monarca de llevarse los restos de
zación y un triste peregrinar hasta El Retiro madrileño. San Vicente y Santas Sabina y Cristeta a lugar más seguro,
Conocemos más de ella por los dibujos de Van den por la negativa impresión que el estado de Ávila le causó.
Wyngaerde de 1570, los de Repullés, y las estampas de los Son dudosos los datos que aporta Fernández Valencia
Monumentos Arquitectónicos de España y diferente documenta- para datar la iglesia. A partir de la inscripción en una cam-
ción encontrada en la iglesia de San Nicolás y en los pana, hoy perdida, puede afirmar que en 1676 el templo
Archivos Municipales, que por el análisis de sus restos en tiene más de 560 años de antigüedad. La falta de la más
su actual emplazamiento. Las diferentes advocaciones del mínima constancia lleva a relativizar este hallazgo. En la
templo proceden de la pervivencia en la cultura popular de relación de 1250 se cita a San Pelayo, que no tenía que
pagar nada.
El templo tenía una cabecera muy profunda y una única
Grabado al aguafuerte sobre acero de Joaquín Pi y Margall por dibujo de Francisco
nave que tendría cubierta de madera y en la que se abrían
Aznar, Monumentos Arquitectónicos de España, 1856-1882
dos puertas, una hacia mediodía y otra a los pies. La cabece-
ra se articula con un tramo curvo y un tramo recto dividido
en dos, con arquerías murales, las bóvedas eran de cuarto de
esfera y de medio cañón con un arco fajón. La portada repe-
tía los modelos decorativos de San Vicente y San Andrés,
pero se organizaba en el muro, sin salir de él y distribuía las
roscas de sus arcos sin la conocida alternancia entre rosetas
y baquetones que se da en otras iglesias abulenses.
Las estructuras arquitectónicas de la cabecera parecen
directamente emparentables con San Vicente, San Pedro y
San Andrés, los motivos decorativos también llevan a esos
templos y por todo ello es monumento que debe fecharse
hacia mediados del siglo XII, sin que puedan hacerse mayo-
res precisiones.
Además conocemos el texto de una lápida de consa-
gración del templo en 1270 que cita Luis Ariz y tras él Fer-
nández Valencia:
ÁVILA / 185
La única puerta que queda tiene la organización nor- de los zancudos con el pico entre las patas que hay en San
mal en las de la ciudad, con roscas decrecientes de medio Andrés, y en los otros, dos cuadrúpedos muy destroza-
punto sobre jambas y columnas con capiteles cuyos ába- dos. En el desaparecido tramo recto se organizaban arcos
cos se prolongan en una imposta quebrada de rosetas de ciegos, uno a cada uno de los dos lados de las columnas
cuatro pétalos inscritos en círculos, que va por todo el del fajón, que se disponían como las ventanas, pero con
derrame de la puerta. En las roscas hoy sólo queda una un único arco, y decoraban sus capiteles con leones, leo-
mínima huella de las rosetas y sólo se pueden ver los capi- nes agachados, aves y las hojas descritas. Los capiteles de
teles de acantos, perdidos ya los dos que se decoraban los arcos del cañón se decoran con temas vegetales y leo-
con animales explayados y grifos volviendo violentamen- nes, y quizá uno de ellos sería el capitel con un castillo a
te la cabeza. lomos de un elefante, idéntico al del ábside central de
El ábside tenía tramo recto y tramo curvo, y se cerraba San Vicente.
con bóveda de cañón con un fajón y otra de horno. Las Según Vila da Vila sus escultores procedían del primer
cubiertas de las naves (armadura) y la cabecera (cañón y taller de San Pedro y del segundo de San Vicente y levan-
horno) se han perdido. taron las portadas de San Andrés y hasta se vinculan con
En el exterior, entre los codillos del tramo recto y dos San Segundo y la obra debe ser posterior a 1135, pero se
columnas semiadosadas, se disponen tres ventanas de debe realizar pronto ya que mediada la centuria estaría
medio punto (una de ellas perdida) con dos arcos decre- acabada.
cientes, de los que el exterior se rodea de una chambra- Poco es lo que conocemos del templo entre el período
na con billetes y el interior descansa sobre columnas de románico y el siglo XIX. El dato más importante parte de
gastados capiteles (los dos leones de agachadas cabezas Fernández Valencia que indica está anexa a la catedral y
de San Vicente y hojas como las de la portada son los que fue reconstruida en tiempos del obispo Martín de
únicos motivos reconocibles hoy en ellos). Tres impostas Bonilla. A falta de más precisos datos podemos relacionar
con flores de cuatro pétalos y lacerías recorren el exte- con esta reconstrucción la sacristía adosada y la puerta
rior del ábside; una marcando el inicio de las ventanas, oeste que aparecen en Monumentos Arquitectónicos de España.
otras prolongando los ábacos de sus capiteles y la últi- La historia decimonónica de San Isidoro se puede seguir
ma decorada con tacos, sobre los huecos. Además tie- en un libro de la Cofradía de San Isidro que encontramos
ne, rematando la curva exterior del ábside, una imposta en la sacristía de San Nicolás de Ávila, y la de su traslado
de rosetas que –a todas luces– es invención de algún res- a Madrid y reconstrucción, gracias a varios artículos de la
taurador. época y a documentos guardados en los archivos abulen-
El interior repite la organización exterior con ligeras ses, de la Academia de Bellas Artes y en el Archivo Gene-
variantes. Las ventanas marcan un abocinamiento que ral de la Administración de Alcalá de Henares. Es historia
culmina casi en una saetera y tienen –las dos que quedan– que hemos definido anteriormente como la de una restau-
en sus capiteles, en uno las hojas ya vistas en la puerta y ración que no fue, un vergonzoso traslado y una recons-
en el exterior del ábside, en otro una versión simplificada trucción imposible.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 186
186 / ÁVILA
Restos reutilizados
Muy resumido, lo ocurrido fue esto: comienza a arrui- tino y su hermosa sillería, obtúvola por compra un parti-
narse en 1854 en un proceso en el que ni los arquitectos cular aficionado a las antigüedades, quien, por dicha, ha
municipales, ni el Ayuntamiento, hacen nada por salvar el tenido la feliz ocurrencia de proponer su adquisición al
templo y ordenan a la Asociación de Labradores, propieta- Estado, y trátase en los momentos actuales de armarla
ria del mismo, que lo derribe. La Asociación llega a ofrecer nuevamente, bajo la traza antigua, ordenando sus nume-
el templo al Ayuntamiento y finalmente prepara el derribo, rosos sillares en los jardines de El Retiro de Madrid,
pero en 1876 el Estado desamortiza el templo y en 1877 lo donde podrá admirarse, quizás dentro de poco, una de
derriba y vende sus restos que fueron a parar a manos de las preciosidades que a Ávila pertenecieron y que esta no
particulares, vendiéndose luego los sillares a un vecino de supo o no quiso guardar”. Difícilmente se podrá encon-
Ávila que los utilizó para levantar unos muros cercanos a lo trar un mayor distanciamiento en historiador metido a
que había sido el emplazamiento del templo, y los elemen- cronista. Tan sólo el recordar la lista de capillas abulen-
tos arquitectónicos a Emilio Rotondo Nicolau. En 1893 ses desaparecidas en los siglos XVIII y XIX puede ayudar a
sillares y elementos arquitectónicos fueron ofrecidos a la comprender la inmensa apatía ciudadana ante la perdida
Academia de la Historia que los compró y los reconstruyó de San Isidoro: Las Aguas, Los Remedios, Santa Cruz,
en el Museo Arqueológico Nacional. En 1896 son cedidos San Lázaro, San Miguel, San Román, San Roque, La Tri-
al Ayuntamiento de Madrid que comenzó a montarlos en nidad, etc.
El Retiro madrileño con proyecto de Ricardo Velázquez
Bosco y allí han estado de vergonzosa manera, hasta que Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR -
Fotos: JLGR/NH/MAD
recientemente han sido restauradas las ruinas por el Ayun-
tamiento de Madrid, que ha encontrado en el terreno cer-
cano más capiteles e impostas que fueron de San Isidoro de Bibliografía
Ávila, uno con un cuadrúpedo muy deteriorado.
Para terminar, se incluye una cita de la obra de Enri- ARIZ, L., 1607 (1978), p. 74; CARRAMOLINO, J. M., 1872 (1999), pp.
que Ballesteros, Estudio histórico de Ávila y su territorio, 567-568; FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992, pp. 96-97; GARMA RAMÍREZ,
D. de la, 1999, pp. 93-95; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 164; GUTIÉ-
(1896) que quizá ayude a comprender parte del proceso
RREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 141-151; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
desde el punto de vista del momento: “Próxima ya a des- 1998a, pp. 133-145; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 541-542;
aparecer, como tantas otras, perdiéndose con su curiosa QUADRADO, J. M.ª, 1865, p. 411; VILA DA VILA, M.ª M., 1999, pp. 133-
traza y construcción, verdaderos modelos del arte bizan- 139; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp. 617-618.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 187
ÁVILA / 187
L
A PEQUEÑA IGLESIA SE ALZA en el centro de la parte lumnas Quedan también restos de los materiales románi-
baja del recinto amurallado, en la mitad de la que cos que fueron reaprovechados en la reconstrucción del
fue zona de cultivo y ganadería del interior de la siglo XVI, organizándose entonces la pobrísima portada
cerca, en la calle que comunicaba el centro de la ciudad meridional con dovelas reutilizadas de la original.
con la Puerta del Puente y aunque fue parroquia en los La profunda cabecera repite el modelo conocido en las
siglos XII y XIII, muy pronto pasa a la condición de ermita otras iglesias abulenses y en el interior aparece la estructu-
dependiente de Santo Domingo. Situada en una pequeña ra de tramos curvos y rectos y bóvedas de horno y cañón
plaza, a la que se llega por la calle Vallespín, antigua Rúa (muy deformado), pero, como luego sucederá en San
de Zapateros, permanece aislada por tres de sus flancos, Nicolás, no hay aquí arquerías murales. A pesar de ello
habiéndosele adosado otros edificios a los pies. Toda la creo que el modelo arquitectónico de ella es el de la igle-
zona mantiene gran parte de la traza originaria además de sia de San Andrés, sin que esto impida que los escultores
construcciones bajas, alejadas del modelo urbano al uso. que toscamente labran los capiteles de su cabecera puedan
Tenemos constancia documental de este templo en la tan inspirarse en iglesias cercanas cronológicamente como
citada Relación de 1250, con una cantidad asignada de San Pedro o San Segundo. La cabecera presenta una única
dieciséis morabetinos, y también poco después, en 1258, ventana, “moderna” para Gómez-Moreno y “antaño... ven-
como consecuencia de un pleito con el obispo de Ávila. tana de medio punto sin capiteles” para Vila da Vila. El
Hay que destacar su ausencia en el Becerro de 1303, punto ábside de grandes proporciones marca al exterior codillos
de partida de una pérdida de relevancia que sin embargo, y se levanta sobre grandes rocas de granito y un zócalo de
no se ha visto completada con su desaparición o destruc- aparejo irregular. Dos semicolumnas, equidistantes de la
ción, a pesar de que en 1794 pasó a manos del pañero ventana central, se adosan a sus muros y rematan en el
Francisco Solernou que compró iglesia y capellanía. El alero con dos capiteles, uno vegetal y otro figurado, tan
barrio mantiene su pulso, aparece (ya como ermita) en el deteriorado como los canecillos que sujetan el alero con
recorrido de procesiones y, aún en la actualidad, pervive cornisa de bisel ajedrezado. Los canecillos se decoran con
su Cofradía, dedicada a Nuestra Señora del Consuelo. modillones, animales destrozadísimos, motivos irrecono-
Importante es también hacer referencia a los cuidados que cibles, nacelas y cuartos de bocel. Faltan tan sólo tres de
recibe, más amorosos que técnicos, y a la facilidad de su los canes originales, dos desaparecidos y uno sustituido
visita, ya que permanece abierta habitualmente. por otro de granito. En el interior, recorriendo el cañón
De su fábrica románica únicamente quedan el muro están los arcos fajón y toral y un segundo fajón, de peque-
norte y la cabecera, de grandes proporciones para tan ña sección, que surge en la unión de los dos tramos. Des-
pequeña iglesia, que se levanta sobre grandes rocas de gra- cansan el toral y el primer fajón sobre semicolumnas ado-
nito y que exteriormente parte su tambor con dos semico- sadas, con capiteles con temática animal y vegetal:
188 / ÁVILA
Planta
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 189
ÁVILA / 189
190 / ÁVILA
S
ITUADA EXTRAMUROS en el barrio alto, en el arrabal izquierda, de obra románica, con capiteles de hojas hen-
oriental, cercana a San Pedro, San Gil y San Vicen- didas y talladas”. Fue declarado Monumento Nacional en
te, se encuentra la iglesia de Santo Tomé. Su empla- 1963.
zamiento, frente a la Puerta del Peso de la Harina, muy En los muros de este templo se han abierto ventanas
próximo a la catedral, en un barrio que podemos calificar adinteladas y añadido refuerzos que en nada entonan con
de próspero, dedicado principalmente al comercio, talle- su fábrica. Los triples ábsides del románico fueron susti-
res especializados, profesiones liberales y espacio habita- tuidos por tres capillas rectangulares de mayores dimen-
cional de los estamentos sociales dominantes y lo más siones, la mayor con dos tramos rectos cubiertos con cru-
selecto del grupo artesanal, como indica Villar Castro, nos cerías del último gótico, de las que aún queda el inicio de
habla de la importancia que este templo pudo tener en las nervaduras. La cubierta sería de madera, dado que no
tiempos. Por otro lado la cantidad que debía abonar en quedan en los muros los contrarrestos que necesitaban
1250 en concepto de prestimonios, treinta morabetinos, la unas bóvedas de piedra, ni señales de su existencia. Al
sitúa entre las parroquias relevantes del momento. La vol- norte una puerta permanece cegada.
vemos a ver en la Concordia de 1254, también en relación La fachada oeste es sumamente sencilla y en ella apa-
con los temas pecuniarios del cabildo. Fue reformada en recen contrafuertes de granito gris que parecen datables
1540 por Diego Hernández, en una actuación similar a la en 1540, cuando se voltearon los nuevos formeros que se
que ya vimos en San Segundo y a otras que conocemos en oponen a ellos. En ella la portada oeste –tras la verja aña-
Santo Domingo y La Magdalena, trazándose airosos for- dida en 1925– presenta entre sus arquivoltas una pequeña,
meros de perfil gótico e incrustándose una vivienda en la la segunda, con entrelazo de dos cabos desconocido con
capilla de la epístola. En el siglo XVIII perdió su carácter esas características y en esa situación en los ejemplos de lo
parroquial y en 1774 y por real orden su parroquia se tras- que se conoce como primer románico abulense y que ya
ladó a la iglesia del antiguo colegio de jesuitas, que ya era hemos visto. Las otras arquivoltas se adornan, la interior
palacio episcopal y cambio su advocación por la de Santo con un baquetón, la tercera con palmetas en círculos
Tomás el Real y luego pasó a ser Paneras del Cabildo y tras abiertos como las de la puerta norte de San Nicolás, y la
la desamortización y su venta en 1878, en el siglo XX fue cuarta con rosetas de siete pétalos. Apoyan estas arqui-
garaje. Con todas estas peripecias sobre sus muros, no es voltas sobre jambas y columnas con capiteles con grifos,
de extrañar que cuando en 1962 la Academia de Bellas arpías, centauros alados y hojas como las descritas. Una
Artes emita un informe sobre ella diga que tan sólo que- imposta hace de ábaco de los capiteles y se prolonga por
dan de lo primitivo románico “los muros de hacia oeste, todo el derrame del arco. Decoran ésta las tradicionales
norte y sur, por dentro; sólo arranques de las arquerías rosetas de cuatro pétalos, que también molduran el “rec-
divisorias de sus naves reducidos a las columnas extremas, tángulo decorativo moderno”, es decir neorrománico, que
y además un arco transversal en cabeza de la nave lateral hay entre la puerta y el óculo que corona la calle central
ÁVILA / 191
Planta
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 192
192 / ÁVILA
ÁVILA / 193
Bibliografía
AA. VV., 1982b, pp. 120-122; CARRAMOLINO, J. M., 1872, pp. 499-500;
GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 57-60; GÓMEZ-MORENO, M.,
1983, p. 164; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 162-168; GUTIÉRREZ
ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 543-544; VILA DA VILA, M.ª M., 1999, pp.
153-159; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp. 620-621.
S
Obras en la torre hacia 1900. Fotografía de Isidro Benito ITUADA EN LA PARTE más baja del arrabal meridional,
en el ángulo suroeste de la ciudad, en unos terrenos
condicionados por la fuerte pendiente que les sepa-
ra de la muralla. Esta zona tiene a su favor la orientación y
la cercanía de agua. Estos factores condicionaron la orga-
nización del barrio, encorsetado entre el río y la ladera. En
cuanto a la población, estaba dedicada principalmente a
tareas agrícola-ganaderas, pero, gracias al gran número de
moriscos que vivía en esta zona, también se desarrollaron
oficios relacionados con la construcción, aunque sus labo-
res estuviesen lejos de las realizadas en el recinto amura-
llado y el arrabal oriental. Todos estos datos, aquí expues-
tos con un tanto de ligereza, los desarrolla adecuadamente
Julio Villar.
Es uno de los más tardíos monumentos románicos de
Ávila. Se presenta aislada, en la plaza que lleva su nombre y
articula todo el espacio en derredor suyo. Carramolino
habla de ella en términos bastante elocuentes: “Su fábrica de
piedra roja tiene bien poco que admirar”, o “no se perdía
nada ciertamente con que hubiese desaparecido su humilde
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 194
194 / ÁVILA
ÁVILA / 195
barroca del templo, pero sus portadas y especialmente la – Arco liso con modillones de lóbulos de esos que aquí
septentrional que tanto recuerda a la de Santa María la solemos definir como zamoranos.
Antigua deben considerarse como obras de final de dicho – Baquetón y ajedrezado, iguales a los de Santo
siglo. A esa fecha alude una lápida fundacional conocida a Domingo.
través de escritos del siglo XVII: – Ajedrezado y hojas de yedra. Un crismón en la
clave.
In honorem B. Nicholai dedicavit hanc Ecclesiam Jacobus Abulen- – Una moldura totalmente rozada y otra con palmetas
sis episcopus in qua venerantur. Recondite de Reliquiis ejusdem sanc-
en círculos abiertos.
ti et gloriossisime Virginis Marie atque sepulcri Domini nostri, et S.
Martine, et S Ilarii et S. Cecilie. vi calend Novembris, era – Una moldura rozada, y otra con ajedrezado en la que
MCCXXXVI. se intercala una dovela con palmetas y círculos abiertos.
La fachada norte, protegida por una cornisa lisa sobre Los modillones de lóbulos de estirpe zamorana del pri-
canecillos de nacela, cuenta con una interesante portada. mer arco recuerdan a los de Santa María la Antigua, pero al
Sobre jambas gastadas y capiteles vegetales que han perdi- ir aquí un solo modillón en cada dovela, parecen más evo-
do sus columnas, corre una imposta con hojas de yedra y lucionados. Las hojas de yedra talladas a bisel de las arqui-
palmetas en círculos, y sobre éstas descansan cinco arqui- voltas y de la imposta, iguales a las de Santo Domingo, pa-
voltas decrecientes que se decoran con estos motivos: ra Gómez-Moreno “proceden de lo románico-morisco de
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 196
196 / ÁVILA
Planta
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 197
ÁVILA / 197
198 / ÁVILA
cuatro pétalos en círculos y con las lacerías que había en rar el zócalo original de los muros de caja y la sillería de
San Andrés y otras iglesias de la ciudad. las zonas cercanas a las puertas laterales y la existente
Entre los capiteles, destacan los situados en el toral de sobre el toral de la capilla mayor.
la capilla mayor. Allí, bajo una espesa capa de cal, y con
Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR - Planos: MHGM
sobria talla, vemos motivos como: pencas, aves explaya- Fotos: IHGB/IB/JLGR/JRS/JL
das, quizá águilas o una cabeza humana. Habría que rela-
cionarlos con los talleres locales que trabajaron en San
Segundo y San Esteban. Bibliografía
Aventura Vila da Vila la segunda mitad del siglo doce
como fechas límites de la obra románica. Un taller que tra- [Link]., 1982b, pp. 114-118; ARIZ, L., 1607 (1978), p. 76; CARRAMO-
bajó en el interior del ábside sería relacionable con San LINO, J. M., 1872 (1999), pp. 502-503; FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992,
Esteban y otro relacionado con San Segundo y San Este- pp. 55-56; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 95-98; GÓMEZ-MORE-
NO, M., 1983, pp. 161-162; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 156-
ban será el autor de las portadas. 162; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 544-545; LOJENDIO, L. M.ª de
La última restauración ha liberado al templo de un y RODRÍGUEZ, A., 1966 (1979), p. 384; VILA DA VILA, M.ª M., 1999, pp.
torpe añadido al sur y en el interior ha permitido recupe- 144-149; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp. 619-620.
S
Ábside ITUADA EN EL ARRABAL oriental, frente al ángulo sures-
te de la muralla y muy próxima al que se conocía
como Torreón del Espina, venía a completar un
flanco de carácter un tanto clerical. Se encuentra por tanto
junto al Mercado Grande, zona privilegiada de extramuros,
pero no contaba con personalidad de parroquia. Se trata de
un conjunto de edificaciones y añadidos, de aspecto destar-
talado, que bien merecerían una mínima intervención de
remozo (hoy en día estas cosas hay que pedirlas con mucho
miedo). Su condición conventual y de clausura han provo-
cado su estructura y mantenimiento, a la vez que complica-
do su observación y disfrute. Documentalmente aparece en
el Becerro de 1303 como iglesia, y a ese mismo siglo perte-
nece la Hermandad de Santa María Magdalena, formada
por “caballeros y personas de gran autoridad”, marcándose
de nuevo el poder con que contaba esta zona alta de la ciu-
dad. En la actualidad es lo poco que ha quedado en pie a ese
lado de la plaza, por la total reforma de la misma que se rea-
liza en los días en que escribimos estas páginas.
Fue iglesia, luego iglesia del hospital que tenía anexo
un patio de comedias, y en el siglo XIX tras la reunificación
de los hospitales fue escuela de Hilazas y finalmente se
trasladó allí la comunidad del monasterio de La Concep-
ción. Como muchas otras veces el edificio ha sufrido tan-
tas transformaciones que es difícil su comprensión. Fueron
reformas que hay que situar en los siglos XVI y XVII y que
alteraron también profundamente el templo. Al primer
siglo puede responder la nueva bóveda del ábside y la
reforma de las naves similar a las de San Segundo, Santo
Domingo y Santo Tomé, y al XVII la decoración.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 199
ÁVILA / 199
Planta
Portada norte
Portada oeste
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 200
200 / ÁVILA
ÁVILA / 201
S
ANTO DOMINGO estaba situada intramuros, en uno de nueva iglesia del Inmaculado Corazón de María, desde
los posibles límites occidentales que se le supone a donde dos capiteles, decorados con motivos vegetales, fue-
la muralla romana, pero no presentaba las caracte- ron a parar a la iglesia de Las Gordillas. Estos capiteles de
rísticas que hemos visto para la parte alta. Se considera las arquerías originales, que antes de destruir la iglesia que-
“zona de transición”, ni acrópolis ni arrabal, terrenos en los daban “hacia los pies”, atestiguan que la iglesia tenía primi-
que se situaban ciertos tenderos y artesanos, donde la tivamente tres naves separadas por formeros de medio
arquitectura se decanta por lo popular también hay casas punto como en Santo Tomé el Viejo, y cómo ésta debía
nobles o conventos. Zona en la que se localizaba la jude- estar cubierta con armadura de madera, ya que no quedó en
ría y que posteriormente ganaría importancia con el creci- la fábrica ningún indicio que permita aventurar la existen-
miento urbano. cia de una cubierta de piedra, ni aparecen contrafuertes en
La iglesia estaba situada tras la iglesia de la Santa, fren- las viejas fotografías. Deben pertenecer también a Santo
te a la portada de Santa Escolástica y muy próxima a la que Domingo los dos capiteles que se conservan en el patio del
fue casa de Contreras, luego Academia de Intendencia y palacio de Superunda-Caprotti, los sillares con los que se
hoy Archivo Histórico Militar. La vemos tanto en 1250 construyó el Asocio (información que debemos a los ope-
como en 1258. En la carta del cardenal Gil Torres consta rarios que hicieron el edificio) y el cimacio que guarda el
que contribuía con 30 morabetinos, cantidad interesante Ayuntamiento de Ávila. Aunque Vila considera la pieza
para tratarse de los terrenos antes descritos. Ya a mediados procedente de San Juan (demolido lo románico en el siglo
del siglo XIV no presenta ningún clérigo en el cabildo XVI) o San Silvestre (demolido a mediados del siglo XIX), las
parroquial, pero se mantiene como parroquia hasta 1911 fiables fuentes municipales consideran la pieza de Santo
en que se convierte en ermita y pasa a depender de San Domingo, lo mismo creemos nosotros valorando que en la
Juan. En 1794 se había reparado con los fondos logrados al demolición de Santo Domingo intervino el Ayuntamiento
vender San Esteban, ermita que era de la parroquia de y que la fecha de su demolición es más cercana. No igno-
Santo Domingo. Aunque desde 1931 era Monumento ramos que esta pieza no cuadra bien con la cronología pro-
Nacional, en un proceso rocambolesco y ciertamente irre- puesta para Santo Domingo, pero no encontramos razones
verente al que volveremos, fue derruida en 1947 para con para suponer las procedencias que hace suyas Vila da Vila.
su solar ampliar la zona de Picadero de la Academia de En el momento de la desaparición de la iglesia la cabe-
Intendencia y sus restos, tras una larga década de abando- cera era, según Gómez-Moreno, de “forma rectangular,
no, que afectó especialmente a las arquivoltas de su porta- con dos bóvedas sobre pilastras toscanas, con entabla-
da románica, fueron libremente utilizados para decorar la mento, aquellas eran de piedra jaspeada en forma vaída la
202 / ÁVILA
Desmontaje, hacia 1947. Fotografía de Antonio Mayoral Portada reubicada en la parroquia del Inmaculado Corazón de María
una, y de cañón con algo de lunetos la otra”. Esta cabece- jo que cae al Hospital de San Antón” cita Ariz) fecha la con-
ra fue hecha en tiempos de Carlos V para enterramiento sagración del templo en ERA MILLESIMA CC:XL:VI: idus aprilis.
de Blasco Núñez Vela, virrey del Perú, y sustituyó a una Según indica el catálogo del museo de Ávila en que se guar-
románica, de la que nada se conoce. da, traducida, dice lo siguiente:
A finales del siglo XV, en una reparación general que
“Consagró esta iglesia Pedro, obispo abulense, en honor
suprimió las arquerías de formeros ya citadas, fueron modi-
de Santo Domingo confesor, en la cual descansan las reli-
ficadas las dos puertas del edificio, la del sur, que es la que quias de los Santos Mártires Justo y Pastor, San Sebastián
hoy está montada en la nueva iglesia, y la del oeste, que se y San Sixto, Papa y mártir. Idus de abril 1246. (ERA MILLE-
abría bajo las armas de los Núñez Vela, quizá las mismas que SIMA CC:XL:VI: IDUS APRILIS)”.
están en la cripta del cercano palacio de Núñez Vela a la
que fueron trasladados los restos de los nobles. Sin contar Es decir que desde 1205 hasta 1947 está en la iglesia
con las arquivoltas góticas de granito, en la portada sur, la una lápida que los historiadores citan de oídas, ya que para
única conservada, quedaban del románico una arquivolta unos está en latín y para otros en castellano, y además
con un baquetón y una moldura taqueada, otra con tres varían respecto al año y la ubicación en el templo. Hasta
baquetones de una estética cercana al gótico, “el crismón la segunda mitad del XIX los historiadores no empezarán a
esculpido en mármol blanco, impostas de hojas de yedra, reconocer que no habían visto la lápida.
como en San Nicolás, pero muy bien talladas, y un solo La adjunta relación incluye el año de la noticia, el
capitel con cuadrúpedos”. El capitel, la imposta y el crismón autor, el idioma en el que se recoge la inscripción, la data
han desaparecido igual que la cornisa con canes de nacela en eras y años y la situación en el templo.
que remataba las fachadas. Las arquivoltas citadas, junto
con los dos capiteles del interior (Inmaculado Corazón y 1607. Luis Ariz. En castellano. Era 1240. Año 1202.
Las Gordillas) y los de la colección Caprotti, más el cima- Nave del altar del Crucifijo.
cio municipal, son los únicos restos románicos que quedan 1613. Antonio de Yepes. En castellano. Era 1240.
de la iglesia, y aquéllas están tan remozadas por la minucio- Año 1202. Al exterior.
sa restauración sufrida, que tentados estamos de suponerlas 1645. González Dávila. En castellano. Era 1240.
renovadas. Con tales restos y con lo poco que conocemos Año 1202. En una pared.
de su estructura original nada más puede decirse de su cro- 1676. Fernández Valencia. En latín. Era 1240. Año
nología que situarla en los años del último románico, consi- 1202. Junto al altar de Nuestra Señora.
derarla como ya hicimos hace tiempo coetánea de Santo 1768. Joseph Tello. En castellano. Era 1246. Año
Tomé y San Nicolás y fechar el edificio en torno a 1200. La 1208. No dice dónde estaba.
aparición de una lápida de caliza fechando en 1208 la con- 1865. J. M. Quadrado. En castellano. Era 1240.
sagración del templo, confirma la fecha propuesta. La lápi- Año 1208. No vio la lápida.
da citada por los historiadores del XVII con toda precisión 1872. Carramolino. En castellano. Año 1212. No
(“está en la pared principal, de la nabe del altar del Crucifi- vio la lápida.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 203
ÁVILA / 203
La recopilación además de tener algo de justificación la entonces Academia de Intendencia, y un año más tarde,
(en 1982 negamos que existiese tal lápida), es algo más aunque según el arquitecto que la tasa no ofrece peligro de
que un divertimento, es una reflexión pública sobre el ruina, la iglesia es vendida, y las únicas obligaciones que el
carácter poco fiable de algunas fuentes bibliográficas de la Estado contrae en la Escritura de 19-XI-1946 son las de tras-
historia abulense. ladar los restos humanos enterrados en la iglesia a la fosa
El cimacio del Ayuntamiento, con palmetas helicoidales común, y la portada, cornisa y sepulcros artísticos a un
y una profunda roseta en círculo debe relacionarse según nuevo templo. Aunque no con gran celo, el traslado de los
Vila da Vila con San Pedro, con su primer taller, y ello hace restos “vulgares” a la fosa común se hizo, y los restos de los
suponer para alguna parte del templo (desconocemos la ubi- fundadores de la capilla mayor, los Núñez Vela, fueron dig-
cación de la pieza en el edificio) una fecha algo anterior. namente instalados en una cripta en el cercano palacio que
Su proceso de ruina se acelera en 1911 cuando la iglesia ellos habitaron. El traslado de las piedras nobles del edificio
pasa a ser una simple ermita casi abandonada y su tesoro, sus a su nuevo emplazamiento también se realizó. Pero como se
altares y sus bancos se reparten entre San Juan y San Este- ha visto, en los casi diez años que éstas quedaron al aire libre
ban. En 1923 es declarado Monumento Nacional y en 1931 y en su posterior restauración, sufrieron más destrozos que
incluido en el Tesoro Artístico. Las cubiertas comienzan a los que habían soportado en los más de 700 que llevaban en
deteriorarse, y la iglesia durante la Guerra Civil es utilizada su primer asentamiento y muchas emprendieron viajes a des-
como Depósito de Intendencia, finalidad que mantiene en tinos que –en la mayor parte de los casos– desconocemos.
los primeros años de la posguerra. Hacia 1945 se comienza Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR - Fotos:
a pensar en derruirla para ampliar el espacio del Picadero de JLGR/NH/IB/AIGDA
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 204
204 / ÁVILA
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 122-124; CARRAMOLINO, J. M., 1872, pp. 500-501; ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 168-173; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, p.
FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992, p. 54; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, 546; VILA DA VILA, M., 1999, pp. 163-167; VILA DA VILA, M., 2000,
pp. 108-110; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 163-164; GUTIÉRREZ pp. 622-623.
D
ya se ha tratado al apuntar los pro-
E LA IGLESIA memoria y sentimiento sobre ese lugar. Los restos románi-
blemas de su vecindad con la de San Pedro. A cos de esta iglesia se sitúan en una plazuela, frente al brazo
priori, como ya indicamos, esto nos hablaría de meridional del crucero de San Pedro, y se limitan a una
un asentamiento muy anterior del ejemplo que ahora tra- rosca de su portada septentrional.
tamos, pues de otra manera es difícil explicar por qué San Siguiendo, pero siendo conscientes de lo precario de la
Pedro ocupó terrenos dedicados a cuestión tan delicada fuente, a Fernández Valencia, nos hacemos eco de las noti-
como un cementerio, achacable quizá a una pérdida de cias que hablan de un monasterio vinculado a Nuestra
Señora de Valvanera (La Rioja) en época visigoda que fue
Ábside abandonado y destruido bajo dominio musulmán. Resta-
blecido el poder cristiano, el monasterio se vuelve a rela-
cionar con Valvanera. Parece innegable no obstante tanto
la antigüedad como la importancia que debió tener, por su
presencia a lo largo de los siglos en diferentes documentos
o por ser lugar elegido para enterramientos. En la segunda
mitad del siglo XIX pierde su carácter conventual y es aban-
donado tras la desamortización (en 1848 es vendido en
265.100 reales), pasando posteriormente a convertirse en
Cuartel de la Brigada de Presidiarios. En la actualidad
forma parte de la Institución Teresiana. Tradicionalmente
se acepta que Santa María la Vieja fue monasterio benedic-
tino, que en el siglo XIV pasó a la obediencia cisterciense, y
que en 1469 fue reedificado como indica Fernández Valen-
cia (una ventana de la fachada oeste es de esa época).
Casi nada queda una vez más del monasterio románi-
co, únicamente una portada con dos únicas arquivoltas,
ÁVILA / 205
Bibliografía
Portada
E
STÁ SITUADA HACIA EL NORTE de la ciudad, cercana a sur gozan de localización privilegiada, al contar con espa-
la iglesia de San Martín, en las inmediaciones del cio suficiente al que abrirse, aunque quizá un poco aban-
que fue primer cementerio municipal abulense en el donado. Wyngaerde la dibuja con una torre de la que nada
siglo XIX. Serafín de Tapia indica que estas dos iglesias sabemos, y que quizá sea una invención fruto del descui-
vecinas tienen elementos relacionables con el hecho de do. Carramolino definía el emplazamiento de la siguiente
tener el barrio un núcleo importante de población de pro- manera: “[...] y por su lado meridional una pequeña ala-
cedencia morisca. Se ven por tanto labores mudéjares en meda que le da frescura y aspecto risueño; y como se halla
una zona donde se sabe trabajaron alarifes y donde cons- en el campo al Norte de la Ciudad y en punto muy venti-
ta que tenían sus hornos. Esto es importante para datar las lado, por ser el más alto de la cañada en que se situaba, lo
obras, porque es conocido que la tradición constructiva de que justifica su salubridad, se determinó fijar definitiva-
este pueblo se fue perdiendo en favor de otras actividades, mente a su costado el cementerio [...]”.
además de producirse un cambio en el gusto. No es hasta Gil Torres y la posterior Concordia de
Se encuentra la iglesia en terreno abierto pero no aisla- 1258 cuando consta en la documentación histórica rele-
da, ya que se le han adosado distintos elementos en todo vante. Dos morabetinos era la cantidad que tenía asigna-
el lado norte y parte de la cabecera. Las portadas oeste y da, cantidad que indica poca importancia en el concierto
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 206
206 / ÁVILA
parroquial. Fue parroquia hasta 1647, en que se transforma fecha el templo en el año 1210: In honorem S. Bartholomei Apos-
en ermita. tol, dedicavit hanc ecclesiam Petrus, in qua venerantur recondite de rili-
La iglesia románica de San Bartolomé, que mudó su dedi- quiis ejusdem sancti, et S. Lucie, et sanctos. Xisti, Justi et Pastoris, Valen-
cación por la de Santa María de la Cabeza, es para Gómez- tini, Pancracii, Vitti et Modesti, vii idus decemb Era MCCXLVIII.
Moreno “una de las pequeñas y humildes joyas de nuestra Interesante es el crismón situado en la puerta sur. De
albañilería románico-morisca”. Es una iglesia de cabecera origen desconocido, es una obra llena de finura y delicade-
románica con un cuerpo de tres naves desiguales de inspira- za en el trato al material, mármol, donde destaca lo orna-
ción mudéjar. La cabecera tiene tres ábsides desornamenta- mentado del conjunto con motivos que Gómez-Moreno
dos dispuestos en batería, perfectamente orientados y con la califica de “hojitas árabes”.
única presencia una columna imbuida en el muro, construi- El cuerpo de naves se construye con formeros de arcos
dos ya en granito y rematados con una pequeña cornisa de doblados de ladrillo que se ha defendido tienen grandes
granito rojo con canecillos en nacela. En el interior los ábsi- salmeres, quizá rozados, que se inscriben en una retícula
des ya incorporan el ladrillo mudéjar, con arcos ligeramente de ladrillo (doble en una banda y sencilla en la otra, de
apuntados en los que se incrustan unas impostas con entre- manera que podían ensamblarse). En 1978, Sánchez Truji-
lazos que mucho tienen de musulmanas. llano dice que las arquerías de sus formeros están formadas
Respecto a la cronología de la cabecera, una vez más por tres arcos de medio punto que originariamente fueron
conviene situarla en una fecha cercana a 1200, en el mo- de herradura, con un peralte de1/5 del radio, pero en fecha
mento del último románico, y a esa fecha apuntan el cambio desconocida fueron limados absolutamente todos los sal-
de material en el exterior de la cabecera, la cornisa rojiza meres, excepto uno en el último soporte de la nave izquier-
similar al material de la cabecera de la catedral, y una des- da, que nos ha servido para modularlos. Gómez-Moreno,
aparecida inscripción que, entre otros, recoge Ariz, y que que visita detenidamente la iglesia en 1900, describe tam-
ÁVILA / 207
Planta
Sección transversal
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 208
208 / ÁVILA
Interior
bién las arquerías: desde los arcos torales inclusive son las tres y restauraciones. Es nave difícil de fechar, que quizá sea de
naves de albañilería; pilares muy anchos y cortos apean a principios del XIII, fecha que proponemos basándonos en
cada lado tres arcos semicirculares de arquivolta doble, o sea, la fecha de la cabecera, cuyo arco toral parece rimar con
articulada y sin impostas, pero quizá se intentó ponerlas en los formeros y en los repetidos datos epigráficos.
nacela y sólo por el intradós, como se halla en otras muchas
iglesias, y según queda indicio en el arco toral de la izquier- Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
Planos: JAGS - Fotos: IHGB/AIGDA/JRSS
da, por dentro, pero se desistiría para evitar tropezaderos,
dado lo corto de las pilas. Se traen aquí estos dos textos para
indicar que, a nuestro actual parecer y aunque anteriormen-
te defendiésemos lo contrario, habría impostas de nacela en Bibliografía
el intradós (las que hoy hay en el citado arco sospecho han
sido restauradas o quizá repuestas) y estas pudieron ser [Link]., 1982b, pp. 125-126; ARIZ, L., 1607 (1978), p. 76; CARRAMO-
rozadas, pero no creo sea posible trazar en esta arquería y LINO, J. M., 1872 (1999), pp. 562-564; FERNÁNDEZ VALENCIA, B., 1992,
con la actual configuración, herradura alguna. pp. 92-93; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 88; GÓMEZ-MORENO,
M., 1983, pp. 166-169; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 173-178;
Se cubre con sencillas armaduras del XVII (1657 la cen- GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 546-547; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J.
tral y de 1658 las laterales) que han conocido muchas L., 2001, pp. 24-26; VILA DA VILA, M.ª M., 1999, pp. 167-171; VILA DA
reformas, las últimas ocasionadas por sucesivos incendios VILA, M.ª M., 2000, pp. 623-624.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 209
ÁVILA / 209
C
OMO YA HEMOS INDICADO, se encuentra próxima a
Santa María de la Cabeza, en una plaza que lle- mente transformada en los siglos XVI (cuerpo de naves) y
va su nombre y le permite gozar de aislamiento, a principios del XVIII (zona de la cabecera), tiene una magnífi-
medio camino entre el flanco norte de la muralla y el con- ca torre hueca en su interior, con zócalo de sillería y cuerpo
vento de La Encarnación, en un barrio donde abundaban superior de ladrillo con huecos con arcos de herradura apun-
los terrenos de labor y los oficios y que ha visto cómo tados y doblados, alfices y frisos de esquinillas, repertorio
cambiaba su configuración para cobrar un aire marcada- que habla indudablemente de una arquitectura mudéjar.
mente residencial, tendencia que parece va a continuar en En la restauración de Gascón Bernal ha salido a la luz
detrimento del carácter tradicional del mismo. Figura en la parcialmente la cabecera románica del templo. Se trata de
relación de Gil Torres, con cuatro morabetinos a su cargo, la sillería del tramo recto del lado norte, incluyendo una
produciéndose el hecho singular de que en esa época no hilada de la bóveda que permite suponer la existencia de
consta ningún clérigo suyo en el cabildo de San Benito. Es un medio cañón. El resto del material románico desapare-
también curioso que su cofradía, que se fusionaría con el ció con el edificio en las transformaciones del siglo XVI y
Patronato de Nuestra Señora de la Misericordia, tuviese fundamentalmente en el XVIII. Al principio del XVI se harí-
una alta cantidad a pagar como requisito para ser patrono, an los formeros de las naves y desaparece el cuerpo de
siendo como era un barrio humilde, hecho que cambió naves –¿románico o mudéjar?– y en 1705 se reformó la
posteriormente siendo las clases medias las encargadas de capilla mayor, construyendo el camarín, sacristías y la
llevar el peso, relacionándose en diferentes ocasiones con cúpula semiesférica del presbiterio. Debió desmontarse
la vecina de San Bartolomé, San Llorente y Santa María de entonces casi toda la cabecera reutilizando la sillería en la
la Cabeza, de carácter modesto. Fue declarado Monumen- nueva construcción.
to Histórico Artístico en 1983. Con estos mínimos datos (a los que se puede unir el de
que tenía lábaro), nada puede decirse de la cronología de un
Vista general templo en el que en el siglo XIV se alzará una torre de gran
esbeltez, que arranca contigua al lado sur del desaparecido
tramo recto románico, quizá destruido para levantar este
campanario, y que construye su primer cuerpo con sillería de
granito (al igual que la cercana de San Andrés) y la segunda
parte ya en un mudéjar de tradición gótica, que hermana con
la anterior fábrica de Santa María y con otros templos que
antes, en esos momentos y después, se alzan en la cercana
Moraña. En el Museo Arqueológico Nacional se guarda un
ara portátil (n.º 59951), dedicado al beato Martini, de era
1244 o de 1219 según la ficha del museo que duda entre
MCCXLIIII y MCCXVIIII, es decir de año 1206 ó 1181, que
para Gómez-Moreno procedía de Ávila y que serviría para
hacer el templo coetáneo de San Bartolomé. Cierto es que la
datación es ejemplo señalado de imprecisión y está cogida
por los pelos, pero es lo que hay.
Bibliografía
210 / ÁVILA
Planta
Alzado sur
ÁVILA / 211
S
E ENCUENTRAN SUS ÚNICOS restos junto al pequeño que la primera corresponda a la de la llegada a Ávila de la
y hermoso puente gótico, que lleva su nombre y comunidad, pero la de 1209 cuadra más a lo más antiguo del
cruza el arroyo Grajal o Chico. Como fecha de su monasterio, que en los primeros momentos fue fortaleza. En
fundación se apuntan las de 1171 y la de 1209. Es posible 1226, según Barrios, era lugar de enterramiento preferido de
un alto número de fieles, y fue preciso firmar un acuerdo por
Exterior de la cabecera que los monjes consintiesen que quien se enterrase en su
monasterio pagase la cuarta funeraria en su feligresía. Aque-
lla iglesia monástica tenía –para López de Guereño Sanz– el
ábside que se conserva y una nave corta y baja construida en
ladrillo. El ábside, de fuerte sillería y con tres ventanales que
conocieron muchas reformas, parece manifestar estilística-
mente y por sus materiales la cercanía a la cabecera de San
Bartolomé/Nuestra Señora de la Cabeza, que hemos fecha-
do en esa época y que tenía también muros de ladrillo.
Funcionalmente puede hablarse de una cabecera con
un carácter militar, tanto por ser monasterio cisterciense,
como por sus huecos y materiales, como por su ubicación,
que hace de este monasterio, también el más antiguo de
Ávila, el primero del cinturón defensivo monacal que en la
ciudad se configura en la Edad Media: premonstratenses,
jerónimos, cistercienses y franciscanos.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 212
212 / ÁVILA
El Episcopio
S
E TRATA DE UN EJEMPLO que se sale de lo tratado hasta nica”, entendido como “iglesia o casa donde residían los
ahora. En el barrio alto se encuentra esta pieza que canónicos seglares”, ya que toda esta zona (calles Albar-
formaba parte de las sedes de estamentos de poder: dería, de la Muerte y la Vida...) era la residencia habitual
palacio episcopal, catedral y alcázar. Como ya dijimos en de los vinculados al cabildo.
el caso de Santo Tomé el Viejo, era ésta una zona habita- Como palacio Viejo Antiguo, palacio del Rey Niño,
da por las élites y entre ellas la clerical (y servidumbre). A palacio episcopal o incluso como el Corralón se conoce en
este lugar se refieren como lugar de celebración de síno- Ávila al solar comprendido entre las puertas de la catedral
dos, palacio episcopal y como “casa de las mesnadas del y de San Vicente y la calle del Tostado. También, en un per-
obispo”. Esto guarda relación con el concepto de “la canó- fecto ejemplo de sinécdoque, es denominado el todo con el
nombre de una de sus partes: el Episcopio. Es un solar en el
Fachada occidental que actualmente se levantan la Casa de Cultura, Correos, la
Telefónica, restaurantes y alguna casa de viviendas.
Dentro de este conjunto de edificios, que en su mayo-
ría son de los siglos XIX y XX, se esconde adosada a la mura-
lla una de las piezas más singulares de la arquitectura
medieval abulense. Es la sala de sínodos del antiguo pala-
cio episcopal, según Manuel Gómez-Moreno, en la que
pueden encontrarse los materiales y formas característicos
de la arquitectura abulense de hacia 1200.
Pieza que tendremos que comprender junto con el
palacio episcopal del que formó parte, un palacio cuya
historia deberíamos realizar en tres etapas: una primera
medieval que incluiría desde fines del siglo XII a finales
del XV; otra moderna en la que se situarían sus reformas
en el siglo XVI y su paulatino abandono hasta llegar al
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 213
ÁVILA / 213
214 / ÁVILA
Plantas
Alzado oeste
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 215
ÁVILA / 215
tanto por analogía con los palacios episcopales del “Hállase adherido a la haz interior del muro de la ciudad,
momento, como porque la mayor parte de los esfuerzos y le constituye un salón rectangular, de largo incierto y
de los prelados abulenses se centraron en levantar la anchura de nueve metros, fabricado en mampostería en dos
fabrica de la Catedral, puede aventurarse que no sería pisos. El bajo se cubre con bóveda semicilíndrica de sillare-
ninguna construcción colosal, y afirmarse que estaba jos, que arranca desde el suelo; el de encima tuvo armadura,
fortificado. pues metidos en la muralla subsisten canes de piedra, donde
Respecto a la datación del mismo debe situarse en los aquélla se afianzaría. El muro longitudinal opuesto, que
años finales del siglo XII: el dato fundamental nos lo apor- mira a poniente, constituía su fachada, con seis largas saete-
ta el mismo Episcopio que está adosado a la muralla, por ras derramadas hacia el interior, otra más en bajo, para
lo que no puede ser anterior, y la fecha la confirma el registro, y en peralte, impostas y guarnición moldeadas en
documento citado por Gómez-Moreno y el paralelismo nacela, siendo notable que la última se desarrolla en curva
formal con las intervenciones en la catedral relacionadas de herradura, como el triforio de la Catedral. No es grande,
con Fruchel, y hasta el material empleado, la misma piedra y su material, la misma piedra caleña jaspeada de esta últi-
ferrosa de la cabecera catedralicia. ma. Dentro, aún se conserva un capitel de la propia anti-
Dentro del románico abulense, en el que, salvo la güedad, con hojas venadas y cimacio de molduras típicas;
muralla nada queda de lo que fue la arquitectura civil, el quizá hubo columnas distribuyendo en dos naves el salón.
Episcopio, aunque sea edificio destinado a usos eclesiásti- La portada exterior es de granito, y la hacen engañosa,
cos, tiene una estructura alejada de la de los templos. un recuadro con bolas del tiempo de los Reyes Católicos,
Gómez-Moreno indica que en 1191 aparece señalado y remate aún posterior con escudo; pero su arco escarza-
como palacio d(omi)ni ep(iscop)i, y era una sala de sínodos. no, todo labrado a boceles y escocias, y sus jambas, con
Cuando él la vio hizo una descripción minuciosa del dos columnas elegantes e imposta de molduras conocida,
mismo, que quizá se ajuste más al original que la que se se remontan al siglo XIII o fines del anterior, como obra del
podría hacer hoy: estilo de Fruchel”.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 216
216 / ÁVILA
Tiene este cuerpo actualmente dos posibles accesos, que luego fue muy reformado, pasa así a ser el único expo-
ninguno de los cuales parece ser originario, abiertos ambos nente de una arquitectura civil que simplifica en sus pro-
en el gran muro oeste. Uno pequeño hacia el norte, se prac- puestas los modelos religiosos.
ticó ampliando un hueco y construyendo una incomodísi-
ma escalera, y otro más amplio, hacia el sur, que tiene una Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
gran puerta interior, toscamente labrada y hoy reducida Planos: según JBG - Fotos: JLGR
por añadidos de ladrillo.
La única portada es sencilla y correcta. La forman dos
arcos decrecientes de lisas dovelas, ligerísimamente peral- Bibliografía
tados y protegidos por una imposta de nacelada curva que CARRAMOLINO, J. M., 1872 (1999), pp. 454-456; GARMA RAMÍREZ, D. de
arranca de una moldura similar que ocupa el lugar de los la, 1999, p. 57; GÓMEZ-MORENO, M., 1963, pp. 170-171; GONZÁLEZ,
inexistentes capiteles. Esta puerta del palacio del Obispo, N., 1987, PP. 11-34; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 548-549.
E
L EMPLAZAMIENTO DE LA CATEDRAL abulense recuerda lense, un hito que recorta su silueta en lo alto del caserío,
singularmente la estrecha unión que en la Edad domina desde su única torre acabada todo el territorio y
Media se da entre los conceptos de civitas, el de termina confundiendo su cimorro con la fábrica de la mura-
cerca y el de catedral. Si como ya se ha dicho no existe lla en la zona más llana de la ciudad.
ciudad si no existe muralla, también puede afirmarse que La catedral será, como pocas, hija del duro tiempo his-
siempre que existe catedral existe ciudad. Esto tiene que tórico y del espacio en que surgió. En el tiempo será la últi-
ver más que con el monumental edificio que suele ser el ma de las cuatro catedrales de la Extremadura castellana del
primer templo, con el hecho de la existencia de un cabil- momento (posterior a la Vieja salmantina, a la de Ciudad
do que actúa desde entonces como estructura de poder, Rodrigo y a la desaparecida de Segovia), estilísticamente
según ha demostrado hasta la saciedad Ángel Barrios para podrá recoger los mismos aires de un gótico incipiente
el caso de Ávila. que ya entonces comenzaban a soplar por Francia, histó-
El papel predominante que la catedral y el cabildo tie- ricamente será posible al sumarse el apoyo de unos reyes
nen en el urbanismo de esta ciudad amurallada se mani- fuertemente ligados a la ciudad y la pujanza del extensí-
fiesta desde cualquier lugar desde el que nos aproximemos simo obispado abulense. Aquellos tiempos y la muy peculiar
a ella. La catedral es un hito constante en el paisaje abu- geografía urbana de la ciudad amurallada obligan a hacer
ÁVILA / 217
218 / ÁVILA
ÁVILA / 219
do Grande, y torre de la Esquina se comunican el uno por ticamente cerrada, con pequeñas saeteras y protegida por
el otro por lo alto de las murallas”. una barbacana debió ser pronto completada con un pri-
Funcionalmente la catedral abulense es, ya se ha dicho mer forro de sillería sobre el que correría el adarve de la
aquí, el más poderoso ejemplo de templo-fortaleza que se muralla, es obra que podría fecharse a mediados del siglo
conserva en Europa y por ello es muy acertado calificarla XIII y relacionarse con el maestro don Varón que recoge la
de la fortior abulensis, añadiendo este calificativo al conocido documentación catedralicia. Durante la segunda mitad
dístico latino (Sancta ovetensis; dives toletana; pulcra leonina; fortis del siglo XV, tiempo de revueltas señoriales en Castilla y
salmantina; fortior abulensis...). Las almenas coronan entre las en la ciudad, se reforzaría esta cabecera dotándola de un
torres su fachada de poniente, la imponente torre nooreste triple almenado, que hace coincidir el nivel de su adarve
y parcialmente las naves laterales del templo. Pero es su con el de los muros de la ciudad, recrecidos entonces en la
potentísima cabecera, cimorro para los abulenses, el mejor zona entre la catedral y San Vicente para enrasar con las
exponente de ese carácter de templo-fortaleza. plataformas de los cubos. Este triple almenado, preparado
La comprensión de esta cabecera militar, de su funcio- para el fuego artillero, con un adarve amatacanado volado,
namiento y evolución, resulta tarea ardua, tanto por su y con una galería militar en su interior que tanto sirve para
complejidad, como por la falta de una documentación sis- arrojar proyectiles entre las ménsulas en las que se apoya
temática sobre la misma, como por estar toda ella embuti- como para hacer fuego desde sus múltiples bocas artilleras,
da en un forro militar que quizá sea obra realizada en dis- pudo ser obra de Juan Guas o de Alí Caro. Es el cuerpo
tintos momentos. Debemos partir de un acercamiento a que en Ávila recibe el nombre de cimorro, el mismo que
aquella catedral del último cuarto del siglo XII trazada por recibían los cubos de la calle San Segundo citados en el
Fruchel, con una cabecera con múltiples capillas absidales Pleito de Albardería que seguramente estarían rematados
que se abrían en la girola (la primera del lado de la epís- por colgadizos de madera (el Diccionario de la Real Aca-
tola es aún visible exteriormente y las dos primeras del demia Española define cimorro como torre de iglesia).
evangelio debieron ser también visibles hasta que fueron Dejando a un lado esas reformas posteriores nos centra-
tapiadas por la capilla de Velada). Aquella cabecera prác- remos en la etapa románica de la catedral. Aunque tenemos
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 220
220 / ÁVILA
una discutible constancia documental de donaciones que de la catedral como con la ralentización, la casi paraliza-
hacia 1135 hace Alfonso VII a una catedral de San Salva- ción de la obra y se producirá en el siglo XIII.
dor que había restaurado su padre tras más de trescientos A modo de hipótesis puede pensarse en un templo de
años de abandono, nada queda en pie de aquella primera triple cabecera, quizá similar a San Vicente, pero de meno-
catedral que es lógico pensar que ocupaba el solar de la res dimensiones, y situado en el espacio del actual crucero
actual y cuya existencia años después está claramente con- y la nave mayor, al modo como ocurrió en León. Un tem-
firmada por las diversas donaciones que en la década de plo que se derriba cuando aún no se ha concluido para hacer
1140 se documentan, pero que es una incógnita que sólo uno nuevo, más amplio y más fuerte e integrado en una
la arqueología podrá desvelar. Nos referimos a la dotación muralla en construcción que se abre para recibir su cabece-
hecha en 1135 por Alfonso VII, a la cesión que el mismo ra. No creo que puedan hacerse conjeturas sobre si alguna
rey hace en 1142 de una amplia explotación agrícola junto parte de aquel templo queda en el actual, o sobre qué mate-
al Adaja y a la cesión que hace en 1144 de las tercias de riales del mismo fueron reutilizados en la nueva catedral.
las rentas, impuestos reales (salvo el quinto del Botín de La parte más antigua del actual templo debe fecharse
Guerra). La construcción de la catedral coincidirá con el entre 1160 y 1180 y atribuirse al maestro Fruchel que en
momento en el que el cabildo está organizado y aún lleva 1191 y 1192 aparece citado en una escritura de trueque
una vida reglar. El cabido medieval abulense ha sido estu- de las hereditates quas Fruchel, magister operis in cathedrali eccle-
diado por Ángel Barrios quién ha precisado que es tanto sia possedit dum viveret. Este fenomenal maestro europeo,
una estructura administrativa como una estructura de cuyo rastro posterior se ha seguido por el norte de Espa-
poder, y que los capitulares y el mismo obispo son guerre- ña, debió ser el autor de la traza general del edificio y
ros de frontera, seguramente vasco-navarros de Cinco especialmente de su interesantísima cabecera. Las fechas
Villas, los Serranos de la Crónica, los valedores de los gue- son las del episcopado de Sancho II (1161-81) y cuadran
rreros según expresión del antiguo pueblo de Ávila que se bien a las esculturas aparecidas en la clave del primer
recoge en el Fuero de Évora, ciudad que también tiene una tramo sobre las que volveremos.
catedral fortificada. Durante una primera época los capi- Las fechas propuestas sitúan este primer momento de la
tulares y el obispo son una misma cosa y reciben conjun- construcción en el reinado de Alfonso VIII, el rey “criado”
tamente la mayor parte de las exacciones del extensísimo en Ávila y que también hizo donaciones para el templo.
obispado, pero a partir de 1185, año en el que se constata Desde 1180 hay hechos que abonan un final de las obras
un fuerte conflicto de intereses, se producirá una separa- de la cabecera: los enterramientos de los obispos don San-
ción entre la mesa capitular y la mesa episcopal; y desde cho y don Domingo y especialmente el pleito que en
ese momento creemos que puede afirmarse que las exac- 1184-1185 enfrenta al obispo con los párrocos de la ciu-
ciones van al obispo y a los capitulares, pero de un modo dad, que desde 1183 se había constituido en el cabildo de
personal. No disminuye la riqueza, no disminuyen los San Benito, al reclamar éstos los excusados de las parro-
impuestos, pero estos tienen un muy distinto destino. Lo quias que cedieron temporalmente y que el prelado apli-
dicho tiene que relacionarse tanto con el carácter militar caba perpetuamente a la fábrica de la catedral.
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 221
ÁVILA / 221
Girola Absidiolo
Fruchel fue quien cambió, desde un hipotético pro- medición de estos edificios y volver a lo antiguo, pues
yecto primitivo de crucero con tres naves y cabecera con así, lo cabal de las cotas da ya una gran base para ajustar el
un tramo recto y otro curvo, al construido de crucero trazado)”, ha podido confeccionar la adjunta planta com-
con una nave central y una nave lateral a poniente y una parativa en pies de aquella catedral no realizada y de la
cabecera con doble tramo recto (se incorporó a la cabe- actual. Su sugerente propuesta es aceptable siempre que
cera la nave de levante del crucero) y el tramo curvo ori- quede palmariamente patente que se trata de una fase pro-
ginal, más una girola con capillas radiales. Este hipotéti- yectual, sólo parcialmente realizada en planta, que originó
co primer proyecto, que ya fue apuntado por Rodríguez ingentes problemas cuando fue preciso abovedar la girola
Almeida y que José Miguel Merino de Cáceres ha preci- y la tribuna que corría sobre ella. El cambio de modula-
sado más, sólo inspiró, de lo realizado, el tramo curvo de ción que él propone en los tramos de las naves justifica
la cabecera, el planteamiento general del crucero y el el anómalo fajón que separa a las naves laterales del cru-
primer tramo del templo, el de las torres. Merino de cero y la menor altura de los claristorios más próximos a
Cáceres, que está estudiando cuidadosa y certeramente las naves.
la metrología de nuestra arquitectura, y que en el caso El cambio de plan, la no realización de la nave este de
concreto de esta catedral ha seguido las pautas marcadas aquel primitivo crucero y su incorporación a la capilla
hace ya un siglo por Gómez-Moreno “(sería conveniente mayor, quedan de manifiesto cuando se observa la distin-
y provechoso desechar el nuevo canon de metros en la ta configuración y decoración de las bóvedas de los absi-
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 222
222 / ÁVILA
diolos del tramo curvo y del tramo recto (todas con poten- Volviendo a la planta románica y a los absidiolos que
tes nervios, pero unas con bóvedas de horno y otras con caracterizan esta cabecera es preciso recordar que su forro
plementos ya gotizantes), y debió ser la causa de la muy militar es muy posterior, que éstos eran originariamente
peculiar cubrición de la cabecera, con una tribuna ya des- exentos como demuestran las cegadas ventanas y la
aparecida sobre el deambulatorio de la que aún queda el rotunda curva del primer absidiolo del lado norte, visible
antiguo triforio acomodado como ventanaje y bajo las cu- sobre el cortavientos de madera de entrada a las sacris-
biertas los arranques de los rampantes radiales que la con- tías y en la coronación de las defensas (sólo fue preciso
figuraban y con una cubierta de bóvedas sexpartitas en la reforzar la zona extramuros de la cabecera: los cinco absi-
capilla mayor, la primera de la Península, cuya originali- diolos del tramo curvo y el primero del lado sur de la giro-
dad y relación con Vézelay ya estableció Lambert (antes la). Así podremos establecer unas inciertas relaciones con
Gómez-Moreno ya apuntó a Saint Denis). Esta primera los ejemplos ya citados de Saint Denis y Vézelay, más los
bóveda sexpartita vino a cubrir unas naves pensadas para de Pontigny y Clairvause y hasta Heisterbach, pero tam-
cerrarse con un medio cañón que fuese continuación del bién con ejemplos españoles como Fitero, Poblet, More-
arco toral y así, al cambiar el plan, los capiteles debieron ruela y Santo Domingo de la Calzada.
crecer para recibir las múltiples nervaduras, en una solu- Los cambios estilísticos y funcionales permiten de-
ción que aquí une a su innegable belleza el valor que tiene sarrollar un amplio coro en esta cabecera profunda y ya
todo lo primigenio, aunque –al igual que en la abacial de gótica en su terminación, y permiten también lograr una
Vézelay– la bóveda está mal dispuesta y sus mayores empu- novedosa iluminación de este ámbito mediante la apertu-
jes actúan sobre los pilares más débiles, aquellos que apo- ra de una serie de ventanas en lo alto, casi en la bóveda,
yan sobre las claves de los formeros del tramo recto de la posibles en una cubierta de nervaduras pero irrealizables
cabecera, haciéndose palmariamente manifiesta la falta de en una románica de medio cañón. En aquel espacio se
correspondencia entre la planta románica y un aboveda- había organizado el primer coro catedralicio de España
miento ya gótico. situado en una cabecera y se había logrado dar a aquel
Su exterior fue muy reformado cuando en el siglo XVI, ámbito una nueva iluminación.
se desmontó la tribuna, pero aún quedan del triforio los Si a esta sabia estructura se une una innegable preocupa-
esbeltísimos huecos cerrados en herradura, con una mol- ción estética manifiesta en la delicia de la labra de los capi-
duración exterior que recuerda tanto a la fase borgoñona teles y molduras, en la cuidada traza de las bóvedas de
de la basílica, como a San Pedro. Directa es la relación horno de los distintos absidiolos y en la habilísima elección
entre el zigzag quebrado de este triforio y una arquivolta del material, una piedra sangrante de La Colilla a la que las
de la puerta norte de San Pedro. Directa es también la vetas ferrosas le dan gran plasticidad, el resultado no puede
relación entre el rosetón parroquial y el que cegado está ser otro que el de la maravilla de esta capilla mayor en la que
incrustado en lo alto del muro oeste del tramo más meri- la luz y la arquitectura se combinan armónicamente, en la
dional del crucero. Entre ellos nos es imposible establecer que se siente tanto el pálpito de liturgias pretéritas como el
una prioridad con datos formales, pero nos inclinamos a inteligente avance del quehacer arquitectónico.
creer en una mayor antigüedad del parroquial. Desde allí la marcha de las obras siguió de manera des-
igual produciéndose con el paso de los años y los siglos
Capiteles cambios frecuentes sobre el primer proyecto arquitectóni-
co. En lo esencial los cuerpos bajos de las torres, cuya
traza y modulación ya aparecen en el que consideramos
primer proyecto de Fruchel, debían estar concluidos en los
primeros años del siglo XIII, puesto que en 1193 ya existía
un lucillo en la capilla de San Andrés y en 1211 ya se
entierra en la de San Miguel a Esteban Domingo, señor de
Villafranca (son las capillas situadas bajo las torres sur y
norte). Son torres fuertes, sin huecos en la zona inferior,
almenadas, hermanadas con las de Sigüenza y Évora. La
acabada remata en lo alto en una cúpula adornada con
escamas y gallones que debe situarse en la misma órbita de
los cimborrios del Duero. Se estructuró una fachada oeste
muy similar a la de la iglesia abulense de San Vicente, con
una fachada-portada remetida a la altura de los pilares del
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 223
ÁVILA / 223
primer tramo –a finales del XIII se labraría para aquel lugar rar el revoco de la pared y se ha dejado al descubierto tras
la portada que a comienzos del XIV es llamada Portal de rehacer el llagueado), rectangular, cerrado en un pequeño
las Imágenes y que luego Guas trasladará al costado ábside, cubierto con cañón y horno, de un granito gris que
norte– y con dos torres ocupando el primer tramo de las configura muros, bóvedas y el cerramiento exterior de
naves laterales, tramo abierto destinado a capillas de éstas. Luego seguirá la construcción de la sala capitular y
enterramiento (las escaleras de acceso a las torres arran- del claustro. Respecto a la sala capitular, la hoy llamada
caban originariamente del interior del templo, del segun- Sacristía de Comuneros, allí se convocó la primera Junta
do tramo y aún es visible su casi cegada puerta junto a la de Comunidad de Ávila, pensamos que es de mediados del
pila bautismal y el cambio brusco y torpe del escalona- siglo XIII. Su construcción suele retrasarse hasta 1307, pero
miento en la torre sur). La gran diferencia entre ambos las varias anotaciones de enterramientos que a partir de
templos estará en la tribuna, que en la catedral, recordan- 1244 se dan en el cabildo al que en 1289 se denomina
do más a Santiago, ocupaba todo el primer tramo de la cabildo nuevo y el hecho de que en 1250 y 1256 se redac-
nave central y apoyaba su abovedamiento sobre la puerta ten los primeros Estatutos Capitulares que dicen que las
y sobre el primer par de formeros (aún son visibles cega- reuniones se realicen en el cabildo nuevo, permite adelan-
das las grandes puertas que comunicaban las torres con tar hacia mediados de siglo XIII la construcción de su
esta tribuna y las huellas que la bóveda dejó sobre los for- soberbia bóveda octogonal cubierta exteriormente con
meros) y en San Vicente se reduce a un corredor sobre la una magnífica serie de tejas pétreas y cornisas de precisa
puerta y una balconada hacia el interior del templo. traza, y dotada de delicadas y esbeltas ventanas que reco-
Conant ha sugerido como precedente de este nártex cate- gen un románico final (especialmente la cegada del cruce-
dralicio a San Vicente de Ávila, Santiago y Villalcázar de ro). Es obra quizá de quien Torres Balbás conoce como
Sirga (incompleto) en España, a Tewkesbury y Peterbo- maestro don Varón (para él también es el autor de la capi-
rough en Inglaterra y hasta la fachada occidental de la lla del Sagrario o antesacristía) y precedente de los cim-
capilla palatina de Aquisgrán y ciertas fachadas sajonas borrios abulenses de San Pedro y San Vicente, que debe
(Ganders-heim, por ejemplo). relacionarse tanto con la capilla de Talavera salmantina
En los comienzos del mismo siglo XIII debían estar ter- como con los múltiples antecedentes que en la arquitectu-
minados los pilares románicos de las naves, con unos capi- ra musulmana hay para cubrir tales espacios. Si con la
teles desnudos que recuerdan en lo esencial el mismo construcción del coro y capilla mayor ya se había confi-
momento de San Pedro, y los muros de caja de la iglesia gurado lo esencial del templo catedral, con la sala capitu-
dado que por entonces se comenzó el claustro (de esos lar y el claustro ya era posible que el cabildo practicase
años son sus primeros sepulcros). La última dependencia una vida secular. También a ese momento, a un tardorro-
románica de la catedral será la que tradicionalmente se mánico epigonal pueden pertenecer la puerta abierta en su
considera su primera sacristía, a la que se accede desde la costado sur, junto al crucero, y el muy reformado nártex
primera capilla de la derecha de la girola (la dedicada a que la precedía y que se incorporó al claustro, un claustro
San Juan Bautista). Es un espacio que corre paralelo y ado- que tardará en concluirse, pero que ya estaba en construc-
sado a la muralla (la fábrica del muro ha “aparecido” al reti- ción en los primeros años del XIII según manifiestan los
enterramientos y las puertas.
Capiteles Los restos de escultura románica son escasos y se con-
centran en la parte oriental del templo, la de más antigua
construcción. Se trata de cuatro capiteles historiados
existentes en la girola y unos pequeños relieves vincula-
dos al triforio, de los capiteles vegetales de la misma giro-
la, la decoración de florones de los nervios de la capilla
central de la girola y de los capiteles del triforio. A ellos
hay que añadir todos los capiteles desornamentados de la
cabecera y pilares de las naves, cercanos a los de San
Pedro, en los que quizá confluya la influencia de una esté-
tica cisterciense y la falta de recursos formales y econó-
micos. Respecto a los historiados Vila da Vila relaciona
con uno de San Marín de Arévalo al que representa grifos
rampantes y arpías estilizadas. Otro de los capiteles,
“deforme y rudo” para Gómez-Moreno, trata temática
09. Avila capital 12/2/08 11:50 Página 224
224 / ÁVILA
mariana con la Anunciación, la Visitación y San José dur- Quede para el final una reflexión abierta sobre Fruchel,
miendo. De los otros dos, “de buena mano” para el mismo el citado magister operis, cuyas huellas se han rastreado –con
autor, uno representa el momento de una disputa entre mayor o menor acierto– en otros edificios del norte. Pen-
caballeros ataviados con ropas de la época, siendo testi- samos que ciñéndonos a lo abulense hoy hay que limitar
gos de la escena sus respectivos escuderos. Mientras que su trabajo directo a la arquitectura de la cabecera catedra-
la última cuenta la historia de Epulón y el pobre Lázaro licia y suponer un control sobre los escultores y decora-
en dos escenas: una pareja de diablos torturando al rico dores, sin que nada sirva para pensar que el maestro sea
Epulón y otra de ángeles subiendo a los cielos el alma de también escultor. Puede pensarse en una actuación indi-
Lázaro sobre una sábana. El tema de la lucha entre caba- recta de Fruchel en la arquitectura de la basílica, quizá a
lleros lo volvemos a ver en uno de los pequeños relieves través de algún discípulo, ayudante o incluso maestro. No
del triforio, con la diferencia de que en este caso se trata hay el más mínimo dato que permita unir su nombre a la
de lucha ecuestre. A su vez el tema de Lázaro aparece en escultura vicentina abulense.
otro de los relieves antes mencionados, pero más des-
Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
arrollado. En éste apreciamos la escena compartimenta- Planos: según Merino de Cáceres/Moya Valgañón, según Gómez Moreno
da, representaciones de espacios arquitectónicos y un Fotos: IHGB/JRS/JLGR/ AIGDA
claro sentido narrativo. Son muchos los autores que lo
vinculan a la portada occidental de San Vicente y, por
extensión, al mundo galo, pero los parecidos son única- Bibliografía
mente temáticos. Si en todos éstos nos parecen dudosas [Link]., 1985a, p. 29; CARRAMOLINO, J. M., 1872 (1999), pp. 469-477;
las relaciones con lo vicentino, éstas son mucho más CONANT, K. J., 1926, pp. 190-193; CHUECA GOITIA, F., 1965 (2001), p.
directas en los motivos florales de la capilla central de la 298; GARCÍA GUINEA, M. Á., 1961, pp. 158-167; GARMA RAMÍREZ, D. de
girola que nos parecen emparentables con los del intradós la, 1999, pp. 53-56; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 65-132; GUTIÉRREZ
ROBLEDO, J. L., 1982, pp. 28-29; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp.
del toral entre las torres y con los de la cornisa meridio-
522-530; LAMBERT, É., 1931 (1977), pp. 54-59; LOJENDIO, L. M.ª de y
nal de San Vicente, y con los de la cúpula de La Lugare- RODRÍGUEZ, A., 1966 (1979), pp. 283-287; MERINO DE CÁCERES, J. M.,
ja. También los capiteles del triforio nos resultan cercanos 2000, pp. 25-28; RAMOS DE CASTRO, G., 1975, pp. 189-198; VILA DA
a lo borgoñón abulense. VILA, M.ª M., 1999, pp. 68-71; VILA DA VILA, M.ª M., 2000, pp. 594-597.
10. Barroman 12/2/08 11:58 Página 225
BARROMÁN / 225
BARROMÁN
P
ARECE EXTERIORMENTE UNA DE TANTAS atalayas que se de la catedral de Ávila. El potentísimo ábside recuerda que
alzaron en la zona, pero entrando en su interior, el templo tuvo una primera dedicación a Santa María del
tras las naves del siglo XVI y tras su retablo, aparece Castillo (hoy de La Asunción). La gran torre se construye
un ábside triple casi completo convertido en sacristía en con bandas de cal y canto entre verdugadas de ladrillo y
1554 que nos hace volver hacia el exterior, donde la irre- únicamente tres pequeñas saeteras de ladrillo que se
gular cabecera parece forrada por un fuerte muro, al modo corresponden con el centro de los ábsides, permiten adi-
–aunque con otros materiales más pobres– del cuerpo bajo vinar la maravilla del interior.
La citada sacristía guarda una triple cabecera con ábsi-
des con pequeño tramo curvo y un alargado tramo recto.
Barromán, con su iglesia alzándose sobre el llano
En ellos se aprecian las esbeltas arquerías de ladrillo que
recorren los muros, rematadas el central por un friso de
esquinillas, y en los laterales por cuatro frisos en los que
las esquinillas alternan con sardineles como en Pedro
Rodríguez. Las adjuntas plantas y secciones facilitan una
mejor comprensión de tan sorprendente cabecera. Super-
poniendo plantas y secciones se comprueba que todo está
forrado por un fuerte forro irregular y ataluzado y que sus
angostas capillas con pequeño tramo curvo y alargado
tramo recto recuerdan la estructura de La Lugareja, pero
tienen las tres casi la misma altura, en una solución que es
constructiva y que indica se levantaron para soportar el
gran torreón. Sobre las capillas se superpuso un amplio
camaranchón que casi coincide con el vacío de sus capillas
10. Barroman 12/2/08 11:58 Página 226
226 / BARROMÁN
Planta
Alzado este
10. Barroman 12/2/08 11:58 Página 227
BARROMÁN / 227
Alzado sur
Sección longitudinal
B E R N U Y- S A L I N E R O / 231
BERNUY-SALINERO
Cercano a Ávila, en la antigua carretera de Madrid, antes “carrera vieja de la sal”, es pueblo
pequeño y hoy anexionado al municipio de Ávila. Aparece tanto en la concordia de Gil de
Torres y en el Becerro, y Ángel Barrios indica que hacia 1120 habría en la zona una fuerte repo-
blación de gentes del alto Aragón.
E
N LO ALTO DEL PUEBLO, perfectamente situada en el Martín de Arévalo, San Bartolomé y San Martín en la capi-
paisaje y airosa como pocas está la iglesia de San tal y Espinosa de los Caballeros) se mezclan en este tem-
Pedro, hoy con una única nave con sencilla ar- plo lo románico y lo mudéjar.
madura y con cabecera de fuerte sillería que parece del si- Románica y atractiva es la portada septentrional, la que
glo XVI y que tiene una armadura ochavada algo más rica. daba al pueblo y aún está en uso. Incrustada en unos mu-
Como ocurre en otras iglesias abulenses (El Salvador y San ros que aún muestran bajo el revoco las verdugadas de
Torre Portada
232 / B E R N U Y- S A L I N E R O
ladrillo que atestiguan un modo de construir mudéjar, tiene A los pies, la torre tiene planta rectangular y se constru-
de sillares ocres una embocadura confundida con la fábri- ye con un fuerte aparejo toledano con mampuestos casi regu-
ca y unas arquivoltas en las que se suceden, de menor a larizados de granito cárdeno y una verdugada de tres ladri-
mayor, un baquetón mínimamente tallado, otra en la que llos dispuestos en tres hiladas a soga. La torre apoya sobre el
se suceden un aro con rosetas tenuemente grabadas con hastial de la iglesia y por ello en la cara este apenas hay ver-
una roseta tetrapétala inscrita en un cuadrado y unas bolas dugadas, todo es mampuesto. El campanario es todo de ladri-
que mucho tienen de bellotas –en cada dovela hay super- llo y se cubre con armadura, tiene por cada lado dos huecos
puestas una roseta y una bellota– y cerrando todo una de medio punto inscritos en rectángulos rehundidos (uno
chambrana en la que reaparecen las rosetas más pequeñas hacía el este es mayor que los demás y parece apuntado,
rematada con cordón. En la clave, apenas inciso, aparece ignoramos si por una deformación). Está hueca, con un for-
un crismón. Es modelo que nada tiene que ver con la capi- jado intermedio y tiene en la cara norte un atractivo revesti-
tal y que parece avanzado. Románica fue también su cega- miento de musgo, de gran plasticidad. El templo es difícil de
da puerta meridional, que únicamente enseña el chaflán de datar, pero más puede aventurarse una fecha en torno al
la rosca externa y que se cegó con material románico. 1200: antes para la portada y algo después para la torre.
Igualmente aparecen sillares románicos reutilizados en la
pared occidental de la sacristía. Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR - Fotos: JLGR
B E R N U Y D E Z A PA R D I E L / 229
BERNUY DE ZAPARDIEL
L
SAN MARTÍN se encuentra dentro del nú-
A IGLESIA DE
cleo, en un amplio espacio, aislada en todo su perí-
metro pero con algunas construcciones adosadas,
frontón al norte y viviendas al oeste. Alrededor suyo han
ido surgiendo construcciones de variada índole y época,
pero siempre sometidas a la envergadura de este templo.
Si sólo nos centramos en la decoración de los ábsides
nos encontraremos que el modelo visto en Madrigal, rela-
cionable según Valdés con las iglesias de Íscar y Aldealen-
gua, vuelve a aparecer en Bernuy de Zapardiel, en Narros
del Puerto y San Cristóbal de Trabancos.
Este ejemplar de Bernuy sólo tiene ya de mudéjar el
presbiterio y el ábside, y está en un estado deplorable,
dado que el cuerpo inferior está oculto bajo una capa de Testero
cemento y todo el ábside tiene que adivinarse bajo los
potentísimos contrafuertes que se le adosaron. Tiene dos
Planta
BERROCALEJO DE ARAGONA
Localidad próxima a Ávila por la carretera que lleva a Segovia, situada en la falda de la sierra,
a casi 1.100 m de altitud. Madoz define el terreno como: “montuoso, flojo, pedregoso y de
secano”. Su nombre parece hacer referencia a las características geográficas (berrocal: risco gra-
nítico) y al origen de la población repobladora. Pertenece al arciprestazgo de las inmediacio-
nes de Ávila y en 1250 ya lo encontramos en el documento de Gil Torres
Cementerio
L
A ANTIGUA IGLESIA SE ENCONTRABA alejada del caserío, las escasas precipitaciones. Este antiguo templo se aban-
en medio del paisaje característico de la zona, con donó construyendo uno nuevo dentro del núcleo, donde
pastizal, encinar y abundante presencia de berro- se llevaron las piedras nobles y los objetos de culto. Esta
queña, terreno más apropiado para la ganadería que para decisión parece tomada desde las incomodidades que cre-
la agricultura, por combinar las bajas temperaturas con aba tener que desplazarse no poco trecho por un camino
Alzado sur
aún hoy dificultoso. Con el cambio, lo que fue templo nito ocre, sus dovelas se decoran con un motivo de rosetas
pasó a ser cementerio, condición que conserva actual- perladas de seis puntas. Tres rosetas por dovela en los
mente. extremos y dos en las centrales, enmarcado todo el con-
De la antigua fábrica sólo queda el arco que marca el junto por una moldura taqueada, presentando ocasional-
acceso al cementerio, es de medio punto, realizado en gra- mente motivo de entrelazo. En lo que queda de muros y
alrededor de ellos, en montones, se encuentran sillares
también originales. Algunos que se mantienen en el inte-
Portada
rior del muro septentrional indican que la puerta perma-
nece in situ y que el templo tendría una única nave. Parece
ser de la segunda mitad del XII.
Bibliografía
BLASCONUÑO DE MATACABRAS
L
A IGLESIA DE SAN MARTÍN se encuentra en el extremo da mudéjar con series de arcos ligeramente apuntados en
norte del pueblo y destaca por su elevada torre el intradós de uno de los cuales aún se ven dibujos geo-
(hecha en ladrillo en el siglo XVI), a la que aún se métricos, inscritos en un alfiz formado por pilastras salien-
puede subir. La fachada meridional se abre a una plaza y tes de ladrillo rematado por los repetidos frisos de sardinel
destaca el pórtico que se añadió con posterioridad, el resto y espiguillas. Hoy está cegada. El cimborrio, inspirado en
presenta peor aspecto. el de La Lugareja, está enmascarado hacia el exterior.
Se repite el modelo de un único ábside –similar al de
Fuentes de Año– que arranca de alto zócalo de ladrillos Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
encalado. Guarda también el muro meridional una porta- Planos: OABR - Fotos: IHGB
Planta
Alzado sur
Sección longitudinal
B L A S C O N U Ñ O D E M AT A C A B R A S / 237
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 163-164; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 200- OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, p. 198; GUTIÉRREZ ROBLEDO , J. L.,
201; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, p. 176; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 2000, p. 574; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, p. 65; LÓPEZ FERNÁN-
1999, p. 152; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 280-281; GUERRA, R.; DEZ, M.ª I., 2002b.
BURGOHONDO / 239
BURGOHONDO
Se encuentra situado al sur de la provincia, a unos 35 km de la capital, entre las sierras de Gre-
dos y La Paramera. Es la cabeza de esta comarca del Alberche, río que organiza toda ella hasta
llegar al pantano del Burguillo. La presencia de sierra y de agua, a la vez que del clima bené-
volo del valle, hace que tanto la fauna como la flora sean abundantes y variadas, siendo impor-
tantes la pesca en sus gargantas y el cultivo del melocotón.
Su origen se encuentra en la repoblación y la presencia de su abadía tuvo extraordinaria
importancia para el desarrollo de toda la comarca, estableciéndose como frontera entre los
obispados de Ávila y Toledo. Esta abadía es prueba del peso que tuvieron los monasterios a par-
tir del siglo XII, gozando de gran autonomía y aumentando considerablemente sus patrimonios.
En este caso se convirtió en la cabeza jerárquica de la zona alta del valle del Alberche, con
facultades propias del cabildo, consiguiendo de este modo subordinar a toda la comarca.
L
A ABADÍA SE ENCUENTRA en el extremo noroccidental de San Agustín y que en 1273 ya es conocido como Burgo
del pueblo, cerca del río y ocupa una gran exten- del Fondo. Relacionable con la Antigua de Ávila y Santo
sión de terreno, hoy infrautilizada. La cabecera se Domingo de Piedrahita, la cabecera de la abadía presenta
abre a una adecentada plaza, presentando sin embargo el en el exterior de su tramo curvo una teoría de mampuestos
hastial de poniente una puerta tapiada y aspecto de abando- y verdugadas en todo similares a las citadas. La traza es, sin
no. Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1983. embargo, más rotundamente románica, estructurando un
Los datos históricos sobre la abadía los aporta Gómez- cuadrado tramo curvo y un tramo recto que parece apar-
Moreno que indica que en 1178 es mencionada como tarse de todo mudejarismo. Creemos que originariamente
monasterium Sce. Marie de Fundo, que en 1240 era de la Orden sólo tenía un ábside con sus dos tramos cubiertos con
Burgohondo
240 / BURGOHONDO
Planta
Sección longitudinal
BURGOHONDO / 241
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 188-189; CALVO GÓMEZ, J. A., 2001; GARMA RAMÍ-
REZ, D. de la, 1999, pp. 159-161; GÓMEZ-MORENO , M., 1983, pp. 321-
327; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, p. 30; MADOZ, P., 1845-1850
(1984), p. 135.
CABEZAS DEL POZO / 243
Situado a medio camino entre Fontiveros y Madrigal, este pueblo parece recordar con su nom-
bre una época de esplendores, tiempos que incluirían el siglo XIII donde aparece perteneciendo
al tercio de Rágama como un enclave de importancia y que se extenderían más adelante. Los
tercios fueron una división eclesiástica que cobraron valor a mediados del XIII para organizar el
arcedianato de Arévalo. Eran los de Rágama (40 aldeas), Madrigal (31) y La Vega (30). Distin-
tos edificios y casonas nobiliarias todavía presentes en sus calles son el mejor testimonio de
aquel período. La segunda parte de su topónimo vuelve a indicar la clase de suelo característi-
co en esta zona, con destacada presencia de lagunas y acuíferos subterráneos. Se incluye den-
tro del arciprestazgo de Arévalo, del que dista poco más de 20 km, al noroeste de la provincia.
E
L TEMPLO SE ENCUENTRA DENTRO del pueblo, en una día con alfiz y parte de la estructura de los muros con cajo-
plaza de grandes dimensiones, y las importantes nes de cal y canto y verdugadas de ladrillo.
reformas que ha sufrido hacen que apenas se apre-
cie nada de su fábrica mudéjar. Está rodeada por un atrio Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
Plano: MTST - Fotos: IHGB
y la puerta principal, al costado norte, se abre a un cuida-
do jardín.
Está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción y, como Bibliografía
ya se ha señalado, su aspecto indica que es obra de época
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, p. 251; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, p. 182;
barroca, quedando tan sólo como elementos originales GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 158; GUERRA, R.; OVIEDO , C., y
una pequeña arquería con cinco arcos ciegos de medio UNGRÍA, R., 1993, p. 207; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P.,
punto a los pies, una puerta cegada en el hastial de medio- 1845-1850 (1984), p. 137.
Planta
Detalle de la arquería
del muro occidental
CANTIVEROS / 245
CANTIVEROS
Cantyuesos en la relación de Gil Torres y Cantivesos tanto en 1291, en el cuaderno de las pes-
quisas que se realizaron por el asunto del cobro de procuraciones, como en 1303, en el Bece -
rro. Este pueblo situado en el camino que lleva de Fontiveros a Villanueva del Aceral, muy
próximo al primero, se emplaza sobre un subsuelo acuoso que tendría su manifestación exter-
na, siguiendo a Ajo González, en el río Zapardiel, arroyo Ojuelos y tres balsas o lavajos que
se encuentran en su término.
L
A IGLESIA, DEDICADA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, la en- Costado meridional de la cabecera
contramos a las afueras del pueblo, pero relaciona-
da con él. Así la fachada meridional, en la que vemos
un pórtico añadido posteriormente, se abre a una placita
recogida en la que apreciamos distintas viviendas de cons-
trucción moderna, una pequeña pista deportiva con fron-
tón y une serie de árboles en proceso de crecimiento.
Diferente es la situación al norte, donde la proximidad del
cauce y el abandono que éste presenta no favorecen la
imagen del templo, a pesar de las posibilidades de la ribe-
ra. A este lado se adosó un pequeño cementerio.
Repite su ábside el esquema general de Santa María del
Castillo de Madrigal, con tres series de arquerías dobladas
en la cabecera, haciendo que los arcos del tercer orden apo-
yen en las claves del segundo. Aquí este último orden es de
menor altura que los dos inferiores y sobre él, en lugar de
recuadros, nos encontramos un altísimo ático que no pare-
ce tener comunicación con el templo (el actual acceso está
Cantiveros
246 / CANTIVEROS
Planta
Alzado este
CANTIVEROS / 247
Sección transversal
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 181-182; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 246-248; R.; O VIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, p. 206; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 185-186; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 2000, p. 567; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 52-53; LÓPEZ FER-
1999, pp. 134-135; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 302-303; GUERRA, NÁNDEZ , M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 139.
C A S T E L L A N O S D E Z A PA R D I E L / 249
CASTELLANOS DE ZAPARDIEL
Perteneciente a una serie de pueblos que crecieron bajo la influencia del río Zapardiel, se
encuentra a casi 70 km de la capital, próximo a Madrigal y dependiente civil y eclesiástica-
mente de Arévalo. Su origen hay que volver a relacionarlo con la repoblación y en este caso
su nombre indicaría una vez más el origen de las gentes que aquí se asentaron, buscando el
beneplácito de las tierras regadas por el río citado y por el arroyo Martero. Lo encontramos
en la relación de Gil Torres, aunque su fábrica actual es fruto de posteriores intervenciones. El
templo está situado a las afueras, en el inicio del camino que lleva a San Esteban, organizán-
dose en cada uno de sus flancos pequeñas plazas que destacan la importancia de la iglesia y su
imponente torre.
C
Torre OMO SE HA VISTO EN OTROS CASOS, los restos origi-
nales que permanecen son escasos, habiendo su-
frido una seria transformación sobre todo en el
siglo XVII. Presenta una única nave con cabecera plana y
cúpula sobre pechinas, destacando en el interior la arma-
dura del sotocoro. Se trata de un alfarje decorado con
motivos de ovas y semicírculos, datable en el siglo XVI.
Bajo la advocación de Santa María del Castillo esta iglesia
conserva parte de los muros, la base de la torre y un arco
de medio punto de la puerta norte, hoy cegada, como tes-
timonio de la fábrica mudéjar. La torre, que en origen fue
exenta y tenía función militar, posee planta cuadrada y
aspecto macizo ya que el cuerpo de vanos se abrió cuando
se habilitó como campanario. Está construida con morte-
ro de cal y canto encintado con ladrillo, y quedan restos
de revocos. La puerta sur, protegida por un pórtico poste-
rior, presenta un arco doblado de ladrillo.
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 128-130; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
pp. 186-187; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 132; GÓMEZ-MORE-
NO, M., 1983, p. 320; GUERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp.
195-196; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850
(1984), p. 142.
250 / CA S T E L L A N OS D E Z A PA R D I E L
Planta
Portada meridional
C O N S TA N Z A N A / 251
CONSTANZANA
A unos 50 km al norte de Ávila se encuentra este pueblo, muy próximo a Fontiveros, arcedia-
nato al cual pertenece, y a unos 25 km de Arévalo. Para Tejero Robledo su nombre podría sig-
nificar “propiedad de Constante”, lo que acaso lo vincularía con un pasado romano. Aparece
en el documento de 1250 como Constançana.
La presencia de la iglesia es la que marca la distribución de todo el callejero, así como
la jerarquización del espacio. Su ubicación en una plaza, completamente aislada, a partir de la
cual van naciendo diferentes calles, así lo explica. Como suele ser común el lado de medio-
día presenta una mayor amplitud, mientras a los pies de sitúa el Ayuntamiento, insistiendo
así en la idea de “acrópolis”.
Iglesia parroquial
E
de arquería de arcos
N SU IGLESIA SE DA UN MODELO con la novedad de que entre el basamento de mamposte-
dobles muy esbeltos, en la que, una vez más, se ría deleznable y el único orden de arquerías se dispone
conserva únicamente el ábside y el tramo recto (en una hilada de ladrillos a sardinel. En el tramo recto úni-
el interior con toral de medio punto), escondidos par- camente aparecen los arranques de las arquerías. En el
cialmente entre edificaciones adosadas, entre ellas un muro meridional, cegada, aún se mantiene la puerta ori-
potentísimo contrafuerte, pero repitiendo lo ya descrito ginal de ladrillo de medio punto. En el interior, en la nave
Exterior
252 / C O N S TA N Z A N A
Planta
Alzado este
C O N S TA N Z A N A / 253
Sección transversal
Portada meridional
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 170-171; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 145-147;
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 191-192; GARMA RAMÍREZ, D. de la,
1999, p. 136; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 305; GUERRA, R.; OVIEDO,
C. y UNGRÍA, R., 1993, p. 212; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, p. 574;
GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 63-64; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I.,
Arquerías del ábside 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), pp. 156-177.
SAN CRISTÓBAL DE TRABANCOS / 325
E
L TEMPLO, DEDICADO A SAN CRISTÓBAL, se sitúa en la
parte occidental del caserío, pero no incluido en una serie de recuadros rectangulares muy rehundidos. En
éste. Se presenta por tanto aislado, sobre un alto- el interior se cubre al modo románico con horno y cañón,
zano que resalta la importancia de su fábrica, rodeado de pero formeros y fajones son de medio punto y dicción
campos de labor y con algunas viviendas hacia la cabece- mudéjar y mudéjares son las arquerías y frisos que recorren
ra, pero suficientemente distanciadas. Sus accesos y entor- los muros de los tramos rectos y curvos. Las arquerías del
no presentan un aspecto recientemente adecentado, en ábside alternan sus perfiles: unos a modo de amplias ven-
consonancia con las intervenciones que se han llevado a tanas abocinadas que hacia el exterior son estrechas saete-
cabo en el templo. ras y entre ellos meras arquerías decorativas estrechísimas.
Es iglesia de gran ábside para tan pequeño lugar. Como Tiene una torre sencilla, con cajones de argamasa de chi-
otras veces hay un tramo curvo de traza ligeramente poli- narros en línea con el muro septentrional, que quizá esté
gonal, con tres registros de arcos doblados superpuestos, desmochada, ya que actualmente tiene la misma altura que
rematados por friso de esquinillas y sobre él un alero. En el ábside y un muy extraño emplazamiento. Carece de
el tramo recto se repite el modelo, pero con la retícula ornamentación y fue necesario abrir unos huecos irregula-
Exterior
326 / SAN CRISTÓBAL DE TRABANCOS
Planta
Alzado norte
SAN CRISTÓBAL DE TRABANCOS / 327
Sección transversal
Cabecera
328 / SAN CRISTÓBAL DE TRABANCOS
DONVIDAS
Poco tiempo después de salir de Arévalo por la carretera que lleva a Madrigal, cogiendo un
desvío, se llega entre otros pueblos a Donvidas y Sinlabajos. Es la zona más al norte de la pro-
vincia, lindando ya con Valladolid, a unos 60 km de la capital.
Donvidas está documentado ya en el siglo XIII, como núcleo que pertenecía al Tercio de
Madrigal, y así lo vemos en la relación de Gil Torres como Don Vidas. Es otro de los núcleos
castigados severamente por la despoblación rural, ya que en el último censo no llega a sesen-
ta habitantes, habiendo perdido más de cien en cincuenta años y veinte en los últimos diez.
L
A IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA está ubicada en lo lado de los tramos ciegos) confiere a este templo, que hoy
alto de una loma, al este del pueblo. Esta situación, es de pequeñas dimensiones y pensamos que ya del siglo
similar a la de San Cristóbal de Trabancos, le con- XIII, una imagen de esbeltez y potencia, que se encarga de
vierte en la referencia visual de todo el núcleo. Todo el desmentir la pobreza del resto de la construcción, humil-
terreno de los pies ha sido arreglado, así como el entorno de obra de decoración del XVIII que mantiene la traza ori-
de la puerta principal, al norte, donde el pórtico de fábri- ginal de la iglesia y el toral de medio punto de su capilla
ca posterior se abre a una zona ajardinada. mayor, y que es posible correspondiese a un arreglo de los
Tanto en el tramo curvo como en el recto de su cabece- desperfectos que en el templo debió causar el derrumba-
ra hay esbeltísimos arcos que recorren toda su superficie miento de una torre dispuesta a los pies y de la que aún
desde el suelo hasta el friso de esquinillas que remataba la quedan (cada día menos) unos pobres vestigios. La puerta
decoración y que hoy tiene sobre él un cuerpo recrecido, del templo, los repetidos ladrillos y doble rosca y quizá sus
de escasas dimensiones y con los mechinales aún abiertos salmeres fueron rozados en las reformas posteriores. Con
que deben ser testigos de alguna reforma en la cubierta de las diferentes obras ha visto cambiada su fisonomía inte-
la cabecera en cuyo interior hay un gran ático sobre una rior y su arte mueble, del que destaca una Virgen con
bóveda que tiene su interior decorado con geométricas Niño, denominada Mingaliana, que pertenece al siglo XIII.
yeserías barrocas. La disposición de esta sucesión de arque- Señalamos el mal estado de esta cabecera indicando
rías en gran número (doce en el ábside y otras tres en cada que es tan amplio el patrimonio monumental de La Moraña
Planta
Alzado este
DONVIDAS / 257
Sección transversal
Ábside
258 / DONVIDAS
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 156-157; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 119-
122; DÍAZ DE LA TORRE , J., 2001, p. 195; GARMA RAMÍREZ, D. de la,
1999, pp. 130-132; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 314-315; GUE-
RRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 193; G UTIÉRREZ R OBLE-
DO , J. L., 2000, pp. 570-571; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 58-
59; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984),
p. 160.
Portada
ESPINOSA DE LOS CABALLEROS / 259
L
A IGLESIA, DEDICADA A SAN ANDRÉS, la encontramos planta resulta marcadamente longitudinal al sumar los dos
en la parte este del pueblo, a las afueras ya que a tramos de la cabecera, más los tres tramos cuadrados de su
partir de ella sólo nos quedan un camino de tierra y única nave y la torre a los pies. En los capiteles vemos
campos de labor. Presenta un buen aspecto externo en el motivos animales y vegetales, y con fundamento Vila da
que destacan el cementerio adosado a la cabecera y un Vila los relaciona formalmente con algunos de San Vicen-
espacio cercado a mediodía donde se han dispuesto una te. La torre, por su emplazamiento, estructura y realiza-
pista deportiva y una zona ajardinada. ción, es uno de los mejores ejemplos entre las más senci-
Espinosa de los Caballeros mezcla en su iglesia lo mu- llas torres del mudéjar abulense. En el cuerpo bajo tuvo
déjar con una cabecera, de tramo recto y curvo, con sille- una puerta de acceso, hoy cegada, y sobre él dos estancias
ría románica, con capiteles y canecillos románicos, con superpuestas que tienen bóveda de cañón con los ejes cru-
elementos góticos y una torre esbelta y hermosa como zados y las tradicionales escaleras embutidas en los muros.
pocas, levantada con humildes y firmes cajones de peque- Se sitúa a los pies, construida con cajones de mampostería
ña mampostería y con bellos arcos en su campanario. La con verdugadas de ladrillo y rematada por un campanario.
Exterior
260 / ESPINOSA DE LOS CABALLEROS
Planta
Alzado sur
ESPINOSA DE LOS CABALLEROS / 261
Sección transversal
Éste, también de ladrillo, se divide en dos cuerpos, el infe- mos fechar la obra: “Esta obra fizo Gº de Ribera siendo clé-
rior presenta dos vanos por lado de arcos doblados de rigo mayor en este iglesia. Año del Señor de mil
herradura ligeramente apuntados rematados por un friso CCCCXXXVI”.
de facetas. El superior, más sencillo, luce tres vanos rec-
tangulares por lado. Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
El interior del templo conoció luego una reforma Planos: JMFA - Fotos: IHGB
barroca que alteró su imagen, añadiendo una nave, yese-
rías y retablos (especial valor tiene el conjunto sepulcral de Bibliografía
la nave mayor en el que las sepulturas se organizan con un
encintado granítico, pero se cierran con una tapa gruesa de [Link]., 1982b, pp. 149-151; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 172-
pino, que testimonia la escasez de piedra de la zona). Hay 174; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 196-197; GARMA RAMÍREZ, D. de
la, 1999, pp. 140-141; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 281-282;
unas pinturas, aparecidas tras el retablo, que a pesar de su
GUERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 184; GUTIÉRREZ
mal estado y de los sucesivos repintes que han sufrido, nos ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 558-559; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001,
permiten apreciar cierta decoración geométrica así como un p. 32; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850
Pantocrátor con el Tetramorfos. Gracias a un letrero pode- (1984), p. 161.
FLORES DE ÁVILA / 263
FLORES DE ÁVILA
Ángel Barrios duda si es éste el núcleo que en 1191 aparece como Porcarizos, teniendo sin
embargo la certeza de haberse llamado Vellacos hasta el siglo XV, como lo demuestran el docu-
mento de las pesquisas de 1291 en relación a las procuraciones o su aparición en el Becerro de
1303. Llama la atención la fuerte carga peyorativa que presentan ambos nombres, ganando un
tanto con el cambio por el actual, sin duda más apropiado para el pueblo y su hermoso templo.
Se encuentra a unos 50 km al noroeste de la provincia, limitando con Salamanca, en un
terreno algo más sinuoso por la proximidad de la sierra y con presencia de pequeños acci-
dentes y corrientes de agua. Pertenece al arciprestazgo de Fontiveros y de su pasado destaca
el señorío que lleva su nombre vinculado a la familia Zúñiga.
Iglesia parroquial
P
ARECE LEVANTARSE SOBRE una construcción anterior, nel, pertenece al templo primitivo y aparece protegida por
quizá una fortificación, como indican su torre, su un pórtico adintelado posterior, de columnas de granito,
emplazamiento y ciertos aspectos de su orienta- elevado respecto al nivel de la calle. Bajo el mismo pórti-
ción. Se encuentra dentro del caserío, con una fuerte pen- co, hacia la cabecera, aparece otro arco de ladrillo más
diente con caída hacia el este, sin construcciones adosadas sencillo, pero cortado por un añadido posterior. La torre
y con acceso complicado por el flanco norte por la vege- es de planta rectangular y de tres cuerpos y se sitúa en el
tación que le rodea. lado de la epístola. Se construye sobre una espadaña ante-
Salvando la duda de la fortificación, hay constancia de rior, hoy cegada, que remataba en un frontón con un óculo
otro templo anterior, ya que gran parte del actual procede similar a los del muro septentrional de San Miguel de Aré-
de renovaciones del siglo XVI. Actualmente presenta una valo. El cuerpo inferior se construye con cajones de mam-
planta de tres naves con formeros de medio punto decora- postería con refuerzos de ladrillo en las esquinas, con un
dos con pomas, destacando el trabajo en madera de las pequeño vano ligeramente apuntado en la cara meridional
techumbres (artesonado y colgadizos) y de la tribuna. La y friso de esquinillas que da paso al siguiente cuerpo. Éste
portada sur consta de tres arcos de herradura, visiblemen- es enteramente de ladrillo, no presenta vanos salvo dos
te rozados, con alfiz rehundido y friso de ladrillos a sardi- arcos de medio punto doblados en la cara septentrional de
Planta
Alzado sur
FLORES DE ÁVILA / 265
Portada meridional
266 / FLORES DE ÁVILA
Detalle de la torre
FUENTE EL SAUZ
L
A IGLESIA DE LA ASUNCIÓN de Nuestra Señora se en- El ábside de esta iglesia, que hoy aparece incrustado
cuentra en la plaza, un gran espacio que sigue entre añadidos y bajo cimborrio hexagonal, es de idénti-
organizando la estructura del pueblo, en una peque- cas características que el de Palacios Rubios. Se estructura
ña elevación que incrementa más si cabe su relevancia. con un tramo recto claramente rectangular, al que se le
Toda la plaza presenta un buen aspecto, y por extensión el adosaron dos capillas, y con un tramo curvo. En el interior
entorno más próximo al templo, que aparece cuidado y sin se conservan las arquerías, aunque ocultas por un altar
construcciones adosadas. Actualmente el retablo está sien- barroco. En el lugar del tradicional ático aquí aparece, pre-
do restaurado por parte de la Fundación del Patrimonio cedido de una hilada de ladrillos en sardinel, un pequeño
Histórico de Castilla y León. Fue declarado Monumento recrecimiento relacionado con las reformas del interior. Se
Nacional en 1983. completaba con una triple nave con formeros apuntados
Vista general
268 / FUENTE EL SAUZ
Planta
Alzado este
FUENTE EL SAUZ / 269
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 176-177; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 241-245;
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, p. 202; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p.
134; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 297-299; GUERRA, R.; OVIEDO, C.
y UNGRÍA, R., 1993, pp. 207-208; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, p.
562; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 43-44; LÓPEZ FERNÁNDEZ,
Arquerías del ábside M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 163.
Portada septentrional
FUENTES DE AÑO / 271
FUENTES DE AÑO
Situada en terreno llano y pedregoso con presencia de pequeños montículos, se encuentra esta
localidad al que el topónimo quizá le venga de la presencia de diversos manantiales, así como
balsas, numerosas en toda esta zona. Su presencia la encontramos en la relación de Gil Torres,
Fuentes danno, y en 1291, Fuentes Dannos, en las investigaciones que se llevaron a cabo por el
cobro de procuraciones.
Ostenta título de villazgo y formó parte del condado de Valdeláguila, junto a los cerca-
nos Canales y Raliegos, y aún hoy sigue en su plaza el que fue su palacio, obra del siglo XVI
en ladrillo. Este palacio está ubicado en la plaza, la cual tiene la peculiaridad de haber surgi-
do con planteamiento previo, tanto en trazado como en la disposición y modelo de las edifi-
caciones, en la actualidad algo alterado.
E
N ESTE MISMO ESPACIO se encuentra la iglesia de Nues- tas de hormigón. El forjado y la escalera dificultan la digna
tra Señora de la Asunción, que, como se puede de- y noble visión de esta magnífica cabecera, que en el inte-
ducir de lo dicho anteriormente, disfruta de un en- rior remata sus arquerías con esquinillas, sardinel, esquini-
torno cuidado y constituye el cierre meridional de la plaza. llas, otro sardinel y un caveto, y en la que además quedan
Es un edificio de aspecto complejo, fruto de las múltiples valiosos y deteriorados restos de pintura mural. Sobre su
intervenciones que ha ido sufriendo, y tiene valiosas joyas profundo tramo recto se levantó un campanario a modo de
de arte mueble. cimborrio. Especial interés tiene en esta iglesia la fuerte
Adorna la parte superior de su ábside con único orden torre que se alza a los pies, de planta redonda y construida
de arquerías esbeltas, que arrancan desde un zócalo de altu- con recios argamasones, y que pudiera corresponder a una
ra desproporcionada que ignoro si escondió otro juego de antigua atalaya. Sobre las yeserías barrocas queda una
arquerías. En el interior, tras el retablo, se repiten los arcos armadura de par y nudillo y diseminadas por el templo pie-
y aparece ya el friso de esquinillas. Debe destacarse el zas que proceden de la misma. En el interior se sucedieron
lamentable estado de este valioso interior, con forjados las reformas del siglo XVI y las barrocas, una construyendo
deleznables, y con una increíble e inútil escalera de vigue- grandes formeros y otra cubriendo las naves con yeserías.
Planta
Alzado este
FUENTES DE AÑO / 273
Cúpula de la torre
274 / FUENTES DE AÑO
En 1250 se tiene constancia de dos hechos relevantes que atañen a este templo, por un lado
su aparición en el documento de Gil Torres y por otro su consagración como basílica. En el
primer documento se le cita como Forcaio, mientras que lo segundo habla de la importancia
que ya tenía esta localidad. Dependiente de Arévalo, se sitúa en la llanura lindando con Sala-
manca (en el siglo XV pertenece al sexmo de Rágama, localidad hoy salmantina), a unos 80 km
al noroeste de Ávila. Para Tejero Robledo su nombre derivaría de furcacula, confluencia de dos
ríos o arroyos, situación que corresponde con la que presenta el término. Según la tradición,
aquí descansó Carlos I de camino a su retiro de Yuste.
L
La torre antes del derrumbe. Foto de Gómez-Moreno A IGLESIA ESTÁ DEDICADA a los Santos Julián y Basilisa
y, una vez más, apenas quedan restos del templo
primitivo, en este caso el muro norte y la torre (más
tarde se aclarará este punto). Se trata de un templo de gran
tamaño y actualmente de apariencia singular por la visión
de los volúmenes que se tiene desde los pies. En la fachada
septentrional se encuentra una portada con un triple arco
apuntado coronados por un friso de esquinillas, prolongán-
dose a sus lados una arquería ciega también apuntada, aun-
que ésta cegada y partida por unos contrafuertes posterio-
res. Sobre la última arquería se repite la presencia de
esquinillas bajo unas hileras de ladrillos a sardinel. Es pieza
de sumo interés, pues es el resto de un pórtico similar al de
Orbita, que aquí se incorporó a la iglesia. La torre se per-
dió, aunque gracias a documentos gráficos y testimonios
como el de Gómez-Moreno se conoce su estado anterior,
Alzado norte
Bibliografía
Fachada septentrional
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 210-212; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
pp. 203-205; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 153; GÓMEZ-MORE-
y en época reciente se ha reconstruido a los pies del tem- NO, M., 1983, pp. 287-288; G UERRA, R.; OVIEDO, C. y UNGRÍA, R.,
plo. Constaba de tres cuerpos, el inferior macizo con cajo- 1993, pp. 200-201; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ , P., 1845-
nes, refuerzos en las esquinas y una puerta de medio punto 1850 (1984), p. 170.
M A D R I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S / 277
Es Madrigal, junto a Arévalo, una de las grandes villas mudéjares del norte de la provincia, en
límite con Valladolid, a unos 75 km de la capital y con una población que ronda los dos mil
habitantes. Documentalmente lo encontramos en 1074, apareciendo como Matrigale, también
en la relación de Gil Torres, in tercio de Madrigal. Parece ser que este topónimo habría que rela-
cionarlo con “matriz”, equivalente a “cauce”, aquí referido al río Trabancos. La segunda parte
del nombre, que más parece poema, es obra del siglo XIX (ambas cosas ya se han dicho).
Fue antigua aldea de Arévalo, pero cobró independencia por fuero otorgado en 1017,
por el obispo de Burgos, y confirmado en 1168 por Alfonso VIII. Su historia aparece mar-
cada por el importante vínculo que establece en esta villa la casa Trastámara. Relación que
se pone de manifiesto con la construcción del Palacio Real de Juan II, con el nacimiento de
Isabel de Castilla o su constitución en sede de Cortes durante los reinados de Juan II, Enri-
que IV e Isabel I. Además, después de la muerte de Fernando el Católico, quedó estableci-
do el señorío de Madrigal (1517) con su viuda, Germana de Foix, a la cabeza.
S
E ALZA EN EL CENTRO DE LA POBLACIÓN y tiene como intercaladas con hiladas de ladrillo a soga, zócalo que
elementos singulares, en el exterior, la fortísima torre últimamente ha sido “restaurado”. El cuerpo de este gran
y una cabecera con dos ábsides muy distintos, y en ábside repite el sistema de tres fajas de arcos que ya
el interior la serie de apuntados formeros y las magníficas hemos visto tantas veces, pero debe anotarse que aquí la
armaduras de la nave central. alternancia en el eje de las arquerías se da entre la pri-
El ábside central arranca sobre un zócalo construido mera desmentida y las siguientes, y la arquería superior
y decorado con ladrillos dispuestos en hileras a sardinel es más esbelta y apuntada y como en Santa María del
Fachada sur
de San Nicolás
278 / M A DR I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S
Planta
Sección longitudinal
M A D R I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S / 279
Castillo remata con un friso de esquinillas. Sobre él apa- sobre el que se dispone un friso de esquinillas sobre el que
rece una vez más ese ático a modo de camaranchón, pero se levanta una primera faja de arcos doblados de medio
aquí no es de tosca mampostería, son recuadros dobles punto, viene luego otro friso de esquinillas y otra faja de
rehundidos y rematados por un friso de esquinillas (segu- arcos y a partir de ahí se levanta un muro tosco con fuertes
ramente fue similar el que aún queda parcialmente sobre machones de ladrillo entre los que en un caso se dispone
el ábside central de la cercana iglesia de Santa María del un friso de esquinillas. Aventura es fechar este conjunto,
Castillo). Este ábside, hoy cegado, transformado y pero teniendo en cuenta lo descrito, la estructura interior
escondido parcialmente bajo distintos añadidos guarda del templo y la torre del mismo, puede adelantarse una
en su interior, en las cegadas saeteras, una celosía de cali- fecha cercana a finales del siglo XIII para el ábside central
za con rosetas entrelazadas que, aunque tapiada y olvi- y suponer que el otro es de la siguiente centuria, o incluso
dada, es pieza única en Ávila y debería cuidarse con posterior (hay reformas documentadas en 1437).
mimo. A ambos lados de este ábside central, existían La torre tiene 50 m de altura, su planta está algo des-
otros laterales, lógicamente más pequeños, y de ellos aún centrada respecto al eje del templo, se abre sobre una
queda un mínimo resto del que ocupaba el lado de la puerta de acceso a la nave central que hoy está cegada y
epístola o sur. servía sin duda alguna como campanario y como torre de
Adosado al central, en el lado de la epístola, encerran- vigía. El interior es de difícil descripción, albergando
do los restos del pequeño ábside original ya citado, se varios cuerpos de distintas dimensiones y estructuras,
construyó después un gran ábside tan extraño por la plan- siendo más amplios (con lo que se aligera el peso) y de
ta y dimensión como por la disposición de sus arquerías, mejor arquitectura los dos cuerpos superiores, especial-
que arrancan aquí de un zócalo de tosca fábrica de ladrillo mente el cuarto con una airosa cúpula sobre pechinas, de
280 / M A DR I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S
Cabecera ya restaurada
M A D R I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S / 281
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 160-161; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 90-95;
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 290-296; GARMA RAMÍREZ, D. de la,
1999, pp. 150-152; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 263-269; GUERRA,
R., OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 165-168; GUTIÉRREZ ROBLEDO,
J. L., 2000, pp. 563-564; GUTIÉRREZ ROBLEDO , J. L., 2001, pp. 45-49;
LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b.
282 / M A DR I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S
E
L TEMPLO INDICA, CON SU APELLIDO y su situación so-
bre un alto, la preexistencia de una fortificación de surge un cuerpo más, inacabado o parcialmente derrum-
la que aún quedan algunos deteriorados argamaso- bado, que quizá fuese de recuadros. En planta debe seña-
nes. Una vez más lo que queda del mudéjar es la cabecera larse que los lados laterales del tramo recto son marcada-
y quizá también la parte baja de la muy reformada torre. mente divergentes. El ábside lateral tiene los dos cuerpos
Gómez-Moreno dice que a finales del siglo XVIII fue derri- de arquerías inferiores similares a los del arco central,
bado y reformado casi todo el templo. pero marcando acusadamente su carácter poligonal y sobre
Los ábsides siguen el modelo de Santa María de Aré- ellos se notan dos recrecimientos sucesivos. En el tramo
valo, pero con variaciones profundas. En el central la más recto vuelven a aparecer los arcos y los citados recreci-
importante es la disposición desmentida de la última faja mientos, pero aquí entre recuadros de ladrillo. También
de arquerías: se ha cambiado el eje y las arquerías apoyan aparece aquí el único hastial de crucero con arquerías
en la clave de los arcos inferiores. Como remate de estas mudéjares que conozco en los templos de La Moraña, con
Planta
Sección longitudinal
284 / M A DR I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S
Alzado este
Alzado norte
M A D R I G A L D E L A S A LTA S T O R R E S / 285
arcos amplios de medio punto en el cuerpo bajo y con original, el bajo cubierto con bóveda apuntada, y remata
una teoría de entrantes y salientes sobre ellos que quizá con un cuerpo descompuesto y de mínimas dimensiones.
pueda corresponder a unas arquerías muy peraltadas, que
algo recuerdan Fresno el Viejo y otros cercanos ejemplos Estudio artístico: JLGR - Planos: OABR - Fotos: IHGB/JLGR
vallisoletanos. En el interior el ábside central ha sido muy
reformado, pero el del evangelio mantiene intacta su
estructura decorada con pinturas murales del último góti- Bibliografía
co. Ciertamente la planta de la cabecera actual es extraña
y se echa de menos la existencia de un tercer ábside. En [Link]., 1982b, pp. 159-160; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 87-90;
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 290-296; GARMA RAMÍREZ, D. de la,
sus muy reformadas naves parece adivinarse un marcado
1999, pp. 149-150; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 263; GUERRA, R.
desarrollo longitudinal, con naves laterales muy estrechas OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 163-165; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J.
al fondo de las cuales se dispuso la torre, en el centro de L., 2000, p. 563; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 44-45; LÓPEZ
la nave mayor, torre que debe caer parcialmente hace FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b.
unos doscientos años. La actual tiene dos cuerpos de la
MAELLO / 287
MAELLO
E
S OTRO DE LOS CASOS en el que lo que se conserva de agrupados en un alfiz rehundido con las albanegas revoca-
arquitectura mudéjar es la torre a la que posterior- das y rematado por friso de esquinillas.
mente se adosó otro templo. Más tarde se produjo
un cambio de fábrica a todas luces inconcluso. La torre se Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR - Fotos: IHGB
sitúa a los pies, abriéndose a lo que hoy es un cementerio,
presentando una estructura tremendamente sólida, su cuer-
po inferior es macizo, con un zócalo de cal y canto sobre
Bibliografía
el que se construye con cajones de mampostería y ladrillo
en los esquinales y el cuerpo de campanas. Tiene el cam- GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 154; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I.,
panario dos vanos de medio punto (cegados los del sur), 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 178.
Detalle de la torre
MAMBLAS / 289
MAMBLAS
Próximo a Madrigal y a Arévalo se encuentra este pueblo que luce un enorme templo de aires
entre barrocos y neoclásicos dentro del caserío, y además tiene, fuera del pueblo, en el más
absoluto abandono y ruina la que fue iglesia mudéjar primitiva, hoy cementerio. Ya en 978
hay referencias a este asentamiento apareciendo Mercatelo de Mambulas, en 1148 se cita ya Mam -
blas y en el documento de Gil Torres, Mambles. Su nombre –según Tejero Robledo– parece
derivar del paisaje de la zona, con pequeñas protuberancias, similares a mamas.
Cementerio
C
OMO SE HA INDICADO ARRIBA y testimonian las imá- guo templo que hoy están reducidos a parte de los muros
genes, lo que aquí encontramos es el crudo rela- y de la torre, pero suficientes para percibir el seguimiento
to de la realidad de muchos monumentos caste- de las técnicas y materiales constructivos de la comarca,
llanos, ¡viva Ruskin!, entonces. Son los restos de este anti - con cajones de mampostería y presencia de ladrillo. Se
Alzado norte
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 217-218; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
pp. 219-220; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 158; LÓPEZ FERNÁN-
DEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 179. Interior
346 / OTROS VESTIGIOS
Mancera de Arriba
Iglesia parroquial
M
Exterior ANCERA DE ARRIBA ESTÁ CERCA de Peñaranda de
Bracamonte, en el límite con Salamanca, en la
carretera que desde allí va a Blascomillán y
Mirueña. La iglesia es de lo más extraño que imaginarse
pueda. Todo está más que revuelto y especialmente su
gran torre que ha venido a ser capilla mayor y tiene junto
a arquerías de ladrillo, sillares y molduras románicas reuti-
lizadas, casi siempre rosetas y billetes. Lo mismo ocurre en
los muros de la iglesia. Hay además una portada con dos
arquivoltas lisas sobre esquinales.
Mironcillo
Iglesia parroquial
Portada de Mironcillo
M
IRONCILLO ES TAMBIÉN un pequeño núcleo de po-
blación, cercano a Solosancho, en cuya iglesia,
en la puerta meridional, hay una doble rosca de
granito ocre y chambrana que por la traza y material quizá
sean románicas. Todas las dovelas están desornamentadas.
La nómina del románico abulense puede aumentarse
incorporando los templos que tengan cabecera semicircu-
lar de mampostería, y así se ha hecho en algunas últimas
publicaciones. Creemos que para incluir en lo románico
a San Juan del Olmo y Vicolozano, mas Casasola, Beni-
tos, y Valdecasa, hacen falta argumentos históricos, artís-
ticos y arqueológicos más sólidos. Con tal esquematismo
debería ampliarse la relación con El Mirón, Gilbuena,
Zorita de los Molinos, Martiherrero, Mengamuñoz, des-
poblado de Las de Llano en Arenas de San Pedro, San
Miguel de Serrezuela, Villafranca de la Sierra, Candele-
da..., cuyos templos tienen cabecera curva, pero sin que
nada asegure que sean de tiempos y modos románicos, es
más la historia desmiente esto en algunos casos.
M E D I A N A D E V O LT O Y A / 291
MEDIANA DE VOLTOYA
Junto al río que le da nombre, a unos 10 km al este de la capital, es pueblo de pocos habitan-
tes y venido a menos (como la mayor parte de ellos) y guarda un recuerdo muy valioso de
pasados tiempos en su portada románica. Aparece en la Concordia de 1250 y en deslindes
entre Ávila y Segovia que recogen J. González y Barrios (1172 y 1294) y que pueden explicar
lo de medianero: un año de unos y otro de otro. También hay que recordar que hacia 1120
gentes del Alto Aragón pueblan la zona.
Iglesia parroquial
E
Detalle de la portada N EL CENTRO DEL PUEBLO está el templo, de planta rec-
tangular, con su cabecera, armadura y espadaña del
siglo XVI, como en Bernuy-Salinero. Aquí, pasada la
puerta externa, tras un cortavientos, se esconde una muy
valiosa portada que se mantiene in situ y con algo de poli-
cromía. La portada tiene dos arquivoltas que apoyan sobre
esquinales y columnas no muy esbeltas (la de la derecha
dejó su lugar a una pila de agua bendita). El capitel de la
izquierda, con columna, tiene hojas carnosas y el de la
derecha dos parejas de palomas dándose el pico. Ambos
incorporan pequeñas cabezas y el ábaco del de la izquier-
da es de rosetas tetrapétalas marcadamente cuadradas y el
otro pequeñas baquetas. La arquivolta menor tiene un
doble zigzag plano con botones y la otra un baquetón, y
lo recoge todo una chambrana con billetes. Quizá sea de
la segunda mitad del XII. Al no quedar nada más de la
arquitectura románica del templo tenemos que recurrir a
encontrar algunas relaciones formales con otros capiteles
y arquivoltas y –siguiendo la pista de lo altoaragonés que
nos da Ángel Barrios– parece que los capiteles vegetales
pueden relacionarse con Santa María de Santa Cruz de la
Serós en cuya portada los ábacos de los capiteles también
alternan rosetas y baquetas y el doble zigzag es similar a
la iglesia de Puilampa. Las parejas de palomas son mani-
fiestamente abulenses o segovianas. Todo ello es –claro
está– muy forzado, pero no más que en otras “relaciones”
al uso.
Mancera de Arriba
Iglesia parroquial
M
Exterior ANCERA DE ARRIBA ESTÁ CERCA de Peñaranda de
Bracamonte, en el límite con Salamanca, en la
carretera que desde allí va a Blascomillán y
Mirueña. La iglesia es de lo más extraño que imaginarse
pueda. Todo está más que revuelto y especialmente su
gran torre que ha venido a ser capilla mayor y tiene junto
a arquerías de ladrillo, sillares y molduras románicas reuti-
lizadas, casi siempre rosetas y billetes. Lo mismo ocurre en
los muros de la iglesia. Hay además una portada con dos
arquivoltas lisas sobre esquinales.
Mironcillo
Iglesia parroquial
Portada de Mironcillo
M
IRONCILLO ES TAMBIÉN un pequeño núcleo de po-
blación, cercano a Solosancho, en cuya iglesia,
en la puerta meridional, hay una doble rosca de
granito ocre y chambrana que por la traza y material quizá
sean románicas. Todas las dovelas están desornamentadas.
La nómina del románico abulense puede aumentarse
incorporando los templos que tengan cabecera semicircu-
lar de mampostería, y así se ha hecho en algunas últimas
publicaciones. Creemos que para incluir en lo románico
a San Juan del Olmo y Vicolozano, mas Casasola, Beni-
tos, y Valdecasa, hacen falta argumentos históricos, artís-
ticos y arqueológicos más sólidos. Con tal esquematismo
debería ampliarse la relación con El Mirón, Gilbuena,
Zorita de los Molinos, Martiherrero, Mengamuñoz, des-
poblado de Las de Llano en Arenas de San Pedro, San
Miguel de Serrezuela, Villafranca de la Sierra, Candele-
da..., cuyos templos tienen cabecera curva, pero sin que
nada asegure que sean de tiempos y modos románicos, es
más la historia desmiente esto en algunos casos.
M O R A L E J A D E M ATA C A B R A S / 293
MORALEJA DE MATACABRAS
E
L TEMPLO DE LA ASUNCIÓN de Nuestra Señora se sitúa No es mucho lo que queda original después de múlti-
a las afueras del núcleo, con mucho espacio a su alre- ples intervenciones y reformas, especialmente en los siglos
dedor y con un entorno cercano muy cuidado, sobre XV y XVI. Una puerta en la fachada septentrional, en la
todo a mediodía. actualidad cegada y tapada por un contrafuerte posterior,
Planta
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 202-204; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
p. 221; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 152; GÓMEZ-MORENO, M.,
1983, pp. 315-317; GUERRA, R. OVIEDO , C. y UNGRÍA, R., 1993, pp.
197-198; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850
(1984), p. 185.
NA R RO S DE L P UERTO / 299
E
STE TEMPLO SE ENCUENTRA en una pequeña loma ale- rosca de los arcos inferiores. En su muy destrozado tramo
jada del caserío, al que se llega después de atrave- recto también se organizaban dos órdenes superpuestos de
sar un pequeño puente sobre el riachuelo Ulaquis. arcos doblados enmarcados en una retícula y una estructura
Goza de un pretil que lo delimita en los flancos de mayor similar tiene en el interior, con torales de medio punto. Los
pendiente, permaneciendo completamente abiertos los te- dos ábsides laterales (uno oculto en la sacristía) son de tosca
rrenos de mediodía. Se presenta como un hito dentro de mampostería rematada por el mismo ladrillo a sardinel que
la importancia del entorno natural que le rodea. corona el ábside central. La planta certifica las pequeñas
Es de tres naves y lo mudéjar se circunscribe a la cabe- dimensiones de estos ábsides laterales, casi absidiolos, y que
cera, en la que aparecen en el ábside central las repetidas éstos tienen tramos rectos con muros divergentes y que los
fajas de arcos doblados, pero con la novedad de arrancar ejes de estos ábsides divergen del central. Luego, una vez
aquí desde un zócalo de mampostería y enmarcarse los más, el templo fue reformado rehaciéndose las tres naves.
arcos verticalmente, dos a dos, en recuadros geométricos, Como tantas otras veces, es un edificio muy transfor-
apoyando las jambas de la faja superior directamente en la mado siendo especialmente grave la alteración que en los
Cabecera
NA R RO S DE L P UERTO / 301
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 186-187; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 161-
162; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, pp. 565-566; GUTIÉRREZ ROBLE-
DO, J. L., 2001, pp. 49-51; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P.,
1845-1850 (1984), pp. 188-189.
Es Narros pueblo de larga historia pero de origen incierto, que está noroeste de la capital, a unos
45 km, y pertenece al partido judicial de Arévalo, destacando su altitud, que supera los 950 m.
En la relación de Gil Torres aparece perteneciendo al cabildo de Zapardiel, junto a otros
32 núcleos entre los que destacan Flores de Ávila o Fontiveros. Sobre su nombre parece haber
consenso en relacionarlo directamente con la tarea repobladora, concretamente con el origen
de la población que ocupó esta zona. Así, se hace derivar Narros de Nah(f)arros, quedando
pues clara la procedencia de los repobladores. En el documento antes citado se le nombra
como Narros de Bebán, siendo una fortificación que existía en el pueblo la que posteriormente
le dio nombre. De este castillo se sabe que fue lugar de disputa entre Alfonso VII –hijo de
Dña. Urraca y D. Raimundo de Borgoña– y Alfonso I el Batallador, enfrentamiento que llevó
a su derribo, ocupando poco después la iglesia parte de los terrenos en los que había estado
asentado. El núcleo gozó de cierta importancia en el siglo XV, como lo confirman el hecho de
poseer distintas aldeas (como Villacomer o Castronuevo), o el título de villazgo, que le fue
concedido posiblemente a finales de esa centuria, pasando a pertenecer al marquesado de
Fuente el Sol y a relacionarse después con la casa de Alba.
L
A IGLESIA SE ENCUENTRA EN LA PLAZA, en terreno ele- truyendo formeros apuntados de ladrillo con perfiles acha-
vado y circundada por los restos de la fortificación flanados (más amplios los cercanos al presbiterio, para
antes referida, entre los que destaca una sobrepuer- configurar un amplio espacio ante el altar, y casi de la
ta mudéjar de hacia 1500. Sobre su entorno más cercano mitad de la anchura los del tramo del coro). Fue una refor-
hay que hacer notar el espacio al que se abre la cabecera, ma litúrgica encaminada a lograr una más amplia visión
sin muchas modificaciones, y la presencia de una pista del altar y a construir un magnífico coro y una fuerte torre
deportiva con frontón en el lado septentrional, que hay muy similar a la de Santo Domingo de las Posadas. Se
que relacionar con la cercana escuela. cubre la nave central con armadura ochavada de par y
Es iglesia que Valdés considera sigue el modelo saha- nudillo con dobles tirantes, en la que destaca un magnífi-
gunino, y que a nuestro modo de ver tiene más relación co almizate con grandes ruedas que incorporan pinjantes
con los modelos toledanos, como han establecido otros de mocárabes. Magnífico es también el sotocoro con una
estudiosos. Aunque consta la existencia de una iglesia ya riquísima viga frontal que además de soportar la estructu-
en la relación de Gil Torres de 1250, no puede asegurarse ra, separa el cuerpo volado del coro del impresionante tau-
que en esa fecha ya existiese toda la albañilería mudéjar jel en el que se acumulan lazos ataujerados, cintas y unos
del templo actual. Este templo dedicado a Santa María del deliciosos racimos de mocárabe. Todo ello, una vez más,
Castillo, estuvo fortificado, como su nombre y emplaza- fechable a mediados del siglo XVI, ya que parece ser obra
miento indican, y aún quedan la traza general y conside- de Juan Carmona, Pedro Sánchez y Sebastián García, los
rables restos de cal y argamasa de la fortificación. Magní- mismos carpinteros que realizan el sotocoro de Macotera.
fica es su cabecera en la que se mantienen los tramos recto La cabecera tiene un tramo curvo facetado al exterior
y curvo, junto con el comienzo de lo que fue la decoración con tres órdenes de siete arcos doblados ciegos enmarca-
de los muros de sus naves. Luego una reforma llevada a dos en una retícula formada por pilastras acodadas y ban-
cabo en el siglo XVI, que singularmente se manifiesta en la das de sardineles, que sobre la arquería superior se trans-
torre que se antepone a la antigua puerta occidental, en los forman en esquinillas. Las tres arquerías presentan desigual
formeros de las naves y en las armaduras del templo y del altura siendo más alta la del cuerpo superior y arrancando
sotocoro, alteró la imagen primitiva del interior, recons- la primera sin basamento alguno, como en Santa María de
296 / NARROS DEL CASTILLO
Planta
Alzado norte
NARROS DEL CASTILLO / 297
Exterior
Arévalo, Fuente el Sauz y Palacios Rubios. En el tramo una teoría de arcos apuntados. Acertadamente han sido
recto estas arquerías pasan a ser dos, y están enmarcadas relacionados con lo toledano, pero no pueden olvidarse
por una retícula de ladrillos, alcanzando la inferior la los ejemplos de Villoria y de Santiago en Salamanca
misma altura que en el tramo poligonal alcanza el segun- (antes de su “triste” restauración) y de Santervás de Cam-
do orden de arquerías. pos. Todos los arcos descansan sobre pilastras resaltadas
La auténtica novedad de este templo aparece en los de gran amplitud que en el costado meridional incorpo-
muros laterales del cuerpo de naves en los que hay una ran a su trazado una pilastrilla medial que concluye en el
serie de arcos de medio punto entrelazados que genera centro del medio punto.
298 / NARROS DEL CASTILLO
La última restauración, al liberar la cabecera de toscos la de Velayos, que se adosa a la fachada occidental, pre-
contrafuertes, ha puesto al descubierto tendeles salientes y senta planta cuadrada y luce motivo de esquinillas.
bordeados y una constante labor de enfoscado de las enju-
tas del primer orden de arcos. En el interior también ha Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
sacado a la luz un orden de trece esbeltas arquerías y sobre Planos: AMRZ - Fotos: IHGB/MAD
ORBITA
Dentro de la denominada Tierra de Arévalo se localiza una zona de aspecto singular que reci-
be el nombre de Tierra de Pajares. Aquí encontramos localidades como Adanero, Espinosa de
los Caballeros, Gutierremuñoz u Orbita. Este espacio vino marcado por la cercana presencia
del cauce del río Adaja y siempre fue una importante vía de comunicación.
Tanto la documentación de Gil Torres como el Becerro de comienzos del siglo XIV lo citan
como Orvita, aunque Tejero Robledo se refiere a esta localidad a partir de documentos del
siglo XIII como Don Or o y Oro Sol, cuyo origen etimológico estaría en Auro-Vitas, que quizá
habría que relacionar con la repoblación y alguno de sus personajes.
S
E SITÚA A UNOS40 KM DE ÁVILA, en el límite con la a sardinel y doble soga (similar a la Vega de Santa María)
provincia de Segovia y su iglesia está dedicada a que en el tramo recto era de sardinel e hiladas a soga y,
San Esteban Protomártir. Su enorme ábside se con- finalmente, se disponía un campanario con arcos dobla-
vierte en la referencia de todo el núcleo, determinando el dos de medio punto, que eran de mayor altura en el tramo
templo la organización de todo su entorno, con espacios recto. En el remate había una especie de “almenado” sobre
abiertos y cuidados. el que se disponía la cubierta (este “almenado” es lo único
Tenía en su cabecera un ejemplar magnífico y único de que falta en la reconstrucción, en la que se ha trazado un
este modelo de arquerías. Tenía decimos, porque a prin- enorme alero).
cipios de la década de 1980 toda la cabecera se vino al El templo no ha sufrido otras variaciones e incluye las
suelo. Ha sido reconstruida de un modo mimético y así sacristías añadidas y el pórtico meridional mudéjar, algo
podemos recuperar la imagen de lo que fue su cabecera más estrecho que los románicos por razones constructivas,
altísima. Partía de un basamento de mampostería sobre el que es el mejor ejemplar conservado de pórtico meridio-
que se disponía una serie de esbeltas arquerías ciegas en nal de ladrillo en la provincia (los otros en Horcajo y San
el tramo curvo, que en el tramo recto se continuaban den- Esteban de Zapardiel). Sólo se conserva de él el tramo cer-
tro de recuadros rehundidos. Sobre estas arquerías había cano a la cabecera con un gran arco en su frente cubierto
una zona en la que se prolongaba una profusa decoración de esquinillas, recuadros en el machón de esquina y tres
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 153-155; DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 175-177;
DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001, pp. 230-231; GARMA RAMÍREZ, D. de la,
1999, pp. 141-143; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp. 306-308; GUERRA,
R., OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 182-183; GUTIÉRREZ ROBLEDO,
J. L., 2000, pp. 574-575; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 67-69;
LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 196.
PALACIOS DE GODA / 307
PALACIOS DE GODA
Torre almenara
A
LOS PIES DE LA IGLESIA, ligeramente girada respecto El superior, donde se ubicó el campanario, posiblemente
a su eje abriéndose a una pequeña plaza, se encuen- pertenezca al siglo XIV y está realizado en ladrillo presen-
tra la conocida como torre almenara. Sólo su nom- tando todavía un gran número de mechinales, así como
bre ya indica la función eminentemente defensiva que unos altos vanos de medio punto enmarcados por alfiz. De
tuvo en el momento de su construcción. Su planta es cua- ella Cervera Vera hace un extenso estudio, que incluso
drada y se distinguen claramente dos momentos construc- incluye un hipotético estado ideal y da las fechas que, con
tivos. Al primero, fechable en la primera mitad del siglo reservas, hemos consignado.
XII, correspondería el cuerpo inferior, realizado con cajo- Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
nes de mampostería y refuerzos de ladrillo en las esquinas. Plano: MTST - Fotos: IHGB
Palacios de Goda
308 / PA L A C I O S D E G O D A
Planta
CERVERA VERA, L., 1984; DÍAZDE LA TORRE, J., 1999, pp. 113-118; DÍAZ
DE LATORRE, J., 2001, pp. 233-234; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, pp.
416-417; GUERRA, R., OVIEDO, C. y UNGRÍA, R., 1993, pp. 192-193;
LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 197.
PA L A CI O S R U B IO S / 309
PALACIOS RUBIOS
Pequeño núcleo que carece de entidad municipal y se presenta subordinado a Nava de Aré-
valo. En distintos documentos del siglo XIII lo encontramos como Palacios Ruvios. Se llega hasta
aquí por la misma carretera que desde Arévalo lleva a La Lugareja, unos 5 km más al sur, apa-
reciendo el pueblo seccionado tanto por el cauce del arroyo del Cubo como por la citada
carretera. La presencia de agua tan cercana le dota de un aspecto más verde, más fresco,
teniendo en cuenta eso sí el grado de matización que estas palabras deben tener en la Tierra
de Arévalo. Se mantiene tanto la estructura como el aspecto general del pueblo, aunque no
hay que olvidar que en toda esta zona las necesidades creadas por los medios de producción
y la llegada de ciertos servicios, han hecho aparecer elementos algo disonantes. De la capital
le separan unos 45 kilómetros.
L
A IGLESIA SE ENCUENTRA INSERTADA en el núcleo, pró- dispuso un portal rematado por espadaña, que hoy se
xima a un pequeño puente sobre el arroyo citado, abre a un pequeño jardín), un amplio espacio abierto y
en el cruce que separa los caminos de Nava de Aré- con cierto descuido a mediodía y cercanía de viviendas a
valo y Vinaderos, caminos que fueron asfaltados y que los pies.
ahora denominan carreteras autonómicas de tercer orden. Con Nos encontramos con un ábside sin zócalo, con tres
esta situación vemos cómo el templo aparece despejado, fajas de arcos doblados superpuestos y con la misma solu-
presentando un buen estado de conservación general, ción –entre recuadros en los tramos rectos, rematando el
con un pequeño cementerio adosado al sur de la cabece- conjunto un friso de ladrillos en nacela sobre otro a sardi-
ra, con el acceso norte luciendo un aspecto digno por nel. Sobre él aparece también un ático similar al de Santa
haberse convertido en el principal (una reforma barroca María la Mayor de Arévalo, pero recrecido con un cuerpo
Exterior
310 / PA L A C I O S R U B I OS
Planta
Alzado este
PA L A CI O S R U B IO S / 311
Alzado sur
más y adosado a un muro que en lo alto se convierte en una puerta lateral con cuatro apuntados arcos y con alfiz
campanario, con vanos rectangulares, como en Orbita, que se prolonga hasta el suelo. Aquí aparecen pintados los
pero con encofrados de cal y canto encintados similares a ladrillos de los arcos.
Barromán. En el interior del ábside se repiten las solucio-
nes estructurales mudéjares en ladrillo, con arcos apunta- Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
dos en los fajones de sus apuntados cañones. Encontramos Planos: RLLA - Fotos: IHGB
PEDRO RODRÍGUEZ
Exterior
314 / PEDRO RODRÍGUEZ
Planta
Alzado este
PEDRO RODRÍGUEZ / 315
Alzado norte
B
AJO LA PROTECCIÓN DE SU TITULAR, San Pedro Após-
tol, este templo de cabecera mudéjar y cuerpo pos- templo. Aquí se enriquece el modelo anterior incorporán-
terior, se presenta aislado y con un tratamiento de- dose en el tramo curvo arcos doblados descentrados, es
sigual en sus flancos, siendo el meridional y el occidental decir, muy separados, y moldurándose como medias colum-
los que salen mejor parados. nas encaladas lo que anteriormente eran pilastrillas en las
que descansaban los arcos externos (algo se parecen a las
iglesias salmantinas de Gajates y San Juan de Alba de Tor-
Exterior
mes). Arranca todo ello de un zócalo de ladrillos con una
hilada en sardinel y remata con esquinillas y varios sardi-
neles sobre ellas. En el tramo recto las arquerías desdicen
de las de tramo curvo, tienen sus arcos concéntricos y no
hay columnilla alguna, pero rematan en una serie de cuatro
frisos alternantes de esquinillas y sardinel que correspon-
den a un nuevo ático. Dentro los arcos constructivos son
apuntados. Como ya se ha dicho los muros de caja mantie-
nen la traza original del antiguo templo, viéndose en el
septentrional uno cegado con alfiz rehundido y rosca de
ladrillo de medio punto. Es quizá, por lo elaborado, el
modelo final de la serie de templos con una única arquería.
La nave tiene una armadura de par y nudillo y en el
sotocoro un magnífico alfarje decorado con una viga cen-
316 / PEDRO RODRÍGUEZ
Bibliografía
[Link]., 1982b, pp. 172-173; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 136-
138; GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 309; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L.,
2001, pp. 66-67.
P I E D R A H I TA / 317
PIEDRAHITA
Situada al suroeste de la provincia de Ávila, a unos 60 km, en lo que se conoce como valle del
Corneja, por el río que baña sus tierras. Se encuentra a más de mil metros de altitud, rodeado
de diferentes núcleos montañosos (La Serrota, sierra de Piedrahita, sierra de Villafranca) y
puertos en sus cercanías (Villatoro, Peñanegra...). Este emplazamiento en una “fosa” facilita el
desarrollo de una vegetación abundante, que junto con el clima hacen que el entorno haya
sido calificado de “arcádico”.
Piedrahita es cabecera de comarca y pertenece al arciprestazgo de su mismo nombre,
pero no pudo evitar perder alrededor de mil habitantes durante el siglo XX. Su origen hay que
buscarlo en la repoblación, en este caso relacionado con el Reino de León (de ahí su larga vin-
culación salmantina) y como testimonios nos quedan templos, una muralla tardía y la memo-
ria de un castillo. Es el de Valdecorneja un señorío de principado que Alfonso X concedió a
su hermano, permaneciendo en manos de la dinastía real hasta el siglo XIV cuando, en agra-
decimiento, el monarca lo cede a los Álvarez de Toledo, familia que poco después recibirá el
condado y posterior ducado de Alba, manteniéndolo ininterrumpidamente hasta comienzos
del siglo XIX, en que pasa a la británica casa de Berwick.
E
L MONASTERIO SE ENCUENTRA apartado del núcleo
primitivo que delimitaban las murallas, en la zona nes y un largo abandono han dejado. De ese poco lo que
más próxima a las primeras estribaciones de Peña- aquí importa es la cabecera triple, que hoy es capilla de
negra, lindando con el que fue palacio de los duques de un arruinado y abandonado cementerio en el que aún
Alba allá por el siglo XVIII, y presenta un doloroso esta- están tristemente olvidadas de todos las cenizas de uno
Piedrahita
37. Piedrahita 13/2/08 09:08 Página 318
318 / P I E D R A H I TA
Planta
Cabecera
37. Piedrahita 13/2/08 09:08 Página 319
P I E D R A H I TA / 319
de los más ilustres piedrahitenses: el escritor y político interior del ábside central aparece un cañón con el tramo
José Somoza. recto reforzado por fajones y el tramo curvo –que hacia el
Según Fandiño, el historiador del monasterio cuyos interior es poligonal– tiene un sistema de nervaduras que
datos recoge Ramón Martín Rodrigo, el convento fue fun- casi parece meramente decorativo, no constructivo. Lo
dado en 1370 por Hernando Álvarez de Toledo y Leonor descrito y los mismos apuntados ventanales de la cabecera
de Toledo, cuyos hijos, García Álvarez de Toledo y su pueden servir para fechar esta reforma hacia el 1370 que ya
mujer Constanza Sarmiento, ya recibieron sepultura en su se ha adelantado, y postular una fecha algo anterior para la
capilla mayor. Precisan los historiadores citados que en primera cabecera que quizá corresponda a ese momento
1371 se establecen en el monasterio 12 dominicos. prefundacional del convento al que alude Fandiño. De
La iglesia primitiva era el característico templo mendi- cualquier manera, la cabecera es muestra de una arquitec-
cante, con un cuerpo de naves alargado que en el trans- tura evidentemente retardataria y por ello se incluye aquí.
curso del tiempo será muy reformado, pero que entonces
cumplía fielmente con lo establecido en las constituciones Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
dadas por Raimundo de Peñafort en las que se indica “que Plano: del Catálogo municipal de Piedrahita - Fotos: IHGB/JLGR
nuestros hermanos tengan casas pequeñas y sencillas”. El
ábside central es en su parte inferior muy similar al de San
Francisco de Ávila, y se construye exteriormente también Bibliografía
con el sistema mudéjar de bandas de mampostería entre
verdugadas de ladrillo. Luego la parte superior del ábside GÓMEZ-MORENO, M., 1983, p. 332; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001,
es sustituida por una bien labrada sillería en una reforma pp. 30-31; MARTÍN RODRIGO, R., 1991; MADOZ, P., 1845-1850 (1984),
que también levanta las cuadradas capillas laterales. En el pp. 200-204.
37. Piedrahita 13/2/08 09:08 Página 320
38. Rasueros 13/2/08 09:12 Página 321
RASUEROS / 321
RASUEROS
Pequeña localidad al noroeste de Ávila, de la que dista 65 km, situada en el límite con la pro-
vincia de Salamanca. Pertenece tanto al partido judicial como al arcedianato de Arévalo,
encontrándose a unos 35 km de éste. La gran carencia documental motiva que pervivan dife-
rentes tradiciones para explicar el curioso nombre de este núcleo. Por un lado, los restos de edi-
ficación anterior que se encuentran en lo que hoy es la iglesia se relacionan con una fortifica-
ción medieval, supuestamente el castillo de Nuño Rasura. Por otro, parece relacionado con
“raso”, “rasurado”, que vendría a describir el entorno, terreno de llanura con presencia de balsas
o lavajos. Sobre el tema del castillo, entra dentro de la lógica su ubicación, protegiendo el
núcleo y a su vez protegido en su costado meridional por el gran desnivel que lleva al río y le
permite dominar gran extensión de terreno. Quizá las limitaciones impuestas por esta cons-
trucción anterior puedan explicar que el actual templo de San Andrés esté un tanto girado hacia
el sur, en la Plaza Mayor del pueblo, pero no en el centro sino en el flanco de mediodía.
E
L EDIFICIO QUE HA LLEGADO a nuestros días pertenece
al siglo XVIII, presenta por tanto caracteres barro- de los Ajedreces de San Martín de Arévalo, añadiendo una
cos, aunque continúa sufriendo intervenciones hasta serie de frisos de esquinillas que separan los seis pisos de
el siglo XIX. Tiene planta de cruz latina con crucero sobre la misma. Si en los tres cuerpos bajos las arquerías repiten
pechinas y lo único que se conserva de época mudéjar es la el modelo y esquema de los Ajedreces, en los tres cuerpos
Rasueros
38. Rasueros 13/2/08 09:12 Página 322
322 / RASUEROS
Alzado norte
Exterior de la iglesia
38. Rasueros 13/2/08 09:12 Página 323
RASUEROS / 323
E
SCASAS SON LAS MANIFESTACIONES que la pintura y la
imaginería románica dejan en la provincia. La pin-
tura mural tiene el único ejemplo de Santa María de
Arévalo que vimos al tratar del templo (Burgohondo ya es
esencialmente gótica). La pintura sobre tabla tiene el mag-
nífico ejemplar de San Pablo del museo catedralicio, pieza
que proviene de San Vicente de Ávila. Sin duda lo más sin-
gular de la plástica monumental del románico abulense es
la magnífica Biblia de Ávila que se conserva actualmente
en la Biblioteca Nacional de Madrid.
La imaginería se centra en las figuras de la Virgen y de
Cristo. Es obra muy dispersa, muy retocada y de muy
dudosa cronología. Parte de ella está en los museos de la
capital y los otros ejemplares aun están en las iglesias para
los que fueron tallados. Seguros estamos que algunas de
las piezas de “procedencia desconocida” que hemos visto
en museos estatales y particulares pueden proceder de
iglesias abulenses.
El carácter retardatario de estas piezas es evidente. Son
la manifestación de la larga pervivencia litúrgica de los
modelos iconográficos (muchas de las tallas más que retar-
datarias son torpes, toscas, primitivas si se quiere, pero no
románicas). Muchas veces será difícil situar a un ejemplar
claramente en el ámbito del románico o del primer gótico.
Lo que sigue no es, quizás no pueda ser otra cosa o por
prudencia no deba ser otra cosa, más que un inventario de
lo que aún queda, y algunas de las piezas se incluyen más
por su expresividad y para testimoniar un modo de hacer.
Formalmente se observa un estilo ya evolucionado, esencial de la cronología del Códice diciendo que “aunque
donde el tratamiento del color, la línea, con magnífico se mantiene casi la total unanimidad a la hora de datar su
dominio del dibujo, y los volúmenes, así como la postura origen en el siglo XII, es Garrison el que se aventura a una
que adopta la figura, con las piernas cruzadas, indican una mayor precisión, considerando que estamos ante un manus-
búsqueda de nuevas fórmulas expresivas, alejándose un crito realizado en la región umbro-romana en los primeros
tanto de la extrema rigidez e hieratismo inicial. Grau Lobo años del tercer cuarto del siglo XII. Más dificil es determi-
retrasa la obra hasta el tercer cuarto del XIII, lo que nos nar dónde y cuándo fue ampliado el manuscrito a su lle-
parece mucho retraso, ya que creemos que la obra recoge gada a España, aunque todo apunta que fue a principios
todos los avances plásticos de la escultura de la basílica y del siglo XIII cuando se añadieron algunas escenas neotes-
que debe ser de una fecha más cercana al 1200. tamentarias“.
El Códice fue reordenado en el siglo XVI, para adaptar-
lo a la liturgia hispana, pero pueden separarse bien las par-
BIBLIA DE ÁVILA tes italianas y españolas del mismo. A mano italiana se
Biblioteca Nacional. Madrid (Bib. Nac. Vit 15-1) deberán la página del título y las ilustraciones de los
Cánones y todas las iniciales miniadas que tienen un acen-
A Ávila llega y en la catedral está desde el siglo XII tuado geometrismo y entrelazos muy finos. A la parte
hasta 1869 una de la joyas de la miniatura española, la española del Códice pertenecerán las fenomenales inicia-
denominada Biblia de Ávila que desde la última fecha cita- les que mezclan animales fantásticos y entrelazos y tienen
da está depositada en la Biblioteca Nacional, aunque con- un vivísimo color y escenas historiadas con los símbolos
tinúa siendo propiedad del cabildo catedralicio abulense. de los evangelistas, la conocida escena del Arca del Noé
Recientemente María Rodríguez Velasco ha resumido lo que aquí se reproduce y seis folios con toscas escenas de
la vida de Cristo que se disponen en tres bandas por pági-
na y que representan temas como el bautismo de Jesús, las
bodas de Caná, presentación en el templo, tentación en el
desierto, entrada en Jerusalén y luego todo un ciclo dedi-
cado a los momentos culminantes de su Pasión. Creo que
es sugerente y razonable la tesis de Rodríguez Velasco,
que recoge las relaciones de la Biblia con San Justo de
Segovia y considera sus ilustraciones próximas a la segun-
da mitad del siglo XII, estando influido por lo mozárabe y
siendo algo torpe.
ellas ya no sean de período románico. Es manifiesta la des- En la Catedral se guardan una serie de tallas cuya proce-
proporción que en muchos casos existe entre la Virgen y el dencia no se indica. Algunas están expuestas y otras deben de
Niño, y en otros entre la cabeza y el cuerpo de la Virgen. estar en los depósitos; son vírgenes tosquísimas, difíciles de
Las que se citan son las más interesantes que conoce- clasificar aunque la mayor parte parecen piezas del gótico,
mos o aparecen en inventarios, pero debe resaltarse que sumamente primitivas. La más interesante es la Virgen de la
alguna de ellas fueron transformadas en imágenes de ves- Sierra, coronada y pequeña, con la cabeza sumamente des-
tir en el siglo XVII y ello hace difícil la localización, más proporcionada, inclinada hacia adelante y a la que parece
aún teniendo en cuenta que muchas estaban (algunas aún habérsela arrancado un trozo en el que estaría el Niño. La
estarán) en trasteras, en armarios, bajo las escaleras, entre pieza románica más singular del museo catedralicio es el gran
las armaduras y los tejados. Cristo de cuatro clavos de la sala de cantorales. Muy dete-
En la capital la imagen más conocida, la más venerada, riorado, presenta una anatomía esquemática, pero expresiva,
es la de la Soterraña que estaba originariamente en la crip- hermosa es su barbada cabeza, con frente muy prominente.
ta de San Vicente y que actualmente está en el ábside de El cuerpo, rígido e hierático, no sale del marco del modelo y
la epístola. Es talla que ha conocido excesivas restauracio- se acomoda a la imagen del Cristo en Majestad. Similar es el
nes. Tradicionalmente ha sido definida como imagen cuerpo del muy restaurado Cristo de la ermita de Sonsoles,
bizantina, lugar común que nada indica. Es de buena fac- llamado ahora Cristo de la buena muerte, pieza que en 1991
tura, los pliegues están cuidados, el Niño más que sentado dona al Santuario el anticuario Ignacio González, del que no
parece colgar del hombro de la Virgen que se inclina lige- consta la procedencia, pero del que hemos visto una foto-
ramente hacia el lado contrario. Persiste la incomunica- grafía sin brazos y sumamente deteriorado. Similar y de la
ción entre las figuras, pero hay detalles en la ejecución que misma procedencia es el recientemente donado a la iglesia
permiten situar esta imagen en el siglo XIII. del Inmaculado Corazón de María de Ávila.
También en la capital está la Virgen de la Diputación,
Virgen de la parroquia de La Alamedilla del Berrocal pieza que seguramente provenga de alguno de los con-
ventos suprimidos en la Desamortización, quizás del de
Concepcionistas en el que estaban los trípticos del Museo
Provincial y de Lázaro Galdeano. Esta talla de la Diputa-
ción mantiene la rigidez propia del modelo, pero los plie-
gues ya son del siglo XIII avanzado. Está coronada y en el
centro de las rodillas tendría un Niño hoy perdido.
La colección de vírgenes del Archivo Municipal, todas
ellas del legado de los hermanos Clemente Romeo son pie-
zas muy retocadas, muy restauradas como es frecuente en las
vírgenes que provienen de las colecciones particulares. Las
cinco están coronadas y dos de ellas, las que tienen el Niño
más plásticamente sentado en el trono de la Madre, en una
está casi de pies ante ella, son las de mejor factura y las que
más se acomodan al modelo románico. Tanto por los rasgos
estilísticos como por la procedencia de la colección pienso
que estas dos deben situarse en el ámbito de lo vasco-navarro.
En la provincia una de las tallas de mejor factura es
Nuestra Señora del Soto de la Aldehuela, figura que repre-
senta ejemplarmente el grupo de vírgenes realizadas ya
bien entrado el siglo XIII, pero que conservan aún las carac-
terísticas propias del mundo románico. Hay un cierto con-
traste entre la figura rotunda, con la cara ya modelada y
naturalista de la Virgen y la sumamente ingenua represen-
tación del Niño. Otro ejemplar que, como el anterior, hay
que relacionar con la larga pervivencia del culto mariano
en ermitas que acaban trasformándose en capillas barrocas
con camarines, es la dedicada imagen de la Virgen de las
Fuentes. El modelo es el ya descrito, es claramente retarda-
350 / OTROS VESTIGIOS
Virgen, actualmente en el archivo Municipal de Ávila Virgen de La Soterraña. San Vicente de Ávila
tario, lo que se manifiesta tanto en la figura del Niño como Creo que es uno de los mejores ejemplares y el modelo de
en la decoración de la silla o en los pliegues del manto de otras tallas marianas abulenses.
la Virgen. Los estofados, los repintes y las sartas de perlitas Prácticamente al mismo esquema, aunque distinta en
son testimonio de las sucesivas reformas de la imagen. los detalles corresponde la buena talla de la Virgen de
En Fontiveros son dos las tallas a señalar. La primera Villatoro, con más movilidad en los paños, con un tama-
de ellas es la talla que las carmelitas guardan en la clau- ño medio y seguramente obra de la primera mitad del si-
sura, tosca e inexpresiva y la segunda de ellas es la Vir- glo XIV.
gen de la Pera de la Parroquia, que ya es del modelo de Quizás el modelo más plenamente románico, que no
Virgen con esquema compositivo románico y con ele- el mejor, sea el de la pequeña Virgen de Blacha. Rígida,
mentos góticos. El Niño está descentrado y la Virgen piramidal, está tallada en un único madero. El Niño es
incluso se gira. desproporcionadamente pequeño, diminuto, casi del
Villafranca de la Sierra guarda en la sacristía una de las tamaño de la cabeza coronada de la Virgen. Todo está
mejores tallas románicas abulenses, y de las más grandes. repintado y retocado. La comparación de esta pieza con
La Virgen tiene una cabeza de grandes dimensiones gira- las de Riocabado o La Alamedilla del Berrocal sirve para
da hacia su izquierda y extiende sus manos (quizá repues- constatar dos modos de representación distintos del tema
tas), alrededor del Niño que tiene entre las rodillas. Los de la Virgen y el Niño en el XIII-XIV: tosco el primero e
ropajes son cuidados y angulosos y el tocado es delicado. ingenuo el segundo.
OTROS VESTIGIOS / 351
ESCULTURA MONUMENTAL EN LA CATEDRAL Las siete cabezas barbadas tienen forma de cuña para
adaptarse al espacio de unión de los nervios, miden unos
Incluimos aquí, por razones editoriales, las imágenes 40 centímetros de alto y unos 40 centímetros de ancho en
de las esculturas recientemente descubiertas en lo alto del el lado superior (dos son algo más pequeñas) y ocupan los
tramo poligonal de la Capilla Mayor de la Catedral, aún plementos exteriores y más pequeños, el ángel ocupa el
siendo piezas de escultura monumental. Son imágenes ángulo del plemento más grande, el interior que mira a la
que conocemos a través de las fotografías que nos ha pro- nave y por ello es algo mayor y no tiene forma de cuña.
porcionado el restaurador de las mismas. Por ello y por la La parte superior de las siete cabezas es plana y está sin
premura no podemos realizar un análisis detallado, pero labrar, lo que es indudable testimonio de que estamos
creemos obligado dejar aquí constancia de su reciente ante los restos de unas pequeñas estatuas columnas que
“descubrimiento”. Tapadas por una clave de madera dora- fueron adaptadas forzadamente a su nuevo emplazamien-
da estaban las ocho figuras ya visibles, siete barbadas y un to, creando unos peculiares cuellos puntiagudos y embe-
ángel, ocupando los ángulos más cercanos a la clave de biento las orejas en los nervios. La estructura general de
los ocho plementos de la Capilla Mayor. las cabezas y especialmente los ojos prominentes, que
Son piezas magníficas, calizas policromadas con tem- miran hacia abajo confirma que son estatuas columnas.
ple de cola y repintes posteriores, que están sujetas con Son figuras muy expresivas, de grandes ojos, con las cabe-
cuadradillos de hierro, que evidentemente están reutiliza- lleras y barbas muy elaboradas y muy variadas, con los
das y que en fecha indeterminada –creemos que cercana al perfiles definidos. Nada identifica a las figuras barbadas
cierre de la bóveda– se pusieron en ese emplazamiento. que no tienen nimbo.
352 / OTROS VESTIGIOS
S A N E S T E B A N D E Z A PA R D I E L / 329
L
A IGLESIA SE ENCUENTRA DENTRO del núcleo, aislada y construcción del templo o simplemente que en ese momen-
con espacio por todos los costados, próxima a la to hubiesen surgido otras tendencias estéticas. En la actua-
salida oriental del pueblo, no así la torre, que apa- lidad su imagen se ha visto alterada por una intervención
rece alejada del templo en mitad del caserío. Su empla- –tan bien intencionada como inadecuada por el fin y por
zamiento es privilegiado y se relaciona con su primitiva las formas– que pretende adaptar su uso a las necesidades
función militar, que después trocaría por la de campanario. de un museo etnográfico. Exteriormente presenta unos
Sobre las causas de su alejamiento de la iglesia se manejan cajones de cemento con resalte y su interior aparece hueco,
varias opiniones, como que el propio caserío impidiese la sin las diferentes estancias vistas en otros ejemplos.
El templo pertenece a época barroca y se construyó
sobre otro anterior, del que queda parte del pórtico situado
Torre a los pies del costado meridional, apenas tres arcos doblados
de medio punto realizados en ladrillo que ya hemos puesto
en relación aquí con Orbita y Horcajo de las Torres.
Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
Plano: MTST - Fotos: IHGB
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 125-127; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
p. 253; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 132; GUERRA, R., OVIEDO,
C. y UNGRÍA, R., 1993, p. 196; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b.
Exterior de la iglesia
40. Esteban Zapardiel 13/2/08 09:21 Página 330
330 / S A N E S T E B A N D E Z A PA R D I E L
Planta
Pórtico
SINLABAJOS / 331
SINLABAJOS
Situado en el límite con Valladolid, muy próximo a Arévalo, a unos 60 km de Ávila. Su nom-
bre se refiere a una de las características geográficas de la comarca, como es la presencia de
charcas o lavajos, cuya existencia –hoy en día muy reducida– ha sido fundamental para la per-
vivencia de estos núcleos. En el documento de Gil Torres se le nombra Siet Lavaios; en 1291,
siguiendo a Ángel Barrios, Sietlavajos, y Çient lavajos para Ajo, quien no duda que se refiere a
este pueblo. Se tiene constancia de que a lo largo del siglo XIII llegó a tener más de seiscien-
tos habitantes, lo que indica que se trataba de una localidad próspera y cercana en importan-
cia a núcleos como Arévalo o Madrigal. Es cabeza del sexmo que lleva su nombre y en su
pasado la familia Palomeque dirigió sus designios, bajo la jurisdicción de Arévalo. El templo
se encuentra en el costado occidental del núcleo, próximo a la carretera y a instalaciones de
diferentes actividades productivas y, con un pequeño cementerio adosado en el flanco norte.
S
AN PELAYO PROTOMÁRTIR es la advocación de esta los. Presenta cajones de mampostería con verdugadas de
iglesia que, como tantas otras, ha visto sustituida su ladrillo en los cuerpos inferiores y ladrillo para reforzar los
estructura original por otra del siglo XVII. Entre los esquinales y rematar la parte alta en forma de campanario.
restos se encuentran parte de la cimentación, de la base Éste, posterior, luce elevados arcos de medio punto y deco-
de la torre y una puerta en la fachada norte. La torre, de ración de frisos de esquinillas. La puerta norte aparece
gran tamaño, se sitúa en el costado sur de la cabecera y su cegada, tiene arco y moldura de medio punto con alfiz, y
fábrica es fruto de diferentes momentos y diferentes esti- está realizado todo ello en ladrillo. Tan deteriorada fábrica
guarda en su interior algunos fragmentos originales, no
tocados, del modo mudéjar de acabar estos edificios, espe-
Vista general de Sinlabajos
cialmente una puerta con sus ladrillos enmarcados en llagas
salientes de gran plasticidad, como pequeños arquitos.
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 122-125; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
pp. 261-262; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, p. 132; GÓMEZ-MORE-
NO, M., 1983, pp. 313-314; GUERRA, R., OVIEDO, C. y UNGRÍA, R.,
1993, pp. 193-194, LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b; MADOZ, P., 1845-
1850 (1984), p. 210.
332 / SINLABAJOS
Planta
Fachada meridional
SINLABAJOS / 333
Detalle de la torre
Portada norte
V E G A D E S A N TA M A R Í A / 335
Población cercana a la capital, dista poco más de 20 km, situada al norte, en terrenos todavía
elevados que recuerdan la cercana presencia de la sierra de Ávila (está emplazada a casi 950 m
de altitud), con un paisaje todavía granítico y con vegetación de dehesa, que se convertirá en
llanura cerealista un poco más al norte. Ha visto caer su población a menos de la mitad en cin-
cuenta años. La siguiente cita: “Palacio del Marqués de San Saturnino, hecho de mampostería
de granito, con matacanes sobre la puerta y arruinado”, obra de Gómez-Moreno, quizá sea la
manera más expresiva de ver el proceso de degradación de un núcleo que, como se ve, debió
tener importancia en el pasado.
E
STE TEMPLO SE ENCUENTRA retirado del caserío, sobre tramo recto tiene cañón y fajones muy apuntados. Ya se ha
una loma situada hacia naciente, goza por tanto de dicho que es similar a la de Orbita. La nave, con los consa-
un emplazamiento espacioso, con la presencia de bidos grandes formeros escarzanos del siglo XVI, tiene una
un cementerio adosado a la cabecera y que se extiende por armadura ochavada de par y nudillo con almizate con lazo
el flanco norte, y una zona de sembrados a mediodía. de ocho, muy rica en su decoración, tiene también en el
Es la antigua iglesia del pueblo –al trasladarse el case- sotocoro un alfarje muy sencillo. La torre dispuesta a los
río se construyó una más pequeña en el centro de la pobla- pies, en el último tramo de la nave septentrional, y a la que
ción–, en la que queda un ejemplar único de ábside mudé- se adosó la iglesia del XVI es buen ejemplar mudéjar, con
jar y una torre del mismo estilo, siendo el resto añadidos paramentos en los que aún aparecen restos de un esgrafia-
fechables en el siglo XVI. El ábside tiene un fuerte basa- do delicado. Los vanos han sido profundamente alterados,
mento de argamasa de chinarro y de lo mismo es la coro- pero aún se conserva alguno apuntado, con cuatro arqui-
nación, pero entre medias aparece toda una amplia faja de voltas de ladrillo.
ladrillo decorada con trece hiladas de ladrillos a sardinel
dispuestos entre dobles hiladas de ladrillo a soga, en la que Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
se abre estrechísima ventana. En el interior, el muy estrecho Planos: JMFA - Fotos: IHGB/JLGR
Planta
Alzado este
V E G A D E S A N TA M A R Í A / 337
Ábside
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 269-270; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
p. 271; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 144; GÓMEZ-MORENO , M.,
1983, p. 321; GUTIÉRREZ ROBLEDO , J. L., 2000, pp. 576-577; GUTIÉRREZ
ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 71-72; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I., 2002b;
MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 216.
Torre
V I L L A N U E VA D E L A C E R A L / 339
En 1250, en la documentación con fines fiscales que encargó el cardenal Gil Torres, aparece
como Villanueva, nombre que parece ser habitual en la repoblación, pero no en un primer
momento, sino cuando ésta había ya avanzado. Sobre la segunda parte del topónimo, Tejero
Robledo plantea dos hipótesis, una sería “acederal” (terreno donde abundan las acederas) y
otra “acerolar” (campo plantado de acerolos), siendo más aceptada la primera. Está situado
prácticamente a medio camino entre Arévalo y Madrigal, a poco más de 60 km al norte de
Ávila. El templo se sitúa a las afueras del núcleo, en un emplazamiento similar al de Moraleja
de Matacabras, con mucho espacio a su alrededor, estando adecentado especialmente el flan-
co meridional.
L
A IGLESIA, DEDICADA A SAN ANDRÉS, se incorporó a una paralelamente a los lados de la torre y se cubren con bóve-
estructura previa como era la torre. Ésta, situada a das de medio cañón escalonadas.
los pies, presenta un modelo constructivo visto en
otros ejemplos, con cajones de mampostería y ladrillo. Se Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
trata de una construcción con fines defensivos, como tes- Plano: MTST - Fotos: IHGB
Planta
Torre
V I L L A R D E M ATA C A B R A S / 341
VILLAR DE MATACABRAS
Planta
Alzado este
V I L L A R D E M ATA C A B R A S / 343
N
SEÑORA DEL ROSARIO se sitúa en la parte
UESTRA vergentes en el interior. La iglesia debió venirse abajo y ser
occidental del núcleo, completamente aislada, reparada de cualquier manera, levantando una tosquísima
junto a la carretera, rodeada de los restos de lo torre sobre el ábside norte y una nave nueva de alargada
que fue el límite de su atrio. Permanece cerrada y ha sido planta, con cabecera cuadrada que incorporó el antiguo
utilizada como granero, trastero..., destinos que triste- ábside como sacristía campanario. Interiormente los ábsi-
mente la han mantenido en pie. Hoy en día, y gracias a la des central y meridional no participan del culto, y en el
riqueza ornitológica de toda la zona, se ha instalado en su que hacía las veces de capilla mayor se puede ver un friso
cuerpo de campanas un punto de seguimiento y estudio de esquinillas y otro de bandas que demuestran que la igle-
de aves. sia era más elevada. También conserva del momento
Iglesia llena de enigmas. Lo que queda del templo es mudéjar la puerta meridional de acceso, con arcos de
una sorprendente cabecera triabsidal, que arranca de un ladrillo doblados de medio punto, puerta muy posterior ya
zócalo de ladrillo y sobre él se organiza un esbelto orden que se abre en el nuevo muro de la nave nueva.
de arquerías (similar al de Blasconuño de Matacabras),
sobre el que debió desarrollarse uno más, del que quedan
los arranques en el ábside norte, que es el único que con- Estudio histórico: IHGB - Estudio artístico: JLGR
serva sus bóvedas y cuyos muros del tramo recto son di- Planos: JJCM - Fotos: IHGB
Exterior de la iglesia
344 / V I L L A R D E M ATA C A B R A S
Bibliografía
DÍAZ DE LA TORRE, J., 1999, pp. 220-221; DÍAZ DE LA TORRE, J., 2001,
p. 272; GARMA RAMÍREZ, D. de la, 1999, pp. 153; GUERRA, R., OVIEDO ,
C. y UNGRÍA, R., 1993, p. 198; GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2000, p. 567;
GUTIÉRREZ ROBLEDO, J. L., 2001, pp. 52-53; LÓPEZ FERNÁNDEZ, M.ª I.,
2002b; MADOZ, P., 1845-1850 (1984), p. 218.
ABREVIATURAS
[Link]., 1981
[Link].: Actas del I Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1981.
[Link]., 1982a
[Link].: Actas del II Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1982.
[Link]., 1982b
[Link].: Guía del románico de Ávila y primer mudéjar de La Moraña, Ávila, 1982.
[Link]., 1984
[Link].: Actas del III Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1984.
[Link]., 1985a
[Link].: Documentos para la historia Ávila 1085-1985, Ávila, 1985.
[Link]., 1985b
[Link].: Ávila, Madrid, 1985.
[Link]., 1988
[Link].: Las Edades del Hombre. Contrapunto. Catálogo de la exposición celebrada en la catedral de Salamanca, Sala-
manca, 1988.
[Link]., 1989
[Link].: Fuentes documentales para el estudio de la restauración monumental en España, Madrid, 1989.
[Link]., 1991
[Link].: Actas del V Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1991.
[Link]., 1992
[Link].: Actas del IV Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1992.
[Link]., 1995a
[Link].: Actas del VI Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1995.
[Link]., 1995b
[Link].: El Mudéjar Iberoamericano. Del Islam al Nuevo Mundo, Madrid, 1995.
[Link]., 1995 (1998)
[Link].: Historia de Ávila, t. I, Prehistoria e historia antigua, Ávila, 1995 (1998).
[Link]., 1996
[Link].: Historia del arte en Castilla y León. Tomo IV, El Mudéjar, Valladolid, 1996.
[Link]., 1998
[Link].: Las murallas de Madrid, Madrid, 1998.
364 / BIBLIOGRAFÍA
[Link]., 1999a
[Link].: Actas del VII Simposio de Mudejarismo, Teruel, 1999.
[Link]., 1999b
[Link].: Historia de Ávila, t. II, Edad Media. Siglos VII-XIII, Ávila, 1999.
ABAD CASTRO, C., 1991
ABAD CASTRO, Concepción: Arquitectura Mudéjar religiosa en el Arzobispado de Toledo, 2 vols., Toledo, 1991.
AJO GONZÁLEZ, C. M.ª, 1954
AJO GONZÁLEZ, C. M.ª: “Catálogo del Archivo de la Basílica de San Vicente”, Estudios Abulenses, 1-2,
1954, pp. 153-164 y 335-342.
AJO GONZÁLEZ, C. M.ª, 1962
AJO GONZÁLEZ, C. M.ª: [Historia de] Ávila. I. Fuentes y Archivos, Madrid, 1962, 13 vols.
AL-BAKRI, 1982
AL-BAKRI: Geografía de España, traducción de E. Vidal Beltrán, Zaragoza, 1982.
ALCOLEA, S., 1952
ALCOLEA, Santiago: Ávila monumental, Madrid, 1952.
ÁLVAREZ, L., 1625
ÁLVAREZ, Luis: Grandezas, antigüedad y nobleza del Barco de Ávila y su origen, Madrid, 1625.
ÁLVAREZ CAPRA, L., 1886
ÁLVAREZ CAPRA, L.: Contestación al discurso de entrada de Repullés en la Academia de [Link]., Madrid, 1886.
AMADOR DE LOS RÍOS, J., 1965
AMADOR DE LOS RÍOS, J.: El estilo Mudéjar en la Arquitectura, París, 1965.
ANÓNIMO, 1600
ANÓNIMO: Segunda leyenda de Ávila (manuscrito en varias copias de ca. 1600).
ANÓNIMO, 1916
ANÓNIMO, “Basílica Mozárabe de San Isidoro, de Ávila”, BRAH, LXIX, 1916, pp. 344-353.
ANÓNIMO, 1996
ANÓNIMO, “Desaparecida iglesia de Santo Domingo”, en Compra-Venta de Ávila, 16, 1996, pp. 18-19.
ARIZ, L., 1607 (1978)
ARIZ, Luis: Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, Alcalá de Henares, 1607 (1978).
AYORA, G. de, 1519
AYORA, Gonzalo de: Epílogo de algunas cosas dignas de memoria pertenecientes a la muy ylustre é muy magnífica e muy
noble e muy leal ciudad de Ávila, Salamanca, 1519.
AZCÁRATE RISTORI, J. M.ª de, 1974
AZCÁRATE RISTORI, José María de: El protogótico hispánico, Madrid, 1974.
AZOFRA AGUSTÍN, E. y LÓPEZ BORREGO, R. M., 1991
AZOFRA AGUSTÍN, Eduardo y LÓPEZ BORREGO, R. M.: “Arquitectura Mudéjar salmantina. Nuevas apor-
taciones”, BSAA, LVII, 1991, pp. 269-278.
BACKMUND, N., 1983
BACKMUND, Norberto: “La Orden Premonstratense en España”, HS, XXXV, fasc. 71, 1983, pp. 57-85.
BALLESTEROS, E., 1896
BALLESTEROS, E.: Estudio histórico de Ávila y su territorio, Ávila, 1896.
BANGO TORVISO, I. G., 2001
BANGO TORVISO, Isidro Gonzalo: “La iglesia encastillada, de fortaleza de la fe a baluarte militar”, en
AIVCCM, Aguilar de Campoo, 2001, pp. 33-48.
BARQUERO GOÑI, C., 1997
BARQUERO GOÑI, Carlos: “Los Hospitalarios en el reino de León (siglos XII y XIII)”, en El reino de León en
la Alta Edad Media, IX (Col. “Fuentes y Estudios de Historia Leonesa”, 65), León, 1997, pp. 219-634.
BIBLIOGRAFÍA / 365
Índice onomástico
Ramiro II 20 U
Ramón Rojas 95 Urraca, reina 30, 34, 65, 295
Reyes Católicos 215
Ricardo Velázquez Bosco 186
V
Varón, maestro 219, 223
S Vasco de la Zarza 79, 90, 155
Sancho de Estrada 26 Vázquez de Zúñiga 98
Sancho I, obispo de Ávila 33, 34 Vegecio 87
Sancho II, obispo de Ávila 34, 35, 37, 220 Ventura Rodríguez y Cuervo 156
Sancho III el Mayor de Navarra 24 Vicente Botella, herrero 200
Sancho III de Castilla 30 Vicente Miranda y Bayón 156, 158, 159, 161,
Sancho IV 145 162, 164
Sancho Jimeno 32 Vicencio, obispo de Ávila 21
Sancho Zurraquines 26 Vitrubio 87
Sancho, conde 20
Sancho, obispo de Ávila 33, 34, 37, 220
Sebastián García, carpintero 295 W
Segundo Cecilia 269 Wyngaerde, Antón de van de, dibujante 41, 64,
Segundo, San, obispo de Ávila 68 69, 90, 91, 184, 194, 205
T Z
Teresa de Cepeda, santa 67 Zurraquín Sancho 32
48. Indices 13/2/08 10:15 Página 388
48. Indices 13/2/08 10:15 Página 389
Índice toponímico
A Bularros 59
Adaja 21 Burgohondo 36, 39, 50, 57, 138, 167, 205, 239-
Adanero 59, 107-109, 303 241, 347
Aguilar de Campoo (Palencia) 153 Burgos 25, 27, 67, 277
Ajates 21
Ajo, El 325
Alamedilla de Berrocal, La 350 C
Alarcos 27, 86 Cabezas del Pozo 59, 243-244
Alba de Tormes (Salamanca) 159, 315 Cabizuela 60
Alcalá de Henares 161, 185 Camarma de Esteruelas (Madrid) 50
Alcazarén (Valladolid) 21, 86 Canales 271
Aldea de San Miguel (Valladolid) 116 Candeleda 346
Aldealengua 57, 229 Canigó, San Martín de (Francia) 143
Aldeavieja 62, 345 Cantaracillo 55
Cantiveros 21, 58, 228, 245-248, 316
Almar 22, 55
Cardona 143
Almenara 22, 55
Carrión de los Condes (Palencia) 152
Andaluz (Soria) 23
Casasola 346
Aquisgrán 223
Castañeda 147, 189
Arenas de San Pedro 346
Castellanos de Zapardiel 59, 225, 249-250, 345
Arévalo 21, 25, 26, 27, 32, 33, 36, 39, 43, 46, 49, 50,
Castronuevo 295
55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 67, 86, 107, 111-140,
Cebolla de Arévalo, La 55, 311, 325
223, 228, 231, 243, 249, 263, 267, 275, 276,
Cervatos 147, 183, 189
277, 282, 293, 297, 309, 321, 329, 331, 339
Cisla 60
Armenteira 171
Ciudad Rodrigo (Salamanca) 216
Ataquines 21 Clairvause 222
Atienza (Guadalajara) 22 Clavijo (La Rioja) 20
Avallon (Francia) 153 Coca 25
Ávila 21, 23, 25, 26, 27, 29, 30, 31, 33, 34, 36, 39, Coimbra (Portugal) 151
40, 41, 45, 48, 50, 55, 58, 59, 60, 61, 63, 64, Cogotas, Las 64
65, 67, 68, 74, 79, 84, 86, 89, 90, 91, 100, Colilla, La 222
103, 104, 119, 131, 139, 141-224, 233, 239, Colonia (Alemania) 154
279, 291, 299, 319, 345, 347, 348, 349, 352 Constanzana 21, 57, 59, 251-253
Córdoba 184
Cordobilla 23
B Coria 86
Barco de Ávila 21, 67, 147 Covaleda (Soria) 25, 181
Barromán 55, 57, 58, 59, 225-228, 311 Cubillo 345
Baterna 21 Cuéllar 25, 61, 138, 139
Béjar (Salamanca) 30, 36, 86
Benitos 346
Bercial de Zapardiel 23 D
Bercimuel 22 Dijon (Francia) 153
Bernuy de Zapardiel 26, 57, 229-230 Donjimeno 26, 58, 269, 281
Bernuy Salinero 26, 39, 229, 231-232, 291 Donvidas 57, 58, 59, 255-258, 311
Berrocalejo de Aragona 26, 39, 233-234, 345
Blascomillán 26 E
Blasconuño de Matacabras 26, 57, 58, 59, 139, Espinosa de los Caballeros 39, 46, 59, 231, 259-
235-237, 293, 343 262, 303
Bonilla de la Sierra 67 Évora (Portugal) 220, 222
48. Indices 13/2/08 10:15 Página 390
F Marlín 26
Fitero (Navarra) 222 Martiherrero 346
Flores de Ávila 59, 263-266, 295, 325 Matacabras 59
Fontiveros 58, 59, 229, 245, 251, 263, 267, 269, Mediana de Voltoya 39, 291
295, 350 Medina el Campo (Valladolid) 25, 50
Fresno El Viejo 33, 116, 285 Meira 171
Fuente el Sauz 57, 58, 267-269, 297 Melque 116
Fuentes de Año 57, 139, 235, 271-274 Mengamuñoz 346
Mercatelo de Mambulas, vid Mamblas
Mirón, El 23, 346
G Mironcillo 39, 62, 346
Gajates (Salamanca) 315 Montuenga 139
Galisteo de Cáceres 50 Moraleja de Matacabras 57, 58, 59, 225, 247,
Gallegos de Sobrinos 26 293-294, 316, 339
Ganders-heim 223 Moreruela, Santa María de (Zamora) 222
Gilbuena 346 Morlaas (Francia) 153
Gómez Román 26, 36, 134, 138 Muñopepe 26
Gutierremuñoz 303 Muriel 22
N
H Narros de Saldueña 26
Heisterbach 222 Narros del Castillo 26, 57, 58, 59, 60, 247, 269,
Hernangallegos 26 295-298, 299, 311, 316
Hernansancho 26 Narros del Puerto 26, 50, 57, 58, 59, 229, 299-301
Horcajo de las Torres 59, 131, 133, 275-276, Nava de Arévalo 309, 316
303, 305, 329 Navas de Tolosa 86
Huete 111 Noharre 59
O
I
Olmedo (Valladolid) 21, 25, 26, 27, 33, 36, 37,
Íscar (Valladolid) 25, 57, 229
50, 61, 86
Oloron-Sainte-Marie (Francia) 153
Orbita 57, 58, 131, 228, 275, 303-305, 311,
J
329, 335
Jaca (Huesca) 155
Ordoño 23
Jaén 267
Orense 151, 352
Jaraíces 59
Oviedo 33
L P
Lara (Burgos) 25, 30 Palacios de Goda 21, 59, 307-308
Las de Llano, despoblado de Arenas de San Pedro Palacios Rubios 56, 58, 59, 228, 267, 297,
346 309-312
León 27, 67, 145, 148, 155, 178, 179, 184, 220 Palencia 36, 67, 143, 145
Leyre (Navarra) 143 Palenciana 26
Loarre (Huesca) 143, 147 París 154, 156
Lugo 145 Párraces 345
Pedro Rodríguez 57, 58, 59, 225, 247, 311,
313-316
M Peterborough (Inglaterra) 223
Macotera 295 Piedrahita 50, 67, 167, 205, 239, 317-319
Madrid 159, 186, 347, 348 Pinarejos 116
Madrigal de las Altas Torres 57, 58, 59, 60, 61, Plasencia 27, 30, 36, 60, 86, 87
67, 225, 229, 235, 243, 245, 255, 277-285, Poblet 222
329, 331, 339 Poitiers 151
Maello 287-288 Pontigny (Francia) 222
Magazos 21 Porcarizos 263
Mamblas 59, 289-290 Posaderas 345
Mancera de Abajo 62 Pozáldez 21
Mancera de Arriba 39, 346 Puilampa 291
48. Indices 13/2/08 10:15 Página 391
R T
Rágama (Salamanca) 243, 275, 313 Talavera 21, 22, 24, 27
Raliegos 271 Tarragona 151
Ramiro 23 Teruel 53, 59
Rapariegos 116 Tewkesbury 223
Rasueros 59, 133, 321-323 Tiemblo, El 22
Riocabado 350 Toledo 20, 21, 23, 24, 25, 36, 55, 65, 159, 239
Roda 143 Tornadizos 23
Roma 347 Torneros 23
Toro (Zamora) 50, 57, 138, 139
S
Sacramenia (Segovia) 171 U
Sagrajas 24 Uclés 24
Sahagún (León) 50, 57, 138 Ulaca 64
Saint-Denis (Francia) 222
Saktan 21
Salamanca 23, 25, 32, 39, 49, 65, 67, 87, 145, V
155, 156, 159, 275, 297, 313 Valdecasa 346
Salas de los Infantes (Burgos) 26 Valdecorneja, señorío de 317
San Cristóbal de Trabancos 58, 59, 229, 255, Valdeláguila, condado 271
325-328 Valladolid 50, 61, 67, 159, 160
San Esteban de Zapardiel 59, 131, 249, 303, Valvanera (La Rioja) 204
329-330, 345 Vega de Santa María 58, 59, 243, 303, 335-337
San Juan del Olmo 346 Velayos 298
San Martín de Elines (Cantabria) 147, 183, 189 Vellacos 263
San Miguel de Serrezuela 346 Vermenton (Francia) 153
San Millán de la Cogolla (La Rioja) 21, 30, 33 Vézelay (Francia) 149, 222
San Pedro de Arlanza (Burgos) 24, 143, 145 Vicolozano 346
San Pedro de Tejada (Burgos) 147, 149 Villacastín 21
Sanchofranco 26 Villacomer 295
Sangüesa (Navarra) 47, 153 Villafranca de la Sierra 222, 346, 350
Santa Cruz de la Serós (Huesca) 291 Villalcázar de Sirga (Palencia) 223
Santa María de Gómez Román monasterio de Villanueva del Aceral 59, 245, 339-340
(La Lugareja) 134 Villar de Gallimazo 57
Santervás de Campos (Valladolid) 297 Villar de Matacabras 56, 57, 58, 59, 293, 341-344
Santiago de Compostela 34, 36, 145, 148, 149, Villatoro 350
150, 151, 179, 223, 352 Villaverde 59
Santiago de los Caballeros (Segovia) 151 Villoria (Salamanca) 297
Santillana del Mar (Cantabria) 183 Vinaderos 309
Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) 222
Santo Domingo de las Posadas 295
Santo Domingo de Silos (Burgos) 145, 148 Y
Segovia 23, 36, 39, 50, 55, 65, 67, 86, 87, 145, Yuste (Segovia) 275
147, 151, 152, 197, 216, 287, 291, 348
Segura 86
Sepúlveda 23, 145, 152 Z
Sieteiglesias 24 Zamora 33, 49, 67
Sigeres 58 Zapardiel 22, 55, 295
Sigüenza (Guadalajara) 222 Zorita de los Molinos 346
Simancas (Valladolid) 21, 23
Sinlabajos 59, 307, 331-333, 345
Soria 39, 67
Sos del Rey Católico (Zaragoza) 47
Soto de la Aldehuela 349
48. Indices 13/2/08 10:15 Página 392