PREHISTORIA RECIENTE
DE LA PENINSULA IBERÍCA
Segunda Prueba de Evaluación Continua
(PEC)
IVAN FERNANDEZ GOYA
CENTRO ASOCIADO MADRID SUR
CURSO 2021-2022
Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur
EJERCICIO 1. Para la segunda prueba de evaluación continua se deberá realizar obligatoriamente el
comentario de la lámina adjunta
La presente lamina muestra un recipiente metálico de
bronce con forma de jarro piriforme (en forma de pera) de
carácter zoomorfo que muestra en su embocadura lo que parece
ser la cabeza de un ciervo por su cornamenta. Estamos ante el
conocido “Jarro de la Zarza”, anteriormente denominado “Jarro
de Mérida” con unas dimensiones de treinta centímetros de
altura, doce centímetros de anchura máxima y mil quinientos
gramos de peso. En la parte central trasera había originalmente
dos palmetas decoradas en forma de flor que conectaban el asa
de la jarra, de las que solamenta se conserva íntegra de una de
las dos palmetas, mientras la segunda así como una parte de
la asa aparecieron con posterioridad al hallazgo casual de este Fig. 1. Adaptado de “Una vez más, acerca
del jarro ritual "lusitano"...novedades
recipiente que ocurrió el 4 de abril de 1957 por unos iconográficas y técnicas sobre el jarro
laboradores en la localidad pacense de La Zarza. orientalizante de Mérida” (pág 490), por
JIMENEZ AVILA, J (1998). Mérida,
excavaciones arqueológicas Nº. 4, 1998
Este recipiente forma parte de una serie de objetos de
bronce que han sido denominados genéricamente como
“bronces tartésicos”, si bien con anterioridad fueron denominados púnicos,
hispanos púnicos, púnicos-tartessicos1 o incluso lusitanos, siendo encuadrados
cronológicamente entre los siglos VIII a VI a.C., los cuales fueron realizados en
su mayoría por artesanos tartésicos, esto es, población indígena, pero con la
influencia del “arte orientalizante”. Dentro de ese conjunto de objetos, se
encuentra un grupo extraordinario de jarros de bronce, de los que se conoce
veinte ejemplares, siendo el Jarro de Zarza uno de los más conocidos, que tienen
en común su hallazgo en el suroeste de la Península ibérica. Atendiendo a su
1 GARCIA Y BELLIDO 1960: 1
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Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur
tipología, se han establecido tres clases2 de jarros: un grupo piriforme, al que se
adscribe este jarro, un segundo grupo egiptizante, y un último grupo globular.
Centrándonos el grupo piriforme, al que se adscribe el recipiente objeto de este
trabajo, del que se conocen unos doce ejemplares, todos tienen en común forma
ovoide y piriforme, un asa que arranca a la mitad del recipiente con palmetas
decoradas en forma de flor y termina en la boca. De dicho grupo, presentan
decoración animal en la parte superior, tres ejemplares, este recipiente y el
hallado en la tumba 18 de la necrópolis de La Joya que muestran cérvidos, y el
hallado en Valdegamas (Don Benito, Badajoz) con boca trilobulada que muestra
una figura femenina (probable diosa de la fecundidad) con dos leones.
La atribución de estos jarros a la cultura tartésica se fundamenta según
García y Bellido y otros autores en que no se han encontrado jarros iguales en
el resto del Mediterráneo3, el número cercano a la veintena hallado en la
península ibérica, su homogeneidad y cronología próxima, sumado al hecho de
haber sido hallado en una zona pequeña de la geografía peninsular, vendría a
descartar su carácter fenicio o producto importado. Sin embargo, como
anteriormente se apuntaba hay una importante influencia fenicia e incluso
griegas e itálicas en los vasos piriformes peninsulares más tardíos como el
hallado en Valdegama (Don Benito) datado en el siglo VI a.C. Dicha influencia
se manifiesta en las innovaciones técnicas que luego se analizaran. Es probable
que este jarro fuera elaborado por artesanos fenicios establecidos en Tartesos o
incluso por artesanos Tartessos con contactos fenicios, pero no parece que fuera
elaborado por artesanos locales de la zona, toda vez que en la zona del hallazgo
del jarro, solo se conocen próximos dos asentamientos menores y agrícolas,
Holgados en la misma localidad de Zarza, y Palomar en Oliva de Mérida 4, que
no parece que pudieran tener la complejidad social y económica necesaria para
tener una elite que pudiera tener este tipo de ajuar funerario.
Volviendo al ámbito geográfico donde fueron hallados estos jarros, el
suroeste de la Península ibérica, la mayoría se encuentran en el valle del
Guadalquivir (Gadir, Sanlúcar, Niebla, Carambolo, Carmona, Santa Marta, Alcalá
del Rio), así como en el valle del rio Guadiana (La Aliseda, Valdegama, Siruela
y el recipiente objeto de este trabajo). Fuera del centro de esta cultura, esto es
las provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva, encontramos en lo que podríamos
señalar como “periferia cultural” de Tartessos, varios jarros piriformes al norte
del rio Tajo como en Villanueva, Candeleda, Sanchorreja e incluso la localidad
segoviana de Coca. Algunos autores5 han querido ver en esta distribución
espacial una ruta de expansión, desde el centro metalúrgico y productor del sur
de Andalucía en torno a Tartessos o Gadir, hasta el interior de la Meseta, a través
de una ruta comercial antigua precedente a la vía de la Plata
2
JIMENEZ AVILA 2005: 1092
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JIMENEZ AVILA 2005: 1092. Este autor señala que estos jarros metálicos repiten el mismo perfil que en zonas de
presencia fenicia, si bien reconociendo que los hallados en la Península ibérica y la península itálica presentan rasgos
regionales propios, como es el caso de la cabeza de ciervo del Jarro de La Zarzal
4
PALOMO MOLANO 2015.
5 GARCIA Y BELLIDO 1960: 19
3
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A nivel iconográfico decíamos que
presenta la cabeza de un ciervo con su
cornamenta, siendo muy habitual la
presencia del mismo en los bronces
tartésicos, como en el jarro de bronce
piriforme hallado en la tumba 18 de la
necrópolis de La Joya (Huelva) que presenta
un ciervo con el arranque de los cuernos, y
en la tapadera del timiaterio (quemaperfume)
de “La Codosera”. Algunos autores6 han
Fig. 2 y 3. Adaptados de Ruta de los Museos de Badajoz
asociado la presencia recurrente de este animal
con el mito tartésico de Habis o Habido, mítico
rey tartesso que fue criado por una cierva.
Este jarro ha sido datado en el siglo VII a.C., lo que nos permite
encuadrarlo dentro del segundo periodo de la historia de la cultura tartésica, que
tras un etapa inicial o geométrica (siglos X a IX a.C.), sigue una segunda etapa
denominada orientalizante que abarcaría durante los siglos VIII a VI a.C.,
caracterizada por grandes transformaciones respecto a la etapa anterior como
consecuencia de la presencia fenicia, aunque la población autóctona jugará un
papel muy importante.
La cultura tartésica durante el periodo orientalizante introduce importantes
innovaciones y cambios en la vida cultural y social como el uso del torno de
alfarero, introducción de la escritura entre las comunidades indígenas de la
Península ibérica. En la metalurgia aparece el trabajo con el hierro, nuevas
técnicas de orfebrería como la filigrana, el repujado y el granulado. Este
recipiente presenta importantes novedades tanto en su material como en el
proceso de elaboración, que lo diferencia de las técnicas propias del Bronce final
y pone de manifiesto la precitada influencia orientalizante. En cuanto a la materia
este jarro presenta un bronce ternario, esto es, además de la aleación binaria de
cobre y estaño propia del Bronce final, presenta un porcentaje importante de
plomo. El proceso de elaboración fue también innovador al utilizar la técnica de
fundición a la cera perdida, que permitía realizar un molde del jarro en cera
blanda, realizado sobre un núcleo de material refractario, lo que facilitaba la labor
de decoración del recipiente y en su caso la corrección de los errores en la labor,
frente al trabajo directo sobre el metal endurecido que hacía muy complicado las
rectificaciones sobre el trabajo realizado. Una vez obtenido el molde de cera,
éste era recubierta con una capa de arcilla hasta formar un compacto molde, que
era introducido en el horno con la finalidad de endurecer todo el conjunto y
derretir la cera. Una vez obtenido el molde final, se introducía en el hueco que
había quedado libre al derretirse la cera, el líquido broncíneo a altas
temperaturas. Cuando el modelo se encontraba frio, éste se rompía y retirándose
de su interior el resultado final, el jarro piriforme sin la base, pero al presentar
impurezas e imperfecciones requería un ulterior trabajo de refinado.
Señalábamos que del trabajo de fundición se obtenía el jarro, pero sin la base
6
JIMENEZ AVILA 1998: 493
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inferior, la cual debía ser posteriormente añadida. Esta base también se obtenía
mediante la técnica de fundición a la cera perdida, y las zonas de contacto entre
el jarro y la base inferior fueron biseladas para facilitar el contacto entre ambas.
Ahora quedaba la unión de estas, para la que los artesanos no recurrieron al
soldado, sino al remachado, realizándose agujeros coincidentes entre ambas
piezas que se unían con remaches.
Fig. 3. Proceso de elaboración del Jarro de La Zarza. Adaptado de “Una vez más, acerca del
jarro ritual "lusitano"...novedades iconográficas y técnicas sobre el jarro orientalizante de Mérida”
(págs.490 y 494), por JIMENEZ AVILA, J (1998). Mérida, excavaciones arqueológicas Nº. 4,
1998.
En cuanto a la función de este recipiente, a pesar de tratarse de un jarro
cuya morfología con una sola asa y un estrecho cuello a prima facie harían
pensar que estaría pensado para contener y verter liquidos, pero su elaboración
en bronce y bello acabado no casaría con un uso domestico. En un primer
momento, se relacionó con un culto primitivo de origen tótemico a los animales.
7El hallazgo de jarros de bronce como ajuares funerarios en el contexto de
tumbas principescas con una finalidad de diferenciación social, junto a braseros
y palanganas, permiten atribuir a este jarro una función ritual de lavado del
cadaver en el contexto de un ajuar funerario, aunque dicha conclusión se ve
dificultada porque en el lugar del hallazgo no se encontró ninguna
documentación arqueologíca adicional. La cultura tartesica con unos ritos
funerarios en que coexístia la cremación con la inhumación, ubicándose en
tumbas planas como tubulares, con grandes tumulos, se caracterizo por la
introducción de nuevos objetos rituales de bronce, como los ya citados, jarros,
braseros o palanganas de bronce y el timaterios o quemaperfume. Este conjunto
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GARCIA Y BELLIDO 1960: 17
5
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suntuario se completaba con objetos de otros materiales como platos vacíos para
banquetes funerarios, y objetos de marfil, peines, cucharas, frascos de alabastro,
armas huevos de avestruz, y cerámica.
BIBILIOGRAFIA
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Fernandez Vega, A. (coord..) et alii. Prehistoria II: Las sociedades
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GARCIA Y BELLIDO, A. (1960). Inventario de los jarros púnico-tartésicos. Archivo
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JIMENEZ AVILA, J (1998). Una vez más, acerca del jarro ritual
"lusitano"...novedades iconográficas y técnicas sobre el jarro orientalizante
de Mérida. Mérida, excavaciones arqueológicas Nº. 4, 1998, págs. 489-504
-------- (2005). De los Bronces Tartésicos a la Toreútica orientalizante. La Broncísta
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Ruta de los Museos de Badajoz (5/06/2018). 7. Protohistoria.
[Link]
6
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EJERCICIO 2. Sobre un mapa mudo situar los diferentes yacimientos que se citan en el texto,
diferenciando las tres culturas (tartesa, fenicia y griega) y dentro de cada una de ellas los diferentes
asentamientos (hábitats, necrópolis, santuarios) pág. 381.
El presente mapa muestra una visión general de todos los yacimientos
citados en el tema 9 del libro.
7
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Teniendo en cuenta que varios de los yacimientos tuvieron fueron
habitados por más de una cultura, se acompañan mapas en detalle de las dos
áreas fundamentales:
8
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A continuación, se analizan cada uno de los yacimientos tartésicos en
relación a los aspectos reseñados en el epígrafe.
1. El Carambolo, ubicado en el cerro del mismo nombre en la localidad
Sevillana de Camas, junto al borde oriental de la localidad de Aljarafe. El
nivel inferior de este poblado tartésico está datado en el siglo IX a.C., sin
embargo, la principal construcción es un santuario fenicio dedicado a la
diosa Astarté, que será analizado al hablar de los yacimientos fenicios.
Este yacimiento es conocido por el hallazgo en 1958, esto es un año
después del jarro comentado en la primera parte de este trabajo, de un
tesoro compuesto por veintiuna piezas de orfebrería de oro, datadas en el
siglo VIII a.C., atribuidas a la cultura tartésica.
2. Setefilla, situado en el Cerro de la Mesa en la localidad sevillana de Lora
del Rio. El momento de mayor poblamiento de este asentamiento fue en
el periodo orientalizante, habitándose toda la meseta y no solamente el
mencionado cabezo.8 Debido a las posteriores ocupaciones que
destruyeron los niveles protohistóricos, solamente se ha conservado una
necrópolis de dicho periodo con diez túmulos.
3. Carmona (Sevilla), tiene su fundación en época calcolítica, pero alcanza
su mayor expansión atendiendo a nivel perimetral en el periodo tartésico,
el experimentado en el siglo VI a.C. una importante modificación
importante del habita, tras un posible incendio.
En cuanto al asentamiento, destaca varias necrópolis halladas en los
rebordes montañosos (“alcores”) cercano a las Vegas de esta localidad,
sobre todo el Acebuchal, con enterramientos tumulares datados en el
periodo orientalizante.
4. Hispalis (Spal), si bien tradicionalmente se atribuyo a los fenicios la
fundación de la misma, la mayoría de los autores consideran que la
fundación como hábitat durante el periodo tartésico9, e incluso algunos
investigadores consideran a Hispalis como capital del reino tartésico, y su
mayor templo sería el hallado en el yacimiento del Carambolo en la
cercana localidad de Camas.
5. Corduba, aunque su origen como núcleo de población se remonta al III
milenio a.C., será hacía el siglo VIII a.C. durante el periodo orientalizante
cuando se configure como un núcleo importante protourbano en la zona
de la Colina de los Quemados con una extensión aproximada de
cincuenta hectáreas, con un control de los recursos económicos de la
región, en particular los mineros de Sierra Morena. El poblado ubicado en
la mencionada colina experimentará su mayor extensión en el periodo
tartésico.
8
J.L. ESCACENO CARRASCO (1993), págs.188-9
9
J.L. ESCACENO CARRASCO (1993) pág.196
9
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6. Onuba, se sitúa sobre los cabezos de Esperanza, Molino del Viento y San
Pedro, de la capital onubense donde se han hallado restos de hábitats
orientalizante desde el siglo IX a.C. Esta población experimentó un
importante esplendor durante el periodo tartésico fruto del control y
exportación a través de los intermediarios fenicios de los recursos mineros
de Rio Tinto, que también será causa de su declive al retroceder el
comercio a causa de la caída de Tiro por la conquista asiria.
En cuanto al asentamiento, destaca la necrópolis de La Joya, situado en
el cabezo del mismo nombre, ubicado en el noroeste de la ciudad, es
considerada una de las necrópolis orientalizantes más importantes de la
península ibérica con más de treinta tumbas excavadas, con ricos ajuares
asociados a la riqueza acumulada por las elites gracias al comercio del
metal.
7. Niebla, este asentamiento onubense tiene su origen en el siglo VII a.C., y
a diferencia del anterior, no sufrió abandonos por la crisis generada por la
crisis fenicia según los estudios estratigráficos.
8. Montemolín, situado en las vegas de localidad sevillana de Marchena,
junto al río Corbones, en un cruce de comunicaciones muy utilizados en
la antigüedad. Conoció un poblamiento permanente desde el Bronce final
hasta el periodo orientalizante (siglo VI a.C.), en que hubo abandono de
partes del asentamiento, cuyas causas se desconocen. En dichas zonas
se han encontrado cuatro edificaciones de planta rectangular y
cuadrangular con muros de basamento de piedra y alzados de adobe con
cierta influencia oriental, que algunos autores han atribuido a la presencia
de numerosa y activa de personas de procedencia oriental. Unos de los
cuales por el hallazgo de restos óseos animales se le atribuye una función
sacrificial dedicado al sacrificio, despiece, manipulación y reparto de la
carne de animales domésticos.
9. La Aliseda, en esta localidad cacereña frutó de un hallazgo casual en 1920
se descubrió un tesoro integrado por múltiples joyas de oro y otros
metales, que se ha atribuido a la cultura tartésica con una datación del
siglo VI a.C. con una función de ajuar funerario. Desgraciadamente las
condiciones del hallazgo y su intento de expolió impiden contextualizar el
hallazgo.
10. Calañas de Marmolejo, este pequeño asentamiento se ubica en la
localidad jienense de Villa de Marmolejo. A diferencia de otros
asentamientos reseñados situados en cerros, cabezos u otras
elevaciones, este se localiza en un llano, careciendo de sistemas de
defensa, seguramente por su función agrícola. El origen se ha situado a
finales del siglo VII a.C., caracterizado por tener unas dimensiones
reducidas en torno a una hectárea, y una división funcional espacial, con
10
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un espacio de carácter residencial, y otro productivo, dedicado a un taller
cerámico y probablemente otro metalúrgico.
11. Torreparedones, este yacimiento se localiza en la vega oriental
cordobesa, dentro del municipio de Baena, al igual que el anterior de una
planicie, pero esta presenta un recinto amurallado que cubría un
perímetro de más de diez hectáreas.
12. Cerrillo Blanco de Porcuna, ubicado en la campiña jienense en la localidad
de Porcuna, se halla una extraordinaria necrópolis datada en el siglo VII
a.C. compuesta de 24 sepulturas individuales en fosa y 1 megalítica en la
que se enterraron dos individuos, con importantes ajuares funerarios que
debieron corresponder a elites locales. Dichas clases dirigentes
alcanzarían un status importante en la época ibera (Obulco) por el
hallazgo en esta misma zona en zanjas cubiertas por grandes piedras de
uno de los mejores conjuntos de escultura ibera, destruido
intencionadamente.
13. Cástulo, situado en el cerro de la Muela de la localidad jienense de
Linares. Este asentamiento tuvo gran importancia por el control de las
minas de Sierra Moreno. En el poblado de la Muela, situado al pie del
mencionado cerro se han encontrado un taller de fundidores y un
santuario datado en el siglo VIII a.C., en las cercanías del rio Guadalimar,
caracterizado por un patio interior de gran tamaño que era precedido por
un patio de acceso.
Asimismo, se ha encontrado a orillas de referido río en los Higuerones de
Torrubia, dentro de este municipio, una importante necrópolis
orientalizante datada en el siglo VII-VI a.C., compuesta por cuatro
túmulos.
14. Castellar de Librilla, este yacimiento dentro del área mediterránea, se
ubicó en el Cabezo de Basón y sus laderas, dentro de la localidad
murciana de Librilla. Este asentamiento experimenta entre finales del siglo
VIII y todo el siglo VII una expansión fruto del desarrollo económico y
demográfico fruto de la actividad comercial con los fenicios, lo que se ha
evidenciado tanto en el aumento de las estructuras de habitación, de
planta cuadrangular, como en la calidad de construcción, con zócalos
altos de piedra y alzados de adobe, junto a escalones de acceso a las
viviendas, goznes de piedra para las puertas e incluso enlucidos pintados.
Dicho crecimiento económico también se proyecta en un protourbanismo,
con la ordenación en calles, con dos alineaciones paralelas de casas por
cada calle10. También hubo un taller metalúrgico.
10
M. ROS SALA (1988).
11
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15. Peña Negra, situado en la localidad alicantina
de Crevillente (ver figura 4 con siglas PN), fue
un asentamiento que tiene sus orígenes en el
Bronce final, habiéndose identificado con la
ciudad de Herna mencionada por Avieno.
Junto a la Fonteta, analizado en los
yacimientos fenicios, formaron dos núcleos
urbanos separados a escasos 20 kilómetros
que controlaron el comercio en el área del
bajo Segura, junto a otros poblados menores
como el Cabezo Peño de Estaño y Los
Saladares, que se analizaran posteriormente.
Contaba con viviendas angulares con
zócalos de piedra.
Fig. 4. Diferentes asentamientos tartésicos y fenicios en
16. Los Saladares, ubicado en un cabezo Alicante. Adaptado de “La presencia fenicia en la
próximo a la Sierra del Hurchillo, al sur del Península Ibérica: el Cabezo Pequeño del Estado” (pág.
114) por García Menárguez, A et alii. En Trabajos de
curso del rio Segura (ver figura 4 con siglas Prehistoria nº71 nº1 enero-junio 2014
SAL), dentro del municipio alicantino de
Orihuela, dentro de la mencionada área del
bajo segura, existiendo relaciones entre los mencionados asentamientos
fenicios de dicha zona. Se han hallado restos de algunas viviendas con
zócalos de piedra.
17. L´alto de Benimaquia, situado en un cerro en la localidad alicantina de
Denia. Contaba con un importante recinto defensivo datado en siglo VII
a.C., con una extensa muralla jalonada con seis torres cuadrangulares y
trapezoidales de influencia fenicia, que pudieron tener, además de una
obvia función defensiva, una función de prestigio. Fueron halladas lagares
y otras construcciones relacionadas con la producción vinícola datadas
entre el siglo VII-VI a.C., siendo una de las primeras explotaciones
especializadas conocidas en la península ibérica, que si bien fue
introducida por los fenicios, fue producida por la población indígena.
18. Aldovesta, ubicado en el curso bajo del rio Ebro en la localidad
tarraconense de Benifallet. Este yacimiento datado en los siglos VII-VI
a.C. era un establecimiento comercial ubicado en una terraza del Ebro,
con un edificio integrado por varias estancias de planta cuadrangular y
circular. Además de su función de habitación, se dedicaba al
almacenamiento y distribución de productos fenicios procedentes de
barcos fenicios arribados al Ebro para la población indígena.
19. Medellín (Metellinum), situado en las vegas altas del Guadiana de la
localidad pacense. El asentamiento se ubicó en el Cerro del Castillo con
una posición estratégica al lado del rio Guadiana. Al pie del citado cerro,
12
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se encuentra la Necrópolis del Pozo, en el lecho del rio, cuya ubicación
se ha relacionado con creencias funerarias que vinculaban los ríos como
lugares de transito al más allá, compuesta de túmulos, bustum (piras
funerarias), y urnas funerarias en hoyos.
Seguidamente se hace lo mismo con los yacimientos fenicios sobre los aspectos
interesados en el epígrafe.
1. Gadir, este asentamiento se ubicó en una de las tres islas situadas en el
estuario del rio Guadalete, bajo la actual Cádiz, cuya fundación se atribuía
según la tradición histórica a los Fenicios de Tiro sobre el 1100 a.C.,
aunque en la actualidad se sitúa sobre el 870 a.C. Esta metrópolis
mercantil urbana se configuró como la colonia más importante de la
península ibérica, organizando y monopolizando el comercio peninsular
que se estableció con el pueblo tartésico con la metrópoli de Tiro.
En cuanto al asentamiento, destaca la necrópolis situada fuera del
poblado con enterramientos con cistas compuestas por sillares, y sobre
todo el santuario o tempo consagrado a la diosa fenicia Melqart, que se
convirtió en uno centros religiosos más importantes del mundo fenicio.
2. Toscanos, situada en el cerro del Peñón en la desembocadura del rio
Vélez (Málaga), en lo que actualmente es la localidad malagueña de
Velez-Malaga. Fue fundada aproximadamente en el 700 a.C.,
experimentado un fuerte crecimiento demográfico a lo largo del siglo VII
a.C., pudiendo haber alcanzado hasta 1500 habitantes, y abandonada en
el 550 a.C.
Respecto al asentamiento, defendido por muro perimetral destaca un
edificio grande con tres naves, posiblemente con dos pisos, que a la vista
de su estructura y del hallazgo de ánforas fenicias y cerámica griega, pudo
tener una función de almacén o comercial. Este poblado contó con dos
necrópolis, Vega de Mena situado en el Cerro del Mar, y la necrópolis de
Jardín.
3. Morro de Mezquitilla, ubicado en el estuario del Rio Algarrobo en Málaga
en la cima de una colina. Esta factoría fenicia fue fundado sobre el siglo
VIII a.C. y abandonado sobre el 500 a.C.
Este poblado se caracteriza por presentar un trazado regular de calles y
viviendas con cimentaciones profundas, zócalos de mampostería,
divididas en varias habitaciones y paredes de tapial.
En la otra orilla del rio Algarrobo se ubica la necrópolis de Trayamar, que
presenta grandes hipogeos datados entre el 650 y 600 a.C., con cinco
grandes ajuares funerarios en su interior (destaca el conocido medallón
de Trayamar)
13
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4. Almuñécar (Sexi), esta colonia fenicia estuvo ubicada en el estuario de los
ríos Seco y Verde sobre el actual Castillo de la localidad granadina.
Inicialmente pudo tener una población indígena preexistente en una
pequeña península situada actualmente entre los cerros de San Cristóbal
y Velilla. Según Estrabón Sexi fue el primer punto de contacto de los
fenicios con la costa peninsular.
En cuanto al asentamiento, destacan dos necrópolis (Laurita y San
Cristóbal), situándose la primera en la ladera de uno de los cerros,
presentando un pequeño grupo de hipogeos, con ricos ajuares funerarios
5. Torre de Doña Blanca, situado en una elevación artificial a modo de tell
en el Puerto de Santa María. Este asentamiento costero fue fundado en
el siglo VIII a.C. con presencia fenicia hasta el siglo VI a.C., teniendo
vinculaciones con la metrópolis mercantil de Gadir., e incluso algunos
autores han planteado que la fundación originaría de la mencionada
metrópoli tuviera lugar en este asentamiento, y luego la isla de Cádiz fuera
ocupada en el siglo VII a.C. Contaba con murallas defensivas.
El poblado presenta viviendas con un importante urbanismo, así como
una necrópolis, Las Cumbres.
6. Huelva (Onoba), en la pequeña isla fluvial situada en la ría de Huelva,
entre las localidades onubenses de Huelva y Punta Umbría, algunos
autores señalan la posible existencia de una colonia fenicia11, con una
extensión inicial entre 2 y 3 hectáreas alcanzando las 10 en el siglo VII
a.C., siendo una de las primeras colonias fenicias de Tiro en occidente.
Otros autores lo ubican al pie del Cabezo de San Pedro, junto al actual
puerto onubense, e incluso otros investigadores señalan que los tartesos
de la zona expulsaron a los fenicios de onoba, trasladándose a [Link]
la zona del Cabezo de San Pedro se han hallado restos de un pequeño
templo
7. Peña Negra, véase lo explicado en el yacimiento tartésico.
8. Los Saladares, véase lo explicado en el yacimiento tartésico.
9. Castro Marim, situado en una colina en el margen derecho del rio
Guadiana, en la región del Algarve portugués, con importantes relaciones
comerciales con el área de la Andalucía Occidental y el bajo Guadalquivir,
siendo abandonado en la segunda mitad del siglo VII a.C.
10. Medellín, véase lo explicado en el yacimiento tartésico.
11. Cástulo, véase lo explicado en el yacimiento tartésico.
11
A. MEDEROS MARTIN (2006) pág. 168
14
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12. Jardín, hace referencia a una necrópolis vinculada al asentamiento ya
mencionado de Toscanos.
13. Villaricos (Baria), situada sobre la desembocadura del rio Almanzora, que
formaba una amplia bahía dominada por esta colonia, siendo citada por
múltiples autores latinos (Plutarco, Valerio Máximo entre otros). Fue
ocupada por los fenicios en el siglo VIII a.C., teniendo su esplendor en los
siglos V-IV a.C., siendo también ocupadas por los púnicos, romanos,
visigodos y bizantinos. Esta colonia pudo tener un muro defensivo,
habiéndose documentado profundos fosos.
El poblado presenta casas con gruesos muros de piedra y suelos de
pizarra, ladrillo, tierra o mortero.
14. Cueva de Gorham, este conjunto de cuevas situado en el Peñón de
Gibraltar, de enorme importancia en cuanto al paleolítico, cuenta con una
cavidad de 102 metros con un monumental vestíbulo con una bóveda de
40 metros. En lo que interesa a este trabajo, la cueva tuvo un uso cultural
como cueva santuario a finales del siglo IX a.C. o principios del siglo VIII
a.C., con presencia de ofrendas de origen fenicio oriental, con cerámica
fenicia propia del mediterráneo andaluz.
15. Cerro de San Juan (Caura), ubicado en la localidad sevillana de Coria del
Rio, constituyo una factoría fenicia datada entre los siglos VIII y VI a.C.,
con puerto, al desembocar el rio Tartesosos en el mar a la altura de dicha
localidad. Destaca un importante santuario datado en el siglo VII a.C.
16. El Carambolo, en este celebre yacimiento tartésico ya mencionado, las
estructuras arquitectónicas halladas se han interpretado12 como un recinto
culto, siendo básicamente un santuario o templo fenicio dedicado a la
diosa Astarté, datado en el siglo IX a.C., que fue levantado por los fenicios
a la vez que fundaban Sevilla. Inicialmente la construcción comenzó como
una construcción formada por dos capillas con acceso desde un patio
delantero hasta recibir sucesivas ampliaciones que lo configuraron como
el mayor templo levantado en el área tartésica durante la fase arcaica de
la colonización fenicia.
17. Cerro de las Chorreras, esta colonia fenicia se formo sobre dos
promontorios separados por una vaguada a escasos dos cientos metros
de la costa, a menos de un kilometro del citado asentamiento de Morro de
Mezquitilla. Fue ocupada entre el 800/700 y el 700/650 a.C, siendo uno
de los yacimientos fenicios más antiguos junto al anteriormente
mencionado.
Atendiendo al gran número de ánforas y jarras de gran tamaño halladas
en las viviendas pudo tener una función de almacenamiento industrial y
mercantil.
12
M.L DE LA BANDERA ROMERO (2019): pág. 100
15
Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur
En cuanto al asentamiento, presenta un trazado regular de las calles y
viviendas de gran tamaño aisladas pero dispuestas a ambos lados de
calles anchas. Las viviendas presentan una importante calidad
constructiva, compartimentadas en varias habitaciones, y alzadas con
cantos rodados y arcilla.
18. Cerro del Villar, ubicado en la margen derecha del rio Guadalhorce
(Málaga), sobre lo que fue una antigua isla situada en la desembocadura
de dicho rio. Estuvo ocupada entre el siglo VI a.C. hasta el 570 a.C. en
que fue abandonada debido a múltiples causas medioambientales
(deforestación, inundaciones e incluso un tsunami).
El poblado presenta una división por calles, así como grandes casas
construidas con adobe.
19. La Fonteta, situado en la desembocadura del rio Segura en la localidad
alicantina de Guardamar del Segura (ver figura 4 como siglas FON). Se
trata de un asentamiento portuario con presencia fenicia entre el siglo VIII
a VI a.C.13, siendo el asentamiento fenicio más septentrional de la
península ibérica, contando con un sistema defensivo compuesto por
muralla, foso, bastiones y antemural.
En cuanto al poblado, se han hallado viviendas adosadas a las murallas,
y edificios para uso comunitario (culto, almacenes y corrales).
20. Cabezo Pequeño del Estaño, ubicado en un cerro sobre la
desembocadura del rio Segura (ver figura 4 con siglas CPE) en la
localidad alicantina de Guardamar del Segura, en un área como la de bajo
Segura con una gran concentración de asentamientos fenicios entre los
que destacan además el anterior y el posteriormente analizado de Los
Saladares. Este establecimiento costero se ha datado entre el siglo VIII y
principios del [Link] a.C. presentando un importante recinto amurallado,
salvo en las zonas que contaban con defensas de carácter natural, así
como bastión y torre.
Las viviendas siguen el modelo de otros centros fenicios arcaicos como
Chorreras o el Morro de Mezquitilla, con división en varios
compartimentos.
Algunos autores han planteado un abandono voluntario de este
asentamiento por la escasez de los materiales arqueológicos hallados,
siendo la posible causa el traslado a un centro más grande y favorable,
como pudo ser el anteriormente analizado de la Fonteta, e incluso el
asentamiento operase como centro avanzado dependiente de aquél14.
21. Ibiza (Eivissa), fue fundada en una bahía, por los fenicios entre el 700 y
650 a.C., convirtiéndose esta colonia en uno de los centros comerciales
13
A.J. LORRIO (2019) pág. 75
14
A. GARCIA MENARGUEZ (2014), pág.126
16
Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur
más importantes del mediterráneo por su situación estratégica en las rutas
comerciales. Se ha planteado que, con carácter previo a la fundación
fenicia de Ibiza, previamente se estableció una asentamiento en Sa
Caleta.
En cuanto al asentamiento, destaca un santuario en Illa Plana, y sobre
todo la necrópolis de Puig de Molins.
22. Los saladares, véase lo anteriormente expuesto.
Por último, los asentamientos griegos, presentan mayores problemas de
cara su análisis, pues salvo los casos de Emporion y Rhode, nos encontramos
con una serie de colonias griegas citadas por autores clásicos como Estrabón
que no han sido halladas o identificadas plenamente.
1. Alonis, es una antigua colonia de Massalia (Marsella) fundada en el siglo
V a.C. en tierras alicantinas, siendo la segunda de las poblaciones griegas
asentadas y establecidas en el sudeste peninsular. Esta colonia era citada
indirectamente por Estrabón al referirse a referirse a tres poblados
masiolitas no muy lejanos al rio Segura. La ubicación concreta de Alonis
es discutida actualmente, siendo abundante la presencia de cerámica
griega en esta área, decantándose los investigadores principalmente
entre el yacimiento de La Picola en Santa Pola con un urbanismo muy
próximo a los modelos helenos, y Villajoyosa.
2. Hemeroskopeion, al igual que la anterior nos encontramos con una antigua
colonia de Massalia, de la que solamente tenemos referencias indirectas
en autores clásicos. Los autores han planteado su ubicación en el entorno
de Denia y Jávea, e incluso que se tratara de un barrio comercial griego
dentro de un poblado indígena.
3. Emporion, situada en la Bahía de Rosas, en la actual localidad gerundense
de Ampurias, los foceos funda una colonia en el 575 a.C. en el islote de
San Martin (Palaiapolis) a modo de puerto franco. Posteriormente en el
siglo VI a.C. esta colonia pasa al control de Massalia, experimentando un
importante crecimiento, que requirió un territorio más grande donde
ubicarse, trasladándose al interior (Neapolis), alcanzando una extensión
de tres hectáreas. Posteriormente se creó un recinto defensivo ya en el
siglo V con un foso y una torre ante el crecimiento del imperio púnico.
En cuanto al asentamiento, presenta un trazado helénico, si bien fuera de
las murallas defensivas había viviendas de población indígena, que en
ampliaciones posteriores de la ciudad fueron incorporadas en el interior
del recinto amurallado. Hay que destacar el templo consagrado a
Asclepios, que fue objeto de una importante ampliación en el siglo I a.C.
siendo dedicado al dios egipcio Serapis.
17
Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur
Fuera de la muralla se localizaron las necrópolis de Martí y Bonjoan,
habiéndose hallado necrópolis más recientes en la Colina de las Corts.
Mención aparte requiere el desaparecido puerto de esta colonia, un
elemento importante dado el carácter comercial de la misma. En cuanto a
su ubicación, algunos autores consideran que se ubicaría en una actual
depresión dedicada a tierras de cultivo, delimitada al norte por el Cerro de
Sant Martí, al oeste por un acantilado y al sur por el terreno ocupado por
Neápolis.
4. Mainake, al igual que los casos de Alonis y Hemeroskopeion, nos
encontramos con otra de las fundaciones griegas perdidas, citadas por
autores latinos (Avieno, Estrabón), si bien en este caso en la costa
andaluza de Granada o Málaga. Actualmente las principales posturas en
cuanto a su ubicación se centran en la colonia fenicia de Toscanos, y en
la Malaka, otra colonia fenicia en Málaga.
5. Rhode, al igual que Emporion se ubicaba en una pequeña isla de la Bahía
de Rosas, distando de aquélla a menos de veinte kilómetros. Fue fundada
en el siglo VIII a.C. siendo objeto de discusión si fue por el pueblo rodio o
por los emporitanos, si bien posteriormente pasará al control de
Massalios. Inicialmente tuvo una función de aprovisionamiento, y a partir
del siglo III a.C. tiene una fase expansión, con importantes relaciones con
Emporion, el sur de la Galia y Massalia.
Respecto al asentamiento, presenta un trazado típicamente helénico tipo
octagonal.
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