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Cerámica Cardial en el Neolítico Ibérico

Prehistoria Reciente Península Iberica Uned Prueba evaluación continua

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PREHISTORIA RECIENTE

DE LA PENINSULA IBERÍCA

Primera Prueba de Evaluación Continua


(PEC)

IVAN FERNANDEZ GOYA

CENTRO ASOCIADO MADRID SUR

CURSO 2021-2022
Iván Fernández Goya Centro Asociado Madrid Sur

EJERCICIO 1. Para la primera prueba de evaluación continua se deberá realizar obligatoriamente el


comentario de la lámina adjunta

La presente lamina muestra un recipiente cerámico decorado que


presenta una morfología globular, con un cuerpo amplio con dos asas de tipo
anular horizontales, y un cuello estrecho. Atendiendo a su forma, este recipiente
puede encuadrarse en la tipología de botella. Se observan marcas redondas en
el cuerpo de la botella que pudieran ser marcas de desengrasante.
En cuanto a la decoración de este recipiente se utilizó una técnica de
impresión, consistente en aplicar un objeto sobre la pasta de la arcilla cuando
aún estaba blanda, en este caso, atendiendo a la presencia de puntos en bandas
horizontales y verticales tanto en el cuerpo como en el cuello del recipiente, se
debió realizar mediante la aplicación de la comisura almenada de la valva
probablemente de un molusco Cardium Edule (Berberecho). La característica
decoración que muestra esta botella cerámica nos permite encuadrarlo dentro
de la denominada Cerámica Cardial, horizonte cultura del neolítico inicial
mediterráneo, que tiene su origen en el Mediterráneo oriental en la zona adriática
sobre el 7000 a.C., extendiéndose por toda la región mediterránea, con una
importante presencia en la península italiana (Cultura Molfetta y Danilo), sur de
Francia (Cultura Sauveteriense) hasta alcanzar las costas de la Península ibérica

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sobre el 6000 a.C. La influencia de la cerámica cardial se extiende también al


Sahara y Magreb con la aparición de muestras de esta cerámica en las Cuevas
de Achakar y el Khril (Tanger).
Este ejemplar es muy similar tanto en la morfología del recipiente cerámico como
en su decoración a botellas y botellitas de cerámicas halladas en las conocidas
cuevas alicantinas de Cova de L´or y La Sarsa, por lo que dicho ejemplar podría
asociarse al Neolítico de cerámicas cardiales, una de las facies del Neolítico
inicial en la Península Ibérica, caracterizada por el predominio absoluto de la
cerámica cardial, con una cronología situada en el VI milenio a.C., y con un
ámbito geográfico delimitado en el levante peninsular desde Cataluña hasta el
oriente andaluz, con presencia el interior de Aragón, Albacete e incluso en
Portugal.
Dentro de la referida facies se han señalado (Martí Oliver, 1987) dos fases
diferenciadas. Una primera fase cardial stricto sensu caracterizada por un alto
porcentaje de la decoración impresa cardial, con una tendencia hacía el
barroquismo en los motivos decorados. Una segunda fase, epicardial, situada
hacía el final del neolítico inferior, donde la presencia de la decoración impresa
cardial disminuye, sin dejar de ser la mayoritaria, apareciendo otras de tipo
inciso, acanaladas..etc., apreciándose una tendencia a la simplificación de
formas y acabados. Dicha tendencia culminará con la desaparición de la
cerámica cardial en el Neolítico medio, en que será sustituida por las otras
formas de decoración cerámica.
El Neolítico introduce dos importantes novedades a nivel tecnológico, la
aparición de la cerámica, y en la industria lítica la técnica del pulimento de la
piedra frente al tallado de las fases precedentes. Centrándonos en la primera
novedad, la cerámica, esta aparece de manera progresiva y lenta al comienzo
del Neolítico.
En un primer momento, durante el Pre-Pottery Neolithic o Neolítico precerámico
A (PPNA) y B (PPNB) desarrollado en Próximo oriente entre el 12.175 y la 8.900
cal BP se realizan figuritas de arcilla y algunos objetos de menaje, con una
función principalmente de prestigio. El uso de la cerámica se generalizará a partir
del denominado Neolítico Precerámico (8.400 y la 6.500 cal BP) en dicha región,
con un carácter más funcional, con recipientes para el almacenamiento de
mediante contenedores, manipulación de los alimentos ([Link]. cocinado de
alimentos mediante cuencos, ollas…), procesado de alimentos ([Link]. procesado
del cereal...) y el traslado-servicio de alimentos y bebidas mediante cantaros,
jarras y botellitas como la que nos ocupa. La cerámica aparece en un contexto
socio económico en que la transición de una economía cazadora-recolectora a
una productora de alimentos se acelera, intensificándose la actividad agrícola y
ganadera, la domesticación del ganado y la obtención de productos secundarios
derivados de la actividad ganadera (La revolución de los productos secundarios
según la expresión acuñada por Sherrat).

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El proceso de fabricación de este recipiente comenzaría con la extracción


de la arcilla, secado y posteriormente mezclado en agua para obtener una pasta
cerámica. Tras lo cual se procedería a la elaboración manual de la pieza,
mediante alguna de las técnicas existentes en el neolítico inicial, esto es, el
modelado o moldeado, excluyéndose su fabricación mediante torno al situarse
su origen en la península ibérica en el S. VII a.C. (Menéndez, M., 2011). El
acabado de la botella, con la arcilla no completamente seca se realizaría
mediante el alisado y el espatulado en su caso para regularizar las superficies
de la pieza, y para darle el brillo que presenta la misma se utilizaría la técnica del
bruñido mediante la frotación intensa.
La última fase en la fabricación de esta botella sería la cocción para darle la
dureza e impermeabilización de esta, mediante un primitivo horno
probablemente cerrado o en el interior de un agujero, en que la cocción fuera sin
oxígeno, atendiendo al color negruzco que presenta la pieza, aunque también
pudiera explicarse por un alto contenido de silíceo en la arcilla
Los grupos del Neolítico inicial peninsular, en particular en la zona
alicantina, se caracterizaron por vivir en asentamientos al aire libre, manteniendo
el uso de las cuevas como lugares de refugio temporal, almacenamiento,
funerarios o santuarios, careciendo esta región de monumentos megalíticos.
Precisamente en algunas cuevas, abrigos y covachas de la Sierra alicantina
d´Aitana, los primeros agricultores del neolítico valenciano dejaron muestras de
una modalidad extraordinaria y singular del arte rupestre postpaleolitico,
caracterizado por una temática de figuras antropomorfas, motivos geométricos
de gran tamaño, recibiendo por ello la denominación de Macro esquemático,
para diferenciarlo de las más conocidas manifestaciones de dicho arte, como el
Esquemático y Levantino. En algunas de dichas pinturas como las
representaciones antropomorfas orantes halladas en el Abrigo V del Plà de
Petracos en Castell de Castells (Alicante) se han apreciado un importante
parecido con elementos decorativos hallados en recipientes cerámicos con
decoración impresa cardial hallado en cuevas cercanas como la Cova de L´Or
(Alicante), Cova de La Sarsa (Valencia) y Cova de las Rates Penaes (Valencia).

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BIBILIOGRAFIA
- Fernandez Vega, A, y Hernando Grande, A. (2010). Tecnología Cerámica.
En Ripoll López, S. (Coord.) et alii. La Prehistoria y su metodología.
Editorial Universitaria Ramon Areces.
- Fernandez Vega, A, y Hernando Grande, A. (2013). Las primeras
comunidades agrícolas y pastoriles en la península Ibérica. En Menéndez
Hernández, M. (Coord.) et alii. Prehistoria reciente de la Península Ibérica.
Editorial Universitaria Ramon Areces, pág. 109 y ss.
- Maíllo Fernandez, J.M (2015). El Neolítico en Europa: introducción. El
Neolítico inicial. La consolidación del Neolítico. En Fernandez Vega, A.
(coord..) et alii. Prehistoria II: Las sociedades metalúrgicas. Editorial
Universitaria Ramon Areces, pág. 26 y ss.
- Marti Oliver, B y Juan Cabanilles, J. El Neolitic Valencià, Els primers
agricultors i ramaders. Servei de investigació prehistórica de la Diputació
de Valencia, 1987, pág. 39 y ss.
- Menéndez, M., Jimeno, A., y Fernandez, V.M. (2011). Diccionario de
Prehistoria, Alianza, pág. 69, 76 y siguientes.

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EJERCICIO 2. Visita virtual a una construcción megalítica. Se intentará definir la tipología, las
dimensiones, considerar el ajuar y observar como es o era el túmulo, ya que es muy posible que está
estructura esté degradada por el paso de tiempo y no tenga la forma original, por lo que deberá
deducirse a partir de las memorias, informes, libros o artículos que se hayan publicado en relación con
posibles excavaciones o intervenciones arqueológicas (página 165)
El Dolmen de Menga, situado en lo localidad malagueña de Antequera,
dentro de la depresión natural del mismo nombre, forma parte de un conjunto
extraordinario de construcciones megalíticas, englobados bajo la denominación
del Sitio de los Dólmenes de Antequera. Dicho conjunto comprende: el dolmen
de Menga, el dolmen de Viera y el Tholos de El Romeral. Su importancia ha sido
reconocida por la UNESCO en 2016 al ser declarado Patrimonio Mundial. De
todos ellos, destaca el primero, una de las obras megalíticas más reconocidas
de la Península ibérica, podríamos atrevernos a calificar de icónica, cuya entrada
ilustra un número ingente de publicaciones, incluyendo la portada del propio libro
de la asignatura, considerada como una de las cumbres de la arquitectura
prehistoria europea (García Sanjuan, 2010) por su monumentalidad y estado.
Andalucía es un territorio rico en manifestaciones megalíticas, cuyo
número se sitúa en más de medio millar (García Sanjuan, 2010), de las cuales
la practica mayoría se situaría en las provincias de Almería, Granada y Huelva.
Su presencia en la provincia de Málaga es muy reducida, y aislada.
Señalábamos anteriormente que el conjunto que se ubica en una depresión
natural, una vega de cultivos, situándose al este de la Sierra del Torcal, y
teniendo importantes recursos hídricos como el rio Guadalhorce y varias lagunas
a cierta distancia. Las tres construcciones que integran el conjunto se sitúan en
el extrarradio de la localidad, junto al Cementerio de esta, en dos recintos
diferenciados. Mientras los dólmenes situados a escasos cincuenta metros uno
de otro se ubica en una pequeña elevación dentro de un primer recinto delimitado
con aparcamiento y museo con una rampa de acceso, el tholos se encuadra en
un segundo recinto situado a unos tres kilómetros del primer recinto.
De las tres construcciones que integran el conjunto, el dolmen de Menga era ya
conocido desde el Siglo XVI, constando referencias documentadas desde 1587
como “Cueva de Menga”, y en los albores de la Ciencia Prehistórica en España
aparecen referencia a la misma como “Templo Druida” (1847). A pesar del
importante desarrollo que tuvo esta disciplina a lo largo del Siglo XX, habrá que
esperar hasta el año 1980 con la aparición de las instituciones autonómicas para
una excavación sistemática. Por su parte, el descubrimiento del Dolmen de Viera
y el Tholos de El Romeral fue mucho más reciente a comienzo del Siglo XX fruto
de los Hermanos Viera.
Hay que mencionar el descubrimiento en el año 2020 por parte de un equipo de
la Universidad de Sevilla de un cuarto dolmen situado en la Peña de los
Enamorados, monte al que precisamente está orientado el Dolmen de Menga
como veremos. En los trabajos preliminares de estudio se cree que este nuevo
dolmen es anterior a los tres integrados en el conjunto.

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Centrándonos en el Dolmen de Menga, objeto del presente trabajo, se


sitúa bajo un túmulo (al igual que las
otras dos construcciones del
conjunto) que no ha desaparecido
por el paso del tiempo como ha
ocurrido en otras construcciones
similares (Dolmen de Dombate). La
puerta de acceso está franqueada
por varios bloques piedras a cada
lado, que dan acceso al interior con
una longitud total de 27,5 metros. El
interior se divide en tres partes:
▪ Una primera parte, un atrio o
recibidor, que conecta la puerta
de acceso al corredor, compuesto
por tres piedras de pared u
ortostatos a cada lado de gran
tamaño. Se diferencia de la
siguiente parte (corredor) porque
tiene una forma poligonal en el
que se va reduciendo el ancho
según se accede al interior.

▪ Corredor, de escasa longitud,


compuesta de dos ortostatos
a cada lado y cubierto por una
única piedra de cubierta o
cobija, que darían acceso sin
solución de continuidad a la
última parte del interior, la
cámara. A diferencia del
dolmen del Viera donde el
acceso a la cámara está muy
diferenciado por una puerta
de acceso, en el de Menga el
límite entre ambos espacios
está muy difuminado.
Figuras 1 a 3. El Sol de Antequera (capturas de imágenes obtenidas del
video virtual 360º).

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▪ Cámara, se inicia
franqueada por un pilar
situado en el centro de la
cámara, es la parte más
larga de la construcción
compuesta de ocho
ortostatos a cada lado y
cubierto por tres enormes
cobijas.

Algunas de estas piedras de pared alcanzan una altura de hasta cinco


metros, incluyendo un metro bajo la superficie dentro de la cavidad que
prepararon introducir estas monumentales piedras a fin de darle
estabilidad al conjunto.

En la cámara se ubican tres pilares situados en el eje longitudinal en el


que se apoyan cuatro de las cinco cobijas que cubren el dolmen,
situándose cada pilar entre dos cobijas con una función de sustentación
de estas. Se ha asociado estos pilares de sustentación con el derrumbe
en otros monumentos megalíticos cercanos, y supusieron una importante
innovación en este tipo de monumentos, conociéndose escasos ejemplos.

El final del
cámara tiene
forma ovalada
con cinco
ortostatos bajo
una gran cobija.
En 2005 se
descubrió un
pozo de 19,5
metros de
profundidad,
bastante regular
y simétrico.
Figuras 4 a 8. El Sol de Antequera (capturas de imágenes obtenidas del
video virtual 360º).

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En el interior del pozo se encontraron restos animales (un perro, equinos, y una
vaca), así como restos cerámicos y líticos, pero cuya datación se sitúa sobre
todo en la Edad Moderna. La función de este pozo no está clara en la actualidad,
si fuera de naturaleza hidráulica (abastecer de agua) de los estudios geológicos
realizados en la zona se hubiera los investigadores (García Sanjuan, 2018)
señalan que se hubiera podido obtener acceso al agua solamente excavando
unos tres metros (y no los casi veinte metros de este pozo), sumado a que la
ubicación de este pozo muy cercana al pie del pilar podría haber comprometido
la estabilidad de la construcción. Sin embargo, tampoco puede que su
construcción fuera posterior a la vista de que el mal estado que presentan los
ortostatos de la cámara en su parte inferior sumado a loa presencia de
sustancias que serían compatible con el estabulado del ganado, en cuyo caso la
existencia del pozo como forma de provisión de agua tendría su sentido.
Dentro de las múltiples tipologías de los Dolmen, algunos autores sitúan
esta construcción en el dolmen de galería o galería cubierta (M. Menéndez,
2011) al no distinguir entre corredor y cámara, y otros autores lo encuadran como
sepulcro de corredor o de pasillo (García Sanjuán, 2010) al diferenciar ambas
partes.
La historiografía de este monumento como hemos visto anteriormente
arranca a mediados del Siglo XIX asociándolo al mundo celta (“templo druida”),
y avanzado ya el siglo siguiente, Manuel Gómez Moreno (1922) lo calificó como
necrópolis tartesia. La datación de este monumento se ve dificultada por la
ausencia prácticamente total de sedimentos arqueológicos de época
prehistórica, a excepción de un hacha pulimentada y una maza (García Sanjuán,
2018), lo que puede explicarse por intensa actividad de visitantes y usuarios en
épocas posteriores, dado que el monumento era como mínimo ya conocido
desde el Siglo XVI.
En relación al origen del dolmen de Menga se ha planteado en los últimos años
que pudiera tener relación con el terremoto de gran fuerza destructiva ocurrido
entre el 3975 y el 3713 a.C. afectando a la zona norte de la mencionada Peña
de los Enamorados, en particular, a la cueva del Toro situada a escasos ocho
kilómetros del Dolmen de Menga. Esta cueva con presencia humana
documentada desde el Neolítico inicial, a mediados del VI milenio a.C. resulto
probablemente gravemente dañada por este seísmo, no volviendo a ser ocupada
hasta el Neolítico avanzado. Algunos autores han planteado una posible
asociación entre el seísmo que afecto a esta cueva, el abandono de la referida
zona y la construcción del Dolmen de Menga, sobre la base de la coincidencia
cronológica entre el seísmo y la posible construcción del megalito, reconociendo
la falta de más datos objetivos (García Sanjuán, 2018)
En ausencia de datos directos, los autores han establecido una cronología entre
la primera mitad del IV milenio y la primera mitad del II milenio a.C. (Márquez
Romero, 2010) y entre el III y II milenio a.C. (García Sanjuán, 2018).

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La función principal de este tipo de este tipo de monumentos era


fundamentalmente funeraria, esto es, la deposición de restos humanos, así como
religiosa, y de culto a los antepasados. Sin embargo, como ya se ha indicado no
ha quedado testimonio alguno de uso funerario en el interior de este tales como
restos humanos o ajuares, salvo algunos cadáveres hallados en estructuras
negativas situadas en el atrio del dolmen o en las proximidades al mismo pero
su datación se ha establecido en alta edad media, lo que impide confirmar dicha
función como “santuario” o “templo”.
En relación con la función religiosa mencionada, la práctica mayoría de
monumentos megalíticos presentan una orientación específica hacia el este, lo
que asocia a la salida del Sol, y el papel que el orto solar tenía en la cosmovisión
de las comunidades neolíticas europeas.
Sin embargo, una de las peculiaridades que
presenta el Dolmen de Menga es que su
orientación es hacía el Noroeste, al norte del
solsticio de verano, lo que ha sido interpretado por
varios autores (Márquez Romero, 2010; García
Sanjuan, 2018) como una orientación específica
hacía la denominada “Peña de los Enamorados”,
que pudiera tener en la prehistoria un valor sagrado Figura 9. Vista de la Peña de los
por su parecido con un rostro humano. enamorados desde el Dolmen de
Menga. Tomada de Maura
Mijares, 2011.

Este accidente geográfico presenta una importante actividad neolítica anterior al


3.800 a.C., habiéndose documentado en la misma algunos de los grupos
neolíticos más antiguos en la zona, que según avanzó el neolítico pudieron
trasladarse al valle más fértil de la depresión de Antequera donde se construiría
el Dolmen de Menga. En dicha peña, además del reciente hallazgo de un dolmen
y algunos menhires, en la década de los ochenta del pasado siglo en el Abrigo
de Matacabras, una enorme fisura triangular, fueron hallado hasta catorce
muestras de arte esquemático en color rojo de temática antropomorfa y
pectiniforme principalmente
Además, estos monumentos cumplían una función ideológica, al reforzar el
arraigo y el derecho de ocupación de un territorio por parte de una comunidad.
La construcción de esta construcción implico transportar losas de más de ciento
cincuenta toneladas varios kilómetros, levantarlas y colocarlas exigieron
necesariamente el trabajo colectivo de múltiples personas, lo que implicaría muy
probablemente la implicación de gran parte de la comunidad y una cierta
organización social, reforzando con ello los lazos de la comunidad con el
territorio.

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Tanto el Dolmen de Menga como en el Viera se han hallado en los


ortostatos grabados en la piedra propias del arte esquemático. En el caso del
primero, se han hallado un total de cinco grabados situado en un ortostato de la
entrada, cuatro en forma cruciformes y un quinto en forma esteliforme,
discutiendo los autores el carácter contemporáneo al dolmen de alguno de ellos
(Maura Mijares, 2011).

BIBILIOGRAFIA
- García Sanjuán, L y Mora Molina, C. (Ed.) (2018). La intervención de 2005
en el Dolmen de Menga. Temporalidad, Biografía y Cultura Material en un
Monumento del Patrimonio Mundial. Junta de Andalucía, pág. 325 y ss.
- García Sanjuán, L y Mora Molina, C. (2020). Intervenciones en los
Dólmenes de Antequera (1840-2020). Una revisión crítica. Trabajos de
Prehistoria. Vol. 77 nº2 julio- diciembre de 2020, pág. 255-272.
Consultado en [Link]
- Martí Mas (2013). El Megalitismo. En Menéndez Hernández, M. (Coord.)
et alii. Prehistoria reciente de la Península Ibérica. Editorial Universitaria
Ramon Areces, pág. 143 y ss.
- Maura Mijares, R. (2011) Arte Prehistórico en las tierras de Antequera.
Junta de Andalucía, pág. 123 y ss, y 163 y ss
- Muñoz Ibáñez, F.J. (2015). Los primeros arquitectos de Europa. El
fenómeno megalítico de la fachada atlántica. En Fernandez Vega, A.
(coord..) et alii. Prehistoria II: Las sociedades metalúrgicas. Editorial
Universitaria Ramon Areces, pág. 107 y ss.
- Márquez Romero, J.E. (2010). Málaga. En García Sanjuán, L. y Ruiz
González, B. (ed). Las grandes piedras de la Prehistoria: sitios y paisajes
megalíticos de Andalucía. Junta de Andalucía, pág. 199 y ss
- Menéndez, M., Jimeno, A., y Fernandez, V.M. (2011). Diccionario de
Prehistoria, Alianza, pág. 207 y siguientes.
- Sánchez, Nacho (16 de septiembre de 2020). Hallado en Antequera un
cuarto dolmen funerario. El País. [Link]
15/[Link]
WEBGRAFIA:
- El Sol de Antequera (8 de mayo de 2020) Visita virtual al Dolmen de
Menga de Antequera. [Archivo de Video]. Youtube.
[Link]
- Museos de Antequera (11 de abril de 2014). Menga Proceso de
construcción. [Archivo de Video]. Youtube.
[Link]
- CEDECOM (13 de febrero de 2020). Dolmenes de Antequera, Patrimonio
de la Humanidad. [Archivo de Video]. Youtube.
[Link]
- Garcia Sanjuan, L. [Museo Arqueológico Nacional] (4 de julio de 2021).
Conferencia El Dolmen de Menga. Últimas Investigaciones en un Gigante

11
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de la Prehistoria. [Archivo de Video]. Youtube.


[Link]
- Instituto de Recursos Naturales y Agrobriología de Sevilla CSIC (19 de
julio de 2016). Investigaciones en el Abrigo rupestre de Matacabras.
[Link]
matacabras/

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