Universidad Central del Ecuador
Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación
Carrera de Psicopedagogía
Evaluación Educativa y de los Aprendizajes
Ámbitos de la Evaluación
Grupo 5
Integrantes
Cóndor Denise
Chipantiza Joselinne
Llano Liliana
Quezada Allison
Ortega Andrea
Sanguña Angelica
Quinatoa Nathaly
Lizbeth Viscaino
Curso: Sexto “C”
Fecha: 22-11-2024
Ámbitos de la evaluación
Tradicionalmente la evaluación en educación se ha venido aplicando casi con exclusividad al
rendimiento del alumnado y más concretamente a los conocimientos adquiridos. Fue a partir de
la década de los 70, como ya sabemos, cuando la evaluación se extendió en nuestro país al
sistema educativo: los programas escolares, los centros escolares, la eficacia del profesorado,
los materiales didácticos, las técnicas o procedimientos, los hábitos intelectuales del alumnado,
el sistema educativo en su conjunto y hasta la propia evaluación (metaevaluación). Esta
expansión de la evaluación a otros ámbitos de la educación, que se inició en España con la Ley
General de Educación (1970), y prosiguió con la LOGSE (1990) y con la LOE (2006), ya se
había iniciado en Estados Unidos a finales de los años 50, debido a una serie de
circunstancias, entre ellas: la crítica a la eficacia del sistema público de enseñanza, el auge del
modelo tecnológico del currículum y de la instrucción en aquellos momentos (enseñanza
programada), y la gran cantidad de recursos destinados a educación. Esa situación demandaba
un mayor rendimiento de cuentas, accountability, y la necesidad de asumir mayores
responsabilidades por parte de los centros y de los profesores en la calidad de la educación.
Es necesario ser consciente de que realizar una evaluación de los ámbitos educativos
expuestos es sumamente complejo y delicado, y para llevarla a cabo es necesario abordar
cada uno de ellos en toda su complejidad, estableciendo con claridad los parámetros que los
definen y los criterios que van a regir la función evaluadora en cada caso. Para Marín (1997):
«Junto a las posiciones clásicas que pretenden comprobar si se han cumplido las metas o si
sirve para la toma de decisiones, un criterio que ha ganado una amplia audiencia es la de
identificar las necesidades, las ideas o los valores sociales o la calidad de objetos o programas
alternativos», de lo que se deduce que, según sea la necesidad de la evaluación de cada
ámbito, variará la información, el tratamiento de los datos y la presentación de resultados.
Pero siendo los ámbitos a evaluar tan complejos, parece necesario establecer unas normas
que intenten regular la evaluación para cada ámbito, aunque con las lógicas diferencias. A este
respecto, el «Joint Committe on Standard for Educational Evaluation» formado por 17
miembros, estableció unas normas a tal efecto, y las características que las definen son: ser
éticas, exactas, adecuadas, útiles, servir a las necesidades de información, ser factibles,
realistas y prudentes, y que se ajusten a la normativa legal establecida. Centrándonos en el
aprendizaje de los alumnos como ámbito tradicional de actuación de la evaluación en
educación, esta ejerce su influencia en tres grandes áreas (Castillo, 2002) extraordinariamente
interrelacionadas entre sí:
ÁREA DIDÁCTICO-ESCOLAR
La función de la evaluación en el ámbito didáctico se ocupa de ayudar a desarrollar el proceso
de aprendizaje de los alumnos en las mejores condiciones posibles dentro del espacio escolar
y académico. Bajo este prisma, la evaluación pasa a ser el elemento determinante de la
planificación didáctica y afecta a todos los aspectos de la vida escolar: ambiente de aula,
proyecto educativo del centro, proyecto curricular de etapa, actividades, materiales y recursos
didácticos, decisiones organizativas, etc., aspectos todos ellos que, de una forma u otra,
influyen en el proceso de aprendizaje de los alumnos. Por ello, la evaluación ha de velar por
detectar los errores, proporcionando la información necesaria para que se adopten las
modificaciones que se consideran oportunas en beneficio del funcionamiento del centro, de la
función docente y del aprendizaje del alumno.
La evaluación en el ámbito didáctico, no solo es un elemento integrante del diseño curricular,
sino que es también una ocasión más de enseñanza para el profesor y de aprendizaje para el
alumno. Justifica, regula y avala, según cada caso, el proceso de aprendizaje del alumnado y
los resultados obtenidos y el quehacer didáctico del profesorado.
ÁREA PSICOPEDAGÓGICO-PERSONAL
La función formativa de la evaluación cobra aquí su pleno y profundo sentido. El aprendizaje se
individualiza y al alumno se le contempla también y, ante todo, como persona. De este modo, la
evaluación permite al profesor diseñar y desarrollar el proceso personalizado de aprendizaje de
cada alumno, adaptado a las circunstancias de cada uno, adecuándose a su ritmo de
aprendizaje, teniendo en cuenta sus dificultades concretas, y exigiendo de acuerdo con sus
capacidades y posibilidades. De este modo, la evaluación se centra en recoger información
psicopedagógica relevante y útil para la finalidad que persigue. Es preciso obtener información
sobre los resultados del proceso de aprendizaje, pero especialmente sobre el comportamiento
que cada alumno tiene en el desarrollo del mismo. Una evaluación formativa no puede limitarse
a obtener datos solo sobre el aprendizaje de los estudiantes. Aunque dicha información es
importante, debe estar subordinada al conocimiento de otros aspectos que inciden también en
el proceso de aprendizaje de cada alumno, y que han de servir al profesor para proporcionarle
las ayudas necesarias. La información que aporta la evaluación sobre el proceso de
aprendizaje de cada alumno facilita, por un lado, que se analicen los motivos que provocan los
avances o los bloqueos del alumno en el aprendizaje; y por otro lado, sirve para que el
estudiante tome conciencia de las estrategias de aprendizaje que le resultan más adecuadas
en sus estudios. La evaluación formativa en el ámbito psicopedagógico permite adaptar las
actividades de enseñanza y aprendizaje a las características personales de los alumnos, con el
fin de ajustar las tareas propuestas a lo que ellos son capaces de realizar.
En consecuencia, conduce a establecer las medidas o ayudas más adecuadas para que todos
y cada uno de los alumnos mejoren la calidad de sus aprendizajes; y a la vez permite revisar y
regular los distintos factores que interactúan e intervienen en el proceso de aprendizaje: las
características del alumno, la especificidad de la tarea, la metodología empleada, etc. En
consecuencia, los profesores no se deben centrar solo en la valoración de los resultados de los
aprendizajes, sino en averiguar también las causas que alteran el normal desarrollo de dicho
aprendizaje en algunos alumnos.
ÁREA ADMINISTRATIVO-SOCIAL
La evaluación educativa tiene también repercusiones sociales que afectan tanto a la institución
escolar como al propio alumno. El proceso de evaluación va ligado a actos administrativos que
implican adoptar decisiones trascendentes para el alumno, tales como: la acreditación, la
promoción o la titulación, que afectan de lleno a su vida familiar y a su contexto social. Es la
función acreditativa de la evaluación, la que junto con la función sumativa, permite aportar
logros o resultados definitivos, pero también de carácter social: acredita ante la sociedad los
aprendizajes logrados por el alumno, que en unos casos le permite promocionar a un nuevo
curso; y, en otros, obtener la correspondiente titulación. Para que la evaluación pueda hacer
balance sobre el logro de un conjunto de objetivos con fines acreditativos, interesa recoger
información sobre el rendimiento de los alumnos en determinados momentos de su trayectoria
escolar. Para ello, es necesario obtener información, tanto del proceso de aprendizaje que ha
seguido el alumno, como de los conocimientos adquiridos al finalizar un periodo determinado,
respecto a un conjunto de objetivos y de competencias básicas establecidas
Normalmente las decisiones que se derivan de la evaluación acreditativa, tienen un carácter
esencialmente administrativo. Sirven para certificar los resultados obtenidos por los alumnos y
comunicar a las diferentes instancias (alumnos, familias, administración educativa y sociedad
en general) datos sobre su rendimiento escolar; así como para acreditar ante la sociedad los
conocimientos y las competencias adquiridos.
EJEMPLOS DE LOS ÁMBITOS DE LA EVALUACIÓN
Programas escolares: La evaluación ayuda a determinar si los programas educativos cumplen
con los objetivos establecidos y si son efectivos en la educación de los estudiantes.
Ejemplo: Evaluar un programa de lectura para saber si ha mejorado la comprensión lectora de
los estudiantes.
Centros Escolares: La evaluación del rendimiento general del centro escolar permite
identificar áreas de mejora y desarrollar planes de acción.
Ejemplo: Realizar encuestas de satisfacción a estudiantes y padres para evaluar el ambiente
escolar y las infraestructuras.
Actuaciones del Profesorado: La evaluación del desempeño docente permite identificar
fortalezas y áreas de mejora en la enseñanza.
Ejemplo: Observar y evaluar clases para proporcionar retroalimentación constructiva a los
profesores.
Aprendizaje de los alumnos: La evaluación continua del aprendizaje de los estudiantes
permite adaptar las estrategias de enseñanza a sus necesidades.
Ejemplo: Aplicar pruebas formativas para medir el progreso en matemáticas y ajustar el
contenido según los resultados.
Materiales didácticos: Evaluar los materiales educativos asegura que sean adecuados y
efectivos para el aprendizaje.
Ejemplo: Evaluar libros de texto y recursos digitales para verificar que cubren el currículo y son
atractivos para los estudiantes.
Técnicas o procedimientos: La evaluación de las metodologías de enseñanza permite
mejorar las prácticas pedagógicas.
Ejemplo: Evaluar la efectividad de las metodologías de enseñanza colaborativa frente a la
enseñanza tradicional.
Hábitos intelectuales del alumnado: La evaluación de los hábitos de estudio y aprendizaje de
los estudiantes ayuda a fomentar prácticas más efectivas.
Ejemplo: Evaluar los métodos de estudio de los estudiantes para promover técnicas de estudio
más eficientes.
Sistema educativo en su conjunto: Evaluar el sistema educativo permite identificar áreas de
mejora y desarrollar políticas educativas adecuadas.
Ejemplo: Realizar estudios nacionales sobre el rendimiento académico en diferentes regiones
para identificar desigualdades y orientar recursos.
La evaluación (metaevaluación): Evaluar el proceso de evaluación en sí mismo para
asegurarse de que es justo, confiable y válido.
Ejemplo: Revisar y mejorar los métodos de evaluación utilizados en las pruebas estandarizadas
para garantizar su equidad y precisión.
References
Castillo Arredondo, S., & Cabrerizo Diago, J. (2010). Evaluación educativa de
aprendizajes y competencias. Pearson Educación.
Ficha de Coevaluación
Nombres Contribución Responsabilidad Calidad del Trabajo en Creatividad Total
al Trabajo y Cumplimiento Trabajo Equipo e Innovación
Cóndor Denise
Chipantiza
Joselinne
Llano Liliana
Quezada Allyson
Ortega Andrea
Sanguña Angélica
Quinatoa Nathaly
Vizcaino Lizbeth