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Actividad Física y Bienestar Psicológico

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FACULTAD  DE  CIENCIAS  HUMANAS  Y  SOCIALES  
 
 
 

LA  ACTIVIDAD  FÍSICA  COMO  


POTENCIADOR  DE  AUTOESTIMA,  
ESTRÉS  PERCIBIDO  Y  BIENESTAR  
PSICOLÓGICO      
 
Autor:  Julia  Miralles  Ortiz  

Tutor  profesional:  Esther  Martín  Iñigo  

Tutor  metodológico:  David  Paniagua  Sánchez  

 
 
 
 
 
 
 
 
Madrid  
Mayo  2019  
   
 

 
LA  ACTIVIDAD  FÍSICA  COMO  POTENCIADOR  DE  AUTOESTIMA,  ESTRÉS  
 

 
Julia  

Ortiz  

PERCIBIDO  Y  BIENESTAR  PSICOLÓGICO    


Miralles  

2  
RESUMEN

En los últimos años, el interés por llevar un estilo de vida saludable está incrementando a nivel
mundial. En concreto, la actividad física se convierte en un concepto crucial en torno a la salud
física y mental, por lo que en el presente estudio se investiga qué relación puede tener con la
Autoestima, el Estrés Percibido y el Bienestar Psicológico, además de observar si hay
diferencias entre hombres y mujeres. En esta investigación participaron 112 sujetos cuyas
edades estuvieron comprendidas ente los 18 y los 35 años. Los instrumentos utilizados fueron:
el Cuestionario internacional de actividad física (IPAQ), la Escala de Autoestima de Rosenberg
(1965), la Escala de Estrés Percibido (PSS) y la Escala de Bienestar Psicológico de Ryff (1989).
Los resultados muestran, por un lado, relaciones estadísticamente significativas entre la
actividad física y el Estrés Percibido, y por otro lado, se observan puntuaciones más altas de los
hombres en Bienestar Psicológico, y de las mujeres en Autoestima y Estrés Percibido. Por
último se discuten las posibles limitaciones del estudio y se realizan sugerencias de cara a
futuras investigaciones.

Palabras clave: Actividad física, Autoestima, Estrés Percibido y Bienestar Psicológico.

ABSTRACT

Lately, interest in leading a healthy lifestyle has increased globally. Physical activity has
actually become a crucial concept in relation with not only physical but also mental health. For
this reason, this essay investigates the relationship between Self-Steem, Perceived Stress and
Psychological Well-Being, as well as analysing whether there are any differences between men
and women among these variables. In this investigation, there were 112 subjects involved, with
ages between 18 and 35 years old. The instruments used were: International Physical Activity
Questionnaire (IPAQ), the Rosenberg Self-Esteem Scale (RSES), the Perceived Stress Scale
(PSS) and Riff’s Psycological Well Being Scale (1989). The results show, on the one hand,
statically significant relationship between physical activity and Perceived Stress, and on the
other hand, higher scores for men on Phsicological Well-Being, and for women in Self-Esteem
and Perceived Stress. Lastly, I discuss the possible limitations of the essay and propose
suggestions for future investigations.

Key words: Physical activity, Self-Steem, Perceived Stress and Psychological Well-Being.

  3  
La actividad física y el deporte cada vez se tienen más en cuenta en relación a los estilos
de vida saludables y a una mejora del estado de salud. En concreto, en los últimos veinte años,
se han realizado multitud de estudios que demuestran los beneficios que tiene la práctica de
actividad física regular en la salud física y en la salud mental (Álvarez, Cuevas, Lara y
Gónzalez, 2015). Esnaola y Revuelta (2009), analizaron la relación entre autoconcepto físico,
expectativas de éxito, valor percibido y dificultad percibida de la actividad física con la práctica
de actividad físico-deportiva, y obtuvieron resultados manifestando que, las personas
consideradas como activas (es decir, que practiquen alguna actividad física al menos dos días a
la semana), se perciben mejor en cuanto a la habilidad física, condición física, fuerza,
autoconcepto físico general, autoconcepto general, teniendo además mejores expectativas de
éxito futuro que las personas inactivas. Por otro lado, también hay investigaciones que hablan
de la mejora de la salud subjetiva, estado de ánimo y emotividad, reducción de la depresión
clínica, disminución de niveles de ansiedad, favorecimiento del afrontamiento o incremento de
Autoestima (Biddle, Fox y Boutcher, 2002; Lawlor y Hopker, 2001; Akandere y Tekin, 2005;
Holmes, 1993; McAuley, Mihalko y Bane, 1997, citado en Jiménez, Martínez, Miró y Sánchez,
2008).

Según la Organización Mundial de la Salud (2018), la actividad física se define “como


cualquier movimiento corporal producido por los músculo esqueléticos, con el consiguiente
consumo de energía. Ello incluye las actividades realizadas al trabajar, jugar y viajar, las tareas
domésticas y las actividades recreativas”. Además, la OMS (2018), también recomienda para
adultos de 18 a 64 años, “practicar al menos 150 minutos semanales de actividad física
moderada, o al menos 75 minutos semanales de actividad física intensa, o una combinación
equivalente entre actividad moderada e intensa”. En un nivel superior, y de cara a obtener
mayores beneficios, las recomendaciones están en torno a los 300 minutos semanales de
actividad física o moderada, o actividades de fortalecimiento muscular dos o más días
semanales, ejercitando conjuntos musculares grandes.

Cabe destacar que, desde las últimas décadas hasta hoy, el nivel de sedentarismo ha
incrementado, sobretodo conforme avanza la adolescencia (Esnaola y Revuelta, 2009),
entendiéndose este concepto como la falta de actividad física en la que la persona no realiza una
cantidad mínima de movimiento entre 25 y 30 minutos diarios (Varela, Duarte, Salazar, Lema y
Tamayo, 2011). La existencia de este fenómeno se atribuye en gran medida a las facilidades
existentes gracias a la tecnología y a la modernización, que ha llevado al ser humano a ser más
pasivo y consumista, habiéndose establecido, además, una relación entre la disminución de
actividad física y el aumento de la edad (García-Laguna, García-Salamanca, Tapiero-Paipa y
Ramos, 2012). También resulta interesante mencionar las barreras manifestadas por los

  4  
universitarios en relación a la realización de actividad física, obteniendo las puntuaciones más
altas, barreras externas como “demasiado trabajo”, o internas como “hoy estoy cansado” o “falta
de tiempo” (Martínez, Puig y García, 2014 citado en Ramírez, Raya y Ruiz, 2018). La
Organización Mundial de la Salud afirma que la prevalencia de sedentarismo en adultos, a nivel
global, es del 17%, siendo del 31% al 51%, la de actividad física moderada (Varela et al., 2011).
Es por esto por lo que se ha convertido en todo un reto en materia de salud pública (Aznar y
Webster, 2006), sobretodo en personas jóvenes, y por consiguiente, una de las razones por las
que este estudio se realiza en universitarios.

Por otro lado, otro concepto que está directamente relacionado con la salud mental es la
Autoestima. Rosenberg (1965), la describió como “la manifestación de la actitud global
(favorable o no) que posee una persona en relación a su importancia y valía” y existen
investigaciones que concluyen que ésta mejora a través de la realización de actividades físicas
(Blasco, 1997; Fox, 2000, citado en García, Fernández y Pablos, 2007 p.80) y teniendo una
imagen positiva del cuerpo. Además, se considera un requisito imprescindible para alcanzar una
vida plena (Branden, 1995).

La Autoestima es un concepto que ha sido estudiado de forma multidimensional


(Estévez, Martínez y Musitu, 2006) y por eso se puede distinguir entre Autoestima Personal y
Autoestima Colectiva. Como afirman González y Froment (2018) en su estudio, la Autoestima
Personal se refiere “a la evaluación positiva o negativa de los atributos personales tanto
privados como interpersonales” y la Autoestima Colectiva, al “grado en que una persona es
consciente de, evaluar su pertenencia a grupos o categorías sociales (Sánchez, 1999) y destacar
la importancia de la identidad grupal (Gonsalkorale, Carlisle y Von Hippel, 2007; Jiménez, Páez
y Javaloy, 2005; Liu y Dresler-Hawke, 2006)”. Tajfel y Turner (1986), en su teoría de la
Identidad Social, explican que ambas pertenecen al autoconcepto, un constructo más general y
amplio, planteándose que, a través de los grupos sociales, las personas se motivan por proyectar
y mantener un sí-mismo coherente y positivo (González et al., 2018).

Las relaciones que se han intentado establecer entre las distintas variables implicadas en
la dimensión Autoestima, en el ámbito del deporte y la actividad física, son diversas (González
et al., 2018). Alcántara, Ureña y Garcés de los Fayos (2002), demuestran de forma científica
que el deporte mejora la condición física, la calidad de vida y la sintomatología en distintos
tipos de población; Rodríguez, Wigfield y Eccles (2003) relacionaron por un lado el impacto
que tienen las valoraciones sobre la actividad física o deporte en la Autoestima; Pedersen y
Seidman (2004), observaron como se relacionaba el grado de Autoestima con el tiempo

  5  
dedicado la actividad física; y por último, Moreno, Moreno y Cervelló (2007) estudiaron la
asociación entre el autoconcepto físico y la intención de ser físicamente activo.

Siguiendo en la misma línea, y en cuanto a los beneficios de la actividad física, existen


estudios que también demuestran que el ejercicio físico actúa como medio preventivo contra el
estrés ambiental en estudiantes (Ramírez et al., 2018). Un estudio, cuyo objetivo era identificar
los efectos de la actividad física sobre la experiencia de estrés, observó que las personas que
realizan una actividad física regular, presentaban un Estrés Percibido significativamente menor
que los que no lo hacen (Remor y Pérez-Llantada Rueda, 2007). Además, en su investigación,
VanKim y Nelson (2013) concluyeron que aquellos estudiantes universitarios activos
físicamente, gozarán de una mejor salud mental y percepción del estrés, llegando a la
conclusión de que el ejercicio físico regulaba la relación entre el estrés ambiental y la depresión.
Por esta razón y recuperando la preocupación por los jóvenes, la etapa universitaria aparece en
el punto de mira en cuanto a que es una etapa vital en la que se producen muchos cambios y
modificaciones. Se convierte así en una necesidad especial, ya que se puede decir que los
universitarios representan una parte muy significativa de la población juvenil (Varela et al.,
2011). El Estrés Percibido, se convierte por lo tanto, en otra de las variables a analizar en el
siguiente estudio.

Otra variable que se ha relacionado con la actividad física es el Bienestar Psicológico.


En los últimos diez años, se han llevado a cabo muchas investigaciones acerca del bienestar
(Diener, Suh, Lucas y Smith, 1999; Díaz y Sánchez, 2002 citado en Díaz, Rodríguez-Carvajal,
Blanco, Moreno-Jiménez, Gallardo, Valle, y Van Dierendonck, 2006), ampliando notablemente
la concepción de este constructo, y haciendo necesaria una buena definición y conceptualización
del mismo. Existen dos corrientes distintas por las que se ha guiado su estudio; en primer lugar,
el bienestar subjetivo hace referencia a la evaluación de los aspectos emocionales, afectivos y
cognitivos, incluyendo el afecto positivo, el negativo y la satisfacción. Por otro lado, está la
evaluación del funcionamiento óptimo de las personas, que hace referencia al Bienestar
Psicológico (Ryan y Deci, 2001, como se citó en Rosa-Rodríguez, Negrón, Maldonado,
Quiñones y Toledo, 2015). De estas dos corrientes, la que más se ha estudiado es la segunda, en
especial desde la introducción del modelo multidimensional de Ryff (1989).

Desde la perspectiva de Ryff (1995), y como afirma Taboada (2016), se entiende el


Bienestar Psicológico “como el desarrollo del verdadero potencial de uno mismo, la evaluación
que realiza el propio sujeto acerca de lo que ha vivido y cómo lo ha vivido”. Ryff (1989a,
1989b), propuso en su modelo de Bienestar Psicológico, las siguientes dimensiones: auto-
aceptación, relaciones positivas con otras personas, autonomía, dominio del entorno, propósito

  6  
en la vida y crecimiento personal, y es así como mediremos esta variable a lo largo de la
investigación en relación a la práctica de actividad física.

En primer lugar, y relacionado con la Autoestima, la auto-aceptación es uno de los


criterios centrales del bienestar mediante el cual, las personas, aún siendo conscientes de sus
limitaciones, intentan sentirse bien consigo mismas, favoreciendo un buen funcionamiento
(Keyes et al., 2002).

En segundo lugar, es necesario mantener relaciones sociales, tener amigos y ser capaz
de amar, para gozar de salud mental (Ryff, 1989), y esto hace referencia a la dimensión de
relaciones positivas con otras personas, que se relaciona con la asertividad, al permitir expresar
una opinión propia sin transgredir la postura de otros, y fomentando así relaciones favorables
con el entorno (Kelly, 1992).

En tercer lugar, la autonomía hace referencia a la capacidad de mantener la


individualidad en distintos contextos, asentar las propias convicciones y mantener su autoridad
personal (Ryff y Keyes, 1995) resistiendo mejor a la presión social, y permitiendo así una mejor
auto-regulación del comportamiento (Ryff y Singer, 2002).

En cuarto lugar, otra característica del funcionamiento positivo, es el dominio del


entorno, que hace referencia a la habilidad personal para elegir o crear entornos favorables,
satisfaciendo los deseos y necesidades propias, y teniendo mayor control sobre su mundo y
contexto cercano (Díaz et al., 2006).

En quinto lugar, está el propósito en la vida, que se refiere a la capacidad de definir y


marcar objetivos propios, marcarse metas, permitiendo darle cierto sentido a su vida.

Por último, la dimensión denominada crecimiento personal, como describen Díaz et al.
(2006), “se refiere a el empeño por desarrollar sus potencialidades, por seguir creciendo como
persona y llevar al máximo sus capacidades” (Keyes et al., 2002).

Existen estudios que concluyen que el Bienestar Psicológico está asociado a la práctica
de actividad física, percibiéndose las personas físicamente activas como más saludables, con
menor estrés y con mejor estado de ánimo que aquellas que no realizan actividades físicas
(Jiménez et al., 2008), por lo que ha sido objeto de investigación en el ámbito del deporte y de
la psicología, habiéndose tratado de formas muy diversas en torno al universo de la calidad de
vida.

  7  
Además, hay muchas investigaciones en torno a este concepto que han utilizado
muestras universitarias precisamente por considerar esta etapa un periodo clave en el que los
estudiantes están sometidos a constantes evaluaciones académicas, personales y sociales (Rosa-
Rodríguez et al., 2015). Conocer la percepción del Bienestar psicológico en esta población es
necesario para poder llevar a cabo las intervenciones y programas pertinentes a las necesidades
específicas de los universitarios/as (Burris, Brechting, Salsman y Carlson, 2009; Cooke,
Bewick, Barkham, Bradley y Audin, 2006).

Otro aspecto interesante en relación a los beneficios que pueden obtenerse de la


actividad física, son las diferencias entre sexos que pueden aparecer. Numerosos autores se han
interesado en estudiar la divergencia entre hombres y mujeres y existen algunos estudios
(Tiggemann y Williamson, 2000), que señalan que las mujeres, a diferencia de los hombres,
realizan actividades físicas por motivos de mejora del atractivo y control de peso, y no obtienen
necesariamente beneficios psicológicos del deporte (citado en Esnaola y Revuelta, 2009). Por
otro lado, hay evidencia empírica sobre el hecho de que las mujeres, históricamente, le han dado
más importancia a su imagen corporal que los hombres (Lamanna, 2010), siendo recientes las
presiones sociales con respecto a que los hombres tengan un cuerpo musculado (Ruiz, 2016).
Otro estudio realizado en Murcia con 1.512 universitarios, concluyó que el 52.7% se declaraba
practicante de actividades físico-deportivas, siendo la proporción de hombres, mayor que el de
mujeres (Varela et al., 2011). Además, los resultados de otro estudio, demuestran que “los
hombres se perciben mejor que las mujeres en el autodominio físico y sus dominios específicos,
valoran más positivamente y perciben con menos dificultad las actividades físicas, y tienen unas
expectativas de éxito más elevadas para las futuras actividades físicas” (Esnaola y Revuelta,
2009) y, según Pavón y Moreno (2008), la incorporación de la mujer en la práctica deportiva ha
sido posterior, siendo limitada su participación a ciertas modalidades y dando así una
explicación a por qué los hombres son más practicantes en torno a la actividad física,
apareciendo de nuevo diferencias entre sexos, y convirtiéndose esta variable en otro de los
objetos de estudio del siguiente trabajo.

Se ha mencionado cómo, en los últimos años, ha incrementado el interés por conocer


los beneficios que tiene la actividad física y el deporte en la salud tanto física como mental.
También se ha planteado la necesidad de seguir investigando en el ámbito universitario debido a
los alarmantes niveles de sedentarismo en esta población. Por otro lado, la Autoestima se
convierte en un concepto de gran interés en torno a la imagen corporal, estando además muy
relacionada con la realización de ejercicio físico y con un estilo de vida saludable. Cabe
destacar que la etapa universitaria está caracterizada por los grandes cambios y situaciones de
estrés, y es por esto por lo que cobra gran importancia el estudio de esta variable en jóvenes

  8  
universitarios, ya que representan una significativa parte de la población juvenil. Resulta
también muy interesante estudiar el Bienestar Psicológico en base a las seis dimensiones
planteadas por Ryff (1989), ya que recoge de forma muy precisa y completa el constructo, algo
que en la investigación en el ámbito del deporte no se ha realizado en exceso, y nos permite
además, recoger datos en torno a uno de los principales indicadores positivos de la salud mental.
Por último, ser hombre o mujer también va a ser determinante en torno a la vivencia del deporte,
ya que, cómo hemos comentado anteriormente, la divergencia entre sexos es clara, y por lo
tanto no podemos valorarlo de forma global.

Habiendo explicado las razones y la relevancia de llevar a cabo este estudio, el objetivo
de este trabajo es explorar las relaciones de la práctica de actividad física y las variables
psicológicas. Por otro lado, las hipótesis de este trabajo serían:

1. La realización de actividad física está relacionada con los niveles de Autoestima en


universitarios.
2. La realización de actividad física está relacionada con los niveles de Estrés Percibido en
universitarios.
3. La realización de actividad física está relacionada con el nivel de Bienestar Psicológico
en universitarios.
4. Las relaciones planteadas en las hipótesis anteriores serán distintas en función del sexo.

MÉTODO

Tipo de diseño

En esta investigación se llevó a cabo un diseño correlacional transversal para observar


cómo se relacionan las puntuaciones de actividad física con las puntuaciones en Autoestima,
Estrés Percibido y Bienestar Psicológico y, además, ver si hay diferencias entre hombres y
mujeres.

Dicho esto, también es pertinente mencionar que, este tipo de estrategias de


investigación, aunque no sea experimental, también contribuyen al conocimiento científico,
evaluando cuestiones descriptivas, que en un futuro pueden convertirse en las bases de otros
experimentos (Montero y León, 2007)

  9  
Participantes

En esta investigación participaron 112 sujetos (N = 112), de los cuales 71 eran mujeres
(63.4%) y 41 hombres (36.6%), todos ellos universitarios españoles. Las edades estuvieron
comprendidas entre 18 y 35 años (M = 22.72; DT = 3.17) siendo la media de edad de las
mujeres 22.35 años (DT = 2.62) y la de los hombres 23.36 años (DT = 3.90).

Los criterios de inclusión para los participantes fueron: ser mayor de edad, ser
estudiante universitario y ser español, sin tener en cuenta el tipo de estudios que se estuviesen
realizando (Grado, Máster u otros estudios universitarios). Respecto a los criterios de exclusión:
los pacientes fueron excluidos del estudio si no estaban realizando estudios universitarios, si no
eran españoles o si eran menores de edad.

Instrumentos

a) Cuestionario sociodemográfico

Cuestionario de evaluación propia en el cual los participantes deberán indicar su edad,


sexo, nacionalidad y si están o no realizando estudios universitarios.

b) Cuestionario internacional de actividad física (IPAQ)

Cuestionario creado por un grupo de expertos internacionales convocados por el


Instituto Karolinsca, la Universidad de Sydney, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y
los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), que examina diversas dimensiones de la
actividad física (Toloza y Gómez-Conesa, 2007).

Aunque existen distintas versiones de este instrumento, se decidió utilizar la versión


corta, que proporciona información sobre el tiempo empleado al caminar, en actividades de
intensidad moderada y vigorosa, y en actividades sedentarias. Está formado por siete preguntas,
dirigidas a recoger el tiempo que el participante destinó a estar activo/a en los últimos siete días.
La actividad semanal se registra en METS (Metabolic Equivalent of Task o Unidades de Índice
Metabólico) por minuto y semana y los valores de referencia son: caminar: 3,3 METS; actividad
física moderada: 4 METS y actividad física vigorosa: 8 METS. Para obtener el total de METS,
se multiplicó cada uno de los valores anteriores por el tiempo en minutos de la realización de la
actividad en un día y por el número de días a la semana que se realiza (Barrera, 2017). Además,

  10  
está diseñado para ser empleado en adultos de edades comprendidas entre los 18 y 65 años, por
lo que se ajusta a las características de población de este estudio.

En cuanto a las propiedades psicométricas, para el IPAQ corto, se ha demostrado una


fiabilidad de .65 (r = .76; IC 95%: .73-.77) por lo que tiene una concordancia razonable.

c) Escala de Autoestima de Rosenberg (1965)

Escala llevada a cabo por Roserberg (1965) y validada al castellano por Vázquez,
Jiménez y Vázquez-Morejón (2004). Esta adaptación presenta unas características psicométricas
adecuadas como se presenta a continuación. En cuanto a la fiabilidad, la consistencia interna
(Alpha de Cronbach) es igual a .87; además es similar a la referida en otros estudios que
informan de puntuaciones que oscilan entre .77 y .88. En cuanto a la validez de constructo, se
muestran correlaciones sustanciales de signo negativo y una puntuación total en SCL-90R de r =
.61, por lo que se confirma la validez del instrumento.

Es una escala de tipo Likert formada por 10 ítems evaluados en función del grado de
acuerdo (1- Muy en desacuerdo y 4-Muy de acuerdo). Los ítems 1, 3, 4, 7 y 10 están redactados
de forma positiva, mientras que los ítems 2,5,6,8 y 9 están redactados de forma negativa y se
evalúan los sentimientos de valía personal y de respeto a sí mismo.

d) Escala de Estrés Percibido (PSS)

Escala llevada a cabo por Cohen, Kamarck y Mermelstein (1983), y adaptada al


castellano por Remor (2006). Se trata de un instrumento de auto-informe que evalúa el nivel de
Estrés Percibido en el último mes. Es una escala tipo Likert que consta de 14 ítems, con un
formato de respuesta de cinco puntos (0-Nunca, 1-Casi nunca, 2-De vez en cuando, 3-A
menudo, 4-Muy a menudo). La puntuación total se obtiene invirtiendo las puntuaciones de los
ítems 4, 5, 6, 7, 9, 10 y 13 (0 = 4, 1 = 3, 2 = 2, 3 = 1 y 4 = 0) y sumando entonces los 14 ítems.
La puntuación directa obtenida indica que a una mayor puntuación corresponde un mayor nivel
de Estrés Percibido.

En cuanto a las características psicométricas, la consistencia interna (Alpha de


Cronbach) es adecuada, estando comprendida entre .81 y .82 para la versión corta (PSS-10).
Además, en cuanto a la validez, Remor (2006) midió la validez concurrente observando la
correlación entre las puntuaciones en la PSS y otros instrumentos que miden constructos
similares, junto con las puntuaciones de HADS-T (estrés) y HADS-A (ansiedad). Las

  11  
correlaciones de Pearson demuestran que ambas medidas están relacionadas, teniendo una
mayor correlación el nivel de estrés que el nivel de ansiedad.
 
e) Escala de Bienestar Psicológico de Ryff (1989)  
 
  Escala llevada a cabo por Ryff en 1989, reducida por Van Dierendonck en 2004 y
validada en población española por Díaz et al. (2006). La propuesta de Van Dierendonck era
una escala de 39 ítems, pero para superar sus limitaciones, se desarrolló una versión más corta
con un nivel de ajuste incluso mejor (Díaz et al., 2006). Está formada por 29 ítems, entre los
cuales se miden seis escalas, y tiene un formato de respuestas entre 1 y 6, siendo 1, totalmente
en desacuerdo y 6, totalmente de acuerdo.

En cuanto a las características psicométricas, todas las escalas muestran una buena
consistencia interna, con valores comprendidos entre .71 y .84: Autoaceptación (α = .84),
Relaciones positivas (α = .78), Autonomía (α = .70), Dominio del entorno (α = .82), Propósito
en la vida (α = .70) y Crecimiento personal (α = .71).

Procedimiento

Para la recogida de muestra, se elaboró una encuesta en Google Cuestionarios para


facilitar el proceso y para que los participantes pudiesen responderla online, y en el momento
que deseasen. Los sujetos pertenecían a distintas universidades y estaban cursando distintos
títulos universitarios como grado, máster u otros. Al no contar con menores de edad, no fue
necesaria una autorización pero si que se informaron los motivos de la realización de la
investigación, así como la cláusula de confidencialidad y anonimato.

La participación fue voluntaria y en todo momento se protegieron los derechos y el


bienestar de los sujetos, habiendo dado su consentimiento previo a participar, según la Ley
Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal, (LOPD). El material recogido
se cuidó en todo momento, guardándolo en un lugar seguro, y sin incluir datos personales que
pudiesen identificar a ninguno de los participantes.

Además, y por supuesto, no se dio ninguna situación de riesgo para los sujetos que han
participado en esta investigación.

  12  
Análisis de datos

Los datos obtenidos en las distintas escalas fueron guardados en una hoja de Excel y
exportados al programa IBM SPSS Statistics versión 24, tomando un nivel de significación de =
.05 para estimar las diferencias significativas.

Con el fin de comprobar que el uso de pruebas paramétricas era adecuado, se


comprobaron los supuestos de normalidad de los datos mediante el test de Kolmogorov
Smirnov. Estos requisitos se cumplieron en todas las variables continuas (Autoestima, Estrés
Percibido y Bienestar psicológico), sin embargo, no se cumplieron en tres de las subescalas del
Bienestar Psicológico (relaciones positivas, crecimiento personal y propósito en la vida).
Finalmente, se aplicaron las siguientes pruebas paramétricas:

En primer lugar, para analizar la relación entre la realización de actividad física (factor
o variable independiente) y los niveles de Autoestima (variable dependiente), se utilizó un
análisis de la varianza o ANOVA de un factor. Del mismo modo, para estudiar la relación entre
la realización de actividad física (factor o variable independiente), Estrés Percibido y el
Bienestar Psicológico (variables dependientes), también se utilizó un análisis de varianza o
ANOVA de un factor.

En segundo lugar, se llevó a cabo una correlación de Pearson, entre la puntuación total
de MET (unidad de medida del test IPAQ) obtenida en el IPAQ que mide actividad física y el
resto de variables, de cara a obtener información adicional sobre como se relacionan entre sí
cada una de las variables.

Por último, para ver si existen diferencias en función del sexo (variable dependiente), a
partir de los resultados anteriores, también se utilizó un análisis de la varianza cabo o ANOVA
de un factor.

  13  
RESULTADOS

Características sociodemográficas de la muestra

La edad media de los participantes fue de 22.72 años (DT = 3.17), presentándose una
edad mínima de 18 y una máxima de 35. La muestra predominante fue la femenina con un
63.4% de participantes (71 mujeres) frente al 36.6% de participación masculina (41 hombres).

Relación entre las variables estudiadas

En primer lugar, se procedió a analizar las posibles relaciones que pudiesen existir entre
las distintas variables del estudio. Los resultados fueron llamativos ya que, como se puede ver
en la Tabla 1, existen relaciones estadísticamente significativas entre todas ellas y, además,
como se podía esperar, las relaciones entre el Estrés Percibido y el resto de variables, fueron
negativas.

Tabla 1
Matriz de correlaciones entre las distintas variables teóricamente asociadas
EP AA RP AT DE CP PV BP(total)
AU -.504** .605** .409** .513** .538** .395** .476** .631**
EP -.547** -.405** -.420** -.637** -.380** -.548* -.628**
AA .486** .616** .651** .625** .779** .878**
RP .443** .458** .502** .386** .714**
AT .480** .370** .436** .754**
DE .429** .648** .781**
CP .614** .726**
PV .812**
Nota. Prueba de Pearson AU= Autoestima; EP= Estrés percibido;AA=Autoaceptación;
RP= Relaciones positivas; AT= Autonomía; DE= Dominio del entorno;
CP=Crecimiento personal; PV=Propósito en la vida; BP= Bienestar psicológico. **si
p<.01.

IPAQ y variables teóricamente asociadas

En segundo lugar, se analizó cómo se relaciona la práctica de actividad física con la


Autoestima, el Estrés Percibido y el Bienestar Psicológico en cada una de sus subescalas, en los
sujetos universitarios que participaron en este estudio. Para realizar los análisis pertinentes, y
tras la corrección de los distintos instrumentos, la actividad física se dividió en dos grupos,
vigorosos y moderados, según la puntuación total obtenida en el IPAQ.

  14  
Como se observa en la Tabla 2, no se encontraron relaciones estadísticamente
significativas en ninguna de las combinaciones ya que no alcanza el nivel de significación p <
.05.

Tabla 2
Análisis de la varianza entre el total del IPAQ y las variables teóricamente asociadas a la
actividad física
Estadístico de
Variables contraste
Autoestima F(1,110) = .009; p = .923 p; η2 = .000
Vigorosos 32.08 (6.45)
Moderados 32.21 (5.38)
Estrés percibido F(1,110) = 3.859; p = .052 p; η2 = .034
Vigorosos 26.72 (9.39)
Moderados 30.75 (9.37)
Autoaceptación F(1,110) = .002; p = .965 p; η2 = .000
Vigorosos 18.86 (3.77)
Moderados 18.82 (3.71)
Relaciones positivas F(1,110) = .297; p = .587 p; η2 = .003
Vigorosos 24.93 (5.12)
Moderados 25.53 (5.06)
Autonomía F(1,110) = .005; p = .942 p; η2 = .000
Vigorosos 25.65 (6.19)
Moderados 25.75 (5.44)
Dominio del entorno F(1,110) = 2.850; p = .094 p; η2 = .025
Vigorosos 22.19 (4.20)
Moderados 20.60 (4.57)
Crecimiento personal F(1,110) = 1.542; p = .217 p; η2 = .014
Vigorosos 19.61 (3.52)
Moderados 20.47 (3.48)
Propósito en la vida F(1,110) = .308; p = .580 p; η2 = .003
Vigorosos 22.80 (4.89)
Moderados 22.21 (4.58)
Bienestar Psicológico (total) F(1,110) = .014; p = .907 p; η2 = .000
Vigorosos 134.05 (21.50)
Moderados 133.50 (20.95)
Nota. Prueba Anova de 1 Factor. Nivel de significación p<.05.

Con el objetivo de obtener más información a cerca de cómo se relacionan la actividad


física y las variables objeto de estudio, se procedió a realizar una Correlación de Pearson con la
puntuación total de MET (unidad de medida del test IPAQ). Como puede verse en la Tabla 3, se
observó solo una relación significativa negativa entre la actividad física (a través del MET) y el
Estrés Percibido (r=-.248; p=.008), lo que coincide con lo previsto en las hipótesis.

  15  
Tabla 3
Matriz de correlaciones entre la puntuación total de MET y las variables teóricamente
asociadas
Variables Estadístico de contraste
MET-Autoestima r (1) = .046; p = .632
MET-Estrés percibido r (1) = -.248; p = .008
MET-Autoaceptación r (1) = .026; p = .787
MET-Relaciones positivas r (1) = -.025; p = .791
MET-Autonomía r (1) = .083; p = .387
MET-Dominio del entorno r (1) = .125; p = .188
MET-Crecimiento personal r (1) = -.060; p = .527
MET-Propósito en la vida r (1) = .155; p = .103
MET-Bienestar Psicológico (total) r (1) = .072; p = .450
Nota. Prueba de Pearson. Nivel de significación p<.01. MET=Unidad de medida del test
IPAQ
En negrita se especifican las relaciones significativas.

Diferencias en función del sexo

Por último, se analizó si existían diferencias en función del sexo en cada una de las
variables de estudio, y como se puede observar en la Tabla 4, de nuevo solo se obtuvo una
relación estadísticamente significativa en la variable Estrés Percibido (F= 13.178; p < .001).
Por otro lado, los hombres tienden a tener puntuaciones más altas en Bienestar Psicológico (M =
134.80; DT = 22.57), concretamente en las subescalas de autonomía (M = 26.66; DT = 6.59),
dominio del entorno (M = 22.32; DT = 3.99) y propósito en la vida (M = 22.73; DT = 4.67),
mientras que las mujeres puntúan más alto en Autoestima (M = 31.59; DT = 6.16) y Estrés
Percibido (M = 30.08 ; DT = 9.09), y en las subescalas de Bienestar Psicológico de
autoaceptación (M = 18.86; DT = 3.75), relaciones positivas (M = 25.14; DT = 4.73) y
crecimiento personal (M = 20.18; DT = 3.47).

  16  
Tabla 4
Análisis de la varianza entre el sexo y las variables teóricamente asociadas
Variables Estadístico de contraste
Autoestima F(1,110) = 1.400; p = .239 p; η2 = .013
Hombre 33.02 (6.18)
Mujer 31.59 (6.16)
Estrés percibido F(1,110) = 13.178; p < .001 p; η2 = .107
Hombre 23.66 (8.89)
Mujer 30.08 (9.09)
Autoaceptación F(1,110) = .002; p = .968 p; η2 = .000
Hombre 18.83 (3.77)
Mujer 18.86 (3.75)
Relaciones positivas F(1,110) = .027; p = .869 p; η2 = .000
Hombre 24.97 (5.72)
Mujer 25.14 (4.73)
Autonomía F(1,110) = 1.742; p = .190 p; η2 = .016
Hombre 26.66 (6.59)
Mujer 25.11 (5.58)
Dominio del entorno F(1,110) = 0.940; p = .335 p; η2 = .008
Hombre 22.32 (3.99)
Mujer 21.49 (4.52)
Crecimiento personal F(1,110) = 1.670; p = .199 p; η2 = .015
Hombre 19.29 (3.58)
Mujer 20.18 (3.47)
Propósito en la vida F(1,110) = .018; p = .894 p; η2 = .000
Hombre 22.73 (4.67)
Mujer 22.60 (4.90)
Bienestar Psicológico
(total) F(1,110) = .113; p = .737 p; η2 = .001
Hombre 134.80 (22.57)
Mujer 133.39 (21.27)
Nota. Prueba Anova de 1 Factor. Nivel de significación p<.05.
En negrita se especifican las relaciones significativas.

  17  
DISCUSIÓN

En el presente estudio se observa, por un lado, cómo se relaciona la práctica de


actividad física con la Autoestima, el Estrés Percibido y el Bienestar Psicológico y por otro
lado, si existen diferencias entre hombres y mujeres. Además, también se observa cómo se
relacionan entre sí cada una de las variables psicológicas, de cara a obtener más información en
torno a estos conceptos, todos indicadores de una mejor salud mental.

Cabe destacar que la relevancia de este estudio reside en el hecho de que, en los últimos
años, el nivel de sedentarismo ha ido incrementando sobretodo en los jóvenes, (Esnaola y
Revuelta, 2009), debido a factores entre los que destacan la tecnología y la modernización
(García-Laguna, García-Salamanca, Tapiero-Paipa y Ramos, 2012).

En primer lugar, se espera que la Autoestima esté relacionada positivamente con la


práctica de actividad física, como muestran de forma científica Alcántara et al. (2002). Nuestra
primera hipótesis también se corresponde con lo planteado en el estudio de García, Marín y
Bohórquez (2012), en el que se menciona cómo la práctica de actividad física está asociada con
un descenso de síntomas de trastornos psicológicos como la depresión, el Estrés Percibido y la
ansiedad, y con una mayor Autoestima y estado de ánimo. Sin embargo, con base en los
resultados obtenidos, no se puede confirmar la primera hipótesis ya que no se encuentran
relaciones estadísticamente significativas entre los dos grupos de actividad física (vigorosos y
moderados) y los niveles de Autoestima. Esto coincide con lo planteado en García et al. (2007),
donde se afirma que no existe un consenso claro sobre la influencia que la actividad física puede
tener en este indicador psicológico, precisamente por problemas tanto de conceptualización,
como metodológicos. Además, en su investigación, tampoco encuentran diferencias
significativas entre los universitarios físicamente activos y los que no lo son, por lo que también
nos situamos en la mitad de investigaciones que no confirma que la Autoestima mejore con la
actividad física regular (Blasco, 1997; Fox, 2000, citado en García, Fernández y Pablos, 2007).
A pesar de los datos obtenidos, cabe destacar que, tanto el grupo de sujetos vigorosos como
moderados, presentan una elevada Autoestima (> 30 puntos), lo que está considerado como una
Autoestima normal.

En segundo lugar, a raíz de una investigación realizada por Holmes (1993), VanKim y
Nelson (2013) estudian la relación que existe entre la práctica de ejercicio físico y el estrés
ambiental, en estudiantes universitarios, llegando a la conclusión de que aquellos jóvenes que
llevan a cabo una vida físicamente activa, tienen una salud mental y una percepción del estrés
más favorable. Además, un estudio llevado a cabo por Ramírez et al. (2018), cuyo objetivo

  18  
principal es observar si la actividad física está asociada a efectos beneficiosos en la población
universitaria físicamente activa, comprueba que la práctica deportiva está relacionada con un
menor Estrés Percibido. A raíz de estos datos, en el presente estudio se espera que la variable
actividad física, esté relacionada de forma negativa con el Estrés percibido, lo que concuerda
con los resultados obtenidos, que indican que, a mayor actividad física, menor Estrés Percibido,
confirmándose por lo tanto la segunda hipótesis. En cuanto a esta variable, también resulta
interesante observar las diferencias entre sexos. Los hombres puntúan más bajo que las mujeres,
lo que parece indicar que éstas perciben mayor estrés. Esto coincide con el estudio realizado por
Jiménez et al. (2008), en el que uno de sus resultados más relevantes plantea que la población
femenina podría beneficiarse más del uso de ejercicio físico como afrontamiento de estrés,
precisamente por haber obtenido puntuaciones más altas en las mujeres que en los hombres.

Existen numerosos estudios que avalan la relación existente entre la práctica de


actividad física y un mayor Bienestar Psicológico, como se plantea en nuestra tercera hipótesis.
García, Vieira y Rodrigues (2014), en su investigación, concluyen que las personas que realizan
actividades físicas regulares, tienden por un lado a llevar un estilo de vida más saludable,
además de tener niveles más altos de Bienestar Psicológico. Además, también sugirieren que, a
medida que se avanza en la adultez, una de las claves es mantener una vida activa para prevenir
los efectos negativos del envejecimiento. En este estudio se espera que el Bienestar Psicológico
esté relacionado de forma positiva con la práctica de actividad física, pero no se confirma
nuestra tercera hipótesis ya que no se obtienen relaciones estadísticamente significativas.
Aunque en este estudio se ha tomado como referencia el modelo de Ryff (1995) que incluye seis
dimensiones (auto-aceptación, relaciones positivas con otras personas, autonomía, dominio del
entorno, propósito en la vida y crecimiento personal) , hay que tener en cuenta que el concepto
de Bienestar Psicológico se ha estudiado de diversas formas. En concreto, en la Teoría de la
Autodeterminación (SDT), se manejan indicadores de medida como la Autoestima, la
satisfacción con la vida y la vitalidad subjetiva. García et al. (2007), en su investigación sobre
“Bienestar Psicológico y práctica deportiva en universitarios”, y tomando como referencia la
SDT, no obtienen resultados significativos con respecto a la relación entre la práctica de deporte
y el Bienestar Psicológico, lo que coincide con nuestra investigación, en la que tampoco hemos
obtenido datos concluyentes. A pesar de los datos obtenidos, cabe destacar que el grupo de
sujetos vigorosos, presentan un mayor Bienestar Psicológico (M = 134.05) que el grupo de
sujetos moderados (M = 133.50).

Otro de los aspectos que se pretende observar en el presente estudio, es si existen


diferencias entre hombres y mujeres en relación a la actividad física y el resto de variables. Lo
primero que hay que tener en cuenta es que en la investigación participan 112 sujetos, entre los

  19  
cuales 71 son mujeres (63.4%) y 41 hombres (36.6%). Aunque este dato pueda llamar la
atención, concuerda con los datos recopilados por la Fundación CYD (Fundación Crecimiento
y Desarrollo), en la que se publica que “la tasa de idoneidad (porcentaje de titulados en los
cuatro cursos que dura un grado) era del 41,2% para las mujeres frente al 23,7% de los hombres
y la tasa de graduación (porcentaje de los que se titulan en cinco cursos, como máximo) era del
55,3% para ellas frente al 37,1% de los hombres", por lo que podemos considerar que es una
muestra representativa en cuanto a los universitarios españoles. Además, después de analizar los
datos correspondientes con respecto a la actividad física, y teniendo en cuenta la discriminación
que realiza el IPAQ en función del grado actividad que se realiza, hay que destacar que el
87.8% de los participantes hombres son vigorosos, frente a un 67.6% de las mujeres. Esto
concuerda con el estudio realizado en Murcia en el que la proporción de hombres practicantes
de actividades físico-deportivas es mayor a la proporción de mujeres (Varela et al., 2011).
Además, Pavón y Moreno (2008) también apoyan la idea de que los hombres realizan más
actividad física que las mujeres, por un lado porque su incorporación en el mundo del deporte es
posterior, y por otro, porque su participación en ciertas modalidades es limitada.

Aunque en la actualidad el interés por el deporte está incrementando en la mayoría de


países del mundo, los datos con respecto a la práctica deportiva de la población femenina no son
muy alentadores (Moreno, Pardo, Jorge y Huéscar, 2016), estimándose que apenas una de cada
tres personas practicantes de deporte en España son mujeres (Consejo Superior de Deportes,
CSD, 2010). El hecho de que los trabajos en cuanto a mujeres practicantes y no practicantes de
actividad físico-deportiva sean escasos, invitan a futuras investigaciones a seguir analizando el
papel femenino en este ámbito, ya que se ha creado un estereotipo muy tradicional de la mujer
con respecto al deporte, encasillándolas en una imagen superficial e irreal (Moreno et al., 2016).

Por otro lado, y siguiendo en la línea de las diferencias entre sexos, solo se obtiene una
relación estadísticamente significativa en la variable Estrés Percibido (F= 13.178; p < .001)
como se ha comentado anteriormente. Sin embargo, a partir de los análisis realizados, se
comprueba que los hombres obtienen puntuaciones más altas en Bienestar Psicológico,
concretamente en las subescalas de autonomía, dominio del entorno y propósito en la vida,
siendo las puntuaciones más altas de las mujeres en Autoestima y Estrés Percibido por un lado,
y en las subescalas de Bienestar Psicológico de autoaceptación, relaciones positivas y
crecimiento personal, por otro.

  20  
De cara a arrojar una explicación de por qué no se han cumplido las hipótesis planteadas
y esperables, me planteo hasta qué punto el nivel de sedentarismo ha incrementado en la medida
en la que exponen Esnaola y Revuelta (2009). En la actualidad, es innegable que el interés por
el deporte está a la orden del día a nivel mundial, siendo la actividad humana preferida por las
masas. En concreto, en España en los último 30 años, se ha dado una evolución de la práctica
deportiva de la población comprendida entre los 15 y los 65 años, pasando de un 25% en 1980 a
un 45% en el año 2010 (Moreno et al., 2016). Esto puede explicar que en nuestro estudio, el
mayor porcentaje de sujetos, estén considerados como vigorosos, ya que los jóvenes cada vez
tienen más conciencia respecto a la salud y el culto al cuerpo.

Parece pertinente hablar de las posibles limitaciones del estudio, que han podido influir
en los resultados obtenidos, y que no dejan de animar a futuras investigaciones a seguir
investigando en esta línea. En primer lugar, aparte de existir la posibilidad de que la población
sea más vigorosa de lo que pensamos, puede ser que el haber utilizado la versión corta del
IPAQ, no nos haya permitido realizar estimaciones más altas y precisas en cuanto a la actividad
física. Además, el hecho de que las respuestas hayan sido autoinformadas, pueden no reflejar
con exactitud la situación real. La versión de 31 ítems, registra información más detallada y
aumenta la posibilidad de comparar los resultados con otros estudios (Toloza y Gómez-Conesa,
2007), por lo que, de cara a investigaciones futuras, se recomienda utilizar un instrumento más
conciso para medir la actividad física.

Además, somos conscientes de que el tipo de muestreo no probabilístico que se ha


llevado a cabo (muestreo por conveniencia), pueda estar sesgado y por lo tanto no se puedan
generalizar los resultados con precisión estadística, ya que dependen de las características de la
muestra. Por otro lado, el hecho de que los participantes sean estudiantes universitarios (en
especial mujeres jóvenes), es otra de las limitaciones que no nos permite generalizar los
resultados a otros segmentos poblacionales.

A pesar de no obtener mucha evidencia empírica sobre los efectos beneficiosos de la


actividad física, la literatura actual parece apoyar la idea de que sí que existe una relación clara.
Es cierto que en este estudio no se estudian de manera concreta las características de la
actividad física que pueden resultar más significativas, por lo que, una futura línea de
investigación podría centrarse no solo en la duración del ejercicio y el número de sesiones por
semana, sino también en la intensidad y la modalidad practicada, de cara a obtener información
más detallada sobre qué es lo que potencia la Autoestima, el Bienestar psicológico o reduce el
Estrés percibido. Por último, además de animar a que se sigan realizando investigaciones, no
solo en universitarios sino también en otros segmentos de la población, podría ser interesante

  21  
llevar a cabo estudios longitudinales, con un seguimiento a largo plazo de los posibles efectos
que puede tener la práctica de actividad física, en la salud mental.

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