Actividad Física y Bienestar Psicológico
Actividad Física y Bienestar Psicológico
FACULTAD
DE
CIENCIAS
HUMANAS
Y
SOCIALES
Madrid
Mayo
2019
LA
ACTIVIDAD
FÍSICA
COMO
POTENCIADOR
DE
AUTOESTIMA,
ESTRÉS
Julia
Ortiz
2
RESUMEN
En los últimos años, el interés por llevar un estilo de vida saludable está incrementando a nivel
mundial. En concreto, la actividad física se convierte en un concepto crucial en torno a la salud
física y mental, por lo que en el presente estudio se investiga qué relación puede tener con la
Autoestima, el Estrés Percibido y el Bienestar Psicológico, además de observar si hay
diferencias entre hombres y mujeres. En esta investigación participaron 112 sujetos cuyas
edades estuvieron comprendidas ente los 18 y los 35 años. Los instrumentos utilizados fueron:
el Cuestionario internacional de actividad física (IPAQ), la Escala de Autoestima de Rosenberg
(1965), la Escala de Estrés Percibido (PSS) y la Escala de Bienestar Psicológico de Ryff (1989).
Los resultados muestran, por un lado, relaciones estadísticamente significativas entre la
actividad física y el Estrés Percibido, y por otro lado, se observan puntuaciones más altas de los
hombres en Bienestar Psicológico, y de las mujeres en Autoestima y Estrés Percibido. Por
último se discuten las posibles limitaciones del estudio y se realizan sugerencias de cara a
futuras investigaciones.
ABSTRACT
Lately, interest in leading a healthy lifestyle has increased globally. Physical activity has
actually become a crucial concept in relation with not only physical but also mental health. For
this reason, this essay investigates the relationship between Self-Steem, Perceived Stress and
Psychological Well-Being, as well as analysing whether there are any differences between men
and women among these variables. In this investigation, there were 112 subjects involved, with
ages between 18 and 35 years old. The instruments used were: International Physical Activity
Questionnaire (IPAQ), the Rosenberg Self-Esteem Scale (RSES), the Perceived Stress Scale
(PSS) and Riff’s Psycological Well Being Scale (1989). The results show, on the one hand,
statically significant relationship between physical activity and Perceived Stress, and on the
other hand, higher scores for men on Phsicological Well-Being, and for women in Self-Esteem
and Perceived Stress. Lastly, I discuss the possible limitations of the essay and propose
suggestions for future investigations.
Key words: Physical activity, Self-Steem, Perceived Stress and Psychological Well-Being.
3
La actividad física y el deporte cada vez se tienen más en cuenta en relación a los estilos
de vida saludables y a una mejora del estado de salud. En concreto, en los últimos veinte años,
se han realizado multitud de estudios que demuestran los beneficios que tiene la práctica de
actividad física regular en la salud física y en la salud mental (Álvarez, Cuevas, Lara y
Gónzalez, 2015). Esnaola y Revuelta (2009), analizaron la relación entre autoconcepto físico,
expectativas de éxito, valor percibido y dificultad percibida de la actividad física con la práctica
de actividad físico-deportiva, y obtuvieron resultados manifestando que, las personas
consideradas como activas (es decir, que practiquen alguna actividad física al menos dos días a
la semana), se perciben mejor en cuanto a la habilidad física, condición física, fuerza,
autoconcepto físico general, autoconcepto general, teniendo además mejores expectativas de
éxito futuro que las personas inactivas. Por otro lado, también hay investigaciones que hablan
de la mejora de la salud subjetiva, estado de ánimo y emotividad, reducción de la depresión
clínica, disminución de niveles de ansiedad, favorecimiento del afrontamiento o incremento de
Autoestima (Biddle, Fox y Boutcher, 2002; Lawlor y Hopker, 2001; Akandere y Tekin, 2005;
Holmes, 1993; McAuley, Mihalko y Bane, 1997, citado en Jiménez, Martínez, Miró y Sánchez,
2008).
Cabe destacar que, desde las últimas décadas hasta hoy, el nivel de sedentarismo ha
incrementado, sobretodo conforme avanza la adolescencia (Esnaola y Revuelta, 2009),
entendiéndose este concepto como la falta de actividad física en la que la persona no realiza una
cantidad mínima de movimiento entre 25 y 30 minutos diarios (Varela, Duarte, Salazar, Lema y
Tamayo, 2011). La existencia de este fenómeno se atribuye en gran medida a las facilidades
existentes gracias a la tecnología y a la modernización, que ha llevado al ser humano a ser más
pasivo y consumista, habiéndose establecido, además, una relación entre la disminución de
actividad física y el aumento de la edad (García-Laguna, García-Salamanca, Tapiero-Paipa y
Ramos, 2012). También resulta interesante mencionar las barreras manifestadas por los
4
universitarios en relación a la realización de actividad física, obteniendo las puntuaciones más
altas, barreras externas como “demasiado trabajo”, o internas como “hoy estoy cansado” o “falta
de tiempo” (Martínez, Puig y García, 2014 citado en Ramírez, Raya y Ruiz, 2018). La
Organización Mundial de la Salud afirma que la prevalencia de sedentarismo en adultos, a nivel
global, es del 17%, siendo del 31% al 51%, la de actividad física moderada (Varela et al., 2011).
Es por esto por lo que se ha convertido en todo un reto en materia de salud pública (Aznar y
Webster, 2006), sobretodo en personas jóvenes, y por consiguiente, una de las razones por las
que este estudio se realiza en universitarios.
Por otro lado, otro concepto que está directamente relacionado con la salud mental es la
Autoestima. Rosenberg (1965), la describió como “la manifestación de la actitud global
(favorable o no) que posee una persona en relación a su importancia y valía” y existen
investigaciones que concluyen que ésta mejora a través de la realización de actividades físicas
(Blasco, 1997; Fox, 2000, citado en García, Fernández y Pablos, 2007 p.80) y teniendo una
imagen positiva del cuerpo. Además, se considera un requisito imprescindible para alcanzar una
vida plena (Branden, 1995).
Las relaciones que se han intentado establecer entre las distintas variables implicadas en
la dimensión Autoestima, en el ámbito del deporte y la actividad física, son diversas (González
et al., 2018). Alcántara, Ureña y Garcés de los Fayos (2002), demuestran de forma científica
que el deporte mejora la condición física, la calidad de vida y la sintomatología en distintos
tipos de población; Rodríguez, Wigfield y Eccles (2003) relacionaron por un lado el impacto
que tienen las valoraciones sobre la actividad física o deporte en la Autoestima; Pedersen y
Seidman (2004), observaron como se relacionaba el grado de Autoestima con el tiempo
5
dedicado la actividad física; y por último, Moreno, Moreno y Cervelló (2007) estudiaron la
asociación entre el autoconcepto físico y la intención de ser físicamente activo.
6
en la vida y crecimiento personal, y es así como mediremos esta variable a lo largo de la
investigación en relación a la práctica de actividad física.
En segundo lugar, es necesario mantener relaciones sociales, tener amigos y ser capaz
de amar, para gozar de salud mental (Ryff, 1989), y esto hace referencia a la dimensión de
relaciones positivas con otras personas, que se relaciona con la asertividad, al permitir expresar
una opinión propia sin transgredir la postura de otros, y fomentando así relaciones favorables
con el entorno (Kelly, 1992).
Por último, la dimensión denominada crecimiento personal, como describen Díaz et al.
(2006), “se refiere a el empeño por desarrollar sus potencialidades, por seguir creciendo como
persona y llevar al máximo sus capacidades” (Keyes et al., 2002).
Existen estudios que concluyen que el Bienestar Psicológico está asociado a la práctica
de actividad física, percibiéndose las personas físicamente activas como más saludables, con
menor estrés y con mejor estado de ánimo que aquellas que no realizan actividades físicas
(Jiménez et al., 2008), por lo que ha sido objeto de investigación en el ámbito del deporte y de
la psicología, habiéndose tratado de formas muy diversas en torno al universo de la calidad de
vida.
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Además, hay muchas investigaciones en torno a este concepto que han utilizado
muestras universitarias precisamente por considerar esta etapa un periodo clave en el que los
estudiantes están sometidos a constantes evaluaciones académicas, personales y sociales (Rosa-
Rodríguez et al., 2015). Conocer la percepción del Bienestar psicológico en esta población es
necesario para poder llevar a cabo las intervenciones y programas pertinentes a las necesidades
específicas de los universitarios/as (Burris, Brechting, Salsman y Carlson, 2009; Cooke,
Bewick, Barkham, Bradley y Audin, 2006).
8
universitarios, ya que representan una significativa parte de la población juvenil. Resulta
también muy interesante estudiar el Bienestar Psicológico en base a las seis dimensiones
planteadas por Ryff (1989), ya que recoge de forma muy precisa y completa el constructo, algo
que en la investigación en el ámbito del deporte no se ha realizado en exceso, y nos permite
además, recoger datos en torno a uno de los principales indicadores positivos de la salud mental.
Por último, ser hombre o mujer también va a ser determinante en torno a la vivencia del deporte,
ya que, cómo hemos comentado anteriormente, la divergencia entre sexos es clara, y por lo
tanto no podemos valorarlo de forma global.
Habiendo explicado las razones y la relevancia de llevar a cabo este estudio, el objetivo
de este trabajo es explorar las relaciones de la práctica de actividad física y las variables
psicológicas. Por otro lado, las hipótesis de este trabajo serían:
MÉTODO
Tipo de diseño
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Participantes
En esta investigación participaron 112 sujetos (N = 112), de los cuales 71 eran mujeres
(63.4%) y 41 hombres (36.6%), todos ellos universitarios españoles. Las edades estuvieron
comprendidas entre 18 y 35 años (M = 22.72; DT = 3.17) siendo la media de edad de las
mujeres 22.35 años (DT = 2.62) y la de los hombres 23.36 años (DT = 3.90).
Los criterios de inclusión para los participantes fueron: ser mayor de edad, ser
estudiante universitario y ser español, sin tener en cuenta el tipo de estudios que se estuviesen
realizando (Grado, Máster u otros estudios universitarios). Respecto a los criterios de exclusión:
los pacientes fueron excluidos del estudio si no estaban realizando estudios universitarios, si no
eran españoles o si eran menores de edad.
Instrumentos
a) Cuestionario sociodemográfico
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está diseñado para ser empleado en adultos de edades comprendidas entre los 18 y 65 años, por
lo que se ajusta a las características de población de este estudio.
Escala llevada a cabo por Roserberg (1965) y validada al castellano por Vázquez,
Jiménez y Vázquez-Morejón (2004). Esta adaptación presenta unas características psicométricas
adecuadas como se presenta a continuación. En cuanto a la fiabilidad, la consistencia interna
(Alpha de Cronbach) es igual a .87; además es similar a la referida en otros estudios que
informan de puntuaciones que oscilan entre .77 y .88. En cuanto a la validez de constructo, se
muestran correlaciones sustanciales de signo negativo y una puntuación total en SCL-90R de r =
.61, por lo que se confirma la validez del instrumento.
Es una escala de tipo Likert formada por 10 ítems evaluados en función del grado de
acuerdo (1- Muy en desacuerdo y 4-Muy de acuerdo). Los ítems 1, 3, 4, 7 y 10 están redactados
de forma positiva, mientras que los ítems 2,5,6,8 y 9 están redactados de forma negativa y se
evalúan los sentimientos de valía personal y de respeto a sí mismo.
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correlaciones de Pearson demuestran que ambas medidas están relacionadas, teniendo una
mayor correlación el nivel de estrés que el nivel de ansiedad.
e) Escala de Bienestar Psicológico de Ryff (1989)
Escala llevada a cabo por Ryff en 1989, reducida por Van Dierendonck en 2004 y
validada en población española por Díaz et al. (2006). La propuesta de Van Dierendonck era
una escala de 39 ítems, pero para superar sus limitaciones, se desarrolló una versión más corta
con un nivel de ajuste incluso mejor (Díaz et al., 2006). Está formada por 29 ítems, entre los
cuales se miden seis escalas, y tiene un formato de respuestas entre 1 y 6, siendo 1, totalmente
en desacuerdo y 6, totalmente de acuerdo.
En cuanto a las características psicométricas, todas las escalas muestran una buena
consistencia interna, con valores comprendidos entre .71 y .84: Autoaceptación (α = .84),
Relaciones positivas (α = .78), Autonomía (α = .70), Dominio del entorno (α = .82), Propósito
en la vida (α = .70) y Crecimiento personal (α = .71).
Procedimiento
Además, y por supuesto, no se dio ninguna situación de riesgo para los sujetos que han
participado en esta investigación.
12
Análisis de datos
Los datos obtenidos en las distintas escalas fueron guardados en una hoja de Excel y
exportados al programa IBM SPSS Statistics versión 24, tomando un nivel de significación de =
.05 para estimar las diferencias significativas.
En primer lugar, para analizar la relación entre la realización de actividad física (factor
o variable independiente) y los niveles de Autoestima (variable dependiente), se utilizó un
análisis de la varianza o ANOVA de un factor. Del mismo modo, para estudiar la relación entre
la realización de actividad física (factor o variable independiente), Estrés Percibido y el
Bienestar Psicológico (variables dependientes), también se utilizó un análisis de varianza o
ANOVA de un factor.
En segundo lugar, se llevó a cabo una correlación de Pearson, entre la puntuación total
de MET (unidad de medida del test IPAQ) obtenida en el IPAQ que mide actividad física y el
resto de variables, de cara a obtener información adicional sobre como se relacionan entre sí
cada una de las variables.
Por último, para ver si existen diferencias en función del sexo (variable dependiente), a
partir de los resultados anteriores, también se utilizó un análisis de la varianza cabo o ANOVA
de un factor.
13
RESULTADOS
La edad media de los participantes fue de 22.72 años (DT = 3.17), presentándose una
edad mínima de 18 y una máxima de 35. La muestra predominante fue la femenina con un
63.4% de participantes (71 mujeres) frente al 36.6% de participación masculina (41 hombres).
En primer lugar, se procedió a analizar las posibles relaciones que pudiesen existir entre
las distintas variables del estudio. Los resultados fueron llamativos ya que, como se puede ver
en la Tabla 1, existen relaciones estadísticamente significativas entre todas ellas y, además,
como se podía esperar, las relaciones entre el Estrés Percibido y el resto de variables, fueron
negativas.
Tabla 1
Matriz de correlaciones entre las distintas variables teóricamente asociadas
EP AA RP AT DE CP PV BP(total)
AU -.504** .605** .409** .513** .538** .395** .476** .631**
EP -.547** -.405** -.420** -.637** -.380** -.548* -.628**
AA .486** .616** .651** .625** .779** .878**
RP .443** .458** .502** .386** .714**
AT .480** .370** .436** .754**
DE .429** .648** .781**
CP .614** .726**
PV .812**
Nota. Prueba de Pearson AU= Autoestima; EP= Estrés percibido;AA=Autoaceptación;
RP= Relaciones positivas; AT= Autonomía; DE= Dominio del entorno;
CP=Crecimiento personal; PV=Propósito en la vida; BP= Bienestar psicológico. **si
p<.01.
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Como se observa en la Tabla 2, no se encontraron relaciones estadísticamente
significativas en ninguna de las combinaciones ya que no alcanza el nivel de significación p <
.05.
Tabla 2
Análisis de la varianza entre el total del IPAQ y las variables teóricamente asociadas a la
actividad física
Estadístico de
Variables contraste
Autoestima F(1,110) = .009; p = .923 p; η2 = .000
Vigorosos 32.08 (6.45)
Moderados 32.21 (5.38)
Estrés percibido F(1,110) = 3.859; p = .052 p; η2 = .034
Vigorosos 26.72 (9.39)
Moderados 30.75 (9.37)
Autoaceptación F(1,110) = .002; p = .965 p; η2 = .000
Vigorosos 18.86 (3.77)
Moderados 18.82 (3.71)
Relaciones positivas F(1,110) = .297; p = .587 p; η2 = .003
Vigorosos 24.93 (5.12)
Moderados 25.53 (5.06)
Autonomía F(1,110) = .005; p = .942 p; η2 = .000
Vigorosos 25.65 (6.19)
Moderados 25.75 (5.44)
Dominio del entorno F(1,110) = 2.850; p = .094 p; η2 = .025
Vigorosos 22.19 (4.20)
Moderados 20.60 (4.57)
Crecimiento personal F(1,110) = 1.542; p = .217 p; η2 = .014
Vigorosos 19.61 (3.52)
Moderados 20.47 (3.48)
Propósito en la vida F(1,110) = .308; p = .580 p; η2 = .003
Vigorosos 22.80 (4.89)
Moderados 22.21 (4.58)
Bienestar Psicológico (total) F(1,110) = .014; p = .907 p; η2 = .000
Vigorosos 134.05 (21.50)
Moderados 133.50 (20.95)
Nota. Prueba Anova de 1 Factor. Nivel de significación p<.05.
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Tabla 3
Matriz de correlaciones entre la puntuación total de MET y las variables teóricamente
asociadas
Variables Estadístico de contraste
MET-Autoestima r (1) = .046; p = .632
MET-Estrés percibido r (1) = -.248; p = .008
MET-Autoaceptación r (1) = .026; p = .787
MET-Relaciones positivas r (1) = -.025; p = .791
MET-Autonomía r (1) = .083; p = .387
MET-Dominio del entorno r (1) = .125; p = .188
MET-Crecimiento personal r (1) = -.060; p = .527
MET-Propósito en la vida r (1) = .155; p = .103
MET-Bienestar Psicológico (total) r (1) = .072; p = .450
Nota. Prueba de Pearson. Nivel de significación p<.01. MET=Unidad de medida del test
IPAQ
En negrita se especifican las relaciones significativas.
Por último, se analizó si existían diferencias en función del sexo en cada una de las
variables de estudio, y como se puede observar en la Tabla 4, de nuevo solo se obtuvo una
relación estadísticamente significativa en la variable Estrés Percibido (F= 13.178; p < .001).
Por otro lado, los hombres tienden a tener puntuaciones más altas en Bienestar Psicológico (M =
134.80; DT = 22.57), concretamente en las subescalas de autonomía (M = 26.66; DT = 6.59),
dominio del entorno (M = 22.32; DT = 3.99) y propósito en la vida (M = 22.73; DT = 4.67),
mientras que las mujeres puntúan más alto en Autoestima (M = 31.59; DT = 6.16) y Estrés
Percibido (M = 30.08 ; DT = 9.09), y en las subescalas de Bienestar Psicológico de
autoaceptación (M = 18.86; DT = 3.75), relaciones positivas (M = 25.14; DT = 4.73) y
crecimiento personal (M = 20.18; DT = 3.47).
16
Tabla 4
Análisis de la varianza entre el sexo y las variables teóricamente asociadas
Variables Estadístico de contraste
Autoestima F(1,110) = 1.400; p = .239 p; η2 = .013
Hombre 33.02 (6.18)
Mujer 31.59 (6.16)
Estrés percibido F(1,110) = 13.178; p < .001 p; η2 = .107
Hombre 23.66 (8.89)
Mujer 30.08 (9.09)
Autoaceptación F(1,110) = .002; p = .968 p; η2 = .000
Hombre 18.83 (3.77)
Mujer 18.86 (3.75)
Relaciones positivas F(1,110) = .027; p = .869 p; η2 = .000
Hombre 24.97 (5.72)
Mujer 25.14 (4.73)
Autonomía F(1,110) = 1.742; p = .190 p; η2 = .016
Hombre 26.66 (6.59)
Mujer 25.11 (5.58)
Dominio del entorno F(1,110) = 0.940; p = .335 p; η2 = .008
Hombre 22.32 (3.99)
Mujer 21.49 (4.52)
Crecimiento personal F(1,110) = 1.670; p = .199 p; η2 = .015
Hombre 19.29 (3.58)
Mujer 20.18 (3.47)
Propósito en la vida F(1,110) = .018; p = .894 p; η2 = .000
Hombre 22.73 (4.67)
Mujer 22.60 (4.90)
Bienestar Psicológico
(total) F(1,110) = .113; p = .737 p; η2 = .001
Hombre 134.80 (22.57)
Mujer 133.39 (21.27)
Nota. Prueba Anova de 1 Factor. Nivel de significación p<.05.
En negrita se especifican las relaciones significativas.
17
DISCUSIÓN
Cabe destacar que la relevancia de este estudio reside en el hecho de que, en los últimos
años, el nivel de sedentarismo ha ido incrementando sobretodo en los jóvenes, (Esnaola y
Revuelta, 2009), debido a factores entre los que destacan la tecnología y la modernización
(García-Laguna, García-Salamanca, Tapiero-Paipa y Ramos, 2012).
En segundo lugar, a raíz de una investigación realizada por Holmes (1993), VanKim y
Nelson (2013) estudian la relación que existe entre la práctica de ejercicio físico y el estrés
ambiental, en estudiantes universitarios, llegando a la conclusión de que aquellos jóvenes que
llevan a cabo una vida físicamente activa, tienen una salud mental y una percepción del estrés
más favorable. Además, un estudio llevado a cabo por Ramírez et al. (2018), cuyo objetivo
18
principal es observar si la actividad física está asociada a efectos beneficiosos en la población
universitaria físicamente activa, comprueba que la práctica deportiva está relacionada con un
menor Estrés Percibido. A raíz de estos datos, en el presente estudio se espera que la variable
actividad física, esté relacionada de forma negativa con el Estrés percibido, lo que concuerda
con los resultados obtenidos, que indican que, a mayor actividad física, menor Estrés Percibido,
confirmándose por lo tanto la segunda hipótesis. En cuanto a esta variable, también resulta
interesante observar las diferencias entre sexos. Los hombres puntúan más bajo que las mujeres,
lo que parece indicar que éstas perciben mayor estrés. Esto coincide con el estudio realizado por
Jiménez et al. (2008), en el que uno de sus resultados más relevantes plantea que la población
femenina podría beneficiarse más del uso de ejercicio físico como afrontamiento de estrés,
precisamente por haber obtenido puntuaciones más altas en las mujeres que en los hombres.
19
cuales 71 son mujeres (63.4%) y 41 hombres (36.6%). Aunque este dato pueda llamar la
atención, concuerda con los datos recopilados por la Fundación CYD (Fundación Crecimiento
y Desarrollo), en la que se publica que “la tasa de idoneidad (porcentaje de titulados en los
cuatro cursos que dura un grado) era del 41,2% para las mujeres frente al 23,7% de los hombres
y la tasa de graduación (porcentaje de los que se titulan en cinco cursos, como máximo) era del
55,3% para ellas frente al 37,1% de los hombres", por lo que podemos considerar que es una
muestra representativa en cuanto a los universitarios españoles. Además, después de analizar los
datos correspondientes con respecto a la actividad física, y teniendo en cuenta la discriminación
que realiza el IPAQ en función del grado actividad que se realiza, hay que destacar que el
87.8% de los participantes hombres son vigorosos, frente a un 67.6% de las mujeres. Esto
concuerda con el estudio realizado en Murcia en el que la proporción de hombres practicantes
de actividades físico-deportivas es mayor a la proporción de mujeres (Varela et al., 2011).
Además, Pavón y Moreno (2008) también apoyan la idea de que los hombres realizan más
actividad física que las mujeres, por un lado porque su incorporación en el mundo del deporte es
posterior, y por otro, porque su participación en ciertas modalidades es limitada.
Por otro lado, y siguiendo en la línea de las diferencias entre sexos, solo se obtiene una
relación estadísticamente significativa en la variable Estrés Percibido (F= 13.178; p < .001)
como se ha comentado anteriormente. Sin embargo, a partir de los análisis realizados, se
comprueba que los hombres obtienen puntuaciones más altas en Bienestar Psicológico,
concretamente en las subescalas de autonomía, dominio del entorno y propósito en la vida,
siendo las puntuaciones más altas de las mujeres en Autoestima y Estrés Percibido por un lado,
y en las subescalas de Bienestar Psicológico de autoaceptación, relaciones positivas y
crecimiento personal, por otro.
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De cara a arrojar una explicación de por qué no se han cumplido las hipótesis planteadas
y esperables, me planteo hasta qué punto el nivel de sedentarismo ha incrementado en la medida
en la que exponen Esnaola y Revuelta (2009). En la actualidad, es innegable que el interés por
el deporte está a la orden del día a nivel mundial, siendo la actividad humana preferida por las
masas. En concreto, en España en los último 30 años, se ha dado una evolución de la práctica
deportiva de la población comprendida entre los 15 y los 65 años, pasando de un 25% en 1980 a
un 45% en el año 2010 (Moreno et al., 2016). Esto puede explicar que en nuestro estudio, el
mayor porcentaje de sujetos, estén considerados como vigorosos, ya que los jóvenes cada vez
tienen más conciencia respecto a la salud y el culto al cuerpo.
Parece pertinente hablar de las posibles limitaciones del estudio, que han podido influir
en los resultados obtenidos, y que no dejan de animar a futuras investigaciones a seguir
investigando en esta línea. En primer lugar, aparte de existir la posibilidad de que la población
sea más vigorosa de lo que pensamos, puede ser que el haber utilizado la versión corta del
IPAQ, no nos haya permitido realizar estimaciones más altas y precisas en cuanto a la actividad
física. Además, el hecho de que las respuestas hayan sido autoinformadas, pueden no reflejar
con exactitud la situación real. La versión de 31 ítems, registra información más detallada y
aumenta la posibilidad de comparar los resultados con otros estudios (Toloza y Gómez-Conesa,
2007), por lo que, de cara a investigaciones futuras, se recomienda utilizar un instrumento más
conciso para medir la actividad física.
21
llevar a cabo estudios longitudinales, con un seguimiento a largo plazo de los posibles efectos
que puede tener la práctica de actividad física, en la salud mental.
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