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El Mensaje de Amós: Imparcialidad Divina

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es un estudio sintético de cada uno de los libros del Antiguo Testamento: Se

examina el propósito de cada libro, quién fue el autor, cuándo y a quiénes se


escribió. Se identifica cuál es el mensaje de cada libro y cómo se relaciona
este con los demás. La meta de esta materia es darle al alumno un concepto
panorámico de la Biblia.

AMOS: DIOS NO TIENE FAVORITOS

por Ray C. Stedman

El mensaje de Amós, uno de los profetas menores del Antiguo Testamento, es un tanto diferente al
resto de los mensajes de los otros profetas, y ha sido escogido como algo único. El mensaje de
este libro es básicamente declarar la imparcialidad de Dios, que no tiene favoritos. El no concede a
una persona lo que no le concede a otra, pues no existe la idea de ser el niño favorito de Dios. El
no da más a una persona que a otra, de acuerdo con las promesas que él hace. Cualquiera que
esté dispuesto a cumplir con las condiciones de las promesas se encontrará con que Dios derrama
sobre él sus bendiciones, sin importar quien es esa persona y el que de por hecho estas
condiciones se encontrará con que Dios le juzgará y su Palabra le condenará sea quien sea y ese
es el mensaje de Amós.

Nos cuesta trabajo creerlo, ¿verdad? Estamos condicionados a pensar que Dios reacciona de la
misma manera que lo hace el hombre y que si nos ganamos su favor podemos contar con su
bondad. O tal vez creamos que podemos librarnos y no tendremos que enfrentarnos con la misma
clase de juicio con el que se tendrá que enfrentar otra persona o que podemos obtener un puesto
especial o disfrutar privilegios especiales de Dios, que nadie más disfruta. Ambos extremos de esta
actitud se reflejan en los diferentes grupos y personas individuales de vez en cuando.

Sin embargo, el libro de Amós es una clara afirmación de que Dios no es así ni mucho menos. Por
lo tanto, el mensaje de este libro puede tener el mismo impacto que un puñetazo en la cara. Si
usted cree de verdad tener una posición privilegiada y especial con Dios, este libro es una fuerza
brutal, chocante e impresionante. La tendencia que tienen los corazones humanos es o bien
considerarse como personas favoritas o exactamente lo contrario, diciendo que somos criaturas tan
pobres y tan desgraciadamente fracasadas que Dios jamás nos miraría y que son otros los que
tienen el derecho a obtener el favor de Dios. Creo que esta es una tendencia universal entre
nosotros. Siempre nos estamos diciendo a nosotros mismos: "¿Por qué tiene que pasarme esto a
mi? cuando nos sucede una tragedia o cuando es otra la persona que recibe los honores decimos:
"¿Por qué no podría pasarme eso a mi? No puedo evitar pensar en la historia que me contó un
amigo hace poco. Sucedió en la ciudad de Nueva York, a la hora punta en el metro, una noche de
un cálido día de verano. Había montones de personas que se metían en los vagones abarrotados
al arrancar los trenes y salir de la estación y cada uno de los vagones estaba lleno a tope. Sucedió
que un hombre fue casualmente el último en entrar a empujones en el vagón y se encontró de cara
a las puertas. Estas se cerraron y el tren arrancó. El estaba allí apretujado contra las puertas, con
toda aquella humanidad apretujándole en el vagón. Al avanzar el tren por los railes meneándose,
comenzó a sentirse un poco mareado. Cuanto más avanzaba más mareado se sentía y justo en el
momento crítico, el vagón llegó a una estación y se abrieron las puertas y devolvió sobre el hombre
que se encontraba en la plataforma justo delante de él. Pero al no moverse nadie, la puerta se
cerró de repente y el tren volvió a arrancar y salió de la estación y el hombre que estaba sobre la
plataforma se quedó mirándose a sí mismo y encogiéndose de hombros dijo: "¿por qué yo?
Cuando el profeta Amós llegó al reino del norte de Israel esa fue exactamente la reacción que
obtuvo. Las gentes de aquella región le miraron como si acabase de devolver sobre ellos, pues
estaban asqueados con él y esa era exactamente la actitud de aquellas gentes.

¿Por qué nosotros? ¿Por qué no ir a alguna otra parte? Esto es algo que se ve reflejado en los
ensayos biográficos que nos ofrece este libro, que comienza con estas palabras:

Las palabras de Amós, que se encontraba entre los pastores [o ganaderos] de Tecoa que vio con
respecto a Israel en los días del rey Uzías, rey de Judá, y en los días de Jeroboam, hijo de Joás,
rey de Israel, dos años antes del terremoto. (1:1)

Esto hace claramente que este libro y el profeta Amós sean contemporáneos del profeta Oseas y
también de Isaías y el reino del sur y fue uno de los primeros escritores proféticos. Lo que destaca
este libro es el hecho de que no era un profeta que se había capacitado como tal, sino que era un
laico. Algunos sugieren que si tenemos en cuenta que se consideraba a sí mismo un ganadero, o
como se traduce aquí, como pastor, fue el primero de una larga lista de predicadores cowboys. No
sé si eso le marcó como una persona que no disfrutaba del favor del pueblo, pero sea como fuere
su mensaje no les resultó aceptable.

En el capítulo 7 Amós añade otra nota personal. He aquí la reacción a su mensaje al llegar al reino
del norte:

"Entonces Amasías, sacerdote de Betel, envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: Amós ha
conspirado contra ti en medio de la casa de Israel. ¡La tierra no puede soportar todas sus palabras!
Así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel saldrá de su tierra en cautiverio." (7:10, 11)

Esa era el peso del mensaje del profeta. Dios iba a exilar a Israel, iba a juzgar a la nación y al rey.

"Y Amasías dijo a Amós: --¡Vidente, vete; huye a la tierra de Judá y come allá tu pan! Profetiza
allá." (7:12)

Amasías le dice: "No vengas a nosotros. Vuélvete a tu ciudad, vete al país del que viniste y
profetiza allí.

"Y no profetices más en Betel, porque es el santuario del rey y la casa del reino. (7:13) Y el
resuelto y severo Amós, con sus antecedentes de hombre de campo y su brusquedad dijo
(versículo 14a):

"Yo no soy profeta ni hijo de profeta..."

Eso quiere decir: "yo no he acudido a la escuela de los profetas. No quería decir que su padre no
fuese profeta, sino que él no había asistido a la escuela aceptada de los profetas.

"...soy ganadero y cultivador de higos silvestres [un granjero]. Pero Jehová me tomó de detrás del
rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel., (7:14b, 15) Al leerlo nos encontramos con algo
de la oposición al mensaje de este hombre al ir declarando la carga que sentía el Señor por la
tierra de Israel en el reino del norte, encontrando su mensaje muy duro de aceptar.

Amós iba por ahí transmitiendo el mensaje de Dios de una manera muy interesante. Si tuviese
usted un mapa de Israel y pudiese usted localizar los países que se mencionan aquí y colocase
usted Israel justo en el centro del mapa, se daría usted cuenta de que Amós va alrededor de las
fronteras de Israel, en diferentes direcciones, transmitiendo un menaje acerca de las naciones
colindantes. En el capítulo 1 comienza con Damasco, que se encuentra en la parte noreste por
encima de Israel. Le transmite a Damasco un mensaje mostrando a Israel cómo iba Dios a juzgar a
Damasco, especialmente por causa de la crueldad del pueblo. A continuación desciende a la costa
al oeste, por la antigua tierra de Filistea o lo que se llama aquí la tierra de Gaza. Y recuerda de
nuevo a Israel que Dios ha juzgado a esta tierra. ¿Por qué? Debido a que el pueblo ha participado
en un activo comercio de esclavos.

Luego regresa por la costa a la tierra de Tiro, al noroeste de Israel, y aquí muestra cómo Dios ha
juzgado a este país debido a que el pueblo había quebrantado los acuerdos. Después continua
hacia abajo, hasta el sur de Israel, hasta la tierra de Edom, el antiguo país de Esaú, y una vez allí
habla acerca de cómo había caído el juicio de Dios sobre la nación debido a que el pueblo tenía un
espíritu inexorable y al odio implacable de Israel. Después de esto, sigue por la parte este de
Israel, a la tierra de Amón. (Por cierto, Amón es actualmente la nación de Jordania y su capital es
la capital de la antigua Amón.) Aquí explica que Dios ha juzgado esta parte del país por causa de
su codicia, su avaricia, su deseo de apoderarse de la tierra de otros y luego al sur hasta Moab,
todavía en el lado de Israel y les dice que Dios ha juzgado a Moab por causa de odio contra Israel.
Y luego llega al reino del sur, a Judá mismo, y en una breve referencia les hace ver que debido a
que Judá ha despreciado la ley de Dios, su juicio ha caído sobre el país. Llega por fin justo a los
diez reinos, al reino del norte, en la nación de Israel y allí anuncia que Dios va a juzgarles por la
corrupción y por la injusticia de sus corazones.

Al leer este relato, verá usted que el pueblo de Israel estuvo bastante tranquilo mientras Amós
habló acerca de otras naciones. Se lo tomaron de manera bastante complaciente, teniendo más o
menos la actitud de que "bueno, les ha pasado justo lo que se habían estado buscando. Pero
cuando el profeta fijó su vista y se centró en Israel, el pueblo se puso furioso y dijo: "¿por qué no te
marchas y predicas en otra parte? Este es casi inevitablemente el resultado cuando los
predicadores son fieles al mensaje de Dios, pero el resto del libro se concentra en el reino del norte
de Israel.

Comenzando con el capítulo 3, encontramos las palabras del profeta que dirige Dios a esta nación.
Comienza apuntando el hecho de que eran un pueblo que tenían una posición privilegiada y
especial ante Dios:

"Oíd esta palabra que Jehová ha hablado contra vosotros, oh hijos de Israel, contra toda la familia
que hice subir de la tierra de Egipto..." (3:1)

Están esperando ahora el mensaje de Amós y él les dice:

"Solamente a vosotros he conocido de todas las familias de la tierra..." (3:2a)

Eso era lo que ellos deseaban oír. Esa era la señal de que eran el pueblo privilegiado de Dios, su
pueblo escogido. Eran aquellos acerca de los cuales Dios mismo había dicho que él había
conocido de todas las familias de la tierra. Nos los imaginamos henchidos de orgullo y arrogancia
al decir esto el profeta. Pero a continuación reciben, por así decirlo, un puñetazo en la cara, como
si les hubieran dado un martillazo.

"...por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades." (3:2b)

En ese momento vemos cómo se les muda el rostro. Como ve usted, lo que era la señal de su
orgullo era además el motivo por el que Dios dice que habían de ser, de modo especial, sujetos a
juicio. La luz crea la responsabilidad y el privilegio expone al más penetrante juicio. Y al ser
llamado este pueblo a tener semejante relación fueron al mismo tiempo sujetos a la más severa y
dura forma de juicio.
Esto es lo que quiere decir Pedro en el Nuevo Testamento al decir: "Porque es tiempo de que el
juicio comience por la casa de Dios. (1ª Ped. 4:17) Siempre empieza ahí. Dios empieza siempre
por juzgar a su pueblo y a continuación juzga a los que están a su alrededor. La palabra del profeta
es que debido a que somos el pueblo de Dios, no significa que la palabra de Dios no vaya a juzgar
el mal que hay en nuestras vidas. Todo lo contrario, nos juzgará con más dureza.

A continuación Amós explica la relación tan intima y especial que tenemos con Dios en el capítulo
3:

"¿Andarán dos juntos, a menos que se pongan de acuerdo?" (3:3)

Asi es como camina Dios con su pueblo y luego les habla diciendo:

"Así, nada hará el Señor Jehová sin revelar su secreto a sus siervos los profetas." (3:7)

Estas eran las cosas que marcaban su relación especial y privilegiada ante Dios. Caminaban con
él, hablaban con Dios, pero por este motivo, el profeta dice que Dios va a enviar su juicio.

Luego anuncia en qué consiste. ¿Recuerda usted la historia de los dos carneros de oro que fueron
erigidos por el rey Jeroboam en las ciudades de Betel y de Dan? (1ª Rey. 12:28) Israel fue enviada
a adorar allí y el pueblo llamaba a aquellos carneros Jehová y adoraban y se inclinaban ante esas
imágenes doradas. Aquellos dos carneros representaban dos ideas básicas en Israel, por lo que
Dios estaba interminablemente juzgando a su pueblo. Además, son ideas que prevalecen
actualmente entre las gentes.

Aquellos carneros dorados, que habían sido fabricados con oro, representaban el deseo que tenía
aquel pueblo de obtener ganancias materiales, de su amor a la riqueza y al materialismo, el dios
del oro. Y debido a que eran carneros, o jóvenes toros, eran representantes de los dioses paganos
del sexo, los dioses de la fertilidad o de la potencia sexual. De modo que la adoración de estos
carneros gemelos, hechos de oro, eran esencialmente simbólicos de la adoración por parte del
pueblo del materialismo y el sexo. Eso suena muy moderno ¿verdad? Y la palabra del profeta a
este pueblo era que debido a que participaban en esta clase de adoración, Dios estaba levantando
a la nación de Asiria para que descendiese del norte, atacase y se llevase a Israel a la cautividad.

Pero teniendo en cuenta la paciencia de Dios transcurrieron doscientos años antes de que esto
sucediese. Pero Dios lo anunció con tanta antelación para que el pueblo tuviese tiempo de
arrepentirse y les dejó muy claro que eso sucedería a menos que se volviesen a él. Incluso en este
relato, el profeta muestra cómo Dios había intentado con paciencia que despertasen a su
advertencia. En el capítulo 4 leemos acerca de cinco ocasiones diferentes en las que Dios mandó
algo para hacerles despertar, para hacerles pensar, para hacer que se detuviesen y cesasen en su
curso descendente. Dice:

"Por mi parte, yo os he tenido a diente limpio en todas vuestras ciudades, y con falta de pan en
todos vuestros pueblos [es decir, pasaron por una hambruna], pero no os volvisteis a mí, dice
Jehová. También os detuve la lluvia---hice llover sobre una ciudad y sobre otra no hice llover. [Dios
hizo a propósito que se espaciase la lluvia, a fin de que fuesen plenamente conscientes de que eso
sucedía por mano divina.]...pero no os volvisteis a mi. Yo os golpeé con tizón añublo. La langosta
comió vuestros muchos huertos...pero no os volvisteis a mi. Envié entre vosotros una plaga, como
en Egipto. Maté a espada a vuestros jóvenes, mientras vuestros caballos eran capturados...pero no
os volvisteis a mi. Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y Gomorra...[es decir, por
medio de la acción volcánica, por el fuego y otros desastres] pero no os volvisteis a mí." (4:6-11)

Dios dice esto una y otra vez. Esta es una señal de que en ocasiones Dios permite que sucedan
cosas en nuestra vida a fin de darnos una sacudida y hacernos despertar. Esto es algo que he
visto suceder muchas veces. Al visitar a alguien en el hospital que ha tenido un accidente, me he
encontrado con frecuencia que aunque nada indicaba directamente que era posiblemente un juicio
de Dios, era aceptado por la persona y muy apropiadamente, como una advertencia o algo de
parte de Dios, como si le estuviese diciendo: "Mira, detente y piensa acerca de dónde te diriges y lo
que te está sucediendo. Porque Dios, con su enorme paciencia, está constantemente intentando
hacer que veamos las cosas tal y como son en realidad.

Y a continuación el profeta sigue adelante y pone el dedo sobre la llaga, mostrando exactamente lo
que está mal:

"Por tanto, puesto que pisoteáis al pobre y tomáis el tributo de granos, aunque hayáis edificado
casas de piedra labrada, no las habitaréis. Plantasteis hermosas viñas, pero no beberéis el vino de
ellas. Porque yo conozco vuestras muchas rebeliones y vuestros grandes pecados: que hostilizáis
al justo, que tomáis soborno y que hacéis perder su causa a los pobres en el tribunal. Por eso, en
tal tiempo el prudente calla..." (5:11-13)

Este es el motivo por el que a los liberales les encanta este libro, porque a Amós se le llama el
profeta de la justicia social, el hombre que exigió que el hombre tratase a su prójimo con justicia. A
los liberales les encanta este libro por estas declaraciones, como voz de trueno, en contra de los
males sociales en los días de Amós y tienen razón. A Dios siempre le molestan las injusticias
sociales y no se limita a decirles: "dejad de hacer estas cosas. Es verdad que lo dice, pero no es
eso todo lo que dice al respecto, sino que dice cómo dejar de hacer estas cosas y eso es lo
importante de este mensaje, que encontrará usted claramente expuesto en dos ocasiones en el
capítulo 5:

"Porque así ha dicho Jehová a la casa de Israel: ¡Buscadme y viviréis!, [No os vayáis a Betel, no
vayáis donde están los carneros dorados. Buscadme y viviréis. "] ¡Buscad a Jehová y vivid! No sea
que él acometa como fuego contra la casa de José." (5:4, 6a)

¿Cuál es la respuesta para el corazón errante? La respuesta no es solo limpiar su vida, sino volver
a Dios. Es arrepentirse y volver de nuevo, volverse, venir al Señor de nuestra salvación,
llamándole. Pidamos al Señor que nos ayude a volver a ponernos en pie y que enderece nuestras
vidas. Esa es la respuesta. Es siempre al llamamiento que nos hace Dios. Volvamos a entablar una
relación con Aquel que nos ama y que con paciencia intenta despertarnos y volver a traernos a él.

Pero evidentemente la nación siguió resistiéndose a la súplica hecha por el profeta, de modo que
dirige dos pasajes concretos a este pueblo, que tratan especialmente los dos puntos de vista
extremos del pueblo de Israel y son puntos de vista casi contradictorios. Primero dice:

"¡Ay de los que anhelan el día de Jehová!" (5:18)

Y al otro grupo les dice:

"¡Ay de los que viven reposados en Sion...!" (6:1)

Aquí tenemos dos puntos de vista muy diferente entre aquellas gentes. Había aquellos a los que
podríamos llamar los hipócritas piadosos, que fueron los primeros en caer bajo el juicio de Dios.
"¡Ay de los que anhelan el día de Jehová! ¿Qué quiere decir esto? Pues había algunas personas
que iban por ahí diciendo: "Este es un día terrible, Dios es muy duro. Las cosas son espantosas.
Se frotaban las manos, como si estuviesen haciendo duelo, y realizaban toda clase de rituales y de
ceremonias religiosas diciendo: "No hay esperanza de ninguna clase. ¡Si tan solo viniese ya Dios!
Ojalá llegase el día del Señor y ojalá que pudiéramos irnos a nuestro hogar en el cielo. ¿Ha oído
usted decir eso alguna vez? Y el profeta truena diciendo: "¡Ay de los que anhelan el día del Señor!
Amós dice: "¿Sabéis cómo será ese día? ¿Tenéis idea de lo que estáis diciendo? Pues les dice,
"será un día oscuro, no de luz. Será como cuando el hombre huye del león y se encuentra con un
oso, y como si entrase en una casa y apoyase su mano sobre la pared y le mordiese una serpiente.
Habláis acerca del día del Señor. ¡Pero no tenéis idea de lo que estáis diciendo! ¡Ay de vosotros! Y
Dios dice:

"Aborrezco, rechazo vuestras festividades y no me huelen bien vuestras asambleas [actividades


religiosas] festivas...ni vuestros holocaustos...quita de mi el bullicio de vuestras canciones...las
salmodías de tus instrumentos...mas bien, corra el derecho como agua y la justicia como arroyo
permanente." (5:21-24)

¿Nos libramos alguna vez de todo esto? Dios desea la verdad en lo interior, en el centro de la vida,
sin que haya una conformidad exterior. Dios puede ver a través de esa farsa y pretensión sin la
menor dificultad y no le impresiona para nada cuando participamos en actividades religiosas. "Tú
quieres la verdad en lo íntimo. (Sal. 51:6)

Pero había otro grupo que decía: "Estas cosas no nos preocupan. Comamos, bebamos y
divertámonos porque mañana moriremos. Pasémoslo lo mejor que podamos y saquémosle el
máximo provecho a la vida; divertamonos todo cuanto podamos mientras nos sea posible. Y el
profeta dice: "¡Ay de los que viven reposados en Sion...!

Amós pregunta: "¿Cómo podéis estar tan tranquilos mientras la nación se muestra tan inquieta?
¿Cómo podéis quedaros satisfechos con las riquezas y la buena vida cuando hay personas que
están padeciendo en las calles y el juicio ha desaparecido de vuestros tribunales? Y a continuación
nos encontramos con este poderoso mensaje:

"Dormís en camas de marfil, os extendéis sobre vuestros lechos y coméis los carneros del rebaño
y los terneros de engorde. Improvisáis al son de la lira..." (6:4, 5a)

...en medio de la amenaza del juicio de Dios? Estos son los dos grupos con actitudes extremas. Al
seguir adelante Amós, muestra en una serie de visiones que le fueron dadas que el pueblo está
listo para que le sometan a juicio.

Nos encontramos por fin con la última escena, casi siempre representada por los profetas, una
escena de belleza, de paz y de gloria. Revela lo que quiere Dios y, por lo tanto, por qué Dios está
furioso con la hipocresía. Escuche estas palabras:

"En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David y cerraré sus brechas. Reconstruiré sus
ruinas y lo edificaré como en el tiempo pasado." (9:11)

¿Recuerda usted dónde se cita eso en el Nuevo Testamento? En el primer concilio de Jerusalén,
en Hechos 15, cuando se preguntaban si Dios iba a salvar a los gentiles sin la ley de Moisés,
Santiago se puso en pie y citó este versículo de Amós. "Los profetas dijo, "han declarado que Dios
mandará su gracia a los gentiles y citó este versículo. (Hechos 15:15-18) La palabra de Dios era
que levantaría el tabernáculo o la cabaña de David que había caído, y repararía sus brechas. Esta
es una imagen de la venida de Cristo, representando la casa de David. Y en la resurrección del
Señor Jesús, fue transmitida palabra a todos los pueblos. Dios habría de bendecir al mundo a
través de él: "para que posean lo que queda de Edom y de todos los pueblos sobre los cuales es
invocado mi nombre, dice Jehová que hizo esto. (9:12)

A continuación encontramos esta maravillosa escena:

"He aquí que vienen días, dice Jehová, cuando el que ara alcanzará al que siega, y el que pisa las
uvas al que lleva la semilla; las montañas gotearán vino nuevo, y todas las colinas se derretirán.
Pues restauraré de la cautividad a mi pueblo Israel, y ellos edificarán las ciudades asoladas y las
habitarán. Plantarán viñas y beberán del vino de ellas; plantarán los huertos y comerán de sus
frutos. Pues los plantaré en su tierra, y nunca más serán arrancados de la tierra que yo les di, ha
dicho Jehová tu Dios." (9:13-15)

Como es natural, esta es una imagen de los días del milenio cuando Israel será por fin restaurada
a su tierra, para no ser nunca más echada de ella.

Entonces ¿por qué está Dios tan furioso con su pueblo? Si la crueldad le pone furioso, es porque
su corazón se empeña en la bondad hacia el hombre. Si la opresión despierta su ira, es porque
quiere que los hombres vivan en amor y en paz. Si el dolor que se causa a otros hace que caiga el
juicio de Dios, es porque su corazón se ha empeñado en la felicidad y el bienestar de la
humanidad.

El mensaje de este libro es que Dios es implacable cuando comienza a tratar con el hombre y no
está dispuesto a hacer la paz ni a transigir. Cuando comienza a tratar con una nación, insiste en los
valores absolutos. Cuando empieza a tratar a una persona en particular, está tratando con los
valores absolutos. El mero hecho de que seamos cristianos no quiere decir que escaparemos a la
condenación del juicio de la Palabra de Dios con respecto a aquellos aspectos en los que
intentamos transigir. Por el hecho de que haga 400 años que somos cristianos, eso no cambia lo
implacable de la Palabra de Dios al buscar y escudriñar nuestros corazones y nuestras vidas
porque Dios no cambia.

Lo que nos dice este profeta es que estamos tratando con un Dios de justicia y de un celo riguroso
e inflexible, que no está dispuesto a transigir de ninguna manera, pero con todo y con eso, nuestro
Dios es un Dios de paciencia y de amor. El matiz de fondo de este libro, como en el caso de todos
los profetas, es el derramamiento del amor del corazón de Dios, que desea el bienestar y la
felicidad de la humanidad, manifestándose de vez en cuando con unas maravillosas formas de
expresión. Apuntalando todo el libro está la promesa de llevar por fin a Israel, y de igual modo a
todo el pueblo de Dios, a aquel día en que el hombre vivirá en paz y con gozo, con bendiciones
que llenarán los corazones de los hombres. ¡Qué gran mensaje de la imparcialidad de la gracia de
Dios!

Oración

Padre, te damos gracias por habernos permitido tener esta visión de ti. Te damos gracias porque
eres un Dios que no cambia, no hay en ti sombra de cambio. Señor, cuando tratamos contigo,
tratamos con uno que nos es fiel. ¡Qué enorme gozo nos hace sentir esto, al hallar en nuestros
propios corazones el anhelo de ser hechos puros, de ser justos ante ti, de no detenernos ante nada
a fin de que podamos ser lo que tú quieres que seamos! Y al mismo tiempo, Señor, eso hace que
sintamos terror en nuestros corazones en aquellos momentos en los que nos sentimos tentados a
transigir, a diluir la verdad, a engañarnos a nosotros mismos, a pensar que tal vez podamos
librarnos una vez y tú no te darás cuenta. Señor, enséñanos que tú siempre nos ves, no solamente
para investigarnos como un policía, no para perseguirnos y para acosarnos, sino para bendecirnos
y para eliminar de nosotros lo que nos perjudica y lo que nos hiere, para sanarnos y restaurarnos
por medio de tu gracia. Te damos gracias en el nombre de Cristo, amen.

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