Introducción al Derecho del Trabajo
Introducción al Derecho del Trabajo
, agosto 2013
A. Indicación terminológica
B. El trabajo objeto del Derecho del Trabajo
a. Trabajo humano
a'. Trabajo manual
b'. Trabajo intelectual
c'. Relatividad de la distinción
b. Trabajo productivo
a'. Trabajo de producción, de formación, de entretenimiento
a''. Los criterios para la distinción
b''. Trabajar para vivir
c''. El trabajo productivo como necesidad instrumental
b'. Productividad individual y productividad social y antisocial del trabajo
c'. La satisfacción en el trabajo productivo y su penosidad
d'. El trabajo, esencial para la condición humana
c. Trabajo por cuenta ajena
a'. La atribución inicial de los frutos al ajeno
b'. Caracteres de la ajenidad
c'. Diferenciaciones en el trabajo por cuenta propia
d. Trabajo libre
a'. Libertad en cuanto al tiempo
b'. Libertad en cuanto al lugar
c'. La limitación de las órdenes
d'. Personalidad y libertad
C. Las consecuencias de la ajenidad y de la libertad
a. Trabajo por cuenta ajena y remuneración del trabajo
a'. Las formas de retribución
b'. Trabajo amistoso, benévolo y de buena vecindad
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A. INDICACIÓN TERMINOLÓGICA
No parece que sean necesarios mayores argumentos –ni entrar en los méritos
relativos ni en las razones que puedan justificar otras designaciones– para dejar
solventado el problema terminológico, aunque posiblemente no resulte ocioso
decir que las denominaciones viejas tuvieron fundamentos dogmáticos e
históricos mucho más sólidos que los que les asigna una crítica simplista actual,
por ello mismo anacrónica; por ejemplo, rechazar la denominación Derecho
social con la mera afirmación de que se trata de un pleonasmo porque todo
derecho es social, es ignorar las profundas implicaciones de lo que en su día se
llamó problema o «cuestión social» y la intensidad con que fue vivida ésta por
sus contemporáneos 1)–la que, por ejemplo, era en 1881 para BISMARCK «la
cuestión social de la que hablamos hace cincuenta años..., la cuestión social que
desde hace cincuenta años pende ante nosotros» 2)–, o desconocer una de las
configuraciones primeras del Derecho del Trabajo como un derecho de clase, o
la significación de un derecho de grupos sociales o de fuerte intervención estatal
en favor de los «débiles» frente a un derecho individualista 3), marcando el
tránsito, por muy relativas que las categorías sean, de un «Estado de derecho» a
un «Estado social» o, si se quiere, a un «Estado social de derecho» a la vez
mantenedor de libertades estrictas y de igualdad formal, y a la búsqueda de
libertad e igualdad reales 4); pasar por alto, en suma, las limitaciones de
contenido que existen tras los cambios de denominación 5). Por otro lado,
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B . E L T R A B A J O O B J E TO D E L D E R E C H O D E L T R A B A J O
Anticipando ideas, y como guión de la exposición que sigue, el trabajo objeto del
Derecho del Trabajo es el trabajo humano, productivo, por cuenta ajena, libre.
A. TRABAJO HUMANO
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Es este sentido en el que puede decirse que «el trabajo es irrevocable»; las
simples y puras «acciones mentales» no afectan al mundo exterior; puedo, si me
place (porque no me satisfaga la conclusión a que llego, por ejemplo),
cancelarlas, revocarlas sin dejar vestigio. No así el trabajo: «mi trabajo ha
cambiado el mundo exterior»; puedo deshacer lo que he hecho, ciertamente,
pero no dejar de haberlo hecho 32), lo que especialmente debe ser tenido en
cuenta por quien piense 33) que el ser humano «está en este mundo más para
hacer que para contemplar».
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B. TRABAJO PRODUCTIVO
¿Piensas que los hombres quieren lo que en cada ocasión hacen o quieren aquello
por lo que lo hacen?
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Es claro, por otro lado, que el ser humano puede dedicar su ocio a la
contemplación y no a la actividad [ociosa] y que de nuevo la tradición aristotélica
hace del primero un tipo más elevado de inversión del ocio que del segundo:
«sería en verdad absurdo que el fin del hombre fuera la diversión y que se
ajetreara y padeciera toda la vida por divertirse»; «afanarse y trabajar por causa
de la diversión parece necio y pueril en extremo» 44); pero ya quedó dicho que la
vida teorética aristotélica, si recóndita posesión de los entes en cuanto tales,
más era meditación o contemplación que trabajo.
Nótese que la distinción entre trabajo productivo y juego, entre trabajo productivo
y trabajo formativo, no se corresponde con la que separa el trabajo manual del
intelectual; el género es, simplemente, el trabajo humano. La actividad intelectual
puede o no ser productiva; un problema matemático, lógico, o planteado en un
tablero de ajedrez, puede ser resuelto por diversión o entretenimiento, o para
aprender matemáticas, lógica o ajedrez, o como tarea emprendida para la
sustentación de quien lo resuelve, profesionalmente dedicado a su resolución;
un deporte predominantemente manual –y los ejemplos son obvios– se puede
practicar productivamente, siendo su ejercicio la fuente de recursos económicos
del deportista, o improductivamente, para el robustecimiento del cuerpo o para la
distracción de quien lo ejercita (la distinción entre el deporte profesional y el
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deporte aficionado descansa sobre esta base) 47). Lo mismo puede decirse de
muchos otros trabajos –en abstracto, de todos– no deportivos, intelectuales o
manuales, desde el cultivo de una parcela hasta la reparación de un reloj o el
pilotaje de un avión; o en los conocidos ejemplos de y MARSHALL, del trabajo
de cortar leña o de cultivar un jardín al anochecer 48). De nuevo citando a
ORTEGA, «el juego es un esfuerzo... no provocado por el premioso
utilitarismo» 49); o lo que MARSHALL llama esparcimiento «está en aquellas
ocupaciones que se adaptan al capricho del momento y que pueden
abandonarse cuando éste haya pasado» 50).
Es en suma el juego «una tarea a la que nada nos obliga a dedicarnos» y que,
por eso mismo, «somos libres de interrumpir cuando queramos», decía
HEGEL 51). Algo que hacemos sólo porque queremos y no por lo que queremos
al hacerlo, en la agudísima distinción socrática. Sólo en alguna reflexión
extremosa trabajo y juego se asimilan, además de como actividad, como
diversiones o refugios que el ser humano busca ante la angustia de la
meditación sobre la vida 52). Aparte de que, si no exactamente y en sí mismo el
juego, sí la invención de juego sea una característica humana específica 53).
Rechazados por insuficientes los criterios que preceden para la calificación del
trabajo productivo, hay que volver al inicial: la característica esencial y definitoria
del trabajo productivo está en que la persona que trabaja pone su esfuerzo
teniendo como finalidad la obtención a través de éste de los medios materiales,
de los bienes económicos de que necesita para subsistir; finalidad que en todo
tiempo ha sido, y que desde luego hoy por hoy sigue siendo, la motivación
dominante de quienes trabajan 60); o si se quiere la cita, pesimista como suya,
de SCHOPENHAUER, «quien hace profesión de una cosa, ama más el beneficio
que de ella obtiene que la profesión» 61).
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Todo esto aparte, la productividad social del trabajo depende de los bienes y
servicios que genera –y, añado, de los recursos que para ello consume; de los
que conserva y de los que no malgasta o antisocialmente, consciente o
inconscientemente destruye; de los que no generan, para su obtención o por los
residuos de su producción, degradaciones del medio ambiente local, regional o
mundial–. Productividad que, por cierto, puede no guardar relación con la
estimación social que se otorga a quien los produce o presta, como se destaca
en el inolvidable personaje de DICKENS –el guardavías que, «pese a su
posición subordinada tenía una gravísima responsabilidad» 73)– y como, en
general, resalta GALBRAITH 74).
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Por otro lado, sería preciso distinguir entre las satisfacciones intrínsecas e
inherentes al trabajo y sus satisfacciones extrínsecas, aquellas que éste
proporciona en cuanto medio de satisfacción de otras necesidades; y en ambos
casos tanto de las necesidades biológicas elementales como de las tenidas por
tales en un determinado período histórico y nivel cultural 89), que con mucho
pueden exceder de aquéllas. Contando con el pie forzado de la nueva
civilización que abrió la Revolución industrial, en cuyo ámbito todavía
estamos 90), la liberación relativa ha de buscarse tanto en el trabajo productivo
como en la actividad no productiva que éste es capaz de posibilitar, en
magnitudes hasta ahora desconocidas, para capas muy amplias de población.
Debe quedar claro, por otro lado, que la opción, si como tal se plantea, o la
combinación de ambas concepciones, sólo tiene sentido cuando el rendimiento
elevado del trabajo productivo la consiente para colectividades amplias de
personas libres; de ahí su modernidad real como parte de las cuestiones
sociales que emergen de la Revolución industrial; doquiera en este libro se
volverá sobre el tema.
También hay que dejar a un lado, por el momento, la reflexión sobre si el trabajo
productivo cumple finalidades adicionales, y aun superiores en determinadas
escalas de valores, a la típica de procurar la subsistencia. Si el trabajo
productivo es el puente a través del cual el ser humano vence el extrañamiento
entre realidad subjetiva y realidad objetiva, supera el dualismo sujeto-objeto,
encuentra su libertad haciéndose a sí mismo en su obra, y salva su aislamiento,
convirtiéndose en un ser social, asegurando a través del trabajo la existencia de
su especie 97); o si es un proceso a través del cual el ser humano «inicia, regula
y controla las relaciones materiales entre sí mismo y la naturaleza», combinando
de este modo la causalidad y la libertad 98), y hoy no sólo produciendo arte-
factos, sino «también las mismas cosas que la naturaleza produce y dotadas de
idéntica actividad natural» 99); si es el trabajo «algo divino..., un dios
aprisionado» 100), «fuente de todas las virtudes» 101), inspirador inagotable y
fecundo de las obras artísticas y literarias 102), «aspecto definitorio de la
existencia humana» 103). Si a través del trabajo la persona «conociendo para
transformar» da «al medio un ser nuevo conforme al fin que se ha propuesto» y
es en esencia, en este sentido, antinatural, como todo fenómeno cultural» 104),
si en el trabajo la persona enajena irremisiblemente una parte de sí misma
«poniendo su vida en un objeto, con lo que su vida ya no le pertenece, sino que
la ha trasladado al objeto» 105), o si el trabajo, al materializar un proyecto,
«consuma metafísicamente los desposorios del espíritu con la naturaleza» 106)
si «en la transformación del mundo que la técnica realiza –"el espíritu colocado
en las máquinas, en las más diversas obras"– [se genera] una forma nueva de
unidad... esfumándose los límites entre la naturaleza y la técnica» 107); si
«mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza..., sino que se
realiza a sí mismo como hombre» 108)«creando una segunda naturaleza
ajustada a las necesidades, ideas e ideales humanos» 109); si de la forma del
trabajo humano de cada época se derivan las formas y las leyes del
pensamiento de la misma, sin que en el fondo haya diferencia última entre el
homo faber y el animal 110); si el trabajo productivo es la contribución del ser
humano a su propio perfeccionamiento como imagen de Dios y su colaboración
en la creación 111); si a través de él «puede practicar una verdadera caridad y
cooperar al perfeccionamiento de la creación divina... [y si]... con la oblación de
su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la obra redentora de
Jesucristo» 112); o si «el trabajo crea desde la nada», o cuando menos a través
de él el ser humano realiza «una segunda creación en el seno de la creación
misma» 113)«una obra de creación, recreación y fructificación de la
naturaleza» 114).
Desde otro plano no disociado por completo del anterior, y como éste
demostrativo de la complejidad del trabajo productivo, contemplado desde las
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actitudes de la persona ante él, el trabajo, además de fuente de rentas para vivir
a través del desarrollo de una actividad, puede ser forma de estructurar el tiempo
vital y de expresar los poderes de creatividad y dominio, modo de identificación
personal y de atribución de objeto a la vida, creador de ambiente apto para
relaciones sociales 115), incluidas las familiares 116).
Por otro lado, los mencionados en las referencias que preceden son temas que
pertenecen a la reflexión filosófica sobre el trabajo, que para su consideración
jurídica puede ser aislado y reducido a «un sentido neutro y social» 120) lo que a
su vez permite dejar al margen la cuestión de si la preocupación obsesiva en
torno al trabajo –sobre el ocio negado, sobre el negocio– no está a su vez
históricamente condicionada, ya atisbada socialmente la libertad del propio
trabajo, por una economía de escasez o de miseria padecida, y en cuyo
padecimiento continúan gran parte de los humanos, lo que en alguna medida, y
más si se une a la memoria de los milenios de esclavitud o de servidumbre,
podría también explicar el sentido en que se habla del carácter alienado del
trabajo y de la persona sujeta al mismo 121); recuérdese que en ARISTÓTELES,
«el trabajo [existe] en vista del ocio», «el ocio [es el fin del] negocio», «... hacer
buen uso del ocio que es... el principio de todas las cosas... preferible al trabajo»
122) aunque ARISTÓTELES fuera especialmente exigente en cómo el ocio
había de invertirse –como lo fuera también PLATÓN; en el mito de los pupilos de
CRONO, éstos, «teniendo a su disposición tantísimo tiempo libre», pueden
utilizarlo «con vistas a la filosofía» o a «atiborrarse de alimentos y bebidas» 123);
no el simple ocio, sino el otium cum dignitate ciceroniano, era el ideal clásico– y
partiendo, por otro lado, de la repugnancia estamental citada hacia el trabajo,
especialmente hacia el manual; «no hay ocio para los esclavos» 124) cuya
existencia misma permitía el ocio de ciudadano y su dedicación a la vida política
en las estructuras democráticas de la polis 125), no al trabajo estrictamente
productivo, desde luego no al manual, reservado al, o propio del, esclavo 126).
En relación con lo recién dicho, además, las que se reputan como necesidades
envuelven fenómenos de emulación, con lo que aquéllas, superadas las
elementales, son comparativas y relativas por tanto; las diferencias de riqueza,
como las de poder, de las personas en las sociedades libres y abiertas, generan
tensiones «heterónomas» fácilmente configurables como necesidades, cuya no
satisfacción y aun cuya mera contemplación, se aprecia como pobreza o
privación –«el contento con la propia vida es inversamente proporcional al
conocimiento de que otros viven mejor», que dijera MANDEVILLE 132)–. De ahí
que siendo indeterminados subjetivamente los niveles de satisfacción de las
necesidades, de un lado; y de otro que, como ya advirtiera HEGEL,
«dependencia y necesidad crecen ad infinitun» salvo su represión severa e
inhumana en las sociedades y países que se impusieron, o a los que impuso una
especie inicua de forzada autoclausura 133) hasta el desmoronamiento de ésta.
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Sin embargo, el Derecho del Trabajo toma como realidad social justamente la
contraria, esto es, aquella en que frente a la citada «naturalidad» en la
autoatribución, los frutos del trabajo son atribuidos inicial y directamente a
persona distinta de quien ejecuta el trabajo. Esto dejando a un lado, en esta
ocasión, el problema de si los frutos se atribuyen a tercero porque excedan de
los que necesita quien los ha producido, o porque se hayan producido pensando
justamente en esta atribución, o porque el fruto carezca en sí mismo de utilidad
para quien lo produzca.
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Finalmente, hay que indicar que la persona a quien son atribuidos inicialmente
los frutos en el trabajo por cuenta ajena a su vez puede realizar una atribución
instantánea sucesiva de los mismos en favor de un tercero; el trabajo aparece
así como prestado por el trabajador a este tercero; y el primer cesionario de los
frutos como un intermediario; como realmente lo es, puesto que su papel es en
este supuesto coordinador de servicios que provienen de los trabajadores para
su ofrecimiento inmediato al público; pero sobre este punto se ha de insistir más
adelante.
por, este otro, sino una adquisición originaria 141); y si no se ha usado del
término alienación, aunque hubiera sido del todo correcto lingüísticamente 142),
ha sido precisamente para sustraer la terminología de la carga filosófica y social
que término tal envuelve 143).
Hemos dejado dicho que la atribución directa e inmediata de los frutos del
trabajo a quien lo ejecuta es definitoria del trabajo por cuenta propia; dentro de
éste puede distinguirse según que el trabajador titular primero de los frutos sea
también [1] quien los consuma o [2] los venda (los enajene, si se quiere
expresión más amplia) a un tercero-cliente, que a su vez puede ser [2.1] su
consumidor o usuario final, o [2.2] un «intermediario» 144) que se encargue de
su venta o de incorporarlo a su propio proceso productivo, comerciante el
primero, industrial el segundo, en la terminología tradicional.
Es el trabajo por cuenta propia para el industrial «zona gris» característica del
Derecho de Trabajo; la siempre difícil diferencia práctica entre prestaciones de
servicios y ejecuciones de obra, que en algún momento pareció claramente
obtenida, reaparece en la red de contratistas y subcontratistas, bien
«microempresas», primeras intermediarias, que con sus propios trabajadores
trabajan para las intermediarias segundas, bien los mismos trabajadores que,
solos o en grupo, trabajan para unas u otras. Se volverá sobre esto.
D. TRABAJO LIBRE
Dentro del trabajo humano, productivo y por cuenta ajena, una ulterior
diferenciación ha separado estos dos tipos de trabajo:
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– A otro lado, aquel en que la atribución de los frutos a otra persona deriva de un
acto voluntario del trabajador; las relaciones sociales y/o económicas de
preeminencia, aunque puedan seguir existiendo, no tienen ya exteriorización
jurídica, o conservan ésta con intensidad disminuida hasta el grado en que el
trabajador retiene una libertad en virtud de la cual es de su propia decisión de la
que deriva la atribución de los frutos al «ajeno», que los hace suyos por
hipótesis. Nos hallamos entonces ante el trabajo libre, en oposición al forzoso;
posiblemente sigan existiendo factores de compulsión que impongan al
trabajador la decisión de trabajar por cuenta ajena, frente al no trabajar o al
hacerlo por cuenta propia. Pero la facultad de opción reside en el trabajador; con
la opción adicional, y clave, de que es el propio trabajador quien elige quién haya
de ser la persona a la que los frutos van a ser atribuidos –el «trabajo libremente
escogido o aceptado», derecho «inherente a la dignidad de la persona
humana» 146)–, mientras que en el trabajo forzoso, no ya la necesidad de
trabajar para otro, sino quién sea en particular este otro, escapa por completo a
la voluntad del trabajador.
De estos dos tipos de trabajo el que sirve de soporte al Derecho del Trabajo es
el segundo, esto es, el trabajo libre. Una vez más se ha de llamar la atención
sobre que ni la distinción es artificial, ni arbitraria la elección de uno de sus
términos; la distinción se ha operado en la realidad, que ha traído a primer plano,
diferenciando netamente en la trama de relaciones jurídicas, aquella en que
trabajar para otro depende de la decisión de quien trabaja 147). Como hizo lo
propio respecto del trabajo por cuenta ajena; mientras que, aún más, la
humanidad del trabajo viene dada por la propia naturaleza de la persona, de la
que también deriva que una parte considerable del propio trabajo haya de ser
productivo.
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Finalmente, la ajenidad en los frutos que caracteriza el trabajo por cuenta ajena,
que lo define realmente, trae como consecuencia la sujeción del trabajador a las
órdenes del adquirente en cuanto a qué frutos deben ser producidos y en cuanto
a cómo, dónde y cuándo deben producirse los mismos. En el caso usual hoy de
frutos complejos, resultado de trabajos en cooperación, aquella potestad se
extiende a lo necesario para la coordinación de la producción de cada trabajador
con la de los restantes [infra C. c)]. Es éste el sentido en el que la ajenidad de
suyo implica una dependencia del trabajador o en el que el trabajo por cuenta
ajena es un trabajo dependiente.
Sin embargo, aparte de lo que más adelante se dirá, lo característico del trabajo
libre ejecutado por cuenta ajena no es la presencia de la dependencia, sino, por
el contrario, la limitación de la dependencia misma. Las órdenes que se podían
impartir a quien trabaja forzosamente, y que por éste debían ser obedecidas,
carecían de todo tipo de limitación; ni siquiera el trabajo mismo las limitaba,
porque eran en realidad órdenes sobre la persona y actividad íntegras del
sometido, su trabajo incluido, situándole, por consiguiente, si es que se quiere
seguir utilizando la terminología en esta realidad, en una situación de
dependencia y subordinación absolutas.
La libertad del trabajo envuelve así, como importantísima faceta, una limitación
de la potestad de que se viene hablando y de la subordinación o dependencia
que es su correlato; frente a la orden indiferenciada y virtualmente
omnicomprensiva, madura también históricamente con lentitud la concepción de
que son aquellas tan características del trabajo forzoso como sus contradictorias
caracterizan el trabajo libre; éste ha de referir necesariamente, si se contempla
objetivamente, a funciones o trabajos determinados, y si se contempla
subjetivamente, a habilidades o cualificaciones, a la profesión u oficio del
trabajador.
Es claro que la expresión dependencia se utiliza hoy en este sentido limitado; sin
embargo, el análisis de sus antecedentes muestra que se ha de insistir sobre la
limitación precisamente. Al tiempo que un caminar hacia trabajos más libres
debe discurrir hoy –desechando no tanto por utópica como por incoherente la
posibilidad generalizada de dejar de trabajar para otro– pollas sendas de las
limitaciones continuadas y drásticas del tiempo y de la intensidad del
sometimiento a las órdenes de otro en el proceso de producción de los frutos
que a él cede quien para él trabaja.
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Es claro, hoy también, que la libertad debe ser entendida sin mengua de la
dignidad de quien trabaja. A la dignidad atacan las violaciones del derecho a la
igualdad y demás derechos fundamentales de los trabajadores, así al tiempo de
celebración del contrato como al de su ejecución, representadas, entre otras, por
las discriminaciones basadas en circunstancias personales irrelevantes para la
prestación de servicios, y aun relevantes si a través de ellas se tiende
precisamente al mantenimiento de un ambiente general discriminatorio 158). La
dignidad de las personas significa la interdicción de todo trato que contradiga su
condición de ser racional igual y libre, capaz de determinar su conducta en
relación con la propia persona y su entorno, esto es, la capacidad de
«autodeterminación consciente y responsable de la propia vida»,
inmediatamente ligada al libre desarrollo de su personalidad (art. 10.1
Const.) 159).
***
Naturalmente, este tipo de trabajo, como todo tipo de trabajo humano, es una
forma de realidad que, si bien puede ser aislada e identificada teóricamente, en
los hechos se presenta unida íntimamente a los recursos naturales sobre los que
opera, a las fuerzas que controla y a los instrumentos de su control, a las
instituciones sociales en cuyo seno se desenvuelve; esto último, quizá, debe ser
subrayado: «como otras formas de actividad social... [el trabajo]... está integrado
con todas ellas en el sistema institucional de la sociedad» 161). Como subrayara
HEGEL, «las capacidades técnicas y la industria por las que [un pueblo]
satisface sus necesidades físicas», están ligadas «a su religión, sus leyes, su
ética, el estado de su ciencia y de su arte, sus disposiciones jurídicas, sus
relaciones con sus vecinos...; todo se halla íntimamente ligado» 162).
C . L A S C O N S E C U E N C I A S D E L A A J E N I D A D Y D E L A L I B E R TA D
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Del trabajo productivo, por definición, han de resultar los frutos con los que el
trabajador atiende a su subsistencia y a la de su familia; en el trabajo por cuenta
ajena, también por definición, los frutos se atribuyen inmediatamente a persona
distinta del trabajador. Si el trabajo es, conjuntamente, productivo y por cuenta
ajena, la atribución de los frutos a persona distinta de la que los produce
necesariamente ha de estar acompañada por la entrega por la primera a la
segunda de medios de subsistencia sustitutivos de los frutos del trabajo.
Sencillamente, quien hace suyos frutos resultantes del trabajo de otro acepta la
carga de dar un algo en compensación de los propios frutos, de forma que,
traslativamente, éstos sigan cumpliendo respecto de quien trabaja su finalidad
esencial.
Del trabajo amistoso debe ser distinguido, cuando menos teóricamente, el que le
es tan próximo «trabajo de buena vecindad», en el que realmente los servicios
que se prestan al vecino reposan sobre la expectativa, generalmente
garantizada por las costumbres, de que se recibirán del mismo –si es que no se
han recibido ya– como contraprestación, con distintos grados de eventualidad,
prestaciones similares; hasta tal punto hay un juego de prestaciones y
contraprestaciones que ha podido hablarse de un «contrato de intercambio de
servicios» 168) figura antiquísima 169), como antiquísima es la cooperación del
conjunto vecinal basada en el principio «según el cual todo servicio merece
correspondencia, y quien ayuda a su vecino tiene derecho a esperar que su
vecino le ayude a él», de la cual siguen existiendo numerosas manifestaciones
actuales, especialmente en el campo 170); una «asistencia mutua libremente
prestada» preside los intercambios vecinales, un conjunto estos de títulos
gratuitos, de ofrendas graciosas de servicios como base de una reciprocidad que
niega el vínculo oneroso propio de las relaciones obligatorias 171). Nos
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La indagación sobre esta libertad es tanto más necesaria cuanto que la idea que
se halla en el fondo de gran parte de la aproximacion económica tradicional a los
problemas del trabajo es que son fuerzas impersonales y objetivas, que escapan
por completo o en gran medida al control humano, las que fuerzan a trabajar por
cuenta de otro y las que, supuesto este tipo de trabajo, determinan su cantidad y
la cuantía de su remuneración.
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C. SOBRE LA DEPENDENCIA
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D . E L T R A B A J O P R E S TA D O A O R G A N I Z A C I O N E S
A. EL EMPRESARIO-ORGANIZACIÓN
Puede ser ésta otra persona uti singuli o puede ser una organización; el
fenómeno que se halla por debajo de la circunstancia de que el trabajo por
cuenta ajena se preste precisamente a organizaciones es doble: de un lado, la
complejidad creciente de los frutos que pueden surgir y que se demandan del
trabajo humano; de otro, la división del trabajo necesaria justamente para la
obtención del fruto complejo. Ambos fenómenos imponen un trabajo cooperativo
en el sentido inicial de que el trabajo de cada persona es condición precedente,
simultánea o subsiguiente del trabajo de las demás, y exigen una organización
que coordine el conjunto de esfuerzos dirigidos hacia la obtención de los frutos;
con palabras de HEGEL: «en una empresa ningún individuo produce nada real;
sólo la totalidad del sistema en que todos están inmersos produce algo» 192).
Ó
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Posiblemente sea ésta una nueva especificación, siendo muy cierto que peca de
falta de realismo el estudio de las relaciones de trabajo sin la referencia a la
empresa, como institución cultural que precisamente es la resultante tanto de la
división social como de la división material del trabajo, «producto natural de
necesidades y presiones sociales» 203).
Por lo demás, en ningún lado está dicho que se haya llegado a una fijación de
los modos de trabajo humano; lo probable, por el contrario, es que –quizá como
el ser humano mismo 204)– siga y esté evolucionando hacia nuevas formas; pero
todo indica hoy que las formas organizativas, en el trabajo como en tantas otras
actividades humanas, seguirán existiendo y aumentarán su complejidad y
diversidad, obligadas por el impacto de la tecnología digital y la mundialización
de la economía, con lo que posibles nuevas formas de trabajo humano se
desarrollarán dentro de estructuras, con independencia de su tamaño,
crecientemente racionalizadas o, si se quiere otra expresión, burocratizadas;
actualice las ideas de jerarquía y disciplina o las de mérito y experiencia, «la
organización burocrática se funda en la necesidad de utilizar al máximo la
división del trabajo» 205).
Ver A. MONTOYA MELGAR, Ideología y lenguaje en las primeras leyes laborales de España,
Madrid, 1975, págs. 41 y sigs.; con indicaciones terminológicas muy precisas en págs. 73 y sigs.;
en el segundo ensayo del mismo autor sobre el tema (Murcia, 1977), que cubre el período 1917-
1927, se aprecia con gran claridad el cambio de lenguaje; ambos ensayos, ampliados, en
Ideología y lenguaje en las leyes laborales de España (1873-2009), 2.ª ed., Cizur Menor,
Navarra, 2009.
2
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La crítica en el sentido dicho se remonta cuando menos a BONNECASE (La Notion de Droit en
France au XIX siècle, París, 1919); también, muy sumariamente y pese a que utiliza la
terminología vieja, en G. LYON-CAEN, Droit social européen, París, 1969, pág. 2. Para una
exposición primera y tradicional del tema, C. GARCÍA OVIEDO, Tratado elemental de Derecho
social, Sevilla, 1948, pág. 3, para otra posterior, F. SANTORO-PASSARELLI, Specialità del diritto
del lavoro, en «Riv. dir. lavoro», XIX, 1-2, 1967, esp. págs. 5 y 15. Ver, asimismo, L. E. DE LA
VILLA, En torno al concepto del Derecho español del trabajo, en «Rev. de Trabajo», núm. 26,
1969. págs. 15 y sigs. ; P. HANAU y K. ADOMEIT, Arbeitsrecht, 6.ª ed., Frankfurt, 1981, págs. 33
y 36 (14ª ed., Neuwied, 2007).
4
Sobre estas dos concepciones del Estado, y sobre lo «social» como principio constitucional
inspirador de legislación y jurisprudencia, E. LOEBENSTEIN, Sozialstaatlichkeit und Verfassung,
en «Arbeitswelt und Sozialstaat Festschrift für G. Weissenberg», Viena, 1980, págs. 183 a 199.
5
Sobre el tránsito de Derecho obrero a Derecho del trabajo, M. C. PALOMEQUE, Derecho del
trabajo e ideología, Madrid, 1989, pág. 45 (7.ª ed, Madrid, 2011).
6
«Esta rama especial del Derecho tiene tanta más razón de ser... cuanto que condiciona y regula
el más permanente de todos los medios de la vida humana: el trabajo» (J. MONEVA y PUYOL,
Derecho obrero, Zaragoza, 1895, pág. 9).
7
Cfr. E. TÁLOS, Von der «sozialen Frage» zur «Volksversicherung», en «Arbeitswelt und
Sozialstaat ...», cit., págs. 133 y 134.
8
Proporcionando éste a aquél, si se quiere, «su delimitación unitaria como rama del Derecho», de
nuevo al ser su «objeto nuclear»; extensamente e insistiendo sobre la idea de dependencia –bien
que de ésta se diga que su actual «recorte conceptual... permite gradaciones diversas y basta
incluso con su [mera] potencialidad», M. do R. PALMA RAMALHO, Da Autonomia Dogmática do
Direito do Trabalho, Coimbra, 2000, págs. 61 a 63 y 87 a 90; fenomenal libro éste.
10
«... tan adecuadamente», es comentario de BACON tras la cita (Advancement of Learning, 2.º,
XII, 2.ª ed. A. JOHNSTON, Oxford, 1974, pág. 117). También de BACON, en el mismo sentido,
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Prometheus, or the State of Man, en «The Works of», ed. Nueva York, 1932, pág. 287.
En versión moderna: «... la mano humana, un miembro capaz de manejar objetos de toda clase y
tamaño con gran precisión, mayor sin comparación a la que se da en cualquier otro animal, o a la
de cualquier instrumento construido por los hombres» (F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución,
Madrid, 1994, pág. 127).
A su vez, para el ser primitivo «las herramientas son concebidas como extensiones de la mano»
(K. EDER, The Social Construction of Nature, Londres, 1996, págs. 40-41
11
«La acción del cuerpo vivo sobre lo inerte puede ejercerse directamente o por medio de otro
cuerpo inerte... al que llamamos útil» (J. P. SARTRE, Critique de la raison dialectique, I. A., París,
1960, pág. 167). La distinción entre «instrumento» y «máquina» en ORTEGA, Meditación de la
técnica, ed. Madrid, 1968, págs. 90-91 y 97. Ver también J. D'HONDT, Téléologie et praxis dans
la «Logique» de Hegel, en «Hegel et la pensée moderne», París, 1970, págs. 1 a 26.
12
Para las referencias de HEGEL en cuanto a lo primero remito a mi Alienación. Historia de una
palabra, Madrid, 1974, cap. 1.º, I.3, págs. 32 a 35. La importancia y novedad de estos pasajes de
HEGEL fueron en su día subrayadas por LUKÁCS (Zur Ontologie des gesellschaftlichen Seins.
Die Arbeit, Darmstadt, 1973, págs. 27 a 29). En cuanto a lo segundo, en cuanto a La hostilidad
de la naturaleza, el cap. 1.º, I, § 2, de la misma Alienación..., 2.ª ed., México, 1988, págs. 37 a
41. Por supuesto el contraste entre la posición hegeliana, común en su época, y la actual, por
razones «empíricas», además de éticas y estéticas, es clamoroso; al respecto K. EDER, The
Social Construction of Nature, cit. en especial caps. 6.º y 7.º, y S. YEARLEY, Sociology,
Environmentalism, Globalization, Londres, 1996, en especial su cap. 20.
13
Filosofía Real [... del espíritu, I.B. c) ], edición-traducción de J. M. Ripalda, México, 1984, págs.
169-170; también pág. 184. En el mismo sentido, HEGEL, Philosophie des Rechts. Die Vorlesung
von 1819-1820 in einer Nachschrift, ed. D. HENRICH, Frankfurt, 1983, 1.ª, 2. a) , 260, pág. 159.
14
Ver al respecto P. NAVILLE y P. ROLLE, L'évolution technique et ses incidences sur la vie sociale,
en G. FRIEDMANN y P. NAVILLE, Traité de sociologie du travail, vol. I, París, 1961, págs. 347 a
370; también P. ROLLE, Introduction à la sociologie du travail, París, 1971, págs. 133 y sigs.
16
Sobre la relación entre el lenguaje oral y el escrito, con un notorio prejuicio en cuanto al último,
reflexionó agudamente ROUSSEAU, Ensayo sobre el origen de las lenguas; ver sobre el tema,
actualizado, J. DERRIDA, La lingüística de Rousseau, en «Presencia de Rousseau», Buenos
Aires, 1972.
17
J. M. EDIE, Edmund Husserl's Phenomenology. A Critical Commentary, Indiana Univ., 1987, pág.
27; «frases y palabras... tienen por encima de sus cualidades acrósticas o gráficas la propiedad
de ser signos portadores de significaciones...» (loc. cit., pág. 26).
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El lenguaje, se dice, trasciende así «la oposición entre materia y espíritu» (W. SCHLACHTER,
Das Wunder der Sprache, Gotinga, 1993, págs. 149, 151, 172-173).
19
Para la distinción entre signo y símbolo y sus implicaciones, L. FLAM, La philosophie au tournant
de notre temps, Bruselas, 1970, págs. 187 y sigs. Como señalara HEGEL el signo es una
representación arbitraria de lo significado, mientras que el símbolo tiene presente en sí algún
elemento de lo simbolizado. Las palabras del lenguaje hablado son «signos de pensamientos», a
las que la escritura proporciona otra serie de signos (Propedéutica, I , 8, Intr., 5, ed. Frankfurt,
1970, págs. 213-214; ver también J. DERRIDA, Le puits et la pyramide. Introduction à la
sémiologie de Hegel, en «Hegel et la pensée moderne», cit., págs. 44-48). A su vez las
matemáticas son técnicas o formas de lenguaje, como dijera PLATÓN (Gorgias, 450d y 415b; cfr.
N. GRIMALDI, Aliénation et liberté, París, 1972, págs. 63-66).
20
Para esta distinción D. VILLANUEVA, Teorías del realismo literario, Madrid, 1992, págs. 25-31;
para supuestos de palabras-iconos («símbolos e iconos no son signos cerrados en sí mismos»,
loc. cit., págs. 42-44, 182).
21
Esta construcción en X. ZUBIRI, El problema del hombre, curso 1953-1954, del que cito por mis
notas.
22
Insistentemente sobre esto (págs. 43-48, 120-121), con tales o similares expresiones, A.
O'HEAR, Beyond Evolution. Human Nature and the Limits of Evolutionary Explanation, Oxford
Univ., 1999.
23
Sofista, 263e (Diálogos, vol. V de la ed. Madrid, 1988; trad. N. L. Cordero, pág. 471).
24
Acerca del alma, 443a; trad. T. Calvo Martínez, Madrid, 1978, pág. 246. En la contemplación el
intelecto es activo y productivo, pero no se dirige a la producción de un resultado distinto de su
mera actividad; su actividad y su producción son una sola y misma cosa y ésta no se exterioriza o
no tiene por qué exteriorizarse necesariamente (cfr. W. JAEGER, Aristotle, 2.ª ed., Oxford Univ.,
1948, págs. 67-68); en ARISTÓTELES «el hombre, haciendo metafísica, realiza una vida
puramente contemplativa» (G. REALE, Introducción a Aristóteles, ed. de V. BAZTERRICA,
Barcelona, 1985, págs. 44-45). «Un hombre puede sentarse y contemplar el mundo sin hacer
nada... [entonces]... su actividad es atentiva, no ejecutiva, indagadora, no motora» (J. B.
GIBSON, The Senses Considered as Perceptual Systems, Boston, 1966, pág. 45; citado por M.
YELA GRANIZO, La estructura de la conducta, Madrid, 1974, pág. 73).
25
«En esta conducta contemplativa –prosigue DILTHEY– se amplía nuestra vida afectiva, en la cual
se experimentan personalmente... la riqueza de la vida, el valor y la felicidad de la existencia,
hasta una especie de simpatía universal» (Los tipos de visión del mundo y su desarrollo en los
sistemas metafísicos, en la ed. de J. MARÍAS, Madrid, 1974, Teoría de las concepciones del
mundo, pág. 81).
26
Ver sobre este punto, R. CUVILLIER, El trabajo y los trabajadores intelectuales ante las ideas y
las prácticas sociales, en «Rev. Int. de Trabajo», vol. 89, núm. 4, especialmente págs. 325 a 329.
27
Curso de filosofía positiva, lección 2.ª, trad. J. M. Revuelta, Buenos Aires, 1973, pág. 76.
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28
Para estas distinciones, T. ENGE, Die Einheit von Theorie und Praxis als Leibnizens doppelte
Bestimmung der Freiheit. Eine philosophische Untersuchung zur Theodizee, pág. 115. Está
contenido este trabajo en el vol. XIX de los «Studia Leibnitiana Supplementa», Wiesbaden, 1980,
con otros muchos que agotan el estudio de «Theoria cum Praxi. Zum Verhältnis von Theorie und
Praxis im 17. und 18. Jahrhundert», tema del III Congreso Internacional sobre Leibniz. B.
FLYVBJERG, Making Social Science Matter, Cambrigde Univ., 2001 págs. 55 a 57.
29
Para esta distinción, presentada como hecho por S. MOSCOVICI, Essai sur l’histoire humaine de
la nature (París, 1968), K. EDER, The Social Construction of Nature, cit., págs. 38-39.
30
Encíclica Laborem exercens, 11.4; por lo demás para la Encíclica sólo el ser humano
verdaderamente trabaja: «el trabajo es una de las características que distinguen al hombre del
resto de las criaturas» (Laborem..., introducción, en el original las cursivas).
31
J. P. CROLLEY, Human Relations in Industry. People at Work, Englewood Cliffs, 1989, pág. 39.
Siguen ejemplos pintorescos de intra comunicación.
32
Para esta elaboración, A. SCHUTZ, Collected Papeers , La Haya, 1962, vol. I, The Problem of
Social Reality, pág. 217, según la larga cita que aparece en J. M. EDIE, Edmund Husserl's
Phenomenology ..., cit., pág. 98; por eso soy responsable jurídicamente de lo que hago, no de lo
que pienso, sigue el texto.
33
Esto aparte el trabajo humano admite numerosas clasificaciones conforme a criterios varios; ver
H. H. HILF, La ciencia del trabajo, ed. Madrid, 1963, págs. 22-23; por lo demás, el puro manejo
de las cosas como realidades, exige la inteligencia (X. ZUBIRI, El origen del hombre, en «Rev. de
Occidente», núm. 17, 1964, págs. 148, 150, 155, 164).
Cuando por alguna razón hay que forzar la distinción se llega a resultados patentemente
absurdos. Así, la jurisprudencia alemana, necesitando distinguir entre Arbeiter y Angestellte
(obrero y empleado, manual e intelectual, grosso modo), ha incluido entre los primeros a los
cajeros y entre los segundos a los futbolistas profesionales (W. GITTER, Sozialrecht, Munich,
1981, pág. 60), pese al evidente carácter complejo del trabajo de ambos.
35
Éste fue el intento de F. W. TAYLOR y de la «organización científica» del trabajo; ver B. MOTTEZ,
La sociologie industrielle, París. 1971, pág. 11.
36
A «la distinción cada vez más imprecisa entre los trabajadores manuales y los demás», aludió de
pasada, y a su vez sin gran precisión, la Memoria del Director General a la 72.ª Conferencia de la
OIT, Ginebra, 1986, cap. 3.2. b) , págs. 44-45.
39
Ironizando sobre que la misma expresión «trabajo» (work) se utilice para designar ambos tipos
de trabajo, J. K. GALBRAITH, The Culture of Contentment, Boston-Nueva York, 1992, págs. 32 y
33.
40
F. QUESNAY, Derecho natural, cap. III; en Escritos fisiocráticos, ed. J. E. CANDELA CASTILLO,
Madrid, 1985, pág. 8.
42
Ver sobre este punto H. MARCUSE, Acerca de los fundamentos filosóficos del concepto
científico-económico del trabajo (1933), en «Ética de la revolución», trad. de A. Alvarez Remón,
Madrid, 1970, págs. 9 y sigs. Digo en el texto que la tesis se extrema en la medida en que no se
deja resquicio para la intuición y la contemplación, tenida desde ARISTÓTELES y PLATÓN no ya
como la forma más alta de conocimiento, sino como la forma más alta de vida (cfr. JAEGER,
Aristotle, cit., págs. 68 a 70).
43
Curso, citado, en el que también insistió sobre la poca solidez del divorcio entre los juicios teórico
y práctico.
44
Ética a Nicómaco, 1176b, ed. y trad. M. ARAÚJO y J. MARÍAS, con introducción y notas de J.
MARÍAS, Instituto de estudios Políticos, Madrid, 1970, pág. 165.
45
Ética a Nicómaco, 1140a-1140b (ed. cit., págs. 91 a 93); cfr. J. MARÍAS, Historia de la Filosofía
(Obras, 5.ª ed., Madrid, 1969, pág. 59); O. HÖFFE, Aristoteles, en el mismo, ed., Klassiker der
Philosophie, vol. I, Vor den Vorsokratikern bis David Hume Munich, 1981, pág. 83.
46
Cármides, 163b-c-d; ésta me parece la interpretación más plausible de unos pasajes difíciles.
47
Cfr. J. HUIZINGA, Homo Ludens, Boston, 1950 (esp. cap. I); J. CABRERA BAZÁN, El contrato de
trabajo deportivo, Madrid, 1961, págs. 44 y sigs.; N. ANDERSON, Work and Leisure, Londres,
1961; S. DE GRAZIA, Of Time Work, and Leisure, Nueva York, 1962; J. PIEPER, Leisure, The
Basis of Culture, Nueva York, 1952. De varias de estas obras básicas sobre el ocio y el juego hay
ediciones españolas (de la de DE GRAZIA, Tiempo, trabajo y ocio, Madrid, 1966). La distinción
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entre ocio y negocio aparece también claramente formulada por ORTEGA, Meditación de la
técnica, cit., pág. 54.
48
WEBER, Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, ed. Tubinga, 1958, pág. 553; cortar leña,
dice WEBER, es cosa que se puede hacer por un salario o por diversión; o para el propio
consumo o por rabia; de A. MARSHALL, Principios de Economía: un tratado de introducción, trad.
de la 8.ª ed. (1920) de E. de Figueroa, Madrid, 1957, pág. 56, nota 3; por cierto que no veo con
claridad si el ejemplo es del propio MARSHALL o de W. S. JEVONS, al que cita.
49
Cfr. L. SCHÄFER, Blaise Pascal, en O. HÖFFE, ed., Klassiker der Philosophie, vol. I, cit., 1981,
págs. 333 y 334.
53
H. BLUMENBERG, Aspekte der Epochenschwelle: Cusaner und Nolaner, Frankfurt, 1976, pág.
94.
54
Típicamente: «las reglas crean la posibilidad misma de jugar al ajedrez. Las reglas son
constitutivas del ajedrez» (en el original las cursivas de la cita de J. SEARLE en C. RENFREW.
Commodification and Institution in Group-Oriented and Individualized Societies, a su vez estudio
éste comprendido en W. G. RUNCIMAN, ed., The Origin of Human Social Institutions, Oxford
Univ., 2001, pág. 98.
55
Jugar «de veras» y no jugar «de broma», aunque no se juegue productivamente; «play for
keeps» o «... for real» frente a «play for fun» en la terminología psicológica anglosajona (D.
SHAPIRO, Neurotic Styles, Nueva York, 1965, págs. 121-122).
56
Hay juegos, los más, en que el acuerdo de los jugadores de cumplir las reglas haría incluso
innecesario el árbitro salvo para mantenerlas, y con ellas el orden, frente a quienes a sabiendas
las incumplen; otros no; «a la pelota-base no puede jugarse sin un árbitro tras el home plate»,
dice J. HAMPTON, Hobbes and the Social Contract Tradition, Cambridge Univ., 1986, pág. 225;
perdón por lo esotérico de la cita. Ampliamente al respecto –bien que reposando sobre el chillón
Sport und Arbeit, de B. RIGAUER (Frankfurt, 1970)–, T. MASON, Sport in Britain, Londres y
Boston, 1988, págs. 71 a 77; traducción al español e introducción de J. GALIANA, Civitas, 1994.
Las reglas pueden ser elementales, breves y precisas, como «las leyes del fútbol» –incluida la
Ley XIV, del fuera de juego–; de ahí quizá, unido a lo bastante de azar que pueden tener y con
frecuencia tienen sus resultados, así en los empates y en las «victorias» por la mínima, y a la
inseguridad arbitral en la aplicación de las «Leyes» no por elementales fáciles de aplicar por los
árbitros, la idiosincracia y el talante de cada uno de éstos aparte, de ahí quizá, la popularidad
mundial de este deporte (ver la ed. oficial, revisada por la FIFA, Laws of the Game, 2011-2012).
57
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Constatación abundante y rigurosa de esto, MOW International Research Team, The Meaning of
Working, Londres, 1987, págs. 112, 129, 130, 161, 250, y cuadros de soporte.
61
Para ella, Ch. J. BERRY, The Idea of Luxury. A Conceptual and Historical Investigation,
Cambridge Univ., 1994, págs. 178 a 180.
63
También para esta distinción (need, necesidad; want, deseo) y el concepto de lujo (lo que se
quiere tener pero de lo que es posible prescindir sin sufrimiento especial; satisfacción de un
deseo, no de una necesidad), BERRY, loc. cit., págs. 8 a 11, y en general el cap. 1.º; así como
para la distinción entre necesidad esencial y necesidad «social» (págs. 38 a 42 y 217 y sigs.).
64
Para una versión literaria extremosa de estas ideas, que demuestran su arraigo, valga la
siguiente cita: «... las acciones de los hombres se reducen a dos clases nada más: aquellas con
las que se hace frente a las urgencias de la realidad, y aquellas otras en que la vida sobrante se
entretiene en ejercicios inútiles: tiempo del trabajo y tiempo del juego» (G. TORRENTE
BALLESTER, prólogo a I. GONZÁLEZ GALLEGO, Trabajo y ocio en el mundo rural. Un estudio
sociológico en Castilla la Vieja, Salamanca, 1979; pág. II mías las cursivas).
65
B. WILLMS, Einführung in die Staatslehre, Paderborn, 1979, pág. 30; en el original las cursivas;
en el mismo sentido págs. 102 y 116.
66
Sobre estos temas, con una cierta falta de claridad expositiva, ver el capítulo V de W. S. NEFF,
Work and Human Behavior, 2.ª ed., Chicago, 1977 (3ª ed., Nueva Jersey, 2006); las referencias
son ambas de pág. 108; ver también págs. 152, 181 y 310.
67
«El trabajo deviene en su singularidad misma un trabajo universal», porque sus frutos sirven para
satisfacer las necesidades de todos. «La satisfacción de la totalidad de las necesidades resulta
del trabajo de todos.» «El trabajo de todos se desliza entre la totalidad de las necesidades del
individuo y su actividad [para satisfacerlas]» (Realphilosophie I, manuscritos de Jena, 1803-1804;
v. b., ed. G. PLANTY -BONJOUR, París, 1969, págs. 124 a 127).
68
Tomo esta referencia de Les règles de la méthode sociologique (ed. París, 1895, pág. 82), de W.
GEPHART, Die Reaktion der «Normalen» und die «Normalität des Verbrechens», en M. T.
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OIT, El Trabajo en el Mundo, Ginebra, 1984, pág. 1; de ahí que por empleo deba entenderse
«una actividad cuyo producto esté admitido social y legalmente».
72
Y hasta ser aliciente para la emigración; «las oportunidades para cometer crímenes pueden
atraer emigrantes a unos países desde otros en los que las actividades criminales sean menos
atractivas, bien por la pobreza de las víctimas, bien porque la represión es más eficaz» (A. O.
SYKES, The welfare economics of immigration law: a theoretical survey with an analysis of U.S.
policy, en W. F. SCHWARTZ, ed., Justice in Immigration, Cambridge Univ., 1995, pág. 169).
73
«Though in a subordinate position, still he held a most important trust»: DICKENS, Mugby
Junction, en «Selected Short Fiction», ed. D. A. THOMAS, 1986; la cita de pág. 88.
74
J.K. GALBRAITH, The Culture of Contentment, cit. A este y otros temas de GALBRAITH se
refiere mi trabajo Releyendo a Galbraith cuarenta años después, en «Anales de la Real
Academia de Ciencias Morales y Políticas», núm. 71, 1994, págs. 199 a 230.
75
Ver M. ALONSO OLEA, Reflexiones actuales sobre el trabajo realizado a título de amistad,
benevolencia o buena vecindad , en «Trabajo subordinado y trabajo autónomo en la delimitación
de fronteras del derecho del trabajo: estudios en homenaje al profesor José Cabrera Bazán», ed.
de J. CRUZ VILLALÓN, Madrid, 1999, págs. 15 a 20.
«Aunque los amigos pueden prestarse servicios entre sí, éstos no son la base de su relación...; la
amistad "real" o "verdadera" no está sostenida por beneficios materiales extrínsecos» (R.
HOLLIDAY et al., "Room of Our Own". An Alternative to Academic Isolation, en M. KENNEDY, C.
LUBELSKA y V. WALSH, eds., Making Connections, Londres, 1993, págs. 191-192 y bibliografía
que citan).
76
A. MONTOYA MELGAR, Sobre la esencia del Derecho del Trabajo, Murcia, 1972, pág. 4.
78
De la division du travail social, 1.º, VII, IV, ed. París, 1967, pág. 207.
79
La distinción básica es la que separa «altruismo en sentido estricto... hago algo por otro sin
imaginar ninguna ventaja actual o posible para mí, porque quiero su beneficio, sin más»; y
«altruismo recíproco, en el que ambas partes concurren en beneficio común, lo que hablando con
propiedad no es altruismo» (A. O'HEAR, Beyond Evolution Human Nature and the Limits of
Evolutionary Explanation, cit., págs. 103 a 110, precisamente dedicadas a Biological "Altruism";
las citas de págs. 103 y 105). Rotunda y convincentemente, «no hay "gene de agresividad" ni
"gene de altruismo"...; lo probable es que haya genes que controlan características más
generales, como la habilidad para aprender, para observar, para alterar las respuestas...» (R.
FOLEY, Humans before Humanity, Oxford, 1997, págs. 198 y 199).
81
Max WEBER, Economía y sociedad, 1.ª ed en español de la 1ª ed. alemana de 1922, preparada
por J. Winckelmann y notas de J. Medina Echavarría, México, 1944, vol. IV, trad. de J. Ferrater
Mora, págs. 65 y sigs. A. ELORZA (introducción y selección de documentos), La polémica sobre
los oficios viles en la España del siglo XVIII, en «Revista de Trabajo», núm. 22, 1968, págs. 69 a
283. Son numerosos los estudios que acusan las profundas diferencias de estimación entre el
trabajo manual y el no manual; hay un prejuicio contra el primero, «residuo último de una
mentalidad vieja» (ver N. J. SMELSER y S. M. LIPSET, Social Structure Mobility and
Development, Chicago, 1966, págs. 19, 20, 29, 33, etc.; J. VIAL, L’avènement de la civilisation
industrielle de 1815 à nous jours, París, 1973, pág. 123; R. CUVILLIER, El trabajo y los
trabajadores intelectuales ante las ideas y las prácticas sociales, cit., pág. 349), aunque tienda a
unificarse su regulación (cfr. GIUGNI, La différenciation entre les diverses catégories de
travailleurs, Estocolmo, 1966); en general, el estamentalmente privilegiado considera un
«rebajamiento» no sólo el trabajo físico, sino todo el orientado al lucro o que implique una
«participación abierta en una ganancia [pecuniaria]» (Max WEBER, Economía y sociedad, 2.ª ed.
en español de la 4.ª en alemán, 1956, México, 1964, VIII, § 6, t. II, págs. 691-692). Quizá sea,
como opinara S. WEIL, que con independencia de la estructura social y «sin que una perfecta
equidad social pueda borrarlo», hay en el trabajo manual «un elemento irreductible de
servidumbre» [Condition première d'un travail non servile (1941), en «La condition ouvrière»,
París, 1951, pág. 261]; en lo cual, dicho sea de paso, S. WEIL no hace sino repetir casi
textualmente la vieja afirmación de ARISTÓTELES («el obrero manual tiene una especie de
servidumbre limitada»; Política, I, 13, 1260b, ed. J. MARÍAS y M. ARAÚJO, Madrid, Instituto de
Estudios Políticos, 1970, pág. 25). En general, sobre el tema, J. DUPAQUIER, Problémes de la
codification socio-professionnelle, y coloquio subsiguiente, en L'histoire sociale. Sources et
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méthodes, París, 1967, págs. 157 a 181; sobre el origen histórico de la subestimación del trabajo
manual en nuestra cultura, R. SCHLAIFER, Greek Theories of Slavery from Homer to Aristotle,
en M. I. FINLEY, ed., «Slavery in Classical Antiquity. Views and Controversies», Nueva York,
1968, págs. 93 a 132.
83
Diálogos, XIII; págs. 64-65 de la trad. de J. F. Alcina, Barcelona, 1988, de los «Diálogos y otros
escritos».
85
Así, en Atenas y Roma lo denigrante no era el trabajo en sí mismo, «sino el pago por su
ejecución o estar a las órdenes de otro al ejecutarlo» (A. R. HANDS, Charities and Social Aid in
Greece and Rome, Cornell Univ., 1968, págs. 33-34; in extenso sobre el tema, págs. 62-76).
86
Cfr. B. M. BERGER, Working -Class Suburb A Study of Auto Workers in Suburbia , Univ. de
California, 1960; J. M. ANDERSON, Industrial Recreation, Nueva York, 1955. Sobre la
degeneración del ocio en hastío y su satisfacción ver capítulo IX, L'Éros Technicien, de L. FLAM,
La philosophie au tournant de notre temps , cit., págs. 165 a 180 también G. FRIEDMANN y J. R.
TRÉANTON, Vie de travail et vie hors-travail, Industrie et société, en G. GURVITCH, Traité de
sociologie, 2.ª ed., t. I, París, 1962, especialmente págs. 508 y 509. La expresión «uso apático
del ocio» la tomo de S. GINER, De la alienación al pensamiento social, en «Rev. Estudios
Políticos», núm. 124, pág. 52, y la del «mito de la sociedad del ocio», de L. GONZÁLEZ SEARA,
Utopía, realidad y ocupación del tiempo libre en la sociedad industrial, Cheste, Valencia, 1972.
88
Para esta distinción ver A. FOX, A Sociology of Work in Industry, Londres, 1971, especialmente
cap. 1.3; se añade que en general el trabajo productivo tiende a ofrecer más «premios»
extrínsecos que intrínsecos.
90
Sobre este punto insiste especialmente FREYER en el cap. III de La época..., cit.; sobre la
Revolución industrial, infra, parte III de este libro.
91
Para esta tendencia y su opuesta –reducción radical del tiempo de trabajo– ver cap. XIV de S. R.
PARKER, The Subjective Experience of Work , de S. R. PARKER, R. K. BROWN, J. CHILD y M.
A. SMITH, The Sociology of Industry, Londres, 1ª ed., 1967, págs. 153 a 160 (4ª ed., 1981).
También mi estudio El trabajo como bien escaso y la reforma de su mercado, Madrid, 1995.
93
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Para el hombre, «todos sus días son dolor y todo su trabajo fatiga» (Eclesiastés, 2.23); el «gozo
en el trabajo» –y «nada hay para el hombre mejor que gozar en su trabajo»– es un don de Dios»
(id., 2.24; 3.13 y 22).
95
A. RYAN, Property and Political Theory, Oxford, 1984, pág. 183; «Locke, Rousseau y Hegel
hubieran convenido... en que trabajamos para soportar a nuestras familias...» (loc. cit., pág. 176);
no estoy del todo seguro respecto del inestable y egoísta Juan Jacobo, y desde luego no le
colocaría, conocida su biografía, en compañía tan honrosa.
97
J. HABERMAS, Erkenntnis und Interesse, en el mismo, Technik und Wissenschaft als Ideologie,
Frankfurt, 1968, págs. 162-163. En la 2ª ed., 1973, HABERMAS incluyó un nuevo e importante
Epílogo ( mit einem neuen Nachwort ). Hay edición española de J. VIDAL BENEYTO,
Conocimiento e interés , Madrid, 1982. A los treinta años de aquella publicación HABERMAS
añadió un apendice: Erkenntnis und Interesse. Im Anhang: Nach dreißig Jahren. Bemerkungen
zu Erkenntnis und Interesse , Hamburgo, 2008.
98
HEGEL, Jenenser Realphilosophie, ed. Leipzig, 1931, pág. 238; en H. MARCUSE, Reason and
Revolution. Hegel and the Rise of Social Theory, Londres, 1955, págs. 77 y sigs., con una
exposición que incluye MARX; J. D'HONDT, Téléologie et praxis dans la «Logique» de Hege, cit.,
págs. 11 y sigs. Es probablemente de HEGEL –y de la explosión tecnológica, ingrediente básico
de la Revolución industrial (infra, cap. VIII.A .c y C)– de donde surge «la convicción de que la
actividad dominante del hombre es... el señorío técnico sobre la naturaleza» (R. FERNÁNDEZ
CARVAJAL, Las grandes transformaciones de la sociedad industrial, en «Société et liberté à l’ère
industrielle», Madrid, 1970, pág. 31). Ver también mi Alienación. Historia de una palabra, cit., cap.
II, A.2 y 3.
99
X. ZUBIRI, Sobre la esencia, Madrid, 1962, pág. 84; un hecho este «de incalculable alcance
filosófico», según ZUBIRI.
100
T. CARLYLE, Past and Present, IV, XII. «La cura de todas las enfermedades y miserias de la
humanidad», dijo también CARLYLE que era el trabajo (según la cita de R. SMITH,
Unemployment and Health. A Disaster and a Challenge, Oxford Univ., 1987, pág. 2).
101
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Ver los preciosos apuntes, reflejos del trabajo como fuente perpetua de inspiración, de A.
MONTOYA MELGAR, El Trabajo en la literatura y en el arte, Madrid, 1995; en efecto, «desde que
existe el arte, el trabajo y quienes trabajan son objeto de su atención» (pág. 15).
103
OIT, Memoria del Director General a la 89.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo,
Ginebra, 2001, pág. 6; «es también [el trabajo] –prosigue el texto– la actividad mediante la cual
las personas afirman su propia identidad, tanto ante sí mismas como ante quienes les rodean»;
además de «... medio para sustentar la vida y satisfacer las necesidades básicas». La OIT se
basa en el principio de que el trabajo no es una mercancía y defiende que el trabajo debe ser
realizado en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana, por lo que la OIT
promueve no sólo el trabajo y el empleo, sino el «trabajo decente»: Memoria del Director General
a la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, Ginebra, 1999.
104
J. P. SARTRE, L'Idiot de la famille, vol. III, libro 1.º, II, ed. París, 1972, pág. 44.
105
N. GRIMALDI, Aliénation et Liberté, cit., pág. 120; y el cambio entre los hombres de los bienes
producidos, un «dar la vida a otros y recibirla de ellos..., una comunión» (loc. cit., pág. 122); en
esta misma obra, una reflexión sobre la influencia conformadora del ser humano de determinados
tipos de trabajo productivo, haciéndose praxis el trabajo poiético (loc. cit., págs. 124 y sigs.).
107
Esta conclusión es obligada desde su premisa, o es la premisa misma del homo faber (M.
SCHELER, El puesto del hombre en el cosmos, 10.ª ed. de la trad. de J. Gaos, Buenos Aires,
1972, págs. 53, 54 y 101).
111
Mater et Magistra, parte IV (el texto de la Encíclica y una colección de estudios monográficos
sobre la misma, en «Rev. Pol. Social», núm. 52); Pío XII, Radiomensaje de Navidad, 1955.
112
Gaudium et Spes, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, 2.ª, III, 2.67 (ed.
Concilio Vaticano II, Constituciones, Decretos, Declaraciones, Madrid, 1965, pág. 312);
insistentemente sobre estas mismas ideas, Laborem exercens, II, § 4; V, §§ 25-27.
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113
PROUDHON, en «Oeuvres choisies», ed. J. BANCAL, París, 1967, pág. 65; en los cánticos de
PROUDHON al trabajo, éste –«acción inteligente del hombre sobre la materia dentro de un plan
de satisfacción personal»– «engendra a la vez la riqueza y la sociedad», «engendra la justicia»,
«es la fuerza plástica de la sociedad, la idea tipo que determina las diversas fases de su
desarrollo», «implica en su noción la de derecho», «se presenta como modo universal de
educación»; «cuando el hombre trabaja, la sociedad está en él»; «todo conocimiento a priori,
incluido el metafísico, surge del trabajo»; «todo lo que poseemos, todo lo que sabemos, proviene
del trabajo; toda ciencia y todo arte, como toda riqueza, le son debidos»; «la filosofía no es más
que una manera de generalizar y abstraer los resultados de nuestra experiencia, es decir, de
nuestro trabajo»; «a través del trabajo espiritualizamos progresivamente nuestra existencia»; «es
indispensable para el desarrollo de nuestro espíritu»; «si algún día nuestra especie adviene a la
felicidad será a través del trabajo», etc. («Oeuvres...», págs. 66 y sigs., 100, 218, 245, 252 y
358).
114
De ahí la afirmación, «el fracaso en el trabajo arruina la vida del hogar»; y cambiando los planos,
«una vida familiar arruinada debilita la fuerza de la voluntad necesaria para trabajar» (Ch. F.
SABEL, Trabajo y política. La división del trabajo en la industria , trad. E. Rabasco, Madrid, 1986,
nota 440, pág. 149).
117
sigs. Pero téngase en cuenta que, por supuesto, la Entfremdung hegeliana es una noción general
con derivaciones múltiples, aparte de su diversidad en el propio HEGEL. Son éstos algunos de
los temas que he intentado analizar en Alienación. Historia de una palabra, cit. Para la escasez
como condicionante de la historia humana, J. P. SARTRE, Critique de la raison dialectique, Paris,
1960, cit., especialmente I. C., págs. 20 y sigs.
122
Política, IV, 14 (1333a); IV, 15 (1334a); V, 3 (1337b); págs. 138, 140 y 151.
123
El Político, 272c.
124
Cfr. K. ADOMEIT, Antike Denker über den Staat. Eine Einführung in die politische Philosophie,
Heidelberg, 1982, reflexionando sobre PLATÓN, pág. 70.
127
Ante la imposibilidad de profundizar aquí sobre este tema remitimos a los ensayos contenidos en
R. ATTFIELD y A. BELSEY, eds., Philosophy and the Natural Environment, Cambridge Univ.,
1994; en págs. 233-245 una selección de bibliografía creciente sobre el medio ambiente, entre la
que para su ámbito sobresale E. ALONSO GARCÍA, El Derecho Ambiental de la Comunidad
Europea Madrid, 1993; E. ALONSO GARCÍA y B. LOZANO CUTANDA , eds., Diccionario de
Derecho ambiental, Madrid, 2006.
130
Hace falta, se nos dice, una nueva actitud ética ante la naturaleza, orgánica e inorgánica, que
incluso en su propio interés, debe ser contemplada por el hombre no con arrogancia y
prepotencia sino con humildad y embelesamiento (K. LEE, Awe and Humility: Intrinsic Value in
Nature. Beyond an Earthbound Environmental Ethics, en ATTFIELD-BELSEY, loc. cit., págs. 90 y
sigs.); en la misma línea, más extremoso aún, también loc. cit., M. MIDGLEY, The End of
Anthropocentrism?. págs. 103 y sigs.
131
H. A. MISKIMIN, The Economy of Early Renaissance Europe, 1300-1460, Cambridge Univ., 1975,
pág. 49.
132
La idea que condensa este breve pasaje de The Fable of the Bees (págs. 317-318) puede verse
explayada, pasados casi tres siglos, en el cap. 1.2, «Relative Deprivation», págs. 14 a 42, de T.
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Este tema aparece una y otra vez, por ejemplo, al estudiar lo que HEGEL llamó «el sistema de
necesidades»; así en los ensayos de A. RYAN, R. PLANT y A. S. WALTON, en Z. A.
PELCZYNSKI, The State and Civil Society cit., págs. 183, 232 y 253 a 256, respectivamente. La
cita de HEGEL de Filosofía del Derecho, § 195, ed. en español, Buenos Aires, 1968.
134
«Si le tocara la lotería o heredara una fortuna que le permitiera vivir cómodamente el resto de su
vida, ¿qué haría usted?»; el 86,1 por 100 de los encuestados (en ocho muestras de ocupaciones
significativas muy variadas) contestó que seguiría trabajando (MOW International Research
Team, The Meaning of Working, cit. págs. 89 a 91 y 748).
135
«Querer hacer del trabajo un juego es sin duda utópico y cabe interrogarse sobre la sinceridad y
las intenciones de quienes lo proponen»: J. CARPENTIER, Técnicas de organización y de
humanización del trabajo, en «Rev. Internacional del Trabajo», vol. 90, núm. 2, 1974, pág. 127.
136
A. SMITH, Wealth of Nations, 1.º, VIII; LOCKE, Second Treatise of Civil Government, V, 26.
139
A. MONTOYA MELGAR, Sobre la esencia del Derecho del Trabajo, cit., págs. 11 a 13.
141
A partir de HEGEL, se insiste, en quien Entfremdung cobra, entre otros, el sentido de separación
discordante, de mutación en hostilidad o indiferencia de una relación antes íntima o amistosa; el
propio HEGEL para la relación de ajenidad propia de contrato de trabajo habla de Veräusserung,
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y de Entäusserung cuando la ajenidad reposa sobre la completa sumisión del que cede los frutos,
en los supuestos de esclavitud y servidumbre. La comprensión de todos estos fenómenos dentro
del único término de Entfremdung en MARX (y dentro del de aliénation / alienation en las
versiones de MARX al francés y al inglés) explica mucha de la confusión posterior, hasta que el
término aparezca virtualmente desprovisto de sentido preciso salvo el muy vago de separación,
por ejemplo, en E. FROMM, The Sane Society, Nueva York, 1955, y Marx's Concept of Man,
introducción a la versión de T. B. BOTTOMORE de los Economic and Philosophical Manuscripts
de MARX, Nueva York, 1961. Ver R. SCHACHT, Alienation, Nueva York, 1970, págs. 71-72 y 100-
101. Ampliamente en mi Alienación. Historia de una palabra, citada, págs. 13 a 17, de la 1.ª ed.
144
Esta terminología –«... bienes y servicios "intermedios", esto es, los no destinados al consumo
final»; «... buena parte de la producción y del comercio... mundial encaja en el espacio intermedio
que constituyen de ese modo [mediante importaciones de bienes intermedios] las empresas»– en
OIT, El Trabajo en el Mundo, 1997-1998. Relaciones laborales, democracia y cohesión social,
Ginebra, 1997, págs. 91-92. Mías las cursivas.
145
Max WEBER, Economía y Sociedad, 2.ª ed. en español, cit., 1.ª, II, § 25, 1, t. I, págs. 120-121.
Para WEBER este tipo de compulsión sólo es posible cuando ha habido una «apropiación de las
oportunidades de trabajo por el propietario de los trabajadores», que es lo que caracteriza el
«trabajo servil» en sus dos modalidades de esclavitud absoluta y adscripción a la gleba (1.ª, II, §
19, t. I, pág. 98). Sobre estas dos modalidades, ver más adelante en el texto, parte II. Todas las
referencias futuras a Max WEBER, salvo que expresamente se diga otra cosa, lo son
precisamente a la obra y edición citadas.
146
Es ésta una afirmación elemental en el derecho de los contratos; ver, por ejemplo, para su
fundamentación rigurosa, M. HAURIOU, Aux sources du droit. Le pouvoir, l'ordre et la liberté,
París, 1933.
149
P. PETINO, Rapporto di amministrazione e rapporto di lavoro subordinato, Milán, 1968, pág. 207.
150
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Grundlinien der Philosophie des Rechts, ed. Hoffmeister, 1955, §§ 65-67 y 80; en la ed. en
español (Filosofía del Derecho cit., págs. 86-88 y 98). HEGEL está analizando aquí precisamente
los efectos del contrato de trabajo. La limitación en el tiempo es esencial también en LOCKE para
la distinción entre el trabajador por cuenta ajena y el esclavo (Second Treatise of Civil
Government, VII, 85, ed. T. I. Cook, Nueva York, 1961, pág. 162). He estudiado estos temas, con
más detalle, en La persona humana y la prestación de sus servicios. Un apunte de historia de las
ideas de Bodino a Hegel («Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas», año
XXVIII, núm. 53, 1976, págs. 205 a 245), y después, más extensamente, en De la servidumbre al
contrato de trabajo, cit., eds. 1979 y 1987.
152
M. ALONSO OLEA, De la servidumbre al contrato de trabajo, cit., 2.ª ed., Madrid, 1987, págs. 11
a 15 y 156. En efecto «la protección de la temporalidad del vínculo contractual... aparece como
una forma primera y elemental de reconocimiento de la libertad de trabajo» (J. RIVERO LAMAS,
Las ideologías jurídicas y la empresa: cooperación y conflicto, en «Estudios homenaje al Prof. H.
H. Barbagelata», Montevideo, 1997, pág. 629).
154
Ver infra cap. IX.G. b).c') ; también ALONSO OLEA y CASAS BAAMONDE, Derecho del Trabajo,
26.ª ed., Madrid, 2009; caps. 4.º, III; 21.º, V-VII y 25.º, VI.
156
Mientras que el servus está obligado sin más «a obedecer a su señor», el «criado» lo está tan
sólo «en lo que por su oficio está obligado a hacer» (De legibus, III, XXI, 7; ed. Instituto Estudios
Políticos, Madrid, 1967, vol. II, pág. 288).
157
Acto 9.º, escena 2.ª, ed. J. MATEOS, reimpresión Barcelona, 1975, pág. 147.
158
De nuevo remito a M. ALONSO OLEA y M.ª E. CASAS BAAMONDE, Derecho del Trabajo, cit.,
caps. 4.º.I, 7.º.V, 14.ºI.C.a), y a la bibliografía que allí se cita.
159
Sobre este punto y sobre sus derivaciones posibles en cuanto a los contratos de trabajo –y de
seguro–, insistentemente, Proyecto Genoma Humano: Ética, que recoge las deliberaciones del II
Seminario (Valencia, 1989) sobre el tema, Madrid, 1991; especialmente las relativas a Secreto
profesional y confidencialidad (págs. 309 a 344) y doquiera (págs. 77, 90, 105, 159, 237, 290,
318, 410, 431-432, 442).
humano. Desde la perspectiva del Consejo de Estado, Madrid, 1999, págs. 104-105.
161
En cualquier caso la «motivación económica» en el trabajo productivo por cuenta ajena está
siempre presente; «dejar por completo fuera el dinero» es un intento ilusorio (W. H. WHYTE, en
A. ETZIONI, ed., Complex Organizations. A Sociological Reader, Nueva York, 1961, págs. 105 y
sigs.). Pero es asimismo erróneo tomar como única esta motivación, y aun sólo las motivaciones
directamente ligadas a la situación de trabajo (H. BEYNON y R. M. BLACKBURN, Perceptions of
Work. Variations within a Factory, Cambridge Univ., 1972, especialmente cap. 7, que recoge sus
conclusiones, págs. 144 a 161).
164
Remito sobre este punto a mi Alienación. Historia de una palabra, cap. IV y bibliografía sobre
satisfacción en el trabajo y temas conexos que allí cito; sorprendentemente, habida cuenta de la
abundante bibliografía sobre el tema, se lee en ocasiones que «no existen instrumentos» de
investigación para precisar ante el caso concreto la naturaleza y causas de la insatisfacción (así,
R. J. FLANAGAN, G. STRAUSS y L. ULMAN, Worker Discontent and Work Place Behaviour,
Univ. de California, Berkeley, reprint, 1974, págs. 122-123).
165
W. S. NEFF, Work and Human Behavior, cit., pág. 268; sobre la influencia de estas concepciones
sobre el trabajo de la mujer, págs. 270 y 271.
166
Remito al respecto a infra, parte II, cap. III.B. b) y a la bibliografía allí citada, de la que destaco las
ponencias y coloquios editados por G. PATZIG, Der Evolutionsgedanke in den Wissenschaften.
Kolloquium der Akademie der Wissenschaften zu Göttingen am 9. Februar 1990, Gotinga, 1991.
168
Ver L. MAIR, Introducción a la antropología social, trad. C. Martín Ramírez, 2.ª ed., Madrid, 1973,
págs. 78 y 283-284; de la pág. 78 es la cita que sigue en el texto en la que son mías las cursivas.
El regalo es asimismo figura de antigüedad remotísima; ver al respecto el cap. 4.º, The Spirit of
the Gift, de M.D. SAHLINS, Stone Age Economics, Londres, 1972, págs. 149 a 183; y presente
en todo tipo de culturas hasta nuestros días (S. BELL y S. COLEMAN, eds., The Anthropology of
Friendship, Oxford-Nueva York, 1999).
170
Tan tiene derecho el vecino a reciprocidad, que sobra decir gracias, como comprobó J. PITT-
RIVERS (Presentación de W. KAVANAGH, Villagers of the Sierra de Gredos. Transhumant cattle-
raisers in central Spain, Oxford, 1994, págs. XXIII-XXIV).
171
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Einführung in die Rechtswissenschaft , 13.ª ed. revisada por K. ZWEIGERT, Stuttgart, 1980, pág.
17; se insiste en la misma página: «el Derecho es incapaz de regular la relación entre amigos».
174
Esta original concepción en los conocidos estudios de G. A. AKERLOF, Labor Contracts as Partial
Gift Exchange («Quart. Jour. Economics», vol. XCVII, 1982, núm. 4, págs. 543 a 569) y Gift
Exchange and Efficiency-Wage Theory: Four Views («American Economic Rev.», vol. 74, núm. 2,
1984, págs. 79 a 83).
175
B. FLYVBJERG, Making Social Science Matter , cit., pág. 42; el contrarregalo procede de P.
BOURDIEU, Outline of a Theory of Practice –llamativo título éste–, Cambridge Univ., 1977.
177
R. SMITH, Unemployment and Health pág. 3; con abundante bibliografía. De SMITH también se
toma la amarga frase (escrita en 1934 en su English Journey) por J. B. PRIESTLEY.
178
Ver sobre este tema las consideraciones que a propósito de la Ley española del voluntariado
(Ley 6/1996, de 15 de enero) hacemos ALONSO OLEA-CASAS BAAMONDE, en Derecho del
Trabajo, cit., cap. 1.º, IV.B; así como ALONSO OLEA, Reflexiones actuales sobre el trabajo
realizado a título de amistad, benevolencia o buena vecindad, en «Trabajo subordinado y trabajo
autónomo en la delimitación de fronteras del derecho del trabajo: estudios en homenaje al
profesor José Cabrera Bazán», cit., págs. 15 y sigs.
179
J. B. TERCEIRO, La sociedad digital. Del Homo Sapiens al Homo Digitalis , Madrid, 1996, pág.
227.
180
J. K. GALBRAITH, Una sociedad mejor, trad. A. Desmonts, Barcelona, 1996, pág. 41. E.
McLAUGHLIN y K. MURJI, Drugs, drug culture and European governance, en J. FINK, G. LEWIS
y J. CLARKE eds., Rethinking European Welfare: transformations of Europe and social policy ,
Londres, 2001, págs. 277 a 290.
181
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Max WEBER, Economía y Sociedad, 1.a, II,§ 31, pág. 134: también en Introducción a la ed. de
1920 de Die Protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus en el Prefacio a su edición de
esta obra, R. H. TAWNEY insiste, asimismo, sobre la modernidad estricta del fenómeno de «la
organización de asalariados legalmente libres para la obtención de beneficios económicos».
184
Cfr. T. DOBZHANSKY, The Biological Basis of Human Freedom, Columbia Univ., 1960, págs. 109
y sigs.; A. MONTAGU, The Biosocial Nature of Man, Nueva York, 1966, págs. 37 y sigs. Como es
sabido, FREUD pensó que «todo individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, aunque
se dé por sentado que la civilización es objeto del interés humano universal»; por ello, «toda
civilización debe edificarse sobre la coerción» y «ni siquiera parece seguro que si la coerción
cesara, la mayoría de los humanos estarían dispuestos a ejecutar el trabajo preciso» (Die Zukunft
einer Illusion, Viena, 1927; cito por la versión de J. STRACHEY, The Future of an Illusion, Nueva
York, 1964, págs. 3 y 5). La idea es próxima a la de ORTEGA, según la cual cuando el ser
humano se encuentra atenido a «las necesidades biológicamente objetivas... se niega a
satisfacerlas y prefiere sucumbir» (Meditación de la técnica, cit., pág. 31); idea basada sobre la
concepción de que los actos técnicos «no son aquellos en que el hombre procura satisfacer
directamente las necesidades que la circunstancia o la naturaleza le hace sentir, sino
precisamente aquellos que le llevan a reformar esta circunstancia», arrancando de ella la
adicional, tan cara a ORTEGA, de que el empeño de la persona no es tanto el vivir como el
bienvivir, que el bienestar y no el estar en necesidad es la «necesidad de las necesidades»
humana (Meditación de la técnica, cit., págs. 27 y sigs.).
La reflexión moderna está, ya desde ESPINOSA, bien lejos de la ilusión cartesiana sobre la
virtual ilimitación de la libertad y la voluntad humanas (Méditations, IV, ed. F. MISRACHI, París,
1954, págs. 179 y 180; Ética, IV, pr. 3, y III, pr. 2; Textes choisis, ed. L. MILLET, París, 1970,
págs. 59 a 63; la proposición 3, citada, la formula así ESPINOSA: «La fuerza por la que el
hombre persevera en la existencia es limitada e infinitamente sobrepasada por la potencia de las
causas externas»). También MARX dijo que como «el trabajo no es la satisfacción de una
necesidad, sino un medio para satisfacer otras necesidades», todo trabajo en general, en este
sentido, no es voluntario, sino forzoso, y de ahí que «cuando no haya una compulsión física o de
otra naturaleza se evite como la peste» (Manuscritos económicos y filosóficos, 844; en T. B.
BOTTOMORE, Selected Writings in Sociology and Social Philosophy, ed. cit., págs. 169 y 170), e
insistió en sus últimas obras en que la esfera de la libertad está allende el trabajo productivo,
porque «éste siempre sigue siendo el reino de la necesidad» (Capital, vol. 111.2, en T.
BOTTOMORE y M. RUBEL, Karl Marx, Selected Writings in Sociology and Social Philosophy, ed.
cit., pág. 260). De ahí que E. FROMM diga que «la quintaesencia del pensamiento de MARX»
está dada en esta frase: «el hombre no puede nunca trascender el reino de la necesidad que es
el de la producción material»; Prefacio, a los Selected Writings, ed. de BOTTOMORE, cit., pág.
XVIII).
De nuevo FREUD, aunque el trabajo «cuando menos da al hombre un lugar seguro en una
porción de realidad, en la comunidad humana», esto, no obstante, «la gran mayoría de los
hombres sólo trabaja bajo la coerción de la necesidad y esta aversión natural humana al trabajo
plantea problemas sociales muy difíciles» (Das Unbehagen in der Kultur, 1929; citada según la
versión americana Civilization and Its Discontents, ed. J. STRACHEY, Nueva York, 1961, pág.
27). Incluso PROUDHON, en medio de su optimismo, afirma que «el hombre no sale de su
pereza sino cuando la necesidad le inquieta» (Système des contradictions économiques, 1846,
cap. V; en «Oeuvres choisies», ed. cit., pág. 315). En COMTE, insistentemente, el trabajo es
«una fatalidad material», resultado de «la impulsión irresistible... de nuestras necesidades
físicas»; es cierto que «el trabajo..., nuestra acción útil sobre el medio..., es una fuente de
satisfacción», pero esto es compaginable con «la aversión profunda que el trabajo regular inspira
de inmediato a nuestra defectuosa naturaleza»( Système , vol. II, ed. París, 1912, págs. 165 a
170). Las citas sobre la forzosidad del trabajo así entendida podrían multiplicarse; en general,
sobre el tema, G. GURVITCH, Déterminismes sociaux et liberté humaine, 2.ª ed., París, 1963, y
mi Alienación. Historia de una palabra, cit., cap. III.D.
185
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Cfr. E. DURKHEIM, L’éducation, sa nature et son rôle (1911), en «Éducation et sociologie», París,
1966, págs. 41-42 y 45-46. Las más de las referencias de la nota anterior pueden traerse a
colación aquí, añadiéndose de paso que SAINT-SIMON, dentro de su optimismo general, pensó
también que el ser humano «necesita, para continuar existiendo, de una vigilancia que le impida
abandonarse a sí mismo... y que le fuerce a trabajos útiles para su conservación» (De la
physiologie sociale, 1813; en «Oeuvres choisies», ed. G. GURVITCH, cit., pág. 61).
186
S. WEIL, Condition première d'un travail non servile (1941), en «La condition ouvrière», cit., pág.
261.
187
Aquí habría que incluir todas las que conciben la situación del trabajador como un status
subiectionis (cfr. L. ANGELO, Autonomia e subordinazione nella prestazione lavorativa, Padua,
1974, págs. 30-32; y M. ALONSO OLEA, Inalienabilidad de la persona, alienabilidad de los
servicios. Apunte sobre el tema en Hegel y sus precedentes, en «Anuario de Derecho civil», vol.
28, núm. 4, 1975, págs. 875 a 896).
189
Es irracional un sistema «que exige del trabajador el máximo de iniciativa en sus tareas técnicas
y una obediencia incondicional al propietario privado o colectivo de los medios de producción»: R.
GARAUDY, Révolte et Révolution, en «Toute la vérité», París, 1970, pág. 41.
191
Cfr. R. W. RIDEOUT, Aberrations of the Implied Terms, en « In memoriam Sir Otto Kahn-Freund:
17.11.1900, 16.8.1979», Munich, 1980, pág. 653; G. BARREIRO GONZÁLEZ, Diligencia y
negligencia en el cumplimiento. Estudio sobre la prestación de trabajo debida por el trabajador,
Madrid, 1981.
192
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Tomo la referencia de H. FREYER, La época industrial , cit., pág. 40; el tenor recuerda los
manuscritos de Jena; la reflexión sobre este tema en mi Alienación. Historia de una palabra, cit.,
págs. 70 a 72.
193
Desaparecería así el antiguo oficial que llevaba consigo su cualificación con su caja de
herramientas; la imagen, ya anacrónica, es de A. TOURAINE, L'évolution du travail aux usines
Renault, París, 1955, en B. MOTTEZ, La sociologie industrielle, cit., págs. 79 y 80.
195
Las versiones apocalípticas o humorísticas de esta «adaptación» son muy numerosas. Se puede
contribuir a la serie con la cita de la sentencia del lastimosamente suprimido Tribunal Central de
Trabajo de 20 de enero de 1988 (Ar. 757) que decide sobre «el derecho [del trabajador] a
reintegrarse a su... puesto de trabajo de auxiliar de robot» (mías las cursivas de expresión que
aparece hasta tres veces en la sentencia).
196
E. BRIYNJOLFSSON y A. McAFEE, Race Against The Machine. How the Digital Revolution is
Accelerating Innovation, Driving Productivity, and Irreversibly Transforming Employment and the
Economy , Lexington, Massachusetts, 2011, en especial cap. 3.
198
Un mundo que no puede ser manipulado «sin poner en cuestión la cohesión y mentalidad de la
sociedad» (H. KRÜGER, Offentliche Elemente der Unternehmensverfassung, en H. COING y J.
H. KAISER eds., Offentlich-rechtliche Grundelung der Unternehmensverfassung, Baden-Baden,
1971, pág. 30).
200
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C. HAM y M. HILL , The Policy Process in the Modern Capitalist State, cit., pág. 121.
206
En cuanto al impacto en las empresas del sector informal y de la «economía sumergida», así
sobre su diversificación a través de redes cada vez más complejas, nacionales e internacionales,
de contratas y subcontratas, infra, cap. II, A. b).c').c''), d'') y e'') .
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"Derecho del Trabajo" is preferred because it is the academically official term in the study plans of Law Faculties in Spain. It is widely accepted by Spanish and Ibero-American doctrine and aligns with modern naming conventions in comparative law, such as "Direito do Trabalho" in Portugal and Brazil, "Droit du Travail" in France, and "Labour Law" in Anglo-Saxon countries .
Work satisfaction and pain are influenced by social structures, with manual labor often perceived as degrading in caste-based societies. Satisfaction may also vary based on whether work is seen as forced or poorly compensated. However, even within these frameworks, individuals may find joy in overcoming obstacles or seeing direct impacts from their work .
Technical action, which involves working with materials or tools, contrasts deeply with working with symbols or signs—rooted in human language. The former is tied to physical processes while the latter involves abstract communication, highlighting a fundamental difference in labor types .
Socio-cultural factors such as societal values, educational systems, and historical contexts often elevate intellectual labor over manual labor. Intellectual work is associated with cognitive abilities and creative processes, while manual labor is sometimes undervalued, perceived as less prestigious, but is equally essential in terms of skill and societal function .
Productivity should not be solely linked to economic outcomes as many socially valuable activities, like voluntary and benevolent work, are not economically compensated but are still highly productive in a social context. Such activities enhance community viability and may have biological roots, although this view is debated in sociobiology .
Hegel viewed the human-nature relationship within a framework of needs and utility, typical of his time. In contrast, contemporary environmental ethics often advocate for a respectful, non-exploitative stance towards nature, viewing it as intrinsically valuable and promoting sustainability and humility .
Working for others can often be seen as an economic necessity, which may constrain personal freedom and potentially reduce satisfaction. However, it remains an integral part of social frameworks wherein individuals may find satisfaction through the social or personal value of overcoming challenges or achieving goals, even within constraints .
Durkheim argues that benevolence is essential to the viability of a community, not as a decorative social nicety but as a foundational element. This implies that a certain level of benevolence enhances social cohesion, although the sociobiological basis of this claim remains contested .
Sociobiology differentiates altruism as a conduct benefiting another at one’s own expense, contrasting with economic self-interest. While some argue altruism is a biologically conditioned behavior, this notion remains debated due to the complex variability of altruistic behaviors .
There is no absolute separation between manual and intellectual work; both require human intelligence and communication. Manual work involves not just physical operations but intelligent control, while intellectual work gains physical consistency through expression. Both forms embody a symbolic communication system, distinguishing human action and connecting diverse experiential fields .