Introducción al Derecho del Trabajo
Introducción al Derecho del Trabajo
, agosto 2013
Capítulo preliminar
Sobre el contenido de la introducción a
una disciplina jurídica
Sumario:
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Es muy difícil, si siquiera posible, decir a priori y con carácter general cuáles son
los datos que dan especificidad a una disciplina determinada, a una rama del
Derecho y a un sector del ordenamiento (entiéndase comprendida esta triple
referencia en todo lo que sigue); la interminable discusión en Derecho
administrativo sobre si éste es el Derecho especial de un tipo de personas o
entes, o el Derecho especial de un tipo de relaciones jurídicas, de servicios o de
funciones, o el Derecho especial de un tipo de pleitos (a lo que propendería la
identificación del Derecho administrativo con el Derecho de lo contencioso-
administrativo) resulta ilustrativa al respecto.
Por lo demás, tales datos, cualesquiera que sean, no parece que permanezcan
inmutables. Las transiciones del Derecho mercantil arrancando de ser el
Derecho especial de los comerciantes, pasando a convertirse en el Derecho
especial de los actos de comercio, aislada o colectivamente realizados, para
llegar a ser de nuevo el Derecho de los comerciantes, bajo imagen de empresa
mercantil, revela, a su vez, la movilidad de los rasgos definitorios.
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B. LA COMUNICACIÓN INTERDISCIPLINAR
Por lo mismo que, como se dijo al comenzar, los sectores del ordenamiento no
son estancos, la delimitación rígida de las disciplinas, cualquiera que sea el
elemento que se tome como diferenciador, es tarea de antemano condenada al
fracaso. La misma distinción cardinal entre Derecho público y Derecho privado,
con ser la más intensa por cuanto afecta, y muy notablemente, a los sujetos, al
objeto y a los tipos de relación, en muchas de sus zonas es cuestión de grado o
matiz. Las disciplinas entran en conexión entre sí en zonas más o menos
amplias respecto de las cuales cualquiera de ellas, desde sus propios
supuestos, puede intentar la definición y la explicación; o cualquiera de ellas, y
no faltan ejemplos de esta solución lamentable, puede entender que la zona en
cuestión es excesivamente marginal, con el resultado de que se abandona el
intento por ambas, lo que posiblemente dé lugar al surgimiento de una nueva
disciplina, que tendrá base sólida tan sólo si lo que ocurre es que la zona en
cuestión tiene a su vez rasgos distintivos especiales.
Los temas sobre materia contenciosa, en las fronteras del Derecho material y del
procesal, son quizá el ejemplo más característico de esto; la indecisión procesal
en el ataque a fondo de los problemas de extensión de la jurisdicción y de
ámbito de la legitimación (por reputarlos de Derecho material) y la renuncia de
los correspondientes Derechos sustantivos a analizar, aunque estén claramente
fundadas en ellos, las pretensiones procesales (por estimarlas Derecho
procesal) determinó la proliferación de Derechos procesales especiales, aparte
de que el reposo general sobre el pleito como forma de solución de conflictos
jurídicos pueda llevar a una, con seguridad desafortunada, judicialización del
Derecho todo, de forma que éste no se tenga por tal si no ha sido tamizado por
sus «operadores» jurídicos, abogados y jueces. La solución obedece a las
tradiciones –o a las modas– del oficio de jurista en cada ordenamiento; así, el
Derecho administrativo en el continente europeo hubo un tiempo pasado que
tendió a ser puro Derecho material, mientras que en los ordenamientos
anglosajones tendía a ser puro Derecho procesal o procedimental.
El ejemplo, sin embargo, es extremado, aunque nunca debe ser perdido de vista,
porque el momento de formalización de conflictos es el típico en los avances y
en las renuncias en las relaciones entre las disciplinas jurídicas; pero otros
muchos podrían ser traídos a colación, y no sería el Derecho del Trabajo el que
menos se prestara a ello (trabajadores al servicio de la Administración;
relaciones entre el empresario y su personal directivo; entes asociativos de
trabajadores y empresarios; principios de responsabilidad y aseguramiento en
los seguros sociales; deslinde entre los trabajos por cuenta ajena y los trabajos
autónomos; encuadramiento de los convenios colectivos en el esquema de
fuentes del Derecho; por supuesto, actuación o formalización extraprocesal o
procesal de los conflictos individuales y colectivos de trabajo).
C. RESUMEN PROVISIONAL
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línea, por razón de la materia sobre la que versan, separa las relaciones de
cambio de las familiares y en general de las de status.
Hay que insistir sobre que estos procesos de diferenciación no son simplemente
jurídicos sino, más ampliamente, sociales; en buena parte son económicos, fruto
de la división del trabajo, y demográficos por la presión de una población que
hace poco crecía y hoy envejece a ritmo muy rápido; en amplia medida son
políticos, resultantes de la distribución de poder entre los componentes de la
comunidad; y probablemente, en medida mayor aún responden a causas más
profundas, que a su vez determinan las diferenciaciones políticas y económicas,
y que se anclan en lo que sea profundamente el hombre, en la medida en que
éste controla su devenir personal como individuo y su devenir histórico como
especie, y en la medida en que es controlado por fuerzas sobre las que él mismo
carece de control. Sólo es necesario apuntar aquí esta realidad, cuyo análisis
exigiría elevarse a la metafísica y a la filosofía y, en cualquier caso, tratar de
tener presente la admonición de COMTE de que «todo estudio aislado de uno de
los diversos factores sociales es... profundamente irracional y esencialmente
estéril» 2).
«los fenómenos jurídicos son esenciales a la condición humana» 8); éstos, como
dijera SAVIGNY, «sólo aparentemente se ofrecen a nuestra consideración como
cualidades especiales» o como «fenómenos con existencia separada», cuando
en realidad en un pueblo están inseparablemente unidos a «su lenguaje, sus
costumbres, su constitución», enlazando el todo la propia «convicción común del
pueblo... el sentimiento de necesidad inherente». «El Derecho... es la vida del
ser humano mismo contemplada desde un plano especial» 9); «el Derecho
pertenece a la sustancia originaria del hombre mismo...; no está en el arbitrio
humano vivir sin Derecho» 10). Con HEGEL ahora, «el Derecho constituye para
un hombre sus costumbres, sus hábitos; pertenece al ser de esta persona»; «mi
realidad se encuentra en él, y en él mi realidad... constituye mi ser: yo soy
así» 11).
entrañas» 22). Una hipotética crisis catastrófica del Derecho que hiciera
desaparecer éste, implicaría la desaparición de la comunidad misma de
personas, para convertirse en un agregado anárquico sólo sometido a orden, si
acaso, por la fuerza despiadada y bruta, negación misma de la paz, en cuanto
continuadora de la violencia, sin limitación en la «combinación para robar» 23) de
los poderosos.
Por concluir con una cita de la introducción a un libro introductorio: «El Derecho
está doquiera en nuestras vidas y estará en cualquier vida... social civilizada
imaginable» 24).
Lege ferenda y lege data no están en planos independientes; la ley que va a ser,
que puede ser y se quiere que sea quizá es ya ley dada en las conductas, al
tiempo que sobre éstas refluye la ley que ya es: «Costumbres hacen leyes y
leyes costumbres», como dijera HEGEL 29), o, con formulación más rebuscada,
junto al «poder fáctico de lo normativo» hay que situar «el poder normativo de lo
fáctico» 30); o más cruda: «el Derecho como instrumento de la sociedad debe su
existencia a la constelación de poderes de ésta; pero pese a esta
«dependencia» [el Derecho] es un poder sobre la sociedad» 31).
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Téngase en cuenta, por otro lado, que, según pensara también IHERING, «la
primera regla jurídica... fue el primer intento de la mente para elevarse sobre lo
sensualmente obvio» 38), lo que de nuevo nos señala que el Derecho no es
simplemente constatación de hechos, sino de hechos singulares presididos por
la noción de que lo que ocurre deviene porque debe ocurrir en virtud de
expectativas sociales que, sin llegar a imponerse como necesidades estrictas,
están fundadas en algo más que en la repetición de ocurrencias, o en la
ocurrencia singular despótica, de forma que desde la orden concreta del
primitivo –del «gobernante de la sociedad prealfabeta» 39)– hasta la abstracta de
una sociedad refinada, se obedece en cuanto ajustada a, o en cuanto fundada
sobre, lo social necesario, en cuanto «imperativo categórico [propio] de
costumbres realmente practicadas por una sociedad real» 40). Tras toda regla
jurídica hay una «ratificación del grupo social», una especie de participación de
la sociedad... que basa el valor social del acto 41), y que en los regímenes
constitucionales transcurre a través del ejercicio por los ciudadanos de los
derechos fundamentales de representación y participación política democrática.
Con todas estas matizaciones, reservas si se quiere, ius ex facto oritur; como el
novelista su argumento, o el filósofo de la historia «las formas ideales de
asociación y acción humanas», el jurista tampoco inventa la norma; aquél como
ésta están ahí, y uno y otro los descubren 46).
Porque las leyes sin observancia, Señor, no son mas que cuerpos muertos,
arrojados en las calles y plazas, que solo sirven de escándalo en los reinos y
ciudades...
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Porque aquel uso debe ser posible, llegado el caso; en el Derecho en general,
como en la ley de que hablara el Padre MARIANA, «hay una doble fuerza: una
para mandar y otra para obligar a cumplir lo mandado a los que no
obedecen» 54); como más tarde dijera AUSTIN comentando a BENTHAM, «las
ramas imperativa y sancionadora de la ley se corresponden...; si la imperativa no
implicara la sancionadora, no sería imperativa, y viceversa» 55); «toda norma
(law or rule) es un mandato (command)... basado en el poder de quien manda
infligir un mal o pena si es desobedecido» 56); o como se sigue diciendo,
«ningún sistema social está enteramente basado en el consentimiento ni
enteramente en la compulsión» 57).
Es, desde luego, cierto que el Derecho reproduce o refleja «las formas
principales de solidaridad social» 73); lo es con toda seguridad que sin el acto de
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Pero tanto o más cierto que la negación de que el Derecho sea algo más que lo
real, o que la afirmación de que sólo en lo real haya de encontrar su fundamento,
lo es que el propio Derecho se degrada y se disuelve como parte de las
relaciones colectivas socioeconómicas, se diluye en un mundo «naturalizado,
mecanizado y como mineralizado», en las expresiones de ORTEGA 77), o
imprime definitivamente a estas relaciones el sello de una realidad ineluctable,
reduciendo el Derecho a mera descripción de leyes de la naturaleza, como si de
tales se tratara, con olvido de su carácter prescriptivo y ordenador, decisivo para
las tareas del profesor, del legislador y del juez, en cuanto protagonista de la
normatividad peculiar de lo jurídico.
Como dijera POSADA, «el Derecho es algo real y vivo, y algo con que
inevitablemente se ha de tropezar cada vez que se quiera transformar, para
mejorarla, la condición humana» 78); en versión modernizada y ampliada de la
misma idea, «el Derecho no es simplemente un mecanismo para someter a sus
reglas relaciones sociales preexistentes, sino que, al tiempo, el Derecho
constituye y es constituido por relaciones sociales» 79). Con precisión
característica, «el Derecho es, al mismo tiempo, una técnica de ordenación
racional de la convivencia... y una estructura conceptual operativa» 80). Si se
quiere una referencia más, «Derecho y Sociedad están tan inextricablemente
aleados, tan imbricados entre sí... que es ya ociosa la discusión al respecto» 81).
Incluso la visión simple y tosca del «realista» 86), según la cual el Derecho es la
predicción de lo que hará el juez, sólo tiene sentido si se piensa que lo que el
juez hará estará regido por el Derecho mismo que conforma su hacer; que las
predicciones acerca de la decisión judicial van acompañadas «por sentimientos
de estar ligado [quién las hace y a quién se refieren] por reglas», cuyo
significado, a su vez, viene influido por los pareceres de lo que se ha llamado
«comunidad interpretativa» 87). De otra forma la decisión es fruto de un
solipsismo jurídico inadmisible 88); o se hacen pasar por jurídicas decisiones que
en algún caso pueden llevar a lo absurdo o a lo aberrante 89); para evitar las
cuales, por otro lado, con seguridad es necesario que en las que sirven para
solventar conflictos se oiga a las partes envueltas en los mismos, oyendo sus
pareceres divergentes o contradictorios en un procedimiento o proceso, cuyas
reglas generales a su vez estén preestablecidas y sean conocidas 90), y cuya
epifanía tenga lugar, singularmente si el proceso es penal o cuasipenal, en acto
o juicio con audiencia pública, de forma que quienes componen ésta pueden
«juzgar» a los juzgadores o, mejor, saber y entender cómo los juzgadores juzgan
a los juzgados.
Son los recién analizados indicios primeros los que fuerzan a la búsqueda
angustiosa y siempre renovada –especialmente desde que la Reforma rompiera
la conexión entre Derecho y Moral (y tendiera a hacer de aquél puro legalismo
que sólo suscita una obediencia física o mecánica, obedientia locomotiva 94)–
de una fundamentación ética de lo jurídico, de «un "yo no sé [exactamente] qué"
de moral» oculto tras la norma 95), y de conseguir para el Derecho una
justificación que, reposando sobre lo que en cada tiempo se tiene como
socialmente necesario, se tiene por necesidad humana y por forma de su
satisfacción, lo trascienda, de forma que el jurista indague no sólo lo que es
Derecho –aunque ésta sea la primera tarea que le compete como profesional–,
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sino también lo que deba serlo, para lo cual ha de elevarse sobre los meros
datos de hecho y sobre el Derecho mismo –aparte de que éste en todo caso sea
«la condición fáctica de la moral», como sentenciara FICHTE 96)–, a lo
metajurídico, recordando la admonición que «lo que debe ser según la libertad
no puede encontrar su fundamento en la experiencia... porque no se puede
extraer lo que debe ser de lo que es» 97) –el «salto imposible» kantiano («la
madre del engaño... extraer las leyes de lo que debo hacer... de lo que se
hace» 98)) y la consiguiente referencia por KANT del juicio práctico a reglas de
razón a priori e incondicionadas; o a la sola celebérrima regla de la ley general
de libertad que permita respetar la voluntad de todos 99)– con lo que la
eliminación radical del deber ser, como retroceso al puro empirismo, equivale en
lo jurídico «a la recaída en la facticidad del derecho positivo» 100), a la
concepción del derecho como moralmente neutro, reduciendo al jurista al estudio
analítico del sistema legal existente 101), olvidando que en la justicia está el
origen del Derecho –Iustitia est causa intrinseca iuris, que dijera BALDO– siendo
aquélla no otra cosa sino bondad y equidad y, por tanto, éste, el Derecho, «non...
alius quam ars bonitas et aequitas», también con BALDO 102).
Así como el jurista teórico al abandonar la conexión del Derecho con otras
ciencias, singularmente con las otras ciencias sociales –y aun al dejarse llevar
por la tendencia de relegar las variables que de ellas le vienen «al papel de
factores exógenos», apartándolos de su consideración 103)–, corre los riesgos
propios de la artificiosidad y del dogmatismo, el jurista empírico a su vez se
arriesga –contra lo que ya previniera SAVIGNY– a ser dominado por el material
que maneja 104), cuando no por el más grave, en la formidable denuncia de San
Agustín, tantas veces reiterada, de que, olvidado su fin de realización de equidad
y justicia se tomen por Derecho las reglas de una partida de bandidos 105).
Frente a este progresismo desvariado es preferible, por mucho que deje de ser
óptima, la opción en favor de una moral social –de la «ley moral» de que hablara
BAYÓN presidiendo precisamente «las relaciones de trabajo», de la que éstas
«no pueden lícitamente sustraer[se]» 114)– que tenga un mínimo de libertad
como ingrediente, presidiendo, o influyendo sobre, la creación y la aplicación del
Derecho 115), al tiempo que, del consenso que de ella deriva, derive la eficacia
de un ordenamiento que no repose sobre la coacción pura y simple; en el que
«el reconocimiento del Derecho como un orden justo; moralmente justificado»,
haga de la coacción «un elemento secundario de la obedientia» 116) en el que,
lo demás siendo igual, «la promoción de una moral sustantiva disminuya la
coacción de sus leyes» 117).
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C . D E V U E LTA A L A D I S C I P L I N A J U R Í D I C A E S P E C I A L
1. Que el Derecho del Trabajo descansa sobre una realidad social singular y
diferenciada, sobre una «conducta de la gente», claramente apreciable como
distinta de las demás en la trama de las relaciones sociales de las que el vivir
comunitario se compone.
2. Que esta realidad social que sirve de soporte al Derecho del Trabajo es
trascendental o crítica, de tal forma que el vivir de la comunidad no sea
comprensible sin ella.
3. Que han existido unas profundas fuerzas sociales que han provocado el
proceso de diferenciación, y que el proceso de diferenciación mismo ha existido
y ha desembocado en la realidad diferenciada.
4. Que el Derecho del Trabajo, surgido de esta realidad, formando parte de ella y
operando sobre ella, en parte descubierto y en parte hecho, se ha diferenciado,
a su vez, de los demás sectores del ordenamiento jurídico.
5. Cuáles son los elementos –sujeto, relación u objeto– que han servido de base
a la diferenciación y hasta qué punto, cualquiera que sea el que históricamente
se haya tomado como relevante, todos ellos han experimentado el proceso de
especificación.
Cit. en J. LACROIX, La sociologie d'Auguste Comte, 4.ª ed., París, 1973, pág. 40. COMTE se
está refiriendo a los estudios exclusivamente económicos.
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Fenomenología del espíritu, B. (IV) A, trad. México, 1966, págs. 113 y sigs. Ver sobre el tema mi
Alienación. Historia de una palabra, 1.ª ed., Madrid, 1974, págs. 77 a 88; 2.ª ed., México, 1988,
págs. 124 a 130, y bibliografía allí citada.
4
Filosofía Real [... del espíritu, I.B. c) ], ed. J. M. Ripalda, México, 1984, págs. 175-176. En el
mismo sentido, entre múltiples referencias posibles, «el concepto de derecho no puede deducirse
de la idea de un deber moral individual, supone... la intersubjetividad» (L. FERRY, Philosophie
politique, vol. I, París, 1984, págs. 147-148).
6
ORTEGA, Carta a J. Garrigues, en éste, «Hacia un nuevo Derecho mercantil», Madrid, 1971,
pág. 101; J. A. ORTEGA DÍAZ-AMBRONA, ¿Qué significa la expresión «tengo derecho a... X»?,
en «Anuario de Filosofía del Derecho», XIV, 1969, págs. 107 a 128; J. GUASP, Derecho, Madrid,
1971, pág. 13; las cursivas en el original en los dos últimos textos.
8
El concepto de religión (trad. A. Guinzo, México, 1981, del vol. I de Vorlesungen über die
Philosophie der Religion, según la ed. G. Lasson), cap. I, sec. 1.ª, 11, 3, págs. 152-153.
12
Para este descubrimiento tardío de lo obvio por el ideólogo marxista, que entonces tiende a
refugiarse en la modernidad o postmodernidad de lo real («los términos "cultural" y "económico"
se funden entre sí y expresan lo mismo, en un eclipse de la distinción entre base y
superestructura), F. JAMESON, Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism,
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Londres, 1992, citado por K. KUMAR, From Post-Industrial to Post-Modern Society. New Theories
of the Contemporary World, Oxford, 1995 (2ª ed., 2004; reed. 2009). En la misma vena, KUMAR,
por su parte, «lo cultural ya no está separado de lo económico... hoy debemos preferir a Hegel,
contemplando cultura y sociedad permeados por el mismo espíritu... sin privilegiar la "base"
económica» (págs. 116 a 120, con el refuerzo de abundantes citas adicionales).
14
«Si bien se mira el principio de trato igual a los iguales y desigual a los desiguales no es una
exigencia de la justicia sino de la lógica; es sólo la consecuencia lógica del carácter general de
toda norma...» (KELSEN, Reine Rechtslehre, 2.ª ed., vol. II, Viena, 1960, pág. 393). Este carácter
general es el que resulta contradicho por la decisión arbitraria, que viola no ya el fundamento
ético de la norma, sino «la esencia lógica de ésta: la ley... no es ley» (C. MÜLLER, Kritische
Bemerkungen zur Auseinandersetzung Hermann Heller mit Hans Kelsen, en C. MÜLLER e I.
STAFF eds. Der soziale Rectsstaat. Gedächtnisschrift für Heller, 1891-1933, Baden-Baden, 1984,
pág. 712; la cita de KELSEN en el mismo, pág. 711).
El problema es que «las más de las personas son una amalgama de diferencias... de clase,
género, raza, sexualidad, edad, religión y nacionalidad, mencionando sólo algunas» (J. HALLAM
y A. MARSHALL, Layers of Diference: The Significance of a Self-Reflexive Research Practice for
a Epistemological Project, en M. KENNEDY, C. LUBELSKA y V. WALSH, eds., Making
Connections, Londres, 1993, pág. 70).
16
F. SCHULZ, Principios del Derecho Romano, trad. M. Abellán Velasco, Madrid, 1990, pág. 72 (2ª
ed., Madrid, 2000).
17
A. MONTOYA MELGAR, Sobre el Derecho del Trabajo y su ciencia, en «Revista Española del
Derecho del Trabajo», núm. 58, 1993, pág. 173, y bibiliografía que anota; señaladamente The
Civil Law Tradition, de MERRYMAN (1ª ed., Stanford Univ., 1969, pág. 68; 3ª ed., con R. PÉREZ-
PERDOMO, 2007), cuya es la cita sobre el jurista-maestro.
Los profesores son «los reales maitres á penser para todo el mundo jurídico» continental, en el
que no se rinde culto al «oráculo judicial... anónimo y sin rostro» (R. C. VAN CAENEGEM,
Judges, Legislators and Professors Chapters in European Legal History, Cambridge Univ., 1987,
págs. 53-54). En realidad la ignorancia mutua es fingida; pero los serios de ambos gremios la
mantendrán, y harán bien, mientras por ambos no se abandone el silencio, y pasen a citarse
nominativamente –la cita impersonal, la jurisprudencia es muy frecuente en la doctrina; la
doctrina siempre impersonal en la jurisprudencia lo es mucho menos– en sus sentencias los
unos, en sus libros los otros. Entre tanto son el Juez y el Magistrado los que en general se
condenan a ser desconocidos qua juristas.
20
21
Sobre este tema, K. RENNER, Die Rechtsinstitute des Privatsrechts und ihre soziale Funktion.
Ein Beitrag zur Kritik des Bügerlichen Rechts, Tubinga, 1929, citado y traído al Derecho del
Trabajo por H. FLORETTA, Die Konstruktion des allgemeinen Kündigungsschutzes im
österreichischen Arbeitrecht und Grundgedanken in diesem Rechtsinstitut, en « In memoriam.....
Kahn-Freund...», cit., págs. 442.
22
E. KAMENKA y A. E.-S. TAY, Socialism, Anarchism and Law, en los mismos con R. BROWN,
eds., Law and Society. The Crisis in Legal Ideals, Londres, 1978, pág. 49.
23
F. W. MAITLAND, A Historial Sketch of Liberty and Equality, pág. 53, de la edición Indianapolis,
2000, de esta obra juvenil (escrita en 1875) de MAITLAND (1850-1906).
24
F. GENY, Science et technique en droit privé positif, vol. III, París, 1921, págs. 95 y sigs.
26
«... debe ser "hallado", no construido ex vacuo» (E. KUEHNELT-LEDDIHN, Demokratie. Eine
Analyse, Graz-Stuttgart, 1996, § 17).
27
El Espíritu del Derecho Romano, trad. E. Príncipe y Satorres, ed. J. L. MONEREO PÉREZ,
Granada, 1998 (II.1.º.3; pág. 21; en el original las cursivas). Traducción similar en la Abreviatura
de F. VELA, Madrid, 1963, pág. 23.
En términos aún más radicales se había expresado antes PROUDHON: «una ley no se inventa,
se descubre» (Manuel du spéculateur à la bourse, 1853; en «Oeuvres choisies», ed. J. BANCAL,
París, 1967, pág. 104).
28
Sitten machen Gesetze und Gesetze Sitten, según los apuntes de WANNENMANN, III.1.a),§ 80
(ed. K. H. ILTING, G. W. F. Hegel, Die Philosophie des Rechts. Die Mitschriften Wannenmann
(Heidelberg 1817/18) The und Homeyer (Berlin 1818/19), Stuttgart, 1983, pág. 101 [37-38]).
30
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Explaya el sentido de la regla en la aparición de las formas primitivas del Derecho, U. WESEL,
Frühformen des Rechts in vorstaatlichen Gesellschaften, Frankfurt, 1985, págs. 61-66, 334-337.
«El uso revestido de la convicción general de su necesidad se condensa en la costumbre
jurídica» (G. RADBRUCH, Einführung in die Rechtswissenschaft, ed. revisada de K. ZWEIGERT,
Stuttgart, 1980, pág. 47).
34
F. GAMILLSCHEG, Arbeitsrecht, 7.ª ed., Munich, 1987 (8ª ed., 2000); § 31.2, pág. 74; en
oposición al Derecho judicial decisionista, no basado en la costumbre y carente por ello de
«legitimación democrática» (loc. cit., pág. 73).
35
De tal forma la obediencia a una norma reposaría sobre un consentimiento previo de obediencia
a lo legal; sobre las dificultades de esta doctrina, y su articulación con los mandatos jurídicos
emanados de representantes elegidos por los que obedecen, J. STEINBERG, Locke, Rousseau,
and the Idea of Consent. An Inquiry into the Liberal-Democratic Theory of Political Obligation,
Londres, 1978.
36
Para estos temas, F. GONZÁLEZ VICÉN, La Escuela Histórica del Derecho, en el mismo, De
Kant a Marx (Estudios de Historia de las Ideas) Valencia, 1984; la cita, de pág. 130. Sobre el
Volksgeist remito a mis estudios Una nota sobre «el espíritu del pueblo», segunda versión, en
«Revista de Estudios Políticos», núm. 24, 1981, págs. 7 a 30, y a Variaciones sobre Hegel,
Madrid, 1987.
38
Geist des römischen Rechts, ed. 1923; en FULLER, Legal Fictions, cit., pág. 132. Podría añadirse
que parece hoy demostrado ampliamente que la literatura escrita más antigua de la mayoría de
los pueblos es la de sus leyes (A. S. DIAMOND, Primitive Law, Past and Present, 2ª ed., Londres,
1971, págs. 40, 45, 119 y 301, una revisión a fondo esta del clásico menor, H. MAINE, Ancient
Law, cuya 1.ª ed. es de 1861). A su vez una crítica severa de DIAMOND (cuya 1ª ed. es de 1931)
–«demasiados hechos... sin aclarar su contexto»– junto a una bondadosa de MAINE como
clásico genial, en U. WESEL, Frühformen des Rechts in vorstaatlichen Gesellschaften, cit., págs.
350-352, 359-360.
39
L. MAIR, Introducción a la antropología social, trad. C. Martín Ramírez, 2.ª ed., Madrid, 1973 (12ª
ed., 1998), pág. 141, y en general cap. 9.º
40
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42
J. GUASP, Derecho, cit., pág. 61; en el mismo sentido, más discursivos y menos precisos, los
pasajes finales Noch einmal; was ist Recht de U. WESEL, Frühformen des Rechts cit., págs. 334
a 336.
43
E. DURKHEIM, De la division du travail social, prólogo a la 2.ª edición (ed. París, 1967, pág. V).
En el original las cursivas.
44
Cfr. J. FREUND, Le droit d'aujourd'hui, París, 1972, pág. 10. En su referencia de H. COING
(Grunzüge der Rechtsphilosophie, 1ª ed., Berlín, 1950, pág. 37), «el orden jurídico es un orden
pacífico. La paz y el derecho vienen juntos; el derecho trae la paz y la paz es el presupuesto del
desarrollo del derecho».
45
Grundlage des Naturrechts (1796/97), Introducción, 11.2-3; sobre la necesidad de la relación, 1.ª
parte, proposición, § 3 [corolario 1] y proposición § 4; págs. 39 a 41. Ed. F. Medicus-M. Zahn,
Hamburgo, 1960, págs. 8-9; en el original las cursivas.
46
Dichter erfinden Gedichte nicht... der Dichter endeckt es nur, según la cita de J. SKACEL, por M.
KUNDERA, Die Kunst des Romans, Frankfurt, 1989, pág. 109; The best forms of human
association are discovered rather than invented, en G. GRAHAM, The Shape of the Past. A
Philosophical Approach to History, Oxford Univ., 1997, págs. 213 y 214.
47
Este texto fue escrito por el Obispo de Puebla, vuelto a España, circa 1650. De la misma fuente
(II, 65) «las leyes de V. M. son santas, las cédulas cristianas, sus decretos justos; sólo les falta la
ejecución..., si ésta falta todo falta y todas las leyes sobran». Tomadas ambas citas de P.
CHINCHILLA PAWLING, Palafox y América, Univ. Iberoamericana, México, 1992, págs. 51 y 67.
48
GUASP, Concepto y Método de Derecho Procesal, ed., Madrid, 1997, pág. 11; por supuesto
GUASP parte del principio de que el Derecho persiste qua tal pese a su incumplimiento: «una
norma con respecto a la cual se ha producido una transgresión es una norma incumplida... de
ninguna manera una norma invalidada» (loc. y pág. cits.).
49
Construcción de GUASP ésta; más tosca la de H.L.A. HART ( The concept of Law, Oxford Univ.,
1961; Essays in Jurisprudence and Philosophy, Oxford, 1983 según M. TEBBIT, Philosophy of
Law, 1ª ed., Nueva York, 2000, págs. 42-43.
51
R. DWORKIN, Law's Empire, Harvard Univ., 1986, pág. 109; en general, el epígrafe Grounds and
Force of Law, págs. 108-113. La posibilidad de coerción es fundamental para la zigzagueante
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De rege et regis Institutione, libro I, cap. IX; trad. L. Sánchez Agesta, Madrid, 1981, pág. 113;
también en libro I, cap. I: «¿qué habría más inhumano y feroz que el hombre si no le detuvieran
las normas del derecho y el temor de los tribunales?», pág. 25.
55
Ambos citados por KELSEN, Teoría general del Derecho y del Estado, 1.ª parte, IV.E, ed. trad. E.
García Máynez, México, 1979, pág. 75. Para KELSEN, como es sabido, «sólo la norma
sancionadora es propiamente jurídica»; «la sanción es esencial al derecho»; «la única norma
jurídica genuina es la sancionadora» (págs. 73 y 74). Para la crítica de AUSTIN, ver
especialmente 1.ª parte, V.C. b).c).d), págs. 83-86, de la Teoría general.
En su obra póstuma insiste KELSEN: «toda norma general es la unión de dos normas, de las
cuales una fija una conducta como debida, la otra establece un acto de compulsión de un órgano
para el caso de que la primera sea violada...; la segunda es la norma primaria» (Allgemeine
Theorie der Normen, ed. K. RINGHOFER y R. WALTER, Viena, 1979, pág. 43).
56
W. [Link], From Nature to Culture, from Culture to Society, en el mismo, ed., The Origin
of Human Social Institutions, Oxford Univ., 2001, pág. 246.
58
R. DE ÁNGEL YÁGÜEZ, Una Teoría del Derecho (Introducción al estudio del Derecho), 6.ª ed.,
Madrid, 1993, págs. 19, 63, 68. Afirmando también, con naturalidad, la obediencia normal
espontánea del Derecho (pág. 51) y el papel del Juez como único que puede imponer la sanción
(pág. 63) –«una sanción idéntica para todos los casos semejantes [y] preestablecida» (pág. 76)–,
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KELSEN para esta conclusión [Teoría general del Derecho y del Estado, 1.ª parte, I.B. c) ; ed. cit.,
pág. 22], a la que en su día llegara IHERING, El Espíritu del Derecho Romano [«... el derecho se
sirve de la fuerza para realizarse»], II.1.ª, II, § 28; ed. cit, pág. 302.
64
Esta característica –enforceable in the courts, «exigible en los tribunales»– aparece con
simplicidad entre los anglosajones; así, por ejemplo, P. W. D. REDMOND, General Principies of
English Law, 5.ª ed., 1979, pág. 1.
65
KELSEN, Teoría general..., cit., 1.ª parte, I.A. a) .4; ed. cit., pág. 16. «El derecho es, sin duda
alguna, un orden establecido para promover la paz» [1.ª parte, I.B. f) ; pág. 24].
66
Para este reducto del positivismo, E. R. BIERLING, Juristiche Principienlehre, vol. I, 2.ª ed.,
Tubinga, 1894 (reimpresión 2010), 1.º, 1.ª, § 3, págs. 53-54.
67
Ver a este respecto, sobre KANT, F. GONZÁLEZ VICÉN, De Kant a Marx, cit., págs. 52-53 y 75.
68
IHERING, ahora en La lucha por el Derecho, ed. cit., pág. 63, criticando de nuevo a SAVIGNY y
PUCHTA.
69
W. KERSTING, Die politische Philosophie des Gesellschafstvertrags, Darmstadt, 1996, págs. 46-
47. Sobre el «deber de mantener las promesas... como el más obvio y directamente establecido
por la razón», insistentemente, MAITLAND, A Historial Sketch of Liberty and Equality, cit., págs.
104-105. Citando a G. MARCEL, H. J. BLACKHAM, Six Existentialist Thinkers, ed. Londres,
1994, pág. 74 (reimp. 2012).
70
H. L. A. HART, Positivism and the Separation of Law and Morals, en el mismo, Essays in
Jurisprudence and Philosophy, cit., págs. 57-58; éste es para HART uno de los cinco significados
actuales de «positivismo».
71
F. WIEACKER, Estado actual de la polémica sobre el Derecho natural, ed. J. MARTÍN OVIEDO,
«Revista Facultad de Derecho Universidad de Madrid», núm. 33, 1968, págs. 343 a 362.
72
Y sin él, sin fundamento, contra HOBBES; también MARX contra HUGO; remito al respecto a mi
De la servidumbre al contrato al trabajo, Madrid, 1.ª ed., 1979, págs. 61, 74 y 75; y 2.ª ed.,
Madrid, 1987, págs. 71 y 72.
73
E. DURKHEIM, De la division du travail social, ed. cit., 1.º, IIII, págs. 29 y 32.
74
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A. E.-S. TAY, Law, the citizen and the state, en E. KAMENKA, R. BROWN y A. E.-S. TAY, eds.,
Law and Society cit., págs. 1-3.
75
«Lo que está dado a pocos hombres, y por naturaleza a ninguno»; el texto de ULPIANO,
axiomático para VICO lo tomo de éste (Scienza Nuova), libro I, axioma cx, reimpresión Milán,
1862, de la 3.ª edición, pág. 98.
77
A. HUNT, Law, Politics and the Social Sciences, en D. OWEN, ed., Sociology after
Postmodernism, Londres, 1997, pág. 104.
80
P. COSS, Introduction al libro del que es ed., The Moral World of the Law, Cambridge Univ., 2000,
pág. 2. En el mismo libro, pág. 135, M. INGRAM, Law, litigants and the construction of «honour»
slander suits in early modern England, nos habla «del Derecho que no sólo refleja las
necesidades de la sociedad, sino que ayuda a configurar ésta, incluidas las relaciones entre
hombre y mujer».
82
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«... haciendo de ellas costumbres», prosigue J. CARBONNIER, con serio gracejo característico
(La primavera de las leyes, en «Ensayos sobre las leyes», trad. L. Díez-Picazo, Madrid, 1998,
pág. 19); lo que no es pensable, por cierto, que a todas ellas alcance, «a la centena de millares
de imperativos que vuelan por encima de nuestras cabezas» (La inflación de las leyes, loc. cit.,
pág. 238).
86
Así los llama, ironizando sobre ellos –el Derecho «depende de lo que el Juez haya tomado para
desayunar»–, DWORKIN, Law's Empire, cit., pág. 153.
Formulada la teoría por HOLMES, a la postre sería Derecho lo que en cada momento se le
ocurriera a HOLMES que lo fuera; y las ocurrencias de HOLMES podían ser, y en ocasión notoria
de hecho fueron, espeluznantes.
Con todo, HOLMES sigue pesando como una losa en los autores americanos, aun en los que
quieren escapar a su aplastamiento (así, S. J. BURTON, Judging in Good Faith, Cambridge Univ.,
1992, págs. 3 a 6, 110 a 114, 121, 125 y 126...).
87
D. PATTERSON, Law and Truth, cit., págs. 121 a 123, y bibliografía que cita.
88
PATTERSON, op. cit., pág. 120; doquiera comentando el caso del heredero asesino ( Riggs vs.
Palmer, 1889).
89
Volviendo a HOLMES, su conocida frase, «a las profecías de lo que los tribunales harán, y a
nada más pretencioso, es a lo que yo llamo Derecho» (The Path of the Law, 1897); la similar de
K. N. LLEWELLYN reza, las «normas... son importantes en cuanto te ayudan a predecir lo que
harán los jueces» (The Bramble Bush, 1.ª ed., 1930; el mismo atemperó su frase en la 2.ª ed.,
1951; todo esto en HART, Essays in Jurisprudence and Philosophy, cit., págs. 71, 123 y 129); de
HART es, asimismo, la cita del texto (Introduction a los Essays..., citados, pág. 13); crítica
adicional del supuesto «realismo» de la teoría de la predicción, también en HART, Definition and
Theory in Jurisprudence, en los Essays, págs. 23 y 24.
Esta ley «fue también el modelo utilizado como parte del programa nazi de higiene racial»
(Referencias todas éstas de J. D. SMITH, Determinismo biológico y concepto de responsabilidad
social. La lección de Carrie Buck, en Fundación BBV, ed., Proyecto Genoma Humano: Ética,
Bilbao, 1993, págs. 169 a 177).
Sobre los programas eugenésicos, sus inspiradores y su historia, el cap. 2 (Eugenics and its
Shadow) de A. BUCHANAN, K, y , From Chance to Choice. Genetics and Justice, Cambridge
Univ., 2000, págs. 27 a 60 y bibliografía que cita.
Carrie Buck y sus derivaciones son traídos asimismo a colación por A. PÉREZ-TENESSA,
Proyecto genoma humano. Desde la perspectiva del Consejo de Estado, Madrid, 1999, págs. 41
a 45 (por cierto el [Link] de la Recomendación 1.100 de la Asamblea del Consejo de Europa de 2-
2-1989, sobre la utilización de embriones y fetos humanos en la investigación científica –uno de
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los varios textos que este libro transcribe–, recomienda que los Gobiernos de los Estados
miembros «procuren garantizar que se informe a la sociedad sobria, suficiente y exactamente»
sobre biomedicina y biotecnologías, sus fines tolerables y sus límites infranqueables).
Debe situarse a HOLMES en la época de versión eugenésica del darwinismo, en la que tuvo
predecesores y contemporáneos numerosos, como tuvo sucesores hasta épocas recientes. Ver
al respecto el extraordinario estudio de M. HAWKINS, Social Darwinism in European and
American Thought, 1860-1945; Nature as Model and Nature as Threat, Cambridge, 1997; el libro
todo, y en especial su cap. 9.º, The eugenic conscience, págs. 216 a 248. Sobre el Darwinismo
social, infra cap. VIII.D. e) .
Es desde luego cierto que «Holmes formaba parte de la generación que se había sentado a los
pies de Darwin y Spencer» (B. SCHWARTZ, Los diez mejores jueces de la Historia
norteamericana, 1979, trad. E. Alonso García, Madrid, 1980, págs. 59 y 61); esto por lo menos.
Quizá, por otro lado, HOLMES padeciera del «rasgo patológico del Derecho [Norte-]Americano...
resultante de su afán neurótico de querer resolver racionalmente conflictos sociales no
susceptibles de solución razonable» (P. F. CAMPOS, Jurismania. The Madness of American Law,
Oxford Univ., 1998, pág. viii). La sentencia para HOLMES no es sino «una justificación de una
decisión obtenida por otros medios» (M. TEBBIT, Philosophy of Law, cit., pág. 28); irónicamente,
como CARROLL hace hablar a Humpty Dumpty: «la cuestión es quién manda, eso es todo»,
Through the Looking Glass; en The Complete Illustrated Works of..., Londres, 1989, pág. 184.
En cuanto a los programas eugenésicos desarrollados en Suecia entre 1935 y 1976, autorizantes
de la esterilización de los «socialmente indeseables», determinaron la de unos 60.000 suecos, y
con finalidades puramente racistas, en cuanto fueron sus víctimas quienes no se «ajustaban al
ideal del «nórdico» o escandinavo; escandinavo rubio, inteligente, de ojos azules» (Unnatural
Selection, en «Time Int.», 22-9-1997; con referencias a otros países europeos y las ya inevitables
al «pío Oliver Wendell Holmes» y a Buck vs. Bell ). Mas escuetamente, en el mismo sentido,
también sobre Suecia, D. COULBY, Beyond the National Curriculum. Curricular Centralism and
Cultural Diversity in Europe and the USA, Londres y Nueva York, 2000, pág. 77.
El audi alteram partem se eleva así a esencia y sustento del Derecho como conflicto; expuesto
esto con pesadez, y sutileza aparente, en S. HAMPSHIRE, Justice is Conflict, Princeton, 2000; su
cap. 1.º, págs. 3 a 48, especialmente.
91
K. LARENZ, Derecho justo. Fundamentos de ética jurídica, cap. 1.º.1, ed. L. DÍEZ-PICAZO,
Madrid, 1985, pág. 23.
92
Sobre esto, abundantemente, F. WIEACKER, Über strengere und unstrenge Verfahren der
Rechtsfindung (1974), en Ausgewählte Schriften, cit, vol. II, cit. págs. 117 a 120.
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93
J.-C. JAVILLIER, Dits et non dits sur le droit du travail, en « «In memoriam Kahn-Freund ...», cit.,
pág. 511.
96
System der Rechtslehre, 2.ª parte, cap. III (Werke, t. X, ed. I. H. FICHTE, reimp. Berlín, 1971,
pág. 540).
97
J. LACROIX, Kant et le kantisme, París, 1966, pág. 83. «El que algo sea como es no tiene en
esto mismo su justificación» (J. MEINCK, Rechtsnorm und allgemeiner Rechtsgrundsatz: die
Rechts- und Souveränitätslehre Hermann Hellers im Richtungsstreit der deutschen
Staatswissenschaft, en C. MÜLLER e I. STAFF, eds., Der soziale Rechtsstaat. Gedächtnisschrift
für Hermann Heller, 1891-1933, Baden-Baden, 1984, pág. 627).
98
Esta cita de KANT, en F. GONZÁLEZ VICÉN, De Kant a Marx ..., cit., pág. 85.
99
Ver sobre el tema R. ZIPPELIUS, Rechtsphilosophie, Munich, 1982, págs. 101 y 108 a 110 (5ª
ed., 2007).
100
J. D. FINCH, Introduction to Legal Theory, 3.ª ed., Londres, 1979, pág. 23. Incluso estudiando los
precedentes sin preocuparse por su contexto, «modo consagrado de estudiar el Derecho» en
Inglaterra y USA (R. L. SCHUYLER, The Historical Spirit Incarnate: F. W. Maitland, en la ed. de A
Historial Sketch of Liberty and Equality, cit. págs. 8-9. Este ensayo de SCHUYLER es de 1951,
publicado en «American Historical Review», vol. 57, núm. 2, 1952, págs. 303 a 322.).
102
Tendencia frecuente en cualquier disciplina; entre «los economistas, por ejemplo» (S. YEARLEY,
Sociology, Environmentalism, Globalization, Londres, 1996, pág. 13).
104
De la vocación de nuestra época para la legislación y la ciencia del Derecho, cit., §§ 2 y 8; ed.
cit., págs. 55, 131 y 132.
105
Para San Agustín, ver A. TRUYOL SERRA, Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, vol.
I, 4.ª ed., Madrid, 1970, 3.º.[Link].7, págs. 280 y 281. Reiteración moderna en A. BLECKMANN,
Probleme der allgemeinen Rechtsgrundsätze im Europäischen Gemeinschaftsrecht, cit., pág. 83.
106
C. R. SUNSTEIN, After the Rights Revolution. Reconceiving the Regulatory State, Harvard Univ.,
1990, págs. 67 a 69.
107
Brevemente, sobre el tránsito hacia ésta desde la «jurisprudencia de conceptos», a principios del
siglo pasado, H. COING, Epochen der Rechtsgeschichte in Deutschland, 4.ª ed., Frankfurt, 1981,
págs. 110-111; sobre el mismo tránsito y sus protagonistas, B. AGUILERA BARCHET,
Introducción Jurídica a la Historia del Derecho, 1ª ed., Madrid, 1994, pág. 96. De «perversión de
la «ciencia del Derecho» califican su uso «alternativo», W. ZOLLNER y K. G. LORITZ,
Arbeitsrecht, 4.ª ed., Munich, 1992, pág. 76 (6ª ed., 2008, con C. W. HERGENRÖDER). La
alternativa elige el Derecho y luego aplica como Derecho su propia elección, cayendo en la
tautología que, en general, denuncia con agudeza N. LUHMANN, Das Moderne der modernen
Gesellschaft, en W. ZAPF, ed., Die Modernisierung moderner Gesellschaften, Frankfurt-Nueva
York, 1991, págs. 98 y 99. Algo así, en su orden, ha sido en el pasado el tan manido «concepto
jurídico indeterminado», envoltura eufemística de la discrecionalidad en el mejor de los casos.
110
V. MATHIEU, Die Unabhängigkeit der Wahrheit: sittliche Aktualität einer Leibnizschen Theorie, en
«Theoria cum Praxi. Zum Verhältnis von Theorie und Praxis im 17. und 18. Jahrhundert...», «
Studia Leibnitiana Supplementa », vol. XIX, cit. pág. 68.
111
G. PATZY, Der Unterschied zwischen subjektiven und objektiven Interessen und seine Bedeutung
für die Ethik, en «Theoria cum Praxi...», «Studia Leibnitiana Supplementa», vol. XIX, cit. págs.
182, 184, 188 y 189.
112
Tal es la «estratagema» núm. 28 en Dialéctica erística (trad. L. F. Moreno Claros, Madrid, 1997,
págs. 71 y 72).
113
H. C. PUECH, En torno a la Gnosis, trad. F. Pérez Gutiérrez, Madrid, 1982, pág. 22; loc. cit., pág.
25, la exposición de «cómo el gnóstico acaba dando a sus sentimientos y a su propia empresa
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individual un valor colectivo, individual y metafísico»; del «qué soy?» y «¿qué seré?» al «qué
somos» y «qué vamos a ser».
114
G. BAYÓN CHACÓN, La defensa jurídica de la paz laboral, Madrid, 1963, pág. 16.
115
W. A. EDMUNDSON, Is Law Coercive?, en «Legal Theory», vol. 1, núm. 1, 1995, pág. 111.
118
Cfr. R. JOLIVET, Le Dieu des philosophes et des savants, París, 1956, págs. 17 y 18.
119
Opinión sobre los principios de Pufendorf (1706); el texto en P. RILEY, ed., The Political Writings
of Leibniz, Cambridge Univ., 1972, pág. 75; 2ª ed., 1988.
120
Ver respecto de ambas, F. GONZÁLEZ VICÉN, Del Derecho Natural al Positivismo Jurídico, en
De Kant a Marx..., cit., págs. 203 y sigs. Si ni el mandato ni la realidad son fundamento último del
Derecho, aunque se reconozca el valor de éste como orden, ni lo es tampoco una ética
trascendente, el único fundamento de lo jurídico y del deber de atenimiento que impone está en
la conciencia individual, que sirve también para desobedecerlo; a esta consecuencia casi
desesperada llega GONZÁLEZ VICÉN en La obediencia al Derecho, en «Estudios de Filosofía
del Derecho y Ciencia Jurídica en memoria y homenaje al catedrático Luis Legaz y Lacambra», t.
I, Madrid, 1983, págs. 421 a 458, en especial págs. 447 y sigs.
121
O. BEHRENDS, Rudolf von Jhering und die Evolutionstheorie des Rechts, en G. PATZIG, ed.,
Der Evolutionsgedanke in den Wissenschaften, Gotinga, 1991, pág. 100.
125
126
Cfr. P. BURROWS y C. G. VELJANOVSKI, eds., The Economie Approach to Law, Londres, 1981,
págs. 1-2.
127
Introducción a la Ciencia del Derecho, trad. de L. Recasens, Madrid, 1930, pág. 107; Einführung
in die Rechtswissenschaft, ed. revisada de K. ZWEIGERT, cit., pág. 123.
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