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Accidentes Cerebrovasculares en Jóvenes

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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL CENTRO DEL PERÚ

FACULTAD DE ENFERMERÍA

ENSAYO: ACCIDENTES CEREBRO VASCULARES A NIVEL NACIONAL

“EXITOSA TÉCNICA QUIRÚRGICA PARA EL TRATAMIENTO DE CÁNCER


DE PRÓSTATA”

ASIGNATURA: “Enfermería en el cuidado clínico Quirúrgico II”

Docente:

Dra. ENERO ORTEGA, Antonia Victoria

Presentado por:

LAZO PARIONA, Jackeline Flor

CICLO ACADÉMICO: VI
HUANCAYO – PERÚ

2024-II
INTRODUCCIÓN
En el contexto de un país de ingresos bajos como el nuestro, con escasas políticas de salud de

carácter preventivo, con hospitales de infraestructura precaria y mayormente carentes de

protocolos de diagnóstico y tratamiento acordes con las investigaciones más actualizadas, la

enfermedad cerebrovascular representa un evento catastrófico para los pacientes que lo

padecen; no solo por sus altas tasas de mortalidad, sino por las complicaciones secundarias

incapacitantes en quienes sobreviven. Estas complicaciones traen consigo un deterioro

considerable en la calidad de vida del paciente, afectando además a su entorno familiar

próximo, pues involucra que alguno de sus integrantes se dedique en gran medida a brindarle

los cuidados que sean pertinentes y a atender sus demandas y necesidades, siendo obligado a

desatender sus propias actividadestanto laborales como de índole social. Sin embargo, es en los

pacientes adultos más jóvenes en quienes el impacto social y económico es mayor, dado que

muchos de ellos son afectados durante sus años de vida más productivos. A pesar de que esta

enfermedad es comúnmente asociada a pacientes adultos mayores con factores de riesgo

vascular tradicionales, múltiples estudios dan cuenta del incremento en su incidencia en la

población joven. Si bien diversas investigaciones señalan al aumento de la prevalencia de los

factores de riesgo vascular tradicionales en esta población como el causante, es sabido que en

muchos casos no se llega a identificar ningún factor de riesgo. Por esta razón, el estudio de la

etiología y los factores de riesgo de esta enfermedad en el adulto joven es abordado en la

actualidad por iniciativas como la Global Outcome Assessment Life -long after ACV in young

adults (GOAL) y el estudio SECRETO (NCT01934725) con el fin de caracterizar a estos posibles

factores de riesgo aún no identificados; investigaciones que en nuestro medio son

imprescindibles

La enfermedad cerebrovascular, definida por la Organización Mundial de la Salud como el

conjunto de signos clínicos de rápido desarrollo de alteración focal (o global) de la función

cerebral que duran más de 24 horas o que causan la muerte sin una causa aparente distinta de
la de origen vascular (Aho et al, 1980), afecta a 13 millones de personas anualmente, siendo

considerada en la actualidad la segunda causa más común de muerte después de la cardiopatía

isquémica, con un total de 5.5 millones de muertes durante el año 2016. Además, gran parte de

los sobrevivientes, cuya estimación para el mismo año fue de más de 80 millones, presentan

discapacidad en grado variable, siendo considerada además como la segunda causa más común

de discapacidad.

En cuanto a las diferencias etiológicas, la enfermedad de pequeño vaso, la aterosclerosis de

grandes vasos y la fibrilación auricular corresponden a subtipos etiológicos responsables de la

mayor parte de los casos de ACV isquémico en pacientes adultos mayores, pero son menos

frecuentes en los adultos jóvenes, en quienes la proporción de accidentes cerebrovasculares de

causa no identificable o criptogénica (ninguna causa o factor de riesgo atribuible identificado

pese a investigación diagnóstica exhaustiva) es más alta (alrededor del 30%). Asimismo, si bien

la prevalencia de los factores de riesgo vascular tradicionales tales como la hipertensión arterial,

el tabaquismo y la obesidad han aumentado, otros factores adquieren mayor relevancia en este

grupo etario como el uso de drogas ilícitas, el embarazo y el puerperio, la disección arterial y el

agujero oval permeable. Estos hallazgos podrían sugerir la existencia de otros factores de riesgo

asociados aún desconocidos, surgiendo la necesidad de la realización de estudios adicionales.

Por último, siendo los países en desarrollo aquellos donde se suscitan la mayor parte de casos

de enfermedad cerebrovascular durante la adultez temprana y con conocimiento de su

tendencia creciente en los mismos y la deficiente asignación de recursos con el fin de fomentar

la investigación en este campo, es necesario instar a los diversos centros de investigación en

estos países a participar activamente tanto en el esclarecimiento de los factores de riesgo

subyacentes, algunos de los cuales aún no han sido identificados o fehacientemente

corroborados, como en la elaboración de directrices dirigidas al diagnóstico y tratamiento

precoces de esta enfermedad.


Bases fisiológicas. El cerebro consume aproximadamente el 14% del volumen del gasto cardiaco,

a pesar de sólo representar alrededor del 2% de la totalidad del peso corporal (1400 g),

recibiendo unos 800 mL de sangre por minuto en un adulto normal (Flujo sanguíneo cerebral en

reposo entre 50 y 100 mL/100 mg/min). Dado que este órgano tiende a mantener constantes los

niveles del flujo sanguíneo cerebral (FSC) pese a variaciones considerables de la presión arterial

sistémica gracias al mecanismo de la autorregulación (variación de la resistencia vascular

cerebral en forma directa a la presión arterial media con el fin de mantener constante el flujo

sanguíneo cerebral), cuando la presión arterial media supera los 150 mmHg o disminuye por

debajo de los 50 mmHg, los límites de la variación compensadora de la resistencia vascular

cerebral se ven superados, tendiendo por lo tanto el FSC a aumentar o disminuir,

respectivamente, pudiendo producirse en el primer caso edema cerebral y, en el segundo,

hipoxia e isquemia cerebral. Los síntomas clínicos se manifiestan con un FSC menor a

50mL/100g/min. Bastan de 4 a 10 minutos de interrupción completa de la circulación sanguínea

para producir la muerte del tejido encefálico. Sin embargo, si este FSC se restablece

rápidamente antes de que se produzcan lesiones permanentes del tejido cerebral, sus

manifestaciones clínicas serán reversibles, remitiendo estas tras el restablecimiento del aporte

de sangre y oxígeno, sea en el caso del síncope en el contexto de una reducción global del FSC, o

del accidente isquémico transitorio (AIT) en el contexto de una reducción local del FSC.

Clasificación. La enfermedad cerebrovascular engloba dos grandes síndromes: la enfermedad

cerebrovascular isquémica, la cual puede tener un origen trombótico (por arterioesclerosis en

trayecto vascular) o embólico (por formación de pequeños coágulos sanguíneos, de grasa post

cirugía ortopédica o por acumulaciones bacterianas); y la enfermedad cerebrovascular

hemorrágica, la cual puede ser parenquimatosa (generalmente por hipertensión arterial

combinada con ateroesclerosis) o subaracnoidea (por un aneurisma congénito principalmente)

(Ramírez & Guzmán, 2007). A pesar de que podemos sospechar de alguno de estos dos

síndromes en función de algunas características clínicas que son más sugerentes de un proceso
hemorrágico que isquémico (hipertensión grave, cefalea, alteración de conciencia), sin un

estudio de imagen encefálico no es posible establecer un diagnóstico definitivo (Goldman et al,

2016). Por su parte, el accidente isquémico transitorio (AIT), definido como un evento

autolimitado de isquemia cerebral de duración menor a 24h que cursa sin secuelas neurológicas

tras su remisión, si bien es de curso benigno, es un factor predictor de una enfermedad

cerebrovascular más seria en los días o semanas siguientes a su presentación. Accidente

Cerebrovascular Isquémico. Definimos el accidente cerebrovascular isquémico como la muerte

celular encefálica atribuible a isquemia con evidencia clínica, neuropatológica o imagenológica

de lesión permanente; y, globalmente, representa alrededor del 85% de los casos de

enfermedad cerebrovascular (Goldman et al, 2016). Este síndrome puede ser producido por

enfermedad estenooclusiva local en las arterias pre o intracerebrales, que puede dar lugar a

isquemia local en el territorio irrigado por una arteria cerebral (aterotrombosis) o en el territorio

de una única arteria penetrante en el contexto de la enfermedad intracraneal de pequeño vaso

(lacunar); o por un émbolo procedente de una fuente proximal 26 (cardioembólico o

arterioembólico). El trombo o émbolo produce una oclusión parcial o total en el flujo sanguíneo

de una arteria cerebral, originando en consecuencia la reducción del flujo sanguíneo distal a

dicha obstrucción, la misma que provoca la isquemia cerebral focal y el infarto. Fisiopatología.

Los cambios fisiopatológicos subyacentes al accidente cerebrovascular isquémico se basan en la

depleción energética del encéfalo como consecuencia de la caída del flujo sanguíneo cerebral y,

con ella, la privación aguda de oxígeno y glucosa en un tejido que característicamente carece de

reservas energéticas. A partir de este primer evento que implica el agotamiento de las reservas

de energía necesarias, se produce el fracaso de los mecanismos dependientes de energía. En

primer lugar, fracasan las bombas dependientes de energía, como la bomba sodio-potasio y el

cotransportador sodio-potasio-cloro, produciéndose en consecuencia despolarización neuronal.

Esta despolarización lleva a su vez a dos eventos: el incremento sostenido del calcio intracelular

y la liberación de glutamato a nivel de la sinapsis. El primero producirá la activación de segundos

mensajeros como nucleasas, proteasas y fosfolipasas que conducirán por diversos mecanismos a
la muerte celular; en tanto el segundo inducirá al acúmulo de glutamato y la subsecuente

sobreactivación de los receptores de glutamato, llevando a la despolarización sostenida de las

células contiguas a la lesión. En segundo lugar, con base en esta depleción energética, ocurre la

detención de los procesos metabólicos neuronales y gliales, lo cual imposibilitará a la neurona la

realización de procesos metabólicos de vital importancia como la metabolización del glutamato,

exacerbándose la excitotoxicidad y llevando a la neurona a la muerte celular (McPhee &

Hammer, 2011). 27 Además, es importante resaltar que, si bien este proceso conlleva a muerte

celular, existe en la periferia del territorio encefálico infartado una zona de lesión reversible

cuya dimensión dependerá de la arteria cerebral afectada y de la integridad de las arterias

colaterales. A esta zona se la conoce tradicionalmente como la “penumbra”, y la posibilidad de

revertir la lesión de este tejido encefálico fundamenta la necesidad de establecer un accionar en

la etapa hiperaguda de la enfermedad.

Factores de riesgo. Existen innumerables estudios epidemiológicos en relación con aquellos

hábitos y patologías que se asocian a una mayor susceptibilidad para el desarrollo de

enfermedad cerebrovascular isquémica, a los cuales denominamos factores de riesgo y cuyo 32

conocimiento representa una herramienta fundamental para la prevención primaria de esta

enfermedad. Estos son clasificados como modificables y no modificables. Los factores de riesgo

modificables incluyen la hipertensión arterial, cardiopatías, diabetes, dislipidemia, tabaquismo,

alcoholismo, drogadicción, uso de anticonceptivos orales, estenosis carotidea asintomática,

drepanocitosis, hiperhomocisteinemia, entre otros; en tanto que entre los no modificables

figuran la edad, la raza, el sexo y la herencia (Micheli & Pardal, 2010). Los factores de riesgo

modificables, además de ser entidades patológicas que involucran un mayor riesgo del individuo

de desarrollar enfermedad cerebrovascular, representan el sustrato de la prevención primaria

por la posibilidad de detectarlos y tratarlos precozmente. Sin embargo, no en todos ellos ha sido

demostrado que, tras su modificación, disminuya el riesgo de desencadenarse la enfermedad

cerebrovascular; tal es el caso de la diabetes mellitus, la hiperhomocisteinemia y la hipertrofia


del ventrículo izquierdo. Entre estos factores, podemos mencionar conforme a su importancia a

los siguientes: Hipertensión arterial. Esta enfermedad, debido a su elevada prevalencia en la

población, es considerada el factor de riesgo más importante tanto de enfermedad

cerebrovascular isquémica como hemorrágica, representando alrededor del 70% del riesgo

vascular y asociándose a un riesgo tres a cuatro veces mayor en relación con pacientes

normotensos, con riesgo levemente mayor en el sexo femenino. Los mecanismos involucrados

mediante los cuales aumenta dicho riesgo son la exacerbación de la aterosclerosis y la

aceleración de la cardiopatía. Esta importancia se ve reafirmada al reducirse en alrededor del

28% y 34% la tasa de incidencia de ACV con una reducción de la presión diastólica habitual de 5

mmHg y de la presión sistólica habitual de 10mmHg, respectivamente como 33 consecuencia del

tratamiento de la hipertensión arterial (Bradley et al, 2010; Micheli, 2002; Micheli & Pardal,

2010; Rodgers et al, 1996). Cardiopatías. Las enfermedades cardiacas son importantes factores

de riesgo de enfermedad cerebrovascular, entre las cuales destacan la fibrilación auricular, la

cual es responsable hasta de un tercio de los accidentes cerebrovasculares en pacientes entre

los 80 y 90 años de edad, asociándose a un riesgo global de presentar ACV aproximadamente

cinco a seis veces mayor y a una mortalidad aproximadamente del doble en comparación con los

individuos que no la padecen; la hipertrofia cardiaca, la cual incrementa hasta en cuatro veces el

riesgo de ACV; la insuficiencia cardiaca congestiva, la cual, al asociarse a fibrilación auricular

conjuntamente con la hipertrofia cardiaca, incrementa el riesgo de ACV hasta en seis veces; y el

infarto agudo de miocardio en el periodo agudo (durante las dos primeras semanas) como en su

fase crónica tras la aparición de secuelas acinéticas y aneurismas cardiacos (Bradley et al, 2010;

Micheli & Pardal, 2010). Diabetes. La presencia de este diagnóstico incrementa al doble el riesgo

de presentar eventos isquémicos cerebrales con respecto a la población no diabética mediante

mecanismos presumiblemente relacionados con un mayor riesgo de aterosclerosis cerebral

secundaria al aumento de los niveles de insulina, fenómeno patogénico probablemente

responsable del desarrollo de enfermedad cerebral de pequeños vasos. Otros mecanismos que

explican el mayor riesgo de estos pacientes de sufrir ACV son el aumento de eventos
cardioembólicos y la alteración de las propiedades reológicas de la sangre. Asimismo, al

asociarse a hipertensión arterial, involucra un riesgo cardiovascular cuatro veces mayor;

asociación vinculada además con el desarrollo de infartos lacunares múltiples (Bradley et al,

2010; Micheli & Pardal, 2010). 34 Dislipidemias. A diferencia de la patente asociación entre

hipercolesterolemia y el desarrollo de coronariopatía, la relación entre aquella y la enfermedad

cerebrovascular no ha sido claramente establecida. Sin embargo, el aumento del riesgo de

presentar accidente cerebrovascular isquémico se asocia con niveles de colesterol sérico total

más altos, en tanto que el menor riesgo de ACV se asocia con el uso de estatinas, el cual, a su

vez, se relaciona con niveles más bajos de colesterol LDL; razón por la cual la reducción de los

niveles de dicha lipoproteína se asocia a una disminución importante del riesgo cardiovascular.

En este contexto, recomendaciones como las de la publicación del algoritmo de tratamiento ATP

III en su actualización del año 2004 trazaban como objetivo niveles de colesterol LDL < 70 mg/dL

en pacientes con muy alto riesgo cardiovascular; y en pacientes con alto riesgo y riesgo

moderadamente alto, se recomiendan niveles de LDL inferiores a 100 mg/dL y entre 100 y 129

mg/dL, respectivamente. Ensayos más recientes respaldan un objetivo de menos de 80 mg / dL

para todos los pacientes de alto riesgo (pacientes con dos factores de riesgo y riesgo a 10 años

mayor o igual al 20%) (Bradley et al, 2010; Cheng & Leiter, 2006; Goldman et al, 2016; Grundy et

al, 2004). Tabaquismo. El uso de tabaco involucra de dos a tres veces mayor riesgo de sufrir

enfermedad cerebrovascular, con un riesgo atribuible a la población del 12 al 14% y la

posibilidad de reducir el riesgo de ACV en un 50% transcurrido un año del cese de su consumo

(Goldman et al, 2016). Sin embargo, otros autores consideran que el riesgo de ACV no se reduce

sino hasta más de 5 años del cese del hábito de fumar. Los mecanismos de aterogénesis

acelerada producto del consumo del tabaco, si bien no han sido del todo esclarecidos,

involucran fenómenos como la disminución de la capacidad sanguínea para liberar oxígeno, las

alteraciones del ritmo cardiaco y la formación de trombos y espasmos arteriales. (Bradley et al,

2010). 35 Alcoholismo. Tal como afirma Micheli & Pardal (2010), el grado de riesgo de accidente

cerebrovascular es proporcional al consumo excesivo de alcohol; sin embargo, sucede lo


contrario cuando su consumo es leve o moderado (consumo diario menor a una o dos unidades

de alcohol), representando incluso un factor benéfico al disminuir el riesgo e incluso elevar los

niveles de HDL (Bradley et al, 2010). No obstante lo anterior expuesto, no es recomendable

promover el consumo de alcohol entre los pacientes no bebedores. Uso de drogas ilícitas. Las

drogas ilícitas son aquellas que están bajo control internacional pero que, pese a ello, se

producen, consumen y se trafica con ellas ilícitamente. En la última década, su consumo se ha

incrementado considerablemente, estimándose que alrededor del 4,8% de la población mundial

de edad comprendida entre los 15 y 64 años lo usa anualmente. El uso progresivamente mayor

de estas drogas ilegales y de fármacos simpaticomiméticos en la actualidad ha contribuido con

el aumento del ACV tanto isquémico como hemorrágico en la población de adultos jóvenes. Su

uso en dicha población se asocia con un riesgo 6.5 veces mayor de presentar ACV. Las drogas

ilícitas más frecuentemente asociadas al ACV son los estimulantes psicomotores, en particular la

anfetamina y la cocaína, en tanto que las menos comúnmente involucradas son los opioides, la

heroína, los esteroides anabolizantes, la cola inhalada y las drogas psicotomiméticas, como el

cannabis. Los mecanismos fisiopatológicos mediante los cuales se produce un ACV en el

contexto del uso de estas drogas son variados, y dependen principalmente del efecto producido

por la droga y del modo de administración de la misma. Entre aquellos, resaltan la embolización

por cuerpo extraño, la endocarditis, la vasculitis, el vasoespasmo, las arritmias cardiacas, la

aterosclerosis acelerada, los cuadros de hipertensión o hipotensión de instauración súbita y los

efectos lesivos directos sobre los vasos sanguíneos cerebrales (Kaku & Lowenstein, 1990;

Bradley et al, 2010; Fonseca & Ferro, 2013; Ekker et al, 2018). 36 Estenosis carotídea. La

estenosis de la arteria carótida extracraneal es responsable de alrededor del 10% de todos los

ACV isquémicos entre los individuos mayores de 65 años. La estenosis carotídea asintomática no

tratada inferior al 75% involucra un riesgo anual de entre 1-2% de ACV, en tanto que estenosis

superiores al 75% implican un riesgo anual combinado de ACV y AIT del 10.5%. Sin embargo,

más trascendente que el grado de estenosis de la arteria carótida es la estructura de la placa

determinada mediante ecografía. Las placas inestables involucran un alto riesgo de producir
embolismo arterioarterial y, característicamente al examen ecográfico, suelen ser sonolucentes

y heterogéneas, muchas veces ulceradas y con un núcleo blando (Bradley et al, 2010). Los

factores de riesgo no modificables, por su parte, están conformados en primer lugar por la edad

avanzada. Esta representa el factor de riesgo no modificable más importante para desarrollar

ACV, duplicándose el riesgo de padecer dicha enfermedad con cada década transcurrida a partir

de los 55 años. Por ello, más de la mitad de los pacientes que han sufrido accidente

cerebrovascular son mayores de 70 años. En segundo lugar, el sexo masculino se asocia a un

mayor riesgo de presentar ACV, principalmente en pacientes mayores de 75 años. Sin embargo,

debido a que la esperanza de vida de las mujeres suele ser mayor, la prevalencia de ACV en

estas es también mayor. En tercer lugar, con respecto al factor racial, es sabido que la tasa de

incidencia y mortalidad de ACV es mayor en los individuos de raza negra y oriental (chinos,

japoneses y coreanos) que en los de raza blanca. A pesar de que esta mayor incidencia puede

explicarse parcialmente por la mayor prevalencia de factores como diabetes e hipertensión

arterial en los primeros y de enfermedad aterosclerótica oclusiva intracraneal en los segundos,

es difícil determinar si son más importantes los factores relacionados con diferencias de hábitos

alimenticios, condiciones socioeconómicas y estilos de vida propias de cada raza. En cuarto

lugar, en relación con la herencia, los individuos con historia familiar de ACV (parientes de

primer 37 grado) presentan un mayor riesgo que los individuos sin antecedente familiar de dicha

enfermedad. Asimismo, diversas patologías de transmisión genética producen alteraciones

vasculares (ateroscleróticas y no ateroscleróticas) o hematológicas que, a su vez, involucran

mayor riesgo de desarrollar ACV (

Manifestaciones clínicas. Las manifestaciones clínicas varían principalmente en función de la

región encefálica afectada por la isquemia. Cuando la arteria afectada por la oclusión del flujo

sanguíneo es la cerebral anterior, la lesión del tejido encefálico se manifiesta como hemiparesia

contralateral y déficit sensitivo contralateral, en ambos casos a predominio crural. Por su parte,

la oclusión de la arteria cerebral media producirá hemiparesia y déficit sensitivo contralaterales


a predominio facio-braquial, frecuentemente acompañados por negligencia hemiespacial y/o

déficit del campo visual contralaterales. Asimismo, cuando el hemisferio afectado es dominante,

la lesión en el mismo puede manifestarse como afasia, pudiendo ser esta, entre otros tipos,

motora o expresiva (de Broca), o receptiva (de Wernicke). En cambio, cuando la arteria ocluida

es la cerebral posterior, es frecuente el déficit sensitivo contralateral por afectación talámica, así

como hemianopsia homónima contralateral y cuadrantanopsia homónima superior o inferior. Es

importante agregar que el flujo sanguíneo cerebral puede verse alterado por la oclusión de las

arterias perforantes, vasos de 0.1 a 0.5 mm de diámetro originadas en la primera porción de las

arterias cerebrales anteriores, medias y posteriores, las cuales irrigan estructuras no corticales

del cerebro y del tronco encefálico. Por este motivo, la sintomatología de estos infartos,

llamados lacunares, se caracterizarán por la ausencia de manifestaciones clínicas de carácter

cortical, como afasia, convulsiones, trastornos visuales o del sensorio

Para lograr un diagnóstico preciso y temporalmente dentro de los estándares que exigen las

guías actuales sobre el manejo del ACV, se debe partir en primer lugar de la anamnesis. Esta

debe ser inmediata tras el ingreso del paciente al servicio de emergencias, debe realizarse con el

apoyo de algún familiar del paciente ante la posibilidad de que este curse con trastorno del

sensorio o del lenguaje y debe trazarse como objetivos determinar el momento y las

características del inicio del cuadro clínico, así como determinar los antecedentes personales,

familiares y patológicos del individuo (factores de riesgo, hábitos nocivos, historia familiar de

enfermedades diagnosticadas o no en el individuo y que pudieran relacionarse con la posibilidad

de sufrir ACV o algún posible diagnóstico diferencial). En segundo lugar, se debe proceder con

una exploración neurológica general que posibilite tanto el registro de los déficits neurológicos

como la determinación topográfica de la afectación del ACV y su gravedad, esta última conforme

la escala del ictus de los National Institutes of Health (NIHSS). Posterior a la realización de la

anamnesis, del examen físico y neurológico completos y de solicitar las pruebas de laboratorio

necesarias y pertinentes, se complementa el estudio con exámenes de imagen tan pronto como
el grado de estabilidad del paciente lo permita. El objetivo de la realización de estos exámenes

se basa en confirmar o descartar lo más pronto posible el diagnóstico de ACV, así como

descartar la posibilidad de que se trate 42 del subtipo hemorrágico para tomar una decisión

terapéutica inicial. Entre los exámenes de imagen se encuentran los siguientes: Tomografía

Computarizada (TC) no contrastada. Debido a su mayor disponibilidad, es la técnica de imagen

inicial más utilizada. A pesar de que la TC tiene poca sensibilidad para la identificación del infarto

cerebral durante las primeras 6 horas (llamado también periodo hiperagudo), nos permite

descartar una probable etiología hemorrágica u otras condiciones que contraindicarían la

trombólisis. En el periodo agudo (6-24 horas) aparecen signos que sugieren áreas de infarto

cerebral, como el borramiento de los surcos por acumulación intracelular de líquido, la pérdida

de diferenciación entre la sustancia gris y la blanca, aumento de la hiperdensidad en el trayecto

de la arteria cerebral media (Llamado signo de la arteria cerebral media hiperdensa) y la

hipodensidad de ganglios basales. La presencia de estos cambios en una importante área

cerebral (más de un tercio del territorio de la arteria cerebral media) se ha asociado a un

resultado desfavorable de la terapia trombolítica. Durante el período subagudo (1-7 días), hay

un aumento del edema y del efecto de masa. Asimismo, se puede evidenciar transformación

hemorrágica, la cual usualmente se presenta en forma de zonas puntiformes de hiperdensidad

sin significancia clínica en la mayoría de los casos. El infarto crónico (más de 7 días) se manifiesta

mediante una hipodensidad marcada con ausencia de efecto de masa. La resonancia magnética.

La resonancia magnética (RM) posee mayor sensibilidad para detectar isquemia que la TC,

siendo superior para la identificación de infartos lacunares y lesiones isquémicas corticales en

fosa posterior. Pese a esta superioridad para identificar lesiones corticales isquémicas en el

contexto de un ACV en fase aguda, la RM convencional no posee buena 43 sensibilidad para

detectar isquemia cerebral durante las primeras horas. Por ello, se han implementado técnicas

como la RM ponderada por difusión, que permite reconocer el infarto incluso durante las

primeras horas. Sin embargo, en nuestro medio el acceso a estas nuevas técnicas es escaso.
VI. CONCLUSIONES  Las etiologías del accidente cerebrovascular isquémico en el adulto joven

son, en orden descendente de frecuencia, las siguientes: indeterminada, cardioembólica,

inusual, aterotrombótica y lacunar; siendo la primera de ellas responsable de más de la mitad de

los casos de infarto cerebral en esta población.  Los factores de riesgo del accidente

cerebrovascular isquémico en el adulto joven hallados en nuestro estudio, en orden

descendente de frecuencia, fueron la hipertensión arterial, el tabaquismo, la dislipidemia, la

migraña, la diabetes mellitus tipo 2, el uso de drogas ilícitas, el uso de anticonceptivos orales, la

fibrilación auricular, el antecedente de ACV y la presencia de foramen oval permeable. No se

reportaron casos de disección arterial cervicocefálica y alrededor de un tercio de los pacientes

no presentaron ningún factor de riesgo de los evaluados en el presente estudio.  De los

pacientes adultos jóvenes cuya etiología fue indeterminada, predominaron en términos de

frecuencia los casos en los cuales, siendo insuficientes los estudios realizados, no se determinó

la causa del infarto cerebral (78.13%). En orden decreciente, se constataron pocos casos de ACV

criptogénico (12.5%) y de la presencia de dos o más causas de ACV isquémico (9.4%).  En

cuanto a las características sociodemográficas de la población del presente estudio, esta estuvo

compuesta por adultos de edad comprendida entre 26 y 50 años, con una media de 42 años. El

sexo femenino primó con una frecuencia del 57.4%. Asimismo, la mayor parte de la población

estudiada (77%) era proveniente de Lima. 67 VII. RECOMENDACIONES  Se recomienda la

realización de estudios análogos con respecto a la etiología del infarto cerebral empleando

sistemas de clasificación fenotípica (como la clasificación A-S-C-O) que posibiliten determinar

con mayor precisión el mecanismo etiológico del infarto cerebral en esta población y, por ende,

mermar la alta tasa de pacientes con ACV isquémico de causa desconocida.  Dado que en el

presente estudio la única patología cardiaca embolígena evaluada entre los factores de riesgo

fue la fibrilación auricular, se sugiere ampliar los estudios respecto a la importancia de estas

enfermedades en la etiopatogenia del accidente cerebrovascular isquémico.  Se recomienda

incidir en el estudio de los factores de riesgo específicos del sexo femenino, tales como el

embarazo y el puerperio, así como en aquellos trastornos autoinmunes como el síndrome


antifosfolípido; los cuales en su conjunto pudieran ser responsables de la mayor incidencia del

infarto cerebral entre pacientes adultos jóvenes de sexo femenino.  Se recomienda ampliar la

población de estudio en nuevas investigaciones con el fin de obtener resultados más

consistentes en torno a factores de riesgo como el foramen oval permeable, la migraña, el uso

de anticonceptivos orales y la disección arterial cervicocefálica: factores de riesgo cuya

importancia radica en su mayor prevalencia en los pacientes adultos jóvenes.  Se sugiere la

evaluación de la incidencia y la etiología del ACV isquémico en el contexto de la actual pandemia

por Covid 19, dado que se considera a aquel como primera manifestación de la infección por

SARS-CoV-2 en pacientes adultos jóvenes.

REFERENCIAS

1. Departamento de Oncología Médica. GUÍA DE PRÁCTICA CLÍNICA DE CÁNCER

DE PRÓSTATA [Internet]. Vol. 1. Lima, Perú: Instituto Nacional de Enfermedades

Neoplásicas; 2013 [citado el 8 de octubre de 2023]. p. 1–16. Disponible en:

[Link]

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2. IREN Centro: Revolucionan tratamiento de cáncer de próstata con innovadora cirugía

[Internet]. [citado 9 de septiembre de 2024]. Disponible en:

[Link]

tratamiento-de-cancer-de-prostata-con-innovadora-cirugia

3. Rebello RJ, Oing C, Knudsen KE, Loeb S, Johnson DC, Reiter RE, et al. Prostate

cancer. Nat Rev Dis Primers [Internet]. el 1 de diciembre de 2021 [citado el 8 de


septiembre de 2023];7(1). Disponible en: [Link]

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