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Poder Político y Estado: Conceptos Clave

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Poder Político y Estado: Conceptos Clave

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UNIDAD 6.

EL PODER POLÍTICO Y EL ESTADO

1. El poder político

Los seres humanos necesitamos vivir en común y hacerlo de una manera organizada, de
aquí la necesidad de las normas y de alguien que tenga la capacidad, reconocida por
todos, de aplicarlas y dirigir las relaciones sociales. El poder forma parte inherente de la
vida social.

Cuando la sociedad crece y se hace más compleja, es imprescindible asegurar la


producción de bienes, distribuir el trabajo y los recursos, organizar sistemas para
afrontar las agresiones, etc. De esta manera surge el poder político, al servicio del orden
social y de la seguridad. A medida que se va implantando, la sociedad se divide entre
los que mandan y los que obedecen, aparecen nuevas instituciones (leyes, tributos,
ejércitos…) y se intensifican los mecanismos de control sobre la población (desde las
ideologías, que controlan el pensamiento, hasta la fuerza física, que controla las
actividades de las personas). Esta estructura de poder político adquiere modernamente la
forma de Estado.

2. Concepto de poder y tipo de poder

El poder es la capacidad de los individuos, los grupos o las instituciones para hacer
alguna cosa o para conseguir que otros lo hagan. Podemos distinguir entre “poder
hacer ciertas cosas” (caminar, hablar…) y “poder sobre los otros”, que deriva del
anterior y es el poder en sentido estricto.

Max Weber (1864-1920) distingue entre tres tipos de poder: el poder político, el
poder económico y el poder ideológico. Las tres formas de poder tienen una cosa en
común: la capacidad de someter a los otros para conseguir su obediencia. En palabras de
Weber: “el poder es la posibilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo
determinado”. Esta obediencia se puede conseguir por la fuerza o a través de la
persuasión o porque los que han de obedecer el poder reconocen la autoridad de quien
lo ejerce.

Las diferencias entre autoridad y poder son claras: la autoridad se reconoce, mientras
que el poder se ejerce (y se padece). La autoridad solo existe cuando es atribuida a
alguien por parte de los que la reconocen, se sustenta en el respeto que despierta la
superioridad moral o intelectual de alguien, mientras que el poder se basa en la
persuasión y la fuerza. No hay autoridad sin poder, pero puede haber poder sin
autoridad.

3. El poder político

La política es la gestión pacífica de los intereses de los individuos que componen una
comunidad. La existencia de parcelas de poder –más o menos compartidas- y la
aceptación, por parte de la comunidad, de alguna forma de poder que toma decisiones,
ordena, dirige, resuelve conflictos e impone sanciones son características de las
agrupaciones humanas y una pieza fundamental de la estructura social. El poder
político es la capacidad de dirigir y gobernar las situaciones sociales, y supone
tomar decisiones eficaces y legítimas dentro de la sociedad.

1
El poder político se basa es estos tres elementos: la coerción o capacidad de obligar,
la persuasión y la retribución. O, dicho de otra manera: la fuerza, la ideología y la
utilidad:

a) La coerción consiste en la capacidad de obtener obediencia a través de la privación


(de la libertad, de la propiedad, etc.) o de la amenaza de privación, gracias al monopolio
legítimo de la fuerza física.
b) La persuasión es la capacidad de convencer a los otros para que modifiquen su
pensamiento. La ideología y la propaganda son los medios de los que se sirve el poder
político para persuadir.
c) La retribución consiste en obtener obediencia a través del intercambio. Quien
obedece lo hace a cambio de alguna cosa que el poder político le puede ofrecer. El
poder político se basa en la unidad recíproca entre el que manda y el que obedece. La
obediencia que uno ofrece y lo que el otro recibe en forma de seguridad, protección,
prosperidad.

Así pues, el poder político es la forma de poder que tiene la capacidad de imponer, entre
diversas posibilidades alternativas, la que mejor consigue sus fines, tratando de superar
la inseguridad, la fragmentación, la rivalidad y el conflicto social. Es cierto que en la
vida social siempre hay discrepancias y antagonismos, proyectos dominantes, equilibrio
tenso entre opciones contrapuestas que varían entre la oposición, la confrontación y la
negociación; pero también es cierto que el poder político ha de intentar equilibrar los
conflictos para evitar el caos social.

Así pues, ahora ya podemos entender la política, en sentido estricto, como la


actividad consistente en administrar el poder político como medio para gobernar,
dirigir y controlar la sociedad.

4. Teorías sobre el origen del poder político

A lo largo de la historia se han formulado diferentes teorías sobre el poder político que
pueden inscribirse en tres posiciones generales: las que le atribuyen un origen divino,
las que lo explican como resultado de un contrato social y aquellas que defienden
la soberanía popular como origen del mismo.

a) Teorías sobre el origen divino

Según esta explicación, el poder político tiene su origen en Dios. Los gobernantes
pueden ser escogidos, pero han de ejercer el poder en nombre de Dios.

Esta teoría se basa en el Nuevo Testamento (libro de la Biblia), según dejó escrito Pablo
de Tarso (San Pablo) (versículos 10- 65): “Someteos a todas las autoridades
constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, han
sido constituidas por Dios”. Posteriormente esta tesis fue reelaborada por Agustín de
Hipona (354-430) y sirvió de base a las monarquías europeas de la época medieval. En
este contexto, los reyes eran elegidos “por la gracia de Dios”, y sometidos a la suprema
autoridad espiritual. El rey actuaba como vasallo del papa y era el representante de
Dios, y sometidos a la suprema autoridad espiritual. El rey actuaba como vasallo del
papa y era el representante de Dios para gobernar. Después de unos cuantos siglos, el
papa León XIII (1810-1903) continuaba defendiendo la misma idea.

2
b) Teorías contractualistas

Desde el siglo XVII se elaboraron las llamadas teorías contractualistas, según las cuales
el poder político tiene su origen en alguna forma de pacto o contrato social entre
los miembros de la sociedad. Los representantes clásicos de estas teorías son Hobbes,
Locke y Rousseau y, de la época actual, Rawls.

1. Thomas Hobbes (1588-1679)

Hobbes considera que todos los hombres “por naturaleza” son iguales y, por tanto,
tienen el mismo derecho a conseguir lo que desean. Eso crea una rivalidad entre ellos y
una lucha constante para obtenerlo. En una situación así prevalece la ley del más fuerte;
cada uno busca dominar a los otros, hacerse temer y preservar su seguridad. Pero ni si
quiera los más fuertes pueden estar totalmente seguros: la actuación astuta o coordinada
de otros individuos más débiles puede acabar con su superioridad.

En el “estado de naturaleza”, el enfrentamiento mutuo y la guerra de todos contra todos


es una constante (bellum omnium contra omnes); en una situación así no hay producción
agrícola ni construcción de casas, ni comercio… En palabras de Hobbes, “no hay artes
ni letras; no hay sociedad; y lo peor de todo es el miedo continuo y el riesgo de una
muerta violenta; la vida del hombre es entonces solitaria, miserable, lamentable, casi
animal y breve”.

Los humanos, para superar esta situación, se proponen el objetivo de organizar la paz.
Pero no hay paz posible si no es a condición de que cada uno prescinda de sus derechos
individuales y los ceda a alguien que, después de heredar los derechos de todos ejerza
un poder absoluto. Cada uno renuncia a su poder y libertad y los cede a un hombre
o asamblea de hombres a condición de que los otros hagan lo mismo. Con esta
teoría Hobbes justificó las monarquías absolutas.

2. John Locke (1632 – 1704)

Según Locke, los seres humanos tienen una serie de derechos naturales (a la vida, a la
libertad y a la propiedad), pero se sienten amenazados por el resto de humanos. Por eso
se reúnen para escoger un poder que les garantice esos derechos. Así se constituye la
sociedad civil y política.

El origen del poder político se encuentra en la decisión racional de preservar la vida, la


libertad y las propiedades. Cuando el poder político no es capaz de garantizarlos, los
humanos tienen derecho a deponerlos y elegir a otro más eficaz. También sostiene que
el Gobierno tiene que ser controlado por el Parlamento y que el poder legislativo y el
poder judicial han de ser independientes.

3. Jean-Jacques Rousseau (1712 – 1778)

Rousseau pensaba que los seres humanos son iguales “por naturaleza”, bondadosos e
inocentes y que, antes de constituir la sociedad civil, nacían y vivían en libertad, sin
ningún tipo de ligamen, pero “sin industria, sin lenguaje, sin domicilio, sin guerra y sin
relaciones, sin ninguna necesidad de sus semejantes, ni tampoco de hacerles mal”. El ser

3
humano solo tenía sentimientos y una inteligencia limitada a la situación en la que vivía.
El progreso era impensable y también la educación..

Según sus propias palabras, “el ser humano era libre, pero estaba atado a su entorno”.
Con la sociedad civil llegó la desigualdad y la pérdida de libertad natural, asociadas a la
propiedad privada, a la obligación de trabajar, a la servidumbre y al despotismo. Así
“creyendo que asumían su libertad, corrieron hacia su opresión”.

En estas condiciones solo nos podemos preguntar cómo se habría organizado la


sociedad para que los hombres preservaran al máximo su libertad natural. Rousseau
elaboró la teoría del contrato social: “se trataría de encontrar una forma de asociación
que defendiera y protegiera, con la fuerza de todos, la persona y los bienes de cada
asociado, y por la cual cada uno uniéndose a todos los demás, solo obedeciera a si
mismo y permanezca, por tanto, tan libre como antes. He aquí el problema fundamental
la solución de la cual proporciona el contrato social.”

Una organización de estas características se conseguiría sometiendo los intereses


particulares a la “voluntad general”, que es la voluntad de un grupo, pero pensando
en el bien común. Una voluntad que se podría conocer a través de los votos expresados
en los debates del pueblo, reunido en asamblea, si cada individuo abandonase sus
intereses particulares y los sustituyera por el interés general.

4. John Rawls (1921 – 2002)

La idea central de Rawls se basa en el acuerdo “hipotético” que firmarían en caso de


encontrarnos en una “posición original”, es decir, en la necesidad de fundar una
sociedad política. Los participantes del acuerdo han de definir los criterios sobre los
principios de justicia que han de servir para valorar sus leyes e instituciones. Una vez
acordados, cada uno se ha de someter a ellos, “aunque sea en perjuicio propio”.

Para que en la posición general se tomen decisiones “justas” sobre los principios de
justicia que han de regir en la sociedad, los individuos “se olvidan” de si mismos, de si
son blancos o negros, hombres o mujeres; es decir, deciden sin saber cuál será su
posición en la sociedad (es lo que Rawls llama “el velo de la ignorancia”) y, por tanto,
afirman su igualdad moral de personas.

c) Teorías de la soberanía popular

A partir de las grandes revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII se


desarrollaron planteamientos netamente democráticos: los gobiernos ejercen el poder
político en nombre del pueblo y actúan como sus representantes, escogidos
periódicamente por la mayoría de los ciudadanos.

Así, por ejemplo en la Declaración de Derechos de Virginia (1776) se instituye que


“el poder es inherente al pueblo y, en consecuencia, de él procede”. También en la
Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776): “Para garantizar estos
derechos (la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad) se instituyen entre los
hombres los gobiernos, los cuales obtienen sus poderes legítimos del consentimiento de
sus gobernantes…” Y, finalmente, la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano promulgada por la Asamblea Francesa de 1789 declara: “Los representantes

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del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional (…) declaran: el principio de
soberanía reside esencialmente en la nación: ningún cuerpo, ningún individuo, puede
ejercer ningún tipo de autoridad que no emane de él de forma expresa”.

Este mismo principio se encuentra recogido en la Declaración Universal de los


Derechos Humanos.

5. Legitimidad del poder político

Es necesario no confundir el origen del pueblo con su legitimidad. El origen puede


legitimar el poder, pero no necesariamente. Mientras que el origen hace referencia a
su fundamento y procedencia, la legitimidad se basa en la justificación del poder,
es decir, en el reconocimiento y la aceptación de su validez.

Para ser aceptado, el poder político se ha de legitimar, es decir justificar su existencia


delante de los que lo soportan; aparecer como algo valioso, justo y eficaz. La creencia
en la legitimidad del poder es la condición de su continuidad. De manera que el poder
político se mantiene si los que han de obedecer creen firmemente que es un poder
legítimo. Esta legitimación del poder justicia, a su vez por qué es necesario obedecer.

Max Weber (1864 – 1920) identificó tres fuentes de legitimación para el poder
político:

a) De carácter racional: un poder es legítimo si tiene el soporte de la ley. Los que


han de obedecer creen en la legitimidad del orden establecido y del derecho a mandar de
los que ejercen el poder si así lo establecen las leyes. Este tipo de legitimidad se basa en
el derecho o conjunto de leyes racionalmente instituido al cual se someten todos los
miembros de una sociedad, tanto los que mandan como los que obedecen. Así sucede en
los Estados democráticos y de Derecho.

b) De carácter tradicional: la legitimidad del poder descansa en la tradición, las


costumbres o la religión, que se consideran sagrados y valiosos desde el principio de
los tiempos. La legitimidad tradicional fundamenta el poder de los reyes, de los
sacerdotes o del consejo de ancianos, por ejemplo, en razones absolutas e intemporales.

c) De carácter carismático: el poder se legitima en las cualidades de una persona


que la capacitan para ejercer el mando. Este tipo de legitimidad se basa en la
ejemplaridad de una persona a la cual se considera en posesión de méritos
extraordinarios. Por ejemplo, a lo largo de la historia, caudillos, profetas, líderes o
guías han basado su legitimidad en sus condiciones personales. Un ejemplo reciente es
el caso de Chavez en Venezuela.

A estas tres fuentes de legitimidad se ha de añadir una cuarta: la eficacia. Se


considera legítimo un poder si realmente consigue proteger y salvaguardar la vida
y las propiedades de los gobernantes.

En resumen, la legitimada se revela como una creencia según la cual está justificado
mandar y obedecer en determinadas condiciones. Para mantenerse, el poder necesita
legitimidad, es decir, aceptación y credibilidad.

5
ACTIVIDAD

1. ¿Es lo mismo legitimidad que legalidad?, ¿en qué tipo de legitimidad se basan las
siguientes formas de autoridad?

- La de un padre de familia
- La de una profesora
- La de un sacerdote
- La de una científica
- La del presidente del gobierno
- La de un policía
- La de una jueza
- La de un entrenador

2. Comentario de texto. Ya en el siglo XVIII, David Hume denunció que las teorías
del contrato social y del estado de naturaleza no eran nada más que ficciones
filosóficas. El único origen del poder político, según Hume, es la conquista, la
usurpación o la sumisión voluntaria. Los ciudadanos forman parte de un Estado
sin haber acordado que fuera así: sencillamente se han encontrado el Estado ya
instituido, con sus leyes y su fuerza, y se han de someter a él a la fuerza. Miremos
cómo lo explica:

“Diríais que en la mayor parte de países del mundo las relaciones políticas en conjunto
están basadas en el consentimiento voluntario en una promesa mutua, pero el
magistrado hará que os aprisionen inmediatamente como agitador por atentar contra los
vínculos de la obediencia; si no es que vuestros amigos os han hecho encerrar antes,
como un loco delirante, por plantear absurdidades como éstas (…)

Mi intención aquí no es negar que el consentimiento popular, cuando se da, sea una
forma legítima de fundar el gobierno. Seguramente es el fundamento mejor y más
sagrado de todos. Solo pretendo decir que raramente ha tenido lugar, sino en un grado
muy débil, y casi nunca en pleno desarrollo y que, en consecuencia, es necesario
reconocer también alguna otra manera de fundar el gobierno (…)

La razón, la historia y la experiencia nos han enseñado que todas las sociedades
políticas han tenido un origen mucho menos exacto y mucho menos regular (…)
Cuando se instituye un nuevo régimen, por los medios que sea, las personas
habitualmente están descontentas, y si lo obedece es por pánico y necesidad, más que
por una idea de fidelidad u obligación moral (…)

Se dirá que, viviendo bajo la dominación de un príncipe prescindible, todos los


individuos han dado a su autoridad el consentimiento tácito y le han jurado obediencia?
Podemos responder que este consentimiento implícito solo se puede producir allí donde
el hombre imagina que la cuestión depende de su elección. Pero cuando se piensa (como
hacen todos los hombres nacidos en un gobierno establecido) que, por su nacimiento,
debe fidelidad a un príncipe determinado o a una cierta forma de gobierno, será absurdo
inferir un consentimiento o una elección que, en este caso, denuncia y de la cual reniega
expresamente:”
David Hume, Discursos políticos (1752)

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1. Haz un breve resumen de las ideas principales del texto.
2. ¿Qué objeciones plantea el autor a la teoría del contrato que funda la obligación de
obedecer al poder?

3. Relaciona las tres fuentes de legitimidad del poder (racional, carismático y tradicional
) con las teorías sobre el origen divino, contractualista, soberanía popular) y justifica la
respuestas.

6. El Estado democrático de derecho

El Estado, tal como lo conocemos hoy, es una organización política reciente, ya que
surgió en Europa durante la edad moderna acompañando el nacimiento de las naciones,
la nueva clase social burguesa y la economía liberal capitalista.

6.1. Noción de estado

El Estado es un territorio delimitado por fronteras donde gobierna un poder


político que tiene el soporte de un sistema legal. Este poder tiene la capacidad de
crear leyes y de utilizar la fuerza para hacerlas cumplir. Los elementos que constituyen
el Estado son: un territorio, un poder central que legisla y administra, una población que
vive bajo las mismas leyes y una red de funcionarios que las ejecuta y las hace cumplir.

Es necesario no confundir sociedad civil y Estado. El Estado no es la sociedad civil,


sino una institución dentro de la sociedad. La sociedad civil está constituida por las
relaciones que los humanos establecen libremente entre ellos en la sociedad
(familia, empresas, agrupaciones sindicatos…). El Estado es la estructura política
que regula estas relaciones.

El concepto de sociedad civil se puede entender como el límite del poder del Estado, a
fin de que este no controle las actividades sociales, no invada las esferas de la vida
individual y no inhiba toda iniciativa social.

6.2. Funciones del Estado

Las funciones del Estado son diversas. Por un lado, organiza la vida social, somete a
los ciudadanos a una legislación y administración comunes, determina los objetivos y
las prioridades de la sociedad, y mantiene el orden social. Por otro lado, afronta
problemas que solo podría hacer frente una organización social como por ejemplo
la educación o la sanidad para el conjunto de ciudadanos y ciudadanas, la
representación de la sociedad en organismos internacionales, la defensa del
territorio…

Pero, además, el Estado es un instrumento de control social. Lleva a término este


control mediante el Derecho y la fuerza física para hacerlo cumplir. El Estado dispone
de policías, prisiones, tribunales, jueces y ejércitos. Nadie que no sea el Estado puede
legislar para todos los ciudadanos, hacer cumplir las leyes, juzgar si se han cumplido y
castigar a los infractores. El ejercicio legal de la coerción mediante la fuerza es, por
tanto, patrimonio y monopolio del Estado.

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Para ejercer este poder, el Estado dispone de instituciones propias, como por ejemplo
los gobernantes, los parlamentos, el ejército, la hacienda pública o la administración de
justicia.

Asimismo, la autoridad del Estado para dictar leyes y el hecho de controlar su


cumplimiento se puede cuestionar. ¿De dónde surge la autoridad del Estado?, ¿cómo
se puede justificar la pretensión del Estado de ser obedecido por todos?

El anarquismo defiende la idea de que los humanos vivirían mejor si no existiesen


los Estados: considera que para organizar la sociedad humana hay métodos más
sencillos y más buenos. Para el anarquismo de izquierdas, la sociedad humana ideal
(sin Estado) se mantendría unida gracias a una cooperación democrática voluntaria,
prácticamente no habría propiedad privada y los principales medios de comunicación
pertenecerían a la comunidad. En cambio para el anarquismo de derechas o
neoliberalismo, el Estado tendría que desaparecer prácticamente en beneficio de la
libertad de los individuos, los cuales, aprovechando las condiciones de un capitalismo
sin límites colaborarían interesadamente en la construcción de una sociedad mejor.
Según esta teoría, el Estado se tendría que reducir a su mínima expresión.

6.3. Los poderes del Estado

Desde el siglo XVII, los poderes del Estado se han repartido en tres estamentos con
independencia recíproca. Cada estamento limita y controla a los otros dos:

a) El poder legislativo es la capacidad del Estado de elaborar y aprobar leyes, es


decir el Derecho objetivo o positivo. Este poder lo ejerce el Parlamento.
b) El poder ejecutivo es la capacidad del Estado de dirigir la política interior y
exterior del Estado, y de aplicar y desarrollar las leyes elaboradas por el legislativo.
El poder ejecutivo es responsabilidad del Gobierno del Estado.
c) El poder judicial es la capacidad de controlar el correcto cumplimiento de las
leyes. La Magistratura o Judicatura es la encargada de ejercerlo.

Actualmente, los poderes políticos del Estado están en crisis. No solamente por la
importancia que han adquirido los medios de comunicación de masa (el llamado cuarto
poder), sino, sobre todo, por la influencia del poder económico sobre cualquier otro tipo
de poder. Dice Ignacio Ramonet, sociólogo (1943) en nuestra sociedad “se aprecia que
el primero de todos los poderes es el llamado poder económico, y el segundo
ciertamente es el poder mediático. De manera que el poder político queda relegado a
una tercera posición. Si se quisieran clasificar los poderes (…) se vería que los medios
ha subido, han ganado posiciones y que hoy se sitúan como instrumentos de influencia
(que puede hacer que las cosas cambien), por encima de una gran cantidad de poderes
formales.”

Por otro lado, la aparición de nuevas necesidades y demandas ha demostrado que la


organización social y el poder político de los Estados es insuficiente. Hay problemas
medioambientales, demográficos, económicos, informativos, de orden público, etc., que
no puede solucionar ningún Estado individualmente. Por este motivo, aunque el poder
político del Estado continúa siendo predominante, cada día aumenta la convicción de
que, en un mundo globalizado, se necesitan organizaciones políticas supranacionales o
mundiales que substituyan o complementen del poder de los Estados.

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6.4. Evolución histórica del Estado

El Estado moderno surge con la “modernidad”, es decir a partir del siglo XV.
Durante este periodo se han dado básicamente cuatro modalidades diferentes de Estado:
el Estado absolutista (XV-XVII), b) el Estado liberal (XVII-XIX), c) el Estado
democrático (a partir de 1940), d) Estados totalitarios (s. XX): el nazismo (Alemania),
el fascismo (Italia) y el estalinismo soviético (URSS).

6.4.1. El Estado absolutista

Aparece a partir del siglo XV, pero se desarrolla plenamente en los países de la Europa
continental (Francia, España, Alemania…) durante el siglo XVII. Se trata de un
Estado en el cual el poder político está concentrado en la persona del rey, que lo
ejerce de manera absoluta, sin compartirlo con nadie ni someterse al control de la
población. Los miembros de estos estados son súbditos y no ciudadanos. El monarca
tiene el monopolio de la violencia y está por encima de las leyes, que él mismo crea.
Como posterior desarrollo del Estado absolutista, surge el despotismo ilustrado: “todo
para el pueblo, pero sin el pueblo”.

6.4.2. El Estado liberal

Surge en Inglaterra en el siglo XVII a partir de las ideas de John Locke (1632-1704). Se
basa en dos principios que lo distinguen del Estado absolutista: el predominio de la
Constitución y la defensa de los derechos individuales (vida, libertad, seguridad
individual, propiedad…). Estas dos características suponen la imposición de unos
límites al poder político: la Constitución es reconocida como norma superior a la cual se
ha de someter y ajustar el monarca; y los derechos individuales, reconocidos como
previos al Estado y por eso inviolables.

En el Estado liberal se establece la división de los tres poderes para evitar abusos de
poder: el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial.

6.4.3. El estado democrático

El Estado liberal aún no es un estado democrático porque no reconocía el principio de


igualdad de todos los ciudadanos. El Estado liberal tenía instituido el sufragio
censatario: es decir, solo podían votar los que tenían un cierto nivel de rentas. Por
eso es un estado más burgués que democrático. A finales del siglo XIX, después de
intensas luchas, se convirtió en un Estado democrático con la implantación del
sufragio universal.

Lo caracterizan dos elementos frente al Estado liberal: la igualdad de derechos


(legales, jurídicos y políticos) de todos los ciudadanos y la igualdad de voto.

En el Estado democrático, las decisiones se adoptan por mayoría y los gobiernos son
responsables delante del Parlamento, constituido por representantes de los ciudadanos
elegidos libremente por estos.

6.4.4. Estado social y democrático

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A partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se instaura un nuevo tipo de Estado
que, además de recoger los derechos civiles y políticos del Estado liberal y los
principios del Estado democrático, garantizan los derechos sociales y económicos de los
ciudadanos. La idea básica de este nuevo tipo de Estado es que la igualdad política no es
real si no hay una igualdad económica y social. Por eso, requiere la intervención del
Estado para crear riqueza y, sobre todo, para distribuirla equitativamente.

A este tipo de Estado se le conoce también con el nombre de “Estado del bienestar”: el
Estado procura compensar las deficiencias y las desigualdades económicas de los
ciudadanos a través de políticas de redistribución y prestaciones sociales.

6.5. Tipos de Estado

Según la forma de Gobierno, los Estados pueden ser:

a) Estados presidencialistas: el Estado tiene un jefe supremo (presidente), que


también es jefe del Gobierno, los miembros del cual nombra, y dirige el poder
ejecutivo con independencia del legislativo. Un caso claro es el de EEUU donde el
Presidente no pertenece a las Cámaras Legislativas ni tampoco nadie de su gabinete.

b) Estados parlamentarios: el jefe del Estado no tiene responsabilidades políticas. Por


su lado, el Gobierno, constituido por representantes de los partidos políticos
mayoritarios, tiene el poder ejecutivo. El Parlamento, además de aprobar las leyes,
controla y legitima la acción del Gobierno. Es el tipo de Estado que tienen las
democracias europeas: Reino Unido, España, Italia, Alemania…

c) Estados asambleístas: la Asamblea de ciudadanos o Asamblea de representantes


del pueblo es el órgano supremo de gobierno. En los Estados asambleístas, el
Gobierno es un simple ejecutor de las decisiones de la Asamblea popular, aunque en la
práctica aunque en la práctica sean las Asambleas las que convaliden la acción del
gobierno. Son asambleístas países como Cuba.

Según la naturaleza del Jefe de Estado, los Estados pueden ser:

a) Monarquías: cuando el jefe de Estado es un rey, el cual recibe el cargo porque


pertenece a una determinada dinastía o familia real. La monarquía puede ser absoluta,
cuando el rey asume todos los poderes del Estado, tal y como sucede en Arabia Saudí, o
parlamentaria o constitucional, cuando el Parlamento asume la función legislativa; el
Gobierno, la función ejecutiva, y el rey reina como supremo jefe del Estado, de acuerdo
con la Constitución. Es el caso de Reino Unido, España, Holanda, Suecia…

b) Repúblicas: hablamos de república cuando el jefe supremo del Estado es elegido


directamente por un periodo de tiempo. En este caso, el Jefe de Estado se llama
“presidente”. Puede haber repúblicas absolutistas, en las cuales el presidente asume
todos los poderes y no reconoce otras fuerzas que puedan oponerse a él legítimamente,
o repúblicas parlamentarias, en las que se acepta la pluralidad política representada en
el Parlamento.

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Según el régimen político o la forma en que se ejerce el poder, tenemos básicamente dos
tipos de Estado:

a) Totalitarios, cuando el poder se ejerce sin la participación de la población. En


este tipo de regímenes, el poder aspira a controlar totalmente la sociedad civil y sus
ciudadanos y también la vida privada de sus ciudadanos. Es característico de los
regímenes fascistas y comunistas y solo se puede mantener mediante el uso sistemático
de la censura, la imposición ideológica, el aparato policial y la burocracia. Un ejemplo
es el régimen franquista en España (1939-1975).

b) Democráticos, cuando el poder se ejerce por delegación y en representación del


pueblo. En estos regímenes, los ciudadanos tienen la posibilidad real de participar en el
poder, ya sea porque los cargos públicos son accesibles, o bien mediante el voto o la
influencia de la opinión pública. Según el principio de democracia, el poder procede de
los ciudadanos, y el gobierno se fundamenta en la libertad de opinión y en el derecho al
sufragio universal.

6.6. Fundamentos del Estado democrático de Derecho

La democracia más que un tipo de régimen político, es una concepción filosófica basada
en dos principios esenciales: la igualdad del derechos de los individuos y la igualdad de
voto.

Es un sistema político, la democracia, reciente porque aunque sus raíces se encuentran


en la Grecia clásica, la democracia moderna tiene unos 300 años y es una conquista para
la humanidad ya que además de ser un sistema político es un valor. Los valores
fundamentales sobre los que se construye la democracia son la libertad, la igualdad
y la justicia.

En democracia, cada ciudadano puede participar en el funcionamiento del


Estado.: la ciudadanía es la depositaria del poder. Esto quiere decir que en los países
democráticos los ciudadanos pueden controlar al poder legislativo, ejecutivo y judicial,
ya sea a través de la participación directa (democracia directa), o por medio de la
elección de representantes que constituyen el Parlamento (democracia parlamentaria o
constitucional), o a través de jurados populares.

Resumiendo podemos decir que para hablar de democracia son indispensables las
condiciones siguientes:

a) El poder emana del pueblo, que es soberano, y todo el poder del Estado se ejerce en
nombre y en representación del pueblo.
b) Todos los ciudadanos tienen libre acceso a la actividad política.
c) Los gobernantes son elegidos periódicamente mediante sufragio universal. Las
elecciones son libres y competitivas entre una pluralidad de opciones políticas.
d) Los ciudadanos controlan el ejercicio del poder a través de mecanismos de control
institucionalizados (Parlamento, Tribunal Constitucional… ) y otras vías no
institucionalizadas (manifestaciones, huelga…)
e) Libertad de asociación en organizaciones independientes del poder político (partidos,
asociaciones…)
f) Garantía de los derechos fundamentales (la vida, la libertad…)

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g) Libertad, pluralidad y veracidad de la información, a la cual han de tener libre acceso
todos los ciudadanos.

Cuando un Estado democrático, además está sometido a leyes que el mismo Estado
dictamina, hablamos de Estado democrático de Derecho. Se trata de un Estado
democrático en el que la ley se aplica igualmente a los gobernantes, el poder legislativo
predomina sobre el ejecutivo y el judicial, y se reconocen los derechos y las libertades
fundamentales a todos los ciudadanos.

Las características definitorias del Estado de Derecho son:

a) Imperio de la ley: la ley rige a los gobernantes y gobernados como expresión de la


voluntad general.
b) División de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, con predominio del poder
legislativo, que primeramente se expresa en la Constitución y después en el Parlamento.
El Parlamento representa la soberanía popular.
c) Fiscalización de la administración: todos los órganos institucionales del Estado
están sometidos a la legitimidad vigente, y también a un control eficaz por parte de los
órganos constitucionales y juridisccionales. Ha de existir la prohibición de la
arbitrariedad y el respeto estricto a la legalidad por parte de todos los funcionarios y
representantes del Estado.
d) Derechos y libertades fundamentales: reconocimiento y respeto de los derechos
civiles, políticos y jurídicos…

Cuando a todas estas características se unen el reconocimiento y promoción de los


derechos económicos, sociales y culturales, el Estado democrático se convierte en
Estado social y democrático.

Así pues, el Estado social y democrático de Derecho representa la satisfacción de las


exigencias éticas reclamadas a lo largo de la historia y pretende hacer efectivas las
pretensiones y las esperanzas humanas de reconocimiento de la dignidad e igualdad de
las personas.

6.7. Derecho y justica

Los grupos sociales se basan en el reconocimiento y aceptación de unas normas de


convivencia –que pueden tener el carácter de leyes- y cuando estas normas son dictadas
por el Estado se convierten en Derecho positivo. El Derecho positivo pretender regular
la vida social, hacerla armónica y la justicia es la virtud que mejor expresa esta
aspiración del Derecho. En la medida en que el Derecho sea justo y que todos los
ciudadanos se comporten justamente, la vida social se aproximará al ideal ético de
convivencia humana.

6.7.1. Noción de derecho

Llamamos Derecho positivo u objetivo a un sistema de normas de carácter coactivo


(leyes, decretos, sentencias, etc.) promulgadas por el Estado. Las normas del
Derecho establecen los derechos y obligaciones de los ciudadanos y sirven para decidir
quién tiene razón en conflictos de intereses. Un derecho subjetivo es el que un individuo
puede reclamar para que la ley se lo reconozca…

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El Estado se encarga de establecer las normas jurídicas y los criterios del Derecho en el
territorio en el cual gobierna: dicta leyes, las hace cumplir y las juzga y castiga a los
infractores. El Estado tiene el monopolio del Derecho. En los países democráticos
estas funciones las lleva a cabo el Parlamento (quien tiene el poder de legislar o
dictar leyes), el Gobierno (que tiene el poder de ejecutarlas y hacerlas cumplir) y la
Administración de justicia (que tiene el poder de valorar si las leyes se cumplen o
no). En democracia, las leyes las deciden los mismos ciudadanos a través de sus
representantes, se adoptan por mayoría (o por consenso) y se aplican a todos
igualmente.

6.7.2. El derecho y la justicia

La justicia es un principio moral o una virtud que consiste en actuar de manera


imparcial y en distribuir equitativamente.

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