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Alimentos Funcionales: Beneficios para la Salud

INAL 2023.

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1.

Definición de alimentos funcionales

De acuerdo con el documento de consenso “Functional Food Science in Europe” (FUFOSE), los

alimentos funcionales son aquellos en los que “se ha demostrado de manera satisfactoria que

poseen un efecto beneficioso sobre una o varias funciones específicas del organismo, más allá de los

efectos nutricionales habituales, siendo esto relevante para la mejoría de la salud y el bienestar y/o

la reducción del riesgo de enfermar”. Es decir, los alimentos funcionales son aquellos alimentos que

en su composición cuentan con componentes biológicamente activos, que producen efectos

beneficiosos en una o varias funciones orgánicas, redundando todo ello en una mejora de la salud o

en una reducción del riesgo de padecer una enfermedad.

Si quisiéramos acotar más esta definición de acuerdo a una aproximación más exacta, podríamos

decir que los alimentos funcionales son “alimentos que cuando son consumidos van a producir

determinados efectos beneficiosos, no nutricionales, que van a producir un beneficio en la salud del

consumidor”.

El ser humano, desde los orígenes de los tiempos, ha atribuido a determinados alimentos una serie

de virtudes y efectos beneficiosos sobre la salud. En las últimas décadas, esta creencia sigue

vigente, gracias al refuerzo que las investigaciones científicas han hecho en este campo, poniendo

de manifiesto la existencia de determinados componentes de los alimentos -normalmente no

nutritivos– que ejercen un papel beneficioso. De esta manera, los alimentos que los contienen

pueden ayudar a la salud humana en base a dos pilares fundamentales:

Promoción de la salud (previniendo enfermedades).

Mejora de la “funcionalidad” del Organismo.


Los alimentos funcionales pueden ser, de acuerdo a la clasificación del ILSI (International Life

Sciences Institue):

Alimentos o bebidas naturales.

Alimentos a los cuales se les ha añadido un componente (omega-3, fibra, ácido linoléico

conjugado, etc.).

Alimentos a los cuales se les ha eliminado un componente (lácteos desnatados, alimentos con

contenido reducido en sodio, alimentos sin azúcar o sin lactosa, etc.)

Alimento a los cuales se les ha modificado la naturaleza de uno o varios de sus componentes.

Alimentos en los que la biodisponibilidad de uno o más de sus componentes ha sido modificada.

Cualquier combinación de las anteriores posibilidades.

A partir de la definición que FUFOSE hace de alimento funcional, queda patente que éste no va

asociado exclusivamente a la modificación del alimento en cuestión para hacerlo más saludable, sino

que también se enmarcan dentro de este concepto alimentos que, de manera natural, presentan en

su composición sustancias biológicamente activas que ejercen efectos beneficiosos sobre la Salud

humana.

Los alimentos funcionales, en general deben de reunir dos condiciones:

Ser alimentos, en cuanto a forma de consumo, valor nutricional y características.

Presentar una actividad biológica con efectos positivos para la salud, más allá de su valor

nutricional.

Quedan por tanto, fuera de la definición de alimentos funcionales, aquellas sustancias que aún

también poseyendo efectos positivos para la salud, son consumidas en forma de medicamento

(cápsulas, comprimidos, grageas o similares).

El concepto de alimento funcional, tal y como lo entendemos hoy en día, tiene su origen en Japón, en

la segunda mitad de la década de los ochenta del siglo pasado. De hecho, el primer uso del término

“alimento funcional” deriva del término nipón “Mazza”. Los japoneses fueron pioneros en el

desarrollo de alimentos funcionales, siendo el primer país del mundo en promulgar una norma para

certificar a este tipo de alimentos cuyo consumo revertía en efectos beneficiosos para la salud de los
consumidores (FOSHU).

Los primeros alimentos funcionales que se desarrollaron en Japón, se basaron principalmente en la

incorporación de bacterias lácticas y oligosacáridos, de acuerdo a las propiedades beneficiosas que

estas sustancias tienen sobre la salud Gastrointestinal.

Paralelamente, en Europa también se comenzó a trabajar sobre estos alimentos, aunque no fue hasta

1996 cuando se publicó un informe (FUFOSE) en el que se recogían las principales aplicaciones de

este tipo de alimentos, resumiéndose en las siguientes:

Crecimiento, desarrollo y diferenciación.

Sustratos metabólicos.

Especies reactivas oxidativas.

Enfermedades cardiovasculares.

Tracto gastrointestinal.

Comportamiento y funciones psicológicas.

Es frecuente que a los alimentos funcionales se les conozca con otros apelativos en el argot popular:

nutracéuticos, alicamentos, farmalimentos, alimentos para usos específicos saludables,

etc. aunque estas denominaciones no son del todo correctas por la propia definición de alimento

funcional, y atienden principalmente al impacto deseado por las ingentes campañas publicitarias del

mercado, quienes asocian el efecto beneficioso sobre la salud humana del alimento, al efecto

terapéutico que ejercen los medicamentos, difuminando las fronteras que deben existir entre

alimento y medicamento. Así por ejemplo, el apelativo nutracéutico debe reservarse exclusivamente

para designar al componente del alimento que tiene esa actividad biológicamente positiva. Si bien es
cierto, que estos alimentos pueden aproximarse al concepto de medicamento, no lo hacen de manera

suficiente para considerarlos como tales.

De entre todas estas denominaciones alternativas, hay una que puede generar dudas y confundirse

con el de alimento funcional. Tal es el caso del apelativo “alimento o producto dietético” ó “alimento

de régimen” ó “alimento para una alimentación especial”. Este tipo de alimentos responden a una

serie de fórmulas autorizadas por organismos acreditados, con composición química científicamente

razonable, destinadas a satisfacer las necesidades nutricionales de pacientes concretos en forma de

dietas especiales, o que completan su alimentación ordinaria.

1.1. ¿Con qué ingredientes cuenta?

Ya hemos visto que los alimentos funcionales son, grosso modo, aquellos que además de ejercer

una función nutritiva, van a ejercer un efecto beneficioso en nuestra salud. Hay distintos tipos de
ingredientes que dotan al alimento de funcionalidad.

Entre ellos podemos encontrar los siguientes:

Proteínas: las proteínas de la leche de vaca son una fuente muy importante de alimentos

funcionales, dado el excelente valor nutricional y a los numerosos efectos beneficiosos que

poseen en el organismo (facilitan la absorción de nutrientes, estimulan el desarrollo intestinal,

modulan la función del sistema inmunológico y participan en la digestión y absorción de otros

nutrientes). También pueden utilizarse como ingredientes funcionales hidrolizados de estas

vitaminas, así como proteínas no animales como la soja.

Lípidos: fosfolípidos o ácidos grasos omega-3, esteroles y estanoles vegetales. Los ácidos
grasos omega-3 están presentes de manera natural en el pescado azul, y presentan una

actividad antiinflamatoria y protectora a nivel de los vasos y el músculo cardíaco. Los más

importantes son el ácido docosohexanóico (DHA) y el ácido ecosapentanóico (EPA). El ácido

oleico, presenta un efecto vasodilatador y contribuye en la reducción de los niveles plasmáticos

de colesterol. Además aporta sustancias antioxidantes que frenan el envejecimiento celular.

Los esteroles y estanoles de origen vegetal, que van a intervenir en la absorción del colesterol,

disminuyendo de esta manera el riesgo de padecer enfermedades del aparato cardiovascular.

Finalmente, los fitoestrógenos de origen vegetal, ejercen efectos positivos sobre el tejido óseo,

mama y próstata. Además, se les atribuye efectos que contrarrestan los signos negativos de la

menopausia, y efectos beneficiosos para la salud Cardiovascular.

Probióticos: se definen como “ingredientes vivos y viables”, y están constituidos por

microorganismos, generalmente bacterias (Lactobacillus y Bifidobacterium), que al ser

ingeridos con el alimento, van a ejercer un efecto beneficioso sobre la flora intestinal del

organismo.

Prebióticos: se trata de sustancias no digeribles que sirven como sustrato a los

microorganismos de nuestra flora intestinal, de manera que así, al beneficiar selectivamente a

esta microbiota beneficiosa, mejora la salud de nuestro organismo a este nivel. Un ejemplo

clásico de alimento prebiótico es la leche, ya que su contenido en oligosacáridos es considerado

el principal responsable de la proporción elevada de bifidobacterias que se encuentran en el

tracto intestinal de los niños alimentados con leche materna, a diferencia de los alimentados

con fórmulas infantiles.

Simbióticos: mezcla equilibrada de probióticos y prebióticos que persigue incrementar la

resistencia y el volumen de probióticos a nivel del intestino grueso.

Fibra: se diferencia entre fibra soluble e insoluble. La primera se encuentra en frutas,

verduras y tubérculos, y ejerce su acción provocando un aumento del volumen y de la

consistencia del bolo fecal, útil en los fenómenos de diarreas. Este tipo de fibra, también ejerce

efectos positivos sobre el metabolismo del azúcar y el colesterol. La segunda, aparece

fundamentalmente en los granos de cereales y participa en el favorecimiento del tránsito

intestinal.

Otras sustancias: fuera de las clasificaciones anteriores se encuentra un grupo de sustancias

que también presentan efectos funcionales. Entre ellas: calcio (efectos positivos sobre la salud

ósea y sobre la tensión arterial) o la jalea real (en su composición contiene una gran cantidad
de sustancias beneficiosas: vitaminas del grupo B, selenio, aminoácidos esenciales, cromo,

manganeso, zinc, etc.).

1.2. ¿Cuáles son sus utilidades?

El amplio espectro de usos que presentan los alimentos funcionales, hace que éstos no constituyan

una única entidad, dado que los componentes que los integran ejercen su efecto sobre una variada

gama de funciones corporales vinculadas con el bienestar y salud de los consumidores, así como con

la reducción del riesgo a enfermar por diversas patologías. Todos ellos, son por definición,

alimentos, y puede segmentarse su uso atendiendo a los distintos grupos poblacionales.

Así, por ejemplo, en el caso de la infancia y la adolescencia, los alimentos funcionales se emplean

con un fin destinado fundamentalmente a regular y modular las funciones relacionadas con el

crecimiento y el desarrollo. Desde el desarrollo esquelético (calcio, vitamina C, vitamina D),

desarrollo del tubo neural (ácido fólico), crecimiento y composición corporal (factores de

crecimiento, aminoácidos esenciales, ácidos grasos poliinsaturados), función inmune (vitamina A,

Vitamina D, antioxidantes, ácidos grasos omega-3 y omega-6, elementos traza, arginina, nucleótidos

y nucleósidos, probióticos) o desarrollo cognitivo y psicomotor (ácidos grasos omega -3 y omega-6,

hierro, zinc o yodo). (Aranceta, J., Gil,A., 2010).

Todos estos elementos seguirán teniendo utilidad en la posterior etapa de la edad adulta, y estarán

vinculados con los procesos de envejecimiento orgánico y celular.

El empleo de alimentos funcionales en esos estadios de la vida: infancia, adolescencia y los primeros

años de la edad adulta, está más orientado hacia la mejora del estado de salud y bienestar que a la

propia prevención de enfermedades. No obstante, es importante no perder de vista que la mayor

parte de las enfermedades crónicas que se producen en la vida adulta, tienen como consecuencia un

desarrollo de los factores de riesgo en los primeros años de la vida, de manera que el consumo de

nutrientes con efectos beneficiosos para la salud en estas primeras etapas va a contribuir en la

prevención de las potenciales enfermedades que puedan manifestarse en etapas posteriores de la

vida.

Los alimentos funcionales en los que se modifique su contenido en forma de reducción de


componentes grasos o azúcares, pueden emplearse en los casos de prevención de obesidad y

sobrepeso, precisamente por su menor contenido energético, así como para mejorar el perfil

dietético ante la presencia de diversas patologías crónicas (diabetes, síndrome metabólico,

enfermedades cardiovasculares, etc.).

Diariamente, los múltiples estudios científicos que son llevados a cabo en todo el planeta, ponen de

manifiesto el papel relevante que juega una adecuada nutrición y alimentación para la consecución

de un estado óptimo de salud, así como para su mantenimiento durante todo el ciclo vital.

En este sentido, debe comprenderse que los alimentos funcionales no han de suponer en ningún

momento la sustitución de los alimentos que forman parte de la alimentación habitual, sino que han
de incorporarse a nuestras ingestas sobre la base de una dieta equilibrada, variada y balanceada,

complementada con una ingesta frecuente de agua y una actividad física habitual.

Un ejemplo excelente de ello, es la archiconocida “dieta mediterránea”, de la cual podría pensarse

que los alimentos funcionales comerciales no tienen cabida. Y es que esta dieta, ya de por sí,

incorpora una serie de alimentos naturales, que encajan perfectamente con la definición de

alimentos funcionales. Tal es el caso del aceite de oliva virgen, las aceitunas, el yogur, los cereales

integrales, los frutos secos, las verduras y hortalizas, el pescado, etc.


2. Aspectos relacionados con la aplicación de los alimentos
funcionales

Como hemos visto, el fundamento de los alimentos funcionales se basa en la presencia de uno o

varios componentes que van a afectar de manera positiva a una serie de funciones y respuestas

biológicas del organismo. En este sentido, pueden clasificarse o englobarse las distintas aplicaciones

que se derivan de este tipo de productos en una serie de áreas enmarcadas dentro del ámbito de la

fisiología humana:

Crecimiento y desarrollo en la primera infancia.

Regulación de los procesos metabólicos básicos.

Defensa contra el estrés oxidativo.

Fisiología cardiovascular.

Fisiología gastrointestinal.

Rendimiento cognitivo y mental, incluidos los estados de ánimos y la rapidez de reacción.

Rendimiento y mejora del estado físico.

2.1. Alimentos funcionales en la primera infancia

La alimentación durante los primeros meses de vida va a determinar de manera significativa el

estado de salud en etapas posteriores. En este sentido, la alimentación de la madre gestante y

lactante, así como la alimentación del infante tiene una significativa importancia biológica.

Es por ello que resulta un tema de interés y que requiere un estudio exhaustivo, el hecho de

complementar esta alimentación con alimentos o ingredientes funcionales que puedan ejercer un

efecto beneficioso en el crecimiento y el desarrollo del bebé. Un claro ejemplo de alimentos

funcionales utilizados en esta etapa, son las leches de continuación, pues este tipo de productos,

contienen en su composición nutrientes específicos para el crecimiento y el desarrollo.


Así, por ejemplo pueden presumirse efectos beneficiosos en la ingesta de alimentos que contengan

ingredientes como vitaminas antioxidantes, probióticos, nucleótidos, ácidos grasos, arginina, etc.,

mejorando el desarrollo de las defensas y de todo el sistema inmune del bebé. O aquellos en los que

se combinen los efectos del calcio con otros constituyentes que colaboren en el crecimiento de la

estructura ósea como las proteínas, el zinc, el magnesio, el fósforo, vitaminas K y D, boro, flúor, etc.

Todo ello, sin duda, supone un fuerte estímulo en el desarrollo de alimentos funcionales, que

requerirá de sus correspondientes validaciones científicas contrastadas.

En el caso de la alimentación durante el embarazo, entre los ejemplos de alimentos funcionales se

encuentran la “sal yodada”, o alimentos que se encuentran enriquecidos con ácido fólico (como es el

caso de los cereales fortificados con esta vitamina, para evitar defectos neurológicos del feto),

hierro, calcio y vitaminas, que van a favorecer el desarrollo del feto.

2.2. Alimentos funcionales reguladores del metabolismo

Muchos de los alimentos funcionales que hay en el mercado dirigen su actividad hacia los procesos

metabólicos del organismo. Así por ejemplo con ellos se puede favorecer un control de los niveles de

glucosa en sangre (aquellos con bajas concentraciones de azúcares simples, “sin” o alimentos que al

ser absorbidos provocan un aumento secuencial y pequeño de los niveles de glucosa en sangre), o se

pueden controlar los niveles plasmáticos de Colesterol y triglicéridos (alimentos bajos en grasas,

enriquecidos con esteroles vegetales, con ácidos grasos esenciales omega-3, o ácido oleico) se puede

controlar el ritmo del tránsito intestinal para evitar la constipación o estreñimiento (ricos en fibra), o

incluso se pueden reponer los electrolitos perdidos durante la práctica deportiva a partir del

consumo de bebidas energéticas, etc.


2.3. Alimentos funcionales aplicados al estrés oxidativo

El estrés oxidativo generado por la acción de los radicales libres tiene como consecuencia

importantes daños a nivel celular, que conllevan al desarrollo y aparición de numerosas


enfermedades, tales como las enfermedades crónicas no transmisibles como las enfermedades

cardiovasculares (ECV), diversos tipos de cáncer, enfermedades neurodegenerativas, enfermedades

inflamatorias, Diabetes, etc.

Las sustancias que contrarrestan los efectos nocivos de los radicales libres sobre el material

genético de las células son los “antioxidantes” (betacarotenos, vitamina C, vitamina E, fitoesteroles,

zinc, selenio, etc.). El consumo de estas sustancias – bien formando parte de alimentos de manera

natural, bien adicionados a otros productos alimenticios – puede ayudar en la prevención de estas

enfermedades, así como para frenar o ralentizar los procesos de envejecimiento, también

relacionados con procesos oxidativos.

2.4. Alimentos funcionales cardiovasculares


La lista de alimentos funcionales que mejoran notablemente la función cardiovascular es muy

amplia. Un ejemplo de ellos son los cereales, legumbres, frutas y verduras, que poseen efecto

hipocolesteromiante, o el papel de los ácidos grasos poliinsaturados omega -3 del pescado azul, que

mejoran el perfil de colesterol plasmático y tienen una actividad antiateroesclerótica, y en este

mismo sentido el papel de los fitoesteroles presentes en legumbres, frutos secos.

Asimismo, la arginina es un aminoácido presente en las carnes rojas, frutos secos, legumbres y

pescado, que tiene un efecto beneficioso sobre la reactividad de los vasos sanguíneos, ejerciendo un

efecto cardioprotector.

2.5. Alimentos funcionales digestivos

Cuando se habla del campo de la fisiología digestiva en el desarrollo de alimentos funcionales nos

referimos a todas las funciones que están asociadas a los cambios experimentados en la flora

bacteriana, el sistema inmunológico, el tránsito intestinal, la biodisponibilidad de los nutrientes, y la

modulación del crecimiento y desarrollo epitelial.


En este campo, destacan sin lugar a dudas los alimentos prebióticos (fructooligosacáridos e

inulina), definidos como hidratos de carbono no digeribles que van a comportarse como sustratos

energéticos de las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal, impidiendo la colonización de la

luz intestinal por flora patógena que podría provocar infecciones. Asimismo, los alimentos

probióticos – microorganismos vivos adicionados en los alimentos como bacterias de los géneros

Bifidobacterium y Lactobacillus – ejercen un efecto positivo sobre el tracto gastrointestinal. Así

pues, los probióticos, pueden mejorar los síntomas del colon irritable, reducir las tasas de infección

por Helicobacter pylori y aumentar la densidad mineral ósea en la osteoporosis al favorecer la

absorción intestinal de calcio.

2.6. Alimentos funcionales para el rendimiento cognitivo y


mental

Conforme aumenta la edad, se produce un deterioro progresivo de la función cerebral, que parece

estar relacionado con un aumento de la susceptibilidad hacia el estrés oxidativo y hacia las lesiones

inflamatorias asociadas.

Recientes estudios, parecen poner en evidencia que una serie de ingredientes como los ácidos

grasos poliinsaturados y los antioxidantes, tienen un efecto protector sobre la función cognitiva,

motivo por el cual se incorporan a numerosos alimentos funcionales.

Los componentes de bajo índice glucémico tienen un efecto positivo en la mejora de la atención, la

memoria y la capacidad cognitiva funcional.

Se sabe que durante el desarrollo los lóbulos frontales del cerebro son sensibles a la disponibilidad

de ácido decosahexaenóico (DHA, un ácido graso poliinsaturado, esencial de la serie omega-3), y


estas zonas cerebrales participan en los procesos cognitivos como el mantenimiento de la atención,

planificación y resolución de problemas y otras funciones cognitivas superiores.

2.7. Alimentos funcionales para el rendimiento y mejora del


estado físico

En el campo del rendimiento físico se han desarrollado una serie de bebidas energéticas, o fórmulas

de rehidratación oral para deportistas. Estos productos se clasifican como alimentos funcionales

porque van a proporcionar un beneficio específico al atleta, brindándole una bebida que le ofrece

vitalidad, y reposición de los electrolitos perdidos durante la práctica deportiva.


3. Tipología de alimentos funcionales

Entre los alimentos funcionales que se pueden encontrar, se destacan los alimentos naturales y los

alimentos modificados.

3.1. Alimentos funcionales naturales

Son aquellos que contienen sustancias beneficiosas de forma natural, entre los que podemos

destacar algunos como el tomate, el brócoli, la zanahoria, el ajo o el pescado azul.

3.1.1. Tomate

El tomate es un fruto de la familia de las Solanáceas (pimiento, berenjena, patata). En su

composición tiene licopeno, un pigmento de origen vegetal que no puede ser Sintetizado por el

organismo, soluble en grasas, que presenta propiedades antioxidantes y que es el encargado de


proporcionar el color rojo característico que tiene este alimento.

Este pigmento pertenece a la familia de los carotenoides (betacaroteno o provitamina -A) y ejerce su

efecto antioxidante protegiendo a las células de los fenómenos de estrés oxidativo provocados por

los radicales libres, principales responsables de patologías como la enfermedad cardiovascular, el

cáncer y el proceso de envejecimiento.

Además, el licopeno se comporta como un modulador de las moléculas que se encargan de regular el

ciclo celular, provocando un retroceso de determinadas lesiones de origen canceroso. En este

sentido, se le atribuye una acción beneficiosa en la prevención de enfermedades oncológicas,

principalmente en el caso del cáncer de próstata. Asimismo, este pigmento se asocia con un efecto

protector en la degeneración macular asociada con la edad, siendo ésta la principal causa de

ceguera en la tercera edad, así como un papel en la reducción del colesterol malo o “LDL”.
No se conocen con absoluta certeza las bases fisicoquímicas y biológicas de las propiedades del

licopeno, aunque todo apunta a que estas están relacionadas con el increíble poder antioxidante de

este pigmento. De hecho, una gran parte de los fenómenos cancerígenos y degenerativos se

relacionan con daños oxidativos producidos sobre el material genético de las células, así como a los

mecanismos genéticos que controlan los procesos de proliferación y diferenciación celular. El

licopeno se comporta como un auténtico neutralizador de los radicales libres de óxido y peróxido,

minimizando los daños del estrés oxidativo sobre las células y los tejidos.

3.1.2. Brócoli

Brócoli:
Es una planta de la familia de las Brassicaceae, y tiene gran importancia desde el punto de vista
nutricional, ya que contiene una elevada cantidad de vitaminas (betacarotenos, niacina, vitamina B1,
B2, B6, ácido fólico, vitamina E y vitamina C). De hecho, está considerado un “súper alimento” por el
elevado número de nutrientes que aporta.

El brócoli se caracteriza principalmente por su capacidad antioxidante, efecto que le debe a

sustancias como los betacarotenos, los isocianatos y la vitamina C. Todas ellas ejercen un rol

protector frente a los radicales libres, responsables del envejecimiento celular. Sus potentes

sustancias antioxidantes ayudan al organismo a minimizar la cantidad de ciertas bacterias a nivel del

estómago, previniendo las infecciones del aparato digestivo.

El color verde característico es proporcionado por el elevado contenido en pro -vitamina A –

localizada principalmente en los floretes de esta planta -, que ejerce un papel potenciador y

reforzante del sistema inmune. El contenido en vitamina C no se queda atrás, pues una sola ración
de este alimento (200 g) contiene más de tres veces las recomendaciones diarias de esta vitamina,

convirtiendo a este alimento en un perfecto antiviral y alimento potenciador de la salud

cardiovascular.

Asimismo, el brócoli contiene en su composición otro antioxidante de especial trascendencia para la

salud ocular, la luteína, además de una importante cantidad de glucosinolatos con efectos

anticancerígenos, especialmente en los casos de cáncer de pulmón, próstata, mama, endometrio,

útero, hígado, colon y estómago. El mismo Instituto Nacional del Cáncer sugiere que el brócoli

puede jugar un rol preventivo importante, ya que es el responsable de impulsar una serie de enzimas

que se encargan de procesos de desintoxicación orgánicos.

Se dice que entre ”tres y cinco porciones de brócoli por semana, son más que suficientes

para conseguir un efecto protector anticancerígeno”. Su papel preventivo en el cáncer se debe

a la enorme cantidad de sustancias que forman parte de su composición:

Antioxidantes: pro-vitamina A y vitamina C.

Fibra: soluble e insoluble.

Sustancias fitoquímicas: glucosinolatos, isotiocianatos (sulforafano), índoles (indo-3-

carbinol), que incrementan la actividad de ciertas enzimas que actúan eliminando del

organismo o bloqueando, algunos agentes cancerígenos.

Quercitina: en la composición del brócoli hay que destacar su alto contenido en quercitina, un

flavonoide con acción antiinflamatoria y anticancerígena, del que se presume una supuesta

capacidad para reducir ciertos tipos de cánceres.

Folatos: pertenecen a la familia de la vitamina B, y están ampliamente presentes en esta

hortaliza. Estas sustancias tienen un papel protector en el cáncer de colon y el cáncer de cuello

uterino.
El brócoli es un alimento de elección en los regímenes dietéticos por su bajo valor energético. Esto

es debido a que por un lado constituye una fuente importante de fibras, y por otro carece en su

composición de grasas, motivo por el cual es ideal para conseguir un efecto de saciedad sin elevar

de manera significativa el aporte Calórico.

Los componentes azufrados del brócoli, le dotan además de propiedades antimicrobianas e

insecticidas. De hecho, varios estudios científicos basados en la experimentación “in vitro” ponen de

relieve que el sulforafano puede ser un arma terapéutica eficaz para erradicar a la batería

Helicobacter pylori.

3.1.3. Zanahoria

La zanahoria, en su composición tiene carotenoides, pigmentos responsables de las

coloraciones amarillas, naranjas o rojas de algunos vegetales y animales. En concreto la zanahoria

es una buena fuente de alfa y beta caroteno, unos antioxidantes muy eficaces con propiedades

anticancerígenas, especialmente en el cáncer de pulmón.

Además, se ha comprobado que el consumo de zanahoria ejerce un papel protector sobre los

fenómenos de estrés oxidativo provocados por los radicales libres.


3.1.4. Ajo

El ajo, allium sativum, es considerado alimento funcional debido principalmente a sus componentes

azufrados, que lo convierten en un alimento eficaz en la prevención de cánceres como es el caso del

cáncer de estómago o el cáncer de colon.

El ajo posee una sustancia azufrada volátil denominada aliina, que cuando se corta el ajo o se

machaca, se transforma en alicina, otro compuesto azufrado que le aporta la mayoría de sus

propiedades y efectos.

Se le atribuye una relación beneficiosa directa con la mejora de las enfermedades

cardiovasculares, ya que posee efecto vasodilatador, permitiendo el flujo sanguíneo en cuadros de

hipertensión arterial. También presenta un cierto efecto reductor de las concentraciones

plasmáticas de colesterol LDL (“malo”) y triglicéridos, siendo útil en patologías como las

hipercolestrolemias o hipertrigliceridemias.

Con respecto al aparato respiratorio, el ajo puede utilizarse como expectorante gracias a la acción

de la alicina, siendo interesante su empleo en procesos catarrales, gripales o alérgicos,

provocando una mejora notable de los síntomas más molestos de la congestión.

El ajo además presenta una potente acción desinfectante, este hecho ha convertido al ajo en un

aliado imprescindible en el aseguramiento de la seguridad alimentaria. Esta acción desinfectante es

particularmente eficaz frente a ciertos microorganismos como Camylobacter. También posee

actividad antidiurética, gracias a su elevado contenido en agua y potasio, y actividad

coagulante, siendo útil en el caso de personas que presenten cierta tendencia a formar trombos.
3.1.5. Pescado azul

Los pescados azules (anchoa, anguila, arenque, atún, jurel, lamprea, pez espada, salmón, salmonete,

sardina y caballa) son alimentos con un elevado interés biológico. En su composición tienen ácidos

grasos esenciales, esto es sustancias necesarias para llevar a cabo importantes funciones

biológicas, pero que nuestro organismo es incapaz de sintetizar, siendo necesario aportarlos a través

de la alimentación.

De entre los ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 que el pescado azul tiene en su

composición, los más importantes son el ácido docosahexaenóico (DHA) y el eicosapentanoico

(EPA).

Sendos ácidos grasos presentan un importante papel preventivo en la aparición de enfermedades

como: cáncer (mama), enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide y ciertas enfermedades

inflamatorias.

Existen muchas evidencias que apuntan a que un consumo diario de 0.5-1,8 gramos de ácidos grasos

de la serie omega-3, provocan una disminución de la concentración en sangre de triglicéridos,

colesterol y apoB (apolipoproteína B) en las proteínas VLDL (de muy baja densidad).

Asimismo, los estudios científicos ponen de relieve que la suplementación con ácido

eicosapentanoico (EPA) y docosahexanoico (DHA) de la dieta, induce a una mejora significativa de la

función cardiovascular y de la actividad plaquetaria, presumiendo además un papel protector del


aceite de pescado en el caso de la isquemia cardiaca.
3.2. Alimentos funcionales modificados

Dentro de la clasificación de alimentos modificados podemos encontrarnos:

Aquellos que suprimen o eliminan alguno de los componentes (sin grasa, sin gluten).

Aquellos que adicionan o añaden uno o más componentes (leche y huevos con omega-3,

productos con jalea real.

A aquellos que incrementan la concentración de uno o más de sus componentes (calcio

en la leche, vitamina C en los zumos, ácido fólico en los cereales).

Aquellos alimentos que sustituyen un componente por otro (sacarosa sustituida por

edulcorantes no energéticos, grasa por sustitutivos).

Aquellos que alteran la disponibilidad metabólica (alimentos ricos en fitoesteroles).


4. Normativa relacionada con los alimentos funcionales

Los alimentos funcionales presentan la doble cara de una moneda. Por un lado, es cierto que

revierten en innumerables beneficios para la salud de los consumidores, pero por otro también lo es,

el hecho de que aprovechando esta situación, muchos fabricantes e industrias alimentarias, se

aprovechan de esos beneficios para “inducir a engaño a los consumidores”, haciéndoles creer que el

alimento en cuestión tiene “esta” o “esta otra” virtud, para subir los precios, cuando realmente va

inherente en su propia composición. Por este motivo, es importante clarificar en el etiquetado las

definiciones de estos productos, para no llevar a equívocos a los ciudadanos.

En la Unión Europea, hasta el año 2007 no había ningún marco normativo que aclarase nada al

respecto de las alegaciones de salud que podrían tener este tipo de alimentos. Tan sólo existía una

normativa de carácter general en la que se hablaba de la publicidad y etiquetado de los alimentos -

Directiva 2000/13/CE -, así como el Real Decreto 1907/1996 de 2 de agosto, sobre publicidad y

promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, y

según el cual se prohíbe el uso de determinadas alegaciones de los alimentos, y el Real Decreto

1334/1999 de 31 de julio, modificado recientemente por el Real Decreto 2220/2004, por el que se

modifica la norma general de etiquetado, presentación y publicidad de los productos alimenticios,

aprobada por el Real Decreto 1334/1999, de 31 de julio.

El vacío legal imperante ha favorecido por tanto la expresión de numerosos productos alimenticios o

ingredientes, que se publicitan como promotores de un supuesto beneficio en la salud del

consumidor, e incluso con capacidades específicas para mejorar enfermedades o patologías

concretas, sin contar con la validación científica oportuna, generando una promoción exagerada con

respecto a sus efectos reales. Esto, independientemente de que lleve aparejado otra serie de riesgos,

supone un claro ejemplo de engaño a los consumidores, que merma la imagen y concepción que los

ciudadanos tienen de los alimentos funcionales.

Se hace por tanto necesario, ante esta situación, un marco legislativo regulador que proteja a los

consumidores de falsos alimentos nutricionales, publicitados con engañosas y dudosas propiedades.

En este sentido, Japón vuelve a ser un país pionero y abanderado en este campo, siendo el primero

en establecer legalmente el concepto de FOSHU en 1991. Este acrónimo responde al término

anglosajón “Foods for Specific Health Use”, o lo que es lo mismo, alimentos para usos específicos en
el ámbito de la salud. El país nipón ya en la década de los 90 del siglo pasado, se encargó de regular

el uso de este tipo de productos, avalando sus efectos beneficiosos tras un consumo habitual, a

través de estudios científicos debidamente contrastados, y aprobando su comercialización y consumo

las correspondientes autoridades sanitarias.

Dos años más tarde, en el 1993, los Estados Unidos de América permitieron la inclusión de

declaraciones de propiedades saludables en estos alimentos, siempre y cuando éstos hayan sido

aprobados previamente por la Food and Drug Administration (FDA).

El posicionamiento en el mercado regulador de estos productos, hizo que Europa también se

movilizase, de cara a asegurar a sus ciudadanos la veracidad y legalidad de los alimentos funcionales

comercializados. Así, se comenzó la creación de programas específicos, como el programa FUFOSE

(Concerted Action of Functional Food Science in Europe). Dicho programa persigue como objetivo el

determinar una perspectiva o prisma científico que avale las funciones beneficiosas de los alimentos

funcionales, así como también establecer el modo en el que deberían de realizarse las declaraciones

de los distintos efectos positivos que producen sobre la salud. Con respecto a este último aspecto, se

contemplan en el programa FUFOSE dos tipos de alegaciones:

De mejora

Estas alegaciones se asocian a ciertas funciones tanto fisiológicas como psicológicas, así
como a actividades biológicas que van mucho más lejos de su rol en el crecimiento,
desarrollo y otras funciones orgánicas normales, sin hacer mención a estados patológicos
o enfermedades. Dentro de este tipo de alegaciones se encontrarían las siguientes: “la
inulina mejora el crecimiento de bacterias propias de la microbiota intestinal” o “la cafeína
puede mejorar el rendimiento cognitivo”.

De reducción de riesgo de enfermedades

Este tipo de alegaciones aluden al papel que los componentes funcionales (nutrientes o
compuestos biológicamente activos) de los alimentos funcionales tienen para ayudar a
minimizar el riesgo de padecer una enfermedad. Ejemplo de estas alegaciones son: “el
consumo de esteroles vegetales o ácidos grasos omega -3 ayudan a reducir el riesgo de
enfermedad cardiovascular, etc.).

El Reglamento CE nº 1924/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo, se publicó el 18 de

enero de 2007, y entró en vigor el día después, y lo hizo con el propósito de proporcionar un
régimen legal autorizado, que favoreciese a los productos con composiciones nutricionales

beneficiosas de acuerdo a evidencias científicas contrastadas, evitando así la aparición de

alegaciones confusas que engañasen al consumidor. Su alcance se alarga hacia todos los medios en

los que puedan aparecer alegaciones de este tipo de productos: televisión, prensa, anuncios, puntos

de venta, páginas webs, etc. afectando no sólo a alimentos, sino también a los complementos

alimenticios.

A efectos de este reglamento, “declaración” no sólo se refiere a los textos escritos que pueden leerse

en los etiquetados de los alimentos, sino que engloba a cualquier mensaje o representación gráfica

(en forma de dibujos o símbolos) que afirme, sugiera o dé a entender que un determinado alimento

presenta unas características concretas. En este sentido, afecta a dibujos que puedan incluirse en

las etiquetas que tengan la forma de algún órgano sobre el que se suponga que ejerzan el efecto
beneficioso. Tal es el caso de corazones que evoquen propiedades cardiosaludables, o básculas o

cintas métricas que insinúen que el producto va a ayudar a la pérdida de peso, etc.

Además de las alegaciones de propiedades saludables recogidas en el programa FUFOSE, este

reglamento incluye otras declaraciones nutricionales adicionales.

En resumen, el Reglamento 1924/2006 tiene un doble objetivo: por un lado persigue garantizar un

elevado nivel de protección al consumidor frente a alegaciones fraudulentas que insinúen efectos

beneficiosos en un determinado alimento, sin contar con una base científica contrastada,
auspiciados por una serie de mensajes exagerados y engañosos. Asimismo, este reglamento europeo

pretende dotar de armonización en toda la Unión Europea, a partir de la creación de normas

homogéneas que deberán cumplirse por todos los Estados Miembros en todos los productos y todas

las comunicaciones que se efectúen, evitando que en el mercado compitan declaraciones

científicamente validadas con otras de dudosa precisión y cargadas de mensajes engañosos.

De acuerdo a lo establecido por el Reglamento 1924/2006, en el marco de la Unión Europea podrán

hacerse los distintos tipos de declaraciones de los alimentos en relación al papel que desempeñan

sobre la salud de los consumidores:


Declaraciones nutricionales

Son aquellas en las que se afirme, sugiera o se dé a entender que un determinado


alimento o producto alimenticio cuenta con determinadas propiedades nutricionales
beneficiosas, gracias a su aporte energético o a su contenido en nutrientes u otras
sustancias. Ejemplos de declaraciones nutricionales que pueden aparecer en la publicidad
de alimentos funcionales son: “alto contenido en…”, “fuente de…”, “bajo contenido en…”,
“sin”, “contiene…”.

Declaraciones de propiedades saludables

Son aquellas en las que se afirme, sugiera o se dé a entender una relación entre el
consumo de un determinado alimento o producto alimenticio con efectos saludables,
gracias a que en su composición contiene uno o varios componentes que ejercen ese
efecto positivo en el organismo. Ejemplo de este tipo de declaraciones serían: “el calcio
puede ayudar a fortalecer los huesos…”, “la fibra alimentaria ayuda a regular el tránsito
intestinal…”, “los esteroles vegetales ayudan a regular los niveles de colesterol
plasmáticos…”.

Declaraciones de reducción de riesgo de enfermedad

Son aquellas en las que se afirme, sugiera o se dé a entender que la ingesta de un


determinado alimento o producto alimenticio, provoca una reducción significativa de algún
factor de riesgo de alguna enfermedad, gracias a que en su composición tiene uno o varios
componentes que colaboran para minimizar la expresión de dicho factor. En este tipo de
declaraciones se exige que en el etiquetado o en la publicidad del producto, se mencione
que la enfermedad en cuestión está determinada por más de un factor de riesgo, y que la
modificación de alguno de ellos puede tener o no un efecto beneficioso. La Directiva
2000/13/CE prohíbe de manera general el empleo de información que pueda llevar a error
al consumidor al atribuir propiedades medicinales – propias de medicamentos, tales como
la prevención o la curación – a los alimentos.
Glosario

Organismo: 1. Conjunto de los órganos que forman un ser vivo 2. Ser vivo capacitado para

intercambiar materia y energía con el medio y para reproducirse 3. Conjunto de oficinas,

dependencias o empleos que forman un cuerpo o una institución dedicados a un fin

determinado.

Salud: 1. Condición de un completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia

de enfermedad o dolencia. 2. Estado en que un ser u organismo vivo no tiene ninguna lesión ni

padece ninguna enfermedad y ejerce con normalidad todas sus funciones.

Gastrointestinal: Que pertenece o se refiere al estómago y a los intestinos.

Cardiovascular: Relativo al corazón y a los vasos.

Colesterol: Colesterina.

Diabetes: Enfermedad que aumenta el azúcar en la sangre.

Sintetizado: 1. Hacer una síntesis o resumen en que se recogen las principales ideas de un

asunto o materia 2. Formar un elemento o sustancia compuesta mediante la combinación de

elementos o sustancias simples.

Calórico: 1. Relativo al calor 2. Relativo a las calorías 3. Sustancia a la que se atribuía

antiguamente el origen de la combustión y la oxidación.


Recuerda

Los alimentos funcionales son aquellos en los que “se ha demostrado de manera satisfactoria

que poseen un efecto beneficioso sobre una o varias funciones específicas del organismo, más

allá de los efectos nutricionales habituales, siendo esto relevante para la mejoría de la salud y

el bienestar y/o la reducción del riesgo de enfermar”.

Entre los tipos de alimentos funcionales se pueden destacar las proteínas, los lípidos, los

probióticos, los prebióticos, los simbióticos, la fibra y otras sustancias.

La alimentación durante los primeros meses de vida va a determinar de manera

significativa el estado de salud en etapas posteriores. En este sentido, la alimentación de la

madre gestante y lactante, así como la alimentación del infante tiene una significativa

importancia biológica.

El estrés oxidativo generado por la acción de los radicales libres tiene como consecuencia

importantes daños a nivel celular, que conllevan al desarrollo y aparición de numerosas

enfermedades.

La lista de alimentos funcionales que mejoran notablemente la función cardiovascular es

muy amplia.

Los alimentos funcionales naturales son aquellos que contienen sustancias beneficiosas de

forma natural, entre los que podemos destacar algunos como el tomate, el brócoli, la zanahoria,

el ajo o el pescado azul.

Los alimentos funcionales presentan la doble cara de una moneda. Por un lado, es cierto que

revierten en innumerables beneficios para la salud de los consumidores, pero por otro también

lo es, el hecho de que aprovechando esta situación, muchos fabricantes e industrias

alimentarias, se aprovechan de esos beneficios para “inducir a engaño a los consumidores”,

haciéndoles creer que el alimento en cuestión tiene “esta” o “esta otra” virtud, para subir los

precios, cuando realmente va inherente en su propia composición.

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