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Demanda de Cobro en Contrato de Seguridad

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Santiago, doce de septiembre de dos mil diecisiete.


VIS TOS:
En estos autos Rol 13.863-2015 seguidos ante el Noveno Juzgado Civil
de Santiago compareció doña María Maldonado Velásquez, en representaci ón
de María Angélica Maldonado Velásquez E.I.R.L., quien dedujo demanda en
juicio ordinario de menor cuantía de cobro de pesos en contra de
Constructora De Vicente Limitada, solicitando se la condene a pagar la suma
de $21.438.000 más intereses, reajustes y costas.
Fundamentando su pretensión señala que según consta de diversos
documentos, entre ellos un contrato privado que la demandada no quiso
firmar, se comprometió a prestarle servicios de seguridad durante la
construcción de la obra “Hotel City Express” ubicada en Avda. Vespucio
Oriente s/n, Comuna de Pudahuel, desde el d ía 9 de diciembre de 2014 al 9
de febrero de 2016, por un precio de $29.988.000. Aduce que la demandada
puso término a la convención mediante comunicación datada el 7 de mayo de
2015, por lo que, tratándose de un contrato por obra, al no respetar la fecha
de su conclusión, la contraria debe pagar lo que se pact ó por la ejecuci ón de
la obra.
El demandado válidamente notificado, no contestó la demanda.
Por sentencia de veintinueve de julio de dos mil diecis éis, rolante a fojas
105 y siguientes, se acogió íntegramente la demanda.
Apelado ese fallo por el demandado, una sala de la Corte de Apelaciones
de Santiago, por resolución de fecha veintid ós de diciembre del a ño reci én
pasado, escrita a fojas 135, la confirmó sin modificaciones.
En su contra la parte perdidosa dedujo recurso de casación en el fondo.
Se ordenó traer los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO : Que el recurso denuncia, en primer lugar, la infracci ón de
los artículos 1915, 1996 y 2006 del Código Civil, expresando que el actor no
logró acreditar que concurren los requisitos que establece la normativa en la
que fundó su demanda, puesto que de acuerdo a lo solicitado ser ían aplicables
las normas sobre el contrato de confección de obra material, de conformidad
al artículo 1996 del Código Civil. Sin embargo -explica- la sociedad
demandante no ejecutó una obra de construcción, toda vez que los servicios
contratados consistieron en la vigilancia de una obra ejecutada por su parte a

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través de guardias de seguridad proporcionados por la contraria. Agrega que


en el caso de autos no existe un art ífice, ya que nada se crea ni construye;
ninguna de las partes suministró materiales a la otra, atendido que tampoco
existió una obra que ejecutar. En consecuencia, concluye, la calificaci ón
jurídica realizada por la demandante cae en el absurdo de sostener que su
representada, ejecutante de la obra, contrat ó a una empresa de servicios de
seguridad para que efectuara la misma obra, siendo los rubros de ambas
opuestos. Expresa que no se trata de la construcción de una obra propiamente
tal, sino que de un arrendamiento de servicios inmateriales, contrato que se
encuentra regulado en los artículos 1915, 2006 y siguientes del C ódigo Civil,
preceptos de los que se desprende que es de la esencia de este tipo de
convenciones la prestación de un servicio, en la especie de seguridad, por un
pago de un precio determinado, que en este caso consist ía en mensualidades,
como se acreditó a través de la prueba testimonial que rindió en el juicio.
Adiciona, en segundo orden de alegaciones, la vulneración del art ículo
2009 del Código Civil, atendido que de calificarse correctamente la naturaleza
jurídica del contrato celebrado por las partes, el sentenciador necesariamente
debió aplicar la norma en comento, que dispone: “Cualquiera de las dos
partes podrá poner fin al servicio cuando quiera, o con el desahucio que se
hubiera estipulado”. Sin embargo, la jueza a quo sostuvo que al haber puesto
la demandada término a los servicios en el mes de mayo del año 2015, sin
mediar desahucio, correspondía el pago de lo convenido hasta el mes de
febrero del año 2016.
Agrega que no se estipuló entre las partes el desahucio del contrato de
arrendamiento, razón por la que de acuerdo a la ley pod ía ponerle fin a la
relación a su sola voluntad. La falta de estipulaci ón queda de manifiesto si se
considera que la demandante sostuvo en el proceso que el contrato celebrado
no era de arrendamiento, de manera que no se podía acordar una cl áusula de
desahucio en un contrato de construcción a suma alzada.
Así las cosas, de haberse considerado que no correspond ía desahuciar el
contrato por parte de la demandada, no se le hubiera condenado al pago de
las rentas adeudadas hasta el mes de febrero del a ño 2016, sino que se
hubiera declarado que a la fecha del término del contrato, mayo del a ño
2015, las rentas devengadas hasta ese entonces se encontraban pagadas.

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Incardinando con lo expuesto, el recurrente reclama la infracci ón de los


artículos 1545, 1560 y siguientes del Código de Bello, expresando que de
haberse considerado correctamente el artículo 1562 del mismo cuerpo legal
necesariamente se debió concluir que el derecho aplicable correspond ía a las
normas del contrato de arrendamiento de servicios inmateriales, toda vez que
la cláusula contenida en la convención fundante de la pretensi ón -que en todo
caso corresponde a un borrador preliminar- referente a que la prestaci ón
debida por el demandante era la ejecución de una obra, no produce efecto
alguno puesto que los servicios efectivamente ofrecidos, aceptados y ejecutados
correspondían a la vigilancia de un inmueble.
Siguiendo el argumento anterior, denuncia que el sentenciador dict ó la
sentencia vulnerando el artículo 1563 del Código Civil, atendido que no se
interpretó el contrato de manera que cuadrara mejor con su naturaleza.
Enseguida cuestiona la incorrecta aplicación del artículo 1698 del mismo
cuerpo legal, argumentado que la demandante no rindi ó prueba alguna
destinada a demostrar la existencia de la convención en la que fund ó su
demanda y del supuesto incumplimiento alegado, en circunstancias que su
parte acreditó con la testimonial rendida que lo que existi ó fue un contrato de
arrendamiento de servicios inmateriales. Asentó también que mientras dur ó la
relación se pagaron todas las rentas que se devengaron, no existiendo por
tanto el incumplimiento que se alega. En consecuencia, correspond ía rechazar
la demanda por no encontrarse probada la existencia del contrato de
construcción (o ejecución) de obra a suma alzada en el que se fund ó el libelo
pretensor.
Finalmente cuestiona la aplicación dada a los artículos 426 y 384 Nº 2
del Código de Procedimiento Civil y artículo 1712 del Código Civil, al
concluirse que el contrato acompañado por la demandante correspond ía al
celebrado entre las partes, no obstante no encontrarse suscrito por ninguna de
ellas, presumiendo que fue confeccionado por la Constructora y que sus
estipulaciones fueron las convenidas por las partes, sin se ñalar argumento
alguno que justifique tal raciocinio. Conforme a la normativa alegada, no se
aprecia el carácter de gravedad y precisión suficiente que exige el legislador
para otorgar valor de plena prueba a la presunci ón alcanzada por el
sentenciador, habida consideración que su parte aport ó la declaraci ón de dos
testigos hábiles, presenciales y contestes, que de acuerdo al art ículo 384 N ° 2

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del Código de Enjuiciamiento producen plena prueba en cuanto a sustentar


que la relación contractual fue propia de un contrato de arrendamiento de
servicios inmateriales, que se realizaba y pagaba mensualmente, renov ándose
por períodos iguales, de acuerdo a la naturaleza de los servicios y de las
normas que regulan este tipo de contratos.
SEGU ND O : Que para los efectos del análisis que a continuaci ón se
expondrá, es útil consignar que los jueces del fondo fijaron como hechos de la
causa los siguientes:
a) Las partes celebraron un contrato en virtud del cual la demandante se
obligó a prestar servicios de guardias de seguridad a la demandada, cuya
duración se pactó desde el mes de diciembre de 2014 a febrero de 2016, con
una remuneración total fija de $29.988.000, pagadera mensualmente;
b) La demandada retuvo el 5% de lo comprometido para ser devuelto
una vez finalizada la labor encomendada al actor;
c) La demandada puso término al contrato en el mes de mayo de 2015.
TE RCE RO: Que en atención al sustrato fáctico descrito, la sentencia
recurrida confirmó la decisión del tribunal a quo y en definitiva acogi ó la
demanda, argumentando que conforme los artículos 1915 y 1942 del Código
Civil, la principal obligación del arrendatario es pagar el precio o renta, de
manera que al haber la demandada puesto término a los servicios contratados
sin mediar desahucio, correspondía en consecuencia condenarla al pago de lo
convenido hasta la época en que naturalmente habr ía concluido la
convención.
CUA RTO : Que la cita de las disposiciones legales denunciadas por el
recurrente expuestas en el motivo primero y los argumentos esgrimidos en
apoyo de sus afirmaciones en tal sentido, tienen por objeto sustentar, en lo
medular: 1) que la demandante equivoca su acci ón y la calificaci ón jur ídica
del contrato que aduce para sustentar su pretensi ón, atendido que en su libelo
se refiere a un contrato por obra; 2) que los jueces del fondo han errado al
estimar que se trata de un contrato de arrendamiento de cosa y no de
servicios inmateriales, aplicando la normativa del artículo 1942 del C ódigo
Civil, no obstante que cabía considerar el artículo 2009 del mismo cuerpo
legal para así concluir la posibilidad de poner término al contrato únicamente
por voluntad de las partes, sin que sea menester que medie el desahucio a que
se refieren las disposiciones que reglan el arrendamiento de cosas; 3) que en

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consecuencia, ha existido una incorrecta interpretaci ón de la relaci ón


contractual que ligó a las partes; y 4) que se aplicaron incorrectamente las
normas que regulan la prueba de presunciones en lo que concierne a sus
elementos de gravedad, seriedad y precisión de las mismas para formar
convicción en el juez.
QUINTO : Que lo reseñado en los fundamentos que preceden pone de
manifiesto que el quid de la crítica de ilegalidad dirigida contra la sentencia
que se impugna en el recurso estriba en la inobservancia de las normas que,
correctamente aplicadas, habrían llevado a los jueces del fondo a concluir que
la relación contractual que ligó a las partes debe calificarse como un
arrendamiento de servicios inmateriales, por lo que correspond ía, entonces, el
rechazo de la pretensión del actor, pues al no ser exigible en este tipo de
convenciones el desahucio, resulta evidente que su parte se encontraba
habilitada para poner término unilateralmente a la convenci ón conforme reza
el citado artículo 2009.
SEXTO: Que no obstante el orden propuesto en el recurso, cabe
abordar primeramente la supuesta infracción de las normas que gobiernan la
prueba. Sobre las mismas, es del caso precisar que, como lo ha sostenido
reiteradamente esta Corte, se entienden vulneradas las normas reguladoras de
la prueba cuando los sentenciadores invierten el onus probandi, rechazan
pruebas que la ley admite, aceptan medios que la ley rechaza, y/o desconocen
el valor probatorio de las producidas en la causa no obstante asignarles la ley
uno de carácter obligatorio. Como se advierte, las reci én indicadas son
normas básicas de juzgamiento que contienen deberes, limitaciones o
prohibiciones a que deben sujetarse los jueces y, por ende, estos últimos son
soberanos para apreciar las probanzas entre tanto se mantienen en el marco
fijado por las normas reguladoras ya indicadas. Por la misma raz ón, no son
susceptibles de ser revisadas por la vía de casación las decisiones basadas en
disposiciones que otorgan libertad a los jueces del fondo para valorar los
elementos probatorios aportados.
Lo anterior hace indispensable establecer si el reproche formulado sobre
la base de la prueba recae en normas a las que pueda atribuirse el car ácter o
calidad de ser propiamente reguladoras de la prueba y, en su caso, si
efectivamente se ha incurrido en infracción de las mismas.

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S ÉP TIMO: Que abordando la vulneración del artículo 426 del C ódigo


de Procedimiento Civil en relación con el artículo 1712 del C ódigo Civil, esta
Corte Suprema ha sostenido invariablemente que la construcci ón y
determinación de la fuerza probatoria de las presunciones judiciales queda
entregada a los jueces del fondo, puesto que la convicci ón de los
sentenciadores ha de fundarse en la gravedad, precisi ón y concordancia que
derive de las mismas.
En primer término, la gravedad -se ha dicho- es la fuerza, entidad o
persuasión que un determinado antecedente fáctico produce en el raciocinio
del juez para hacerle sostener una consecuencia por deducci ón l ógica, de
manera que la gravedad está dada por la mayor o menor convicci ón que
produce en el ánimo del juez. Si bien el art ículo 1712 del C ódigo Civil nada
dice respecto de la gravedad, sí lo hace el artículo 426 de la codificaci ón
procesal civil, en cuanto expresa que una sola presunci ón puede constituir
plena prueba cuando, “a juicio del tribunal”, tenga caracteres de gravedad y
precisión suficientes para formar su convencimiento, de modo que no queda
dudas que su apreciación está entregada a los jueces del fondo, puesto que, en
el mejor de los casos, “son revisables en casaci ón los elementos de las
presunciones que son ostensibles y que el juez debe manifestar y encuadrar en
la ley, pero no pueden ser revisables, como en ninguna prueba puede serlo, el
proceso íntimo del juez para formar su convencimiento frente a los medios
probatorios que reúnen las condiciones exigidas por la ley. La apreciaci ón de
la gravedad de las presunciones escapa absolutamente al control del Tribunal
de Casación y así lo ha declarado la Corte Suprema ”. (C.S. Rol 9426-2010;
7061-2015, entre otros).
Por su parte, la precisión está referida a lo un ívoco de los resultados del
razonamiento del juez, de modo que una misma presunci ón no conduzca sino
a una consecuencia y no a múltiples conclusiones. Pero esta precisi ón de la
presunción está condicionada por el razonamiento del juez y por la
ponderación de los elementos sobre los que la asienta y los demás
antecedentes probatorios de la causa, de manera que resultar á de la
ponderación individual y comparativa de este medio con los dem ás,
quedando, de este modo, relativizada la misma precisión, por lo que es
indiscutiblemente subjetiva y personal del juzgador a quien debe persuadir,

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quedando su revisión, por este mismo hecho, excluida del Tribunal de


Casación.
Por último, la concordancia se refiere a la conexión que debe existir
entre las presunciones y que todas las que se den por establecidas lleguen a
una misma conclusión, por lo que tambi én escapa al control de la Corte de
Casación atendido que importa una ponderaci ón individual y comparativa de
las presunciones entre sí y con los demás elementos de juicio reunidos en el
proceso.
OCTAVO: Que, como corolario de lo que se viene diciendo, no es
posible colegir que los jueces hayan incurrido en la vulneraci ón de las normas
reguladoras de la prueba que se reclama, por lo que debe concluirse que los
presupuestos fácticos fijados en el fallo han sido establecidos con sujeci ón al
mérito de los antecedentes y probanzas aportadas por las partes, de modo que
ellos resultan inamovibles, sin ser posible impugnarlos por la v ía de la nulidad
que se revisa, adquiriendo entonces el car ácter de definitivos para la decisi ón
de la acción interpuesta en autos. En otras palabras, ha quedado asentado en
autos que operó en la especie el presupuesto fáctico invocado por la
demandante y que se encuentra constituido por la existencia de un contrato
pactado en los términos que se consignaron en el motivo 2° que precede.
NOVENO: Que para el análisis de la infracción de las normas
sustantivas que se acusan quebrantadas, es necesario dejar anotado que en el
tráfico jurídico es cada vez más frecuente la celebraci ón de contratos de
prestación de servicios; labores que van más all á de las tradicionales y que se
refieren entre otras a asesorías, servicios de aseo, seguridad o alimentaci ón en
las empresas, y que generalmente se encargan a terceros especializados en la
prestación de esos servicios, en el contexto de la externalización que se
desarrolla con ocasión de los mismos.
En este entendido, la profesora María Graciela Brantt Zumar án expresa
que el “contrato de servicios en nuestro derecho es at ípico, en tanto carece de
una reglamentación sistemática destinada especialmente a fijar un r égimen
supletorio. Esto tiene especial relevancia para la construcci ón de la regla
contractual por la que las partes quedan vinculadas y que determina los
derechos y obligaciones que han asumido. En dicho proceso debe acudirse, en
primer lugar, a la sola declaración de voluntades, a la que debe incorporarse,
por vía de interpretación integradora, todos aquellos elementos que forman

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parte del ambiente contractual, adquiriendo especial relevancia la buena fe y


los usos contractuales, conforme a lo previsto en el art ículo 1545 del C ódigo
Civil. Y en silencio de las partes ha de recurrirse por v ía de integraci ón al
derecho supletorio, precisamente destinado a llenar esas lagunas que hayan
quedado en la declaración de voluntad. Esto último es especialmente relevante
cuando la declaración de voluntad es escueta o escasa, algo no poco frecuente
en general en los contratos”. (Revista de Derecho de la Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso, volumen N° 46, página 75-76).
En la misma línea argumentativa se señala que los contratos de servicios
generan una obligación de hacer, sea de medios o de resultados, dependiendo
de la conducta del deudor; pero siempre conllevan la realizaci ón del servicio
comprometido por el deudor y el pago por ese servicio por parte del acreedor.
Este intercambio de precio por actividad o hecho esta relegado en nuestro
Código Civil, teniendo un carácter excepcional.
D ÉCIMO: Que la escasa regulación positiva de este tipo de
convenciones ha llevado a sostener que el contrato de prestaci ón de servicios
carece de una tipicidad normativa unitaria, y la disciplina de este contrato
debe reconstruirse a partir de normas dispersas, en el Libro IV del C ódigo
Civil, tales como las relativas al contrato de confecci ón de obra ( art ículos
1996 a 2005 del Código Civil), al arrendamiento de servicios inmateriales
(artículos 2006 a 2012 del Código Civil) y al arrendamiento de transporte
(artículos 2013 a 2021 del Código Civil). Se agrega tambi én la prestaci ón de
unos determinados servicios en el régimen del mandato y en el dep ósito
remunerado, que según el artículo 2219 del cuerpo legal citado es un
arrendamiento de servicio de custodia, normas que aportan elementos
normativos al contrato.
UND ÉCIMO: Que entendiendo en consecuencia que el arrendamiento
de servicios inmateriales es un contrato en que las dos partes se obligan
recíprocamente, la una a ejecutar una obra inmaterial, o en que predomina la
inteligencia sobre la mano de obra, y la otra a pagar por este servicio un
precio determinado, hace necesario consignar que en cuanto contrato, los
remedios frente a su incumplimiento y al tenor de los art ículos 2009 y 1999
inciso segundo del Código Civil que se vinculan con su terminaci ón, permiten
generalmente a cualquiera de los contratantes a poner t érmino al servicio
cuando quieran o con el desahucio que se hubiere estipulado.

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Incardinado con lo dicho, si bien el citado artículo 2009 entrega reglas


particulares en cuanto a la terminación unilateral de estos contratos, tal
facultad concedida por ley o por la convención de romper unilateralmente la
convención por la sola voluntad sin necesidad de incumplimiento de la
contraria, está limitada a decir de la doctrina a una actuaci ón de buena fe y
noticia con un preaviso razonable a la contraria, so pena de indemnizar los
perjuicios en caso de ejercicio irregular, considerando que el prestador del
servicio pudo incurrir en gastos con ocasión del mismo.
DUOD ÉCIMO : Que abordando derechamente el asunto principal que
plantea el demandado y que dice relación con la calificaci ón jur ídica del
contrato, en tanto sostiene que corresponde dar aplicaci ón al artículo 2009 del
Código Civil, y aun cuando pueda llevar la raz ón en este aserto, no puede
dejar de advertirse que si bien -tal como se dijo- dicha disposici ón admite el
desistimiento unilateral o renuncia sin expresión de causa, conducta que debe
considerarse como una forma de extinción de los contratos, ello no significa
que la articulación de tal derecho en caso de no existir disposici ón legal ni
contractual que lo regule pueda ejercerse sin ulterior responsabilidad, desde
que ante un término intempestivo, abrupto o abusivo, resulta evidente la
aplicación de las reglas sobre responsabilidad contractual de aplicaci ón
general, pues tal ruptura puede importar una infracci ón de la obligaci ón de
ejecutar el contrato de buena fe, considerando que el prestador del servicio
pudo incurrir en gastos en su actividad y/o sufrir perjuicios derivados de la
resistencia del co-contratante en la continuación del v ínculo que los ligaba, lo
que hace razonable reconocer el derecho a la indemnizaci ón de todo el da ño
que se sufra como consecuencia del término de los servicios, manifestado de la
forma anotada.
DECIMOTERCE RO: Que en consonancia con lo expuesto, la
jurisprudencia ha reconocido que si bien en el arrendamiento de servicios
inmateriales cualquiera de las partes puede poner fin a éstos cuando quiera,
tal facultad se entiende conferida sin perjuicio de las indemnizaciones que se
deban a la otra parte, conforme a las reglas generales de los contratos
bilaterales en caso de haberse estipulado un plazo para la duraci ón del
servicio, pues dicha estipulación no se halla prohibida por la ley . En este
sentido, el Ministro Barceló observa en una sentencia que el Repertorio del
Código Civil comenta que “la disposición especial del art ículo 2009, si bien

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faculta a cualquiera de las partes para poner fin al servicio cuando quiera, no
faculta a cada uno de dichas partes para violar impunemente y a su arbitrio la
estipulación del plazo. La citada disposición no ha tenido el prop ósito de
prohibir que se estipule plazo o de declarar que la estipulaci ón de plazo sea
ineficaz en esta clase de contratos; se ha limitado, teniendo en consideraci ón
la naturaleza de estos contratos, a facultar a cualquiera de las partes para
hacerlos cesar cuando quiera. El ejercicio de esta facultad por una de las
partes privará, si se quiere, a la otra del derecho de exigir la ejecuci ón del
contrato por todo el tiempo estipulado; pero, desde que la ley no lo establece
de un modo expreso, no la puede privar del derecho a ser indemnizada de los
perjuicios que la terminación intempestiva de lo pactado no apoyada en el
contrato o en la ley pueda irrogarle”. C. Santiago, 11 septiembre 1889. G.
1889, t II N° 2608, P 140. Repertorio de Legislación y Jurisprudencia
Chilenas, Tomo VIII. pág. 232.
DECIMOCUA RTO : Que en la línea propuesta, no debe perderse
de vista que el recurso de casación en el fondo persigue instar por un examen
del juicio conclusivo de la cuestión principal, desplegado en la sustancia
misma de la sentencia definitiva o interlocutoria que se busca anular, cuyos
desaciertos jurídicos solo autorizan una sanción procesal de esa envergadura
en la medida que hayan trascendido hasta la decisión propiamente tal del
asunto, definiéndola en un sentido distinto a aquel que se imponga seg ún la
recta inteligencia y empleo de la normativa aplicable.
DECIMOQUINTO : Que lo razonado conduce derechamente a
concluir que la imputación de desacato a lo dispuesto en los art ículos
denunciados en el arbitrio no puede por s í sola servir de apoyo id óneo al
remedio procesal que se examina, por ser una condici ón fundamental del
mismo que el yerro jurídico invocado influya sustancialmente en lo dispositivo
del fallo, exigencia que no se cumple en la especie, pues aun de resultar
acertada la interpretación que el impugnante otorga a los preceptos legales
aludidos en su recurso, no puede entenderse que ella haya repercutido en
forma determinante en la resolución del asunto de fondo que viene decidido,
puesto que no obstante existir un error de derecho al estimar aplicables al
caso sub iudice las normas del arrendamiento de cosa referidas
particularmente a los inmuebles urbanos, lo cierto es que aun esa errada
consideración no conlleva la anulación del fallo en examen, desde que la

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correcta mención de las normas que ciertamente regulan la litis, contenidas en


los artículos 2006 y siguientes del Código Civil y en particular en el artículo
2009 de esa codificación -disposiciones que permitían la correcta calificaci ón
del contrato suscrito por las partes- igualmente hubiera llevado a los jueces del
mérito a arribar a idéntica determinación, pues m ás all á de la facultad de
desahuciar que contempla el inciso 1° del citado artículo 2009, la obligación
de indemnizar los perjuicios que ello ocasione se mantiene inc ólume al tenor
de lo preceptuado en el artículo 1545 del Código Civil.
En efecto, tal como se ha venido explicando, sea por aplicaci ón del
artículo 1942 o del artículo 2009, y si bien en el evento de coincidir con el
recurrente respecto de la errada invocación de las normas que sustentan la
decisión recurrida, a la misma conclusión se hubiese arribado respecto de la
obligación del demandado de pagar la prestación del servicio por el plazo
estipulado en el contrato, toda vez que la decisi ón de concluir la convenci ón
sin invocación de causa legal, más allá de encontrarse permitida en este tipo
de negocios, no puede soslayar el hecho cierto del plazo acordado para la
ejecución del servicio de guardia por el tiempo de extensi ón de la obra
constructiva que desarrollaba la demandada, raz ón por la cual no puede
pretenderse que ante la abrupta e intempestiva ruptura del contrato, no se
genere una infracción de la obligación de ejecutarlo de buena fe, antecedente
suficiente para exigir el pago total de lo convenido, como en la especie los
jueces del fondo concluyeron, motivo por el cual no se vislumbra una
infracción de ley que conlleve a acoger el recurso que el perdidoso solicita.
DECIMOSEX TO: Que como corolario de lo que se viene diciendo,
procede concluir que el recurso de casación en el fondo intentado por el
demandado debe ser desestimado.
Y de conformidad además a lo dispuesto en los artículos 764 y 767 del
Código de Procedimiento Civil, se rec haza el recurso de casación en el
fondo deducido por el abogado Andres Esteban Astudillo Sotelo en lo
principal de fojas 139, contra la sentencia de la Corte de Apelaciones de
Santiago de veintidós de diciembre de dos mil dieciséis, escrita a fojas 135.
Regístrese y devuélvase.
Redacción a cargo del Ministro Sr. Valdés.
Rol 6889-2017.

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Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sr.
Patricio Valdés A., Sr. Héctor Carreño S., Sr. Guillermo Silva G., Sra.
Rosa María Maggi D. y Sr. Arturo Prado P.
No firman los Ministros Sr. Valdés y Sr. Prado, no obstante ambos haber
concurrido a la vista del recurso y acuerdo del fallo, por estar en comisi ón
de servicio el primero y licencia médica el segundo.

HECTOR GUILLERMO CARREÑO GUILLERMO ENRIQUE SILVA


SEAMAN GUNDELACH
MINISTRO MINISTRO
Fecha: 12/09/2017 12:25:06 Fecha: 12/09/2017 12:25:07

ROSA MARIA MAGGI DUCOMMUN


MINISTRA
Fecha: 12/09/2017 12:25:07

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Autoriza el Ministro de Fe de la Excma. Corte Suprema

JORGE EDUARDO SAEZ MARTIN


MINISTRO DE FE
Fecha: 12/09/2017 12:53:52

En Santiago, a doce de septiembre de dos mil diecisiete, notifiqué en


Secretaría por el Estado Diario la resolución precedente.

JORGE EDUARDO SAEZ MARTIN


MINISTRO DE FE
Fecha: 12/09/2017 12:53:53

Este documento tiene firma electrónica y su original puede ser


validado en [Link] o en la tramitación de la
causa.
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