APRENDER A PENSAR
Para estudiar bien es necesario pensar bien. Pensar no es sólo comprender lo que está frente a
nosotros sino asociar, comparar, imaginar y crear. Es encontrar soluciones nuevas a nuevos
problemas.
Muchas veces escuchamos decir "Lo que pasa es que los alum nos no saben pensar", y
entonces nos preguntamos: ¿Alguien les enseñó a hacerlo?
Algunas personas tienen una innata facilidad para pensar fructíferamente. Son las personas
que llamamos "talentosas" o "muy inteligentes". La mayoría, en cambio, debe desarrollar esa
capacidad con ejercicio. Lo fundamental no es la facilidad innata sino el interés que la persona
tenga en aprender a pensar y el esfuerzo que dedique a esa tarea.
Conocer algo sobre qué es el pensamiento y cómo se puede desarrollar es importante ya que
la única manera de aprender a pensar es, precisamente, pensando. El comenzar a desarrollar
pensamientos autónomos y creativos ayudará a vencer hábitos de inercia intelectual que están
muy arraigados en las personas. Comenzar a pensar por sí mismo puede convertirse en una
apasionante aventura, y, una vez iniciado, es un proceso que se impulsa a sí mismo.
Parecería que estudiar es una excelente oportunidad para pensar. A primera vista podríamos
creer que los estudiantes son personas que piensan mucho, que cuantos más estudios tiene
una persona más piensa. Experiencias realizadas han mostrado lo contrario: pensaban más y
mejor las personas que menos instrucción tenían. ¿A qué se debe este extraño fenómeno?
Sencillamente a que los estudiantes se acostumbran a ser repetidores 'de pensamientos
ajenos. Estudian lo que otros han descubierto o han pen- sado y lo repiten mecánicamente.
Cuando tienen un problema recurren a esos conocimientos a los libros donde están "todas las
respuestas". Parecería que el que sabe mucho nunca debe pensar por sí mismo porque conoce
todo lo que hay que saber, o sabe conde encontrar la solución adecuada sin ningún esfuerzo.
Las per- soras sencillas, ignorantes, en cambio, "no saben las respuestas" a muchos problemas,
ni saben donde encontrarlas y entonces no tienen más remedio que inventar las soluciones,
imaginar las respuestas. Que esto ocurra es terrible: El estudio puede convertirse en la excusa
para no pensar.
Con el avance de la tecnología cada día se hace más fácil acceder a la información. Antes de is
invención de la imprenta para estudiar y conocer las ciencias había que escuchar a los sabios o
leer valiosísimos libros escritos a mano. Sólo unos pocos tenían acceso a tales conocimientos.
La imprenta convirtió a los libros en algo accesible a todos. Hoy las computadoras ponen of
alcance de la mano, con sólo apretar una tecla, la información de cien bibliotecas, todo frente
a nuestra vista y sin ningún exfuto, Significará esto que el hombre no necesitará pensar más?
Todo lo contrario. Ya no será necesario memorizar tanta información, vero cada día será
necesario desarrollar más la inteligencia, la capacidad de pensar bien, para encontrar
respuesta a problemas que hace años ni siquiera imaginábamos.
Si yo creo que estudiar es recibir información, analizarla y recordarla para poder reproducirla
cuando sea necesario, estoy ha- ciendo el trabajo de una máquina. Me estoy degradando.
Estudiar es mucho más. Debo comenzar a pensar por mí mismo. Cuando leo que un autor dice
algo, esta afirmación debe llevarme a pensar otras posibles respuestas, o a plantearme nuevos
interrogantes. El estudio no debe ser la excusa para no pensar sino, por el con- trario, la
ocasión para lanzare a la aventura del pensamiento.
La ausencia de pensamiento
No pretendemos en estas breves líneas agotar un tema tan amplio como el del desarrollo del
pensamiento, pero intentaremos dar algunas idea…
ción. Al no pensar no tienen cómo cambiar sus respuestas. Son autómatas que tienen un
"libreto" o que están "programados".
4. Reducción de la realidad, extremismo: Las personas que no piensan suelen reducir la
realidad a cosas simples. Todo es blan- co o negro, nada gris. Buscan soluciones extremas y no
pueden imaginar soluciones intermedias. Los demás o son cuerdos o de- mentes, culpables o
inocentes, sanos o enfermos. Se resisten a pen- sar que pueda haber personas, ideas u objetos
que no puedan ser etiquetados en sus simplistas esquemas.
5. Temor a lo nuevo: La persona que no piensa puede resis- tirse a admitir lo novedoso.
Convierte en sagrado lo conocido y re- chaza toda innovación. Descartar algo conocido para
reemplazar- lo, requiere evaluar las ventajas y los inconvenientes, comparar, valorar. Quien no
piensa suele rechazar sin más toio cambio..
6. Impulsividad: A veces la persona que no piensa actúa por impulso. Ve aigo y lo adopta sin
más. Ante una duda o un proble- ma toma instantáneamente una decisión pero no puede
expli- car por qué.
7. Superficialidad: La persona que no piensa conoce sólo las apariencias de las cosas, sólo
aquello que sobresale a simple vista. Jamás se detiene a buscar el fondo de los problemas, se
queda con sus manifestaciones más evidentes y elude las explicaciones pro- fundas.
8. Dependencia: El que no piensa trata de basarse en la auto- ridad de otro. Si alguien refuta lo
que dice contestará "está en el libro" "lo dijo el profesor" pero no sabrá explicar les razones en
las que se basa.
Reconocer cada uno de estos síntomas de la enfermedad nos ayudará a curarnos. Debemos
ver cada uno de ellos y desarrollar en nosotros los anticuerpos. No cerrarnos dogmáticamente.
No esconder nuestra inseguridad en un pensamiento rígido. Mante-
nernos abiertos al diálogo y a la reflexión. No temer a lo nuevo ni
aceptar, tampoco, todo lo nuevo porque sí. No ser impulsivos ni
superficiales. No depender excesivamente de otras personas sino,
por el contrario, confiar en nuestras posibilidades de descubrir la verdad. Necesito desarrollar
estas actitudes para avanzar en el camino del pensamiento.
¿Qué es el pensamiento?
El pensamiento es un proceso interior que parte de una duda y trata de llegar a una respuesta
adecuada a la misma. Pensar es buscar. Algunas exigencias de la vida son cubiertas de una
manera automática recurriendo a los habitos más o menos inconscientes, otras son suplidas
con conocimientos adquiridos y almacenados en la memoria, otras requieren nuestro
pensamiento.
Pongamos un ejemplo: Llego a la puerta de mi casa. La puer- ta está cerrada. Meto la mano en
el bolsillo, saco la llave, abro la puerta y entro. Hice todas esas operaciones automática e
incons- cientemente. Supongamos ahora que no encuentro la llave en el bolsillo porque la
perdí. Trataré de recurrir a mi memoria ¿dónde la dejé? ¿Dónde hay otra llave? Si no tengo
respuesta en mis re- cuerdos, debo comenzar a pensar cada vez más. ¿Cómo hago para entrar
sin llave? ¿Busco un cerrajero? ¿Trato de entrar por la ventana? ¿Le pido permiso a un vecino y
entro por los fondos?...
Los automatismos y los conocimientos guardados en la me- moria se convierten a veces en
obstáculo para el pensamiento. Cuando estudiamos nos acostumbramos demasiado a pensar
que debemos saber lo que está en el libro, que estudiar es recordar, que los problemas que
estudio han sido resultos hace mucho y que no necesito buscar nada porque las respuestas ya
existen. Siempre ten- nemos la llave en el bolsillo o sabemos a quién pedirle otra. Jamás nos
detenemos a pensar cómo entrar sin llave.
Para desarrollar el pensamiento debemos "tirar la llave" de vez en cuando. Cuando un autor
plantea un problema no nos apre- suremos a ver cómo lo resuelve. Tratemos de encontrar
posibles respuestas y luego confrontémoslas con las que da el autor. Ejercí- talo ahora mismo.
Cierra este libro y trata de responder a esta pre- gunta: ¿Qué consejos pueden darse para
desarrollar el pensa- miento?
Este hábito de buscar respuestas por mí mismo me dará sor- prendentes resultados en la vida
como estudiante, pero, fundamen- talmente, me abrirá a un mundo nuevo: el mundo del
perisamien- to. El desarrollo del pensamiento en la etapa de estudiante puede modificar
mucho la manera de ser y de actuar a lo largo de toda la vida (Si me queda alguna duda puedo
volver a leer los síntomas de la ausencia de pensamiento y ver en qué medida hay personas
que los sufren y otras que manifiestan todo lo contrario).
El proceso del pensamiento
Desde la antigüedad se descubrió que el pensamiento tenía dos caminos o métodos: Inductivo
y deductivo.
1. Método inductivo: Consiste en observar una serie de fenó menos para ilegar a una
conclusión general. Parte de lo particular para llegar a lo general. Si caliento un trozo de hierro
y se dilata, y otro trozo de hierro y ocurre lo mismo; si luego experimento que lo mismo pasa
con el cobre y con los demás metales, puedo expresar una fórmula general: "El calor dilata los
metales". Tal es un típico pensamiento inductivo. Para pensar de esta forma lo que debo hacer
es observar la realidad, los fenómenos que se pre- sentan y descubrir en ellos las "leyes".
2. Método deductivo: Es el que permite descubrir algo de- duciéndolo de verdades conocidas.
Es el camino contrario del an- terior: parte de lo general a lo particular. Si yo sé que "el calor
di- lata los metales" y sé que "este objeto es metálico" puedo afirmar "si lo caliento se va a
dilatar". Hay toda una ciencia (la "lógica formal") que enseña cómo sacar conclusiones
correctas por el mé todo deductivo.
Algunos procedimientos para pensar mejor
Brevemente trataremos de ver algunas herramientas que pue- den ser útiles para pensar. No
pretenden agotar el tema pero pue den ser de utilidad. Son procedimientos mediante los
cuales actúa el pensamiento tanto de manera inductiva como deductiva: