Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
LECCIÓN 4: RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS
OBLIGACIONES MERCANTIL
1. CARACTERÍSTICAS DE LA CONTRATACIÓN MERCANTIL
En primer lugar, recordar que se entiende por contrato todo acuerdo de voluntades entre
dos o más personas dirigido a crear obligaciones entre ellas. Esta definición se deduce de
la conjunción de los siguientes elementos:
• Consentimiento común.
• Creación de una obligación.
• Fuerza de Ley entre las partes.
En consecuencia, se califican como contratos mercantiles aquellos que surgen como
instrumento necesario para regular las relaciones jurídicas a que da lugar la actividad
profesional del empresario con los adquirentes de bienes y servicios en el mercado, ya
sean otros empresarios o de los llamados «consumidores». Las características de los
contratos mercantiles son las siguientes:
• Normativa aplicable: Por expresa remisión legal (art. 50 CCom), y salvo en lo
específicamente establecido en el CCom o en leyes especiales, los contratos
mercantiles se rigen por las reglas generales contenidas en la normativa civil, en
todo lo relativo a sus requisitos, modificaciones, excepciones, interpretaciones,
extinción y capacidad de las partes.
• La representación mercantil: Al igual que en el ámbito civil, la representación
es en el tráfico económico un proceder jurídico para que una persona
(representante) intervenga en actos o negocios jurídicos declarando su propia
voluntad, para que ésta surta sus efectos en la esfera personal o patrimonial de
otra persona (representado). La representación puede verificarse de dos maneras:
¾ El representante realiza el acto o negocio en nombre del representado, en
cuyo caso sus efectos se producen inmediatamente en la esfera personal o
patrimonial de éste (representación directa o contemplatio domini). Es
necesario que se inscriba en el Registro mercantil los poderes generales
conferidos a los representantes que colaboren con el empresario en la
explotación de su actividad económica (art. 21 CCom) con el fin de que,
por este medio de publicidad, los terceros puedan conocer en cualquier
momento y con cierta seguridad si quien pretende representarle ha recibido
efectivamente poderes por él o si se han modificado o revocado (STS de 5
de abril de 1982).
¾ El representante realiza el acto o negocio en nombre propio, aunque por
cuenta e interés del representado (representación indirecta o sin
contemplatio domini), en cuyo caso, los efectos del acto se producen en el
representante, el cual deberá trasladarlos a su representado.
• La prueba de los contratos mercantiles: Para la prueba de los contratos
mercantiles son de aplicación las reglas generales contenidas hoy en los arts. 281
y ss. y 299 y ss. LEC), según previene con carácter general el art. 51 CCom.
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
• La interpretación de los contratos mercantiles: Cuando surge una discrepancia
sobre el alcance y el contenido de las voluntades respectivas, debe procederse para
resolverla a la interpretación del contrato, acudiendo para ello a las reglas
contenidas en el art. 1281 y ss. CC, si el contrato es de esta naturaleza, o a las
reglas especiales contenidas en el CCom, si el contrato que motiva la discordancia
es de naturaleza mercantil.
Al respecto, el art. 50 CCom establece que «los contratos mercantiles, en todo lo
relativo a su […] interpretación […], se regirán en todo lo que no se halle
expresamente establecido en este Código o en Leyes especiales, por las reglas
generales del Derecho común». Además, el art. 57 CCom añade que los contratos
deben «ejecutarse y cumplirse» (y, por ende, previamente interpretare) según los
dictados de la buena fe, que adquiere, si cabe, una significancia mayor que en los
contratos civiles (STS de 28 de julio de 1998).
En todo caso, la interpretación no debe estar fundamentalmente dirigida a
descubrir la intención subjetiva que indujo a las partes a expresarse por palabras
determinadas (criterio subjetivo predominante en el sistema civil), sino a
descubrir el sentido recto, propio y usual que las palabras o los términos
empleados poseen en el sector del tráfico profesional en el que el contrato se
estipula (interpretación técnica u objetiva). En definitiva, la interpretación de los
contratos mercantiles no debe restringir los efectos que naturalmente se deriven
del modo con que los contratantes hubiesen explicado su voluntad y contraído sus
obligaciones (interpretación integradora).
Por otra parte, cuando existan divergencias entre los ejemplares del contrato, se
hace prevalecer lo que resulte de los libros del fedatario público, si hubiese
intervenido alguno (art. 58 CCom). Con carácter subsidiario, se aplicarán las
reglas contenidas en los arts. 1281 y ss CC.
Finalmente, agotada la virtualidad de las normas de interpretación sin haber
resuelto las dudas, se decide la cuestión a favor del deudor. Esta solución presenta
la particularidad de diferir de lo que se establece en la normativa civil, según la
cual, en los contratos onerosos las dudas interpretativas se han de resolver en favor
de la mayor reciprocidad de intereses.
¾ Interpretación de los contratos de adhesión: Debe estarse, con
independencia de la exacta naturaleza del contrato, y con independencia
del carácter del adherente (consumidor o profesional) ante todo a lo
dispuesto en el art. 6 de la Ley 7/1998, de 13 de abril, sobre condiciones
generales de la contratación. Este exige que cuando exista contradicción o
discrepancia entre las cláusulas generales y las especiales o particulares de
u contrato deben prevaleces estas sobre aquellas, «salvo que las
condiciones generales resulten más beneficiosas para el adherente que las
condiciones particulares». De otra parte, la interpretación de las cláusulas
oscuras no debe favorecer a la parte que las hubiera redactado, sino que
las dudas que susciten las condiciones generales oscuras «se resolverán a
favor del adherente».
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
¾ Interpretación de los contratos celebrados con consumidores: Será
necesario tener en cuenta, además, las normas expresamente previstas en
el TRLDCU, en especial el art. 80.2, que sienta el principio de la
interpretación más favorable al consumidor (pro consumatore) en caso de
duda sobre el sentido de una cláusula contractual.
1.1. AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD
La idea de contrato tiene su fundamento en el principio de autonomía privada o de
autonomía de la voluntad (art. 1255 CC). En el campo contractual, ésta implica el
reconocimiento a los contratantes de una serie de facultades, las cuales se manifiestan en:
• La libertad de contratación, lo que significa la libre opción de la persona entre
contratar y no contratar, esto es, la libertad de constitución de las relaciones
contractuales, con libertad, por tanto, de elección del otro contratante.
• La libertad del tipo contractual, de manera que los individuos no necesitan
acogerse a los tipos contractuales regulados por las leyes, sino que pueden
constituir libremente otros distintos.
• La posibilidad de modificar libremente en los contratos regulados por la ley, el
contenido legal de dichos contratos, sustituyéndolos por otros.
• La posibilidad de resolver los conflictos que afecten a derechos subjetivos de
carácter disponible, con el objeto de garantizar la tutela judicial de los derechos
de los ciudadanos a través de nuevos sistemas alternativos, entre los que destaca
la mediación.
Ahora bien, la libertad contractual no puede ser absoluta. Con carácter, dicha libertad
queda sujeta a los siguientes límites:
• Las normas a las que el legislador dota de carácter imperativo, normas que
contienen prohibiciones y las que establecen para su inobservancia la sanción de
nulidad. La limitación puede manifestarse mediante la prohibición de un
determinado tipo contractual o de ciertos pactos o cláusulas.
• La moralidad, entendida como un conjunto de las convicciones de ética social
imperantes en un determinado momento histórico y con carácter general en la
comunidad jurídica.
• El orden público, esto es, los principios rectores y fundamentales de la
comunidad, y que se suelen identificar con ciertos principios constitucionales (p.e.,
pactos que contravengan el principio de igualdad o que impliquen la renuncia de
derechos fundamentales).
• La propia imposibilidad de la prestación.
• Protección a la empresa contra cierto tipo de concurrencia: defensa de la
competencia; competencia desleal…
• Los contratos normados, en los que la voluntad libre de los contratantes solo
opera en el momento de la perfección, pero una vez perfecto el contrato, las
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
obligaciones que engendra quedan sustraídas en buena parte a la voluntad de los
contratantes, siendo configuradas por la ley (por ejemplo, el contrato de agencia).
• Especialmente importante en la moderna concepción del derecho mercantil
contractual es la protección del consumidor final de los productos y servicios.
1.2. REQUISITOS
Para que exista un contrato es precisa la concurrencia de los siguientes elementos (art.
1261 CC):
• Consentimiento de los contratantes (art. 1262 a 1270 CC, art. 54 CCom): El
consentimiento se manifiesta como el concurso de la oferta y la aceptación sobre
la cosa y la causa que han de constituir el negocio. Pero para que haya contrato no
basta la mera existencia de la voluntad contractual de cada uno de los contratantes.
Se requiere, además:
¾ que éstos puedan prestar consentimiento, esto es, sean jurídicamente
capaces para contratar;
¾ que la voluntad expresada o manifestada carezca de vicios que incidan en
su validez o eficacia. Así, será nulo el consentimiento prestado por error,
con violencia, con intimidación o dolo.
• Objeto cierto que se materia del contrato (art. 1271, 1272 y 1273 CC): El
ordenamiento jurídico civil tiende a establecerlo como aquella realidad sobre la
que el contrato incide, y en relación sobre lo que recae el interés de las partes o la
intención negocial o móvil esencial del contrato. Es decir, el comportamiento a
que el vínculo obligatorio sujeta al deudor y que tiene derecho a exigirle el
acreedor, referido no al aspecto obligacional objetivo inmediato, o sea a los
derechos y obligaciones que se constituyen, sino al mediato, que puede consistir
en una cosa propiamente dicha, o en un acto de una persona constitutivo de una
prestación.
En cualquier caso, el objeto del contrato real o posible, lícito y determinado o, al
menos, determinable. La consecuencia jurídica de un contrato sin objeto o con
objeto ilícito es la nulidad radical o de pleno derecho, que puede solicitarse en
cualquier momento (es imprescriptible), incluso oponerse por vía de excepción, e
incluso acordarse de oficio.
• Causa de obligación que se establezca (art. 1274, 1275, 1276 y 1277 CC): La
causa es el fin que se persigue en cada contrato, en sentido objetivo. No quiere
decir con ello que los móviles o motivos subjetivos carezcan de trascendencia
jurídica, lo que ocurre que para que lo tenga, es necesario que sean reconocidos
por ambos contratantes y que se eleven a condición determinante del pacto
concertado, y debidamente se exprese (STS 21 de julio de 2003).
La causa constituye la razón objetiva, precisa y tangencial en la formación del
contrato, siendo determinante de su realización (STS 17 de abril de 1997). En tal
sentido, todo contrato tiene una causa y pese a que la misma no se expresa en el
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
contrato, se presume su existencia y su licitud, salvo prueba en contrario del
deudor (STS 31 de mayo de 1999).
Según el tipo de contrato al que nos refiramos, se entiende por causa:
¾ En los contratos onerosos la prestación o promesa de una cosa o servicio
por la otra parte;
¾ En los remunerados el servicio o beneficio que se remunera;
¾ En los sinalagmáticos, el dato objetivo del intercambio de las prestaciones
(STS 30 de junio de 1971);
¾ En las de pura beneficencia, la mera liberalidad del bienhechor.
Cuando falta alguno de estos elementos esenciales del contrato estamos ante un supuesto
de nulidad radical o absoluta del contrato (SAP Valencia 18 de mayo de 2016).
1.3. LA FORMA
En un sentido amplio, se habla de forma para designar el medio de exteriorización del
que las partes se sirven para emitir sus declaraciones de voluntad. En este sentido todos
los contratos son formales, pues todos necesitan de alguna forma para celebrarse. Sin
embargo, en sentido más estricto, el término forma alude al conjunto de solemnidades
exteriores que son consideradas como necesario vehículo de expresión de la voluntad
contractual, la cual debe quedar exteriormente revestida con ellas con el fin de que alcance
plena validez y eficacia jurídica. En el ámbito mercantil, rige el principio de libertad de
forma.
1.3.1 LA LIBERTAD FORMAL (art. 1278 a 1280 CC)
En el ámbito de la contratación mercantil, las necesidades del tráfico en masa, al que
esencialmente conviene la falta de formalidades y la rapidez y el rigor en la ejecución,
justifican la validez del principio de la libertad de forma: en principio, basta la palabra
oral para crear una obligación mercantil.
Por otra parte, los propios particulares han dejado de actuar necesariamente como tales,
individualmente, para organizarse como grupo o grupos en defensa de sus intereses. Por
consiguiente, la agrupación de consumidores y usuarios se ha extendido para buscar, entre
otras cosas, una legislación superadora del esquema codificado que proteja sus intereses
frente a las grandes compañías y a los suministradores profesionales de bienes y servicios
(véase, la Ley General de Defensa de los Consumidores y Usuarios).
Ahora bien, la asunción en el ámbito mercantil contractual de libertad de forma contiene
las siguientes limitaciones:
• La declaración de testigos no es por sí sola bastante para demostrar la existencia
de un contrato cuya cuantía exceda de 9,02 euros, al no concurrir con algún otro
elemento probatorio (art.51 CCom). Es decir, que esta limitación no afecta al
aspecto de la validez y sí solamente al principio de libertad de prueba, privando
de eficacia a la testifical, en el caso de ser la única aducida y exceder del indicado
límite la cuantía de las prestaciones estipuladas (STS 12 de abril de 1946).
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
• Quedan exceptuados de la libertad de forma:
¾ Los contratos que por disposición legal deban reducirse a escritura o
requieran formas o solemnidades necesarias para su eficacia.
¾ Los celebrados en país extranjero en que la ley exija escrituras, formas o
solemnidades determinadas para su validez, aunque no las exija la ley
española.
Puedan citarse como contratos mercantiles formales los siguientes:
a) De sociedad, que debe constar en escritura pública (art. 119 CCom).
b) De transporte, que se exige forma como la carta de porte (art.10 y ss. de la Ley
15/2009, de 11 de noviembre, del contrato de transporte terrestre de mercancías).
c) De fianza, que exige forma escrita (art. 440 CCom).
d) En el derecho marítimo deben constar por escrito y, para su inscripción en el
Registro de Bienes Muebles, en escritura pública u otro de los documentos
indicados en el art. 73 de la Ley 14/2014, de Navegación marítima: la construcción
naval (art. 109 LNM), la compraventa o arrendamiento de buques (art.118 y 189
LNM) y la hipoteca naval (art.128 LNM).
e) De seguro, que debe constar por escrito (art. 5 LSC y art. 421 LNM para el seguro
marítimo).
f) Los documentos cambiarios (letra, cheque y pagaré), que deben reunir las
formalidades de la Ley 19/1985, de 16 de julio, Cambiaria y del Cheque.
g) De transmisión del aprovechamiento de bienes por turno, que deben constar por
escrito (art. 11.1 de la Ley 4/2012, de 25 de junio, de medidas administrativas y
fiscales).
h) Los celebrados a distancia, que se deben formalizar también por escrito o en
cualquier soporte de naturaleza duradera (art. 98 LGDCU).
i) Los celebrados entre el socio único y la sociedad, que deben constar por escrito,
o en la forma documental que exija la ley de acuerdo con su naturaleza, y
transcribirse a un libro-registro (art.16 LSC).
j) Los celebrados para la transmisión de participaciones sociales o constitución de
derechos reales sobre las mismas, que deben constar en documento público (art.
106.1 LSC).
1.3.2. FE PÚBLICA
En relación con la intervención de fedatario público en el ámbito de la contratación
mercantil, pueden citarse como funciones más representativas las siguientes:
• La dación de fe pública, que eleva a la condición de documento público el
documento contractual intervenido.
• Tuitiva o de protección jurídica al consumidor.
• Fiscalizadora de la redacción contractual.
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
• Asesora a las partes contratantes.
De las citadas funciones se derivan, como efectos beneficiosos más destacables, los
siguientes:
• Probatorios: Los documentos públicos hacen prueba plena, aun contra tercero,
del hecho, acto o estado de cosas que documenten, de la fecha en que se produce
esa documentación y de la identidad de los fedatarios y demás personas que, en
su caso, intervengan en ella (art. 1218 CC y art. 319 LEC).
• Ejecutividad: El documento público lleva aparejada acción ejecutiva (art. 517.2
y 520 LEC).
• El derecho preferencial de cobro sobre valores pignorados (art. 320 CCom).
¾ La no reivindicabilidad de los títulos pignorados (art. 324 CCom).
¾ El aseguramiento en cuanto a la identidad y capacidad de las partes (art.
95 CCom).
2. FUENTES DE LAS OBLIGACIONES MERCANTILES. EL
DERECHO UNIFORME DEL COMERCIO INTERNACIONAL. LOS
CÓDIGO DE CONDUCTA Y OTROS INSTRUMENTOS DE «SOFT
LAW».
Me remito a los apuntes que ha colgado el profesor en aula global, excepto al derecho
uniforme del comercio internacional que no está desarrollado.
Así, respecto de la unificación en el plano de la contratación internacional, es necesario
diferencia entre la unificación en el plano legislativo y en el plano efectivo (GONDRA):
• Unificación legislativa: Hace referencia a los logros unificadores que se han
producido sobre la base de convenio internacionales que pueden dirigirse, bien a
unificar las reglas de Derecho internacional privado (como el actual Reglamento
Roma I, sobre la ley aplicable en las obligaciones contractuales); o bien a unificar
el derecho sustantivo, transformándolo en un Derecho material uniforme
directamente aplicable en los diversos Estados que son parte (por ejemplo, la
Convención de Viena de 11 de abril de 1980, sobre compraventa internacional de
mercaderías).
• Unificación efectiva o por «vía de hecho»: Sin perjuicio de lo anteriormente
expuesto, hay que tener en consideración que la vía legislativa tropieza por su
naturaleza con muchos obstáculos (lentitud de los trabajos, resistencia de los
Estados a perder soberanía, ausencia de ratificaciones necesarias, etc.), lo cual ha
provocado que, de manera simultánea y paralela, se haya ido desarrollando un
derecho contractual unificado, por la vía de hecho.
Este derecho, impulsado principalmente por los operadores del comercio
internacional, crean una nueva lex mercatoria, que reviste especial importancia
en el ámbito de la contratación. El mismo tiene un origen extralegal y
extranacional (por ejemplo, las Reglas y usos uniformes sobre créditos
documentarios, elaborados por la Cámara de Comercio Internacional de París).
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
Por consiguiente, aún no siendo «normas» en el sentido estricto del término, están
llamadas a tener una indudable importancia en el tráfico internacional, máxime si
se tiene en cuenta que, en este ámbito, gran parte de las controversias generadas
por la aplicación de los contratos internacional se sustraen al conocimiento de los
tribunales nacionales para ser sometidas a arbitraje internacional, mediante la
correspondiente cláusula de sumisión a arbitraje.
3. RÉGIMEN PROPIO DE LAS OBLIGACIONES MERCANTILES
Las obligaciones mercantiles —que nacen normalmente de los contratos— tienen como
característica, al ser típicas o uniformes, su tendencia a la objetivización, es decir, a no
tener en cuenta la personalidad de las partes que en ellas intervienen, y la necesidad, más
acusada aún que en el Derecho civil, de un exacto cumplimiento. Por consiguiente, las
obligaciones mercantiles contienen las siguientes especialidades:
• Exigibilidad de las obligaciones puras: El rápido cumplimiento y, por ende, la
exigibilidad de las obligaciones puras (no sometidas a plazo, término ni condición
expresos) posee un evidente interés en el tráfico económico porque su
incumplimiento genera, normalmente, perjuicios en el acreedor.
• Plazo para el cumplimiento del pago en las obligaciones mercantiles: El art.
62 CCom establece que las obligaciones mercantiles (no sometidas expresamente
a plazo por las partes o por la Ley) serán exigibles a los diez días después de
contraídas, si sólo produjeran acción ordinaria, o al día inmediato si llevaren
aparejada la ejecución. El CCom concede ope legis en favor del deudor, un plazo
de diez días para el cumplimiento de sus obligaciones ordinarias. Además, el
mismo artículo también veda que los tribunales establezcan el día del vencimiento
de la obligación.
Por su parte, por disposición de la Directiva 2011/7/UE, el artículo 4 de la Ley
3/2004, reformado por la Ley 13/2011, de 26 de julio, de medidas de apoyo al
emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo, establece
las normas sobre el plazo de pago que debe cumplir el deudor. Así establece que
el plazo será:
a) si no hubiera fijado fecha o plazo de pago en el contrato, de treinta días
naturales después de la fecha de recepción de las mercancías o prestación
de los servicios, incluso cuando hubiera recibido la factura o solicitud de
pago equivalente con anterioridad;
b) cuando en el contrato se hubiera fijado un plazo de pago, la recepción de
la factura por medios electrónicos producirá los efectos de inicio del
cómputo del plazo de pago;
c) si de acuerdo con la Ley o lo pactado se han de ensayar o verificar los
bienes o servicios, la fecha de la verificación o prueba servirá para el
cómputo del plazo de los días, que no podrán superar los treinta;
d) los plazos indicados podrán ser ampliados por acuerdo de las partes sin
que puedan superarse los sesenta días naturales.
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
Además, la propia Ley 3/2004 añade en su art. 9 que resultarán nulas las cláusulas
pactadas entre las partes (con independencia de que nos hallemos ante condiciones
generales de la contratación o pacto individual) que alargue el plazo de 30 días
cuando tengan un contenido abusivo en perjuicio del acreedor, consideradas todas
las circunstancias del caso. Por otra parte, como se deduce del art. 4.3 Ley 3/2004,
será nulo siempre y en todo caso el acuerdo por el que se fije un plazo de pago
superior a los sesenta días naturales (STS 688/2016, de 23 de noviembre).
`
Finalmente, cuando nos encontremos ante relaciones con el sector público, el
plazo de pago se reduce a treinta días, «desde la fecha de aprobación de las
certificaciones de obra o de los elementos que acrediten la conformidad con lo
dispuesto en el contrato de los bienes entregados o servicios prestados» (art. 198.4
LCSP). Ello es así porque el legislador es consciente de la propia lentitud de la
Administración Pública a la hora de hacer frente a sus pagos.
• Prohibición de conceder plazos de gracia: De acuerdo con el art. 61 CCom, en
el que se prohíbe a los Tribunales de Justicia al deudor plazos de gracia o de
cortesía en el cumplimiento de sus obligaciones. Así, en el ámbito en el ámbito
mercantil, ha de entenderse que el juez no dispone de la facultad de establecer un
plazo adicional para que el deudor cumpla.
• Presunción de solidaridad en las obligaciones mercantiles: A falta de una
norma establecedora de un carácter general de solidaridad cuando concurran
varios deudores a responder de una obligación mercantil, la doctrina
jurisprudencial declara inaplicable la presunción contraria a la solidaridad (por
todas, STS 31 de octubre de 2005). Así, en aquellos supuestos en los que la
voluntad de los interesados excluye la mancomunidad; lo cual puede deducirse de
hechos que denoten que la intención común de los interesados era favorable a la
solidaridad (en palabras del TS, «solidaridad tácita» [STS 14 de noviembre de
1998]), se aplicará el carácter solidario a fin de ofrecer las necesarias garantías de
todas las operaciones mercantiles a luz del «acervo comercial de la Unión
Europea» (STS 27 de octubre de 1999).
• Sobre la extinción de las obligaciones mercantiles por prescripción: Al igual
que en las obligaciones civiles, las acciones para exigir el cumplimiento de las
obligaciones mercantiles prescriben por el mero transcurso del tiempo
acompañado de la inactividad del acreedor. El concepto, el fundamento y el
régimen general propio de la prescripción propio de la prescripción civil es
aplicable a la prescripción de las obligaciones mercantiles (art. 942 CCom).
Además, aquellas acciones mercantiles que no tengan un plazo especial de
prescripción en los arts. 942 y ss. del CCom, se regirán por lo previsto en las
normas comunes relativas a la prescripción contenidas en el Código civil (art. 943
CCom).
Ahora bien, la prescripción en el ámbito mercantil también presenta
especialidades propias respecto de la prescripción civil:
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
¾ Como regla general, los plazos de prescripción previstos en el CCom
suelen ser más cortos que los civiles, sin duda por la mayor celeridad
exigida por el tráfico económico.
¾ La prescripción en el ámbito mercantil se interrumpe por la interpelación
judicial, por reconocimiento de su obligación, por renovación y por
prórroga de pago (art. 944 CCom), pero no por reclamación extrajudicial
del acreedor. Ahora bien, el TS, en numerosas sentencias (por todas, STS
de 4 de diciembre de 1995) mantiene que no se aprecian razones válidas
para seguir manteniendo que la reclamación extrajudicial no pueda
interrumpir la prescripción también en el ámbito mercantil, pues no se
aprecia razón de especialidad por la que deba prevalecer el principio de
lex specialis derogat generalis; o la infracción del principio de igualdad
del art. 14 CE que se produciría en caso contrario, al tratar peor el acreedor
mercantil que el acreedor civil cuando están ambos ante la misma
situación (una vez más, STS 4 de diciembre de 1995).
4. RÉGIMEN DE LA MOROSIDAD
Según el régimen civil o común ordinario, incurre en mora el deudor cuando por causa
que le es jurídicamente imputable retrasa el cumplimiento de una obligación vencida y es
intimado judicial o extrajudicialmente por su acreedor para que la cumpla (art. 1100 y
1105 CC). La mora civil presupone, pues:
a) La existencia de una obligación vencida e incumplida por causa imputable al
deudor.
b) Que el cumplimiento tardío sea posible y útil al acreedor (de lo contrario, nos
hallaríamos ante un caso de incumplimiento definitivo).
c) La interpelación de pago del acreedor al deudor.
En definitiva, si todas las condiciones anteriormente mencionadas se cumpliesen, el
deudor deberá cumplir la obligación e indemnizar al acreedor.
Sin embargo, la especialidad del régimen mercantil de la mora consiste precisamente en
que el deudor incurre en mora automáticamente cuando desatiende, al no cumplirlas, las
obligaciones que tengan día señalado para su cumplimiento por las partes o por la Ley,
sin necesidad de que el acreedor interpele al deudor (dies interpellat pro homine). Así,
cuando la obligación tiene fecha para su cumplimiento y dicho plazo de incumple, el solo
hecho del vencimiento coloca al deudor en mora desde el día siguiente y con ella se
produce el devengo de intereses a favor del acreedor (art. 63.1 CCom).
Por consiguiente, la diferencia entre la mora civil y la mercantil radica en que ésta se
genera por el mero incumplimiento del plazo, mientras que en el régimen civil, para que
exista mora, el incumplimiento del plazo debe ir acompañado de la interpelación. La
causa del diferente régimen jurídico parece estribar en que si todo retraso impide al
acreedor recibir la prestación en el momento convenido, lo cual le perjudica (porque le
priva de ella o puede impedirle cumplir el contrato estipulado con otro sujeto), en el
tráfico económico ello produce, además, un especial enriquecimiento en el patrimonio
del deudor, porque se presume que éste obtiene un beneficio o una rentabilidad de la
prestación retenida (invertida o invertible en actividades económicas) que debe por tanto
Lin Cheung Wan
Universidad Carlos III de Madrid
entregar al acreedor. En suma, puede afirmarse que en el Derecho mercantil el plazo se
configura como esencial porque genera automáticamente los efectos de la mora, pero no
efectos resolutorios inmediatos, a menos que esto último sea solicitado por el acreedor, o
resulte expresamente establecido en la Ley.
En cuanto a las consecuencias de la mora mercantil, han de tenerse en cuenta diversas
especialidades:
• En las relaciones entre empresarios será de aplicación la Ley 3/2004, de 29 de
diciembre, por la que se establecen medidas de lucha contra la morosidad en las
operaciones comerciales, de forma que el interés de demora (que se devenga
automáticamente desde que se produzca el incumplimiento, salvo que el deudor
no sea responsable del retraso) será el pactado en el contrato (arts. 5 y 6 Ley
3/2004).
En defecto de pacto, el interés de demora vendrá constituido por «la suma del tipo
de interés aplicado por el Banco Central Europeo a su más reciente operación
principal de financiación efectuada antes del primer día del semestre natural de
que se trate más ocho puntos porcentuales» (art. 7.2 Ley 3/2004).
• Son nulas las cláusulas que se aparten de lo que establece el art. 7.2 Ley 3/2004
respecto del interés de demora que habrá de pagar el deudor cuando tengan un
contenido abusivo en perjuicio del acreedor, consideradas todas las circunstancias
del caso (art. 9.1 Ley 3/2004).
• Por otra parte, la Ley 15/2010, de 5 de julio, de modificación de la Ley 3/2004, de
29 de diciembre, declara igualmente nulas por abusivas las cláusulas «que resulten
contrarias a los requisitos para exigir los intereses de demora del art. 6», siempre
que tengan, también aquí, un contenido abusivo en perjuicio del acreedor,
consideradas todas las circunstancias del caso (art. 9.1 Ley 3/2004).