El suicidio
La pérdida de una vida por suicidio resulta una crisis vital de gran peso emocional
para los familiares y cercanos de la víctima. Ante el suicidio, surgen el dolor y las
preguntas, los interrogantes, las búsquedas de sentido, e incluso, en numerosas
ocasiones, la búsqueda de culpables o de chivos expiatorios.
“El suicidio es un enigma. En su análisis, se encuentran múltiples significaciones, lo
cual da cuenta de lo indescifrable del acto, así como la ausencia de referencias
concluyentes y explicaciones ante el hecho trágico” (“Mi vida, tu vida, la de todos,
2019, [Link]
En esta lectura, abordaremos el campo de acción de la psicología forense en el
ámbito del suicidio, a fin de que puedas identificar las variables psicopatológicas y la
forma de evaluarlas; los conocimientos de la psicopatología adquiridos, aplicar estos
conocimientos; identificar los elementos de un proceso de investigación
criminalística, de acuerdo a los fenómenos psicopatológicos presentes; señalar los
elementos que se deben emplear para llevar a cabo una adecuada valoración
psicopatológica en un proceso de investigación criminalística y reconocer los
recursos humanos para la valoración psicopatológica forense, en el contexto de
situaciones reales o ficticias.
El suicidio
El suicidio. Nociones generales y conceptuales
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LECCIÓN 1 de 6
El suicidio
El suicidio es un problema complejo, cuyo abordaje conlleva un compromiso
social de gran relevancia. Considerando que puede prevenirse en muchos de
los casos, las actividades de prevención exigen la coordinación y
colaboración de múltiples sectores de la sociedad. El hecho de que los
índices reflejen que son cada vez más jóvenes las personas que tienen este
tipo de conducta —o lo intentan— es alarmante y requiere atención y
respuesta a nivel sistémico. No obstante, identificar a aquellas personas que
son potencialmente proclives al suicidio no es tarea fácil.
Vale preguntarnos entonces, ¿Cuál es el perfil de un suicida? Según los
psicólogos, una persona que comenta a otra que quiere suicidarse es un
candidato. Otro perfil destacado es el de aquella persona que lleva tiempo
pensando en la forma de acabar con su vida, a veces, años. Igualmente, hay
otros que lo intentan hasta dar con la forma menos dolorosa o segura de
llevarlo a cabo. Por ende, para reconocer el perfil de un suicida, es necesario
indagar en lo que acontece en la mente de una persona, bien sea que insinúe
o exprese ideas suicidas, lo intente por primera vez, repita el intento o que,
finalmente, ejecute el acto.
Ahora bien, ¿Qué ocurre cuando no existe claridad de que una muerte
ocurrida se trata de un suicidio consumado? En estos casos, debe efectuarse
una autopsia psicológica para evaluar “cómo era la víctima en vida, su
comportamiento y estado mental, tras una reconstrucción social, psicológica
y biológica post mortem” (Núñez de Arco, 2015, p. 337), comenzando en la
escena de muerte.
Debemos recordar que esta técnica de investigación nació en el campo
forense para determinar la manera de muerte en casos dudosos, para
descartar el suicidio, y es allí donde se aplica, en el análisis de las
circunstancias de muerte de una persona. De allí que, ante la muerte
violenta, es vital su aplicación para descubrir la manera en que ocurrió, ya
que pueden surgir dudas que lleven a necesitar datos psicológicos del occiso,
para esclarecer la forma de su deceso en el proceso de investigación
criminalística respectivo.
Además de la aplicación en el esclarecimiento de la muerte, debemos tener
presente que el análisis del funcionamiento mental de las víctimas puede
arrojar datos relevantes para la prevención y predicción de la conducta
suicida, ser un instrumento de gran valor al establecer políticas de
prevención en suicidios, arrojar datos terapéuticos para familiares y
allegados, incluso, para la comunidad, y ser aplicados para estudios de
grupos etarios del suicidio, fundamentalmente, para aspectos preventivos.
Bajo esta comprensión, intentaremos tomar los conocimientos previos y
actuales que permiten acercarnos al suicidio, para poder sistematizarlos,
encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en el análisis de situaciones
concretas.
Para ello, en la presente lectura, nos centraremos en el siguiente relato:
Se trata de Laura. Esta joven vivía en la provincia de Buenos
Aires, en Gonnet. Cursaba cuarto año del secundario. Vivía
con su madre, actriz, con la que tenía una relación conflictiva.
Veía esporádicamente a su padre, quien las abandonó cuando
Laura era muy pequeña. Sin embargo, cuando compartían,
Laura se sentía muy a gusto, era alegre y manifestaba su
preferencia por él. Cuando estaba en tercer año, su madre la
cambió de colegio. Pasó de la Escuela Italiana, institución
privada a la que concurría desde jardín de infantes, a una
prestigiosa escuela de la capital provincial, porque, en la
primera, consideraron que su rendimiento no alcanzaba el
nivel esperado y no le permitieron seguir cursando allí. Ella
pensó que era injusto. No se sentía a gusto en la nueva
escuela, aunque tenía algunas amigas. Comenzó a
manifestar desánimo, no se aseaba, no quería salir, no quería
ver a sus amigas, hacía dibujos terroríficos, pasaba muchas
horas aislada de los demás en la computadora, había
adherido a la ideología nazi. Ni sus padres ni la escuela
intervinieron frente a estas señales, aunque supieron que
comentaba con sus amigas que no valía la pena vivir, que la
vida era una porquería. Tenía 16 años cuando apareció
muerta en un salón de su colegio. Los investigadores estiman
que preparó la escena de su suicidio: llevó música de una
cantante conocida que se suicidó del mismo modo en que fue
encontrada, y sus amigas comentaron que ese día les había
dicho que no fueran a clase. Su muerte resultó de un disparo
en el rostro con un revólver. Las evidencias muestran que el
disparo provino de su mano. Sus padres se negaron a aceptar
que se tratara de un suicidio, aunque el padre reconoce que el
revolver encontrado en la escena era de su pertenencia.
Ambos padres solicitan que se realice una autopsia
psicológica que ayude a determinar las circunstancias de su
muerte (“El suicidio en la adolescencia. Situación en
Argentina”, 2019).
Habiendo leído el relato anterior, corresponde adentrarnos a gestionar los
conocimientos acerca del suicidio, para poder sistematizarlos, encausarlos,
relacionarlos y aplicarlos en el análisis de situaciones concretas. Para esto,
abordaremos primero su concepto, a fin de encaminarnos a reflexionar en
torno a su aplicación en el caso planteado.
“La totalidad de los autores acuerda vincular los fenómenos
del suicidio en general con un modelo plurifactorial que
implica, a la vez, factores socioculturales, ambientales y
psicopatológicos” (“El suicidio en la adolescencia. Situación en
Argentina”, 2019,
[Link]
[Link]).
C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 6
El suicidio. Nociones generales y conceptuales
Existen distintos desarrollos que afirman que el suicidio conlleva un proceso
previo. Comienza con una idea de muerte, a la que le sigue la idea de
matarse y, posteriormente, la planeación. Luego, puede existir un intento de
suicidio o la consumación efectiva. Mientras más tiempo pase una persona
pensando en cómo matarse, más probabilidades existen de que lo lleve a
cabo. Y entre más intentos tenga, más cerca está de consumar el suicidio.
No existe un tiempo determinado para su ejecución. Puede llevar días,
semanas, meses o años. En algunos casos, la persona se detiene en alguna
de las fases, sin llegar a cometer el acto suicida.
Atendiendo al caso planteado, podemos observar que, si bien no tenemos
datos acerca de intentos anteriores ni tiempo determinado en cuanto a su
ejecución, el acto suicida de Laura comenzó con una idea de muerte, a la que
le siguió la idea de matarse y, posteriormente, la planeación, que se muestra
en haber ejecutado el hecho con un revólver que le pertenece a su padre,
preparar la escena llevando música de una cantante que se suicidó del
mismo modo que fue encontrada, decirle a sus amigas que ese día no fueran
a clase, etc.
Ahora bien, ¿Cómo podemos definir el suicidio? Cada autor tiene su propia
definición de lo que es suicidio. La palabra suicidio procede del latín. Se
compone de dos términos: sui (de sí mismo) y caedere (matar).
Etimológicamente significa matarse a sí mismo. Esta es una definición muy
amplia.
La definición de lesiones sobre uno mismo con el fin
concreto de quitarse la vida es un poco más exacta. Esta
finalidad, además, es lo que diferencia al suicidio del
autolesionismo y del accidente. [De allí que, para este
autor] el suicidio es la búsqueda de la muerte intencional,
consciente y autoinfligida. Para nosotros, la definición de
suicidio es la acción de quitarse la vida de forma voluntaria
y premeditada. Significa, pues, darse muerte a uno mismo.
(Núñez de Arco, 2015, p. 290).
El suicidio es definido por la Organización Mundial de la
Salud (OMS) como todo acto por el que un individuo se
causa a sí mismo una lesión o un daño, con un grado
variable de la intención de morir, cualquiera sea el grado de
la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil.
(“Suicidio”, 2014,
[Link]
salud/suicidio-
2/#:~:text=El%20suicidio%20es%20definido%20por,de%20c
onocimiento%20del%20verdadero%20m%C3%B3vil%E2%80
%9C.).
En concordancia con la definición, una de las representaciones más
extendidas y que forma parte de un cierto sentido común sobre el suicidio
remite a la imagen de un acto individual con un propósito claro. Sin embargo,
esta imagen debe ser puesta en tela de juicio, ya que diversos autores dan
cuenta de una complejidad mayor, donde prevalecen la multicausalidad y el
enigma (“Suicidio”, 2014).
De allí que, en el caso planteado, podemos definir el acto ejecutado por Laura
como suicidio, pues buscó su muerte de forma intencional, mediante un
disparo en su rostro. Fue consciente, pues se hizo del arma, preparó la
escena y dijo a sus amigas que no fueran al colegio ese día; y autoinfligida,
pues las evidencias muestran que ella se disparó. Sin embargo, queda
pendiente por parte de los investigadores dar cuenta de la complejidad
mayor del caso e indagar en la posible multicausalidad del acto suicida, al
realizar la autopsia psicológica.
“Los criterios para identificar si una muerte es un suicidio fueron valorados en
un grupo de trabajo de la OMS reunido en Nueva York en 1986 y después
fueron escogidos en un trabajo de Van Egmond y Cols (1989)” (Núñez de
Arco, 2015, p. 290).
Estos criterios que conforman, a su vez, un concepto del suicidio, son los
siguientes:
“Un acto con una consecuencia fatal;
cometido deliberadamente por el propio difunto;
con conocimiento o expectativas de su desenlace fatal;
mediante el cual el difunto pretendía producir cambios que él o ella
deseaban” (Núñez de Arco, 2015, p. 290).
Conforme a esto, podemos decir que Laura ejecutó un acto con una
consecuencia fatal (su muerte), que fue cometido por ella deliberadamente
(lo planificó), con conocimiento de su desenlace fatal (eligió dispararse en el
rostro para darse muerte), mediante el cual pretendió producir los cambios
que deseaba (morir: comentaba con sus amigas que no valía la pena vivir,
que la vida era una porquería).
Podemos preguntarnos, entonces, ¿cuáles son las causas del suicidio de
Laura? “Desde la perspectiva filosófica, sociológica y clínica, se pueden
buscar múltiples factores que se pueden englobar en cuatro causas” (Núñez
de Arco, 2015, p. 290). Estas deben ser examinadas en la autopsia
psicológica solicitada por los padres de Laura:
1 Enfermedad depresiva: se puede determinar con intervención de la
psicopatología estudiando los síntomas que presentaba Laura, en
consonancia con lo establecido en el DSM al realizar la autopsia
psicológica.
2 Falta de apoyo familiar y social: para abordar esta posible causa, es
necesario indagar en el contexto de Laura, a través de técnicas
propias de la psicología, como pueden ser entrevistas a su entorno.
3 Letalidad. Conflictiva real: es la probabilidad de que un individuo
específico se mate a sí mismo en el futuro inmediato. Es sinónimo
de la mortalidad del acto y es una dimensión muy importante para
entender a cualquier persona potencialmente suicida. (Núñez de
Arco, 2015, p. 291).
Por ende, para reconocer si un individuo es suicida, es necesario evaluarlo
para determinar si está experimentando una aguda exacerbación de su
letalidad, es decir, que sea un suicida en potencia. En este aspecto, debemos
acotar que los intentos de suicidio tienen muchos significados y, sea cual sea
su grado de letalidad, deben tenerse en cuenta seriamente.
La persona que realiza un intento de suicidio porque dice
que no sirve para nada vivir no quiere decir que,
necesariamente, quiera morir, sino que debe querer decir
que, viviendo como él vive, su potencial de ser alguien que
merezca la pena se ha agotado. (Núñez de Arco, 2015, p.
291).
A este respecto, en la autopsia psicológica se puede determinar la
probabilidad de que Laura se diera muerte por haber experimentado una
aguda exacerbación de su letalidad, es decir, que fuera una suicida en
potencia. Se indagará si hubo intentos de suicidio previos.
4 Impulsividad (personalidad), esta eventual causa puede ser
abordada desde la psicopatología identificando las características
de la personalidad de Laura, en consonancia con los trastornos de
personalidad determinados en el DSM al realizarse la autopsia
psicológica.
Conforme a lo expuesto, es evidente que la psicología forense confluye con
la psicopatología en este tema, cruce en el cual ostenta una relevancia
importante para llegar a una aproximación de las causas que pueden llevar a
una persona a tener ideas suicidas, intentar cometer suicidio o, en el peor de
los casos, ejecutarlo y consumarlo. En el caso de Laura, la autopsia
psicológica como técnica aplicada en psicología forense dará luces al
respecto de estas causas y confluirá con la psicopatología respecto a lo
previamente señalado.
Si bien pueden existir diversas causas que inciden en la conducta suicida,
vale preguntarnos, ¿por qué en un determinado momento alguien toma esta
decisión? Como base para aclarar o explicar esta interrogante, usaremos
cuatro teorías.
1 Teoría suicidio / enfermedad mental. Esta antigua teoría surgió al
comprobarse que el suicidio supone una ruptura de las normas
sociales, en un momento en el que este acto no se comprendía,
sobre todo, en países católicos, donde el suicida no podía ser
enterrado en cementerios religiosos, sino civiles. Así, el suicidio se
justificaba con la enfermedad mental para poder ser enterrado en
suelo santo y solía dejar estigmas en el seno de la familia en la que
se producía.
2 Teoría suicidio / balance. Para esta teoría, una persona comete
suicidio cuando no existe un balance o equilibrio entre el esfuerzo
por alcanzar un logro aspirado, de cualquier naturaleza, y el
esfuerzo para conseguirlo. Así, la persona comete suicidio al
concluir que el esfuerzo no se ha compensado.
3 Teoría suicidio en cortocircuito neuronal. Explica, muchas veces, el
suicidio en mujeres, sobre todo, tras un fracaso amoroso. También
explica el suicidio con otros problemas, ante los que la persona no
sabe qué hacer. En estos casos, la víctima no analiza la situación,
que ve como insalvable, cuando, si se parara a pensarlo, concluiría
que no es para tanto.
4 Teoría suicidio inducido. Esta teoría considera dos tipos de suicidio:
el colectivo, asociado a sectas; y el suicido de a dos, asociado a
parejas. En este caso, si el miembro fuerte de la pareja sobrevive,
sospecharemos de homicidio y simulación de suicidio. Aunque, en
la mayoría de los suicidios, se pueden observar eventos que
implican a dos personas, este aspecto diádico posee en sí mismo
dos variantes: una, durante la prevención del suicidio, en la que
debe tratarse con la otra persona significativa; y la otra, en el caso
de cometido el suicidio, en la que debe tratarse con la víctima que
sobrevive al suicida. Aunque el drama suicida se desarrolla en el
interior de la cabeza de una persona, la mayor parte de la “tensión
suicida” se desarrolla entre dos personas que se conocen muy bien
la una a la otra, esposa y esposo, padre e hijo, o amante y amante.
(Núñez de Arco, 2015, p. 294).
De acuerdo a lo expuesto, ¿Cómo podemos aplicar estas teorías para
explicar que, en un determinado momento, Laura tomara la decisión de
suicidarse? En el caso planteado, es factible pensar que quizá Laura tomó
esta decisión porque no existía un balance en su esfuerzo por rendir en el
colegio donde estudió desde su infancia y de donde fue cambiada por su
madre, lo cual pensó que era injusto (teoría suicidio/balance). O quizá, por
sentir que su problema de rendimiento escolar, la conflictividad en su relación
con su madre o la preferencia por su padre, a quien no tenía siempre a su
lado, eran situaciones insalvables (teoría suicidio en corto circuito neuronal).
O quizá, se trató de tensión suicida, desarrollada entre Laura y su madre, por
la relación conflictiva que tenían, o entre Laura y su padre, por la inestabilidad
de su acercamiento (teoría suicidio inducido).
Ahora bien, los mecanismos suicidas siguen siendo clásicos y típicos, y se
engloban en tres grandes grupos:
1 Métodos asfícticos: ahorcadura, sumersión.
2 Grandes traumatismos: precipitación, atropello, tren, armas
blancas (sección de venas y degüello), armas de fuego.
3 Intoxicaciones: barbitúricos (preferido por las mujeres), monóxido
de carbono, plaguicidas (Núñez de Arco, 2015).
Por su parte, los métodos comunes utilizados para llevar a cabo el acto
suicida se subdividen en dos grupos:
1 Métodos de acción lenta: ingestión de medicamentos o sustancias
nocivas, uso de bebidas alcohólicas, dejar de comer, uso de drogas.
2 Métodos de acción rápida: uso de armas de fuego, ahogarse, saltar
de un piso alto, tirarse de un auto en movimiento, accidente de
autos, ahorcamiento, cortarse las venas. (Núñez de Arco, 2015, p.
295).
Como podemos observar, en el caso presentado, Laura utilizó como
mecanismo suicida un arma de fuego, específicamente un revólver. Se
ocasionó la muerte a través de un método de acción rápida.
Ahora bien, todo suicidio es, en principio, una muerte violenta y, como tal,
debe ser investigada por las autoridades. De allí que, en el caso planteado,
los investigadores deben indagar de la forma más abierta y completa posible,
comenzando por examinar la escena de los hechos.
En casos de aparente suicidio, como el de Laura, deben ser tomados en
consideración no solo los factores de orden criminalístico y médico-forense,
sino que debe realizarse la autopsia psicológica solicitada (técnica que ya
hemos abordado en su oportunidad), para ayudar a esclarecer las
circunstancias de su muerte. Debemos recordar que esta técnica viene
practicándose cada vez con mayor frecuencia para determinar cuál era el
estado mental de la persona antes de su muerte.
Debemos reiterar que, en la investigación de muertes violentas, el análisis
del funcionamiento mental de las víctimas puede arrojar datos relevantes y
puede ser un instrumento de gran valor para establecer políticas de
prevención en suicidios. De igual forma, el estudio psicológico de una víctima
de suicidio y el esclarecimiento de sus circunstancias mentales al momento
de su muerte pueden arrojar datos terapéuticos para familiares y allegados,
incluso, para la comunidad. También puede propiciar estudios de grupos
etarios del suicidio, para aspectos preventivos.
Clasificación
Si aceptamos la definición de que suicidio es la acción de quitarse la vida de
forma voluntaria y premeditada, significa, pues, darse muerte a uno mismo.
En relación con este comportamiento, diferenciamos:
Conductas suicidas: son las encaminadas a conseguir ese fin —
consciente o inconscientemente— o el aniquilamiento de una parte
de la persona.
Simulación suicida: es la acción de suicidio que no llega a su fin, por
no existir auténtica intención de llegar a él.
Riesgo de suicidio: es la posibilidad de que una persona atente
deliberadamente contra su vida. Dicho riesgo se incrementa si
existe la idea de minusvalía de la vida, deseo de muerte por
considerarla un descanso, amenazas y tentativas suicidas previas.
Suicidio consumado: es el intento que ha tenido éxito, bien como
expresión de los auténticos deseos suicidas o como una casualidad
no deseada dentro del comportamiento suicida. (Núñez de Arco,
2015, p. 301).
Intento de suicidio o parasuicidio: es aquel acto sin resultado de
muerte, en el que un individuo, de forma deliberada, se hace daño a
sí mismo.
Suicidio frustrado: es aquel acto suicida que, de no mediar
situaciones fortuitas, no esperadas o causales, hubiera terminado
en la muerte.
Suicidio accidental: es aquel realizado con un método del cual se
desconocía su verdadero efecto, o con un método conocido, pero
que no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por
el sujeto al llevar a cabo el acto.
Suicidio intencional: es cualquier lesión autoinfligida
deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de morir y
cuyo resultado es la muerte.
¿Qué podemos decir respecto al caso planteado? Es evidente que se trata de
un suicidio intencional, pues Laura se infligió una lesión deliberadamente
(obtuvo un revolver y se disparó en su rostro) con el propósito de morir y cuyo
resultado fue su muerte; y consumado, pues el intento de Laura tuvo éxito
como expresión de sus auténticos deseos suicidas (comentaba con sus
amigas que no valía la pena vivir, que la vida era una porquería). Se evidencia,
también, una conducta suicida, pues se encaminó a conseguir ese fin
conscientemente (tenía el arma y preparó la escena).
El acto suicida tiene varios estadios, desde la toma de
decisión, que incluye planes de preparación y distorsión
cognitiva con frases como: “no hay más salida”, “cada vez
estoy peor”, “no puedo seguir”, “nada se puede hacer”,
entre otras. (Núñez de Arco, 2015, p. 311).
Tal como se observa en el caso planteado, el acto suicida de Laura tuvo
varios estadios desde que tomó su decisión, incluyendo planes de
preparación (obtener el arma, escoger la música, decir a sus amigas que no
fueran al colegio ese día) y distorsiones cognitivas (comentar con sus amigas
que no valía la pena vivir, que la vida era una porquería).
En este sentido, es importante distinguir los síntomas que anteceden al acto
suicida, tomando en cuenta los siguientes indicadores:
1 Reducción del ámbito de la vida psíquica, aislamiento y
estancamiento de la energía.
2 Inhibición de las agresiones: al sujeto lo agreden y no puede
descargar hacia los demás, las soporta hasta que las vuelve contra
sí mismo.
3 Deseos de muerte y fantasía de autodestrucción.
4 Manejo del suicidio como solución en broma o en serio, directa o
indirectamente. (Núñez de Arco, 2015, p. 311).
De acuerdo al caso presentado, ¿podemos distinguir estos indicadores en
Laura? Es evidente que Laura presentó síntomas que debieron ser tomados
en cuenta por sus padres y su escuela, como indicadores que antecedieron a
su acto suicida, pues, después de haber sido cambiada de colegio, comenzó
a manifestar desánimo, no se aseaba, no se duchaba, no quería salir, no
quería ver a sus amigas, hacía dibujos terroríficos, pasaba muchas horas
aislada de los demás en la computadora, había adherido a la ideología nazi y
comentaba con sus amigas que no valía la pena vivir, que la vida era una
porquería.
¿Es factible decir, entonces, que Laura tenía un comportamiento suicida?
Efectivamente, este comportamiento existe y comprende la variedad de
pensamientos y conductas que incluyen la ideación suicida, intentos suicidas
y el suicidio consumado, que, ocasionalmente, son verbalizadas u
observadas por sus allegados. Como podemos ver en el caso planteado,
Laura tenía un comportamiento suicida por la variedad de pensamientos y
conductas: la ideación de su suicidio (planificación y preparación de la
escena), verbalización de sus ideas a sus amigas en donde pueden verse sus
distorsiones cognitivas (no vale la pena vivir, la vida es una porquería), hasta
llegar a consumar su muerte.
Pensemos ahora:
¿El suicidio puede constituir un acto racional propio de una
persona que está sufriendo una enfermedad psiquiátrica?
La inmensa mayoría de los suicidios, más del 90 %, ocurren
en sujetos que presentan trastornos psiquiátricos en el
momento de cometer el acto… En ausencia de una nota
suicida, en presencia de un historial inadecuado, muchos
casos de suicidio son ocultados por los padres y médicos
benevolentes, que los hacen pasar por accidentes... [Por
esto] para comprender el suicidio, hay que conocer los
pensamientos y sentimientos del sujeto, el funcionamiento
del yo (personalidad), los conflictos conscientes e
inconscientes de la persona, las relaciones e integración
con su prójimo y su participación sociomoral en sus grupos
de referencia. (Núñez de Arco, 2015, p. 305).
Tomando en cuenta lo expuesto, ¿es factible que Laura presentara un
trastorno psiquiátrico al momento de cometer el acto suicida? Consideramos
que existe esta posibilidad. Por eso, es lamentable que ni sus padres ni la
escuela intervinieran frente a las señales que comenzó a manifestar y que
eran de su conocimiento (desánimo, falta de aseo, no querer salir, no querer
ver a sus amigas, hacer dibujos terroríficos, horas de aislamiento en la
computadora, adherir la ideología nazi, comentar con sus amigas que no
valía la pena vivir, que la vida era una porquería). Vemos así, que el suicidio
de Laura pretende ser ocultado por sus padres, al no aceptar que ella se dio
muerte a sí misma, y por eso solicitan que se realice la autopsia psicológica,
buscando, quizás, hacerlo pasar por accidente, por no conocer el
funcionamiento de su personalidad, sus conflictos conscientes e
inconscientes, sus relaciones e integración con otros, y su participación
sociomoral en sus grupos de referencia.
Diagnóstico
En el DSM-5, y por primera vez, aparece el suicidio como trastorno de
comportamiento. Los criterios propuestos para su diagnóstico son los
siguientes:
El individuo ha realizado un intento de suicidio en los últimos 24
meses. Un intento de suicidio es una secuencia de
comportamientos iniciada por el propio individuo, quien, en el
momento de iniciarlos, espera que el conjunto de acciones lleve a
su propia muerte. El momento de inicio es el momento en el que
tuvo lugar un comportamiento vinculado al método del suicidio.
El acto no cumple criterios para la autolesión no suicida, es decir, no
conlleva una autolesión dirigida a la superficie corporal que se
realiza para aliviar un sentimiento o estado cognitivo negativo o
para conseguir un estado de ánimo positivo.
El diagnóstico no se aplica a la ideación suicida o a los actos
preparatorios.
El acto no se inició durante un delirium o un estado de confusión.
El acto no se llevó a cabo únicamente con un fin político o religioso.
(“DSM-5. Trastorno de comportamiento suicida”, s. f.,
[Link]
Se debe especificar el estado actual: que no han transcurrido más de 12
meses desde el último intento. Y la remisión inicial: que hayan transcurrido
12-24 meses desde el último intento (“DSM 5. Trastorno de comportamiento
suicida”, s. f.).
La manifestación fundamental del trastorno de
comportamiento suicida es un intento de suicidio. Un
intento de suicidio es un comportamiento que el individuo
ha llevado a cabo con, al menos, cierta intención de morir.
El comportamiento puede dar lugar o no a lesiones o
consecuencias médicas graves. Hay varios factores que
pueden influir en las consecuencias médicas del intento de
suicidio, como una planificación pobre, la falta de
conocimiento acerca de la letalidad del método elegido, la
escasa intencionalidad o la ambivalencia, o la intervención
casual de otras personas después de haberse iniciado el
comportamiento suicida. Estos factores no deberían
considerarse a la hora de asignar el diagnóstico.
Determinar el grado de intención puede suponer un reto.
Los individuos pueden no reconocer su intención, en
especial, en las situaciones en las que hacerlo puede
suponer una hospitalización o provocar sufrimiento a sus
seres queridos. Algunos marcadores de riesgo incluyen: el
grado de planificación, que implica la elección de un tiempo
y un lugar que minimicen la probabilidad de rescate o de
interrupción; el estado mental del individuo en el momento
del comportamiento, en donde la agitación aguda es
especialmente preocupante; un alta reciente de una unidad
de hospitalización; o la suspensión reciente de un
estabilizador del ánimo, como el litio, o de un antipsicótico,
como la clozapina, en el caso de la esquizofrenia. Algunos
ejemplos de desencadenantes ambientales son: enterarse
recientemente de un diagnóstico médico potencialmente
letal; como cáncer; experimentar la pérdida brusca e
inesperada de un pariente cercano o una pareja; la pérdida
del empleo; ser desalojado del domicilio. Por el contrario,
características como hablar a los demás acerca de los
eventos futuros o estar dispuesto a firmar un “pacto de no
suicidio” serían los indicadores menos fiables.
Para que se cumplan los criterios, el individuo debe haber
realizado, al menos, un intento de suicidio. Los intentos de
suicidio pueden implicar comportamientos en los que, tras
iniciarse el intento de suicidio, el sujeto cambió de opinión o
intervino otra persona. El acto no debe cumplir los criterios
para la autolesión no suicida, es decir, no debe conllevar los
episodios autolesivos repetidos (por lo menos, cinco veces
en los últimos 12 meses) que se realizan para aliviar un
sentimiento/estado cognitivo negativo o para conseguir un
estado de ánimo positivo. El acto no debe haberse iniciado
durante un delirium o un estado de confusión. Si el individuo
se intoxicó deliberadamente antes de iniciar el
comportamiento para disminuir la ansiedad anticipatoria o
minimizar la interferencia con el comportamiento que tenía
planeado, se debería realizar el diagnóstico. (“DSM 5.
Trastorno de comportamiento suicida”, s. f.,
[Link]
En cuanto a los marcadores diagnósticos:
A menudo, aparecen anomalías en las pruebas de
laboratorio, como consecuencia del intento de suicidio. El
comportamiento suicida que produce una pérdida de
sangre puede acompañarse de anemia, hipotensión o
shock. Las sobredosis pueden conducir al coma o la
obnubilación y a alteraciones asociadas en las pruebas de
laboratorio, como los desequilibrios electrolíticos.
Como consecuencias funcionales del trastorno de
comportamiento suicida, pueden aparecer afecciones
médicas (por ejemplo, laceraciones o traumatismos
esqueléticos, inestabilidad cardiopulmonar, inhalación de
vómito y asfixia, y fallo hepático consecuente al uso de
paracetamol) como consecuencia del comportamiento
suicida. (“DSM 5. Trastorno de comportamiento suicida”, s.
f., [Link]
Respecto a la comorbilidad:
El comportamiento suicida puede aparecer en el contexto
de varios trastornos mentales, más comúnmente, en el
trastorno bipolar, el trastorno de depresión mayor, la
esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, los trastornos
de ansiedad (en especial, los trastornos de pánico de
contenido catastrófico y los flashbacks del TEPT), los
trastornos por consumo de sustancias (en especial, los
trastornos por consumo de alcohol), el trastorno de la
personalidad límite, el trastorno de la personalidad
antisocial, los trastornos de la conducta alimentaria y los
trastornos de adaptación. Raramente aparece en
individuos sin patología perceptible, salvo que se realice
debido a una afección médica dolorosa con la intención de
llamar la atención sobre su martirio por motivos políticos o
religiosos, o en las parejas que realizan un pacto de
suicidio. Ambos casos están excluidos de este diagnóstico.
También cuando terceros informantes quieren ocultar la
naturaleza del comportamiento. (“DSM 5. Trastorno de
comportamiento suicida”, s. f.,
[Link]
Tomando en cuenta lo expuesto, ¿podemos decir que Laura presentaba un
trastorno de comportamiento suicida? Si observamos el caso planteado, es
factible pensar que Laura presentaba este trastorno, pues ejecutó un intento
de suicidio que, lamentablemente, resultó en su muerte. Además, por el
grado de planificación de su acto (eligió su colegio como lugar, el tiempo para
ejecutarlo, avisó a sus amigas que no fueran ese día) y por su estado mental
(estado de agitación aguda manifestado en sus acciones).
Finalmente, debemos anotar que, si bien no tenemos datos acerca de que
Laura hubiese realizado con anterioridad un intento de suicidio, de acuerdo a
lo relatado, es factible vislumbrar que su comportamiento suicida hubiera
podido aparecer en el contexto de varios trastornos mentales, como pueden
ser: trastorno de depresión mayor, trastorno de la personalidad límite,
trastornos de la conducta alimentaria o trastornos de adaptación, pues, en
sus acciones, se muestran patologías perceptibles que confluyen con estos
trastornos.
Pacto suicida
El pacto suicida es el acuerdo mutuo entre dos o más
personas para morir juntos al mismo tiempo, usualmente,
en el mismo lugar y mediante el mismo método.
Generalmente, se trata de parejas muy vinculadas
afectivamente como cónyuges y familiares, o miembros de
una misma organización política o secta religiosa. (Pérez
Barrero, 2018, [Link]
[Link]).
Esta modalidad suicida es explicada por la teoría del suicidio inducido, que
considera dos tipos de suicidio: el colectivo, asociado a sectas; y el suicido de
a dos, asociado a parejas. Observando el caso planteado, es claro que no se
trata de este tipo de suicidio, pues Laura no realizó ningún pacto con otra
persona para quitarse la vida. Sin embargo, realizaremos algunas
precisiones acerca de esta modalidad.
A nivel mundial, se han registrado muchos casos de suicidio colectivo,
asociados a sectas, donde media la inducción de un individuo, quien, de
forma mística, se erige ante el grupo como enviado de Dios para llevar a sus
seguidores a ejecutar el acto suicida, bajo un esquema planificado, aplicando
métodos y mecanismos ya acordados, mayormente, de acción lenta, como la
ingestión de medicamentos o sustancias nocivas. En estos eventos, la
inducción del individuo es realizada durante un tiempo considerable, que
puede ser de años, y se enmascara tras la promesa de “una vida mejor más
allá”, “prepararse para la venida de Cristo”, y otros similares, hecho que
afirma que se producirá en medio del efecto de la sustancia escogida.
Por su parte, el suicido asociado a parejas, de acuerdo a la teoría del suicidio
inducido, posee, en sí mismo, dos variantes: una, durante la prevención del
suicidio, en la que debe tratarse con la otra persona significativa, si fuera
posible; y la otra, en el caso de cometido el suicidio, en la que debe tratarse
con la víctima que sobrevive al suicida. Aunque el drama suicida se
desarrolla en el interior de la cabeza de una persona, la mayor parte de la
tensión suicida se desarrolla entre dos personas que se conocen muy bien la
una a la otra: esposa y esposo, padre e hijo, o amante y amante, quienes
pueden decidir, mediante un pacto, terminar juntos con su vida.
Asistencia y prevención
El comportamiento suicida aparece más claro cuando se considera como
una forma de comunicación, pues, en la mayor parte de los casos, la
actividad suicida aparece al término de una larga cadena de acontecimientos
que han llevado a la persona a tomar la decisión de que la vida no vale la
pena ser vivida, o que, con el peligro de perder algo tan valioso para casi
todos los seres humanos, como es la vida, se puede manipular o presionar a
los otros. En este sentido, deben reconocerse tres importantes realidades:
1 El suicidio es un suceso que pretende enviar un mensaje de una
persona a otra (incluye grupos sociales).
2 Existe una persona específica o grupo social que se espera que
reciba el mensaje del suicidio. El acto suicida se comete por esa
persona o grupo, por encima de todo.
3 El principal contenido del mensaje que se transmite es el enojo
desesperanzado. (“DSM 5. Trastorno de comportamiento suicida”,
s. f., [Link]
Observando el caso planteado, podemos aproximarnos a reflexionar si Laura
se suicidó para enviar un mensaje a otra persona (su padre, su madre), si
esperaba que esa persona específica recibiera el mensaje, y si el principal
contenido que buscó trasmitir con su suicidio era su enojo desesperanzado
por la conflictividad de su relación con su madre, porque su madre la cambió
de colegio, por la fluctuación en su relación con su padre.
La totalidad de los autores acuerda vincular los fenómenos del suicidio en
general con un modelo plurifactorial que implica, a la vez, factores
socioculturales, ambientales y psicopatológicos. Estos diferentes factores
interactúan entre sí, y es posible distinguirlos entre factores predisponentes
o de vulnerabilidad, factores precipitantes y factores protectores.
Los factores protectores son aquellos asociados a diferentes formas de
cuidado y protección. Según los expertos, en el análisis del suicidio en
adolescentes, como Laura, estos comprenden ciertos patrones familiares
(buena relación y apoyo familiar); ciertos patrones de estilo cognitivo y
personalidad (buenas habilidades sociales); confianza en sí mismo/a, en la
propia situación y logros; búsqueda de ayuda cuando surgen dificultades, por
ejemplo, en el trabajo escolar; búsqueda de consejos cuando hay que elegir
opciones importantes; receptividad hacia las experiencias y soluciones de
otras personas; receptividad hacia conocimientos nuevos; ciertos factores
culturales y sociodemográficos (integración social, por ejemplo, participación
en deportes, asociaciones religiosas, clubes y otras actividades; buenas
relaciones con los/las compañeros/as; buenas relaciones con los/las
profesores/as y otros adultos; apoyo de personas relevantes.
¿Qué podemos decir respecto al caso de Laura? Creemos que,
desafortunadamente, no fue asistida oportunamente para examinar y
evaluar los factores asociados con su cuidado y protección. De acuerdo al
relato presentado, podemos observar que Laura no tenía una buena relación
con su madre ni apoyo familiar de ambos padres, sus habilidades sociales
habían disminuido desde el cambio de colegio. Quizá, perdió confianza en sí
misma, en la propia situación y en sus logros, por no haber rendido en su
colegio anterior. Aparentemente, no buscaba ayuda cuando surgían
dificultades, por ejemplo, en el trabajo escolar —en el colegio anterior—
carecía de integración social, solo tenía algunas amigas y no tuvo apoyo de
personas relevantes —como sus padres— para prestar atención a las señales
que estaban indicando que algo no andaba bien en ella.
Por otro lado, debemos tomar en cuenta que la muerte de una persona no es
solamente un final, es, al mismo tiempo, un comienzo para los que la
sobreviven. Así, prevención, intervención y posvención son sinónimos
aproximados de los conceptos tradicionales de salud pública de prevención
primaria, secundaria y terciaria. De allí, es pertinente anotar “el término
posvención, acuñado por Edwin Shneidman en 1971, para referirse al apoyo
que necesita quien intenta un suicidio y los familiares de quien se ha
suicidado” (“El suicidio en la adolescencia. Situación en Argentina”, 2019,
[Link]
f).
La posvención incluye las actividades desarrolladas con los sobrevivientes de
la persona que comete suicidio, para reducir los efectos posteriores que el
evento traumático puede provocar en ellos, cuyas vidas cambiarán para
siempre. El propósito de la posvención es ayudar a los que sobreviven a vivir
más, de forma más productiva y con menos tensión de la que pudieran haber
tenido, y así facilitar su recuperación en relación con la pérdida sufrida y
prevenir otras conductas suicidas en los allegados. De forma tal que, en el
caso planteado, la posvención comprendería las actividades desarrolladas
con los sobrevivientes de Laura para facilitar su recuperación respecto de la
pérdida sufrida por su suicidio.
Por su parte, en lo referente a las estrategias concretas de
intervención en el tema del suicidio, han mostrado su eficacia
como factores protectores aquellas que contemplan la
restricción del acceso a métodos comunes de suicidio, como
las armas o sustancias tóxicas, también la reducción del
tamaño de los envases de analgésicos; el uso de
antidepresivos de menor toxicidad; el control de plaguicidas;
la reducción de las emisiones de monóxido de carbono de los
vehículos y de la toxicidad del gas de uso doméstico; el
adecuado tratamiento de la depresión, del consumo
problemático de alcohol y de otras sustancias; así como el
seguimiento de aquellos que tienen antecedentes de
tentativas.
[No obstante, los expertos consideran que] para teorizar
adecuadamente el suicidio y su prevención, se necesitan
metodologías y perspectivas múltiples sobre las vidas de las
personas que han cometido suicidio y sobre sus allegados,
pues, en estas perspectivas, la evidencia se abre a las
metodologías cualitativas y los esfuerzos preventivos a los
enfoques comunitarios, en los que las voces de los activistas
se privilegian frente a las de los profesionales, para construir
enfoques comprensivos y protectores, orientados al cambio y
a la justicia social. (“El suicidio en la adolescencia. Situación
en Argentina”, 2019,
[Link]
[Link]).
Para finalizar, les dejamos algunas referencias acerca de las políticas
públicas que desarrolla la Argentina en el tema de suicidio, con especial
énfasis en adolescentes como Laura:
La Ley Nacional de Salud Mental 26657, sancionada en 2010,
fue reglamentada en 2013 y es un marco de referencia clave
para este tema.
La Ley 27130 o Ley Nacional de Prevención del Suicidio,
sancionada en 2015, tiene como objetivo la disminución de la
incidencia y prevalencia del suicidio, mediante la prevención,
la asistencia y la posvención, que son las acciones destinadas
a trabajar con el entorno de la persona que se quitó la vida,
para evitar nuevos eventos. La norma declara de interés
nacional “la atención biopsicosocial, la investigación científica
y epidemiológica, la capacitación profesional en la detección y
atención de las personas en riesgo de suicidio y la asistencia
a las familias de víctimas del suicidio”.
Esta norma agrega que, en el caso de intento de suicidio de
niño, niña o adolescente, es obligatoria la comunicación, no
denuncia, a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y
Familia o la autoridad administrativa de protección de
derechos del niño que corresponda en el ámbito local, así
como también que todas las personas que, en el marco de la
asistencia, hayan tomado conocimiento de la situación de un
paciente que ha intentado suicidarse, estarán obligadas a la
confidencialidad de la información.
En ese sentido, el Plan Nacional de Salud Mental 2013-2018
(PNSM), aprobado por Resolución Ministerial 2177/2013,
prevé la capacitación continua, en el tema de suicidio, de
profesionales y trabajadores de salud mental, además de
otros actores sociales relevantes, entre ellos, docentes,
educadores y comunicadores populares, así como también el
personal de las fuerzas de seguridad.
El PNSM impulsó, además, la creación y/o fortalecimiento de
áreas de epidemiología en Salud Mental y Adicciones en las
provincias. El objetivo era la puesta en marcha de un sistema
de información que permita disponer de datos actualizados y
permanentes acerca de las principales problemáticas de
salud mental y adicciones en todo el país.
La Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones
(DNSMyA), junto con el Programa Nacional de Salud Integral
en la Adolescencia (PNSIA), elaboraron los “Lineamientos
para la Atención del Intento de Suicidio en Adolescentes”
(2012) destinados a equipos de guardia del segundo nivel de
atención y, junto con el Área de Información Pública y
Comunicación del Ministerio de Salud de la Nación, la guía:
Comunicación responsable: recomendaciones para el
tratamiento de temas de salud mental en los medios (2013),
que cuenta con un capítulo dedicado a cómo hablar del
suicidio en los medios.
El Programa Nacional de Salud Integral de la Adolescencia,
junto con los referentes provinciales de Salud Integral en la
Adolescencia y con la cooperación técnica de OPS elaboró y
publicó un paquete de herramientas para la sistematización
del circuito de información (detección, registro y análisis), así
como los lineamientos generales para el circuito de
intervención integral (prevención, atención, seguimiento y
posvención) en la morbimortalidad adolescente por causas
externas, en el que figura el suicidio.
Finalmente, en el marco de la Comisión Nacional
Interministerial de Políticas en Salud Mental y Adicciones
(CONISMA), se ha conformado una mesa de trabajo
intersectorial con eje en el abordaje comunitario de la
problemática del suicidio. (“El suicidio en la adolescencia.
Situación en Argentina”, 2019,
[Link]
[Link]).
Actividad de repaso
1. En el caso planteado, la autopsia psicológica realizada a Laura permitió
determinar que su comportamiento suicida apareció en el contexto de un
trastorno de conducta.
Es verdadero, porque el comportamiento suicida puede
aparecer en el contexto de un trastorno de conducta.
Es falso, porque el comportamiento suicida no aparece en
el contexto de un trastorno de conducta.
SUBMIT
Para concluir, te invito a profundizar en lo anteriormente expuesto en el
siguiente paper:
Indicaciones sobre la lectura: Este artículo científico nos permite profundizar
acerca del suicidio. Se recomienda su lectura completa.
M3 - L4 - Suicidio_ Lineamientos generales para la comprensión,
detección y prevenció[Link]
2.3 MB
Fuente: Bodón, M. y Ríos, M. (2016). Suicidio: lineamientos generales para la comprensión, detección y
prevención. Recuperado de
[Link]
material/suicidio_lineamientos.pdf
C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 6
Video conceptual
Video format not supported.
C O NT I NU A R
LECCIÓN 4 de 6
Referencias
DSM 5. Trastorno de comportamiento suicida. (s. f.) Suicidio adolescente.
Recuperado de [Link]
El suicidio en la adolescencia. Situación en Argentina. (2019). Unicef.
Recuperado de
[Link]
f
[Imagen sin título sobre suicidio]. (s. f.). Recuperada de
[Link]
Mi vida, tu vida, la de todos. (2019). Boletín salesiano. Recuperado de
[Link]
Núñez de Arco, J. (2015). Psicología Criminal y Criminalística. El informe
pericial en Psicología y Psiquiatría Forense. (4ª ed.). La Paz, Bolivia: Editorial El
Original San José.
Pérez Barrero, J. (2018). Glosario de términos suicidológicos. Recuperado
[Link]
[Link]
Suicidio. (2014). Ministerio de Salud. Recuperado de
[Link]
2/#:~:text=El%20suicidio%20es%20definido%20por,de%20conocimiento%20d
el%20verdadero%20m%C3%B3vil%E2%80%9C.
C O NT I NU A R
LECCIÓN 5 de 6
Revisión del módulo
Hasta acá aprendimos
El delito y la pena I. Homicidio. Robo-hurto
–
La psicología forense busca conocer las características de la personalidad de
individuos que ejecutan la acción de dar muerte a otros (homicidio), de
aquellos que ejercen violencia sobre otros para apoderarse de sus cosas
(robo) y de quienes ejecutan este apoderamiento sin emplear violencia
(hurto).
Delito y la pena II. Chantaje. Estafa
–
La psicología forense busca conocer las características de personalidad de
individuos que obligan a otros a desprenderse de bienes patrimoniales bajo
amenaza de realizar imputaciones contra su honor o exponer sus secretos
(chantaje), de aquellos que manipulan a otros para conseguir beneficios
personales (chantaje emocional) y de quienes causan un perjuicio
patrimonial a otros mediante engaño (estafa).
Delito y la pena III. Delito sexual. Daño
–
La psicología forense busca conocer las características de personalidad que
presentan los individuos que emplean la fuerza física o la intimidación en
contra de otros para que participen en actos sexuales no consentidos (delitos
sexuales); y de los que destruyen, inutilizan o dañan objetos ajenos (conducta
de daño).
El suicidio: clasificación. Diagnóstico. Pacto suicida. Asistencia y prevención.
–
La psicología forense confluye con la psicopatología para aproximarse a las
causas que pueden llevar a una persona a tener ideas suicidas, intentar
cometer suicidio, o ejecutarlo y consumarlo. El análisis del funcionamiento
mental de las víctimas puede arrojar datos relevantes para la prevención y
predicción de la conducta suicida.
C O NT I NU A R
LECCIÓN 6 de 6
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