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Ética en Psicología Forense: Claves y Dilemas

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Ética de la práctica profesional

La psicología forense… aplica sus conocimientos y técnicas para


ayudar a jueces y tribunales en su toma de decisiones (Muñoz et
al., 2011).
El psicólogo forense es, por lo tanto, el especialista en la
realización de valoraciones psico-legales, actividad técnica que
consiste en poner en relación aspectos del funcionamiento
psicológico con cuestiones jurídicas. Esta actividad técnica se lleva
a cabo a través del proceso de evaluación pericial psicológica, y es
transmitida al operador jurídico demandante a través del informe
psicológico forense, que se convierte en un medio probatorio más
dentro del proceso judicial (Muñoz et al., 2011). (Muñoz, 2013, p.
61).
Una tarea tan delicada que implica no solo la intervención de una
ciencia de la salud como es la psicología, sino decisiones judiciales
que pueden restringir la libertad de un individuo o dar la custodia de
un menor a una u otra parte, ha de realizarse con una cautela
extrema y siempre en un marco ético que de ninguna manera
puede sobrepasarse, para tener las máximas garantías de que la
actuación psicológica se está realizando con la mayor objetividad
posible y sin vulnerar ni un solo derecho de los afectados.
Para lograr este objetivo, existen códigos deontológicos que se
aplican a toda la práctica psicológica en general, pero también hay
otros que son específicos para la vertiente forense de esta
disciplina, y que proponen una serie de pautas para elaborar los
informes periciales de una manera que asegure no vulnerar
ningún criterio ético. (Martínez-Casasola Hernández, s. f.,
[Link]
psicologia-forense).

En esta lectura, abordaremos los aspectos éticos de la práctica profesional, a fin de


que puedas familiarizarte con el campo jurídico como ámbito de aplicación de la
psicología, interpretando el rol del perito psicólogo.

Ética de la práctica profesional

Ética y deontología. Conceptos generales. Código de Ética del Colegio de Psicólogos

Mala práctica (mala praxis)

Referencias

Revisión del módulo

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LECCIÓN 1 de 6

Ética de la práctica profesional

Para abordar los aspectos éticos de la práctica profesional del psicólogo


forense, es necesario responder una pregunta inicial: ¿qué aspectos éticos
debe tener presente el psicólogo forense al desempeñar su rol?

En el contexto donde trabaja el psicólogo forense…, suelen


existir fuertes diferencias de intereses entre las partes
implicadas en el conflicto, y estas, a menudo, por no decir
en la mayoría de los casos, tratan de influenciar y presionar
directa o indirectamente al [especialista], tanto a nivel
profesional como personal, para que se realice una pericial
que se ajuste y apoye los argumentos que van a utilizar
como prueba en el juicio… La realización del trabajo pericial
se puede ver afectada en su objetividad, por lo que el
esfuerzo del perito debe de ser máximo para mantener la
mayor neutralidad e integridad en el conflicto, con el objeto
de minimizar los posibles daños que un informe mal
elaborado pueda ocasionar…

Una de las reglas básicas [que] tener en cuenta en el


trabajo forense es la de aportar los datos disponibles de
forma objetiva y rigurosa, y, de acuerdo con unos principios
éticos, los juicios y opiniones deben estar fundados en
términos teóricos y empíricos, lo cual viene a suponer que
se debe realizar la actividad en términos de máxima
imparcialidad…

Teniendo en cuenta que el trabajo forense se enmarca en


un contexto de conflicto social y judicial, las acciones
profesionales requieren una mayor conciencia ética y
reflexión para identificar y entender situaciones que
puedan resultar potencialmente conflictivas, dependientes
o que conlleven estrategias de manipulación por parte del
cliente u otras personas. Consecuentemente, la actuación
profesional del psicólogo debe ser realizada con las
debidas garantías éticas y científicas, adaptadas a las
limitaciones recogidas en el Código Deontológico, como
modo de prevenir y evitar conductas que sobrepasen los
límites de las normas de su ejercicio profesional. (Vill, 2019,
[Link]
forense/).

Entendiendo de manera amplia los aspectos éticos que debe tener presente
el psicólogo forense al desempeñar su rol, intentaremos tomar los
conocimientos previos y actuales que permiten acercarnos a los aspectos
éticos de la práctica profesional del psicólogo forense para poder
sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en el análisis de
situaciones concretas. Para ello, en la presente lectura nos centraremos en
el siguiente artículo publicado en La Opinión Austral, el 27 de noviembre de
2020:

Se trata de Damián Ricardo, miembro del Cuerpo Pericial


de Psicología, que fue acusado por un abogado de “copiar y
pegar” párrafos de informes del pasado. Pidieron que le
realicen un sumario administrativo. En 2015, lo denunciaron
por lo mismo.

“Hay una mafia de las pericias psicológicas y


criminológicas que es mucho más común de lo que la
gente cree”, es el comentario común que mantienen
algunos abogados de Santa Cruz en relación [con] ciertos
informes que llegan en algunos casos a juicios orales o en
los pedidos de excarcelación.

“Muchas veces, con una cámara Gesell ya te meten


detenido, aunque no haya otra prueba”, dijo el abogado
Carlos Danza a La Opinión Austral, cuando solicitó que
liberen de culpa y cargo a un cliente suyo que fue
condenado en mayo del 2019 por una causa de abuso,
dando cuenta que las pericias juegan un papel
importantísimo a la hora de sentenciar a alguien o no.
Esta vez, el acusado es el licenciado Damián Ricardo, un
miembro del Cuerpo Pericial de Psicología del Poder
Judicial que, según denunció el abogado Carlos Muriete,
copió y pegó párrafos completos de informes del pasado
para mantener tras las rejas a Martín Córdoba, un chico de
20 años que ya podría tener el beneficio de la libertad
condicional por haber pasado más de dos tercios de su
pena y haberse declarado culpable…

La defensa de Córdoba rechazó la decisión de la Cámara


Oral de mantener a Córdoba tras las rejas y presentó un
recurso de casación pidiendo la impugnación de la pericia
psicológica y criminológica.

En su nota, que ahora se encuentra en manos del Tribunal


Superior de Justicia, Muriete fundamentó que Damián
Ricardo: “Seleccionó, fragmentó, editó, cortó y pegó,
simulando que tal contenido científico pertenece a la
evaluación personal de Córdoba y que representaría el
resultado de la pericia practicada a este, todo en su
evidente perjuicio, pues las conclusiones emitidas por el
perito resultan terminantes y lapidarias”.

La pericia que realizó Ricardo debe ser personal e


irremplazable, pero en el informe que presentó en la
Cámara y que luego recibió Muriete hubo evidentes
irregularidades: “Se hace referencia a personas distintas de
Córdoba, haciendo mención a ‘Carrizo’ y a ‘Torres’, con lo
cual surge evidente que lo informado pertenece a otras
personas”, es decir, que el profesional copió y pegó
resultados de pericias del pasado, por lo que el abogado
defensor pidió la nulidad de esa prueba…

El joven había tenido contención psicológica con el


profesional Lucio Andrade, pero… dos días antes de la
pericia Andrade falleció.

De igual manera, Ricardo realizó el informe. Según explicó


el joven alojado en la Alcaidía N.° 1 “no tuve la posibilidad
de hablar y expresar lo que sentía. No me dejó hablar, vino
cinco minutos, me preguntó por mi hecho puntual y se fue”.

Por esto, Muriete entendió que no se cumplimentaron los


protocolos correspondientes, en cuanto a la modalidad de
abordaje en la entrevista realizada a Córdoba. El joven no
tenía antecedentes, tiene intenciones de recomenzar su
vida y no volver a pisar una cárcel, pero según Ricardo tiene
un “perfil de delincuentes que padecen severos trastornos
de personalidad y reincidencia”.

Según el abogado del joven, por la gravedad de las


irregularidades que presentó el informe del psicólogo se
debe hacer lugar a un pedido de sumario administrativo por
responsabilidad profesional debido a la mala praxis con la
que operó. (“Denunciaron a un psicólogo del Poder Judicial
por falsificar pericias”, 2020,
[Link]
impresa/denunciaron-a-un-psicologo-del-poder-judicial-por-
falsifi[Link]).

Habiendo leído el relato anterior, corresponde adentrarnos, junto a él, a


gestionar los conocimientos acerca de los aspectos éticos de la práctica
profesional del psicólogo forense para poder sistematizarlos, encausarlos,
relacionarlos y aplicarlos en el análisis de situaciones concretas.

“El perito éticamente correcto valida sus dictámenes por la minuciosidad de


sus evaluaciones, su adhesión a la honestidad y afán de objetividad, y su
resistencia a las diversas presiones de los abogados contratantes o de otros
orígenes” (Gutheil, en Centro Codex Psicología, s. f.,
[Link]

C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 6

Ética y deontología. Conceptos generales. Código de


Ética del Colegio de Psicólogos

Acerca de la ética, subsisten varias definiciones y conceptos. Se le considera


como la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con
la moral y el comportamiento humano; como el conjunto de costumbres y
normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad;
como la doctrina sobre la moral, la moralidad, el sistema de normas y reglas
de conducta de las personas en su relación con la sociedad y entre sí; como
una de las formas de la conciencia social; y también se le define como la
ciencia que trata de la moral, de su origen y de su desarrollo, de las reglas y
de las normas de conducta de las personas, de sus deberes hacia la
sociedad, la patria y el Estado.

La deontología o teoría deontológica se puede considerar


como una teoría ética que se ocupa de regular los deberes,
traduciéndolos en preceptos, normas morales y reglas de
conducta, dejando fuera de su ámbito específico de interés
otros aspectos de la moral. (Unión Profesional, 2009, p. 3).
También se define como la “parte de la ética que trata de los deberes y
principios que afectan a una profesión” (GR Valeria, 2020,
[Link]
PARTE-DE-LA-%C3%89TICA-QUE-TRATA-DE/[Link]).

La deontología de la psicología en Argentina surge a partir


de la consolidación institucional y académica de la
profesión, proceso que culmina con la sanción de leyes de
ejercicio profesional en todo el territorio. En este contexto,
los colegios profesionales de las diferentes provincias
fueron sancionando sus códigos de ética, y en 1999 surge
el Código Nacional de Ética de la Federación de Psicólogos
de la República Argentina como un intento de unificar
criterios deontológicos.

Luego de catorce años, se procedió a su revisión de cara al


avance de la ciencia y de la profesión del psicólogo en el
país, en consonancia con las leyes de protección y
promoción de derechos, sancionadas en la última década.
(Hermosilla, Cataldo y Bogetti, 2015, p. 78).

El Código Nacional surge como una necesidad de unificar


criterios en relación [con] las cuestiones deontológicas de
la práctica psicológica.
El código fue aprobado, en su versión original, en abril de
1999… Tuvo como base un estudio comparativo realizado
por el grupo de investigación “Enseñanza y
Profesionalización de la psicología en el Cono Sur de
América”, de la Facultad de Psicología de la Universidad
Nacional de Mar del Plata (UNMDP).

Los principios en él incorporados fueron tomados del


Protocolo de acuerdo marco de principios éticos para el
ejercicio profesional de los psicólogos del Mercosur, firmado
en Santiago de Chile en 1997.

En el marco del proceso de integración de los países en el


Mercosur, las asociaciones gremiales de psicólogos
organizaron encuentros integradores de psicólogos del
bloque. En [ellos] funcionaron diversas comisiones según
los temas [por] tratar, entre las cuales se encontraba la
Comisión de Ética. Es del trabajo de [esta] que surge el
mencionado protocolo, estableciendo como principios:
respeto por los derechos y dignidad de las personas,
competencia, compromiso profesional y científico,
integridad, y responsabilidad profesional (Hermosilla, 2000).

En el lapso de catorce años que median entre la redacción


original y la actual, se han producido cambios en el
contexto mundial y nacional, y la profesión se vio
modificada tanto por su propio devenir como por su
intercambio con el resto de las profesiones con las que
limita su campo. (Hermosilla et al., 2015, pp. 78-79).

Se decidió sostener la estructura presente en el código de


1999, la cual implica los siguientes niveles: valores —
expresados en el preámbulo del documento—; principios —
detallados en el apartado declaración de principios—; y, por
último, normas deontológicas, que detallan las reglas
específicas atinentes al proceder profesional…

Durante el debate sobre las modificaciones del código, se


sugirió la posibilidad de un cambio de la estructura de estos
tres componentes: valores, principios y normas. [Esta]
estuvo basaba en la adopción de un formato que toma
como referencia la Declaración Universal de Principios
Éticos para Psicólogas y Psicólogos (2008)… [la] cual
propone principios morales generales y valores éticos
asociados.

Los primeros son definidos como grandes aspectos que


hacen referencia a lo que una sociedad considera
moralmente bueno; en cuanto los segundos refieren a un
mayor nivel de especificidad y son aspectos a través de los
cuales un principio moral se manifiesta (Ferrero, 2014, p. 4).
De los principios generales, se desprenderían valores
asociados, y son estos últimos los que fundamentarían
determinadas normas de conducta profesional. Es decir
que a cada principio propuesto correspondería un valor, y
ese valor se correspondería con una, dos o más normas…

Entre los autores que trabajan la vinculación de valores,


principios y normas, podemos mencionar a Tealdi (2003).
Este autor establece una relación entre los conceptos, en el
marco del debate en torno a los derechos humanos.

Describe estos DD. HH. como absolutos, inviolables e


inalienables, y los cataloga por encima de los principios
éticos y normas/reglas.

En relación [con] los valores, dirá que en ellos “se funda el


deber ser y es la intensidad de un valor lo que genera
distintos rangos normativos tales como las reglas
culturales, los principios éticos y los derechos humanos” (p.
39).

Tealdi también alude que “los derechos humanos, en


[cuanto] exigencias morales, alcanzan prioridad jerárquica
sobre los principios éticos” (Tealdi, 2003, p. 38). Se puede
inferir que, si estos derechos suponen una concreción de
los valores, entonces estos se hallan también por sobre los
principios. Finalmente, el autor menciona las “reglas de
procedimiento”, que son “aquellos enunciados morales más
cercanos a los contextos de acción” (p. 13). Esto último
equivaldría a las normas deontológicas de una profesión.
(Hermosilla et al., 2015, p. 80).

La postura que se ha adoptado en relación [con] la


estructura del código es de tipo universalista, ya que, si
bien no se niega la existencia de ciertos lineamientos y
principios comunes más allá de lo territorial, la forma en
que se manifiestan y se concretizan en normativas
presentará diferencias. En este caso, la estructura del
código responde a la realidad cultural de nuestro país y a la
forma en que se estructuró y organizó la profesión en [él].

En función de los aportes de los autores mencionados, se


conserva la estructura original del Código Nacional [de
1999], que se expresa en [lo siguiente]:

El preámbulo, donde se reflejan los valores humanos de


esta profesión, fundamentados en el respeto por los
derechos humanos como eje organizador.

La declaración de principios, que da cuenta de las


proposiciones, puntos de partida o postulados rectores que
operan como reglas de conducta [que] seguir, privilegiando
siempre el valor ético más elevado.
Las normas deontológicas, [que] presentan concretamente
los deberes que inspiran, informan y dan sentido al
desempeño profesional ético, considerando el contexto
sociohistórico pertinente. Es decir, son aquellos caminos o
vías para que el valor y los principios se concreten en una
determinada situación. (Hermosilla et al., 2015, p. 81).

El Código de Ética de la Federación de Psicólogos de la


República Argentina (Fe.P.R.A.) tiene como propósito
proveer tanto principios generales como normas
deontológicas. Mientras que los principios poseen una
función orientativa de la práctica, las normas son
obligantes para el ejercicio profesional y hallan
fundamentos en dichos principios.

Consta de una introducción, un Preámbulo, una Declaración


de principios y una sección de Normas deontológicas.

La Introducción expresa la intención y alcance de


aplicación del Código de Ética.

El Preámbulo y la Declaración de Principios constituyen


objetivos deseables que guían a los psicólogos hacia los
más elevados ideales de la psicología, expresando así el
espíritu del código, y, si bien no son en sí mismos reglas
obligatorias, deben ser considerados prioritariamente, ya
que constituyen el fundamento mismo del actuar ético los
psicólogos.

Las normas deontológicas establecen reglas de conducta


profesional, las que expresan deberes que afectan a todos
los profesionales psicólogos, considerando que descuidar
estos deberes atenta contra los derechos de los receptores
de los servicios profesionales. (Federación de Psicólogos
de la República Argentina [FEPRA], 2013, p. 1).

El preámbulo contiene las bases del resto del texto, donde se determina que
“los psicólogos nucleados en las entidades que conforman la Federación de
Psicólogos de la República Argentina se comprometen a ejercer su profesión
guiados por los principios y reglas de acción que contiene este Código de
Ética” (FEPRA, 2013, p. 3). A continuación, se enuncian en forma gramatical
simple, con verbos en indicativo, los siguientes hechos reales o que se tienen
por ciertos respecto de estos profesionales:

Propician para el ser humano y para la sociedad en que


están inmersos y en la que participan la vigencia plena de
los derechos humanos, la defensa del sistema
democrático, la búsqueda permanente de la libertad, la
justicia social y la dignidad como valores fundamentales
que se traduzcan en un hombre y una sociedad
protagonista, crítica y solidaria.

Entienden al bienestar psíquico como uno de los derechos


humanos fundamentales y trabajan según el ideal social de
promoverlo a todos por igual, en el mayor nivel de calidad
posible y con el solo límite que la ética y la ciencia
establecen.

Comprenden que es responsabilidad individual de cada


psicólogo aspirar a alcanzar él mismo y promover en sus
colegas una actitud responsable, lúcida y comprometida
frente al ser humano concreto y sus condiciones.

No consienten ni participan deliberadamente en prácticas


discriminatorias.

Propician la armonía entre colegas, pero concuerdan en


que el sentimiento de solidaridad profesional no puede
avalar o encubrir errores, faltas éticas, crímenes o
contravenciones penales practicadas por otros psicólogos
en la prestación de sus servicios profesionales. (FEPRA,
2013, p. 3).
Por su parte, la declaración de principios comprende los siguientes:

A. Respeto por los derechos y la dignidad de las personas

Los psicólogos se comprometen a hacer propios los


principios establecidos por la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. Asimismo, guardarán el debido
respeto a los derechos fundamentales, la dignidad y el
valor de todas las personas y no participarán en prácticas
discriminatorias. Respetarán el derecho a la intimidad,
privacidad, autonomía y el bienestar de las personas,
grupos y comunidades.

B. Competencia

Los psicólogos se comprometen a asumir niveles elevados


de idoneidad en su trabajo, reconociendo las fronteras de
sus competencias particulares y las limitaciones de su
pericia. Proveerán solamente aquellos servicios y técnicas
para los que están habilitados por su formación académica,
capacitación o experiencia. Tendrán en cuenta que las
competencias que se requieren en la asistencia,
enseñanza y/o estudios de grupos humanos varían con la
diversidad de dichos grupos y épocas.
En el uso de las nuevas tecnologías, el psicólogo debe ser
coherente con el espíritu de este código.

C. Compromiso profesional y científico

Los psicólogos se comprometen a promover la psicología


en cuanto saber científico. En su trabajo, asumirán sus
responsabilidades profesionales, a través de un constante
desarrollo personal, científico, técnico y ético.

Los psicólogos se mantendrán actualizados en el


conocimiento científico y profesional relacionado con su
ejercicio, reconociendo la necesidad de una formación
continua, y harán un uso apropiado de los recursos
científicos, profesionales, técnicos y administrativos.

D. Integridad

Los psicólogos se comprometen a promover la integridad


del quehacer científico, académico, y de la práctica de la
psicología. Al informar acerca de sus antecedentes
profesionales y curriculares, sus servicios, sus honorarios,
investigaciones o docencia, no deberán hacer
declaraciones falsas o engañosas. Se empeñarán en ser
sumamente prudentes frente a nociones que degeneren en
rotulaciones que devalúen o discriminen.
Asimismo, procurarán que sus sistemas de creencias,
valores, necesidades y limitaciones no generen efectos
adversos en su trabajo.

En su accionar científico-profesional, clarificarán a las


partes acerca de los roles que están desempeñando y
funcionarán según esos mismos roles.

E. Responsabilidad social

Los psicólogos se comprometen a asumir sus


responsabilidades, profesionales y científicas, hacia la
comunidad y la sociedad en la que trabajan y viven. Este
compromiso es coherente con el ejercicio de sus
potencialidades analíticas, creativas, educativas, críticas y
transformadoras.

Los psicólogos ejercen su compromiso social a través del


estudio de la realidad y promueven y/o facilitan el
desarrollo de leyes y políticas sociales que apunten, desde
su especificidad profesional, a crear condiciones que
contribuyan al bienestar y desarrollo del individuo y de la
comunidad. (FEPRA, 2013, pp. 3-4).

En cuanto a las normas deontológicas:


La mayoría de las reglas fueron redactadas en términos
generales, de manera que puedan adecuarse a las distintas
situaciones regionales y ser aplicadas a todos los
psicólogos, independientemente del ámbito profesional en
que desempeñen su labor, pudiendo la aplicación de una
regla variar según el contexto. Las reglas que se
establecen en el presente código deben ser consideradas
como directivas generales. En [cuanto] que no son
exhaustivas, no implican la negación de otras no
expresadas que puedan resultar del ejercicio profesional
consciente y digno. La ausencia de disposiciones expresas
no debe interpretarse como admisión de prácticas y actos
incompatibles con la vigencia de los principios enunciados;
por el contrario, confrontados con tal situación, los
psicólogos deberán conducirse de manera coherente con el
espíritu de este código. (FEPRA, 2013, p. 5).

A continuación, se determinan las reglas que los psicólogos deberán


observar en relación con el consentimiento informado, el secreto profesional
y sus límites, la responsabilidad en las relaciones profesionales (con los
destinatarios de los servicios profesionales, con los colegas, con la profesión
y la comunidad), la investigación psicológica, la docencia y las declaraciones
públicas (publicidad de sus servicios profesionales, divulgación y
publicaciones).
Tomando en cuenta lo expuesto, ¿qué podemos decir respecto del caso
reseñado? Consideramos que el psicólogo forense denunciado ha
transgredido el principio de respeto por los derechos y la dignidad de Martín
Córdoba, apartándose de los principios establecidos por la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, haciendo nugatorio específicamente su
derecho a la libertad, pues copió y pegó párrafos completos de informes del
pasado para mantenerlo tras las rejas, propiciando con ello que un chico de
20 años, que ya podría tener el beneficio de la libertad condicional por haber
pasado más de dos tercios de su pena y haberse declarado culpable,
quedara encarcelado.

De igual forma, podemos decir que el psicólogo forense denunciado


contraviene el principio de compromiso profesional y científico, pues en su
trabajo no asumió sus responsabilidades profesionales a través de un
constante desarrollo personal, científico, técnico y ético, lo cual se evidencia
en no haber cumplimentado los protocolos correspondientes, en cuanto a la
modalidad de abordaje en la entrevista realizada a Córdoba.

El psicólogo forense denunciado también transgrede el principio de


integridad, pues, según explicó el joven alojado en la Alcaidía N.° 1, no tuvo la
posibilidad de hablar y expresar lo que sentía; no lo dejó hablar, fue cinco
minutos, le preguntó por su hecho puntual y se fue; y, no obstante, atribuyó a
Córdoba un perfil de delincuentes que padecen severos trastornos de
personalidad y reincidencia, faltando con ello a la prudencia frente a nociones
que degeneran en rotulaciones que devalúen o discriminen.
Ahora bien, en cuanto a las normas deontológicas contenidas en el Código
de Ética, en el caso planteado podemos apreciar que el psicólogo forense
transgrede las referidas a la responsabilidad en las relaciones profesionales,
con los destinatarios de sus servicios, con los colegas, con la profesión y con
la comunidad, pues, perteneciendo al Cuerpo Pericial de Psicología del Poder
Judicial, sus acciones dejan en entredicho al sistema de administración de
justicia, desmeritan a sus propios colegas y a la profesión y generan un daño
considerable a la comunidad, que deja de creer en la idoneidad del psicólogo
como profesional.

Es pertinente anotar:

No existe un código de ética, o código deontológico del


psicólogo forense, al menos ninguno que sea
universalmente aceptado. La American Psychological
Association, que posee un “Code of Ethics” del psicólogo,
ha optado por no tener un código específico para el
psicólogo forense, e insiste en el uso normativo del Código
Ético General del Psicólogo. (LaCalle, 2005,
[Link]

Como hemos observado, el Código Nacional contiene principios y normas


generales de la profesión, pero no se encuentran previsiones específicas
relativas a la rama forense, es decir, ni a la psicología forense como
disciplina, ni al perito psicólogo como especialista. Dentro de este marco,
vale hacernos una pregunta: ¿cuál es la dimensión ético-deontológica de la
evaluación forense? Veamos algunas consideraciones al respecto.

Dimensión ético-deontológica de la evaluación forense


La ética y la deontología profesional son temáticas relacionadas, pero que
presentan sus propias particularidades. En esto, se siguen aportes de
Hermosilla et al., quienes distinguen:

La deontología constituye un concepto más restrictivo que


el de ética, [pues] la primera alude al plexo normativo que
regula la práctica profesional y la ética profesional incluye
no solo los deberes del profesional, sino todo aquello que
involucra sus derechos y virtudes. (2006, p. 93).

En el caso de la psicología forense, [algunos autores


consideran] que constituye una actividad profesional
reglamentada, en la que confluyen la normativa jurídica
propia del derecho penal, las orientaciones técnicas y
metodológicas de la disciplina de la psicología, y las
orientaciones ético-deontológicas en el ejercicio de la
profesión (Monahan y Loftus, 1982, citados en Beleño y
Tapia, 2016). De este modo, en el proceso de valoración
forense los profesionales deberán considerar las leyes y
orientaciones deontológicas, a modo de observar con
objetividad el adecuado cumplimiento de su rol y
desarrollar buenas prácticas en el área (Rodríguez, 2010;
Lluch, 2017; Escobar y Granada de Espinal, 2017).

La observación de estas cuestiones ha considerado tanto


aspectos genéricos como el uso de conocimiento científico
fiable y válido como sustento de las opiniones
profesionales (Muñoz y López-Ossorio, 2016); como
específicos, relacionados con la presentación y
características de los informes y opiniones emitidas ante
tribunales.

En relación [con] las primeras, una actuación responsable


del profesional forense debe considerar “una labor
profesional de forma competente, íntegra y objetiva”
(Molina Bartomeus, 2011, 2013; citado en COPC, 2014). En
forma complementaria, Aguirrezabal (2011) destaca la
imparcialidad como un requisito debido para el proceso
penal, resaltando que, cuando el perito actúa conforme con
los criterios válidos y vigentes en la disciplina que se trate y
los aporta al tribunal diciendo la verdad, se garantiza el
mínimo necesario de imparcialidad científica, objetiva, que
debe concurrir en el trabajo de examen y emisión del
dictamen pericial.

En su dimensión central, Muñoz y Echeburúa (citado en


Gómez-Hermoso, Muñoz, Vázquez-Mezquita, Gómez y
Mateos, 2012) sostienen que estas especificidades
deontológicas del contexto forense giran en torno a tres
cuestiones principales: la relación perito/a-peritado; la
repercusión del informe pericial psicológico; y el carácter de
documento legal que adquiere el informe psicológico en el
contexto forense como medio probatorio.

Urra (2007) y Soria, Armadans y Herrera (2009) han


identificado distintas tensiones de tipo ético, destacando:
quebrantamiento del secreto profesional por inadecuación
al asumir el rol correcto, aceptación de casos
incompatibles, rebasar los límites del secreto profesional,
forzar la actuación profesional como consecuencia de
conflictos de intereses, realización de peritajes de parte
sesgados, duplicidad de rol perito-terapeuta, el diagnóstico
de menores sin consentimiento de los progenitores,
evaluaciones y valoraciones de una de las partes sin haber
estado siquiera presente, entre otros. (Juárez y Lira
Mendiguren, 2020, p. 45).

Si observamos el caso reseñado, ¿qué podemos identificar? Es factible


identificar como tensión de tipo ético en el psicólogo forense denunciado la
evaluación y valoración de Córdoba sin haber estado siquiera presente, pues
seleccionó, fragmentó, editó, cortó y pegó, simulando que tal contenido
científico pertenecía a la evaluación personal del joven y que representaría el
resultado de la pericia practicada a este, todo en su evidente perjuicio; que en
el informe que presentó en la cámara hace referencia a personas distintas de
Córdoba, haciendo mención a Carrizo y a Torres, con lo cual era evidente que
lo informado pertenecía a otras personas; y que, a pesar de que el joven no
tuvo la posibilidad de hablar y expresar lo que sentía, de que no lo dejó hablar,
de que fue solo cinco minutos, de que le preguntó por su hecho puntual y se
fue, le atribuyó un perfil de delincuentes que padecen severos trastornos de
personalidad y reincidencia.

Considerando [lo expuesto], las dimensiones ético-


deontológicas que se deberían englobar en la formación de
la especialidad en psicología forense se centrarían
básicamente en [lo siguiente]:

1. Cumplimiento estricto de las normas deontológicas


colegiales que deben regir cualquier intervención
psicológica.

2. Construcción y desarrollo de una práctica forense


respetuosa con el desarrollo y defensa de los derechos
humanos…

3. Tensiones y desafíos profesionales propios del entorno


forense…, implícitos al diálogo psicología-proceso penal…

Al respecto, Almendros (2012) plantea [que] el código de la


APA, en 2002, adoptó cinco principios éticos generales:
beneficencia y no-maleficencia, responsabilidad, integridad,
justicia y respeto a los derechos y dignidad de las personas.
De este modo, los principios básicos y fundamentales [que]
atender corresponden a dos distinciones bioéticas
fundamentales del ejercicio profesional, cuyo carácter
resulta universal en su aplicación, y dos adicionales,
basados en las características asistenciales de la
vinculación profesional (González y cols., 2005):

1. Principio de no-maleficencia, evitando dañar a los


semejantes.

2. Principio de justicia, como concepto de equidad, sin que


ello permita discriminaciones en el ejercicio profesional en
razón de edad, sexo, raza, religión o cualquier otra
circunstancia.

3. Principio de beneficencia, basado en la pretensión de


que la actuación profesional resulte beneficiosa
procurando un bien objetivo, potenciando los beneficios, y
minimizar en lo posible los riesgos.

4. Principio de autonomía, participando de modo libre y


consciente. (Juárez y Lira Mendiguren, 2020, p. 46).
En principio podemos observar que, en el caso reseñado, el psicólogo
denunciado transgrede el principio de no-maleficencia, pues no evitó dañar a
Córdoba, sino que, por el contrario, lo hizo; y también transgrede el principio
de beneficencia, pues su actuación profesional no resultó beneficiosa ni
procuró un bien objetivo para Córdoba de poder quedar en libertad
condicional.

Estos mismos autores refieren que dichos principios deben


ser operativizados en normas y directrices de actuación
que orienten específicamente a los profesionales, siendo
las principales [que] tener en consideración: la objetividad,
prudencia en la elaboración de dictámenes, reflexión y
juicio, imparcialidad, veracidad y honestidad. La
inadecuada resolución de estas cuestiones expone al
profesional a posibilidades de mala praxis, que, conforme a
lo definido por França-Tarragó (2001, cit. en Torres, 2002),
pueden ser abordadas “como un fallo en el ejercicio de la
idoneidad profesional esperada de un psicólogo, e incluye
tres conceptos: imprudencia, negligencia e impericia”.
(Juárez y Lira Mendiguren, 2020, p. 46).

Conforme a estas apreciaciones, veamos a continuación lo concerniente a la


mala práctica o mala praxis.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 6

Mala práctica (mala praxis)

“Principios éticos generales, normativas deontológicas y regulaciones


jurídicas son referencias regulatorias de la práctica profesional de las que
emana una serie de obligaciones deontológico-jurídicas constitutivas de los
deberes profesionales” (Salomone, s. f., p. 3) que fueron transgredidas por el
psicólogo denunciado en el caso presentado.

Si los códigos resguardan los derechos de los pacientes en


[cuanto] sujetos de derecho, y esto trasunta en los códigos
en términos de obligaciones profesionales, entonces
existirán modos correctos y modos incorrectos de sostener
esa obligación jurídica. Los modos incorrectos redundarán
en lo que se denomina “mala praxis”.

La mala praxis constituye un concepto jurídico referido


fundamentalmente a las conductas que ponen en riesgo o
dañan directamente aquellos bienes jurídicos tutelados por
las leyes y, en consecuencia, también por las normas
deontológicas. Los bienes jurídicos no refieren
necesariamente a bienes materiales; por ejemplo…, el
deber de confidencialidad, de consentimiento informado,
las regulaciones respecto de las transgresiones de los
límites profesionales, etc., tienden al resguardo de los
derechos a la intimidad, autonomía [y] autodeterminación,
respectivamente. (Salomone, s. f., p. 3).

En el caso presentado, vemos que el psicólogo denunciado tuvo conductas


que dañaron directamente bienes jurídicos de Córdoba tutelados por la ley,
específicamente, sus derechos a la libertad, a la intimidad y a la autonomía,
pues, en virtud de haber seleccionado, fragmentado, editado, cortado y
pegado contenidos de experticias anteriores, simulando que tal contenido
científico pertenecía a la evaluación personal del joven y que representaría el
resultado de la pericia practicada a este, le causó un evidente perjuicio que
no le permitió acceder a la libertad condicional ni poder desarrollarse con
autonomía estando libre. Sumado a lo anterior, le atribuyó un perfil de
delincuentes que padecen severos trastornos de personalidad y reincidencia
que agrede y violenta su intimidad como persona bajo imputaciones
falsarias.

La mala praxis se configura en relación [con] la noción de


responsabilidad civil, que, como ciudadano, le compete al
psicólogo en relación [con el] contrato de prestación de
servicios (jurídicamente hablando) que establece con el
paciente o, para decirlo de un modo más general, con el
destinatario de su labor. (Salomone, s. f., p. 3).

En el caso planteado, es el mismo sistema de administración de justicia, por


pertenecer al Cuerpo Pericial del Poder Judicial.

“Se trata de la responsabilidad civil derivada de las obligaciones civiles y


profesionales que se establecen en el Estado de derecho. En este sentido, el
propio profesional debe responder en ese campo en [cuanto] sujeto de
derecho” (Salomone, s. f., pp. 3-4). Por ende, en el caso presentado, el
psicólogo denunciado debe responder personalmente por responsabilidad
civil derivada de sus obligaciones profesionales, como sujeto de derecho, de
comprobarse que incurrió en mala praxis, como luce evidente en sus
actuaciones.

Desde la perspectiva jurídica, la responsabilidad se contrae


al incumplir una obligación; en otros términos, la
responsabilidad significa asumir las consecuencias de un
daño, causado por acción u omisión. La responsabilidad
civil, entonces, consiste en la obligación que recae sobre
una persona de reparar el daño que ha causado a otro, sea
en naturaleza o bien por un equivalente monetario (pago de
una indemnización). (Salomone, s. f., p. 4).

En este sentido, la responsabilidad civil del psicólogo denunciado en el caso


presentado significa que debe asumir las consecuencias del daño
ocasionado a Córdoba por sus acciones y omisiones, reparando el daño que
le causó.

La mala praxis no es exclusiva de la práctica psicológica,


sino que podría imputarse a cualquier profesional… En los
términos civiles del artículo 1109 del Código Civil: “Todo el
que ejecute un hecho que por su culpa o negligencia
ocasiona un daño a otro está obligado a la reparación del
perjuicio”.

Se entiende que el profesional tiene una obligación de


medios, no de resultados, y esa obligación de medios
implica poner toda su ciencia y todo su conocimiento al
servicio de su tarea, con el objetivo de mejorar la situación
del sujeto implicado. Es decir que una mala praxis se
configurará respecto de aquellas acciones que conlleven el
incumplimiento de esas obligaciones…
Tal incumplimiento de las obligaciones puede resultar de
un propósito deliberado (dolo), o bien, por negligencia,
imprudencia, impericia o inobservancia de los reglamentos.
(Salomone, s. f., p. 4).

Tomando en cuenta lo expuesto, vemos que, según el abogado de Córdoba


en el caso presentado, por la gravedad de las irregularidades que presentó el
informe del psicólogo se debe hacer lugar a un pedido de sumario
administrativo por responsabilidad profesional debido a la mala praxis con la
que operó. Pensemos, entonces: ¿en qué supuestos se encuadran las
acciones que ejecutó el psicólogo denunciado que conllevaron el
incumplimiento de sus obligaciones configurando una mala praxis? Veamos:

La imprudencia es entendida como falta de tacto, de


mesura, de cautela, falta de precaución, de discernimiento
y del buen juicio debidos por parte del profesional de la
salud, lo cual lo lleva a asumir riesgos innecesarios. Es un
acto positivo, que se realiza sin contar con todos los
elementos requeridos. França-Tarragó la define en los
siguientes términos: “osadía desproporcionada en la que
incurre un psicólogo al usar métodos que, estando dentro
del conjunto de conocimientos o prácticas de la profesión,
requerirían un entrenamiento específico no recibido por un
determinado psicólogo. También podría ser imprudencia el
uso de procedimientos o prácticas complejos, inciertos —y
al límite de su capacidad— y con resultados dudosos”. La
Asociación Argentina de Psiquiatras define a la
imprudencia como “falta de sensatez para elegir la
alternativa terapéutica que resulte más conveniente, con
descuido de las precauciones necesarias”. Por ejemplo,
indicar la externación de un paciente cuando todavía no
está en condiciones de afrontar esa maniobra terapéutica.
En suma, podría definirse como hacer más de lo debido.

La negligencia es entendida como la falta de cuidado y


abandono de las pautas ya estudiadas, probadas e
indicadas de tratamiento. Es un acto negativo; un psicólogo
podría ser acusado de negligencia si no realiza la
interconsulta pertinente con un médico cuando sea
necesario para, por ejemplo, descartar el origen orgánico
del cuadro (organicidad) [por] tratar y así arribar a un
diagnóstico adecuado. Es decir, se trata de la “conducta del
profesional cuando, sabiendo y conociendo determinada
terapéutica o procedimiento, no pone en práctica con
exactitud esa información y pericia y causa un perjuicio al
paciente; también, cuando deja de poner los medios
usuales para llevar a cabo aquel patrón de conducta
esperado normalmente de un profesional”; o bien,
constituye “una actitud displicente que determina un
descuido o inadecuada dedicación en la atención de los
casos; resulta manifiesta la falta de aplicación a [ellos]”.
Sintéticamente, podría definirse como hacer menos de lo
que se debería hacer.

La impericia significa la falta o insuficiencia de


conocimientos sobre los procedimientos básicos o
elementales para la atención de un caso, que se presumen
y se consideran adquiridos por la obtención del título
profesional y el ejercicio de la profesión. Es un elemento
negativo (por ejemplo, equivocar un diagnóstico y basar el
tratamiento sobre ese diagnóstico errado). Se define,
entonces, por la falta total o parcial de pericia, entendida
como la sabiduría, los conocimientos científicos y técnicos,
la experiencia y la habilidad en el ejercicio de la profesión.
França-Tarragó se refiere a la impericia cuando “el perjuicio
provocado al paciente se produce por el uso de prácticas o
procedimientos que el psicólogo no conoce o no ha sido
capacitado para usarlas”. En suma, se trata de la
incompetencia o falta de capacidad y autoridad para
resolver según arte.

La inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo


(apartamiento de la normativa legal aplicable). Es también
un hecho negativo que casi siempre es acompañado por
una actitud de indiferencia o de negación respecto de las
disposiciones dictadas por una norma o por un reglamento
[que] cumplir. Acontece cuando, existiendo una normativa
positiva (por ejemplo, ley de internación psiquiátrica,
códigos de ética, etc.) o una exigencia verbal o escrita
ordenada por un superior responsable, el subalterno no le
da cumplimiento, generando un resultado indeseable.
Desatender la correcta y adecuada confección de la
historia clínica o no implementar la solicitud del
consentimiento informado constituyen algunos ejemplos
de inobservancia de los reglamentos.

En lo referente a la práctica del psicólogo en contextos


forenses, Mariano Castex, en su libro Daño psíquico y otros
temas forenses, se ocupa especialmente de señalar que
existen en esos ámbitos frecuentes casos de mala praxis
por problemas de competencia e idoneidad. La mala praxis
podría configurarse entonces por imprudencia: “ejercer una
especialidad en la cual uno no se encuentra
convenientemente formado ni capacitado”; impericia:
“deficiente y/o mal manejo procesal y del discurso
psicológico-forense con el consiguiente daño que se inflige
al quehacer de la justicia”; o por negligencia: “deficientes
estudios y exámenes, [o por] pésimos informes”.
(Salomone, s. f., pp. 4-5).
De acuerdo con lo expuesto, consideramos que los supuestos en los cuales
se encuadran las acciones que ejecutó el psicólogo denunciado en el caso
presentado, que conllevaron el incumplimiento de sus obligaciones
configurando una mala praxis, son la negligencia y la inobservancia de los
reglamentos y deberes a su cargo. Veamos las razones.

Respecto de la negligencia, observamos que el psicólogo denunciado,


sabiendo y conociendo los procedimientos para evaluar a Córdoba y llegar a
un diagnóstico, no puso en práctica con exactitud esa información y pericia, y
así le causó un perjuicio, atribuyéndole un perfil de delincuentes que padecen
severos trastornos de personalidad y reincidencia. También dejó de poner los
medios usuales para llevar a cabo el patrón de conducta esperado
normalmente de un profesional, que no es otro que la realización de la
pericia. Además, manifestó una actitud displicente que determinó un
descuido o una inadecuada dedicación en la atención del caso de Córdoba, a
quien no le dio posibilidad de hablar y expresar lo que sentía, solo fue cinco
minutos a la Alcaidía N.° 1 donde se encontraba, le preguntó por su hecho
puntual y se fue, resultando manifiesta la falta de aplicación de los
procedimientos habituales. Sintéticamente, el psicólogo denunciado hizo
menos de lo que se debería hacer. Por ello, consideramos que la mala praxis
se configura por negligencia, por deficientes estudios y exámenes a Córdoba
y por el pésimo informe, que no fue sino un “copia y pega” de otros anteriores
que correspondían a otras personas.

En cuanto a la inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo, es


claro que el psicólogo denunciado se apartó de la normativa legal aplicable,
realizando un hecho negativo acompañado por una actitud de indiferencia o
de negación respecto de las disposiciones dictadas en las normativas y
reglamentos, vale decir, el propio Código de Ética, así como las exigencias
ordenadas por el juzgado en cuanto a la realización de la pericial, gracias a lo
cual generó un resultado indeseable: que Córdoba no pudiera recibir el
beneficio de libertad condicional y que, antes bien, quedara encarcelado.

Respecto de la responsabilidad penal, se debe tener en


cuenta que la mala praxis no está tipificada como delito. En
cambio, sí se sancionan las consecuencias de una mala
praxis, por ejemplo, los homicidios o lesiones culposas. El
artículo 84 del Código Penal Argentino establece que será
reprimido con prisión de 5 a 10 años e inhabilitación
especial en su caso, por cinco a diez años, “el que por
imprudencia, negligencia, impericia, en su arte o profesión o
inobservancia de los reglamentos o de los deberes a su
cargo, causare a otro la muerte”. Mientras que el artículo 94
pena con prisión de un mes a dos años o multa e
inhabilitación especial de uno a cuatro años “al que por
imprudencia o negligencia, por impericia en su arte o
profesión, o por inobservancia de los reglamentos o
deberes a su cargo, causare a otro un daño en el cuerpo o
en la salud”. Es decir, entonces, que los artículos 84 y 94
contemplan situaciones en que una mala praxis pone a la
otra persona en una situación de peligro que deriva en la
muerte o en un grave daño. (Salomone, s. f., p. 5).

Podemos preguntarnos, entonces: ¿qué sanciones corresponderían al


psicólogo denunciado por mala praxis en el caso presentado? Como
podemos observar en la normativa, no existe la posibilidad de atribuirle
responsabilidad penal, pues la mala praxis no está tipificada como delito, y
los supuestos de imprudencia, negligencia, impericia o inobservancia de los
reglamentos o de los deberes a su cargo solo pueden considerarse en casos
de muerte o daños en el cuerpo o la salud de una persona. Por ende, no
queda otra alternativa que atribuirle responsabilidad civil derivada de sus
obligaciones profesionales, como sujeto de derecho, y que asuma las
consecuencias del daño ocasionado a Córdoba por sus acciones y
omisiones, reparando el daño que le causó. Queda pendiente para el gremio
de psicólogos argentinos decidir acerca de la vulneración de los deberes y
obligaciones contenidas en el Código de Ética, en consonancia con los
valores, principios y normas deontológicas que en él se preceptúan.
Te invitamos a repasar lo anteriormente expuesto.

Actividad de repaso y de refuerzo

En el caso planteado, el psicólogo forense denunciado hubiera incurrido en


mala praxis por imprudencia, por ejercer una especialidad en la cual no se
encuentra convenientemente formado ni capacitado.

Es verdadero, porque la mala praxis podría


configurarse por imprudencia, por ejercer una
especialidad en la cual el psicólogo forense no se
encuentra convenientemente formado ni
capacitado.

Es falso, porque la mala praxis podría configurarse


por imprudencia, por deficiente o mal manejo
procesal y del discurso psicológico-forense, con el
consiguiente daño que se inflige al quehacer de la
justicia.

SUBMIT
Para concluir, te invitamos a profundizar en lo anteriormente expuesto
leyendo el siguiente paper:

Lectura obligatoria: Responsabilidad profesional: las perspectivas


deontológica, jurídica y clínica.

Indicaciones sobre la lectura: Este artículo científico nos permite


profundizar acerca de los aspectos éticos de la práctica profesional del
psicólogo. Se recomienda su lectura completa.

M4 - L4 - Responsabilidad profesional_ las perspectivas


deontológica, jurídica y clí[Link]
77.3 KB

Fuente: Salomone, G. Z. (s. f.). Responsabilidad profesional: las perspectivas deontológica, jurídica y clínica.

Recuperado de

[Link]

on/775/textos_y_articulos/responsabilidad_profesional_salomone.pdf

C O NT I NU A R
LECCIÓN 4 de 6

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Denunciaron a un psicólogo del Poder Judicial por falsificar pericias.


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.pdf

Vill, J. (2019). Dilemas éticos del Psicólogo forense. Recuperado de


[Link]

C O NT I NU A R
LECCIÓN 5 de 6

Revisión del módulo

Hasta acá aprendimos

Víctima del delito I



Los estudios acerca de la victimización parten de la existencia de una
persona perjudicada en sus derechos (víctima) por la acción de otro
(victimario), cuya interacción produce relación entre ambos. Las
consecuencias del delito varían y pueden ser: inmediatas-traumáticas,
emocionales-sociales y familiares-sociales.

Víctima del delito II



La relación delincuente-víctima permite analizar las relaciones
interpersonales que influyen para que uno sea autor y el otro, víctima.
Víctimas vulnerables son las que por diversos motivos ofrecen una
predisposición victimógena específica. La asistencia tiene por objeto atenuar
las graves consecuencias que deja el delito en la víctima y en su familia.
Prevención del delito

En el modelo preventivo victimológico, los peritos psicólogos pueden
intervenir en conjunción con la psicopatología para asistencia y tratamiento
de las víctimas a nivel asistencial-terapéutico, realizando entrevistas iniciales
para diagnosticar su situación victimológica y comenzar el tratamiento
adecuado a su problemática específica.

Ética de la práctica profesional



Principios éticos y normas deontológicas son referencias regulatorias de la
práctica profesional de donde emanan obligaciones y deberes profesionales.
Una mala praxis se configura respecto de aquellas acciones que conlleven el
incumplimiento de esas obligaciones, bien que resulten de un propósito
deliberado (dolo), o bien por negligencia, imprudencia, impericia o
inobservancia de los reglamentos.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 6 de 6

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