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Técnicas de Psicología Forense en Justicia

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Psicología forense III

Introducción

Psicología forense. Técnicas e instrumentos

Técnicas de evaluación

Referencias

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LECCIÓN 1 de 5

Introducción

Como hemos estudiado, la psicología forense se ocupa de cualquier


aplicación que la psicología pueda prestar a la justicia, auxiliando a los
órganos encargados de administrarla en su toma de decisiones, dedicándose
al peritaje, respondiendo las peticiones de los juzgados. Estas labores son
realizadas por el perito psicólogo, quien puede ayudar al juez a dictar una
sentencia justa, siendo requerido para brindar apoyo científico y técnico a la
justicia, aplicando sus conocimientos, así como diversas técnicas e
instrumentos provenientes de la psicología, en distintas áreas, tales como
son los casos de agresores sexuales, violencia juvenil, daño psíquico y
violencia familiar.

En esta lectura, abordaremos las técnicas e instrumentos que utiliza la


psicología forense en el campo de acción donde es requerida su intervención,
a fin de que puedas reconocer y analizar las relaciones existentes entre la
psicología y el derecho, identificar los aportes de la psicología al derecho y a
la criminología, e interpretar el rol del perito psicólogo.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 5

Psicología forense. Técnicas e instrumentos

Para abordar las técnicas e instrumentos que utiliza la psicología forense en


su campo de acción en diferentes ámbitos de la justicia, es necesario
responder una pregunta inicial: ¿existen técnicas e instrumentos únicos y
generales para ser aplicados en psicología forense?

En psicología forense las principales técnicas utilizadas


consisten en las propias de la psicología clínica, esto es, en la
metodología de entrevistas y en los instrumentos de evaluación
utilizados habitualmente en esta área para la valoración del
estado mental o de la personalidad. No obstante, para algunas
actuaciones, no existen instrumentos que midan las variables
específicas consideradas en psicología forense. […] En estos
casos, la combinación de varias técnicas y procedimientos
facilitarán la labor del psicólogo forense. (Collado Medina, 2009,
pp. 323-324).

No debemos olvidar que los informes periciales no tienen un objetivo


terapéutico, sino jurídico, y que el origen de la petición pericial no es el sujeto
evaluado, sino la necesidad del sistema. Por ende, una evaluación adecuada
implica ineludiblemente considerar para qué se va a evaluar, qué se va a
evaluar y cómo se va a evaluar. La respuesta se encuentra en la petición
realizada en el ámbito jurídico, que puede proceder del juez o de cualquiera
de las partes (acusación y defensa). Por ello, será fundamental una primera
entrevista con los actores origen de la demanda (jueces o abogados) para
especificar la petición, recoger la información necesaria para la planificación
de la actuación y poder contestar a qué y cómo, y solicitar los medios
necesarios para llevarla a la práctica. Así, por ejemplo, será el propio juez
quien facilite el acceso a los sujetos objeto de la pericia, fundamentalmente,
si la petición se realiza de una parte e implica la valoración de un sujeto de la
otra.

Bajo esta comprensión, intentaremos tomar los conocimientos previos y


actuales que permiten acercarnos a las técnicas e instrumentos que utiliza la
psicología forense en su campo de acción en diferentes ámbitos de la
justicia, para poder sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en
el análisis de situaciones concretas.

Para ello, en la presente lectura nos centraremos en el siguiente relato:

 Se trata de una mujer de 26 años que trabajaba en una casa


desde donde se concertaban, entre otros servicios, masajes a
domicilio. En realidad, la mujer realizaba un trabajo cercano a la
prostitución, aunque siempre limitándose a determinados
servicios y no a otros. La forma de contacto era mediante el
número de teléfono al que los clientes llamaban. Como medida
de precaución se exigía un teléfono fijo y una dirección, que en
principio se comprobaban antes de acudir a la cita con el cliente.
El delito de agresión sexual se inscribe dentro de este contexto.

Se recibe una llamada en la casa de masajes solicitando los


servicios y la mujer es enviada a atender al cliente. Cuando la
mujer acude en taxi a la calle y número predeterminado, observa
que allí no existe ese número. Cerca del lugar se encuentra un
descampado. La mujer se asusta y telefonea a la casa de
masajes desde su móvil y desde allí la tranquilizan. No obstante,
es de noche, aunque no tarde, invierno, y por la calle no pasa
nadie. Pide que le envíen un taxi de vuelta y, mientras lo espera,
tres sujetos la asaltan por la espalda y a punta de navaja la
obligan a internarse en el descampado. Una vez allí los tres
sujetos la agreden sexualmente. Consumada la agresión los
hombres dejan a la víctima en el descampado amenazándola
con matarla si denuncia los hechos, puesto que "saben quién es y
dónde encontrarla". La víctima no conoce a los agresores,
aunque les ve las caras y, meses después, los identifica en una
rueda de reconocimiento. Tras los hechos, la víctima pide ayuda
y denuncia la agresión sexual.

En la víctima constan contusiones múltiples, erosiones en brazos


y piernas, moretones en todo el cuerpo, desgarros en sus partes
íntimas y restos biológicos. Los agresores tienen 15, 16 y 17
años, y están detenidos por esta agresión sexual más otra
producida con anterioridad en el mismo lugar sobre una mujer
diferente. Los sujetos también presentan antecedentes penales
por robo a mano armada y delitos contra la propiedad. No se
abrieron procesos en contra de ninguno. Aunque los restos
biológicos hallados en esta víctima coinciden con las muestras
recogidas de los detenidos, familiares de los agresores afirman
que estos se encontraban reunidos con ellos el día y a la hora de
los hechos. Los agresores niegan los acontecimientos actuales y
los debidos a la otra víctima.

El juzgado conocedor del caso solicita que se realice una pericia a


los atacantes a fin de que se proceda, por un especialista en
psicología, al reconocimiento de los agresores y se expida un
informe que acredite lo siguiente: la situación psicológica que
presentan, el diagnóstico respectivo y el tratamiento o terapia
que deben seguir. El perito psicólogo designado procede a
establecer el protocolo de evaluación psicológica de los
agresores, considerando las técnicas e instrumentos aplicables
al caso.

Habiendo leído el relato anterior, corresponde adentrarnos, junto a él, a


gestionar los conocimientos acerca de las técnicas e instrumentos que utiliza
la psicología forense en su campo de acción en diferentes ámbitos de la
justicia, para poder sistematizarlos, encausarlos, relacionarlos y aplicarlos en
el análisis de situaciones concretas. Para esto, abordaremos primeramente
la entrevista, los test proyectivos, los cuestionarios de valoración del riesgo y
las técnicas de evaluación, a fin de encaminarnos a reflexionar en torno a su
aplicación en el caso planteado.

La elaboración de informes periciales desde la práctica privada,


tanto si son solicitados de parte como si lo son a petición del
juez, […] supone en muchas ocasiones una evaluación y estudio
en un contexto más normalizado, con una temporalización
adecuada y un sistema de trabajo donde nuestra labor como
auxiliar del juez conjuga convenientemente eficacia y eficiencia.
(Fabian, Böhm y Romero, 2006, p. 157).

La entrevista
La entrevista es la base fundamental para llegar a la comprensión de los
hechos y el conocimiento de la persona que precisa la intervención del perito
psicólogo, siendo sin duda el procedimiento más utilizado en psicología
forense.

Una entrevista es una situación de comunicación oral entre dos o más


personas, voluntariamente integrado, sobre unos roles definidos de
entrevistador/entrevistado, con el propósito de obtener datos sobre un hecho
suscitado en los cuales supuestamente ha participado como autor o como
testigo y sobre las características personales del sujeto entrevistado y sus
mecanismos de relación, bien sean psicológicos o psicopatológicos (Núñez
de Arco, 2015).

En general, la entrevista psicológica forense debe permitir obtener datos


para el informe pericial y la formulación de hipótesis, así como para la
planificación de pruebas posteriores para verificar si son verdaderas o falsas.

La entrevista en el ámbito forense no es una técnica más, sino la que guía


todo el proceso de evaluación. Por su libertad y flexibilidad, se utiliza de
forma constante, ya sea en su forma individual o grupal (entrevista familiar),
abierta o estructurada (entrevista a testigos).
En general, se distinguen dos tipos de entrevistas: semiestructuradas y
estructuradas. Las primeras son aquellas que permiten al peritado
expresarse libremente, aunque sin perder el control ni el objetivo de la
entrevista. Las segundas son aquellas específicamente diseñadas con un
propósito y, por lo tanto, con un guion más o menos definido. Se utilizan
principalmente en casos de violencia de género, agresiones sexuales,
actitudes parentales, trastorno de estrés postraumático, déficits
neuropsicológicos o toxicomanías, entre otras.

De acuerdo con lo expuesto, en el caso planteado, el perito psicólogo


aplicaría la entrevista estructurada, pues estamos en presencia de un delito
de agresión sexual.

También existen las entrevistas focalizadas y abiertas, que son técnicas


sumamente valiosas en las instituciones penitenciarias, ya que permiten
aprehender la situación global en la que el sujeto está envuelto, además, la
flexibilidad que posee la convierte en una técnica para la exploración de
áreas en las que hay pocas bases para saber qué preguntar y cómo formular
las preguntas.

Las técnicas deben seleccionarse teniendo en consideración la persona,


edad, nivel educacional, nivel sociocultural, comprensión del idioma, de los
problemas o conflictos que presenta, es decir, de su sintomatología. Cada
persona es única, singular, y por lo mismo es necesario también en las
técnicas realizar una individualización.
La entrevista dentro de la psicología y en todos sus campos de aplicación es
un componente muy importante que permite conocer y analizar los rasgos
más relevantes y característicos de un individuo, un grupo, una pareja, una
familia, una víctima, etc., según sea el caso. Pero hay que tener en cuenta
que la entrevista forma parte de un proceso de evaluación psicológica.

La naturaleza de la entrevista varía según el propósito perseguido o el uso al


cual se destina, que pueden ser diversos y podemos reducirlo a tres: recoger
hechos, informar, motivar o influir. Por ello se ofrece una clasificación de los
diferentes tipos de entrevista según la finalidad que se pretende alcanzar.
Por su estructura se utilizan tres tipos de entrevistas:

Entrevista clínica: permite una aproximación mayor y es más adecuada en


los primeros momentos de la evaluación. Establecemos una relación
interpersonal y realizamos una serie de tareas destinadas a establecer un
diagnóstico. Los cinco primeros minutos son fundamentales en cuanto a que
se determina la relación, empatía y actitud ante la situación, así como que
hay que controlar/evaluar el riesgo de agresión (Borrell i Carrió, 2004). En
esta primera entrevista se produce la presentación, la definición del objetivo,
y se opta por una actitud de empatía y escucha, ya que permite disminuir la
ansiedad en la persona y favorecer el diálogo (Urra, 2002).

Entrevista semiestructurada o semiabierta: ni el texto ni las preguntas están


prefijadas, pero hay un esquema o pautas para ser cumplimentadas. Aunque
incluye preguntas cerradas, más de la mitad son abiertas, de lo contrario
sería una encuesta (Martorell y González, 1997).
Entrevista estructurada o dirigida: el entrevistador lleva las riendas, hace
preguntas siguiendo un esquema. Es muy rígida y depende de un plan
preciso, con preguntas directas ya elaboradas. Este método limita en gran
medida las respuestas, lo cual resulta ser una ventaja cuando se quiere
forzar al sujeto a responder espontáneamente y sin premeditación (Acevedo
y López, 1998). Se la emplea dentro de procesos de diagnóstico (como es el
caso de los trastornos de personalidad), pero puede tener limitaciones tanto
por su eficiencia como por la obviedad de su contenido (Urra, 2002).

Entrevista cognitiva: esta técnica originariamente se empleaba para obtener


información de testigos adultos y, posteriormente, se adaptó a niños. La
entrevista cognitiva estudia la manera en como se dirige la comprensión de
la persona, es decir, el proceso mental, y responder así a las cuestiones que
se presentan con un énfasis especial en las dificultades potenciales de este
proceso. Sin embargo, los investigadores realizan estudios con las
entrevistas cognitivas para realizar ensayos de forma virtual con el tipo de
material que emplean, ya sea oralmente o por escrito, para identificar las
dificultades que puede generar el empleo de esta técnica y que podrían
pasar desapercibidas (Willis, 2005).

El fundamento teórico del método es que los recuerdos están asociados a


sus orígenes externos y contextuales. De este modo, a través de distintas
técnicas que ayuden al entrevistado a ponerse de nuevo en situación se
logrará una mejor licitación de sus recuerdos. Este tipo de entrevista se
utiliza en la obtención de un testimonio y consiste en aportar información que
permita esclarecer el suceso que se está investigando.
Atendiendo a lo expuesto, ¿es factible que el perito psicólogo aplique a los
agresores del caso planteado alguno de estos tipos de entrevista? Debemos
estimar aplicable la entrevista clínica, pues le permite al perito psicólogo una
aproximación mayor en los primeros momentos de la evaluación,
estableciendo una relación interpersonal con los agresores para realizar las
tareas destinadas a establecer un diagnóstico. De igual forma, el perito
psicólogo puede aplicar la entrevista estructurada, pues estamos en
presencia de un delito de agresión sexual, llevando así las riendas, haciendo
las preguntas siguiendo un esquema, empleándola dentro de procesos de
diagnóstico como es el caso de los trastornos de personalidad, dadas las
características del delito de agresión sexual que motiva la pericial.

Test proyectivos
Los test proyectivos son pruebas psicológicas que son habitualmente
utilizadas después de las entrevistas para la evaluación específica de
determinados parámetros. Se aplican sobre todo para la evaluación de la
inteligencia, de la personalidad normal y patológica, y del estado
neuropsicológico. De allí que es factible para el perito psicólogo aplicar este
tipo de test en el caso planteado, para evaluar la inteligencia, personalidad
(normal o patológica) y estado neuropsicológico de los agresores sexuales.

Las pruebas o test proyectivos se basan en la evaluación del


comportamiento dinámico de los sujetos ante diferentes estímulos, por
ejemplo, dibujos o juegos. Son técnicas sumamente significativas en el
diagnóstico de una problemática delincuencial, ya que permite la proyección
de los conflictos y tiende a explorar los aspectos no cognitivos de la
personalidad. Se utilizan test de apercepción temática (T.A.T.), la figura
humana (Machover), test de completamiento de frases, el test de frustración
de Rosenzweig y especialmente el test de Rorscharch.

En el diseño y posterior aplicación de todo test se consideran


dos criterios de obligado cumplimiento: validez y fiabilidad.

La validez de un test indica si cumple realmente con la función


para la que está diseñado, esto es, si mide lo que pretende
medir.

La fiabilidad indica la estabilidad o consistencia de las medidas


proporcionadas por el test en repeticiones sucesivas. (Rodríguez
Núñez, 2013, p. 265).

En algunas ocasiones, nos hemos encontrado con el uso de


pruebas proyectivas en psicología forense, no obstante, han
recibido un gran número de críticas, ya que son de interpretación
muy compleja y requieren un gran conocimiento y experiencia
por parte de la persona que los administra. […] La posibilidad de
llegar a conclusiones erróneas por interpretaciones poco
rigurosas es, pues, su principal crítica. (Rodríguez Núñez, 2013,
p. 265).
Además, en ocasiones se los ha tachado de subjetivos, y por ello algunos
autores (Lapasió y Ramón, 2002) definen principios y requisitos para su
aplicación:

1 Principio de adecuación, según el cual algunas técnicas proyectivas


carecen de la adecuada fiabilidad.

2 Principio de complementariedad, que establece el uso de más de


una técnica para poder establecer comparaciones y contrastar
resultados. En general se recomienda su uso únicamente como un
método auxiliar que sirva como complemento a las pruebas
psicométricas.

3 Principio de interpretación restrictiva, que limita la realización de


extrapolaciones o conclusiones radicales de los mecanismos
dinámicos implícitos en las pruebas proyectivas.

4 Principio de selectividad, que recomienda la selección de aquellos


datos que puedan aportar más información para el objetivo de la
pericial. (Rodríguez Núñez, 2013, pp. 265-266).

Frente a las psicométricas, las pruebas proyectivas dificultan la manipulación


de las respuestas, pero carecen de índices de fiabilidad y validez suficientes
para su aplicación como metodología única de exploración forense. Por eso,
se recomienda el uso combinado de ambos tipos de instrumentos, pues
enriquece la evaluación pericial (Archer, 2006).
Cuestionarios de valoración del riesgo
La mayor parte de los instrumentos de evaluación psicológica (test de
personalidad, entrevistas estructuradas, etc.) han surgido en un contexto
clínico y, por ello, son de interés limitado en el entorno forense, a pesar de su
gran utilización (Hernández, 2002; Vázquez-Mezquita, 2005).

La experiencia práctica en el ámbito forense demuestra las claras


limitaciones de la evaluación clínica en este contexto: la alta deseabilidad
social y los sesgos de respuesta basados en el contenido aparente de los
ítems que conforman las pruebas clínicas. Pero, además, hay un desfase
insalvable entre el contexto clínico y el contexto forense: las pruebas clínicas
están elaboradas para evaluar constructos psicológicos o psicopatológicos y
su implicación legal se realiza de forma inferencial (Archer, 2006).

Si bien no existen apenas instrumentos de aplicación específica en el ámbito


forense, hay dos áreas en que han surgido pruebas psicológicas de interés
propiamente pericial: la evaluación de la credibilidad del testimonio en
menores presuntamente abusados sexualmente y la valoración del riesgo de
reincidencia en delincuentes violentos, agresores sexuales o maltratadores
domésticos. Ambos campos, dadas sus peculiaridades, imprimen un plus de
responsabilidad en la intervención del perito psicólogo (Echeburúa,
Fernández-Montalvo, Corral y López-Goñi, 2009).

En el caso de la valoración del riesgo, ciertas decisiones judiciales, como el


decreto de prisión provisional para el agresor, la imposición de una medida de
seguridad, la concesión de una orden de protección a la víctima, el acceso a
la libertad condicional o la imposición de una pena de libertad vigilada, se
fundamentan principalmente en la valoración pericial de la peligrosidad del
sujeto. A continuación, te presentamos una tabla donde podrás observar
algunos instrumentos existentes para valorar el riesgo de violencia futura,
enmarcados en áreas específicas.

Tabla 1: Instrumentos para valorar el riesgo de violencia futura

Área
Instrumento Objetivo Aplicación
específica

Violencia VRAG Predecir el Contexto


interpersonal comportamiento forense,
específica violento grave en penitenciario
adultos afectados o clínico.
HCR-2 por trastornos
mentales graves o Contexto
con un historial forense,
delictivo. penitenciario
PCL-R
o clínico.
Valorar el riesgo de
conductas Contexto
violentas en forense,
pacientes mentales
y delincuentes penitenciario
adultos. o clínico.

Evaluar la
presencia de
psicopatía en
adultos con un
historial violento o
delictivo.

Valorar el riesgo de
conductas Contexto
violentas de forense,
SARA
naturaleza física o penitenciario
sexual contra la o clínico.
pareja o expareja.
Violencia
Contexto
contra la
Predecir el riesgo policial,
pareja
de homicidio o de judicial,
EPV-R
violencia grave penitenciario
contra la pareja o o forense.
expareja.

Violencia SVR-20 Valorar el riesgo de Contexto


sexual violencia sexual en forense,
pacientes mentales penitenciario
y delincuentes o clínico.
adultos acusados
de este tipo de
delitos.

Valorar el riesgo de
violencia física,
sexual y de
amenazas graves Contexto
Violencia
SAVRY en pacientes forense o
juvenil
mentales y judicial.
delincuentes
jóvenes (14-18
años).

Fuente: elaboración propia adaptada de Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010.

Debe aclararse que todos estos instrumentos de evaluación forense no son


propiamente pruebas estandarizadas, sino guías estructuradas de análisis
de la información que evalúan las respuestas del sujeto, así como otras
fuentes de datos (expedientes, otros informantes, etc.). Todavía no existen
reglas de decisión claras respecto a considerar cuántos criterios o factores
determinan que una declaración sea considerada creíble o no creíble o que
un sujeto tenga mayor o menor probabilidad de reincidencia ni tampoco
existe una ponderación de cada uno de los criterios en el valor total de la
prueba.

Estas limitaciones se pueden subsanar, al menos parcialmente, si los


evaluadores están suficientemente formados en la aplicación de la técnica,
si la evaluación es realizada por dos peritos de forma independiente, si se
maneja amplia información complementaria procedente de diversas fuentes
(víctimas y agresores, expediente judicial o policial, etc.) y, por lo que a la
reincidencia de la violencia se refiere, si la valoración del riesgo se reevalúa
periódicamente en función de las nuevas circunstancias de la víctima o del
agresor (Andrés-Pueyo y Echeburúa, 2010).

Atendiendo a lo expuesto, ¿el perito psicólogo podría aplicar alguno de estos


cuestionarios a los agresores sexuales del caso planteado? Sin duda alguna,
por tratarse de violencia juvenil, el especialista puede aplicar el SAVRY en el
contexto forense o judicial, para valorar el riesgo de violencia física, sexual y
de amenazas graves, pues los agresores sexuales son delincuentes jóvenes
de 15, 16 y 17 años.

C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 5

Técnicas de evaluación

La técnica fundamental de evaluación en psicología forense es la entrevista


pericial semiestructurada, que permite abordar de una manera
sistematizada pero flexible la exploración psicobiográfica, el examen del
estado mental actual y los aspectos relevantes en relación con el objetivo del
dictamen pericial (Vázquez-Mezquita, 2005).

Las entrevistas pueden ser de más utilidad que los test en el caso de sujetos
con dificultades de concentración o con problemas para entender el lenguaje
escrito. Asimismo, se pueden apreciar síntomas de difícil valoración con
escalas autoaplicadas: síntomas psicomotores (retardo o agitación
psicomotora), insight (conciencia de enfermedad), ideas delirantes, etc.
(Archer, 2006; Fernández-Montalvo, Echeburúa y Amor, 2005).

Los resultados de la entrevista pueden sugerir criterios adecuados para


profundizar en algunas áreas exploradas por medio de test. La estrategia
combinada de entrevista y test debe ponerse en cada caso al servicio de las
necesidades específicas de cada sujeto, de las circunstancias concretas y
del objetivo de la evaluación. Por ello, la selección de los test utilizados no
debe basarse en una batería estándar, sino que debe atenerse a criterios de
pragmatismo (utilidad de la información recabada, nivel cultural del sujeto
evaluado, dominio del instrumento por parte del evaluador), a la calidad
científica (fiabilidad, validez y adaptación al entorno cultural) y a la economía
de tiempo (brevedad y no repetición de las pruebas a efectos de conseguir
una mayor motivación y de evitar la fatiga).

En cualquier caso, se deben señalar las limitaciones de los instrumentos o


del contexto de la evaluación, sobre todo cuando se manejan técnicas que
pueden crear unas expectativas muy altas en los operadores jurídicos, como,
por ejemplo, técnicas de credibilidad del testimonio, escalas de valoración del
riesgo de reincidencia o de violencia, entre otras.

En resumen, el dictamen pericial debe integrar los datos obtenidos con


métodos diversos (la entrevista y los test específicos), así como
contrastarlos con fuentes de información múltiples (entrevistas a familiares
o análisis de la documentación obrante en el expediente judicial). Si hay
discrepancias entre estas fuentes de información, la buena práctica requiere
señalar las contradicciones detectadas en el informe final y planteárselo así
al tribunal. Actuar de forma contraria (es decir, excluir lo que resulta
disonante e integrar en el informe solo lo que es coherente con la hipótesis
inicial del evaluador) supone una mala praxis y un falseamiento de la realidad
de la evaluación psicológica (Esbec y Gómez-Jarabo, 2000).

Conforme a lo expuesto, ¿es limitante para la evaluación psicológica de los


agresores sexuales del caso planteado el uso de la entrevista estructurada?
Debemos estimar que, si bien la técnica fundamental de evaluación en
psicología forense es la entrevista pericial semiestructurada, no obstante, en
el caso presentado, se trata de un delito de agresión sexual, siendo la
entrevista estructurada la más acorde. De allí, es factible, entonces, que el
perito psicólogo aplique una estrategia combinada de entrevista y test
atendiendo a las necesidades específicas de cada uno de los agresores
sexuales, de las circunstancias concretas y del objetivo de la evaluación; para
que el dictamen pericial integre los datos obtenidos con métodos diversos,
contrastados con entrevistas a familiares o análisis de la documentación
obrante en el expediente judicial; y, si hay discrepancias entre estas fuentes
de información, el especialista pueda señalar las contradicciones detectadas
en el informe final y planteárselo así al tribunal.

Te invito a repasar lo anteriormente expuesto.

1. En el caso planteado, por tratarse de violencia juvenil, el perito psicólogo


aplicaría el SVR-20 para valorar el riesgo de violencia física, sexual y de
amenazas graves, pues los agresores sexuales son delincuentes jóvenes de
15, 16 y 17 años.

Es falso porque, por tratarse de violencia juvenil, el


perito psicólogo aplicaría el SAVRY para valorar el
riesgo de violencia física, sexual y de amenazas
graves, pues los agresores sexuales son
delincuentes jóvenes de 15, 16 y 17 años.

Es verdadero porque, por tratarse de violencia


juvenil, el perito psicólogo aplicaría el SVR-20 para
valorar el riesgo de violencia física, sexual y de
amenazas graves, pues los agresores sexuales son
delincuentes jóvenes de 15, 16 y 17 años.

SUBMIT

Para concluir, te invito a profundizar en lo anteriormente expuesto leyendo el


siguiente paper:

 Indicaciones sobre la lectura: Este artículo científico nos permite


profundizar acerca de las técnicas e instrumentos en psicología forense.
Se recomienda su lectura completa.

L3. Estrategias de evaluación psicológica en el ámbito [Link]


8.4 MB

Fuente: Valverde, C. S. (2005). Estrategias de evaluación psicológica en el ámbito forense. Recuperado

de [Link]

C O NT I NU A R
LECCIÓN 4 de 5

Referencias

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Willis, G. B. (2005). Cognitive Interviewing. A Tool for Improving


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C O NT I NU A R
LECCIÓN 5 de 5

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