4.
Estudio de caso en la Asociación de Moreros de Santa Rosa de Cabal (musa),
departamento de Risaralda.
Bedoya Patiño, C. G y Cárdenas Grajales, G. I. (2016). Estudio de caso en la Asociación de
Moreros de Santa Rosa de Cabal (musa), departamento de Risaralda. En Á. Acevedo-
Osorio y J. Martínez Collazos (comps.) (2016). La agricultura familiar en Colombia. Estudios
de caso desde la multifuncionalidad y su aporte a la paz (pp. 143-163). Bogotá: Ediciones
Universidad Cooperativa de Colombia.
El estudio de caso seleccionado se centra en las prácticas de producción de los agricultores de la
Asociación de Moreros de Santa Rosa, Musa, en la zona cafetera colombiana. A continuación, se
presentan cinco particularidades positivas y cinco negativas que podrían surgir si se implementa
este modelo en Espinal, Tolima.
Particularidades Positivas
1. Diversificación de Cultivos: Al igual que en la asociación Musa, fomentar la diversificación de
cultivos puede reducir la vulnerabilidad económica. En mi región (Espinal - Tolima), se podría
incentivar el cultivo de productos adicionales como aguacate o plátano, mejorando la oferta de
productos en el mercado.
2. Mejora de Prácticas Agronómicas: La implementación de asistencia técnica y capacitación en
prácticas agronómicas modernas puede incrementar la producción y calidad de los cultivos. En
Espinal, se pueden adoptar técnicas de manejo de suelos y fertilización más sostenibles.
3. Acceso a Asistencia Técnica: Establecer vínculos con instituciones que ofrezcan asistencia
técnica, similar a las que operan en la zona cafetera, podría ayudar a los agricultores de Espinal a
adoptar nuevas tecnologías y mejorar la producción.
4. Aumento de Ingresos: La adopción de un modelo de producción más orientado al mercado
puede incrementar los ingresos familiares. Si los agricultores logran producir para la venta, pueden
obtener un excedente que mejore su calidad de vida.
5. Conservación de Recursos Naturales: La implementación de zonas de conservación y prácticas
que fomenten la biodiversidad, como en la Asociación de Moreros, puede contribuir a la
sostenibilidad ambiental en Espinal, promoviendo la conservación de ecosistemas locales.
Particularidades Negativas
1. Dependencia de Insumos Externos: Al igual que en el estudio de caso, podría generarse una
alta dependencia de insumos externos como fertilizantes y pesticidas. Esto puede ser un desafío
para los agricultores de Espinal, quienes podrían enfrentar costos elevados.
2. Desigualdad en el Acceso a Recursos: La implementación del modelo podría favorecer a
algunos agricultores sobre otros, generando desigualdades en el acceso a tecnología y recursos, lo
que podría acentuar la pobreza en la región.
3. Deterioro del Conocimiento Tradicional: La priorización de prácticas agrícolas innovadoras
podría llevar a una pérdida del conocimiento tradicional en el manejo de cultivos que ha sido
eficaz en el contexto local, lo que afectaría la cultura agrícola de Espinal.
4. Aumento de la Vulnerabilidad Económica: Si los agricultores no logran adaptarse a los
requerimientos del mercado, pueden enfrentar pérdidas significativas, lo que incrementaría su
vulnerabilidad económica en un contexto ya precario.
5. Impacto Ambiental Negativo: La intensificación de la producción y el uso de agroquímicos, sin
un manejo adecuado, podría llevar a un deterioro del suelo y la biodiversidad en la región,
afectando el ecosistema local y la salud de los agricultores.
Estudio de caso en la Asociación de Moreros de Santa Rosa de Cabal (musa), departamento de
Risaralda Resumen La región cafetera colombiana está conformada por más de quinientas mil
familias productoras de café en pequeña escala. Los programas de la Federación Nacional de
Cafeteros las ayudan a acceder a mayores insumos, créditos y programas de incentivo a la
competitividad, incluida la diversificación de cultivos. El estudio se llevó a cabo en once fincas de la
Asociación de Productores de Mora de Santa Rosa de Cabal (musa), ubicada en la vereda Las
Brisas, entre los 1.800 y 2.087 msnm. Se analizaron ocho indicadores: localización y composición
familiar; género; recursos naturales; sistema de finca; producción; tecnología; inversiones, gastos
e ingresos. En la primera fase se hizo un reconocimiento de las fincas mediante técnicas de
investigación descriptiva, talleres participativos, líneas de tiempo y transecto histórico; en la
segunda se utilizó un instrumento guía de entrevista semiestructurada. Los resultados ubican las
familias como productoras de café de economía campesina, objeto de programas de
diversificación, basados en paquetes tecnológicos y estímulos a la productividad y competitividad,
con fincas que van desde 1,5 hasta 7 ha. Presentan una agricultura vulnerable por la escasa oferta
alimentaria para el autoconsumo y venta en mercados locales. Estas características tipifican la
pluriactividad de la agricultura familiar en la región, la cual constituye una multioferta de
funciones y servicios propios de la agricultura familiar con orientación hacia las funciones
productiva y financiera Introducción El estudio de las diversas formas de agricultura que hay en
Colombia ha ocupado el interés de académicos e instituciones relacionadas con el sector
agropecuario desde hace algún tiempo. Sin embargo, es ahora cuando un segmento
representativo de la sociedad empieza a reconocer la importancia que tienen los agricultores
campesinos en el país, por el papel que históricamente han desempeñado en la economía agraria
colombiana, además del interés que suscitan a nivel mundial las crisis del mundo rural, la pobreza
e inequidad social en el campo, la exclusión y migración, unidos al cambio climático, el deterioro
ambiental y la desertificación de las zonas agrícolas como consecuencia de todos estos
fenómenos. El análisis de las sociedades rurales desde el enfoque de la multifuncionalidad emerge
del reconocimiento de las diversas funciones que cumple la agricultura a partir de una producción
sostenible que mantiene y cultiva la agrobiodiversidad y el paisaje, y que desempeña amplias
funciones sociales, no limitándose solo a las productivas, sino también a las relacionadas con el
medio ambiente y el equilibrio territorial (Segrelles, 2007), y por las cuales el agricultor no obtiene
un bien intercambiable en el mercado. El término “multifuncionalidad de los sistemas productivos
campesinos” hace referencia a las funciones ecosistémicas que van más allá de la dimensión
productiva de alimentos y materias primas vegetales y animales, las cuales pueden ofrecer otros
bienes y servicios, algunos de carácter público (externalidades). Así la agricultura contribuye a
distintos objetivos sociales al mismo tiempo. Normalmente, las funciones de los sistemas agrarios
se ligan a su valor económico total o valores de uso directos; mientras que las funciones
socioeconómicas, ambientales y territoriales, consideradas algunas de ellas como externalidades,
determinan valores de uso indirecto o de no uso (Calatrava, 2009). Este concepto incorpora a la
función de producción de materias primas y alimentos otras que realizan los agricultores y por las
cuales obtienen un bien intercambiable en el mercado; además conlleva el reconocimiento de que
la agricultura realiza una serie de funciones que exceden ampliamente la mera producción de
materias primas y alimentos. Por tanto, el carácter multifuncional de la agricultura no es sino una
característica de la actividad agraria (Atance y Tió, 2000). El presente estudio se desarrolló con el
fin de identificar las contribuciones de la agricultura familiar en Colombia, utilizando el enfoque de
la multifuncionalidad. Se propuso conocer la situación de una asociación de moreros ubicada en el
municipio de Santa Rosa de Cabal, departamento de Risaralda, zona tradicionalmente de vocación
cafetera, pero que en la actualidad maneja cultivos de mora sin tuna, fomentados por programas
de diversificación, de la Federación Nacional de Cafeteros, Federacafe, y el Ministerio de
Agricultura y Desarrollo Rural, Multifuncionalidad de la agricultura La multifuncionalidad de la
agricultura (mfa) en América Latina ha abierto recientemente un debate académico y político, en
tanto el enfoque multifuncional de los sistemas agrarios se convierte para algunos en un escenario
de revalorización y resignificación del mundo rural, por la posibilidad de hacer visibles funciones
no valoradas desde el mercado (externalidades). De acuerdo con Atance y Tió (2000), “el concepto
de multifuncionalidad conlleva el reconocimiento de que la agricultura realiza una serie de
funciones que exceden ampliamente la mera producción de materias primas y alimentos”; estos
autores platean que “la mfa es una característica inherente a la actividad agraria, independiente
del momento y lugar, siempre la agricultura realizará varias funciones”. La mfa se entiende como
el conjunto de funciones desempeñadas por la actividad agraria que van más allá de la producción
de alimentos y materias primas y que tienen que ver con la conservación del medioambiente, el
cultivo y construcción de los valores paisajísticos, el manejo, uso y conservación de la
biodiversidad, la seguridad y soberanía alimentaria, entre otras. De acuerdo con Atance y Tió
(2000), la mfa recoge todas aquellas funciones realizadas por la agricultura que van más allá de
esta y por las cuales el agricultor no obtiene un bien intercambiable en el mercado. Ese conjunto
de bienes y servicios, asociados a la actividad agraria, tienen cada vez más importancia en el
contexto del bienestar social (Parra y Sayadi, 2009) y se constituyen en objeto de interés para las
políticas públicas en el desarrollo rural, en tanto se visibilizan otras funciones, como bienes
públicos, y hacen posible el mantenimiento de rentas de la función productiva, conectada a las
nuevas funciones tenidas en cuenta, lo que en últimas constituye el pilar del debate de quienes no
aceptan la mfa como enfoque para el desarrollo rural de las agriculturas del tercer mundo.
Autores como Calatrava (2009) plantean que, mucho antes del uso del vocablo, la agricultura ya
realiza funciones mercantiles y no mercantiles, Multifuncionalidad de la agricultura La
multifuncionalidad de la agricultura (mfa) en América Latina ha abierto recientemente un debate
académico y político, en tanto el enfoque multifuncional de los sistemas agrarios se convierte para
algunos en un escenario de revalorización y resignificación del mundo rural, por la posibilidad de
hacer visibles funciones no valoradas desde el mercado (externalidades). De acuerdo con Atance y
Tió (2000), “el concepto de multifuncionalidad conlleva el reconocimiento de que la agricultura
realiza una serie de funciones que exceden ampliamente la mera producción de materias primas y
alimentos”; estos autores platean que “la mfa es una característica inherente a la actividad
agraria, independiente del momento y lugar, siempre la agricultura realizará varias funciones”. La
mfa se entiende como el conjunto de funciones desempeñadas por la actividad agraria que van
más allá de la producción de alimentos y materias primas y que tienen que ver con la conservación
del medioambiente, el cultivo y construcción de los valores paisajísticos, el manejo, uso y
conservación de la biodiversidad, la seguridad y soberanía alimentaria, entre otras. De acuerdo
con Atance y Tió (2000), la mfa recoge todas aquellas funciones realizadas por la agricultura que
van más allá de esta y por las cuales el agricultor no obtiene un bien intercambiable en el
mercado. Ese conjunto de bienes y servicios, asociados a la actividad agraria, tienen cada vez más
importancia en el contexto del bienestar social (Parra y Sayadi, 2009) y se constituyen en objeto de
interés para las políticas públicas en el desarrollo rural, en tanto se visibilizan otras funciones,
como bienes públicos, y hacen posible el mantenimiento de rentas de la función productiva,
conectada a las nuevas funciones tenidas en cuenta, lo que en últimas constituye el pilar del
debate de quienes no aceptan la mfa como enfoque para el desarrollo rural de las agriculturas del
tercer mundo. Autores como Calatrava (2009) plantean que, mucho antes del uso del vocablo, la
agricultura ya realiza funciones mercantiles y no mercantiles, Características de los 11 sistemas de
finca estudiados con los productores de musa en la vereda Las Brisas N.° Nombre de la finca Área
total (ha) Tenencia de la tierra (propiedad privada) ha Hectáreas en monocultivo comercial
Hectáreas en pastos en monocultivo Hectáreas en policultivo tradicional Hectáreas en potreros
arborizados
La tabla 7.1 muestra cómo del total de hectáreas (69,4) de los 11 predios, el 30,5% está en
monocultivo comercial (21,2 ha), el 26,8% en policultivo tradicional (15,4 ha), el 22,19% en
monocultivo de pastos (15,4 ha) y el 20,51% en barbecho o zonas de conservación. El 81,81% de
los predios supera las 5 hectáreas, cifra que se considera como límite entre el minifundio y el
pequeño propietario para el caso del cultivo del café. Dos predios (18,18%) utilizan entre el 50 y el
100% de su área en monocultivos comerciales, lo que equivale al 66,04% del total (14 hectáreas),
el 81,82% registran 7 hectáreas en monocultivos comerciales asociados con policultivo tradicional
y pastos en monocultivo. Para estos 11 predios el área en pastos, 15,4 hectáreas (20,51%), es
menor que la suma de las áreas dedicadas a la producción agrícola y menor que el área en
barbecho y conservación. Todos los sistemas de finca cuentan con servicio de electricidad,
acueducto, alcantarillado y servicio sanitario; solo en tres predios hay pozo séptico. Comparando
las cifras entregadas por la comunidad con las del dane (2005), estas familias hacen parte del 66%
que a nivel nacional se surte de aguas provenientes de quebradas y riachuelos, tres de las fincas
pertenecen al segmento de viviendas rurales que tienen pozo séptico (46%) y a su vez el 100% de
familias de musa cocinan con leña como lo hacen el 66% de los hogares rurales en Colombia, de
acuerdo con la misma fuente. En la zona de estudio se encontró que en los predios entre 1 y 5
hectáreas predomina el cultivo de café asociado con cultivos transitorios (maíz, fríjol, arveja,
habichuela y tomate), lo cual se da principalmente cuando se realizan renovaciones de cafetales
viejos; son estas épocas donde los propietarios venden su mano de obra a predios vecinos por la
disminución de actividades que demanda su propia finca y necesidad de complementar los
ingresos familiares. Los predios entre 2 y 5 hectáreas están mayormente diversificados, con áreas
en pastoreo, mora, aguacate, café y cultivos de pancoger para el autoconsumo y venta de
excedentes; igual ocurre con los predios entre 5 y 7 hectáreas, cuyos propietarios dedican todo el
tiempo a las labores de la finca con contrataciones esporádicas de mano de obra externa. El
11,57% del área total de los predios está en áreas de conservación, y el 36,36% tienen lotes
subutilizados en rastrojo que corresponden al 9,22% del área total de todos los predios. Del total
de la población del estudio, el 42,11% son mujeres. De ellas el 50% desempeña el rol de ama de
casa y apoya en las labores de la finca, el 12,5% trabaja fuera del hogar en labores diferentes a la
agrícola y el 37,50% son menores en edad escolar. En musa el nivel de escolaridad en las mujeres
es: 54,17% primaria, 20,83% secundaria, 16,67% poseen títulos técnicos o universitarios y el 8,33%
son analfabetas. Con respecto a las edades de las mujeres, el 8,3 % son menores de 10 años, el
16,67% están entre 10 y 20 años, el 62,5% están entre 20 y 50 años y el 12,5 % son mayores de 50
años. Las mujeres rurales de musa continúan desarrollando la labor tradicional del cuidado de la
casa y los demás miembros de la familia, así como el rol de cuidar y preparar los alimentos. De
acuerdo con esto, el informe del pnud para las Mujeres Rurales (2011) indica que “el cuidado de
los hijos, los oficios domésticos y la participación cotidiana en las actividades del hogar, entendido
como unidad productiva rural, no se reconocen como trabajo productivo”; pese a ello, la Cepal,
citada por el informe del pnud, indica que “la participación de las mujeres en el mercado del
trabajo rural pasó de 21,4% en 1980 a 32,4% en el 2000, ubicándose por encima del promedio
latinoamericano entre los años 2006 y 2010”. El mercado del trabajo de las mujeres rurales se
caracteriza por bajos ingresos, pago en especie y, en algunos casos, ausencia de remuneración. Del
porcentaje que labora, el 80,6% recibe pago en dinero, el 8,1% en dinero y especie y el 11,3% no
recibe pago o solo un porcentaje en especie; estas últimas se consideran ayudantes de familia
(ends, 2010, citado por pnud, 2011). Del total de la población de musa, el 57,89% son hombres, y
de ellos el 72,72% está dedicado a las labores agrícolas, el 9,09% se desempeña en labores
diferentes a la agrícola y el 18,18% estudia y a la vez apoya el trabajo de la finca. El nivel de
escolaridad de los hombres es del 66,7% primaria, 30,3% secundaria, 3,03% tiene títulos técnicos o
universitarios; para este grupo no hay registro de analfabetismo. Con respecto a las edades de los
hombres, el 12,12% son menores de 10 años, el 27,27% están entre 10 y 20 años, el 36,37% están
entre 20 y 50 años y el 24,24% son mayores de 50 años. El 47,37% de las personas que viven en la
vereda están entre 20 y 50 años, el 22,8% entre 10 y 20 años, el 19,3% son mayores de 50 años y
el 10,53% son menores de 10 años; esto indica que el 52,63% del total de la población
corresponde a personas menores de 20 años sumado a las personas mayores de 50 años. Del total
de los integrantes de las familias, 4,4 en promedio vive en la finca, lo que corresponde al 84,62%
del total, 0,8% no viven ella, en promedio 2,2 personas están dedicadas a las labores de la finca, es
decir el 50% de quienes viven en cada hogar desempeñan labores agropecuarias. Estos datos
concuerdan con los del informe: Colombia: Escenario social, económico e institucional de la actual
crisis cafetera (Fonseca, 2003). En cuanto a la migración, en la información obtenida en campo se
encontró que solo el 10,5% de los habitantes de la vereda ha migrado hacia centros urbanos
cercanos; en este sentido, y para esta vereda en particular, no se cumplen las características del
fenómeno migratorio que actualmente es propio de la región cafetera. Allí, de acuerdo con cifras
de la edh, 1 en la zona cafetera entre el 2001 y el 2003 se presentó la migración de algún
integrante en el 13% de los hogares de la región, siendo más alto en la zona rural (18%) en
comparación con la urbana (12%), y en los hogares cafeteros (17%) frente a los no cafeteros (13%)
(Eje Cafetero: un pacto por la región - Informe Regional de Desarrollo Humano, 2004). Los
integrantes de las familias que no viven en los predios migran generalmente a los centros urbanos,
donde las mujeres desempeñan labores de secretarias, costureras, asistentes de cafetería, cajeras,
entre otras; los hombres cumplen oficios de vigilancia, construcción y mensajería. Generalmente
son las hijas mujeres las que migran más rápidamente del campo una vez que terminan los
estudios de bachillerato y/o cumplen la mayoría de edad, ya que no desean continuar en las
actividades cotidianas de la finca, pues consideran que el campo no les brinda garantías para su
desarrollo personal y económico. Otro tipo de migrantes de estas familias se han convertido en
trabajadores rurales trashumantes, con asentamientos estacionales fijos por un período
determinado. Conforman una familia y se establecen en fincas de la región, donde propietarios
grandes les garantizan vivienda, trabajo y un salario como agregados, jornaleros, cosecheros o
aparceros. De los miembros de las familias que continúan en las fincas, el 76,1% constituye fuerza
laboral aprovechable, es decir, están disponibles para vincularse a las actividades de la finca; el
porcentaje restante, 23,9%, está compuesto básicamente por niños que se vinculan como apoyo a
las actividades productivas y domésticas del sistema de finca (tabla 7.2). De las 11 familias de la
asociación que participaron en el estudio, viven de manera permanente 51 miembros de los
núcleos familiares; en seis de ellas toda la familia, con un promedio de cinco personas por hogar;
en las cinco restantes, 4,2 miembros en promedio. De las 11 familias, 3,6 miembros en promedio
están disponibles como fuerza laboral, pero solo 2,2 se dedican a las labores del predio. Para esta
asociación se constató que el 50,3% de la mano de obra ocupada en las labores de las fincas es
familiar; el restante 49,7% es contratada (tabla 7.2), en ocasiones de manera permanente y en
otras esporádicamente. Llama la atención que en ningún predio hay dedicación a las labores
agrícolas del total de la fuerza laboral disponible. Según Forero et al. (2013), en Colombia la
participación de la mano de obra familiar en el total de los sistemas campesinos está entre el 10 y
el 60%, con un promedio del 40,5% Cantidad de jornales y tipo de mano de obra Las fincas de
musa, con predominio de policultivos tradicionales, emplean en promedio 93,4 jornales/ha/año,
mayoritariamente de mano de obra familiar (62,8%). En nueve de las fincas estudiadas se verificó
la contratación esporádica de mano de obra, mientras que en tres de ellas se emplea
exclusivamente mano de obra familiar (tabla 7.3). Esta condición confirma para musa una de las
principales características de la agricultura familiar, que es el uso del trabajo familiar para la
planificación y el sostenimiento del sistema de producción Dimensión cultural Criterios de
innovación, hibridación o tradición tecnológica En este punto se analizó la manera como se
disponen y ordenan las operaciones productivas en cada sistema de finca, tomando como
referencia cinco actividades productivas: manejo de suelos, fertilización, tipo de semilla empleada,
manejo de arvenses y manejo de plagas y enfermedades (figura 7.1). Para el caso de este estudio
se acogieron las siguientes distinciones: Innovación: técnicas derivadas del proceso de
tecnificación impulsado por profesionales e instituciones agrarias; Tradición: técnicas derivadas
del conocimiento y las prácticas ancestrales tradicionales de los agricultores; Hibridación:
combinación de técnicas innovadoras y tradicionales para analizar la manera como se configuran
las operaciones productivas a nivel de cada sistema de finca. Criterio de manejo híbrido. La
hibridación se destaca como el criterio de manejo con mayor aplicación de los productores de
musa; desde este criterio se configuran la gran mayoría de las actividades productivas llevadas a
cabo por las familias agricultoras de la asociación. Los porcentajes de aplicación de este criterio a
las actividades productivas son los siguientes: manejo suelo 54,5%, fertilización 54,5%; origen de la
semilla 72,7%, y manejo de arvenses 63,6%. La combinación de tecnología y tradición es
connatural a las características que presentan los productores de zonas altamente intervenidas
por programas de asistencia técnica y transferencia tecnológica, como son los agricultores de la
zona cafetera colombiana, que también se han insertado en programas de diversificación del café,
donde los incentivos económicos están ligados a un paquete tecnológico que incluye asistencia
técnica, insumos específicos, capacitaciones, investigación sobre nuevas variedades y
conformación de proyectos asociativos. En este tipo de productores es común encontrar una
mezcla de conocimientos técnicos con conocimientos tradicionales, derivados de su condición de
campesinidad altamente intervenida. Criterio tradicional. El segundo criterio de manejo de las
fincas utilizado por los productores de la Asociación de Moreros de Santa Rosa, musa, es el
tradicional. Las prácticas agronómicas en las que los productores utilizan mayores conocimientos
tradicionales son: manejo de plagas y enfermedades, fertilización, manejo de suelos y de semillas.
Esto indica que, a pesar de la alta intervención de diferentes instituciones, aún llevan a cabo
prácticas tradicionales de manejo. Criterio innovador. El criterio innovador es el menos aplicado
por los productores de la asociación musa: para suelos un 18,1%; fertilización 9,0%; origen de la
semilla 18,1%; manejo de arvenses 18,1%, y manejo de plagas y enfermedades 36,3%. Esto indica
que son pocos los productores que realizan totalmente procesos de adopción tecnológica derivada
de la tecnificación agrícola, impulsada por instituciones y profesionales; para el caso de los
productores de musa, los niveles de adopción tecnológica no desplazan o reemplazan por
completo el conocimiento tradicional y el empirismo que les es propio. Las instituciones que
realizan asistencia técnica en esta zona son: Asohofrucol, Umata, Secretaría de Agricultura de
Risaralda, sena, Comité Departamental de Cafeteros y Unisarc. En el manejo que los agricultores
de musa realizan en sus parcelas hay una tendencia al sistema de hibridación, mezclando sus
conocimientos tradicionales con la innovación, debido a la alta presencia en la vereda de
instituciones agrícolas y empresas comercializadoras, cuyas exigencias condicionan las cuotas y
precios de compra pactados, y al cumplimiento de las normas y criterios técnicos establecidos. Se
conocen casos en los que las empresas comercializadoras les han devuelto toneladas del producto
por no cumplir con este tipo de condicionantes. Una característica importante de este tipo de
agricultura familiar es la alta dependencia de insumos y paquetes de asistencia técnica; en este
sentido, un clamor importante de las familias agricultoras es por la mejora en la calidad de dicha
asistencia técnica, pues ponen en ella una gran expectativa en tanto no ven una mejora en su
producción; sin embargo, no adoptan gran parte de los conocimientos que les transfieren los
técnicos encargados y hay rechazo, casi que general, por el alto costo de los fungicidas, los
insecticidas, los herbicidas y los fertilizantes que deben aplicar al cultivo. Estos afectan la calidad
del producto por los niveles de trazabilidad e inocuidad que les exigen las agroindustrias, que son
quienes les compran la fruta en el marco de las buenas prácticas agrícolas Dimensión productiva
Autosuficiencia alimentaria Son entre cinco y 16 los alimentos consumidos de manera permanente
por las familias de musa y que se producen dentro de las fincas; esta baja cantidad denota una
frágil capacidad de autoconsumo y seguridad alimentaria de las familias (figura 7.2). La afirmación
anterior se corrobora dado que en las fincas se produce café, mora y leche como productos
principales para vender al mercado, y en ellos se pone el mayor énfasis del trabajo familiar y
ecosistémico; al realizar una comparación con los productos que hacen parte de la dieta
alimentaria, se encontró que la mayoría se adquieren en la plaza de mercado. El café se asocia con
otras especies (policultivo) como plátano, maíz, fríjol, habichuela y arveja; pero los agricultores,
más que pensar en su seguridad alimentaria, cultivan estos y otros productos (aguacate, cítricos,
cebolla junca, pepino, banano y yuca), también para ofrecer al mercado. Al evaluar las especies
vegetales sembradas en las fincas, la venta de excedentes y el consumo de alimentos de las
familias, se encuentra que varios de los productos de consumo familiar (cebolla, yuca, arroz,
panela, cilantro, atún, papa, carne de cerdo y de res, pollo, huevos, sal, azúcar) deben adquirirse
por fuera, principalmente en la plaza de mercado. Para el caso de musa, la producción de
alimentos para el autoconsumo no representa una función de primer orden, ya que su actividad
predial básicamente se orienta al mercado y a la obtención de beneficios económicos Actividades
productivas de los sistemas de finca Los productos que se obtienen de los sistemas de finca fueron
agrupados en diez categorías (figura 7.3). La producción para el mercado está compuesta en su
mayoría por productos como mora, aguacate, café, plátano, yuca, leche y huevos; en menor
cantidad por productos de pancoger y medicinales; lo cual corrobora la información sobre
autosuficiencia alimentaria de la familia. La producción de recursos maderables está casi
circunscrita a su asociación a las parcelas de cultivo o en sus márgenes como cercos vivos o
linderos. Las especies maderables para combustibles son las de mayor uso, ya que todos los
hogares cocinan con leña. En cuanto a la agroindustria, ninguna de las familias vende productos
transformados. La combinación entre producción para el mercado y autosuficiencia alimentaria es
propia de la agricultura familiar; sin embargo, en este tipo de asociaciones, por las condiciones de
desequilibrio entre las dimensiones económicofinanciera y las demás, existe un énfasis en la
producción para el mercado en desmedro de la autosuficiencia alimentaria, lo cual pone a este
tipo de agricultores en condiciones de riesgo Dimensión económica Conformación del ingreso
familiar En musa el autoconsumo representa en promedio el 34,5% del ingreso agropecuario bruto
(tabla 7.4). En la figura 7.5 se presentan las categorías de productos obtenidos por las familias de
la vereda Las Brisas Excedente familiar integral. Los costos monetarios en promedio para todas las
familias equivalen a $6.132.981, que corresponden a la contratación esporádica de mano de obra
y compra de insumos, especialmente fertilizantes químicos y herbicidas (tabla 7.5). Por su parte,
los costos domésticos o no monetarios se relacionan con la mano de obra familiar y los insumos
elaborados en la misma finca; estos equivalen al 57% del promedio del total de costos. La venta de
fuerza de trabajo (jornales extraprediales) se verifica en cinco de las fincas que hicieron parte del
estudio, las cuales muestran ingresos generados por la venta de fuerza de trabajo extrapredial,
asociada al manejo de los cultivos comerciales; las otras cuatro fincas generan ingresos
exclusivamente derivados de la producción agropecuaria. En dos fincas los miembros de la familia
perciben ingresos adicionales a la producción agropecuaria: en uno por ayuda del Estado en
calidad de desplazados y en otro porque reciben remesas. El excedente familiar integral mensual
por familia, equivalente en salarios mínimos legales para el 2014, muestra un promedio para las 11
fincas equivalente a 1,52. En este cálculo no se tuvieron en cuenta la cantidad de ingresos por
remesas de familiares que viven fuera del sistema de finca. Las diversas categorías de productos
de la finca indican que: a) los productores de musa no dependen de un solo producto como en
otras épocas (el café); b) la diversificación del ingreso refleja menos vulnerabilidad a riesgos
económicos y mayor diversificación predial que se basa en la hibridación cultural. Se identifica una
escasa oferta de servicios ecosistémicos desde las dimensiones ambientales, sociales y culturales.
En cuanto a la rentabilidad de los sistemas de finca, medida como la relación beneficio/costo, se
muestra un promedio de 0,46, y solo en una finca se está por encima de 1, indicando que en
general se paga la totalidad de los costos y se obtiene un margen de ganancia por la actividad
productiva. Esto no sucede con el resto de familias, donde la relación b/c es inferior a 1; lo que
significa que no se cubre la totalidad del costo de la mano de obra invertida por la familia; este
fenómeno se puede asociar a la alta demanda de insumos externos para el mantenimiento de sus
cultivos. Dimensión ambiental Conservación del suelo, la biodiversidad y la agrobiodiversidad El
81,8% de las fincas de la Asociación de Moreros de Santa Rosa de Cabal, musa, cuenta con zonas
de conservación con un promedio de 12,39% del total del área de las fincas (tabla 7.6). En estas
áreas se conserva la biodiversidad de fauna y flora; sin embargo, las familias agricultoras indican
que realizan extracción de especies maderables que ya cumplieron su ciclo, para utilizarlas como
combustible; y en menor proporción, para la construcción de infraestructura de la vivienda, como
es el caso de la guadua. De las 11 fincas pertenecientes a la asociación, ocho poseen arreglos en
policultivo tradicional de entre 1 y 3 ha. En promedio, estas fincas presentan 1,39 ha en
policultivo, lo cual es bastante significativo ya que se trata de fincas intervenidas por modelos de
tecnificación basados en monocultivo Materia orgánica del suelo Los contenidos de materia
orgánica en los suelos de las fincas de la asociación musa varían entre 4,5% y 10,1% (tabla 7.7); el
predio con menor número de lombrices por metro cuadrado (15) muestra un menor porcentaje de
materia orgánica, 4,5%, en relación con aquella que presenta la mayor cantidad de lombrices, 42
por metro cuadrado, con un mayor porcentaje de materia orgánica, 10,1%. De acuerdo con
Sadghian (2008), el rango de materia orgánica adecuado para el cultivo de café debe estar por
encima del 8%; esto ubica a dos predios por debajo del rango mínimo, con valores de 4,5 y 7,2%, y
a los demás por encima, pero en lo que se denomina un contenido normal bajo muy cercano al
límite de 8%. Esto indica que la calidad de los suelos en las fincas de musa ha sufrido deterioro por
su bajo contenido de materia orgánica, debido al uso intensivo, a un excesivo control de arvenses
y siembra de cultivos en zona de ladera Conclusiones Los agricultores familiares de musa se
identifican claramente con las características de economía campesina; entre ellas se destaca el
aporte de mano de obra familiar a las labores del predio en un 50,3%. Los efectos de los
programas de diversificación cafetera en esta zona se establecieron como un complemento a los
ingresos del cultivo del café; sin embargo, debido a factores climáticos, comercio internacional,
disminución de la oferta de mano de obra rural, minifundización de los predios cafeteros, pérdida
de la agro y biodiversidad, migración y aumento en los índices de desempleo y pobreza, se
convirtieron en una alternativa de ingresos que reemplazó en buena parte la producción cafetera,
pero que no mejoró las condiciones de pluridimensionalidad ecosistémica de las fincas, lo que ha
generado pérdida de la base alimentaria, agro y biodiversidad, erosión cultural, migración
urbanorural, contaminación de aguas, empobrecimiento de los suelos y desmejora en las
condiciones de vida de las familias caficultoras. Los sistemas de producción de musa se pueden
clasificar como hogares de agricultura familiar pluriactiva (afp), porque, además de la producción
agropecuaria, obtienen ingresos por otros rubros como mano de obra y remesas; el 10,5% de las
personas viven por fuera del predio y aportan entradas económicas para el núcleo familiar
provenientes de actividades laborales que desarrollan en las ciudades cercanas