1.
De los orígenes al reino
visigodo.
I. LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.
La Prehistoria comprende el periodo de
tiempo transcurrido desde la aparición de los
primeros homínidos, capaces de fabricar utensilios, y
la invención de la escritura. Se divide, a su vez, en
etapas o edades que toman como base el material
utilizado por los seres humanos para fabricar sus
utensilios: la Edad de la Piedra (Paleolítico y Neolítico)
y la Edad de los Metales.
1. La Edad de la Piedra: Paleolítico,
Mesolítico y Neolítico.
En el Paleolítico (desde hace 1,2 millones de
años hasta el 8.000) habitaron en la Península Ibérica
diversas especies del género Homo. Los restos fósiles
hallados en los yacimientos de Atapuerca (Burgos)
han cambiado la visión del poblamiento prehistórico
de España y de Europa. Entre estos restos
destaca el que ha sido bautizado con el nombre de
Homo antecessor, datado en torno a 800.000 años, y
que es considerado el antepasado común entre
neandertales (del Paleolítico Medio) y el Homo
sapiens (del Paleolítico Superior).
El Paleolítico se divide en tres etapas: Inferior,
Medio y Superior. Los habitantes del Paleolítico eran
nómadas y depredadores, iban de un sitio para otro y
se alimentaban de la caza, pesca y recolección de
Evolución humana: principales
homínidos.
plantas silvestres. Es una fase tremendamente larga que protagonizó un progreso muy lento,
en este período se produjo el proceso de hominización, el paso de los primates a humanos.
En el Paleolítico inferior conviven dos homínidos distintos, el Homo antecesor¸ cuyos
restos se han encontrado en Atapuerca, y, posteriormente, el Homo heidelbergensis. En los
dos casos se han encontrados útiles hechos en piedra que usaban como herramientas. En el
Paleolítico medio apareció el Hombre de Neandertal, a él se atribuye el descubrimiento del
fuego (le sirve para calentarse, ahuyentar a los animales y asar los alimentos), y los primeros
ritos funerarios y enterramientos. Durante el Paleolítico superior apareció el Homo sapiens
sapiens, llamado también Hombre de Cromañón, de donde derivan los humanos actuales. En
este período los útiles en piedra se hacen más pequeños, se utilizan también huesos y astas
de bóvidos. El hombre dejó en esta etapa un arte naturalista que representaba escenas
cotidianas y ritos propiciatorios para la caza, las principales manifestaciones se han
conservado en la cornisa cantábrica (cuevas de Altamira con sus magníficos bisontes
polícromos, El Castillo, Tito Bustillo…). Además de pintura también nace en esta etapa la
escultura.
El Mesolítico (8.000-
5.000) trascurre entre el
Paleolítico y el Neolítico. Los
hielos retroceden y los
hombres habitan abrigos
rocosos más que el interior
de las cuevas. En esta etapa
el arte rupestre se da ahora
en la zona levantina, desde
Lérida hasta Albacete. En
cuevas y abrigos se
representan, de manera
estilizada, no es tan
naturalista como la
Interior de la cueva de Menga en Antequera. francocantábrica, la pintura
suele ser monocroma,
aparecen hombres y de animales en escenas de cacería, luchas de hombres con arcos,
recolección o danzas rituales. Destacan las pinturas de Cogull (Lérida), Valltorta (Castellón) y
Alpera y Minateda (Albacete).
El Neolítico (5.000-3.000 aproximadamente) llega a España desde el Próximo Oriente
a través de dos rutas: el Mediterráneo y el norte de África. Es tanta la trascendencia de este
período que se califica a la etapa como revolución neolítica haciendo alusión al conjunto
de profundas transformaciones que experimentan las sociedades humanas. En esencia el
hombre además de depredador es también productor, es decir, produce sus propios
alimentos, esto es debido a la aparición de la agricultura y la ganadería. La trascendencia
fundamental es que el hombre se hace sedentario, empiezan a surgir los primeros poblados,
la sociedad se va a especializar y a hacerse más complicada. Los principales restos se
encuentran en las costas levantina y andaluza.
2. La Edad de los Metales: el Cobre y el Bronce.
El uso de los metales se inició en el Próximo Oriente desde el IV milenio. En primer
lugar, se utilizó el cobre y se desarrolló en la Península entre el 3000 y el 1800 a. de C., era
un metal abundante en la zona, lo que contribuyó a que llegaran pueblos procedentes del
Mediterráneo oriental a las costas del sur y del Levante en su busca. Dio lugar a la cultura
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megalítica (enterramientos con grandes piedras y sepulcros con corredor, iniciada en el
Neolítico adquiere en el conjunto de los Dólmenes de Antequera (Málaga) su máximo
desarrollo; a la cultura de Los Millares, en Almería, un poblado amurallado con monumentos
megalíticos, que eran enterramientos colectivos hechos a base de grandes losas; y a la
cultura del vaso campaniforme, un tipo de cerámica que se difundió por una gran parte de
Europa.
En el III milenio se desarrolla en el Próximo Oriente la técnica del bronce (aleación
de estaño y cobre), ello animó al comercio a larga distancia y la Península, rica en mineral de
cobre y de estaño, se convirtió en uno de los polos de atracción del mundo mediterráneo.
Los hallazgos en la zona del sureste (Almería y Murcia) indican el contacto con navegantes
procedentes del Mediterráneo oriental. Entre los poblados, que ha dado lugar a una cultura
propia y ha influido en otras zonas, está el de El Argar (Almería), entre el 1.700 y 1.300,
caracterizada por enterramientos individuales en fosas, donde al difunto le acompaña su
ajuar.
Otras construcciones megalíticas, consideradas más tardías, están presentes en las
Islas Baleares, con formas diferentes a las ya apuntadas, como los talayots, las taulas y las
navetas.
II. PROTOHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: LA
ESPAÑA PRERROMANA.
Durante el último
milenio antes de Cristo, la
metalurgia del hierro
(1.000 a. C.-época romana)
llega el hierro a la Península
Ibérica a través de los
pueblos celtas o
indoeuropeos, que entraron
por los Pirineos, y de los
fenicios y griegos, pueblos
colonizadores procedentes
del Mediterráneo oriental.
De mediados de este
Las colonizaciones griegas y fenicias en el Mediterráneo. En milenio se tienen, debidas a
naranja los asentamientos griegos, en verde los fenicios. autores griegos, noticias
escritas sobre la Península y
con ellas se producía la entrada de la Península Ibérica en la Historia.
En general, a lo largo de este último milenio, se mezclan los rasgos propios de las
culturas nativas con la influencia cultural venida del exterior. Todo parece indicar una
evolución lenta en la que, sin embargo, las aportaciones exteriores fueron provocando un
nivel de civilización superior de los pueblos del sur y de la costa oriental frente al de los
pueblos del interior y del norte del país.
1. Las colonizaciones y Tartessos.
En la primera mitad del primer milenio llegan a la Península los fenicios, los griegos
y los cartagineses. Estos pueblos colonizadores buscaban aprovecharse de la riqueza en
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metales de la Península, para ello fundaron establecimientos comerciales, llamados factorías,
como centros de intercambio de metales y otros productos.
a) Los pueblos colonizadores: fenicios, griegos y cartagineses.
Los fenicios procedían de Fenicia, actual Líbano. Las colonias o factorías fundadas en
las costas de la Península se situaban en el litoral mediterráneo andaluz (Sexi, actual
Almuñécar; Malaca o Málaga y la más importante de todas, Gadir (Cádiz). En el levante se
asentaron en Hemeroscopion, actual Denia; Ibiza… A cambio de metales ofrecían objetos de
vidrio, tejidos y cerámicas. Nunca pretendieron un dominio del territorio. Entre sus
aportaciones están la introducción del cultivo de la vid, el uso del hierro, el procedimiento de
salazón del pescado (el garum), el torno de alfarero y la escritura, al usar el alfabeto fonético.
Los griegos procedían de diversas polis; llegaron a la Península en el siglo VIII a. C. y
establecieron colonias parecidas a las fenicias en el litoral catalán y levantino. La más
importante fue Emporion (Ampurias).
A los griegos se debe la introducción
de la moneda, el cultivo del olivo,
animales domésticos como el asno y
las gallinas y manifestaciones
artísticas en arquitectura, escultura y
cerámica.
Los cartagineses heredaron
y continuaron la obra de los fenicios.
Procedían de Cartago (en Túnez),
colonia fundada por los fenicios de
Localización del reino de Tartessos. Tiro. En el siglo VII se establecieron
en Ibiza. Al contrario que sus
precursores fenicios sí llevaron a cabo expediciones militares y conquista del territorio, sobre
todo después de los primeros enfrentamientos con Roma. Destacó la familia Amílcar Barca.
Su capital sería la ciudad de Carthago Nova, actual Cartagena.
b) El reino de Tartessos.
En cuanto a Tartessos, es considerado como la primera organización de un Estado
en la Península Ibérica. Su localización exacta se desconoce, aunque parece que su núcleo
principal estuvo en la zona de Huelva y en el valle bajo y medio del Guadalquivir. Alcanzó su
mayor esplendor entre los siglos VII y VI a. C., gracias a la influencia de los fenicios y griegos,
y desaparecería hacia el 500 a. C. bajo el dominio cartaginés. Su prosperidad se debió a su
estratégica situación, en la abundancia de metales (cobre, estaño, plata y oro) y a su riqueza
agropecuaria.
2. Los pueblos prerromanos.
En la segunda mitad del primer milenio a. C., la influencia de los celtas o de las
colonizaciones fenicias, griegas y cartaginesas diferenció dos grupos culturales en la
Península: los iberos y los celtas indoeuropeos.
a) Los íberos.
Eran un conjunto de pueblos localizados en la franja mediterránea y en el sur de la
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Península, es decir, desde
el norte de Cataluña hasta
la desembocadura del
Guadalquivir y en el valle
del Ebro hasta Zaragoza:
ilergetes, layetanos,
edetanos, carpetanos,
turdetanos… Su cultura,
que surgió con fuerza
hacia el siglo VII a. C., es el
resultado de la evolución
de los pueblos indígenas
de la zona bajo la
influencia de los fenicios y
Distintos pueblos íberos y celtas. También colonias griegas y
griegos y de las tradiciones
fenicias.
del mundo tartésico.
Vivían en poblados fortificados, en lugares elevados. Su sociedad estaba jerarquizada
y dirigida por una aristocracia guerrera. En lo económico vivían de la trilogía mediterránea
(cereales, vid y olivo) y la ganadería donde destacaron en la cría de caballos. Dominaban
también la cerámica y la metalurgia. También conocían el uso de la moneda por los
intercambios con griegos y fenicios.
La religión estaba muy presente en el mundo ibérico. En los santuarios se acumulaban
exvotos, ofrendas que representaban en general guerreros con su casco, escudo y espada.
Practicaban la incineración de sus muertos, guardando las cenizas en urnas de cerámica que
eran enterradas con piezas de ajuar, como armas y adornos.
b) Los pueblos de origen o influencia celta. Los celtíberos.
Procedentes de Europa Central los celtas atravesando los Pirineos entraron en la
Península en diversas oleadas entre el 1.000 y el 500 a. C. Se establecieron en el centro y el
oeste de la Península y en la franja cantábrica, mezclándose con las poblaciones autóctonas.
Estamos ante los galaicos, astures, cántabros, vacceos, lusitanos… Su estructura social era
más atrasada que la de los iberos, se basaba en la tribu y los clanes. El dominio del hierro les
dio superioridad militar sobre otros pueblos. En lo económico eran sobre todo ganaderos.
Vivían en asentamientos permanentemente fortificados denominados castros. Dentro de los
celtas había una gran variedad de pueblos.
Los celtíberos eran de ascendencia celta, pero acabaron mezclados con las
poblaciones locales más refinadas debido a las influencias de los iberos, debido a la mezcla
de rasgos de celtas e iberos se les denomina genéricamente celtíberos. Se extienden por el
valle del Duero y gran parte de la Meseta.
III. LA HISPANIA ROMANA Y LA MONARQUÍA VISIGODA.
1. La Hispania romana (218 a. C. a 476).
a) La conquista romana y el sentido de unidad.
Los diversos pueblos que habitaban en la Península seguían desarrollando sus formas
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de vida y de cultura propias,
cuando, en el siglo III a. C., la
rivalidad entre Roma y
Cartago por el dominio del
Mediterráneo, que dio lugar a
las guerras púnicas, afectó
de lleno a Hispania,
incorporándose ésta al
Mundo Romano.
Tras la Primera
Guerra Púnica, que expulsó
a los cartagineses de Sicilia,
Cartago buscó resarcirse
Roma y Cartago, dos imperios frente a frente. ampliando su presencia
colonial en la Península
Ibérica, de donde obtenía riquezas mineras y aguerridos combatientes, como plataforma para
un nuevo enfrentamiento con Roma. Así, en el año 237 a.C., el cartaginés Amílcar Barca
desembarca en Cádiz y somete a los pueblos del sur y sureste de la Península hasta Akra
Leuke (Alicante). A su muerte, sus sucesores, Asdrúbal y Aníbal, continuaron con la labor de
conquista. Aníbal, explotando los enfrentamientos entre los pueblos que habitaban el
interior peninsular logró atraérselos y luego conquistó Sagunto (219), ciudad protegida por
Roma, que fue el pretexto para iniciar la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) que se saldó
con el derrumbe del dominio cartaginés sobre la Península mientras Roma iniciaba su
victoriosa presencia en la Península.
La ocupación del litoral mediterráneo (218-170 a. de C.) Se enmarca en el
contexto de la segunda guerra púnica. En este periodo los romanos, casi sin resistencia,
ocupan el litoral mediterráneo y los valles del Ebro y del Guadalquivir. Todos estos pueblos
tenían un alto grado de desarrollo por el contacto con los pueblos colonizadores, su elevado
desarrollo hace que no opongan casi resistencia y que asimilen rápidamente las formas de
vida romanas. Además, en esta zona no hay obstáculos geográficos que dificulten la
conquista.
La conquista de
la Meseta (170-29 a. de
C.) La conquista de esta
zona les costó mucho a los
romanos, además de los
accidentes geográficos, el
nivel de desarrollo de
estos pueblos era escaso y
veían con hostilidad el
modelo de civilización
romana.
Viriato fue un
caudillo lusitano que
mantuvo en jaque a los
romanos gracias a la
utilización de la guerra de
guerrillas, al final fue
Fases de la conquista romana.
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asesinado por varios de sus capitanes sobornados por los romanos, su derrota abrió a Roma
el oeste peninsular
En Numancia los celtíberos presentaron una resistencia feroz ante el sitio de los
romanos, la llegada de Publio Cornelio Escipión puso a la ciudad en una situación límite, y
sus habitantes prefirieron destruirla y suicidarse antes que caer en manos de los enemigos,
era el año 133 a. C.
En los últimos años de esta etapa Roma atraviesa varias guerras civiles, en la última
dos generales victoriosos se disputan el poder de la República: Pompeyo y César, tras la
muerte de Pompeyo, sus hijos serán derrotados por César en la batalla de Munda (Montilla,
Córdoba), el 27 de marzo del 45 a. C.
La pacificación de la franja cantábrica (29-19 a. de C.). En estos diez años se
desarrollan las guerras cántabras, dirigidas por el emperador Augusto. Roma perseguía la
pacificación de estos pueblos, el acceso a los ricos yacimientos mineros de la zona y que
dejaran de atacar a las ciudades romanas. Roma fundó una serie de ciudades y campamentos
militares para contener a estos pueblos: León (sede de la Legio VII Gémina), Astorga
(Asturica)..., pero el control efectivo y total de los pueblos de la cordillera cantábrica y de los
vascones nunca fue del
todo efectivo.
La conquista de la
Península, a la que Roma
llamó Hispania, contribuyó
a dar unidad a los pueblos
que la habitaban. El uso del
latín acabó con los idiomas
prerromanos excepto el
vasco, la religión romana, la
red de carreteras o la
fundación de ciudades
fueron vehículos de
unificación. Como también
la organización
División provincial romana y principales ciudades.
administrativa: en el año
197 a.C., poco después del
triunfo sobre los cartagineses, se hizo la primera división de la Península en dos provincias:
Hispania Citerior e Hispania Ulterior. Octavio Augusto la reorganizó dividiendo en dos la
Hispania Ulterior: Bética y Lusitania mientras la Citerior pasó a denominarse Tarraconense.
A comienzos del siglo III el emperador Caracalla creó la provincia de Gallaecia, a
costa de la Tarraconense y, a principios del siglo IV, Diocleciano estableció una nueva
provincia, la Cartaginense, separada también de la Tarraconense.
b) La romanización.
Los pueblos peninsulares adquirieron los modos de vida y de pensamiento de Roma;
es decir, se romanizaron. Fue un proceso lento que comenzó al mismo tiempo que la
conquista de Hispania y se extendió desde las costas mediterráneas y del valle de
Guadalquivir, zonas de más intensa romanización, hasta las tierras del interior y del norte
donde fue un proceso más lento e inacabado.
El triunfo de la romanización se vio posibilitado por el establecimiento de colonos
llegados de Italia, el asentamiento de soldados veteranos, tras concluir sus servicios en las
legiones, o por la atracción que ejercían las riquezas de Hispania sobre las gentes que vivían
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fuera de la Península. La fundación de ciudades fue otro elemento de romanización. Al lado
de las ciudades indígenas los romanos fundaron otras (colonias) como Hispalis (Sevilla),
Itálica, Barcino (Barcelona), Caesaraugusta (Zaragoza), Valentia (Valencia), Emérita Augusta
(Mérida), Astorga (Astúrica Augusta)... En ellas se establecían soldados veteranos licenciados,
comerciantes romanos y pobladores indígenas. A su vez, una densa red de calzadas
comunicaba a las ciudades entre sí y con los lugares más importantes del Imperio. Hispania
quedó integrada progresivamente en la economía del Imperio Romano. También la
romanización afectó a la sociedad hispana y el latín fue otro de los elementos principales de
unificación al lograr eliminar las lenguas indígenas.
Una muestra del grado de romanización alcanzado por Hispania es su aportación al
gobierno del imperio o a la filosofía y la literatura romanas: los emperadores Trajano, Adriano
y Teodosio. Entre los filósofos y literatos están los dos Sénecas (Marco y Lucio Anneo que
fue, éste último, preceptor de Nerón), Lucano, Marcial, Quintiliano...
Por último, la huella romana está presente entre nosotros por medio de grandes
monumentos (teatros, anfiteatros, puentes, acueductos) y por la enorme cantidad de
estatuas, mosaicos, estelas funerarias, sarcófagos y objetos de distinto uso que han llegado
a nuestros días y podemos encontrar en los museos españoles.
c) La sociedad hispanorromana.
La sociedad hispanorromana del periodo republicano (1ª etapa de la Historia de
Roma) y de los primeros
siglos del Imperio, etapa a la
que se denomina Alto
Imperio, puede definirse
como “esclavista”, al poder
diferenciarse entre hombres
libres y esclavos.
Otra fórmula es la de
considerarla como una
“sociedad de órdenes”,
estructurada en órdenes
cerrados, a los que se
accedía por el nacimiento o
por concesión imperial.
El orden superior
era el senatorial, un
pequeño número de
miembros de las familias
más ilustres que residían
La sociedad hispanorromana desde un punto de vista jurídico.
normalmente en Roma;
seguía el orden ecuestre o de los caballeros, con mayor presencia en Hispania,
desempeñaban los cargos superiores en el ejército o en las provincias imperiales. El tercero
en dignidad era el orden decurional, formado por los decuriones, que eran los miembros de
las oligarquías municipales y desempeñaban las magistraturas de las colonias o los cargos
inferiores del ejército.
Por debajo de estos tres órdenes estaba la mayor parte de la población libre. Había,
en efecto, pequeños propietarios de tierras, dueños de talleres artesanales, que trabajaban
con la ayuda de su familia y un pequeño número de esclavos; empleados en las minas o en
los servicios públicos o privados… Los esclavos formaban la capa más baja de la sociedad
hispanorromana.
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d) La crisis del siglo III y el Bajo Imperio.
Como en el resto del Imperio, la crisis del siglo III provocó cambios en la sociedad
hispanorromana, a esta etapa que empieza aquí y llega hasta la caída de Roma se le conoce
como el Bajo Imperio. En el interior del mundo romano, a lo largo del siglo III, se vivió un
periodo de crisis que afectó a su sistema político, económico y social. El fin de las grandes
conquistas provocó una caída de la esclavitud, con la consiguiente reducción de la mano de
obra para la producción agrícola y minera y el aumento espectacular de los precios por la
escasez de esclavos dado que ellos eran la principal mano de obra. A su vez, la pérdida
progresiva del valor de la moneda provocó el colapso comercial, problema acrecentado por
la inestabilidad política, en esta situación ya no llegan productos a Roma, ni de Roma a las
provincias, cada zona tiene que mantenerse con lo que tiene, desembocando en una
economía autárquica (de autoabastecimiento). En lo político, como hemos apuntado, el
Imperio se ve sumido en múltiples guerras, cualquier jefe militar se proclama emperador, la
guardia imperial quita y pone emperadores a su antojo… y el Imperio se ve desangrado por
guerras civiles que lo
sumen en una
profunda crisis.
En el exterior
del Imperio,
comenzaron las
primeras incursiones
de los germanos sin
que el ejército pudiera
evitarlas debido a su
debilidad, su baja
moral y la crisis
general. Ante esta
situación las distintas
tribus germánicas
comenzaron a
introducirse en el
Imperio Romano de
Causas y consecuencias de la crisis del siglo III. Occidente hasta que
en el 476 es ejecutado
el último emperador de Roma. En Hispania penetran: suevos, vándalos, alanos y visigodos.
Las consecuencias de esta crisis son trascendentales. En primer lugar, las ciudades
entraron en decadencia y se produce una importante ruralización –la gente se fue a vivir al
campo donde era más fácil de sobrevivir que en unas ciudades desabastecidas, esto favoreció
a los grandes propietarios de tierra.
En lo social, la disminución o desaparición de una economía basada en el trabajo de
los esclavos va a hacer que los colonos u hombres libres (pequeños campesinos) busquen la
protección y la seguridad de los terratenientes (guerreros), a cambio de cederles sus tierras.
Estos colonos quedaron adscritos a la tierra y un vínculo les unía con sus protectores. Así,
cuando Hispania estaba próxima a vivir la desaparición del Imperio romano, la sociedad
aparecía dividida en dos clases: los grandes propietarios, muy ricos, con una autoridad casi
feudal, y la gran masa de población baja o casi humilde, denominados colonos. Este
sistema, llamado colonato, andando el tiempo, daría lugar al feudalismo.
En los aspectos culturales, artísticos y religiosos también asistimos a una crisis, en
esta situación los hispanorromanos buscan refugio en otras religiones que dan respuesta a
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su dura existencia y les prometen un mundo mejor en el más allá, estamos hablando
principalmente del cristianismo, que tendrá una gran importancia en el futuro.
2. La Hispania visigoda.
La Hispania visigoda constituyó el primer intento de unidad política en la península
Ibérica, fue como una prolongación decadente de la Hispania romana, con la que
inicialmente quiso establecer diferencias hasta que terminó imponiéndose la fusión de la
civilización hispanorromana, predominante, con los elementos culturales aportados por los
visigodos.
a) Las invasiones germánicas. El establecimiento de los visigodos en
Hispania.
En el año 409, después de saquear la Galia (actual Francia) durante tres años, los
suevos, los vándalos y los alanos, pueblos germánicos, cruzaron los Pirineos y tras someter a
saqueo las tierras que atravesaban, terminaron por establecerse: los suevos en Gallaecia
(Galicia), los alanos en la Lusitania y los vándalos en la Bética.
Los visigodos, también de origen germánico, tras una larga migración pues en el
siglo I vivían en la
región del mar Negro,
presionados por los
hunos, penetraron en
el Imperio romano y
se establecieron Reino visigodo de Toledo en torno al 569.
primero en Tracia
(Balcanes) y luego,
tras pasar por Roma,
a la que saquearon en
el 410, firmaron un
pacto o foedus, por el
que, a cambio de
ayudar militarmente a
Roma, ésta les
permitía asentarse en
el sur de la Galia. Con Los herederos del Imperio romano: en Occidente los reinos germánicos, en
anterioridad, los Oriente el Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino.
visigodos se habían
convertido al arrianismo, una de las primeras herejías dentro del cristianismo.
Como tropas federadas para expulsar a los bárbaros, los visigodos penetran en
Hispania en el año 415. Consiguen arrinconar a los suevos en Gallaecia, acabaron con los
alanos y obligaron a los vándalos a trasladarse al norte de África.
Posteriormente, tras la desaparición del Imperio romano de Occidente, en el año 476
en que fue depuesto el último emperador, Rómulo Augústulo, los visigodos fundaron un
reino con capital en Tolosa (actual Toulouse), extendido desde el Loira hasta el nordeste de
Hispania. Todo parecía ir bien cuando la expansión del pueblo franco por la Galia provocó
el enfrentamiento con los visigodos, siendo derrotados por los francos en la batalla de
Vouillè (507). Expulsados de la Galia, se establecieron en Hispania. La capital del nuevo reino
se situó en Toledo.
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c) El reino visigodo de Toledo: la unificación.
Convivieron dos comunidades – una minoría de unos doscientos mil visigodos y una
mayoría de casi casi seis millones de hispanorromanos- que se habrían fundido sin dificultad
si no se hubieran mantenido los visigodos como una minoría guerrera, dueña del poder y
recelosa de la fusión. Cada
comunidad vivía bajo sus propias
leyes; la religión era diferente: los
visigodos eran arrianos; los
hispanorromanos eran católicos,
amparados por sus obispos que
adquirieron gran poder e
influencia. El monarca Leovigildo
(568-586) dio un gran paso hacia
la unificación territorial cuando en
585 puso fin al reino suevo de
Gallaecia. Por fin, a comienzos del
siglo VII, el rey Suintila logró
expulsar a los bizantinos. Con
anterioridad, se había dado un
gran avance hacia la unificación
religiosa al convertirse el rey
Recaredo, hijo y sucesor de El Reino Visigodo en el siglo VI.
Leovigildo, al catolicismo en 589
en el III Concilio de Toledo. Los judíos, al quedar fuera de la unidad religiosa, fueron
perseguidos y ello explica a la larga el apoyo que prestaron a los musulmanes al iniciarse la
conquista en el año 711. Como cada pueblo mantenía sus leyes, al proceso de unidad faltaba
la legislativa que se obtendrá por Recesvinto cuando, en 654, promulga el Liber Iudiciorum,
texto único legal para visigodos e hispanorromanos. La fortaleza del reino visigodo, que
parecía adivinarse por este proceso de unidad, escondía una gran debilidad interna, motivada
por la evolución hacia una sociedad feudal con fuerte predominio de la nobleza, que iba
acumulando cada vez más privilegios que restaban autoridad al Estado visigodo. La lucha por
el poder entre las grandes familias de la nobleza, convertidas en facciones rivales que
pugnaban por instalar a su respectivo candidato a la muerte de cada rey, estaba socavando
los cimientos de la monarquía visigoda. Así pasó con Don Rodrigo, último rey visigodo, que
fue retado por los partidarios de Akila, hijo de Witiza, el anterior rey, en cuyo apoyo acudieron
los musulmanes y derrotaron a Rodrigo en la batalla de Guadalete, en la actual provincia de
Cádiz, en el 711, abriendo la puerta a los musulmanes.
c) El prefeudalismo de la sociedad visigoda.
La estructura de la sociedad visigoda es una prolongación de la hispanorromana del
Bajo Imperio. La nobleza englobaba a los herederos de la aristocracia senatorial
hispanorromana y a los nobles visigodos, descendientes de los linajes más antiguos, que al
asentarse en Hispania se adueñan de grandes dominios, donde los colonos, cada vez más
estrechamente, dependían de la autoridad de los dueños de la tierra. Así estaba la sociedad
visigoda, avanzando despreocupada, metida en peleas entre los poderosos, debilitándose
cada vez más el Estado, sin advertir que, siguiendo esa vía, estaba transformándose en una
presa fácil para los musulmanes.
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