Introducción
La contabilidad a lo largo de la historia se ha visto influenciada por el medio
socioeconómico en el que se desarrolla, por lo que esta se ha ido adaptando y
actualizando a los cambios que sufre dicho medio. Así, en la medida en que la
contabilidad entregue información útil para la toma de decisiones, va cumpliendo
un papel fundamental en el desarrollo económico. Esto ha llevado a ampliar la
disciplina contable, en donde han ido apareciendo distintas especialidades, siendo
una de las últimas la contabilidad social y ambiental.
De esta forma, el objetivo de este ensayo es saber qué es contabilidad social y
ambiental de acuerdo a lo que dicen distintos autores elegidos según el criterio de
informantes clave, los cuales se seleccionaron según sus currículums y trayectoria
académica o profesional, consistentes en ser docentes de universidades y que
tuvieran varias publicaciones sobre la materia.
El objetivo principal es demostrar a través de la revisión realizada, que existen
distintas corrientes que conciben de diversas maneras el término contabilidad
social y ambiental, existiendo algunos que establecen una extrapolación de los
fundamentos de la teoría contable vinculada con el registro de hechos
económicos, hacia la información de hechos importantes para la sociedad y para
el mantenimiento del medio ambiente; además de otras corrientes que exponen
hechos sociales y ambientales a través de diversos criterios que escapan a la
teoría contable.
El actual paradigma de la contabilidad
Hablar de contabilidad no es un tema actual, se remite al pasado, siendo una
disciplina con una evolución histórica antiquísima. Así, se ha visto influenciada por
el dominio social y económico en el que se desarrolla, en donde ha ido
evolucionando de acuerdo a los cambios de dicho dominio. Este progreso
demuestra una relación entre contabilidad como tal y el medio en el que se
desenvuelve.
Diversos autores han llegado a la conclusión de que una de las características
de la contabilidad es que entrega información útil para la toma de decisiones, por
lo que afecta directamente a las actividades económicas. Así lo establece
Langenderfer (1973), en donde afirma que la contabilidad es un sistema de
medida y comunicación que sirve para entregar información económica y social
con la cual los usuarios puedan emitir un juicio y tomar decisiones relativas a la
optimización de recursos y al cumplimiento de sus objetivos. De la misma manera,
Cañibano (1997) considera que la contabilidad es una ciencia de naturaleza
económica que tiene como fin elaborar información que cubra las necesidades
financieras externas, planificación y control. Así también, Gonzalo (1983) plantea
que el objetivo de la contabilidad es describir y predecir el estado y evolución
económica de una entidad con el fin de comunicar a los usuarios “una información
objetiva, relevante y válida para la toma de sus decisiones” (p. 107). De esta
manera, la contabilidad cumple un papel fundamental en el desarrollo económico,
la cual ha tenido un rol importantísimo dentro de la historia, en donde, según el
académico Tua (2012), se pueden ilustrar tres circunstancias históricas: “el
Renacimiento, el auge del capitalismo en los siglos XVII y XIX y, en tercer lugar, la
acuñación del concepto responsabilidad social y el tránsito al paradigma de
utilidad en el siglo XX” (p. 96). Asimismo, conforme a lo reflexionado por Escobar
(2013), existen cuatro enfoques históricos: el antiguo, el clásico hasta el siglo XIX,
el económico hasta el siglo XX y, al igual que Tua (2012), actualmente el
paradigma de utilidad. De la misma forma, García y Niño (2003) establecen que en
nuestros días ha surgido este último arquetipo en la contabilidad.
Este paradigma sostiene que “las empresas deben informar a la sociedad
aquellas actividades que realizan y las afecta con la finalidad de que exista
evidencia para que los usuarios individuales la consideren en la toma de
decisiones” (Díaz, 2003, p. 32), además de producir evidencia para que el
mercado “utilice esta información en la determinación de los valores adecuados
que circulan en ella, es decir, la información medioambiental debería implicar un
cambio en la valorización de activos de las empresas” (Díaz, 2003, p. 32). Esto se
vincula con la responsabilidad social en la orientación del suministro de
información útil para la toma de decisiones, la cual permita “no solo el control, sino
también la evaluación de la situación económica y, en especial, la predicción de su
comportamiento futuro y, con ello, que haga posible la adopción de decisiones
adecuadas” (Tua, 2012, p. 100). En este sentido, las decisiones tomadas por las
empresas y cualquier unidad económica, deben estar en armonía con el medio en
el que se desenvuelven, teniendo una sana convivencia, en donde deben actuar
con libertad siendo consecuentes con las decisiones que tomen y responsables de
sus actos sociales y medioambientales.
Las empresas y la responsabilidad social
Si bien es cierto, el mundo empresarial se ha convertido muchas veces en
culpable de problemas tales como la extinción de especies, emisión de humos y
gases que contaminan la atmósfera y hacen desaparecer paulatinamente la capa
de ozono, derretimiento de hielos, lluvia ácida, desechos tóxicos que contaminan
las aguas, agotamiento y sobreexplotación de recursos naturales, etc., sin
embargo, la preocupación por el medio ambiente ya no es un tema ajeno,
involucrando a variadas empresas en la sustentabilidad medioambiental, las
cuales han estado adoptando códigos de conducta acorde con los valores
ecológicos de la sociedad, “los cuales se traducen en la implementación de
sistemas de producción limpios y respetuosos con el medio ambiente, al tiempo
que se esfuerzan en comunicar al exterior las medidas medioambientales
adoptadas y los logros alcanzados” (Archel y Lizarraga, 2001, p. 130).
Entonces, se reconoce la responsabilidad social que tienen las empresas, es
decir, “la actitud de la dirección de las empresas que implica un compromiso de
efectuar un cambio cultural generado en la preocupación por el impacto que sus
actividades tienen sobre la sociedad y el medio ambiente” (García, 2012, p. 215).
En otras palabras, las empresas tienen sus propios objetivos y, para cumplirlos,
toman una serie de decisiones, las cuales tienen diversas consecuencias, pues
desarrollan sus actividades en un entorno social y ambiental en donde afectan a
muchos sectores de este entorno, como al medio ambiente, a la comunidad, a los
trabajadores, al Estado, etc., por lo que la responsabilidad social juega un
importante rol que, según Robbins y Decenzo (2002), va “más allá de lo que
requieren las leyes o la economía” (p. 59), en el cual las empresas resaltan las
buenas prácticas y la responsabilidad que tienen por el impacto de esas
decisiones.
Es así como la contabilidad ha reaccionado frente a la responsabilidad social,
aplicando la partida doble a la “captación, medición y representación de aspectos
relacionados con aquel concepto” (Tua, 2012, p. 99). Todo este proceso, ha
llevado a una ampliación de la contabilidad como disciplina, pues empieza a incluir
a la realidad social. Así, desde hace más de treinta años se reconocen diversas
ramas diferenciadas o especialidades contables que, según Tua (1995a), son
explicadas como una consecuencia del paradigma de utilidad.
De esta manera, al reconocer la responsabilidad social que tienen las empresas,
emergen especialidades contables en donde la más reciente en aparecer es la
contabilidad social y ambiental.
Contabilidad social y ambiental y la teoría contable
No existe un consenso del concepto teoría contable. Son numerosos los
alcances que se le ha dado, lo que se debe al intento de conceptualizar,
desarrollar y elevar la disciplina contable. La significancia se ha ido estableciendo
de acuerdo a los momentos históricos que ha vivido la sociedad década a década;
la que ciertamente, tiene su origen en la inminente necesidad de investigar y de
“pensar en la contabilidad desde referentes filosóficos, sociológicos, económicos e
históricos” (Alzate, 2011, p. 2), en donde se puede ver vinculada con otras áreas
del conocimiento, la que puede nutrirse de otros saberes.
Tua (1995b) cita en su obra Evolución del concepto de contabilidad a través de
sus definiciones a Eugene de Fages (1924), quien establece la idea de que la
contabilidad es pura y se entiende como un método universal con independencia
del campo al que se aplique. Y en esta misma línea cita a Montesinos (1978),
quien comenta a autores vinculados a esta teoría, en donde establece que “la
contabilidad pura es un proceso aplicable al conocimiento de cualquier cosa que
tenga existencia física o metafísica” (p. 173), también que con la contabilidad se
pueden observar distintos tipos de fenómenos. Más aún, García (1972) considera
que toda estructura circulatoria, abstraída de la realidad, puede ser el objeto de
estudio de la contabilidad.
Por otro lado, Tua (1993) define que no es lo mismo un sistema contable que la
teoría general contable, o sea, es necesario hacer una distinción entre estos dos
conceptos, pues el sistema contable es una aplicación de la teoría contable, la
cual “se deduce a partir de la misma” (p. 102). Además, el autor señala que la
teoría contable está compuesta de “elementos y conceptos comunes que están
presentes en todos los sistemas contables que, de este modo, se convierten en
aplicaciones, es decir, manifestaciones extraídas de la misma, de la teoría
general” (p. 99).
Desde otro punto de vista, Biondi (1998) clasifica a la teoría contable en dos
grandes grupos: la teoría contable doctrinaria y la teoría contable normativa. La
primera está basada en la “opinión de los autores y de los investigadores, sobre
temas generales o determinados” (p. 2), donde se encuentran la escuela
anglosajona y la europea continental. Por su parte, la teoría contable normativa
“es el sustento de las normas prácticas dictadas por organismos autorizados para
ello, sobre temas específicos” (p. 7).
Asimismo, Wirth (1999) clasifica a la teoría contable en dos enfoques
doctrinarios: la teoría positiva y la teoría normativa. en donde la primera, se
encarga de “describir cosas reales que existen o que se producen en el mundo
real” (p. 165) y, en consecuencia, “sus enunciados empíricos deberían ser
contrastables con la realidad como en otras ciencias fácticas”(p. 165), en otras
palabras, la contabilidad positiva pretende estudiar la realidad tal como es, poder
“describir y explicar los efectos del uso de los sistemas contables y en lo posible
predecirlos” (Fernández y Geba, 2009, p. 149). Por su lado, la teoría normativa
tiene una finalidad pragmática que consiste, según Mattessich (1995), en brindar
un servicio de información acerca de los recursos que controla la organización
para el logro de sus objetivos y de la forma de medir el desempeño. Por lo que el
cumplimiento de esta finalidad pragmática implica para la teoría contable que no
se aproxime solamente al estudio de una parte de la realidad física y social, es
decir, su aspecto descriptivo, sino que también establezca “hipótesis
instrumentales” (Wirth, 1999, p. 166), en donde sus enunciados sean prescriptivos
del tipo ABC, los cuales implican la situación que, según Wirth (1999), para lograr
A (objetivo de la información), dadas las condiciones de C (datos relevantes del
contexto en el que se plantea A), haga B (medio en que debe emplearse).
La teoría contable normativa no se denomina así porque prepara los informes
basados en un conjunto de reglas o criterios acordados por organismos de control
o la profesión misma, se denomina así porque para preparar cualquier tipo de
información se tienen que “establecer reglas tecnológicas que aspiran a relacionar
medios y objetivos de la manera más eficiente” (Wirth, 1999, p. 167), las cuales
están respaldadas por una teoría.
Por su lado, Fernández y Geba (2009) establecen que la contabilidad es una
rama del saber, la que cuenta con un amplio conocimiento doctrinario que, aunque
demanda una teoría general del conocimiento contable, “sirve de base para la
elaboración de modelos, reglas, normativas tecnológicamente controladas
(normas contables), sistemas, informes, etc.” (p. 93). Entonces, se puede dilucidar
que a la teoría general contable la forma dicho conocimiento doctrinario junto con
la norma.
Sumado a todos estos pensamientos, Lorenzo, García y Geba (1999)
establecen un enfoque conceptual jerárquico, el cual se puede esquematizar de la
siguiente forma:
Teoría contable à modelos contables à normas o reglas específicas à sistemas
contables concretos à informes contables (incluyen estados contables) (p. 150).
Los académicos distinguen en el universo del discurso contable tres
subprocesos: el de descripción cualitativa y cuantitativa, el de comunicación, y el
de evaluación y control.
Estos componentes, según Fernández y Geba (2009), “forman parte de un
proceso denominado proceso contable, que genera conocimiento y que puede
dividirse con fines metodológicos, en:
Subproceso de descripción y explicación cualitativa y cuantitativa (medición) de
recursos y hechos referidos a un ente u organización y elementos componentes:
entes u organizaciones (sujetos del proceso) recursos y hechos a describir,
componentes, registros, programas contables, ordenadores, etc.
Subproceso de comunicación entre emisores y destinatarios de la información
que surge de 1 y sus elementos componentes: entes emisores, entes a los que se
refiere la información, destinatarios, informes, etc. Este proceso incluye el
subproceso de regulación y sus elementos componentes: entes reguladores,
regulaciones o normas. etc.
Subproceso de evaluación y control de los procesos 1 y 2 y de sus elementos
componentes tales como: entes revisores y auditores, los informes que de ellos
emanan, cuando se realizan atento las respectivas regulaciones a normas
contables aplicadas a los mismos, entre otros (p. 276).
Estos subprocesos abarcan una serie de elementos del discurso contable, los
que ofrecen un lineamiento y clasificación de acuerdo a diferentes características
cualitativas que se consideran importantes.
De esta manera, se entiende la contabilidad como un saber dinámico, la cual
está en constante movimiento y “desarrolla sus conceptos gracias a los procesos
de investigación que solidifican su estructura conceptual” (Mejía, 2014, p. 126).
Así, la teoría y la práctica permiten sustentar teóricamente esto, soportado “en los
resultados éticos y estratégicos de la práctica profesional” (p. 126), lo que sumado
a la responsabilidad social que han ido reconociendo las entidades económicas,
ha hecho necesario que se desarrolle el concepto de contabilidad, emergiendo
ramas relacionadas con la realidad social y ambiental, como es la contabilidad
social y ambiental.
Esta especialidad contable ha sido estudiada, desarrollada y divulgada por
distintos autores, en donde algunos la conciben como una extensión de la teoría
contable, pues piensan en ella como un devenir histórico de un nuevo modelo
contable que surge como resultado de un actuar organizacional responsable con
el medio ambiente, la naturaleza, la sociedad y la economía, en razón a la
revelación de hechos que afectan a estos últimos, en donde utiliza elementos y
conceptos comunes que están presentes en todos los sistemas contables, los
cuales son extraídos de la teoría contable.
Sin embargo, hay otros autores que consideran que la contabilidad social y
ambiental solo se refiere al hecho de informar los aspectos sociales y ambientales
que afectan a la entidad, sin que ella tenga relación directa con los elementos del
discurso contable.
La contabilidad social y ambiental según informantes clave
En este punto, el presente trabajo se centró en saber cuál es la concepción de
contabilidad social y ambiental, de acuerdo a lo que dicen los distintos autores
elegidos según el criterio de informantes clave, los cuales se seleccionaron según
sus currículums y trayectoria académica o profesional.
1. R OB G RAY (2003)
“Acerca del desorden, los sistemas y la sustentabilidad: hacia una contabilidad y
unas finanzas más sociales y ambientales”.
Gray (2003) afirma que la contabilidad social y ambiental constituye el aspecto
más importante de la disciplina contable, la cual ofrece una manera de recuperar
una contabilidad y unas finanzas productivas y morales que ubican a la
supervivencia de la especie en su mismo centro, además de ser un subsistema del
sistema de contabilidad tradicional.
De esta manera, reconoce a la contabilidad como un sistema, en el que cada
sistema es parte de sistemas mayores y comprende sistemas en sí mismo; en
donde se estudia la política, las leyes y la economía y en algún lugar dentro de
esos subsistemas reside el estudio de la contabilidad y finanzas. La contabilidad
debe ser estudiada en el contexto en donde se desarrolla, no se puede estudiar
aisladamente.
También el autor se refiere a la “teorización”, la cual define como el medio
formal de darle un sentido a la disciplina, refleja los niveles de coherencia en
cuanto a la explicación y análisis, en donde ocurre en el nivel de los subelementos
de la disciplina. Así, la auditoría puede ofrecer cierta coherencia como
consecuencia de su naturaleza formalmente regulada; las finanzas, en su
vinculación primaria al método y a las raíces teóricas de la “ciencia normal”. En el
caso de la contabilidad, no existe un lente teórico particular que sea capaz de
explicar todos los aspectos del objeto de estudio. La práctica no surge de ninguna
teoría coherente existente.
Además, Gray (2003) señala que la contabilidad tradicional solo considera
cuentas que son financieras por naturaleza, que reflejan acontecimientos
económicos, que se centralizan en entidades organizacionales y que se orienten a
un conjunto de usos bastante limitado. Esta limitación reside en la metateoría de la
economía, dentro de la cual puede ubicarse la contabilidad. Entonces sugiere que,
si la contabilidad debe restringirse a la economía de la organización, solo aquellos
aspectos sociales y ambientales de naturaleza económica resultan relevantes para
ella.
El autor también indica que la contabilidad y las finanzas se ubican en contextos
organizacionales. Estos contextos están basados en el capitalismo financiero
internacional moderno. El capitalismo se ubica en el contexto de las instituciones
humanas y de la experiencia que, a su vez, se encuentra dentro del sistema
ambiental y planetario.
La contabilidad social y ambiental relaciona las formas de contabilidad y
finanzas no solo con el sistema de capitalismo sino también con las
consecuencias del capitalismo.
Finalmente, Gray concluye que la contabilidad social y ambiental (mencionadas
como un concepto único), ha ido creciendo rápidamente con el contar de los años,
pero nunca se potenciará como debería ser si se haya tan limitada por la agenda y
el lenguaje de los negocios, así como también por el marco dentro de la ortodoxia
actual de los negocios y la contabilidad.
2. C ARLOS L ARRINAGA G ONZÁLEZ (1997)
“Consideraciones en torno a la relación entre contabilidad y el medio ambiente”.
El autor reflexiona acerca de las investigaciones sobre contabilidad
medioambiental[3], en donde clasifica la literatura en cinco líneas:
1. Paradigma del beneficio verdadero. Propuesta de que se cree una
contabilidad social que evalúe en qué medida la empresa está cumpliendo con el
contrato social, es decir, el contrato implícito de la empresa con la sociedad, en
donde la empresa tiene “autorización para poseer y utilizar recursos naturales y
contratar empleados” (Díaz, 2003, p. 38). Se evalúan los costos sociales y se
comunica a través de informes financieros, en donde se considera la valorización
del medioambiente.
2. Paradigma de la utilidad de la información para la toma de decisiones.
Propone la realización de informes en donde se busquen nuevas formas de medir
los efectos medioambientales para incorporarlos a la toma de decisiones. De igual
modo, informar sobre las actividades de la empresa que afectan a la sociedad, las
cuales podrían ser descritas o medidas mediante los estados financieros.
3. Una perspectiva crítica sobre la contabilidad medioambiental. Hay dudas
acerca de la capacidad de la contabilidad medioambiental para provocar el cambio
deseado, pues no se tiene evidencia concluyente que afirme que exista algún tipo
de reacción ante la publicación de tal información. Además, la publicación
voluntaria de la información medioambiental no es una medida representativa del
resultado de la gestión medioambiental de las empresas, porque podría estar
condicionada a la necesidad de legitimación ante un fuerte impacto
medioambiental.
4. Información social de la empresa. Es el proceso de comunicar y presentar la
información medioambiental de las acciones económicas de las organizaciones, la
que debe estar en armonía con sus propios objetivos, para así rendir cuentas
sobre su responsabilidad con la sociedad, la cual puede o no ser utilizada.
5. Contabilidad medioambiental para el cambio organizativo. La contabilidad se
considera como un influyente mecanismo para la gestión económica y social. Todo
lo que se contabiliza puede modelar la perspectiva de los actores de la
organización sobre lo que es importante, ayudando a crear una visión de la
realidad, basada en las categorías del discurso económico implícito en el modelo
contable. Un cambio organizativo puede ayudar a desencadenar un cambio
organizativo y social, haciendo visibles fenómenos medioambientales que
permanecen ocultos.
Larrinaga establece que la teoría de que la contabilidad puede utilizarse como
un instrumento para realizar un cambio en las empresas hacia un camino más
sostenible, implica asumir que es una actividad autónoma, la que se puede influir
de forma voluntaria, desencadenando el cambio social. Y, además de estar
inmersa en procesos de cambio social, es el reflejo mismo de la configuración
social, en donde es inútil proponer nuevos modelos de contabilidad
medioambiental si no se producen los cambios institucionales necesarios en la
organización y su entorno que doten de relevancia a las nuevas prácticas
contables.
En cuanto a la información medioambiental, sostiene que puede jugar un papel
activo en la construcción del propio modelo de responsabilidad.
El autor se cuestiona si es apropiado o no utilizar medidas financieras para una
contabilidad que trate de contabilizar el medio ambiente, en caso afirmativo, es
necesario que se le dé un lenguaje monetario en donde se deben contabilizar
valores que no se conocen. Además, sostiene que el hecho de querer contabilizar
los eventos del medioambiente es limitado, porque olvidan la evaluación de
alternativas que podrían ser más deseables desde el punto de vista social.
Finalmente, Larrinaga sostiene que, aunque la contabilidad pueda jugar un
papel en la consecución de la sostenibilidad, es necesario que deje lo que no sabe
hacer en manos de otros.
3. M ARÍA DEL C ARMEN R ODRÍGUEZ DE R AMÍREZ (2003)
“Contabilidad y responsabilidad social: un camino por recorrer”.
La autora señala que la contabilidad social y ambiental tiene su núcleo en ser
una disciplina social, en donde abarca sujetos y objetos y sus diversas
interrelaciones procurando que la información resulte útil. Toma en cuenta
aspectos que se vinculan no solamente con la trascendencia económica sino
también con las implicancias sociales y éticas.
En contabilidad social y ambiental existen diversos enfoques que se han venido
desarrollando durante la última década, como:
a. Planteamientos ubicados dentro de una posición tradicional que se centran en
el mercado y en las organizaciones lucrativas.
b. Planteamientos ubicados dentro de una posición tradicional que, dentro del
modelo vigente, buscan modificar ciertos comportamientos sociales que ponen en
peligro, incluso, la propia subsistencia de las organizaciones.
c. Planteamientos que consideran a la disciplina como un elemento moralizador
cuya función debe propender a una evolución democrática.
Además, la contabilidad social y ambiental y las finanzas ofrecen una manera de
recuperar una contabilidad y unas finanzas productivas y morales que ubican a la
supervivencia de la especie en su mismo centro.
Finalmente, Rodríguez plantea que la contabilidad puede promover la
responsabilidad social “a través de la estructuración de sistemas de información
contable que permitan efectuar un seguimiento adecuado del manejo de los
recursos y que proporcionen diversos modelos” (p. 72) para obtener “mediciones
para que los distintos sectores interesados puedan efectuar sus controles y tomar
decisiones derivadas de ellos” (p. 72).
4. C ARMEN F ERNÁNDEZ C UESTA (2004)
“El marco conceptual de la contabilidad ambiental. Una propuesta para el
debate”.
La autora define contabilidad ambiental como la parte de la contabilidad aplicada
cuyo objeto son las relaciones entre una “entidad” y su “medio ambiente”, en
donde “entidad” son los criterios jurídicos o el ciclo de la vida, mientras que el
“medio ambiente” es el entorno natural o vital.
Las posibles combinaciones de estos dos conceptos básicos, permiten
establecer al menos tres alternativas, de diversa fundamentación económica y
alcance, para el marco conceptual:
1. Cuando se opta por delimitar la entidad a partir de criterios jurídicos y el
medio ambiente como entorno natural, el marco conceptual de la contabilidad
ambiental se fundamenta en la economía tradicional, para la cual la ciencia
económica es independiente de cualquier consideración ambiental, excepto en
dos aspectos: la naturaleza como productora de recursos económicos y como
receptora de desechos.
2. Si el criterio de delimitación de la entidad se deriva del análisis del ciclo de
vida de sus productos y actividades y el medio ambiente se entiende como
entorno vital, el marco conceptual se fundamenta en la economía ecológica, para
la cual
el sistema económico es un subsistema del sistema ambiental, acorde con sus
normas y en continua interacción con él.
3. Si se opta por combinar los diversos criterios de delimitación de la entidad y
del medio ambiente en función de los objetivos que persiga la información
contable, el marco conceptual se fundamenta en la economía ambiental (posición
intermedia entre la economía tradicional y la economía ecológica), para la cual el
sistema económico está relacionado y limitado por el sistema ambiental.
Concluyendo, Fernández afirma que, para poder normalizar a la contabilidad
ambiental, se necesita que los contadores alcancen un consenso acerca de la
metodología y marco conceptual de esta disciplina, lo cual se puede lograr si: a)
se defiende a la contabilidad ambiental como una especialidad de la contabilidad,
en donde su objeto de estudio es la relación entre una entidad y su medio
ambiente y, b) se establece un marco conceptual flexible y adaptable a la
información contable a elaborar.
5. P AULA A. D’ ONOFRIO (2006)
“Las teorías de la contabilidad social y su relación con la responsabilidad social
empresarial”.
La autora define la contabilidad social como aquella que contempla la
información que genera la entidad para reflejar diversos aspectos sociales sobre
los que puede impactar su actividad, dentro de la cual se pueden encontrar
cuestiones relativas a los empleados, la comunidad social, el medio ambiente u
otras cuestiones éticas.
D’onofrio distingue tres paradigmas dentro de la contabilidad social: el
funcionalista o de mercado, el radical y el interpretativo o social. El primero
incorpora todas las teorías basadas en la teoría económica neoclásica y la teoría
clásica de gestión, en donde los argumentos utilizados para explicar la
presentación de información son aquellos relacionados con el mercado. En cuanto
al paradigma radical, consiste en líneas de pensamiento con un planteamiento
crítico sobre la situación existente, el cual está basado en argumentos de tipo
teórico crítico. Por su parte, el paradigma interpretativo se basa en argumentos
sociales que consideran la existencia de un mundo social con una pluralidad de
agentes usuarios de la información social generada por las entidades económicas.
Todos estos paradigmas de la contabilidad social tienen relación con la entrega
de información, la cual se interrelaciona con la responsabilidad social, en donde
las empresas añaden una dimensión social y ambiental a sus planes y
presupuestos para así evaluar sus resultados y establecer mejoras.
6. I NÉS G ARCÍA F RONTI (2012)
“Problemas de la contabilidad social y ambiental: algunas reflexiones sobre la
necesidad de un abordaje interdisciplinario”.
La autora señala que la contabilidad social y ambiental se encuentra dentro del
saber contable en donde utiliza el método científico y posee un dominio y objeto
propio, indicando también que el contenido social es el elemento más importante
de la contabilidad.
García cita a Gray (2000), quien dice que “la contabilidad social es la
preparación y la publicación de información sobre las interacciones y actividades
de carácter social, medioambiental, vinculadas a los recursos humanos, a la
comunidad, a los clientes, entre otras, de una organización y, cuando sea posible,
las consecuencias de dichas interacciones y actividades” (p. 3).
García señala que las hipótesis en las que se basa la contabilidad social y
ambiental son tres: las empresas tienen responsabilidad social, las empresas
deben emitir informes sociales y dichos informes sociales deben ser elaborados
por contadores según principios contables. Además, cita a Chapman (1982), quien
propone reconocer que la contabilidad no es exclusivamente patrimonial o
financiera, sino que también incluye a la contabilidad gerencial, a la contabilidad
gubernamental, a la contabilidad económica y a la contabilidad social.
La contabilidad social y ambiental es interdisciplinaria, porque posee su objeto y
su dominio propios, pero utiliza, entre otras, de la administración, la teoría de los
stakeholders; de la filosofía, la ética; de la psicología, la teoría de las
motivaciones; de la sociología, las teorías vinculadas a las conductas de las
organizaciones, y asimismo interactúa con la ética perteneciente a la filosofía, con
el derecho, responsabilidad social y sustentabilidad (Almagro, 2004).
Finalmente, concluye que la contabilidad con el correr de los años ha estado
avanzando respecto a sus vinculaciones interdisciplinarias, en donde se ha abierto
camino a otras disciplinas que enriquezcan y fortalezcan futuras investigaciones.
7. F ABIÁN L EONARDO Q UINCHE M ARTÍN (2008)
“Una evaluación crítica de la contabilidad ambiental empresarial”.
El autor plantea que la contabilidad es una disciplina, profesional y académica,
que busca el control orgánico del flujo de los recursos sociales, ambientales y
naturales, en el relacionamiento de las organizaciones, el hombre y la naturaleza.
Asimismo, que la contabilidad puede ser una disciplina constructiva o destructiva
en la realidad social y natural, además la contabilidad está inmersa en conflictos
sociales, políticos, culturales, ambientales, económicos, etc., por lo que pasa a ser
un mecanismo de control de la vida diaria, influyendo en la forma en que vivimos,
actuamos y comprendemos.
Quinche establece que la contabilidad ambiental nace ligada a la contabilidad
social, sin embargo, el autor señala que son independientes una de otra. Además,
considera que la contabilidad ambiental tiene cuatro períodos característicos. El
primero sería durante la década de 1970, en la cual surgen reflexiones teóricas de
la contabilidad ambiental empresarial. En el segundo período en 1980, se enmarcó
la presencia predominante del beneficio verdadero, es decir, un enfoque en busca
de los costos ambientales, el desarrollo en la contabilidad de costos/gestión
medioambiental. Por su parte, en 1990 se amplía la visión hacia la construcción de
información social y ambiental de carácter público y que podemos afirmar se viene
consolidando hasta nuestros días. Un cuarto período, que recogería la historia
total de la contabilidad ambiental, estaría representado por el enfoque de la
utilidad para la toma de decisiones, dedicada a los mercados de valores y a los
inversores de capital, ya sea como un elemento a tener en cuenta en la valoración
de empresas (acciones) o como una forma de trazabilidad (derechos ambientales,
etc.).
Quinche determina que la contabilidad es utilizada como un medio de reducir el
medio ambiente a términos seguros y manejables para la empresa y que es
necesario que esta informe sobre las formas en que ella misma afecta la
naturaleza y su entorno, además de reconocer las practicas locales, culturales,
étnicas y de género en relación con el medio ambiente. De esta manera, la
contabilidad ambiental busca informar la manera en que la entidad económica
afecta a la naturaleza y a su entorno, proporcionando datos cualitativos,
monetarios y no monetarios de impacto ambiental, además de los esfuerzos por
“recuperar, mejorar o conservar el entorno y la naturaleza, de las diversas formas
de prevención” (p. 213).
8. N ORMA G EBA , L ILIANA F ERNÁNDEZ L ORENZO Y M ARCELA B IFARETTI
(2009)
“Marco conceptual para la especialidad contable socioambiental”.
Las autoras afirman que una manera de satisfacer la demanda actual de
información, se puede lograr complementando la información que ofrece la
contabilidad tradicional con la que proporciona la contabilidad socioambiental,
mediante la cual es posible utilizar indicadores objetivos y subjetivos, expresados
en distintas medidas. Aseguran también que la contabilidad socioambiental es una
apertura de la contabilidad social, la cual incluye la dimensión ambiental.
Además, sostienen que la contabilidad socioambiental se aboca al estudio de
los impactos (tanto culturales como naturales, directos como indirectos) de la
actividad de los entes en el todo social y viceversa, en donde esta percepción
hace referencia a impactos naturales que caracterizan la dimensión ambiental.
Así también señalan que el estudio de la contabilidad social (y ambiental) en el
marco de una teoría general contable, permitirá delimitar su campo de actuación y
conocer la aplicación de los medios económico-financieros al desarrollo humano,
en donde se contribuye a la satisfacción de información de los usuarios sobre
áreas sociales y medioambientales; asimismo permitirá comprobar la posibilidad
de desarrollo de los componentes más comunes que hacen al campo de acción de
la disciplina contable.
De aplicarse los subprocesos de la teoría contable (descripción cualitativa y
cuantitativa, comunicacional y evaluación) a la contabilidad socioambiental, podrá
obtenerse conocimiento racional del aspecto referente a la porción de la realidad
socioambiental considerada.
En cuanto al objetivo y dimensión de la contabilidad socioambiental, se tiene
que el primero es obtener y brindar conocimiento metódico y sistemático de la
realidad en su dimensión socioambiental, en cuanto a esta última, se entiende por
la porción de la realidad considerada.
9. M IGUEL D ÍAZ I NCHICAQUI (2003)
“La contabilidad social. Origen y paradigmas”.
Díaz establece que la contabilidad es una ciencia de información empresarial,
que a lo largo de la historia “ha buscado siempre satisfacer los requerimientos de
sus usuarios internos y externos” (p. 31), procesando recursos básicos, sin
embargo, no considera que la empresa es un subsistema social que está obligado
a administrar con responsabilidad social los recursos que “conllevan al
cumplimiento de las aspiraciones y demandas de la colectividad” (p. 31).
En este sentido, se debe tomar en cuenta la responsabilidad social en la
contabilidad, con el fin de poder informar cómo está actuando la entidad
económica en relación con su entorno socioeconómico y natural. Así, se debe
adicionar a la información tradicional, datos de tipo social, ético, medioambiental o
ecológico, lo que se denomina contabilidad social.
La responsabilidad social para las empresas supone un aumento en la
información, en la que se reflejan “diversos aspectos sociales sobre los que puede
impactar su actividad como son cuestiones relativas a los empleados, la
comunidad social, el medio ambiente y otras cuestiones éticas” (p. 35).
De esta manera, el autor establece que la contabilidad social es el proceso de
comunicar los efectos sociales y medioambientales que se desprenden de las
actividades que tiene una entidad económica, lo que implica “extender la
responsabilidad social a las organizaciones” (p. 36), lo cual no solo proporciona
estados financieros para sus propietarios, pues las empresas “tienen
responsabilidades más amplias que hacer dinero para sus accionistas” (p. 36).
Díaz identifica tres características de la contabilidad social (p. 36):
1. Suministrar información para la toma de decisiones sobre políticas y prácticas
sociales que adopte la empresa en el nivel estratégico de la organización.
2. Contribuir a determinar si las estrategias y prácticas sociales de la empresa
son consistentes con las prioridades sociales.
3. Informar a la colectividad sobre la contribución social de la empresa ya sea en
los campos de impacto medioambiental como en los recursos humanos y éticos.
A su vez, reconoce ramas de la contabilidad social, como es la contabilidad
medioambiental, la cual es una de las ramificaciones más importantes, en donde
el inminente crecimiento del deterioro del medio ambiente es provocado
principalmente por las actividades empresariales, por ello se hace preciso que las
empresas establezcan sistemas de gestión y políticas medioambientales.
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