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Conversación sobre sueños y emprendimiento

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EMPRENDIMIENTO

La escena se concentra en el metro, estación Zona Rental, es hora pico y hay


mucho calor en la estación, se escucha de fondo a los vendedores ofrecer
bocadillos y caramelos. El personaje de Carlos, alto, de unos 32 o 34 años, con
vestimenta simple, se encuentra de último en una fila que da hacia los primeros
vagones del tren de las Adjuntas, atrás de él se detiene una mujer alta, de traje,
luce de unos 27 a 32 años, empujan a la mujer y ella choca con Carlos,
provocando que él voltease a verla.

CARLOS: ¡Luciana! Qué... Qué sorpresa es verte por aquí, digo... No es que me
dé disgusto verte, más bien... me alegra hacerlo, cuánto tiempo, ¿cierto? ¿Cómo?
¿Dos semanas apenas? Esta... Pérdida hace que no me ubique mucho en cuánto
pasan los días, las horas, todo (Pausa) ¿Que era yo el que deseaba separarnos?
¡No me vengas con esa! Tú me dijiste que te ibas a divorciar si yo decidía no
trabajar en aquella empresa de tu papá, no, no, Luciana, no entiendes, no me
gusta estar todo el día como un robot sellando y firmando lo mismo, no... ¿Y qué
sabes tú de lo que es mejor para mí? (El personaje de Luciana hace un gesto de
irse a otra fila, Carlos la detiene tomando su brazo). Perdona, perdona, sabes que
soy muy sensible con estos temas. (Pausa) ¿Sabes algo? Leí hace poco el
significado de mi nombre: “Hombre fuerte” (la mujer suelta una carcajada), anda,
ríete... No eres tan distinta a ella, a mi madre le hubiera gustado tener un hijo con
una gran fortaleza (Carlos mira al suelo, pensativo, asiente un par de veces y
luego niega una vez con un gesto de derrota). Se equivocó conmigo. Después
nació Gabriel, él sí tuvo idea de qué hacer con su vida, en cambio, yo... Sigo
metiéndome en mi mundo y tomo malas decisiones a lo largo de mi vida. Sí,
amada... (Pausa) Yo también tengo cosas de las que me arrepiento, por ejemplo,
estudiar Ingeniería. Yo siempre he querido ser bailarín, usar aquellas ropas
extravagantes a la hora del espectáculo, moverme según la música me lleve por
todo el escenario y sentir mi cuerpo adolorido en la noche cuando termine todo y,
justo a la hora de dormir, todo mi cuerpo tenso calmarse al tocar la suavidad de mi
colchón. (Luciana hace un gesto de disgusto) Eso mismo pensaban mis padres, y
me dijeron que no, que el baile no me daría comida, ahora mira... Los mejores
bailarines reconocidos en el país viven afuera, mejor que tú y yo y no me digas
que no a eso, sabes que es la verdad, amada. (Pausa. Carlos hace ademán de
acariciar el cabello de Luciana, pero ella lo evita) ¿Sabes de qué otra cosa me
arrepiento? De ese día en que nos conocimos tú y yo, si no hubiera visto la
película de terror, no te hubiera conocido, no lo digo por mal, ya va, espérate, eres
maravillosa y no hay un día en que no disfrute nuestras conversaciones sin
sentido y tal, pero no eres para mí. Dulce, atenta y dictatorial en lo que quieres,
eso es mucho para alguien que vale tan poco como yo, no me mires así, te hice un
favor con firmar el divorcio; las personas, cuando vemos oportunidades cerca,
somos como zamuros que ven a una rata solitaria en su último aliento y sólo hay
una entre esa bandada de aves carroñeras que sólo desean comer la carne y lo
demás no importa. Bueno, reflexionando, mejor hubiera visto una película de
comedia, de seguro no hubiera conocido lo que es el amor joven y no tendría esta
conversación contigo... Coño, chica, escucha bien, no te comparé con una rata,
escuchas lo que quieres.

La mujer levanta la mano preparada para pegarle, pero es interrumpida por el


altavoz del metro.

METRO: “Atención, señores usuarios, una vez que el tren se detenga y abra sus
puertas, recuerden dejar salir a los demás pasajeros.”

CARLOS: Luciana, te dije que no lo tomaras a mal, espera, espera, ven... No te


vas a sentar, ¿no estás viendo ese gentío? ¿Luciana? ¿Luciana? (Nuevamente
Carlos está solo, mira alrededor buscando a la mujer y gritando su nombre. Se
vacía un poco el andén y Luciana toca el hombro del personaje) ¡Casi me das un
infarto, mujer! Ésta es una de las cosas que más detesto de ti, siempre tienes que
dejarme hablando solo, claro, como al hombre lo toman por loco por querer hablar
de sueños y felicidad, prefieres alejarte y dejarme colgado con la palabra en la
boca, no, no me pidas disculpas, ahórrate eso para tu nuevo novio, sí... Me enteré,
y a que no adivinas por quién. (Pausa) Exacto, por tu hermana la bruja, me envió
un mensaje, sí... (Saca de su bolso-koala su celular y lee en voz alta.) “¡Deberías
ver al nuevo tipo que se encontró! Está más bueno que un pan recién sacado del
horno, uff, mucho mejor que tú, si yo me encontrara ese bombón...”. Ya ves por
qué me cae mal tu hermana, ya después del divorcio me sigue haciendo la vida
miserable.

Comienza un bajón de luces, Carlos actúa como si ya estuviera acostumbrado a


ese tipo de situaciones.

CARLOS: Pero bueno, cuéntame de ti ¿Qué has hecho? ¿te ha tratado bien la
vida? ¿sigues en ese trabajo de esclavos con bonita ropa frente a una
computadora? Bueno, tal parece que sí ¿qué pasó con tu carro? Ah, de seguro se
accidentó como todos los carros hoy en día, ¿verdad que la cosa anda difícil, no?
No, no, no voy a tener la típica discusión politiquera que no produce ningún
cambio en nada, más bien, te cuento, tengo un trabajo, sí, yo, el soñador tiene un
trabajo estable. (Pausa. Carlos comienza a contar con la mirada a los que están
haciendo la fila tras ellos) Bueno, como te seguía diciendo, ¿tienes agua? Ya
sabes, el calor aquí, se quería ir la luz, vamos a durar rato aquí metidos.

Luciana le da un potecito de agua, Carlos bebe, se acaba el agua y le devuelve el


pote. Luciana lo recibe con mala cara.

CARLOS: Epa, no me regañes por el agua, eso es de mala educación, como que
a ti nunca te dijeron que el agua no se niega. (Luciana hace como si fuera a
hablar, pero la interrumpe) Bueno, como te seguía contando, me pagan... Bien, no
es algo como que “¡Guao! Me voy a comprar un pasaje para México” tu hermana
la bruja está allá, ¿no? Mejor Argentina, coño... La cosa es que como que todo el
mundo le gusta estar allá, no hay nadie que conozca que no me diga “Fulanito
anda por Argentina y le va bien, vale, pasan roncha al principio, pero todo fino”,
¿ah? ¿Dices que estoy hablando feo? Bueno, perdón pues, señora abogada, mira
que cuando estábamos juntos tú me decías unas cosas... Que ni tus clientes se
creerían.

METRO: “Se les notifica a los señores usuarios que el tren reanudará su recorrido
en breves momentos.”
CARLOS: ¿Escuchaste? Eso es por el bajón, sí, mi trabajo, bueno, es un
“emprendimiento” (Carlos hace las comillas con los dedos. Se le ve distraído)
bastante bueno, puedo hacer algo que me gusta: Crear un personaje, no, no hago
teatro lamentablemente, pero lo que hago está cerquita de eso, ah... Cómo te lo
explico, bueno, tú me ves así normalito, un ingeniero de treinta y tantos, tomando
el metro porque no me alcanza para un carro, pero fíjate que tengo el teléfono que
salió reciente en el mercado, no, no soy profesor de liceo, presta atención. Una
vez que llegue el tren, me perderé en ese viaje, un viaje largo y realmente
agonizante donde lo único que quisiera es dormir contra lo más frío del vagón: El
vidrio de la ventana si tengo la suerte de sentarme ahí y si no veo la típica chiripa
que te deja despierto durante todo el viaje por la paranoia de que si te duermes
esa bicha va a pasarte por la cara y tú ni cuenta te das porque estarás dormido,
casi desmayado por la falta de aire y el calor.

Pausa. Sonido de un tren llegando. Ubicándose en el otro lado de la estación.

CARLOS: Ahí tampoco te vas a sentar, vas a correr a ver si agarras el puesto, eso
lo hacen a propósito, no avisan y les gusta verlo a uno corriendo por todos lados.
Somos unos muñequitos para ellos, (Carlos comienza a hacer con las manos
gestos como de titiritero) aprietan unos botones para cambiar de sitio las cajas que
nos llevarán más cerca de nuestras casas y nosotros vamos como pendejos
detrás, yo ya me dejé de mala vida, una vez, una señora casi me quiebra la pierna
con su bastoncito quique porque le iba a quitar el puesto. (Luciana hace un gesto,
vuelve a ser interrumpida) Sí, yo sé que en otro momento lo hubiera hecho, no me
enorgullece, pero fíjate, éste trabajo me mantiene activo, no me importa quedarme
de pie, lo importante es que viajo, sí, me conozco gran parte de Caracas y Los
Teques, no se diga cuando voy pa’ La Guaira, ah ¿viste? Estoy más morenito,
como el novio tuyo ese, ¿es arquitecto verdad? No sé, no sé, eso creo que me dijo
la bruja, digo, tu hermana. (Pausa. Carlos se lleva la mano hecha un puño a la
boca, frunce el ceño, hace un gesto con la misma mano como restando
importancia a su pensamiento) Ni idea de por qué te estaba contando eso,
entonces dime, ¿te va bien en el trabajo? Estás como gordita vale.
Luciana se acerca a Carlos a decir algo a su oído. Carlos hace un gesto de
sorpresa y emoción, comienza a saltar tomándole las manos.

METRO: “Se les agradece a los señores usuarios mantener una distancia
prudencial con la franja amarilla para evitar posibles retrasos”.

CARLOS: (Deja de saltar y tiene un aspecto más decaído) Ven la muerte como un
retraso, bueno, técnicamente lo es, alguien se lanza, se cae, lo empujan y lo único
que uno piensa es “Ahora debo esperar más tiempo a que limpien y reactiven la
estación, ¿no pudo escoger otro día para morirse u otro lugar dónde acabar con
su vida?” ¿Por qué me ves así? Créeme, he escuchado cosas peores, como
señoras mayores burlándose de los suicidas, diciendo tipo: “De seguro se mató
porque tuvo una discusión súper equis con su novia o novio y dijo, nada, me voy a
matar. Esa gente está loca.” (Pausa. Carlos mira los rieles del tren, Luciana le
sostiene del brazo) ¿Ahora sí te preocupas? ¿Después de tantas veces que se
quedaba callado cada vez que tú y mi mamá hablaban de él y de su “ridiculez”
cada vez que se ponía triste de la nada o se encerraba en el cuarto? Tenía que
pasar lo que pasó, ¿verdad? Todos solemos creer que la gente está bien, que
cuando hablan de tristeza lo tomamos como algo pasajero, como algo normal
hasta que, abres la puerta de tu casa y hay silencio, un ambiente pesado y raro,
entras, dices “¡Buenas!” no hay respuesta. (Carlos mira a un punto muerto al
frente, reteniendo las lágrimas) Luego subes las escaleras y hay una sensación de
que debes revisar primero ese cuarto... Ese maldito cuarto donde tu hermanito te
dijo tantas veces que lo dejaras en su privacidad, bueno, te asomas y ves allí, su
cuerpito colgando, dormido, la computadora toda vuelta mierda, encima una nota
que solamente decía “Lo siento tanto” (Carlos evita el abrazo de Luciana) Ahora
sólo queda aguantarse la lástima de la gente cada vez que toco el tema, no, no
me toques cuando te hablo de eso. (Pausa. Carlos inhala y exhala de forma
exagerada) Lo que quería decirte, de todos modos... Es que estoy feliz de tu
embarazo, amada, te mereces una felicidad tan plena.

Luciana hace un gesto para hablar, duda y no lo hace.


CARLOS: Bueno, yo te estaba hablando de mi trabajo antes de que la tipa del
altavoz dijera eso, ya debe estar por llegar el tren. Tengo que estar pendiente, ¿te
has saltado dos ya? Tan linda y considerada que eres, sabes que no nos vemos
tan seguido y quieres aprovechar de hablar conmigo, es que eres un ángel
¿Recuerdas el brindis de nuestra boda? (Carlos comienza a interpretar como si
tuviera una copa en la mano) “Cuando se inicia y desencadena una guerra lo que
importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria” Eso me lo aplaudieron
porque es bueno utilizarlo para un matrimonio que será inestable, ¿verdad?
Además, como que no prestaron atención, es una frase de Hitler. (Carlos suelta
una carcajada. Luciana lo ve aterrada) Ah pues, no soy Nazi, niña, simplemente la
usé porque sabía que nuestro amor era... Algo inestable, tuvimos la victoria ¿no?
Nos divorciamos sin tener hijos, por lo que no tuvimos que pelear por custodia, yo
no tuve problema con que me quitaras todo lo económico, ya te habías llevado el
cariño de mi familia, no tenía nada más qué perder, bueno, perdí un poco de
dignidad, pero eso es lo de menos, todos los días se pierde.

Vuelve a bajonear la luz dos veces. Luciana se queja.

CARLOS: Ya sé que no soy la mejor compañía del mundo, pero vale, tranquila
que ya debe llegar el tren, ajá, te estaba hablando de mi trabajo, sí, muy artístico,
debo variar un poco el libreto para que suene más chévere y... No, no, ya te dije
que no hago teatro, tampoco cine, ojalá... Por cierto, (Chasquea los dedos.
Luciana hace un gesto de impaciencia) vi una película buenísima, la interpreta
Leonardo DiCaprio y otros ahí, “El lobo de Wall Street” ya sé que tiene tiempo,
pero es encantadora, fíjate en toda esa parte analítica del estafador para
aprovecharse del desconocimiento de otros y luego, de un momento a otro,
terminas siendo un peligro para las empresas grandes del país porque resulta, que
lo que ofrecías era completamente falso, pero fuiste suficientemente inteligente y
persuasivo para que otro confiara en ti, DiCaprio es tremendo actor
verdaderamente, llevó toda su vida prácticamente siendo una gran estrella del
cine, yo sólo soy un ingeniero queriendo ser bailarín y ya no puedo hacer nada de
eso, sólo meterme en mi apartamentico, ver películas en la computadora,
escuchar música y ver videos de verdaderos bailarines. (Carlos revisa su bolsito y
saca una botella de agua) Siempre preparado, pensé que no tenía, te compro otra
botella luego, ya va.

Luciana le pega en el antebrazo. A Carlos se le cae un poco de agua por la


barbilla y le da la botella.

CARLOS: Retomando el tema de los arrepentimientos. (Se queda viendo la botella


de agua. Se ríe desganado) Hay muchas cosas que deseo que hubieran sido
distintas, como no haber experimentado más con mi vida, siempre fui muy
disciplinado con las órdenes de mi familia “No sales, no haces esto, lo otro” y
bueno, cuando estuvimos juntos no me dejaste muchas opciones, Luciana, fuiste
mi primera relación, cada vez que intentabas terminar, llegaba a decirte que me
iba a matar porque no habría nadie como tú, al final te diste cuenta que soy un
desastre y ¿qué hiciste? ¡Te arrepentiste de conocerme! (Comienza a señalarla de
forma acusadora) No digas quique “Yo no me arrepiento de nada” porque yo soy
tu mayor arrepentimiento, (extiende los brazos con una expresión de locura) ¡soy
un ser inestable e inservible para una compañera de vida y posibles hijos! (Carlos
comienza a reírse y actúa bastante desequilibrado) Pero yo tengo un trabajo, un
buen trabajo, sí.

Luciana comienza a toser y Carlos se come un caramelo de su bolso, le da


palmadas en la espalda.

CARLOS: El trabajo lo conseguí hace unos meses atrás, es un emprendimiento,


sabes que eso se ve ahorita para sobrevivir, bueno, yo lo disfruto, veo gente
distinta, a veces las mismas personas, lo bueno es que recibo dinero, depende de
la semana o del día, incluso de la hora, pero es muy interesante, como te dije,
debo interpretar un personaje distinto al Carlos el ingeniero aspirante a bailarín,
me convierto en alguien muy distinto, eso es cierto... Pero de que me convierto,
me convierto.

Pausa. Luciana continúa tosiendo y se sostiene de Carlos tomándolo del brazo.


Carlos comienza a reírse.

CARLOS: Quién diría eso, (nostálgico) terminas aferrada a mí cuando al comienzo


estabas tan distante, pero mira, toma más agua, anda, yo no la niego, ¿viste?
(Pausa. Luciana bebe agua) Una vida se va, pero otra viene, es lo que dicen en
hospitales cuando reciben a un muerto y al momento escuchan el llanto de un
bebé... (Carlos toca el vientre de Luciana. Se vuelve más frío con ella)

CARLOS: Fuiste la primera en decirme que era mi culpa, que es mi culpa que
Gabriel se ahorcara, no me tengas lástima de la culpa que me hiciste sentir,
Gabriel decidió morir, la gente decide qué quiere y qué no, ¿sabes? Me arrepiento
de haber sido el primero en entrar a la casa, debí ser caballeroso contigo y dejarte
entrar primero, pero no, teníamos que discutir porque te dije que no quería trabajar
en esa oficina de mierda donde me esclavizarían, en mi trabajo también me
esclavizan sí, pero soy un artista.

Luciana tose con más intensidad al nivel que queda de rodillas, Carlos se agacha
y la sostiene de los hombros.

CARLOS: Una vez escuché que suelen tardar más en el metro cuando atropellan
a alguien porque limpiar cuesta mucho, todo es como película perturbadora de
horror, necesitan dejar lo más decente posible la estación antes de reactivarla, a
veces toma tiempo de limpieza, puede que una tarde entera, dependiendo de la
hora y de la colaboración de los otros usuarios en salir, me imagino el trauma de
los que estaban de primera fila, que les salpique a la cara eso. (Pausa. Carlos se
sienta abrazando a Luciana que cada vez tose menos y se queja bajo)

CARLOS: ¿Sabías que lo que te tomaste tenía algo especial? Eres alérgica al
jengibre y mira, (Carlos agita la botella de agua con unos pedacitos de jengibre en
la parte de abajo) tu favorito, agua con jengibre, la necesito para mi trabajo,
casualidad, ¿verdad? Bueno, déjame continuar contarte, no, no, no busques nada
en tu bolso ahorita, escucha. (Pausa.) Me había quedado en que soy un inestable
e inservible para compartir mi vida con una mujer como tú, bueno, déjame contarte
todo lo que pasó después de que nos divorciamos, todas las noches me iba a
caminar y me asomaba en la ventana, mira que ya habías conocido al tipito ése
durante nuestro matrimonio, yo veía, veía y veía. Querías arreglar el carro, pero
déjame decirte que le arranqué uno de los cables del motor, (comienza a reírse
maniático) lo volví mierda, sabía que algún día tomarías el metro sola, era
cuestión de tiempo... Mi trabajo, yo necesito que me veas trabajando, te vas a
sentir orgullosa, amada, ¿volverás conmigo si me ves trabajando duro?

Luciana asiente desesperada mientras Carlos comienza a acariciarle el cabello.


Sin que se dé cuenta ella se coloca un autoinyector/EpiPen.

METRO: Atención señores usuarios, el siguiente tren que está por ingresar al
andén tiene como destino la estación terminal Las Adjuntas. Tiene como destino la
estación terminal Las Adjuntas.

Carlos y Luciana se levantan del suelo rápido, evitan ser golpeados y entran al
andén

CARLOS: Bueno, aquí nuestros caminos se separan, cariño. (Carlos la sostiene


para darle un beso rápido y obligado, ella se siente incómoda y toma asiento) ¡Sí
buenas noches, una Venezuela linda que me regale las buenas noches! Hoy
venimos con los únicos e inigualables barriletes, son... (Continúa el discurso de
todo vendedor de metro)

Sonido de las puertas del tren cerrándose.

TELÓN

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