Descripción de la teoría
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Interpretación de Copenhague
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Artículo principal: Interpretación de Copenhague
Para describir la teoría de forma general es necesario un tratamiento
matemático riguroso, pero aceptando una de las tres interpretaciones
de la mecánica cuántica (a partir de ahora la Interpretación de
Copenhague), el marco se relaja. La mecánica cuántica describe el
estado instantáneo de un sistema (estado cuántico) con una función
de onda que codifica la distribución de probabilidad de todas las
propiedades medibles, u observables. Algunos observables posibles
sobre un sistema dado son la energía, posición, momento y momento
angular. La mecánica cuántica no asigna valores definidos a los
observables, sino que hace predicciones sobre sus distribuciones de
probabilidad. Las propiedades ondulatorias de la materia son
explicadas por la interferencia de las funciones de onda.
Estas funciones de onda pueden variar con el transcurso del tiempo.
Esta evolución es determinista si sobre el sistema no se realiza
ninguna medida aunque esta evolución es estocástica y se produce
mediante colapso de la función de onda cuando se realiza una medida
sobre el sistema (Postulado IV de la MC). Por ejemplo, una partícula
moviéndose sin interferencia en el espacio vacío puede ser descrita
mediante una función de onda que es un paquete de ondas centrado
alrededor de alguna posición media. Según pasa el tiempo, el centro
del paquete puede trasladarse, cambiar, de modo que la partícula
parece estar localizada más precisamente en otro lugar. La evolución
temporal determinista de las funciones de onda es descrita por
la ecuación de Schrödinger.
Algunas funciones de onda describen estados físicos con
distribuciones de probabilidad que son constantes en el tiempo, estos
estados se llaman estacionarios, son estados propios del operador
hamiltoniano y tienen energía bien definida. Muchos sistemas que
eran tratados dinámicamente en mecánica clásica son descritos
mediante tales funciones de onda estáticas. Por ejemplo, un electrón
en un átomo sin excitar se dibuja clásicamente como una partícula
que rodea el núcleo, mientras que en mecánica cuántica es descrito
por una nube de probabilidad estática que rodea al núcleo.
Cuando se realiza una medición en un observable del sistema, la
función de ondas se convierte en una del conjunto de las funciones
llamadas funciones propias o estados propios del observable en
cuestión. Este proceso es conocido como colapso de la función de
onda. Las probabilidades relativas de ese colapso sobre alguno de los
estados propios posibles son descritas por la función de onda
instantánea justo antes de la reducción. Considerando el ejemplo
anterior sobre la partícula en el vacío, si se mide la posición de la
misma, se obtendrá un valor impredecible x. En general, es imposible
predecir con precisión qué valor de x se obtendrá, aunque es
probable que se obtenga uno cercano al centro del paquete de ondas,
donde la amplitud de la función de onda es grande. Después de que
se ha hecho la medida, la función de onda de la partícula colapsa y se
reduce a una que esté muy concentrada en torno a la posición
observada x.
La ecuación de Schrödinger es determinista en el sentido de que,
dada una función de onda a un tiempo inicial dado, la ecuación
suministra una predicción concreta de qué función tendremos en
cualquier tiempo posterior. Durante una medida, el eigen-estado al
cual colapsa la función es probabilista y en este aspecto la mecánica
cuántica es no determinista. Así que la naturaleza probabilista de la
mecánica cuántica nace del acto de la medida. Esto conduce al
problema de definir objetivamente en qué momento se produce la
medida y la evolución pasa de lineal y determinista, a no-lineal y
estocástica/aleatoria, cuestión que se conoce como problema de la
medida y que, además de la interpretación de Copenhague, ha dado
lugar a un número elevado de propuestas de resolución, conocidas
como interpretaciones de la mecánica cuántica.
Formulación matemática
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Artículos principales: Postulados de la mecánica cuántica y Notación
braket.
En la formulación matemática rigurosa, desarrollada por Dirac y von
Neumann, los estados posibles de un sistema cuántico están
representados por vectores unitarios (llamados estados) que
pertenecen a un Espacio de Hilbert complejo separable (llamado
el espacio de estados). Qué tipo de espacio de Hilbert es necesario en
cada caso depende del sistema; por ejemplo, el espacio de estados
para los estados de posición y momento es el espacio de funciones de
cuadrado integrable , mientras que la descripción de un sistema sin
traslación pero con un espín es el espacio . La evolución temporal de
un estado cuántico queda descrita por la ecuación de Schrödinger, en
la que el hamiltoniano, el operador correspondiente a la energía total
del sistema, tiene un papel central.
Cada magnitud observable queda representada por un operador lineal
hermítico definido sobre un dominio denso del espacio de estados.
Cada estado propio de un observable corresponde a
un eigenvector del operador, y el valor propio o eigenvalor asociado
corresponde al valor del observable en aquel estado propio.
El espectro de un operador puede ser continuo o discreto. La medida
de un observable representado por un operador con espectro discreto
solo puede tomar un conjunto numerable de posibles valores,
mientras que los operadores con espectro continuo presentan
medidas posibles en intervalos reales completos. Durante una
medida, la probabilidad de que un sistema colapse a uno de los
eigenestados viene dada por el cuadrado del valor absoluto
del producto interno entre el estado propio o auto-estado (que
podemos conocer teóricamente antes de medir) y el vector estado del
sistema antes de la medida. Podemos así encontrar la distribución de
probabilidad de un observable en un estado dado computando
la descomposición espectral del operador correspondiente. El
principio de incertidumbre de Heisenberg se representa por la
aseveración de que los operadores correspondientes a ciertos
observables no conmutan.