Noah, cuyo voluminoso cuerpo puede ocupar la silla más grande alrededor de la mesa, está allí
sentado sonriendo al papel dispuesto frente a él sobre la mesa. Brandon, el hermano de Angela, está
en la otra silla a su derecha, y Angela está a su izquierda junto a Melissa, quien ya se ha acomodado.
Adam entrecierra los ojos mirando aquel papel con la ayuda de la pequeña linterna que
sus amigos habían colocado allí para tener algo más de luz.
—¿Qué es eso? —pregunta él.
—Llámame genio, Adam —Noah suelta de repente con una sonrisa aún más amplia
mientras lo mitra a través de sus diminutas gafas—. Lo encontré en una mesa del
pasillo. ¡Es muy interesante!
—¿Pasillo? —repite Adam. Su mirada se vuelve hacia el oscuro vestíbulo detrás de él
para luego regresar al grupo y al documento sobre la mesa—. ¿Eso no es…? —avanza
hacia ellos y agarra el papel, dándole la vuelta—. ¿Qué demonios, chicos? —gruñe—
Esto es algo del trabajo de mi padre, ¿por qué narices lo tenéis vosotros?
—¡Tranquilo, tío! Yo solo estaba yendo a por un vaso de agua y esto estaba ahí en la
mesa, llamándome para que lo cogiera —intenta bromear Noah.
Todos ríen, excepto Adam.
—Eh, relájate —comenta Angela poniéndose en pie—. ¡Ni que lo hubiéramos roto o
algo! En realidad, simplemente estábamos leyendo algo escalofriante que nos llamó la
atención.
—¿Escalofriante? —Adam arqueó una ceja.
—Sí, escalofriante. Como hoy, con la lluvia y estando aquí a oscuras. Dios, odio la
oscuridad —agrega Brandom mientras se cubre más la cara con la sudadera.
Fuera, la lluvia está apretando, y el viento empieza a soplar con más fuera entre las cortinas.
Adam se acerca a cerrarlas mejor antes de regresar junto al grupo y finalmente mirar los papeles.
—Habla de Connieville —susurra Angela, y antes de que los ojos de Adam terminaran
de recorrer los titulares escritos con la letra de su padre, se le heló la sangre. ¿Había
dicho Connieville?
—¿Esa aterradora ciudad fantasma? —susurra Adam, ahora ojeando los papeles por sí
mismo.
—Exacto —dice Noah—. Probablemente, tu padre se ha llevado a casa algunos
informes de desapariciones. Mucha gente ha estado desapareciendo en esa ciudad, y
ahora todo el mundo piensa que está maldita.
—Tiene que ser cosa de los fantasmas —añade Brandon, hablando en voz baja por
debajo de su sudadera.
—Esas mierdas no existen —ríe Melissa, golpeándole la cabeza con un cojín. Después,
se levanta y toma el papel de las manos de Adam. —¡Ya sé! Éste debería ser el destino
de nuestras vacaciones —sugiere ella con una sonrisa.