ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
Por el Lic. Juan GONZÁLEZ A. ALPUCHE
del Instituto Mexicano de Cultura
Turismo y cul!ura
T ODA concepción moderna de ·cultura parte de la defini-
ción de Tylor, quien la consideraba como "complejo
de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costum-
bres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre
adquiere como miembro de la sociedad". Puede observarse
que no se hace distinción, dentro del concepto, de lo que
representan organización social e instituciones sociales.
La conoepción de Tylor es, en cierto sentido, de rango
universal, ya que no considera la pluralidad de las culturas
locales, que son conjuntos organizados en funcionamiento,
y, por otra parte, no se muestra en la actualidad mucho in-
terés en la evolución de las costumbres e instituciones. Es
por ello que perdió validez el principio de las tres unida-
des, a saber:· unidad psíquica de la humanidad, unidad de
la historia humana y unidad de la cultura.
La comprobación de tales axiomas tendría que iniciarse
a través de una laboriosa investigación de muchas socieda-
des y culturas, para comparar sus elementos y establecer sus
identidades. Consecuentemente, a pesar de la trascendencia
del estudio de Tylor, se formularon otras teorías. La llama-
da Teoría del Modelo-proceso toma como concepto básico
el modelo cultural. Los modelos culturales tienden a per-
manecer como ''conjuntos organizados de costumbres, a pe-
sar de los cambios de los elementos culturales"; la evolu-
ción tiene, además, un aspecto importante, la "tendencia cul-
tural" que señala -el camino de los cambios y da un esquema
de la continuidad.
La otra teoría se denomina estructural-funcional y se debe
a varios autores. Esta tesis es también posterior a la Tylor y
se estructuró entre 1930 y 1940. Es muy interesante el de~
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'! f V I S T A MEXICANA b E C U L 1' U R A
sarrollo de esta segunda doctrina, que parte de la estructura
social, que es, "una red o sislema de relacicmes sociales que
incluye a los grupos sociales persistentes y a las c1ases so-
ciaks y funciones sociales diferenciadas".
Aunque puede ¡,arecer que lo que se estudia es la es-
tructura social, esta última encierra en sí misma un concepto
de cultura. En realidad, la estructura social y la organiza-
ción social, no son sino la cultura misma de un pueblo, den-
tro de un esquema.
Las dos teorías tratan de explicar la cultura en todos sus
renglones, con base en un solo esquema teórico, y de ahí
aplicarlo a toda clase de culturas, desde las más remotas has-
ta las contemporáneas. En el fondo, tanto el modelo cultu-
ral, como la estructura social son dos conceptos complemen-
tarios.
La diferencia entre ambas teorías radica en el sistema
en que cada una de ellas establece la conexión, o sea en lo
que denomina parentesco. Para la teoría de los modelos, el
parentesco es la relación de un tipo de modelo cultural con
otros y, para el análisis estructural, el parentesco "es un
sistema social que comprende un tejido de relaciones socia-
les, expresado en :forma~ habituales de comportarse, sentir
y pensar". Es, pues, el parentesco, una interdependencia
funcional.
Así considerados los sistemas de parentesco, se pueden
aplicar a los análisis estructurales y culturales de todas
clases, lo que los convierte en teorías generales de la cul-
tura, que, como tales, no se proponen explicar la naturaleza
de los sistemas culturales y estructurales, sino ver en esos
sistemas los resultados de las numerosas influencias sobre
el fenómeno; considérase entre otras a la biología, la psico-
logía, el medio natural, los procesos históricos, etc.
Por cuanto al turismo, se advierte que requiere: de gran-
eles espacios para desarrollarse, personas especializadas pa-
ra darle atención y una estructura para captarlo; y por ello
nos sentimos inclinados a definirlo en términos de comercio
y aplicarle los mecanismos clásicos ele la "ley de la oferta
y la demanda". Se atiende, de esta manera, al fenómeno,
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ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
por el ingreso que genera y, por ende, se conocen mejor sus
proyecciones .económicas que las de otros órdenes, aun cuan-
do ya es universalmente admitido que pone en juego valores
de más alto nivel, y que interesan más sus proyecciones so-
cioculturales que los beneficios materiales que de él resul-
tan.
Grandes proporciones ha adquirido el turismo en los
últimos tiempos, porque ]o practican sectores sociales que
antes nó estaban en posibilidad de viajar: los sistemas de
viajes pagados, así como las vacaciones también pagadas,
han permitido que se incrementen las corrientes de visitan-
tes, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.
Cabe considerar esta situación desde un punto de vista evi-
dentemente favorable, en tanto que se auspicia el contacto
humano con personas de distinta formación y se enseña, por
ende, al hombre, a admirar y amar con más segura valora-
ción a su propia patria, comprendiendo a la vez los pecu-
liares atributos de otras regiones.
Pero la universalización del turismo -lo que hoy se
empieza a llamar "el gran turismo"- trae consigo otros
problemas de no poca importancia: si en el pasado -el pa-
sado en turismo significa una o dos décadas- viajaban
personas con medios económicos suficientes y con una esco-
laridad media, hoy. en día no ocurre lo mismo en razón de
las facilidades a que antes he hecho mención. Esto pone en
primer plano la necesidad de orientar en un aspecto positi-
vo de formación, de educación al visitante, auspiciando una
inteligente captación por parte de él, de los valores funda-
mentales que modelan la vida del lugar que visita,
No es la simple contemplación de monumentos, ni la
visita a museos o a sitios históricos, lo que deja en el foras-
tero el impacto perdurable, sino comprender la suma de
factores que han hecho posible el surgimiento de la cultura
con la que se toma contacto.
No voy a referirme, en esta exposición, a la rama de
actividades turísticas que ha sido denominada "turismo cul-
tural", sino de un modo marginal; me ocuparé de manera
principal del turismo como elemento decisivo en la com-
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REVTS1'A MEXICANA DE CULTURA
prensión de las diversas culturas que existen en el mundo,
la asimilación de sus valores y el consiguiente enriqueci-
miento en saber y experiencia que tal hecho significa. Es
oportuno puntualizar un concepto amplio de cultura, para
determinar por qué el turismo es un medio de adquirirla y
comprender sus dimensiones, y por qué contribuye a cultivar
a los pueblos que entran en contacto directo a través de
aquél.
Generalmente se denomina cultura a una suma de cono-
cimientos en determinadas ramas, que una persona posee
y aprovecha para comprender mejor las manifestaciones del
arte ·o de la ciencia; pero desde la referencia sociológica,
el concepto es de mucho mayor contenido, ya que compren-
de el conjunto de saber, creencias, arte, principios morales,
derecho, costumbres, aptitudes y hábitos adquiridos por el
hombre como miembro de una sociedad.
Por lo expuesto se puede advertir que la cultura de un
pueblo se actualiza en determinadas formas de conducta, así
como en la tradición, que en buena parte es saber asimi-
lárlo.
Por ello, la cultura vive en el ambiente de una región
e influye en el modo de ser de sus habitantes formando su
comportamiento y su manera de sentir y actuar; determina
la personalidad, si así puede llamársele, de los pueblos y,
naturalmente, se manifiesta en expresiones de alto valor
estético, nivel científico, monumentos arquitectónicos, obras
de arte: pictórico, música, danza, poesía, y en las direcciones
populares del arte: folklore Y. artesanía.
Una forma de excelencia de vida humana
La cultura es la realización de los valores en la vida del
hombre; no hay que olvidar que el hombre es el único ser,
en el universo, que comprende el sentido de lo ideal y cobra
conciencia de su mensaje, y orienta su vida individual y de
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ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
relación con los otros hombres. A través de la vida individual
de la vida social, los valores adquieren un poder real y efec-
tivo. El turismo como fenómeno cultural, es una forma de
excelencia, en la que se desenvuelve la vida humana,
Don Miguel de Unamuno afirma que un campesino es-
pañol analfabeta, vive y posee los atributos básicos de la
cultura occidental, porque están profundamente insertos en
el ambiente que lo rodea; lo que no puede afirmarse del
aborigen de las selvas africanas. Así, hay pueblos de cul-
tura milenaria, cuyos matices puede captar el visitante, si
tiene la disposición espiritual necesaria, y puede dar con
ello mayor valor al disfrute de su viaje. Es pues, la cultura,
la herencia social de la Humanidad; y su conjunto de va-
lores es asombrosamente extenso.
No es fácil al hombre llegar a tener un panorama uni-
versal de la cultura, pero sí ampliar su propio círculo de
experiencias y comprender, por su medio, la unidad de la
condición humana, por la persistencia de ciertos valores uni-
.versales, aun cuando existan rasgos característicos por los
cuales se diferencian unos pueblos de otros: estos elementos
diferenciales constituyen el corazón de toda cultura. Y la
estratificación cultural es aún más extensa de lo que puede
pensarse; dentro de un grupo social más o menos homogéneo,
como son las naciones, existen subculturas que se distinguen
por divergencias en los vocabularios, sentimientos tradicio-
nes y costumbres; las sociedades, los grupos étnicos tras-
plantados por emigración a otra zona distinta de la suya,
las asociaciones profesionales o de artistas, los grupos afi-
liados a determinado credo religioso, multiplican la diver-
sificación cultural hasta un grado casi inconcebible.
Por eso el turista siempre tiene algo nuevo que conocer
y aprender, y ningún viajero, así haya invertido la mayor
parte de su vida en recorrer el orbe, puede dejar de encon-
trar nuevos incentivos y nuevas emociones, distintas expe-
riencias, formas de expresión y manifestaciones estéticas y
socioculturales que asimilar. Frente a una realidad distinta
de la suya, el turista tiene un mundo nuevo del cual extraer
infinitos aspectos que no conoce: solicitan su atención las
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REVJS1'A. MEXICANA DE CULTURA
cosas del orden natural, siempre nuevas en su perpetua vi-
talidad, las creaciones del homLrc que pon(•11 d1'. rl'licvc un
genio constructivo en constante evolución a través de las
edades; la transformación de las concepciones estéticas y
de las instituciones sociales; la persistencia de formas tra-
dicionales que van modelando la fisonomía de un pueblo,
su tipicidad y sus costumbres.
Y lo más interesante ele todo es que las cosas v las crea-
ciones humanas, lo mismo que los seres, ofrecen al hombre
su mensaje y lo hacen vivir de nuevo un momento dado de su
historia. Hay ciudades en las que el tiempo parece haberse
detenido durante varias centurias, como Rotemburgo, en
Bavicra, Alemania occidental, en la que estuve hace algunos
aííos. El visilante se siente transportado al medioevo: la tra-
za de las calles, las fachadas, los interiores, las viejas cate-
drales que conservan el estilo y la arquitectura del siglo XIII,
como si cruisieran permitir al hombre moderno captar la
concepción urbanística y el arte de su época, conservando
un ambiente de mística quietud, bello y hoy lejano; lo que
sorill"enc!c más, no es la ciudad en sí, sino sus habitante,,
modernos y progresistas.
Lo mismo ocurre con los sitios históricos, aquellos en
que han dejado su huella los genios estelares de la Huma-
nidad. He visitado la casa de Goethe, y en sus muros, sus
habitaciones y su vetusto moblaje, se percibe el espíritu y
la sensibilidad del creador del Fausto y de Werther.
Mucho cultiva, sin duda, la contemplación de monumen-
tos y obras de arte, pero mejores frutos produce si se sabe
situarlos en el ambiente cultural que les corresponde. Esta
es la razón por la cual, la mayor parte de los países del
mundo, editan y difunden en el extranjero brevarios con
información sintética sobre geografía y climatología, etno-
grafía, distribución demográfica, ciencia y cultura, costum-
bres, folklore, centros urbanos, aspectos arquitectónicos, his-
toria, arqueología, recursos naturales, industria, comercio,
comunicaciones, estructura política y social, etc., a efecto
de que el posible visitante tenga los antecedentes necesarios
para ambientarse, esto es, para que su toma de contacto con
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ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
la realidad del país no sea súbita y estéril, sino fecunda y
reflexiva; el saber no se nutre ele los datos suministrados
por nuestras sensaciones, sino por la asimilación que nues-
tra inteligencia hace de ellos y la comprensión de los agen-
tes que las motivan.
Así se llega, a través del turismo, a compenetrarse con
diversas culturas, incorporando a la propia valores huma-
nos, estéticos y sociales que le dan un sentido universal a la
vida. Viajar por diversión y placer, por escapar a la mono-
tonía de la vida diaria, puede resultar grato, pero no cons-
tructivo; si a estos objetivos se agrega una acción encamina-
da a dar a los turistas concieocia del valor espiritual y cul-
tural de las experiencias adquiridas en sus viajes, se logrará
con plenitud uno de los más importantes fines del turismo.
Al hacer las anteriores consideraciones no quiero ex-
cluir, en modo alguno, el fin placentero de los viajes turísti-
cos, ni mucho menos restar valor a los trabajos promocio-
nales, en los cuales se da preferencia a los centros turísticos
que ofrecen una mayor suma de diversiones y atractivos,
porque aun de ellos pueden derivarse interesantes observa-
ciones acerca de las particularidades propias del lugar, las
personas, sus costumbres y manera de ser, etc., y todos estos
son elementos de la cultura del país que se visita. Difícil
resulta, sin embargo, para el turista de tipo medio, sobre-
pone,rse a las multifacéticas manifestaciones del acaecer
cultural; el lenguaje, el arte, las formas institucionales del
Estado y la sociedad se parecen a una primera toma de con-
tacto como una sucesión constante de formas sueltas y dis-
pares, pero un análisis más profundo y una observación más
cuidadosa permiten descubrir que tanto en el mundo físico
como en el acaecer espiritual hay factores constantes, fuer-
zas que actúan en la misma dirección, porque la unidad de
la condición humana así lo determina.
Dice Hipólito Taine que en el conocimiento concrelo de
los hombres radica el alfa y el omega de toda historia ele la
cultura, ya que esta es obra del hombre; la comprensión de
la naturaleza humana nos lleva, pue:::, a comprender todas
sus manifestaciones. Por ello he afirmado que el acerca-
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REVISTA MEXICANA DE CULTURA
miento entre los grupos sociales Y. los pueblos, que en últi-
mo análisis es el efecto fundamental del turismo, influye
en la mentalidad de la sensibilidad y el grado de curiosidad
del turista, así como de su nivel de instrucción. La mente del
viajero debe ser liberada de prejuicios y preparada a com-
prender que las costumbres y maneras de ser, que tiene
fuertemente arraigadas en su medio de origen, serán diferen-
tes en el lugar al que se traslada.
II
La cultura y la vida humana
En las obras objetivas se reflejan las variables funcio-
nes de la vida humana. El hombre én su vida hace filosofía,
ciencia, técnica, arte, economía, derecho. Todo esto es pro-
ducto de la vida de relación, de lo que llaman los sociólogos
interacción. La ciencia, el arte, la filosofía, el derecho o la
técnica varían en cuanto a su contenido históricamente y
también de pueblo a pueblo. Esto es lo que le da un matiz
especial a la vida humana objetiva de cada pueblo, es decir,
tiene una señal especial la cultura de cada pueblo, un sello,
un espíritu diferente, por eso es preciso insistir en que el
turismo además de sus fines materiales, económicos, es un
fenómeno que propicia la compleja urdimbre de las rela-
ciones entre los pueblos de la tierra, muy ricas en contenido
espiritual y que dan sentido a los fines culturales del con-
tacto entre los hombres. Una· forma de ese contacto rico en
resultados espiritualt>,..c; entre los hombres es lo que llamamos
turismo.
Hegel llamó a la vida humana objetiva espíritu objetivo.
Windelband y Ricket lo denominan cultura, en tanto que
otros filósofos lo llaman vida humana objetiva.
El proceso para lograr los fines culturales del turismo,
presenta diversos aspectos que conviene considerar en deta-
lle. Como ya he dicho, la mayor parte de los países publi-
can breviarios en los cuales se ofrece una visión panorámica
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ENSAYOS
. '
BREVES SOBRE LA CULTURA.
de su. historia, su arte, su economía y su estructura social;
en síntesis, de su cultura. Estos breviarios son tan impor-
tantes como los folletos de promoción, aun cuando las agen-
cias de viajes y las empresas de transporte, así como
las instituciones publicitarias, dan preferencia a estos úl-
timos.
En todos los países emisores -que a su vez, también
son receptores del turismo- debe darse especial atención
a la educación para el turismo, favoreciéndose la lectura de
libros de viajes y monografías históricogeográficas, en la
enseñanza de todos sus niveles debe procurarse la orienta-
ción turística, destacand<? los valores espirituales de esta
actividad, abriendo la mente de los estudiantes al. conoci-
miento de las diversas formas que pueden tomar las socie-
dades humanas y sus expresiones culturales; esta dirección
educativa está en relación con el fomento de la conciencia
turística, ya que la actitud comprensiva del visitante rinde
óptimos efectos si encuentra en el nativo del país que visita
una actitud cordial y hospitalaria.
La organización de excursiones narradas en forma ade-
cuada y veraz, planeadas para dar al visitante una toma de
contacto que le permita apreciar las diversas facetas de la
cultura regional, son recomendables. Tales excursiones no
sólo deben comprender museos~ palacios, galerías de arte,
monumentos y bibliotecas, sino también pueblos típicos, hos-
terías, centros artesanales, etcétera; comprender en las ex-
cursiones lo antiguo y lo moderno, o sea, la evolución de
la cultura nacional, El turista guiado de esta manera, com-
prenderá que desplazarse geográficamente en el espacio, es
también desplazarse en el tiempo; que ante él se despliega
el panorama del acaecer humano, y que conocer su mundo
es también comprender al hombre.
En Santiago, de Compostela tuve ocasión de visitar el
"Hostal de los Reyes Católicos", edificación que data del
siglo xv. Las autoridades turísticas. españolas han respetado
la fachada monumental, las grandes arquerías y, en .general
toda la estructura arquitectónica del hi~órico edificio, el
cual, convertido en hotel, proporciona al visitante todas las
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RE1'1STA MEXICANA DE CULTURA
comodidades modernas, dentro del glorioso ambiente de
los grandes siglos del poderío español. Claro está que esto
exige una preparación profunda y bien asimilada de los
guías o acompañantes de turistas.
Las agencias de viajes, en la organización de éstos, en
las reservaciones y contactos, en la selección de espectáculos
y en la pjaneación de excursiones desarrollan una actitud
predominantemente económico-administrativa; pero al Esta-
do, a través de sus autoridades turísticas, corresponde orien-
tar estas excursiones y cuidar que la labor de los guías se
lleve al cabo dentro de las direcciones que antes he señalado,
y por ello conviene que se les prepare de manera más pro-
funda para que desempeñ_en adecuadamente su delicado pa-
pel.
Para concluir esta exposición acerca de turismo Y. cul-
tura, señalando los nexos que los ligan daré a continuación
los comentarios de autoridades eminentes en el campo de la
técnica, que ponen de manifiesto la preferente proyección
cultural que universalmente se le da a ésta moderna activi-
dad.
En la Asamblea General de la Unión Internacional de
Organismos Oficiales de Turismo correspondiente al año
de 1966, el Padre Arrighi, delegado del Vaticano, expresó
entre otros conceptos los siguientes: "Nos permitimos des-
tacar que el turismo es y debe ser, no sólo un motivo de
prosperidad económica, sino, ante todo, el motivo de una
segunda riqueza: el desarrollo y el conocimiento de las dife-
rentes civilizaciones". "Este enriquecimiento nosotros lo
creemos no menos determinante que el factor económico,
puesto que es a su vez causa y no simplemente efecto". "El
turista no solamente aporta dinero; sino que se presenta
él mismo con los tesoros de su civilización y de la historia
de su país del que es, en cierta forma, un testigo y un em-
bajador". "El anfitrión abre las puertas de su casa y parece
solamente recibir". "Pero de hecho presenta a su vez sus
propias tradiciones, el alma del pueblo a que pertenece".
"He aquí un cambio que puede ser fructuoso si el turismo
es vivido por hombres dignos de pertenecer a una sociedad
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ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
civilizada y honesta, consciente de su responsabilidad -di-
ría el apóstol- de aprovechar el tiempo".
El presidente de los Estados Unidos Mexicanos, señor
[Link]é López Portillo dijo en una ocasión: "El hom-
bre es para nosotros el sujeto intransferible. Esto significa
que el hombre es la medida de toda cosa, que no $e podría,
sin peligro de cometer un desatino, confundir al hombre,
que es el fin, con la economía, que no es más que el medio".
El señor C. A. Beerli, profesor de la Escuela de Arqui-
tectura de la Universidad de Ginebra, afirma lo siguiente:
"El epíteto de cultura puede aplicarse a toda forma de tu-
rismo que sobrepasa al simple desplazamiento con fines de
reposo, distracción, restablecimiento físico o deporte; a toda
forma de viajar en la cual la noción de descanso o diversión
es considerada ha jo sus aspectos positivos de sustitución del
ambiente de la vida cotidiana por otro más estimulante al
espíritu; a todo viaje cuyo aspecto principal o accesorio es
el enriquecimiento de la personalidad o la adquisición de
conocimientos nuevos".
Finalmente, René Maheu, antiguo director de la Unesco,
en 1964, subrayaba el sentido universal de la cultura huma-
na con las siguientes palabras: "La noción de un patrimonio
cultural universal, considerado como el bien común de la
humanidad entera y que debe, por consecuencia, ser preser-
vado en interés de la comunidad internacional, es caracte-
rístico de nuestra época".
Veamos, pues, en el turismo un medio de modelar nues-
tro espíritu y enriquecerlo con nuevas experiencias y cono-
~imientos siempre renovados. Aprendamos a conocer al hom-
Jre asimilando sps valores culturales y eliminando las dife-
·encias que nos separan,
Toda forma de turismo tiene como factor [Link] un
;entido cultural, y sólo aprovechando este aspecto derivare-
nos de la actividad turística sus mejores frutos. Así resulta
"[lle en el turismo se nutren nuevas experiencias, vivencias
:n las que el hombre "vive en plenitud", gozando la Natura-
-eza y las obras de la cultura, donde su personalidad se·
.firma y se hace más humana, porque el turismo, al frater-
73
REVISTA MEXICANA DE CULTURA
nizar con los hombres, es una de las manifestaciones pre-
sentes en las que cristaliza el espíritu de la cultura.
III
Cultura y democracia
La cultura y la sociedad son dos realidades interdepen-
dientes; su influencia mutua es continua y constante. En
ciertas etapas que pudiéramos llamar normales, una y otra
se desenvuelven en forma aparentemente independiente; en
las épocas de crisis en cambio, la cultura recibe poderosos
impactos de las fuerzas sociales. Pero, ya sea perceptible
o imperceptiblemente, sociedad y cultura se influyen recí-
procamente. La vida social influye en la cultura de muy
distinta manera; la vida social libre genera aportaciones es-
pontáneas; la vida social regulada produce sus aportaciones
a través de canales a ellas destinados o que irradian influen-
cias propias, como 1as iglesias, escuelas, universidades, cen-
tros propagandísticos. Mucho de esa influencia es conduci-
da a través de medios de comunicación masiva y entonces
se codifica y estructura para determinados fines. Analiza-
remos en primer términ_o las relaciones entre cultura Y. so-
ciedad en una sociedad libre.
La existencia de una cultura vigorosa en el seno de una
determinada sociedad. requiere de dos condiciones indispen-
sables: que el hombre medio disponga de suficiente tiempo
libre para sublimar en actividades culturales las energías
espirituales que le dejan las demás actividades sociales; y
que exista una élite intelectual capaz de dirigir la subli-
mación antes mencionada para dar expresión clara y uni-
taria a una cultura determinada. Antiguamente, florecieron
grandes culturas precisamente porque la estructura social
favorecía la creación de poderosas élites intelectuales, ar-
tísticas y religiosas, al mismo tiempo que permitía al hom-
bre medio disfrutar del suficiente tiemJ?O libre para con-
vertirse en un adecuado destinatario de la cultura creada
74
ENSAYOS BREVES SOBRE LA CULTURA
por la· élite. Un ejemplo magnífico de ello lo tenemos en la
antigua Grecia, Atenas y Esparta en concreto. Y los Estados
Unidos constituyen pruebas palmarias de la necesidad de
poderosas élites culturales para la creación y existencia
de una auténtica cultura: en Esparta predominaron excesi-
vamente las élites políticas y militares, sacrificando la cul-
tura en aras de un Estado eminentemente guerrero; y en
Estados· Unidos, al menos hasta hace algunos años, predo-
minó la élite organizadora.
Visto lo anterior, podemos considerar que en las actuales
sociedades industrializadas, se produce la crisis de cultura,
precisamente porque el liberalismo y la democratización en
la cultura, reducen considerablemente el ámbito de acción
de la élite rectora del proceso de culturización. Las razo-
nes de tal afirmación son las siguientes.
Proliferación excesiva de grupos de élite cultural, con
su consecuentemente debilitamiento. El proceso de demo-
cratización permitió el acceso de un número cada vez ma-
yor de personas a la esfera de las élites culturales, aumen-
tando el número de éstas. Este fenómeno produjo al prin-
cipio un saludable pluralismo cultural, pero llevado al ex-
ceso dio lugar a la dispersión de energías e influencias, neu-
tralizando una élite la artividad rectora de las otras.
Desaparición del predominio rector en la élite cultural.
Esta situación es consecuencia de la anterior. Efectivamente,
al aumentar el número de los grupos de élite, éstos se debi-
litan a tal grado que ninguno de ellos es capaz de asumir
en forma predominante una función rectora de influencia
general en el proceso de creación de la cultura. Las ener-
gías espirituales de la sociedad, que antiguamente seguían
con perseverancia las directrices trazadas por una élite cuya
influencia era prácticamente absoluta y ~eneral, actualmen-
te corren en forma alocada tras una multiplicidad de estí-
mulos contradictorios creados por las numerosas miniélites,
con una inconstancia y un afán de novedades que no permi-
ten la aparición de creaciones culturales de gran envergadu-
ra. Así se explica el que, por ejemplo, en el campo del arte
actual proliferen los miniestilos y no se haya logrado la crea-
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REVISTA MEXICANA DE CULTURA
ción de un estilo de gran carácter y profundo arraigo, como
los que antiguamente marcaron con su sello épo~as enteras
( el románico y el gótico, por citar sólo dos ejemplos).
Deterioro del principio o criterio de selección para in-
gresar en las élites. Tradicionalmente, las condiciones que
permitían el ingreso de los individuos a las élites eran la
sangre ( pertenecía a la nobleza tradicional) o la riqueza
(posibilidad económica de educarse), combinadas en distin-
to grado con el rendimiento o capacidad del individuo. El
ideal de la democracia liberal consistió en eliminar al má-
ximo los criterios tradicionales de la sangre y la riqueza,
para dar preponderancia al criterio del rendimiento. Ello
produciría efectos positivos en cuanto a la c_alidad de los
integrantes de las élites, y sólo tendría el inconveniente de
la excesiva rapidez en el cambio de las élites, lo que acaba-
ría con la necesaria continuidad social de las mismas, y de
la excesiva pluralidad cultural, cuyos efectos negativos he-
mos examinado anteriormente. Pero el mayor peligro aca-
rreado por el proceso de democratización consiste en que la
sociedad de masas, contraviniendo su principio fundamen-
tal de la igualdad general, sobre todo después de épocas de
luchas políticas o revolucionarias, pretende premiar a las
masas luchadoras eximiéndolas del requisito del rendimien-
to para escalar los puestos claves de la sociedad. En otras
palabras, hasta pertenecer social o racialmente a un deter-
minado grupo mayoritario para poder ascender a ciertos
puestos clave de la sociedad, sin importar el que se carezca
de aptitudes para ello. Esta eliminación del criterio del ren-
dimiento para la selección de los integrantes de las élites, y
en particular de las élites culturales, resulta nefasta para
el proceso de creación de cultura, pues con ello se abre el
camino para que el irracionalismo de las masas contamine
a las élites rectoras, entorpeciendo el proceso de culturiza-
ción.
Conviene aclarar que lo anteriormente dicho no signifi-
ca en modo alguno que una sociedad democrática sea inca-
paz de formar una gran cultura.
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