[6:46 a.m., 17/10/2024] Gabriela: 1.2.
Datos históricoS
La depresión infantil (DI) ha existido siempre, sin embargo la falta de estudio e
investigación ha demorado su consideración hasta la década de los setenta del
siglo XX, momento en el que la comunidad científica aceptó la posibilidad de su
existencia.
El psicoanálisis, que ocupó en el comienzo de la aparición de la Psicología un
lugar preemi- nente en el estudio del niño, no admitía la posibilidad de la
depresión infantil porque la depre- sión consistía en la pérdida de la estima del yo
y el yo se constituye únicamente en la etapa adolescente, Esto, unido al
desinterés del conductismo por las conductas interiorizadas, conclu- yó en un
abandono del estudio de la Di que sólo se perfiló como una posibilidad de
investiga- ción con el advenimiento del cognitivismo.
Nombres como Spitz, Bowlby, Harlow y Seligman jalonan una serie de estudios
pioneros que han culminado en convertir la depresión Infantil en la emoción
patológica infantil más estudia- da, incluso por encima de la ansiedad (Del Barrio,
1997).
Un aspecto fundamental en el estudio de la Di ha sido su evaluación. En 1977 no
existía nin gün Instrumento específico para su evaluación y en el momento actual
son más de 25 los que se ofrecen al investigador que desee abordar esta tarea.
Entre todos ellos destaca el CDI por su uso masivo en una pluralidad de países.
El Children's Depression Inventory (CDI) apareció por primera vez en 1977 bajo la
autoría de Kovacs y Beck. Se trataba de confeccionar un cuestionario para niños
desde el punto de vista de la teoría de la depresión de Beck y basado en el Beck
Depression Inventory (BDI, Beck, 1967). Este cuestionario contenía 21 elementos
enunciados de forma gradual y se convirtió en el pri- mer instrumento de
depresión basado en un marco teórico cognitivo estrictamente psicológico. Tanto
el BDI como el CDI, por la época en la que fueron construidos, se adaptan
formalmente a los estándares técnicos de la confección de pruebas psicológicas
dictados por la APA (American Psychological Association).
La primera forma experimental del CDI apareció en 1975 con sólo 20 items
extraídos de la escala adulta, puesto que se suprimió el de contenido sexual. La
siguiente versión incluye cinco nuevos items referidos al entorno escolar, a la
relación con los compañeros y al rendimiento y se aplica a población general en
lugar de clínica. La adaptación de los items de la forma adulta a la infantil se
realizó con ayuda de niños que estaban reciblendo algún tipo de tratamiento psi-
quiátrico y también de niños normales (Kovacs. 1980/81). Otra versión posterior de
1976 aparece con un ítem más sobre culpabilidad y se aplica a población clínica.
La estructura actual del CDI mantiene un formato muy semejante al del BDI, pero
con 27 items enunciados también de forma gradual. La mayor parte de los items
añadidos tiene que ver con el trabajo escolar y los problemas de conducta.
El desarrollo del CDI ha estado probablemente ligado a las dificultades de
aplicación del BDI a la población adolescente. El trabajo de Albert y Beck (1975),
que reveló una altísima e insos- tenible incidencia (60%) de depresión en
población adolescente, fue uno de los desencade- nantes de la construcción de
un instrumento especialmente pensado para niños. También contribuyó el reto
que Malmaquist (1977) lanzó a los especialistas en psicopatologia infantil acerca
de la necesidad de construir instrumentos para la evaluación de la DI.
A partir de este momento, M. Kovacs comienza una intensa investigación sobre la
depresión y en los años 1978 y 1981 aparecen diversos artículos acerca del
instrumento firmado ya sólo con su nombre.
El CDI se mantuvo sin publicar durante casi dos décadas, ya que su primera
edición comercial es de 1992 y durante todo ese tiempo se han utilizado versiones
experimentales en la mayor parte de las investigaciones sobre depresión infantil.
El hecho de haber sido el primer instrumento publicado ha primado su uso y
actualmente se ha convertido en un instrumento básico, puesto que permite la
comparación de datos entre distintos países y continentes.
En esta última versión del CDI (Kovacs, 1992) se han introducido dos novedades:
la forma abreviada de la prueba (CDI-S) y la aparición de factores que permiten un
análisis más pormenorizado de la sintomatología depresiva de los sujetos
evaluados.
La historia del CDI confirma que se trata de uno de los instrumentos más
utilizados y mejor aceptados por todos los expertos en DI. Sin embargo, se le han
hecho también algunas críticas. Una de ellas se refiere a la presentación de cada
item en tres frases que expresan distinta gradación del síntoma, puesto que se
considera que puede dificultar la comprensión en edades inferiores a 7 años.
También se ha criticado la baja especificidad del instrumento, que se achaca a su
precoz aparición cuando aún no estaba bien determinado el concepto de
depresión Infantil, lo que hizo que no se incluyeran ítems que reflejaran conductas
externalizadas (Hodges y Craighead, 1990). A pesar de todo ello, su uso ha
mostrado un comportamiento muy sólido desde el punto de vista psicométrico y
útil desde el punto de vista clínico.
1.3. Contenido, presentación y descripción
La última y presente versión del CDI contiene 27 items, cada uno de ellos
enunciados en tres frases que recogen la distinta intensidad o frecuencia de su
presencia en el niño o adoles- cente:
Estoy triste de vez en cuando
Estoy triste muchas veces
Estoy triste siempre
Este formato alarga la aplicación ya que cada item necesita la lectura de tres
frases y su comparación con lo que, a efectos de duración, es como si la prueba
tuviese 81 elementos.
El contenido de los items del CDI cubre la mayor parte de los criterios para el
diagnóstico de la depresión infantil. Los datos que se obtienen de las
contestaciones al cuestionario aportan conocimiento sobre el nivel de depresión
total del niño y sobre las escalas que la constituyen: Disforia (humor depresivo,
tristeza, preocupación, etc.) y Autoestima negativa (juicios de inefi cacia, fealdad,
maldad, etc.).
El CDI evalúa dos escalas: Disforia y Autoestima negativa. Con el fin de facilitar la
lectura de este manual usaremos normalmente el término Autoestima para
referimos a la segunda escala, pero hay que tener siempre presente que el sentido
de la escala es inverso, es decir, una pun- tuación alta denota una autoestima
débil y una puntuación baja, por el contrario, refleja un nivel elevado de
autoestima.
El cuestionario puede ser contestado directamente por los niños evaluados, como
autoinfor- me, o pueden contestario adultos de referencia como el padre, la
madre, profesores, enferme- ras o cuidadores. Cuando se aplica por este último
procedimiento los items deben leerse en
tercera persona. Por ejemplo, el elemento 18 debería leerse como sigue:
La mayoría de los días no tiene ganas de comer
Muchos días no tiene ganas de comer
Come muy bien
Normalmente, la concordancia entre las distintas fuentes es muy baja, sobre todo
entre adul- tos y niños. En general la investigación ha mostrado que la información
aportada por los niños y los adolescentes correlaciona más potentemente con el
diagnóstico de otros tipos de evalua- ción clínica, por lo que se les considera los
mejores informantes (Del Barrio, 1997). Este fenóme no se repite siempre que se
trate de una conducta Interiorizada, como es el caso de la depresión. Las
correlaciones entre fuentes adultas entre sí son mejores que entre adultos y niños.
A su vez, las correlaciones han sido mejores entre niño y madre que entre niño,
padre y profe- sor, aunque últimamente esta tendencia se está invirtiendo de
modo que es cada vez más fre- cuente encontrar mejores correlaciones entre
profesor y alumno que entre hijo y madre. Esto puede explicarse por dos hipótesis,
la primera es que cada vez el profesor está mejor informado que los padres y la
segunda, que a medida que pasa el tiempo los padres conocen menos a sus hijos.
El material necesario para la aplicación consta de un ejemplar autocorregible de
dos pågi- nas que se entrega a cada niño. Los niños deben disponer de un lápiz y
una goma para poder cumplimentar el cuestionario. No se precisa ningún otro
material complementario.
CAPÍTULO II
NORMAS DE APLICACIÓN Y CORRECCIÓN
2.1. Aplicación
La prueba puede ser aplicada individual o colectivamente. Normalmente con
población clí nica y con niños más pequeños (7 y 8 años) se aplica de forma
individual y, cuando el objetivo es el rastreo de casos (screening) o la
investigación, es más eficaz la aplicación colectiva. En el caso de la aplicación
individual deben tenerse en cuenta todas las normas referentes a la ενα luación
clínica de una persona joven, principalmente acerca de la creación del entomo, la
empatía y la confidencialidad.
Cuando la aplicación es colectiva, el evaluador debe tener presente que se trata
de una población no clínica y que, por lo general, la aplicación se lleva a cabo en
el aula. En esta situación es especialmente relevante explicar a los niños los
motivos y la finalidad de la evalua- ción. Cuando se presente a los sujetos la
prueba para su cumplimentación, en ningún caso se debe usar la palabra
DEPRESIÓN.
2.1.1. Instrucciones
Los datos de identificación deben cumplimentarse antes de proceder a la
explicación de la prueba. La portada del ejemplar contiene las instrucciones que
el evaluador debe leer en voz alta junto con un ejemplo del tipo de itens que
contiene el cuestionario.
En el caso de los niños pequeños es necesario poner especial culdado durante las
explica ciones, tratando de atraer su atención y cerciorándose de que todos han
entendido lo que tie- nen que hacer. Se repetirán las instrucciones las veces que
sea necesario.
Una vez repartidos los ejemplares se procede a la lectura en voz alta de las
instrucciones que
aparecen en la portada: Los chicos y las chicas como tú flenen diferentes
sentimientos e ideas. En este cuestionario se recogen esos sentimientos e Ideas
agrupados. De cada grupo, tie- nes que señalar una frase que sea la que mejor
describa cómo te has sentido duran- te las dos últimas semanas. Una vez que
hayas terminado con un grupo de frases. pasa al siguiente.
No hay contestaciones correctas o incorrectas. Ünicamente tienes que señalar la
frase que describa mejor cómo te has encontrado últimamente. Pon un aspa (X)
en el círculo que hay junto a tu respuesta.
Hagamos un ejemplo. Pon una aspa junto a la frase que MEJOR te describa.
EJEMPLO:
Leo libros muy a menudo
Leo libros de vez en cuando
Nunca leo libros
Supongamos que has escogido la frase del media: "Leo libros de vez en cuando".
Esto quiere decir que ni todos los días ni todas las semanas lees un libro sino sólo
de vez en cuando.
Vamos a empezar la prueba.
RECUERDA QUE DEBES SEÑALAR LAS FRASES QUE MEJOR DESCRIBAN TUS
SENTI- MIENTOS O TUS IDEAS EN LAS DOS ÚLTIMAS SEMANAS.
DE LAS TRES FRASES QUE COMPONEN CADA PREGUNTA ESCOGE SÓLO UNA, LA
QUE MÁS SE ACERQUE A CÓMO ERES TÚ.
Se deben contestar todas aquellas preguntas que los niños formulen durante la
aplicación de la prueba y evitar asi cualquier mala interpretación de los
enunciados que conlleve un sesgo en las respuestas. En el caso de los niños más
pequeños, la lectura del item con voz pau- sada y clara normalmente es suficiente
para su comprensión. En ningún caso se debe orientar la respuesta.
Teniendo en cuenta que actualmente existen en las aulas niños de integración
(que están por debajo del rendimiento medio de su nivel de edad), hay que cuidar,
sobre todo en las eda- des más bajas, que esos niños posean la suficiente
capacidad de comprensión lectora para poder realizar la prueba.
Si en algún caso no fuera así, se le aplicaría igualmente el cuestionario junto con
sus com- pañeros pero su protocolo no se corregirá, puesto que es muy probable
que las respuestas sean Inadecuadas debido a la falta de comprensión.
Cuando se recoja el cuestionario se debe revisar que el sujeto ha cumplimentado
los datos de Identificación y que ha contestado todas las preguntas. En el caso de
que alguna de ellas esté en blanco debe animársele a contestarla.
La mayor parte de los niños de 7 a 11 años consumen en la aplicación de la
prueba entre 15 y 20 minutos; a partir de los 12 años la media se acorta y el tiempo
de aplicación se suele redu- cir a 10 6 15 minutos. Se ha comprobado que los
sujetos deprimidos suelen consumir en la tarea un tiempo mayor que los de su
grupo de edad.
2.2. Corrección e interpretación
La valoración de cada item se hace con una escala de 0 a 2 puntos. El cero
corresponde a aquella opción que representa la intensidad o frecuencia de
aparición del item más baja, el 1 corresponde a una intensidad o frecuencia media
y el 2 a la mayor frecuencia e intensidad (véase el ejemplo).
Soy malo siempre
Soy malo muchas veces
Soy malo algunas veces
La corrección es muy sencilla, puesto que consiste en sumar las puntuaciones de
los items que componen cada una de las escalas. El formato autocorregible
permite realizar estos cál- culos de manera rápida y sencilla. Basta con
desprender el original de la copia del ejemplar
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para tener a la vista tanto las respuestas del sujeto como la escala en la que
puntúa cada item. Se suman las puntuaciones de los ítems de la escala D y se
traslada el resultado a la casi Ila correspondiente. Se sigue el mismo
procedimiento con la escala A. A su vez la suma de las puntuaciones en ambas
escalas da lugar a una puntuación total de depresión. Finalmente, las tres
puntuaciones directas pueden transformarse en sus correspondientes percentiles
y puntuaciones típicas mediante la consulta de las tablas de baremos
diferenciadas por edad y sexo.
La determinación de cuándo una puntuación ha de considerarse patológica se
decide en función del punto de corte que determina la especificidad y la
sensibilidad de la prueba (ver tabla 8). El punto de corte se puede utilizar tanto con
población general como con clínica y se aplica a la puntuación global de
depresión. El valor de corte más utilizado, tanto en población española como
extranjera, es 19 (Del Barrio, 1997).
En general, la puntuación percentil 90 es indicativa de la existencia de la
sintomatología depresiva en el sujeto que la alcanza. A partir del percentil 96 el
grado de esta existencia se con- sidera severo.
En las tablas de baremos se han diferenciado con distintos tonos de gris las tres
posibles cla- sificaciones que pueden establecerse: Sin sintomas de depresión,
sintomatología leve y sinto- matologia severa.
Recordamos que la escala Autoestima evalúa en realidad la Autoestima negativa o
la falta de autoestima, por lo que son los valores elevados los preocupantes o
relevantes a efectos clínicos.
No obstante, la interpretación de las puntuaciones obtenidas por cada sujeto
cobran senti- do en un determinado contexto social y en una población concreta.
Es frecuente que las pun- tuaciones medias varien en distintos ámbitos sociales y
culturales (ver tabla 7). Esta variación se ha constatado en numerosas ocasiones y
en distintos tipos de perturbaciones, sobre todo en lo que se refiere a problemas
de conducta (Del Barrio et al., 2001), pero también en problemas de tipo
Interiorizado, como es el caso de la depresión (Del Barrio, 2001).
El CDI puede utilizarse como instrumento de rastreo o screening para localizar a
niños que presentan alta sintomatología depresiva. Si un niño obtiene una
puntuación alta debe repetirse la aplicación de la prueba. Dado que los estados
emocionales de los niños son la mayor parte de las veces transitorios, no se debe
hacer un diagnóstico de depresión a partir de una única aplicación de la prueba,
sino que será necesario repetiria en el plazo de una semana a quince días. Si los
síntomas persisten, se contrastarán estos resultados con otras fuentes o con la
com- probación mediante presencia de los criterios diagnósticos de depresión. Es
decir, debe proce- derse a una evaluación multimodal.
Se puede utilizar también el CDI para evaluar la eficacia de un tratamiento y la
evolución de los sujetos sometidos a una intervención terapéutica. En este
sentido analizar el conteni- do de los items que han obtenido la máxima
puntuación puede ayudar a planificar la inter- vención.
Cuando se aplica en el entorno escolar, a menudo los responsables de los centros
docentes solicitan que se suprima el Item sobre suicidio. A pesar de que algunos
profesionales acceden a ello no debe hacerse en ningún caso. En primer lugar
porque, si el niño no está deprimido, pres- ta muy poca atención a la pregunta y la
contesta negativamente sin dudarlo y sin escandall- zarse. En segundo lugar, si
por el contrario el niño tiene esa idea o proyecto es imprescindible tener
conocimiento de ello, Los niños con ideas o planes de suicidio se sienten aliviados
cuan- do comprueban que pueden decirselo a alguien que sabe que eso le ocurre
a los niños y que no es algo terrible que sólo se le pasa a ellos por la cabeza.
2.3. Perfiles de las escalas y de los ítems
Las puntuaciones percentil correspondientes a cada escala (Disforia y
Autoestima) y a la puntuación total de depresión pueden representarse en un
gráfico que proporciona el perfil de cada sujeto.
También las respuestas dadas por el sujeto a cada îterm pueden representarse
para ofrecer Información sobre qué aspectos se dan con una intensidad de
frecuencia elevada, media o baja.