AUTOS N°120908 (C.C.
Nº23783 BIS) DEL QUINTO JUZGADO CIVIL, COMERCIAL Y
MINERIA, CARATULADOS: "MARTINEZ BRIGIDA C/ DISTEFANO VICTOR HUGO Y
OTRA - CUMPLIMIENTO DE CONTRATO".-
PROTOCOLIZADO:L.S.- Año 2024- del TºIV - Fº189/205.-
En la Ciudad de San Juan a veintinueve (29)
días del mes de octubre de 2024, reunida en Acuerdo la Sala Segunda de la
Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Minería, bajo la presidencia
del Dr. Roberto M. Pagés Lloveras, y los Sres. Vocales Dra. Elena de la
Torre de Yanzón y Dr. Ernesto Escobar, a fin de conocer el recurso
concedido mediante decreto de fs. 358 y vta., contra la sentencia de fecha
treinta y uno de agosto del año dos mil veintitrés, recaída en los presentes
autos Nº120908 (C.C. Nº23783 BIS) caratulados: "MARTINEZ BRIGIDA C/
DISTEFANO VICTOR HUGO Y OTRA - CUMPLIMIENTO DE CONTRATO",
dictada por el Sr. Juez titular del Quinto Juzgado Civil, obrante a fs. 338/345
vta.
EL DR. ERNESTO ESCOBAR DIJO:
Antecedentes
I - A fs. 338/345 vta. consta la sentencia en la que se resuelve: "I)
Decretar de oficio la nulidad absoluta del Contrato de Cesión suscripto entre
las partes en fecha 21 de Julio del año 2.000 conforme los fundamentos
dados en los considerandos respectivos; II) En consecuencia, rechazar la
demanda de cumplimiento de contrato solicitado por la Sra. Brígida Martínez,
por improcedente; III) Declarar que deviene en abstracto la reconvención
incoada por la parte demandada, por lo cual se rechaza la misma; IV)
Ordenar a la parte demandada a la restitución de las sumas entregadas por
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la actora que da un total de $ 25.950,00 con más intereses tasa activa desde
la fecha en que cada pago se hizo efectivo y hasta su efectivo pago,
conforme las pautas establecidas en los considerandos de la presente,
dentro de los diez días hábiles de firme y consentida la presente; V) Ordenar
la restitución del inmueble por parte de la actora a los demandados, en el
término de noventa días hábiles de consentida y firme la presente; VI)
Imponer las costas en el orden causado; VII) Regular los honorarios a la Dra.
VIRGINIA CORREA DE ORTIZ por su actuación en doble carácter en
representación de la actora, por la labor desplegada en una etapa
(demanda) en el 4,9% y al Dr. JUAN MANUEL RIVERO por la labor
desarrollada como patrocinante, en dos etapas de juicio (Prueba y Alegato)
en un 8,4%; al Dr. MAURICIO A. CEREZO, como patrocinante de los
demandados, por la labor desarrollada en una etapa (contestación de
demanda), en un 4,2%; al Dr. CLAUDIO CORREA FLORIDIA, como
patrocinante de los demandados, por la labor desarrollada en una etapa
(prueba), en un 4,2%, todos porcentajes cuya cuantificación surgirá de la
liquidación que oportunamente se apruebe en autos. VIII) Protocolícese...".
Para así resolver, el juez sentenciante considera -en síntesis- que la
presente acción judicial tiene como objeto principal el cumplimiento de
contrato, iniciado por la actora Sra. Brígida Martínez contra los Sres. Victor
Hugo Distéfano y Nidia Noemí Carrizo, en la que se procura la resolución de
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una controversia surgida en torno a un contrato de cesión de derechos
celebrado el 21 de julio de 2000, sobre el departamento ubicado en el Barrio
CGT, Monoblock 13, departamento C, planta baja, Rivadavia. El mismo día
los cedentes entregan la tenencia, y la cesión se hace por la suma de
$18.000 de la que los cedentes reciben la suma de $13.500, y el resto en
pago mensuales, todo según surge del contrato (cláusula tercera).
En la sentencia, el análisis se centra en la controversia surgida en torno
a dicho contrato, el que recae sobre una vivienda adjudicada por el Instituto
Provincial de la Vivienda (IPV). La actora, que considera que ha adquirido
derechos mediante ese contrato, demanda a los cedentes originales,
alegando incumplimiento contractual.
Ahora bien, el eje central de la sentencia radica en la aplicación al caso
de la Ley 4435 (actualmente Ley 196-A), normativa que regula de manera
específica las viviendas adjudicadas por el IPV. Destaca que esta ley
establece una serie de restricciones para los adjudicatarios, entre las cuales
está la prohibición de ceder los derechos sobre la vivienda antes de cancelar
la totalidad de la deuda contraída con el organismo (cita los arts. 18, 41 inc.
3, 50 inc. f).
Es decir, considera que la ley prohíbe al adjudicatario de la vivienda
cederla o transferirla antes de cancelar la deuda íntegramente con el
Instituto; que el organismo público otorga solamente una tenencia precaria
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del bien al adjudicatario. Por lo que en el caso existe una imposibilidad de
demandar por parte de la actora, el cumplimiento del contrato, ya que no
puede subrogarse en la posición jurídica del Estado Provincial, que es el
propietario de la vivienda.
Considera que los demandados, quienes inicialmente celebraron este
contrato de cesión prohibido por ley, ahora solicitan la nulidad. Sin embargo,
el tribunal argumenta que quien ha dado lugar a tal situación irregular, no
puede alegarla para plantear su nulidad. Esta posición la fundamenta en el
art. 387 Código Civil y Comercial (CCyC), que establece que la nulidad
absoluta puede declararse de oficio por el juez, incluso sin petición de parte.
Reitera que el objeto del contrato es ilícito, ya que contraviene una
disposición legal imperativa, y por lo tanto, el contrato es nulo de pleno
derecho, independientemente de la solicitud de las partes.
Decide declarar la nulidad de oficio, al tratarse de un acto jurídico con
objeto ilícito. Profundiza el argumento, considerando que la nulidad es
absoluta, por tener un objeto prohibido por la ley e invoca el art. 279, que
establece los requisitos para la validez de los actos jurídicos.
Luego se centra en la distinción entre nulidad absoluta y relativa de los
actos jurídicos y en los criterios para determinar cuándo procede una u otra.
Expone que si bien el Código Civil y Comercial no detalla las consecuencias
de los actos jurídicos con objeto prohibido, es claro que la sanción es la
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nulidad (art. 386 CCyC). Esta nulidad puede ser absoluta o relativa,
dependiendo de si afecta al orden público, la moral o las buenas costumbres
(nulidad absoluta), o si protege intereses individuales (nulidad relativa).
En este sentido, cuando haya nulidad absoluta, puede ser declarada de
oficio por el juez, incluso sin petición de parte; no puede ser saneada por la
confirmación del acto ni por la prescripción, ya que la ley protege los
intereses generales o colectivos. Mientras que la nulidad relativa protege
intereses individuales o particulares, requiere una declaración judicial, y sí
puede ser saneada bajo ciertas condiciones.
El tribunal enfatiza que para determinar si una nulidad es absoluta o
relativa, es necesario analizar el bien jurídico afectado y si la lesión es a un
interés general o particular.
Seguidamente alude a la concordancia con el art. 393 del CCyC, en
cuanto al fundamento de la prohibición (art. 387), y se centra en las
consecuencias de la declaración de nulidad absoluta de un contrato de
cesión de derechos sobre una vivienda de este tipo, y que una vez declarada
la nulidad, se debe establecer un deber de restitución entre las partes
involucradas. Ello así, pues la nulidad busca restaurar la situación jurídica al
estado previo a la celebración del contrato nulo. Surge el deber de restituir,
por el cual las partes deben devolver lo que han recibido en virtud del
contrato declarado nulo. La restitución se debe regir por el principio de
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buena fe, evaluando las circunstancias particulares del caso.
En cuanto a las consecuencias para las partes, considera que la que
provocó la nulidad, no puede beneficiarse de la restitución,
independientemente si la nulidad es absoluta o relativa.
Finalmente, decide que siendo nulo de nulidad absoluta el acto de la
cesión de derecho y no habiendo acreditado la parte actora la legitimidad de
su derecho, corresponde rechazar la demanda de cumplimiento de contrato.
También establece que los demandados deben proceder a la
restitución total de los montos recibidos por la actora a ésta, con motivo de la
cesión onerosa, conforme a la cláusula cuarta del instrumento privado, por
$13.500,00, más las transferencias realizadas por la actora a favor de su
hijo, el demandado Distefano, desde el 25 de noviembre de 1998 hasta el
día 13 de julio 2008, que asciende a la suma de $ 12.450,00, por un total de
$25.950,00, más intereses tasa activa desde la fecha de cada pago. Tiene
en consideración que los demandados al contestar demanda, niegan y
desconocen la documentación original presentada por la actora, en forma
genérica, desconociendo haber recibido dinero pero sin redargüir de
falsedad los documentos privados (art. 350 CPC).
Respecto a la reconvención planteada por la parte demandada, al
declararse nulo el contrato de cesión, considera innecesario su tratamiento.
Impone las costas por su orden (art. 62 del CPC) y se regulan los
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honorarios de los letrados (art. 11, 12, 14, 15, 19 y 47 de la Ley N° 56-O).
II- A fs. 350/356 consta el escrito en el que la parte actora plantea
recurso de apelación y la expresión de agravios.
Manifiesta -en síntesis- que se agravia en primer lugar, por la
aplicación al caso de la norma jurídica invocada por el juez, esto es la Ley
4435, hoy Ley 196-A.
Ataca la parte de la sentencia en la que el juez busca justificar la
nulidad de un contrato de cesión de una vivienda adjudicada por el Instituto
Provincial de la Vivienda (IPV). El argumento -de la sentencia- se basa en la
interpretación de la Ley citada, que establece que la cesión de viviendas
adjudicadas por el ente sin su autorización, constituye una infracción que
puede llevar a la revocación de la adjudicación. Los puntos clave -usados
por el magistrado, y que el apelante cuestiona expresamente- son la
prohibición de ceder la vivienda que contempla la Ley; la sanción prevista
por la cesión, como es la revocación de la adjudicación, lo que implica la
pérdida del derecho sobre la vivienda; y la incapacidad de la actora para
demandar, dada la prohibición legal y la sanción establecida. También que
en la sentencia se contemple la contradicción en la posición de la parte
demandada, la que al haber sido quien inicialmente cedió la vivienda, no
puede solicitar la nulidad del contrato, ya que fue quien originó la situación.
Transcribe la parte referida.
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En resumen, se agravia por el argumento central de la sentencia, que
es que el contrato de cesión es nulo de pleno derecho al contravenir lo
dispuesto en la Ley 4435, y que, en consecuencia, su parte carece de
legitimación para demandar.
Frente a tales fundamentos de la sentencia, la apelante cuestiona tanto
la aplicación de la norma jurídica, como la valoración de la prueba realizada
por el juez.
El eje central del agravio radica en en que el juez de grado incurre en
un error, al no considerar la evolución de la situación jurídica del inmueble a
lo largo del tiempo, y al aplicar de manera rígida la normativa vigente al
momento de la celebración del contrato, sin tener en cuenta las
circunstancias actuales. Destaca que el juez basa su decisión en hechos y
circunstancias que no están vigentes, al limitarse a las constancias del año
2000 y no considerar los cambios ocurridos a lo largo de los 13 años de
tramitación de la causa, especialmente su denuncia sobre la intención de los
demandados de vender el inmueble (efectuada según detalla, a fs. 309 del
expediente inicial, o fs. 112 del expediente reconstruido), y que entiende que
no es debidamente valorada por el juez.
De allí que el argumento central de la sentencia, carece de virtualidad a
la fecha en que es dictada la misma, enfatiza.
Acusa al juez de no haber realizado una investigación exhaustiva, al
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omitir solicitar medidas adicionales como un pedido de informe de dominio o
al IPV, para determinar la situación del inmueble. Argumenta que esa
omisión, le ha impedido al magistrado contar con una visión completa y
actualizada de la situación jurídica del bien. Reitera que denunció la
transferencia del inmueble.
Destaca que las circunstancias del caso cambiaron significativamente a
lo largo del proceso, lo que torna inaplicable la Ley en su estado original.
Sostiene que el objeto de la contratación, que inicialmente pudo haber sido
prohibido, dejó de serlo al momento de dictar sentencia, debido a los
cambios en la situación del inmueble. Lo contrario implicaría enriquecer a los
demandados, con la entrega de más de U$D 25.000.
Alude a los requisitos que debe reunir un negocio jurídico, previstos en
el art. 953 del viejo Código Civil -los detalla- y en especial el relativo al
respeto de la moral y las buenas costumbres (arts. 21, 530 y 953 del cód. cit.
y art. 279 del CCyC actual).
En base a ello, niega la existencia de un interés colectivo que justifique
la aplicación rígida de la Ley, ya que el IPV había perdido su interés sobre el
inmueble, y reitera que eso obedece a la falta de observación de la situación
al momento de sentenciar por parte del juez, quien ignora principalmente la
denuncia de la transferencia que se hiciera.
Como corolario de este agravio, menciona que no existe un acto
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simulado, sino todo lo contrario, constituye un acto reconocido por los
demandados y oponible a los mismos. Lo contrario significa desconocer el
esfuerzo personal y premiar a quien especula con las demoras judiciales.
Refuerza este agravio, el hecho de que la custodia de los expedientes y el
resguardo de la información de los documentos públicos escapa a los
justiciables.
Invoca el fallo "Santucho" de un tribunal marplatense, que solicita
especialmente que se tenga en consideración para que se haga lugar a este
agravio y se establezca que en caso de operar la restitución del dinero, ésto
sea a valores actuales y no bajo una actualización a tasa activa de intereses,
que no compone el valor entregado por su parte. Refiere a que el fallo
invocado, es un ejemplo de sanción de composición del valor, cuando se
está en presencia de procesos largos y épocas de inflación.
Como segundo agravio (lo menciona como "tercer"), el apelante solicita
que en caso de que este tribunal de alzada haga lugar a su recurso y
modifique la sentencia de primera instancia, se condene en costas a la parte
demandada. Basa su solicitud en el principio general del derecho procesal,
consagrado en el art. 58 del CPC (Ley 2415-O), según el cual las costas
deben seguir el resultado del proceso.
Finalmente, ofrece prueba para producir en esta instancia. Solicita que
se haga lugar al recurso y se admita la demanda en todas sus partes y se
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condene a los demandados a escriturar.
III- A fs. 382 vta. se da por decaído el derecho a la contraria para
contestar el traslado de la expresión de agravios.
IV - A fs. 390/392 se dicta sentencia de esta Sala en la que se resuelve
rechazar el pedido de apertura a prueba en segunda instancia, a cuyos
fundamentos remitimos.
V - A fs. 399 se certifica el pase de estos autos a estudio.
Tratamiento del recurso
1. Conforme lo ha señalado la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
los jueces no están obligados a seguir a las partes en todas sus alegaciones
o argumentaciones (CSJN, 24-3-88, L.L. 1988-D-63), sino sólo aquellas que
sean conducentes para componer el litigio (CSJN, 30-4-90, L.L.
1990-D-237) y dar sustento a un pronunciamiento válido.
2. Tratando el primer agravio del apelante, advierto que los ejes
argumentativos centrales giran en torno a que el juez de grado basa su
decisión en hechos y circunstancias que estarían desactualizados, al
limitarse a las constancias del año 2000, y no considera los cambios
ocurridos en el expediente a lo largo de 13 años de tramitación,
especialmente la denuncia efectuada por su parte, sobre la transferencia del
inmueble a favor de la Sra. María Gabriela León. Arguye que el juez debió
investigar más a fondo la situación, teniendo en cuenta la denuncia
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presentada y el tiempo transcurrido, ordenando medidas adicionales, como
un informe de dominio o al IPV, para determinar la situación actual del
inmueble. Expone que el objeto de la contratación no era prohibido al
momento de dictar sentencia, debido a los cambios en la situación del
inmueble, el objeto de la contratación inicial.
Asimismo sostiene que no existe un interés colectivo que justifique en
el caso la aplicación rígida de la ley invocada, ya que el IPV no tiene
injerencia sobre el inmueble.
En resumen, está planteando que la sentencia es injusta y arbitraria, ya
que se basa en una valoración incorrecta de los hechos y en una aplicación
rígida de la Ley que no se ajusta a las circunstancias y a la realidad del caso.
2.1. A partir de esta síntesis tendremos en cuenta, en primer lugar, lo
relativo a la crítica que esboza la apelante en relación a que en la causa no
existe un interés social, público o colectivo, que justifique la aplicación rígida
de la Ley 196-A, y en su caso, la declaración de oficio de la nulidad del
contrato inicial, que es base de la demanda entablada.
En este aspecto, basta considerar que no está controvertido que al
momento de celebrarse el contrato, éste se regía por la Ley 4435 (hoy Ley
196-O) y demás normativa de fondo vigente en ese entonces. Es decir, las
partes, en especial la apelante, no duda que el contrato versaba sobre una
vivienda que había sido objeto de una operatoria regida por la Ley que
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regula el funcionamiento del IPV y las viviendas que éste adjudica.
En este sentido, la Ley en cuestión tiene una previsión expresa y
categórica, que si bien no es invocada por el sentenciante para fundar su
decisión, se reputa por todos conocida y obliga a las partes -quienes en
ejercicio de la autonomía de la voluntad no pueden desconocerla- y
especialmente a los magistrados, que contempla: "Declárase de orden
público la presente Ley" (art. 65).
La definición adoptada por el legislador provincial, es contundente y
exime de mayores comentarios. No obstante, para mayor abundamiento,
observamos que esta norma no deja margen de dudas respecto de que la
Ley debe reputarse de orden público, y además no ha sido cuestionada en
su constitucionalidad en ningún momento por las partes, en especial por la
apelante.
De modo que debe quedar fuera de toda discusión, y esto conlleva a
que en este punto el agravio resulte inadmisible, que estamos ante un
régimen especial de orden público, que tiende entre sus propósitos a
asegurar ciertos derechos sociales que la Ley y la Constitución Provincial
consideran fundamentales, como es el acceso a una vivienda digna para la
población. De allí que la legislación contempla, a su vez, una serie de
mecanismos y restricciones que entre otras cosas procuran asegurar que las
operatorias de vivienda logren ese fin deseado -adquisición de vivienda
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única y familiar-, y que no se tornen en meras formas de adquirir inmuebles,
aprovechando las ventajas que un sistema de índole social ofrece.
Desde un punto de vista teleológico, lo que el legislador ha previsto es
un mecanismo que permite a ciertos sectores de la población acceder a la
compra de viviendas; como contraparte de ello, es que sobre esos
inmuebles recaen restricciones que no pueden ser evadidas por los
particulares en el marco de operaciones comunes a través de relaciones
civiles o comerciales, mientras los inmuebles se encuentren en la situación
que la misma Ley se encarga de establecer, pues de de hacerlo, se
frustraría la finalidad eminentemente social.
Estamos ante un régimen especial, cuya finalidad surge -reiteramos- de
la declaración expresa que hace la Ley (art. 65), de la que se logra visualizar
el sentido del sistema, que nos demuestra que estamos ante normativa de
orden público, prevista en resguardo del interés general y social de la
población de San Juan. Ello así, pues con la adjudicación de una vivienda a
través de la operatoria que emplea el IPV, conforme a la Ley citada, no se
transmite ningún derecho real. Concretamente el "dominio" permanece bajo
la titularidad del ente, quien sólo otorga una "tenencia precaria" del
inmueble, hasta tanto éste sea pagado en su totalidad y se cumplan todos
los demás requisitos para su adquisición definitiva. Ello implica -entre otras
cosas- que sólo debe ser habitado por los adjudicatarios y su grupo familiar,
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destinado sólo a la habitación, y no puede ser enajenado ni cedido bajo
ningún concepto; todo con la condición de que se abonen las cuotas
pactadas hasta la cancelación o pago total de la vivienda. Esto es lo que se
desprende lo establecido en los arts. 18, 21, 22, 24, 30, 31 ss. y cc. de la Ley
196-A (volveremos más adelante sobre esto).
En el caso, surge de la propia cláusula primera del contrato de cesión
-base de esta demanda- que los contratantes consignan que la vivienda en
cuestión, corresponde a los cedentes -demandados- según Acta de
Tenencia Precaria n° 01909 de fecha 2 de noviembre de 1996 (fs. 04/05 de
autos). Nótese que allí se pacta una cesión de derechos, pero no se alude a
un derecho real, lo que demuestra que los contratantes estaban en pleno
conocimiento del tipo de operación que estaban realizando, y de la tenencia
"precaria" que mantenían sobre ella los demandados.
Lo expuesto en relación al interés social que sobrevuela en el espíritu
de la Ley, tiene su explicación partiendo del análisis de la finalidad del
sistema articulado, previsto para la construcción y adjudicación de viviendas.
Éste tiene un fin eminentemente social, tendiente a la aplicación de políticas
públicas destinadas a la consecución de mejorar el acceso a la vivienda
familiar única de personas con ciertas características particulares; es decir,
no se trata de un mecanismo estrictamente patrimonial ni privado de compra
y venta de inmuebles, sino de un sistema con un corte netamente social; es
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por ello que al considerar el derecho que adquiere un postulante y otrora
adjudicatario, ha de efectuarse a la luz del espíritu y finalidad de la Ley. No
son aplicables entonces en forma lisa y llana los parámetros propios del
mercado inmobiliario individual entre particulares, en el cual abonado un
precio, corresponde la transferencia del dominio (sin perjuicio de otras
particularidades y condicionamientos que las partes, conforme a la
autonomía de la voluntad, hayan pactado); sino que deben tenerse en
cuenta otros factores y parámetros propios de una política pública
habitacional. Con ese espíritu ha sido consagrado "el derecho a la vivienda"
en la Constitución provincial (art. 60).
Es por lo tanto desacertado el razonamiento de la apelante, cuando
acude a referencias tales como que en el caso no está demostrado cuál es
el interés social o general comprometido, pues reduce su análisis a la
situación de las partes involucradas en el contrato, pero soslaya que el
objeto del mismo recae sobre una vivienda que -salvo prueba en contrario, lo
que será analizado en las consideraciones que siguen- está sujeta a un
régimen especial, con todas las características que hemos mencionado.
Allí radica la cuestión de orden público que afecta al negocio jurídico
que ha sido tenida en cuenta por el magistrado al resolver. Y si bien éste
omite fundar su razonamiento en el art. 65 de la Ley 196-O -que venimos
analizando-, está claro que ésta ha sido la lógica seguida en la
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fundamentación de la decisión.
Por lo tanto, considero que en este punto, el agravio debe rechazarse.
2.2. Siguiendo un orden lógico, analizaremos ahora otro de los
argumentos vertidos en el agravio en cuestión, relativo a la crítica que la
apelante realiza en cuanto a que el juez no analizó oportunamente la
denuncia formulada por su parte, relativa a que la vivienda habría sido
transferida y que al momento de dictar la sentencia ya se encontraba en esa
situación jurídica; y sobre eso, el cuestionamiento que hace respecto a que
el juez no haya ordenado medidas de prueba tendientes a esclarecer la
situación del inmueble. Al respecto adelanto desde ya el rechazo del
argumento empleado, por diversas razones.
En primer lugar, debemos hacer referencia al principio procesal que
rige en materia de cargas probatorias (cfr. art. 333 del CPC Ley 2415-O,
concordante con el art. 340 del CPC Ley 988-O vigente al momento de
iniciarse el proceso y durante gran parte de su transcurso).
El principio referido que rige en materia procesal, establece que a las
partes les incumbe probar las alegaciones que fundamentan tanto sus
pretensiones, como sus defensas. Es decir, cada parte debe probar el
presupuesto de hecho de la norma que invoca como sustento de su
pretensión, y el incumplimiento de tal carga, supone el riesgo de dejar
indemostrado el hecho que convenga a su propio interés. No es deber de los
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jueces, en el ámbito del proceso civil, indagar sobre la verdad de los hechos,
ordenando prueba que no haya sido ofrecida por las partes interesadas,
pues ello implicaría suplir una carga propia de las mismas.
La iniciativa probatoria del magistrado, prevista por la misma norma, es
facultativa, por lo que no hay un deber propiamente. Además, la recurrente
consintió toda la actuación del juez -lo que analizaremos más adelante-, por
lo que mal puede en esta instancia, cuestionar que no haya ordenado
medidas de prueba.
La carga de la prueba constituye así una imposición a la relación
jurídica procesal de las partes, para que observen determinada conducta y
es también una regla para el juzgador que le indica cómo debe fallar ante la
falta o insuficiencia de prueba [cfr. esta Sala, Autos n° 142.999 (CC nº
22.470) "Óptima San Juan SRL c/ lbesa Lo Bruno estructuras SA s/
ordinario", LS Año 2018 TºII Fº86/10].
En relación a ello, "Nos enseña Devis Echandía, que no se trata de
quien debe llevar la prueba al proceso, sino quien asume el riesgo de que
falte, el que se traduce en una decisión adversa. Esto es que no depende de
la calidad de actor o demandado sino que le corresponde la carga a quien
tiene interés de deducir del hecho que alega (sea éste constitutivo, extintivo,
impeditivo o invalidativo), los efectos jurídicos que contempla la norma..."
(esta Sala, LS AÑO 2002 TºI, Fº 79/82, 18/04/02).
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Es que tal como venimos exponiendo, "En el ámbito del Derecho
Procesal, rige el principio de que quien tiene la titularidad de la carga de la
prueba, es la parte que persigue los efectos jurídicos en función de los
hechos que sustentan su pretensión. La prueba recae sobre quien alega
algo, ya que el principio establece que quien alega debe probar..." (CNCiv,
Sala H, H094314 - D.N., F.I. c/ A., L.,. s/ Fijación de compensación,
20/02/2019, Ld 9.11).
En el caso, la apelante plantea que al momento del dictado de la
sentencia (31 de agosto de 2023), la vivienda estaba escriturada y/o
inscripta a nombre de los demandados, pero es un presupuesto no acredito.
En su momento no probó tal extremo, no ofreció prueba conducente para
demostrarlo, siendo que esa carga pesaba sobre ella.
Su presentación (fs. 200/2002), en la que denuncia la supuesta
transferencia del inmueble por parte de los demandados en favor de la Sra.
León, se limita sólo a eso, pero allí no ofrece ningún medio de prueba
tendiente a demostrarlo, y ni siquiera es planteado como "hecho nuevo",
oportunidad en la que precisamente podría haber intentado producir prueba
suficiente.
Nótese también que al inicio del proceso, en la demanda (fs.07/10), su
parte propone como "diligencia preliminar" prueba informativa dirigida al IPV,
para que éste informe la situación de la vivienda, la que es ordenada en
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providencia del día 15 de diciembre de 2010 (f. 44). Y si bien el oficio es
diligenciado (f. 59), no es debidamente contestado; y su parte no insta en
ningún momento la producción de ese informe.
Por otro lado, vemos que en ningún momento se ofrece prueba al
Registro General Inmobiliario, ni siquiera al realizar la denuncia de
transferencia del inmueble fs. 200/202 (cfr. art. 328 del CPC Ley 988-O,
vigente en ese entonces). Y si bien en ese momento dice acompañar un
informe de dominio, éste no es agregado.
En fin, de todo lo actuado no surge prueba alguna -la que estaba a
cargo de la actora, pues es quien lo alega- de la eventual escrituración e
inscripción del inmueble en favor de los demandados, ni de una
transferencia realizada por éstos en favor de un tercero; tampoco existe
prueba que acredite la situación jurídica del mismo, ya sea a través de un
informe del Registro General Inmobiliario o del Instituto Provincial de la
Vivienda. Esas pruebas, son las que la apelante alega que debieron ser
ordenadas de oficio por el magistrado, lo que es contrario a las reglas
generales del proceso en materia probatoria. Allí radica la confusión de la
recurrente, pues entiende erróneamente que era el tribunal quien debía
ordenar y producir medios de prueba que en realidad, conforme a las reglas
procesales, estaban a su cargo.
Para demostrar en esta instancia el error en el razonamiento expuesto
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en la sentencia de grado, la apelante debería haber demostrado que el
magistrado de grado contaba con pruebas suficientes en la causa, que
acreditaran la condición del inmueble, si es que el mismo se encontraba en
la situación prevista por la Ley 196-A para poder ser transferido o ser objeto
de algún tipo de negocio jurídico, como lo es la operación plasmada en el
contrato originario de esta demanda, lo que no ha ocurrido.
La carga probatoria -reiteramos- recae sobre dicha parte, por ser la
interesada. Al no haber ofrecido, aportado ni producido prueba alguna, hay
que estar a lo que existe en la causa, todo lo cual da cuentas de que la
vivienda, ni al momento de celebrarse el contrato, ni del dictado de la
sentencia, se encontraba cancelada ante el IPV e inscripta registralmente a
nombre de los demandados en el RGI, para poder ser objeto de un contrato
cuyo cumplimiento se intenta exigir mediante la presente acción.
En este sentido, se ha establecido que "...La carga de la prueba no
supone ningún derecho del adversario sino un imperativo del propio litigante,
es una circunstancia de riesgo, que consiste en que quien no prueba los
hechos que debe probar, pierde el pleito si de ella depende la suerte de la
litis. 5- En la especie, se confirma el rechazo de la demandada debido a que
la actora no acreditó el hecho en que se basa el reclamo" (CNCiv, Sala D,
D018542 - L., A. c/ C. S.A. s/ daños y perjuicios, 03/05/2018, LD 9.11).
Por lo tanto, también considero que en este punto, el agravio debe
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rechazarse.
2.3. Por otro lado, y abonando lo anterior, aprecio que estamos ante
una situación procesal en la cual la apelante ha consentido en todo momento
la actuación del juez de primera instancia, por lo que mal puede en esta
etapa recursiva, cuestionar las pretendidas omisiones en las que dice que
éste ha incurrido al no ordenar medidas de prueba, que como hemos
desarrollado, no estaban a cargo del magistrado.
En especial, podemos mencionar -entre otros actos procesales- la
providencia de apertura a prueba (del 31 de julio de 2019, f. 308), la que
tiene por reconstruido el expediente (del día 5 de abril de 2023, f. 328), la
que pone los autos a disposición de las partes para alegar (del 19 de abril de
2023, f. 330) dictada a pedido de la actora, y la que ordena el llamamiento
de autos para resolver (21 de junio de 2023, f. 336).
Muestra de ello, es que en la apelación la parte intenta ofrecer prueba
en esta segunda instancia (fs. 355 vta.), lo que es rechazado por esta Sala
mediante sentencia del día 19 de febrero de 2024 (fs. 390/392) a cuyos
fundamentos remito, entre los cuales destacamos aquí los párrafos en los
que se dice: "...respecto de la prueba informativa al Registro Inmobiliario
como las testimoniales de los Sres.... se trata de medios probatorios que no
ha sido ofrecidos oportunamente en el escrito de demanda ni al contestar la
excepción de falta de personería o la reconvención interpuestas por la parte
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contraria, son medios de prueba nuevos que la apelante intenta introducir en
esta instancia, lo que resulta improcedente. Por último, respecto de la
informativa al I.P.V. para se informe sobre la fecha de cancelación de la
deuda por adjudicación del inmueble objeto de autos, cabe destacar que ello
fue planteado por la actora en su demanda a fs. 08 vta. como diligencia
preliminar, a fs. 44 se ordenó el oficio correspondiente el que se agregó a fs.
59, sin que haya habido actividad procesal posterior de la apelante tendiente
a obtener dicho informe... La apelante manifiesta que la prueba no ha sido
valorada por el Sr. Juez A-quo por encontrarse extraviado el expediente, sin
embargo es la misma parte quien solicitó a fs. 327 la clausura de la etapa
probatoria - lo que se proveyó conforme a fs. 330 estando el decreto firme y
consentido - conociendo el estado en el que se encontraba el expediente y
su trámite de reconstrucción ordenada a fs. 328, habiendo presentado su
alegato con posterioridad (fs. 333/335), por lo que mal puede, en esta
instancia, intentar suplir una actividad procesal probatoria que no desplegó
en su oportunidad y que consideró culminada".
Ello da cuenta de lo tardío que ha resultado el ofrecimiento de prueba,
y el intento de producirla en esta instancia, tanto de la que no ofreció, como
de aquella que no se produjo habiendo sido ordenada (vr. gr. IPV). En
definitiva, la actora -ahora apelante- ha consentido todas esas providencias,
y de ese modo ha aceptado que la cuestión sea resuelta con las constancias
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acompañadas y producidas hasta el momento previo al dictado de la
sentencia de primera instancia.
No existe por lo tanto un error en la valoración por parte del magistrado
de grado, sino más bien ausencia de prueba, siendo aplicables las reglas
que ya hemos enunciado al respecto.
Lo expuesto lleva a considerar que en esta cuestión, el agravio debe
rechazarse.
2.4. En cuanto a la nulidad absoluta, declarada de oficio por el juez en
la sentencia, podemos decir que no ha sido suficientemente rebatido por la
apelante, quien mas que nada se centra en esgrimir que en el caso, no
existe una cuestión de orden público o interés general en conflicto, que
habilite su declaración de oficio, lo que ya hemos analizado en
consideraciones anteriores, a los que remitimos.
De modo que en este punto, nos limitaremos a ratificar lo resuelto en la
sentencia, y para ello basta recordar que "El vicio que presenta el negocio
jurídico que atenta contra el interés público y/o si el objeto del acto es
prohibido, ilícito, o contrario al orden público o a las buenas costumbres
adolece de nulidad absoluta, es decir sufre todo el peso de la sanción legal.
Esta nulidad deberá ser ineludiblemente declarada de oficio, cuando se
conjugan dos circunstancias: a) que el vicio afecte el orden público (nulidad
absoluta) y que aparezca como manifiesto en el acto (acto nulo). Se tiene en
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cuenta para ello, que aquel, es de tal gravedad que al atentar contra el orden
jurídico, impide su convalidación y justifica la intervención del poder
jurisdiccional aunque no haya mediado petición de parte (conf. LLambías
Jorge Joaquín, "Tratado de Derecho Civil", Parte General, T. 2, capítulo XVI
n° 1890/91 y ss., n° 1894 pág. 626 y Llambías, "Código Civil Anotado", T.
II-B, págs. 228 y ss.). Es decir, que cuando hay afectación del interés
general, del orden económico social se trata de nulidad parcial y absoluta,
que puede ser incluso declarada de oficio (conf. Mosset Iturraspe Jorge y
Lorenzetti Ricardo Luis, "Defensa del Consumidor", capítulo IX)" (CNCom,
Sala A, Exp. 18746/00, "Martínez Vega Verónica c/ Autolatina Argentina SA
de ahorro para fines determinados y otro s/ ordinario, 15/10/2010, LD 9.11).
Ello así, pues "Atendiendo a la índole de la causa de la invalidez, un
acto es nulo cuando está prohibido por la ley ipso iure en forma expresa,
habilitando la declaración de oficio por los jueces si tal nulidad absoluta
resulta manifiesta" (Sup. Corte de Buenos Aires, Ac 83820 S, "Iotti, Atilio
Carlos c/ Jorge Alberto Caso S.A. s/ Incidente de redargución de falsedad",
19/09/2007, LD 9.11).
El contrato cuyo cumplimiento se pretende mediante esta acción,
claramente recae sobre un objeto prohibido, que atenta contra una normativa
de orden público, y resulta manifiesto. No es susceptible de convalidación
posterior, y puede ser declarado de oficio.
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El razonamiento expuesto por el juez de grado para declarar la nulidad,
ha sido suficientemente claro y se encuentra debidamente fundado, por lo
que el agravio debe ser rechazado.
2.5. Finalmente abordaremos lo expuesto por la apelante en relación a
que en caso de ordenarse la restitución de lo recibido por los demandados
-tal como ha sido ordenado en la sentencia- esto sea a valores actuales, y
no bajo una actualización con intereses a tasa activa, que no compone el
valor entregado por su parte.
Al respecto recordaremos que "El memorial, a través del cual debe
fundamentarse el recurso de apelación... constituye un acto procesal
equivalente a la expresión de agravios que se presenta cuando el recurso ha
sido concedido libremente, carga procesal que el apelante debe satisfacer
con el mismo nivel crítico (conf. Colombo Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación ed. 1969- V. II p. 465 y ss; Fassi Código Procesal Civil y
Comercial ...." V.I. p. 431 nº 852). Ello obedece a que la meta de la actividad
recursiva consiste en demostrar el desacierto de la sentencia que se recurre
e indicar de modo concreto los motivos que se tienen para considerarla
errónea con argumentaciones que tengan virtualidad suficiente para
destruir los argumentos desarrollados por el sentenciante y producir
convicción en el Tribunal de Alzada, bajo el riesgo de que se tenga por
consentida toda decisión no objetada" (esta Sala, LA 2003 Tº III, Fº 189/191
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y 186/188, 12/12/03).
A tales efectos, los agravios deben alcanzar un mínimo de suficiencia
técnica en los términos del ordenamiento ritual, pues la finalidad de la ley es
mantener el debate en un plano intelectual, ya que la meta de la actividad
recursiva consiste precisamente en demostrar el desacierto de la resolución
que se recurre y los motivos que se tienen para considerarla errónea. Dicha
suficiencia se relaciona a su vez con una necesidad de articulaciones
razonadas, fundadas y objetivas sobre los errores incurridos por el juzgador,
por lo que son inadmisibles las apelaciones que solo comportan la expresión
de un mero desacuerdo con lo resuelto (cfr. CNCivComFed, Sala 3, Causa
n° 5233/98 "Consorcio de propietarios Avda. San Juan 250/70 c/ Banco
Hipotecario Nacional s/ proceso de ejecución, 22/03/2001, LD 9.11).
Teniendo en cuenta estas consideraciones, vemos que la apelante se
limita simplemente a plantear que la restitución de las sumas entregadas a la
contraria, sea ordenado conforme a valores actuales, pero no propone ni
determina ningún método o forma para poder establecer o determinar algún
monto, que tampoco estipula, y se limita a una cita jurisprudencial que
tampoco brinda mayores precisiones sobre lo que pretende. Por ello, se
torna insuficiente, y no logra configurar una crítica razonada y concreta de lo
establecido en la sentencia.
Debemos recordar que si bien los jueces -en el cumplimiento de su
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misión constitucional de discurrir los conflictos litigiosos- tienen el deber de
examinar autónomamente la realidad fáctica subsumiéndola en las normas
jurídicas que la rigen, dicha facultad encuentra su límite en el respeto al
principio de congruencia, de raigambre constitucional, en cuanto invalida
todo pronunciamiento que altere la causa petendi o introduzca planteos o
defensas no esgrimidas oportunamente por los interesados (cfr. CSJN,
Fallos: 313:915; 322:2525; 324:1234; 329:349, 4372 y 3517). En efecto, "El
principio de congruencia se vincula con la garantía de la defensa en juicio,
ya que como regla el pronunciamiento judicial que desconoce o acuerda
derechos no debatidos es incompatible con las garantías constitucionales,
pues el juzgador no puede convertirse en la voluntad implícita de una de las
partes, sin alterar el equilibrio procesal de los litigantes en desmedro de la
parte contraria -del dictamen de la Procuración General, al que remitió la
Corte Suprema-" (CS, T° 327, F° 1607, 27/05/2004).
Por estas razones, el agravio debe ser rechazado.
2.6. En cuanto a las costas de primera instancia, impuestas en el orden
causado en la sentencia, y siendo que el resultado del recurso no ha logrado
modificar lo resuelto en ella, deben mantenerse de ese modo.
3. En consecuencia, con relación a los agravios expresados por la
parte apelante, estimo que no debe prosperar su recurso, por lo que
propongo que se rechace la apelación intentada, con costas de esta
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instancia a su cargo y que se regulen los honorarios de los profesionales
intervinientes (arts. 58, 152 inc. 8, 153, 247 del CPC Ley 2415-O mod. Ley
2628-O- y art. 40 Ley 2557-O).
Así voto.
LA DRA. ELENA DE LA TORRE DE YANZÓN, DIJO:
Por sus fundamentos adhiero al voto del magistrado preopinante, salvo
respecto a la confirmación de la restitución de los montos nominales
recibidos por la actora, con motivo de la cesión onerosa.
Considero que como dijo el primer sentenciante, la nulidad pronunciada
por los jueces vuelve las cosas al mismo estado en las que se hallaban
antes del acto declarado nulo y obliga a las partes a restituirse mutuamente
lo que han recibido y que estas restituciones se rigen por las disposiciones
relativas a la buena o mala fe según el caso, de acuerdo a lo dispuesto en
las normas del Cap. 3 del Título II Libro Cuarto, art. 390 CCCN
Ahora bien, como la nulidad fue declarada de oficio, por estar en juego
el orden público, no pudo ser objeto de la litis, las consecuencias de su
declaración, específicamente, si corresponde o no la restitución de valores
nominales. Tales cuestiones debieron diferirse para la etapa de ejecución de
sentencia.
Ese agravio fue claramente planteado, ya que se pidió que en caso de
operar la restitución del dinero “sea a valores actuales y no bajo una
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actualización a tasa activa de intereses, que no corresponde al valor
entregado por mi persona”. Pidió que se ponderara la realidad económica,
aun cuando no efectuó la cita correcta del fallo.
El primer sentenciante ordenó la restitución de $ 25.950 más tasa
activa desde la fecha en que cada pago se hizo efectivo y hasta su efectivo
pago. Señala que la cesión, que se celebró el 21 de julio de 2000, se pactó
por $ 18.000 y que los cedentes recibieron en ese acto la suma de $ 13.500,
más las transferencias realizadas por la actora, a favor de su hijo, el
demandado Distefano, desde el 25 de noviembre de1998 hasta el 13 de julio
2008, que asciende a la suma de $ 12.450.
Se trata de la anulación de un contrato de cesión de derechos sobre el
departamento ubicado en el Barrio CGT, Monoblock 13, Departamento “C”,
planta baja, Rivadavia celebrado hace 23 años hasta la fecha de la
sentencia de primera instancia y de la restitución de dinero que fue recibido
a partir noviembre de 1998 hasta julio de 2008. Desde noviembre de 1998
hasta la fecha de la sentencia de primera instancia, 31 de agosto de 2023,
hubo una inflación de 33.176,72%, es decir, un incremento promedio
del 1,97% por mes (26,45% anualizado). ([Link]
/)
Sabemos que los intereses, aun los de tasa activa, no resarcen la
depreciación de la moneda. No hay que olvidar que la inflación no es solo un
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problema económico, sino jurídico porque afecta el modo en que se
desenvuelven los vínculos obligacionales.
Como sostiene la doctrina: “La regla nominalista, prevista en abstracto
para una economía sana, aquí cruje por todos lados, en el marco siempre
caótico de una crisis crónica que en los últimos 25 años solo ha tenido
momentos de cierta tranquilidad, pero nada más que eso”. (cf. Ossola,
Federico A. “Obligaciones dinerarias, de valor y el fenómeno inflacionario”
Cita: TR LALEY AR/DOC/2263/2024).
Nuestra Corte de Justicia de la Nación ha dicho que los jueces deben
resolver los casos examinando con atención la realidad económica vigente al
tiempo de dictar su sentencia e incluso pueden —y deben— apartarse de
liquidaciones hechas con base en pautas fijadas en resoluciones firmes, si
por su intermedio se arriba a resultados absurdos ("Pronar...", Fallos:
313:95); o que se desentiende de las consecuencias económicas que
genera ("Arasa SA", Fallos: 319:351), que afecta la integridad del crédito del
acreedor ("Kogan...", Fallos: 308:1694); o que altera la necesaria relación de
proporcionalidad que debe mediar entre el crédito de la parte y la
contraprestación implicada en el negocio que motivó el pleito ("Melgarejo",
Fallos: 316:1972); o bien constituye un apartamiento palmario de la realidad
económica imperante ("Bonet", Fallos: 342:162).
Es que la ‘ponderación de la realidad económica’ funciona como una
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suerte de directriz genérica que se impone a la labor jurisdiccional, conforme
la cual los decisores no deben dejar de escrutar los resultados que arrojan
los mecanismos de cálculo mediante los que se determina el contenido
económico del crédito del actor triunfante (sea una fórmula que cuantifica el
valor controvertido en una sentencia susceptible de recurso, sea una
liquidación realizada conforme las pautas ya fijadas en una decisión firme).
“En otras palabras, se trata de una evaluación final en la que el juez debe
procurar que el contenido económico del capital de condena —aun
establecido mediante fórmulas polinómicas correctamente operadas— no
resulte ostensiblemente injusto por el impacto de la depreciación del valor de
la moneda (o, llegado el caso, por la influencia de cualquier otra
circunstancia de la realidad económica)”. (Marino, Tomás, DEUDAS DE
VALOR, INFLACIÓN Y CUANTIFICACIÓN DE DAÑOS PERSONALES: LA
SUPREMA CORTE BRINDA UNA IMPORTANTE PAUTA DE TRABAJO
PARA OPERAR CON FÓRMULAS MATEMÁTICAS, Publicado en: LA
LEY 15/09/2020 , 5 • RCyS 2020-XI , 45 Cita: TR LALEY
AR/DOC/2693/2020).
Asimismo, cabe recordar, respecto al alcance de la prohibición de
indexar, que en la causa “G.S.M y otro c/ K,M.E.A. s/ alimentos”, la Corte
Suprema de Justicia de la Nación permite diferenciar entre mecanismos
indexatorios, que se encuentran prohibidos como regla general y otros
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mecanismos de ajustes de la obligación dineraria que no aparejen una
“indexación”, como la recomposición del capital dinerario por otros medios.
(cf. Méndez Sierra, E. “Consideraciones sobre dos recientes fallos de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación con relación a las deudas
dinerarias”,ED 8/04/2024).
Teniendo en cuenta todas estas pautas, como en el caso de autos, la
obligación dineraria tenía un contravalor, pues estaba correlacionada con el
valor del derecho cedido sobre un dpto, construido por el IPV, en un barrio
determinado de Rivadavia, propongo que la suma de dinero a restituir, sea
resultante del valor de tal cesión, al momento de la sentencia de primera
instancia o -de no ser posible-, de cesiones similares, considerando el
porcentaje establecido como pagado; valor que deberá ser determinado en
la etapa de ejecución de sentencia, a través de perito tasador.
En virtud del principio “iura novit curia”, atento que se fijará el monto a
restituir a la fecha de la sentencia de primera instancia, los intereses deben
ser del 8% anual hasta la fecha de la sentencia de primera instancia (2 parte
art. 1º LP 9-0) y desde allí, hasta su efectivo pago, la tasa activa. (1 parte
del art. 1 Ley 9-0). Así voto.
EL DR. ROBERTO M. PAGÉS LLOVERAS, DIJO:
Por sus fundamentos adhiero al voto del Dr. Ernesto Escobar el que
doy por reproducido.
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Por el mérito que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que
antecede SE RESUELVE:
I) Rechazar el recurso de apelación interpuesto por la parte actora,
concedido a fs. 358 vta.;
II) Imponer las costas de esta instancia a cargo de la parte
apelante;
III) Regular los honorarios del profesional que ha actuado en esta
instancia en el 40% de la cantidad fijada para sus honorarios de
primera instancia.
Protocolícese, hágase saber y bajen previa reposición de sellado
si correspondiere.
MAGISTRADOS: DR. ROBERTO M. PAGES LLOVERAS;
DRA. ELENA DE LA TORRE DE YANZON;
DR. ERNESTO ESCOBAR;
SECRETARIO: DR. AGUSTIN A. RUGNA.