Roca y la Oligarquía en Argentina (1880-1916)
Roca y la Oligarquía en Argentina (1880-1916)
Partido Autonomista Nacional, marcando el inicio de un periodo oligárquico en Argentina que duró hasta
1916. Aunque existían prácticas democráticas y los líderes eran elegidos por voto, la participación política
estaba restringida a una élite social y cultural. Roca basó su primer mandato en el lema "Paz y
administración", influenciado por el positivismo, que promovía al Estado como garante del progreso y la
modernización. Su gobierno buscó mantener la armonía con las provincias a través de acuerdos con los
gobernadores, evitando conflictos y rebeliones, y fomentando un desarrollo económico sin obstáculos. La
gestión de Roca se caracterizó por la sistemática práctica del fraude electoral y el control de las sucesiones
presidenciales, consolidando el poder en manos de unos pocos.
La Generación del 80: Los fundamentos del gobierno de Julio Argentino Roca y de las sucesivas
administraciones oligárquicas se sustentaban en las ideas de la Generación del 80, un grupo de pensadores y
literatos que, a pesar de abogar por políticas liberales en sus escritos, defendieron un enfoque conservador
del gobierno. Este modelo privilegiaba a una élite de dirigentes que se consideraban los únicos capacitados
para gobernar, excluyendo a las mayorías. La Generación del 80 creía en el progreso ilimitado y sostenía que
la modernización del Estado requería cambios profundos, incluyendo el crecimiento económico, la promoción
de la inmigración y la expansión del ferrocarril. Defendían una concepción laica del Estado, oponiéndose a la
intervención de la iglesia en asuntos civiles. En términos económicos, promovían la libertad de mercado y
rechazaban la intervención estatal en el comercio. Culturalmente, tenían una fuerte inclinación por los
modelos europeos, lo que se reflejó en la arquitectura de Buenos Aires, influenciada por estilos franceses e
italianos.
Primer Gobierno de Roca: Durante el primer gobierno de Julio Argentino Roca (1880-1886), se impulsó un
significativo desarrollo de las actividades agroexportadoras en Argentina. Para lograr esto, Roca implementó
políticas de inmigración iniciadas por su predecesor, Avellaneda, con el fin de aumentar la disponibilidad de
mano de obra. También se buscó financiamiento a través de préstamos destinados a la construcción de
infraestructura, centrándose especialmente en ferrocarriles y puertos, elementos cruciales para facilitar el
comercio y el transporte. Un aspecto importante de su gestión fue la unificación del sistema monetario, Roca
creó el peso moneda nacional que se convirtió en la única moneda autorizada para circular en todo el país,
garantizando así un control estatal sobre la emisión de moneda. Otro objetivo central del gobierno de Roca
fue la expansión territorial, particularmente sobre las tierras de los pueblos originarios que aún no habían sido
ocupadas. Para llevar a cabo esta política, se realizaron expediciones militares que resultaron en la
apropiación de vastas extensiones de tierra en lo que hoy son las provincias de Río Negro, Neuquén, Chubut
y Chacho en el noreste del país. Para organizar la administración de estos nuevos territorios, se sancionó la
Ley de Territorios Nacionales en 1884. Esta ley estableció la creación de varias provincias como Misiones,
Chaco, Formosa, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego las cuales serían
administradas por gobernadores designados por el presidente, con el acuerdo del Senado.
Leyes Laicas durante el Gobierno de Roca: La administración de Julio Argentino Roca (1880-1886)
promovió una clara separación entre el Estado y la Iglesia, reflejada en diversas leyes civiles y educativas.
Estas iniciativas tenían como objetivo transferir al Estado el control de áreas que tradicionalmente habían
estado bajo la influencia de la Iglesia. En 1881, Roca convocó un congreso pedagógico que generó un
intenso debate entre los defensores de la educación religiosa y los liberales que abogaban por una educación
laica. En medio de estas discusiones, Roca presentó un proyecto de ley al Congreso que se convertiría en la
Ley de Educación Común, aprobada en 1884. Esta ley estableció que la educación pública sería gratuita y
obligatoria para niños de 6 a 14 años, fijó el carácter laico de la enseñanza y determinó que solo podría
brindarse educación religiosa fuera del horario escolar. Además, en 1884 se sancionó la Ley de Registro Civil,
que transfería al Estado la responsabilidad de registrar nacimientos, defunciones y matrimonios, consolidando
aún más la separación entre las funciones civiles y religiosas. En 1888 se aprobó la Ley de Matrimonio Civil,
que estableció el matrimonio civil como la única forma legalmente válida de matrimonio en el país, eliminando
así la obligatoriedad de los matrimonios religiosos. Estas reformas provocaron una fuerte confrontación entre
el gobierno de Roca y la Iglesia, resultando en la expulsión del nuncio apostólico y la ruptura de las relaciones
diplomáticas con el Vaticano. Este conflicto marcó un hito en la historia argentina, al consolidar un Estado
laico y fortalecer el proceso de secularización en la sociedad.
Partido Autonomista Nacional: El Partido Autonomista Nacional (PAN) fue fundado en 1874 a partir de la
unión de los partidos Autonomista, liderado por Adolfo Alsina y Nacional conducido por Nicolás Avellaneda.
Desde ese momento y hasta 1916, el Pan logró hacerse de la conducción del destino político de la Argentina.
El PAN era una alianza entre los sectores más poderosos del Interior y el gobierno nacional. Para asegurarse
la lealtad de los gobernadores provincial, Roca organizó un sistema de premios y castigos, aquellos que
actuaran de acuerdo con las autoridades nacional eran premiados con el envío de recursos económicos a sus
provincias o con el nombramiento de personas amigos o parientes en la administración central, en caso
contrario, se arriesgaban a verse perjudicados en la economía de su provincia.
Acuerdos políticos y fraude: El Pan también constituía un espacio dentro del cual se establecían los
acuerdos políticos que definían las candidaturas presidenciales. Esos candidatos tenían el triunfo
prácticamente asegurado en las elecciones manipuladas mediante la aplicación del fraude, esto quiere decir
que cualquier candidato a presidente ungido por los acuerdos alcanzados por el PAN automáticamente se
convertía en presidente. El PAN fue el único partido que estuvo en condiciones de acceder a los cargos de
gobierno, tanto a nivel nacional como provincial y el que mantuvo un control absoluto del Congreso gracias a
que contaba con mayoría propia en el Senado y en la Cámara de Diputados.
Unicato: A finales del mandato de Julio Argentino Roca en 1886, el Partido Autonomista Nacional (PAN)
eligió como presidente a Miguel Juárez Celman, quien había sido gobernador de Córdoba y era concuñado de
Roca. Juárez Celman asumió en un contexto de estabilidad política y crecimiento económico, con un notable
aumento de exportaciones y un incremento en los ingresos del gobierno, además de recibir inversiones del
exterior y realizar importantes obras públicas. Sin embargo, a finales de la década de 1880, varios factores
provocaron un cambio significativo. Juárez Celman logró desplazar a Roca de la jefatura del PAN, lo que le
permitió concentrar poder al convertirse en presidente y líder del partido. Utilizando recursos del Estado
nacional, consiguió el apoyo de gobernadores que previamente respondían a Roca. Este estilo de gobernar,
que se caracterizaba por la concentración del poder en sus manos, llevó a que su gobierno fuera conocido
como Unicato. La falta de habilidades políticas, ineficiencia en la gestión y denuncias de corrupción también
marcaron su administración, lo que provocó que Juárez Celman perdiera el apoyo de muchos dirigentes del
PAN.
Primeras formas de oposición: El gobierno de Juárez Celman comenzó a recibir cuestionamientos, que
inicialmente eran moderados y expresados por sectores minoritarios. Sin embargo, hacia finales de la década
de 1880, la economía mostró signos de dificultades, y las críticas se ampliaron, opacando el clima optimista
que había prevalecido en el país. Las primeras disconformidades surgieron de sectores de la oligarquía que
estaban descontentos con el manejo discrecional del poder por parte del presidente. Las elites provinciales
reaccionaron negativamente ante las intervenciones para desplazar a gobernadores que cuestionaban su
autoridad e instalar en sus lugares a funcionarios leales a su gestión. Simultáneamente, se multiplicaron las
denuncias de corrupción que involucraban a miembros del gobierno, quienes utilizaban el Estado para hacer
negocios y beneficiarse personalmente. Las acusaciones más relevantes incluían la entrega de concesiones
estatales y la adjudicación de obras públicas a individuos cercanos al círculo gobernante. Estas situaciones
motivaron una fuerte campaña crítica encabezada por políticos como Bartolomé Mitre, que se opusieron
abiertamente a Juárez Celman y su administración.
Crisis de 1890: El desprestigio de Miguel Juárez Celman y su gobierno aumentaba constantemente, mientras
que las bases de la estabilidad económica eran cada vez más frágiles. Durante su mandato, se utilizó una
gran parte de los fondos públicos en la contratación de servicios y la construcción de infraestructura,
financiando estos proyectos a través de préstamos externos que incrementaron significativamente la deuda
del Estado argentino. A partir de 1888, comenzaron a surgir problemas económicos debido a la caída abrupta
de los precios de las exportaciones argentinas, lo que redujo notablemente los ingresos del gobierno y
dificultó el pago de las deudas externas. Además, los gastos del Estado crecieron descontroladamente, lo que
incrementó el déficit fiscal. Ante esta situación, Juárez Celman implementó medidas para estimular las
exportaciones, pero sus esfuerzos fueron en vano. Cuando Europa se enteró de los problemas económicos
que enfrentaba Argentina, se hizo casi imposible obtener nuevos préstamos y la llegada de capitales
extranjeros se redujo drásticamente. A mediados de 1890, el gobierno argentino se declaró en cesación de
pagos, lo que llevó a una interrupción en los préstamos y una agudización de la crisis económica, que resultó
en un aumento del desempleo y de la inflación.
Revolución del Parque: La crisis económica fue aprovechada por la oposición, que comenzó a organizarse.
En septiembre de 1889, jóvenes opositores llevaron a cabo un mitin en el Jardín Florida, dando origen a la
Unión Cívica de la Juventud (UCJ). En abril de 1890, la UCJ organizó otra concentración que reunió a cerca
de 30.000 personas para protestar contra el fraude electoral y la corrupción gubernamental. En este contexto,
se decidió formar la Unión Cívica, con la participación de figuras como Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem.
Ante el aumento de la presión popular, el presidente Juárez Celman optó por no actuar, lo que provocó un
levantamiento armado por parte de la oposición. Este levantamiento, conocido como la Revolución del
Parque, estalló a fines de julio de 1890, con los revolucionarios estableciendo su base de operaciones en el
Parque de Artillería de Buenos Aires. Sin embargo, la revolución no logró atraer un apoyo generalizado y los
insurgentes quedaron aislados, lo que permitió al gobierno reprimir la insurrección. A pesar del fracaso de la
revolución, Juárez Celman presentó su renuncia en agosto de 1890 y fue reemplazado por Carlos Pellegrini.
Pellegrini intentó resolver la crisis política integrando al gobierno a sectores de la oligarquía que habían sido
marginados por Juárez Celman. También implementó diversas medidas económicas en un esfuerzo por
conseguir nuevos préstamos y salir de la complicada situación en la que se encontraba el país.
Unión Cívica Radical: Después de la crisis de 1890, Carlos Pellegrini y Julio Argentino Roca intentaron
desactivar el movimiento opositor que surgió tras la fundación de la Unión Cívica. En 1891, Roca llegó a un
acuerdo político con Bartolomé Mitre, buscando una fórmula de unidad nacional. Sin embargo, algunos
sectores de la Unión Cívica rechazaron este pacto y decidieron formar la Unión Cívica Radical (UCR). La
UCR se consolidó como la principal fuerza política opositora, promoviendo la transparencia y la honradez en
la administración pública, así como la ampliación de la democracia y la lucha contra el fraude electoral. Para
alcanzar sus objetivos, los radicales emplearon dos estrategias: la revolución armada, que fracasó en 1893 y
1905, y la abstención revolucionaria, donde decidieron no participar en elecciones hasta que se modificara el
sistema electoral y se erradicara el fraude. En 1896, tras el suicidio de Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen
asumió el liderazgo del partido y continuó la lucha, manteniendo una postura intransigente frente a los
gobiernos conservadores. La UCR implementó una organización novedosa en la política argentina, creando
comités en todo el país y estableciendo una carta orgánica que definía sus fundamentos, ideales y
mecanismos de funcionamiento. Esto permitió al partido ganar muchos adeptos entre los sectores medios,
convirtiéndose a comienzos del siglo XX en el primer partido de masas en la política argentina.
Condiciones de vida y trabajo de los asalariados: A pesar del éxito del modelo agroexportador, las
condiciones de vida y trabajo de los sectores populares eran precarias. En las ciudades, los trabajadores
vivían en condiciones extremas, enfrentando largas jornadas laborales de diez horas o más en ambientes
generalmente insalubres. En esta época, la falta de legislación laboral dejaba a los asalariados sin derechos:
no tenían vacaciones, jubilación, descanso dominical, ni protección contra accidentes laborales o despidos
arbitrarios. Los bajos salarios eran insuficientes para cubrir el costo de vida. En el ámbito rural, la situación
era aún más difícil para los peones. Estos trabajadores enfrentaban una precariedad laboral extrema, con
salarios muy bajos y empleo que fluctuaba en función de la demanda externa de productos agropecuarios.
Esta vulnerabilidad hacía que muchos peones vivieran en condiciones de miseria, sin ninguna protección o
derechos laborales que los respaldaran.
Trabajadores organizados: Para combatir las malas condiciones laborales en las ciudades y en el campo,
los trabajadores comenzaron a organizarse. Inicialmente, su lucha fue defensiva, con la creación de
sociedades de ayuda y socorros organizadas por comunidades de inmigrantes de sus países o regiones de
origen. A medida que la situación empeoraba, surgieron sindicatos, que eran organizaciones centradas en la
mejora de las condiciones laborales. Entre sus principales reclamos se encontraban la jornada laboral de
ocho horas, el descanso dominical, mejoras salariales, protección ante accidentes y enfermedades laborales,
condiciones higiénicas adecuadas en los lugares de trabajo, vacaciones pagas y la regulación del trabajo
femenino e infantil. Las huelgas se convirtieron en una herramienta clave para que los trabajadores
expresaran su descontento. Entre 1901 y 1910, se produjeron nueve huelgas generales. El primer sindicato,
conocido como la Unión Tipográfica, fue creado en 1878. En septiembre de ese mismo año, esta organización
llevó a cabo una huelga en respuesta a una reducción salarial impuesta por los dueños de imprentas. Para
contrarrestar la huelga, los empleadores intentaron contratar trabajadores uruguayos, quienes se
solidarizaron con sus colegas argentinos, lo que resultó en la interrupción de la publicación de varios de los
principales diarios. La protesta finalizó en octubre, con el gremio logrando revertir la reducción de salarios y
obtener una disminución en las horas de trabajo.
Socialistas y anarquistas: La llegada de inmigrantes a Argentina a finales del siglo XIX trajo consigo
diversas ideologías políticas obreras que se habían comenzado a desarrollar en Europa. Entre ellas, el
socialismo y el anarquismo jugaron un papel crucial en la formación del movimiento obrero argentino. El
Partido Socialista se fundó en 1896, liderado por Juan B. Justo, con el objetivo de defender los derechos de
los trabajadores a través de la legislación en el Congreso Nacional. La mayor parte de sus adhesiones
provenía de los sectores obreros y algunos profesionales urbanos. En 1902, varios gremios socialistas se
agruparon en la Unión General de Trabajadores (UGT). Con el tiempo, los socialistas lograron mejorar su
participación política, alcanzando la incorporación de un diputado en 1904. Por su parte, los anarquistas
buscaban construir una sociedad igualitaria mediante una revolución que destruyera el Estado, al considerarlo
un mecanismo de opresión que marginaba y reprimía a los trabajadores. Los gremios anarquistas utilizaban la
huelga general como principal método de lucha y se oponían a la participación electoral. Su actividad política
y cultural fue muy intensa, manifestándose a través de diversos grupos de estudio y círculos culturales.
Además, se destacaron por la solidaridad, ayudando a sus camaradas presos y a sus familias en momentos
de necesidad.
Tratamiento del conflicto social: Las respuestas de los gobiernos conservadores a los conflictos sociales se
inclinaron más hacia la represión que a la reforma. Las huelgas y las manifestaciones obreras fueron
duramente reprimidas por la Policía y el Ejército lo que provocaba una gran cantidad de trabajadores
detenidos, heridos y muertos. El régimen conservador se negó a reconocer que las luchas de los trabajadores
tenían su origen en las malas condiciones de vida y de trabajo y en las injusticias que sufrían los asalariados
en todo el país. Por lo que, los sectores dirigentes plantearon que la conflictividad social era producto de
“agitadores extranjeros”, portadores de “ideologías foráneas”. La solución que adoptaron fue la de expulsar a
todos aquellas que causaron desorden público o amenazaran la seguridad nacional.
Ley de Residencia: En 1902, el gobierno de Roca impulsó la sanción en el Congreso de la llamada Ley de
Residencia, la cual permitía a las autoridades a deportar a los extranjeros que consideraran “indeseables”. La
decisión de expulsar del país a alguna persona era completamente arbitraria, se tomaba sin juicio previo y
quedaba librada solamente al criterio del presidente. En estos años también se sancionaron algunas leyes
que buscaron reformar las condiciones de trabajo. En 1905 se aprobó el proyecto de ley que establecía el
descanso dominical obligatorio y en 1907 se aprobó la ley de protección del trabajo de las mujeres y los
menores.
Segunda presidencia de Roca: Durante su segunda presidencia, Roca se enfocó en consolidar las fuerzas
conservadoras tras el mandato de Pellegrini. Convenció a Luis Sáenz Peña para que se postulara a la
presidencia en 1892, reemplazando a su hijo Roque, quien abogaba por reformas políticas. Roca se mantuvo
como un defensor del orden conservador que se había establecido en 1880. Su segundo mandato, que
comenzó en 1898, se destacó por la política exterior. Después de resolver disputas limítrofes con Chile en
1881, las tensiones resurgieron, lo que llevó a Roca a reunirse con el presidente chileno, Federico Errázuriz.
A pesar de alcanzar nuevos acuerdos, las diferencias continuaron, pero Roca logró una solución pacífica
mediante los Pactos de Mayo en 1902, mediando la Corona británica. También surgieron problemas limítrofes
con Brasil sobre Misiones, que se sometieron al arbitraje de Estados Unidos, resultando en un fallo a favor de
Brasil en 1895. Esto llevó a un tratado en 1898, que resultó en la pérdida de la mitad oriental del territorio
misionero por parte de Argentina.
Doctrina Drago: A finales de 1902, buques de Italia, Alemania e Inglaterra bloquearon los puertos y
bombardearon las costas venezolanas para reclamar el pago de deudas del gobierno a empresas europeas.
Ante estos eventos, el gobierno de Estados Unidos, que había establecido su influencia en la región a través
de la Doctrina Monroe de 1823, decidió no intervenir. En respuesta a esta situación, el ministro de Relaciones
Exteriores de Argentina, Luis María Drago, presentó una protesta formal contra el bloqueo marítimo y los
bombardeos a Venezuela. Drago argumentó que era ilegal e ilegítimo que un Estado europeo usara la fuerza
para cobrar deudas de un país americano. Finalmente, Estados Unidos intervino, y el bloqueo fue levantado
en 1903. Hacia 1907, durante la presidencia de Figueroa Alcorta, los argumentos de Drago contra el uso de la
fuerza militar para el cobro de deudas gubernamentales fueron presentados en una Conferencia Internacional
en La Haya, Holanda, y fueron incorporados al Derecho Internacional bajo el nombre de "Doctrina Drago".
Posiciones reformistas en el PAN: Durante su segundo mandato, Roca enfrentó la dura oposición de la
Unión Cívica Radical (UCR), que había intensificado la presión política. Aunque no se produjeron
revoluciones radicales durante este período, la reforma electoral se convirtió en un tema central de la agenda.
La Revolución del Parque había marcado el inicio de una prolongada crisis del régimen conservador, lo que
llevó a que algunos líderes dentro del Partido Nacional (PAN), como Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña,
comenzaran a abogar por cambios en el sistema electoral. Estos dirigentes consideraban esencial impulsar
una reforma para desactivar las protestas radicales y asegurar la continuidad de la oligarquía en el poder.
Con el fin de lograr una mayor legitimidad para el gobierno y aliviar la tensión política, se propuso modificar el
sistema de votación, alineándose con las tendencias en Europa que buscaban ampliar la participación
política.
Reforma electoral y laboral: El reformismo ganó terreno dentro del PAN, y aunque Roca no era un
entusiasta de los cambios, ordenó al ministro del Interior, Joaquín V. González, que presentara un proyecto
de reforma electoral al Congreso. Esta propuesta fue aprobada en 1902 y estableció un sistema electoral
uninominal por circunscripciones más pequeñas, lo que permitió la elección de Alfredo Palacios como
diputado en 1904 por el barrio de La Boca. Ese mismo año, González también impulsó un proyecto de
reforma laboral, pero este fue rechazado tanto por los sindicatos como por los empresarios, y no logró ser
aprobado.
Presidencias de Quintana y Figueroa Alcorta: Roca finalizó su mandato en 1904 y eligió a Manuel
Quintana como su sucesor, quien se alineaba con las posiciones reformistas. Durante los primeros años del
siglo XX, el poder de Roca dentro del Partido Nacional (PAN) había disminuido, mientras que figuras como
Pellegrini y otros líderes partidarios de reformas políticas ganaban influencia. Tras el final de su mandato, la
influencia de Roca entre los sectores oligárquicos se extinguió por completo. Quintana asumió la presidencia
con José Figueroa Alcorta como vicepresidente, y ambos eran dirigentes conservadores que reconocían la
necesidad de modificar el sistema electoral. La situación política se complicó aún más con la revolución
radical de 1905, liderada por Hipólito Yrigoyen. Aunque esta revuelta fue derrotada, convenció a los líderes
conservadores de que los cambios políticos eran inevitables.
Organización de las celebraciones: A comienzos de 1909, el Congreso de la Nación aprobó una ley para
organizar los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo en 1910, creando una comisión encargada
de los preparativos. Las celebraciones incluyeron la invitación a destacadas personalidades del ámbito
político y cultural internacional, además de la organización de múltiples eventos culturales y científicos. El
Estado nacional asignó un elevado presupuesto para garantizar que la fiesta fuera fastuosa y tuviera un
impacto significativo a nivel internacional. Buenos Aires fue elegida como el centro de los festejos, no solo por
ser la capital del país, sino también por sus lujosos edificios de estilos arquitectónicos europeos, visibles en la
Avenida de Mayo y en los barrios de la zona norte. El arquitecto y paisajista Carlos Thays fue encargado de la
construcción del Parque Centenario en el barrio de Caballito. Los organizadores planificaron desfiles cívicos y
militares, además de ceremonias religiosas. Se iniciaron diversas obras para embellecer la ciudad, que
incluían la construcción de edificios y monumentos para conmemorar esta significativa fecha en la historia de
Argentina. Los sectores de la oligarquía estaban ansiosos por mostrar al mundo la prosperidad de un país
que había crecido económicamente y se había modernizado gracias a las riquezas producidas por el modelo
agroexportador.
1910: las dos caras de los festejos: Los índices económicos de Argentina generaban optimismo en las
clases dirigentes. La crisis de 1890 había sido superada y las exportaciones de productos agrícolas y
ganaderos crecían anualmente. Sin embargo, los beneficios de esta prosperidad estaban concentrados en
pocas manos, y la opulencia de la oligarquía contrastaba con la penosa situación de los sectores
trabajadores. Esta disparidad provocó un aumento en la conflictividad social, que se manifestó en numerosas
huelgas. En los primeros años del siglo XX, los precios de los alquileres continuaron aumentando, mientras
que los sueldos de los sectores populares se volvieron insuficientes para cubrir esos gastos. A mediados de
1907, los habitantes de los conventillos de Buenos Aires y Rosario se declararon en huelga, dejando de pagar
alquileres para exigir una reducción de precios. El 1 de mayo de 1909, una multitud de trabajadores se reunió
en la plaza Lorea, en el centro de Buenos Aires, para conmemorar el Día del Trabajador. Al finalizar la
manifestación, la policía abrió fuego indiscriminadamente, resultando en muertos y numerosos heridos. En
respuesta a esta brutal represión, los trabajadores decretaron una huelga que se extendió durante siete días,
conocida como "la Semana Roja". La situación de conflictividad social preocupaba a los organizadores de los
festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo, quienes temían disturbios o atentados, especialmente
por parte de grupos anarquistas. Sin embargo, las amenazas no se materializaron y los actos programados se
llevaron a cabo sin alteraciones en el orden.
Huelga general y represión: Ante la represión gubernamental de 1909, las organizaciones sindicales
intensificaron su movilización. En noviembre, un joven anarquista ruso asesinó al jefe de la Policía,
responsable de la represión. En mayo de 1910, en un acto masivo, la FORA lanzó una huelga general,
exigiendo la libertad de los trabajadores detenidos durante la Semana Roja. El gobierno de Figueroa Alcorta
respondió con mayor represión, decretando el estado de sitio y deteniendo a numerosos líderes sindicales.
Además, grupos paramilitares destruyeron las redacciones de periódicos anarquistas y socialistas. En junio,
se sancionó la Ley de Defensa Social, que permitía al gobierno perseguir y encarcelar a quienes alteraran el
orden público, afectando significativamente al movimiento obrero.
Festejos: A mediados de mayo de 1910, Buenos Aires estaba colmada de visitantes, con hoteles
completamente ocupados y algunos turistas alojándose en casas de familia. Muchos periodistas extranjeros
llegaron para cubrir los eventos. Los festejos organizados por el gobierno incluyeron una Exposición Universal
del Centenario, con lujosos pabellones dedicados a la agricultura, la ganadería, la industria y las bellas artes.
Se inauguraron numerosos monumentos en la ciudad, muchos donados por países como España, Alemania,
Estados Unidos y Gran Bretaña. Entre las personalidades destacadas que visitaron Argentina se encontraban
la Infanta Isabel de España, el ex primer ministro francés Georges Clemenceau, el presidente chileno Pedro
Montt, la bailarina estadounidense Isadora Duncan y el poeta nicaragüense Rubén Darío. La prensa escrita
brindó una amplia cobertura a las festividades, y se generó un “espíritu del Centenario” que impactó la vida
cotidiana, con productos masivos lanzando ediciones especiales alusivas a la celebración.
Roquistas y reformistas: Desde principios del siglo XX, Roque Sáenz Peña y otros líderes de la oligarquía,
como Carlos Pellegrini, se convirtieron en críticos de las prácticas fraudulentas que el Partido Autonomista
Nacional (PAN) utilizaba para controlar el poder político. Durante la segunda presidencia de Roca, surgió una
clara división en los sectores dirigentes. El roquismo representaba el conservadurismo tradicional, opuesto a
abandonar la maquinaria electoral que había permitido a la oligarquía mantenerse en el poder por más de
veinte años. Por otro lado, los grupos reformistas reconocieron que, ante la creciente disconformidad de los
sectores medios y los constantes levantamientos de la Unión Cívica Radical (UCR), los cambios eran
inminentes. Los conservadores reformistas no creían que fueran a ser derrotados. Su objetivo era ofrecer a la
oposición una participación limitada para disminuir los reclamos, aumentar la legitimidad del régimen y
conservar la mayoría de los cargos en el gobierno.
Hacia la reforma electoral: El gran objetivo político de Sáenz Peña era la reforma del sistema electoral. Por
eso, el presidente no dudó en reunirse con distintos dirigentes políticos, tanto conservadores como
opositores, para alcanzar un consenso que le diera legitimidad a su proyecto. Sobresalieron los encuentros
con el líder de la UCR, Hipólito Yrigoyen, en los que el caudillo radical se comprometió a abandonar la vía
revolucionaria si el gobierno ponía fin al fraude y transparentaba el sistema político. El enorme desarrollo de
la economía agroexportadora había provocado transformaciones en la estructura social, de las cuales se
destacaba la aparición y el crecimiento de la clase media. Este sector medio, que había experimentado un
progreso social logrando diferenciarse de la clase trabajadora, se identificaba con la propuesta política del
radicalismo. Sobre todo, por la actitud intransigente de la UCR frente al fraude electoral y su férrea oposición
al conservadurismo. Los sectores medios en ascenso comenzaron a cuestionar el sistema de participación
política restringida instaurado por los conservadores, en el que las mayorías se hallaban excluidas de la toma
de decisiones. Los cuestionamientos iban acompañados por el reclamo activo de una ampliación de la
democracia que les permitiera incorporarse a la vida política de la Argentina. En 1913, Sáenz Peña debió
pedir licencia por enfermedad y fue reemplazado por el vicepresidente Victorino De la Plaza. Finalmente,
falleció en agosto de 1914, dos años antes de concluir su mandato.
Ley Sáenz Peña: En febrero de 1912, tras intensos debates entre los parlamentarios, mayoritariamente
conservadores, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 8871, más conocida como Ley Sáenz Peña. En la
obtención de los votos necesarios para la aprobación del proyecto resultó decisiva la campaña que llevaron
adelante el ministro del Interior, Indalecio Gómez, y el propio presidente Sáenz Peña. Muchos políticos
conservadores dudaban sobre la conveniencia de apoyar el proyecto porque temían perder el poder. Sin
embargo, Sáenz Peña confiaba en que los cambios en el sistema electoral harían que el radicalismo perdiera
su principal bandera de lucha. La Ley Sáenz Peña establecía el sufragio secreto y obligatorio para todos los
varones argentinos mayores de dieciocho años de edad, nativos o nacionalizados. Para asegurar el carácter
secreto del voto se estableció el uso del cuarto oscuro en los comicios. La nueva ley electoral se puso en
práctica por primera vez en las elecciones legislativas de 1912 y permitió que los socialistas incrementaran el
número de diputados de su partido en el Congreso. El radicalismo participó de estos comicios y triunfó en
Santa Fe y Entre Ríos.
Huelga agraria: A comienzos del siglo XX, la prosperidad basada en el modelo agroexportador se mantenía;
sin embargo, una crisis causada por las malas cosechas y la baja de los precios internacionales entre 1911 y
1912 motivó el estallido del conflicto. La protesta comenzó en el sur del territorio santafesino, donde el
desarrollo de la agricultura había provocado un aumento del valor de la tierra y, en consecuencia, de los
arriendos. Ante este panorama, los chacareros le reclamaron a los estancieros y a las empresas
colonizadoras mejoras en las condiciones de los arrendamientos, que consistían, básicamente, en una
reducción de los pagos y plazos más amplios. El 25 de junio de 1912, unos 2.000 agricultores se reunieron en
la localidad de Alcorta y decretaron la huelga agraria. Conocido como “El grito de Alcorta”, el movimiento se
extendió por el resto de la provincia, el norte de Buenos Aires y el este de Córdoba, y afectó a toda la
producción de cereales. Finalmente, los sectores terratenientes y el gobierno tuvieron que ceder y hacer
algunas concesiones a los chacareros, quienes obtuvieron ciertas mejoras. Sin embargo, no se dictó una ley
de arrendamientos, y, por lo tanto, en poco tiempo comenzaron a resurgir contratos abusivos, y los colonos
debieron movilizarse nuevamente. Si bien las condiciones de los arrendatarios no mejoraron mucho, el
levantamiento permitió la organización sindical de los pequeños y medianos productores rurales mediante la
creación de la Federación Agraria Argentina.
La primera presidencia de Yrigoyen: El 12 de octubre de 1916, Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia,
marcando el inicio de la "política de masas" en Argentina. Esto trajo la participación activa de nuevos grupos
sociales, principalmente la clase media y los trabajadores, lo que generó inquietud en los sectores
conservadores, que mantenían el control en varias provincias, el Senado y la mayoría en la Cámara de
Diputados hasta 1918. Para contrarrestar su debilidad política frente a estos sectores opositores, Yrigoyen
intervino las provincias controladas por sus adversarios políticos, buscando fortalecer su gobierno en un clima
de alta conflictividad. Durante la Primera Guerra Mundial, Argentina mantuvo una postura neutral, pero la
guerra, junto con la influencia de la Revolución Rusa, generó problemas sociales en el país, como bajos
salarios y trabajo precario. Las clases altas temían que en Argentina surgieran movimientos revolucionarios
como los que se daban en Europa. En este contexto, ocurrieron eventos importantes como la Reforma
Universitaria de 1918, la Semana Trágica de 1919 (un enfrentamiento violento entre obreros y las fuerzas del
gobierno) y los sucesos de la Patagonia, donde las huelgas rurales fueron reprimidas violentamente.
La Semana Trágica: Hasta 1916 el Ejército era el encargado de resolver los conflictos obreros, luego
Yrigoyen modificó esto y a fines de 1916 y en 1917 intervino directamente a favor de los obreros en una
huelga de la Federación de Obreros Marítimos y en un conflicto ferroviario. Esta actitud generó el temor de los
empresarios causando que pidieran la intervención del Ejército y comenzaron a agruparse en asociaciones y
a ejercer presión sobre el gobierno para que cambiara de opinión. En enero de 1919 la represión de la huelga
de obreros de los talleres metalúrgicos de Vasena finalizó con la muerte de cuatro trabajadores y durante los
funerales se generaron nuevos choques con la policía. Este evento desencadenó una serie de
enfrentamientos violentos entre obreros y fuerzas de seguridad, con barricadas y la quema de tranvías en las
calles. La respuesta violenta de grupos civiles organizados y la falta de intervención inicial del gobierno
generaron una escalada del conflicto, que finalmente llevó a la orden de represión por parte del presidente
Yrigoyen.
Los sucesos de la Patagonia: En la provincia de Santa Cruz se dio una fuerte protesta entre 1921 e inicios
de 1922, que se originó por un reclamo de los obreros portuarios de Río Gallegos. Posteriormente se extendió
a los peones de las estancias laneras, que estaban agobiados por los bajos salarios y las pésimas
condiciones de empleo. Se logró llegar a un acuerdo entre obreros y estancieros, pero estos últimos no
cumplieron, además que el problema se agravó cuando la policía encarceló a los principales líderes
huelguistas. Mientras los estancieros se organizaban en bandas armadas, los peones rurales empezaron a
ocupar campos y a tomar a sus dueños como rehenes. Para detener estos actos, el gobierno le ordenó al
Ejército que reprimiera a los trabajadores y, en consecuencia, cientos de ellos fueron asesinados.
La Reforma Universitaria: Hacia 1918 ya existían tres universidades nacionales en el país, en Córdoba, La
Plata y la ciudad de Buenos Aires. En junio de 1918 dentro de la Universidad de Córdoba había sido electo
como rector de esa universidad un representante de los sectores católicos más tradicionales y la protesta
estudiantil estalló. Los estudiantes exigieron y lograron modificar los planes de estudio, que el gobierno de la
Universidad se dividiera en tres partes, la autonomía universitaria, los concursos docentes, la extensión
universitaria y el fin de la influencia religiosa. El movimiento reformista tuvo eco en las restantes universidades
del país y de América Latina contando con el apoyo del Gobierno Nacional.
Los nacionalistas: En 1910, Argentina se preparaba para festejar el Centenario de la Revolución de Mayo.
Paralelamente se desarrollaba una corriente nacionalista que sostenía que los inmigrantes amenazaban la
identidad nacional en tanto conservaban sus costumbres y tradiciones. En las décadas de 1910 y 1920, los
nacionalistas apuntaron sus críticas al sistema democrático inaugurado por la Ley Sáenz Peña y vieron a los
radicales como los responsables de la llegada de la "chusma” a la política.
El gobierno de Marcelo T. de Alvear: En 1922 Marcelo T. de Alvear triunfó en las elecciones y durante su
gobierno no enfrentó severos conflictos sociales dado que la economía atravesaba una etapa de crecimiento,
por el contrario, los principales problemas provinieron de la propia UCR. En 1924 estalló el conflicto entre los
antipersonalistas, opositores a Yrigoyen y los personalistas que eran sus seguidores. Ese mismo año se
fundó el Partido Radical Antipersonalista que formó un bloque separado en el Congreso y se acercó a los
conservadores. Los personalistas sostenían que esta alianza era como un contubernio y que tenía como
objetivo destruir los avances sociales y políticos logrados durante la presidencia de Yrigoyen, por lo que la
lucha contra el contubernio se convirtió en el eje central de la campaña electoral de 1928 de los personalistas.
La Segunda Presidencia de Yrigoyen: La campaña electoral que llevó a la victoria de Hipólito Yrigoyen el 2
de abril de 1928 generó una gran participación popular, con los personalistas triunfando en la mayoría de las
provincias, excepto en San Juan. La amplia ventaja en votos permitió que la victoria fuera vista como un
"plebiscito". Yrigoyen consiguió una mayoría en la Cámara de Diputados, pero no en el Senado, lo que
obstaculizó la aprobación de sus principales propuestas, como la Ley de Defensa Sanitaria y la Ley de
Nacionalización del Petróleo. Además, enfrentó dificultades en algunas provincias, como en Mendoza, donde
fue acusado de estar involucrado en el asesinato del disidente radical Carlos W. Lencinas. La avanzada edad
de Yrigoyen y los efectos de la crisis económica mundial de 1929 afectaron su gestión, generando una lucha
interna por la sucesión. La popularidad del presidente decayó y en las elecciones de diputados de marzo de
1930, la UCR fue derrotada en la Capital por el Partido Socialista Independiente. Los personalistas intentaron
impedir que los nuevos diputados asumieran, lo que llevó a la paralización del Congreso durante ese año.
Este acto fue denunciado por los opositores en el "Manifiesto de los 44", una proclama publicada el 10 de
agosto de 1930, donde socialistas independientes y conservadores acusaban al gobierno de cometer abusos
y violaciones a la legalidad.
La economía durante las presidencias radicales: Durante la Primera Guerra Mundial, Argentina enfrentó
dificultades para exportar, atraer capitales del exterior y recibir mano de obra inmigrante. En 1917, la
reapertura de las rutas comerciales permitió una recuperación, pero la guerra alteró las condiciones de la
economía internacional. La pérdida de la influencia de Gran Bretaña frente a Estados Unidos y la escasez de
capitales afectaron el desarrollo económico. En la década de 1920, aumentó la presencia de empresas
estadounidenses, lo que incrementó la dependencia económica de Argentina, ya que el país no tenía
productos que vender a EE. UU. y dependía de Gran Bretaña para la compra de materias primas.
La conspiración civil y militar: La incapacidad del gobierno de Yrigoyen para controlar la crisis económica
intensificó la crisis política. Los ataques más fuertes venían de la prensa, los nacionalistas y los
conservadores, mientras que la opinión pública comenzaba a dudar de la capacidad de Yrigoyen para
gobernar. Los antipersonalistas defendieron la Constitución y las leyes, criticando al gobierno. En el Ejército
surgieron dos líneas opositoras. Una, liderada por el general José Félix Uriburu, buscaba derrocar al
presidente y acabar con el sistema democrático de sufragio universal. La otra, encabezada por el general
Agustín Pedro Justo, también quería derrocar a Yrigoyen, a quien consideraba corrupto, pero proponía
convocar a nuevas elecciones. Para 1930, la situación se volvió insostenible, y el 6 de septiembre, un
movimiento cívico-militar liderado por Uriburu inició un golpe de Estado. Una columna de cadetes marchó
hacia la Casa Rosada, sumando civiles a su paso. Hubo poca resistencia, salvo un enfrentamiento en las
cercanías del Congreso. Al llegar a la Casa de Gobierno, exigieron la renuncia de Yrigoyen, quien, sin apoyo
popular, se vio obligado a dimitir. Así, Uriburu asumió la presidencia de facto tras el golpe.