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Inflación cósmica y el multiverso explicado

resumen personal del tema jeje

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Jahir Yupa
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Para la cosmología moderna, intentar entender el origen del universo (es decir,

de nuestro universo observable) es como intentar entender el origen geológico


de una canica casi perfecta.
Imagínense que un día, excavando en una mina, nos encontrásemos una bolita
de basalto perfectamente esférica.
Tan redonda que, si la examináramos con un microscopio, veríamos que su
superficie está pulida con una precisión de angstroms.
En tal caso, jamás pensaríamos que la formación de nuestra canica ha sido
pura casualidad.
Pensaríamos que, en las profundidades de la Tierra, hay algún proceso
geológico desconocido que permite dar forma esférica al basalto con una
precisión increíble.
Hoy sabemos que el universo recién nacido era igual de "perfecto" que nuestra
canica.
Y la gran mayoría de los cosmólogos creen saber cuál fue el proceso cósmico
que lo dejó así de impecable: la inflación cósmica.
Un mecanismo que, en un mero instante, hinchó el Universo primigenio a un
ritmo increíble, "puliendo" así sus propiedades.
Sin embargo, este mecanismo implica, con gran probabilidad, una
consecuencia muchísimo mayor.
Una que resulta muy inquietante para algunos físicos y filósofos: la existencia
de un "multiverso".
La idea de que lo que solemos llamar “nuestro universo" no estaría solo.

La inflación postula que, durante su primera fracción de segundo, el universo se


expandió a un ritmo descomunal.
En apenas 10–30 segundos, una región muchísimo menor que un protón pasó
a tener un tamaño de varios centímetros.
Por supuesto, esto no ocurre porque sí: hay una razón física detrás.
Según la hipótesis inflacionaria, el universo naciente estuvo impregnado de un
campo muy parecido al famoso campo de Higgs.
Ese campo se conoce como "inflatón" y, en los primeros instantes del universo,
tenía una cierta energía.
La relatividad general nos dice que la energía de un campo como el inflatón
hace que el espacio se expanda a un ritmo exponencial.
Así que, mientras el inflatón conservó su energía, el universo experimentó un
estirón frenético.
Es esto lo que explica las propiedades casi perfectas de nuestra "bola
primigenia": dado que toda ella creció a partir de una misma región
microscópica, todos sus puntos "heredaron" las mismas propiedades.
Después de ese estirón inicial, el inflatón se deshizo de su energía, la inflación
se detuvo y, aunque el universo siguió expandiéndose, comenzó a hacerlo al
ritmo mucho más pausado que predice la teoría tradicional del Big Bang.
Así pues, la inflación cósmica nos dice por qué el universo adquirió unas
propiedades casi perfectas nada más nacer.
Sin embargo, no es lo único que predice.
En primer lugar, la inflación nos dice de dónde vienen todas las partículas que
llenan el cosmos.
Esa materia no estaba ahí desde el principio, sino que se creó por la
transferencia de energía del inflatón.
Cuando el inflatón se desprendió de su energía, el estirón inicial del espacio se
frenó y toda esa energía sirvió para crear las partículas que forman nuestro
Universo.
En este sentido, podemos decir que el final de la inflación marca el "nacimiento"
del universo que conocemos: es la inflación lo que explica el origen del Big
Bang tradicional.

En segundo lugar, la inflación también nos dice por qué hay galaxias.
A grandes escalas, las galaxias son como pequeños "grumos" de materia
esparcidos por el gran vacío cósmico; pequeñas imperfecciones que "ensucian"
ese vacío.
Por tanto, para que se formaran, el universo primigenio tuvo que tener algunas
irregularidades para que después la gravedad, concentrando la materia durante
millones de años, formara las galaxias.
Si esas irregularidades iniciales no hubieran existido, el cosmos habría sido
completamente homogéneo, sin galaxias.
La inflación cósmica explica el origen de esas irregularidades iniciales.
Y no es otro que el mismo campo del inflatón: al igual que el campo de Higgs, el
inflatón es un campo cuántico.
Y, como consecuencia, tuvo que experimentar fluctuaciones cuánticas, una
especie de "temblor microscópico".

Hasta ahora hemos considerado fluctuaciones cuánticas pequeñas.


Pero ¿qué pasaría si en algún lugar hubiera una fluctuación con un valor muy
elevado?
¿Una fluctuación tan grande que no solo retrasara un poco el proceso, sino que
hiciera que la inflación no se acabara del todo?
Es poco probable, pero puede ocurrir.
Parecería que podemos despreciar ese efecto, ya que se trata de una
fluctuación cuántica que solo afecta a un pequeñísimo "píxel" de nuestra región
y que solo durará un instante.
Pero no podemos: recuerda que, cuando la energía del inflatón es alta, el
espacio se expande
a un ritmo descomunal.
La clave está en que el vertiginoso ritmo al que se expande el espacio en esos
pocos
"píxeles díscolos" (o desobedientes) gana sobre la tendencia general del
inflatón a desprenderse de su energía.
Es cierto que esto último ocurrirá en algunas regiones, y que, allí donde ocurra,
la inflación se detendrá, la energía del inflatón dará lugar a partículas, y nacerá
un "universo normal".
Sin embargo, esas regiones nacen inmersas en un enorme espacio que se
sigue hinchando y que sigue generando... ¡otros universos!

Así pues, la naturaleza cuántica del inflatón nos dice que, una vez que empieza,
la inflación cósmica podría ser muy difícil de parar globalmente.
En tal caso, lo que llamamos "nuestro universo" no sería más que una "isla de
materia" inmersa en un espacio que se sigue hinchando y que sigue generando
otras "islas de materia".

Este proceso se conoce como "inflación eterna", y el panorama cósmico al que


da lugar como
"multiverso".

LIGO es un Observatorio
de detección de ondas
gravitatorias. Las siglas
provienen del inglés Laser
Interferometer
Gravitational-Wave
Observatory
(Observatorio de ondas
gravitacionales del
interferómetro láser).
En términos generales, se
compone de dos
detectores idénticos (uno
en Hanford, Washington y
el otro en Livingston,
Louisiana). Cada detector
es un interferómetro en forma de L formado por dos túneles de 4 kilómetros de largo
que tienen, al final de ellos, un espejo de 40 kilogramos.
En la teoría de la relatividad general, Einstein predecía que el espacio y el tiempo
eran relativos, que formaban un continuo llamado espacio-tiempo y que la masa
de los objetos hacía que el espacio-tiempo se curvara.
La relatividad general predice las ondas gravitacionales, al igual que cualquier teoría
de la gravitación que obedece a la relatividad especial y por lo tanto los cambios en el
campo gravitatorio se propagan a una velocidad finita. Dado que las ondas
gravitacionales pueden ser detectadas directamente, es posible utilizarlas para
aprender sobre el Universo. Esta es la astronomía de onda gravitatoria. La astronomía
de ondas gravitacionales puede probar la relatividad general comprobando que las
ondas observadas son de la forma predicha (por ejemplo, que solo tienen dos
polarizaciones transversales) y comprobando que los agujeros negros son los objetos
descritos por las soluciones de las ecuaciones de campo de Einstein.
"Estas sorprendentes observaciones son la confirmación de un montón de trabajo
teórico, incluyendo la teoría general de la relatividad de Einstein, que predice las
ondas gravitacionales", dice el físico Stephen Hawking.
En 1927, Georges Lemaître mostró que las soluciones estáticas de las ecuaciones de
Einstein, que son posibles en presencia de la constante cosmológica, son inestables y,
por lo tanto, el universo estático imaginado por Einstein no podría existir (debe
expandirse o contraerse).
Algunas otras pruebas cosmológicas incluyen búsquedas de ondas gravitatorias
primordiales generadas durante la inflación cósmica, que pueden ser detectadas en la
polarización cósmica de fondo de microondas o por un interferómetro de ondas
gravitacionales basado en el espacio llamado Big Bang Observer.

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