Anatomía de la Pared Anterolateral Abdominal
Anatomía de la Pared Anterolateral Abdominal
Fig. 5-3. Subdivisiones de la pared abdominal. Corte transversal del abdomen que muestra diversos aspectos de la pared y
sus componentes. *Los músculos dorsal ancho, relativamente superficial, y psoas mayor, más profundo, son músculos
axioapendiculares que se insertan distalmente en los miembros superior e inferior, respectivamente.
La pared anterolateral del abdomen está limitada superiormente por los cartílagos de las
costillas 7ª a 10ª y el proceso (apófisis) xifoides del esternón, e inferiormente por el ligamento
inguinal y los bordes superiores de las caras anterolaterales de la cintura pélvica (crestas
ilíacas, crestas púbicas y sínfisis púbica) (fig. 5-4 A).
La pared anterolateral del abdomen está formada por la piel, el tejido subcutáneo (fascia
superficial) compuesto principalmente por grasa, los músculos y sus aponeurosis, la fascia
profunda, la grasa extraperitoneal y el peritoneo parietal (fig. 5-4 B). La piel se une laxamente
al tejido subcutáneo, excepto en el ombligo, donde se adhiere con firmeza. La mayor parte
de la pared anterolateral del abdomen incluye tres capas musculotendinosas; los haces de
fibras de cada capa tienen direcciones distintas. Esta estructura trilaminar es parecida a la de
los espacios intercostales del tórax.
Fig. 5-4. Contenido abdominal, en su posición natural, y capas de la pared anterolateral del abdomen. A) Se ha extirpado
la pared anterior del abdomen y los tejidos blandos de la pared anterior del tórax. La mayor parte del intestino está
cubierto, a modo de delantal, por el omento mayor, un repliegue del peritoneo que cuelga desde el estómago. B) Este corte
muestra las capas de la pared anterolateral del abdomen, incluidos los músculos planos trilaminares.
Entre las líneas medioclavicular (LMC) y media, las aponeurosis forman la fuerte vaina del
músculo recto del abdomen, que envuelve al músculo recto del abdomen (fig. 5-6 B). Allí, las
aponeurosis se entrelazan con las del otro lado y forman un rafe (del griego rhaphe, sutura)
en la línea media, la línea alba, que se extiende desde el proceso xifoides hasta la sínfisis del
pubis. La decusación y entrelazamiento de las fibras aponeuróticas no sólo tiene lugar entre
los lados derecho e izquierdo sino también entre las capas superficial e intermedia, y entre
las capas intermedia y profunda.
Los dos músculos verticales de la pared anterolateral del abdomen, envueltos por la vaina de
los músculos rectos, son el recto del abdomen, grande, y el piramidal, pequeño.
Fig. 5-6. Estructura de la pared anterolateral del abdomen. A) Se muestran los intercambios de fibras intramusculares e
intermusculares en el seno de las aponeurosis bilaminares de los músculos oblicuos externo e interno del abdomen. B)
Cortes transversales de la pared por encima y por debajo del ombligo, que muestran la composición de la vaina del músculo
recto del abdomen.
Aunque las fibras más posteriores que parten de la 12ª costilla discurren casi verticales hasta
la cresta ilíaca, las fibras más anteriores se abren en abanico, tomando una dirección cada vez
más medial, de forma que la mayoría de las fibras musculares se orienta inferomedialmente
—en la misma dirección que señalan los dedos cuando se meten las manos en los bolsillos
laterales— y las fibras más anteriores y superiores tienen un curso casi horizontal. Las fibras
musculares se vuelven aponeuróticas aproximadamente en la LMC medialmente y en la línea
espinoumbilical (línea que va desde el ombligo hasta la EIAS) inferiormente, formando una
lámina de fibras tendinosas que se decusan en la línea alba y que en su mayoría se continúan
con las fibras tendinosas del oblicuo interno contralateral (fig. 5-6 A). De este modo, los
músculos oblicuo externo e interno contralaterales forman en conjunto un «músculo
digástrico», un músculo con dos vientres que comparten un tendón central común y trabajan
como una sola unidad. Por ejemplo, el oblicuo externo derecho y el oblicuo interno izquierdo
actúan juntos para flexionar y rotar el tronco de forma que el hombro derecho se orienta
hacia la cadera izquierda (movimiento de torsión del tronco).
Inferiormente, la aponeurosis del oblicuo externo se inserta en la cresta del pubis,
medialmente al tubérculo del pubis. El borde inferior de la aponeurosis del oblicuo externo
está engrosado y forma una banda fibrosa que se curva inferiormente, cuyo borde libre
posterior se extiende entre la EIAS y el tubérculo del pubis, el ligamento inguinal (de Poupart)
(figs. 5-7 B y 5-8).
Fig. 5-8. Pared inferior del abdomen y región inguinal de un varón. La aponeurosis del músculo oblicuo externo se ha
seccionado parcialmente, y el funículo espermático se ha seccionado y extirpado del conducto inguinal.
Piramidal
El piramidal es un músculo triangular pequeño e inconstante que está ausente en un 20 % de
las personas. Se sitúa anterior a la porción inferior del recto del abdomen y se inserta en la
cara anterior del pubis y en el ligamento anterior del pubis. Termina en la línea alba,
especialmente engrosada en una distancia variable por encima de la sínfisis del pubis. El
piramidal tensa la línea alba. Cuando el músculo está presente, los cirujanos utilizan la
inserción del piramidal en la línea alba como punto de referencia para la incisión abdominal
mediana.
Vaina del recto, línea alba y anillo umbilical
La vaina del recto (figs. 5-7 a 5-9) es el compartimento fibroso, fuerte e incompleto, de los
músculos recto del abdomen y piramidal. En la vaina del recto también se encuentran las
arterias y venas epigástricas superior e inferior, vasos linfáticos y las porciones distales de los
nervios toracoabdominales (porciones abdominales de los ramos anteriores de los nervios
espinales T7-T12).
La vaina del músculo recto del abdomen está formada por las aponeurosis entrelazadas y
decusadas de los anterolaterales del abdomen (fig. 5-6 B). La aponeurosis del oblicuo externo
contribuye a la pared anterior de la vaina en toda su longitud. Los dos tercios superiores de
la aponeurosis del oblicuo interno se dividen en dos hojas (láminas) en el borde lateral del
recto del abdomen; una lámina pasa por delante del músculo y la otra por detrás. La hoja
anterior se une a la aponeurosis del oblicuo externo, formando la lámina anterior de la vaina
del recto. La hoja posterior se une a la aponeurosis del transverso abdominal, formando la
lámina posterior de la vaina del recto.
Desde aproximadamente un tercio de la distancia entre el ombligo y la cresta del pubis, las
aponeurosis de los tres músculos planos pasan anteriores al recto del abdomen para formar
la lámina anterior de la vaina del músculo recto del abdomen, y sólo la fascia transversal,
relativamente delgada, cubre posteriormente el recto del abdomen. Una línea arqueada (fig.
5-9) marca la transición entre la pared aponeurótica posterior de la vaina, que cubre los tres
cuartos superiores del recto del abdomen, y la fascia transversal que cubre el cuarto inferior.
En toda la longitud de la vaina, las fibras de sus hojas anterior y posterior se entrelazan en la
línea media anterior para formar la compleja línea alba.
La hoja posterior de la vaina del músculo recto también está ausente por encima del arco
costal debido a que el transverso del abdomen se continúa superiormente como músculo
transverso del tórax, que se sitúa internamente respecto a los cartílagos costales (fig. 4-14), y
a que el recto del abdomen se fija al arco costal. Por tanto, superior al arco costal el recto del
abdomen descansa directamente sobre la pared torácica (fig. 5-9 B).
La línea alba, que recorre verticalmente toda la longitud de la pared anterior del abdomen y
separa las vainas bilaterales de los rectos (fig. 5-7 A), se estrecha inferiormente al ombligo,
adoptando la anchura de la sínfisis púbica, y se ensancha superiormente, con la anchura del
proceso xifoides del esternón. A través de la línea alba pasan pequeños vasos y nervios para
la piel. En las personas delgadas y musculosas puede observarse un surco en la piel que
recubre la línea alba. En su centro, subyacente al ombligo, esta línea contiene el anillo
umbilical, un defecto en la línea a través del cual pasan los vasos umbilicales fetales entre el
cordón umbilical y la placenta. Todas las capas de la pared anterolateral del abdomen se
fusionan en el ombligo. Después del nacimiento se acumula grasa en el tejido subcutáneo, la
piel que rodea al anillo umbilical va levantándose y el ombligo se deprime. Esto tiene lugar
entre 7 y 14 días después del nacimiento, cuando «se cae» el cordón umbilical atrófico.
La acción conjunta de los músculos oblicuos y transversos de ambos lados forma una faja
muscular que ejerce una presión firme sobre las vísceras abdominales. La participación del
recto del abdomen en esta acción es escasa o nula. Al comprimir las vísceras abdominales y
aumentar la presión intraabdominal, elevan el diafragma relajado para expulsar el aire
durante la respiración, y de forma más forzada para la tos, el estornudo, sonarse la nariz, el
eructo voluntario, el grito, etc. Cuando el diafragma se contrae durante la inspiración, la pared
anterolateral del abdomen se expande a medida que se relajan sus músculos, a fin de dejar
espacio a las vísceras, como el hígado, que se ven empujadas inferiormente. La acción
combinada de los músculos anterolaterales también produce la fuerza necesaria para la
defecación, la micción, el vómito y el parto. Al levantar objetos pesados se produce asimismo
un aumento de la presión intraabdominal (y de la intratorácica), y en ocasiones la fuerza
resultante provoca una hernia.
Los músculos anterolaterales del abdomen también intervienen en los movimientos del
tronco a nivel de las vértebras lumbares y controlan la inclinación de la pelvis para mantener
la postura en bipedestación (lordosis lumbar de reposo). Por ello, el fortalecimiento de la
musculatura de la pared anterolateral del abdomen mejora la postura erecta y en
sedestación. El múscu lo recto del abdomen es un potente flexor de las regiones torácica y,
sobre todo, lumbar de la columna vertebral, acercando el arco costal anterior y la cresta del
pubis. Los músculos abdominales oblicuos también colaboran a los movimientos del tronco,
especialmente la flexión lateral de las vértebras lumbares y la rotación de la columna
vertebral lumbar y torácica baja. Es probable que el transverso del abdomen no ejerza efectos
apreciables sobre la columna vertebral.
Vascularización e inervación de la pared anterolateral del abdomen
Dermatomas de la pared anterolateral del abdomen
El mapa de los dermatomas de la pared anterolateral del abdomen es prácticamente idéntico
a la distribución de los nervios periféricos (fig. 5-10). Esto es así debido a que los ramos
anteriores de los nervios espinales T7-T12, que inervan la mayor parte de la pared abdominal,
no participan en la formación de plexos. Se produce una excepción a nivel de L1, donde el
ramo anterior de L1 se bifurca en dos nervios periféricos. Cada dermatoma empieza
posteriormente sobre el foramen (agujero) intervertebral por donde el nervio espinal
abandona la columna vertebral y sigue la inclinación de las costillas rodeando el tronco. El
dermatoma T10 incluye el ombligo, mientras que el dermatoma L1 incluye la región inguinal.
Fig. 5-10. Inervación de la pared abdominal anterolateral. A) Dermatomas y nervios de la pared anterolateral del
abdomen. B) Plano neurovascular (trayecto) de las ramas nerviosas lumbares. A, aorta; GS, ganglios simpáticos del tronco
simpático; RC, rama comunicante; RD, rama dorsal.
Nervios de la pared anterolateral del abdomen
La piel y los músculos de la pared anterolateral del abdomen están inervados principalmente
por los nervios siguientes (figs. 5-9 A y 5-10; tabla 5-3):
Las venas cutáneas que rodean el ombligo se anastomosan con las venas paraumbilicales,
pequeñas tributarias de la vena porta hepática que corren paralelas a la vena umbilical
obliterada (ligamento redondo del hígado). Entre la vena epigástrica superficial (una tributaria
de la vena femoral) y la vena torácica lateral (una tributaria de la vena axilar) puede existir —
o aparecer como resultado de un flujo venoso alterado— un conducto anastomótico
superficial lateral, relativamente directo: la vena toracoepigástrica. Las venas más profundas
de la pared anterolateral del abdomen acompañan a las arterias, con las que comparten
nombre. Puede estar presente, o desarrollarse, una anastomosis venosa medial, más
profunda, entre la vena epigástrica inferior (una tributaria de la vena ilíaca externa) y las venas
epigástrica superior/ torácica interna (tributarias de la vena subclavia). Las anastomosis
superficiales y profundas pueden permitir la circulación colateral durante el bloqueo de
alguna de las venas cavas.
Los principales vasos sanguíneos (arterias y venas) de la pared anterolateral del abdomen son:
• Los epigástricos superiores y las ramas de los vasos musculofrénicos, de los vasos
torácicos internos.
• Los epigástricos inferiores y los vasos circunflejos ilíacos profundos, de los vasos
ilíacos externos.
• Los circunflejos ilíacos superficiales y los epigástricos superficiales, de la arteria
femoral y la vena safena magna, respectivamente.
• Los vasos intercostales posteriores, del 11º espacio intercostal y las ramas anteriores
de los vasos subcostales.
La irrigación arterial de la pared anterolateral del abdomen se ilustra en la figura 5-12 y se
resume en la tabla 5-4. La distribución de los vasos sanguíneos abdominales profundos refleja
la disposición de los músculos: los vasos de la pared anterolateral del abdomen siguen un
patrón oblicuo circunferencial (similar al de los vasos intercostales; fig. 5-11), mientras que
los vasos de la pared abdominal anterior central presentan una orientación más vertical.
Fig. 5-12. Arterias de la pared anterolateral del abdomen. A) Distribución de las arterias. B) Plano neurovascular (trayecto)
de las arterias profundas de la pared abdominal. A, aorta; AEI, arteria epigástrica inferior; AL, arteria lumbar.
La arteria epigástrica superior, continuación directa de la arteria torácica interna, entra en la
vaina del músculo recto del abdomen superiormente, a través de su lámina posterior; irriga
la parte superior del recto del abdomen y se anastomosa con la arteria epigástrica inferior,
aproximadamente en la región umbilical (fig. 5-9; tabla 5-4).
La arteria epigástrica inferior se origina en la arteria ilíaca externa justo superior al ligamento
inguinal. Discurre superiormente por la fascia transversal para entrar en la vaina del músculo
recto del abdomen inferior a la línea arqueada. Entra en la porción inferior del recto del
abdomen y se anastomosa con la arteria epigástrica superior (fig. 5-9).
El drenaje linfático de la pared anterolateral del abdomen sigue los patrones siguientes (fig.
5-11):
• Los vasos linfáticos superficiales acompañan a las venas subcutáneas; los que se
encuentran por encima del plano transumbilical drenan principalmente en los
nódulos linfáticos axilares, aunque unos pocos drenan en los nódulos linfáticos
paraesternales. Los vasos linfáticos superficiales situados por debajo del plano
transumbilical drenan en los nódulos linfáticos inguinales superficiales.
• Los vasos linfáticos profundos acompañan a las venas profundas de la pared
abdominal y drenan en los nódulos linfáticos ilíacos externos, ilíacos comunes y
lumbares derechos e izquierdos (de la cava y aórticos).
Superficie interna de la pared anterolateral del abdomen
La superficie interna (posterior) de la pared anterolateral del abdomen está cubierta por la
fascia transversal, una cantidad variable de grasa extraperitoneal y el peritoneo parietal (fig.
5-13). La parte infraumbilical de esta superficie presenta cinco pliegues umbilicales
peritoneales que se dirigen hacia el ombligo, uno en el plano medio y dos a cada lado:
Las depresiones laterales a los pliegues umbilicales son las fosas peritoneales, que son
posibles zonas de hernias. Las hernias se clasifican en función de la fosa en que se localizan.
Las fosas poco profundas situadas entre los pliegues umbilicales son:
• Las fosas supravesicales, entre los pliegues umbilicales medio y mediales, formadas
cuando el peritoneo se refleja desde la pared anterior del abdomen sobre la vejiga
urinaria. El nivel de las fosas supravesicales asciende o desciende de acuerdo con el
llenado o vaciado de la vejiga.
• Las fosas inguinales mediales, situadas entre los pliegues umbilicales mediales y
laterales, suelen denominarse triángulos inguinales (triángulos de Hesselbach), y es
donde pueden producirse hernias inguinales directas, menos habituales.
• Las fosas inguinales laterales, laterales a los pliegues umbilicales laterales, incluyen
los anillos inguinales profundos y en ellas puede producirse el tipo más frecuente de
hernia de la pared inferior del abdomen, la hernia inguinal indirecta.
La porción supraumbilical de la superficie interna de la pared abdominal anterior presenta
una reflexión peritoneal orientada sagitalmente, el ligamento falciforme, que se extiende
entre la pared abdominal anterior y el hígado. Circunda el ligamento redondo del hígado y las
venas paraumbilicales en su borde inferior libre. El ligamento redondo es un resto fibroso de
la vena umbilical, que iba desde el ombligo al hígado durante la vida embrionaria (fig. 5-13).
Región inguinal
La región inguinal, o ingle, se extiende entre la EIAS y el tubérculo del pubis. Es una zona de
importancia anatómica y clínica: anatómicamente, porque hay estructuras que entran y salen
de la cavidad abdominal, y desde un punto de vista clínico porque las vías de entrada y salida
son zonas de posible herniación.
Aunque los testículos se localizan en el periné después del nacimiento, la gónada masculina
se forma originalmente en el abdomen. Su reubicación fuera del abdomen, en el periné, a
través del conducto inguinal, explica muchas de las características estructurales de la región.
Tradicionalmente, el testículo y el escroto suelen diseccionarse y estudiarse en relación con
la pared anterior del abdomen y la región inguinal. Por dicho motivo, la anatomía masculina
se aborda con más detalle en esta sección.
Ligamento inguinal y tracto iliopúbico
Muchas articulaciones que poseen un amplio rango de movimientos se asocian a bandas
fibrosas engrosadas, o retináculos, que fijan estructuras al esqueleto durante las distintas
posiciones que adopta la articulación. El ligamento inguinal y el tracto iliopúbico, que se
extienden desde la EIAS hasta el tubérculo del pubis, constituyen un retináculo bilaminar
anterior (flexor) de la articulación coxal (figs. 5-13 y 5-14). El retináculo se extiende sobre el
espacio subinguinal, a través del cual pasan los flexores de la cadera y las estructuras
vasculonerviosas de la mayor parte del miembro inferior. Estas bandas fibrosas son la porción
engrosada más inferolateral de la aponeurosis del oblicuo externo del abdomen y el borde
inferior engrosado de la fascia transversal. Son unos de los principales puntos de referencia
de la región.
El ligamento inguinal es una densa banda que forma la parte más inferior de la aponeurosis
del oblicuo externo. Aunque la mayoría de las fibras del extremo medial del ligamento
inguinal se insertan en el tubérculo del pubis, algunas tienen otros recorridos (fig. 5-14):
Fig. 5-14. Estructuras de la región inguinal. El ligamento inguinal es el borde inferior engrosado y enrollado hacia atrás del
músculo oblicuo externo del abdomen, formando un retináculo que se extiende sobre el espacio subinguinal. El anillo
inguinal superficial es un foramen rasgado entre los pilares medial y lateral de la aponeurosis del músculo oblicuo externo,
atravesado por fibras intercrurales.
Fig. 5-15. Conducto inguinal y funículo espermático. A) Se muestran las capas de la pared del abdomen y las cubiertas del
funículo espermático y del testículo derivadas de las primeras. B) Corte sagital de la pared anterior del abdomen y del
conducto inguinal por el plano que se muestra en la figura A.
El conducto inguinal tiene dos paredes (anterior y posterior), techo y suelo (figs. 5-8 y 5-15 A
y B):
• Pared anterior: formada por la aponeurosis del oblicuo externo del abdomen a lo
largo de todo el conducto; la porción lateral está reforzada por fibras del oblicuo
interno del abdomen.
• Pared posterior: formada por la fascia transversal; la porción medial está reforzada
por inserciones púbicas de las aponeurosis del oblicuo interno y del transverso del
abdomen que a menudo se fusionan, en grado variable, en una falce inguinal
(tendón conjunto u hoz inguinal), y por el ligamento inguinal reflejo.
• Techo: formado lateralmente por la fascia transversal, centralmente por los arcos
musculoaponeuróticos de los músculos oblicuo interno y transverso del abdomen, y
medialmente por el pilar medial de la aponeurosis del oblicuo externo del abdomen.
• Suelo: formado lateralmente por el tracto iliopúbico, centralmente por el surco del
ligamento inguinal replegado, y medialmente por el ligamento lacunar.
El ligamento inguinal y el tracto iliopúbico, que cubren el foramen miopectíneo (fig. 5-13),
definen los límites inferiores del conducto inguinal y sus aberturas. El triángulo inguinal
separa estas formaciones de las estructuras de la vaina femoral (vasos femorales y conducto
femoral) que atraviesan la porción medial del espacio subinguinal. La mayoría de las hernias
en la región de la ingle en el hombre pasan superiormente al tracto iliopúbico (hernias
inguinales), mientras que en la mujer la mayoría pasan inferiormente (hernias femorales).
Debido a su relativa debilidad, en muchas reparaciones de hernias se recubre el foramen
miopectíneo con una malla protésica situada en el espacio retroinguinal extraperitoneal
(«espacio de Bogros»).
Desarrollo del conducto inguinal
Los testículos se desarrollan en el tejido conectivo extraperitoneal de la región lumbar
superior de la pared posterior del abdomen (fig. 5-16 A). El gubernáculo masculino es un
tracto fibroso que conecta el testículo primitivo con la pared anterolateral del abdomen en
el punto donde se localizará el anillo profundo del conducto inguinal. Un divertículo
peritoneal, el proceso vaginal, atraviesa el conducto inguinal en desarrollo, transportando
láminas musculares y fasciales de la pared anterolateral del abdomen al entrar en el escroto
primitivo. Hacia la semana 12, el testículo está en la pelvis y hacia la semana 28 (7º mes) se
encuentra cerca del anillo inguinal profundo en formación (fig. 5-16 B). El testículo empieza a
atravesar el conducto inguinal durante la semana 28, y tarda en torno a 3 días en cruzarlo.
Aproximadamente 4 semanas después, el testículo entra en el escroto (fig. 5-16 C). A medida
que el testículo, su conducto (el conducto deferente) y sus vasos y nervios se desplazan, se
rodean de extensiones musculofasciales de la pared anterolateral del abdomen, lo que explica
la presencia de sus derivados en el escroto adulto: las fascias espermáticas interna y externa,
y el músculo cremáster (fig. 5-15). Normalmente, el tallo del proceso vaginal degenera; sin
embargo, su porción sacular distal forma la túnica vaginal, la vaina serosa del testículo y el
epidídimo.
Fig. 5-16. Formación de los conductos inguinales y reubicación de los testículos. A) En un embrión de 7 semanas, el
testículo está fijado a la pared posterior del abdomen. B) En el feto de 28 semanas (séptimo mes) se observa el proceso
vaginal y el testículo atravesando el conducto inguinal. El testículo pasa posterior al proceso vaginal, no a través de él. C) En
un recién nacido ya ha tenido lugar el cierre del tallo del proceso vaginal. Los restos del proceso vaginal han formado la
túnica vaginal del testículo. El resto del gubernáculo ha desaparecido.
Los ovarios también se desarrollan en la región lumbar superior de la pared posterior del
abdomen y se desplazan hasta la pared lateral de la pelvis (fig. 5-17). El proceso vaginal del
peritoneo atraviesa la fascia transversal a nivel del anillo inguinal profundo, formando el
conducto inguinal como en el varón, y protruye en el labio pudendo mayor en desarrollo, que
es el homólogo (la parte correspondiente a) femenino del escroto.
El gubernáculo femenino, un cordón fibroso que conecta el ovario y el útero primitivo con el
labio pudendo mayor en desarrollo, está representado en la vida posnatal por el ligamento
propio del ovario, entre el ovario y el útero, y el ligamento redondo del útero, que se
extiende desde la cara superolateral («asta») del útero a través del anillo inguinal superficial.
Debido a las inserciones de los ligamentos propios de los ovarios al útero, los ovarios no se
desplazan hasta la región inguinal; no obstante, el ligamento redondo pasa a través del
conducto inguinal y se fija al tejido subcutáneo del labio pudendo mayor anterior (fig. 5-17 B
y C).
Excepto en su porción más inferior, que se convierte en un saco seroso que envuelve al
testículo, la túnica vaginal, el proceso vaginal se oblitera hacia el 6º mes de desarrollo fetal.
El conducto inguinal femenino es más estrecho que el del varón, y el de los lactantes de ambos
sexos es más corto y mucho menos oblicuo que el de los adultos. En los lactantes, los anillos
inguinales superficiales se sitúan casi directamente anteriores a los anillos inguinales
profundos.
Fig. 5-17. Formación de los conductos inguinales femeninos. A) A los 2 meses, las gónadas indiferenciadas (ovarios
primitivos) se encuentran en la pared posterior del abdomen. B) A las 15 semanas, los ovarios han descendido hasta la
pelvis mayor. El proceso vaginal (no representado) pasa a través de la pared del abdomen, formando el conducto inguinal
de cada lado como en el feto masculino. El ligamento redondo pasa a través del conducto y se fija al tejido subcutáneo del
labio pudendo mayor. C) En la recién nacida, el proceso vaginal ha degenerado, pero el ligamento redondo persiste y pasa a
través del conducto inguinal.
La fascia cremastérica contiene haces del músculo cremáster, el cual está formado por los
fascículos más inferiores del músculo oblicuo interno del abdomen que surgen del ligamento
inguinal (figs. 5-8 y 5-15 A). El músculo cremáster eleva el testículo de manera refleja dentro
del escroto, en particular en respuesta al frío. En un ambiente cálido, como en un baño
caliente, el cremáster se relaja y el testículo desciende profundamente dentro del escroto.
Ambas respuestas tienen lugar en un intento de regular la temperatura del testículo para la
espermatogénesis (formación de espermatozoides), que requiere una temperatura
constante de aproximadamente 1 °C por debajo de la temperatura corporal central, o durante
la actividad sexual como respuesta protectora. El cremáster actúa en conjunción con el
músculo dartos, un músculo liso del tejido subcutáneo carente de grasa del escroto (túnica
dartos), que se inserta en la piel. El dartos ayuda a la elevación testicular al producir la
contracción de la piel del escroto en respuesta a esos mismos estímulos. El cremáster está
inervado por el ramo genital del nervio genitofemoral (L1, L2), un derivado del plexo lumbar
(fig. 5-19).
El cremáster es un músculo estriado, con inervación somática, mientras que el dartos es un
músculo liso que recibe inervación autónoma. Los revestimientos correspondientes a los del
funículo espermático son indistintos alrededor del ligamento redondo. Los componentes del
funículo espermático son (figs. 5-19 y 5-21; tabla 5-6):
• El ramo genital del nervio genitofemoral (L1, L2), que inerva la cara anterolateral.
• Los nervios escrotales anteriores, ramos del nervio ilioinguinal (L1), que inervan la
cara anterior.
• Los nervios escrotales posteriores, ramos del ramo perineal del nervio pudendo (S2-
S4), que inervan la cara posterior.
• Los ramos perineales del nervio cutáneo femoral posterior (S2, S3), que inervan la
cara posteroinferior.
Testículos
Los testículos son las gónadas masculinas: glándulas reproductoras ovoides pares, que
producen espermatozoides y hormonas, principalmente testosterona (fig. 5-20). Los
testículos están suspendidos en el escroto por los funículos espermáticos, de forma que el
testículo izquierdo suele encontrarse suspendido más abajo que el derecho.
Fig. 5-20. Túnica vaginal (abierta). La parte distal del contenido del funículo espermático, el epidídimo, y la mayor parte del
testículo, están envueltos por un saco colapsado, la túnica vaginal. En consecuencia, el testículo y el epidídimo —
recubiertos directamente por la capa visceral de la túnicav son móviles en el interior del escroto. La capa parietal, externa,
reviste la continuación peritesticular de la fascia espermática interna.
La superficie de cada testículo está cubierta por la capa visceral de la túnica vaginal, excepto
en la zona donde el testículo se une al epidídimo y al funículo espermático. La túnica vaginal
es un saco peritoneal cerrado que rodea parcialmente al testículo, y que representa la parte
distal cerrada del proceso vaginal embrionario. La capa visceral de la túnica vaginal está
íntimamente unida al testículo, al epidídimo y a la porción inferior del conducto deferente.
Entre el cuerpo del epidídimo y la cara posterolateral de los testículos se encuentra el seno
del epidídimo, un receso en forma de hendidura de la túnica vaginal.
La capa parietal de la túnica vaginal, adyacente a la fascia espermática interna, es más amplia
que la capa visceral y se extiende superiormente, a una corta distancia, por la porción distal
del funículo espermático. Una pequeña cantidad de líquido en la cavidad de la túnica vaginal
separa las capas visceral y parietal, y permite que el testículo se mueva libremente en el
escroto.
Los testículos tienen una superficie externa fibrosa resistente, la túnica albugínea, que se
engrosa y forma una cresta en su cara posterior interna, el mediastino testicular (fig. 5-21).
Desde esta cresta interna parten septos fibrosos que se extienden hacia dentro entre
lobulillos de túbulos seminíferos, minúsculos pero largos y muy enrollados, donde se
producen los espermatozoides. Los túbulos seminíferos se unen mediante túbulos
seminíferos rectos a la red testicular, una red de conductos en el mediastino del testículo.
Fig. 5-21. Estructuras del testículo y el epidídimo. Se han eliminado las cubiertas del testículo y un cuadrante para mostrar
el contenido del funículo espermático distal, características del epidídimo y detalles de la estructura interna del testículo. La
cavidad de la túnica vaginal —que en realidad es un espacio virtual— se ha exagerado mucho.
Las largas arterias testiculares se originan en la cara anterolateral de la aorta abdominal justo
inferiores a las arterias renales (fig. 5-19). Discurren retroperitonealmente (posteriores al
peritoneo) en dirección oblicua, cruzando sobre los uréteres y la porción inferior de las
arterias ilíacas externas hasta alcanzar los anillos inguinales profundos. Entran en los
conductos inguinales a través de los anillos profundos, atraviesan los conductos, los
abandonan a través de los anillos superficiales, y entran en el funículo espermático para irrigar
los testículos. La arteria testicular, o una de sus ramas, se anastomosa con la arteria del
conducto deferente.
Las venas que emergen del testículo y el epidídimo forman el plexo venoso pampiniforme,
una red de entre 8 y 12 venas que se sitúan anteriores al conducto deferente y rodean la
arteria testicular en el funículo espermático (fig. 5-21). El plexo pampiniforme forma parte del
sistema termorregulador del testículo (junto con los músculos cremáster y dartos), que ayuda
a mantener constante la temperatura de esta glándula. Las venas del plexo pampiniforme
confluyen superiormente, formando la vena testicular derecha, que desemboca en la vena
cava inferior (VCI), y la vena testicular izquierda, que drena en la vena renal izquierda.
El drenaje linfático del testículo acompaña a la arteria y la vena testiculares hasta los nódulos
linfáticos lumbares derechos e izquierdos (de la vena cavaaórticos) y los nódulos linfáticos
preaórticos (fig. 5-19). Los nervios autónomos del testículo proceden del plexo nervioso
testicular situado sobre la arteria testicular, que contiene fibras parasimpáticas vagales,
aferentes viscerales y simpáticas del segmento T10-T11 de la médula espinal, fibras viscerales
aferentes y quizá fibras vagales parasimpáticas. Las fibras autónomas también pueden llegar
al testículo a través del plexo deferente.
Epidídimo
El epidídimo es una estructura alargada, situada en la cara posterior del testículo (fig. 5-20).
Los conductillos eferentes del testículo transportan, desde la red testicular hacia el
epidídimo, los espermatozoides recién formados. El epidídimo está formado por sinuosidades
diminutas del conducto del epidídimo, tan compactadas que tienen un aspecto macizo (fig.
5-21). El conducto se va volviendo progresivamente más pequeño a medida que pasa desde
la cabeza del epidídimo, sobre la parte superior del testículo, hasta su cola. Durante el largo
recorrido de este conducto, los espermatozoides se almacenan y siguen madurando. El
epidídimo está formado por:
• Cabeza: la porción superior ensanchada, compuesta por lobulillos formados por los
extremos enrollados de 12 a 14 conductillos eferentes.
• Cuerpo: el conducto sinuoso del epidídimo.
• Cola: se continúa con el conducto deferente, que transporta los espermatozoides
desde el epidídimo al conducto eyaculador para su expulsión a través de la uretra
durante la eyaculación.
Anatomía de superficie de la pared anterolateral del abdomen
El ombligo es un rasgo evidente de la pared anterolateral del abdomen. Es un vestigio del sitio
de unión del cordón umbilical y un punto de referencia del plano transumbilical (fig. 5-22).
Esta excavación fruncida de la piel del centro de la pared anterior del abdomen se encuentra
típicamente al nivel del disco intervertebral entre las vértebras L3 y L4. Sin embargo, su altura
en la pared varía considerablemente, y es más baja cuando la grasa subcutánea abdominal es
abundante. Sin importar su nivel, el ombligo descansa en el dermatoma T10. La fosa
epigástrica es una ligera depresión de la región epigástrica, justo inferior al proceso xifoides.
Esta fosa es especialmente visible cuando el sujeto se encuentra en posición supina, ya que
los órganos abdominales se extienden, tirando posteriormente de la pared anterolateral del
abdomen en esta región.
Fig. 5-22. Anatomía de superficie de la pared anterolateral del abdomen.
El dolor provocado por la pirosis («ardor de estómago», debido al reflujo de ácido gástrico
hacia el esófago) suele percibirse en esta zona. Los cartílagos costales 7º a 10º se unen a cada
lado de la fosa epigástrica; sus bordes mediales forman el arco costal. Aunque la cavidad
abdominal se extiende más arriba, el arco costal es la divisoria entre las porciones torácica y
abdominal de la pared corporal. Cuando una persona se encuentra en posición supina, puede
observarse el ascenso y descenso de la pared abdominal con la respiración: superiormente
con la inspiración e inferiormente con la espiración. Los músculos rectos del abdomen pueden
palparse y observarse cuando se solicita a una persona acostada que levante la cabeza y los
hombros contra resistencia.
La localización de la línea alba es visible en individuos delgados gracias al surco vertical de la
piel que hay sobre ese rafe. Normalmente el surco es visible debido a que por encima del
ombligo la línea alba tiene aproximadamente 1 cm de anchura entre las dos partes del recto
del abdomen. Por debajo del ombligo, la línea alba no está señalada por un surco. Algunas
mujeres embarazadas, especialmente aquellas con pelo y complexión morena, tienen una
línea intensamente pigmentada, la línea negra, en la piel de la línea media exterior a la línea
alba. Después del embarazo, el color de esta línea se atenúa.
En el extremo inferior de la línea alba pueden notarse los bordes superiores de los huesos
púbicos (cresta del pubis) y la articulación cartilaginosa que los une (sínfisis del pubis). El
pliegue inguinal es un surco oblicuo poco profundo que se encuentra por encima del
ligamento inguinal en su recorrido entre la EIAS y el tubérculo del pubis. La cresta ilíaca ósea,
a nivel de la vértebra L4, es fácilmente palpable mientras discurre posteriormente desde la
EIAS. La cresta del pubis, los pliegues inguinales y las crestas ilíacas definen el límite inferior
de la pared abdominal anterior, separándola centralmente del periné y lateralmente de los
miembros inferiores (muslos).
Las líneas semilunares son unas marcas lineales de la piel, ligeramente curvas, que se
extienden desde el arco costal inferior, cerca de los novenos cartílagos costales hasta los
tubérculos púbicos. Estos surcos cutáneos semilunares (5-8 cm desde la línea media) son
clínicamente relevantes debido a que son paralelos a los bordes laterales de la vaina de los
rectos.
En la piel que se encuentra por encima de las intersecciones tendinosas del recto del abdomen
también se aprecian surcos, que son claramente visibles en personas con unos rectos bien
desarrollados. Los vientres entrelazados de los músculos serrato anterior y oblicuo interno
también son visibles.
La localización del ligamento inguinal está indicada por el surco inguinal, un surco de la piel
paralelo y justo inferior al ligamento inguinal. El surco puede visualizarse fácilmente haciendo
que una persona deje caer la pierna hacia el suelo mientras se encuentra en decúbito sobre
la mesa de exploración. El surco inguinal marca la división entre la pared anterolateral del
abdomen y el muslo.