PRINCIPIO DE CONTRADICCION
El principio de contradicción o principio contradictorio, en el Derecho procesal, es
un principio jurídico fundamental del proceso judicial moderno. Implica la necesidad de
una dualidad de partes que sostienen posiciones jurídicas opuestas entre sí, de manera
que el tribunal encargado de instruir el caso y dictar sentencia no ocupa ninguna
postura en el litigio, limitándose a juzgar de manera imparcial acorde a las pretensiones
y alegaciones de las partes.
Según este principio, el proceso es una controversia entre dos partes contrapuestas:
el demandante y el demandado. El juez, por su parte, es el árbitro imparcial que debe
decidir en función de las alegaciones de cada una de las partes.
Este principio suele aplicarse más en Derecho privado que en Derecho público (dada la
igualdad existente entre las partes, y la idea de no injerencia en asuntos privados). Sin
embargo, en ordenamientos de Derecho anglosajón, es habitual que el principio
funcione también para el ámbito de Derecho penal, siendo entonces el demandante
la fiscalía. El juez, una vez más, sería una parte independiente del proceso.
Por otro lado, el principio de contradicción exige que ambas partes puedan tener los
mismos derechos de ser escuchados y de practicar pruebas, con la finalidad de que
ninguna de las partes se encuentre indefensa frente a la otra. Requiere de una
igualdad.
El principio de contradicción se encuentra consagrado en el artículo 13 del código de
procedimiento penal, teniendo su sustento en el artículo 29 de la constitución nacional
y se relaciona con el artículo 13 de la misma, que se refiere al derecho a la igualdad.
Sin embargo a pesar de estar tácitamente expresado en el código de procedimiento
penal, y la ley estatutaria de la justicia no quiere decir que solo en él se vea reflejado,
pues es un principio general de las pruebas y por ende aplica en todos los campos del
derecho, así no esté tácitamente puesto en todas las normatividades.
PRINCIPIO DE CONCENTRACIÓN
Como su nombre indica, el principio de concentración consiste en la concentración del
mayor número posible de actuaciones. Puede referirse solamente a la práctica de los
medios probatorios o a la exposición de los hechos y a la subsiguiente prueba. A nadie
se le oculta las ventajas que puede suponer la reunión de diversas actuaciones. A las
partes les permite alegar, contestar, probar y concluir sobre la marcha, con la frescura
de la información reciente, a la vista de los hechos y de las pruebas de la contraria. Al
tribunal le facilita la valoración del material fáctico y probatorio aportado por los
litigantes, unido, como vimos antes, a la inmediación.
Dos características destacan en este principio. La primera, su relación con la oralidad;
difícilmente un procedimiento escrito permite la concentración de actuaciones, pues hay
que esperar a la presentación de un escrito para, tras su detenido examen, preparar la
adecuada contestación también escrita, dentro de un plazo, y así sucesivamente. La
segunda, igualmente relacionada con la oralidad, es la conveniencia de la
concentración para asuntos no excesivamente complejos (por ejemplo, en el actual
juicio verbal civil, no en el ordinario en el que se ventila otro tipo de asuntos).
PRINCIPIO DE LA PUBLICIDAD
La publicidad del proceso es una conquista del liberalismo. Surge en oposición al
secreto característico de la acción del Estado en el Antiguo Régimen. Frente al proceso
inquisitivo se propugna la publicidad del proceso, como garantía para el individuo
sometido a juicio, y como instrumento de control de la actividad jurisdiccional. Como ha
señalado AUBY, el principio de publicidad refleja una cierta concepción de la
democracia, que aparece como un régimen de luz excluyendo el secreto del lado de las
autoridades públicas.
Para la jurisprudencia tampoco ha pasado desapercibida la vinculación entre la
publicidad procesal y la noción de Estado de Derecho. El Tribunal Europeo de
Derechos Humanos, por ejemplo, ha señalado que el principio de publicidad de los
procesos integra el contenido del derecho a un proceso con todas las garantías,
elemento esencial del proceso equitativo, básico en una sociedad democrática.
El principio de publicidad en los procesos penales se sustenta en tres pilares
esenciales:
a) Proteger a las partes de una justicia sustraída del control público;
b)Mantener la confianza de la comunidad en los Tribunales;
c) Evitar que el acusado vea limitado su derecho a la defensa al desconocer las
actuaciones sumariales y estar impedido, por ello, de aportar elementos de prueba que
aclaren o desvirtúen las que se acumulan en su disfavor.
Junto a esta función de garantía para el justiciable, la publicidad desempeñaba una
importante función como instrumento de control de la sumisión del juez a la ley. Como
ha señalado PEDRAZ PENALVA, con la presencia en las actuaciones judiciales de
elementos no intervinientes en ellas se refuerza el control de la generalidad de la ley y
de su efectiva y general aplicación.
PRINCIPIO DE LA NECESIDAD DE LA PRUEBA
Según este principio, la inmensa, la abrumadora mayoría de las decisiones judiciales
(que son las que involucran hechos) deben estar soportadas en pruebas. No puede
decidirse en contra de una de las partes, sólo por lo que afirme la otra. Es necesario
que las proposiciones (hechos alegados por las partes) sean confirmados por las
pruebas. Tampoco puede decidirse con base en el conocimiento privado del juez, pues
ello privaría a las partes de la oportunidad para controvertir las pruebas.
La necesidad de la prueba es una noción que comprende hechos que deben ser
materia de prueba sin tener en cuenta a quien le corresponde suministrarla, por ello es
objetiva, y se refiere a ciertos y determinados hechos, es decir, aquellos que en cada
proceso deben probarse, en este orden de ideas se le identifica a la necesidad de la
prueba como concreta.
Este Principio representa una inapreciable garantía para la libertad y los derechos del
individuo, que de otra manera estarían en manos de Jueces parcializados y a merced
de decisiones que no podrían ser revisadas por el Superior o Juzgado de Alzada. Ahora
bien, cuando el hecho es notorio, por el contrario, la Ley exime su prueba, pero no
porque el Juez lo conozca privadamente, sino porque pertenece al conocimiento público
en el medio social donde ocurrió o donde se tramita el proceso; por ello, no se trata de
aplicar un conocimiento personal de aquel, sino de reconocerlo como cierto en virtud de
esa peculiar condición que es conocida.
La prueba es esencial y fundamental, y el funcionario jurisdiccional sólo obtiene
conocimiento de ella a través de los medios debidamente allegados al proceso.
Es por tanto que el principio de la necesidad de la prueba es lo que se requiere en un
proceso determinado por constituir los presupuestos fácticos de las pretensiones o
excepciones
Los elementos sobre la necesidad de la prueba esta constituidos de diferente manera,
si se trata de un proceso voluntario por no existir controversia, le corresponde al
interesado demostrar los hechos que sustentan su pedimento y si se trata de un
proceso contencioso la necesidad de la prueba se constituye por los hechos
controvertidos, aquellos sobre los cuales no hay acuerdo entre las partes.
Los hechos que no deben probarse son: admitidos, indefinidos, notorios, presumidos,
prohibidos y los amparados en cosa juzgada.
PRINCIPIO DE ADQUISICION DE LA PRUEBA
Pero el principio de comunidad de la prueba, muchos lo equiparan con el de adquisición
de la prueba. Sin embargo, entendemos por el principio de la adquisición de la prueba,
aquel conforme al cual, una vez incorporadas las pruebas al proceso, éstas entran a
formar parte del mismo y no le es dado a quien la aportó al proceso, ni a ningún otro
sujeto procesal, incluyendo al juez, prescindir de ella, sea que resulte en provecho de
quien la aportó o de la parte contraria. En rigor pues, de acuerdo con este principio, las
pruebas se adquieren para el proceso.
Es necesario aclarar que una vez vinculadas estas pruebas al proceso, no podrán
desistirse de las mismas o la renuncia de la prueba actuada, debido a que los medios
probatorios pasan a ser de la comunidad de las partes. El Consejo de Estado se
manifiesta en relación a este punto de la siguiente manera : “Sobre la valoración
probatoria, debe tenerse en cuenta que en aplicación del principio de unidad de la
prueba, el juez está en la obligación de hacer un análisis unitario, es decir, estimar cada
una de las pruebas obrantes en el proceso, para darle el mérito que corresponda frente
a la controversia, y, luego de ello, inaplicación del principio de comunidad probatoria,
manifestar su criterio frente al conjunto de pruebas, teniendo en cuenta que éstas
pertenecen al proceso y no a la parte que la pidió.”