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Muerte Digna: Derecho Fundamental en Colombia

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LA MUERTE DIGNA COMO UN DERECHO FUNDAMENTAL PARA CONSTITUIR

UNA VIDA DIGNA


Pareciera paradójico establecer la muerte como elemento fundamental para constituir el
desarrollo de una vida digna, pues estos términos en si se contradicen, son lo más opuesto
en relación uno con el otro. A través del siguiente artículo, se esclarecerán algunos
conceptos con fin de definir la importancia de la legislación colombiana respecto del tema
de muerte digna, principalmente dirigido y enfocada a enfermos terminales que por su
enfermedad padecen fuertes dolores a los que la ciencia encuentra respuesta definitiva a
través de procedimientos como el de la eutanasia, o suicidio asistido, los cuales no son bien
recibido en una sociedad permeada por moral, atada a concepciones ideológicas que
carecen de una opinión más objetiva que no se fundamente en creencias, sino más bien en
realidades.
En Colombia el código penal, reconoce el homicidio por piedad, el cual se da cuando una
persona le quita la vida a otra para poner fin a intensos sufrimientos provenientes de graves
lesiones o enfermedades severas e incurables, lo que es sancionado con una pena menor a la
tipificada para otros tipos de homicidios, de acuerdo a la intención de ayudar a una persona
que padece grave dolor.
A sido algo polémico el reconocimiento del homicidio asistido o por piedad en Colombia y
como este produciendo el mismo efecto (la muerte), no es condenado de igual forma, tanto
así que en 1997 un ciudadano decide interponer una demanda de inconstitucionalidad
contra el art 306 del código penal, que para ese tiempo reconocía el homicidio asistido, lo
cual de acuerdo con el demandante concedía una “licencia para matar” por la brevedad de
la pena.
La corte constitucional en cabeza del magistrado: Dr. CARLOS GAVIRIA DÍAZ, profirió
la sentencia c-239/97 por la cual declaro exequible la norma acusado, bajo la aclaración, de
que en caso de tratarse de enfermos terminales el médico que le asistiera a voluntad del
paciente y de la manifestación expresa de la misma, no deriva responsabilidad para el
profesional en salud, ya que esta sería una conducta justificada.
Sin duda alguna esta sentencia fue un gran paso para la regulación de estos temas que la ley
no regulaba de forma clara, pues de allí surgió el derecho fundamental a morir con
dignidad, lo cual como es de esperarse causo controversia social, para la época eran pocos
los países que habían legalizado la eutanasia y es característico del ser humano alarmarse
ante los cambios o la aceptación de nuevas ideas.
La corte estableció que toda persona que se encontrara en grave situación de enfermedad, y
que manifestara de forma libre y clara su intención de no alargar su vida tenía derecho a
que su médico tratante le practicara el procedimiento de eutanasia, y no sería sancionado
penalmente por el delito de homicidio por piedad.
Los argumentos de la corte se centraron en el deber que tenía el estado para proteger a la
vida, debe enlazarse con el respeto de la dignidad humana y al libre desarrollo de la
personalidad, pues el derecho fundamental a vivir de forma digna tiene inmerso en sí, el
derecho a morir dignamente y no ser condenada a padecer un dolor el cual no tiene cura. De
esta forma el estado no podrá oponerse a la libre decisión del individuo que no quiere
seguir viviendo a causa de su enfermedad y solicita ayuda para cortar este dolor
insoportable, condenar a una persona a “vivir” padeciendo estos dolores no es compatible
con la idea de dignidad humana, pues proteger la vida no se trata de conservarla meramente
como un hecho biológico, sino también como elemento de la dignidad humana.
Se presentó demanda de inconstitucionalidad contra el art 106 del código penal,
considerando que esta va en contra del derecho a la vida digna, prohibición a tratos crueles
y al libre desarrollo de la personalidad, antes de que se profiriera dicha sentencia una
persona que, aunque no se encuentra en situación de enfermedad terminal si se veía
sometida a resistir fuertes dolores, lo que constituye una barrera a pacientes no terminales,
violando el derecho a una muerte digna, y a la igualdad.
A través de la sentencia c-233/21 la corte constitucional amplia el derecho a la muerte
digna que antes estaba limitado únicamente a las personas que padecían enfermedades
terminales, estipulando que también pueden tener derecho a una muerte digna aquellas
personas que padezcan fuertes dolores físicos o psíquicos provenientes de lesiones o
enfermedades graves. De esta forma podrán de forma voluntaria y expresa acceder a una
muerte digna personas con enfermedades o lesiones severas que le provoquen graves
sufrimientos pues de no ser así, se estará sometiendo a una persona a vivir condicionada por
sus dolencias, alejándolo así de su concepto de vida digna.
De acuerdo a la ampliación del derecho a la muerte digna la corte enuncia otras formas
distintas diferentes a la eutanasia para dar garantía a dicho derecho, pues ahora tiene más
alcance cubriendo, por ejemplo: acceso a cuidados paliativos, adecuación o suspensión de
ayudas terapéuticas. Lo que significa que todo paciente que sea vea inmerso a enfrentar
situaciones que afecten su dignidad humana podrán solicitar a su médico se les practique un
suicidio asistido, donde se les proporcionara un medicamento para que sea el mismo quien
puede terminar con su vida, sin intervención directa por parte de la unidad medica
Aunque los procedimientos suicidio asistido y eutanasia comparten entre si similitudes, su
diferencia radica en que en la eutanasia un médico realiza un procedimiento que conduce a
la muerte del paciente por solicitud expresa del paciente, mientras que en el suicidio
asistido el medico ante la solicitud del paciente facilita al mismo los medios para que sea el
propio paciente quien termine con su vida.
Garantizar condiciones de vida digna a la población es algo complejo, y el estado tiende a
avanzar en su jurisprudencia, ampliando y reconociendo derechos fundamentales que hace
muchos años ni se pensaban como tal, por ejemplo, el reconocimiento de la muerte digna
como un derecho fundamental. El derecho no es estático al contrario es dinámico y se debe
acomodar a una realidad social, prever situaciones, y entender condiciones que necesitan de
una regulación o trato especial.
En conclusión, una norma antes de regirse por concepciones de tipo moral, ideológico,
político o religioso, debe entenderse como respuesta a la primacía de la dignidad humana,
vivir no se trata únicamente de respirar, pues respirar más bien es una condición meramente
biológica y no necesariamente digna, pues todo depende de la situación en que lo hagas, la
dignidad se compone del respeto a la integridad física, psicológica. Someter a una persona a
aguantar el dolor que produce una enfermedad lo reduce y cosifica. La vida digna no es un
concepto universal, pues no todos percibimos vivir dignamente de una misma forma,
atendiendo a nuestro concepto de dignidad y ante la gravedad de una situación, como las
anteriormente expuestas, nuestras propias vidas si deberían ser una decisión que nos
compete únicamente a nosotros.
Aunque la corte ya se haya pronunciado de forma reiterada y ampliando el derecho a la
muerte digna, aún falta que el legislador regule de manera objetiva este tema, para que no
haya barreras que limiten a quien necesita hacer exigible su derecho.

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