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Introducción a la Morfología Lingüística

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Martínez González Mariana Lizet

Prom Carrillo Darinka Claribel

Sección 002

Tarea 3

15/02/24

La morfología

-Ignacio Bosque

1. Definición

De hecho, el término morfología designa comúnmente el estudio de la forma o formas que


presentan los objetos que estudia cualquier ciencia y las variantes que estas formas pueden
presentar.

Sin embargo, si el profano se asoma a nuestra disciplina con este criterio, probablemente se
equivocará al tratar de deslindar el objeto de la Morfología del lenguaje.

El término morfología no designa, como se podría deducir de su etimología, el estudio de las


formas lingüísticas, porque también la Sintaxis aborda (y casi exclusivamente), elementos y
relaciones formales.

El término morfología designa únicamente un subconjuntd de estas relaciones: aquellas que


se dan dentro de la palabra entre las unidades menores que ella.

Es tarea de la Morfología, pues, tratar de comprender lo que ocurre dentro de la palabra,


unidad que, a diferencia de lo que sucede en el plano sintáctico, deja de ser mínima.

La Morfología penetra, por tanto, en un terreno de análisis que no afecta —salvo los
naturales casos de solapamiento, a los que luego aludiremos— a las funciones
sintácticas.

Los morfemas, unidades mínimas en este plano, presentan un amplio número de variantes
formales y una infinidad de significados.

Como podría decir un biólogo en su especialidad, no siempre es fácil aislarlos, averiguar las
distintas formas en que aparecen, establecer claramente su significado y estudiar el papel que
desempeñan en el funcionamiento de «organismos» mayores que ellos.
La caracterización de unidades como sustantivo, adjetivo, verbo o preposición en la
Lingüística general es una tarea bastante más compleja de lo que a primera vista nos puede
parecer repasando mecánicamente las «partes de la oración» de nuestra lengua.

De hecho, en el panorama brevísimo y necesariamente superficial que vamos a presentar,


sólo abordaremos la primera de las dos grandes zonas en que dividimos la Morfología, ya que
la segunda de ellas requeriría un tratamiento no menos extenso que el que ofrecemos en
estas páginas.

Existen, sin embargo, otros aspectos lingüísticos que afectan de una forma u otra a la palabra,
sin ser por ello objeto de la Morfología.

Las unidades léxicas tienen, como sabemos, un significado, y existe una disciplina que lo
estudia: la Lexicología.

Es indudable que la Lexicología, la Sintaxis y la Morfología mantienen importantes conexiones


entre sí, como existen entre prácticamente todos los dominios lingüísticos, pero, al menos en
principio, es importante separar sus respectivos cometidos.

Ello no quiere decir, ni mucho menos, que el estudio de la Morfología empiece con la
gramática estructural.

Existían raices, prefijos y sufijos, conceptos que nos siguen siendo útiles, pero antes de la
Lingüística estructural no se postuló una unidad de análisis suficientemente abarcadura y a la
vez comprensiva.

El establecimiento de «-emas», esto es, de unidades mínimas en los distintos planos del
análisis lingüístico, es el resultado de una particular visión del lenguaje como sistema de
relaciones.

Por el momento, lo que nos interesa es que tales unidades reflejen una conceptualización
teórica del lenguaje como sistema de signos.

Los términos estructurales no son, pues, nuevos nombres para viejos conceptos, como se
podría llegar a pensar.

La definición es, sin embargo, poco comprometida porque define morfema a partir de
Morfología, lo que no deja de presentar cierto grado de circularidad.

Para Vendryes, el término morfema designaba únicamente «les relations que l`esprit établit
entre les sémantémes» siendo los semantemas las unidades portadoras de sentido.
Esta distinción de Vendryes entre morfemas, como unidades que reflejan relaciones
gramaticales, y semantemas, como unidades que recubren significados, ya no se acepta por
lo general en la Lingüística moderna, fundamentalmente a partir de las críticas de Martinet.

Es evidente que la preposición de en El vino de Cariñena no es exponente de un verdadero


significado, sino más bien de una función o una relación gramatical.

Sin embargo, la preposición según en Según Juan no es el simple exponente de una relación
sintáctica, sino que contiene un verdadero significado léxico.

A pesar de que la distinción entre significado léxico y significado gramatical es más que
problemática '1 , sigue siendo de utilidad para la Lingüística, y casi todos los autores la
recogen con unos términos u otros.

2. Delimitación

Mencionábamos antes que el mismo hecho de dar a la Morfología un status independiente


entre las partes de la Gramática ya era, de por sí, problemático.

Las conexiones de la Morfología con otras disciplinas son lo suficientemente importantes


como para que algunos autores estructuralistas le nieguen un status independiente o, como
ocurría en el modelo estándar de la gramática generativa, los procesos morfológicos ni
siquiera se distingen de los sintácticos.

Morfología y Sintaxis Los problemas de la distinción entre Morfología y Sintaxis son


importantes para la teoría misma de la Gramática.

Llórente Maldonado, constituye una detenida exposición teórica de las diferentes posturas
ante este tema antes y como consecuencia del Congreso de París (1948), por lo que no nos
detendremos aquí en ellas.

Entre las conclusiones del congreso, hay que señalar, como hace Llórente, la casi absoluta
unanimidad en el rechazo de unas fronteras nítidas que pudieran hacer posible una definición
universal de los respectivos dominios de la Morfología y la Sintaxis.

Es extraordinariamente frecuente que los contenidos que en una lengua tienen carácter léxico,
en otra tengan carácter gramatical.

Desde el momento en que la organización de tales contenidos pertenece a la estructura


interna de la palabra en una lengua, y a la organización del discurso en otra, los respectivos
dominios de la Morfología y la Sintaxis no pueden definirse umversalmente.
Son tan numerosas las lenguas que no poseen diminutivos como las que los poseen.

En las primeras será necesario recurrir a procedimientos léxicos para expresar tales
contenidos.

No puede decirse, pues, que el concepto tamaño tenga universalmente carácter léxico o
carácter gramatical.

1. Ni tan siquiera los significados que pueden parecemos claramente gramaticales pueden
definirse universalmente como tales.

Algunas lenguas, como el indonesio, repiten una unidad léxica para indicar plural (buku = libro;
buku buku = libros), y el japonés posee una pieza léxica equivalente aproximadamente a
varios.

En nuestra misma lengua, expresamos unas veces la indeterminación mediante un recurso


gramatical (una persona) y otras veces mediante un recurso léxico (cierta persona).

Sin embargo, y como señala Martinet, no es misión específica de la Morfología distinguir lo


gramatical de lo léxico —tarea por lo demás nada sencilla si profundizamos en la distinción
—, sino estudiar las variantes formales de las unidades mínimas de la Gramática.

No hay que confundir, pues, el carácter léxico o gramatical de una unidad con la posibilidad de
que en una determinada lengua esa unidad tenga o no una estructura interna.

Poco tiene que decir la Morfología del español sobre las preposiciones de nuestra gramática.

La Lingüística general sí debe, en cambio, estudiar los procedimientos morfológicos (en


concreto, los casos) que otras lenguas pueden utilizar para expresar contenidos similares.

Si no existe una diferenciación universal entre lo gramatical y lo léxico, más difícil es aún
generalizar sobre el carácter libre o ligado de las unidades gramaticales.

Con ejemplos de nuestra lengua: Significado gramatical Significado léxico Unidades libres de,
con libro, según Unidades ligadas -s -ción -mos cant-amEn algunas lenguas el artículo es
siempre una unidad ligada (un sufijo en rumano y en sueco).

Estas unidades tienen, pues, una estructura interna, y requieren un análisis morfológico.

Este primer criterio, que es sin duda uno de los más efectivos, sería perfecto si no existieran
procedimientos intermedios de unión, al menos en el lenguaje escrito.

Para las lenguas que poseen pronombres elídeos, como la nuestra, el criterio de la
separabilidad es, si no problemático, sí paradójico.

Si comparamos las unidades Diómelo y Me lo dio observaremos que estamos ante dos
oraciones que constan de los mismos elementos y expresan el mismo significado, pero una de
ellas es una palabra al mismo tiempo que una oración.

Dicha separación nos muestra que dentro de la palabra pueden establecerse relaciones no ya
similares a las sintácticas, sino plenamente sintácticas.

Existen, pues, morfemas libres, morfemas ligados y morfemas que pueden aparecer en ambas
formas, como son los pronombres clíticos.

3. La segmentación

En los apartados anteriores hemos separado mediante guiones los morfemas que se podrían
distinguir en algunas palabras.

La simple separación mediante guiones no es, sin embargo, suficiente, porque tal análisis no
tiene en cuenta uno de los rasgos fundamentales de la palabra: la existencia de una estructura
interna.

El sufijo -ble no se aplica al sustantivo nación, sino al verbo nacionalizar, y el sufijo -izar se
aplica al adjetivo nacional.

La Lingüística distribucional utiliza el procedimiento formal de los constituyentes inmediatos


para representar gráficamente, tanto en la Morfología como en la Sintaxis, que existen una
serie de relaciones binarias encadenadas cuya articulación desempeña un papel muy
importante en la configuración formal de la lengua.

Utilizando el sistema de los paréntesis podríamos esquematizar así la segmentación de


nuestro ejemplo: ((((nación) -al)ADJ-iza)v-ble)/ADJ).

Sin embargo, la segmentación no es siempre tan sencilla como en este caso.

Veamos algunos de los problemas más comunes: Hemos constatado la insuficiencia de los
guiones para establecer la estructura de las palabras.

Cabría pensar en un análisis del tipo (des-((esper-)v-anza)u)u en el que el prefijo negativo


des- modifica al sustantivo esperanza, o bien en un análisis en la forma ((des-(esper-)v)v-
anza)^ en el que el sufijo -anza se aplica al verbo desesperar.

La decisión sobre uno u otro procedimiento requiere acudir a otras informaciones sobre la
constitución del sistema morfológico de nuestra lengua: El prefijo des-, por ejemplo, no se
aplica en castellano a sustantivos, sino a verbos, por lo que el segundo análisis es preferible al
primero.

A veces, aunque tengamos que aislar prefijos y sufijos no se nos plantea porque alguna de las
unidades léxicas segmentadas no tiene existencia independiente.

En el sustantivo predestinación, no es el prefijo pre- el que modifica a *destinación, sino el


sufijo -ción el que se aplica al verbo predestinar.

Otras veces, sin embargo, el orden en que efectuemos la segmentación puede ser decisivo,
no ya para aislar morfemas, sino para entender el significado mismo de una palabra.

Es fundamental, pues, tener presente que no es la identificación de las unidades que entran
en juego en los procesos morfológicos la tarea más importante, sino, por el contrario, el
establecimiento de la estructura interna de las palabras que tales unidades configuran.

Veamos un caso ligeramente diferente de los anteriores, aunque pertenece al mismo tipo de
dificultades que estamos discutiendo.

Si queremos distinguir los morfemas que aparecen en el infinitivo entronizar, probablemente


relizaremos la segmentación en la forma en-tron-izar.

El lexema es trono, sustantivo que ha perdido la última vocal, con lo que nos quedarían dos
afijos: un prefijo en- y un sufijo -izar.

La segmentación, como indicábamos antes, no cumple ninguna función si no establecemos


una jerarquía entre las unidades que aislamos.

En el ejemplo anterior no hemos establecido, sin embargo, esa jerarquía.

¿Es el prefijo en- el que se aplica al resto de la unidad léxica?

¿Es, por el contrario, el sufijo -izar el que cumple dicha función?

2. El sufijo -izar tiene un valor causativo que reconocemos en verbos adjetivales (esterilizar,
inutilizar) o denominales (ionizar, caracterizar) ¿Cuál es entonces el valor semántico del prefijo
en-1 ¿Diríamos que es un morfema vacío, es decir, un morfema sin significado?

El morfema discontinuó «in- - - -iré» cumple la misma función que el sufijo -ar, por lo que no
sería correcto atribuir únicamente un valor semántico al prefijo en italiano y al morfema de
infinitivo en español.

Hasta ahora nos hemos referido al orden y a la jerarquía entre los elementos que aislamos en
la segmentación.

Si pasamos a hablar de las unidades segmentadas, veremos que los elementos morfológicos
no siempre se nos presentan «en estado puro».

Es posible que dos o más morfemas aparezcan en una situación de sincretismo, es decir, que
no sea posible establecer correspondencias binarias entre un morfo y un morfema: En la
palabra latina rosárum (ejemplo de Martinet) no nos costará trabajo separar una base (rosa-) y
una desinencia (-rum).

La desinencia aporta las informaciones «plural», «femenino» y «genitivo», pero no podemos


reconocer formalmente cada uno de estos signos en el fragmento que hemos aislado.

el español am-o, donde la desinencia-o nos aporta las informaciones «presente», «primera
persona» y «singular» sin que podamos distinguirlos formalmente).

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