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1) Neoclasicismo, estilo artístico que se desarrolló especialmente en la
arquitectura y las artes decorativas; floreció en Europa y Estados Unidos
aproximadamente desde el año 1750 hasta comienzos de 1800 y se inspiró en las formas
grecorromanas. Más que un resurgimiento de las formas antiguas, el neoclasicismo
relaciona hechos del pasado con los acontecidos en su propio tiempo. Los artistas
neoclásicos fueron los primeros que intentaron reemplazar la sensualidad y la trivialidad
del rococó por un estilo lógico, de tono solemne y austero. Cuando los movimientos
revolucionarios establecieron repúblicas en Francia y en América del Norte, los nuevos
gobiernos republicanos adoptaron el neoclasicismo como estilo oficial porque
relacionaban la democracia con la antigua Grecia y la República romana. Más tarde,
cuando Napoleón I subió al poder en Francia[1799-1815], este estilo se modificó para
servir a sus necesidades propagandísticas. Con el nacimiento del movimiento romántico
la prioridad por la expresión personal sustituyó al arte basado en valores ideales.
Génesis del arte neoclásico
El estilo neoclásico se desarrolló tomando como punto de referencia la excavación
en Italia de las ruinas de las ciudades romanas de Herculano en 1738 y de Pompeya en
1748, la publicación de libros tales como Antigüedades de Atenas (1762) de los
arqueólogos ingleses James Stuart y Nicholas Revett y la llegada de la colección Elgin a
Londres en 1806. Ensalzando la noble simplicidad y el gran sosiego del estilo
grecorromano, el historiador alemán Johann Winckelmann instó a los artistas a estudiar
y a imitar su eternidad y sus formas ideales. Sus ideas encontraron una entusiasta acogida
dentro del círculo de artistas reunidos en torno a él en el año 1760 en Roma.
Arquitectura
Antes de que se realizaran los descubrimientos de Herculano, Pompeya y Atenas,
[un] punto de referencia conocido de la arquitectura romana era el proporcionado por los
grabados de edificios de arquitectura clásica romana realizados por el artista italiano
Giovanni Battista Piranesi. Los nuevos hallazgos arqueológicos encontrados
proporcionaron el vocabulario de la arquitectura formal clásica y los arquitectos
empezaron a inclinarse por un estilo basado en modelos grecorromanos.
El trabajo del arquitecto y diseñador escocés Robert Adam, que en la década de
1750 y 1760 diseñó varias casas de campo inglesas (entre las cuales destacan la casa Sion,
1762-1769 y Osterley Park 1761-1780), le convierten en el introductor del estilo
neoclásico en Gran Bretaña. El estilo Adam, tal y como se le conoce, evoca el rococó por
su énfasis en la ornamentación de fachadas y un refinamiento a gran escala, incluso al
adoptar los motivos de la antigüedad.
En Francia, Claude Nicholas Ledoux diseñó un pabellón (1771) para la condesa du
Barry en Louveciennes y una serie de puertas para la ciudad de París (1785-1789). Ambos
casos ejemplifican la fase inicial de la arquitectura neoclásica francesa; sin embargo, sus
obras más tardías comprendían proyectos (que nunca se llegaron a ejecutar) para una
ciudad ideal en la cual los edificios quedaban reducidos, con frecuencia, a formas
geométricas desornamentadas. Después de que Napoleón fuese nombrado emperador
en el año 1804, sus arquitectos oficiales, Charles Percier y Pierre François Fontaine,
trabajaron para llevar a cabo su deseo de transformar París en la capital más importante
de Europa imitando el estilo opulento de la arquitectura imperial romana. La arquitectura
de estilo imperio se ejemplifica en construcciones como el arco de triunfo del Carrousel
del Louvre, diseñado por Percier y por Fontaine, y los campos Elíseos, diseñados por
Fontaine; ambos trabajos, iniciados en el año 1806 se encontraban lejos del espíritu de la
obra visionaria de Ledoux.
Ejemplos de arquitectura inglesa inspirada en los modelos griegos son el Banco de
Inglaterra de John Soane así como el pórtico del Museo Británico por Robert Smirke. El
neogriego fue sustituido por el estilo regencia, cuyos ejemplos arquitectónicos más
notables son las fachadas de Regent Street en Londres, diseñadas por John Nash y
comenzadas en el año 1812, y el Royal Pavilion en Brighton (1815-1823). La arquitectura
neoclásica de Edimburgo, Escocia, representa la vertiente más pura, por lo que la ciudad
se ganó el nombre de la Atenas del Norte. De otra parte, la arquitectura neoclásica en
Berlín está representada por el Teatro Real obra del alemán Karl Friedrich Schinkel (1819-
1821).
En Estados Unidos se desarrolló una variante del neoclasicismo, el estilo federal,
que surgió entre 1780 y 1820. Inspirada en la obra de Robert Adam, el arquitecto Charles
Bulfinch realiza la Massachusetts State House en Boston terminada en el año 1798. El
modelo para el edificio del Capitolio de Thomas Jefferson en Richmond, Virginia (1785-
1789), fue el templo romano del siglo I la Maison-Carrée en Nimes, Francia. Por medio de
lecturas y de viajes, Jefferson realizó un profundo estudio de la arquitectura romana,
aplicó sus conocimientos a los diseños de su propia casa en Monticello, a los del campus
de la Universidad de Virginia y contribuyó en los proyectos preliminares de la nueva
capital Washington D.C. Sus obras ejemplifican el estilo neoclásico en Estados Unidos.
El estilo neogriego, basado en los templos del siglo V e inspirado en los mármoles
de Elgin, floreció durante la primera mitad del siglo XIX en Estados Unidos. Ambos estilos,
el federal y el neogriego, ayudaron a definir el estilo propio de la arquitectura
estadounidense.
Las figuras más representativas de la arquitectura neoclásica española fueron,
entre otros, Ventura Rodríguez (palacio de los duques de Liria), el italiano Sabatini, autor
de la Puerta de Alcalá en Madrid, y Juan de Villanueva, que hizo el Museo del Prado de
Madrid.
Al igual que en España, el neoclasicismo en Hispanoamérica también estuvo
dirigido por las Academias. Entre los edificios más representativos destacan la Casa de la
Moneda en Santiago de Chile, el palacio de la Minería y la fábrica de cigarros en México,
y la iglesia de San Francisco en Cali, Colombia.
Pintura
La pintura neoclásica se centró en Roma, donde muchos pintores expatriados se
agruparon en torno a la figura del historiador alemán Johann Winckelmann. Su círculo
incluía al pintor bohemio Anton Raphael Mengs, el escocés Gavin Hamilton y el
estadounidense Benjamin West. El Parnaso de Mengs (1761) un fresco pintado para la
villa Albani en Roma, fue diseñado especialmente por consejo de Winckelmann. A
diferencia de las típicas composiciones de frescos del barroco o del rococó, su
composición es simple: sólo unas pocas figuras, en total calma, con poses semejantes a
las de estatuas antiguas. Entre 1760 y 1765, Hamilton, quien fue también arqueólogo y
marchante, completó cinco cuadros basados en modelos de la escultura antigua e
inspirados en la Iliada de Homero. West trabajó en Roma desde 1760 a 1763. Para alguna
de sus obras como Agripina desembarcando en Brundidium con las cenizas de Germánico
(1768, Yale University Art Gallery, New Haven, Connecticut) se inspiró en su experiencia
en Roma. Solemne y austero en cuanto al tratamiento y al tema, reproduce sin embargo
con sumo detalle los motivos arqueológicos.
Las mismas tendencias se hacen patentes en la obra temprana del pintor francés
Jacques-Louis David, uno de los máximos exponentes de la pintura neoclásica. Su
Juramento de los Horacios (1784-1785, Louvre, París) exalta el tema del patriotismo
estoico. El cuadro neoclásico concebido como espacio arquitectónico y el friso como cita
de figuras, reflejan la preocupación neoclásica de composición lógica y clara. Los perfiles
definidos y una luz dura proporcionan a estas figuras la cualidad de estatuas. Los trabajos
realizados por David, encargados por Napoleón, como la Coronación de Napoleón y
Josefina (1805-1807, Louvre) están muy alejados del esplendor y del poder que emanaba
la ceremonia.
A comienzos de la década de 1790 los artistas empezaron a pintar imitando las
siluetas representadas en la cerámica griega. El exponente más destacado de esta
manifestación fue el inglés John Flaxman, cuyos grabados de líneas simples, para las
ediciones de la Iliada y la Odisea de Homero sustituían la perspectiva tradicional, la luz y
el modelado, por diseños de líneas puras. Uno de los alumnos más aventajados de David,
heredero de su trayectoria e intérprete de la tradición clásica fue Jean August Dominique
Ingres que adoptó la doble dimensionalidad de la obra de Flaxman, tal y como puede
apreciarse en su obra Los embajadores de Agamenón (1801, Escuela de Bellas Artes,
París). […]
Escultura
Dado que la escultura en Europa ha estado muy influida por las formas clásicas
desde el renacimiento, los principios neoclásicos han sufrido menor impacto que en otras
manifestaciones artísticas. En general, los escultores neoclásicos tienden a plasmar poses
contorsionadas en mármoles de colores característicos del último barroco o del rococó,
preferentemente contornos limpios, una reposada actitud y formas idealizadas
ejecutadas en mármol blanco.
Los primeros ejemplos de escultura neoclásica fueron realizados por artistas en
contacto directo con el círculo de Winckelman en Roma. Entre otros escultores hemos de
citar a John Tobias Sergel, quien de regreso a su Suecia natal llevó el nuevo estilo al norte
de Europa, y los ingleses Thomas Banks y Joseph Nollekens quienes introdujeron el estilo
en su país. No obstante, la figura dominante en la historia de la escultura neoclásica fue
el italiano Antonio Canova que se convirtió en miembro del círculo de Roma en el año
1780; después de haber abandonado el estilo barroco, buscó en el estilo neoclásico la
severidad y la pureza del arte antiguo. Teseo y la muerte del minotauro (1781-1782)
reflejan más la calma de la victoria que la propia contienda; ésta fue la primera obra de
Canova en su nuevo estilo, y le proporcionó fama inmediata.
A la muerte de Canova el artista danés Bertel Thorvaldsen heredó su prestigiosa
posición de escultor en Europa. Sus múltiples encargos internacionales permitieron
mantener el estricto neoclasicismo como la corriente dominante en la escultura hasta
mediados del siglo XIX. El estilo fue llevado a Estados Unidos por uno de sus amigos,
Horatio Greenough y continuado por Hiram Powers un artista estadounidense que residió
durante bastante tiempo en Italia, autor del célebre Esclavo griego (1843) del cual se han
realizado numerosas réplicas.
2) Jacques-Louis David (1748-1825), pintor francés que introdujo el neoclasicismo
en Francia y fue su máximo exponente desde la época de la revolución hasta la caída de
Napoleón I Bonaparte.
Louis David nació en París el 30 de agosto de 1748 en el seno de una familia de
clase media alta. Estudió en la Academia real con el pintor rococó J. M. Vien. En 1774 ganó
el Premio de Roma y viajó a Italia donde recibió una fuerte influencia del arte clásico y de
la obra del pintor del siglo XVII Nicolas Poussin, de sólida inspiración clásica. David
desarrolló rápidamente su propia línea neoclasicista, sacando sus temas de fuentes
antiguas y basándose en las formas y la gestualidad de la escultura romana. Su famoso
Juramento de los Horacios (1784-1785, Museo del Louvre, París) fue concebido para
proclamar el surgimiento del neoclasicismo, y en él destacan el dramatismo en la
utilización de la luz, las formas idealizadas y la claridad gestual. La obra presentaba una
temática de un elevado moralismo (y, por lo tanto, de patriotismo) que la convirtió en el
modelo de la pintura histórica de tono heroico y aleccionador de las dos décadas
siguientes.
Después de 1789 adoptó un estilo más [menos alegórico] para poder registrar las
escenas de su tiempo relacionadas con la Revolución Francesa (1789-1799), como en la
obra de gran dramatismo La muerte de Marat (1793, Museos Reales de Bruselas). Entre
1799 y 1815 fue el pintor oficial de Napoleón I Bonaparte y registró las crónicas de su
reinado en obras de gran formato, como Coronación de Napoleón y Josefina (1805-1807,
Louvre). Después de la caída de Napoleón, David se exilió en Bruselas, donde habría de
vivir hasta su muerte. Durante esos últimos años retornó a los temas inspirados en la
mitología griega y romana, que pintó recurriendo a una mayor teatralidad.
David también fue un prolífico retratista. De dimensiones más pequeñas y de una
humanidad más recogida que sus obras de gran formato, sus retratos, como el de
Madame Récamier (1800, Louvre), demuestran una gran maestría en la técnica y análisis
de caracteres. Muchos críticos modernos consideran sus retratos como sus mejores
obras, sobre todo porque no conllevan la carga de los mensajes moralizantes y la técnica,
a menudo artificiosa, de sus obras neoclasicistas.
[…] Su neoclasicismo frío y calculado ejerció una gran influencia sobre sus
discípulos Antoine-Jean Gros y Jean Auguste Dominique Ingres, y sus temas heroicos y
patrióticos prepararon el camino para el romanticismo. Murió el 29 de diciembre de 1825
en Bruselas.
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3) Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), pintor y grabador español
considerado uno de los grandes maestros de la pintura de su país. Marcado por la obra
de Velázquez, habría de influir, a su vez, en Édouard Manet, Pablo Picasso y gran parte de
la pintura contemporánea. Formado en un ambiente artístico rococó, evolucionó a un
estilo personal y creó obras que, como la famosa El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los
fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío (1814, Museo del Prado, Madrid), siguen
causando, hoy día, el mismo impacto que en el momento en que fueron realizadas.
Formación y primeros proyectos
Goya nació en la pequeña localidad aragonesa de Fuendetodos (cerca de Zaragoza)
el 30 de marzo de 1746. Su padre era pintor y dorador de retablos y su madre descendía
de una familia de la pequeña nobleza de Aragón. Poco se sabe de su niñez. Asistió a las
Escuelas Pías de Zaragoza y comenzó su formación artística a los 14 años, momento en el
que entró como aprendiz en el taller de José Luzán, pintor local competente aunque poco
conocido, donde Goya pasó cuatro años. En 1763 el joven artista viajó a Madrid, donde
esperaba ganar un premio en la Academia de San Fernando (fundada en 1752). Aunque
no consiguió el premio deseado, hizo amistad con otro artista aragonés, Francisco Bayeu,
pintor de la corte que trabajaba en el estilo académico introducido en España por el pintor
alemán Anton Raphael Mengs. Bayeu (con cuya hermana, Josefa, habría de casarse Goya
más adelante) tuvo una enorme influencia en la formación temprana de Goya y a él se
debe que participara en un encargo importante, los frescos de la iglesia de la Virgen del
Pilar en Zaragoza (1771, 1780-1782), y que se instalara más tarde en la corte.
En 1771 fue a Italia donde pasó aproximadamente un año. Su actividad durante
esa época es relativamente desconocida; se sabe que pasó algunos meses en Roma y
también que participó en un concurso de la Academia de Parma en el que logró una
mención. A su vuelta a España, alrededor de 1773, se presentó a varios proyectos para la
realización de frescos, entre ellos el de la Cartuja de Aula Dei, cerca de Zaragoza, en 1774,
donde sus pinturas prefiguran las de sus mejores frescos realizados en la iglesia de San
Antonio de la Florida en Madrid, en 1798, fecha en la que comenzó a hacer grabados
partiendo de la obra de Velázquez que, junto con la de Rembrandt, sería fuente de
inspiración durante toda su vida.
Pintor de la corte
En 1789 Goya fue nombrado pintor de cámara por Carlos IV y en 1799 ascendió a
primer pintor de cámara, decisión que le convirtió en el pintor oficial de Palacio. Goya
disfrutó de una posición especial en la corte, hecho que determinó que el Museo del
Prado de Madrid heredara una parte muy importante de sus obras, entre las que se
incluyen los retratos oficiales y los cuadros de historia. Éstos últimos se basan en su
experiencia personal de la guerra y trascienden la representación patriótica y heroica para
crear una salvaje denuncia de la crueldad humana. Los cartones para tapices que realizó
a finales de la década de 1780 y comienzos de la de 1790 fueron muy apreciados por la
visión fresca y amable que ofrecen de la vida cotidiana española. Con ellos revolucionó la
industria del tapiz que, hasta ese momento, se había limitado a reproducir fielmente las
escenas del pintor flamenco del siglo XVII David Teniers. Algunos de los retratos más
hermosos que realizó de sus amigos, de personajes de la corte y de la nobleza datan de la
década de 1780. Obras como Carlos III, cazador (1786-1788); Los duques de Osuna y sus
hijos (1788) ambos en el Museo del Prado de Madrid, o el cuadro la Marquesa de Pontejos
(c. 1786, Galería Nacional, Washington) demuestran que en esa época pintaba con un
estilo elegante, que en cierto modo recuerda al de su contemporáneo inglés Thomas
Gainsborough. Dos de sus cuadros más famosos, obras maestras del Prado, son: La maja
desnuda (1800-1803) y La maja vestida (1800-1803).
Aguafuertes y pinturas posteriores
En el invierno de 1792, en una visita al sur de España, Goya contrajo una grave
enfermedad que le dejó totalmente sordo y marcó un punto de inflexión en su expresión
artística. Entre 1797 y 1799 dibujó y grabó al aguafuerte la primera de sus grandes series
de grabados, Los caprichos, en los que, con profunda ironía, satiriza los defectos sociales
y las supersticiones de la época. Series posteriores, como Los desastres de la guerra o
Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte y otros caprichos
enfáticos, (1810) y Los disparates (1820-1823), presentan comentarios aún más cáusticos
sobre los males y locuras de la humanidad. Los horrores de la guerra dejaron una profunda
huella en Goya, que contempló personalmente las batallas entre soldados franceses y
ciudadanos españoles durante los años de la ocupación napoleónica. En 1814 realizó El 2
de mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos y El 3 de mayo de 1808 en Madrid:
los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío y pinturas posteriores (ambos en el
Museo del Prado). Estas pinturas reflejan el horror y dramatismo de las brutales masacres
de grupos de españoles desarmados que luchaban en las calles de Madrid contra los
soldados franceses. Ambas están pintadas, como muchas de las últimas obras de Goya,
con pinceladas de grueso empaste de tonalidades oscuras y con puntos de amarillo y rojo
brillante.
Sencillez y honestidad directas también se aprecian en los retratos que pintó en la
cúspide de su carrera, como La familia de Carlos IV (1800, Museo del Prado), donde se
muestra a la familia real sin la idealización habitual.
Últimas obras
Las célebres Pinturas negras (c. 1820, Museo del Prado) reciben su nombre por su
espantoso contenido y no tanto por su colorido y son las obras más sobresalientes de sus
últimos años. Originalmente estaban pintadas al fresco en los muros de la casa que Goya
poseía en las afueras de Madrid y fueron trasladadas a lienzo en 1873. Destacan, entre
ellas, Saturno devorando a un hijo (c. 1821-1823), Aquelarre, el gran cabrón (1821-1823).
Predominan los tonos negros, marrones y grises y demuestran que su carácter era cada
vez más sombrío. Posiblemente se agravó por la opresiva situación política de España por
lo que tras la primera etapa absolutista del rey Fernando VII y el Trienio constitucional
(1821-1823), decidió exiliarse a Francia en 1824. En Burdeos trabajó la técnica, entonces
nueva, de la litografía, con la que realizó una serie de escenas taurinas, que se consideran
entre las mejores litografías que se han hecho. Aunque hizo una breve visita a Madrid en
1826, murió dos años más tarde en el exilio, en Burdeos, el 16 de abril de 1828. Goya no
dejó herederos artísticos inmediatos, pero su influencia fue muy fuerte en los grabados y
en la pintura de mediados del siglo XIX y en el arte del siglo XX.