ESTRES.
Los factores que provocan Estrés son variados, los ruidos en la comunicación, el estilo de liderazgo, la
valoración que tenemos de nosotros mismos, entre muchas otras cuestiones son estresores.
Pero que es el estrés?
El estrés (del latín stringere ‘apretar’ a través de su derivado en inglés stress ‘fatiga de material’) es una
reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para
afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Fisiológica o
biológica es la respuesta de un organismo a un factor de estrés tales como una condición ambiental o un
estímulo. El estrés es el modo de un cuerpo de reaccionar a un desafío. De acuerdo con el evento
estresante, la manera del cuerpo a responder al estrés es mediante el sistema nervioso simpático de
activación que da lugar a la respuesta de lucha o huida. Debido a que el cuerpo no puede mantener este
estado durante largos períodos de tiempo, el sistema parasimpático tiene tendencia a hacer regresar al
cuerpo a condiciones fisiológicas más normales (homeostasis). En los humanos, el estrés normalmente
describe una condición negativa (distrés) o por el contrario una condición positiva (eustrés), que puede
tener un efecto mental, físico e incluso de bienestar o malestar en un ser humano, o incluso en otra
especie de animal.
El estrés en exceso tiene un impacto perjudicial en nuestro organismo y, por supuesto, en el cerebro. El
estrés patológico tiene efectos negativos en la memoria y otras funciones cognitivas. Lo que produce en
nuestro organismo es la liberación de cortisol, que es una hormona producida por las glándulas
suprarrenales, localizadas arriba de nuestros riñones. Diversas investigaciones han demostrado que la
memoria episódica, la memoria del “cuando” y “donde” se afecta con altos niveles de cortisol. Resulta
entonces, que el estrés prolongado a nivel cognitivo disminuye aun mas las capacidades del individuo
para enfrentar las demandas del medio y crea un circulo vicioso, que provoca aun mas estrés.
Entonces, frente a esto debemos considerar que la medida optima de nuestro rendimiento, no se logra a
partir de una operación matemática que sume horas de esfuerzo, sino más bien de una estrategia en
donde se contemple del descanso, el ocio y el esparcimiento.
Aunque casi siempre, principalmente en los humanos, la palabra estrés suele poseer una connotación
negativa (lo opuesto quizás sería el “nirvana” budista o el principio de nirvana de [Link], la ciencia
distingue dos tipos de estrés, tanto en animales como en humanos:
Eustrés o estrés positivo: es un proceso natural y habitual de adaptación, que consiste en una
activación durante un período corto de tiempo con el objetivo de resolver una situación concreta que
requiere más esfuerzo. En los animales no humanos el eustrés se evidencia en los estímulos que
por reacción favorecen a la vida.
Distrés o estrés negativo: es aquel que en un animal (incluido el ser humano) supera el potencial
de homeostasis o equilibrio del organismo causándole fatiga, mayores niveles de ansiedad, de
irritabilidad y de ira. El estrés mantenido puede provocar la aparición de consecuencias físicas,
debidas al aumento del gasto de energía, una mayor rapidez de actuación, menor descanso del
necesario y el consiguiente agotamiento de las fuerzas.
Las reacciones psicológicas que causa el estrés tiene tres componentes: el emocional, el cognitivo y el de
comportamiento. El estrés y las emociones tienen muchísima relación que hasta la definición son
similares. Las emociones se pueden definir como un estado de ánimo que aparece como reacción a un
estímulo. Lo que hace pensar que el estrés es una emoción ya que tiene las características de una
emoción.
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Algunas respuestas de tipo emocional que se presentan en personas afectadas por el estrés son las
siguientes: abatimiento, tristeza, irritabilidad, apatía, indiferencia, inestabilidad emocional, etc. Se dice que
los agentes estresores llegan por medio de los órganos de los sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato),
que después llegan las emociones. Entonces después del estrés vienen las emociones y viceversa.
Los llamados estresores o factores estresantes son las situaciones desencadenantes del estrés y
pueden ser cualquier estímulo, externo o interno (tanto físico, químico, acústico o somático como
sociocultural) que, de manera directa o indirecta, propicie la desestabilización en el equilibrio dinámico del
organismo (homeostasis).
Una parte importante del esfuerzo que se ha realizado para el estudio y comprensión del estrés, se ha
centrado en determinar y clasificar los diferentes desencadenantes de este proceso. La revisión de los
principales tipos de estresores que se han utilizado para estudiar el estrés, nos proporciona una primera
aproximación al estudio de sus condiciones desencadenantes, y nos muestra la existencia de diez
grandes categorías de estresores:
1. situaciones que fuerzan a procesar el cerebro
2. estímulos ambientales
3. percepciones de amenaza
4. alteración de las funciones fisiológicas (enfermedades, adicciones, etc.)
5. aislamiento y confinamiento
6. bloqueos en nuestros intereses
7. presión grupal
8. frustración
9. no conseguir objetivos planeados
10. relaciones sociales complicadas o fallidas
Sin embargo, cabe la posibilidad de realizar diferentes taxonomías sobre los desencadenantes del estrés
en función de criterios meramente descriptivos; por ejemplo, la que propusieron Lazarus y Folkman
(1984), para quienes el estrés psicológico es una relación particular entre el individuo y el entorno (que es
evaluado por el individuo como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su
bienestar). Por eso se ha tendido a clasificarlos por el tipo de cambios que producen en las condiciones
de vida. Conviene hablar, entonces, de cuatro tipos de acontecimientos estresantes:
Los estresores únicos: hacen referencia a cataclismos y cambios drásticos en las condiciones del
entorno de vida de las personas y que, habitualmente, afectan a un gran número de ellas.
Los estresores múltiples: afectan solo a una persona o a un pequeño grupo de ellas, y se
corresponden con cambios significativos y de transcendencia vital para las personas.
Los estresores cotidianos: se refieren al cúmulo de molestias, imprevistos y alteraciones en las
pequeñas rutinas cotidianas.
Los estresores biogénicos: son mecanismos físicos y químicos que disparan directamente la
respuesta de estrés sin la mediación de los procesos psicológicos.
Estos estresores pueden estar presentes de manera aguda o crónica y, también, pueden ser resultado de
la anticipación mental acerca de lo que puede ocurrir en el futuro.
Estados de adaptación
Asi se describió el síndrome general de adaptación como un proceso en tres etapas:
1. alarma de reacción: cuando el cuerpo detecta el estímulo externo;
2. adaptación: cuando el cuerpo toma contramedidas defensivas hacia el agresor;
3. agotamiento: cuando comienzan a agotarse las defensas del cuerpo.
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El estrés incluye 'distrés', con consecuencias negativas para el sujeto sometido a estrés, y 'eustrés', con
consecuencias positivas para el sujeto estresado. Es decir, hablamos de eustrés cuando la respuesta del
sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante. Por el contrario, si la respuesta del sujeto al
estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de distrés. Por poner un
ejemplo: cuando un depredador nos acecha, si el resultado es que corremos estamos teniendo una
respuesta de eustrés (con el resultado positivo de que logramos huir). Si por el contrario nos quedamos
inmóviles, presas del terror, estamos teniendo una respuesta de distrés (con el resultado negativo de que
somos devorados). En ambos casos ha habido estrés. Se debe tener en cuenta además, que cuando la
respuesta estrés se prolonga demasiado tiempo y alcanza la fase de agotamiento, estaremos ante un
caso de distrés.
El estrés puede contribuir, directa o indirectamente, a la aparición de trastornos generales o específicos
del cuerpo y de la mente.
En primer lugar, esta situación hace que el cerebro se ponga en guardia. La reacción del cerebro es
preparar el cuerpo para la acción defensiva. El sistema nervioso se centra en el estímulo potencialmente
lesivo y las hormonas liberadas, activan los sentidos, aceleran el pulso y la respiración, que se torna
superficial y se tensan los músculos. Esta respuesta (a veces denominada reacción de lucha o huida) es
importante, porque nos ayuda a defendernos contra situaciones amenazantes. La respuesta se programa
biológicamente. Todo el mundo reacciona más o menos de la misma forma, tanto si la situación se
produce en la casa como en el trabajo.
Los episodios cortos o infrecuentes de estrés representan poco riesgo. Pero cuando las situaciones
estresantes se suceden sin resolución (es decir, en casos de distrés), el cuerpo permanece en un estado
constante de alerta, lo cual aumenta la tasa de desgaste fisiológico y carga alostática lo cual conlleva a
la fatiga o directamente al daño físico, y la capacidad del cuerpo para recuperarse y defenderse se puede
ver seriamente comprometida. Como resultado, aumenta el riesgo de lesión o enfermedad.
El estrés de trabajo se puede definir como un conjunto de reacciones nocivas, tanto físicas como
emocionales, que concurren cuando las exigencias del trabajo superan las capacidades, los recursos o
las necesidades del trabajador. El estrés de trabajo puede conducir a la enfermedad psíquica y hasta
física, llegando a generar desde dolores de cabeza hasta úlceras de estómago. El concepto del estrés de
trabajo muchas veces se confunde con el desafío (los retos), pero ambos conceptos son diferentes. El
desafío nos vigoriza psicológica y físicamente, y nos motiva a aprender habilidades nuevas y llegar a
dominar nuestros trabajos. Cuando nos encontramos con un desafío, nos sentimos relajados y
satisfechos. Entonces, dicen los expertos, el desafío es un ingrediente importante del trabajo sano y
productivo.
En la actualidad existe una gran variedad de datos experimentales y clínicos que ponen de manifiesto que
el estrés, si su intensidad y duración sobrepasan ciertos límites, puede producir alteraciones
considerables en el cerebro. Estas incluyen desde modificaciones más o menos leves y reversibles hasta
situaciones en las que puede haber muerte neuronal. Se sabe que el efecto perjudicial que puede
producir el estrés sobre nuestro cerebro está directamente relacionado con los niveles de hormonas
(glucocorticoides, concretamente) secretados en la respuesta fisiológica del organismo. Aunque la
presencia de determinados niveles de estas hormonas es de gran importancia para el adecuado
funcionamiento de nuestro cerebro, el exceso de glucocorticoides puede producir toda una serie de
alteraciones en distintas estructuras cerebrales, especialmente en el hipocampo, estructura que juega un
papel crítico en muchos procesos de aprendizaje y memoria. Mediante distintos trabajos experimentales
se ha podido establecer que la exposición continuada a situaciones de estrés (a niveles elevados de las
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hormonas del estrés) puede producir tres tipos de efectos perjudiciales en el sistema nervioso central, a
saber:
1. Atrofia dendrítica Es un proceso de retracción de las prolongaciones dendríticas que se
produce en ciertas neuronas. Siempre que termine la situación de estrés, se puede producir una
recuperación de la arborización dendrítica. Por lo tanto, puede ser un proceso reversible.
2. Neurotoxicidad. Es un proceso que ocurre como consecuencia del mantenimiento sostenido de
altos niveles de estrés o GC (durante varios meses), y causa la muerte
de neuronas hipocampales.
3. Exacerbación de distintas situaciones de daño neuronal. Éste es otro mecanismo importante
por el cual, si al mismo tiempo que se produce una agresión neural
(apoplejía, anoxia, hipoglucemia, etc.) coexisten altos niveles de GC (glucocorticoides), se
reduce la capacidad de las neuronas para sobrevivir a dicha situación dañina.
Estrés postraumático
Una variación del estrés es el trastorno por estrés postraumático (TEPT), un trastorno debilitante que a
menudo se presenta después de algún suceso aterrador por sus circunstancias físicas o emocionales, o
un trauma (accidente de tránsito, robo, violación, desastre natural, entre otros). Este acontecimiento
provoca que la persona que ha sobrevivido al suceso tenga pensamientos y recuerdos persistentes y
aterradores de esa experiencia. Puede ocurrir en personas que han vivido la amenaza, la han
presenciado o han imaginado que podría haberles pasado a ellas. El TEPT se puede dar en todas las
edades, siendo los niños una población muy vulnerable para este trastorno.
Datos de estrés postraumático:
El trauma se convierte en postraumático cuando no se trata. La clave para
prevenirlo es teniendo intervención clínica y psiquiátrica.
Es necesario que las imágenes traumáticas reprimidas en lo inconsciente se
traigan a la conciencia, para evitar que su represión tenga efectos nocivos sobre el
psiquismo e incluso sobre el organismo, desde la escuela psicoanalítica se
consideran muy importantes descargas del distrés acumulado en el psiquismo
la verbalización y la abreacción (o catarsis).
Se considera un episodio postraumático si el mismo se mantiene como máximo un
mes (es decir poco tiempo), aunque si el distrés es psíquico puede quedar
enmascarado durante varios años con efectos nocivos sobre el organismo.
Pesadillas, flash back, culpabilidad de sobreviviente.
Volumen hipocampal pequeño.
Hipersensibilidad al cortisol (recordar que el cortisol es la
principal hormona derivada del estrés y se encuentra principalmente de un modo
frecuente en el distrés, tal hormona en dosajes elevados durante un tiempo
relativamente prolongado daña al organismo).
El manejo del estrés puede resultar complicado y confuso porque existen diferentes tipos de estrés: estrés
agudo, estrés agudo episódico y estrés crónico. Cada uno cuenta con sus propias características,
síntomas, duración y enfoques de tratamiento. Analicemos cada uno de ellos.
Estrés agudo
El estrés agudo es la forma de estrés más común. Surge de las exigencias y presiones del pasado
reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y
fascinante en pequeñas dosis, pero cuando es demasiado resulta agotador. Una bajada rápida por una
pendiente de esquí difícil, por ejemplo, es estimulante temprano por la mañana. La misma bajada al final
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del día resulta agotadora y desgastante. Esquiar más allá de sus límites puede derivar en caídas y
fracturas de huesos. Del mismo modo, exagerar con el estrés a corto plazo puede derivar en agonía
psicológica, dolores de cabeza tensiónales, malestar estomacal y otros síntomas.
Afortunadamente, la mayoría de las personas reconocen los síntomas de estrés agudo. Es una lista de lo
que ha ido mal en sus vidas: el accidente automovilístico que abolló el parachoques, la pérdida de un
contrato importante, un plazo de entrega que deben cumplir, los problemas ocasionales de su hijo en la
escuela, y demás.
Dado que es a corto plazo, el estrés agudo no tiene tiempo suficiente para causar los daños importantes
asociados con el estrés a largo plazo. Los síntomas más comunes son:
Agonía emocional: una combinación de enojo o irritabilidad, ansiedad y depresión, las tres
emociones del estrés.
Problemas musculares que incluyen dolores de cabeza tensos, dolor de espalda, dolor en la
mandíbula y las tensiones musculares que derivan en desgarro muscular y problemas en
tendones y ligamentos;
Problemas estomacales e intestinales como acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome
de intestino irritable;
Sobreexcitación pasajera que deriva en elevación de la presión sanguínea, ritmo cardíaco
acelerado, transpiración de las palmas de las manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o
pies fríos, dificultad para respirar, y dolor en el pecho.
El estrés agudo puede presentarse en la vida de cualquiera, y es muy tratable y manejable.
Estrés agudo episódico
Por otra parte, están aquellas personas que tienen estrés agudo con frecuencia, cuyas vidas son tan
desordenadas que son estudios de caos y crisis. Siempre están apuradas, pero siempre llegan tarde. Si
algo puede salir mal, les sale mal. Asumen muchas responsabilidades, tienen demasiadas cosas entre
manos y no pueden organizar la cantidad de exigencias autoimpuestas ni las presiones que reclaman su
atención. Parecen estar perpetuamente en las garras del estrés agudo.
Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén demasiado agitadas, tengan mal
carácter, sean irritables, ansiosas y estén tensas. Suelen describirse como personas con "mucha energía
nerviosa". Siempre apuradas, tienden a ser cortantes y a veces su irritabilidad se transmite como
hostilidad. Las relaciones interpersonales se deterioran con rapidez cuando otros responden con
hostilidad real. El trabajo se vuelve un lugar muy estresante para ellas.
La personalidad "Tipo A" propensa a los problemas cardíacos descrita por los cardiólogos Meter Friedman
y Ray Rosenman, es similar a un caso extremo de estrés agudo episódico. Las personas con
personalidad Tipo A tienen un "impulso de competencia excesivo, agresividad, impaciencia y un sentido
agobiador de la urgencia". Además, existe una forma de hostilidad sin razón aparente, pero bien
racionalizada, y casi siempre una inseguridad profundamente arraigada. Dichas características de
personalidad parecerían crear episodios frecuentes de estrés agudo para las personalidades Tipo A.
Friedman y Rosenman descubrieron que es más probable que las personalidades Tipo A desarrollen
enfermedades coronarias que las personalidades Tipo B, que muestran un patrón de conducta opuesto.
Otra forma de estrés agudo episódico surge de la preocupación incesante. Los "doña o don angustias"
ven el desastre a la vuelta de la esquina y prevén con pesimismo una catástrofe en cada situación. El
mundo es un lugar peligroso, poco gratificante y punitivo en donde lo peor siempre está por suceder. Los
que ven todo mal también tienden a agitarse demasiado y a estar tensos, pero están más ansiosos y
deprimidos que enojados y hostiles.
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Los síntomas del estrés agudo episódico son los síntomas de una sobre agitación prolongada: dolores de
cabeza tensos y persistentes, migrañas, hipertensión, dolor en el pecho y enfermedad cardíaca. Tratar el
estrés agudo episódico requiere la intervención en varios niveles, que por lo general requiere ayuda
profesional, la cual puede tomar varios meses.
A menudo, el estilo de vida y los rasgos de personalidad están tan arraigados y son habituales en estas
personas que no ven nada malo en la forma cómo conducen sus vidas. Culpan a otras personas y hechos
externos de sus males. Con frecuencia, ven su estilo de vida, sus patrones de interacción con los demás y
sus formas de percibir el mundo como parte integral de lo que son y lo que hacen.
Estas personas pueden ser sumamente resistentes al cambio. Sólo la promesa de alivio del dolor y
malestar de sus síntomas puede mantenerlas en tratamiento y encaminadas en su programa de
recuperación.
Estrés crónico
Si bien el estrés agudo puede ser emocionante y fascinante, el estrés crónico no lo es. Este es el estrés
agotador que desgasta a las personas día tras día, año tras año. El estrés crónico destruye al cuerpo, la
mente y la vida. Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es el estrés de la pobreza, las familias
disfuncionales, de verse atrapados en un matrimonio infeliz o en un empleo o carrera que se detesta.
El estrés crónico surge cuando una persona nunca ve una salida a una situación deprimente. Es el estrés
de las exigencias y presiones implacables durante períodos aparentemente interminables. Sin
esperanzas, la persona abandona la búsqueda de soluciones.
Algunos tipos de estrés crónico provienen de experiencias traumáticas de la niñez que se interiorizaron y
se mantienen dolorosas y presentes constantemente. Algunas experiencias afectan profundamente la
personalidad. Se genera una visión del mundo, o un sistema de creencias, que provoca un estrés
interminable para la persona (por ejemplo, el mundo es un lugar amenazante, las personas descubrirán
que finge lo que no es, debe ser perfecto todo el tiempo). Cuando la personalidad o las convicciones y
creencias profundamente arraigadas deben reformularse, la recuperación exige el autoexamen activo, a
menudo con ayuda de un profesional.
El peor aspecto del estrés crónico es que las personas se acostumbran a él, se olvidan que está allí. Las
personas toman conciencia de inmediato del estrés agudo porque es nuevo; ignoran al estrés crónico
porque es algo viejo, familiar y a veces hasta casi resulta cómodo.
El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la apoplejía e incluso el
cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los
recursos físicos y mentales se ven consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés
crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.
MANEJO DEL ESTRÉS LABORAL
El tratamiento de las enfermedades por estrés laboral deberá siempre dirigirse a erradicarlo a través de
controlar los factores o las fuerzas causales del mismo. El criterio general que pretende curar la
enfermedad en forma aislada mediante tratamiento paliativo de las alteraciones emocionales o reparación
de las lesiones orgánicas es sumamente simplista, limitado y poco racional. Así, el tratamiento contra el
estrés deberá ser preventivo y deberá lograrse ejerciendo las acciones necesarias para modificar los
procesos causales.
La prevención y atención del estrés laboral constituyen un gran reto, los criterios para contrarrestarlo
deberán ser organizacionales y personales. Los médicos de salud en el trabajo y profesionales afines,
deben vigilar a sus pacientes y cuando sea posible a toda la organización con objeto de manejar el estrés
en forma efectiva, aunque la participación del equipo de salud para efectuar cambios sustanciales con
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frecuencia es más difícil, pues los gerentes y empleadores generalmente buscan resolver el problema de
los trabajadores en forma individual, pero rechazan la intervención en el origen del problema cuando esto
implica la necesidad de cambios en el lugar de trabajo, por la posible disyuntiva entre la ganancia
económica y el bienestar de los trabajadores.
El médico debe buscar anticipar la situación y aplicar medidas profilácticas efectivas, la prevención
primaria es un objetivo primordial, las acciones eficaces han demostrado éxito económico en las
empresas, al mejorar el estado de ánimo y el bienestar de los trabajadores disminuyendo las
enfermedades, remitiendo el ausentismo, elevando la productividad y mejorando sustancialmente el
desempeño y la calidad del trabajo.
El síndrome de Burnout o síndrome del trabajador quemado consiste en la evolución del estrés laboral
hacia un estado de estrés crónico.
Se caracteriza por un progresivo agotamiento físico y mental, una falta de motivación absoluta por las
tareas realizadas, y en especial, por importantes cambios en el comportamiento en quienes lo padecen.
Se da con mayor frecuencia en aquellos puestos de trabajo relacionado con atención a terceros, sobre
todo cuando se dan por largos periodos de tiempo y de modo continuado.
En situaciones de acoso laboral por parte de compañeros o superiores en el lugar de trabajo también
puede favorecer la aparición. El acoso laboral o “mobbing” consiste principalmente en el maltrato
psicológico de la victima que puede destruir su autoestima, muchas veces con el objetivo que abandone
su puesto de trabajo por propia voluntad.
Elevado nivel de responsabilidad: algunos puestos de trabajo exigen un gran nivel de atención y
concentración en la tarea realizada.
Jornadas laborales o turnos demasiado largos, mantenerse en el puesto de trabajo 10, 12 o incluso 16
horas, pueden predisponer la aparición del síndrome.
Trabajos muy monótonos, tareas aburridas, repetitivas o carentes de incentivos, situaciones que causan
frustración y estrés.
¿Cómo puedo reducir el nivel de estrés en mi trabajo?
Muchas personas experimentan la mayoría de su estrés en los días de trabajo. Para combatir el estrés en
el trabajo trate de seguir las siguientes recomendaciones:
Tome al menos dos litros de agua por día y evite el exceso de cafeína.
No se salte las comidas y mantenga bocaditos en base a frutas secas, cereal o arroz.
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Procure cada determinado tiempo salir de su puesto de trabajo, ir al baño, caminar unos metros,
cambiar la postura corporal, hacer respiraciones profundas que lo ayudaran a relajarse.
Al volver a casa trate de descargar las tensiones para cambiar el estado de ánimo, y haga una
caminata corta, de paso rápido, en lo posible al menos 15 minutos, así su cerebro bajara el nivel de
cortisol y comenzara a segregar serotonina, esta hormona lo hará sentir mejor y podrá cortar lo que
trae del trabajo para “dejarlo allí” y conectarse con su vida personal.
Veamos este video:
[Link] (alfabeto emocional)
Por todo lo visto debemos ser conscientes que nivel de estrés que tenemos ya que tiene un alto impacto
en la vida laboral pero también en la personal, una de las tareas más difíciles de aprender para los
humanos es la de dejar “lo del trabajo” allí y no llevarlo a casa y viceversa. Porque a veces es nuestra
vida personal la que nos hace estar tensos y cuando llegamos a trabajar lo cargamos en nuestra espalda.
Es que somos una integración de cuerpo, mente y espíritu y todo va junto a cada lugar al que vamos. Se
trata de tomar conciencia y la receta de la caminata de 15 minutos antes de entrar en la otra situación es
muy útil para liberarnos de cargas que las personas con las que nos encontremos no comparten ni
entienden y si complica enormemente la comunicación con ellas.