Lectura graduada: Un viaje al pasado
Lectura graduada: Un viaje al pasado
Español 4 (B1.2)
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del texto y con base en recursos lexicográficos como
el Diccionario del Español de México del COLMEX o el
Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia
Española, entre otros.
Cabe resaltar que en 2021 fue publicado el Volumen
complementario del Marco común europeo de refe-
rencia1 en el que, además de otras actualizaciones, se
incluyeron descriptores para “Leer por placer” en las
actividades de comprensión de lectura. En el caso de
este cuadernillo “Un viaje al pasado”, de nivel Español 4
o B1.2, el descriptor indica que el estudiante:
10
ser usados por los profesores, adaptados o cambiados
según las necesidades de los estudiantes. A todo esto,
espero que a los profesores de ELE les sean de utilidad
estas lecturas, al ser un recurso más dentro de su clase
de español.
Es importante decir que esta primera serie de lectu-
ras es un primer paso al cual, seguramente, le seguirán
muchos más en forma de otras series para poder llenar
el gran hueco que tenemos y satisfacer las necesidades
de los alumnos.
Finalmente, les agradezco profundamente a todos los
profesores que participaron y se aventuraron en esta
experiencia creativa. Agradezco a la Coordinadora de
Español, Dra. María Reyes López, por el apoyo que recibí
al presentar esta propuesta y por permitirme la experi-
mentación con grupos del CEPE. Asimismo, agradezco
al Dr. Vital por apoyar y alentar que en nuestro centro se
produzcan materiales en beneficio de nuestros alumnos.
Gracias a Susana Paulina Mendoza González, de servicio
social en el Departamento de evaluación, por auxiliarme
en la selección de imágenes y la verificación del léxico
de las lecturas. Por último, al equipo del Centro de Ense-
ñanza para Extranjeros de las áreas administrativas y de
publicaciones, ya que fue una parte importante en este
proceso, en especial a Brenda J. Vázquez Cantú, Guada-
lupe Rangel Esparza y Adriana Fabila Reyes.
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ÍNDICE
Un viaje al pasado
13
Un viaje al pasado. Parte 1
Antes de leer
14
Lee el cuento
Un viaje al pasado. Parte 1
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Estaba yo tan confundido, intentando procesar cómo
era que, después de caer en un agujero en el piso, me
encontraba en un lugar lleno de naturaleza y cosas mara-
villosas, cuando alguien me tocó el hombro, me giré
rápidamente y me encontré con un hombre fuerte, de
piel morena que me observaba de arriba abajo.
Su apariencia y la mía eran increíblemente distintas,
no soy bajo, pero este hombre tenía entre unos 15 y 20
centímetros de altura más que yo, su gesto era serio y
me miraba de arriba a abajo confundido. De repente,
detrás de unos árboles escuchamos un ruido y él sólo
me dijo en voz baja: “¡A correr!” Era muy extraño, él no
hablaba en español, pero podía entender todo lo que
decía, sabía perfectamente que la lengua que usaba no
era español, pero la entendía sin problemas y, lo más
impresionante, podía hablarla. Sin pensarlo dos veces,
corrí detrás de él hasta que llegamos a una sección de
casas donde nos recibieron personas que parecían ser
amigos del hombre que me ayudó.
Cuando llegamos a su casa,
se presentó conmigo, se
llamaba Huitzitzilin y era uno de
los guerreros más fuertes de su
grupo. Su nombre me parecía
muy especial porque nunca
había escuchado nada igual.
Le pregunté qué significaba y
me dijo que tenía relación con un ave muy tradicional,
que representaba la valentía de los guerreros que pelea-
ban fuertemente en las guerras. Sus papás le dieron ese
nombre para tener buena suerte en su vida y mucha for-
taleza para pelear en las batallas.
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Cuando le pregunté dónde estábamos, me contó
que ese lugar se llamaba Tenochtitlán y era la región
de su grupo: los mexicas. Recuerdo que en clase había
leído un poco sobre esto, Tenochtitlán era la capital del
imperio mexica y era la actual Ciudad de México. Al prin-
cipio pensé que tenía todo este sueño porque, durante
varios días, leí mucho sobre los indígenas en mi clase
de historia en el CEPE, pero cuando mi amigo me invitó
a caminar hacia unas pirámides increíbles, empecé a
pensar que eso no era parte de mi imaginación.
Él empezó a caminar rápidamente y yo lo seguía con
cuidado. Atravesamos campos grandes donde el aire era
puro, el sol era fuerte y todo era tan sorprendente que yo
sentía que estaba en una película. Finalmente, llegamos a
un lugar donde había muchas pirámides y construcciones
de piedra. Pensé que ese lugar me parecía conocido, pero
no recordaba dónde lo vi. Mi nuevo amigo me enseñó este
lugar increíble, su nombre era Huey Teuccalli que era algo
como “Templo principal” en náhuatl, fue en ese momento
que supe cuál era el nombre de la lengua de mi nuevo
amigo. Mientras paseábamos por ahí, me contó que ahí le
rezaban mucho a dioses como el dios de la guerra y el sol
y también me dijo que los indígenas tenían muchos dioses
que los cuidaban y apoyaban en
diferentes aspectos de su vida.
¡La historia de sus dioses era
maravillosa! Recuerdo que uno
de los más sorprendentes era
Tláloc, el dios de la lluvia. Este
dios estaba representado con
increíbles tonos de azul y verde
y tenía muchas joyas encima.
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Es increíble que en las culturas indígenas tengan tantos
dioses que se encargan de tantas cosas.
¡En ese momento recordé todo! El lugar lo visité antes
con mis amigos mexicanos. Era el Templo Mayor que está
abierto para todo el mundo en el centro de la Ciudad de
México. Recuerdo que cuando fui, me sorprendí mucho
por el Tzompantli, un muro donde se ponían los cráneos
de los hombres que morían en sacrificio para los dioses.
Ahora estaba viendo ese mismo lugar directamente, era
sorprendente. La piedra fuerte y con un color intenso y el
ambiente ceremonial eran fantásticos.
Mientras paseábamos, Huitzitzilin también me contó
que cuando me encontró en el campo había, cerca
de nosotros, un grupo enemigo que siempre estaba
paseando cerca de sus casas para pelear. Si él o sus com-
pañeros veían a alguien de ese grupo tenían que correr
a casa y avisar a todos. Me contó que cuando me vio,
pensó que yo era uno de ellos, pero cuando vio mi cara,
cuerpo y ropa, entendió que no era de ahí y se sorpren-
dió mucho porque entendí su lengua. Él tenía mucha
curiosidad sobre mí porque éramos muy diferentes,
entonces me cuidó todo ese día y me aceptó con mucha
amabilidad en su casa para hablar y compartir informa-
ción sobre nuestros lugares de origen.
Mi nuevo amigo me enseñó
mucho sobre su cultura y entre
las cosas más sorprendentes
que recuerdo, estaba el uso de
la “grana cochinilla”, un insecto
que vive en los nopales y se
usa para pintar las cosas de un
tono rojo intenso.
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¡Nunca en mi vida vi algo así! El color rojo que sale
cuando pones el insecto en otra superficie es maravilloso
y se usaba en el pasado para teñir la ropa de personas
importantes de cada grupo indígena. Mi amigo me contó
también que este pequeño animalito fue criado por los
mixtecos y se comerciaba mucho entre los pueblos; para
mostrarme su maravilloso color, tomó una cochinilla y
la frotó en mi mano. Cuando lo hizo, apareció un mara-
villoso color rojo intenso que era diferente a todos los
tonos que vi antes.
Mientras veía esto con mis ojos, no podía creer lo que
estaba pasando, todavía pensaba que todo esto era un
sueño, pero cuando mi amigo frotó la grana cochinilla
en mi mano, la sensación fue muy real y me sorprendí
mucho. Si todo era un sueño, sólo tenía que disfrutar,
pero si era real… ¿cómo era posible?
En ese momento decidí que tenía que aprovechar esta
oportunidad y conocer más sobre los indígenas. Como
mi amigo era muy amable, le dije que quería conocer
más de su cultura y por eso vine a la CDMX hace tres
meses. Cuando le dije eso, él me miró con una cara un
poco confundida y me preguntó qué era CDMX. En ese
momento pensé que no era una buena idea hablarle a
mi amigo del tiempo actual, entonces le dije que era el
nombre de mi ciudad de origen, así empecé a contarle
muchas historias sobre el México actual y le dije que
tenía que visitarlo algún día. Intercambiamos muchas
historias, él me hablaba sobre su pueblo y yo le contaba
algunas de las cosas que vi en mis tres meses viviendo
como extranjero en México.
Para conocer un nuevo país, siempre es mejor aprender
sobre él a través de los nativos. Si hablas con personas
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de ese lugar, puedes conocer más sobre sus costumbres
y tradiciones. Por eso, cuando hablaba con Huitzitzilin le
pedí ayuda para conocer más sobre sus costumbres y
tradiciones. Él aceptó y comenzamos a pasear por sus
tierras: hermosas, coloridas y muy limpias.
Ese día, aprendí muchas cosas sobre el estilo de vida de
los indígenas mexicanos. Huitzitzilin me llevó a un lugar
que se llama “Texcoco”, ahí me mostró un lago hermoso
donde construyeron las “chinampas”, un sistema que los
indígenas usaban para cultivar flores y algunas hortalizas.
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sus hermanas, ellas eran espíritus malos que no querían
que salga el sol.
Un día, el dios del viento (Ehécatl), la contactó e invitó
al mundo de los humanos para conocerlo. Ellos estaban
enamorados y juntos se unieron como ramas de un
árbol. Mientras todo eso pasaba, su abuela despertó y
no encontró a Mayáhuel, por eso llamó a sus otras her-
manas para buscarla rápidamente; juntas buscaron a la
chica por todos lados y cuando la encontraron en el árbol
junto a ese dios se enojaron mucho, su abuela tomó
la rama donde estaba ella y la rompió, pero a la rama
del otro lado, donde estaba el dios Ehécatl, no le pasó
nada. El dios esperó tranquilamente a que la abuela y
hermanas de Mayáhuel se
fueran y tomó los pedazos
de rama que estaban en el
suelo. Después de esto, los
puso dentro de la tierra y así
nació la planta del maguey,
que es de donde sale el
pulque, una bebida muy
importante para los indíge-
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nas y los mexicanos. Después de esto, Mayáhuel se con-
virtió en una diosa.
¡Qué historia tan bonita y qué increíble la cultura mexi-
cana! Cuando escuchaba a mis amigos hablar de todas
esas historias maravillosas sobre su cultura, pensé que
hay que esforzarnos para conocer la historia del lugar
donde vivimos o viajamos. ¡Hay muchas cosas para des-
cubrir! Estaba muy emocionado pensando qué cosas
nuevas íbamos a descubrir al día siguiente, pero empezó
a darme mucho sueño. Huitzitzilin me vio y dijo que era
hora de dormir, entonces me llevó a un cuarto de su casa
donde podía descansar tran-
quilamente hasta la siguiente
noche.
Luego de la aventura vivida
ese día, me recosté en el
petate que mi amigo y su
familia me ofrecieron y dormí
descansando como nunca.
Al día siguiente un pequeño
rayo de luz y el viento me des-
pertaron, abrí los ojos rápi-
damente para darme cuenta
de que me encontraba en el
departamento que rentaba
cerca de la UNAM. Al prin-
cipio me sentí un poco con-
fundido. ¿Todo lo que creí experimentar fue un sueño?
La sensación era un poco extraña porque en mi “sueño”
habían aparecido detalles de México de los que nunca
escuché antes, además, las sensaciones habían sido tan
reales que me impactaron.
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Después de leer
V F
1. El día que el protagonista descubrió
la coladera que lo llevó al pasado era
viernes en la noche.
2. La primera persona que vio luego
de caer en la coladera fue una mujer
llamada Isabel.
3. Huitzitzilin era un guerrero muy fuerte
de los mixtecos.
4. Los indígenas de México tenían muchos
dioses que los cuidaban en diferentes
aspectos de su vida.
5. El protagonista aprendió sobre el Tzom-
pantli, un muro para poner los cráneos
de los guerreros sacrificados.
6. La grana cochinilla es un elemento que
usaban los antiguos indígenas como
moneda para pagar por algunas cosas.
7. Las chinampas son el sistema creado
por los indígenas para cultivar flores y
hortalizas en los lagos.
8. El dios del maguey se llamaba Mayá-
huel y vivía con su padre y hermanos
en el cielo.
25
9. La planta de maguey da origen al cacao
una bebida muy importante para los
indígenas.
10. Cuando el protagonista se despertó
luego de dormir en casa de Huitzitzilin
estaba en su departamento cerca de la
UNAM.
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Clave de respuestas
Después de leer
V F
1. El día que el protagonista descubrió X
la coladera que lo llevó al pasado era
viernes en la noche.
2. La primera persona que vio luego X
de caer en la coladera fue una mujer
llamada Isabel.
La primera persona que vio fue a
Huitzitzilin.
3. Huitzitzilin era un guerrero muy fuerte X
de los mixtecos.
Huitzitzilin era un guerrero mexica.
4. Los indígenas de México tenían X
muchos dioses que los cuidaban en
diferentes aspectos de su vida.
5. El protagonista aprendió sobre el X
Tzompantli, un muro para poner los
cráneos de los guerreros sacrificados.
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6. La grana cochinilla es un elemento X
que usaban los antiguos indíge-
nas como moneda para pagar por
algunas cosas.
La grana cochinilla es un insecto que
se usaba para pintar la ropa de color
rojo.
7. Las chinampas son el sistema creado X
por los indígenas para cultivar flores
y hortalizas en los lagos.
8. El dios del maguey se llamaba Mayá- X
huel y vivía con su padre y hermanos
en el cielo.
Era una diosa que vivía con su abuela
y sus hermanas.
9. La planta de maguey da origen al X
cacao una bebida muy importante
para los indígenas.
Del maguey sale el pulque.
10. Cuando el protagonista se despertó X
luego de dormir en casa de Huitzitzi-
lin estaba en su departamento cerca
de la UNAM.
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Glosario
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Ruido seco: fr. Sonido fuerte a causa de un golpe entre
dos cosas.
Superar expectativas: fr. Obtener una sorpresa de algo o
alguien mayor a la que se esperaba originalmente.
Tratar una enfermedad: fr. Dar una cura o tratamiento a
alguien que está enfermo.
Tener curiosidad: fr. Acción de querer saber más sobre
algo o alguien.
Teñir: tr. Pintar algo de un color distinto a su color origi-
nal.
Tropezar: intr. Caer a causa de chocar con alguna cosa.
Valentía: s.f. Fuerza para enfrentarse a situaciones difíci-
les.
Vibrante: adj. Algo que hace temblar a alguien.
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El regreso al pasado. Parte 2
Antes de leer
31
Lee el cuento
El regreso al pasado. Parte 2
32
un poco, comencé a investigar más sobre los mexicas.
Fui a la Biblioteca Central y pedí prestado un libro que
hablaba sobre el México prehispánico. Ahí descubrí que
los mexicas fueron un imperio que se estableció desde
1325 hasta 1521, en la última etapa de ese periodo
también se desarrollaba la Conquista española. Eran
guerreros fuertes que se establecieron en México Teno-
chtitlán, lugares que ahora eran los estados de México,
Morelos, Veracruz, Guerrero, Puebla, Oaxaca y parte de
las costas de Chiapas e Hidalgo. Me gustó mucho apren-
der sobre ellos, ya que mi nuevo amigo formaba parte
de ellos. Quería volver a ese lugar para seguir hablando
con él y su familia y aprender más sobre su cultura de
manera directa.
Pero no todo fue bueno, la verdad es que, después
de eso, pasé un par de días terribles, frecuentemente
pensaba en ese lugar y evaluaba las diferentes posibili-
dades para poder regresar. Seguía pensando qué sería
mejor hacer. Cuando hay peligro, siempre es mejor no
ir solo, pero si le contaba a alguien mi historia y no me
creía, no tendría sentido. También me preguntaba: si
puedo llegar nuevamente, ¿cómo me encontraré con mi
amigo? No recordaba muy bien la manera de llegar a
su hogar y, si no tenía suerte, podría encontrarme con la
tribu con la que peleaban desde hacía un tiempo.
Luego de meditar todas las opciones posibles, decidí
asistir al lugar desde donde pude ir al México prehispá-
nico. Avisé a un amigo de mi entera confianza que iría a
una fiesta y si no lo contactaba al día siguiente, que me
llamara para buscarme. Mi amigo me miró con una cara
extraña, pero recibió contento el papel que le di donde
escribí la dirección a la que iba. Empecé a recordar qué
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había pasado ese día, fui más o menos a la misma hora,
recuerdo que la fiesta del fin de semana estaba comen-
zando, pero yo salí a las 10 porque al día siguiente iba a
ver a uno de mis amigos porque iríamos a la fiesta de xv
años de su prima. En México muchas chicas de esa edad
hacen fiestas muy grandes que son casi como bodas,
pero esa es otra historia que tendremos que contar en
otra ocasión. Luego de calcular el tiempo, recordé que
fue más o menos a las 11 cuando me caí en ese lugar,
entonces decidí que ese viernes a las 11 descubriría si
todo era verdad o era una mentira.
Por la noche llegué de nuevo al lugar donde estaba
la “coladera mágica”, apodo que le puse a ese increíble
lugar. Justo ese día en clase de español una compañera
preguntó sobre el sistema de drenaje en México y la pro-
fesora aprovechó para enseñarnos la palabra “coladera”.
Estaba pensando todo eso cuando llegué. La coladera,
sin tapa, aún estaba ahí, abierta y profunda, se veía muy
oscura y parecía no tener fondo. No es nada fácil caer
voluntariamente a un agujero en el piso, pero el deseo
de comprobar si lo que viví era real, era más fuerte. Cerré
los ojos y me lancé a la coladera pensando: “Espero que
todo salga bien”. Otra vez, después de un par de minutos
“pum” se escuchó un golpe fuerte y no seguí bajando.
Hace unos días, cuando caí dentro de esta coladera,
había una puerta frente a mí, que abrí para entrar en la
zona donde vivía Huitzitzilin, pero, en esta ocasión, no
había puerta. Luego de escuchar el golpe y abrir los ojos,
vi que estaba en un lugar muy diferente al que había visto
hace unos días con mi amigo. En esta ocasión todo era
diferente y no había pirámides cerca.
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En ese momento pasaba un hombre a quien le pre-
gunté en qué año estábamos, él me miró muy extraño
y me dijo en voz baja “1605”. ¡1605! Estaba más de 400
años atrás en el pasado…Recordé que en mi curso de
literatura leímos un poco sobre el Virreinato de la Nueva
España, un periodo donde los españoles construyeron un
reino en lo que antes era territorio indígena, busqué en
mi bolsillo mi teléfono celular para ver si podía encontrar
algo de información sobre este periodo y orientarme. Mi
teléfono estaba ahí, pero, obviamente, no había señal. En
ese momento pensé seriamente: “Cuando vuelva a viajar
al pasado, debo traer conmigo un pequeño manual de
historia para orientarme un poco”.
Comencé a caminar para explorar un poco el nuevo
lugar en el que me encontraba y me sorprendí mucho al
ver que todo era diferente. Ya no quedaba nada del lugar
en el que estuve hace unos días, todo era diferente, más
europeo y se escuchaba en las calles un idioma muy similar
al español que aprendía en la escuela. Estaba un poco ner-
vioso y no sabía qué hacer, en mi primer viaje al pasado,
tuve la suerte de que mi amigo mexica me adoptó, pero
ahora no conocía a nadie y no era fácil acercarse a la gente,
todos vivían muy rápido y no prestaban mucha atención
a su entorno. Comencé a caminar un poco sintiéndome
extraño porque toda la gente usaba ropa muy diferente a la
mía; en ese momento había muchas personas caminando
en la calle y era difícil pretender ser parte de ellos porque
mi estilo de pantalones de mezclilla y la playera bordada
que compré en Oaxaca no eran nada similares.
Entonces lo escuché. Alguien me gritó a lo lejos: “Hey,
hey, tú… sí, tú, ven”. Al principio no sabía si esta persona
me llamaba a mí, giré mi cabeza y nos miramos a los ojos,
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entonces movió su mano y me dijo “Ven rápido, quiero
decirte algo”. Yo estaba muy confundido y no entendía
nada, entonces la mujer que me llamaba habló más
fuerte “Que vengas, te digo, tengo algo para ti”. Como
las personas comenzaban a mirarme, empecé a caminar
rápidamente hacia ella. Era una mujer de unos 50 años,
con una cara muy amable que me dijo: “Te vi desde hace
un rato, no eres de aquí, ¿verdad?” Yo moví la cabeza
de un lado a otro y ella me dijo nuevamente: “Veo que
desde hace un rato estás un poco confundido, ¿necesi-
tas ayuda?” Le expliqué que estaba perdido y necesitaba
ayuda para orientarme y conocer un poco sobre el lugar
donde estaba, ella, amablemente, me dijo que podría
ayudarme porque ese día estaba muy aburrida en su
tienda de ropa.
No podía creer la suerte que tenía de nuevo, alguien
de ese lugar me estaba ayudando y no tenía que pasear
solo en medio de gente desconocida que me miraba
extraño por mi ropa. Yo estaba listo para salir, pero
Isabel, la amable señora que me estaba ayudando, me
dijo que no podía salir a la calle vestido de esa forma.
Entonces sacó de su tienda un traje y me lo dio. El estilo
era muy europeo y mi nueva amiga me contó que ella
había viajado desde España con su familia para vivir en
este lugar donde había muchas oportunidades para su
gente. Ella abrió una tienda de ropa donde vendía ves-
tidos y trajes a personas de clase alta. Me explicó que el
estilo más popular de la época entre las mujeres eran
los vestidos amplios hechos con telas que se importaban
desde Europa. En el caso de los hombres, muchos de
ellos usaban trajes con partes hechas de seda y colores
vivos. Parece que era muy popular vestir ropa lujosa,
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porque esto ayudaba a mostrar la clase social de cada
persona.
Cuando hablaba con doña Isabel, me sentía muy inte-
resado, recuerdo que cuando estaba en la universidad,
asistí a una clase de moda del pasado, en ella hablába-
mos sobre cómo cambió la ropa a lo largo de la historia
en Europa, principalmente. Pero nunca antes pensé en
cómo la moda europea comenzó a entrar a México. ¡Qué
interesante y cuántas maneras de estudiar y conocer más
sobre un país existen!
Luego de ponerme el traje que doña Isabel me prestó,
me dijo que, como ese día no había mucho trabajo,
podíamos salir a pasear mientras ella me presentaba un
poco de ese lugar en el que llevaba viviendo 5 años ya.
Cuando empezamos a caminar ella me dijo que una de
sus actividades favoritas era ayudar a las personas que
llegan y presentarles un poco de la vida y su organización
en la Nueva España. En primer lugar pasamos por una
zapatería pequeña, afuera había un cartel que decía “Se
busca ayudante que sepa coser zapatos”. Doña Isabel me
tomó fuerte del brazo para dirigirme a ese lugar; cuando
llegamos, vi que dentro había un señor de unos 50 o 60
años que trabajaba muy fuertemente. Después de entrar,
el señor nos saludó amablemente y le dijo a doña Isabel
que pronto estaría listo el par de zapatos que le había
encargado, ella le agradeció y nos presentó. Le dijo que
yo era su sobrino y había llegado hace un par de días
para establecerme en la Nueva España. El zapatero, que
se presentó como don Juan, me dio la mano y me reco-
mendó comenzar a buscar trabajo rápidamente porque
era un poco difícil encontrar buenos lugares de trabajo
debido a la migración constante.
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Cuando salimos de ahí comenzó a contarme que
muchos españoles llegaban esos años para establecerse
en la Nueva España y trabajar desde ahí no era tan fácil,
por eso, si quería trabajar, tenía que buscar rápidamente
un buen trabajo. También me dijo que trabajar con don
Juan no era una mala idea, porque él pagaba un buen
salario y daba hospedaje en su casa.
Comenzamos a caminar, sin un lugar específico
para llegar, pero mientras caminábamos, doña Isabel
comenzó a contarme lo interesante que era vivir en la
Nueva España, ella me dijo que uno de los cambios más
increíbles que tuvo cuando llegó fue su dieta, que poco
a poco se adaptó a los sabores del nuevo continente.
Ella me contó lo maravilloso de combinar sabores y
cómo todo dio origen a platos nuevos y deliciosos, pero
una de las cosas más increíbles para ella fue el chocolate,
que comenzó a consumir con pan por las mañanas, ella
me dijo que nunca en su vida probó algo tan delicioso
como el chocolate. Ella adoraba el chocolate y dijo:
“Me encanta que podamos consumir chocolate por las
mañanas, es una bebida tan dulce y suave que puede
alegrar tu día, espero que todas las personas puedan
disfrutarlo pronto”.
En ese momento recordé que cuando fuimos a la casa
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de mi amigo Huitzitzilin, al finalizar el día, había un aroma
delicioso en su casa. Su mamá se encontraba tostando
semillas de cacao, mi amigo tomó una y me la dio a
probar mientras me decía que el cacao era un producto
muy especial para su pueblo, porque una vieja leyenda
contaba que Quetzalcóatl, también conocido como
“serpiente emplumada”, que era uno de los dioses más
importantes de su cultura, regaló a los hombres el cacao,
que hasta ese momento era un tesoro que sólo disfruta-
ban los dioses.
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leche y azúcar y seguía siendo consumida por los nobles
y ricos. En ese momento pensé: “no creo que Huitzitzilin
y doña Isabel me crean si les digo que el chocolate es
un producto que se puede comprar en todas las tiendas
actualmente”. Estaba pensando eso, cuando doña
Isabel me trajo de nuevo al presente… que a su vez era
mi pasado. Ella estaba hablando sobre la fusión de ali-
mentos y las nuevas combinaciones que había en esos
momentos, me contó que a veces por la tarde se consu-
mía carne de res, pollo o cerdo con frijoles y un vaso de
pulque. ¡Otra vez algo conocido! En la Nueva España,
continuaban consumiendo bebidas importantes para los
pueblos prehispánicos.
Qué maravilla poder ver la evolución de un alimento
a través de la historia. Personalmente, me encanta el
chocolate y es un alimento que consumo frecuente-
mente. Recuerdo que cuando viajé a Oaxaca compré
muchos tipos de chocolate para regalar a mis amigos y
a mi maestra. Y también escuché que en Colombia se
consume un tipo de chocolate muy especial: chocolate
con queso. Me fascina ver cómo detrás de cosas que
parecen muy simples, hay mucha historia, si vemos aten-
tamente e investigamos un poco, podemos aprender
mucho sobre nuestras culturas, su evolución y la relación
con otros países.
Mientras pensaba en todas esas cosas, recordé que aún
no tenía hospedaje. Ese día había sido agotador, doña
Isabel tenía mucha energía y no paramos de caminar
en todo el día mientras visitamos mercados, probamos
comidas deliciosas y vimos cómo cambiaba la ciudad
poco a poco. Mientras paseábamos por calles llenas de
color y aromas diversos, no pude evitar recordar el tian-
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guis que sale cada domingo cerca de mi casa, lleno de
color y opciones diversas de comida, esta parecía ser otra
de las costumbres que se mantenían luego de muchos
años. Mientras pensaba todo eso, recordé nuevamente
que ahora que era de noche, tenía que buscar un lugar
para quedarme. Iba a agradecerle a doña Isabel por
toda la ayuda de ese día cuando ella me dijo de repente:
“No tienes un lugar para quedarte, ¿verdad? Creo que
buscar una posada a estas horas podría ser peligroso, te
recomiendo que te quedes aquí, tengo un cuarto vacío
y puedes usarlo hasta que llegue alguien a rentarlo”. Esa
frase fue como un regalo para mí, honestamente, estaba
pensando en buscar un lugar como un parque para que-
darme, después de todo, sólo necesitaba un espacio
hasta la mañana siguiente. Tomé las manos de doña
Isabel y le agradecí con una sonrisa en mi cara, no sabía
si iba a volver a verla al día siguiente y quería agrade-
cerle toda la atención y apoyo que me dio ese día.
Tenía mucha curiosidad sobre qué pasaría esa noche,
si dormía, ¿al día siguiente despertaría en mi casa? No
quería dormirme, pero luego de entrar en el cuarto estilo
europeo con muebles antiguos y meterme en la cama,
mis ojos comenzaron a sentirse pesados, seguían cerrán-
dose hasta que, sin darme cuenta, me dormí.
Eran las 7:00 de la mañana cuando escuché un fuerte
ruido, desperté asustado, intentando ubicarme. No
creo que haya muchas emociones como ésa: despertar
desorientado sin saber si estás en el presente o en el
pasado. Abrí completamente mis ojos y empecé a ver
las formas de mi cuarto, mi cuarto al sur de la ciudad que
estaba tan soleado e igual que siempre. Me desperté
nuevamente intentando entender y analizar lo que pasó
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la noche anterior, pero aún era difícil para mí. Aunque
yo caí por ese lugar en la noche, el día completo que
pasé ahí no existía en el presente. Era una sensación muy
extraña saber que estuve jugando un día completo en
el pasado y, después de dormir, volvía al presente sin
ningún problema.
¿Qué pasaría con doña Isabel? Al día siguiente si iba
a mi cuarto y no me encontraba, ¿qué pensaría? Igual-
mente, ¿cómo se sentiría Huitzitzilin cuando entró al
cuarto que me prestó y vio el petate vacío? Viajar al
pasado era muy interesante y divertido, pero también
cansado y abrumador. Todo era muy rápido y dormir
no era para descansar, sólo era para volver al presente y
regresar a mi vida común.
Ahora era sábado por la mañana y mi cabeza estaba más
confundida que nunca, quería ir otra vez a visitar el portal,
pero tenía tarea de mis clases de español, historia y gramá-
tica, no era posible hacer todo en un solo día, además viajar
en el tiempo era más cansado de lo que pensé.
Decidí ir de nuevo el viernes en la noche, ese día sólo
tenía clase de español y podía dormir hasta tarde. Los
días desde el sábado hasta el viernes en la tarde fueron
eternos, pero me sirvieron para seguir investigando y
aprendiendo sobre la historia de México, por medio de
muchos libros, hice una revisión rápida de los periodos
más importantes de México, si iba el viernes y saltaba por
la coladera, ¿qué época podría visitar? ¿La independen-
cia? ¿La Revolución? ¿El Porfiriato? Tenía mucho interés
en este último porque leí que fue un tiempo de mucho
progreso para México y en ese tiempo se desarrollaron
muchos avances tecnológicos como el tranvía eléctrico,
el automóvil y algunos avances en la comunicación.
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Finalmente llegó el día y me preparé lo mejor que pude,
tomé una chamarra con bolsas interiores muy grandes y
metí ahí un pequeño manual de historia que conseguí
mientras paseaba en las librerías de la calle Donceles
en el centro de la ciudad. También decidí llevar algunas
monedas y dejar mi celular, que no era nada útil en el
pasado e intenté usar un estilo de ropa algo común.
Cuando me acercaba a la calle que había visitado
muchas veces esa última semana, sentía mi corazón latir
muy fuertemente. Hoy, mientras cuento esta historia a
otros, yo tampoco creo que sea verdad, pero yo lo viví
y puedo decir que todo era cierto. Aunque parece una
locura, en México una coladera abierta me ayudó a viajar
en el pasado, cada día a las 11:00 pm se abría un portal
entre el pasado y el presente que permitía viajar a épocas
del pasado. Cada día comenzaba a entender un poco
más cómo funcionaba todo. El misterioso portal se abría
por la noche y cada día llevaba hacia una época distinta
de México. Esta era, sin duda, una de las mejores cosas
que me habían pasado en la vida. Comencé a pensar en
cómo continuar probando el portal. ¿Funcionaría de la
misma forma con dos personas? Estaba considerando
contarle a mi amiga Fernanda, una historiadora que se
graduó de la UNAM y que conocía muy bien sobre la
historia de México, pensaba que si ella veía todas esas
cosas, se pondría muy feliz y me ayudaría a entender
mucho del pasado de México.
En todo eso pensaba mientras caminaba felizmente por
el callejón que desde hacía casi una semana me resultaba
tan familiar y mágico. Tenía mucha curiosidad por descu-
brir a dónde me llevaría ese momento y no podía aguantar
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la curiosidad. Justo cuando llegué al lugar de siempre, noté
que el pequeño agujero en el suelo había desaparecido.
Inmediatamente me puse a investigar porqué había
desaparecido el agujero del piso, le pregunté al señor
que tenía un puesto de tortas justo enfrente de él y me
contó que ese lugar llevaba más de 3 meses sin aten-
ción, pero de pronto había sido llenado con cemento. No
podía creerlo, el mágico portal se había cerrado con un
poco de cemento. Intenté rascar el suelo, pero no pude
hacer nada, la coladera estaba completamente cerrada
y con ella se cerraron mis ilusiones de poder seguir via-
jando al pasado.
¿Qué podía hacer yo en ese momento? Parece que
nada, continué rascando el suelo, pero el cemento
estaba duro y no había manera de moverlo. El portal se
cerró y parecía que no era posible recuperarlo. Un poco
triste, comencé a caminar de regreso a casa muy preo-
cupado porque el día de mañana no iba a tener buenas
respuestas para mi examen de historia de México.
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Después de leer
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9. Es sorprendente (aprender) ______________ sobre
todas las formas en que la cultura española (fusionarse)
_______________ con la cultura mexicana.
10. El viajero del tiempo (ponerse) _____________ triste
cuando (darse) ______________ cuenta que no era posible
viajar más en el tiempo.
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Clave de respuestas
Después de leer
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9. Es sorprendente (aprender) aprender sobre todas
las formas en que la cultura española (fusionarse) se
fusionó con la cultura mexicana.
10. El viajero del tiempo (ponerse) se puso triste cuando
(darse) se dio cuenta que no era posible viajar más en el
tiempo.
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Glosario
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Latir: intr. Acción que hace el corazón cuando vibra y
pasa sangre al cuerpo.
Meditar (ideas): tr. Analizar una idea con detenimiento
para entenderla mejor o reflexionar sobre ella.
No haber señal: fr. No tener servicio telefónico en un
lugar.
Orientarse: intr. Conocer información sobre algo para
saber dónde estamos.
Posada: s.f. Tipo de casa donde la gente puede dormir.
Pretender: tr. Fingir, intentar mostrar una cosa diferente
a la realidad para que otra persona la crea.
Procesar (algo, una noticia o información): tr. Entender y
asimilar una noticia sorprendente.
Rascar: tr. Tocar la piel una y otra vez fuertemente, espe-
cialmente con las uñas, para calmar una sensación de
comezón.
Salario: s.m. Dinero recibido por el trabajo realizado.
Seda: s.f. Tipo de tela de Asia creada a través de las fibras
de unos gusanos.
Tostar: tr. Poner algo al fuego para que se queme y tenga
una sensación crujiente.
Tranvía: s.m. Tipo de tren corto que circula en vías fijas al
suelo.
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