2. La lectura a primera vista.
El proceso que llevamos a cabo para leer una obra musical se puede dividir en varias fases según:
La observación y extracción de la información necesaria para el intérprete en relación con la
percepción de la partitura.
El procesamiento de la información que es llevado a cabo por el cerebro.
La ejecución del cuerpo en respuesta al impulso enviado por el cerebro para realizar la
interpretación.
A continuación, se detalla cada una de estas fases.
2.1. Percepción de la partitura.
Entender cómo funciona la vista cuando leemos una partitura por primera vez es muy importante para
tratar de desarrollar al máximo esta habilidad y sacarle el máximo provecho.
Cuando leemos, ya sea un texto ya sea una partitura, nuestros ojos no van realizando un movimiento
constante y suave, en contra de lo que podríamos pensar. En realidad, se mueven de forma discontinua,
en lo que se denominan movimientos sacádicos, que se producen con una frecuencia de cuatro a cinco
veces por segundo. Las pausas entre estos movimientos se denominan fijaciones y se realizan más o
menos cinco por segundo. Es cuando realiza las fijaciones que el ojo extrae la información de aquello que
está mirando. A continuación, el cerebro reconstruye una imagen coherente, para lo que junta toda esa
información extraída en las distintas fijaciones realizadas.
Cuando leemos una partitura, se sabe que la mayoría de las fijaciones se dirigen hacia las cabezas de las
notas, aunque también son objeto de las fijaciones las plicas, el compás, líneas divisorias, clave y otros
elementos de la obra musical.
Otro aspecto a tener en cuenta sobre cómo se comporta el ojo durante la lectura, es que no siempre va
hacia delante, sino que a veces se mueve de derecha a izquierda, retrocediendo.
Hasta el punto, todo es más o menos similar en la lectura de un texto y de una partitura, pero es cierto
que existen diferencias, ya que, las regiones del cerebro implicadas en el proceso no son iguales.
El comportamiento del ojo en la lectura de una partitura depende de varios aspectos, como del número
de pentagramas que necesitamos leer simultáneamente y de la textura de la obra. Si lo que nos interesa
es una línea monódica, lógicamente el movimiento será horizontal y similar al que tenemos cuando
leemos un texto. Sin embargo, cuando implica la lectura de varios pentagramas, como ocurriría por
ejemplo en una obra para piano, no solo necesita de una lectura horizontal, sino también vertical, por lo
que los ojos han de moverse en zigzag para ver simultáneamente los pentagramas implicados. Si se
interpretan acordes, la mirada se moverá verticalmente en cada uno, antes de pasar al siguiente; al
contrario, si una obra es contrapuntística, el ojo se moverá horizontalmente para captar al menos parte
de la línea melódica, y posteriormente verticalmente para localizar la siguiente, nuevamente
horizontalmente y sí sucesivamente.
Dependiendo de la complejidad de la obra, parece que el tiempo de fijación es mayor cuanto mayor sea
su dificultad. Por tanto, el estilo musical en el que ha sido compuesta tendrá una influencia notable; una
obra clásica o barroca, será más sencilla de leer que una obra atonal.
A su vez, influyen factores cognitivos en los movimientos sacádicos del ojo. Varios estudios apuntan a que
el tiempo de fijación es menor cuanto mayor sea la habilidad para leer del intérprete (Cisneros, 2013).
Generalmente, a medida que se consigue una mayor experiencia, la lectura a primera vista es más ágil y
rápida, ya que, la mirada tiende a dar saltos más amplios por la partitura.
La primera percepción del entorno y en concreto, de la partitura se realiza por nuestros ojos, los cuales
no realizan un movimiento continuo en la lectura, sino que, a modo de fotogramas, recogen
aproximadamente cinco imágenes fijas por segundo. Cada movimiento entre por así decirlo, fotograma,
se denomina sácada, mientras que las imágenes percibidas adquieren el nombre de fijaciones. El cerebro
por su parte recoge la información percibida por las fijaciones y a partir de ahí reconstruye una imagen
fidedigna de aquello que se está mirando.
Hay que tener en cuenta que dentro de las imágenes captadas por el ojo no son nítidas por igual, sino que
focalizan el punto medio de las mismas, lo que se ha dado por llamar fovea centralis, perdiendo nitidez a
medida que se aleja de ese punto. En el caso del lenguaje, la visión foveal permite fijar cada palabra, y con
ello su semántica, mientras que la visión parafoveal anticipa la siguiente fijación, agilizando de este modo
el proceso.
Aplicando este concepto a la lectura de las partituras, se sabe que las fijaciones se dirigen principalmente
a las cabezas de las notas, y en menor medida a plicas, compás, clave, y otros elementos de la partitura.
También hay que tener en cuenta que las fijaciones no se producen de manera continua en sentido de la
lectura, sino que en ocasiones retrocede para completar la información.
Hasta este punto la lectura de la partitura podría asimilarse a la lectura de un texto, pero existen
particularidades, ya que las regiones cerebrales implicadas en el proceso son distintas. Así la lectura
depende de la estructura de la partitura. En el caso de una línea monódica, la lectura sería similar a la de
un texto, esto es, eminentemente horizontal. Si se trata de la lectura de música en varios pentagramas,
pero homorrítmica, el movimiento ocular será mayoritariamente vertical, captando primero el
pentagrama superior, seguido del inferior y pasando de nuevo al pentagrama superior del siguiente
acorde. En las ocasiones en que la escritura musical sea contrapuntística, se alternarán movimientos
oculares horizontales y verticales. El ojo captará primeramente imágenes en sentido horizontal para leer
notas de la línea superior, desplazándose a continuación verticalmente para captar notas de la línea
inferior. Por tanto, este movimiento en zigag dependerá del tipo de escritura.
Llegados a este punto parece lógico pensar que se hace necesario tomar conciencia del tipo de escritura,
con el fin de optimizar los recursos a la hora de enfrentarse por vez primera a una partitura. El trabajo
según el tipo de escritura permitirá desarrollar un movimiento ocular ordenado que facilitará la
extracción de la información.
Atendiendo por otro lado la complejidad de la obra, el número de fijaciones será mayor a medida que
aumenta la complejidad de la obra escrita. De tal manera, obras clásicas y barrocas, cuya escritura resulta
más sencilla, es más fácilmente asumible en una lectura a primera vista, que obras del Romanticismo e
incluso con escritura atonal.
Otro factor a tener en cuenta en el estudio de la lectura a primera vista es la pericia del intérprete.
Diversos estudios establecen un menor tiempo de fijación en los intérpretes más hábiles, los cuales a su
vez son capaces de captar más información en cada fijación. Aquellos inexpertos precisarán de muchas
fijaciones y de mayor duración, lo cual ralentiza el proceso. A medida que su habilidad mejora, el número
de fijaciones se reducirá, siendo capaces de leer los acordes en sentido ascendente, para finalmente
captar la información armónica de modo descendente.
Por último, diversas investigaciones han concluido en que la lectura anticipada es otro de los factores
determinantes de una mejor lectura. Los músicos más experimentados son capaces de leer por delante
de lo que está sonando. Sloboda, en 1974 determinó que los buenos lectores leen entre seis y siete notas
por delante de lo que está sonando en el piano. Del mismo modo que en la lectura de un texto se
identifican las palabras y no las letras por separado, la lectura armónica es la base de la lectura musical
Así para el desarrollo de la lectura se debe prescindir de la captación nota a nota, buscando en cambio
patrones armónicos. Que den coherencia a la partitura desde un punto de vista global. Sola, M. D. C. LA
LECTURA A VISTA DE PARTITURAS: UN PLANTEAMIENTO DE TÉCNICAS DE TRABAJO. Música y
educación, 30, 71-82.
2.2. Procesamiento de la información.
En la velocidad para procesar la información que le ha llegado al intérprete gracias al sistema ocular,
influyen y en gran medida sus conocimientos musicales de lectura, armonía y rítmicos entre otros.
En la repentización el intérprete utiliza mayoritariamente un tipo de memoria llamada memoria
operativa o memoria a corto plazo, que le sirve para retener las notas unos segundos antes de
interpretarlas; sin embargo; para interpretar una obra de memoria se utilizará la memoria a largo plazo.
En la memoria operativa se acumula información registrada por los ojos en unidades de memoria.
Gracias a sus conocimientos y a su experiencia, el músico experimentado puede reunir la información
percibida en unidades de memoria más grandes y más operativas. Por ejemplo, mientras que un
principiante tendría que codificar notas que están en claves diferentes en unidades separadas, un lector
experimentado puede hacerlo en una única unidad.
Una vez captada la información por parte del sistema ocular, la velocidad en el proceso de la misma
estará condicionada por los conocimientos musicales del sujeto, desde puntos de vista rítmicos,
armónicos o de lectura como tal.
En el cerebro humano se distinguen tres tipos de memoria según el tiempo que la información se
mantenga disponible. El más breve de ellos es el sensorial, cuya duración se estima en unos 3 seg. La
memoria a corto plazo es la que almacena la información por un plazo aproximado de 30 seg y se limita a
aproximadamente 7 elementos. Dicha información podrá ser desechada, o enviada a la memoria a largo
plazo, que permite recordar una información durante un largo lapso de tiempo, incluso de por vida.
La lectura a primera vista se centra en el empleo de la memoria a corto plazo, también llamada operativa
o de trabajo. Al repentizar el cerebro retiene las notas durante unos segundos antes de interpretarlas. En
cambio, en un proceso de memorización se hace necesaria la participación de la memoria explícita a
largo plazo, almacenando la información hasta que el individuo decida recuperarla.
En este punto sigue siendo fundamental la pericia del músico, ya que mientras que un músico inexperto
registra la información en unidades separadas, el experto recoge la información en unidades más
grandes, y por tanto más operativas. De este modo la práctica en repertorios afines a los repentizados
hará posible que el músico se familiarice con estructuras recurrentes, posibilitando de tal manera una
decodificación más ágil.
2.3. Ejecución de la informació[Link].
La lectura a primera vista supone la coordinación de los ojos, que leen la partitura, y las manos, que
ejecutan lo que los ojos ven.
La ejecución de la información dependerá, en buena parte, de la conjunción de la actividad cerebral y la
memoria muscular (Cisneros, 2013) y, por tanto, estos factores determinarán en parte la fluidez de la
lectura.
Como es evidente, la actividad cerebral será necesaria para comprender el sistema en que está escrita la
música y poder de algún modo predecir cómo va a evolucionar. Por este motivo será más fácil repentizar
una partitura tonal que una atonal. Si el intérprete conoce en profundidad la tonalidad en la que está
escrita la obra, muchos movimientos armónicos, melódicos o las cadencias, por ejemplo, son predecibles.
Del mismo modo, la memoria muscular ayudará al intérprete. Dependiendo de la experiencia del lector
en la tonalidad en la que esté escrita una obra, tendrá más o menos memorizadas muscularmente la
ejecución de escalas, así como movimientos armónicos y, por tanto, sus dedos los realizarán de un modo
más natural y fluido.
5. Criterios para la selección del material adecuado a cada nivel.
La mejor manera de perfeccionar la técnica de lectura a primera vista es sin duda ser constante en la
práctica de esta habilidad y leer una gran cantidad de partituras.
La elección de material adecuado para trabajar la lectura a primera vista es tarea del profesorado y será
fundamental para que el alumnado mejore paulatinamente esta habilidad sin caer en el desánimo. Se
deberán tener en cuenta los siguientes factores:
Las partituras escogidas no deben contener elementos de lenguaje musical que el alumnado
desconozca. Para ello, es imprescindible un buen trabajo en equipo con el resto de profesorado
que imparte la asignatura.
En los primeros estadios del aprendizaje, deben escogerse obras cortas o seleccionar
fragmentos de obras. Las obras no deben presentar grandes dificultades técnicas, por lo que se
debe tener en cuenta el curso en el que se encuentra el alumnado.
El objetivo principal en el comienzo de la lectura a primera vista, no es una perfecta precisión en
la ejecución de las notas, ya que, debe mantenerse la vista fija en la partitura y evitar corregir
cada error para tocar la obra sin interrupciones desde el principio hasta el final. Poco a poco las
equivocaciones irán desapareciendo.
Kuo (2002) indica que el objetivo en estos primeros niveles de estudio es desarrollar la
habilidad para recordar unidades y patrones musicales.
La dificultad deberá ir incrementándose progresivamente a medida que mejore el alumnado
tanto la capacidad de repentización como el nivel técnico. Tanto en los niveles sencillos como en
los más complejos, es necesario cuidar la precisión rítmica.
Para la lectura a primera vista de obras cuya dificultad técnica suponga un desafío para el
alumnado, se debe realizar a un tempo lento y evitando detenerse cuando se produzca algún
error. De esta manera, el estudio será productivo y motivador.
La interpretación de música de diferentes estilos es recomendable y según la dificultad que se
quiera solventar, se pueden escoger obras de un determinado estilo o autor.
Aunque el material que se lee debe ser de una dificultad plenamente accesible para el intérprete,
no por ello debe descuidarse su calidad.
En conclusión, las diferentes técnicas mencionadas capacitarán al intérprete de la fluidez necesaria para
cumplir con el nivel requerido, tratado en los criterios de selección de material necesario.