ACTIVIDAD 12 CUENTO.
GÓMEZ ZEPEDA CESIA HAZZEL
ACTIVIDAD 12 CUENTO
MAESTRA: ARIANNA DIAZ
COMUNICACIÓN ORAL Y ESCRITA
CIUDAD DE MÉXICO A 21 DE ABRIL DEL 2024
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ACTIVIDAD 12 CUENTO.
Había una vez, hace no tantos años, una niña que nació en un bosque,
abandonada por las personas que se supone que la iban a cuidar. Su madre y su
padre se fueron y la dejaron al cuidado de nadie, solo ella misma. A los tres años,
la niña tuvo que encontrar la forma de sobrevivir. Siempre se preguntó por qué si
los animales tenían familia y aun las plantas tenían a alguien con quien
identificarse, ella estaba completamente sola. Se sentía triste y ni siquiera era
capaz de comunicarse con otros animales del bosque. Solo comía lo que creía
que era bueno, no tenía nada a qué aferrarse, pero siguió basándose en el
instinto de sobrevivir. Pasaron los años y ella ya tenía 15 años de edad. Ya
entendía más a los animales y su vida ya comenzaba a parecerse un poco más a
la felicidad que tú y yo conocemos.
Pero un buen día, en el bosque, apareció un niño de aproximadamente 6 años.
Estaba perdido. De inmediato, la niña del bosque se acercó a él. Al fin una cara
parecida. Era considerablemente más bajito que ella. El niño se asustó, pero al ver
que era una mujer, corrió hacia ella y la abrazó. El pequeño hablaba una lengua
desconocida para la mujer del bosque. Ella ni siquiera podía escuchar, ni prestar
atención a lo que el niño le dijo. Estaba tan pasmada, no sabía lo que era. Pero el
abrazo del niño despertó algo en ella que jamás había experimentado: el afecto, el
que alguien se alegra de verte.
Pasaron los días, el niño le enseñó un poco de español, y ella le enseñó cómo
sobrevivía y lo que comía. Le mostró que, aunque ella no sabía hablar, sabía
querer y cuidar. Pasaron los meses y nadie había ido por el niño. Ella estaba
encariñándose demasiado. Incluso se pusieron nombres, el niño la llamó Yue y
ella lo llamaba Ro. Ella realmente conoció la felicidad, aprendió a preocuparse por
alguien que no fuera ella misma y él le dio sentido a su vida.
Hasta que pasó el tiempo y el pequeño Ro comenzó a extrañar a su familia. Yue
se dio cuenta de que Ro no estaba condenado a una vida como la de ella, y que
sería egoísta de su parte pretender que el niño era suyo. Pero sabía que no
estaba lista para integrarse a la sociedad de Ro, y que la familia de Ro no eran
personas que cuidarían de ella, aunque en el fondo ella tenía el anhelo de ser
querida, de ser vista, de que alguien viniera a buscarla, de saber que algún día
alguien la amó así como ella amaba al pequeño Ro.
Después de analizarlo mucho, preparó algunas cosas para un viaje largo. Fue un
viaje de 5 días y 5 noches. Atravesaron muchas cosas juntos, pelearon contra
animales salvajes, contra climas extremos, pero al fin lo lograron. Llegaron a un
pequeño poblado, pero antes de adentrarse, Yue le dio unas instrucciones finales
a Ro. Le dijo: "Camina con cuidado, habrá alguien en quien creas que puedas
confiar y debes contarle lo que te pasó y quienes son tus padres. Sé fuerte y
nunca le digas a nadie dónde vivo, por favor", y entre lágrimas se despidió
diciendo unas palabras que para ella eran tan insignificantes pero que dentro de
su corazón tenían muchísimo peso. "Te quiero Ro", el niño, sin entender realmente
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que era una despedida, solo la abrazó y le dijo: "Te amo Yue, gracias, nos vemos",
y corrió hacia el poblado.
Yue ya no esperó mucho más, solo vio al niño con un adulto y se fue. Corrió lo
más rápido que pudo, con los ojos llenos de lágrimas de verdadera tristeza, de
verdadero terror al futuro, de no saber qué le espera al pequeño niño ni saber qué
le espera a ella. ¿Y ahora qué pasa? Me condené a vivir una vida vacía. Antes de
él no tenía nada, pero no sabía qué era tener a alguien, no sabía qué era el amor,
no sabía amar, no tenia idea de que era entregar mi vida a alguien. Nada me
diferenciaba de un animal, de una planta. Nadie nunca me quiso, nadie nunca me
va a amar, a cuidar.
Mientras Yue pensaba esto, seguía corriendo, hasta que llegó a una cascada, y
pensó en terminar con su vida, pues sabia que ya no le quedaba nada, que la
esperanza se había ido con el pequeño Ro.
Pero un poco antes de aventarse , escuchó una risa, que en el momento le trajo
recuerdos alegres. Era otra persona. Yue fue corriendo a abrazar a esta figura
desconocida. La persona era una mujer adulta. La mujer le devolvió el abrazo y la
miró con amor y compasión en sus ojos, y le dijo: “¿Quién eres, hermosa?” “Soy
Yue”, dijo con voz temblorosa, pero con cierto alivio y esperanza de haber
encontrado compañía en ese momento de desesperación y angustia. La mujer le
preguntó por su vida. Yue se esforzó por contarle quién era ella y todo lo que
había pasado, la soledad que la aquejaba y que acababa de perder la única
persona que la había hecho sentir que importaba y que aportaba algo al mundo.
La mujer la escuchó atentamente, nunca la interrumpió y trató de ser muy
empática. Dijo que ella la cuidaría y que juntas podrían encontrar un propósito.
Yue no podía creer que al fin estaba siendo escuchada y entendida…
Y no le gustó. Al principio la alivió, pero después se preocupó. Se sintió no
merecedora de tanta bondad, se sintió miserable y más sola que nunca.
Entonces corrió hacia la cascada y termino el sufrimiento, dejo de luchar, pero
nadie aquí la puede culpar, nadie le enseño a vivir, nadie debería juzgar como
elegio morir, fin.
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