EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA: PASO DEL MYTHOS AL
LOGOS Y FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA
1. EL NACIMIENTO DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL
La filosofía griega apareció en el siglo VI a. C. en las zonas de habla griega de
las
actuales Italia y Turquía. Era la época de la segunda colonización griega del
mar Mediterráneo, el momento de la máxima expansión de la civilización
griega.
En la aparición del fenómeno griego confluyeron varios factores de tipo
sociocultural. En primer lugar, una religión humanizada (en la que los dioses se
presentan con cualidades humanas) y cuyo nexo narrativo se encontraba en
los mitos que trataban de explicar el origen último del cosmos y del ser
humano. En estos mitos, además, contienen enseñanzas morales y teológicas.
Debido a su naturaleza oral, estaban sujetos a modificaciones y críticas.
Por otro lado, en este contexto de miscelánea cultural, se desarrolló el teatro
griego de mayor relevancia, especialmente la tragedia griega con autores como
Sófocles y Esquilo. También destacan las figuras de los poetas Homero (autor
de la Ilíada y la Odisea) y Hesíodo.
A su vez, confluyeron grandes zonas comerciales que propiciaron el
intercambio cultural. Esto posibilitó la aparición de un pensamiento libre de
tradiciones míticas y religiosas. También es destacable la influencia exterior de
las civilizaciones de Egipto y Babilonia como parte de su sustrato sociocultural.
En Grecia nace la democracia, sistema político que propicia la participación
ciudadana, factor que permite a los griegos discutir sobre los asuntos públicos.
Esto permite el uso de la argumentación y la persuasión y favorece el debate
intelectual.
A los primeros filósofos se los denomina presocráticos por un
convencionalismo histórico: el peso de Sócrates como maestro de Platón hizo
que se agrupase a una serie de filósofos dispares bajo la misma categoría.
Ellos renunciaron a las explicaciones míticas basadas en la imaginación y la
fantasía e iniciaron un modo de reflexión racional que se centró en la búsqueda
del sentido de la realidad.
La actividad filosófica se orienta a la búsqueda de la verdad. Esta indagación
comenzó en la naturaleza, allí donde la observación no consigue dar una
explicación suficiente; más tarde, el ser humano se preguntará sobre si mismo
para desentrañar el sentido de la existencia. La actividad filosófica vio la luz
como actividad propia de ciudadanos varones libres, que no necesitaban
trabajar para vivir, es decir, tuvo un cierto sesgo elitista y estaba ligada a la
instrucción en escuelas de carácter privado. Así pues, el pensamiento filosófico
se desarrolló predominantemente en círculos de individuos alfabetizados, en un
tiempo en el que la lectura y la escritura estaban al alcance de muy pocas
personas.
2. FILOSOFÍA ORIENTAL
Más o menos al mismo tiempo que en Grecia, en Oriente se desarrolla un
conjunto de saberes que, al igual que la filosofía occidental, trató de dar
respuesta a las grandes cuestiones de la vida mediante argumentos racionales
y nociones generales y abstractas.
2.1. LA FILOSOFÍA EN CHINA
El periodo clásico de la filosofía china se produjo entre los siglos VI y II a. C.,
durante los cuales nacieron el confucianismo y el taoísmo, dos filosofías que
con el tiempo adoptaron elementos religiosos. La idea central de la filosofía
china es el Tao, que hace referencia a la esencia del universo, al orden natural
de la existencia.
CONFUCIANISMO: el pensador chino Confucio o Kung Fu Tzu (551-479 a. C.)
habló de los diferentes roles sociales (rey, ministro, padre, siervo, etc.) y de los
honores y obligaciones que implicaba cada uno de ellos. Según sus
enseñanzas, la clave para alcanzar la armonía social radica en la revisión de
los roles y de los rituales tradicionales, adaptándolos al presente, de manera
que sean desempeñados con humanidad, es decir, sometiendo todo lo
individual al interés superior de la comunidad.
TAOÍSMO: su figura central es Lao-Tse o Laozi, que fue contemporáneo de
Confucio. El taoísmo mantiene que la realidad entera está regida por dos
grandes principios que están en conflicto permanente, pero que al mismo
tiempo se complementan: el yin (que representa lo negativo: oscuridad, frío y
noche) y el yang (que representa lo positivo: luz calor y día). El ser humano
debe tratar de encontrar el equilibrio entre ambos principios a través del Tao.
2.2. LA FILOSOFÍA EN INDIA
El hinduismo y el budismo son las dos principales tradiciones culturales de
India y en ellas se mezclan tanto elementos filosóficos como religiosos. Ambas
comparten su creencia en la reencarnación y en que el destino de cada
individuo se va labrando a través de sus actos.
HINDUÍSMO: se asienta sobre la base de las antiguas doctrinas recogidas en
los Vedas y las Upanishads, los textos sagrados de este país. Las diversas
escuelas hinduístas se plantearon cuestiones parecidas a las de la filosofía
griega en sus inicios. El término hindú que más se aproxima a lo que
entendemos por filosofía es darsana, que significa “visión” y se refiere tanto al
intento de entender el mundo, como al esfuerzo por alcanzar la iluminación.
Para el hinduismo el mundo está poblado por espíritus individuales (llamados
atman) que transmigran eternamente de un cuerpo a otro, a no ser que
alcancen la iluminación a través de sus actos. En cada vida el atman actúa
acumulando las consecuencias de sus acciones para que surtan efecto en
futuras vidas (karma).
BUDISMO: esta doctrina filosófico-religiosa fue fundada por Siddarta Gautama,
a quien se conoce por el nombre de Buda, que significa “iluminado”. Sus
seguidores recopilaron sus enseñanzas varios siglos después de su muerte en
un libro al que llamaron “Pali”. El núcleo de la filosofía budista es la
constatación de que la vida es imperfecta, porque existe el sufrimiento. Ese
sufrimiento viene provocado porque nos aferramos a bienes materiales y
deseos (placer, poder...), que no son permanentes. Esto nos lleva a un ciclo
repetitivo de nacimientos y muertes en una vida material. Pero el sufrimiento
puede extinguirse cuando se extingue su causa. Abandonando los deseos y el
apego por lo material podemos alcanzar un estado de liberación del sufrimiento
llamado nirvana, que nos permite acabar con el ciclo de reencarnaciones. Su
propuesta para alcanzar el nirvana es seguir el camino de la sabiduría, la
conducta ética y la meditación.
No forma parte del budismo la creencia en un dios personal semejante al de las
religiones occidentales.
3. LOS PRESOCRÁTICOS
Antes de los primeros filósofos, las explicaciones de la realidad procedían de la
mitología, la religión y la poesía. En la Grecia arcaica, los mitos daban cuenta
del origen del universo y del ser humano a través de narraciones fantásticas de
origen desconocido (anónimo). Tales narraciones, protagonizadas por dioses y
héroes, se transmitían oralmente, aunque con posterioridad formaron parte de
la tradición escrita.
Los primeros mitos griegos, que reciben el nombre de cosmogonías, narran el
comienzo del universo. Este interés por indagar sobre el origen de todo lo real
se mantuvo también en los primeros filósofos, denominados presocráticos por
ser anteriores al nacimiento de Sócrates.
Estos pensadores se preguntaron por el principio constitutivo y material (arjé)
de la realidad en su conjunto, pero principalmente del universo. Para explicar
ese principio, no recurrieron a los dioses ni emplearon narraciones fantásticas,
sino que se basaron en explicaciones racionales a partir de causas naturales
como el aire o el agua. Por eso, es posible afirmar que la filosofía surge con el
paso del mito al logos (“razón” en griego).
El desarrollo del pensamiento racional no sucedió de una manera repentina,
sino que fue un proceso lento. Así, por ejemplo, los primeros filósofos
mezclaron motivos mitológicos y racionales, hasta que paulatinamente las
argumentaciones filosóficas se distanciaron por completo de las explicaciones
mitológicas.
El descubrimiento del logos hace referencia a un proceso de cambio que,
partiendo de un conocimiento prerracional, espontáneo y mitológico, culmina en
un saber elaborado, más reflexivo y justificado racionalmente.
A los filósofos presocráticos, se les divide en dos grandes grupos según
consideren el arjé como una sustancia única (monistas) o como múltiples
sustancias (pluralistas).
[Link]ÁTICOS MONISTAS
- TALES DE MILETO:
Vivió entre los siglos VII y VI a. C., en la colonia griega de Mileto. Fue
legislador, matemático, filósofo y astrónomo. Se trata del primer filósofo que
investigó sobre la naturaleza y el origen de las cosas.
Por naturaleza hace referencia a la esencia o núcleo de algo. Es lo que
determina la procedencia de una cosa y, a la vez, es aquello que permanece
en ella a pesar de los cambios que pueda experimentar. Así, por ejemplo, la
naturaleza de una mesa es aquello que hace que sea una mesa y no otra
realidad.
Por origen o principio se comprende aquello que produce algo. Como las cosas
no pueden surgir de la nada, entonces se afirma que proceden de alguna
materia original, de algún primer principio u origen. Tal principio es el elemento
que permanece tras los cambios y las apariencias sensibles, y constituye, por
tanto, su fundamento último.
Tales pensó que el arjé o primer principio de todas las cosas debía ser el agua.
Llega a esta conclusión después de observar que todas las sustancias de la
realidad contienen agua, esto es, son de naturaleza húmeda. Puesto que la
vida surge de este elemento, sucede lo mismo con el resto de las cosas.
- ANAXIMANDRO:
Vivió en Jonia (colonia griega que sería la actual Turquía) entre los años 610-
547 ac y posiblemente fue discípulo de Tales. Pensaba que el origen de todas
las cosas no podía ser algo tan concreto como el agua, sino un principio
material indeterminado e ilimitado.
Llegó a esta conclusión tras percatarse de que no todo se compone de agua. Al
existir cosas tan distintas entre sí y diferentes del agua, el principio común a
todas ellas tenía que ser más amplio y universal. Para referirse a él,
Anaximandro acuñó el término de ápeiron, que significa “lo que no tiene límite o
es infinito, de modo que todo lo que existe puede encontrar en él su origen y
fundamento.
Según este pensador, todas las cosa surgen necesariamente del infinito y por
separación de contrarios. El primer par de contrarios es el de frío y calor, del
que surgen todos los demás opuestos y elementos materiales.
- ANAXÍMENES:
Anaxímenes (560-528 a. C.) fue discípulo de Anaximandro. Creyó, como su
maestro, que el principio común a todas las cosas era infinito, pero lo identificó
con el aire, un elemento material determinado.
Consideró que el aire era el principio común a todas las cosas por considerar
que el universo es un organismo vivo y comprobar que el aire es imprescindible
para la vida.
Para este pensador, todo nace del aire a partir de dos procesos: condensación
y rarefacción. El aire, al condensarse, da lugar a las nubes y, si continúa
condensándose, se transforma en agua y luego, en tierra. De ahí, por tanto,
surgirían los diversos seres naturales que existen. La rarefacción consistiría en
la pérdida de densidad del aire, de tal manera que se convierte en fuego y
después, en viento.
3.2. PRESOCRÁTICOS PLURALISTAS
- PITAGÓRICOS:
Pitágoras (570-495 a. C.) nació en Samos pero pronto se trasladó a Crotona
(sur de Italia) donde fundó una escuela. Pitágoras y sus discípulos, los
pitagóricos, crearon algo más que una escuela filosófica. Constituían una
especie de secta que vivía en comunidad con unas normas estrictas y
rigurosas. Consagraban su vida al estudio y al desarrollo de las matemáticas y
la filosofía, pues consideraban que era la forma de purificar el alma.
Los pitagóricos pensaron que el arjé estaba en los números, a los que
consideraban el fundamento constitutivo del universo. Esta idea supone una
novedad importante porque, a diferencia de sus predecesores, para ellos el
primer principio tenía dos características: era múltiple e inmaterial. A su juicio,
todas las cosas están compuestas, en último término, por números, y todo es
susceptible de ser descompuesto en relaciones numéricas.
Se sirvieron del concepto de cosmos para referirse al orden y el equilibrio que
reina en el universo. Aunque las cosas estén hechas de elementos
contrapuestos, se presentan como una composición armónica y equilibrada. El
mundo es un todo ordenado que está sometido a relaciones numéricas, es
decir, a leyes racionales.
- EMPÉDOCLES:
Nace en Agrigento (Sicilia) y vivió entre los años 495-430 a. C.. Intentó conciliar
posturas aparentemente incompatibles de quienes defendían la realidad de la
multiplicidad y el cambio, y de los que afirmaban que la realidad es una y nada
cambia.
Empédocles creyó hallar la solución al problema proponiendo la existencia de
varios elementos o raíces de todas las cosas: tierra, aire, agua y fuego.
Para Empédocles, cada uno de estos elementos es inmutable e idéntico a si
mismo. No obstante, es posible la multiplicidad y diversidad de seres, porque
las cosas se originan a partir de diversas mezclas de esos cuatro elementos.
Así, los elementos se combinan de diferentes maneras y dan lugar a seres
distintos.
La realidad procede de una determinada unión o separación de los elementos
básicos que, en si mismos, no cambian. Uniéndose y separándose, explican la
diversidad de las cosas y la existencia del movimiento. Los cuatro elementos se
unen, mezclan y congregan a través de una fuerza que denomina Amor,
mientras que se separan, disgregan o corrompen por medio de otra fuerza
llamada Odio.
- ANAXÁGORAS:
Nació en Jonia y vivió entre los años 500-428 a. C.. Vivió en Atenas y fue
consejero de Pericles. Gracias a él, la filosofía llegó a la ciudad ateniense,
donde Sócrates y Platón recibieron su influencia. Aunque propone varios
principios constitutivos de todas las cosas, creyó que no bastaba con admitir
los cuatro elementos de Empédocles.
Todo está hecho por la mezcla de innumerables pequeñas entidades, que
tienen forma ilimitada, son invisibles y cualitativamente diferentes entre sí: las
semillas o gérmenes. Anaxágoras llamó homeomerías (que significa “partes
semejantes”) a estas semillas que representan el arjé.
Las transformaciones que se producen en la naturaleza están provocadas por
las distintas combinaciones de semillas y por el predominio de unas sobre
otras. Para explicar el inicio del movimiento en el cosmos, Anaxágoras habló
del Nous (“intelecto” en griego), que es un principio distinto de los seres
materiales. El Nous sería algo divino, un principio ordenador y rector de todas
las cosas.
El concepto de Nous en Anaxágoras supuso un avance respecto a sus
antecesores, porque introdujo un elemento inteligente y racional en la
explicación del universo. Las cosas se conciben, no como fruto de un origen
ciego, sino pensadas para algo, con una finalidad y un sentido. Este nuevo
concepto repercutió en la filosofía posterior.
- DEMÓCRITO:
Nació en Tracia en el año 460 a. C.. y murió a una edad avanzada, en el 370 a.
C. Perteneció a la Escuela Atomista y fue el único presocrático contemporáneo
de Sócrates y Platón.
En su concepción de la naturaleza, Demócrito supuso también que el origen de
todo debía encontrarse en una pluralidad de entidades, pero creía que el origen
de estas entidades eran todas cualitativamente iguales y materiales. A estos
principios los llamó átomos (término que significa “sin partes”), al ser partículas
indivisibles. Los átomos, además, eran imperceptibles y se diferenciaban solo
de modo cuantitativo, es decir, por su tamaño, orden, figura y posición en el
espacio.
Junto a los átomos, este filósofo admitió la existencia del vacío (el no ser). Esto
le permitió explicar la diversidad de cosas materiales y el movimiento, pues el
vacío es el elemento por el que los átomos se desplazan. El vacío y los átomos
son los principios constitutivos de la realidad.
Este filósofo era materialista, ya que pensaba que los átomos eran diminutas
partículas de materia que se movían por azar y componían el mundo natural.
De este modo, los cuerpos se generaban por la unión de átomos y se
corrompían cuando éstos se disgregaban.
3.3. PARMÉNIDES Y HERÁCLITO
- PARMÉNIDES:
En su afán por articular una teoría explicativa de toda la realidad a partir de un
único principio, Parménides de Elea (540-470 a. C..) escribió el poema
filosófico “Sobre la naturaleza”, del que se conservan algunos fragmentos por
medio de los cuales conocemos su pensamiento.
Se pueden diferenciar tres partes: en la primera se da el encuentro del viajero
protagonista con la diosa Diké (justicia); la segunda parte contiene la
exposición de la diosa del camino de la verdad, que solo se puede recorrer
haciendo uso de la razón; en la tercera parte la diosa muestra al viajero el
camino de la opinión, el camino de los sentidos que solo proporcionan
apariencias.
La tesis principal de Parménides es que solo es lo que es, es decir, es
imposible que sea algo que no es. Esta preocupación por conocer la verdad se
resuelve con una afirmación metafísica: “La única verdad es que el Ser es y el
No Ser no es”. Y por lo tanto el cambio (el devenir) es imposible pues nacer
consiste en pasar del No Ser al Ser, y eso es contradictorio y por lo tanto no es
posible.
En Parménides el pensamiento es el único medio para acceder a lo real, se
identifican así pensamiento y realidad: “Solo es real aquello que puede ser
pensado sin contradicciones (el Ser es) y solo puede ser pensado aquello que
es”. La consecuencia es inmediata: únicamente se puede pensar y decir lo que
es. Si se intenta pensar o decir otra cosa que no sea lo que es, entonces se
dice lo que no es; como esto último es imposible que sea, entonces en realidad
no se piensa ni se dice nada. Esta tesis fundamental del idealismo filosófico
será continuada por Platón.
Según Parménides, si todas las cosas son, el principio común a todas ellas es
el ser. Ahora bien, si esto es así, lo que propiamente es o existe no son las
cosas, sino el ser.
Para conocer la verdad de las cosas es necesario, por tanto, pensar y decir el
ser, de otro modo, estamos ante la apariencia y la falsedad, porque creemos
que lo que no es, es. Así por ejemplo, pensar que hay muchas cosas que son y
que están en movimiento es solo una apariencia que percibimos por el
testimonio de los sentidos. El auténtico conocimiento lo proporciona el intelecto,
al pensar el ser.
Las ideas principales de la doctrina filosófica de Parménides son las siguientes:
1. Solo existe lo que es o el ser: todo lo que no es no puede existir ni ser, luego
solo existe un único ser.
2. Solo hay conocimiento si se conoce el ser. Lo que no es no se puede
conocer, el no ser es pura apariencia y falsedad.
3. Solo se puede pensar o decir lo que es o el ser. No podemos pensar y decir
lo que no es. Hay identidad entre el ser y el pensar. Tan solo el intelecto nos
permite captar el ser y la verdad que encierra. El testimonio de los sentidos nos
permite acceder únicamente a las apariencias (lo que no es).
4. El ser es eterno, inmutable e indivisible. Si el ser estuviera en el tiempo, si se
moviera o se dividiera, habría algo en el que no es el ser (algo que no es) que
llegaría a ser, lo cual es imposible, porque, en ese caso el ser sería y no sería.
En resumen, la filosofía de Parménides se organiza en torno a una única
pregunta: ¿cuál es el principio a partir del cual se puede conocer y explicar la
realidad? Este pensador consideró que, para responder a esa pregunta, es
preciso conocer la verdad sobre las cosas. A ella se llega a través del intelecto,
y el intelecto establece que solo es y existe el ser. En consecuencia,
únicamente el ser puede ser pensado y dicho; entonces, lo que no es el ser
(sobre todo, la pluralidad de las cosas, el cambio y el movimiento) no existe ni
es, a no ser como mera apariencia.
- HERÁCLITO:
Nació en Éfeso y vivió entre los años 544-480 a. C.. Centró su filosofía en el
problema del cambio: al observar lo que ocurre con los fenómenos sensibles,
creyó que no había nada inmóvil o inmutable y que la realidad se transforma
continuamente.
La experiencia del movimiento lo llevó a entender que la realidad última, o su
primer principio, no podía ser algo estático, sino que se encontraba en algo
dinámico, es el mismo fluir o devenir que nos muestran los sentidos.
La esencia de las cosas consiste en no estar acabadas, y por tanto, en ir
haciéndose, sin detenerse nunca. Ahora bien, aunque para Heráclito el mundo
sensible se reduce al movimiento y el cambio, también reconoce un principio de
orden y unidad.
Consideró que el movimiento o el cambio de los seres no se produce de un
modo arbitrario o casual, sino siguiendo un patrón ordenado y regular que
constituye la ley del universo. Heráclito llamó a esta ley logos. Este concepto
expresa la racionalidad interna y el orden intrínseco que existe en el cosmos,
más allá de la apariencia sensible. Como esta ley trasciende los sentidos, se
nos oculta y resulta difícil descubrirla.
La unidad y el orden que impone el logos consisten, en último término, en una
lucha de contrarios, de fuerzas opuestas. Esa oposición sirve a Heráclito para
explicar el cambio en la naturaleza: existe la enfermedad porque existe la
salud, existe el amor porque existe el odio, existe la guerra porque existe la
paz. Escribe Heráclito: “De las discordias surge la más hermosa armonía”.
Heráclito también señaló un primer principio material del que están hechas
todas las cosas: el fuego. Elige este elemento porque representa
adecuadamente el movimiento, puesto que el fuego todo lo destruye y lo
transforma.