Introducción a la Fe Cristiana
Introducción a la Fe Cristiana
BIENVENIDOS
Con aprecio
CONTENIDO
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Los Temas de la Pentecostalidad y Nuestras Doctrinas, fueron tomados del Manual de Doctrinas del Concilio de las
Asambleas de Dios de Colombia.
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UNIDAD I
NUESTRA SALVACIÓN
"pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni
griego; no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros
sois uno en Cristo Jesús."
Gálatas 3:26-28
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La mayoría de las personas viven sin saber “¿por qué?”. Existen año tras año sin la menor
idea de por qué viven o cuál es el propósito de Dios para sus vidas. La pregunta básica más
importante que una persona puede hacerse es:
"Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo…Por su amor nos había
destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo."
Efesios 1:4-5
"Y Creó Dios al hombre conforme a su imagen y semejanza…y los bendijo Dios, y les dijo:
llenad la tierra y sojuzgadla y señoread en ella." Génesis 1:27-29
"... el Dios vivo, quien nos da todas las cosas en abundancia, para que las disfrutemos.
1 Timoteo 6:17
Cristo dijo: "Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia."
Juan 10:10
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2. ¿CUÁL ES EL PROBLEMA?
EL HOMBRE TIENE UN DESEO NATURAL DE CONTROLAR SU VIDA E
IGNORAR LOS PRINCIPIOS DE DIOS PARA VIVIR
Estas son algunas expresiones que lanzamos:
"todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino." Isaías
53:6
"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está
en nosotros." 1 Juan 1:8
"El problema está en que sus pecados los han separado de Dios." Isaías 59:2
"Sí, todos hemos pecado; ninguno de nosotros alcanza el glorioso ideal divino. Romanos
3:23
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Cuando nuestra relación con Dios no es correcta, ocasiona problemas en cada área de
nuestra vida: Matrimonio, carrera, relaciones, finanzas, etc.
"Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte." Proverbios
16:25
3. ¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?
Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí."
Juan 14:6
Dios mismo vino a la tierra como un humano para atraernos hacia sí mismo. Si hubiera
existido alguna otra forma de hacerlo, Jesucristo no hubiese venido. (El camino a Dios, es
una persona).
"La paga del pecado es muerte, PERO la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús."
Romanos 6:23
"Más Dios demuestra su amor por nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros.” Romanos 5:8
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"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre."
1 Timoteo 2:5
"...si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y
limpiarnos de toda maldad." 1 Juan 1:9
CREER QUE JESUCRISTO MURIÓ PARA PAGAR POR MIS PECADOS Y QUE
RESUCITÓ Y ESTÁ A LA DIESTRA DEL PADRE.
"que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios
le levantó de los muertos, serás salvo" Romanos 10:9
"¡Y en ningún otro hay salvación! Porque no hay otro nombre (Jesús) bajo el cielo dado a
los hombres, en que podamos ser salvos” Hechos 4:12
"Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió el poder de
convertirse en hijos de Dios. Los que creyeron ¡nacieron de nuevo! Desde luego, no fue
éste un nacimiento corporal, fruto de pasiones y planes humanos, sino un producto de la
voluntad de Dios." Juan 1:12
“... He aquí Yo estoy a la puerta y llamo si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré a él
y cenaré con él y el conmigo.” Apocalipsis 3:20
"todo aquel que invocaré el nombre del Señor será salvo." Romanos 10:13
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UNIDAD II
NUESTRA PENTECOSTALIDAD
La Biblia es nuestra mayor fuente de fe y conducta. En ella encontramos la doctrina que creemos,
practicamos y predicamos como Asambleas de Dios. Por eso, con el ánimo de unificar nuestra
norma de fe, presentamos este manual.
La doctrina del Concilio de las Asambleas de Dios de Colombia consta de los siguientes principios
bíblicos fundamentales. Estos postulados son esenciales para un evangelio completo.
Antes de esbozar las que consideramos nuestras doctrinas básicas, verifiquemos un aspecto crucial
concerniente a la pentecostalidad que nos rodea y define.
A. DEFINICIÓN ETIMOLÓGICA
El término Pentecostés viene del griego “pentekosté” (literalmente significa “el quincuagésimo
día”). Con esa palabra se describe la fiesta de la cosecha celebrada el quincuagésimo día después
de la Pascua (Domingo de Resurrección) y que pone término al tiempo pascual. Durante el
Pentecostés narrado en Hechos capítulo 2, sucedió el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la
actividad de la Iglesia, por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo.
B. DEFINICIÓN BÍBLICA
En Hechos capítulo 2, encontramos elementos indispensables que nos definen como pentecostales,
dichos aspectos se convierten en las declaraciones siguientes:
1. Somos pentecostales porque creemos en el Cristo resucitado, en sus palabras, en su obra
redentora como salvador, sanador, bautizador y Rey que pronto viene.
2. Somos pentecostales porque creemos en el poder de la oración, sencillamente porque sin oración
no hay Pentecostés. La oración individual es muy importante, pero la oración congregacional es
dinamita. La Iglesia es analogía de la comunión trinitaria, y solo hace explotar el poder divino
cuando se reúne en unidad para orar.
3. Somos pentecostales porque buscamos al dador de las señales y no a las señales como un fin.
Las señales llegarán indefectiblemente “de repente” como consecuencia de la presencia de Dios
sobre creyentes totalmente rendidos a la soberanía de Cristo.
4. Somos pentecostales porque buscamos vehementemente ser llenos del Espíritu Santo. Es una
verdad liberadora saber que el Espíritu Santo esta presente en la vida del creyente desde el momento
mismo de su conversión. Sin embargo, se debe anhelar, buscar, luchar, desear el bautismo con el
Espíritu Santo y después de ello una llenura constante con evidencias de una vida transformada por
su poder.
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C. DEFINICIÓN HISTÓRICA
Ser pentecostal es creer que la acción del Espíritu Santo que operó en Pentecostés está vigente para
los cristianos de todos los tiempos. El Movimiento Pentecostal tiene su origen cercano en los
movimientos de santidad de finales del siglo XVIII. En 1906 rompió las barreras socioculturales,
existentes en este tiempo, siendo sumamente incluyente, y dando cabida a la diversidad. El
avivamiento en la calle Azusa se usa como referente al origen de varias denominaciones cuyo eje
transversal es el movimiento pentecostal. Entre ellas las Asambleas de Dios. Los tres grandes
movimientos espirituales del siglo XVIII – el wesleyano, el avivamiento calvinista y el pietismo
alemán- trataron explícitamente de restablecer al máximo el cristianismo característico de la iglesia
primitiva. Su enseñanza central era que el poder del Espíritu Santo, dado en Pentecostés a todos
los que se arrepintieron, creyeron y fueron bautizados, está disponible en todo tiempo y lugar.
D. DEFINICIÓN CONCEPTUAL
F. TEOLOGÍA PENTECOSTAL
Los siguientes son principios teológicos - bíblicos que trazan los parámetros de la pentecostalidad
que practicamos:
1. Partimos del texto bíblico para nuestra práctica. (hacemos énfasis en la teología de Lucas)
2. Tenemos raíces teológicas Cristo céntricas. (Hechos 2:22-39)
3. Creemos en la persona y obra del Espíritu Santo activa en el creyente y en la iglesia. (Hechos
6:3)
4. Propendemos por la vida santa (ética). (Lucas 1:75)
5. Estimulamos la experiencia personal. (Hechos 1:1)
6. Creemos en el llamado de ministros vocacionales. (Lucas 5:27-28)
7. Aceptamos la diversidad de ministerios (sacerdocio universal de los creyentes).
(Efesios 4:11; 1 Corintios12:28; Romanos 12:6-8; 1 Pedro 4:10-11)
8. Propendemos por la preparación ministerial. (Lucas1:1- 4)
9. Respetamos la función por encima del status. (Hechos 6:3)
10. Creemos que el movimiento pentecostal tiene un marcado énfasis misionero. (Hechos 1:8 cf.
8:1,4)
11. Proclamamos la esperanza escatológica, conocida también como la teología de la esperanza.
(Lucas18:8,19:11)
G. EXPERIENCIA PENTECOSTAL
Todos los creyentes tienen derecho a recibir la promesa del Padre: el bautismo en el Espíritu Santo,
según el mandato del Señor Jesucristo, por eso deben buscarlo fervientemente. Esa era la
experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una
investidura de poder para la vida, el servicio, la concesión de los dones espirituales
y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia es
distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14–16;
15:7–9).
El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar
en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es
esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es diferente en
propósito y uso.
El Bautismo en el Espíritu Santo es un don divino real, vigente y necesario para todo creyente, en
todo lugar, en toda la historia. Esta experiencia confirma la presencia de Dios en la vida de la
persona y lo empodera para el servicio a Dios. La evidencia física que la Biblia describe para el
Bautismo en el Espíritu Santo es hablar en nuevas lenguas (Hch. 2:2-4; 10:46; 11:15-17; 19:6)
Incluso hay referencias que infieren esta manifestación (Hch. 8:15-17; 9:17).
Esta obra del Espíritu en el creyente generalmente prescinde del entendimiento del individuo,
pero trae provecho y tiene por lo menos tres propósitos:
1. La edificación personal: En la experiencia espiritual el creyente es tocado por el Espíritu Santo
fortaleciendo su vida y alentando su fe y su espíritu al hablar un lenguaje celestial (glosolalia).
2. La edificación de la iglesia: El apóstol Pablo hace referencia a las lenguas como don y la solicitud
de interpretación para la iglesia. Dios puede comunicar mensajes de aliento y fortaleza o
exhortación para los oyentes.
3. Testificar a los no creyentes: En Hechos capítulo 2, el Espíritu Santo utilizó a los creyentes en
el aposento alto para que hablasen lenguas humanas (xenolalia). Los visitantes en Jerusalén les
oían hablar en diversos idiomas “Las maravillas de Dios” por lo que estaban atónitos.
El mismo texto describe cómo algunos espectadores se incomodaron con esta experiencia,
asociándola al efecto de la embriaguez causada por el vino. Pese a ello, Pedro, investido con el
poder del Espíritu dio un sermón con el cual más de tres mil personas se convirtieron.
Por otro lado, el apóstol Pablo nos orienta a hacer todo “decentemente y con orden”. Esto nos lleva
a la conclusión que el hablar en lenguas es la evidencia física inicial para el bautismo del Espíritu
Santo, que no se debe impedir el hablar en lenguas, más hay que hacerlo con sabiduría
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UNIDAD III
NUESTRAS DOCTRINAS
La doctrina del Concilio de las Asambleas de Dios de Colombia consta de los siguientes principios
bíblicos fundamentales:
A. LA SANTA BIBLIA
Creemos en las Sagradas Escrituras como la Palabra inspirada e infalible de Dios, superior a la
conciencia y la razón
Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios
y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y principal autoridad de fe y conducta
(2 Timoteo 3:15, 16; 1 Pedro 2:2.)
LA INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA
LA INFALIBILIDAD DE LA BIBLIA
EL TEMA DE LA BIBLIA
La Biblia es un libro rico en contenidos y principios espirituales. Su alcance trata aspectos tocantes
a la ética y moral, historia, administración, convivencia entre otros. Sin embargo, todos estos
elementos son matices que acompañan el tema fundamental de la Biblia que es la redención del
hombre. Desglosándolo se entendería así:
El Antiguo Testamento: Es la preparación para la venida del Redentor
Los Evangelios: Son la manifestación del Redentor
Hechos de los Apóstoles: Es la proclamación del mensaje del Redentor
Las Epístolas: Son la explicación del mensaje del Redentor
Apocalipsis: Es la consumación de la obra del Redentor
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El único Dios Verdadero se ha revelado como el Eterno existente en sí mismo “YO SOY”, el
Creador del cielo y de la tierra y Redentor de la humanidad. Se ha revelado también encarnando
los principios de relación y asociación como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. (Deuteronomio
6:4; Isaías 43:10; Mateo 28:19; Marcos 12:29; Lucas 3:22).
LA DEIDAD ADORABLE
ATRIBUTOS DE DIOS
2. Atributos activos: Muestran lo que Dios es en relación con el universo. Dios es omnipotente,
Dios es omnipresente, Dios es omnisciente, Dios es sabio y Dios es soberano.
3. Atributos morales: Caracterizan lo que Dios es en relación con los seres humanos. Dios es santo,
Dios es justo, Dios es fiel, Dios es misericordioso, Dios es amor y Dios es bueno.
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El Señor Jesucristo es el eterno Hijo de Dios. En Juan 1:1-18 se expresa su Deidad de una manera
muy explícita. El versículo 18 declara “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el
seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Su posición “en el seno del padre” expresa, no una
distinción en cuanto a esencia ni alguna clase de inferioridad, sino una estrecha relación con el
Padre y una participación en la autoridad de Él.
Jesús mismo reconoció su deidad cuando dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan
14:9). También recibió adoración (Mateo 2:2; 11; 14:33; 28:9) y ejerció autoridad divina
perdonando pecados (Marcos 2:1-12). Y sus discípulos lo reconocieron como el Hijo de Dios
(Mateo 16:16).
La Biblia declara muchos aspectos en relación a su vida, entre ellos:
1. Su nacimiento virginal (Mateo 1:23; Lucas 1:31-35).
2. Su vida sin pecado (hebreos 7:26; 1 Pedro 2:21,22).
3. Sus milagros (Hechos 2:22; 10:38).
4. Su obra vicaria en la cruz (1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21).
5. Su resurrección corporal de entre los muertos (Mateo 28:5-6; Lucas 24:39; 1 Corintios 15:3-4).
6. Su exaltación a la diestra de Dios (Hechos 1:9, 11; 2:33; Filipenses 2:9-11; hebreos 1:3).
El concepto de los oficios de Cristo tiende un puente entre la enseñanza de quien es Él y lo que
vino a hacer. Hay tres términos que designan estos oficios. Él es “profeta”, “sacerdote” y “rey” y
cada uno de estos términos enfatiza la obra mediadora de Cristo entre el Padre y los seres humanos.
Él es profeta en la medida que habló toda palabra que el Padre le indicó (Juan 14:24), predijo
hechos del porvenir (Mateo 24) y cumplió la labor como ungido (Isaías 42:1-7). Él es sacerdote
porque fue consagrado y representa a los hombres delante de Dios y a Dios delante de los hombres.
Jesús es el sacerdote por excelencia, el Gran Sumo Sacerdote por encima de cualquier sacerdote
humano porque no simplemente ofreció un sacrificio, sino que, se ofreció a si mismo como
sacrifico puro y su muerte trajo perdón de pecados (hebreos 4:14-16) Es ahora nuestro amigo y
abogado a la diestra del Padre e intercede por nosotros (Rom 8:34; Je 7:25; 1 Jn. 2:1). Él es rey, es
quien ha quebrantado el poder del pecado, la muerte, la tumba y el infierno. Él reina a la diestra
del Padre en los lugares celestiales, reina como cabeza de la iglesia (Efesios 1:22-23) y está
declarado que todo será sometido bajo su dominio (Apocalipsis 5:6-13; 11:15).
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LA NATURALEZA DE CRISTO
El Señor Jesucristo, en lo que respecta a su naturaleza divina y eterna, es el verdadero y unigénito
Hijo del Padre, pero en lo que respecta a su naturaleza humana, es el verdadero Hijo del Hombre.
Por lo tanto, se le reconoce como Dios y hombre; quien, por ser Dios y hombre, es “Emanuel”,
Dios con nosotros (Mateo 1:23; 1 Juan 4:2, 10,14; Apocalipsis 1:13,17).
Dado que el nombre “Emanuel” abarca lo divino y lo humano, en una sola persona, nuestro Señor
Jesucristo, el título Hijo de Dios describe su debida deidad, y el título Hijo del Hombre su debida
humanidad. De manera que el título Hijo de Dios pertenece al orden de la eternidad, y el título Hijo
del Hombre al orden del tiempo (Mateo 1:21-23; 13:41; Marcos 1:1; Lucas 9:26; 2 Juan 3).
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D. LOS ÁNGELES
Creemos en los ángeles como mensajeros y ministradores de Dios
El vocablo ángel, se deriva del hebreo “mal’ak” del A.T., y “aggelos” del griego del N.T., quiere
decir mensajero (Éxodo 23:20; Jueces 2:1; Lucas 2:11; Hechos 7:38; Hebreos 1:14).
Puesto que el orden es la primera ley del cielo, la Biblia implica una organización de estos seres en
cuanto a su función.
1. El Ángel del Señor: Es distinguido de cualquier otro ángel pues tiene funciones particulares. Por
sus funciones descritas en el Antiguo Testamento entendemos que es una manifestación de nuestro
Señor Jesucristo ya que recibió adoración, perdonó pecados y el nombre de Dios está en él (Exodo
23:20-23).
2. Arcángel: Miguel es mencionado como arcángel o ángel principal (Judas 9; Apocalipsis 12:7).
Aparece en estrecha relación con la nación israelita (Daniel 12:1). La manera como se menciona a
Gabriel implica que tiene una posición muy elevada. Está en la presencia de Dios (Lucas 1:19) y
entrega mensajes que tienen gran importancia respecto al Reino de Dios (Daniel 8:16; 9:21).
3. Querubines: Son ángeles de elevada posición relacionados con los fines redentores de Dios
respecto al hombre (Génesis 3:24; Éxodo 25:22).
4. Serafines: Son mencionados en Isaías 6. Sabemos muy poco de ellos. Su nombre significa “Seres
ardientes” y están relacionados con el trono de Dios.
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1. Son obedientes: Cumplen su misión sin discutir ni vacilar. Por tal razón se dice “Sea hecha tu
voluntad como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10; Salmo 103:20; Judas 6; 1 Pedro
3:22)
2. Son reverentes: Su actividad más elevada es la adoración a Dios (Nehemías 9:6; Filipenses 2:9-
11; Hebreos 1:6).
3. Son sabios: La inteligencia de los ángeles excede a la de los hombres, pero es finita. Son
llamados sabios, pero no pueden discernir la mente del hombre y no conocen todos los misterios
de Dios (1 Pedro 1:12)
4. Son humildes: No guardan resentimientos personales (2 Pedro 2:11; Judas 9).
5. Son poderosos: Son poderosos en fortaleza (Salmo 103:20)
6. Son santos: Separados por Dios y para Él, son “Santos ángeles” (Apocalipsis 14:10)
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E. EL HOMBRE
Creemos en la creación divina del universo y del hombre, la santidad original, su caída y su
redención
El libro de Génesis parte de la premisa que “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis
1:1). Concebimos que la creación no fue producto de un accidente cósmico o producto de una
evolución involuntaria. Sabemos que todas las cosas fueron creadas en Él, por Él y para Él
(Colosenses 1:15-17). Vemos en la naturaleza misma un orden establecido por Dios y una armonía
que él mismo sustenta. Al saber que Dios, en su sabiduría misericordiosa, ha creado todas las cosas,
podemos entender fácilmente que todo, incluyendo y sobre todo el hombre, fue creado con un
propósito divino. (Génesis 1:1,26; 2:17; 3:1-7; Romanos 5:12-21)
El hombre no fue producto de la casualidad. Dios mismo ideó, diseñó y creó al ser humano. El
Señor lo formó del polvo de la tierra sopló en su nariz aliento de vida y el hombre fue hecho un
alma viviente (Génesis 2:7). Dios hizo al hombre a su propia imagen (Génesis 1:26, 27). Esto
evidentemente hace referencia a la naturaleza espiritual del hombre, y no a su cuerpo. El ser
humano, aunque posee forma física, no es sólo un ser material. El género humano fue formado
como un ser espiritual, estaría incompleto sin alguna de estas partes. Con ello, Dios le ha dotado
de “inmortalidad”. (Eclesiastés 3:11). Esto indica que tuvo un origen, pero vivirá eternamente.
Cada ser humano elige en su vida terrenal dónde ha de pasar la eternidad. Dios hizo al hombre a
su propia imagen (Génesis 1:26, 27). Esto evidentemente hace referencia a la naturaleza espiritual
del hombre, y no a su cuerpo.
En su sabiduría perfecta, Dios formó una pareja, hombre y mujer, como el diseño para la familia.
Ambos géneros son igual de valiosos ante Dios, poseyendo igualmente cada uno la imagen de su
Creador. La expresión de “imagen” también es aplicada a ciertas cualidades del hombre como son
el intelecto, la voluntad, las emociones y los sentimientos.
El hombre fue creado bueno y justo; porque Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza”. Sin embargo, el ser humano por su propia voluntad cayó en
trasgresión, incurriendo así no sólo la muerte física sino también la espiritual, que es la separación
de Dios (Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12-19).
Literalmente pecado significa “errar en el blanco”. Esto da la idea de alguien que lanza la flecha a
un objetivo, mas no acierta. Pecado en ese orden es fallar en el propósito divino para el hombre.
Por tanto, pecado es todo aquello que va en contra de la voluntad divina. La Voluntad de Dios no
es caprichosa ni egoísta. Dios aborrece el pecado porque destruye al que lo practica y a sus
semejantes y aparta a la creación de su creador. El pecado tuvo su origen en el mal uso de la libertad
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que Dios les concedió a las criaturas dotadas de voluntad. El pecado tuvo su origen en la libre
elección de las criaturas de apartarse de Dios, primero Satanás y otros ángeles, luego el hombre y
la mujer.
Dios advirtió claramente las consecuencias de la desobediencia. Sin embargo, el ser humano cedió
a la tentación y recibió la justa retribución. Estas consecuencias afectaron su vida espiritual al
perder la comunión con Dios y provocando muerte espiritual. Afectó las relaciones interpersonales
al generarse conflictos entre la pareja. Produjo consecuencias de juicio en la tierra misma y
consecuentemente ocasionó la muerte física.
Dios, que es rico en misericordia, no abandonó a su creación ni la destruyó por el pecado. Antes
proveyó túnicas que cubrieran la vergüenza y malicia que produjo el pecado. Consideramos
también que la referencia de Génesis 3:15 es una declaración profética respecto a la obra de Cristo.
Dios siguió cerca de los hombres pese a que los hombres se alejaban de Él. Frecuentemente hacía
llamado a los hombres de volverse a él. Enoc, Noé y Abraham son ejemplo de ello. Dios da promesa
a este último de formar a partir de él una generación que conociera la Palabra de Dios para que la
declarara al mundo. Por esta promesa se origina el pueblo hebreo, los israelitas, los judíos.
Dios guio a Moisés para establecer rituales y sacrificios descritos en el Antiguo Testamento con
el fin de prefigurar la obra que, en el cumplimiento del tiempo, haría nuestro Señor Jesucristo. Él
es el sacrificio perfecto que restaura la comunión entre Dios y los hombres, entre los hombres y
sus semejantes y ha dado promesa de restauración para la creación y victoria sobre la muerte al
prometer Vida Eterna para todos aquellos que creen en Su Nombre. El camino hacia nuestro Señor
fue de nuevo abierto. Jesús murió siendo inocente para que nosotros, aun siendo pecadores,
tuviésemos posibilidad de acceder al trono de la Gracia (Romanos 5:8; Hebreos 4:16).
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F. LA SALVACIÓN
Creemos en la salvación por medio de la fe en la obra redentora de Jesucristo
1. Condiciones para la salvación: La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con
Dios y la fe en el Señor Jesucristo. Arrepentimiento (del griego metanoia) significa un cambio de
dirección, un cambio de idea respecto a la manera de vivir y de conducirse. Un verdadero
arrepentimiento requiere un reconocimiento de nuestro pecado y nuestra condición de pecadores y
pedir una transformación para vivir en santidad a fin de agradar a Dios. El arrepentimiento implica
volverse del pecado y volverse a Dios. Con ello, el hombre se convierte en hijo y heredero de Dios
según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu
Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47; Juan 3:3; Tito 2:11; 3:5–7).
se selló por su resurrección. Este evento real es el principal milagro de la Biblia, milagro en el cual
se basa nuestra fe y nuestra salvación (1 Corintios15:21-24, 54-57).
El relato bíblico describe que la pareja humana fue expulsada del huerto. Más que ser depuesta de
un lugar, hubo una ruptura de una relación: la perfecta comunión con Dios. Desde ese momento la
entrada ante la presencia de Dios estaba cerrada. Esta realidad era tipificada con la solemnidad del
lugar Santísimo en el Tabernáculo ordenado por Dios. Aquel lugar donde moraba la presencia de
Dios representada en el Arca del Pacto, era un lugar inaccesible para los hombres. Únicamente el
Sumo Sacerdote, y bajo las leyes estipuladas, podía entrar por un breve periodo de tiempo en el día
de la expiación.
Con su muerte, Jesucristo rasgó el velo del Templo que alejaba a los hombres de Su Dios y Creador
(Hebreos 10:20). El acceso estaba al alcance de todos, mas no todos accederían. Dios extiende la
invitación de restablecer la Comunión perdida. La expiación vicaria de Cristo es única y suficiente.
Sólo él, quien vivió sin pecado pese a las tentaciones, podía presentarse como una ofrenda por
nosotros, cumpliendo así el significado del día de la expiación hebreo. El contraste entre la liturgia
del Antiguo Testamento y la obra hecha por nuestro Salvador radica en que, con un solo sacrificio,
Cristo nos ha hecho perfectos por la fe a aquellos que creemos y le recibimos (Hebreos 10.14). No
todos serán salvos. Esta elección está en la voluntad del hombre, como lo estuvo el desobedecer.
No es que Dios decida quien se va para el infierno, simplemente, Dios no obliga a nadie a ir al
cielo. Pero quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1
Timoteo 2:4).
escape de la condenación eterna es la puerta por la cual tenemos acceso a una vida plena y útil en
el reino de Dios.
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G. LA SANTIFICACIÓN
Creemos en la Santificación por la obra de Jesucristo, del Espíritu Santo y de la Biblia
PROCESO EN LA SANTIFICACIÓN
La santificación se efectúa en el creyente cuando este reconoce su identidad con Cristo en su muerte
y su resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo, y somete todas sus
facultades al dominio del Espíritu Santo (Romanos 6:1–11, 13; 8:1, 2, 13; Gálatas 2:20; Filipenses
2:12, 13; 1 Pedro 1:5).
Cuando nos convertimos nacemos de nuevo y somos librados de la tiranía del pecado. Sin embargo,
debemos reconocer que aún quedarán muchas cosas por cambiar en nuestra vida. Por la Gracia de
Dios somos llamados santos, pero aún necesitamos ser perfeccionados. La palabra “santo” significa
literalmente apartado, escogido, separado. Esta expresión nos conduce a dos aspectos: Separados
de y separados para. Los creyentes han sido separados del pecado y separados para Dios y su
servicio. A fin de cumplir estas expectativas Dios nos enseña en la Biblia que la santificación es
de posición e instantánea y es práctica y progresiva.
Cuando hablamos de que es de posición e instantánea reconocemos que, en el momento en que la
persona se arrepiente, experimenta una transformación sobrenatural en la que, ante los ojos de Dios
es perdonado, justificado y llamado santo. Esta es la posición que adquirimos. Muchos en el
momento de su arrepentimiento sienten una limpieza interior, una paz y una libertad que evidencian
la obra de Dios.
No todos han de experimentar esta sensación, pero todo aquel que se arrepiente y recibe al Señor
recibe estos beneficios.
El segundo aspecto de la santificación es el ser práctica y progresiva. Esto implica que, desde el
momento de nuestra conversión, el Señor nos guiará en un proceso de continua purificación. Este,
por dar una ilustración, es ir ascendiendo en la santidad Este ascenso no es por medio de escalones
(por etapas o ciclos) más bien es como ascender por una colina.
MEDIOS DE SANTIFICACIÓN
El proceso de santificación, tanto la inmediata como la progresiva, es logrado gracias a tres fuentes
divinas. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. Nuestro
Señor Jesucristo ha pagado el precio al morir en la cruz y por su sacrificio, por la sangre derramada
en la cruz nosotros somos santificados. Su obra purifica nuestra vida de nuestros pecados pasados
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y trasciende para ser suficiente ante cualquier pecado que cometamos en este mundo. La Biblia nos
advierte de no pecar deliberadamente justificando nuestras acciones con la muerte de Cristo. La
Biblia considera tal pecado voluntario como menosprecio a la sangre del pacto y afrenta para el
Espíritu de Gracia (Hebreos 10:29). Los méritos de Cristo no operarían entonces por no haber un
genuino arrepentimiento.
El Espíritu Santo como santificador nos guiará en este proceso (2 Corintios 3:18). Tendrá que haber
una labor mancomunada del Espíritu y nuestra disposición a la santificación. La Biblia tiene
frecuentes expresiones sobre la necesidad de vivir una vida de santidad, de abstenernos, de
apartarnos, de hacer morir. Nuestra disposición al cambio y a la obra divina juega un papel
fundamental, aunque por nosotros mismos es imposible la santificación. En últimas, todo lo que
hagamos para nuestra santificación es una respuesta al llamado de Dios, a su amorosa invitación a
vivir una vida de Santidad junto a Él. No debemos negarnos a la Guía Divina al ser redargüidos
por el Espíritu para no contristarle. Será el Espíritu Santo quien nos guíe a entender la Palabra
divina, el tercer agente en la santificación, para que nuestro cambio sea real y efectivo (Juan. 15:3;
17:17).
28
Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del
Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la
experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una
investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en
el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia es distinta a la
del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14– 16; 15:7–9). Con
el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como la de ser lleno del Espíritu
(Juan 7:37–39; Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28),
una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo
para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20).
El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar
en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es
esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es diferente en
propósito y uso.
29
I. LA SANIDAD DIVINA
Creemos en la Sanidad Divina por la obra redentora de Cristo
La sanidad divina es una parte integral del evangelio. La liberación de la enfermedad ha sido
provista en la expiación y es el privilegio de todos los creyentes (Isaías 53:4, 5; Mateo 8:16, 17;
Santiago 5:14–16; 1 Pedro 2:24).
CAUSAS DE LA ENFERMEDAD
Primariamente, la enfermedad y la muerte han venido sobre el hombre debido al pecado “por tanto,
como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a
todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. (Romanos 5:12). El cuerpo fue sometido a los
estragos de la enfermedad y esta se convirtió en uno de los medios de ejecutar la sentencia de la
muerte por causa del pecado. Es un error suponer que toda enfermedad proviene de un pecado
cometido recientemente. Las enfermedades están en el mundo y afectan a la humanidad en general
sin importar justicia o pecado personal (Lucas13:1-4).
Nuestro buen Dios ha provisto la sanidad por medio de nuestro Señor Jesucristo. Incluso desde el
Antiguo Testamento la posibilidad de sanidad estaba al alcance de los hombres en cuanto a la
protección. Dios dijo: “Si escuchas atentamente la voz de Jehová, tu Dios, y haces lo recto delante
de sus ojos, das oído a sus mandamientos y guardas todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las
que envié sobre los egipcios traeré sobre ti, porque yo soy Jehová, tu sanador” (Éxodo 15:26;
Deuteronomio 28:15-68).
En la descripción profética de Isaías respecto a la obra de nuestro Señor Jesucristo se declaró “por
sus llagas fuimos nosotros curados”, esto fue confirmado en el Nuevo Testamento (Isaías 53:4-5;
Mateo 8:17; 1 Pedro 2:24). Esta promesa alentadora confirmada por la multitud de testimonios
bíblicos, históricos y actuales nos hacen ver la realidad de la sanidad divina por la obra de Cristo.
En su ministerio en la tierra Jesús realizó muchos milagros “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo
y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” (Hechos: 10:38, Lucas: 13:11-38)
La sanidad es un acto de gracia y de propósito divino. Jesús mismo recalcó que en los días de
Naamán el sirio había muchos leprosos, pero sólo él fue sanado. Muchos fueron sanados por el
Señor Jesucristo, mas no todos. Incluso, es obvio entender que la sanidad fue temporal en el hecho
que luego murieron. Los resucitados por el poder de Dios volvieron a morir. Esto no niega el
bienestar que trae la mano sanadora de Dios y la declaración con estos actos sobrenaturales de que
Dios desea erradicar las consecuencias del pecado. “Cristo nos redimió de la maldición de la ley,
haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «maldito todo el que es colgado en un
madero»), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que
por la fe recibiéramos la promesa del espíritu. (Gálatas 3: 10-14)
La sanidad divina es parte integral del evangelio. Lucas 4:18-19 declara: “el Espíritu del Señor está
sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a
los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en
libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor” Hay muchos textos más que lo
confirman (Salmo 103:3; Mateo 8:16-17; 10:7- 8; Marcos 16: 15, 18; Lucas 10:9) Dios permite
que por medio de sus hijos se operen sanidades y milagros en el Nombre de Jesús (Marcos 16:17-
18; Juan 14:12-14; Hechos 5:12-16; Santiago 5:14-15).
Al creer en la obra sanadora de nuestro Señor Jesucristo no desconocemos la labor médica que
ayuda en tiempos de dolencia. Dios es y seguirá siendo nuestro sanador, mas no condenamos a
aquel que emplee un servicio médico. Consideramos que ello es una señal de prudencia más que
de incredulidad. Dios ha dotado de sabiduría al hombre y le ha permitido avanzar en la ciencia.
Dios puede obrar a través de la medicina para traer alivio temporal.
31
Las Escrituras establecen la ordenanza del bautismo en agua por inmersión. Todos los que se
arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor deben ser bautizados (Mateo 28:19; Marcos
16:16; Hechos 10:47, 48). Existe un profundo simbolismo en el bautismo (Romanos 6:4). El
bautismo es la identificación del creyente con Cristo y una confesión pública de Su obra. El
creyente declara ante el mundo que ha muerto con Cristo. Una muerte no física, sino muerte a sus
pecados y a una vida en desobediencia y alejada de Dios. Somos, en sentido simbólico y espiritual,
sepultados con Cristo para resucitar por la fe. Estamos confesando el nuevo nacimiento y la nueva
vida que tenemos en Cristo. En el bautismo hacemos una renuncia pública a nuestra vida lejos de
Dios y nos comprometemos en fidelidad al Señor. Esta declaración es muy seria por lo que tiene
que hacerse con madurez y conciencia. Por tal razón no avalamos el bautizo de recién nacidos,
entendiendo que ellos no tienen la madurez suficiente para tomar esta decisión. Entendemos la
necesidad de la salvación para los niños y no la negamos, más sabemos que el bautismo no es para
salvación, sino para compromiso. De esta manera declaran ante el mundo que han muerto con
Cristo y que han sido resucitados con Él para andar en nueva vida
El bautismo en agua no tiene ninguna implicación en cuanto a la salvación o el perdón de pecados.
El bautismo es una confesión pública de que nuestros pecados han sido perdonados y que nuestras
conciencias pueden estar limpias ante Dios (1 Pedro 3:21). Aunque en casos particulares el
bautismo se realice por aspersión, vemos como bíblico por su connotación el sumergir la persona
en el agua (atendiendo a otro matiz del significado etimológico, como es: teñir) sin que esto
represente que el bautismo por inmersión tenga preponderancia en su significado respecto al de
aspersión. Practicamos como principio bíblico el bautizar la persona en el Nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo.
32
La Cena del Señor consiste en la participación de elementos simbólicos –el pan y el fruto de la vid–
como expresiones de nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo (2
Pedro 1:4); un recordatorio de sus sufrimientos y su muerte (1 Corintios 11:26); una profecía de su
segunda venida (1 Corintios 11:26); y un mandato para todos los creyentes “¡hasta que él venga!”.
La Cena del Señor ocupa en los cristianos el lugar que ocupa en los judíos la pascua (1 Corintios.
5:7). No tenemos una periodicidad específica en cuanto a su práctica, aunque regularmente se hace
una vez al mes. Esta es una ceremonia conmemorativa de la muerte y resurrección de nuestro Señor
Jesucristo quien dijo “Hace esto en memoria de mi” (Lucas 22:19). Nos recuerda su vida en la
tierra y su obra en la cruz muriendo en nuestro lugar y para nuestra salvación.
De igual manera es una ceremonia instructiva que nos recuerda la encarnación de Cristo y la
expiación por nuestros pecados. Es también inspirativa, porque nos recuerda que es por fe que
podemos recibir los beneficios de la muerte y resurrección de Nuestro Señor. Nos recuerda que Él
murió y resucitó para darnos nueva vida y que nos abstengamos de toda especie de mal. La cena
del Señor proclama el Nuevo Pacto que Dios ha hecho por medio de la sangre de Cristo y nos invita
a permanecer fieles al Señor “hasta que él vuelva” y estemos con él en el Reino Celestial.
La cena del Señor es una ceremonia de koinonía. Se declara la reconciliación que ahora tenemos
por Dios, teniendo entrada ante el trono por la sangre de Cristo y la comunión que experimentamos
entre hermanos. Es una celebración de acción de gracias a la que se invita a participar dignamente
(1 Corintios 11:27-29). Hay sentencia divina contra aquel que participe de ella indignamente.
K. LA IGLESIA
Creemos en la Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo; Los Ministerios divinamente
ordenados y su misión evangelizadora
La palabra Iglesia proviene del término griego “ekklessia” que traduce “congregación llamada”.
Está constituida por todos aquellos que creen en el Señor en todo lugar, en todo tiempo de la
historia. Este término tiene tres connotaciones. Se llama habitualmente “Iglesia” al lugar donde la
iglesia habitualmente se reúne. Este es un espacio dedicado para la exaltación al Señor y la
proclamación de Su Palabra. Aunque no es la definición bíblica, no es delito el así llamarla. Se
define “Iglesia Local” como el grupo de creyentes que se reúnen frecuentemente en un mismo sitio.
También son llamadas congregaciones y están lideradas por un pastor o grupo de pastores. Sin
embargo, el término más acertado es el de “Iglesia Universal” que es el conjunto de creyentes en
todo tiempo y todo lugar que han aceptado al Señor como soberano en sus vidas, se han arrepentido
y viven una vida de santidad aguardando la promesa de la Vida Eterna. (Mateo 28:19-20; Marcos
3:13,14; 16:15-20; Romanos 1:1; Efesios 1:22,23; 4:11,12; Hebreos 5:4; 12:23)
La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el encargo divino de
llevar a cabo su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu Santo, es parte integral de la
asamblea general e iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los cielos (Efesios 1:22, 23;
2:22; Hebreos 12:23).
Siendo que el propósito de Dios en relación con el hombre es buscar y salvar lo que se había
perdido, ser adorado por el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la imagen de su Hijo,
la principal razón de ser de las Asambleas de Dios como parte de la Iglesia es:
1. Ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8; Mateo 28:19, 20;
Marcos 16:15, 16).
2. Ser un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a Dios (1 Corintios 12:13).
3. Ser un canal para el propósito de Dios de edificar a un cuerpo de santos siendo perfeccionados
a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11–16; 1 Corintios 12:28; 14:12).
Las Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo énfasis a esta razón de ser según el
modelo apostólico del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y alentándolos a que sean
bautizados en el Espíritu Santo. Esta experiencia:
1. Los capacita para evangelizar en el poder del Espíritu con señales y milagros (Marcos 16:15–
20; Hechos 4:29–31; Hebreos 2:3, 4).
2. Agrega una dimensión necesaria a la adoración y a la relación con Dios (1 Corintios 2:10–16;
1 Corintios 12–14)
3. Los capacita para responder a la plena manifestación del Espíritu Santo en la expresión de frutos,
dones y ministerios como en los tiempos del Nuevo Testamento para la edificación del cuerpo de
Cristo (Gálatas 5:22–26; 1 Corintios 14:12; Efesios 4:11, 12; 1 Corintios 12:28; Colosenses 1:29).
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Nuestro Señor ha provisto un ministerio divinamente llamado y ordenado con el triple propósito
de dirigir a la iglesia en: (a) la evangelización del mundo (Marcos 16:15–20), (b) la adoración a
Dios (Juan 4:23, 24) y (c) la edificación de un cuerpo de santos, para perfeccionarlos a la imagen
de su Hijo (Efesios 4:11, 16). Dios ha permitido que sus hijos participemos en la labor
evangelizadora. Él llama a todos sus hijos a cumplir el ministerio de la reconciliación. Esta es una
labor para todos y cada uno de los miembros de la iglesia. Sin embargo, hay quienes tienen un
llamado especial para servir al Señor. Efesios 4:11 reconoce que Dios ha constituido a apóstoles,
evangelistas, profetas, pastores y maestros para perfeccionar a los santos y para la edificación del
cuerpo de Cristo. Estos ministerios están vigentes. Aunque no hay que tomarlos como un título
para oficiar, sino como un llamado a cumplir. Más que recibir reconocimiento y prestigio, un siervo
de Dios ha de procurar cumplir el llamado divino. La Biblia presenta algunas analogías para
explicar lo que significa la iglesia. La más importante es la figura de la iglesia como Cuerpo. De
hecho, es llamada el cuerpo de Cristo. El significado de ello apunta que Jesús es el líder y cabeza
y cada creyente es parte del cuerpo místico en el cual y a través del cual Dios obra. Jesús no
instituyó una organización, sino que creó un organismo. Da sentido de vida y movimiento y de
importancia. Otras ilustraciones bíblicas son las de la iglesia como una vid, un edificio, un ejército,
una novia, todas ellas con aplicaciones particulares.
L. LA BENDITA ESPERANZA
En este capítulo se encuentran enlazadas las declaraciones doctrinales de las Asambleas de Dios
de Colombia que tienen referencia a los eventos escatológicos. Creemos y esperamos la venida de
nuestro Señor Jesucristo, quien vendrá y tomará para sí a aquellos que hemos creído. A partir de
ese momento, Dios hará juicio sobre los moradores de la tierra. Este no ha de ser el final para los
hombres: una eternidad nos espera. Eternidad que será de comunión plena con Dios para los justos
y castigo para los impíos. (Romanos 8:19-23; 1 Tesalonicenses 1:10; 4:16, 17; Tito 2:13)
La resurrección de los que han muerto en Cristo y su arrebatamiento junto con los que estén vivos
cuando sea la venida del Señor es la esperanza inminente y bienaventurada de la Iglesia (1
Tesalonicenses 4:16, 17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15:51, 52). Por causa del pecado
entró la muerte a los hombres. Esta realidad no atemoriza al verdadero creyente pues Jesús es la
resurrección y la vida (Juan 11:25). Dios nos alienta al entender que Él ha vencido la muerte y nos
hará victoriosos frente a este enemigo.
Muchos de los creyentes en la iglesia primitiva sintieron cierta desesperanza al ver que algunos de
ellos morían y aún no se manifestaba la promesa del Señor Jesús de tomarnos para estar para
siempre con él (Juan 14:3). El Señor guio a los escritores sagrados para plasmar la esperanza
bienaventurada del creyente. El Señor Jesús prometió que volvería por nosotros, los que hayan
muerto creyendo en el Nombre del Señor serán resucitados y tomados y luego los creyentes vivos
seremos tomados para sufrir una transformación sobrenatural: el cuerpo corruptible que nos ha
acompañado será modificado a un cuerpo incorruptible. Este suceso será la etapa final de la
santificación y de la preparación para estar ante el Trono del Señor. A este suceso se le conoce
como el rapto o arrebatamiento de la iglesia. Al ser tomados por Dios, somos librados del castigo
temporal que viene para la tierra y final para aquellos que no creyeron en la Palabra de Dios.
La Biblia relata, que los sucesos que siguen al rapto serán de regocijo en el Reino Celestial al estar
ante el tribunal de Cristo (Romanos 14:10; 1 Corintios 5:10), y celebrando la Cena de las Bodas
del Cordero (Apocalipsis 17:7-9). Los juicios de Dios se consumarán sobre la tierra sobre el sistema
político, religioso, moral y social apartado de Dios en lo que se conoce como la época de Gran
Tribulación (Apocalipsis 15:4; 16:7; 19:2; Mateo 24:21; Apocalipsis 7:14). Si bien este tiempo es
de juicio, el deseo de Dios es el arrepentimiento de los hombres para ser librados del castigo eterno.
La obstinación del corazón humano entregado al pecado es tal, pese a la manifestación del poder y
la ira divina, la constante ha de ser dureza, soberbia y falta de arrepentimiento (Apocalipsis 9:21;
16:9; 16:11).
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Jesucristo declaró que retornaría a la tierra. La Biblia afirma que será establecido como Rey y
Soberano sobre la tierra (Zacarías 14:4; Mateo 24:27,30; Romanos 11:26,27; Apocalipsis 20). No
vendrá solo, sino que, vendrá con sus santos para gobernar la tierra en un reino que la Biblia lo
estipula por mil años. La autoridad divina se manifiesta en que, el primer decreto emitido será el
encarcelamiento del diablo en el abismo por este periodo de tiempo. Este reino milenario traerá la
salvación de Israel como nación (Ezequiel 37:21, 22; Sofonías 3:19,20; Romanos 11:26,27) y el
establecimiento de una paz universal (Isaías 11:6–9; Salmo 72:3–8; Miqueas 4:3, 4). La Iglesia no
será engañada, pero tristemente habrá quienes rechazarán el reino justo y perfecto de Dios para
volverse a la esclavitud del enemigo, por lo que recibirán juicio.
Habrá un juicio final. En aquel día los pecadores muertos serán resucitados y todos serán juzgados
según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el Libro de la Vida, será confinado a sufrir
castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con el diablo
y sus ángeles (o demonios). La bestia y el falso profeta también serán arrojados (Mateo 25:46;
Marcos 9:43–48; Apocalipsis 19:20; 20:11–15; 21:8). Esto es lo que la Biblia describe como la
condenación eterna. Debemos vivir una vida en santidad para no ser condenados y debemos
testificar a los que no creen para que se arrepientan y se vuelvan a Dios.
En la naturaleza misma de Dios está el amor y la misericordia. El deseo de nuestro Señor es tener
a su lado Sus Hijos. Esto indica una relación estrecha con nuestro Creador y Salvador por lo que
nos ha prometido que estaremos para siempre con Él. (Juan 14:2; Apocalipsis 21:22).
La Biblia declara una restauración de los estragos del pecado. La expresión hebrea de “cielos
nuevos y tierra nueva” trae una connotación de totalidad. Es decir, todo lo que fue destruido por el
hombre y el pecado será restaurado por Dios. La Biblia declara. “Pero nosotros esperamos, según
sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13;
Apocalipsis 21:22).
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UNIDAD IV
NUESTRA MEMBRESÍA
Vivimos en una época en la que las personas desean libertad total. Son pocos los que se
comprometen con una causa laboral, matrimonial, con la Nación, etc. Todos quieren ir de
un lugar a otro sin nada que les “amarre”. Esta actitud, ha producido una nueva generación
de “Igle-negociantes” o creyentes que van de una Congregación a otra sin ser parte de
alguna visión local.
Ser Miembro es navegar contra la corriente del “consumidor de religión” en América. Es
una decisión altruista: Dedicada siempre a la edificación del carácter.
Cada grupo, tiene una nómina. Toda escuela tiene un registro, Cada negocio tiene una
lista de salarios. Cada ejército tiene una lista de reclutas. Cada país tiene un censo de
población. Nuestra membresía, identifica nuestra familia.
C. PACTO DE MEMBRESÍA
Habiendo recibido a Cristo como Señor y Salvador y habiendo sido bautizado, estando de
acuerdo con la estrategia, estructura, y declaración de la Iglesia Asambleas de Dios Buenos
Aires y siendo que el Espíritu Santo me guía a unirme a ella; me comprometo ante Dios y
ante la familia de la Iglesia a lo siguiente:
"Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por nuestras
almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidle que lo hagan con alegría y no
quejándose, porque eso no sería provechoso. "Hebreos 13:17
“Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros haciendo memoria de vosotros
en nuestras oraciones”. 1 tesalonicenses 1:2
40
“Ve por los caminos y por los vallados y fuérzalos a entrar, para que se llene mi
casa”. Lucas 14:23
“Por tanto, recibíos los unos a los otros como también Cristo nos recibió.”
Romanos 15:7
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros como buenos
administradores de la multiforme gracia de Dios.” 1 Pedro 4:10
“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
Hay en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús, quién se despojó a sí mismo
tomando forma de siervo.” Filipenses 2:4-5, 7