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Derechos Humanos y Equidad de Género

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Universalidad Interdependencia Indivisibilidad Progresividad Los derechos humanos corresponden

a todas las personas por igual.

1951

Convenio relativo a la igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la


mano de obra femenina por un trabajo de igual valor

Este convenio pertenece a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es el número 100 y
versa sobre la igualdad de remuneración o pago entre la mano de obra femenina y masculina
por un trabajo de igual valor.
En este convenio, los Estados parte se comprometen a realizar las medidas necesarias de
carácter legislativo, así como implementar métodos de fijación de tasas de remuneración, para
promover y garantizar la aplicación a todos los trabajadores del principio de igualdad de
remuneración.
1953

Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer

Esta convención está enfocada en reconocer que toda persona, independientemente de su


sexo, tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por conducto de
representantes libremente escogidos, y a iguales oportunidades de ingreso en el servicio
público de su país.
En ella, los Estados parte se comprometen a fomentar, promover y garantizar la participación
política de las mujeres en igualdad de oportunidades que los varones.
1957

Convención sobre la Nacionalidad de la Mujer Casada

Esta convención pretende garantizar a las mujeres su nacionalidad, independientemente de la


celebración o disolución de un matrimonio entre nacionales y extranjeros, sin que tampoco
afecte a ésta el cambio de nacionalidad del marido durante el matrimonio. De igual manera,
los Estados parte de esta convención se comprometen a garantizar a las mujeres su
nacionalidad, independientemente de que uno de sus nacionales adquiera voluntariamente la
nacionalidad de otro Estado o el de que renuncie a su nacionalidad.
1962

Convención sobre el consentimiento para el matrimonio, la edad mínima para contraer


matrimonio y el registro de los matrimonios

Esta convención busca que se establezca una edad mínima para que las personas puedan
contraer matrimonio, éste sólo se lleva a cabo si ambos contrayentes lo decidieron de manera
libre y sin que exista ninguna restricción por motivos de raza, nacionalidad o religión a casarse
y fundar una familia, y disfrutar de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el
matrimonio y en caso de disolución del mismo.
1979
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW)

Protocolo Facultativo de la Convención

En esta convención, los Estados parte se comprometen a propiciar todo lo necesario en sus
legislaciones para que se garantice el principio de igualdad. De igual modo, pretende adoptar
medidas adecuadas, legislativas y de otro carácter que prohíban toda discriminación contra la
mujer y se le brinde protección jurídica ante un acto de discriminación, sobre una base de
igualdad con el varón. De modo tal que los Estados deben abstenerse y erradicar cualquier
acto de distinción o exclusión contra las mujeres, practicado por cualquier persona, empresa,
ley, reglamento, uso, costumbre y práctica que constituya discriminación contra ellas.
1994

Convención interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra las


mujeres (Belem do Pará)

Esta convención da una definición de violencia contra las mujeres y señala que esto es una
violación a sus derechos humanos y libertades fundamentales. Asimismo, propone el
desarrollo de mecanismos de protección y defensa para luchar contra este fenómeno en
cuanto a la integridad física, sexual y psicológica, tanto en el ámbito público como en el
privado.
1975

Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer (Ciudad de México)

En esta conferencia se definió un plan de acción mundial para la consecución de los objetivos
del Año Internacional de la Mujer, que incluía un amplio conjunto de directrices para el
progreso de las mujeres hasta 1985, entre los que destacaron la igualdad plena de género, la
participación de las mujeres en el desarrollo y su contribución en la paz mundial.
1980

Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (Copenhague)

En esta conferencia se comienza a revisar el grado de avance y cumplimiento en las metas


marcadas por la primera Conferencia Mundial de la Mujer. En ésta, se aprobó una plataforma
que hacía un llamado a los Estados para adoptar medidas nacionales más firmes para
garantizar la apropiación y el control de la propiedad por parte de las mujeres, así como a
introducir mejoras en el ámbito de la protección de los derechos de herencia, de custodia de
los hijos y de nacionalidad de la mujer.
1985

Conferencia Mundial para el Examen y la Evaluación de los Logros del Decenio de las
Naciones Unidas para la Mujer (Nairobi)

En esta conferencia se sentaron las Estrategias de Nairobi, las cuales estuvieron orientadas
hacia el adelanto de las mujeres en el futuro, planteaban las medidas que debían
implementarse para lograr la igualdad, así como la participación de las mujeres en las
iniciativas de paz y desarrollo.
1995

Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing

Resoluciones aprobadas por la conferencia

En esta conferencia se promulgó la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing en la que


se establecieron una serie de objetivos y medidas para el adelanto de las mujeres en 12
esferas cruciales: la mujer y la pobreza; la educación y capacitación de la mujer; la mujer y la
salud; la violencia contra la mujer; la mujer y los conflictos armados; la mujer y la economía; la
mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones; mecanismos institucionales para el
adelanto de la mujer; los derechos humanos de la mujer; la mujer y los medios de difusión; la
mujer y el medio ambiente y; la niña.
2000

"La mujer en el año 2000: igualdad entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”,
declaración política y nuevas medidas e iniciativas para la aplicación de la Declaración
y la Plataforma de Acción de Beijing

La Asamblea General adoptó la evaluación, a la que se dio el nombre de “La mujer en el año
2000: igualdad entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”, se llevó a cabo en Nueva
York y se establecieron nuevas medidas e iniciativas para la aplicación de la Declaración y la
Plataforma de Acción de Beijing.
2005

Examen y una evaluación decenal de la Plataforma de Acción de Beijing

En esta conferencia se examinó y evaluó la Plataforma de Acción de Beijing a 10 años de su


declaración, y se aprobó una declaración que hace énfasis en que la aplicación de la
Declaración y Plataforma de Acción de Beijing es esencial para la consecución de los
Objetivos del Milenio.
2010

Examen al cabo de quince años


En ésta, los Estados parte aprobaron los progresos realizados en pro de la igualdad de
género, y se comprometieron a adoptar nuevas medidas para garantizar la aplicación integral
de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing.
2015

Beijing +20

A 20 años de la declaración de la Plataforma de Acción de Beijing, en esta Conferencia el


Consejo exhortó a los Estados Miembros de la ONU a llevar a cabo evaluaciones nacionales,
y alentó a las comisiones regionales a realizar exámenes regionales para ver el avance y retos
que se presentan en la materia.

La autonomía física, de acuerdo con la división que hace al


respecto la CEPAL (2012) (la cual se relaciona con el poder de decisión
sobre el propio cuerpo y vida de las personas) se considera en dos
dimensiones: en el respeto a los derechos sexuales y reproductivos de
las mujeres, y en la violencia de género, es decir, que no exista violencia
física, sexual, ni psicológica contra éstas.
El hecho de que la autonomía se logre mediante el ejercicio del poder y la capacidad de
tomar decisiones sobre la vida propia conduce a observar las conexiones entre la capacidad
de decidir sobre la vida sexual, la integridad física y los ingresos o activos: para que las
mujeres salgan de la pobreza y tengan autonomía económica es necesario que sus cuerpos
sean respetados en múltiples sentidos, especialmente, que no sufran ningún tipo de
violencia económica, sexual, física ni psicológica [p. 56].

Este tipo de autonomía es necesaria para el pleno goce y ejercicio de los


derechos humanos de las mujeres, debido a que, si éstas no cuentan
con la posibilidad de tomar decisiones sobre su cuerpo, sus derechos
pueden ser violados de diversas maneras e, incluso, pueden ser
susceptibles a sufrir algunos tipos de violencias como puede ser la
violencia física, psicológica y sexual.

Cuando no existe este tipo de autonomía se tienen violaciones a los


derechos humanos de las mujeres; por ejemplo, cuando a éstas no se les
permite decidir de manera libre e informada sobre el uso de métodos
anticonceptivos y, durante el proceso de atención al parto, sin que las
mujeres hayan otorgado un consentimiento libre e informado sobre qué
método anticonceptivo desean utilizar, se les coloca uno sin su
autorización (CNDH, 2017). Ejemplos como éstos podemos verlos
expresados en diversas recomendaciones que ha emitido este
Organismo Nacional y que representan una violación a los derechos
humanos de las mujeres expresados en los instrumentos nacionales e
internacionales como la Conferencia de Población y Desarrollo del Cairo,
la Plataforma de Acción de Beijing o la Convención de Belém do Pará.

La autonomía económica se explica como la capacidad de las mujeres


para acceder al trabajo remunerado, a su uso de tiempo y a que puedan
generar sus propios ingresos y recursos en igualdad de condiciones.

La autonomía económica es un pilar fundamental de la autonomía de las mujeres y, por


definición, requiere que estas perciban ingresos que les permitan superar la pobreza y
disponer de su tiempo libremente para capacitarse, acceder al mercado laboral,
desarrollarse profesional y personalmente, participar de manera activa de la vida social y
política, y dedicarse a sus seres queridos sin que ello se transforme en una barrera para el
logro de sus propias aspiraciones. Los ingresos monetarios y el tiempo son recursos finitos y
muchas veces escasos [CEPAL, 2016, p. 39].

La falta de autonomía económica, al igual que sucede con la física, trae


consigo diversas problemáticas que pueden vulnerar los derechos
humanos de las mujeres en su acceso al empleo o remuneración
económica. Un ejemplo de cómo la falta de esta autonomía afecta los
derechos humanos de las mujeres se observa cuando a éstas, derivado
de los roles y estereotipos de género, se les asignan los cuidados de
las/los hijas/os y esto provoca que esas mujeres, en muchas ocasiones,
busquen trabajos de medio tiempo o informales que les permitan
combinar su vida familiar con la laboral. Este hecho ocasiona que ellas
se encuentren en una mayor situación de vulnerabilidad, pues
posiblemente no tendrán un contrato fijo, prestaciones, seguro social o
un salario suficiente para su pleno desarrollo y, si es el caso, el de su
familia.

Finalmente, la autonomía en la toma de decisiones consiste en que las


mujeres puedan participar en procesos de toma de decisiones en sus
comunidades, así como en los distintos niveles de gobierno en igualdad
de condiciones y oportunidades que los hombres. Respecto a esta
autonomía, la CEPAL (2016) hace hincapié en que ésta debe ser sensible
y estar acorde a las diversas situaciones que enfrentan las mujeres.

La autonomía de las mujeres en la toma de decisiones debe concebirse desde una


perspectiva interseccional que permita comprender las dificultades que enfrentan las
mujeres —dentro de su especificidad y diversidad— para acceder a puestos de decisión y
que reconozca su identidad plural [p. 129].

Cuando no se ejerce la autonomía en la toma de decisiones se vulneran


los derechos humanos de las mujeres a la participación social, al voto, a
ser votada y a la toma de decisiones políticas de sus comunidades o del
país. Un ejemplo de la vulneración en la autonomía de la toma de
decisiones de las mujeres se puede ver cuando a éstas se les amenaza o
violenta, ya sea de manera física, sexual o psicológica, con el fin de
hacerlas desistir de un cargo político al que pretendían postularse.

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