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Honorarios en Probation y Derecho Civil

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Probation.

Cuestiones relativas al
Derecho Civil
Pérdida del derecho al cobro de
honorarios del letrado de la
querella
Doble afectación a la víctima

Por María Inés Bergamini Urquiza * y Tamara


Laura Ortenzi **
I- Introducción

En el presente trabajo se intentará


establecer: a) ¿Cuál es la naturaleza jurídica
del concepto de reparación del daño en el
instituto de la probation?; b) Los honorarios
profesionales del letrado patrocinante de la
querella ¿integran o no el concepto de
reparación del daño que exige el instituto de
la “probation”? y c) Oportunidad del
reclamo.-
Lo expuesto revelará que la falta de
regulación del tema tanto en materia civil
cuanto en materia penal importa una doble
victimización.-
II- Desarrollo

Los interrogantes planteados aparecen como


consecuencia del vacío legal existente en el
Art. 76 bis del Código Penal.-

a) En primer lugar, deberá determinarse si la


naturaleza jurídica del “daño” en materia
penal es parificable a la contenida en el
Derecho Civil y en su caso, si en el concepto
de pérdidas e intereses se encuentran
incluidos los honorarios profesionales de la
parte querellante.-

Sobre el punto, la doctrina entiende que la


reparación a la que alude el Art. 76 bis del
Código Penal se refiere “al daño objetivo
que emerge del hecho punible que se
imputa. También esta comprendido, por
supuesto, el daño moral. Se trata del
derecho de la víctima que ha sufrido el
daño a la restitución al “status quo ante”,
que suprime, hipotéticamente, el hecho
punible. Así la víctima se debe hallar,
después de la reparación en la misma
posición en la cual se hallaría de no haber
sucedido el hecho ilícito, objeto de este
procedimiento.”
”… el derecho de la víctima, en síntesis,
comprende la reparación de todos los
daños materiales y morales causados por
el delito...”.[1]

En este sentido, se pronuncia Eleonora A.


Devoto quien sustenta que “… en cuanto a
la reparación, sostenemos la necesidad
de un criterio amplio, que tenga en cuenta
lo material y aún lo simbólico –el pedido
de perdón, el compromiso formal de no
reiteración, el mero reconocimiento del
agravio, pueden resultar actitudes que
reparen a la víctima- y evite prejuicios
respecto de los caminos que pueden
llevar a la compensación –que muy
probablemente no será perfecta sino
cierto alivio del agravio sufrido- y la
reconciliación.”
“Esto requiere de los operadores y de las
partes disposición y creatividad, exige
también de aquellos una
consustanciación con el Derecho de
daños no habitual en los jueces penales.
Resulta claro asimismo que la reparación,
su forma y contenido, derivará
necesariamente de los diversos bienes
jurídicos afectados y del daño material o
moral producido”.[2]

Lo consignado permite concluir que la


naturaleza jurídica del “concepto de daño” en
materia penal es idéntica a la establecida por
el ordenamiento civil. En esa directriz, la
doctrina civilista entiende que “…el juez no
puede acordar indemnización por
cualquier rubro que le parezca, ni asignar
montos que no se compadezcan con el
daño sufrido por el reclamante. Cobra
importancia, entonces, el análisis de los
rubros indemnizatorios admitidos por
nuestro Código Civil.”
“Es dable puntualizar en derredor de este
aspecto que en el seno de nuestro
Código Civil, que es de filiación clásica y
sigue las aguas francesas en materia de
reparación del daño, existen sólo dos
grandes anaqueles o categorías para
encuadrar un daño resarcible: a) daño
patrimonial; b) daño extrapatrimonial o
moral.”[3]

Sin embargo, el contenido de este derecho


opera como límite de las legítimas
pretensiones de la víctima “… si … no lo
exige expresamente. Ello sucede, por
ejemplo, cuando la víctima llega a un
acuerdo con el imputado y acepta una
medida reparatoria que, en términos
objetivos, posee una entidad menor a la
del contenido íntegro de su derecho”[4].-

Similar situación se produce cuando el Juez


en uso de las facultades que le acuerda el
Art. 76 bis, párrafo 3°, del ordenamiento
punitivo, estima que la reparación del daño
ofrecida por el inculpado resultaría razonable
en virtud de su situación económica, pues en
ese marco se encuentra habilitado para
otorgar el beneficio más allá del derecho de
la parte damnificada en aceptar o no tal
reparación.-

En suma, éstos son los dos únicos


supuestos en que se deja de lado la
naturaleza jurídica de la reparación del daño
que, como ha quedado establecido, es
similar a la del procedimiento civil.-

b) En segundo lugar, analizaremos si la


suma de dinero ofrecida para reparar el daño
causado, debería abarcar los estipendios
profesionales del letrado que representó o
patrocinó a la víctima, pues su intervención
en el proceso podría haberle ocasionado a
quien resulta damnificado por el delito “las
pérdidas e intereses” a que alude el Art.
1078 del Código Civil.-

La norma citada establece que: “La


obligación de resarcir el daño causado
por los actos ilícitos comprende, además
de la indemnización de pérdidas e
intereses, la reparación del agravio moral
ocasionado a la víctima…”.-

En torno al tópico, debe recordarse que el


pedido de suspensión del proceso a prueba
no implica confesión ni reconocimiento
alguno de responsabilidad civil por parte del
imputado y que éste deberá ofrecer hacerse
cargo de la reparación del daño causado en
la medida de lo posible.-

En tal sentido, el artículo 1078 del Código


Civil al consignar los conceptos que integran
la obligación de resarcir el daño causado por
los actos ilícitos, lo hace en relación a la
indemnización de pérdidas e intereses y a la
reparación del agravio moral causado a la
víctima, más no comprende a los estipendios
profesionales.-

Sobre el tópico, tanto la doctrina como la


jurisprudencia especializada en materia civil,
afirman que no se encuentran incluidos los
honorarios de los profesionales que
representan a la víctima en el concepto de
“indemnización de pérdidas e intereses”.-

En efecto, Félix A. Trigo Represas y Ruben


H. Compagnucci de Caso, al examinar de
qué modo se determina la cuantía del daño
moral, refieren que “el juez debe tener en
cuenta la gravedad objetiva del daño, la
que puede desprenderse la índole de los
sufrimientos, las molestias
experimentados por el damnificado, la
gravedad de la falta, la personalidad de la
víctima y del ofensor y la situación social
y económica de ambos.” [5]

Y que “… el daño moral va referido a toda


una gama de sufrimientos y dolores
físicos o psíquicos que haya padecido la
víctima a consecuencia el hecho ilícito.
Así cabe comprender como conceptos
integradores del daño moral
eventualidades como las siguientes: si el
hecho ilícito causó, teniendo en cuenta la
mayor o menor intensidad o gravedad de
éste, el propio padecimiento que
cualquier persona experimente desde que
se produjo la lesión hasta su total
curación; si por las características de la
lesión se origina un componente de
desquiciamiento mental en el así
lesionado, también es posible que ello
integre el daño moral, así como la
existencia de ese dolor físico en quien ha
padecido cualquier tipo de mutilación o
lesión corporal en su organismo…”[6]

En tanto, el daño patrimonial se ha definido


como “el que sufre el perjudicado en la
esfera de su patrimonio, entendido como
conjunto de bienes y derechos de
naturaleza patrimonial; son daños
evaluables económicamente por
referencia al valor que el bien dañado
tiene en el mercado cuando el daño se ha
causado.”
“… el daño material que menoscaba el
patrimonio de una persona, como
conjunto de valores económicos, y que
por lo tanto, es susceptible de de
apreciación pecuniaria, se exterioriza de
dos modos: 1) como daño emergente, o
sea como pérdida o disminución de
valores económicos ya existentes, es
decir como empobrecimiento del
patrimonio; y 2) como lucro cesante, por
la frustración de ventajas económicas
esperadas, lo que implica la pérdida del
enriquecimiento patrimonial previsto.”

Los rubros tenidos en cuenta por el Derecho


de Daños para fijar el monto o suma de
dinero atingente al daño causado,
demuestran, en forma diáfana, que los
estipendios profesionales de los abogados
intervinientes no lo conforman.-

Así la jurisprudencia ha sostenido que: “el


valor del juicio no constituye la única
base computable para las regulaciones
de honorarios, que deben igualmente
ajustarse al mérito, naturaleza e
importancia de esa labor, disponiendo los
jueces de un amplio margen de
discrecionalidad para ponderar los
diversos factores que influyen en la
regulación de honorarios”

“la validez constitucional de los


honorarios regulados no depende
exclusivamente de la magnitud del
proceso, ni del interés de las partes
obligadas al pago, pues también interesa,
en la justicia y razonabilidad de la
regulación, que se examinen las tareas
realizadas, sea por su jerarquía intrínseca
como por su complejidad, según el caso,
o la responsabilidad profesional
comprometida.[7]

De ello, se colige que los honorarios


profesionales del letrado de la víctima no se
encuentran incluidos en el concepto de
resarcimiento del daño causado por los
delitos.-

c) En tercer lugar, se determinará en qué


ocasión procede el reclamo de honorarios
por quien ha representado a la víctima.-

Desde nuestra perspectiva, es posible


articular su concreción -a pedido del
profesional- en la audiencia de suspensión
del juicio a prueba cuando el imputado se
compromete a reparar el daño causado. En
esa hipótesis, podrá ofrecer dentro del
monto pecuniario lo pertinente a los
honorarios profesionales del letrado
patrocinante del acusador particular.-

Y ello se afirma así, porque si la querella


estima insuficiente tal reparación, podrá
rechazarla e iniciar la acción civil pertinente.
De adverso, la petición realizada por tal
parte con posterioridad al ofrecimiento,
resultará extemporánea.-
En efecto, la incorporación del instituto de la
suspensión del proceso a prueba ha
significado una innovación sustancial al
desarrollo normal del enjuiciamiento penal,
ya que se paraliza la etapa del plenario y la
resolución judicial que admita el pedido, no
es considerada como una de aquellas que
ponga término a la causa penal.-

Por tanto, la decisión jurisdiccional que


otorgue el beneficio tampoco debe
determinar la existencia de una parte
vencida para afrontar el eventual pago de las
costas causídicas. [8]

Es decir, la suspensión del juicio y el


sometimiento de quien resulta beneficiado a
las reglas de conducta durante un
determinado plazo, importan la postergación
durante el mismo de cualquier tipo de
decisión, tanto sobre la cuestión penal, como
aquellas accesorias.[9]

De modo que, no pueden aplicarse las


reglas del Art. 530 del Código Procesal
Penal de la Nación que establece que toda
resolución que ponga término al proceso,
deberá resolver sobre el pago de las costas,
las cuales estarán a cargo de la parte
vencida (Art. 531) y consistirán en el pago de
la tasa de justicia, el pago de los honorarios
devengados por la intervención de los
profesionales y los demás gastos que se
hubiere generado en la tramitación de la
causa (Art. 533 “ibidem”).-

Por su parte, el Art. 47 de la Ley nº 21.839 –


modificada por Ley 24.432- establece que
los honorarios de los abogados y
procuradores deben ser regulados al
dictarse sentencia o auto equiparable.-

Por ello y hasta tanto no se obtenga un


pronunciamiento definitivo en relación a la
situación procesal del imputado, no
correspondería regular los honorarios de los
letrados patrocinantes de la querella.-
Sin embargo, cierto es que culminado el
término de la suspensión y resultando
sobreseído el imputado, no podrá el
profesional exigirle el pago de sus
honorarios en la medida que no existirá
“parte vencida”.-

En tal sentido, se ha dicho que “En el


sistema procesal impera como regla
general el hecho objetivo de la derrota
como base para la imposición de la
condena en costas como consecuencia
de que, quien promueve una demanda lo
hace por su cuenta y riesgo, con
prescindencia de la buena o mala fe con
que la parte vencida pudo haber actuado
durante la sustanciación del juicio, y
encuentra su fundamento en que se debe
impedir que la necesidad de servirse del
proceso para la defensa del derecho, se
convierta en daño de quien se ve
constreñido a accionar o defenderse para
pedir justicia, de modo que las
excepciones a ese principio deben
aplicarse con criterio restrictivo, el cual
es corolario de la teoría objetiva del
riesgo, que tiende a reparar los gastos
que se ha visto obligado a realizar quien
indebidamente fue vinculado al pleito por
la contraparte, a fin de que se reconozca
el derecho que le asistía…”[10] Y que “Si
bien el principio general del art. 531
C.P.P.N. establece que las costas serán a
cargo de la parte vencida, la
circunstancia de haber requerido el fiscal
de grado la instrucción del sumario y la
realización de diversas medidas la
acumulación de varios procesos por
denuncias contrapuestas, sumado al
tiempo que demandó la instrucción de
una de las causas, constituyen una pauta
suficiente para considerar que la querella
ha tenido razón plausible para litigar. Por
ello, corresponde confirmar el auto por el
que se dispone que las costas deben ser
soportadas en el orden causado.”[11]
Los índices tenidos en consideración para
estipular quién debe ser condenado en
costas, indican que el caso no se encuentra
tipificado. En efecto, la aplicación de la
suspensión del juicio a prueba exige, como
presupuesto necesario, la existencia de un
requerimiento de elevación a juicio y la
apertura de la etapa del debate. Por tanto, el
ingreso a esta etapa del proceso penal,
importa “el triunfo de los acusadores” y
descarta, entonces, su fracaso, único motivo
por el que debería soportar los gastos del
juicio.-

Tal situación demuestra el perjuicio


injustificado de la querella que deberá
solventar gastos que no ha generado ya que
el instituto favorece exclusivamente al
imputado y no depende de su aprobación.
Así, sólo cuenta con el recurso de casación
contra la decisión jurisdiccional que concedió
el beneficio más no puede oponerse a su
otorgamiento.-

En definitiva, esta injusta situación debe ser


subsanada legislativamente en aras de evitar
la “doble victimización”.-
III-
En cuanto a este último concepto, no
desconocemos que es facultad de la víctima
constituirse en querellante[12]. Ello, debido a
que, aunque ella no asuma tal rol, sus
“intereses” en el proceso aún, van a ser
custodiados por el Estado, en cabeza del
Ministerio Público Fiscal, en tanto que,
cuando sucede un conflicto en la sociedad
respecto de uno de los individuos –
afectación de un bien jurídico-, tal
compromiso es captado por la sociedad y es
por lo que el Estado interviene en su
protección.-

La postura que se tome respecto del rol del


querellante, en cuanto a que éste, actúe de
forma autónoma o adhesiva, respecto del
Ministerio Público Fiscal, no soslaya la
posibilidad de aquél en proteger junto al
Estado sus bienes jurídicos afectados.[13]

Ello debido, a que la facultad recursiva del


querellante, se encuentra prevista en los
Artículos: 18 de la Declaración Americana de
los Derechos y Deberes del Hombre, 8 de la
Declaración Universal de los Derechos
Humanos, 8 apartado 1 y 25 de la
Convención Americana sobre Derechos
Humanos (Pacto de San José de Costa
Rica, 2 apartado 3 y 14° apartado 1 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, todos ellos con jerarquía
constitucional en virtud de lo establecido por
el artículo 75 inciso 22 de la Constitución
Nacional. En coincidencia con este criterio,
los artículos 458 a 462 del Código Procesal
Penal de la Nación.-

En tal sentido el Art. 25.1 de la Convención


Americana sobre Derechos Humanos, al
reseñar: “Toda persona tiene derecho a un
recurso sencillo y rápido o a cualquier otro
recurso efectivo ante los jueces o tribunales
competentes, que la ampare contra actos
que violen sus derechos fundamentales
reconocidos por la Constitución, la ley o la
presente Convención”, determina una
participación más activa en el proceso de la
víctima.-

A tal fin corresponde citar que: “... todo aquél


a quien la ley reconoce personería para
actuar en juicio en defensa de sus derechos
está amparado por la garantía del debido
proceso legal consagrada en el artículo 18
de la Constitución Nacional, sea que actúe
como acusador o acusado, como
demandante o demandado; ya que en todo
caso media interés institucional en reparar el
agravio si existe y tiene fundamento en la
Constitución...”[14].-

A su vez, la Corte Interamericana de


Derechos Humanos ha determinado que
existe la obligación “a cargo de todo Estado
Parte en la Convención de respetar los
derechos y libertades garantizados en ella y
garantizar su pleno ejercicio a toda persona
que esté sujeta a su jurisdicción (art. 1.1. de
la Convención)"[15].-

Entonces, a partir de tales razonamientos


señalados en las normas de jerarquía
constitucional surgieron criterios que le
reconocieron al querellante cada vez mayor
participación y protagonismo en el escenario
penal, especialmente a partir de la
interposición de vías recursivas.-

En este sentido, Cafferata Nores ha


expresado que en virtud de la garantía de
“… tutela judicial efectiva, si la razón
principal por la que el Estado debe perseguir
el delito es la necesidad de cumplir con sus
obligaciones de garantizar el derecho a la
justicia de las víctimas, no parece sencillo
admitir que los códigos procesales penales
priven de la posibilidad de interponer
recursos a la víctima constituida en el
proceso como acusador.”[16]

Finalmente en cuanto al punto, se debe


afirmar que en un Estado Democrático
respetuoso de los derechos humanos, el
Principio de igualdad debe ser siempre
evaluado.-
IV- Conclusión

* La naturaleza jurídica del “daño” en materia


penal es idéntica a la contenida en el Art.
1078 del Código Civil.-

* No se encuentran comprendidos en el
concepto “pérdidas e intereses” los
honorarios profesionales del letrado
patrocinante o apoderado del querellante
pues para determinar el daño ocasionado
deberá recurrirse a otras pautas, tales como
la índole de los sufrimientos de la víctima,
las molestias experimentadas por el
damnificado, la gravedad de la falta, la
personalidad de la víctima y del ofensor y la
situación social y económica de ambos.-

* La oportunidad procesal para articular la


regulación de los estipendios del profesional
apoderado o patrocinante del acusador
particular opera con el dictado de un
pronunciamiento definitivo respecto de la
situación procesal del imputado.-

Sin embargo, culminado el término de la


suspensión y resultando sobreseído el
imputado, no podrá el profesional exigirle el
pago de sus honorarios en la medida que no
existirá “parte vencida”.-
Empero y con el fin de neutralizar ese
resultado disvalioso, su fijación podrá ser
planteada en la audiencia de suspensión del
juicio a prueba con el objeto de que el
imputado ofrezca dentro del monto
pecuniario lo pertinente a los honorarios
profesionales del letrado patrocinante del
acusador particular y en caso de que éste
estime insuficiente tal reparación, podrá
rechazarla e iniciar la acción civil pertinente.-

Las consideraciones expuestas, no


pretenden criticar al instituto de la
“Probation” como tal ya que, a nuestro juicio,
resulta favorable en materia penal.-

Lo cuestionable es la falta de regulación


atingente a las cuestiones civiles que nacen
de un hecho ilícito que, por supuesto, no
impiden el otorgamiento de la suspensión del
juicio a prueba, que procede, aún, cuando la
víctima no aceptara la reparación del daño
que se ofreciera.-
Pero más allá de ello, lo cierto es que no
puede desconocerse que la afectación
económica de la víctima al tener que
solventar los honorarios profesionales de su
representante o patrocinante importa su
doble victimización; lo que impone una
reforma legislativa al respecto.-

*Abogada. Master en Derecho Universidad


de Salamanca (España). Secretaria de
primera instancia - Tribunal Oral en lo
Federal Nº 3 de San Martín Pcia. de Buenos
Aires. Docente universitaria.
**Abogada. Posgrado en Derecho Penal
Universidad de Palermo. Ayudante de 1era.
en la Cátedra del Dr. Carlos Elbert
“Elementos de Derecho Penal y Procesal
Penal”, a cargo de la Dra. Eleonora Devoto.
Jefe de Despacho, Relatora de la Vocalía de
la Dra. Marta Lopardo, Juez de Cámara del
Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 3 de
San Martín (Buenos Aires)

[1]Bovino, Alberto; “La suspensión del


procedimiento penal a prueba en el Código
Penal argentino”, Editores del Puerto, Año
2001, págs. 139/140.
[2] Devoto, Eleonora, “Probation e institutos
análogos” Editorial Hammurabi, pág. 177.
[3]Trigo Represas, Félix A. y López Mesa,
Marcelo J. “Tratado de la Responsabilidad
Civil”, T. IV, Ed. La Ley, Marzo de 2.004,
págs. 695/696.
[4] Ob. Cit. Bovino, Alberto.
[5]Félix A. trigo Represas y Ruben H.
Compagnucci de Caso (“Responsabilidad
Civil por accidentes de automotores”, Tomo
2, Ed. Hamurabi, Bs. As. 1992, Pags.
589/90).
[6] Ob. Cit. Trigo Represas Félix A. y López
Mesa, Marcelo J., Tomo I, Págs. 525/526.
[7] Sala C de la Excma. Cámara de
Apelaciones en lo Civil, en los autos
“Andrade Arregui, Pedro Alvarado c/ García,
Lorena Cyntia s/ daños y perjuicios C.
C237.942” del 22/9/98.
[8]Costabel, Néstor Guillermo, “El
querellante y los honorarios del abogado”.
Publicado en [Link].
[9]Y en esa directriz, la Sala IV° de la
Excma. Cámara Nacional en lo Criminal y
Correccional de esta ciudad se pronunció en
los autos “Bourel, María Victoria (causa N°
3303, resuelta el 28/7/95).
[10] Cámara Nacional en lo Criminal y
Correccional de la Capital Federal, causa n°
25.881 “BERTA, Angel B.”, Rta. 16/03/05.
[11] Cámara Nacional en lo Criminal y
Correccional de la Capital Federal,
“GOLDFARB, Julieta”, Rta. 4/05/05.
[12]En cuanto a la postura de una de las
autoras respecto del rol del querellante, ver:
LA NUNCA ACABADA HISTORIA DE LA
BUSQUEDA DEL CORRECTO ROL DEL
QUERELLANTE. ¿HASTA DONDE ES
POSIBLE LLEGAR?, realizado por Tamara
Laura Ortenzi, junto a Mercedes García
Fages, publicado en Nueva Doctrina Penal,
en la Revista 2006/A, Editores del Puerto,
página 159. Ello, ya que no es tema de este
trabajo indagar sobre el adecuado rol de tal
parte en el proceso.
[13]En cuanto a la función del Derecho Penal
de protección subsidiaria de bienes jurídicos,
ello no se desarrollará en este trabajo, por
ser un tema de suma importancia, que
requiere de mucha discusión y no hace al fin
del presente.
[14]C.S.J.N. Fallos: 268:266.
[15]OC-9, del 6/10/87, citada por Solimine,
Marcelo en “El derecho fundamental del
ciudadano a querellar y su facultad
recursiva. Derivaciones de los estándares
fijados por la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, y de las garantías de
"tutela judicial efectiva" y "doble instancia",
La Ley 8/2/2005.
[16]Cafferata Nores, "Proceso penal y
derechos humanos...", citado por Solimine,
Marcelo, ob. Cit.

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