Temario- Corrientes del pensamiento
1- De la ciudad griega a la civitas romana:
- Los estoicos, pensamiento.
Los estoicos (IV a. C.-II d.C.) representan al universo como un conjunto
ordenado y coherente. El universo, según esta concepción, está animado por una razón
soberana, el "logos", de carácter divino. Puesto que somos impotentes para modificar el
curso de las cosas, lo que más conviene es permanecer impasible o indiferentes y
aceptar este orden del mundo. Esta aceptación no impide que el hombre sea libre y
responsable de sus juicios.
- Representantes.
Zenón (332-262 a. C.)
Cicerón (106-43 a.C.)
Séneca (4 a.C.-65 d.C.)
Epicteto (50-25 d.C.)
Marco Aurelio (121-180 d.C.)
- San Agustín. Base de su pensamiento.
En general, los apóstoles habían retomado las ideas universales de los
últimos filósofos griegos sobre la igualdad de los hombres. El periodo formativo
del pensamiento cristiano llega a su madurez y crea las bases de la filosofía
escolástica con la contribución de los Padres de la Iglesia, entre los cuales San
Agustín sería la nota dominante durante varios siglos.
- Las dos ciudades.
El libro fue escrito para defender al cristianismo contra la acusación pagana de
ser el responsable de la decadencia del poder en Roma y, en particular, del saqueo de la
ciudad por los godos de Alarico en 410. En un recorrido por la historia de Roma, pone
en evidencia la impotencia de los dioses paganos para proteger a la ciudad y considera
que la única manera de lograr su salvación es la sumisión de pueblo y gobierno a la
religión cristiana. San Agustín sostiene que los romanos no han sido justos y su ciudad
no es una verdadera ciudad. Argumenta que ello es debido a que el objeto de su pasión
nunca fue la virtud; sus esfuerzos estuvieron encaminados hacia la consecución de la
grandeza, mas no de la virtud. Según él, la verdadera razón por la cual el esquema
tradicional ha sido incapaz de formar hombres virtuosos, es no tanto por irreligioso sino
por poseer una falsa concepción de la divinidad. Todos estos ataques al paganismo lo
llevan a elaborar lo que es su contribución más importante al problema de la sociedad
civil, su teoría de las dos ciudades.
De acuerdo con este planteamiento, el hombre es ciudadano de dos ciudades, la
ciudad de nacimiento y la ciudad de Dios. Siguiendo la reflexión emprendida por
Séneca y Marco Aurelio, en el sentido de que la naturaleza humana es doble (espíritu y
cuerpo) y que el hombre es un ser social por naturaleza, concluye que el hombre es a la
vez ciudadano de este mundo y de la ciudad celestial. De esta manera, concibe la
Ciudad de Dios como una Iglesia Estado cristianizada, en donde no tienen cabida los
infieles.
- La iglesia y el estado.
La justicia, según San Agustín, no existe en los Estados que desconocen el
Cristianismo: "Después del advenimiento del cristianismo, ningún estado puede ser
justo, a menos que sea también cristiano, y un gobierno considerado apartado de la
iglesia estaría desprovisto de justicia" (II, 19).
De acuerdo con esta lógica, San Agustín reconoce el carácter divino del Estado.
El gobernante representa la voluntad de Dios en la Tierra, y en esa calidad recibe la
voluntad de obediencia de sus súbditos, pero el verdadero reino de Dios no tiene ese
carácter. De esta suerte, considera inferior al Estado temporal, con relación al Estado
espiritual del futuro. Con base en esta última consideración, la doctrina agustiniana de
las dos ciudades servirá como pretexto a las teorías políticas que afirmarán la
preeminencia del poder espiritual sobre el poder temporal. Otro de los aspectos
importantes a señalar es la justificación por San Agustín del recurso al brazo secular
para erradicar la herejía por la fuerza.
- Los fundamentos de la Ciudad de Dios.
Así como San Agustín lo concibe, las ciudades de Dios y la de los hombres
permanecerán unidas. Desde ese momento, todos los cristianos, desde el trabajador más humilde
hasta el emperador, primero deberá de consagrarse a la ciudad de Dios, es decir, al culto
católico y a las obras llevadas a cabo por la Iglesia. Todos pertenecen a la Iglesia.
2- El debate entre los poderes espiritual y temporal en la Edad Media:
- La realeza y la justicia en la doctrina medieval del gobierno.
La distinción entre poder monárquico y tiranía será uno de los rasgos más
destacados de la concepción medieval de la realeza. Una vieja tradición sitúa el
comienzo de la Edad Media en el siglo V. Con ella también da inicio el feudalismo. Esta
larga época, que culmina con el Renacimiento, se caracteriza por la formación de una
poderosa organización eclesiástica que ejerce una vasta autoridad política. Otra de sus
características es haber sido el escenario de dos formas opuestas de sociedad: la
patriarcal —representada por los bárbaros— y la imperial, representada por la tradición
romana. Además, los funcionarios locales y los grandes propietarios de tierras
convierten su propia voluntad en ley. Las relaciones personales que se establecen entre
los hombres están íntimamente ligadas a un sistema de dependencia territorial, asociado,
en la práctica, a la autoridad política.
Desde los albores de la Edad Media, el emperador de los cristianos se considera
el representante de Dios en la Tierra y su brazo armado contra los infieles. A esta
práctica se le conoce con el nombre de cesaropapismo y comienza a esbozarse con el
emperador Constantino (270- 337), quien funda su ciudad, Constantinopla (330), la
"nueva Roma", y reconoce la religión católica, hasta entonces prohibida. Pronto, la
religión católica se convierte en la religión oficial del imperio romano (380). Quince
años más tarde, a la muerte de Teodosio, el Imperio romano Breve historia del
pensamiento político: de Platón a Rawls 38 sufre una escisión: el Imperio romano de
Occidente con Roma como capital y el Imperio romano de Oriente, o Imperio
Bizantino, en torno a Constantinopla. Apenas iniciado el siglo IV, invasiones sucesivas
de pueblos germánicos (suevos, vándalos, alanos, anglos, sajones y visigodos, entre
otros) terminan por transformar la fisonomía del Imperio de Occidente. En 410, Roma
es saqueada por los visigodos. Poco después, los jefes bárbaros, asimilados a las tropas
mercenarias al servicio del imperio, controlan de facto el poder. Rómulo Augústulo, el
último emperador, es depuesto en 476. Al finalizar el siglo V, del imperio romano sólo
queda un conjunto de reinos dispersos, autónomos y en permanente lucha entre sí por
obtener o mantener la hegemonía. Bajo Justiniano (529), la Iglesia cierra las puertas de
la Academia de Platón, en Atenas. Ese mismo año se crea la primera orden monarcal, la
de los dominicos. El Islam, la tercera religión semítica monoteísta, no tardaría en nacer
y luego expandirse rápidamente por Asia, África y, en menor medida, Europa.
- El mundo musulmán. Alfarabi y Averroes.
Desde principios del siglo VII hace su aparición en la franja mediterránea un
pueblo conquistador, el pueblo árabe, unificado por una fe religiosa y destinado a
convertirse en un extenso imperio. Esa fe religiosa toma cuerpo en una de las religiones
(junto al judaísmo y el cristianismo) que más han influido en Occidente: el Islam (que
significa sumisión voluntaria a la voluntad de Dios). Su religión fue revelada mediante
un profeta legislador, Mahoma, quien proclama un monoteísmo de raíz judeocristiana,
en torno a un dios único: Alá.
El punto de partida de la era musulmana lo constituye la huída o "Hégira" (622).
Es cuando Mahoma huye de La Meca y se instala en Yatreb, bautizada por él como
Medina (Medinat), "La ciudad del profeta". Su doctrina está consignada en el Corán.
Los puntos fundamentales de los 114 capítulos que lo conforman son la creencia en Alá;
en los ángeles y en los profetas (entre ellos Jesucristo), el último de los cuales
(Mahoma) ha traído el mensaje definitivo de Dios; en el Corán y sus prescripciones; en
la resurrección y el juicio, y, finalmente, en la predestinación de los hombres según la
insondable voluntad de Alá. A la muerte de Mahoma, los califas (kalifa, sucesor
legítimo y cronológico) concentran sus reflexiones sobre la cuestión de su legitimidad.
Con el propósito de encontrar una respuesta a tal cuestión, difunden el legado griego
(Los diálogos de Platón, la obra casi completa de Aristóteles, etc.), a través de colegios
de traductores. En el plano de las conquistas, los árabes derrotan al ejército de Bizancio,
en Palestina (636). Posteriormente, toman Alejandría, Egipto y Siria (643).
Constantinopla es atacada por sorpresa (673).
Cuando invadían el norte de África, dispersan a los ejércitos cristianos
encargados de hacerles frente. Así, Cartago es tomada y destruida (698). España cae en
su poder (712) y permanecen allí cerca de ocho siglos. Enseguida, invaden el sur de
Francia e intentan una vez más apoderarse, en vano, de Constantinopla (717). No
desanimados por su fracaso por conquistar el Imperio Bizantino, los árabes sitian Roma
(749), la cual es defendida con determinación por el Papa, convertido por las
circunstancias en guerrero. El Papa se apoya entonces en los Francos, quienes a su vez
habían derrotado a los árabes en la batalla de Poitiers (732), Francia, y concede el título
de emperador a su rey Carlomagno (800). Los sucesores de Carlomagno, los reyes
carolingios, buscan deshacerse de la tutela del Papa e incluso querrán controlar la
Iglesia. Ese debate, que en la práctica generará conflictos abiertos, estará en el corazón
de las discusiones teológicas durante siglos en la Europa medieval. En el campo de los
que defienden al Papa estará Tomás de Aquino; entre los defensores del emperador,
Marsilio de Padua y Guillermo de Ockham
- La limitación del poder real.
Sobre la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, los escritores más
importantes involucrados en este debate son San Bernardo de Claraval (1091-1153) y
Juan de Salisbury (115-1180).
San Bernardo (monje reformador) creía que la fe estaba por encima de la razón.
Su pensamiento constituye un esfuerzo para resucitar el espíritu místico y ascético de
los padres de la Iglesia. Se opuso a la intervención del Papa en las cuestiones
administrativas y en los negocios que no pertenecen al orden espiritual. Estaba a favor
de la supremacía de la potestad eclesiástica, pero deseaba, al mismo tiempo, limitar la
esfera de su actividad a los negocios de índole espiritual. Respecto del símbolo de las
dos espadas, la material y la del espíritu, asevera que aunque la iglesia poseyera ambas
espadas, sólo podía ser empuñada la primera por los sacerdotes y la última por los
soldados, a instancia de aquellos y bajo las órdenes del emperador.
de su actividad a los negocios de índole espiritual. Respecto del símbolo de las
dos espadas, la material y la del espíritu, asevera que aunque la iglesia poseyera ambas
espadas, sólo podía ser empuñada la primera por los sacerdotes y la última por los
soldados, a instancia de aquellos y bajo las órdenes del emperador. Juan de Salisbury
establece una distinción clara y terminante entre la jurisdicción respectiva de las
autoridades seculares y eclesiásticas, pero aboga por la colaboración entre ambos
poderes. Sostiene que el mundo temporal es la cabeza y el espiritual, el alma de la
sociedad política. Asimismo, lanza contra el Papa la acusación de intervenir en asuntos
que no se compaginan con la condición del sacerdocio.
En su Polycraticus (1159), considerada como una de las obras más destacadas
de filosofa política de la Edad Media, afirma que el rey es el servidor de la ley, al
servicio de su pueblo y del bien común. Y agrega que si el príncipe no gobierna con
arreglo al derecho, degenera en tirano. En este caso, su deposición violenta es lícita y
está justificada. No obstante, reconoce que el medio más adecuado para desprenderse
del tirano es la oración, con el fin de que la cólera de Dios, a la que sirven los tiranos, se
desvíe en su ejecución. Para Salisbury, el tirano no tiene derechos frente al pueblo,
porque no existe ningún hombre que posea potestad sobre otro, salvo en el supuesto de
cumplir con los deseos de Dios, mediante la realización de ]a justicia.
3- Los regímenes políticos, según Santo Tomás:
- Base de su pensamiento.
La obra de Tomás de Aquino (1225-1274) tiene una gran influencia en el
pensamiento cristiano y la doctrina de la Iglesia. Su teología articula la tradición bíblica
con el pensamiento filosófico greco-árabe. En particular se inspira de Aristóteles —cuya
obra estaba proscrita por la Inquisición desde el Concilio de París en 1210—, teniendo
cuidado de respetar los grandes dogmas católicos.
De hecho, el tomismo domina la filosofía medieval y contribuye a la
preeminencia de la autoridad eclesiástica. Para ello, afirma que la verdad se obtiene a
través de la razón, el respaldo de la fe, y la fe sólo es competencia de la Iglesia. Su obra
más importante es la Suma teológica, pero la que mejor resume sus concepciones
políticas es su Opúsculo sobre el gobierno de los príncipes (De Regimine Principium).
Frente a la tarea de designar un régimen político, Santo Tomás retorna la clasificación
de Platón, según la cual existen tres regímenes buenos (la monarquía, la aristocracia y la
república o gobierno ejercido por una clase numerosa de ciudadanos) y tres derivados
cuando el interés del gobernante predomina (la tiranía, la oligarquía y la democracia o
dominación del pueblo que oprime a los ricos). De todos ellos es la monarquía que
promete la más grande unidad moral. La unidad es superior a la multiplicidad. Aplicado
a la teoría de las causas, de Aristóteles, esta elección se justifica de la manera siguiente:
el rey se identifica al individuo (causa eficiente) que reina (causa formal) la multitud del
Estado (causa material) en vista del bien común (causa final). Desde la perspectiva
teológica, se justifica argumentando que en el universo no hay más que un solo Dios,
"creador y gobernador de todas las cosas".
- La teoría de la resistencia.
En Opúsculo sobre el gobierno de los príncipes y en la Suma Teológica, Santo
Tomás desarrolla una doctrina de la resistencia a las leyes injustas que infringen los
mandamientos de Dios y las reglas del derecho natural. En efecto: ¿qué hacer cuando un
príncipe deja de procurar el bien general y viola la ley natural? ¿habrá que seguirlo
obedeciendo? Antes que nada, condena la sedición (pecado mortal), porque desgarra el
orden jurídico, que asegura el bien general. Enseguida, rechaza el nombre de sedición a
la resistencia al tirano. El sedicioso es el tirano, quien, para su beneficio, promueve los
desórdenes en el pueblo sometido a él. Desde este ángulo, derrocar a un tal poder no es
una sedición.
4- La fundación del estado moderno:
- Maquiavelo o la autonomía de la política:
El pensamiento político de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se encuentra
plasmado, principalmente, en sus libros El Príncipe (1513) y en los Discursos sobre la
primera década de Tito Livio. El primero es un conjunto de reglas prácticas de política,
el segundo pertenece a la teoría política.
Maquiavelo tiene el mérito de haber sido el fundador de la ciencia política. Con
él, por primera vez, queda definido el "objeto" político: el Estado es una realidad
observable, viva y original, sometida a variaciones determinadas. Con ello, rompe
también con una tradición, iniciada por Platón, en la filosofía política. En esa tradición,
la reflexión política se centraba en una adecuación entre el fin y los medios. Lo nuevo:
Maquiavelo rechaza tales planteamientos y admite una separación y una sumisión
utilitarista de los medios y el fin. Esta ruptura de método de análisis servirá de trampolín
a la ciencia política moderna; un nuevo principio de evaluación, entre los cuales, el
principio de eficacia, encontrará reconocimiento.
- El principe. Principales ideas de gobierno.
Uno de los puntos nodales del pensamiento político de Maquiavelo es su
definición de política, sobre la base de cuestiones prácticas. Así, como lo observa en sus
Discursos, los romanos conocen las peores derrotas y sus emperadores experimentan un
fin miserable, a partir del momento en que se alejan de los principios de puro
pragmatismo. Estas enseñanzas lo llevaron a formular con claridad la distinción entre
moral privada y moral pública. La política, siendo un asunto humano, no puede fundarse
ni en el Más Allá ni en lo Eterno
. De allí sus categorías centrales de virtù (la capacidad subjetiva para aprovechar
las circunstancias; en otras palabras: la inteligencia, valentía, astucia y prudencia que el
conquistador debe probar frente a la adversidad) y de fortuna (las condiciones objetivas
de la acción; inestabilidad de los acontecimientos). Al liberar a la política de toda tutela
moral o religiosa, le concede su plena autonomía. Para él estaba claro que el uso de las
virtudes morales conduce al nuevo príncipe a la ruina. Aconseja distinguir las virtudes
políticas de las virtudes morales. Su realismo le permite entrever, antes que nadie, que
el régimen político es una cosa que envejece y se corrompe más o menos rápidamente.
- La forma de gobierno.
Maquiavelo retorna la teoría de los ciclos y la clasificación de las formas de
gobierno establecidas por el historiador Polibio (Historias, Libro VI). De acuerdo con
esta teoría, toda constitución buena se corrompe y deriva en su correspondiente mala:
gobierno de uno, de pocos y de muchos. El florentino considera que todas estas formas
de gobierno son perjudiciales: las catalogadas como buenas —en realidad malas, por su
falta de estabilidad— por su escasa duración. Las catalogadas como malas, por la
malignidad de su índole. El remedio al fracaso de las constituciones simples consiste en
el gobierno mixto, en el cual coexistan el principado, los notables y el gobierno popular,
ya que cada uno de estos poderes vigila y contrarresta los abusos de los otros.
Sus simpatías van, en definitiva, por el gobierno mixto y se declara a favor de la
monarquía electiva, de acuerdo con las circunstancias de su tiempo. En El Príncipe: una
serie de reglas prácticas para que el gobernante pueda conservar su posición
privilegiada, triunfe aún mediante el engaño y detenga, en todo instante, los amagos de
la revolución.
5- De la servidumbre voluntaria a la utopía:
- La utopía. Características.
Tomás Moro escribe en latín La Utopía y es publicado en Lovaina (1516). En
esta obra denuncia a los terratenientes de su época y mues tra su indignación por la
concentración de grandes fortunas, amasadas gracias al comercio de la lana —debido, a
su vez, a la transformación de campos de cultivo en pastizales para ovejas—, así como
por las miserias que toda esta situación conlleva. Tomás Moro efectúa una búsqueda
analítica de las causas y termina por satirizar a esa sociedad desordenada y viciada. Con
tal propósito describe, a la manera de La República, de Platón, un país imaginario, libre
de todas esas calamidades.
Los principios que rigen la organización económica en Utopía hacen que reine la
igualdad entre los ciudadanos. Contrariamente a la ciudad real, en la isla hay
abundancia de recursos y no existe la pobreza. Como en La República de Platón, la
propiedad privada está abolida y todos los habitantes comparten el sentimiento de
desprecio por las riquezas y las distinciones o reconocimientos del exterior. El sistema
de organización político interno funciona teniendo como pivote a un Senado, cuyos
miembros son electos, y el cual se encarga de todo lo relacionado con los asuntos de la
vida de los habitantes de la isla. A la cabeza de este Senado se encuentra un Presidente,
que es el Príncipe de Utopía, y es seleccionado de entre una lista presentada por el
pueblo. Y dado que el estudio es parte de la vida cotidiana de los habitantes, es natural
que los hombres más cultivados ocupen en este modelo de sociedad un lugar
privilegiado: la clase de letrados (no más de 500). Así, la única escala de medida para la
aristocracia es el mérito. Pero si eso sucede en los dominios del poder temporal, en el
terreno de lo religioso la ley allí es la pluralidad y la tolerancia. De hecho, varias son las
religiones que se practican en los diferentes lugares de la isla. No obstante, la gran
mayoría de la población deposita su fe en un Dios trascendente. Ello hace que Utopía,
libre de fanatismos y conflictos religiosos, pueda considerarse como una excepcional
comunidad fiel a los principios de la teología natural o racional. En la práctica, el poder
espiritual está confiado a los sacerdotes, quienes son electos al igual que los magistrados
y cuya tarea consiste en supervisar la educación de los jóvenes.
Si bien la esclavitud está permitida —aunque los esclavos allí también son
felices—, los utópicos repudian la guerra y la evitan a toda costa, por ser un acto bestial.
Sólo se lanzan a la guerra cuando no hay ninguna otra opción: en defensa de la patria,
por ejemplo. Aún así, los utópicos, amantes declarados de la paz, frente a lo inevitable
prefieren recurrir a un conflicto armado en donde la astucia y la inteligencia prevalezcan
sobre la fuerza bruta.
6- Bodino y el debate sobre la soberanía:
- Definición de soberanía. Características.
La soberanía, es un recto gobierno de varias familias, y de lo que les es común,
con poder (o potestad) soberano. En esta definición, nos encontramos con que el poder
soberano que define a la república o Estado es independiente de la forma del régimen
(monarquía, aristocracia, democracia).
Se le llama perpetua porque es por toda la vida del que la detenta, y la detenta en
su propio nombre, no por comisión, institución o delegación de cualquier otro que no
sea él (lo que equivaldría a ejercer la potestad de otro).
Es absoluta porque no tiene otra condición que la ley de Dios. Es necesario "que
los que son soberanos no estén sujetos al mando de otros y que puedan dar leyes a los
súbditos y quebrantar o anular las leyes inútiles para hacer otras" (. De tal manera, la
soberanía no es limitada ni en poder, ni en responsabilidad ni en tiempo. El príncipe
sólo está obligado a rendir cuentas a Dios.
- Los atributos de la soberanía.
Estos atributos sólo son concebibles si están formulados para conveniencia del
príncipe soberano, ya que si son extensibles a los súbditos, entonces se niegan como
atributos de la soberanía. El argumento de Bodino es que al igual que el gran Dios
soberano no puede crear otro Dios semejante, ya que siendo infinito no puede, por
demostración necesaria, hacer que haya dos cosas infinitas, del mismo modo podemos
afirmar que el príncipe que hemos puesto como imagen de Dios no hacer de un súbdito
su igual sin que su poder desaparezca.
Con base en las anteriores consideraciones, el primer atributo es promover o
abrogar leyes, sin el consentimiento de nadie (de superior, igual o inferior). Esto
significa que "si el rey no puede hacer las leyes sin el consentimiento de un superior a
él, es en realidad súbdito; si de un igual, tiene un asociado, y si de los súbditos, sea del
senado o del pueblo, no es soberano" (Libro I, cap. 9). En cuanto a la costumbre, ésta
"adquiere su fuerza poco a poco y por consentimiento común, durante largos años, de
todos o de la mayor parte". Luego añade: "Por el contrario, la ley se hace en un instante
y toma su fuerza de aquel que tiene el poder de mandar a todos". Más lejos, afirma: "La
costumbre sólo tiene fuerza por tolerancia y en tanto que place al príncipe soberano,
quien puede convertirla en ley mediante su homologación. En consecuencia, toda la
fuerza de las leyes civiles y costumbres reside en el poder del príncipe". Los otros
atributos consisten en:
a) Designar a los más altos magistrados y definir la función de cada uno de ellos.
Al respecto, Bodin escribe: "No es la designación de los oficiales la que implica derecho
de soberanía, sino su confirmación y provisión, si bien es cierto que cuando la
designación se realiza en contra de la voluntad y consentimiento del príncipe, éste no es
absolutamente soberano..."(Ibíd.).
b) Decretar la guerra o negociar la paz. En el delicado renglón de la guerra, "los
príncipes soberanos reclaman para sí el conocimiento de los menores hechos y empresas
que es necesario realizar..." (Ibíd.).
c) El derecho de última instancia, el cual consiste en conceder gracia a los
condenados "por encima de las sentencias y contra el rigor de las leyes, por lo que se
refiere a la vida, a los bienes, al honor, a la condonación del destierro. Los magistrados
no tienen poder, por importantes que éstos sean, para conceder gracia ni alterar sus
propias sentencias." Recurriendo a un ejemplo de la historia romana, reitera que los
magistrados "menos aún podrían conceder gracia a los condenados a muerte, lo cual
está prohibido en toda república" (Ibíd.).
d) Acuñar moneda, recaudar tributos e impuestos.
- Estado y gobierno.
Bodino hace la distinción entre Estado (posesión de la soberanía) y gobierno (su
forma depende del sistema mediante el cual ejerce sus facultades el soberano). Adopta
la vieja fórmula tripartita adoptada desde Platón y Aristóteles (Libro II, cap. 1), los
Estados pueden ser monárquicos (una persona), aristocráticos (una minoría) o
democráticos (la mayoría de ciudadanos). Rechaza la forma mixta de gobierno, por ser
una corrupción de la República. Entre las tres formas puras de gobierno, Bodino
prefiere la Monarquía, que es la forma de Estado en la que la soberanía reside en un solo
príncipe. Su preferencia se basa en que la Monarquía es el régimen más conforme a la
naturaleza; la Monarquía cuenta con un jefe con poder soberano para unir unos con
otros; la elección de los mejores hombres en los asuntos del Estado sólo está mejor
asegurada con la Monarquía.