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Glaciares: Recursos Estratégicos en Argentina

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LOS GLACIARES COMO RECURSO

ESTRATÉGICO:
A la luz del cumplimiento del Acuerdo de París

Derecho Ambiental y Recursos Naturales


Comisión “Noche A”
Guffanti-Balbín

Stefano Mastellone
smastellone@[Link]
Stefano Mastellone

Los Glaciares como Recurso Estratégico: A la Luz del Acuerdo de París

Los glaciares representan mucho más que monumentos naturales imponentes en Argentina.
Son auténticos recursos estratégicos que sustentan una red vital para la humanidad y la
biodiversidad. La ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para los Glaciares
y Ambiente Periglacial -Ley 26.639- los define como “toda masa de hielo perenne estable o
que fluye lentamente, con o sin agua intersticial, formado por la recristalización de nieve,
ubicado en diferentes ecosistemas, cualquiera sea su forma, dimensión y estado de
conservación “ (art. 2). Estos gigantes de hielo, además de su imponente belleza,
desempeñan un papel esencial al proveer agua dulce para el consumo humano, el desarrollo
agrícola y la preservación de ecosistemas diversos.

En este sentido, la Ley N° 26,639 establece, en el marco de lo previsto en el artículo 41 de


la Constitución Nacional, una serie de presupuestos mínimos "con el objeto de preservarlos
como reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la
agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la
protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo
turístico ”, reconociendo, a su vez, la trascendencia de estos recursos al otorgarles estatus
de bienes de carácter público. Empero, no solo se debe esto a un intento de consagrar su
valor intrínseco, sino a una necesidad ineludible de preservarlos.

En primer lugar, los glaciares argentinos son una fuente crucial de agua dulce para la región
y más allá, proporcionando recursos vitales para múltiples sectores. Para comprender
cabalmente la magnitud de dicho recurso, resulta oportuno mencionar que el 3,5% del total
de agua en el planeta es agua dulce, de los cuales 1,72% - o 49% del agua dulce- están
almacenados en forma de glaciares y casquetes polares1. En la Patagonia argentina- chilena,
en el territorio de los Andes del Sur se encuentra la séptima superficie cubierta por glaciares
más grande del mundo, con aproximadamente unos 29.429 Km2 de extensión. Esta
abrumadora cantidad de agua proveniente de los glaciares no solo alimenta ríos y arroyos
cruciales para la agricultura y el suministro urbano, sino que también sostiene ecosistemas
diversos y sensibles.

En relación a la contribución de los glaciares a la producción agrícola del país, hay que
destacar que el agua proveniente de ellos es fundamental para la irrigación de cultivos en
zonas áridas y semiáridas. Constituyen “reservas estratégicas” de agua para las zonas bajas
adyacentes en gran parte de la diagonal árida del país. En esta región, en años “secos” o con
baja precipitación nívea, los glaciares y otras crioformas tienen una contribución muy
importante al caudal de los ríos andinos ya que aportan volúmenes significativos de agua de
deshielo a la escorrentía. Por ejemplo, en 1968, cuando la cobertura de nieve en los Andes
centrales alcanzo 5% de su valor medio histórico, el caudal de los ríos en las provincias de
Mendoza y San Juan fue aproximadamente del 40% de su media histórica. Aquí se ve
claramente como los cuerpos de hielo contribuyen a contrarrestar, a través de un mayor
derretimiento, la falta de nieve en la cordillera, regulando el caudal de las 36 cuencas

1
Earth's water distributioir. U.S. Gcologieal Survcy
Stefano Mastellone

hídricas que se encuentran en territorio argentino, de las cuales, gran cantidad de ellas
nacen en la cordillera y terminan desembocando en el Atlántico2.

A su vez, los glaciares albergan una gran diversidad de vida, incluyendo plantas, animales y
microorganismos. A lo largo de las 731.932ha de superficie que integra el Parque Nacional
los Glaciares3, conviven especies florales nativas como la lenga, el ñire y el guindo, y una
fauna diversa que cuenta con aves como el cóndor, el águila mora, el carpintero patagónico,
y especies emblemáticas como el huemul, el zorro colorado y el puma, entre otros
mamíferos4.

Del artículo 1 de la ley 26.639, hemos visto que se desprende el carácter estratégico de los
glaciares dentro del ámbito científico. Una pieza fundamental en la investigación
glaciológica son los testigos de hielo. Ellos proporcionan una ventana única al pasado
climático de nuestro planeta ya que revelan el espesor de las capas interanuales, permiten
deducir las variaciones de temperatura a lo largo del tiempo, y obtener evidencia de
erupciones volcánicas pasadas, entre otros indicadores . Estos datos representan una valiosa
herramienta para reconstruir las eras pasadas y comprender la evolución climática,
ofreciendo una perspectiva esencial sobre cómo y por qué el clima ha cambiado a lo largo
de cientos de miles de años, y cómo podría modificarse en el futuro.

Los glaciares, como bien reconoce el texto de la Ley 26.639, son sitios turísticos
“estratégicos” pasibles de generar un impacto positivo sobre las economías locales. De
acuerdo con el Sistema de Información de Biodiversidad (SIB), en el año 2016, el Parque
Nacional Los Glaciares ha recibido a 693.584 visitantes5. La afluencia del público no solo
crea conciencia sobre la importancia de estos ecosistemas, sino que también impulsa la
actividad económica en las áreas circundantes, generando empleo y oportunidades para el
desarrollo sostenible.

Luego de haber enumerado los multiples recursos que proveen estas formaciones naturales,
reconocidos en la ley de Presupuestos Mínimos para la Conservación de Glaciares, resulta
lógico entender por qué dicho marco normativo asume el objetivo de proteger y
preservarlos. Para lograr preservar algo es indispensable tener conocimiento de las fuentes
o las causas pasibles de generar su deterioro. Respecto a la degradación de los glaciares, su
causa no siempre son las actividades antrópicas que se desarrollan en forma más próxima a
ellos; de hecho, algunos factores importantes de degradación ambiental hayan sus causas en
fuentes muy remotas. En la actualidad, por ejemplo, puede observarse el aspecto referido al
retroceso de los glaciares, que no se encuentra vinculado a las actividades que se
desarrollan en la zona glacial o periglacial, sino a causas globales, como es el calentamiento
global. Justamente, es contra el calentamiento global que pretenden luchar los países que
adhieren al Acuerdo de París; que rige con fuerza vinculante, desde el día de la primavera
del 2016, en el Estado Argentino.

2
[Link]
3
[Link]
4
[Link]/parquesnacionales/losglaciares/biodiversidad
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[Link]
Stefano Mastellone

El Acuerdo de París, establece objetivos concretos destinados a reducir las emisiones de


gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de
los 2ºC, con esfuerzos adicionales para alcanzar los 1.5ºC. Esto tiene un impacto sustancial
en la preservación de los glaciares en Argentina ya que se estima que un aumento de la
temperatura media del aire, sin que haya cambios en la precipitación, causará un
desplazamiento ascendente en la elevación de la línea de equilibrio (ELA), siendo ésta: la
separación entre la zona de acumulación, de la zona de derretimiento de un glaciar.

Durante el último siglo, pero con mayor intensidad a partir de la década de 1960, la
temperatura media del planeta ha aumentado, siendo en la actualidad casi 1ºC más cálida
que a fines del siglo XIX. Las concentraciones de gases de efecto invernadero como el
dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, han visto un incremento sustancial debido
a prácticas humanas, amplificado por la quema de combustibles fósiles y la deforestación a
escala global.

El cambio climático ha desencadenado efectos devastadores en los glaciares argentinos.


Estudios científicos respaldados por el Instituto Nacional de Glaciares (ING) señalan que el
aumento de las temperaturas ha acelerado la tasa de derretimiento de los glaciares andinos.
En el oeste de nuestro país, se ha registrado una disminución en el espesor y superficie en la
gran mayoría de los glaciares. El glaciar Azufre, ubicado en Mendoza, sufrió una pérdida
del 50% de su superficie en los últimos 20 años, con un derretimiento en el frente
superando los 60 metros. Similar situación se registró en el glaciar de la Laguna de los
Tres, ubicado en El Chaltén, con una retracción del 21% de su superficie en los últimos 20
años. Se estima que, en las últimas décadas, estos glaciares han experimentado una pérdida
significativa de masa, a tal punto que la ocurrida entre 2000 y 2012 en el Campo de Hielo
Patagónico Sur, equivale a un aumento del nivel del mar de aproximadamente 0,3mm. Es
más que claro el vínculo directo entre el aumento de la temperatura y la aceleración en el
retroceso glacial. Estos datos subrayan la urgencia de cumplir con los objetivos del Acuerdo
de París, ya que la preservación de estos glaciares no solo es vital para la región, sino que
constituye una preocupación global debido a la disponibilidad de agua dulce y su
contribución al nivel del mar.

Conclusión

En última instancia, la interdependencia entre la Ley de Preservación de Glaciares en


Argentina y los objetivos del Acuerdo de París es innegable. La legislación nacional,
representada por la Ley 26.639, establece un marco crucial para la protección y
preservación de estos ecosistemas estratégicos, reconociendo su valor como reservas vitales
de agua dulce y su papel esencial en la estabilidad de múltiples sectores. Sin embargo, la
efectividad de esta ley está íntimamente ligada al cumplimiento de los objetivos
internacionales de reducción de emisiones y control del cambio climático establecidos en el
Acuerdo de París.

El incumplimiento de estos objetivos climáticos globales podría socavar los esfuerzos


nacionales de preservación de glaciares en Argentina. La pérdida de masa glaciar acelerada,
exacerbada por un aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero, no
solo desafía directamente los principios de la Ley 26.639, sino que también expone a estos
Stefano Mastellone

ecosistemas a riesgos aún mayores. La fragilidad de los glaciares ante el cambio climático
los convierte en indicadores sensibles de la salud climática global y regional, resaltando la
necesidad urgente de un compromiso colectivo para revertir esta tendencia.

En consecuencia, la efectividad de la legislación argentina para la preservación de los


glaciares se ve estrechamente vinculada a la cooperación internacional y al cumplimiento
de los compromisos establecidos en el Acuerdo de París. El no cumplimiento de estos
compromisos podría dejar a los glaciares en una posición aún más precaria, amenazando su
papel como recursos estratégicos y su capacidad para seguir proporcionando agua,
regulando ecosistemas y manteniendo la biodiversidad en la región.

En este contexto, queda claro que la protección de los glaciares no es solo una
responsabilidad nacional, sino un desafío global. Requiere una acción concertada a nivel
mundial para mitigar el cambio climático y preservar estos valiosos ecosistemas,
asegurando así su papel fundamental en el equilibrio ecológico y en la sostenibilidad de la
vida en Argentina y más allá. El destino de los glaciares yace en la intersección entre la
legislación nacional y los compromisos internacionales, reforzando la necesidad de trabajar
unidos hacia la protección de estos recursos naturales vitales para el planeta.

Bibliografía

• [Link]
• Sistema de Investigación de Biodiversidad (SIB): [Link]
• Inventario Nacional de Glaciares: [Link]
• Atlas de Glaciares de Argentina, CABA, 2019
• Ley 26639: “Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del
Ambiente Periglacial”
• Acuerdo de París (UN, 2015)
• Donna, Manual de Recursos Naturales y Derecho Ambiental, CABA, Estudio, 2020.

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