Resumen - Marcela Ternavasio - Las Reformas Rivadavianas en Buenos Aires y El Congreso
General Constituyente (1820-1827);
La victoria de los caudillos del litoral sobre las fuerzas directorales acaecidas en Cepeda el 1°
de febrero de 1820, termino de sellar la suerte del ya debilitado poder central. La disolución
del Congreso primero (promulgo la Constitución unitaria de 1819) y del Directorio después,
abrieron un proceso de transformación política general. La derrota del poder central frente a
López y Ramírez, gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos respectivamente, género en Buenos
Aires una crisis política sin precedentes, agudizada después de la firma del Tratado de Pilar el
23 de febrero de 1820, en el que se buscó sellarla paz definitivamente entre las fuerzas
enfrentadas. Se afirmaba que la futura organización del país se guiaría el modelo de la
“federación”
, y que en el término de sesenta días debería reunirse un congreso en San Lorenzo para
concretarla. Los términos del tratado despertaron resquemores en algunos grupos de la elite
porteña que se sintieron agraviados frente al avance de los caudillos del litoral.
Ciudad y campaña fueron escenarios de una disputa que, en el transcurso del año ´20, vio
sucederse hasta una decena de gobernadores elegidos de las más diversas maneras. La lucha
entre centralistas y confederacionistas se entrecruzo con una fuerte división facciosa y con un
nuevo foco de conflicto no menos importante: el que enfrento a ciudad y campo en la
configuración del nuevo poder provincial. La disputa entre centralistas y confederacionistas
culmino en octubre de 1820 con la derrota militar de una de las facciones del
confederecionismo porteño, frente a las milicias de la campaña dirigidas por el general Martín
Rodríguez. El enfrentamiento entre la ciudad y la campaña se definió primero en el campo de
batalla al ser derrotado los líderes del movimiento que, bajo la influencia de Estanislao López,
buscaban imponer una mayoría de representantes del campo en detrimento de la ciudad y,
luego, en la negociación que dio por resultado la nueva representación política plasmada en la
ley electoral de 1821.
La iniciativa atribuida a los ministros nombrados por Rodríguez (Bernardino Rivadavia en la
cartera de Gobierno y Manuel García en la de Hacienda) estuvo acompañada por el no menos
importante papel desarrollado por algunos miembros de la Sala de Representantes. El
entonces llamado Partido del Orden reunió en su seno a un heterogéneo grupo de la elite
bonaerense empeñado en un plan de reformas tendientes a modernizar la estructura
administrativa heredada de la Colonia y a ordenar la sociedad surgida de la Revolución en sus
más diversos aspectos: económicos, sociales, políticos, culturales, urbanos. Para ellos poseían
recursos necesarios, antes absorbidos por la guerra de independencia y por el reparto del
principal ingreso fiscal obtenidos a través de los derechos de aduana.
La “feliz experiencia de Buenos Aires” no estaba, sin embargo, destinada a perdurar. El
debilitamiento de la lucha facciosa durante los primeros años de la década fue posible gracias
al acuerdo tácito que llevó adelante a los diversos grupos de la elite bonaerense a replegarse
tras propias fronteras y apoyar las transformaciones internas producidas con la nueva
administración.
Un nuevo régimen representativo para Buenos Aires.
Todo el impulso reformista liderado por el nuevo gobierno bonaerense no estuvo acompañada
por la sanción de una constitución provincial, a pesar de la intención inicial que había fijado el
carácter de constituyente a la Junta de Representantes reunida en 1821, otorgándole el plazo
máximo de un año para dictar una constitución. Buenos Aires no tuvo una carta orgánica que
delimitara sus poderes hasta [Link] poder político provincial se organizó, por un lado, a través
de un conjunto de leyes fundamentalmente encargadas de regir y regular el funcionamiento
de las instituciones dela provincia y, por otro, a través de un conjunto de prácticas que, se
erigieron en principios constitutivos del nuevo régimen político. Se destacan la ley electoral de
1821 y la ley que establecía la forma para designar gobernador. El Poder Ejecutivo de la
provincia debía ser elegido por la Junta de Representantes y esta designación se haría cada
tres años. Respecto de las prácticas no formalizadas, merece una consideración especial el
problema de la división de poderes tradicionalmente establecidos en las cartas orgánicas y el
papel fundamental que adquirió en esos años la Sala de Representantes, encargada del Poder
Legislativo.
Para la elite gobernante de la provincia, la división de poderes representó el principio sobre el
cual debía construir el nuevo andamiaje político; la difusión del ideario republicano consolidó
una práctica que dio iniciativa a la legislatura de Buenos Aires. La Sala de Representantes fue
creada en plena crisis del año ´20, primero como junta electoral para designar gobernador, y
luego se transformó en Poder Legislativo. Los acontecimientos la ubicaron rápidamente en el
centro del poder político provincial, asumiendo en los años de la
“feliz experiencia” un rol preponderante: además de elegir gobernador, debían discutir y
aprobar el plan de reformas, votar el presupuesto de gastos anual, aceptar la creación de todo
nuevo impuesto, evaluar lo actuado por el Ejecutivo. Estas funciones, estuvieron delimitadas a
partir de leyes dictadas ad hoc, de prácticas crecientemente formalizadas, y de una
organización interna a la legislatura prescripta por el Reglamento Interno de la Sala de
Representantes. La elección de los miembros de la Sala de Representantes se hizo siguiendo
las pautas del nuevo régimen representativo instaurado a nivel provincial al dictarse la ley de
sufragio de 1821 que regularía el sistema electoral bonaerense durante más de tres décadas.
Entre sus disposiciones más importantes, aparece el sufragio amplio (al
Otorgarse el voto activo a “todo hombre libre” mayor de 20 años) y el voto directo
La sanción de la ley electoral de 1821 fue interpretada posteriormente siguiendo, en algunos
casos, las críticas que muy tempranamente realizo Esteban Echeverría, quien la vio como el
gesto extemporáneo de una elite que al legislar miraba más las doctrinas y teorías que en la
realidad en la que estaban inmersa. Desde otra perspectiva, se la identifico con el intento más
avanzado del continente de implantar una democracia avant la lettre. En la realidad fue una
respuesta pragmática a una institución política local que requería de un nuevo régimen
representativo para legitimar el poder surgido de la crisis del año ´[Link] régimen
representativo basado en un sufragio amplio y directo buscaba crear una participación más
vasta del electorado potencial para evitar, por un lado, el triunfo defunciones minoritarias que
con menos de un centenar de votos asumieron el poder tal como había sucedido en la década
precedente, y por otro, la realización de asambleas que cuestionaran la legitimidad de las
elecciones por el escaso número de votantes presentes en ellas.
La calidad del electo se limitó a “todo ciudadano mayor de 25 años, que posea alguna
Propiedad inmueble, o industrial”, según prescribía el artículo tercero de la ley electoral de
1821. Aunque tal restricción no especificaba la cantidad de capital o renta que debía reunir un
ciudadano para asumir la condición de elegible, la cláusula apuntaba a incluir en la Sala de
Representantes a aquellos sectores que poseían en sus manos los principales resortes de la
economía provincial. Para desempeñar cargos representativos era preciso poseer
independencia económica (lo que significaba no depender de un sueldo del Estado), porque
era la única garantía para emitir juicio libre y autónomo. La incorporación de comerciantes y
hacendados en las listas de elegibles, los que compartieron los asientos de la Sala con
personajes ya iniciados en la carrera política en la década revolucionaria. El papel dirigente, sin
embargo, lo asumieron estos últimos, más experimentados en el arte de gobernar. Los
representantes de los grupos económicos dominantes ocuparon un discreto segundo plano en
la Junta de Representantes. La gran novedad del régimen representativo implantado en
Buenos Aires fue que combinaba el sufragio directo y el voto activo sin restricciones. Los
diputados representaban, ahora, de manera desigual, a la ciudad y la campaña,
correspondiéndole a la primera doce representantes y once a la segunda en el seno de la Junta
de Representantes. Aunque poco después de dictada la ley se duplico el número de disputas
en la Sala, durante toda la década del ´20 se mantuvo la desigualdad señalada entre el campo y
la ciudad. De esta manera el numero régimen electoral logro consolidarla tendencia abierta en
1815, al dictarse el Estatuto Provisorio, de incluir a la campaña en la representación política,
dando así una respuesta parcial a la disputa entre la ciudad y campo desarrollada en plena
crisis del año ´[Link] pueblo, era considerado soberano y con el derecho a tener un
representante en calidad de apoderado en la entidad representativa. La ciudad, en cambio,
pretendía basar su predominio representativo no en el más moderno criterio de la
representación proporcional sino en una solución intermedia que dejaba en manos de la Sala
la decisión de designar el número de representantes que le correspondería a cada espacio. El
debate culminó con el triunfo de este segundo criterio, al mantener la ley electoral de 1821 la
desigualdad numérica ya señalada, previamente establecida en el Estatuto Provincial
[Link] candidatos para representar a la campaña eran discutidos y designados
generalmente en la ciudad y los electores sufragaban unánimemente por el candidato oficial
propagandizado en el distrito por el juez de paz local. En la ciudad, en cambio, las elecciones
eran mucho más agitadas y discutidas. Los diversos grupos de la elite disputaban por la
formación de la listas y los electores se distribuían por alguna de las listas circulantes. Dichas
listas mostraban una compleja estructura en la que diversos personajes se cruzaban, repetían y
alternaban como candidatos, sin seguir en estos primeros años una división facciosa
claramente delimitada. Las listas no respondían a divisiones como las que posteriormente se
darían entre unitarios y federales. La convivencia entre las dos instituciones vigentes en la
provincia, el Cabildo y la Junta de Representantes, no estaba destinada a perdurar. La primera
encarnaba un tipo de representación tradicional basada en los antiguos privilegios de ciudad,
mientras que la segunda asumía la nueva representación provincial eliminando los vestigios de
antiguas jerarquías y privilegios.
Las reformas rivadavianas
.Estrechamente vinculada al proceso de formación del Estado provincial y a la implantación del
nuevo régimen representativo, se concretó una de las más discutidas reformas encaradas por
Rivadavia: la supresión de los dos cabildos existentes en la provincia de Buenos Aires.
El Cabildo de Luján y el de ña “antigua capital virreinal” fueron suprimidos en diciembre
De 1821, sin que se manifestaran una oposición por parte de los propios cabildantes y sin que
se expresaran voces en contra en la prensa local. Sólo algunos cuestionamientos en el interior
de la Junta intentaron evitar una medida tan drástica: el diputado Anchorena procuró
mantener en pie el Cabildo de Buenos Aires, aunque solo fuera como figura simbólica,
mientras que el diputado Valentín Gómez propuso reformar el antiguo ayuntamiento al modo
de una municipalidad moderna.
La nuevo representación, a la que Rivadavia denominaba lisa y llanamente “liberal”, era
aquella que había comenzado a plasmarse luego de la Revolución, momento en que “la
autoridad suprema retrovertió a la sociedad”, y que intentaba consolidarse con la ley electoral
dictada en agosto de ese mismo año. Los ayuntamientos se habían constituido durante la
década revolucionaria en el símbolo de la tan amenazante práctica asambleísta. Los cabildos
abiertos, o las asambleas populares que contaron con la anuencia de aquellos, no
desaparecían del escenario bonaerense sino suprimían las instituciones que les habían dado
origen.
La primera ley de municipios de la provincia de Buenos Aires se dictó recién en 1854. Se
cumplía así el doble objetivo trazado por el plan reformista encarnado por el gobierno de
Rodríguez: modernizar el aparato político institucional heredado de la colonia y centralizar la
estructura administrativa del Estado-Provincia. La supresión de los ayuntamientos estuvo
acompañada por la eliminación del Consulado de Comercio y por el intento de redistribuir
funciones en el marco del nuevo ordenamiento político que presuponía la división de poderes.
Dependientes del Poder Ejecutivo, se conformaron los ministerios de Gobierno, de Hacienda y
de Guerra, y se dictó una ley de retiro para empleados civiles en pos de racionalizar la
administración pública. En el ramo de hacienda se crearon tres oficinas (Contaduría,
Receptoría, Tesorería General) desde las cuales se centralizo toda actividad financiera del
Estado. La reforma de la administración de justicia se plasmó en el marco descrito, dando lugar
a un régimen mixto: justicia de primera instancia, letrada y rentada, y justicia de paz, legal y
gratuita. La reforma del régimen de justicia intentaba separar las dos esferas que desde el
período colonial se hallaban monopolizadas por los cabildos, la justicia de menor cuantía y la
de policía. La racionalización alcanzó también a dos sectores de la sociedad, cuyo poder e
influenciase fundaba en antiguos privilegios: los militares y el clero. La reforma militar,
aprobada por ley de la legislatura en noviembre de 1821, redujo drásticamente el aparato
militar heredado de la década revolucionaria. El objetivo que se perseguía era doble: reducir
los gastos del fisco frente a un ejército que resultaba muy oneroso de mantener una vez
terminada la guerra de independencia y reorientar las fuerzas militares hacia nuevas metas. Se
pasó a retiro a los oficiales que tuvieran entre cuatro y veinte años de servicio con la tercera
parte de su sueldo, a los que tuvieran entre veinte y cuarenta años de antigüedad con la mitad
de su sueldo y a los que contaran con más de cuarenta años se les concedió el derecho a
percibir la totalidad del sueldo. Se recurrió al reclutamiento de “vagos y mal entretenidos” y al
necesario complemento de las milicias, que fueron
Reorganizadas según una ley dictada en [Link] reforma eclesiástica se enmarcaba también
en el intento de control que el nuevo Estado provincial desplegaba. La supresión de algunas
órdenes religiosas cuyos bienes pasaron al Estado, la prescripción de normas rígidas para el
ingreso a la vida conventual, la supresión de los diezmos y el sometimiento de todo el personal
eclesiástico a las leyes dela magistratura civil, buscaba no solo atenuar la progresiva relajación
de la vida daba un amplio margen de libertad al periodismo local, como la creación de
asociaciones en la esfera de la sociedad civil, entre las cuales se destacaron la Sociedad
Literaria o la Sociedad de Beneficencia, fueron las manifestaciones más elocuentes del cambio
producido. La fundación de la Universidad de Buenos Aires en 1821, el impulso otorgado a la
Biblioteca Pública abierta en los primeros años de la Revolución y dirigida luego por Manuel
Moreno, la creación de academias de Medicina, Ciencias Físicas y Matemáticas,
Jurisprudencias y Música, tendría en su conjunto, a conformar un nuevo clima cultural, más
acorde a los tiempos que se vivían que con las viejas tradiciones de origen colonial.
Especialmente visibles fueron los cambios en la esfera política: no sólo se fundaron las
principales instituciones que rigieron el orden político provincial hasta la década del ´50,sino
que además se renovaron profundamente las prácticas y experiencias en este plano. La
difusión del debate público en los diversos espacios creados en esos años, la mayor
participación de los diferentes grupos sociales en los procesos electorales, o la consolidación
del papel de la legislatura, fueron algunos de los signos más elocuentes dela trasformación
producida.
El Congreso General Constituyente de 1824-1827
.En mayo de 1824 concluyó el periodo para el cual había sido electo el gobernador Rodríguez.
La designación de su sucesor, el general Las Heras, mostro las primeras fisuras dentro del
elenco gobernante: Rivadavia se negó a seguir colaborando con el nuevo gobierno y
emprendió un viaje a Londres, mientras que García procuro reemplazarlo en su función tutelar.
Se imponía la necesidad de reflotar la iniciativa de reunir un Congreso Constituyente que
Córdoba había tenido en 1820, y que los porteños se habían encargado de frustrar. Según las
cláusulas del Tratado de Benegas, que habían sellado la paz entre Santa Fe y Buenos Aires bajo
la mediación del gobernador cordobés ambas provincias se comprometían a asistir a dicho
Congreso. La dilación en la elección de los diputados por Buenos Aires primero, y la firma del
Tratado de Cuadrilátero después (1822), entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes,
que aseguraban la alianza entre las provincias del litoral, se terminó de frustrarlas aspiraciones
cordobesas. En 1824, la iniciativa la tendría Buenos Aires, la que invocó como razón de
urgencia la situación de la Banda Oriental. Ocupada por las tropas portuguesas desde 1817, e
incorporada en 1821 al reino de Portugal como Provincia Cisplatina, la Banda Oriental paso en
1822 a formar parte del Nuevo Imperio del Brasil. En la base de la convocatoria al Congreso de
1824 se hallaba, entonces, este doble problema que afectaba a la definición de la soberanía.
En el caso de la Banda Oriental, involucrada en la defensa de la soberanía exterior frente al
avance de otro país en una provincia que se consideraba parte del ex Virreinato del Río de la
Plata; en el caso del tratado con Inglaterra, que finalmente fue firmado a mediados de 1825,
una vez reunido el Congreso, involucraba un problema aún más complicado: el de la definición
del sujeto de la soberanía. Los representantes allí reunidos no lograron acordar en un punto
clave, a
Saber: la soberanía residía en la “nación” o en las provincias
.Entre las primeras disposiciones tomadas, se destaca la Ley Fundamental. Su promulgación
expresa la actitud pragmática y expectante de los miembros del Congreso sostenida en esta
primera etapa, la que luego dará lugar a una creciente radicalización de posiciones. La Ley
Fundamental, que delegaba el Ejecutivo Nacional provisorio en la provincia de Buenos Aires,
fue muy cautelosa frente a las situaciones políticas provinciales. Renunciaba a toda
intervención del poder nacional frente a ellas, postergándose así la promulgación de una
constitución, la que debería, una vez dictada, proponerse a los gobiernos provinciales, que
podrían rechazar y permanecer al margen de la unión perseguida. Producto de esta actitud fue
la promulgación en 1825, de la ley que creaba el Ejército Nacional. El debate suscitado en
torno a dicha ley expresa uno de los problemas claves que enfrentaría a los miembros del
Congreso: el problema de la soberanía. La iniciativa había partido del sector unitario, cuyo
portavoz fue el diputado por Buenos Aires Julián Segundo de Agüero, a quien se le opuso
tenazmente el diputado del Interior, Juan Ignacio Gorriti. El primero defendía la moción de
crear un Ejército Nacional antes
De promulgar la Constitución, basándose en el supuesto que existía una “voluntad nacional”
como fundamento de la constitución del gobierno. El segundo argumentaba que “la nación”
era inexistente en tanto no se rigiera por “una misma ley y un mismo gobierno”. En la base de
la discusión se enfrentaban dos concepciones diferentes de sobre
Quien recaía la soberanía, aunque se coincide en un punto nodal: el origen pactado de la
nación. La creación de un Banco Nacional, la sanción de la Ley de Presidencia que instauraba
un Ejecutivo Nacional, la Ley de Capitalización y, finalmente, la promulgación de la
Constitución de 1826, fueron las medidas que jalonaron el segundo momento del Congreso, y
que por su carácter impolítico llevaron a la creciente división, ya no sólo entre unitarios y
federales, sino también en el interior del mismo Partido del Orden. El debate en torno a la Ley
de Presidencia (finalmente promulgada en febrero de 1826) despertó la oposición del sector
identificado, ahora sí, con la facción federal, cuyo principal vocero fue el recién integrado
Manuel Moreno. El argumento esgrimido por éste se centró en la violación de la Ley
Fundamental dictada poco tiempo atrás, a través del cual se habían limitado las atribuciones
del Congreso. La presidencia de la Nación ya no nacía como una autoridad provisoria, sino
como una magistratura destinada a perdurar en el futuro ordenamiento constitucional. A tal
efecto Rivadavia fue designado presidente de la nación. Lo que causo aún mayores divisiones
en el seno del Congreso fue la discusión de la Ley de Capitalización, propuesto por el sector
unitario liderado por Rivadavia a comienzos de1826. El proyecto declaraba a Buenos Aires
capital del poder nacional recientemente creado, a la que se subordinaba un territorio federal
que iba desde el puerto de Las Conchas (Tigre) hasta el puente de Márquez y desde éste hasta
Ensenada en línea paralela el Río de la Plata. La provincia de Buenos Aires perdía con la
federalización del territorio capitalino la principal franja para el comercio ultramarino, y con
ella la principal fuente de sus recursos fiscales, al quedar estas en manos de las autoridades
nacionales, y se reorganiza en dos nuevos distritos: la provincia del Salado con capital en
Chascomús y la del Paraná con capital en San Nicolás. Se suprimían así las instituciones de la
provincia de Buenos Aires creadas en 1821.
El voto directo para la elección de Representantes de la Cámara de Diputados y el sufragio
indirecto para la constitución del Senado y la elección del presidente. Dorrego denunció la
restricción del sufragio como una Expresión más de lo que él llamaba “la aristocracia del
dinero”.
Luego de casi tres meses de discusión, la Constitución fue aprobada en diciembre de [Link]
nueva carta orgánica estaba destinada a fracasar. La imposibilidad de acordar en el tema de la
soberanía fue una de las claves de dicho fracaso. Todos los debates revelaron el
enfrentamiento entre dos formas muy diversas de definir soberanía: la de la soberanía
nacional y la de la soberanía de las provincias. Los unitarios consideraban que la creación de un
gobierno central en 1810 era la base de una soberanía nacional, mientras que los federales
argumentaban que la caída del poder central en 1820 había significado la recuperación por
parte de cada una de las provincias del uso completo de su soberanía. Por otro lado, la
tentativa constitucional quedaba frustrada por el desfavorable contexto internacional e
interprovincial.
Guerra contra el Brasil y caída del Gobierno Central
La anexión de la Banda Oriental al reino de Portugal primero, y al Imperio del Brasil luego de
concluida la pugna entablada entre el rey Juan de Portugal y su hijo Pedro, aunque fue
rechazada a través de declaraciones firmes por parte del gobierno bonaerense no se tradujo
en acciones directas e inmediata. Hacia 1824, la vía diplomática parecía estar estancada: la
misión enviada desde Buenos Aires recibió como respuesta la retunda negativa del emperador
a retirarse de la Banda Oriental. El endurecimiento de la posición brasileña no hizo más que
alentar la agitación entre quienes esperaban posiciones más duras por parte del gobierno
bonaerense. Se convocó al Congreso de 1824 y se emprendió pocos meses después (en abril
de 1825)la expedición de los 33 orientales. Dirigida por Juan Antonio Lavalleja, la expedición
obtuvo rápidos éxitos al sumarse el apoyo de Fructuoso Rivera y la campaña oriental. En
septiembre de ese mismo año se reunía un congreso en la Florida que declaraba la
reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, se hallaban en
pleno proceso de debate en torno a su futura organización. La Ley Fundamental había creado
un poder nacional provisorio y delegado en el gobierno de Buenos Aires la guerra y las
relaciones exteriores. En octubre de 1825, el Congreso resolvió la incorporación de la Banda
Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, decisión que García debió comunicar al
emperador del Brasil, aclarando que la misma estaría respaldada por la fuerza. Esto significo el
inicio de la guerra, que quedó formalmente declarada a principios de [Link] ejército dirigido
por el general Alvear, aunque obtuvo un importante triunfo en febrero de 1827 al vencer a las
tropas imperiales en Ituzaingó, no pudo mantener el terreno conquistado. Esto dio lugar a una
larga guerra de desgaste en el plano terrestre que, al combinarse con el bloqueo del río por
parte de la flota brasileña, sometió a las Provincias Unidas a un creciente deterioro económico
y político. La superioridad naval de Brasil hizo posible bloquear la orilla derecha del río de la
Plata obstaculizando el normal desarrollo del comercio ultramarino, y demostrando que la
posibilidad de una guerra prolongada perjudicaría enormemente a los intereses locales
dominantes.
La flota organizada por Brown de manera precaria fue finalmente vencida, consolidándose no
sólo la posición del Brasil, sino también la potencial prolongación del conflicto. Frente a la
posición más dura mantenida por el emperador de Brasil, que se negaba a las soluciones
propuestas por Gran Bretaña: abandonar el territorio oriental bajo pago de indemnización o
constituir un Estado independiente, Lord Ponsonby encontró el debilitado gobierno aún
dirigido por Rivadavia, el interés por hallar una paz rápida y duradera. Las autoridades del
presidente provisional tampoco parecían gozar del consenso en el resto de las provincias. Las
tensiones que en el Interior se fueron sumando durante las sesiones del Congreso habían
llevado, a esta altura, a una guerra civil que el frágil poder central no podía evitar ni encauzar.
En este contexto, López renuncio a su cargo y el Congreso se disolvió, encomendando a la
provincia de Buenos Aires el manejo de la guerra y las relaciones exteriores. Las presiones, sin
embargo, fueron más fuertes que sus principios: las tratativas culminaron con la proclamación
de un Estado independiente en la antigua provincia oriental. La República Oriental del Uruguay
comenzó formalmente su vida política independiente, lo que no significo que se desvinculase
con la trama y conflictos durante toda la mitad del siglo XIX.
La situación interprovincial
.La situación conflictiva desatada en el Interior del país al promediar la década del
´20contribuyo también a la crisis definitiva del Congreso. La conformación de Estados
provinciales autónomos luego de la disolución del poder central en 1820 había generado un
proceso de creciente afirmación de soberanías independientes, consolidadas a través de la
sanción de cartas orgánicas o leyes fundamentales tendientes a crear instituciones autónomas
en el campo judicial, financiero, político, institucional y religioso. El Litoral, adoptó una actitud
más prudente y conciliadora, especialmente a partir de la firma del Tratado de Cuadrilátero
que aseguraba una alianza de paz, amistad y defensa mutua entre las provincias del Litoral y
Buenos Aires. Córdoba, gobernada por Bustos, se erigió desde un principio en una resistencia
opositora a Buenos Aires y a la política liderada por sus representantes en el seno del Congreso
Constituyente. La debilidad de las situaciones políticas provinciales, sumada al creciente
poderío del comandante de armas de La Rioja, Facundo Quiroga, había creado un equilibrio
favorable a Buenos Aires. El alineamiento de las provincias andinas en torno al caudillo riojano
dio un cierto oxígeno al ya muy disputado proyecto constitucional. Las situaciones de
Catamarca y San Juan, inmersas en fuertes rencillas internas por la sucesión de sus respectivos
gobernadores, constituyeron el comienzo de un conflicto que iniciado en el espacio
estrictamente local se expandió al ámbito regional. El gobernador de Catamarca, Manuel
Antonio Gutiérrez, luego de ser derrocado por las fuerzas de Quiroga, se alió con el
gobernador de Tucumán, Gregorio Aráoz de Lamadrid, para reconquistar el poder y desplazar
a Figueroa, gobernador colocado por el caudillo riojano. Figueroa no sólo fue depuesto sino
además fusilado por su rival. El Litoral, se reacomodó también al nuevo contexto
interprovincial. Santa Fe, gobernada por Estanislao López, abandonó el apoyo brindado por
Buenos Aires cuando la solución unitaria del Congreso dividió al Partido del Orden y encontró
serias resistencia en Corrientes y Entre Ríos. A la disolución del Congreso y a la renuncia del
presidente provisorio (Vicente López y Planes), les sucedió la tentativa de convocar a una
Convención Nacional para discutir una vez más la futura organización del país, la que no se
reuniría en Buenos Aires sino en Santa Fe.